CARDENAL STEPINAC: Mártir de los Derechos Humanos M. Landercy – Padre Vladimir Horvat S.J.
CAPITULO I: LA PATRIA DEL CARDENAL STEPINAC
CAPITULO III: ENCUENTRO DE LA VOCACION
CAPITULO IV: COADJUTOR DEL ARZOBISPO DE ZAGREB
CAPITULO V: MONSEÑOR STEPINAC, ARZOBISPO DE ZAGREB
CAPITULO VI: EN MEDIO DEL CAOS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL
CAPITULO VII: MONSEÑOR STEPINAC EN LA YUGOESLAVIA DE TITO
CAPITULO VIII: ANTE EL TRIBUNAL COMUNISTA
CAPITULO IX: STEPINAC EN LA PRISION Y EN DETENCION
CAPITULO X: EN EL OCASO DE SU VIDA
CAPITULO XI: ECOS DESPUES DE SU MUERTE
CAPITULO XII: ALGUNOS TESTIMONIOS

Estoy profundamente conmovido por la lectura de este libro que recrea la vida del Cardenal Stepinac.
Sus orígenes rurales, su devoción por la Virgen, la influencia de su madre en su vocación sacerdotal, su preocupación por los pobres son algunos de los rasgos que me acercan a él.
Este defensor -hasta la muerte- de los derechos del hombre en nombre del Evangelio, bien merece que esta página de la historia de la Iglesia no sea olvidada. Justo es que este libro escrito en francés recuerde especialmente el rol del Cardenal en la fundación de obras para los emigrados croatas en Francia y otros lugares. Bastaría con releer la carta de la Congregación del Concilio del mes de octubre de 1946 para conocer claramente la posición de la Iglesia respecto de su condena.
¡Recuerdo cómo todo el mundo siguió con inquietud el desarrollo de su proceso, de su prisión y, finalmente, de su muerte!
El Cardenal Stepinac vivió plenamente su lema episcopal: "En Tí Señor, mi esperanza".
París, 1 de diciembre de 1980.
Cardenal Francisco MARTY.
Arzobispo de París.
Monseñor Aloysius Stepinac (1), arzobispo de Zagreb, llamó mi atención desde 1945 cuando comencé a seguir los dolorosos sucesos de la Iglesia en Croacia, anexada a la Yugoslavia comunista.
Durante su proceso, leí con atención todas las publicaciones referidas a este doloroso episodio. Pero no podía tener suficiente información en francés porque, como se afirma en un artículo de Etudes de diciembre de 1946 es "más lenta que la prensa anglosajona, peor informada, nuestra prensa, en su conjunto y salvo meritorias excepciones, dudó en sacar a la luz este acontecimiento, y aún más en tomar partido. De esta manera, la opinión francesa se vió privada -y esto es un perjuicio notable- de la oportunidad de condenar una injusticia; y los cristianos de venerar a un mártir".
Este perjuicio fue parcialmente reparado por el libro "Le Dossier du Cardinal Stepinac", preparado por el R.P. Th. Dragoun, O.P., Rector de la Misión Católica Croata en Francia, y publicado por Nel, París, 1958, al igual que por el opúsculo de Ernest Pezet, "Stepinac- Tito, Contextes et éclairages de L'Affaire", París (Nel), 1959.
Estas dos obras están centradas en el proceso montado contra Mons. Stepinac, y su contexto político. Por ello, he querido consagrar mi libro a la vida y a la figura heroica del Cardenal Stepinac. Pero, fue una tarea larga y difícil. Desde el principio, he consultado a personas bien informadas. He sido particularmente alentada en mi trabajo por las cartas de Mons. Stjepan Lackovic quien fuera secretario del arzobispo Stepinac, y por las de numerosos admiradores del Cardenal.
Quiero expresar mi particular gratitud al Reverendo Padre Alexa Benigar, Franciscano croata, por la autorización que me otorgó para utilizar su libro "Alojzije Stepinac" (Roma, 1974, 939 p.) base de mi obra. Mi reconocimiento también para todos mis otros colaboradores.
(1) En croata: Alojzije (Nota del Editor).
¡Croacia siempre fiel!
Durante la reciente estadía de Juan Pablo II en París, desde el 30 de mayo al 2 de junio de 1980, pudimos observar a lo largo del recorrido del Papa, la presencia de numerosas banderas croatas: rojo-blanco-azul, en franjas horizontales, con el escudo croata en forma de cuadrícula de 25 cuadrados blancos y rojos. Un gran estandarte con los colores de la bandera llevaba, en los mismos términos que el Soberano Pontífice había empleado en ocasión de la peregrinación croata de 1979 a la Ciudad Eterna, la inscripción: ¡Croacia siempre fiel! (2).
Esta cálida acogida, que los numerosos croatas de París tributaron al Papa, era el signo del gran reconocimiento, del gran agradecimiento al Papa, por el extraordinario recibimiento que le había brindado, el 30 de abril de 1979, en Roma y del cual festejaban justamente el aniversario (3).
Con motivo de esta peregrinación de 1979, Su Exc. Mons. Kuharic, Arzobispo de Zagreb, al presentar al Santo Padre, a los 10.000 peregrinos croatas, en la Basílica de San Pedro, recordó especialmente las cartas intercambiadas entre el Papa Juan VIII, el Príncipe croata Branimir y el Obispo Teodosio. Estas cartas, fechadas el 7 de junio del 879, representaron un acontecimiento de fundamental importancia para la fidelidad de los croatas a la Santa Sede, cuando algunos decenios más tarde, la escisión entre el Imperio de Occidente y el Imperio de Oriente mostró el peligro de hacer inclinar la balanza de Croacia hacia el Este, hacia Constantinopla. En el 880, el Papa Juan VIII dio prueba de su sabiduría al autorizar a los santos Cirilo y Metodio a utilizar la lengua eslava para el rito romano. Este privilegio fue aplicado también en Croacia.
Su Exc. Mons. Kuharic, pidió al Santo Padre que hiciera adelantar el proceso de canonización del Cardenal Stepinac, en estos términos:
"Santísimo Padre, ... Recuerdo aquí al gran testigo de la fe que fue el Arzobispo de Zagreb, el Cardenal Stepinac, para quien, en esta misma basílica, el Papa Juan XXIII pronunció una conmovedora oración fúnebre, subrayando su heroico testimonio y su indefectible adhesión a la fe de Cristo...".
Para mostrar su entusiasmo y su pleno acuerdo, la multitud lo aplaudió largamente al igual que a los Cardenales Seper y Bertoli y a los trece Obispos croatas que concelebraron luego con el Papa en croata. La alocución del Soberano Pontífice fue también en croata.
Esta atención particular provocó una gran emoción entre los numerosos peregrinos venidos a Roma como antaño el compatriota de Croacia de quien Dante hiciera elogio en la Divina Comedia (Paradis XXXI, 103-106).
(2) Cf. Album totalmente en colores: "La visita Memorable", ed. D. Reichenback, Imprenta Technigraphic, París, 1980.
(3) Tredici secoli di storia croata nella fedelta alla Chiesa, Osservatore Romano, 30 aprile-1 maggio 1979, pág. 4. En la peregrinación nacional croata, Observatore Romano, Edición semanal, del 4 al 8 de mayo de 1979, pág. 4. El 11 centenario de la alianza entre Croacia y Roma, "La Cruz" del 19-9-79.
Krasic, su pueblo natal
Aloysius Stepinac nació en Krasic, al Noroeste de Croacia en el circuito del valle de Jastrebarsko, a unos 50 kilómetros de Zagreb, en dirección a Karlovac.
Desde el siglo XV, ciudades, pueblos y aldeas se han instalado en este pintoresco paisaje; su actividad principal era la agricultura. Los viñedos florecían también en las colinas, y el ganado doméstico enriquecía los establos de las granjas.
El individuo autóctono de estas tierras lleva en sí todas las características de los croatas de Panonia. El eslavo tiene un temperamento dulce y tranquilo, pero sabe ser tenaz cuando se trata de defender sus derechos y su país.
El nombre del pueblo, Krasic, debe su origen a la fraternidad (zadruga) Krasici, mencionada en 1249 en los archivos: su pater familias llevaba el nombre de Kraisi, de dónde provino más tarde el título definitivo de la familia patriarcal que legó su nombre al pueblo.
Los frecuentes ataques de los turcos cuyo objetivo era penetrar más profundamente en Europa, se dirigían a conquistar, primero Viena y luego París. No lo lograron, fueron detenidos en 1566 por el ban croata Nikola Zrinski en el umbral mismo de la ciudad de Siget, donde un muro viviente de croatas los detuvo. Por otra parte, no es este sino un hecho histórico entre tantos otros relacionados con este pequeño pueblo eslavo tan poco conocido por los franceses, pero al cual en 1619 el Papa León X llamó "Antemurale Christianitatis", es decir "Muralla de la Cristiandad".
Los sangrientos avances de las hordas turcas no alcanzaron a Krasic, y su población no fue forzada a aceptar la religión musulmana. Esto explica cierta pureza de la vida católica en esta región.
La iglesia del pueblo fue reconstruida en el año 1913 en el antiguo estilo croata acogiendo en ella los restos de una pequeña iglesia gótica del siglo XV.
Su familia
En la segunda mitad del último siglo, la comunidad de familia más importante (zadruga), fraternidad (4) de Krasic contaba con ochenta miembros y era dirigida por los tres hermanos Stepinac. Uno de ellos era Josip, el padre de Aloysius, el futuro Cardenal. Esta Zadruga fue dividida en 1878. Por ese entonces, Josip compró una explotación rural compuesta por varios edificios en el centro de Krasic, conservando igualmente su primera granja familiar en la colina Brezaric.
La gran familia patriarcal de los Stepinac dio varios sacerdotes y religiosos a la Iglesia.
Entre ellos, el más conocido es Mons. Matija Stepinac, hermano del padre de Aloysius, capellán en el seminario de Zagreb, hombre muy estimado que muere en 1921.
El padre del futuro cardenal quedó viudo con tres pequeños hijos, casándose en segundas nupcias, en 1885, con una joven, Bárbara, valiente, trabajadora y profundamente creyente. Tuvieron ocho hijos más, de los cuales el quinto, Alojzije (Aloysius) Víctor, futuro arzobsipo de Zagreb, nació el 8 de mayo de 1898. Josip era exigente con sus hijos pero su principal preocupación educativa era la de mostrar, con su conducta, el ejemplo de un hombre honesto. Como gozaba de una buena situación, todos los varones de la familia, según era costumbre de aquellos tiempos en Croacia, tuvieron acceso a una educación bastante esmerada.
El hogar familiar del joven Aloysius era el núcleo de una vida rural intensamente cristiana y feliz. La hospitalidad hacia el prójimo era la regla primordial.
La infancia del pequeño Aloysius transcurrió tranquilamente, sin traumatismos mayores: se cumplían, en esta familia, todas las condiciones para el desarrollo pleno de las personas, el amor y el respeto reinaban en el hogar.
Su madre veneraba a la Virgen María. Durante todo el mes de mayo, una pequeña lámpara de aceite, ubicada cerca de una bella imagen de María Auxiliadora permanecía todo el tiempo encendida. Aloysius a menudo permanecía atraído y fascinado delante de la Virgen.
Este período de su vida quedó gravado profundamente en la memoria del niño.
En Krasic, durante sus años de prisión; Aloysius hizo colocar esta imagen al costado de su cama. Así, él podía verla bien en todo momento; y sus visitantes al entrar en la habitación encontraban en primer lugar la imagen de la Virgen María.
"Ella es el ejemplo que hay que seguir, no el mio" solía decir. Ya desde pequeño, Aloysius estaba en estrecha comunión con el medio natural de su pueblo y los alrededores, con su fauna y su flora. Aloysius observaba y escuchaba.
Profundamente sincero, amaba las situaciones claras. Un día, mientras cursaba la escuela primaria en Krasic, su maestro Horvat le encargaba la vigilancia del curso. En un momento determinado y a pesar del griterío de los alumnos, la clase escucha el paso del maestro que se aproximaba.
El pequeño Aloysius había recibido la orden de escribir en el pizarrón el nombre de los alumnos que molestaban. Pero, al ver el temor pintado en las miradas de sus compañeros, borró en el último instante los nombres escritos en la pizarra negra.
A la severa pregunta del maestro: "Quiénes son los culpables del desorden?" Aloysius respondió: "No puedo denunciarlos...".
Mientras Aloysius recibía en su banco el castigo, los restantes alumnos bajaron la cabeza avergonzados. Luego, se acercaron a Aloysius para pedirle perdón. Y los juegos continuaron, pues a Aloysius le gustaba jugar, como a todos los chicos del mundo. En esta época se jugaba preferentemente "a los indios".
Aloysius recibió la Confirmación a los 7 años. Ejerció siempre gran influencia sobre sus hermanos y hermanas: los incitaba a respetar a sus padres, cosa poco común en nuestros días. Su madre, que seguía con gran alegría el sentido religioso de su hijo Aloysius y su profundo respeto hacia la Santa Virgen, esperaba que Dios le diera vocación sacerdotal.
Por esto, y en muestra de piedad, ayunaba, absteniéndose de la carne y comiendo sólo pan y bebiendo agua, tres veces por semana, a pesar de las fatigantes jornadas rurales. Mantenía el ayuno aún los días de fiesta.
Su secreto, el deseo que ella confiaba sólo a la Santa Virgen, era que su hijo se convirtiera en sacerdote.
El joven Aloysius lo supo al regresar de Roma donde había recibido el Sacramento de la Orden. Antes de esto, su madre no quiso hablar sobre el tema para no influenciarlo directamente y permitirle tomar la decisión en total libertad de conciencia. Tiempo después, Aloysius declaró, declinando toda posible influencia en la elección de su vocación: "¡Cuán grande fue el poder de la oración de mi madre! ¡Y su bendición!".
Convertido en obispo reflexionaba sobre su infancia: su madre fue importantísima para él. Al hablar de ella, decía con gran respeto y amor "mi mamá".
Escolaridad en Zagreb
El joven Stepinac entró al liceo de Zagreb en 1909. El liceo era gratuito para las familias de pocos recursos, pero no para las familias acomodadas, como era el caso de Stepinac.
Desde su llegada, el joven se distinguió por un gran sentido de equidad; lejos de crearle problemas, esta actitud le valió rápidamente numerosos simpatizantes.
El juego de bolos era su juego favorito; ganaba siempre, gracias a la fuerza muscular adquirida en el transcurso de una vida sana desarrollada en el campo, vida que exigía a la vez un esfuerzo físico y un dominio de las fuerzas.
De carácter generoso y conciliador, olvidaba fácilmente las injusticias que le prodigaba a menudo su mismo medio.
De temperamento modesto, Aloysius Stepinac no pedía nunca nada a nadie. En ocasión de las fiestas religiosas, regresaba a Krasic. Pero nunca volvía con las manos vacías; con sus ahorros, compraba regalitos para sus hermanos y hermanas, aportando otras alegrías además de la de su presencia.
Luego, estalló la guerra de 1914 en todo su horror. El odio estaba presente en todos los sucesos de esta primera guerra mundial.
En 1915, después de haber terminado el segundo curso en el liceo, entró en el seminario de Zagreb. Por su carácter sociable rápidamente se hizo de valiosas amistades que supo conservar más tarde.
La guerra evolucionaba. Era necesario pasar rapidamente los exámenes. Por ello, las pruebas del bachillerato se desarrollaron al mismo tiempo que las de los jóvenes ya incorporados al ejército. Por otra parte, el joven Aloysius, una vez aprobado su examen de madurez, fue obligado a unirse al ejército. Sus amigos bien ubicados efectuaron contactos para evitar que fuera enviado al campo de batalla, pero Aloysius rechazó fervientemente tales procedimientos, respondiéndoles: "Si Dios lo quiere, El me arrancará incluso del infierno".
En el infierno de la Gran Guerra
En los cuarteles, la vida de los jóvenes soldados llegaba a veces a los límites de la debacle, esto disgustaba el joven espíritu de Stepinac. Al escuchar a sus compañeros profiriendo injurias en pleno campo de batalla, no dudaba en calmarlos utilizando aún sus puños, cuando no conseguía hacerlo por la persuasión. De tal forma, ganó la estima de los otros soldados.
Para él, lo esencial, lo más importante era conservar la inocencia de cuerpo y alma.
Todos los domingos, después de la misa que era obligatoria para todos, la mayoría de los oficiales jóvenes se precipitaban a los prostíbulos, mientras que Aloysius saltaba los 561 escalones del célebre Santuario de Nuestra Señora de Trsat. En este lugar de peregrinaje a la Santa Virgen, asistía a otra misa.
Finalizado el curso de oficiales en Rijeka, Aloysius fue enviado al frente italiano. Rápidamente ganó la estima de todos gracias a su amor fraternal por cada uno sin distinción, y también, a su profundo sentido de verdad y justicia; entereza que escaseaba bastante en esos tiempos en los que reinaba el odio suscitado por la guerra.
La realidad cotidiana frente a la muerte y a la destrucción, y la proximidad con los otros soldados favorecía su meditación. La guerra se desató a pleno. Sobre el campo de batalla italiano, donde Stepinac se encontraba prestando servicios, aunque con grado de oficial, nunca hizo distingos con los soldados y compartía igualitaria y enteramente su suerte.
Frecuentemente los reemplazaba en el puesto de guardia cuando percibía que la fatiga reflejada en sus rostros superaba los límites de lo posible. Su resistencia física era insuperable.
En las trincheras, donde la vida era particularmente penosa, puesto que éstas eran a menudo invadidas por el agua y las ratas, Aloysius permanecía junto a sus soldados. Gracias a su fino sentido de audición escuchaba, según el silbido, el lugar donde caería la granada.
Escapó así, por poco, varias veces a la muerte. A causa de un traidor, la gran ofensiva austríaca de Piave del 15 de junio de 1918, fue un fracaso decisivo para el ejército austríaco. Todos los días, en el infierno de la guerra, el joven Aloysius era de los primeros en las líneas. Los obuses, las granadas, sembraban la muerte en torno a él.
Incluso una vez, fue casi completamente enterrado por un derrumbamiento de tierra y estallidos de piedras provocados por una granada caída justo a su lado. Sólo un brazo y la cabeza emergían del tálamo. A su lado yacía un joven polaco de 18 años, quien desangrándose no dejaba de repetir: "Pan Jesús, Pan Jesús..." (Señor Jesús).
Una vez que los soldados lo habían desenterrado, Aloysius ordenó que transportaran inmediatamente al herido a la enfermería. Pero en plena ruta, cayó otra granada matando al herido, al igual que a uno de sus portadores.
Las dolorosas masacres no cesaban de perpetrarse ante sus ojos; el hombre mataba a su semejante como por un reflejo de terror. Para Aloysius, fue un verdadero milagro haber escapado a la muerte.
En julio de 1918, cayó prisionero en el momento en que el ejército austríaco, en medio de una confusión total, tiraba contra sus propios soldados. Años más tarde, recordando el tiempo de la guerra, en diciembre de 1950, momento de su detención en Krasic, dijo al cura Vranekovic: "Fue para mí una buena escuela en la que aprendí a vivir estos días de hoy". En momentos en que estaba prisionero y restableciéndose de sus heridas en Italia, su familia recibió la falsa noticia de su muerte. En efecto, mientras tomaba un baño en el Piave, lo perdieron de vista, juntaron sus ropas en las cuales se encontraban sus documentos de identidad y, creyéndolo ahogado, concibieron la historia de su muerte. Tan pronto como le fue posible, y por intermedio de la Cruz Roja Francesa, Aloysius envió a su familia un telegrama, corto pero tranquilizador: "Con buena salud, pero prisionero".
Fin de la Gran Guerra
El imperio Austro-Húngaro agonizaba. Era el momento de una gran actividad diplomática pero, al mismo tiempo, de profundos desacuerdos, de múltiples ambigüedades, de imperdonables ignorancias respecto de realidades étnicas e históricas de Europa y de los Balcanes particularmente.
Algunos representantes de los croatas, de los eslovenos y de los serbios establecidos en Austría-Hungría, cada uno defendiendo sus propios intereses constituyeron en París, en 1915, el "Comité Yugoslavo", cuya tarea era encontrar una salida común para los eslavos del Sur que pertenecían al Imperio Habsburgo. Querían establecer un estado independiente y federal en el que fueran salvaguardadas las individualidades étnicas, jurídicas y culturales de cada pueblo.
En mayo de 1917, el "Comité Yugoslavo" inicia relaciones con Milan Pasic, primer ministro de Serbia. Pasic aceptó la unión propuesta pero a condición de que se realizará bajo el nombre de Gran Serbia. Finalmente cedió y aceptó el título de "Estado de los Serbios, Croatas y Eslovenos (S.H.S.)", aunque temporariamente pues conservaba la intención de realizar una Gran Serbia.
En junio de 1918, la declaración de Wilson, que se dirigía a los pueblos del Imperio austro- húngaro, aprobaba, enteramente una evolución de los Balcanes hacia una vía de desarrollo independiente.
El presidente de este "Comité Yugoslavo" era un croata de nombre Ante Trumbic que aprobaba el federalismo. Entre los croatas, algunos eran partícipes del federalismo, otros propiciaban un Estado Croata Independiente. Dado que muchos croatas eran prisioneros de guerra de los aliados, sobre todo de los italianos, el "Comité Yugoslavo" invitó a estos prisioneros a constituir una legión yugoeslava junto a los aliados. Es lo que hizo A. Stepinac para abandonar la prisión; el 6 de diciembre fue enviado a Salónica, y de allí, a Macedonia.
El 28 de octubre de 1918, el Imperio austro-húngaro palidecía por la capitulación de su ejército. El 29, el Parlamento croata "Sabor", establecido en Zagreb, proclamó la anulación de la coalición con el Imperio y, como representante oficial de la mayoría del pueblo croata, proclamó: El Estado Independiente de Croacia.
El "Sabor" no quería fundar un estado común con los serbios. Sólo algunos políticos del "Comité Yugoslavo" preconizaban tal solución. Estos constituyeron un "Consejo del Pueblo" sin representación democrática del pueblo croata. Este "Consejo del Pueblo" bajo la presidencia de Anton Korosec, decidió la unión de Croacia, Eslovenia y Serbia en un solo reino, bajo la dinastía de los Karageorgevitch. Los croatas se encontraron enfrentados a una situación de hecho, las protestas fueron inútiles y ahogadas en sangre. Podemos decir que los primeros intentos de independencia croata en el siglo XX se extinguieron en aquel momento. Ante las medidas de represión de Belgrado, al Partido Croata no le quedó otra salida más que acantonarse en una resistencia pasiva. Los croatas rechazaron así participar en el establecimiento de las estructuras políticas y administrativas del nuevo Estado.(5)
En junio de 1919, Aloysius Stepinac fue desmovilizado con el grado de subteniente de reserva. Todos aquellos que estuvieron junto a él durante los años de guerra testimoniaron su estima y admiración. Todos subrayaron su comportamiento serio, su profunda fe y su voluntad de conservar su inocencia, actitudes que ya anunciaban su camino hacia la vocación. En 1920, es promovido al grado de teniente de reserva.
Regreso al país
Finalmente, en 1919, regresaba a su casa. Grande fue la alegría del reencuentro. Sin decirlo, su madre esperaba que él deseara regresar al Seminario. Pero, los recuerdos muy recientes de la guerra, la conducta deshonesta o inmoral de sus compañeros, incluso a veces de los sacerdotes favorecían una duda que él no estaba en condiciones de superar por el momento. Aloysius tenía demasiado respeto por la vocación.
Verdaderamente ¿era posible ser fiel hasta el fin siguiendo el llamado de Dios? Entonces, por el momento, prefería abstenerse.
Subió a Zagreb, para inscribirse en la Universidad según los deseos de su padre. Sin embargo, la agricultura lo atraía profundamente, pues él esperaba ser útil en la granja familiar, cuando terminara sus estudios. ¡Se sentía tan cerca de la naturaleza! Zagreb lo decepcionó. La capital de Croacia había cambiado de fachada, después de la guerra se había convertido en la encrucijada donde hormigueaban gentes de un espíritu nuevo. Al ver la debacle de gran parte de los jóvenes, Aloysius Stepinac no encontró nuevas amistades.
Pronto, sin ningún entusiasmo, abandonó los estudios y regresó a Krasic para ayudar como antaño en los trabajos de la granja. Fue allí, en medio de los trabajos agrarios donde el hombre comulga, en cierta forma, con Dios en la naturaleza y se mide con sus fuerzas en la fatiga, pero con el alma en paz, que Aloysius Stepinac encontró, en ese momento, el equilibrio necesario para su engrandecimiento.
El Consejo de Estado, formado por el regente Alejandro, se estableció el 1º de marzo en Belgrado, con el objeto de preparar la constitución. Pero, desde el principio, el número de representantes invitados no correspondía en absoluto con la cantidad de regiones. En signo de protesta, Stjepan Radic y Karlo Kovacevic quienes habían sido elegidos para representar al Partido Campesino Republicano Croata, no fueron a Belgrado.
En efecto, los croatas, no podían aceptar ser tratados como "liberados y ocupados", sino que querían ser considerados como socios iguales de acuerdo a los estatutos de autodeterminación-nacional. Stjepan Radic continuó entonces su actividad política con más intensidad logrando consolidar su movimiento nacional. Al desarrollarse, este movimiento tomó tales proporciones que se convirtió finalmente en una fuerza tanto política como social, suficientemente fuerte como para ser tenido en cuenta.
(5) Cf. Bernard, George: Occidente juega y pierde, La Table Ronde, París, 1968, p. 47 y sig. Después de su viaje como enviado especial del "Tiempo" en los Balcanes, Charles Rivet publicó el libro "En Yugoslavia", Perrin, París, 1919, cuyo subtítulo fue "La Yugoslavia de los Yugoslavos y la Gran Serbia de los Diplomáticos". En el inicio de su prólogo, Rivet afirma: "Se podría dedicar este libro a aquellos diplomáticos franceses que, sin haber dejado nunca París, solucionan con soltura y altura las cuestiones más arduas de la política extranjera..." En la página 103, en una nota, Rivet afirma: "El itinerario de mi viaje a Yugoslavia me obliga a pasar nuevamente por Zagreb tres semanas después de que estas líneas fueron escritas.
Precisamente en ese momento, Aloysius Stepinac se encontraba en Krasic donde había una Sede del Partido de Radic, como en todas partes, a través del país y sobre todo entre los campesinos. Aunque nunca había hecho política, el joven Stepinac no podía permanecer indiferente al movimiento. Pero, lo que le disgustaba profundamente, era una cierta forma ambigua y anticlerical, a veces exagerada, del líder del Partido.
Al continuar con su trabajo en la granja familiar, siguió tomando contacto con las dificultades y las alegrías de la vida rural. Se integró a la vida deportiva de su pueblo y participaba también de la vida cultural de los jóvenes, reuniéndolos en "La Organización Católica Croata", era como el corazón de Krasic, alrededor del cual se reunía la juventud. En 1922, se organizó una gran fiesta de la juventud católica eslava en Brno, Moravia. Mil quinientos croatas participaron allí y entre ellos, Aloysius Stepinac, quien durante la procesión llevaba la bandera croata. Al mismo tiempo, tenía lugar en la ciudad una gran exposición de agricultura. Stepinac pasó allí casi todo su tiempo libre, interesándose en las novedades agrícolas.
Durante todo este período en Krasic, no dejó de ayudar a los pobres material y moralmente. Muchos eran aquellos que lo conocían y estimaban. En cierta forma, sin embargo, se mantenía al margen de la vida mundana que lo rodeaba, como si él perteneciese a otro lugar más allá, como si no encontrara su verdadero lugar en la vida corriente.
A veces, la gente se detenía al verlo pasar, sentado en su carreta, sosteniendo en una mano las riendas y en la otra el rosario, en una actitud de profundo recogimiento. Buscaba siempre, en el fondo de su alma, pues el camino aún no era claro. Al conducir hacia el altar a una de sus hermanas que se casaba ¡estaba tan concentrado en la oración, que el cura tuvo que traerlo a la realidad, para que le dejara el lugar al novio!
En junio de 1922, Krasic ardía de cólera a causa de un desacuerdo menor de orden clerical. Los de ánimo caldeado querían fomentar desórdenes el día en que el Obispo de Zagreb debía dar la Confirmación. Toda la jornada anterior a la llegada del Obispo, Aloysius fue de puerta en puerta, visitando a las familias y discutiendo tranquilamente para transformar la cólera en un sentimiento de buen ánimo. Su tarea fue recompensada: la acogida brindada al Obispo al día siguiente, fue un éxito.
Compromiso roto
Su padre, ya mayor, pensaba que ya era tiempo de que Aloysius se casara; hacía proyectos para asegurar una vida tranquila a su hijo. Pero Aloysius, en lugar de aceptar a la rica heredera que le habían propuesto, y para responder al deseo de su padre, eligió a María Horvat, una jovencita de poca fortuna, cuyo padre, antaño, había sido su maestro. Después de algunos intercambios de cartas, se celebró en Zagreb el compromiso, en el mes de enero de 1924, de la forma más sencilla, descartando la presencia de los dos testigos y el sacerdote como era costumbre. Después del intercambio de anillos de compromiso,
Aloysius rechazó el beso tradicional comentando: "Esto no es aún un sacramento". Los dos jóvenes continuaron escribiéndose, pero sus cartas tenían un carácter puramente amistoso. Con el pasar del tiempo, la joven que era de un espíritu fino y sutil, comprendió rápidamente que otro destino le esperaba al joven. Prefirió, entonces, hacerlo partícipe de sus dudas y romper el compromiso, confiando en el porvenir ya delineado para Aloysius, que era tan generoso y creyente. La última carta que Aloysius le envió revelaba su deseo de ofrendar, si era necesario hasta su última gota de sangre para que el pensamiento católico triunfara en Croacia. Su correspondencia fue encontrada y publicada en Roma, en 1975, por Dian Baton bajo el título "Mladi Stepinac-pisma zarucnici" (El joven Stepinac-Cartas a su novia).
