Cardenal Stepinac
CARDENAL STEPINAC: Mártir de los Derechos Humanos
M. Landercy
[continuación]

En el almuerzo Stepinac estaba contento: "Ahora, después de haber dicho lo que era necesario decir, estoy más tranquilo. Estoy seguro, de que esta misma tarde el Comité Central sabrá lo que ha pasado. En todo caso, estoy más tranquilo que ellos. Pensaron que me atraparían con esta convocatoria. Y bien, que lean ahora y estoy seguro que no se sentirán muy bien en su piel...Es verdad que los comunistas tienen una piel bien dura, pero en estos casos son más susceptibles que los otros".

El 10 de diciembre, durante la cena, Mons. Stepinac dijo al cura: "No lamento en absoluto haberles respondido así. Hubiera sido terrible que me interrogaran y registraran mis respuestas después de haberlas deformado; esto hubiera causado problemas a todo el Episcopado. Espero que los Obispos pronto conozcan el contenido de mi carta del 5 de diciembre último y que esto los incite a no ceder". Por otra parte, esta fue su última carta a los adversarios de la Iglesia Católica, escrita como consecuencia de la convocatoria del 3 de diciembre de 1959, a fin de que terminaran con las provocaciones.

Los invitaba a meditar, a preguntarse, a confesar honorablemente sus cartas, pues es diabólico, decía, continuar en la senda del mal. Lamentablemente, su venganza no tardó y la ejercieron sobre la persona de la hermana y su marido. Volaron sus corrales justo antes de Navidad, e incluso el mismo día de Navidad se presentaron a exigirles el pago de los impuestos retrasados al igual que los nuevos, amenazándolos, si no podían pagar, con vender sus tierras de cultivo. Seguidamente en enero ejercieron nuevamente su venganza juzgando a sacerdotes y religiosos.

En el proceso contra los sacerdotes de Djakovo, los órganos competentes no mencionaron para nada la carta del Cardenal y los sacerdotes juzgados fueron obviamente condenados. Ciril Kos, después de purgar una pena de siete años, continuó con su trabajo en la diócesis. En 1973, se convirtió en Obispo de Djakovo.

El Testamento Espiritual del Cardenal Stepinac

(Transcribimos el testamento espiritual que el Cardenal Arzobispo de Zagreb dirigió a los fieles de su arquidiócesis)

"A mis queridísimos Diocesanos:

La Divina Providencia, en sus impenetrables designios, ha querido confiarme, hace incontables años, el cargo de pastor de vuestras almas. Estoy convencido de que había en nuestra diócesis muchos sacerdotes más sabios, más virtuosos y más meritorios que yo, pues sólo hacía tres años y medio que había recibido la ordenación sacerdotal y era un desconocido para todos. Si hoy me preguntara por qué el Señor pudo elegirme para esta función, debería recurrir a las palabras de San Pablo a los corintios: "Sino que Dios ha escogido a los necios según el mundo, para confundir a los sabios; y Dios ha escogido a los flacos del mundo, para confundir a los fuertes; y a las cosas viles y despreciables del mundo, y a aquellas que no son, para destruir las que son, a fin de que ningún mortal se jacte ante su acatamiento" (I Cor., 1,27- 29).

Desde el día de mi elección, han pasado muchos años, todos tormentosos y difíciles y, finalmente, mi salud se ha deteriorado. Siento que no permaneceré durante mucho más tiempo con vosotros. Intimamente tengo conciencia de mis defectos y faltas, y este sentimiento se ve aún más reforzado si evoco estas palabras de San Juan: "Si decimos que estamos sin pecado, nos seducimos a nosotros mismos y así la verdad no entra en nosotros". (I Juan, 1,8.). Si he hecho mal a alguien, sinceramente le pido perdón; y perdono de todo corazón a los que me han dañado en el curso de mi vida.

Actuando de otro modo no sería digno de presentarme ante Cristo Redentor quien, ya en la cruz, rogó por sus verdugos: "Padre, perdónalos pues no saben lo que hacen" (Luc., XXIII, 34).

La ilusión de los ateos que quieren haceros felices sin Dios

Al despedirme de ustedes, mis queridos fieles, creo necesario dirigirles algunas palabras que sean como mi testamento espiritual. En efecto, quiero incluso después de mi muerte, hacer todo lo que pueda por alejar de ustedes los peligros que os amenazan y acrecentar vuestra bonanza tanto como sea posible, en este valle de lágrimas. Lo considero aún más necesario puesto que, queridísimos diocesanos, ustedes constituyen una buena parte del pueblo croata, en medio de la cual la Divina Providencia me ha asignado mi tarea pastoral. Lo que voy a decirles será igualmente útil a los otros.

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