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Algunos aspectos de la actualidad étnico-nacional de Bosnia-Hercegovina Tal situación cambió cuando los obispos y las ciudades dálmatas regresaron nuevamente bajo la jurisdicción de la Iglesia romana. El conflicto y la vieja disputa entre los croatas y los obispos dálmatas con su feligresía romana brotaron nuevamente con intensidad. Si los Papas premiaron a los croatas por su fidelidad, ahora deben castigarlos por su "herejía" e infidelidad, tal el lema de los obispos romanos de Dalmacia. El conflicto de intereses y de política se disfrazó de preocupación por la pureza de la doctrina cristiana. Denigraciones y acusaciones afluían continuamente a Roma. Los sacerdotes croatas y sus obispos son "heréticos". Detrás de su idioma "bárbaro" se esconden doctrinas contrarias al Evangelio, etc. Hay que prohibir el idioma eslavo en el culto divino y suspender la ordenación sacerdotal hasta que el sacerdote croata no dé suficiente prueba de conocer el latín. A influjo de las denuncias, muy poderosas por cierto, el Papa Juan X convocó el concilio regional en Split (año 924), a pedido del arzobispo de dicha ciudad, que había regresado al seno de la Iglesia romana ese mismo año. El concilio tuvo que ocuparse del idioma croata en el culto divino y de la posición del obispo croata de Nin. La mayoría de los integrantes del concilio estaba constituida por los romanos, la cual condenó el uso del idioma nacional en el culto divino, disponiendo también la subordinación del obispo croata al arzobispo de Split. El mismo Papa reprochó al arzobispo de Split el tolerar el uso del idioma croata en la liturgia, y le escribe en 925..." sería feo y pacaminoso, si el hijo proceda de otra manera que su madre", considerándo a los croatas como hijos v la Iglesia como madre. El gran arqueólogo e historiador croata, monseñor Dr. Francisco Bulic, refiriéndose a los motivos de la convocatoria del concilio de Split, dice textualmente: "...en el último tiempo decayó la autoridad territorial de los romanos y del arzobispo de Split, porque los croatas tenían su propio y único obispo croata en Nin, quien tenía la palabra decisiva no sólo en la corte real, sino también en la abrumadora mayoría de la población dálmata. Los arzobispos de Split habían vuelto la espalda a Roma, inclinándose a favor de Bizancio. Por esa razón Roma hacia todos los favores al obispo croata... El idioma nacional en el culto divino, Roma y el obispo croata forjaron la unión del pueblo croata frente a los romanos" (8).
(nota 8) J. Kocijanic: Op. cit., pág. 18.Es fácil comprender del texto citado que la nueva política inaugurada en Split no encontró eco favorable en la mayoría del pueblo croata. A pesar de haber sido reconocido y coronado por el legado papal, el rey croata Tomislav, en pueblo hubo fuerte resistencia a las decisiones del concilio. Algunos historiadores croatas ven en esa resistencia un verdadero movimiento nacional. Con la coronación de Tomislav se trató de mitigar la oposición. Hay que conquistar a los príncipes para imponerse al pueblo. Además se adoptó el viejo lema: Grecia capta captivum fecit captorem. Dalmacia latino-bizantina dominada tuvo que someter a los croatas, al dueño conquistador. El interés político de los romanos en las ciudades dálmatas y de sus obispos se encubría con el interés religioso. Además, dicho entre paréntesis, ¨ cómo es posible que elementos que aceptaron el cisma durante más de veinte años, condenen ahora a los croatas, que permanecieron fieles a Roma? Desde ese momento, la oposición secular croata y su rencor reciben un nuevo y muy sensible alimento para su descontento. La integración de una parte del pueblo croata en el nuevo ambiente greco-romano y en la civilización cristiana empieza a tropezar con serios obstáculos. Sólo la presentación por escrito y personal del obispo croata en Roma, inclinó al Papa a suspender las decisiones del concilio. Pero poco más tarde los papas Nicolás I y Alejandro II levantaron dicha suspensión, prohibiendo el idioma nacional, sometiendo al obispo croata al arzobispo de Split y suspendiendo la ordenación de los sacerdotes croatas hasta tanto comprueben conocer el latín.Que grande hubo de ser la amargura en el alma de los partidarios del movimiento de resistencia y de aquella humilde gente, que tenía afecto a sus sacerdotes, únicos portadores de la doctrina divina en su idioma nacional y únicos promotores de su cultura tradicional! Con razón acotan los historiadores croatas, desde entonces, la liturgía en idioma nacional se replegaba cada vez más al interior de Croacia (9). Este interior de Dalmacia. donde se desarrollaba el conflicto en su forma más visible, pudo ser, en primer lugar, la Bosnia, de hoy día, natural retaguardia de Dalmacia.