Esta correspondencia testimonia un ideal muy elevado del matrimonio, basado en una profunda Fe. Estas cartas instruyen y revelan, particularmente en Aloysius, una grandeza de alma poco común que se manifestará en su vida de testigo de la Fe.
El despertar de la vocación
Después de la guerra, cuando el joven Stepinac reveló su intención de no volver al Seminario, su Director estaba persuadido, dada la vida tan ejemplar del joven, que esto no era más que una tergiversación en la búsqueda más y más confirmada de su vocación sacerdotal.
Para ayudarlo de una forma indirecta a decidirse, Mons. Loncaric escribió en la revista "Sacerdos Christi" de marzo de 1924, un artículo referido al sacerdote Saint Klemens Hofbauer, quien respondió bastante tarde al llamado divino. La conclusión del artículo hacía discretamente alusión al caso del joven Stepanic, a quien encomendaba a las oraciones de los lectores.
Aloysius Stepinac recibió un fuerte choque psicológico cuando leyó esta revista, acompañada de una larga carta de cuatro páginas de su antiguo Director del Seminario de Zagreb, en la cual le revelaba que el joven a quien dedicaba la conclusión, era él, Aloysius Stepinac.
Durante las tres semanas que siguieron su alma entabló una lucha dura aunque en términos claros.
Luego, en el mes de julio de 1924, tomó la decisión, seguro de que esta vez sólo la vocación sacerdotal era la vía auténtica de su vida, el camino que lo colmaría de sentido y en el que finalmente alcanzaría su realización. Stepinac dudaba un poco entre dos seminarios, el de Innsbruck, ya que conocía bien el alemán, y el Germanicum de Roma. Temía ir a Roma donde los cursos eran en latín.
Después de una interrupción de ocho años en sus estudios, temía tener dificultades en esta lengua. Se impuso, entonces, una prueba de latín. El resultado le confirmó que sus conocimientos de latín aún eran buenos, gracias a la sólida base que daban a los estudiantes en Zagreb. Efectivamente el nivel de los estudios en Zagreb rivalizaba con el de las escuelas más importantes de Occidente, y el renombre de su Universidad no era inferior a la de las Universidades de las grandes capitales de Europa.
El Rector del Germanicun recibió al futuro seminarista sin ninguna duda. En cierta forma ya lo conocía: las cartas que Aloysius había escrito desde el campo de batalla a su pariente Mons. Matija Stepinac, habían sido publicadas por este último en la revista del Seminario de Innsbruck.
Seminarista en el Germanicun de Roma
Bajo el pontificado de Pío XI, Stepinac pasó siete años en Roma. Los jóvenes seminaristas del Germanicun eran llamados "Frati rossi" a causa de sus sotanas rojas.
Aloysius es inmediatamente muy estimado por sus compañeros: tiene ocho años más que ellos, un grado militar, experiencia de vida y amplia cultura. Al principio, la disciplina exigida le pareció rigurosa puesto que hacía varios años que había interrumpido sus estudios. Dos de sus compañeros, que habían entrado el mismo año, debieron abandonar, pero "Step" (como lo llamaban afectuosamente sus compañeros) perseveró y logró superar todas las dificultades. Con gran asombro de todos, se le exigían los servicios más humildes: Aloysius aceptaba todo. Era tan responsable que, durante el último año, ya sacerdote, todavía pedía permisos.
Años después, Aloysius contaba cuán penosa le había resultado esta vida al principio y con cuánta devoción dirigía sus plegarias a la Virgen María. Luego, sus dudas desaparecieron, y el sentimiento de estar en la senda correcta lo embargó: una paz interior lo invadió. Tomó entonces una decisión: "Mejor morir que abandonar Roma antes de terminar mis estudios".
Asceta severo, era muy estimado por sus colegas. Su madurez, su seriedad, su fraternidad seducía a todos. Ya se lo consideraba por estas cualidades y otras múltiples como un santo. Sus superiores le confiaban responsabilidades frente a sus compañeros.
Continuaba orando con fervor en las iglesias. Un día, una religiosa del Instituto Croata de San Jerónimo viéndolo así pensó: ¡Qué feliz será el pueblo del cual sea sacerdote! El Director Espiritual del Germánico refiriéndose a Aloysius dijo: "¡Es un hombre íntegro! ¡Sabe lo que quiere!" Los primeros días, Aloysius Stepinac se mantenía alejado de los otros seminaristas. No era fácil proceder de otra manera... ¡Tenía ocho años más! El director quien percibió esta situación, intentó distraerlo, le propuso jugar al handball. Aloysius no sabía jugar. ¡Si hubiera sido fútbol, hubiera estado a gusto!
Esto no impidió que poco después, se convirtiera en uno de los jugadores más avezados del equipo: físicamente muy desarrollado, gracias al duro trabajo en la finca paterna. Estaba siempre en primera fila, como antaño durante la guerra. Los que jugaban en su equipo estaban siempre seguros de ganar. Antes de su partida para Roma, Mons. Loncaric, Director del Seminario de Zagreb, quien no había visto reir al joven Stepinac, pidió que se le informara cuando se produjera un cambio en ese sentido... Ahora bien, pasado un mes en el Germanicun, se vió reir a Stepinac con todo corazón. Poseía incluso un profundo sentido del humor, y apreciaba las buenas bromas. Cuando paseaba, reía de buena gana, escuchando por ejemplo, a uno de sus colegas de Chiemsee, que imitaba el sonido del asno, pues todos los asnos de los alrededores le respondían.
El ambiente que reinaba en el Germanicun era cálido y cordial: todas las diferencias de temperamento, de edad o de nacionalidad desaparecían. Como antaño en la casa, Aloysius continuaba buscando la compañía de la gente sencilla, de artesanos como el zapatero del Germanicun, y charlaba con ellos. Su madurez de hombre y su fe profunda le atraían la estima de todos sus colegas. Un rasgo particular de su espiritualidad era su devoción hacia la Santa Virgen.
Cuando comenzó a predicar, todos se percataron de la calidad y simplicidad de su enseñanza: siempre munido de pruebas sólidas, persuadía fácilmente. Solía decir que podría hablar toda la jornada. Su corazón estaba tan colmado por la fe, que podía expresar fácilmente las verdades cristianas. Stepinac era un hijo fiel del pueblo croata que, desde hacía siglos y a pesar de todos los acontecimientos dramáticos, había sabido conservar su fidelidad a la Santa Sede. Aloysius se inscribió en la Universidad Gregoriana en noviembre de 1924. A fin de cada año escolar, el joven Stepinac aprobó con éxito los diferentes grados de escolaridad. Todos su profesores gozaban de un gran renombre. Sin embargo Stepinac no conoció jamás un fracaso en sus exámenes, pasaba generalmente todas sus pruebas en el primer turno, para evitar los calores del verano romano. A todos aquellos que se asombraban de su tranquilidad en esos momentos, Aloysius respondía: nervios? ¿Por qué? He cumplido con mi deber.
Pasaba más tiempo que sus colegas leyendo libros, revistas y diarios, descubriendo sin cesar cuestiones pastorales de actualidad y como siempre tomaba notas, preparaba ya el material de sus futuras predicaciones. En el año 1925, tres Santos fueron canonizados: Santa Teresa de Lisieux, San Pedro Canisio, gran teólogo de la Compañía de la Compañía de Jesús y doctor de la Iglesia y San Juan María Vianney, el Cura de Ars.
En 1926, se produce la crisis del Seminario Francés a causa de la acción francesa que será condenada.
En 1929, se realiza el gran peregrinaje croata a Roma con gran alegría para Stepinac que verá en el Germanicun a los Obispos y Arzobispos croatas.
El 11 de febrero de 1929, se firman los acuerdos de Letrán entre la Santa Sede y el Estado Italiano.
El 25 de julio del mismo año, se lleva a cabo en la plaza de San Pedro una procesión al final de la reunión Internacional de los Seminaristas. Stepinac es uno de los ocho seminaristas del Germanicun que llevaban el baldaquín del Papa.
Durante las vacaciones de 1928, Aloysius fabricó en la carpintería de La San Pastore, casa de campo del Germanicun, con su amigo Franz Zauner, quien fuera más tarde Obispo de Linz: 30 mesas de cabecera, mesas, bancos, todo en madera de olivo. Al año siguiente, se ocupó de instalaciones eléctricas. Su pasatiempo favorito eran las largas caminatas y el alpinismo. Lo atraían las montañas. Escalaba hasta 2.600 m. de altura, siempre en buenas condiciones físicas. Por sus perfomances, superaba incluso a un suizo habituado a la montaña. Y cuando sus colegas se detenían fatigados, en la alta montaña, nuestro Stepinac continuaba, declarando: "me daría vergüenza no llegar". Todos se asombraban de su excelente entrenamiento, debido a su vida pasada.
Después de las excursiones, los jóvenes seminaristas volvían en autobús, pero Stepinac acompañado por el Director espiritual y algunos otros, volvían a pie; lo que significaba 5 o 6 horas de caminata hasta Roma.
Ordenación Sacerdotal
El 5 de abril de 1930, recibió junto con sus colegas; el sub-diaconato que incluía la obligación y la promesa del celibato de por vida, y el 18 de mayo, fue ordenado diácono, en el curso de una ceremonia en la Iglesia del Seminario Romano.
El 26 de octubre de 1930 fue ordenado sacerdote junto con otros dieciocho diáconos de diversos institutos romanos. Entre ellos, los futuros Cardenales Seper y Wendel y los futuros Obispos Emmanuel y Zauner, sus condiscípulos del Germanicun. En esta ocasión Aloysius renunció a todos los bienes materiales que podía heredar de su padre, deseando que fueran repartidos entre sus hermanas y hermanos.
El 30 de octubre, todos los sacerdotes recientemente ordenados fueron recibidos en audiencia por el Santo Padre Pío XI: días de gran alegría, en vísperas de las fiestas de Todos los Santos. Junto al banco de cada nuevo sacerdote habían colocado una flor roja. Al verla, Stepinac dijo en un tono meditativo: la flor roja del martirio... Celebró su primera misa el día de Todos los Santos en la Basílica de Santa María Mayor, que cobija, se cree, los restos del pesebre de Belén. Para nuestro Stepinac era el símbolo de la humildad incomprensible y de la pobreza que Cristo aceptaba. Por ello eligió este santuario para su primera Misa: aquí Stepinac quería pedirle a Cristo su espíritu de pobreza. Fue conducido al altar por el Padre Josip Loncaric.
Este mismo día de Todos los Santos, durante la comida de fiesta, los pensionarios del Germanicun cantaron en esta ocasión "Los mártires del Coliseo" (de Weisthanner). Y, a la tarde, en honor de los nuevos sacerdotes, se había preparado una función solemne inspirada primordialmente por las palabras de Cristo: "Tú eres la luz del mundo". Años después, Aloysius Stepinac elegirá la Cruz para su escudo de Arzobispo. No era casualidad: creía profundamente en su simbolismo, que traduce ya la frase que hizo imprimir en la estampita de su primera Misa: "Líbreme Dios de vanagloriarme sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la que el mundo está crucificado para mí, y yo lo estoy para el mundo" (Gal. 6.14).
Stepinac concluyó con éxito sus últimos exámenes y fue promovido al grado de Doctor en Filosofía y Teología. El 1º de julio de 1931, abandonó Roma y se puso a disposición de su Arzobispo en Zagreb, donde recibió la equivalencia de su doctorado el 18 de diciembre del mismo año.
Las notas del Rector del Germanicun, R. Rimul, sobre cada seminarista, y también sobre Stepinac, estaban llenas de elogios.
Regreso al país
En el camino de regreso a Zagreb, Aloysius se detuvo en Trsat, lugar de peregrinación, en honor de la Santa Virgen; permaneció allí seis días en el convento de los Franciscanos, guardianes del lugar. Envió un mensaje a A. Rauch, ecónomo del Germanicun, y a sus parientes, avisándoles de su próximo regreso a Krasic. Durante su estadía en Trsat mantuvo largas charlas con el Padre Franciscano Vendelin Vosnjak, quien lo describió como una persona muy abierta y natural. Stepinac le contó su anterior estadía en Rijeka, en la escuela de oficiales, luego de los proyectos de su padre para su casamiento, agregando, con una sonrisa, que sus proyectos y los de su padre no concordaban. Antes de abandonar Trsat, Aloysius, joven sacerdote de Cristo, hizo colocar una plaqueta ex-voto que se puede ver aún hoy: "Deiparae Virgini Mariae in gratiarum actionem pro innumerabilibus beneficiis impetratis. Aloysius Stepinac" (A la Virgen Madre de Dios en acción de gracias por los innumerables beneficios obtenidos).
De regreso a Krasic, celebró el 1º de julio de 1931 su primera Misa Solemne en la iglesia en la cual fue bautizado. Mons. Loncaric dijo la homilía. El padre del joven sacerdote Stepinac, feliz de haber podido vivir este momento hizo preparar aquel día una gran comida de fiesta. Había invitado muchas personalidades del mundo religioso y del mundo civil. Años después, el Cardenal Stepinac contaba qué recuerdo agradecido conservaba de sus superiores del Germanicun y de sus profesores de la Universidad Gregoriana al igual que de Mons. Loncaric, antiguo pensionista del Germánico. Después de Dios y de su madre, quien ayunó durante 50 años por su vocación, ellos fueron sus más grandes benefactores.
Iglesia y pueblo en Croacia después de la guerra mundial
La vida política de Croacia había cambiado radicalmente durante aquellos siete años de ausencia.
Los croatas no eran felices dentro del Estado recientemente creado (Reinos de los Serbios, Croatas y Eslovenos: S.H.S.). Se congregaban entonces en torno a diversos partidos, de los cuales el más importante, el partido de Radic (Partido Campesino Republicano Croata) exigía la independencia de Croacia. Con esta finalidad, Radic presentó en la Sociedad de las Naciones, en Ginebra, un extenso y documentado memorandum, que fundamentaba la justicia de su pedido. Pero, para que fuera aceptada, debía pasar por la revisión del Pacto de Versalles. Se le aconsejó que intentara mejorar las relaciones entre los croatas y los serbios.
Esta sugerencia de la Sociedad de las Naciones obligó, en mayo de 1924, a los Consejeros croatas a aceptar entrar en la Asamblea Nacional en Belgrado. Pero, en enero de 1925, Radic fue puesto en prisión: era acusado de querer manifestarse en favor del comunismo. En prisión, Radic cambia de actitud y abandonando la idea de la república y del separatismo, acepta la unidad S.H.S., al igual que el cambio de nombre de su partido por el de Partido Campesino Croata. Es liberado a principios de julio.
De esta forma, acepta también la dinastía Serbia de Karadjordjevic y el 18 de julio de 1925, al asumir el nuevo gobierno Radic se convierte en Ministro de Cultura. Desde entonces, y con una finalidad precisa, comenzó a propagarse la noticia de que el Episcopado Católico Croata quería la separación del S.H.S., y en algunas regiones, se presionó al pueblo croata para hacerlo convertirse a la religión ortodoxa. En algunas ciudades típicamente católicas, se comenzó a construir iglesias ortodoxas. Un convento fue transformado en escuela pública; algunos empleados católicos croatas fueron trasladados a Serbia y los serbios ortodoxos fueron trasladados a Croacia. Se impidió que los croatas accedieran a situaciones de honor ya fueran militares o diplomáticos.
Se favorecían los matrimonios mixtos, se desfavorecía económicamente a la Iglesia Católica. De acuerdo a las estadísticas de 1921, en el reino S.H.S., había 47% de ortodoxos, 39% de católicos, 11% de musulmanes y 2% de otras religiones, pero los 2/3 del presupuesto estaban destinados como subvenciones para las comunidades ortodoxas y solamente 1/3 quedaba para compartir entre las otras comunidades religiosas. Las protestas de los Obispos católicos no eran atendidas. La fiesta ortodoxa de San Sava fue proclamada fiesta religiosa para todo el Estado a pesar de las protestas de los católicos. Nacía así la dictadura del Estado.
"El 20 de junio de 1928, el diputado Punica Racic, miembro de la mayoría gubernamental, hirió gravemente en el parlamento de Belgrado, al líder nacional croata Stjepan Radic, asesinó a dos diputados croatas e hirió gravemente a otros dos. Después de haber terminado su trabajo, el asesino exclamó: ¡He cumplido mi deber! ¡Viva la Gran Serbia!".(6)
En ese momento, los diputados croatas abandonaron la Asamblea Nacional para no regresar allí hasta 1939. Stjepan Raditch murió a causa de sus heridas el 8 de agosto de 1928.
El 28 de octubre de 1928, Ante Pavelic fue a Belgrado para prolongar allí su mandato de diputado (diputado del Partido de los Derechos Croatas) y, en esa oportunidad declaró que su único objetivo era lograr un día la independencia del Estado croata. El 6 de enero de 1929, el rey Alejandro proclamó la dictadura militar y cambió el nombre del Estado por el de "Yugoslavia", es decir: Estado de los Eslavos del Sur. Mientras las prisiones se llenaban, la situación se hacía día a día más insoportable para los croatas. En ese estado encontró Stepinac a su patria cuando regresó de Roma.
El inicio de su sacerdocio
Mientras tanto durante esos siete años, su personalidad se había enriquecido, su fe se había afirmado, su corazón repleto de sentimientos nobles, estaba listo para los sacrificios que sobrevendrían. Aloysius deseaba fervientemente trabajar en su patria por la gloria del reino de Cristo.
Esperaba permanecer como sacerdote en el campo, junto a los campesinos a quienes tanto comprendía y amaba y en este sentido formuló su pedido a su Obispo Antun Bauer. Pero el pedido fue rechazado. Se prefirió conservar a Aloysius Stepinac (del cual se hablaba elogiosamente desde su paso por el Germanicun) por disposición del Arzobispado y otorgándole la responsabilidad de las ceremonias y de la secretaría. En una carta al Germanicun para informar sus novedades, escribió: "que mi corazón esté satisfecho o no eso es secundario". Su profunda fe iluminaba y alcanzaba a todos aquellos que se acercaban. Los domingos y los días de fiesta, ayudaba a los curas de campo en la predicación y las confesiones. Se ocupaba incluso de ejercicios espirituales para los jóvenes, tarea que juzgaba necesaria pues adolecían de conocimientos religiosos. Todos los jóvenes, de los cuales así se ocupaba, lo amaban por su entusiasmo y buscaban su palabra.
Durante este período, encontró en dos oportunidades en Zagreb, al futuro Papa Juan XXIII: el 8 de noviembre de 1932 y el 14 de noviembre de 1933, y el Papa, tiempo después, hablaba con mucha estima de L. Stepinac, este joven sacerdote modesto y ascético.
El abate Stepinac estaba lleno de caridad hacia los otros. Amaba ir al campo y a los barrios pobre para ayudar a los habitantes, aportando todo aquello que necesitaban. A menudo extraía de sus bolsillos los últimos centavos para socorrer a los pobres.
Acción caritativa
Influenciado por el abate Stepinac, el Arzobispo de Zagreb creó el 25 de noviembre de 1931 "Caritas" (Ayuda Católica), al principio sólo en el Arzobispado de Zagreb, luego en otras ciudades para propagar el amor y la ayuda hacia el prójimo. Stepinac fue su primer presidente.
En 1931, hubo en Zagreb una crisis económica que aumentó la desocupación y su consiguiente miseria sobre todo en la clase obrera. Era una de las consecuencias del régimen dictatorial del país. Durante el invierno de 1933-34, Stepinac funda en el marco de la Ayuda Católica, ollas populares repartidas en diferentes barrios de Zagreb.
En 1934, Stepinac funda y colabora en un modesto diario que lleva el título de Caritas y desde el cual exhorta a los fieles a colaborar en las obras católicas de beneficencia. En sus artículos citaba la Biblia y exhortaba a visitar a los enfermos, contaba ejemplos de miserias humanas que él había visto con sus propios ojos. Pedía a los ricos que pensaran en los hijos de los pobres a quienes les faltaban ropas y alimentos. Para poder continuar publicando este pequeño diario, tuvo que pedir ayuda a muchos, lo que no era siempre fácil.
Se ocupaba también, con mucho fervor, de estudiantes sin recursos; abrió para ellos una cantina y se ocupó de su alojamiento y de todo aquello que les fuera necesario. Por todas partes, Stepinac producía una agradable impresión. En 1934 organizó un curso para intelectuales y estudiantes en vista de la acción caritativa. Los pobres lo amaban intensamente.
De acuerdo a ciertos testimonios, a menudo entregaba sus alimentos a los necesitados, mientras él comía muy poco. Actuaba con eficacia. Era siempre y en todo lugar un verdadero sacerdote en toda la acepción del término.
Frente a situaciones delicadas
El Arzobispo de Zagreb otorgaba toda su confianza a los consejos del abate Stepinac y a todas sus iniciativas. El Arzobispo le solicitaba, en muchas ocasiones, que resolviera situaciones delicadas y desesperadas. Fue el caso particularmente en Samobor, pequeña ciudad cerca de Zagreb donde se encuentran dos magníficas iglesias, una de las cuales data del siglo XIII y en la cual era necesario reemplazar provisionalmente al sacerdote. Los feligreses querían que reemplazara al cura un sacerdote de la región y se rebelaban al ver que su pedido no era atendido. El abate Stepinac vivió allí momentos difíciles y muy dolorosos.
Bajo otras circunstancias, en Zelina, los feligreses custodiaban día y noche, en el presbiterio, al sacerdote que ellos querían como párroco, contra la voluntad del Arzobispo. Los campesinos llegaron incluso a enterrar a sus muertos sin sacerdote. No hacían bautizar a sus hijos. Estaban como ciegos y dispuestos para todo... Cuando el abate Stepinac, enviado por el Arzobispo como administrador temporario llegó, no encontró frente a él más que gente encolerizada. Escuchó sus protestas y recibió insultos. No se le permitió entrar a la iglesia ni al presbiterio. Al descubrir que no podía hacer nada, regresó a Zagreb a dar su informe al Arzobispo. Este, después de haberlo escuchado sólo le dijo: "Regresa al lugar de donde vienes". El abate Stepinac regresó al pueblo, a la posada, bajo las mismas condiciones, aunque más y más difíciles según transcurría el tiempo. Durante dos semanas iba en auto hasta otro pueblo 5 km. más lejos, para celebrar misa. No podía calmar los espíritus y le era casi imposible establecer conversación con la gente. Logró escapar a un atentado: mujeres y niños le arrojaban piedras y le escupían. Con calma, el abate Stepinac pedía al pueblo tranquilidad. No quería utilizar contra ellos las medidas que hubieran correspondido para establecer el orden.
Finalmente ante su simplicidad, su calma y su gentileza, los feligreses fueron calmándose. Y un día, sin brutalidad, acompañado sólo por gendarmes entró en la iglesia y al presbiterio. Poco a poco, cada vez en mayor número, la gente fue acercándose a él. En vísperas del mes de mayo, anunció que predicaría durante ese mes todos los días. El primer día había 10 personas, el segundo de 30 a 50 y cada día el número de feligreses aumentaba.
La Santa Virgen lo había ayudado otorgándole la victoria. Superada la crisis, el Arzobispo lo llamó a Zagreb y envió al pueblo al cura que había nombrado.
Un año después, en 1934, cuando el abate Stepinac fue nombrado coadjutor del Arzobispo, el nuevo cura le pidió que fuera a predicar para calmar a algunos espíritus, aún excitados. El recibimiento fue muy cálido. Comenzó su prédica hablando de la cruz y diciendo que cada uno tenía la suya: los niños, los adultos, los ancianos, los sacerdotes, incluso el Papa. Concluyó diciendo que él también tenía la suya. Recordando los sucesos pasados, declaró que perdonaba todo. La gente que lo escuchaba, tenía los ojos llenos de lágrimas y después de su partida volvieron a la buena senda.
En Krašić, cuando habló de esto, dijo modestamente: "Más tarde descubrí qué buen aprendizaje fue para mí, y comprendí que la gracia de Dios me había hecho pasar por experiencias parecidas para darme fuerza, para superar las pruebas aún más difíciles que atravesaría más tarde".
El Arzobispo de Zagreb
El obispado de Zagreb fue fundado por el rey San Ladislao en 1094 para reemplazar el antiguo obispado de la ciudad de Siscia (304-535), actual ciudad de Sisak. En su magnífica obra: El arte sagrado en Croacia (ed. Spektor, Zagreb, 1971) los profesores Antun Ivandija y Dusko Keckement afirmaban: "Zagreb entra en la historia con la creación de su obispado hacia 1094. En el momento de la extinción de la dinastía croata reinante y de la llegada de los Arpadovic al trono croata, el centro político y cultural de los croatas se desplazó de Dalmacia hacia Croacia superior donde Zagreb se convirtió en la Sede de los Obispos. Antaño, Zagreb era una ciudad parroquial fortificada que no tenía gran influencia en la vida y el desarrollo de los croatas. Al convertirse en sede del obispado, Zagreb se transformó al mismo tiempo en centro cultural, artístico y particularmente religioso. La creación del obispado fue acompañada por la creación de una iglesia episcopal: la catedral. La catedral de Zagreb se levanta entre los más viejos monumentos de la arquitectura sagrada conservados hasta nuestros días en Zagreb. Su edificación comenzó después de la creación del obispado y finalizó en 1217. Aquel año, al partir para las Cruzadas, el rey húngaro-croata Andrija II pasó por Zagreb y, en esa ocasión, hizo consagrar la nueva catedral construída en el estilo románico de transición con dos campanarios sobre su fachada...". En 1242, gravemente dañada por los tártaros y luego en 1880 por un terremoto, fue finalmente reconstruida en estilo gótico. El Papa Pío IX elevó, el 11 de noviembre de l858, el Obispado al rango de Arzobispado. Este es uno de las grandes diócesis croatas: cuenta con cerca de dos millones de fieles.
Durante siglos, los Obispos y Arzobispos croatas han jugado un rol importante en la historia del desarrollo religioso y cultural del pueblo croata. Uno de los Obispos, ciertamente el más valioso, fue el Arzobispo Bauer, quien contribuyó ampliamente en el desarrollo religioso y cultural de Croacia. Había sido nombrado Arzobispo-Coadjutor de Zagreb con derecho sucesorio y el 26 de abril de 1914, se convirtió en Arzobispo Titular de Zagreb. Sus cualidades intelectuales eran brillantes: clarividencia, lógica y buen juicio fundados en la experiencia y la comprensión. Sus escritos eran bien conocidos, al igual que los Congresos Eucarísticos que organizaba con gran empeño. Mons. Bauer fundó nuevas comunidades y conventos. En 1925, organizó la primera Asamblea de Obispos que no había sido efectuada desde hacía cien años. Se lo comisionó para que organizara y presidiera las Conferencias Episcopales. Sus virtudes y sus consejos hicieron progresar a la Academia de Ciencias y Artes. Ayudó generosamente a la Universidad Croata y fue gracias a su apoyo que se fundó la Facultad de las Aguas, los Bosques y la Agricultura. Su conversación preferida era la renovación religiosa del Arzobispado.
Buscando con tenacidad, terminó por encontrar los medios para actuar moral y materialmente. El día del 25 aniversario de su episcopado, todos los Obispos del país redactaron una declaración común, reconociéndolo como uno de los más grandes y de los más meritorios Obispos.
Mons. Stepinac - Coadjutor del Arzobispo
Cuando se cumplió el 70 aniversario del Arzobispo Bauer en 1926, se empezó a hablar seriamente del eventual nombramiento de un Arzobispo coadjutor. No faltaban candidatos meritorios, pero todos eran rechazados, ya sea por el poder del Estado, ya sea por el propio Santo Padre, o bien el Arzobispo rechazaba los candidatos propuestos por el poder civil. Esta situación se extendió hasta 1933.
El Arzobispo Bauer observaba la vida y actuación del joven Stepinac, quien, en aquel momento, se ocupaba del ceremonial y pensaba en él. Pero Stepinac tenía sólo 36 años ¡Y sólo tres de sacerdocio! Para poder proponerlo como candidato era necesario contar con una dispensa de Roma. El Arzobispo Bauer comenzó, entonces, los trámites administrativos con tal fin.
El abate Stepinac estaba lejos de conocer las tramitaciones emprendidas por su Arzobispo a este respecto. Preguntado en el curso de un viaje sobre un sacerdote franciscano para la nominación del Coadjutor, simplemente respondió: "Una sola cosa es segura: no será ni Ud. ni yo".
En el Vaticano, por consiguiente, el Secretario de Estado pidió informes sobre Aloysius Stepinac al Germanicun. Todos los informes sobre el joven sacerdote, cuya conducta había sido siempre ejemplar, eran muy elogiosos. Por otra parte, sus antiguos colegas de Seminario lo consideraban como un santo. Los informes provenientes de su país lo elogiaban por igual. Cuando algo no marchaba, era Stepinac el elegido por el Arzobispo Bauer para solucionar los problemas, como en el caso de ese pueblo convulsionado y excitado por un mal sacerdote (pueblo de Zelina citado anteriormente). A su paso y por sus acciones surgía siempre la paz.
Por su parte, el rey Alejandro que residía en Belgrado, pidió también informes. De tal forma supo que Stepinac había sido voluntario yugoeslavo después de la caída del Imperio Austro-Húngaro. Juzgando que tales informes eran favorables, el rey aceptó su candidatura sin dudar.
