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ALEJANDRO KARAGEORGEVIC, COMPLICE EN EL ATENTADO DE SARAJEVO Importantes revelaciones del doctor Leo Pfeffer, juez de instrucción en el proceso de Sarajevo (A continuación transcribimos en versión castellana, significativas revelaciones del Dr. Leo Pfeffer, que en 1914 actuó como juez de instrucción en el proceso promovido a los autores y c6mplices del asesinato de Sarajevo. Dichas revelaciones fueron puolicadas en el principal diario de Croacia, Hrvatski Narod, Zagreb,28/VI/1941.) "En vísperas de la fiesta de SS Pedro y Pablo, el, a eso de las diez de la mañana, en la orilla del río Miljacka en Sarajevo explotó la bomba de Nedeljko Cabrinovic y menos de una hora después las dos balas del revólver de Gavrilo Princip hirieron mortalmente al heredero al trono de la Monarquía austríaco-húngara, Francisco Fernando, y a su esposa, la archiduquesa Sofía". En 1938, publiqué un libro sobre el sumario judicial (*) y en su Prólogo dije: "Aunque la primera guerra mundial me sorprendió llevando la investigación, estove convencido entonces como lo estoy ahora, que el atentado de Sarajevo no había provocado la guerra, sino que fue la antorcha que encendió la hoguera ya preparada de los intereses antagónicos. Por ello, las funestas consecuencias de esa guerra se sienten incluso hoy, después de casi un cuarto de siglo, en todo el mundo. Uno creería que semejante experiencia haría cuerda a la humanidad, pero, como vemos hoy, se está preparando una hoguera aún mayor de los intereses opuestos, que espera una chispa que la prenda. ¨Es que la historia reciente puede ayodarnos o hacer que vislumbremos las causas de ese estado de cosas? ¨Es que la historia bien entendida, basada en hechos objetivos, puede convertirse en la maestra de la vida, por lo menos para las generaciones venideras?" (*) Istraga u Sarajevskom atentatu (Instrucción judicial del Atentado de Sarajevo) Zagreb, 1938. Sin que transcurriera un año, en 1939, se encendió esa hoguera grande. Terminé dicho libro con estas palabras: "Aunque la instrucción judicial del proceso de Sarajevo aclaró varios hechos, quedaron ocultos algunos secretos que un día se conocerán o tal vez nunca. Dejemos que sobre estos puntos se pronuncie la historia". Ya el editor del libro le agregó una nota y la abundante crítica, sobre todo de parte serbia, no sólo confirmó los hechos comprobados en el sumario, sino que aportó otros nuevos, lográndose así el propósito con que había publicado el libro. Por supuesto que, para poder publicar dicho libro, tuve que exponer una supuesta ideología. (El libro fue publicado durante la Yugoeslavia monárquica donde regía una rigurosa censura para ese tipo de publicaciones, N. de la R.). Por eso en el Prólogo acoté: "Algunas impresiones mías que presuntamente no deben ser competentes, contribuirán también-creo yo-a que la exposición resulte más clara y de mayor relieve". En otros términos, eso quería decir: "Para que me sea posible publicar el libro". Y ahora, al llegar la hora de la libertad, puedo decir sobre el atentado de Sarajevo lo fundamental, es decir que el atentado fue tramado con el conocimiento y la ayuda del entonces príncipe serbio Alejandro, luego rey de la ex Yugoeslavia (los subrayados en el original, N. de la R.), hecho ocultado ante Pasic y su gabinete. Siguen las pruebas. Dirigiendo la instrucción judicial sobre el atentado de Sarajevo en 1914, presenté el 6 de julio al atentador Nedeljko Cabrinovic algunas cartas y fotografias. De repente, empezó a contarme con gran entusiasmo del príncipe Alejandro, a la sazón heredero al trono de Serbia, acotando que había hablado con él personalmnete, pero que eso no debía figurar en el acta. Nedeljko Cabrinovic fue el primer atentador que lanzó la bomba contra el coche del heredero al trono Francisco Fernando, pero la bomba cayó y explotó en la calzada, de modo que Francisco Fernando y sus acompañantes en el coche escaparon a la muerte. Me extrañó que Cabrinovic me hablara de ese asunto y le pregunté qué le dijo, por fin, Alejandro. Me contestó: "Eso no se lo diré". Empecé a sospechar y llamé, desde una oficina contigua, a los jueces Filipovic y Matesa, y ante ellos como testigos, proseguí interrogando a Cabrinovic. Su declaración decía: "Hago notar que el 27 de marzo del año en curso (1914) vi al heredero al trono Alejandro y tuve el honor de hablar con él, cuando a las nueve de la noche visitó la imprenta estatal en Belgrado, donde trabajé como tipógrafo. Dacic (director de la imprenta) observó, al presentar a los tipógrafos: "Aquí tenemos a un bosníaco". El heredero al trono preguntó de dónde era y por qué había venido a Serbia. Le repliqué que ya antes habría venido a Serbia para luchar en la guerra balcánica, pero no podía obtener el pasaporte". Al preguntarle qué le había contestado Alejandro, Cabrinovic declaró: "Eso no le diré y hay muchas cosas que por mi convicción no puedo revelar". Cabrinovic se ponía cada vez más nervioso e irritado, dijo que no iba a firmar el acta labrada si con ello se pensaba comprometer al heredero al trono, sino que dirá lo que le había contestado. Como Cabrinovic se detuvo reflexionando, le pregunté: "Bueno, ¨qué le dijo?". Me contestó: "No lo diré y en adelante me cuidaré más en lo que digo". En eso yo tercié con tono más elevado: "Precisamente, al no confesar lo que te dijo, puedes comprometer al heredero al trono". Cabrinovic seguía manifestando con terquedad e insistencia: "Nada me dijo". Y como pidió que en una de esas declaraciones se insertara la palabra "nada", insinuando a la vez una sonrisita, le pregunté por qué se sonreía. Me contestó que ésta era su costumbre, agregando: "El heredero al trono me preguntó si me quedaba en Serbia y yo le dije que pensaba quedarme".
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