Cardenal Stepinac
CARDENAL STEPINAC: Mártir de los Derechos Humanos
M. Landercy

CAPITULO V: MONSEÑOR STEPINAC, ARZOBISPO DE ZAGREB

Mons. Stepinac reemplaza al Arzobispo Bauer

El 11 de febrero de 1936, Mons. Bauer festejaba, al mismo tiempo, sus ochenta años de edad y sus veinticinco de episcopado. Durante todo aquel año de 1936, pudo todavía presidir las conferencias episcopales. Pero el principio del invierno, su vitalidad que hasta el momento había sido a toda prueba, comenzó a debilitarse. La enfermedad se apoderó de su fuerte naturaleza y finalmente, Bauer falleció en medio de grandes sufrimientos, el 7 de diciembre. Su cuerpo descansa en la cripta de la Catedral de Zagreb.

En la homilía fúnebre Mons. Stepinac rindió homenaje al Arzobispo fallecido cuya vida fue de completa fidelidad hacia la Iglesia y hacia el pueblo croata. Stepinac aprovechó también la ocasión para afirmar que tenía plena conciencia de la difícil situación del mundo y del país y de las responsabilidades que le incumbían por su investidura de Arzobispo.

Pero, continuó diciendo, "In Te, Domine Speravi", "En Ti, mi Señor, he puesto mi esperanza para el presente y para todo suceso futuro". Pues ya el alba amenazante se anunciaba. A partir de 1937, la situación religiosa, social, política y económica se hacía más y más difícil, tanto en Croacia como en el mundo entero.

El nuevo Arzobispo y sus sacerdotes

Mons. Stepinac se ocupaba especialmente de sus sacerdotes y de sus seminaristas. Todo su sueldo de Arzobispo era empleado para pagar los gastos de escolaridad de los alumnos de escasos recursos. Como recuerdo de los años pasados en el Seminario Romano: el Germanicum, hizo abrir el viejo castillo Mokrice para que los seminaristas pudieran pasar allí sus vacaciones en medio de una maravilloso paisaje. Tiempo después, cuando se encontraba detenido en su pueblo natal, Krasic, Stepinac continuará supervisando atentamente la vida del seminario. Seguía siempre de cerca, las acciones e iniciativas de sus sacerdotes. Estos apreciaban las cualidades oratorias de su Obispo, que los alentaba. Para acercar a los sacerdotes de lugares alejados, organizó las reuniones de decanato. Sin cesar les repetía que los sacerdotes no debían mezclarse en política y continuamente daba el ejemplo. Instituyó ejercicios espirituales mensuales para el clero de Zagreb y de la provincia. Sus discursos se dirigían también al pueblo entero, eran como la savia para el árbol. Los ayudaba a sobrevivir en una sociedad donde se enfrentaban tantas fuerzas contradictorias.

La conducta de Mons. Stepinac era simple, llena de modestia y de bondad; al ser tan fácilmente abordable muchos eran los que se acercaban a pedirle consejo. ¡Cuánto era su dolor cuando se enteraba del asesinato de alguno de sus sacerdotes! Anotaba los nombres de los muertos y los recordaba en sus plegarias. Filosóficamente, intentaba calmar a los religiosos hastiados de que el gobierno les reclamara injustamente impuestos tan exagerados.

De temperamento generoso, estaba lleno de indulgencia y perdonaba los errores de algunos de sus sacerdotes, confiando nuevamente en ellos. Compartía todos los regalos que recibía con sus seminaristas. Sus relaciones con el clero era más amistosas que estrictamente jerárquicas. Incitaba a sus sacerdotes a concurrir a las reuniones sacerdotales regulares y éstas eran, para ellos, no sólo útiles sino también agradables; reavivaban allí todos juntos su Fe y su coraje para enfrentar las penosas condiciones de aquellos días. Intercambiaban pensamientos y experiencias. Una verdadera amistad los unía del más viejo al más joven. Una verdadera amistad nacía y se fortificaba, también entre el Arzobispo y sus sacerdotes.

El Arzobispo y sus fieles

Todas las ocasiones eran buenas para fortalecer la fe del pueblo. Así, en 1935 impulsó el festejo jubiloso del trigésimo aniversario de la beatificación, ordenada por Pío X, del mártir croata Marco Krizevcanin. Hablando de este bello ejemplo de fe, Mons. Stepinac comparaba las dificultades del católico practicante de aquel momento con las de la época del mártir; las formas de persecución habían cambiado pero el fondo era el mismo, afirmaba Stepinac.

En su programa espiritual para 1938, dio como leitmotiv a los cristianos, la lucha contra las expresiones indecentes y el rezo del rosario en familia.

Para 1939, contemplaba en su programa la renovación de la familia, núcleo de la vida cristiana y de las virtudes católicas.

Para 1940, su programa establecía la necesidad de desembarazarse del pecado, saldar las deudas con Dios y liberarse de la esclavitud del diablo: "Expulsad, los malos pensamientos, dejad de vivir mal. Aprended a trabajar correctamente. Buscad la justicia. Ayudad a los necesitados. Haced justicia con los pobres".

Para 1941 Stepinac exhortaba: "Continuad con vuestro esfuerzo para imitar la generosidad de Cristo, el amor hacia el prójimo, luchad contra el odio que ahoga el mundo. Que vuestros principios de acción no se basen en el odio sino en el amor, a fin de que la sociedad sea digna y humana".

Refiriéndose a Mons. Stepinac, Pío XII exaltó públicamente su honda piedad. En un discurso (Discorsi e radiomessagi, XIV 459). El Papa Pío XII citó a Mons. Stepinac como ejemplo del fervor evangélico. Este último, efectivamente, empleaba todas sus fuerzas para llevar a la práctica el lema de sus ancestros croatas: "Por gloria de la Cruz y amor a la libertad".

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