Pero, poco tiempo después, retiró su acuerdo sin dar ninguna explicación. El Arzobispo Bauer, quien se recuperaba en ese momento de una grave enfermedad, inquieto por su sucesión, pidió una audiencia al rey. Se trasladó hasta Belgrado. Allí, recordándole su acuerdo y posterior rechazo, dijo simplemente al rey Alejandro: "Nuestro pueblo sabe que cuando se empeña la palabra real, ésta no puede ser retirada". Sin comentarios, el rey aceptó definitivamente la proposición del Arzobispo. Cuando Mons. Bauer pudo finalmente reunir todos los documentos y los acuerdos necesarios, dijo a Aloysius Stepinac: "Ud. será mi coadjutor y sucesor". Stepinac rió pensando que se trataba de una broma. Pero viendo que Mons. Bauer continuaba hablando con seriedad, comprendió que no bromeaba. Stepinac, temeroso ante una tarea tan importante y tan grave, se preguntó si, en razón de su juventud, estaría a la altura del nombramiento. "Hay otros sacerdotes más meritorios..." respondió al Arzobispo. Mons. Bauer le concedió un tiempo de reflexión. Stepinac dedicó todo ese tiempo a meditar y rezar día y noche. Mientras tanto, el Arzobispo Bauer escribió al Santo Padre, rogándole que intentara convencer a Stepinac, quien dudaba en aceptar. La respuesta llegó rápido. El Arzobispo Bauer se la mostró a su candidato. Llegaba a término el período de reflexión. Stepinac aceptó intuyendo ya las atrocidades de la nueva guerra que se preparaba, al igual que las dificultades que ella suscitaría, pero afirmando en su alma toda su confianza en Cristo.
Después, como si nada pasara, continuó humildemente cumpliendo sus deberes cotidianos, esperando la consagración. El Arzobispo Bauer afirmó una vez, en el curso de una conversación, que preveía el advenimiento de tiempos muy duros, pero que estaba seguro de tener en la persona de Stepinac, un hombre de coraje, capaz de conducir la Iglesia en tiempos difíciles.
El 29 de mayo de 1934, un telegrama de Roma nombraba oficialmente a Stepinac Arzobispo Coadjutor de Zagreb con derecho de sucesión. El 31 de mayo, día de la Fiesta de Dios, todos los diarios croatas, impresos el 30, publicaron la noticia.
Recibió felicitaciones de todas partes. La respuesta del nuevo Arzobispo-Coadjutor era simple y siempre la misma: "In Te, Domine Speravi" (En Ti, Señor, está mi esperanza). El Rector del Germanicun, Konstantin Nopell, junto con dos presidentes del Instituto y ciento veintiocho seminaristas, enviaron a Mons. Stepinac una carta de felicitaciones en latín, señalando que ni el Alma Mater "Gregoriana", ni el "Germanicun", habían tenido hasta el presente, en el curso de su larga historia, ningún alumno tan joven que hubiese sido promovido a un rango tan alto en la jerarquía. Así, está escrito en el Libro de los Reyes: Dios eligió a David, el más joven entre todos sus hermanos, para vencer a Goliath y reinar sobre el pueblo de Israel.
La carta recordaba su primera Misa celebrada hacía sólo cuatro años y su posterior partida a Roma el siguiente año. Recordaba también el lema de su ordenación sacerdotal: "Tu eres la luz del mundo". Lo alentaba a no temer el duro peso de la Cruz que lo esperaba, confiando en el Señor que está siempre con quien lo elige: "Estoy contigo". La carta colectiva lo invitaba a no olvidar lo que había hecho imprimir sobre la estampita de su primer Misa: "Qué Dios me guarde de glorificarme de otra cosa que no sea la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo está crucificado por mí y yo, por el mundo" (Gal. 6-14).
En conclusión, la carta deseaba a Mons. Stepinac la gloria y la gracia de la Cruz. En la Fiesta de Dios, aquel 31 de mayo de 1934, el cura de Krasic anunció la novedad en su predicación. A la salida de la Misa, un periodista le preguntó a la madre de Mons. Stepinac: "No es éste el mejor momento de su vida?". La madre, digna y simple a la vez, enjugándose las lágrimas, lamentando que su marido, muerto el 1º de julio de 1933, no hubiera vivido hasta ese glorioso día, comentó: "El me había asegurado que yo vería el momento en que nuestro hijo fuera Obispo".
Luego, contó sobre sus ayunos y ruegos para que su hijo fuera sacerdote. En Zagreb, como en todas partes, se recibió la nominación de Mons. Stepinac con mucha alegría y confianza. Esta confianza estaba bien fundada pues todos conocían al joven sacerdote por su devoción por los pobres, su bondad, su entereza y su fe. Toda la población recibió con particular alegría la novedad. Los artículos de la prensa se regodeaban de la juventud y de la energía vital de Mons. Stepinac que lograba todo lo que se proponía. En aquel tiempo de crisis mundiales, se necesitaba un hombre de su entereza y Fe.
El Arzobispo Bauer llevó a su Coadjutor primero a la ciudad de Duga Resa, donde Stepinac colocó la primera piedra de la nueva Iglesia de San Antonio, luego a Krasic, para que saludara a su madre. Del 1º al 23 de junio, Mons. Stepinac realizó un retiro espiritual de tres días para prepararse para su consagración, su lema episcopal fue: "In Te, Domine Speravi". Quería manifestar así que Dios era el objetivo de todos sus proyectos y sus actos y por otra parte, la fuente de su fuerza. Su escudo estaba compuesto por una Cruz sobre fondo azul, y, a sus flancos, el símbolo de Cristo, Alpha y Omega.
En la víspera de su consagración, fijada para el día de la fiesta de San Juan Bautista, el 23 de junio de 1934, durante la retirada de los candelabros, Mons. Stepinac se inquietó por los grandes gastos ocasionados por esta celebración; hubiera preferido entregar este dinero a los pobres. Tuvieron que tranquilizarlo diciéndole que los gastos no habían sido tan altos. Sin embargo Aloysius pidió a los ciudadanos de Zagreb que pensaran también en los pobres en ese día de fiesta. Aquel día, el entusiasmo de la multitud era enorme. El abogado Protulipac habló en nombre de la juventud croata, retomando el lema de Mons. Stepinac: "In Te, Domine Speravi", adoptándolo como lema para todo el pueblo croata. En su discurso Mons. Bauer proclamó su felicidad y su confianza en su sucesor.
El discurso de Mons. Stepinac recordó a la fe profunda y ejemplar de los antepasados que iluminó como a un faro a todo el pueblo croata, durante trece siglos. Concluyó haciendo votos para que esta Fe permaneciera sólida en todos y cada uno. Se sucedían los discursos y todo el mundo estaba feliz en esta fiesta. Todas las personalidades del mundo religioso estaban presentes en la consagración en la magnífica catedral gótica de Zagreb. Cerca del altar, la madre de Mons. Stepinac, de rodillas, con profundo recogimiento, rezaba su rosario.
Durante toda la fiesta, Mons. Stepinac permaneció muy serio. Su rostro grave reflejaba una gran tristeza. Cuando se le preguntó la razón de esta tristeza, respondió que presentía sucesos trágicos para todos. Durante los tres años y medio que siguieron, el Arzobispo Coadjutor actuó en estrecha colaboración con el Arzobispo Bauer, teniendo en cuenta sus consejos y su experiencia. Por otra parte, este último hablaba con confianza y estima a su sucesor, apreciando por igual sus cualidades de hombre y sus lazos interiores tan fuertes con Dios.
En su discurso para los jóvenes seminaristas, Mons. Stepinac señaló la gran importancia de permanecer fieles a Cristo sin temor y sin dejarse influenciar por polémicas o desacuerdos políticos de hombres o de partidos que en ese entonces se creaban por todos lados.
El gran peregrinaje popular a Marija Bistrica, que implica una cuarentena de kilómetros a pie, se llevó a cabo el 7 de julio de 1934. Mezclado entre la multitud de peregrinos, el Arzobispo Coadjutor caminaba modestamente. Al verlo tan humilde los feligreses comentaban: "Este santo varón es una bendición para nosotros y nuestro pueblo".
Su comportamiento tan natural y pleno de bondad fascinaba a todos. Un cura del Arzobispado de Zagreb, que lo conocía bien por haber tenido a menudo la ocasión de encontrarlo, escribió que Mons. Stepinac reunía en su persona las mejores cualidades de un hombre de bien, comprensivo y justo a la vez, y que con todas sus cualidades superaba incluso al rey Salomón.
En el curso de los primeros años de su nominación Mons. Stepinac organizaba su tiempo para poder visitar a la mayor cantidad posible de feligreses del Arzobispado, predicando y confesando, intentando resolver los problemas pendientes. Cuando viajaba era fácilmente abordable por el hombre de pueblo cuya mentalidad conocía bien. Stepinac estaba sin cesar a la escucha de las personas que hablaban espontáneamente y con toda confianza.
Mons. Stepinac y la Acción Católica
En aquel tiempo el Papa Pío XI intentaba extender la Acción Católica para vivificar la vida católica hasta sus raíces, sin hacer política, pero fortificando la presencia de Cristo en la conciencia individual y en la sociedad, por la aplicación de los principios evangélicos. Mons. Bauer y su coadjutor presentaron este programa de Acción Católica e intentaron aplicarlo. La realización se tornó dificultosa. El 3 de mayo de 1935, el Arzobispo Coadjutor creó la central de la Acción Católica con sede en el Arzobispado. El programa era corto, pero claro y respetaba escrupulosamente las directivas del Santo Padre.
En el comité de acción se abrían las puertas a los candidatos de todas las delegaciones, pero los Obispos no lograban reunirlos en paz como esperaban. Existían en esta época multitud de divergencias y desacuerdos. Las dificultades surgían especialmente en los espíritus enfervorizados políticamente. Mons. Stepinac se mantuvo calmo y tenaz, siguiendo las directivas del Santo Padre.
La ideología política continuaba sus estragos y sacudía la unidad de la Acción Católica. Mons. Stepinac escribió explicando claramente su posición, que era la de la Iglesia Católica, cuya verdadera acción debe situarse más allá de los intereses individuales de la vida política; donde lo que importa es el amor fraternal y la justicia social enseñados por Cristo. Mons, Stepinac insistía: "Ni a izquierda ni a derecha, sólo en la senda de Cristo".
Construcción de nuevas iglesias en Zagreb
Mons. Stepinac era hombre de acción. Sus decisiones eran rápidas y justas. Era como un motor que empuja siempre hacia adelante dando vitalidad a la Iglesia.
El 9 de agosto de 1935, Mons. Stepinac pidió ayuda a los habitantes de Zagreb para la construcción de ocho nuevas iglesias a fin de abrir ocho nuevas parroquias. Esto era indispensable en razón del aumento de la población.
Las críticas no faltaron, pero Mons. Stepinac permaneció tenaz en la realización de decisiones de tanta importancia para el pueblo y los habitantes de Zagreb.
Stepinac seguía de cerca los trabajos que habían comenzado en medio de numerosas dificultades. Los fieles colaboraban al máximo, cada uno según sus posibilidades. La primera parroquia fue abierta en 1936, la segunda en 1937. Luego siguieron construyéndose una por año. Y en lugar de ocho parroquias, se construyeron dieciséis iglesias y catorce parroquias, repartidas entre Zagreb y los suburbios. Años más tarde, durante su detención en su pueblo natal, en Krasic, Mons. Stepinac hablaba con satisfacción de aquel trabajo que había sido hecho justo a tiempo. Si se hubiera esperado a "después", hubiera sido demasiado tarde.
Un croata mártir en Jerusalen
En 1931 se había realizado un gran peregrinaje croata a Jerusalen. El 4 de junio de aquel año Mons. Bauer, Arzobispo de Zagreb había autorizado que, en Jerusalem, en la Capilla de los Santos Cirilo y Metodio, fuera levantado un altar en honor del bienaventurado Nikola Tavelic, el único eslavo conocido que dio su vida por Cristo, en ese país, en 1391.
El altar fue erigido a las donaciones de todo el pueblo croata. En 1937, un grupo de peregrinos croatas llegaron a Jerusalem conducidos por su Arzobispo, Mons. Stepinac para la consagración de este altar. Mons. Stepinac vivió profundamente este peregrinaje por la senda de Cristo. Siguiendo el Vía Crucis, llevó sobre sus espaldas una gran cruz de madera, símbolo de toda su vida. Y el 25 de julio el Arzobispo consagró el altar del Bienaventurado Nikola Tavelic.
Aquel día, en todas las iglesias croatas, se celebró una misa conjuntamente con la de Jerusalem.
Una curación milagrosa tuvo lugar en una ciudad croata; todos la consideraron como una gracia particular, en relación con estos acontecimientos. Mons. Stepinac incitaba sin cesar a la devoción por Nicolás Tavelic, quien fuera canonizado años más tarde, el 21 de julio de 1970. En esta ocasión, hubo un gran peregrinaje croata a la Ciudad eterna.
Dificultades políticas
El 9 de octubre de 1934, el rey Alejandro Karadjordjevic quien se había ganado muchos enemigos políticos por la imposición de la dictadura, fue asesinado en Marsella, cuando estaba de viaje oficial en Francia. Luego se desató una gran crisis económica. Los intelectuales de Zagreb dirigieron un "Memorandum" a Belgrado, pidiendo que el sistema centralista del gobierno fuera reemplazado por un sistema federal, y que el país fuera dividido de acuerdo a las fronteras históricas y étnicas. Se enfrentaron así a un rechazo brutal; se atacó abiertamente, incluso a los firmantes del memorandum. El 5 de mayo de 1935, se desarrollaron las elecciones para la Asamblea Nacional.
Los electores en Croacia habían sufrido presiones tendientes a hacerlos votar por la lista del gobierno, puesto que había otra lista, además de la presentada en nombre del gobierno: la de Vlatko Macek, que representaba a la oposición y el descontento en Croacia. El 12 de febrero de 1935 Mons. Bauer declaró que no permitiría a ninguno de sus sacerdotes en actividad, participar en las listas.
Reinaba el terror. Se prohibió a los diarios hablar de esta segunda lista, e incluso decir si se presentaba o no. Por tanto, la prensa mantuvo un silencio total en torno a este asunto.
Los Obispos publicaron, en conjunto, una declaración para los creyentes, en la cual manifestaban su dolor al ver el acuerdo rechazado por el gobierno yugoeslavo y recordaban las injusticias cometidas contra la Iglesia Católica desde hacía veinte años. Esta situación jurídica, nunca reglamentada, tuvo grandes consecuencias sobre el programa de escolaridad y educación de la juventud. En efecto, de acuerdo a la ley, no se podía abrir más escuelas confesionales y las que existían se hallaban en una situación difícil.
Los libros de historia están repletos de informaciones erróneas sobre la Iglesia y la historia misma. En las escuelas secundarias, el catolicismo ha sido completamente suprimido o limitado. Y esto ocurre en las regiones croatas tradicionalmente católicas.
Por otra parte, la Iglesia Católica perdió sus bienes materiales (reforma agraria) que servían para la escolaridad de los niños de familias pobres, al igual que para los hospitales donde se aceptaban todos los enfermos sin tener en cuenta su religión.
Los funcionarios, para quienes todo ascenso era difícil si no eran ortodoxos, se veían obligados a abandonar la religión de sus padres.
Las mujeres católicas divorciadas no tenían los mismos derechos a pensión que las mujeres ortodoxas, se las condenaba así a vivir en la miseria. La censura de los diarios católicos y las declaraciones de los Obispos destinadas al pueblo impedían ver la situación con claridad. Se estaba a punto de ultrajar los derechos de la Iglesia Católica y de sus fieles.
Al día siguiente de las elecciones, los diarios recibieron la autorización de publicar los resultados, pero sólo teniendo en cuenta a los electores que habían votado por el gobierno. ¡Ninguna información fue publicada sobre los resultados de las elecciones en las regiones de Zagreb, ni de Dalmacia, donde justamente la oposición había obtenido la mayoría de votos!
Los resultados no fueron publicados oficialmente hasta el 7 de mayo a la tarde: 62,6% mayoría absoluta para el gobierno y 34,4% para la oposición... Nadie se atrevía a decir nada, pero muchos eran los que dudaban de la autenticidad de los resultados... Después de las elecciones, Mons. Bauer recibía continuamente quejas provenientes de todos los rincones de la Arquidiócesis, contra el terrorismo, los actos criminales, los asesinatos y los arrestos practicados por la policía. Mons. Bauer fue a Belgrado a quejarse ante el Príncipe Pablo y a exponerle todas las graves violencias a que había sido sometido su pueblo. Bauer le envió un memorandum: ¿Por qué estas violencias? dime mi Señor. Si alguien es culpable, debe ser juzgado personalmente, pero no se puede emplear medios violentos contra todo un pueblo".
Testimonio de Mons. Stepinac a Ernesto Pezet
El escritor francés Ernesto Pezet, vicepresidente del Parlamento, visitó Yugoslavia en octubre de 1935. Estaba encargado de informar los problemas de Europa Central y Oriental a la Comisión de Asuntos Extranjeros del Parlamento francés, su objetivo era hacer una encuesta ya preparada en Ginebra, para intentar ver si era posible reconstruir la indispensable unidad económica de los Estados del Danubio. En esta ocasión se detuvo en Zagreb, para encontarse con amigos, Ante Trumbic y Vlatko Macek.
Como deseaba también entrevistarse con Mons. Stepinac, éste lo invitó a comer, y permanecieron discutiendo largo tiempo. Mons. Stepinac mostró a su huésped los instrumentos de tortura conservados en su "Museo de Horrores" y le explicó la situación actual en el país: "Se ha vertido menos sangre, me dijo, en cien años de reino austro-húngaro que en cinco de pretendido yugoslavismo de los gendarmes serbios..." "...El menor pretexto es utilizado para causar estragos; en el curso de una de mis últimas visitas pastorales hubo dos muertos en medio de un tumulto provocado por la gendarmería..." "... Desde que Mons. Bauer envió el memorandum al gobierno Stojadinovic, he recibido múltiples amenazas igual que los sacerdotes católicos. Hubo cuatro muertos en Taborsko; las violencias y los actos de opresión son innumerables..." "... La buena voluntad de Stojadinovic y de Korosec es indiscutible, pero son desbordados por el ejército y la gendarmería. El jefe de seguridad me ha confesado el 27 de septiembre: "no tengo poder ante los gendarmes". Lo mismo ocurre con los subprefectos..."
"Ningún sacerdote está seguro, no pasa un día sin que uno de ellos venga a ponerse bajo mi protección..." ¿La bandera croata? ¿Se nos reprocha esto? Pero ni los obispos, ni los sacerdotes la piden: es el pueblo croata quien la reclama. Ve en ella el símbolo de sus libertades oprimidas. Sin embargo, el reino de Austria-Hungría la toleraba..."
¡Bajo el Imperio Austro-Húngaro 700 gendarmes bastaban para mantener el orden en Croacia, ¡En la actualidad hay de 6 a 7.000! ¡Se argumenta que es por la influencia y la acción del comunismo: esto es imposible en la Croacia actual...¡
"... Mis visitas pastorales son consideradas como agitación política. Pero, ¿qué puedo hacer? La diócesis de Zagreb es inmensa: cuenta con 1.700.000 habitantes. Debo hacer frecuentes visitas. Si el prefecto quiere ver en ello una acción política, nuevamente pregunto ¿qué puedo hacer?".
"El señor Macek? Me esfuerzo por no encontrarlo; ¡No lo he visto jamás! Lo evito, y para manifestar mi independencia, he abandonado Zagreb, el día de las elecciones..."
"Cuando informé al Príncipe Pablo de la situación me dijo: "tiene Ud. razón. Pero yo estoy solo y no puedo hacer prácticamente nada".
"Vivimos bajo un régimen de sospecha. Por todas partes hay delación. Es el sistema turco perpetuado a través del régimen serbio. La policía, la gendarmería: un Estado dentro del Estado...".
"Un sargento intentaba sobornar a una mujer para hacerla llevar un paquete. ¿Qué paquete? Una bomba. ¿Y para llevarla a dónde? al Palacio Episcopal. "Serás rica, le decía el sargento si lo llevas." Se realizó un proceso verbal del caso después de la declaración y confrontación de los actores de este drama, felizmente abortado...".
"Monseñor Stepinac me dio una fotografía impactante. No podía creer en la autenticidad de este documento. Entonces puso en mis manos el original: un recibo librado por un agente del fisco serbio, en funciones en una localidad fronteriza; extendido en forma correcta, con la firma y el sello administrativo, por el valor de cinco balas cobradas a una familia por la ejecución capital de su propio padre. ¿Su crimen? Haber contravenido los reglamentos de blanqueo impuestos a los campesinos cuyas tierras lindaban con las fronteras. El hombre era mal visto y tenido por militante croata peligroso; fue detenido, condenado, fusilado. El gasto corrió a cargo de la familia: trece dinares, quince centavos...".
Inmediatamente después de esta entrevista, E. Pezet tomó notas que leyó posteriormente en público en su conferencia en la cripta de Santa Odile en París, el 21 de diciembre de 1959, en ocasión de la presentación del libro "El caso del Cardenal Stepinac", preparado por el P. Teodoro Dragoun, Rector Nacional de la Misión Católica Croata en Francia, y publicado por Nouvelles Editions Latines, París, 1958. E. Prezet publicó sus notas y su conferencia al año siguiente en la misma editorial, bajo el título "Stepinac- Tito: Contexto y aclaración del caso". Por otra parte, señalaba E. Pezet, de acuerdo a las estadísticas oficiales de 1932, a pesar de la casi igualdad demográfica entre serbios por un lado, croatas y eslovenos por el otro, las desigualdades aparecen claramente:
Cantidad de alumnos en la escuela militar: 1300 serbios, es decir 85%; 140 croatas, 50 eslovenos. Cantidad de funcionarios de la Corte: 30 serbios sobre 31, 99%. Cancillería de las Condecoraciones: 9 serbios sobre 9, 100%. Funcionarios de la Presidencia del Consejo: 13 sobre 13, 100% Ministerio del Interior: 113 sobre 127. Asuntos Extranjeros: 180 sobre 218. Instrucción Pública: 150 sobre 156. Justicia: 116 sobre 137. Generales: 115 sobre 116.
En resumen: en todos estos cargos encontramos desde un 80 a un 95 y 99% de serbios. He aquí el predominio serbio y la discriminación contra los croatas. En lo que respecta a la religión (recordar los porcentajes: 38% de católicos y 42% de ortodoxos): presupuesto destinado a los cultos en 1922: para el culto ortodoxo 17.000.000 de dinares, 73%; para el culto católico 6.000.000, 27%. Sueldo de los Obispos: ortodoxos: 40.000 coronas; católicos: de 15 a 20.000. Parroquia protestante de Belgrado: 900 feligreses: 116.000 coronas; Parroquia católica de Belgrado: 10.000 feligreses (10 veces más): 66.000 coronas (casi la mitad menos).
El gobierno de Belgrado se disculpaba por no poder hacer nada para mejorar la situación y así la forma de gobernar de los serbios era la continuación del sangriento gobierno turco. Y esto iba aún más lejos...
Acuerdo abortado
Las relaciones jurídicas con la Iglesia Católica en Yugoslavia no estaban aún regularizadas en 1931. La reforma agraria que no ocasionó prácticamente ningún perjuicio a la Iglesia Ortodoxa, fue muy desfavorable para la Iglesia Católica. La ortodoxia y el espíritu serbio se identifican, de donde se explican las tendencias a una Gran Serbia y la oposición política hacia el pueblo católico croata. El 25 de julio de 1935, se firmó el Acuerdo entre el papa Pío XI y el gobierno yugoeslavo, para que la Iglesia Católica obtuviera finalmente una posición jurídica equitativa en Yugoslavia.
El Acuerdo estipulaba:
1) En las escuelas del estado cuyos alumnos sean en totalidad o en mayoría católicos, se designarán educadores católicos.
2) Los manuales escolares no contendrán ataques contra la Fe ni contra la Iglesia Católica.
3) Los católicos tendrán el derecho de crear escuelas libres donde vivan.
4) Será aplicado el derecho matrimonial católico a los católicos, sin que esto pueda ser cambiado.
5) El Estado debe acordar a la Iglesia Católica subsidios proporcionados a la cantidad de católicos y a sus necesidades reales.
6) Debe garantizarse la plena libertad de crear organizaciones de juventud católica.
7) Debe garantizarse la igualdad de la religión católica con las otras confesiones, al igual que la tolerancia y la confianza recíprocas. Este Acuerdo debía ser posteriormente aprobado por la Asamblea Nacional en Belgrado. Pero la Asamblea y el Senado de Belgrado protestaron, argumentando que en Serbia y en Montenegro, se practicaba oficialmente la religión ortodoxa. Sin embargo, la situación jurídica de las otras religiones de Yugoslavia (ortodoxa, musulmana y otras) estaba regularizada desde hacía largo tiempo. Se continuó entonces, atacando el Acuerdo en la Asamblea de Belgrado. La base del Acuerdo era la igualdad de todas las religiones en Yugoslavia y, por tanto la suspensión de todas las medidas contra el catolicismo. Cuando la jerarquía ortodoxa conoció los términos, se opuso también al Acuerdo.
El 24 de diciembre de 1936, un diario croata, "Jutarnji list", publicó la declaración de Mons. Stepinac sobre la importancia del Acuerdo tanto para el Estado como para la Iglesia, y su gran importancia práctica, pues al aplicarlo, se suprimirían todos los desacuerdos entre el Estado y la Iglesia Católica.
"Desde 1922 el rey Alejandro hacía esfuerzos en este sentido, afirmaba Mons. Bauer en una declaración del 31 de diciembre de 1936: ¡Qué lamentable que llegado el momento en que sólo falta el acuerdo de la Asamblea, el Episcopado ortodoxo manifieste tal animosidad! Es vejatorio y triste para los católicos. Aún más, ya que en el texto del Acuerdo no hay ni sombra de animosidad contra la Iglesia Ortodoxa. La posición del Episcopado ortodoxo no puede sino excitar más a un combate religioso no deseado en absoluto por los católicos". Pero esta parte del discurso de Mons. Bauer fue suprimida por el Procurador del Estado y, según la costumbre de los impresores su lugar en los diarios quedó en blanco. Los popes ortodoxos llegaron a manifestar en las calles contra el Acuerdo en Serbia, y en Sarajevo en Bosnia. Así, el Acuerdo no pudo ser propuesto en la siguiente sesión parlamentaria. La Iglesia Ortodoxa declaró que todos aquellos que aceptaran el Acuerdo serían excomulgados. Esto implicaba a nueve miembros del gobierno contando a Milan Stojadinovic. Se prohibió a los ortodoxos practicantes recibir en sus casas a los excomulgados. En la sesión del Senado del 19 de octubre de 1937, el Concordato fue rechazado definitivamente. Milan Stojadinovic declaró que no volvería a presentarlo; entonces, junto con los otros miembros del gobierno excomulgados, fue reintegrado a la Iglesia Ortodoxa, levantándosele la excomunión.
El Santo Padre, quien no había sido directamente puesto al corriente de la situación, protestó vivamente contra el rechazo del Acuerdo. Recordó al gobierno yugoeslavo su firma al igual que la obligación que de ello se desprendía respecto de los derechos de los católicos en Yugoslavia, para que éstos no continuaran subestimados en relación a las otras religiones.
Los católicos pidieron a Mons. Stepinac, autorización para formar asambleas de protesta. Stepinac les respondió que comprendía su gran descontento, exacerbado desde hacía 20 años en que la Iglesia Católica en la Yugoslavia real, sólo tenía problemas. El mundo entero lo sabía, les dijo, pero las asambleas de protesta no contribuirían en absoluto.
El 4 de mayo de 1938, la Conferencia de los Obispos en Zagreb, bajo la presidencia de Mons. Stepinac, redactó una carta pastoral en la cual los Obispos señalaban su profundo pesar al constatar la posición de la Iglesia Ortodoxa serbia que creaba así, profundos desacuerdos en las relaciones entre religiones. Protestaban contra la política del gobierno real que al principio había aceptado públicamente el Acuerdo, comprometiendo su palabra en la firma, para rechazarlo luego dejando a la Iglesia Ortodoxa serbia decidir la suerte y los derechos de la Iglesia Católica en Yugoslavia, y permitiendo que se mezclara en las decisiones políticas del gobierno. Los Obispos terminaban su carta diciendo que no podían aceptar que 6.000.000 de católicos fueran en ese Estado ciudadanos que no gozaran de sus derechos igualitariamente, considerándose listos a luchar por los derechos de sus fieles.
El 11 de diciembre de 1938 Stepinac, que jamás se mezclaba en la vida política, fue a votar en razón de la situación intolerable creada a los católicos croatas, y dio su voz a la oposición croata.
¡Mentira descarada!
Rápidamente la radio de Belgrado proclamó que Stepinac había votado por el gobierno. Querían con esto crear el caos en los espíritus, y problemas a Mons. Stepinac. Este último pidió inmediatamente que esta falsa noticia fuera desmentida. Pero sin tener en cuenta su pedido, el gobierno continuó propagando la falsa noticia, al tiempo que Stepinac persistía, por su parte declarándola falsa.
Finalmente después de cinco semanas, el Presidente del Consejo de ministros, Milan Stojadinovic, encontró que era necesario rendirse ante este "escándalo cultural" como él lo llamaba y del cual era responsable, y publicar finalmente el desmentido.
Mons. Stepinac reemplaza al Arzobispo Bauer
El 11 de febrero de 1936, Mons. Bauer festejaba, al mismo tiempo, sus ochenta años de edad y sus veinticinco de episcopado. Durante todo aquel año de 1936, pudo todavía presidir las conferencias episcopales. Pero el principio del invierno, su vitalidad que hasta el momento había sido a toda prueba, comenzó a debilitarse. La enfermedad se apoderó de su fuerte naturaleza y finalmente, Bauer falleció en medio de grandes sufrimientos, el 7 de diciembre. Su cuerpo descansa en la cripta de la Catedral de Zagreb.
En la homilía fúnebre Mons. Stepinac rindió homenaje al Arzobispo fallecido cuya vida fue de completa fidelidad hacia la Iglesia y hacia el pueblo croata. Stepinac aprovechó también la ocasión para afirmar que tenía plena conciencia de la difícil situación del mundo y del país y de las responsabilidades que le incumbían por su investidura de Arzobispo.
