La reforma agraria arrebata y sustrae a la Iglesia Católica, sin ninguna indemnización, todos sus terrenos con todos sus bienes agrícolas, como si la Iglesia los hubiera adquirido ilegalmente.
La pequeña parte que se le ha dejado no alcanza para mantener los Seminarios, las oficinas centrales de los Obispos, las catedrales, las iglesias parroquiales y tantas otras iglesias. A causa de esta reforma agraria se ha vuelto imposible la vida regular de la Iglesia, y los que recibirán una parte ínfima de las tierras confiscadas a la Iglesia son mucho menos numerosos que aquellos sobre los cuales pesarán las nuevas cargas del mantenimiento de sus instituciones y de su personal.
Para justificar la confiscación de las tierras de la Iglesia, los diarios se han esforzado por presentarlas como mal cultivadas o descuidadas; sin embargo, cuando la Iglesia ha querido desmentir esta acusación, los mismos diarios no han publicado una sola palabra para defender a aquellos que eran injustamente acusados, pues se sabe muy bien quien ha puesto estas propiedades en el triste estado en que hoy se encuentran. ¡Y no es la Iglesia!
No obstante, debemos señalar, en esta ocasión, que la Iglesia nunca se ha opuesto a las reformas sociales justas, incluso cuando sus propios intereses estaban en juego. La Iglesia reclama que, en estas cuestiones que tocan tan profundamente su organización vital, el Estado no emplee un método partisano apoyado en la fuerza y la dictadura, sino que se entienda previamente con ella, como parte igual e independiente.
Religiosas en los hospitales, tratadas sin consideración
Las congregaciones católicas de mujeres, sus instituciones de educación y de caridad, tienen casi cotidianamente dificultades y disgustos ocasionados por el nuevo espíritu que reina alrededor de ellas. ¡Cuántas trapacerías deben soportar las religiosas enfermeras, no sólo en los hospitales del Estado, sino también incluso en los hospitales privados! Los procedimientos de ciertos administradores nombrados en los hospitales, mantenidos por las Hermanas, muestran la evidente intención de imposibilitar a las Hermanas su actividad caritativa para muchos enfermos. Se quiere incluso arrancarles los hospitales que ellas mismas han construido y mantenido con toda clase de dificultades, con el trabajo de sus manos y a costa de sacrificios extraordinares.
Labranza de cementerios militares
Finalmente, para concluir, queridísimos fieles, es necesario que señalemos otro hecho doloroso y sorprendente para nosotros. Ni siquiera se han cuidado las tumbas de los difuntos. En los cementerios de Zagreb, de Varazdin y en otros, de acuerdo con órdenes directas de las autoridades regulares, se han sacado las cruces de las tumbas de los ustachis y de los soldados alemanes, y se ha nivelado la tierra de manera que no se pueda identificar más el lugar de ninguna tumba individual. Esta forma de actuar debe ser absolutamente condenada: ante la muerte, todos los hombres se inclinan e incluso el enemigo deja de ser enemigo, en virtud de leyes no codificadas, de convenciones humanas, que emanan de la caridad cristiana y este enemigo tiene derecho, él también, a una tumba adecuada. Sabemos que luego de la última guerra mundial, los antiguos enemigos han respetado y conservado las tumbas de los soldados del ejército conquistador, que estaban ubicadas en tierra extranjera. ¡Y aquí entre nosotros, se niegan a reconocer este derecho sagrado a los propios hijos de esta tierra!
Vanas intervenciones
Queridísimos fieles, nuestra solicitud no está limitada a las necesidades directas de la Iglesia, de sus establecimientos y de sus sacerdotes. Conociendo los sufrimientos y las penas de tantos de nuestros fieles, hemos hecho, por nuestra parte, todo lo que hemos podido para aligerar su suerte en estos días de prueba y crisis. Así, hemos intervenido en diversas oportunidades, oralmente y por escrito, ante las autoridades competentes, para obtener la dispensa de aquellos que los tribunales habían condenado a muerte. Hemos pedido con insistencia, que se les permita, en sus últimos momentos, recibir el consuelo de la religión. Hemos pedido también, que se brinde a los padres de los ejecutados, las indicaciones necesarias para encontrar la tumba de sus difuntos. Todos estos servicios, los hemos realizado también con anterioridad por pedido de las familias de las desdichadas víctimas de las luchas fraticidas, bajo el régimen de las precedentes ocupaciones militares.