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VI. LA MONARQUIA DANUBIANA DE LOS HABSBURGO
Y LA CUESTION DE ORIENTE [continuación II] Con la introducción del sistema dualista, según el cual el poder lo ejercían los austríacos y los magyares a costa de los derechos nacionales e históricos de la mayoría eslava, recrudeció esa tendencia imperialista. Cuando Francisco José I optó, bajo la presión del nacionalismo germano y magyar, por el dualismo, de hecho obró en pro del movimiento, visto por los rusos como panrusismo y por los serbios como panservismo. Se quería proteger a la Monarquía de las tendencias centrífugas de sus pueblos eslavos, pero el efecto era contraproducente. Los movimientos del "austroeslavismo", según el cual la razón de ser de la comunidad danubiana en los tiempos nuevos debería consistir en la defensa de sus pueblos frente al panrusismo y el pangermanismo, se transforma paulatinamente en el instrumento del panrusismo y el panservismo. Sucedió así únicamente porque el pensamiento de la solidaridad eslava en los pueblos dentro de la Monarquía danubiana de la época romántica, coincidente con el despertar del pensamiento nacional, fue interpretado en demasía como un movimiento dirigido contra la subsistencia de la misma Monarquía. Demasiado pronto se olvidó que fueron precisamente los eslavos quienes salvaron a Austria de las fuerzas centrífugas alemanas, húngaras e italianas. La clase gobernante de la Monarquía, apegada a la traición imperial, al reaccionar unilateralmente contra los inquietos nacionalismos, pasaron por alto un hecho fundamental, es decir, que los eslavos austríacos por su acervo cultural gravitan hacia sus vecinos occidentales y no hacia Rusia. A los ojos de Rusia han sido y siguen siendo tan sólo instrumento de su imperialismo y a la postre serán sojuzgados por ella bajo el rótulo de su liberación nacional. En realidad, los eslavos austríacos han podido ser un apoyo más firme de la Monarquía que los germanos austríacos, propensos a la propaganda pangermana.
El dualismo dirigido contra los eslavos austríacos tuvo que suscitar
la serie de reacciones y contrareacciones a que aludía Starcevic
cuando anticipaba que los Habsburgo deplorarían amargamente la
ocupación de Bosnia.
El mismo pensador, adversario consecuente de toda clase del paneslavismo,
que define como instrumento del expansionismo ruso y serbio y
como peligro mortal para la Monarquía de los Habsburgo, figuraba
en la lista negra de la polícia austro-húngara y debería ser
detenido y expulsado de Bosnia en caso de llegar allí (nota 35). Los
círculos gobernantes de la Monarquía, particularmente los húngaros,
temiendo que la relación de las fuerzas no se volcara a favor
de los croatas, y entusiasmados con sus planes imperiales en
los Balcanes, favorecen en Bosnia la servización de los ortodoxos,
creando así el instrumento del que se servirán Rusia y Serbia
para destruir a Austria-Hungría. Al mismo tiempo, obstruyendo
la realización del programa nacional croata sobre la unificación
de las provincias históricas croatas, se debilitaba a los croatas
que se identificaban con su misión histórica de defensores de
los valores de la cultura occidental en la frontera balcánica.
(nota 35) Sudland; o. c. n. 294Cuando Francisco Rachki, en el momento de la ocupación de Bosnia, subraya que Austria, de ser una comunidad de pueblos libres, atraeria a los países balcánicos y, como imperio, gobernado por los alemanes austríacos y por los magyares los rechaza, evidenció un conocimiento mucho más profundo de la Cuestión de Oriente y una visión más acertada de la misión histórica de la Monarquía danubiana que su clase dirigente. Es irrelevante si de las concepciones de Rachki y Strossmayer sobre la misión civilizadora de los croatas entre los eslavos balcánicos, concepciones inspiradas en el ecumenismo católico y el optimismo humanista, abusaron los serbios en el siglo XX. Tal proceso desfavorable se debe a la política errónea de las potencias europeas respecto a la Cuestión de Oriente y a sus rivalidades recíprocas, a la desafortunada política de nacionalidades de Austro-Hungría y a sus desacertados esfuerzos por hallar, tras el repliegue de los turcos, una razón que justificara la existencia de la plurinacional monarquía danubiana. No es de extrañarse que, en circunstancias semejantes, los eslavos austríacos empezaron a dudar de la misión histórica de los Habsburgo y de la solidaridad de los intereses del mundo occidental. En lugar de abrirse a los Habsburgo, los portales del Oriente, quienes, como dice Toynbee, a la vista de sus súbditos y de sus adversarios no occidentales fueron el símbolo de la unidad occidental, ocurrió lo contrario. Los portales se abrieron de par en par a la penetración del imperio euroasiático ruso a la zona tradicional del mundo occidental. Ese imperio ni en su edición soviética renuncia a la dominación mundial y con mucho éxito viene imponendo su versión totalitaria del marxismo, desvirtuando la evolución del movimiento obrero en dirección de la democracia social.
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