Pero, continuó diciendo, "In Te, Domine Speravi", "En Ti, mi Señor, he puesto mi esperanza para el presente y para todo suceso futuro". Pues ya el alba amenazante se anunciaba. A partir de 1937, la situación religiosa, social, política y económica se hacía más y más difícil, tanto en Croacia como en el mundo entero.
El nuevo Arzobispo y sus sacerdotes
Mons. Stepinac se ocupaba especialmente de sus sacerdotes y de sus seminaristas. Todo su sueldo de Arzobispo era empleado para pagar los gastos de escolaridad de los alumnos de escasos recursos. Como recuerdo de los años pasados en el Seminario Romano: el Germanicum, hizo abrir el viejo castillo Mokrice para que los seminaristas pudieran pasar allí sus vacaciones en medio de un maravilloso paisaje. Tiempo después, cuando se encontraba detenido en su pueblo natal, Krasic, Stepinac continuará supervisando atentamente la vida del seminario. Seguía siempre de cerca, las acciones e iniciativas de sus sacerdotes. Estos apreciaban las cualidades oratorias de su Obispo, que los alentaba. Para acercar a los sacerdotes de lugares alejados, organizó las reuniones de decanato. Sin cesar les repetía que los sacerdotes no debían mezclarse en política y continuamente daba el ejemplo. Instituyó ejercicios espirituales mensuales para el clero de Zagreb y de la provincia. Sus discursos se dirigían también al pueblo entero, eran como la savia para el árbol. Los ayudaba a sobrevivir en una sociedad donde se enfrentaban tantas fuerzas contradictorias.
La conducta de Mons. Stepinac era simple, llena de modestia y de bondad; al ser tan fácilmente abordable muchos eran los que se acercaban a pedirle consejo. ¡Cuánto era su dolor cuando se enteraba del asesinato de alguno de sus sacerdotes! Anotaba los nombres de los muertos y los recordaba en sus plegarias. Filosóficamente, intentaba calmar a los religiosos hastiados de que el gobierno les reclamara injustamente impuestos tan exagerados.
De temperamento generoso, estaba lleno de indulgencia y perdonaba los errores de algunos de sus sacerdotes, confiando nuevamente en ellos. Compartía todos los regalos que recibía con sus seminaristas. Sus relaciones con el clero eran más amistosas que estrictamente jerárquicas. Incitaba a sus sacerdotes a concurrir a las reuniones sacerdotales regulares y éstas eran, para ellos, no sólo útiles sino también agradables; reavivaban allí todos juntos su Fe y su coraje para enfrentar las penosas condiciones de aquellos días. Intercambiaban pensamientos y experiencias. Una verdadera amistad los unía del más viejo al más joven. Una verdadera amistad nacía y se fortificaba, también entre el Arzobispo y sus sacerdotes.
El Arzobispo y sus fieles
Todas las ocasiones eran buenas para fortalecer la fe del pueblo. Así, en 1935 impulsó el festejo jubiloso del trigésimo aniversario de la beatificación, ordenada por Pío X, del mártir croata Marco Krizevcanin. Hablando de este bello ejemplo de fe, Mons. Stepinac comparaba las dificultades del católico practicante de aquel momento con las de la época del mártir; las formas de persecución habían cambiado pero el fondo era el mismo, afirmaba Stepinac.
En su programa espiritual para 1938, dio como leitmotiv a los cristianos, la lucha contra las expresiones indecentes y el rezo del rosario en familia.
Para 1939, contemplaba en su programa la renovación de la familia, núcleo de la vida cristiana y de las virtudes católicas.
Para 1940, su programa establecía la necesidad de desembarazarse del pecado, saldar las deudas con Dios y liberarse de la esclavitud del diablo: "Expulsad, los malos pensamientos, dejad de vivir mal. Aprended a trabajar correctamente. Buscad la justicia. Ayudad a los necesitados. Haced justicia con los pobres".
Para 1941 Stepinac exhortaba: "Continuad con vuestro esfuerzo para imitar la generosidad de Cristo, el amor hacia el prójimo, luchad contra el odio que ahoga el mundo. Que vuestros principios de acción no se basen en el odio sino en el amor, a fin de que la sociedad sea digna y humana".
Refiriéndose a Mons. Stepinac, Pío XII exaltó públicamente su honda piedad. En un discurso (Discorsi e radiomessagi, XIV 459). El Papa Pío XII citó a Mons. Stepinac como ejemplo del fervor evangélico. Este último, efectivamente, empleaba todas sus fuerzas para llevar a la práctica el lema de sus ancestros croatas: "Por gloria de la Cruz y amor a la libertad".
Monseñor Stepinac y los croatas emigrados
Mons. Bauer ya se ocupaba también, junto con sus actividades apostólicas y sociales en el país, de los trabajadores croatas emigrados; para ellos, había fundado la Asociación San Rafael que debía ayudar material y moralmente a la mano de obra croata a menudo tan explotada, lamentablemente, en el extranjero. En efecto, una importante ola de emigración croata había abandonado el país entre 1900 y 1940, por razones económicas y políticas, diseminándose por diversos países de Europa y América. Mons. Stepinac, que había compartido durante tres años con Mons. Bauer las responsabilidades de la Diócesis aprovechando su rica experiencia y sus inteligentes directivas, vigorizó en 1939 a la Asociación San Rafael que había perdido fuerzas. Esta asociación ayudó a los desarraigados hasta la segunda guerra mundial, momento en que toda la actividad croata de este tenor fue prohibida. Pero a partir de la iniciativa de Mons. Bauer quien intentaba por todos los medios ayudar a los fieles en el extranjero, losObispos croatas continuaron ocupándose del problema de la emigración. Religiosos y religiosas fueron enviados a través del mundo, allí donde los croatas se hubieran refugiado. Se crearon gran cantidad de misiones y parroquias. Durante el verano de 1939, encontrándose de vacaciones en Supetar, en la costa dálmata, Mons. Stepinac quien se dirigía en barca a Milna en la isla de Brac, acompañado por Mons. Pusic, natural del lugar, y del abate Zdravko Ostojic, joven sacerdote y vicario de Milna, comenzó a explicar la difícil situación de los croatas emigrados. "Es absolutamente necesario, dijo, enviar sacerdotes a aquellos compatriotas emigrados... ¡Permítame enviar a este joven sacerdote!" -"¡Ah no, respondió Mons. Pusic, tengo todavía muchas parroquias sin vicario!". Mons. Stepinac se quedó muy triste por no haber sido comprendido, hubiera deseado una mayor amplitud de miras por parte de su colega en el Episcopado, quien era, debemos decirlo, muy mayor. Desde lo alto del cielo, debe haber visto que su abate Ostojic, forzado también por las circunstancias a emigrar a Bélgica, iba a ser afectado, en 1962, a la misión croata de París para los emigrados. ¡Seguramente debe haberlo bendecido!
En 1940, Mons. Stepinac fundó el diario "Croatas en el exterior". Este periódico publicaba artículos interesantes y útiles, respondía inquietudes, daba consejos e informaciones a los emigrados. En la primera página del diario, Mons. Stepinac señalaba la preocupación del Episcopado croata por todos aquellos que, aunque alejados de su patria, continuaban sin embargo, formando parte del pueblo croata. Para ellos es muy importante, decía, conservar en su corazón el amor de su pueblo al pasado glorioso y la esperanza en un futuro mejor. ¡Qué este modesto diario, continuaba el Arzobispo sea un consuelo para aquellos que sufren, una fuerza para atravesar las tentaciones y para permanecer fieles a la religión y a la Iglesia de los antepasados, tan profundamente arraigadas en el corazón del pueblo croata. Que todo sentimiento de desprecio hacia el pueblo del cual son descendientes, les sea desconocido! A partir de ese momento, la Iglesia continuó haciendo grandes esfuerzos para crear, según sus posibilidades, y para revigorizar la práctica religiosa y cultural.
En 1940, por iniciativa de Mons. Stepinac se perfeccionó la organización y la acción emprendida comenzó a dar sus frutos.
El 8 de octubre de 1940, Mons. Stepinac dirige una carta pastoral a los emigrados croatas en Alemania. En ella les recuerda que, aunque estén lejos de su patria, Dios no está lejos de ellos y que es necesario no olvidarlo nunca. La característica esencial de los croatas debe continuar siendo, como en el pasado, el templado coraje y la rectitud a toda prueba. Es necesario tener en cuenta esto, sobre todo en aquel próximo año, 1941, considerado como año santo para los croatas, pues festejaban el 1300 aniversario de su evangelización y de su vinculación con la Santa Sede.
Trece siglos de catolicismo en Croacia
El año 1941 marcaba entonces el 1300 aniversario de las primeras relaciones de los croatas con la Santa Sede. Aquel año debía ser proclamado de la renovación de la fe. "Como el sol después del invierno, escribía el Arzobispo, hace salir las flores de la tierra adormecida, así los creyentes deben sacudir todo aquello que no es bueno y despertarse a la práctica de la vida católica".
Esta carta fue impresa en Zagreb y enviada a los Obispos croatas para que pudieran luego formular sus comentarios, consejos y observaciones. El proyecto de la Acción Católica fue elaborado como consecuencia de estas sugerencias y concluido definitivamente el 24 de junio de 1939, y posteriormente enviado a todos los Obispos croatas.
Su objetivo principal era el renacimiento espiritual y moral del pueblo croata, y en primer lugar, la preocupación por la vida en el interior de la célula familiar. Debía también ser desarrollado el sentido de la actividad social y caritativa. El año 1940, proclamado año de la penitencia por el mal causado por los pecadores, estaba destinado a profundizar la fe.
La exposición de arte sagrado croata, de obras impresas, de documentos relativos a la enseñanza y a la cultura general, daba una imagen fiel de la contribución de la Iglesia católica a la vida pública. En el curso de los siglos, en Croacia, los Obispos fueron, en efecto, más que jefes religiosos; fueron jefes culturales, políticos, incluso a veces militares. ¿No se vio, acaso, en el Medioevo a los Obispos dejar el atuendo para portar una armadura, tomar la espada y arrojarse al combate a la cabeza de sus rebaños: su pueblo? Solos, bajo todas las dominaciones extranjeras - hubo muchas- mantuvieron intacto el sentimiento nacional croata, la lengua y las tradiciones croatas. El programa de la celebración de los trece siglos de fidelidad a la Iglesia Católica fue dividido en cuatro partes.
Programa del año santo croata
En primer lugar, la inauguración: instalación de la estatua del rey Tomislav, primer rey de la unidad croata a quien el Papa enviara en 925, la corona real.
Posteriormente, la segunda parte consistía en una fiesta particularmente celebrada en Solin-Split, región en donde los primeros croatas fueron bautizados entre 641 y 681.
El gran peregrinaje croata a Roma en 1941 constituyó la tercera parte del programa. Finalmente, en cuarto lugar, se había previsto un gran Congreso Eucarístico a desarrollarse en Zagreb durante el mes de junio de ese mismo año.
Los objetivos de este amplio programa eran simples y claros: despertar a los feligreses adormecidos, aplicar los principios de la vida católica y de volver al seno tranquilizador de la Iglesia a aquellos que estaban perdidos. Lo más importante era ocuparse, en primer lugar de aquellos en que anida el futuro: los niños, los adolescentes, y los que tienen vocación religiosa.
Este programa debía ser fielmente cumplido al tiempo que la Acción Católica se desarrollaba en todas las parroquias. Al mismo tiempo, en la historia del mundo, la guerra avanzaba a grandes pasos, aplastando sin piedad a los hombres.
El 10 de noviembre de 1939 se llevó a cabo el gran peregrinaje croata a Roma. En esta ocasión, Mons. Stepinac fue recibido en audiencia por el Papa Pío XII a quien remitió un memorandum, explicando y justificando la significación de este año celebrado como año santo en conmemoración de los mil trescientos años del catalocismo en Croacia. Stepinac solicitó al Santo Padre que incluyera al héroe croata de la fe católica, el bienaventurado Nicolás Tavelic, en la lista de los futuros santos. La respuesta del Papa fue positiva: hizo un regalo a los croatas, proclamando por el documento Cum ex venerabilis al año 1940-41 año santo del pueblo croata. Mons. Stepinac inauguró esta celebración el día de San Pedro, en 1940. En el marco de esta celebración, el diputado nacional, M. Majer, señaló en su discurso la importancia y significación de estos mil trescientos años de unión de los croatas con la Iglesia.
Tres actos de Mons. Stepinac, estuvieron ligado al año santo. Por una circular del 26 de junio de 1940 recordó a los fieles la promesa de la Asamblea Croata de diciembre de 1739, de construir en Ludbreg una capilla a la gloria de la Preciosa Sangre de Cristo, si la peste que se estaba expandiendo en ciertas regiones croatas dejaba de asolar a la población. ¡Promesa que fue olvidada cuando ya no hubo huellas de la epidemia! El Arzobispo incitó entonces a los fieles a realizar donación para ayudar a construir esta capilla; por otra parte, decía Ludbreg es un lugar de peregrinaje muy visitado desde hace tiempo. En una circular del mes de agosto de 1944, Mons. Stepinac se comprometió a cumplir con la promesa hecha por los ancestros y a celebrar allí la Eucaristía todos los primeros domingos de setiembre, durante cinco años, al igual que en todas las capillas y conventos de la parroquia. La Misa debía ser celebrada predicando a la gloria de la Muy Preciada Sangre de Cristo. Todos los creyentes fueron invitados a asistir.
La segunda realización importante de Mons. Stepinac fueron los trámites emprendidos para recuperar para Croacia la piedra bautismal del príncipe croata Viseslav. Este es el único monumento histórico del siglo VIII y representa un descubrimiento arqueológico muy importante, como lazo entre los siglos VII y IX. Este monumento se encontraba en Venecia desde 1746. Consultado el cardenal de Venecia, respondió que tales tramitaciones eran largas y complicadas, y que lo mejor sería pasar por la intermediación del Ministerio en Belgrado. Mientras tanto, políticamente, Yugoslavia se desmembraba, minada por sus antagonismos.
El 10 de abril de 1941 fue proclamado el Estado Croata Independiente. El 6 de mayo de 1941, Mons. Stepinac se dirigió entonces al nuevo ministro croata, encargado de las cuestiones religiosas y de la educación nacional, Mile Budak, quien inmediatamente realizó las tramitaciones administrativas. El 13 de septiembre, Mons. Stepinac obtuvo la aprobación del alcalde de Venecia, quien aceptó devolver este monumento histórico. Pero, pidió a cambio, las pinturas de Carpaccio que se encontraban en la Galería Strossmayer en Zagreb. El intercambio se concretó en 1942. Así, la piedra bautismal del príncipe Viseslav regresó finalmente al país y se encuentra, en la actualidad, en el Museo de la Academia Yugoslava (ahora Croata) de Ciencia y Arte en Zagreb.
La inscripción de este monumento representa una joya arqueológica y su simbolismo manifiesta maravillosamente el misterio de la Santísima Trinidad y el de la Muerte y Resurrección del Señor: "Hic fons... sumit infirmos/ut reddat illuminatos// Hic expiant scelera sua quod de primo sumpserunt parente/ ut efficiantur Hristicole.../ salubriter confitendo Trinum pernne/ Hoc Ioannes presbyter/ sub Wissesclavo Duci/ opus bene composuit devote/ in honore videlicet sancti Joannis Baptistae/ut intercedat pro eo clientuloque suo".
Traduzcamos: "Estas fuente toma a los enfermos para iluminarlos. Aquí expían sus faltas heredadas de su primer padre, para que se conviertan en cristianos, confesando, para su salvación, la eterna Trinidad. Esta obra fue compuesta con devoción por el padre Juan bajo el ducado de Viseslav, en honor de San Juan Bautista para que interceda por él y por su protegido" (7).
Finalmente Mons. Stepinac, a través de una carta fechada el 13 de febrero de 1941, pidió al Papa que enviara un Delegado Apostólico al Gran Congreso Eucarístico de Zagreb, para clausurarlo en forma solemne en latín o en francés. Su pedido fue discutido en la Sagrada Congregación para los asuntos excepcionales. Mons. Tardini declaró, en sus notas, que el pueblo croata era un pueblo creyente en el verdadero sentido de la palabra y que como esta celebración era exclusivamente religiosa, sin connotaciones políticas, no había razones para rechazar el pedido. El delegado Papal viajaría por lo tanto a Zagreb. En su predicación y a propósito de esta celebración, Mons. Stepinac subrayó el honor hecho por el Papa al pueblo croata, al permitirle festejar así esos trece siglos de catolicismo. Trece siglos en el curso de los cuales, el pueblo croata, siempre fiel a los compromisos contraídos ante el Papa San Agathon, en 678, no había emprendido ninguna guerra injusta u ofensiva; esforzándose sólo por conservar su integridad nacional cada vez que ésta era amenazada o que se corriera el riesgo de ser borrados del mapa de las naciones libres.
Mons. Stepinac lanzó un llamado a todos sus diocesanos y a todos los croatas, invitándolos a participar en las celebraciones de este año jubilar y señalando que en aquel tiempo de guerra era saludable que, el pueblo croata manifestara de esta forma ante el mundo entero su deseo de vivir en paz en sus fronteras. La historia testimonia que el pueblo croata es un pueblo pacífico, un pueblo de gran rectitud, que a veces cierra el juego del adversario decidido a engañarlo. Su himno nacional "Nuestra Bella Patria" no transmite ningún sentimiento de violencia; testimonia simplemente el amor de este pueblo eslavo por el país donde nació.
Lamentablemente la sucesión desenfrenada de los acontecimientos políticos impidió la realización de todos los proyectos para el año santo. Ateniéndose entonces al estudio y a la promoción de la actividad pastoral, social y caritativa (8).
Mons. Stepinac y la prensa católica
El único diario católico en 1934 era Hrvatska Straza (La Guardia Croata) fundado en 1929. Mons. Stepinac confiaba ampliamente en este medio para sostener a los católicos en tiempos difíciles: "Un diario católico, decía, debe estar más allá de toda tendencia política a fin de poder llegar a todos: a los hogares, a los trenes o a las salas de espera, en la calle donde la gente lo adquiere, al campo donde los paseantes tienen tiempo para leerlo. Se puede esperar mucho de él; su rol es evangélico puesto que es un elemento importante en la salvaguarda y renovación de las reglas morales de la sociedad. A través de la calidad de sus artículos, debe elevar el sentimiento del amor, por oposición al materialismo que mantiene el amor a nivel puramente corporal.
"Hrvatska Straza" debe también propagar la idea de fraternidad y justicia. A los pobres se le debe la misma estima que a los ricos, pues la deshumanización comienza en el momento que se olvida que un hombre vale lo mismo que otro hombre. Este diario debe también cubrir las informaciones sobre la vida cultural."
(7) Encontramos la representación de esta Piedra histórica en la Carta Pastoral de los Obispos Croatas: "Trece siglos de Cristianismo en Croacia", KS, Zagreb, 1976. Al igual que en: Zvane Crnja: Historia de la Cultura Croata, Secretaría de información, Zagreb, 1966. Y en tantos otros documentos.
(8) Pero este gran jubileo será finalmente celebrado a partir de 1970 por la canonización del B. Nikola Tavelic en Roma y por una celebración festiva en Sibenik. En 1971 se celebró en Zagreb y en María Bistrica el Congreso Mariológico y Marial Internacional. El 15 de agosto, se evaluó en 150.000 el número de peregrinos asistentes. En 1975, el gran peregrinaje croata a Roma por el Año Santo Internacional congregó más de 14.000 participantes. El año 1976 fue declarado Año Mariano: "Es oportuno, señala la Carta Pastoral de los Obispos, que nuestro año mariano tenga lugar en momentos en que el mundo celebra la clausura del gran jubileo del Año Santo Croata por la beatificación, el 2 de mayo, de Leopoldo Bogdan Mandic, beatificación anunciada por la 1º Carta Pastoral del 1º domingo de Cuaresma, intitulado "Trece siglos de Cristianismo en Croacia". En Solin, se festejaba el milenario de la Reina Helena, madre de la realeza, generosa protectora de los huérfanos y de las viudas, y fundadora de un santuario mariano nacional. Al mismo tiempo, se festejó el 9º Centenario del buen rey Zvonimir quien había jurado al Papa que protegería a los pobres. La celebración de estos aniversarios congregó más de 100.000 peregrinos. Finalmente en 1979, se celebró el 11º Centenario del reconocimiento jurídico de Croacia y de su fidelidad con una gran peregrinación a Roma con Misa papal en croata y con fiestas en Nin donde de 250 a 300.000 peregrinos rindieron su agradecimiento a Dios. Se habla de estos hechos en los capítulos I y XII de este libro.
El 22 de febrero de 1936, Mons. Stepinac anuncia, por circular, la apertura de una Exposición de la Prensa Católica en el Vaticano, por iniciativa del papa Pío XI. Un pabellón de esta exposición fue puesto a disposición de los croatas. En aquella época había, en Croacia, 72 publicaciones católicas, de las cuales 24 eran de Zagreb. La cantidad ascendió hasta 80 en 1940 gracias al impulso de Mons. Stepinac. Desgraciadamente "Hrvatska Straza", diario que había adquirido una justa reputación, carecía de medios financieros y finalmente debió dejar de aparecer. En enero de 1941, siguiendo la idea directriz de Mons. Stepinac, las tres imprentas católicas se reunieron en Zagreb, y en lugar del diario "Hrvatska Straza" nació una nueva publicación "Hrvatski Glas" (La Voz Croata). Continuando en la misma línea que el precedente, evitaba toda provocación política. Pero la guerra y los cambios en el estado detuvieron rápidamente su aparición.
Una de las mayores preocupaciones de Mons. Stepinac era la traducción de la Biblia al croata. Gracias a su iniciativa, esto se concretó en 1941-42. El primer Congreso de la prensa católica tuvo lugar en abril de 1939. El discurso de inauguración de Mons. Stepinac, señaló los aciertos de la prensa católica. Proponía tomar como lema del congreso las palabras de San Agustín: Lex veritas, Regina caritas, Finis aeternitas: "que la verdad se convierta en ley, que el amor la gobierne, y que el objetivo final sea la eternidad".
El mundo moderno, donde las personas hacen de todo para triunfar en apariencia, sirviéndose a menudo de mentiras y de violencia, manifiesta la necesidad vital de reestablecer la verdad y la paz. Sólo con la paz en el alma se está bien con el cuerpo. De todas formas, lo que se construye sobre la mentira y la violencia no puede durar, finalmente, la verdad estalla y triunfa siempre. Cristo ha dicho: ¡La verdad os salvará!
Defensor de la familia
En el marco de la Acción Católica, el 25 de octubre de 1937, Mons. Stepinac organizó la Semana Católica croata, que fue honrada por una carta del Papa XI. El programa preveía un estudio profundo sobre la familia, su rol social, económico, educativo y moral, en el contexto de la comunidad social.
Mons. Stepinac proclamó el año 1938 como año de la familia. Era la continuación lógica del año precedente. En primer lugar figuraba la lucha contra la "la peste blanca" que asolaba cada vez más, como una epidemia, las vidas de los inocentes por nacer.
En 1935, el Congreso Médico de Belgrado ya había pedido la aprobación de la ley del aborto. Salvo cuatro médicos que votaron en contra, todos los demás aprobaron el pedido.
Hacia fines del mes de junio de 1936, tuvo lugar en Zagreb, un proceso contra un médico que practicaba hasta diez abortos por día; y la cifra aumentaría más con los años: según las estadísticas, en 1940, hubo alrededor de 20.000 abortos en Croacia.
El 10 de enero de 1940, Mons. Stepinac lanzó un llamado a la conciencia de los médicos a propósito del asesinato de vidas humanas en el vientre materno. Esta carta fue publicado en el diario "Katolicki list" (diario católico), al igual que en el diario "Jutarnji list" (diario de la mañana). En este último, la declaración de Mons. Stepinac estaba acompañada del excelente comentario del rector de la Universidad de Zagreb, el prof. Ivo Lovric sobre esta calamidad popular que era el aborto. Lovric deseaba que los jóvenes reencontraran el respeto hacia sus mayores, quienes a su vez, deberían dar el ejemplo de por vida.
Lo que podría ayudar mucho a dar el puntapié inicial, sostenía Stepinac, sería retomar la costumbre de rezar en familia, todos juntos. La responsabilidad moral de la pareja en una célula familiar sólida debería ser la base de una reflexión profunda y de la oración común.
En un discurso titulado: "El intelectual croata frente a su pueblo", fechado 29 de marzo de 1938, Mons. Stepinac afirmaba: "¡Cuántos pueblos muertos actualmente en toda Croacia!
Las casas se vacían. En las calles, en lugar de escuchar las risas de los niños, ¡sólo se encuentra un silencio mortal! ¡Un silencio grave, pesado, que reina en todos los pueblos porque la "peste blanca" ha pasado por allí!".
El 19 de marzo de 1942, Mons. Stepinac habló con los estudiantes sobre el tema de la verdadera libertad, la que procede de la verdad, la única que incluye el respeto de sí mismo y de los otros. "¡Qué parodia de la libertad, decía, que las acciones llevadas a cabo por aquellos que, en nombre de una liberación ilusoria de las costumbres, se convierten en esclavos de los sentidos! ¡Qué caricatura de la libertad, y qué falso patriotismo el de aquellos médicos que entierran en una tumba a las generaciones por venir o les impiden ver el día antes de su concepción! Pero quién se preocupa por esto? ¡El egoísmo individualista está en la base de todo! El aborto significa el suicidio de un pueblo a fuego lento. Moralmente es un mal en sí mismo". En ocasión de la IV Semana Social Croata llevada a cabo del 3 al 10 de noviembre de 1940, el tema principal fue la preocupación por las generaciones venideras. Mons. Stepinac consideraba que la falta de una buena educación, enriquecida por ejemplos concretos, era la causa del desarrollo inmoral del individuo. Los niños, condicionados por su medio, evolucionaban así, por una senda trazada por adultos irresponsables.
Eucaristía
Durante su episcopado, Mons. Stepinac informaba fielmente a los creyentes de todos los Congresos Eucarísticos llevados a cabo tanto en el país como en el extranjero. De esta forma todos podían participar, ya sea por la presencia o la oración. Señalaba la importancia de la fe en la presencia sustancial y real de Cristo en la Eucaristía, fe opuesta al movimiento ateo del mundo moderno.
Los cristianos tienen el deber de testimoniar, con sus acciones, la importancia de la paz en el mundo, pues la locura monstruosa de la guerra mata toda esperanza alrededor del mismo. La eucaristía es el amor de Dios por el hombre, por todos los pueblos quienes, unidos en torno a la mesa del Padre, se hermanan al comer el mismo Pan. A pesar de todas sus obligaciones y sus actividades, Mons. Stepinac estuvo presente en los 14 Congresos Eucarísticos que se llevaron a cabo en el Arzobispado de Zagreb.
Culto a María
Un día, durante su detención, Stepinac dijo: "Dios me ha otorgado una gracia: desde mi infancia, jamás he olvidado mis oraciones a la Santa Virgen. Ha sido Ella quien ha resguardado mi vida en tantas oportunidades, sobre todo en la guerra. ¡De la leche materna mamé mi veneración por la Madre de Dios!." Infinidad de veces participó a pie en peregrinajes marianos a Marija Bistrica, localidad ubicada a 43 Km. de Zagreb. Mezclado entre los peregrinos, la simplicidad de su presencia daba un áurea particular a la senda compartida. Pero a partir de 1935, la perfidia del régimen dictatorial buscó un motivo para poder acusarlo de explotar políticamente estas peregrinaciones. Bastó que durante una peregrinación algunos jóvenes peregrinos llevaran la bandera croata, para que pudieran acusar a Mons. Stepinac. Sin embargo, su situación era clara: la peregrinación era un acto de amor hacia la Madre de Dios; la política no tenía ningún lugar. Pero, desde aquel día, en signo de protesta, las banderas croatas fueron enarboladas en todo el país: el pueblo croata veía en ella el símbolo de sus libertades oprimidas y de su dignidad ultrajada.
Un proyecto era particularmente caro a Mons. Stepinac. En ningún lugar de peregrinaje en Croacia se reunían tantos fieles como en Marija Bistrica, que es la "Lourdes" de Croacia.
Pero el santuario, por su concepción arquitectónica, no podía ni recibir, ni albergar a todos los peregrinos que eran cada vez más numerosos. Era necesario realizar urgentemente trabajos de remodelación. Para empezar, era necesario construir un refugio-dormitorio para 500 personas por lo menos. Era indispensable un nuevo Calvario. Lugar de peregrinaje desde tiempos idos, Marija Bistrica sigue siendo la Capital moral del renacimiento espiritual del pueblo croata. Se construyó, según los deseos de Mons. Stepinac, un magnífico Vía Crucis: él mismo financió la Primera Estación, Vilim y Antonia Heger financiaron la Segunda y las demás fueron financiadas por diferentes ciudades croatas. Los esposos Heger hicieron aún más por Marija Bistrica al fundar colaborando con el Arzobispo el Comité "Nadasve" para el mejoramiento de los lugares de peregrinaje. Al mismo tiempo, Vilim Heger, a pedido del Arzobispo, intervino hábilmente ante las autoridades nazis, salvando a miles de niños judíos y serbios, en el contexto de Caritas de Zagreb.
Además de sus numerosas actividades, Mons, Stepinac tradujo del francés al croata, en 1943, el libro de Andrés Predel "El rosario, como meditación y ruego en voz alta". Su cálido llamado a las familiar a orar reunida respondía a su deseo de ver que la bendición divina "entre por todas las puertas".
