Respecto de aquellos que han sido internados en los campos de concentración, hemos pedido que se informe a las familias sobre el lugar de su internación. Hemos intervenido para que aquellos cuya culpabilidad no ha sido demostrada, sean dejados en libertad lo más pronto posible.
Hemos llamado la atención de las autoridades sobre el caso de tantos intelectuales que han quedado sin empleo y que no están en condiciones de ganar el pan de cada día, para ellos y para su familia.
Nos hemos esforzado por ayudar, en la medida de nuestros medios, a todos aquellos que nos han rogado, teniendo en cuenta solamente el precepto de la caridad cristiana y el derecho a la justicia de los que se dirigían a nosotros. No hemos considerado nunca, en todo este asunto, la opinión política de cada uno, como así tampoco, durante la guerra no hemos preguntado a aquellos que asistíamos, de qué religión o de qué nacionalidad eran. Al actuar de tal forma, nunca nos dejamos detener por la injustificada acusación de que hacíamos una propaganda desleal con intenciones políticas, puesto que tenemos conciencia de que no estamos emprendiendo una acción política, sino que nos limitamos a cumplir nuestra misión iluminados por el espíritu de caridad hacia el prójimo, tal como lo ha enseñado Jesucristo.
Si no hemos alcanzado resultados favorables en las cuestiones más importantes, la falta no ha sido nuestra. Tenemos conciencia de haber cumplido perfectamente con nuestro deber.
Nuestro corazón sufre por no haber podido llevar nuestra ayuda allí donde era tan necesaria y allí donde había tantas lágrimas que enjugar.
Repudio del materialismo ateo
Hay todavía algo más que nos apena: el espíritu materialista e impío que, pública o secretamente, oficialmente o no, se expande en nuestro país. Nosotros, obispos católicos, encargados de enseñar la verdad y representantes de la fe, condenamos resueltamente este espíritu materialista, del cual la humanidad no puede esperar nada bueno. Al mismo tiempo que condenamos este espíritu nuestra condena se extiende también a todas aquellas ideologías y a todos aquellos sistemas sociales que construyen su edificio de vida social, no sobre los fundamentos eternos de la revelación y del cristianismo, sino sobre los fundamentos engañosos y frágiles de una filosofía materialista y, por consiguiente, impía.
Nos hemos esforzado por sopesar y examinar bien todo lo que hemos informado en esta carta. Nuestro análisis muestra claramente que la Iglesia Católica, en la Yugoslavia Federativa y Democrática, se encuentra en una situación mucho más difícil que en el pasado; el estado actual de la Iglesia Católica en Yugoslavia, en nuestra opinión, no difiere más que en el nombre de un estado de persecución abierta.
Hemos querido deciros todo esto, queridos fieles, a fin de que estéis perfectamente informados sobre la situación en la que se encuentra la Iglesia Católica de Yugoslavia.
Despertar religioso. Devoción a la Santa Virgen
Sin embargo, suceda lo que suceda, miramos con confianza hacia el advenir. Hemos confirmado nuestra esperanza ante el despertar de la vida religiosa en las masas profundas de nuestro pueblo, en todas las regiones de nuestro Estado. Todos nos sentimos especialmente consolados y satisfechos por la renovación verdaderamente formidable de la devoción a la Madre de Dios, tan profundamente cara siempre al corazón de las masas políticas. Esta devoción se ha manifestado sobre todo en la enorme afluencia a nuestros santuarios marinos nacionales, que nunca han recibido tantos peregrinos.
Desarrollad entonces en vuestras almas y en vuestras familias esta profunda devoción a la Madre de Dios: rezad unidos el rosario, imitad sus virtudes en vuestras vidas y veréis que la Madre de Dios será vuestra gran protectora. Su poderosa intercesión obtendrá para nuestro pueblo la gracia de permanecer bajo todas las circunstancias y bajo todas las dificultades, fieles a la fe de sus ancestros y a las órdenes de Dios. La Madre de Dios no nos abandonará. ĦQue pueda Ella obtener abundantes bendiciones para todas vuestras necesidades!