(nota 9) L. PEIROVIC: Krscani bosanske crlve, Sarajevo 1953: J.Kocijanic, Op. cit.. pág 20.Así, a nuestro parecer, los elementos semicristianizados, renuentes por su tradición, reciben a nuevos descontentos, acumulándose e intensificando un estado psicológico de resistencia y oposición, propenso a adquirir cuerpo histórico en forma de acontecimientos concretos. En ese clima recíproco sobrevino la segunda mitad del siglo XI, acentuándose aún más la disputa. Los obispos dálmatas y sus secuaces romanos condenan y hasta encarcelan al obispo croata Ulf (Vuk), época en que interviene la gran figura del papa Gregorio VII. El era no sólo un gran eclesiástico, sino también un gran diplomático, combinando magistralmente todos los factores para defender su poder temporal y la unidad doctrinaria. Para ligar a los soberanos de aquella época al poder eclesiástico, Gregorio VII esbozó un plan general, perfeccionando el sistema feudal, cuyo centro y vértice era el Pontífice romano. Para alcanzar ese objetivo también en Croacia, Gregorio VII hizo concesiones al movimiento de resistencia croata: liberó al obispo croata, restableció la diócesis croata y permitió también el uso del idioma nacional en el culto divino. Todo eso parece, a primera vista, incomprensible, casi contrario al gran plan del Papa para unificar las fuerzas temporales y espirituales de la Cristiandad, gravemente herida por la separación definitiva de la iglesia bizantina. Pero el Papa sabía bien a qué atenerse. Para apaciguar a las fuerzas centrífugas del "movimiento nacional" croata, tuvo que hacer concesiones en el campo religioso. Así resultaría más fácil someter la jefatura política croata a su voluntad y a la nueva política de Roma. En efecto, después de la muerte del rey croata Kresimiro, acaecida en 1075, subió al trono croata el candidato de los descontentos, el rey Slavic. Uno de los historiadores croatas más destacados, el Dr. F. Sisic, dice que eso ha sucedido "después de una revuelta". Gregorio VII, de acuerdo a su opinión, conocía bien al nuevo rey y sus inclinaciones, considerándolo inclusive "herético" (10). Entonces, en 1075, sobrevino un acontecimien to de efec to y repercusión infaus to s en toda la his toria p o s- terior de Croacia. En aquel año irrumpieron en Croacia desde Italia meridional los normandos, capturaron a Slavic, quien murió después recluso en un monasterio (11).
(nota 10) De acuerdo a los recientes resultados científicos, es probable que el Papa tuviese sobrante razón. La historiografía anterior sostenía que los patarenos-bogumiles aparecieron en Croacia alrededor de 1200, pero el dr. Mandic, en su obra citada sobre este problema, ha comprobado en forma categórica su presencia ya en el siglo XI.Sea como fuere, el Papa Gregorio VII corona solemnemente en 1076, por intermedio de su legado, al rey Zvonimiro, adicto totalmente al Papa. Zvonimir luchó con armas junto al Papa contra sus adversarios germanos y se preparaba a emprender una cruzada para liberar el sepulcro de Jesús. Pero ahí encontró su fin trágico. De acuerdo a una Crónica del siglo XII, los partidarios del "movimiento nacional" se rebelaron contra el rey, negándose a ir a Tierra Santa y en un tumulto general lo mataron en 1089 (12).