En ocasión de las reuniones marianas de mayo y octubre, se veía al Arzobispo en una u otra iglesia de Zagreb, presidiendo el rezo del rosario y haciendo una vibrante alocución. Tiempo después, durante su detención en Krasic, después de la cena, Stepinac preguntaba siempre al Sr. cura: "¿Tiene aún un ratito para rezar el rosario? ¡Nuestra única esperanza está en este ruego!". Stepinac consideraba que si se lograba introducir en las familias la costumbre de rezar un rosario se habría dado un gran paso adelante para la resurrección de las almas. "¡Mi padre oraba cada día junto a todos nosotros. Esto quedó grabado en mi alma!", afirmaba, recomendando orar cuanto fuera posible.
Predicador
Siempre preparaba sus sermones y homilías por escrito. Después de su muerte se encontraron 51 sermones para todos los sábados del año, 31 para el mes de mayo, 49 relativos a las letanías de la Santa Virgen, 11 acerca del "Magnificat", 28 alocuciones relativas a los milagros de Lourdes, además de una gran cantidad de homilías de domingo.
En 1944, en el momento de la Cuaresma, Mons. Stepinac escribió sobre el culto debido a la Santa Virgen. Explicaba allí a los fieles las razones y la forma de rendirle homenaje, pues la Virgen María puede interceder tanto por el bienestar en la tierra como por el bienestar eterno.
Stepinac poseía una gran fuerza, tan preciosa y tan necesaria para luchar contra el caos de la vida cotidiana "para resistir" y sobrevivir. Sucedía a veces que al final de sus sermones, los fieles aprobaban y aclamaban a su Arzobispo en voz alta durante la Misa, lo que no era habitual en las iglesias de Croacia.
¿Por qué tenía tanta influencia? ¿Por qué provocaba tanto entusiasmo? Seguramente no se debía a la forma en que predicaba; no tenía ese don particular del orador que puede seducir a las multitudes. Predicaba tranquilamente, a veces severamente, con gran dominio de sí.
Tampoco empleaba grandes frases elegidas, agradables y placenteras al oído. A pesar de esto, tanto los campesinos como los intelectuales degustaban sus palabras, intentando incorporar a sus vidas el buen ejemplo de su pastor. Sus frases eran cálidas pero duras. Sus palabras que eran tan claras como agua de manantial, reflejaban su rectitud y evitaban todo compromiso o ambigüedad frente al Dios vivo. Se lo escuchaba, se percibía en su rostro el reflejo de su vívida y profunda fe, logrando así obtener una respuesta de todos aquellos que lo escuchaban. Sus alocuciones abordaban también temas de actualidad.
A menudo, Mons. Stepinac utilizaba comparaciones y tomaba imágenes de la vida de la naturaleza o de la vida de los campesinos. Por ejemplo la abeja o la mariposa que tienen a su disposición una misma flor, pero que no la aprovechan de la misma manera. Así los hombres que tienen el mismo conocimiento de Dios, no saben utilizarlo de la misma manera. Una horda de animales salvajes le servía de ejemplo de la contradicción humana. El odio entre las personas es como una mala hierba que envenena todo un campo. Un naufragio era la imagen del pecado. Y muchas más. El Arzobispo predicaba también la penitencia en reparación de las impurezas y de la "peste blanca" que es el aborto. Exhortaba a un cambio de vida radical. Consideraba que la crisis moral y material de la gente tenía diferentes causas: la avaricia, el abuso de bebidas alcohólicas, el dinero, la ambición de poder y de honores.
"Las parejas casadas no respetan más los deberes conyugales; se practica el adulterio, no se ocupan de los hijos, en una palabra, se hace cualquier cosa para borrar el nombre de Dios de la faz de la tierra. Se destruyen todos los valores morales. Entonces, no es sorprendente, continuaba Stepinac, que Dios se dirija ahora a las multitudes por el único lenguaje que pueden comprender... ¡el caos sobre la tierra, el horror de la guerra, la destrucción de todo! ¡Este es el fruto de un inmenso egoísmo! ¡Ojalá comprendamos esta advertencia antes de que sea demasiado tarde! Por todas estas razones, la Iglesia católica no puede estar de acuerdo ni con el liberalismo, ni con el marxismo ateo. Es necesario que el proletariado y aquellos que lo explotan vivan en la fe para que la vida mejore."
Mons. Stepinac proclamó al año 1942, año de penitencia, de retorno de la humanidad toda a Dios; la humanidad encontrará entonces la paz, el bienestar y la satisfacción que busca.
Es el camino más rápido y el único a seguir para que Dios ayude a los hombres a utilizar su libertad en pos de una vida mejor.
"Los hombres íntegros no se arrodillan delante del demonio de la mentira", afirmaba el 28 de noviembre de 1940. De todas formas la victoria está del lado de Dios. Recordaba continuamente a sus fieles el gran valor que tenían los peregrinajes, sobre todo a Marija Bistrica. Justamente, en 1944, durante un peregrinaje de pobladores de Zagreb a este destacado lugar mariano, clamó desde el fondo de su alma, a la Madre de Dios:
"¡Perdónanos! ¡Consuélanos! ¡Ayúdanos!". Mons. Stepinac pasaba gran parte de su tiempo redactando o traduciendo. Durante su detención en Lepoglava, redactó y tradujo 17 vidas de Santos y preparó gran cantidad de predicaciones tanto sobre la vida de los santos como sobre los más variados temas: la Santa Virgen María, San José, homilías sobre el Evangelio... Preparó también esquemas de sermones para que los sacerdotes que no tuvieran demasiado tiempo para prepararlos, los utilizaran.
En 1945, en Krasic, preparo sus sermones inspirándose principalmente en la Biblia, intentando adaptarla al lenguaje de la población campesina del lugar. Sólo lamentaba no haber podido comenzar antes con este trabajo. "¡Qué tesoro oculto!, decía, ¡Qué riqueza! ¡Cada palabra, cada nombre tienen tanta significación! ¡Es una fuente inagotable! ¡Qué lástima que tantos adeptos a las sectas deformen y propaguen una mala interpretación de la Biblia!". Ni los malestares, ni las enfermedades le impidieron predicar en Krasic. Hubiera sido necesario, por razones de salud, que paseara más... Amaba tanto estos paseos en media de la naturaleza con la cual comulgaba intensamente. Pero, a menudo prefería quedarse preparando sus sermones, diciendo simplemente: "¡Esto es más importante!".
Dado el gran valor de las predicaciones del Cardenal Stepinac, sería interesante hacer un estudio profundo y meditar sobre ellas. Todos aquellos que lo han escuchado coinciden en declarar que sus predicaciones han tenido gran influencia sobre los fieles a quienes ha marcado profundamente. La fuerza del alma y el optimismo del Cardenal eran contagiosos: su auditorio extraía de allí la fuerza necesaria para sostenerse en medio de la tormentosa vida de aquella época.
El Buen Pastor
Mons. Stepinac ofrendó su vida como ejemplo. Cuando era estudiante en Roma, ya tenía la intención de entrar en la Orden de los Cartujos. Si no lo hizo, fue porque el Arzobispo Bauer no se lo permitió. Tiempo después, como Arzobispo Coadjutor, entró en la Tercer Orden de San Francisco de Asís, abrazando así la humildad de esta Orden y rogando a San Francisco que lo ayudara a cargar con el duro peso de sus obligaciones pastorales. Esto ocurrió en 1934, en forma pública, ante sus fieles, para dar el ejemplo. Su vida entera se desarrolló bajo el signo de la humildad profunda y de una profunda caridad.
Sostén de las comunidades religiosas
Mons. Stepinac sentía un gran aprecio por las comunidades religiosas en las cuales las personas están completamente consagradas a Dios. Velaba por aquellos que tenían a su cargo la mayor cantidad de iglesias y conventos. Se interesaba también y velaba por el progreso espiritual de los religiosos y religiosas.
A principios de siglo, había en Zagreb sólo un convento de franciscanos y otro de jesuitas. Mons. Bauer había establecido allí, además, cinco conventos de diversas Ordenes o Congregaciones, a los cuales confió cinco nuevas parroquias. Por iniciativa de Mons. Stepinac, este número fue aumentado a trece con cerca de 120 religiosos de los cuales, 20 eran profesores de religión. Esta actividad se extendió también hacia las otras regiones de Croacia.
En las escuelas privadas mantenidas por las Hermanas, se tomó gran cuidado de la formación religiosa del cuerpo docente, dándoles cursos a cargo de profesores de la Facultad de Teología de Zagreb. Stepinac ayudaba financieramente a estas escuelas al igual que a numerosos conventos y monasterios femeninos.
En enero de 1945, viendo la confusa situación política, envió una circular a todas las religiosas, explicándoles cómo reubicarse fuera de los conventos en la vida civil, si las Congregaciones eran disueltas o se suprimían los conventos. Lamentablemente fue lo que ocurrió con numerosos conventos, como consecuencia de la supuesta "liberación" comunista. Pleno de comprensión, como siempre, Mons. Stepinac decía respecto del error humano en el que cualquier hombre puede caer: "Allí donde se construye una casa, hay polvo. También hay polvo cuando se construye una Iglesia. Cuando la gracia de Dios comienza a entrar en el alma, puede encontrar allí errores. Pero esto no debe ser una razón para detenerse, pues no hay en la tierra un hombre tan tonto que no pueda llegar a una sólida pureza de alma y a un alto grado de gracia si él está munido de buena voluntad; quien quiere, puede". A menudo se dirigía a las religiosas para alentarlas. Como consideraba a los conventos contemplativos como oasis de oración y sacrificio que atraen la gracia de Dios sobre todo el pueblo, hizo construir cerca de Zagreb, en Brezovica, un convento para las Carmelitas. Durante todo el tiempo de la construcción, vigiló de cerca los trabajos, poniendo manos a la obra el mismo y bendiciendo los ladrillos. Stepinac solía decir: "Las oraciones son las puertas abiertas por donde Dios otorga su gracia. Si se le cierran las puertas ¿Qué nos queda?".
En abril de 1944, cuando los trabajos estuvieron terminados, el Arzobispo Stepinac, con el rostro radiante, bendijo el nuevo convento. Repetía que la obra de su vida consistía sobre todo en la apertura de nuevas parroquias, y ante todo, de aquellas que le eran particularmente caras: las Carmelitas.
Dio a las Carmelitas una gran estampa en el dorso de la cual había escrito su deseo: que ellas contribuyeran con todas sus fuerzas, a través de sus oraciones, a la renovación religiosa del pueblo croata: "que todos, sacerdotes y fieles, estén plenos del Espíritu de Dios".
En el inicio de la segunda guerra mundial
Después del "Anschluss" de 1938 por el cual Alemania anexó Austria, y después del pacto de no agresión firmado entre Hitler y Stalin el 23 de agosto de 1939, los alemanes perpetraron la agresión contra Polonia. En 1940 se producirá la invasión a Bélgica y Francia. Jóvenes intelectuales croatas con Ante Pavelic a la cabeza, impulsaban el proyecto de una Croacia independiente. Necesitaban para concretarlo un fuerte apoyo; a falta de otro, se inclinaron hacia Mussolini y la Alemania de Hitler.
Hitler prometió Salónica a Belgrado, si Yugoslavia entraba en el pacto, lo que Yugoslavia concretó efectivamente el 25 de marzo de 1941 (9).
Este hecho provocó gran descontento en todos los sectores. El gobierno de Belgrado fue obligado a dimitir el 27 de marzo de 1941. Un nuevo rey, Pedro II tomó el poder. Pero Berlín consideró este hecho como una provocación y atacó Yugoslavia el 6 de abril de 1941. La guerra duró sólo diez días pero, a causa de los bombardeos, fue devastadora. Hitler quería compartir Yugoslavia con los húngaros y los italianos (10).
Estado croata independiente
Cuando Pavelic fue puesto al corriente, elevó una protesta ante Mussolini. Este último pidió inmediatamente, por teléfono, a Hitler, que permitiera la creación de un Estado Independiente de Croacia. En compensación, Mussolini reclamó "derechos" sobre Dalmacia. Aunque Pavelic quería la unidad de todos los países croatas, tuvo que ceder ante Mussolini. El nuevo Estado fue proclamado el 10 de abril de 1941. Hitler estaba interesado en Croacia desde el punto de vista estratégico, por ello, nombró en Croacia a uno de sus generales, que simpatizaban con el Estado Independiente de Croacia.
Los italianos continuaban reclamando derechos sobre la costa dálmata y, en ese sentido, Alemania firmó, a través de la persona de este general, un contrato con Italia en mayo de 1941. El 22 de junio, el Reich atacaba a la U.R.S.S. sin declaración de guerra. Durante esta guerra entre Alemania y Rusia, Croacia se convirtió en un campo de batalla: los serbios, organizados en agrupaciones de Tchetniks y comandados por Draza Mihailovich, ocuparon Montenegro desde donde atacaron varias regiones croatas, particularmente Bosnia y Hercegovina y allí se dedicaron a robar y asesinar a los croatas, tanto fueran católicos como musulmanes. A la defensa de los croatas, los serbios respondían con mayor saña. Se desató así la guerra.
En este momento los Partisanos comunistas se organizaron como guerrilla en torno de Tito, tomando partido por los Aliados. Los partisanos comenzaron a matar a los alemanes pero éstos respondían matando diez civiles croatas por un alemán. Estas represalias provocaron la huida intempestiva de muchos hacia la guerrilla. El pequeño Estado Croata que estaba en el alba de su independencia, se debatía ya en medio de una guerra civil: la traición se condenaba cruelmente entre los soldados, aquellos que saqueaban sufrían la venganza. Estas calamidades golpearon también a las tropas de ocupación italianas, alemanas y húngaras al igual que a los serbios e incluso a los partisanos comandados por Tito. Este, con la ayuda de los Aliados, organizó la represión. Tito proyectaba organizar un nuevo Estado comunista, la República Yugoslava, pero convenció a los Aliados, asegurándoles que querían liberar el país y organizar posteriormente elecciones libres.
(9) Cf. Andreas Hillgruber: Las entrevistas secretas de Hitler, Fayard, París, 1969, pág. 495.
Relaciones con la Santa Sede
En ocasión de su audiencia con el Santo Padre en mayo de 1941, Ante Pavelic había pedido al Papa que reconociera al Estado Independiente de Croacia, y que enviara allí a un representante diplomático. El Papa había rechazado este reconocimiento precipitado a causa de la guerra; pero descartada la cuestión política, rindió homenaje a la fidelidad del pueblo croata con la Iglesia y se comprometió a enviar, en principio, un Visitador Apostólico. El Santo Padre previno a Mons. Stepinac de esta visita a fin de que él tomara sus recaudos para recibir a su enviado. Así, en agosto de 1941, el Abate benedictino de Monte Vergine, Italia, Dn. Giuseppe Ramiro Marcone, legado del Papa, y su secretario Dn. Masucci, llegaron a Zagreb. Mons. Stepinac señaló en sus notas que hubo en esto por parte de la Santa Sede un reconocimiento" de facto" del Estado Independiente de Croacia pero no aún un reconocimiento "de jure" (11). Los enviados del Papa Pío XII ayudaban a los católicos informándose, aconsejando y diciendo la verdad con claridad.
Dn. Masucci tenía al día su horario, testimoniaba allí su amor sincero por el pueblo croata y su profunda sorpresa ante la generosidad y el sentido religioso del mismo. Pero la situación política continuaba siendo compleja. El legado del Papa, Dn. Marcone, no regresó a Roma hasta julio de 1945. Dn. Masucci abandonó Zagreb el 20 de marzo de 1946. Al concluir sus anotaciones de viaje, escribió: "¡Zagreb! ¡Mi campo de batalla! ¡Adiós o hasta luego ciudad desgraciada!".
En los archivos del Vaticano están depositados todos los informes y documentos concernientes a este período. Consultándolos, se descubre que los hechos y los gestos del Arzobispo Stepinac aparecen con una luminosidad particular (12). Herido en lo interior y en lo exterior, el pueblo croata se ahogaba bajo la presión de una guerra cuya salida aún era desconocida. El malestar era general.
Monseñor Stepinac, defensor de los derechos del hombre
En este período Mons. Stepinac, profundizando su vida espiritual y potenciando su fuerza en las verdades de la Fe, observaba los acontecimientos a la luz de Dios y evitaba cualquier toma de posición política. Un sacerdote que había estado con Aloysius Stepinac en la Universidad Gregoriana de Roma, escribió que consideraba a Stepinac como un hombre de gran entereza, de una vital y profunda fe en Dios, alma de su vida y su trabajo de pastor, al igual que de sus luchas por la defensa de los derechos de Dios. Dios otorgó su luz a Stepinac para permitirle ver, descubrir las intenciones de los enemigos de la Iglesia. Sin ser polémico por naturaleza, lo fue por necesidad. Su carácter y comportamientos eran enérgicos. Vivía la fe católica, o mejor, la fe era su vida. La fe lo iluminaba y le permitía distinguir la verdad del error. Además, su gran modestia contribuía a inspirar sus reacciones en el engranaje de una Croacia sojuzgada y humillada.
En uno de sus discursos, en 1939, en ocasión de la inauguración del hogar: "Gospodarska sloga" en Zagreb, remarcó: "Cristo... sabía bien, frente a todas las acusaciones, que más allá de los bienes materiales que dividen a la gente, existen valores más preciosos que la unen. Sabía que puesta al servicio de estos valores la muerte misma es más útil que la vida.
Sabía que en lo profundo del alma humana, se oculta una sed de verdad y de bien, la necesidad de apoyarse en alguien, en algo, que como una estrella luminosa, expandió su luz más allá de las agitadas olas de las contradicciones humanas, y en el seno mismo de los desgarramientos y las tempestades de las pasiones excitadas". De acuerdo a los testimonios de sus seres cercanos, Mons. Stepinac no hacía jamás política. En 1941, en el momento en que todos esperaban que los alemanes liberaran Croacia, Mons. Stepinac no estaba en absoluto tranquilo. Afirmaba que no se podía esperar una Croacia libre de una Alemania atea, que había que desconfiar de Hitler cuando prometía una Croacia independiente.
En las Pascuas de 1941 el tema de su sermón fue: "Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, danos la paz". Esta paz que tanto se esperaba, que tanto se deseaba para todo el pueblo croata, esta paz que era su derecho primordial, porque, junto con la libertad es un don de Dios. Durante aquellos años de guerra, los medios de transporte eran inseguros e irregulares, cuando no imposibles, por tanto, las Conferencias Episcopales sólo pudieron llevarse a cabo en tres oportunidades y con un número bastante restringido de Obispos. Lo mismo ocurría con las comunicaciones postales, que eran muy inciertas. Por ello, todas las responsabilidades recaían sobre Mons. Stepinac y sobre sus declaraciones. El era el representante real de la Iglesia católica para Croacia toda. Consciente de esta situación, jamás calló y defendió con ardor los derechos de los hombres, de aquellos que pedían su ayuda.
(11) Cf. Fikreta Jelic- Butic: Ustase i NDH, 2da. ed. Liber, Zagreb, 1978, pág. 217.
(12) Cf. Capítulo XII: Pedido de intervención en favor de 200 huérfanos judíos.
Actividad caritativa del Arzobispo
A partir de 1936, Hitler había comenzado a perseguir a los "no arios" quienes huían, exiliándose cada vez en mayor número en el sur. La mayor parte llegaba a Zagreb. Mons. Stepinac había garantizado la seguridad de los ancianos judíos en su propiedad en el campo y había organizado la ayuda a todos los necesitados y enfermos, sin distinción de raza o religión. (Ver testimonio de Georges Desbons, cap. XXII).
El año 1939 estuvo marcado por grandes inundaciones (Samobor, Karlovac, Nova Gradiska, Ogulin, y otras ciudades); a las que se han agregado las hambrunas en Dalmacia, durante los años de guerra. Generosamente, Mons. Stepinac procuraba ayudar sin descanso: "Dar de comer a los que tienen hambre, abrir la casa a quienes no tienen ya hogar, vestir a los que no tienen ya ropa, es uno de los primeros, uno de los más grandes actos de caridad y de los más agradables ante los ojos de Dios", afirmaba Stepinac.
En una circular de 1945, instituyó "el domingo de la caridad católica", para ayudar a aquellos que se encontraban en la miseria a causa de la guerra. Aquel día se recolectaba lo que la gente podía dar en alimentos para otros.
Ayuda a los ortodoxos, a los judíos y a los eslovenos
Fundada por Mons. Stepinac, "Caritas" distribuyó gratuitamente y sin distinción de raza o religión, vagones de alimentos entre los hambrientos. Aunque con dificultades, logró obtener la autorización de reunir a todos los pequeños niños que habían quedado sin padres ni hogar en los campos. Stepinac los ubicaba en las casas de familias dispuestas a albergarlos mediante el cobro de una pensión que Stepinac tomó completamente a su cargo.
Logró instalar cerca de 80 de estos niños en el castillo de Brezovica, propiedad del Arzobispado, y confió a las monjitas de Notre Dame su cuidado. A menudo iba a ver a estos chicos y estos pronto lo adoptaron y lo amaron. Así, desde 1942 a 1944, salvó del hambre y de la muerte a 6.717 niños, de los cuales alrededor de 6.000 era descendientes de ortodoxos o de padres que se habían incorporado a los "partisanos" de Tito.
Cientos de familias de Zagreb participaron así de esta obra de amor de los croatas católicos hacia todos los niños sin distinción. Esta inmensa cantidad de niños salvados por Mons. Stepinac fue la obra más meritoria realizada en tiempos de guerra. En 1943, Stepinac organizó una cantina para los sacerdotes. Esta era frecuentada por más de 30 sacerdotes, entre los que se encontraban profesores de religión y sacerdotes ya jubilados.
Daba audiencias, a menudo prolongadas, a todas las personas que tenían problemas, los consolaba, buscando junto a ellas las soluciones. Nunca se mostraba cansado, recibía a todo el mundo, modestamente, siempre dispuesto a hacer hasta lo imposible por ayudar. En el inicio de la guerra, las audiencias eran solicitadas, sobre todo, por los ortodoxos y los judíos puesto que eran los más expuestos a la persecución. Stepinac siempre los ayudaba con entereza, pero sus intervenciones no eran muy bien vistas por el gobierno.
Cuando Ante Pavelic ordenó tomar represalias contra los serbios, Mons. Stepinac hizo de todo para defenderlos o salvarlos de la muerte. Logró así salvar a miles de personas de la muerte. Escribió muchas veces a Pavelic diciéndole que no tenía derecho a actuar así, para vengarse de veinte años de inhumana dictadura serbia intentando despertar su sentido humanitario. Siempre hizo lo posible para mitigar el dolor de los desdichados. Muchas veces, pidió autorización a Ante Pavelic para que los sacerdotes pudieran entrar en los campos para asistir a los moribundos y a los que los reclamaban. Stepinac solicitó también a Pavelic que intentara paliar la situación de los prisioneros, permitiendo que "Caritas" de Zagreb distribuyera provisiones al menos en Navidad. Desde que los alemanes invadieron Croacia, comenzó a sentirse la dura mano del nazismo, especialmente por la primera ley para los judíos, quienes debían llevar un brazalete con la estrella amarilla. En vano el Arzobispo reclamaba, protestando ante esta injusticia.
Sometido a la voluntad de alemanes e italianos, Pavelic ejecutaba ciegamente sus órdenes. Mons. Stepinac logró, al menos, evitar que se disolvieran los matrimonios mixtos hasta fines de la guerra. Desde que las tropas de Hitler ocuparon Eslovenia, la Gestapo, adversaria de la Iglesia Católica y de los pueblos eslavos, comenzó a eliminar a los sacerdotes, a los religiosos y religiosas, quienes fueron a refugiarse a Croacia. Mons. Stepinac dio refugio a 300 sacerdotes eslovenos en su presbiterio y comprometió a sus colegas del Episcopado a refugiar a otros tantos.
Por su amor completamente evangélico por el prójimo, superó largamente lo que su deber como Arzobispo le exigía. Este amor por la humanidad le acarreó problemas en Zagreb, donde estaban instalados los alemanes, la Gestapo y sus subordinados.
El problema de los "rebautizados"
Por circular del 30 de abril de 1941, el gobierno del Estado Croata Independiente obligaba a los ortodoxos a convertirse a la religión católica. Mons. Stepinac se oponía a esta arbitrariedad: la gente debía decidir por sí misma, con plena conciencia, después de haber comprendido el sentido de la fe católica, gracias a la explicación que los sacerdotes daban del catecismo.
Después de la Conferencia Episcopal que se llevó a cabo desde el 16 al 20 de noviembre de 1941, los Obispos, por intermedio de Mons. Stepinac, dirigieron un memorandum a Pavelic en el que le exponían el punto de vista de la Iglesia católica respecto de esta espinosa cuestión. Este memorandum coincidía plenamente con las declaraciones precedentes del Arzobispo Stepinac. Los Obispos rechazaban el pretendido derecho de las autoridades civiles a tomar decisiones en este aspecto. Mons. Stepinac puso al corriente de este memorandum al Santo Padre, quien lo autorizó.
Pero grande fue el descontento provocado en medios oficiales; se llegó a hablar, incluso, de arrestar a Mons. Stepinac. Dada la situación política, este memorandum era un acto de coraje, por su apelación al respeto de los derechos, de las propiedades y de la libertad de los serbios que habitaban Croacia.
Una historia objetiva no puede desconocer estos hechos. Como el gobierno continuaba presionando a los ortodoxos para que se convirtieran al catolicismo por vías irregulares, en 1941, Mons. Stepinac envió a los sacerdotes instrucciones confidenciales, pidiéndoles que facilitaran la conversión, aunque ésta sólo se realizara con el objeto de huir del peligro mortal; agregando que los ortodoxos o los judíos podrían retomar su religión, cuando el peligro hubiera pasado: "Como lo he explicado anteriormente, un pueblo forma su religión en el curso de los siglos; no se puede, en un día, cambiarlo ideológicamente, es necesario respetar este antecedente psicológico".
Frente al nazismo
Si quisiéramos estudiar los sermones o las predicaciones de Mons. Stepinac, deberíamos transportar nuestro espíritu al medio en el que vivió el Arzobispo. Su vida era completamente evangélica, a pesar de vivir en medio de dos tendencias revolucionarias contrarias al catolicismo: el nacional-socialismo alemán que recurría a los peores atropellos para "preservar" la supuesta raza alemana, y el comunismo con su agresivo ateísmo.
Para Mons. Stepinac, las principales cuestiones de su época que era necesario resolver se resumían en las siguientes: En principio, si es natural que se ame el pueblo en el cual se ha nacido, un católico puede y debe amar a su pueblo y a su patria. El catolicismo no destruye la ley natural, la perfecciona y la ennoblece. Cristo mismo habló en principio a su pueblo, Israel. El canto del Magnificat manifiesta el amor espiritual de la Madre de Dios por su pueblo. La fe católica enseña al pueblo croata la honestidad. Durante siglos rechazó, al precio de numerosas víctimas, a los turcos y a otras invasiones o herejías. En cuanto a la libertad, puede ser utilizada en provecho del hombre, pero para ello, el hombre debe liberarse en principio interiormente, para acercarse a la libertad de los hijos de Dios y respetar la moral, la justicia y la honestidad. Una libertad que no está regida por la ley evangélica, está llamada a desaparecer y no tiene posibilidad de exisitir. Nunca se ha hablado tanto de la libertad como en tiempos de la Revolución Francesa... Y sin embargo, Mme. Roland llegó a decir: "¡Oh Libertad, que de crímenes se cometen en tu nombre!".
Cristo dijo: toda persona que está por cometer un pecado, es esclavo de ese pecado. El nos ha dado el conocimiento del bien y la capacidad de cumplirlo. Mons. Stepinac agregaba: "Si queremos ver días mejores en el futuro, la primera regla que debemos cumplir es rendir a Dios el respeto que le es debido, con humildad; este es el único camino para alcanzar la paz". Y en ocasión de un peregrinaje a Marija Bistrica, habló también de las relaciones con el prójimo, relación que ha sido maravillosamente ilustrada por Jesucristo con la historia del Buen Samaritano.
"Sin amor todo se destruye, nada sólido puede ser establecido, pero allí donde reina el amor, éste brinda la fuerza para soportar las grandes cargas de la vida a pesar de todos los obstáculos".
La ley de Nüremberg contra los judíos se impuso en Croacia. El 14 de marzo de 1943, Mons. Stepinac decía en la Catedral: "Uno de los más grandes errores de nuestro tiempo, consiste en que el valor de la persona humana ha bajado a cero. En todo el mundo se pisotea el respeto por la persona humana. Incluso el más ardiente defensor del materialismo siente en lo más profundo de sí, que ha nacido para algo más que su perro o que la rueda de una máquina. Así todos, sin distinción de raza, nación u otras diferencias, lleva en sí el sello del Dios Creador y tiene sus propios derechos que no pueden ser conculcados ni limitados por la fuerza".
Pío XII afirmaba: "Debemos reconocer y respetar la dignidad humana que nos ha sido dada a todos por Dios". La violación de los derechos del hombre sólo acarrea graves consecuencias; por el contrario la Iglesia Católica defiende los derechos esenciales del hombre. Mons. Stepinac, al hablar con jóvenes universitarios sobre la posición de la Iglesia Católica sobre la teoría nazi de las razas, rechazaba este punto de vista injusto, que se arraiga en pasiones malsanas... De todas formas, decía, con la muerte, todas las diferencias de raza se desvanecen. Una de las reglas de la Iglesia es: "Lo que tú no quieres que te hagan, no lo hagas a tú prójimo".
Elevó su voz en la lucha contra el racismo y el nazismo atacándolos severamente en una predicación el 25 de octubre de 1942. Luego de su prédica, los fieles se acercaron a agradecerle que hubiera logrado tocar el fondo de sus almas hablando de esta forma. El 31 de octubre de 1943, al finalizar la procesión de penitencia, Stepinac elevó su voz contra los atentados a la moral, contra los ataques contra Dios; y habló del mal que se incrusta por todas partes: "Y sin embargo, decía, ¡el alma humana bella y límpida es tan agradable a Dios!. Los pecados reclaman venganza al cielo. No se puede forzar a nadie a actuar según las leyes de Dios, pero cada hombre cuenta con una voluntad libre y responderá algún día por sus actos. La Iglesia invita a la observancia de los diez mandamientos de Dios, a guardar fidelidad con la conciencia en cada acción, pues la conciencia es la voz del Dios vivo. A los padres, a los superiores, y a la patria, les debemos amor, obediencia, y si es necesario, sacrificio. Nuestro prójimo, cualquiera sea su nombre, es el libre hijo de Dios, nuestro hermano en Jesucristo. Por ello debemos respetar sus derechos a la vida, a la propiedad y a la dignidad humana. Este caos terrible que vivimos es un castigo merecido por todos aquellos que desprecian el Evangelio de Cristo. Y si la humanidad no quiere reconocer la autoridad de Dios, seguramente el castigo divino será más severo".
