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I. SIN ENFOQUE CORRECTO DE LA CUESTION DE BOSNIA NO ES POSIBLE
DILUCIDAR LAS RESPONSABILIDADES DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL
Desconocimiento de los métodos ilícitos de los gobernantes
serbios
No se tomaron en consideración los acontecimientos relacionados
con el cruel asesinato del último Obrenovic y de su esposa Draga
Masin (nota 7). Y que subsistían sospechas justificadas de que detrás
del atentado de Sarajevo estaban los mismos regicidas que, al
asesinar a Alejandro Obrenovic, entronizaron en Serbia a la dinastía
rival de Karageorgeric con el objeto de convertir a Serbia en
el principal exponente de la Rusia zarista en los Balcanes. Por
otra parte, esos mismos círculos militares serbios cometieron,
poco antes del atentado de Sarajevo, excesos contra la población
macedonia y albanesa en las regiones conquistadas por Serbia
en las Guerras balcánicas (1912-13). Sobre esos actos terroristas,
consumados en territorio nacional ajeno y organizados of icialmente;
actos que por su crueldad superaron todo lo que se imputaba al
imperio turco en decadencia, se constituyó una comisión
internacional especial (nota 8). Pocos años antes fracasó el atentado contra
Nicolás I,
rey de Montenegro, que era suegro de Pedro I, rey de Serbia, y abuelo de
Alejandro, con el propósito de anexar Montenegro a Serbia (L'Affaire de
Cetinje).
(nota7) Con motivo de este atentado el escritor francés Louis André escribió: "... El horrible atentado del 11 de junio (1903) puso a Serbia fuera de las naciones civilizadas..." (Les Etats Chrétiens des Balkans, p. 174). Inglaterra no quiso tener más relaciones con este pueblo salvaje y sanguinario, "llamando a su representante de Belgrado..." Lansdowne, a la sazón ministro de asuntos exteriores de Gran Bretaña, declaró en la Cámara de los Lores: "... Creo que el salvajismo, del que nos ocupamos, no tiene paralelo ni en la historia de los Estados que no pretenden figurar en el mundo civilizado" (The Times, 20/4/1903). The Daily Telegraph (15/4/1903) a su vez comentó: "Si Europa reconoce el gobierno de asesinos y bandidos que se eligió Serbia, significará a la vez su complicidad en el crimen... El rey Pedro no debe esperar ser considerado igual a otras cabezas coronadas de Europa..." En efecto, las dinastías europeas eludían vínculos directos con los Karageorgevic incluso durante la primera guerra mundial, aEpesar de observar Inglaterra v otros aliados una actitud de consideración para con Serbia.Ni terminada la primera guerra mundial con la plena satisfacción de las ambiciones de los ultra nacionalistas serbios, es decir con la desintegración de Austria-Hungría y la anexión a Serbia de Croacia, Eslovenia, Montenegro y Voivodina, las potencias victoriosas estimaron oportuno examinar si los cargos contra Serbia en relación con el atentado de Sarajevo fueron fundados.
La tesis oficial sobre la culpabilidad de la guerra de las Potencias
Centrales implicaba la absolución de Serbia. Tampoco creían apropiado
ahondar "la cuestión sureslava", aun, cuando era evidente que
Serbia abusaba de la ayuda y protección de las democracias occidentales,
las que, tras la revolución bolchevique, asumieron el papel de
la Rusia zarista como protectora del Reino de Serbia.
Los vencedores se ilusionaban de que el nuevo Estado-el Reino
de los serbios, croatas y eslovenos, proclamado en 1929 por decreto
del rey dictador Alejandro Reino de Yugoeslavia, vale decir de
los pueblos sureslavos- se constituiría en la piedra angular
del nuevo sistema de seguridad. Por ello, los "artífices de la
paz de 1919" prestaron oído sordo a las recriminaciones y protestas
de los que afirmaban que el nuevo Estado no significaba la unión
de un pueblo supuestamente unitario, sino la creación de un conglomerado
multinacional con todos los defectos de Austria-Hungría pero
sin su eficiente administración y justicia, un Estado dominado
por Serbia, que recurre a métodos antidemocráticos, inclusive
a la represión cruel y al terrorismo político contra pueblos
enteros y minorías nacionales nutridas, violando el principio
nacional y el derecho democrático de autodeterminación.
En ese clima, cargado de conflictos entre los ex aliados y con
la aparición de régimenes totalitarios, ni siquiera en los círculos
científicos tuvieron eco adecuado ciertas extralimitaciones esporádicas
de políticos serbios, quienes, eufóricos por la derrota y la
desintegración de Austria-Hungría y las exagerados beneficios
conseguidos, no ocultaban la participación de los funcionarios
de Belgrado en el atentado de Sarajevo y en las acciones subversivas
contra la Monarquía danubiana, hechos que fueron desmentidos
violentamente en vísperas de la guerra, motivo del rechazo de
Belgrado del ultimátum austríaco.
Tampoco se tomaron en cuenta los datos publicados por los dirigentes
bolcheviques, recién terminada la guerra, sobre la política belicista
de la Rusia zarista.
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