Cardenal Stepinac
CARDENAL STEPINAC: Mártir de los Derechos Humanos
M. Landercy
[continuación]

¿Quizás he contravenido la Declaración de los Derechos del Hombre promulgada por las Naciones Unidas, o no han sido otra, mejor, quienes han violado estos derechos fundamentales de la persona humana? Después de las injusticias de las sangrantes opresiones, algunos querrían quizás atormentarme con largos interrogatorios, con el objeto de sacarme una palabra, una frase que pudiera interpretarse como una confesión de actos de los cuales nunca podría declararme culpable.

¿No les basta con saber que algunos dirigentes de nuestro país, muchos de los cuales, ya he nombrando declararon al Prof. Mestrovic que no había ninguna razón fundada para llevarme ante el Tribunal, y que el juicio que se llevó a cabo prácticamente significaba mi muerte, como acabo de exponerles?

Debo agregar que en estos momentos, tengo ya los dos pies en la tumba y, en poco tiempo yaceré completamente allí. A causa de mi grave enfermedad no puedo responder a vuestro citatorio. Y si quieren obligarme a responder, si quieren venir a someterme a un interrogatorio mientras estoy tendido en mi lecho de dolor o mientras me arrastro en mi marcha dolorosa por el patio, sepan bien que me negaré a dar la menor respuesta.

Anticipadamente declino toda responsabilidad si estalla un escándalo en la prensa mundial o si se hace público el hecho de que se ha forzado a un interrogatorio a un hombre medio muerto.

Si el régimen piensa que muero demasiado lentamente, entonces que me haga eliminar corporalmente tal como me ha asesinado jurídicamente hace 14 años. San Cipriano dió 25 piezas de oro al verdugo que iba a decapitarlo. No poseo oro pero puedo rogar por mis perseguidores y por la persona que eventualmente, me eliminara; puedo pedir a Dios que los perdone y que me deje morir en paz. He debido obligarme a hablar del tratamiento inhumano que se ha infligido desde hace tantos años. Ya los antiguos romanos decían: hay límites para todo.

Los que me retienen en prisión pueden continuar montando guardia y haciéndome la vida imposible en razón de las órdenes que reciben de parte de ustedes. Conozco mi deber. Con la gracia de Dios, voy a cumplirlo hasta el final pero sin vestigios de odio, sin ningún sentimiento de venganza hacia nada, pero quiero también cumplir con mi deber sin temer a nadie.

En Krasic el 5 de diciembre de 1959. Cardenal Dr. Aloysius Stepinac Arzobispo de Zagreb".

El día previsto para este interrogatorio correspondía al octavo aniversario de la estadía de Mons. Stepinac en Krasic. Era también el día de la visita del Presidente Eisenhower al Santo Padre en Roma. Gran acontecimiento para la Iglesia Católica y temible para los comunistas yugoeslavos.

El cura de Krasic llevó la carta de Mons. Stepinac al comandante de la milicia, quien leyó muy lentamente las dos páginas dactilografiadas. A su regreso, el cura encontró al Cardenal tendido en el lecho pero muy calmo.

Sin embargo, poco tiempo después, un agente de la policía vino para llevar al Cardenal al puesto de policía para el interrogatorio. Con mucha calma el Cardenal se negó diciendo que era imposible ir dadas las condiciones en que se encontraba. Por otra parte, Mons. Stepinac estaba sufriendo enormememente de nuevo y por ello se hallaba postrado. Incluso el cura se había precipitado al correo a llamar por teléfono a los médicos para adelantar su llegada, prevista de todas maneras, para esos días. Pero mientras el cura se encontraba todavía en el correo, una de las Hermanas corrió para anunciarle que había un auto de policía ante el presbiterio y que los milicianos querían entrar a buscar al Cardenal. El cura regresó rápidamente encontrando a su llegada a un juez y a un médico que habían concurrido velozmente a juzgar por sus vestimentas, al igual que una dactilógrafa para registrar el interrogatorio. El juez reprobó al cardenal por su respuesta a la convocatoria, considerándola como descortés: "Al órgano del poder que debía interrogar...". "No podemos nunca saber a quien nos dirigimos, respondió el Cardenal, a veces es un tal camarada Boris, luego nos enteramos de que se trata de un campesino llamado Nikola Brezovic, siempre es así". A continuación se negó a ser examinado por el médico que acompañaba al juez para "verificar el estado de salud del Cardenal".

Seguidamente el Cardenal les dijo que no respondería a sus preguntas allí, pues el era un enfermo a quien ya habían extraído treinta y cinco litros de sangre y a quien esperan incansablemente sus médicos para extraerle aún más. Agregó también que todos estos tormentos lo afectaban fuertemente y debilitaban su salud.

"No piensen que tengo miedo, pero todo tiene sus límites. Estas emociones no datan de hoy. Hace semanas que vuestros agentes están colgados del muro de la casa para espiarme cada vez que paseo por el patio, pues de todas formas, se me hace imposible ir más lejos. Estos guardias piensan que así me intimidan y que harán de mi un autómata que acabará diciendo lo que ellos quieren que diga. No, lo repito nuevamente, no quiero responder y no quiero que me formulen preguntas".

"Bien, dijo el juez, registraremos todo esto y haremos un informe".

Anotaron entonces que el Cardenal no quería escuchar sus preguntas ni responderlas. Las anotaciones fueron volcadas a siete ejemplares y firmadas. Después de la partida de la comitiva, el Cardenal lamentó haber firmado pues la policía podría tergiversar este informe y utilizarlo contra los acusados. Pero el cura le respondió: "Con su firma o sin ella, si quieren lo falsificarán, pues son bien conocidos como maestros de engaños".

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