Este sermón que era también una acusación al nacional-socialismo alemán, a su moral de razas, provocó la cólera de los personajes poderosos de Croacia. Se amenazó con la cárcel a Stepinac. Pero éste continuó levantando su voz contra los crímenes de la guerra cada vez que se presentaba la ocasión.
Frente al comunismo
Mucho antes de que Croacia sucumbiera al poder de las ideologías materialistas, Mons. Stepinac había expuesto a los fieles los principios católicos. En agosto de 1940, ya recordaba cómo en el curso de los mil trescientos años del pasado croata, muchos eran los que habían intentado robar al pueblo, sacarle pedacito a pedacito todo el país; pero, agregaba Stepinac, a pesar de todo, los croatas se mantuvieron espiritualmente ricos pues supieron conservar su santa Fe.
"Los principios de la Iglesia Católica no pueden estar de acuerdo con el comunismo. En principio porque el objetivo del comunismo es la destrucción de la religión: quiere arrancar el alma a su Dios; además, la doctrina comunista reduce al hombre a la pobreza de su vida terrenal, pues sin ideales religiosos, el hombre pierde también el sentido de la patria y de la vida. La vida sin Dios es un infierno. Un proverbio del pueblo croata dice: "Si alguien planta calabazas con Satán, las calabazas acabarán por partirse sobre su cabeza". Cristo, el Salvador dijo: No teman a aquellos que matan el cuerpo, pues ellos no pueden matar el alma, pero temed a aquellos que puedan hacer caer el alma y el cuerpo en el infierno".
El 31 de octubre de 1943, el Arzobispo Stepinac expuso en Zagreb la posición de la Iglesia Católica respecto del comunismo: "La Iglesia Católica ha sobrevivido a una gran cantidad de regímenes y de estados. No puede estar de acuerdo con el sistema que quiere sacarle al campesino su tierra, al artesano su casa, al particular su propiedad ganada con el sudor de su frente, al obrero el fruto de su trabajo, y a todos los hombres su alma. No puede estar de acuerdo con el sistema que rechaza la enseñanza del catecismo incluso para los niños pequeños. Pues, si el mundo entero fue hecho por Dios, y lo ha sido, hay que respetarlo en toda la vida pública. El mundo no es el resultado del azar, pues el azar es el dios de los locos".
Para concluir una serie de conferencias espirituales dirigidas a la juventud universitaria, en marzo de 1943, Mons. Stepinac comenzó contando la historia de Diógenes, filósofo griego que caminaba a plena luz del día por Atenas con una linterna y a aquellos que le preguntaban que buscaba, él respondía: "¡Busco un hombre!". Hasta los más bellos programas se desvanecen si no se sabe bajar humildemente la cabeza ante el Creador del mundo. La responsabilidad de los jóvenes no ha sido nunca tan grande como hoy. La sociedad de antaño conocía al menos el respeto por la familia. La nueva sociedad se adora a sí misma hasta lo repulsivo en lo que ella cae al favorecer las oportunidades de acoplamientos casi animales, carentes de dominio de sí. La sociedad de antaño reconocía al menos un cierto derecho a los hombres, la sociedad moderna sólo conoce la fuerza como fuente única del derecho".
Permanezcamos íntegros
El 24 de noviembre de 1940, Mons. Stepinac alentó a los cristianos a rechazar la vileza de las teorías modernas. El espíritu del tiempo niega todo autoridad; de acuerdo a esto, no hay verdad que supere el espíritu humano, no hay vida de ultratumba. No hay diferencia entre el bien el y el mal, la verdad y la mentira. De esta falta de fe proviene la lucha encarnizada contra la Iglesia católica, la negación de la autoridad paternal, los divorcios, el amor libre, el desprecio del Nombre de Dios. De allí también surgen, como consecuencia lógica los suicidios irreflexivos que los locos aceptan como actos de coraje...
El eremita Antonio dijo a sus discípulos: "Llegará el tiempo en que la gente se volverá loca; cuando vean a alguien que aún no lo está gritarán: ¡al loco! ¡al loco! ¡gritarán sólo porque este hombre no estará loco como ellos!. Hagan el esfuerzo, pedía el Arzobispo, por no ser frágiles como los rosales agitados por el viento. Permanezcan firmes y decididos, aún cuando haya que morir por la verdad. Nada sobre la tierra puede reemplazar las magníficas leyes del Creador. El sacramento del matrimonio no puede ceder su lugar al amor libre, no hay que arrodillarse frente a las mentiras del espíritu presente que de todas maneras, va a pasar como la hierba en los campos de los que hablan las Escrituras, como han pasado las guerras y las revoluciones... y esto ocurrirá al menor gesto de Dios, eterno vencedor. Está escrito: "Yo soy el Señor y no hay otro". ¡Permanezcamos de pie, nos dice la cordura! ¡Permanezcamos de pie, cerca de Dios que es el Señor del presente, del pasado y el futuro, lo creamos o no!".
Ese mismo año, en ocasión de la celebración del Congreso Eucarístico en Cazma, Mons. Stepinac habló del mal que se instala tornando a la gente débil y despreciable, y estos adhieren a la fe según las circunstancias o el provecho. Estos débiles no se atreven a decir sí o no cuando es necesario, pero intentan "bailar con los dos pies", deseando a la vez tener dos patrones, Dios y Satanás. Pero Dios parte y Satanás acaba por tomar posesión del hombre, como sostiene San Agustín.
A principio de 1943, Mons. Stepinac habló también en este sentido a los catequistas de Zagreb, atrayendo su atención sobre la importancia de un carácter bien templado.
El 26 de octubre de 1941, en ocasión de una predicación para la fiesta de Cristo Rey, el Arzobispo se rebeló contra los sentimientos de odio y de venganza, que se adueñaron durante la guerra.
"Es necesario reconocer a Cristo no sólo cuando enseña a amar a sus padres, sino también cuando enseña a amar a sus enemigos, pues no se lo puede dividir, sino que debe reconocérselo por entero: Quien no está conmigo está contra mí. El amor hacia el prójimo sin distinción lejos de despertar toda pasión de odio que destruye al mundo, es indispensable para permanecer siendo verdaderos discípulos de Cristo".
En 1942, en San Pedro, Mons. Stepinac protestó también contra la presión ejercida sobre los ortodoxos para que se convirtieran al catolicismo: "Dios es testigo de que estamos contra toda opresión", afirmaba. En la misma ocasión, protestó contra la orden del gobierno por la cual se impedía publicar los discursos del Papa en la prensa, argumentando que el Papa estaba en contra del pueblo croata. Mons. Stepinac defendía al Papa, quien por otra parte no estaba contra el pueblo. Estos injustificados rumores provenían de diferentes fuentes del exterior.
Además decía Mons. Stepinac, una de las plagas de nuestro tiempo, es ser doble en la propia fe: se es católico en la iglesia y, en la calle se ataca al catolicismo. ¡Se es o no se es católico! Si somos católicos, debemos mostrar nuestras convicciones en todas nuestras conductas y en toda nuestra vida.
Monseñor Stepinac en Roma, ad limina
El 26 de mayo de 1943, el Arzobispo Stepinac viajó a Roma para la visita ad limina. En ocasión de esta visita oficial, encontró allí al escultor croata Ivan Mestrovic a quien confió que llevaba al Vaticano, una importante documentación, con pruebas de apoyo de los crímenes nazis y fascistas de los cuales se acusaba, con una intención muy precisa, a los croatas y a los ustachis. Una copia de esta documentación había sido enviada a Myron Taylor, representante de Roosevelt ante la Santa Sede.
- ¿Por qué no envió estos documentos con su secretario? preguntó el escultor. - No he querido hacerlo, respondió el Arzobispo, porque pienso que si tengo el derecho de arriesgar mi propia vida, no puedo arriesgar la cabeza de otros. Estoy seguro de que me matarán, si los nazis descubren que soy portador de este expediente. La situación en aquel tiempo se había vuelto intolerable en Croacia, a causa también de los sangrientos ajustes de cuentas entre los ustachis y los tchetniks que en consecuencia lograban provocar un odio siempre creciente y siempre renovado entre croatas y serbios. Sin embargo, Mons. Stepinac dijo a Ivan Mestrovic que había muchos serbios generosos que no se habían enfrentado contra los croatas y él tenía pruebas de ello.
Por ejemplo, un día, Stepinac había recibido la visita de un oficial serbio, quien le dijo:
"Fui enviado por el General Mihailovic a llevar una carta al General italiano establecido en Zagreb... Después de haber sido acompañado, debí esperar cuatro días en el hotel Esplanade. Cansado de esperar, decidí abrir la carta y, al leerla, enrojecí de vergüenza y decidí no llevarla a su destinatario y traérsela a Ud., Monseñor... ¡Qué sea conservada para la historia! ¡En cuanto a mi, no me importa lo que me suceda...!".
- ¿Recuerda el contenido de esa carta, Monseñor? preguntó Ivan Mestrovic.
- Por supuesto, recuerdo cada palabra. Mihailovic, jefe de los tchetniks, realistas serbios, proponía a los italianos una colaboración más estrecha dado que sus objetivos eran idénticos: "Vuestro objetivo es exterminar a los croatas en Dalmacia, el nuestro es exterminarlos en Bosnia-Herzegovina".
Mons. Stepinac informó también a Mestrovic sobre las amenazas de las que era objeto por parte de los nazis.
Las condiciones para una paz duradera
Después de las Conferencias de Cuaresma dictadas por el padre jesuita Ivan Kozelj a los estudiantes de Zagreb, el Arzobispo tuvo que pronunciar el 18 de marzo de 1945, en la Basílica del Sagrado Corazón, una homilía final, que fue escuchada con gran interés.
Poco tiempo antes, el Arzobispo había recibido la visita de un oficial partisano vestido de civil quien le había dicho: "Los alemanes están por perder la guerra. Cuidado con lo que va a decir a los estudiantes!". Mons. Stepinac respondió: "El Arzobispo de Zagreb dirá lo que deba decir. No pedirá permiso a nadie como no se lo ha pedido nunca a ningún gobierno". Llegado el momento, el Arzobispo abordó el tema de la paz y de las condiciones requeridas para que esta fuera duradera.
Después de haber evocado una antigua costumbre de Etiopía que consistía en apagar sus fuegos y encenderlos de nuevo con el fuego del jefe del clan, Mons. Stepinac continuó diciendo: "Qué bendición sería que todos los hombres apagaran en su corazón el fuego del odio para encender el del amor extraído del corazón de Dios, que Jesús trajo al mundo (Lc. 12,43)... Después de cinco años de masacres es normal que vosotros os preguntéis cuáles son las posibilidades de una paz duradera para la humanidad... Para responder a esta pregunta, es necesario comprender qué es la paz.
¿Es paz la impuesta por el aniquilamiento de los pequeños pueblos, con las armas de los grandes que se han puesto de acuerdo para hacerlo? ¿Es la paz de la que se adueña una clase de la sociedad a través de la dictadura de la espada y del fuego, dejando extinguirse a los demás, aunque éstos sean mayoría? ¿Es la paz de los que matan impunemente, sin tener que rendir cuentas, a los intelectuales, a los sacerdotes y a los ciudadanos que tienen una opinión política contraria? ¿Es la paz de los que hacen imposible toda actividad de la Iglesia, pretextando que la Iglesia no tiene derecho a hacer política?
Tal paz sólo sería una guerra latente que, instalada en el corazón de los hombres, podría estallar de nuevo y causar los asesinatos y las destrucciones de las que hoy somos testigos. San Agustín dio la verdadera definición de la paz: "Pax omniun rerum tranquillitas ordinis": la paz de todas las cosas es la estabilidad del orden.
Si queremos una paz duradera, ésta debe cumplir una triple condición: respetar los derechos de Dios, preservar la natural dignidad del hombre y respetar los derechos de los otros, los de los individuos y los de los grupos, pueblos o Estados que sólo son un conjunto de personas en el cual cada uno tiene sus derechos. Ya San Pablo (Tit 2, 12) nos invitaba a vivir en el presente siglo con temperancia y dominio de sí, con justicia hacia los otros y con devoción hacia Dios. Es triste e incomprensible ver a los comunistas advertirnos antes de su llegada que no se opondrán a la fe, pero al mismo tiempo, constatamos que en los territorios que han conquistado, impiden la instrucción religiosa en las escuelas, impulsan el matrimonio exclusivamente civil, requisan las instituciones escolares de la Iglesia y, además asesinan a los sacerdotes. Y se atreven a decir que actúan de tal forma por veredicto del pueblo!
Hasta hoy, no habíamos hablado abiertamente de todo esto, teníamos graves motivos. Pero llegará el día en que la Historia se conocerá y se desenmascararán todas las mentiras.
No estamos preocupados por las amenazas ni por los ataques contra el Arzobispo de Zagreb a quien quieren incluir en el número de los criminales de guerra. Que todos sepan que el Arzobispo conserva la frente bien alta, suceda lo que suceda, pues su conciencia está tranquila. Al mismo tiempo, no temo decir que el pueblo croata rechazará todo régimen, de extrema izquierda o de extrema derecha que no respete su tradición católica más que milenaria. Tal régimen no representaría más que una ínfima minoría que podría quizás tomar el poder por la fuerza, pero tal poder no puede ser el fundamento de una paz duradera".
Carta pastoral del 24 de marzo de 1945
En su carta a los fieles en momentos de la Conferencia de los Obispos croatas, en marzo de 1945, los Obispos justificaron su posición contra todo terrorismo y a favor de una justicia del poder, rechazando al comunismo que de antemano los acusaba de ser "criminales de guerra". Señalaban también el derecho del pueblo croata a la libertad y a la independencia, ese derecho al cual el pueblo croata no había renunciado durante 1.300 años. Los Obispos católicos croatas, afirmaban, respetan este derecho que Dios otorga a su pueblo, y que es conforme a la justicia y al derecho internacional.
Fin de la segunda guerra mundial
A principios de 1945, los rusos invaden Alemania, la cual en poco tiempo perderá la guerra. Los alemanes se retiran de los Balcanes y de Croacia. En cuanto a los partisanos, éstos ganan cada vez más terreno. Aterrorizados, los croatas se repliegan por cientos de miles hacia el oeste, hacia Austria e Italia, hacia un advenir incierto.
En Belgrado se instaló el gobierno surgido del acuerdo Tito-Subasic, habiendo este último regresado ya de Londres. Por su parte, Ante Pavelic mandaba fusilar a los prisioneros.
Mons. Stepinac intervenía sin descanso ante él para detener estas horribles represalias. Durante este tiempo, el Arzobispo sufría y luchaba intentando salvar a Zagreb. Por venganza, los alemanes querían volar toda la ciudad: ya habían instalado minas en los desagües. Después de largas y difíciles gestiones, la intervención del Arzobispo triunfó: los alemanes aceptaron retirar las minas antes de su partida.
Tiempo después, como los partisanos comunistas querían tomar la ciudad, fue necesario persuadir al general de los ustachis, Luburic, para que no defendiera Zagreb hasta el último hombre, como era su deseo. También así Mons. Stepinac logró salvar la capital de Croacia.
Mons. Stepinac a quien se le recomendó partir, respondió: "Suceda lo que suceda, me quedaré con mi pueblo y esperaré". El 8 de mayo de 1945, día de su aniversario, el ejército de los partisanos entró en Zagreb.
Comenzaron los interrogatorios. Fue retirada la cruz de las paredes de las aulas, se abolió la oración en las escuelas. Las capillas de las instituciones religiosas fueron transformadas en dormitorios. La propaganda atea se esparcía por todos lados. La juventud y los empleados debieron trabajar el domingo y días de fiesta desde las 9 horas hasta el mediodía; se les impedía de esta forma asistir a la Misa que, en esa época, sólo se celebraba por la mañana. Se encarceló a los sacerdotes y a los Obispos.
Primera detención del Arzobispo Stepinac
Según el testimonio del abate Stjepan Lackovic, secretario de Mons. Stepinac, el Arzobispo fue llevado a prisión como consecuencia de una treta de los comunistas, el 17 de mayo de 1945: "Aquel día, a las 11,45 hs. más o menos, un coronel del ejército de Tito se presentó, bajo el nombre de coronel Knezevic, en la secretaría del Arzobispado. Me pidió que lo llevara ante el Obispo. Después de haber anunciado su presencia a Mons. Stepinac, lo conduje a su gabinete de trabajo. Esperé entonces en la antecámara, pues el coronel debía salir un cuarto de hora después. Al cabo de cinco minutos, me sorprendió mucho ver salir al coronel acompañado por el Arzobispo. Monseñor que vestía una simple sotana negra, tomó su impermeable y su sombrero.
- Pero, Excelencia, ¿a dónde va?, pregunté, el señor Coronel me dijo que sólo se trataba de una corta audiencia... Apaciblemente el Arzobispo respondió: "No hablemos de esto ahora, me convocan a su despacho; el coronel me asegura que estaré de regreso en una media hora".
Totalmente consternado, contesté que demoraríamos el almuerzo hasta su regreso. El coronel confirmó que el Arzobispo estaría de regreso en el Arzobispado en una media hora.
Las 12,30 hs., la hora del almuerzo había pasado.. 13 hs. ... 14 hs., el tiempo pasaba. Hacia las 14,30 hs., el mismo coronel regresó con un trozo de papel en el cual el Arzobispo pedía su breviario, algunos medicamentos y su bolso de toilette. Lleno de amargura dije al coronel: "es vergonzoso y deshonesto que encarcelen a nuestro Arzobispo valiéndose de un engaño semejante. ¡Los nazis mismos, durante la guerra, no se atrevían a actuar así! ¡Y Uds. hablan de la liberación de los nazis! ¿Cuál liberación?". Pensé que después de estos severos reproches, me encarcelarían también a mi. El coronel respondió solamente: "¿Quiere darme las cosas pedidas o no? ya me voy...".
Naturalmente le entregué todos los objetos pedidos, pero repetí que los nazis no se hubieran atrevido a actuar de esa forma contra el Arzobispo de Zagreb. ¡Uds., los comunistas, cuando estaban en la guerrilla, glorificaban al Arzobispo como el defensor de los Derechos del Hombre porque había públicamente condenado al sistema nazi! Agregue que esperaba volver a ver a Mons. Stepinac esa misma tarde, en el Arzobispado.
Desgraciadamente, eso no ocurrió. Pero, al anochecer, un oficial comunista vino a verme. Me entregó un nuevo trozo de papel, en el cual el Arzobispo pedía los alimentos de su régimen, sus medicamentos y su pijama.
Al día siguiente, el mismo oficial vino a buscar la comida, los medicamentos, los libros y la ropa interior. Tuvimos entonces el presentimiento de que Monseñor no regresaría tan pronto.
El mismo oficial venía regularmente todos los días o cada dos días según las necesidades. Venía siempre en motoneta, pero cada día tomaba un camino diferente. No podíamos por tanto seguir sus huellas ni saber donde se encontraba el Arzobispo".
Encuentro de Tito con los representantes de la Iglesia
La víspera de la liberación de Mons. Stepinac, Tito llegó a Zagreb y recibió en audiencia a los miembros del clero quienes protestaron contra el encarcelamiento del Arzobispo y pidieron su liberación. Manifestaron a Tito que no podían discutir con él sin su intérprete auténtico, el Arzobispo Stepinac, quien estaba encarcelado. Tito les habló sin embargo de la idea de una gran comunidad de eslavos del Sur, formada por ortodoxos y católicos, en la cual sería necesaria la colaboración entre la Iglesia y el Estado. Tito deseaba también que la Iglesia Yugoslava fuera más independiente de Roma.
Los obispos intentaron explicar a Tito, apoyando sus afirmaciones con pruebas, que el Santo Padre nunca había criticado el sentimiento nacionalista de los pueblos eslavos; por el contrario, defendía y respetaba el punto de vista de la población croata en todos los litigios que los croatas interponían por ejemplo contra Italia respecto de Dalmacia, o contra Hungría respecto de la población típicamente croata de Medjimurje que Hungría quería apropiarse. La Iglesia Católica Croata estaba ligada a la Santa Sede sólo en lo concerniente a los asuntos de disciplina y de dogma, pero era libre en lo concerniente a su actividad nacional y social. Por otra parte, la Santa sede no se oponía a la idea de la unión de los eslavos. Seguidamente expusieron a Tito la fuerte personalidad del Arzobispo Stepinac, cuya acción humanitaria no tenía límites. Le revelaron la cantidad de masacres evitadas gracias a su intervención, la cantidad de niños ortodoxos, judíos o gitanos que habían sido salvados. Tito reprochó entonces a los sacerdotes de estar a favor de los Oustachis. Los Obispos le explicaron que los croatas esperaban desde hacía siglos la concreción de un Estado croata independiente y que pensaron que la espera llegaba a su fin debido a las promesas de Pavelic y los Oustachis. ¡Y ahora, los partisanos, a su vez, los encierran y los matan so pretexto de que han colaborado con los Oustachis!... incontables campos están llenos de una población inocente.
Después de esta explicación, Tito prometió hacer interrogar a todos los prisioneros y dejar en libertad a los que no fueran culpables. Los Obispos le dijeron también que una política anticlerical se imponía en forma creciente, sobre todo en las escuelas. Tito respondió que ignoraba estos hechos y prometí arreglar ese litigio.
Al día siguiente, 3 de junio, el Arzobispo salió de prisión. El mismo día, Tito recibió al representante del papa, Mons. R. Marcone y a su secretario G. Masucci. Estos últimos intentaron mostrar el peligro de una política comunista que, siendo atea, no podía ser aceptada por el pueblo croata. En efecto, la radio y los diarios atacaban continuamente al papa y a los sacerdotes. Tito prometió entonces intervenir, garantizando su promesa con el compromiso de restablecer en el término de cuarenta días, la libertad de conciencia.
Encuentro Tito-Stepinac
El 4 de junio, se produjo el encuentro de Tito con Stepinac; éste dijo que comprendía la dificultad de crear un Estado, pero que esta dificultad se agravaría si continuaban los problemas en el país. Lo mejor sería, entonces, componer la situación: la de los ortodoxos ya estaba resuelta, pero no así la de los católicos; había varios medios para lograrlo, uno de los cuales era un concordato con la Santa Sede. Mantener relaciones normales con el Santo Padre daría un gran prestigio internacional al nuevo Estado. Tito era escéptico respecto de la simpatía del Santo Padre hacia los pueblos eslavos.
Entonces Mons. Stepinac, con el apoyo de pruebas, citó numerosos casos en los que el papa había defendido a los eslavos y sus derechos. Mons. Stepinac aconsejó también a Tito que intentara discutir con los representantes del partido Comunista Croata, al igual que con los Oustachis que quisieran colaborar honestamente en la reconstrucción del país. Tito estaba completamente de acuerdo, pero decía que no era fácil, y que había que ejecutar la justicia.
Según el testimonio del abate Mons. Stjepan Lackovic, secretario de Mons. Stepinac, durante la entrevista con el Arzobispo, Tito confió a su interlocutor que durante la guerra, había visitado de incógnito, es decir vestido como un oficial ruso, el estado mayor de los Tchetniks. Había sostenido allí una conversación con su jefe Draza Mihailovic sobre las futuras operaciones militares. Persuadido de que hablaba con un oficial ruso, Mihailovic explicó su plan sobre los croatas: "Un tercio debe ser asesinado, un segundo tercio expatriado, el tercero deberá someterse a nosotros".
Tito agregó que a partir de ese momento, él había decidido impedir que Mihailovic cumpliera su abominable plan.
A pesar de las promesas de Tito, el nuevo gobierno activaba la realización de una política atea. Se impedía la enseñanza del catecismo. Se continuaba encarcelando a sacerdotes y a numerosos fieles. La prensa y la radio atacaban a los Obispos, a la Santa Sede y sobre todo al Arzobispo de Zagreb. Muchos Obispos fueron encarcelados. Al principio, Stepinac mostraba su buena voluntad de colaborar con el nuevo régimen recientemente instalado, respondiendo a las invitaciones a sus fiestas o a sus reuniones políticas. A pesar de todo esto, Stepinac fue atacado cada vez con mayor dureza.
Toda la población elevaba hacia él sus ojos llenos de esperanza. En julio de 1945, se llevó a cabo el tradicional peregrinaje a Marija Bistrica cuyo número de participantes evaluado en varios miles, nunca había sido alcanzado; los peregrinos rezaban, lloraban, clamaban el nombre del Arzobispo.
En momento de celebrarse las elecciones para la Asamblea Constitucional, muchos fueron los que pidieron a Stepinac que se presentara en nombre de la lista croata, pues todo el pueblo votaría por él. Pero el Arzobispo respondió que nadie podía superar su sentimiento patriótico, y sin embargo no quería hacer política; que sus deberes de Arzobispo consistían en luchar por la Iglesia Católica. De todas formas no había más que una lista y sólo una elección posible; era la lista comunista que debía triunfar a cualquier precio.
Bajo amenaza
Como Tito había prometido trabajar para mejorar las relaciones entre el Estado y la Iglesia remarcando que todo atentado contra la Iglesia podía ser comunicado al gobierno, Stepinac envió numerosas protestas testimoniando los dolorosos hechos que se producían cotidianamente: asesinatos de sacerdotes, de antiguos funcionarios al servicio del Estado Independiente de Croacia, al igual que de intelectuales. Todos estos crímenes se perpetuaban a pesar de las promesas de Tito. Las condenas a muerte se sucedían después de realizado un juicio aparente ante un tribunal militar en que los acusados no tenían derecho a hablar, y aún menos a defenderse por la intervención de un abogado. Mons. Stepinac agregaba en su mensaje que estos juicios se parecían más a las ejecuciones llevadas a cabo en los siglos XVI y XVII cuando los turcos ocupaban estas regiones, que a la imagen que representa a un país moderno del siglo XX. Estos tribunales que condenaban a muerte sin ninguna objetividad no podían obtener la confianza del pueblo, pues una cosa era clara: estos juicios se inspiraban sólo en la venganza.
"Se habla de juicios "del pueblo", continuaba diciendo Mons. Stepinac, pero los jueces no son elegidos por el pueblo, puesto que son nombrados por el gobierno. Se encarcela a la gente por una simple denuncia. Se diría que hubiera sido necesario no vivir en los años 1941-45 para no ser acusado hoy: se es culpable por el simple hecho de haber vivido y trabajado durante este período. Podemos preguntarnos si el pueblo croata ha sufrido tanto, desde el inicio de su historia hasta hoy, como sufre en la actualidad, en estos últimos años.
Los intelectuales croatas han perdido su trabajo simplemente porque han trabajado bajo el régimen precedente. Así miles de familias están hoy sin trabajo, sin su pan cotidiano ¡Se les aconseja cínicamente que vayan a cavar a las rutas! Pareciera que todas las ocasiones son buenas para exterminar a los intelectuales croatas. En todas partes, en su lugar, en el lugar de estos especialistas, se nombra a ignorantes que apenas saben poner su firma.
Además, continuaba Stepinac, ¿Por qué perseguir a miles de soldados croatas que no son condenables por ninguna regla ética y que sólo quieren participar en la reconstrucción del país?".
Circular a los fieles y al clero
El 24 de junio de 1945, Monseñor envió una circular que los sacerdotes debían leer al pueblo sin interpretarla para no ser acusados; quería ser él, único responsable: incluso al precio de su vida, él tenía que señalar a los padres su deber de exigir la educación religiosa en las escuelas. Pido esto, decía Stepinac, empujado por un sincero amor hacia ellos y hacia sus hijos; les recordaba las palabras de la Biblia: "Quien malcría demasiado a sus hijos, se verá obligado un día a curar sus heridas".
Luego, exhortaba a mantener la paciencia y a rezar y pedía a los sacerdotes que incitaran a las familias a rezar unidas y, a recitar el rosario, cuanto fuera posible.
Recomendaba a los sacerdotes que no hablaran en sus sermones o predicaciones de nada concerniente a asuntos políticos.
Por ello, decía, lo mejor sería escribir los sermones y posteriormente leerlas; así, si se les acusaba, podrían justificar cada palabra empleada. Terminaba su circular con su lema: "In Te, Domine, speravi".
Partida del visitante apostólico
El 10 de julio de 1945, Mons. Marcone, acompañado del abate Lackovic, secretario del Arzobispo, regresó a Roma (13).
Por su intermedio, Mons. Stepinac preguntó al Santo Padre como debía actuar dada la situación. Pero no recibió ninguna respuesta. Ante los repetidos ataques contra la Iglesia Católica, el Arzobispo se vio obligado a disolver todas las formas institucionales de la Acción Católica. Sin haber recibido instrucciones de Roma, pensó que el Papa deseaba dejarlo en libertad de juzgar lo que fuere mejor y actuar en consecuencia.
Mons. Marcone y el abate Lackovic no pudieron regresar a Zagreb, puesto que sus pasaportes habían sido confiscados por el consulado yugoeslavo en Roma.