(nota 12)El hecho nunca pudo ser confirmado con seguridad por la ciencia histórica. Es interesante subrayar la afirmaci6n de la Crónica, de acuerdo a la cual los promotores de la rebelión, el tumulto y el regicidio son continuadores de aquellos elementos "nacionales", que a su tiempo eran secuaces de Sedeslao, el más grande adversario de la politica de Roma en Croacia hasta aquel momento. Existe, pues, un hilo constante de oposición, muy interesante para nuestro tema.Desde ese momento, el orden interno degenera y Croacia se vio obligada a concertar en 1102 un Pacto, llamado Pacta Conventa, con los húngaros, formando con ellos la Unión Personal. Bosnia no participa en ese convenio. Allí se refugian los nuevos descontentos de la política de la Unión con los húngaros. Los adversarios de los croatas, digamos mediterráneos, desde ese momento encuentran aliados en los húngaros, que durante siglos tratarán de disminuir los elementos de soberanía croata hasta proclamar en el siglo XIX la inexistencia del pueblo croata (Kossut). Y cuando aparecieron los primeros patarenos-bogumili en Dalmacia (Trogir y Split), ante la persecución del arzobispo de Split, se refugian en Bosnia, encontrando la protección del ban de Bosnia Kulin (13).
(nota 13) Prof. F. Racki en J. Kocijanic, Op. cit., pág. 24.Con la llegada de los patarenos a Bosnia se inicia un efectivo distanciamiento de la población de Bosnia del resto de Croacia. La nueva doctrina cristiana herética encontró ahí terreno propicio. Las persecuciones y el odio seculares agruparon a todos los elementos descontentos, creando así el clima para una nueva confesión, coronación de su casi completa peculiaridad e independencia, sin tener nada que ver con Roma ni Bizancio. Los semicristianizados, los perseguidos y humillados por querer rendir el culto a Dios en su idioma nacional o por falta de suficiente enseñanza religiosa, fueron fácil presa de un nuevo credo. Rezar en su idioma en bosques y prados, sin templos costosos e idioma incomprensible. Una unidad, comunidad casi completa (14).
(nota 14) D. Mandic: Bosanska Crkva i Bosanskt Krstiani, pp. 424-432.Esta doctrina neomaniquea constituía un gran peligro para la unidad del cristianismo. Para conjurarlo en las partes de Croacia, los Papas y los reyes húngaro-croatas, los primeros por motivos religiosos y los últimos más bien pon intereses políticos-porque los ban de Bosnia eran casi del todo soberanos-, emprenden guerras de exterminio con tra los heréticos. Mas todos los esfuerzos o fracasaron o consiguieron éxitos a medias. Al principio, la nueva herejía la abrazó la "clase dirigente", pero después fue extendiéndose entre toda la población. Las presiones exteriores, las denuncias, las guerras y cruzadas, que se caracterizaron a menudo por su crueldad, aceleraron el despertar de la conciencia de una nueva comunidad, cuyos jefes políticos, los ban de Bosnia, que figuraban en primer lugar de la lista de los electores del rey de Croacia, se proclamaron reyes. Roma adopta nuevamente la probada táctica de atraer a los jefes políticos, ban y reyes, al seno de la Iglesia, esperando que la población seguiría a sus conductores. Pero, desgraciadamente, no se quedó en eso. La propagación del Evangelio por intermedio de la palabra pacífica de los franciscanos no bastaba. Hasta se obligaba a los barzes y reyes bosníacos a convertirse al catolicismo y a perseguir a los heréticos a hierro y fuego (15).
(nota 15) D. Mandic: Op. cit., pág. 138-147.Así se creó una vez más el dualismo entre la población croata, esta vez en Bosnia, causa principal de su caída bajo el avasallador poder islámico de los turcos. El penúltimo rey de Bosnia Tomás (1443-1461), bajo la presión de Papa y Rey húngaro-croata, decidió en 1459 desterrar a los patarenos-bogomili de su país (16).
(nota 16) En gran contraste con la amplia tolerancia tradicional de los banles y reyes bosníacos. Mandic: op. cit., pág. 402.El descontento y la división internos en Bosnia culminaron justamente cuando su unidad tuvo que ser más firme entre el inminente peligro turco. Por un lado el Rey y sus secuaces católicos, y por el otro los bogomili con gran número de jefes políticos y militares. La unidad no pudo restablecerse más ni con la coronación oficial del último rey de Bosnia Esteban Tomasevic (1461-1463), realizada por el papa Pío II. Por el contrario, el solemne acto pudo sólo acrecentar la amargura de los desterrados.
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