BOSNIA Y HERZEGOVINA

INTRODUCCION

[Continuación]

Desde luego, hoy se sabe que detrás de los conjurados serbios que se sirvieron de colegiales menores de edad, estaba la Rusia zarista con sus planes de dominio de los Balcanes, estrechos del Bósforo y Dardanelos y hasta del Mar Adriático. Por otro lado, se juzga hoy con más ecuanimidad el papel histórico de la Monarquía danubiana y se subraya a posteriori que su desmembramiento constituye una de las causas del quebrantamiento del equilibrio europeo, y por ende de la segunda conflagración mundial. Con más justicia se aprecia también la figura de Francisco Fernando, habiéndose comprobado que no fue partidario, como se afirmaba en su tiempo, de una guerra preventiva contra Serbia. Por el contrario, el heredero al trono buscaba solución política a la crisis surgida en las partes meridionales de la Monarquía. Las provincias croatas, de acuerdo al propugnado sistema trialista, debieron reunirse en torno a Zagreb y dentro de la doble Monarquía hasta entonces, alcanzar el status constitucional análogo al de Austria y Hungría.

Con todo, bajo el impacto de la propaganda bélica, incluso hoy, 50 años después del atentado de Sarajevo, se presenta al trágico archiduque, representante oficial de Austria-Hungría, como un provocador engreído que fue a la capital de la Bosnia serbia, precisamente en el día de San Vito, fiesta nacional serbia. en conmemoración de los combatientes que en 1389 cayeron en la batalla del campo de Kosovo defendiendo a Serbia frente a las superiores fuerzas otomanas. De la subsiguiente esclavitud plurisecular, Serbia logró emanciparse gradualmente recién en el siglo pasado, expulsando totalmente a los turcos del territorio serbio durante las guerras balcánicas (1912-13). En Bosnia, en cambio, la esclavitud turca fue reemplazada por el yugo de Austria-Hungría que se proponía aniquilar a Serbia. ¨Debe extrañarnos, pues, la reacción de los jóvenes e idealistas nacionalistas serbios?

Cuesta salvarse de semejante mistificación sugestiva de los sucesos históricos si no se sabe que se funda en una serie de falsedades y semiverdades.

En primer lugar, no hay Sarajevo serbia. En la capital de Bosnia y Hercegovina en la época del atentado, igual que actualmente, vivía y vive la mayoría de la población islámica y católica de fondo étnico croata. Los ortodoxos-que no siempre pueden ser identificados con el nacionalismo serbio-constituyen una minoría relativamente insignificante de los habitantes de Sarajevo. Por consiguiente, la visita de Francisco Fernando a Sarajevo, que coincidió con la fiesta nacional serbia, de ninguna manera era vista por los ciudadanos de Sarajevo como una provocación. Por el contrario, para la mayoría islámica el mito de San Vito, tan característico para la idiosincrasia nacional serbia, constituía una verdadera provocación. La esencia del mito de San Vito consiste en la idea de venganza por la derrota serbia, sufrida en Kosovo, que debe afectar no sólo a los conquistadores turcos sino también a los "traidores" lugareños, a la población musulmana. En Bosnia y Hercegovina vive todavía hoy cerca de un millón de musulmanes.

Ellos constituyen la población aborigen más antigua y fueron propietarios de la mayor parte de las tierras, mientras que los ortodoxos inmigraron en su mayor parte a esas provincias recién durante el dominio turco. La idea de la revancha serbia por la derrota en Kosovo no fue un peligro teórico para los musulmanes.

Los serbios trataron de ejecutar sus planes revanchistas en cada oportunidad propicia. Poco antes de la visita de Francisco Fernando a Sarajevo, los serbios en las regiones, de hecho, macedonias y albanesas que acababan de arrebatar a los turcos, cometieron terribles matanzas de musulmanes, lo que fue objeto de una investigación internacional. Esos crímenes provocaron honda indignación entre los musulmanes en Bosnia y Hercegovina, lo que determinó su aversión hacia Serbia, manifestada muy pronto en su conducta combativa en el frente austríaco-serbio. No cabe duda, pues, que la mayoría musulmana y católica, tanto en Sarajevo como a través de toda Bosnia y Hercegovina, estaba exasperada a raíz del atentado de Sarajevo y que en las acciones de los conjurados serbios veía un gran peligro para su libertad y existencia nacional. Ni la gran parte de la población ortodoxa de Bosnia aprobaba la acción subversiva de los conjurados, de modo que éstos tuvieron que buscar respaldo más allá de las fronteras de Bosnia, en el Reino de Serbia.

El malestar y los temores de la mayoría de los pobladores de Bosnia resultaron acertados. Durante los 50 años después del atentado de Sarajevo perecieron más bosníacos que durante los 400 de la dominación turca. En la guerra pasada los chetniks de Draza Mihailovic, irrumpiendo desde Serbia a Bosnia, trataron de perpetrar el genocidio sobre la población musulmana aborigen.

Lo reconocen incluso los gobernantes comunistas de Yugoeslavia, aunque la restablecieron en función de la Serbia engrandecida y paso a paso vienen rehabilitando todos los mitos nacionalistas serbios. Entre otros, mantienen y promueven el culto a los atentadores de Sarajevo, pretextando carácter socio-revolucionario de "clase" de los conjurados serbios que de hecho consistía en apropiarse de las tierras de los terratenientes musulmanes, camuflando eso con el rótulo de reforma agraria.

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Bosnia y Herzegovina, Edición especial de Studia Croatica, 1965
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