Encuentro Stepinac-Bakaric
El 17 de agosto de 1945, Mons. Stepinac expuso al Presidente de la República de Croacia en la sede de la Comisión para las cuestiones religiosas, la situación de la práctica religiosa entre los jóvenes. Esta práctica religiosa era continuamente ultrajada en todo el país, se enseñaba a los jóvenes a cantar canciones ateas e injuriosas hacia Dios, incluso oficialmente; se impedía la enseñanza del catecismo; se había retirado la Cruz de las aulas de las escuelas. Todo esto contradecía los principios democráticos que deben respetar la tradición y la voluntad de los padres. Incluso en Belgrado la educación religiosa estaba permitida, entonces ¿Por qué no en Zagreb?, preguntaba Stepinac ¿o es que en Zagreb hay una democracia, una libertad de conciencia, una lógica distinta a las de Belgrado?
Se intentaba incluso impedir a los sacerdotes que suministraran los sacramentos a los enfermos y moribundos en los hospitales, al igual que se impedía su asistencia a los condenados a muerte en las prisiones.
La protesta de Mons. Stepinac no tuvo efecto. La libertad de la prensa católica fue suprimida por razones supuestamente técnicas: falta de papel de imprenta. Pero, al mismo tiempo, los partisanos se llevaban vagones de papel proveniente de la imprenta del Arzobispado. Todas las imprentas católicas fueron cerradas.
Todo el material fue secuestrado y todos los diarios católicos fueron clausurados sin volver a recuperar nunca el derecho de aparecer.
Llovían acusaciones ante las autoridades contra las supuestas provocaciones de los peregrinos durante la peregrinación a Marija Bistrica; se multiplicaban las calumnias contra todo lo que era religioso. Mons. Stepinac continuaba intercediendo ante el poder central para que cesaran las acusaciones sin fundamento. La peregrinación, decía por ejemplo Monseñor, nunca tuvo carácter político.
En una carta del 20 de agosto, dirigida al Presidente de la República, el Arzobispo se quejaba también de la cuestión agraria, reforma en nombre de la cual se confiscaban las propiedades de la Iglesia y de sus instituciones, a pesar de que su rol era exclusivamente caritativo. Stepinac señalaba también en esta carta, que continuaban las detenciones de sacerdotes. No se cumplía la promesa de que todas las cuestiones entre la Iglesia y el Estado serían resueltas por decisiones compartidas. La Reforma Agraria era injusta con la Iglesia y sólo contribuía a dificultar aún más las relaciones Iglesia- Estado. En la misma carta Mons. Stepinac indignado ante un ataque contra el Santo Padre durante una sesión de la Asamblea, se preguntaba: "¿Por qué provocar continuamente tal odio religioso? Hechos como estos hieren a miles de católicos. Ninguna democracia puede justificar tales gestos".
Esta vez Mons. Stepinac recibió una respuesta del Presidente Tito en la que se disculpaba pero, al mismo tiempo, justificaba la reforma agraria afirmando que era la voluntad de los campesinos. Sin embargo, agregaba que se permitirían 10 hectáreas en lugar de 5 a los monasterios y a las instituciones religiosas y un poco más a los monumentos y lugares históricos de la Iglesia.
Cartas de la Conferencia Episcopal a Tito
El 13 de setiembre de 1945, en la apertura de su Conferencia Episcopal, los Obispos dirigieron una carta a Tito, por intermedio de Stepinac. Reclamaban allí la revisión de la injusta ley agraria, el respeto al matrimonio católico, la posibilidad de que los sacerdotes pudieran impartir los Sacramentos a los prisioneros y a los enfermos en los hospitales.
Esperaban que Tito resolviera finalmente la cuestión de la libertad de conciencia. Los Obispos manifestaban, en esta carta, su profunda fe en la posibilidad de acuerdo y de paz entre el Estado y la Iglesia, que sería útil a ambos. No pedían más que colaborar armoniosamente. La carta concluía recordando también los hechos dolorosos tantas veces mencionados.
Poco tiempo después de la apertura de la Conferencia, se informó a Mons. Stepinac que se había autorizado a funcionar a una de las imprentas católicas: "¡Sólo quieren comprarnos!", dijo simplemente el Arzobispo.
El 20 de setiembre, último día de la Conferencia, los Obispos redactaron una nueva carta sobre la educación atea impuesta a la juventud. Recordaban nuevamente las desdichas cotidianas y las represalias contra los religiosos. En conclusión, los Obispos acusaban a la ideología materialista y exigían respeto a la Fe Católica y a la moral cristiana, la libertad de la prensa católica, de las iglesias y de las asociaciones católicas, de la enseñanza del catecismo, de la acción caritativa. Recordaban, también, el respeto debido a la persona humana y a sus derechos naturales, el respeto al matrimonio católico y finalmente, reclamaban la devolución de las instituciones confiscadas.
Carta pastoral de los obispos de Yugoslavia (20-9-1945)
Nosotros, Obispos católicos, reunidos en conferencia plenaria en Zagreb, consideramos como un deber de nuestro ministerio pastoral, dirigirles a vosotros, nuestros queridos fieles, algunas palabras.
Después de largos años de espera, finalizó esta guerra que ha ensangrentado a la humanidad más de lo que ninguna otra, que se recuerde, lo haya hecho hasta este día.
Nuestro país no ha permanecido aislado de esta calamidad cuyos horrores han devastado incontables veces diversas regiones de nuestra patria: tras su paso han quedado el desierto, montones de cenizas y torrentes de lágrimas. Regiones enteras han sido literalmente despobladas, innumerables familias destruídas, numerosos huérfanos quedaron sin apoyo ninguno, multitudes de madres y esposas, de padres y de hijos permanecen aún en medio de la desolación y el duelo. Se puede decir que en nuestro desgraciado país no hay nadie que no llore la muerte de algún miembro de su familia. Todos hemos sentido las privaciones, el hambre y las enfermedades que la guerra acarrea tras ella.
Pero nuestro país ha sido alcanzado más gravemente que otros por esta guerra mundial. Aquí se han librado luchas sangrientas, lamentablemente, entre hombres que eran hermanos de sangre, y este conflicto fraticida, que ha enfrentado a los miembros de una misma familia, ha acarreado consecuencias particularmente crueles. Las devastaciones de la guerra, como consecuencia de una doble ocupación de ejércitos extranjeros y los conflictos internos, han alcanzado entonces un grado que difícilmente se encuentre en cualquier otro país.
Así que la noticia de que la guerra había terminado en todo el mundo y en nuestro país, suscitó en nuestro pueblo la necesidad de agradecer al Dios todo poderoso por habernos ahorrado la prolongación de la guerra y de las luchas fraticidas.
El fin de la guerra ha traído grandes y profundos cambios en todos los dominios de la vida. Hemos visto derrumbarse ante nuestros ojos todo lo que constituía los fundamentos de nuestra vida cotidiana. El estado recibió un nuevo nombre, "Yugoslavia Federativa Democrática". La legislación, los fundamentos mismos sobre los cuales se asienta el Estado han sido suprimidos. Evidentemente se desea tener la menor cantidad de lazos posibles con el pasado: la administración, la enseñanza, la propiedad están animadas por el nuevo espíritu revolucionario.
No es incumbencia de la Iglesia católica dar a sus fieles directivas sobre la forma en que deben resolver las cuestiones políticas, nacionales y económicas, al menos en tanto que las soluciones adoptadas salvaguarden los principios generales de moralidad que determinan a todos los hombres. En los problemas puramente políticos, la Iglesia se atiene a las enseñanzas de su fundador: "Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios." (Mat. 22, 21).
La Iglesia aplica este principio a todos los pueblos y en todos los países del mundo, abrazando a todos los pueblos con el mismo amor, pues ve en cada hombre, un hermano redimido por la sangre del mismo Cristo. La Iglesia procura de corazón, ante todo, el bien espiritual de sus fieles; buscando encontrar este bien en todas las formas de vida política y económica que cada nación elige libremente.
Es esta preocupación por vuestro bien espiritual, queridos fieles, el que nos inspira, en esta hora en que os dirigimos nuestra primera carta pastoral en la "Yugoslavia Federativa Democrática". Nosotros somos responsables ante Dios de este bien espiritual. Conscientes de esta responsabilidad, deseamos que las dificultades de la post-guerra y las situaciones anormales, que existen en el mundo y en nuestro país, sean allanadas lo más pronto posible.
Es en este sentido que dirigimos a vosotros esta carta pastoral. Incluso antes de la finalización de las operaciones militares, el gobierno central había publicado en Belgrado una declaración solemne según la cual respetaría la libertad de conciencia, la libertad confesional como así también la propiedad privada. A principios de su actividad, el gobierno de Croacia federal proclamó los mismos principios pero, agregando que, en su opinión, las condiciones existentes en el seno de la Iglesia católica no eran satisfactorias.
Desde el primer día en que pudimos entrar en contacto con los nuevos dirigentes del Estado, hemos insistido en exponer a las autoridades competentes la posición de la Iglesia católica y sus necesidades. Como muchos de los cambios que el nuevo espíritu había aportado a la administración del Estado se encontraban en oposición con la situación y los derechos adquiridos de la Iglesia, y en consecuencia, eran perjudiciales a vuestro bien espiritual, queridísimos fieles, hemos recordado a las personas competentes que todas las cuestiones en litigio entre la Iglesia y el Estado debían ser reguladas por un acuerdo mutuo.
Recibimos de las más altas esferas del nuevo régimen la promesa de que el gobierno procedería, en efecto, de esta manera. La palabra decisiva, en todas las cuestiones que interesan a la vez a la Iglesia y al Estado, pertenecen, en lo que concierne a la Iglesia, a la Santa Sede. La Santa Sede es el juez supremo en todos los problemas de la vida religiosa y eclesiástica de todos los fieles. En múltiples oportunidades, hemos insistido por escrito para poder exponer a las autoridades competentes el punto de vista de la Iglesia en todas las cuestiones que la vida del nuevo Estado había formulado para el catolicismo. En todas nuestras diligencias sólo hemos tenido en cuenta el bien general. Sin embargo, a pesar de toda nuestra buena voluntad y nuestras instancias, los acontecimientos han tomado otro curso.
Si consideramos el desarrollo de los hechos, la posición a la que ha sido reducida la Iglesia y con ella los inestimables valores espirituales que, para millones de fieles, están en juego, nos sentimos en el deber de exponer abiertamente todas las dificultades y todas las miserias en las cuales se encuentra en la actualidad la Iglesia católica. Todos unidos formamos una totalidad espiritual, el Cuerpo místico de Cristo, pues al igual que en el cuerpo hay varios miembros..., así nosotros conformamos un sólo Cuerpo en Cristo en el cual somos los miembros los unos de los otros (Rom. 12, 5).
A nosotros se dirige en estos días la conmovedora exhortación de San Pablo pues, al confesar la verdad, continuamos creciendo en todos los aspectos en la caridad, en unión con aquel que es el jefe, Cristo. De El recibe el cuerpo cohesión, unidad, prestándose los miembros mutua ayuda y cumpliendo cada uno con su rol. Así, el Cuerpo crece y se perfecciona en la caridad (Ef. 4, 16-17).
Las víctimas del clero
Ante todo, queridísimos fieles, estamos entristecidos e inquietos por la penosa y cruel suerte de muchos sacerdotes, pastores de vuestras almas. Muchos sacerdotes murieron ya durante la guerra, tanto por los hechos propios de la guerra como por las condenas de las autoridades militares y civiles que estaban entonces en el poder. Pero, aún cuando las operaciones militares llegaron a su fin, las condenas a muerte de los sacerdotes católicos no han cesado de producirse. De acuerdo a nuestros informes, el número de víctimas asciende a 243 muertos, 169 detenidos en prisiones o en campos, 89 desaparecidos, es decir un total de 501 víctimas. A este número, hay que agregar 19 seminaristas torturados a muerte, 3 hermanos convertidos y 4 religiosas. Lo que constituye una cifra que la historia de los pueblos balcánicos no ha registrado nunca, por lejos que nos remontemos en el curso de los siglos. Y lo que es aún más penoso, es que se ha negado a estos sacerdotes y religiosos, al igual que a centenares y a miles de víctimas civiles, aquello que está permitido en los países civilizados a los peores criminales: la recepción de los últimos sacramentos.
Los tribunales que han pronunciado estas condenas a muerte han procedido de una manera expeditiva y sumaria; muy a menudo los detenidos no han sabido, ante la asamblea en la que fueron condenados, cuál era la acusación que se había levantado contra ellos; la mayor parte de las veces, no han tenido la posibilidad de defenderse de acuerdo con las normas de procedimiento, es decir, citando testigos y con la asistencia de un abogado.
A causa de esto, la opinión pública honesta e imparcial está, entonces, en derecho de denegar, a estas condenas a muerte de sacerdotes, la característica más esencial de una decisión judicial: la justicia.
¿Quién puede probar que tantos sacerdotes católicos condenados son verdaderos criminales que merecen la muerte? ¿Quién puede decir que todos ellos han sido "extranguladores"? Así, por ejemplo, en el monasterio franciscano de Siroki Brijeg, todos los religiosos presentes en el convento fueron asesinados -28 en total- aunque ninguno de ellos había tenido jamás un fusil entre sus manos y por lo tanto no habían nunca combatido contra las tropas nacionales de liberación, como se los ha acusado falsamente y, podemos agregar nosotros, aunque casi todos ellos fueran bien conocidos como adversarios de la ideología fascista.
Ha habido casos en que miles de fieles de todos los rangos han solicitado, por petición, a las autoridades, la libertad de sus pastores, de los cuales se ofrecían como garantes; pero las condenas han golpeado a estos como a los otros. Es entonces evidente que tales condenas no han sido pronunciadas, ni en nombre del pueblo, ni conforme a la justicia. El sentimiento natural y cristiano de justicia, que es innato en nuestros fieles, no puede comprender ni admitir que se pronuncie una condena a muerte contra alguien porque profesa una opinión política distinta, y sin que haya cometido, por otra parte ningún delito.
Las leyes de la justicia están más allá de toda concepción política y conservan un valor equitativo en todos los tiempos y para todos los hombres. Es en nombre de la justicia eterna que elevamos la voz ante todos, queridos fieles, no sólo para tomar la defensa de estos sacerdotes injustamente condenados, sino para defender también la memoria de las otras miles y miles de víctimas, vuestros hijos y vuestros hermanos, quienes, como nuestros sacerdotes, han sido condenados a muerte sin haber podido presentar ninguna defensa, contrariamente a todo lo que un Estado civilizado permite.
Al asumir la defensa de tantos sacerdotes, inocentemente condenados, no deseamos de ningún modo defender a los culpables. Admitimos que ha habido sacerdotes que, enceguecidos por la pasión nacionalista partisana, han pecado contra la santa ley de la justicia y de la caridad cristiana, y merecen por este motivo, responder por sus actos ante los tribunales de la justicia civil. Debemos hacer constar sin embargo, que el número de estos sacerdotes es más que insignificante, y que las graves acusaciones formuladas en la prensa y las reuniones públicas contra el clero católico de Yugoslavia, forman parte de la campaña tendenciosa que intenta engañar a la opinión pública por medio de mentiras y hacer perder todo prestigio a la Iglesia católica.
Gran cantidad de sacerdotes se encuentran aún en diversos campos de concentración, condenados a largos años de trabajos forzados. El dr. Janko Simrak, obispo greco-católico continúa todavía privado de la libertad, mientras que ignoramos aún la suerte corrida por el obispo Carevic (14).
En estos campos que no están organizados para una estadía prolongada y digna del hombre, los sacerdotes carecen a menudo de una alimentación suficiente, y muchos de ellos deben realizar trabajos degradantes para su condición sacerdotal. La mayoría de las veces, se les niega la autorización para asistir a la Misa del domingo sin que haya ningún impedimento, negándoles también la autorización de celebrar ellos mismos el Santo Sacrificio, lo que sin duda sería de gran consuelo y una fuente de beneficios espirituales para ellos mismos y para gran cantidad de compañeros en cautiverio. Estos detenidos no tienen siquiera los medios para defenderse y probar su inocencia. Su única culpa es tener una opinión política diferente de la de aquellos que los han condenado. Por otra parte, hasta el día de hoy, desconocemos el lugar en que se encuentran gran cantidad de sacerdotes que han sido arrestados por las autoridades del Estado. Las tramitaciones e investigaciones que hemos realizado no han obtenido ningún resultado. Hemos perdido toda huella de estos sacerdotes.
La pérdida de tantos sacerdotes se hace sentir duramente en el ministerio pastoral. Muchas parroquias carecen de pastor, y este vacío debilita la vida espiritual de los fieles, en el momento en que las nuevas condiciones del país los exponen a grandes peligros religiosos y espirituales. Se ataca al clero en todos los diarios sin darle la oportunidad de defenderse. Mientras que la ley permite criticar el trabajo de los ministros del culto, se les impide a estos últimos toda posibilidad práctica de justificarse.
La prensa católica
La prensa católica constituye otro punto doloroso en la vida de la Iglesia católica. De la centena de publicaciones diversas que la prensa católica editaba antes de la guerra, ni una aparece en la actualidad. Cuando hemos pedido autorización para publicarlas, se esgrimieron todos los motivos posibles para justificar el rechazo. Se argumentó falta de papel. Ahora bien, sólo del palacio del Arzobispado de Zagreb, se han confiscado varios vagones de papel destinados a la prensa católica. La mayor parte de las imprentas católicas han sido clausuradas, imposibilitándoles la realización de cualquier trabajo. Se ha intentado por todos los medios dificultar el trabajo de la imprenta nacional de Zagreb. Cuando, a pesar de todo, se la pudo poner en funcionamiento, el director de la imprenta ha sido condenado por indignidad nacional, y la imprenta que no era de su propiedad, ha sido confiscada.
Hace pocos días y después de nuestros reclamos, la imprenta nos ha sido devuelta. La gran imprenta de Ljubljana ha sido arrancada de manos de los católicos. Las de Mostar, Sibenik, Maribor y Sarajevo han sufrido el mismo destino. Se actúa de forma sistemática, de acuerdo a un plan preconcebido contra la prensa católica. Ahora bien, la libertad de prensa es, para la Iglesia católica, una cuestión de la que depende el bien espiritual de gran cantidad de almas. ¿Cómo podría la prensa católica subsistir si le han retirado los fondos, las imprentas y hasta el papel?
Los Seminarios
Las condiciones no son más favorables para los Seminarios que la Iglesia ha construido y que mantiene a costa de grandes sacrificios. Por nuestros grandes y pequeños Seminarios han pasado cientos de miles de excelentes jóvenes provenientes de familias campesinas, ciudadanas y obreras, quienes se han convertido en la actualidad en eclesiásticos y laicos distinguidos en todos los oficios. Estos Seminarios están hoy casi completamente paralizados y sin posibilidad de cumplir con su objetivo. Aunque la guerra ha terminado, muchos Seminarios están aún parcialmente ocupados por el ejército. Otros son continuamente requisados, situación en la que se encuentran los de Zagreb, Salati, Split, Travnik, Saint-Vid, Ljubljana, Maribor, Sinj y otros lugares.
El problema de la educación religiosa
En lo que concierne a la educación, el derecho de la Iglesia católica ha sido víctima de numerosas limitaciones. En principio respecto de la instrucción religiosa en las escuelas. En todas las escuelas, la instrucción religiosa ha sido declarada facultativa, de suerte que quien la desea debe solicitarla. Debemos reconocer con orgullo que los padres católicos han votado en plebiscito a favor de la instrucción religiosa, en todas las escuelas en que se les ha pedido opinión. (15)
En Croacia, en los diplomas de fin de año, la instrucción religiosa se consigna en último lugar, como una de las materias menos importantes, después de las de segundo orden.
Además, en todas las escuelas primarias y secundarias, la instrucción religiosa ha sido reducida de dos horas a una hora por semana, en tanto que la necesidad de educación religiosa aumenta. Esta medida dificulta la libertad religiosa y la posibilidad misma de impartir una educación religiosa. En las clases superiores de las escuelas secundarias croatas, se ha suprimido absolutamente la educación religiosa. Este acto ha sido motivado por el principio de la libertad de conciencia. No podemos, sin embargo, comprender por qué las autoridades croatas han actuado así, aplicando en forma diferente el principio de libertad de conciencia en las clases inferiores y superiores de las escuelas secundarias. La libertad de conciencia debe tener el mismo valor en las clases superiores que en las inferiores. Ocurre que la libertad de decisión respecto de la instrucción religiosa queda en manos de los jóvenes de las clases inferiores o en la de sus padres, mientras que este derecho es negado a los alumnos de las clases superiores. Entre ellos, los que tienen dieciocho años tiene ya el derecho de votar pero carecen de libertad de conciencia respecto de la elección de la instrucción religiosa. Esta les ha sido retirada, de hecho, en nombre de la libertad de conciencia.
Estimamos necesario señalar que no hay que dejar a los niños y alumnos decidir solos respecto de la asistencia a los cursos facultativos de instrucción religiosa. Sería más que insensato reconocer tal libertad a los jóvenes que comienzan apenas a reflexionar. Los padres también deben decidir sobre esta cuestión. De esta forma, al menos, ha concluido el Comité Nacional de Liberación de Yugoslavia, Ministerio de Instrucción Pública Nro. 43, Belgrado, febrero de 1945. La ley se impone entonces a la práctica contraria desarrollada por algunos instructores y profesores que otorgan sólo a los niños la libertad de decisión sobre la asistencia o inasistencia a los cursos de instrucción religiosa.
La Iglesia Católica ha mantenido una gran cantidad de escuelas secundarias privadas en un nivel de igualdad con las escuelas públicas. En la Yugoslavia de pre-guerra, los Inspectores de Estado y los padres que confiaban la educación de sus hijos a estas escuelas han reconocido su valor. El nivel de estas escuelas ha estado siempre entre los más altos del país. A causa de esto, no sólo los católicos, sino también los adeptos a otras confesiones frecuentaban estas escuelas, otorgándoles así toda su confianza. Estas escuelas desarrollaban el mismo programa que las escuelas oficiales. Hoy se anuncia en la prensa, que estas escuelas no se abrirán más y que serán totalmente suprimidas. Es incomprensible que quieran suprimir estas escuelas, mientras los padres mismos, que son los más interesados en la cuestión de la educación de sus hijos, les otorgan su confianza y reclaman la continuación de su actividad. El verdadero espíritu democrático exige que se respete la voluntad de los padres en lo que concierne a la instrucción de los hijos.
Sobre todo teniendo en cuenta que la Iglesia tiene el derecho de fundar escuelas privadas. Todas las naciones civilizadas le reconocen este derecho. Estas no pueden sino agradecer a la Iglesia que las ayuda en el cumplimiento de sus deberes y que, de común acuerdo con ellas la Iglesia carga con el mantenimiento de las escuelas.
Además de las escuelas privadas, la Iglesia Católica tenía una gran cantidad de internados, de casas para la educación de la juventud obrera, al igual que varias escuelas para los más pequeños. En la actualidad la mayor parte de estas instituciones permanecen cerradas o bajo el control de comisarios de Estado de ambos sexos. Ciertas personas, que no firman jamás sus artículos en la prensa cotidiana expanden, en relación a estas instituciones católicas, falsas acusaciones e indignas caricaturas. Esta gente declara medieval y oscurantista la educación que allí se imparte. Como ya no existe prensa católica que pueda exponer el verdadero estado de cosas en cada caso particular, y dado que la prensa cotidiana, no recibe ni imprime artículos contrarios a lo que ella misma ha publicado, estos institutos se ven privados del más elemental derecho de defensa.
Además los comisarios ya nombrados se esfuerzan, abierta o encubiertamente, en hacer imposible la actividad de los educadores católicos. La libertad de conciencia y la instrucción religiosa se han convertido en palabras vanas que sirven solamente cada vez que se trata de justificar la posición anticlerical.
(15) Noventa por ciento en la diócesis de Zagreb y de Djakovo, 80% en la diócesis de Split.
Descristianización de la juventud
La juventud de las ciudades y de los pueblos está expuesta a nuevos peligros por la constante organización de bailes que duran hasta tarde en la noche e incluso a veces hasta el alba. Ocurre entonces, que jóvenes de ambos sexos permanecen juntos noches enteras bajo la influencia del alcohol y sin la vigilancia de sus padres. Nadie puede negar que existe en la actualidad un gran peligro para la educación moral de la juventud. La experiencia, que es el mejor testimonio, demuestra que muchos jóvenes, y con mayor razón las jovencitas años después han deplorado estos errores de conducta y sus consecuencias.
Lo que nos inquieta aún más, en esta coyuntura, es que incluso los padres no se atreven a recriminar a sus hijos a este respecto.
El cumplimiento de los deberes religiosos, la asistencia a la Santa Misa a menudo, son entorpecidos por mitines y reuniones que se llevan a cabo a la misma hora. Incluso en ciertas regiones, se obliga a la juventud a tomar parte de "las semanas de asalto" (16).
Así se aleja a la juventud del cumplimiento de sus deberes religiosos. Si además mencionamos, que en muchas unidades militares, en las cuales prestan servicio principalmente jóvenes campesinos, en los hospitales y en las organizaciones de jóvenes, se propaga la teoría del origen simiesco del hombre, se ve con claridad que género de educación se intenta imponer a nuestra juventud católica. El cuadro no aclara si recordamos el procedimiento aplicado en las escuelas secundarias, en las cuales se señala que la juventud no debe escuchar las "fábulas religiosas" respecto de los orígenes del hombre puesto que se les explicarían estos orígenes en términos "científicos".
Laicización del Matrimonio
La subordinación al matrimonio civil ha quitado al matrimonio su carácter sagrado. En todo tiempo, nuestra población, educada en la fe cristiana, ha considerado la unión del hombre y la mujer en el matrimonio como un sacramento que se cumple en la iglesia, ante el altar. En la actualidad, hasta eso se ha cambiado. Es evidente que la estabilidad del matrimonio ante las autoridades civiles será distinta a la indisolubilidad del matrimonio sacramental.
Además las autoridades civiles anulan el matrimonio concretado ante la Iglesia católica, por su sola intervención y contrariamente a las prescripciones más netas de la ley divina. La cantidad de matrimonios rotos ha sido muy elevada en Zagreb en estos últimos meses.
¿Cuáles serán las consecuencias de las nuevas leyes sobre la vida familiar, que es la célula fundamental de todo orden social y del bienestar de los pueblos al igual que de las naciones? ¡Es fácil de imaginar! Cuántos niños inocentes serán privados de la mayor felicidad de su infancia y de su juventud: ¡el hogar familiar! Temblamos de pensar en ello.
Control de "Caritas" (Ayuda Católica)
Aún en lo que concierne a su obra de caridad, la Iglesia encuentra múltiples obstáculos. Es bien conocida la gran obra desarrollada por el "Caritas" del Arzobispado de Zagreb. Gracias a su acción más de 7.000 niños, sin distinción de religión, han sido salvados. Ha enviado a nuestros hermanos de las regiones desabastecidas, decenas de vagones de alimentos, salvando de esta forma a cientos de hombres del hambre y de la muerte. Se ha ocupado también de la alimentación de nuestros hermanos deportados a los campos de concentración de Italia. Ha alimentado a estos desgraciados, incluso hasta cuando han regresado a su patria. Hoy, Caritas tiene un comisario nacional, pues el Estado no confía en su trabajo. Sin embargo, el público sabe bien que Caritas ha rendido con regularidad cuentas de sus ingresos y sus gastos, justificando de tal modo la confianza que el gran público le había otorgado.
Confiscación de los bienes de la Iglesia
La reforma agraria que ha sido votada por la Cámara Nacional provisoria constituye una gran injusticia contra la Iglesia católica. Las propiedades terrenas que posee la Iglesia católica han sido adquiridas en forma honesta y legítima. Estas propiedades no han servido a la Iglesia para la adquisición ilegal de nuevos bienes. Gracias a ellas, la Iglesia ha mantenido a sus servidores, sus seminarios diocesanos e interdiocesanos, a sus Ministerios centrales. No es pequeño el número de hombres que ha sido mantenido por estas propiedades, sino una gran cantidad, integrada en su mayoría por hijos de campesinos o de gente pobre. Además los locatarios de la Iglesia que poseían estas propiedades, se habían comprometido por contrato a cumplir con las obligaciones fijadas hacia los donantes de estas fundaciones.
Además cuantos sacerdotes han hecho, en pos de civilización de este pueblo, grandes donaciones, donaciones reales, realizando así una obra de cultura y asistencia social imperecedera. Mencionemos como ejemplo, solamente la Universidad de Zagreb que puede y debe contar entre sus más grandes benefactores al Obispo Strossmayer, al Arzobispo Mons. Bauer y al cura Zerjavic.
(16) Estas semanas de asalto están destinadas a la propaganda antirreligiosa.
La reforma agraria arrebata y sustrae a la Iglesia Católica, sin ninguna indemnización, todos sus terrenos con todos sus bienes agrícolas, como si la Iglesia los hubiera adquirido ilegalmente.
La pequeña parte que se le ha dejado no alcanza para mantener los Seminarios, las oficinas centrales de los Obispos, las catedrales, las iglesias parroquiales y tantas otras iglesias. A causa de esta reforma agraria se ha vuelto imposible la vida regular de la Iglesia, y los que recibirán una parte ínfima de las tierras confiscadas a la Iglesia son mucho menos numerosos que aquellos sobre los cuales pesarán las nuevas cargas del mantenimiento de sus instituciones y de su personal.
Para justificar la confiscación de las tierras de la Iglesia, los diarios se han esforzado por presentarlas como mal cultivadas o descuidadas; sin embargo, cuando la Iglesia ha querido desmentir esta acusación, los mismos diarios no han publicado una sola palabra para defender a aquellos que eran injustamente acusados, pues se sabe muy bien quien ha puesto estas propiedades en el triste estado en que hoy se encuentran. ¡Y no es la Iglesia!
No obstante, debemos señalar, en esta ocasión, que la Iglesia nunca se ha opuesto a las reformas sociales justas, incluso cuando sus propios intereses estaban en juego. La Iglesia reclama que, en estas cuestiones que tocan tan profundamente su organización vital, el Estado no emplee un método partisano apoyado en la fuerza y la dictadura, sino que se entienda previamente con ella, como parte igual e independiente.
