Diréis quizás que lo juzgo demasiado severamente. Sería vuestro peor enemigo si os ocultara la verdad. Si os hablo así, lo hago por vuestro mayor bien. żNo dijo Jesús: "Tened cuidado de que nadie os seduzca"? (Mat., XXIV,4.). En efecto, estar separado de Cristo significa estar como el sarmiento talado de la cepa. La suerte de un individuo así separado será la que Jesús describió durante la última Cena: "Si alguien no permanece en mí, será echado fuera como el sarmiento y se secará, y lo agarrarán y arrojarán al fuego, y arderá" (Juan, XV,6).
Entonces, Fidelidad a la Iglesia Católica, hasta la tumba.
Sólo el ateísmo comunista es capaz de blasfemar contra María
Difícil sería la vida de la familia, si la madre faltara. La Iglesia es la gran familia de Dios. Dios brindó una Madre a su familia: la Bienaventurada Virgen María, Madre de Dios y nuestra Madre. Mis queridos fieles, nuestros padres y nuestros abuelos han constelado nuestra patria de iglesias consagradas a la Santísima Virgen. Su imagen brillaba sobre los estandartes de nuestros ancestros cuando éstos combatían "por la cruz y por la libertad"; al pie de sus altares los penitentes se arrodillaban, implorando al Señor el perdón de sus pecados, por la intercesión de Aquella que es el "refugio de los pecadores", nuestros abuelos ponían en ella su esperanza en los momentos difíciles de su vida personal y nacional. Continuad la tradición de vuestros padres. Por otra parte, vosotros sois exhortados a esto por los Supremos Pastores de la Iglesia, supremos maestros de la Fe. Sí, con sincero y perseverante corazón, veneráis y amáis a la Madre de Dios, para vosotros también se cumplirá lo que predijo el sabio: "Aquel que honra a su madre es similar a aquel que acumula tesoros" (Enc.,III, 5.). Sólo el ateísmo comunista ha sido capaz de blasfemar contra la Madre de Dios; blasfemias que condené ya en 1946, en el transcurso del famoso "proceso", gracias al cual se esperaba poder borrar de nuestra patria a la Iglesia Católica con un trazo de pluma. ˇQué el Señor no permita nunca que alguno de vosotros imite a estos desdichados que insultan a la Madre de Dios! A tal individuo se aplica la palabra del mismo sabio: "Aquel que irrita a su madre, será maldecido por Dios" (Ecl., III, 16).
Amad a vuestros enemigos
Finalmente, queridímos hijos, puesto que Dios es caridad como dice el Apóstol, amaos los unos a los otros. Amaos siempre fraternalmente. Sean un solo corazón y una sola alma.
Pero amad también a vuestros enemigos, pues la orden de Dios: "A fin de que seáis los hijos de vuestro Padre Celestial, quien hace brillar el sol sobre los malvados y los buenos, y llover sobre los justos y sobre los injustos" (Mat., V. 45). Que esta maldad no os impida amar a vuestros enemigos: una cosa es el hombre, otra cosa es su maldad. El hombre, dice San Agustín, es obra de Dios; la maldad es obra del hombre; ama lo que Dios ha hecho, y no lo que el hombre ha ocasionado.
Recordaos también, a veces, de mí, en vuestras oraciones, yo, vuestro Pastor en los tiempos difíciles, a fin de que el Señor aplique su misericordia conmigo.
Espero que el misericordioso Jesús me otorgue la gracia de poder orar siempre en el Cielo, por todos vosotros, durante todo el tiempo que exista el mundo y nuestra diócesis, a fin de que vosotros alcancéis el objetivo por el cual Dios os ha creado. Krasic, 28 de mayo de 1957, Cardenal Aloysius Stepinac Arzobispo de Zagreb".
La Santa Muerte
Los documentos más preciados sobre los últimos días del Cardenal son el diario y el informe del cura Branekovic que vivió y trabajó con Mons. Stepinac hasta su último día. Este sacerdote mostró claramente la grandeza de la personalidad del Cardenal, como también los pocos defectos de su temperamento.
El período de la vida de Mons. Stepinac, que se extiende desde 1945 hasta 1960, ha sido llamado por el Cardenal Franjo Seper: "Período de maduración". Sus palabras, sus predicaciones, sus cartas, su mirada sobre la vida de la Iglesia y sus luchas por conservarla fiel a Cristo, indican los grados, la profundidad y la fuerza de esta maduración espiritual.
Los tres últimos días de su vida testimonian especialmente su gran santidad. El día de su muerte, el 10 de febrero de 1960, fue verdaderamente su "dies natalis". Mons. Stepinac pedía que se celebraran misas por los enemigos. Su santidad que lo hacía humillarse siempre más le permitió conservar, su modo de vida austero hasta el último domingo, el 7 de febrero de 1960. Una gripe severa, acompañada con tos se le había declarado desde el sábado 6. A pesar de esto, el domingo, celebró la Santa Misa con mucha dificultad pues tenía problemas para respirar. El dominio de sí que lo caracterizaba, lo ayudó, pero era evidente que no podía predicar.
El Cardenal respiraba cada vez peor. Una inmensa fatiga lo había invadido. A costa de un gran esfuerzo, bajó a comer como si nada pasara, negándose a que le sirvieran la comida en sus habitaciones. Intentó incluso bromear durante la misma, diciendo que todos lo encontraban en buena forma, y que incluso los médicos decían que su corazón latía "como un reloj". Pero agregó,"creo que este reloj va a detenerse pronto".