Religiosas en los hospitales, tratadas sin consideración
Las congregaciones católicas de mujeres, sus instituciones de educación y de caridad, tienen casi cotidianamente dificultades y disgustos ocasionados por el nuevo espíritu que reina alrededor de ellas. ¡Cuántas trapacerías deben soportar las religiosas enfermeras, no sólo en los hospitales del Estado, sino también incluso en los hospitales privados! Los procedimientos de ciertos administradores nombrados en los hospitales, mantenidos por las Hermanas, muestran la evidente intención de imposibilitar a las Hermanas su actividad caritativa para muchos enfermos. Se quiere incluso arrancarles los hospitales que ellas mismas han construido y mantenido con toda clase de dificultades, con el trabajo de sus manos y a costa de sacrificios extraordinarios.
Labranza de cementerios militares
Finalmente, para concluir, queridísimos fieles, es necesario que señalemos otro hecho doloroso y sorprendente para nosotros. Ni siquiera se han cuidado las tumbas de los difuntos. En los cementerios de Zagreb, de Varazdin y en otros, de acuerdo con órdenes directas de las autoridades regulares, se han sacado las cruces de las tumbas de los ustachis y de los soldados alemanes, y se ha nivelado la tierra de manera que no se pueda identificar más el lugar de ninguna tumba individual. Esta forma de actuar debe ser absolutamente condenada: ante la muerte, todos los hombres se inclinan e incluso el enemigo deja de ser enemigo, en virtud de leyes no codificadas, de convenciones humanas, que emanan de la caridad cristiana y este enemigo tiene derecho, él también, a una tumba adecuada. Sabemos que luego de la última guerra mundial, los antiguos enemigos han respetado y conservado las tumbas de los soldados del ejército conquistador, que estaban ubicadas en tierra extranjera. ¡Y aquí entre nosotros, se niegan a reconocer este derecho sagrado a los propios hijos de esta tierra!
Vanas intervenciones
Queridísimos fieles, nuestra solicitud no está limitada a las necesidades directas de la Iglesia, de sus establecimientos y de sus sacerdotes. Conociendo los sufrimientos y las penas de tantos de nuestros fieles, hemos hecho, por nuestra parte, todo lo que hemos podido para aligerar su suerte en estos días de prueba y crisis. Así, hemos intervenido en diversas oportunidades, oralmente y por escrito, ante las autoridades competentes, para obtener la dispensa de aquellos que los tribunales habían condenado a muerte. Hemos pedido con insistencia, que se les permita, en sus últimos momentos, recibir el consuelo de la religión. Hemos pedido también, que se brinde a los padres de los ejecutados, las indicaciones necesarias para encontrar la tumba de sus difuntos. Todos estos servicios, los hemos realizado también con anterioridad por pedido de las familias de las desdichadas víctimas de las luchas fratricidas, bajo el régimen de las precedentes ocupaciones militares.
Respecto de aquellos que han sido internados en los campos de concentración, hemos pedido que se informe a las familias sobre el lugar de su internación. Hemos intervenido para que aquellos cuya culpabilidad no ha sido demostrada, sean dejados en libertad lo más pronto posible.
Hemos llamado la atención de las autoridades sobre el caso de tantos intelectuales que han quedado sin empleo y que no están en condiciones de ganar el pan de cada día, para ellos y para su familia.
Nos hemos esforzado por ayudar, en la medida de nuestros medios, a todos aquellos que nos han rogado, teniendo en cuenta solamente el precepto de la caridad cristiana y el derecho a la justicia de los que se dirigían a nosotros. No hemos considerado nunca, en todo este asunto, la opinión política de cada uno, como así tampoco, durante la guerra no hemos preguntado a aquellos que asistíamos, de qué religión o de qué nacionalidad eran. Al actuar de tal forma, nunca nos dejamos detener por la injustificada acusación de que hacíamos una propaganda desleal con intenciones políticas, puesto que tenemos conciencia de que no estamos emprendiendo una acción política, sino que nos limitamos a cumplir nuestra misión iluminados por el espíritu de caridad hacia el prójimo, tal como lo ha enseñado Jesucristo.
Si no hemos alcanzado resultados favorables en las cuestiones más importantes, la falta no ha sido nuestra. Tenemos conciencia de haber cumplido perfectamente con nuestro deber.
Nuestro corazón sufre por no haber podido llevar nuestra ayuda allí donde era tan necesaria y allí donde había tantas lágrimas que enjugar.
Repudio del materialismo ateo
Hay todavía algo más que nos apena: el espíritu materialista e impío que, pública o secretamente, oficialmente o no, se expande en nuestro país. Nosotros, obispos católicos, encargados de enseñar la verdad y representantes de la fe, condenamos resueltamente este espíritu materialista, del cual la humanidad no puede esperar nada bueno. Al mismo tiempo que condenamos este espíritu nuestra condena se extiende también a todas aquellas ideologías y a todos aquellos sistemas sociales que construyen su edificio de vida social, no sobre los fundamentos eternos de la revelación y del cristianismo, sino sobre los fundamentos engañosos y frágiles de una filosofía materialista y, por consiguiente, impía.
Nos hemos esforzado por sopesar y examinar bien todo lo que hemos informado en esta carta. Nuestro análisis muestra claramente que la Iglesia Católica, en la Yugoslavia Federativa y Democrática, se encuentra en una situación mucho más difícil que en el pasado; el estado actual de la Iglesia Católica en Yugoslavia, en nuestra opinión, no difiere más que en el nombre de un estado de persecución abierta.
Hemos querido deciros todo esto, queridos fieles, a fin de que estéis perfectamente informados sobre la situación en la que se encuentra la Iglesia Católica de Yugoslavia.
Despertar religioso. Devoción a la Santa Virgen
Sin embargo, suceda lo que suceda, miramos con confianza hacia el advenir. Hemos confirmado nuestra esperanza ante el despertar de la vida religiosa en las masas profundas de nuestro pueblo, en todas las regiones de nuestro Estado. Todos nos sentimos especialmente consolados y satisfechos por la renovación verdaderamente formidable de la devoción a la Madre de Dios, tan profundamente cara siempre al corazón de las masas políticas. Esta devoción se ha manifestado sobre todo en la enorme afluencia a nuestros santuarios marinos nacionales, que nunca han recibido tantos peregrinos.
Desarrollad entonces en vuestras almas y en vuestras familias esta profunda devoción a la Madre de Dios: rezad unidos el rosario, imitad sus virtudes en vuestras vidas y veréis que la Madre de Dios será vuestra gran protectora. Su poderosa intercesión obtendrá para nuestro pueblo la gracia de permanecer bajo todas las circunstancias y bajo todas las dificultades, fieles a la fe de sus ancestros y a las órdenes de Dios. La Madre de Dios no nos abandonará. ¡Que pueda Ella obtener abundantes bendiciones para todas vuestras necesidades!
Nosotros pedimos...
Exponiendo todo esto, queridos fieles, no hemos querido suscitar la lucha contra el gobierno de este país: no buscamos esta lucha y nunca la hemos buscado; nuestros pensamientos han estado siempre dirigidos hacia la paz y la organización de la paz civil y política. Esta paz nos es hoy más necesaria que nunca; pero estamos profundamente convencidos de que la pacificación y la curación de las plagas de la guerra no podrán llevarse a cabo en nuestra nación sino a través del respeto de las enseñanzas de la fe y la moral cristianas. Por ello, no nos dejaremos detener por los ataques injustos, ni por las falsas acusaciones sobre la supuesta ayuda a la reacción y a los enemigos del pueblo.
Estamos junto al pueblo y salvaguardamos sus bienes más preciados, herencia indestructible de sus ancestros: su fe, su honestidad y su deseo de vivir libres, en unión y afecto con todos los ciudadanos de este Estado, sin hacer diferencias de religión o de etnias. Por ello pedimos - a ningún precio dejaremos de hacerlo jamás-, la plena libertad de la prensa católica, plena libertad para los colegios católicos, plena libertad para la enseñanza de la religión en todas las clases de las escuelas primarias y secundarias, libertad para Caritas, plena libertad de la persona humana y el respeto de sus derechos inalienables, respeto integral al matrimonio cristiano, y la devolución de los establecimientos y los organismos que han sido sustraídos a la Iglesia. Sólo cumpliendo estas condiciones la situación podrá normalizarse en nuestro país y una paz duradera será restablecida.
¡Que el Todopoderoso bendiga los esfuerzos de aquellos que animados de buena voluntad, trabajan para lograr este objetivo! ¡Que Aquél que es la única fuente de paz, de esta paz que el mundo no puede dar, nos brinde a todos la gracia de ver volver finalmente los días de una paz justa y duradera! ¡Como prueba de estos deseos, que la bendición de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros!
Zagreb, 20 de septiembre de 1945.
Mons. Aloysius Stepinac, Arzobispo de Zagreb y presidente de la Conferencia Episcopal; Mons. Nicolás Dobrecic, Arzobispo de Bar y Primado de Serbia; Mons. Joseph Ujcic, Arzobispo de Belgrado y Administrador Apostólico de Banat; Mons. Jerónimo Mileta, Obispo de Sibenik; Mons. Quirin-Clément Bonefacic, Obispo de Split, Solin y Makarska; Mons. Joseph Srebrenic, Obispo de Krk, desde la "liberación" ausente de su diócesis durante cinco meses; Mons. Michel Pusic, Obispo de Hvar; Mons. Ivan Joseph Tomasic, Obispo de Maribor; Mons. Victor Buric, Obispo de Senj y Modrus; Mons. Smiljan Cekada, Obispo de Skoplje; Mons Pierre Culé, Obispo de Mostar; Mons. Anton Aksamovic, Obispo Administrador Apostólico de Djakovo; Mons. Lajos Budanovic, Obispo, Vicario General de Subotica; Mons. Anton Buljan, Vicario General de Sarajevo; Mons. Bojo Ivanic, Vicario General de Banja Luka; Mons. Antoin Vovk, Vicario General de Ljubljana; Mons. Ivan Jeric, Vicario General de Preko-Murje; Mons. Ivan Djuro Visosevic, Provicario de Krizevci.
Ecos de esta carta pastoral
Todo el Episcopado yugoeslavo asumió la responsabilidad de esta carta. Mons. Stepinac la leyó en la Catedral y varias copias fueron enviadas a la Comisión para las cuestiones religiosas de cada una de las seis repúblicas de la Federación.
Si la copia de esta carta hubiera sido enviada a las autoridades antes que Mons. Stepinac hubiera podido leerla a los fieles, seguramente la hubieran secuestrado. Procediendo así, el Arzobispo pudo pacíficamente llevarla a conocimiento de sus diocesanos: "Me hubieran perdonado todo salvo esta carta, y quizás también me la hubieran perdonado si la hubiera posteriormente desmentido", afirmó tiempo después Mons. Stepinac. El eco de esta carta que unió aún más a unos y cristalizó la animosidad de los otros, superó las barreras de las fronteras yugoeslavas y el mundo entero pudo conocerla. El Partido Comunista reforzó entonces, sus ataques contra los Obispos y principalmente contra el Arzobispo, al que trataba de "bandido". Arrojaban piedras a su paso... Dn. Masucci envió al Vaticano un informe relativo a esta conferencia y presentó a Mons. Stepinac como defensor de la Fe. En Yugoslavia, las calumnias contra la Iglesia Católica se acentuaron.
Intervención de la Santa Sede
Antes de la aparición de la carta ante el mundo, el 18 de octubre, la Santa Sede protestó oficialmente ante el Gobierno yugoeslavo en relación a las persecuciones religiosas, afirmando que no se recordaba que hubiera habido antes en los Balcanes tanto odio contra la Iglesia Católica.
El 22 de octubre el Papa designó a Mons. Hurley, Obispo americano, como representante en Belgrado ante la República Federal Yugoslava con el objeto de que estudiara en el lugar la situación de la Iglesia Católica, de los sacerdotes y de los religiosos. El Gobierno yugoeslavo envió, a su vez, un representante al Vaticano.
El atentado de Zapresic
En esta época, Mons. Stepinac debía bendecir una nueva parroquia en Zapresic, localidad cercana a Zagreb. La víspera de la ceremonia, un mayor de la OZN-a amenazó con atacarlo si se hacía presente allí. Pero el Arzobispo, preocupado por cumplir con su deber de Pastor, asistió a la ceremonia. El atentado se produjo no como consecuencia de la acción de los campesinos, que en apretado grupo contemplaban impotentes, junto a la iglesia, cómo un grupo de provocadores arrojaban piedras y huevos podridos sobre el auto del prelado.
Monseñor fue ligeramente herido en la nariz pero su chofer recibió en sus ojos el impacto de los vidrios provenientes de las ventanillas que habían estallado. Los asaltantes se esforzaban por impedir la ceremonia y la Misa, pero Mons. Stepinac, arremetiendo con su auto, con las ventanillas rotas, pasó en medio de ellos, escapando por poco a la muerte. Como recuerdo, Stepinac conservó algunas de las piedras arrojadas contra su auto.
La misma tarde, un hombre del OZN-a fue a visitar al Arzobispo, so pretexto de informarse sobre su salud y sobre los sucesos ocurridos. Mons. Stepinac lo miró a los ojos y le dijo:
"¿Por qué me hace esta pregunta? Uds. han preparado esto y saben bien qué ocurrió. ¿Han olvidado que días pasados uno de Uds. se presentó en mi casa para amenazarme?".
El Ministerio del Interior creyó necesario dar su propia versión de los acontecimientos, versión completamente inexacta. Se pretendía probar que este incidente había sido fomentado por el pueblo. En una carta dirigida a V. Bakaric, Presidente del Gobierno re la República Croata, Stepinac señaló su indignación al ver que todos los medios son buenos para calumniar; su carta continuaba relatando el ataque de Zapresic que, como estaba comprobado, había sido organizado por el Gobierno.
Los anales de los novecientos años del Obispado de Zagreb no han relatado tales acontecimientos. En la actualidad las calles están llenas de dibujos y caricaturas de sacerdotes sobre las paredes, se escriben injurias en todos lados. ¿Esta es la libertad prometida a este país? Se incita a la gente a insultar abiertamente a los sacerdotes en la calle, a matarlos, a escupir sobre los fieles que se dirigen a la Misa.
Como conclusión de esta carta de protesta dirigida a V. Bakaric, el Arzobispo delegaba la responsabilidad de estos sucesos en el Presidente, que es quien ocupa el rango más elevado del Partido Comunista en Croacia.
Nuevas amenazas contra el Arzobispo
En la festividad de Todos los Santos de 1945, justo antes de celebrarse la Misa, dos partisanos fueron a amenazar al Arzobispo y a prohibirle que hablara contra el gobierno, porque si lo hacía -le dijeron- todo el pueblo lo atacaría. "¿Qué pueblo?", preguntó Mons. Stepinac. "Eso es nuestro asunto", respondieron. Entonces el Arzobispo les dijo que el 99% del pueblo croata estaba con la Iglesia Católica. "De todas maneras, agregó, sólo se muere una vez, que hagan lo que quieran, pero yo continuaré predicando la verdad".
Valiente homilía de Mons. Stepinac el día de Todos los Santos en 1945
Comenzó la Misa. En el momento de la homilía Monseñor inició su prédica sobre las palabras de Cristo: "Felices aquellos que tengan el corazón inocente pues ellos verán a Dios". Luego citó un hecho de la Revolución Francesa: los revolucionarios destruían todo lo que ellos llamaban monumentos de la superstición en Bretaña...
Pero cuando preguntaron a los campesinos si querían abandonar la religión, un campesino respondió: "Dejaremos de rezar cuando Uds. nos bajen las estrellas del cielo". Afirmaban así su fe y la sed de Dios que constituye la verdadera felicidad humana. Luego el Arzobispo habló de la ideología materialista de la vida, que pretende que todo termina con la muerte.
"Si estas doctrinas fueran verdaderas, afirmó, el hombre sería la criatura más desgraciada, pues ningún animal es consciente de su miseria. El fin del hombre, que por su inteligencia se eleva más allá de las estrellas, ¿sería el mismo que el de una vaca, de un caballo, de un asno o el de un cerdo o de un perro? ¡Cómo se quejarían los constructores de la Torre de Babel del materialismo! ¡Qué de trabajo inútil para volver siempre a cero! Los materialistas hablan de una felicidad por construir pero su alma la desconoce absolutamente."
Al morir, Anatole France estrechando las manos de su secretario y llorando, le dijo cuán desgraciado se sentía. Y sin embargo nunca había dejado de afirmar su felicidad, pero en el fondo de sí mismo no la conocía.
El Arzobispo Stepinac terminó su predica sin decir una palabra sobre el gobierno, pero insistiendo sobre el error de la doctrina materialista. Por último, informó a los fieles de las amenazas que había recibido; habían querido hacerlo callar, pero añadió: "Yo no le temo a nadie, excepto a Dios, y mi deber es el mismo: Salvar las almas".
Circular al clero
El 7 de noviembre, el Arzobispo envió una circular a los clérigos; expresa su dolor de no poder ejercer su apostolado fuera de Zagreb, dadas las presiones y lo eventos de Zapresic. Les da los detalles del ataque, cita a testigos y afirma que la versión oficial es inexacta.
También habla de la promesa hecha por Tito de garantizar la libertad religiosa y la libertad de conciencia, promesa que no se ha cumplido. Les dijo que se lo ataca por todos los medios, obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, tanto durante las reuniones políticas como en la prensa o por inscripciones insultantes en las paredes, por la calumnia o por falsas interpretaciones de supuestas declaraciones de sacerdotes.
Llama la atención sobre la necesidad de que los religiosos sopesen cada palabra, tanto en la predicación como en la confesión para no dar lugar a falsas interpretaciones y no ser acusados de provocación política.
A pesar de estar impedido de continuar con sus visitas apostólicas, Mons. Stepinac confirma que sigue dispuesto a defender la fe y los derechos de la Iglesia, si es necesario, incluso a costa de su vida. Finalizó la circular pidiendo a todos que recen para que las pasiones se calmen y la paz finalmente llegue al pueblo croata y los pueblos del mundo.
Intimidaciones
A partir de entonces, sus adversarios utilizarán todos los medios para intimidar al Arzobispo.
Después de la última circular, el Partido Comunista decidió meterlo en la cárcel. Comenzaron a preparar el auto de procesamiento; Eso duró un año... Mientras tanto, intentaban por todos los medios torcer su voluntad.
La prisión y los ataques contra los sacerdotes y los obispos continuaron.
Don Masucci escribió que los comunistas están atacando constantemente a Monseñor Stepinac como "el enemigo del pueblo". Y añade:
"Las lágrimas no dejan de caer en el país. Después de la masacre de cientos de miles de soldados y civiles croatas en el comienzo del régimen comunista, ahorcamientos y ejecuciones se han convertido en algo común. No hay nadie que no esté llorando a alguien".
Proclamación de la República Yugoslava
En estas condiciones muy difíciles después de las elecciones, el 29 de noviembre de 1945, la nueva Yugoslavia fue proclamada República.
En la Nochebuena de 1945, le informan al Arzobispo que los comunistas están recogiendo firmas para su sentencia de muerte. Él entonces le dice a Masucci:
"Si esto ocurre, informe al Santo Padre que doy voluntariamente mi vida por la Iglesia Católica".
Mentiras a los periodistas
Según Dn. Masucci, en el otoño de 1945, Yugoslavia había recibido a un grupo de periodistas extranjeros, cinco ingleses y seis americanos, en visita oficial. Se los recibió con gran pompa, rodeados de lujo, para limitar sus impresiones a lo que los comunistas querían mostrarles. Por lo tanto, cuando regresaron a sus países respectivos, sólo escribieron elogios sobre Yugoslavia, puesto que les había parecido un verdadero paraíso.
Pero Dn. Masucci ya había prevenido al Santo Padre de la verdadera situación: las masacres, la miseria, el hambre y la forma en que el país era gobernado.
Réplica de Randolph Churchill
Tales noticias provocaron grandes dudas en el extranjero, que incitaron a Randolph Churchill, el hijo del jefe de Gobieno Inglés, a visitar Yugoslavia, lugar donde ya había representado a su padre durante la guerra, ante los partisanos. Llegó a Yugoslavia en enero de 1946 y visitó al Arzobispo Stepinac, quien asombrado de las preguntas del joven Churchill sobre la situación y sobre la libertad en Yugoslavia, le preguntó por su parte, cómo había hecho para no caer detenido. Randolph le respondió que eso no podía ocurrirle... Pero a la salida del Arzobispado, un auto de la policía lo esperaba para llevarlo a OZN-a e interrogarlo. ¡Churchill fue retenido allí durante cuatro horas! (Léase su testimonio en el Capítulo XII).
Desde enero de 1946, un coche de OZN-a permanecía estacionado continuamente delante del Arzobispado, supuestamente para "proteger" a Stepinac. Stepinac estaba así como en prisión; la policía lo seguía todos lados. Decidió entonces no salir más. Los ataques de los periodistas continuaban. El 13 de enero, el artículo editorial de los diarios era una terrible acusación contra el Arzobispo, "el mayor enemigo del pueblo". Se obligó a la gente a concentrarse ante el Arzobispado, en signo de demostración.
Con estos métodos se continuaba inventando mentiras y fomentando acusaciones contra los religiosos.
Llegada de Mons. Hurley, representante del Papa
La situación se hacía cada vez más inestable. En este estado de cosas llegó a Yugoslavia, el 30-1-46, el representante de la Santa Sede en Belgrado, Mons. Joseph Patrick Hurley. Tito le exigió inmediatamente que prohibiera a Mons. Stepinac ejercer todo apostolado, y que nombrara a otro Arzobispo; de lo contrario, se verían obligados a detenerlo.
La estatua de la Madre de Dios en Bistrica
A principios de septiembre de 1946, Mons. Pavao Jesih organizó la marcha simbólica de la estatua de la Madre de Dios de Bistrica por múltiples parroquias. Todo se desarrolló relativamente bien; muchos fueron los fieles que recibieron los Sacramentos, que tomaron parte en la procesión y rezaron el rosario. Pero al llegar al pueblo de Klanjec donde 5000 fieles, que habían recibido los Sacramentos de confesión y comunión, esperaban la estatua, la policía se interpuso aislando al cura y al Padre Venceslav Basta. El pueblo protestó: fue un verdadero levantamiento. La policía se vio obligada a pedirle al Padre Basta que, desde su ventana, calmara a la gente. Se prometió al Padre dejarlo en libertad. Pero cuando la población fue dispersada, la policía llevó a escondidas la estatua a Zagreb, donde fue colocada en la Catedral sobre el altar de la Madre de Dios. Cuando se supo que estaba en Zagreb, gran cantidad de fieles fueron a rezar el rosario y a recibir los Sacramentos.
Poco tiempo después, criminales desconocidos entraron a la fuerza en la Catedral, tomaron la estatua y la rompieron en mil pedazos en la calle.
El Padre Basta, a pesar de las promesas que se le habían hecho, fue nuevamente detenido; sin embargo era bien sabido que había sido anti-nazi y partisano durante la guerra. Se lo condenó a cinco años de campo de concentración.
El Arzobispo Stepinac decidió que en desagravio, se efectuarían ceremonias religiosas en la Catedral, durante el mes de septiembre y octubre. Cada tarde se rezaría el rosario y los sacerdotes darían la Bendición del Santísimo Sacramento.
"Los Tribunales Populares"
Un decreto del 3 de febrero de 1945 trastornó toda la organización judicial de Yugoslavia. El decreto no se contentaba con abolir la legislación impuesta por la ocupación, sino que decidía: "La derogación de todo aparato judicial basado en leyes, reglamentos, ordenanzas, etc., en vigencia en Yugoslavia antes del 6-4-41, en la medida en que contradicen los importantes hechos de la lucha por la liberación nacional, las declaraciones y las decisiones del Consejo Antifascista de Yugoslavia...".
Desde ese momento, la administración de la justicia quedó en manos de los "Tribunales Populares", cuyos miembros a menudo no han recibido ninguna formación jurídica, mientras que los jueces se pronuncian -incluso en los casos de acusaciones capitales- de acuerdo con su "conciencia". Como prueba de esto, un artículo aparecido en el diario comunista Slobodna Dalmacija del 31-12-1944, declaraba que los juicios se llevan a cabo bajo el auspicio de los Comités de liberación nacional y que las instrucciones relativas al funcionamiento y a la organización de los tribunales, emanaban del Consejo Antifascista de Croacia. De acuerdo a estas instrucciones, las sentencias no debían ser pronunciadas por juristas de oficio según las complicadas leyes vigentes hasta el momento, sino por los mejores hijos del pueblo, y no según la letra muerta de la ley, sino según las sanas conciencias propias del pueblo. los jueces por tanto, debían ser elegidos entre la población.
La misma conclusión se desprende de la composición de los tribunales. La Corte de Justicia, encargada de juzgar los crímenes y los delitos contra el honor del pueblo, estaba compuesta por 23 miembros, de los cuales sólo 3 habían tenido formación jurídica. Por otra parte, Radio Belgrado, explicando la forma de elección de los jueces para las asambleas provinciales y los consejos municipales, el 29-5-1945 declaraba:
"Poco importa que los jueces no sean gente de oficio; lo que importa es que tengan ideas democráticas y que estén consagrados al partido comunista".
Además, todo el mundo fue llamado a tomar parte en la administración de la justicia. El 27-3-1945, Dragoljub Jovanovic, agregado de negocios yugoeslavo en Lisboa, arengó a la multitud reunida en Belgrado, en presencia del Mariscal Tito y de los demás miembros de su gobierno, afirmando que el pueblo debía defenderse a sí mismo contra los reaccionarios y los traidores; puesto que no debía contar solamente con los tribunales populares, sino que cada uno debía ejecutar por sí mismo la justicia, si estaba convencido de tener ante él a un reaccionario o a un traidor.
Además de los tribunales que juzgaban los asuntos de traición y los crímenes de guerra, existían Cortes especiales encargadas de juzgar los "crímenes y delitos contra el honor del pueblo", dicho de otra manera, y en los términos del decreto que instituía estas Cortes especiales, los hechos "no pueden ser sólo calificados de traición o de ayuda al ejército de ocupación en la perpetración de crímenes de guerra". Estos crímenes y delitos serán pasibles de la pérdida de los derechos cívicos, de trabajos forzados y de la confiscación de bienes. El diario Politika publicó un decreto del Consejo Antifascista de Serbia, el cual retomando la definición citada precedentemente, agregaba las siguientes precisiones: "estos crímenes abarcan entonces: la colaboración política, cultural, artística, económica, judicial y administrativa, la propaganda y cualquier otra forma de colaboración con los ocupantes y los traidores...".
Por consecuencia, en Yugoslavia, la ley y la magistratura no garantizaban la seguridad de los ciudadanos. Los crímenes eran juzgados por jueces ignorantes, ante tribunales incompetentes, sobre la base de reglamentos que no definían siquiera claramente el delito, y además tenían un efecto retroactivo. Incluso hoy, todo ciudadano yugoeslavo que no es favorable al régimen, corre el riesgo de ser conducido ante un tribunal.
Testimonio de un prisionero
Estamos en posesión de fragmentos de papeles escritos en octubre de 1945 por un prisionero, quien había sido condenado aunque era inocente. Cuarenta testigos habían firmado el testimonio de su inocencia, pero esto no sirvió para nada. En una carta a su mujer decía:
"Gracias por los esfuerzos que has hecho para salvarme, mi querida Teresa, esta claro que me han juzgado porque soy un fiel católico y un buen patriota. En mi vida, he intentado siempre hacer el bien a los otros, y ahora me condenan como si fuera un criminal. Ese fue el destino de Jesús, yo acepto también el mío. No lamento abandonar este mundo pero me preocupas tú y nuestros hijos. Te ruego, ocupa el lugar de padre y madre. Intenta darles, en cuanto sea posible, una formación religiosa e instrucción escolar.
¡Una última palabra a vosotros, mis queridos hijos! Como ya no tengo esperanza de retornar con vosotros, los invito con mi último aliento: sean buenos católicos y buenos croatas. Obedeced a mamá que me reemplazará. Sean diligentes, utilicen sus talentos y, con la gracia de Dios, harán progresos para realizar lo mejor en vuestra vida para Dios y para nuestro pueblo.
No sabrán nunca donde se encuentra mi tumba pero rueguen por mi. Les suplico que rueguen unidos todos los días por vuestro padre y por el crecimiento de la Fe en nuestro pueblo. Está detenido con nosotros un sacerdote. El nos ha preparado para el último viaje. ¡Hasta luego en la eternidad. Papá!".
Desde lo alto del cielo, este mártir de Cristo ha debido bendecir a su hijo sacerdote y religioso, fruto de su sacrificio.
Mons. Stepinac encarcelado
En noviembre de 1945, previendo la eventualidad de ser privado de su libertad, Mons. Stepinac decía: "No saldré vivo de este caos. Pero que la voluntad de Dios sea cumplida".
En enero de 1946, la prensa dirigida por el Partido, lo atacaba a tal punto, que Stepinac esperaba a cada momento ser encarcelado. Con esta perspectiva, había previsto todo para asegurar el buen funcionamiento del Arzobispado y de la Iglesia en Croacia, planificando también las sucesiones provisorias en el mundo jerárquico para el caso de su desaparición.
En la diócesis, se multiplicaban los ataques nocturnos contra los presbíteros. Muchos sacerdotes eran llevados a prisión, otros asesinados, y gran cantidad desaparecían sin dejar rastro. La prisión Nova Gradiska, donde eran encarcelados la mayoría de ellos, se hallaba en un estado lamentable hasta 1948; aquel año se realizaron algunas ligeras mejoras.
Un día, en un restaurante de Zagreb, un pequeño grupo de agentes del poder, sentados en una mesa y aparentemente bien "bebidos", comensaron a alardear: "¡Finalmente, llegó el día en que tenemos todo entre manos para concretar el proceso contra Stepinac!".
En efecto, como lo hemos dicho anteriormente, desde hacía un año los servicios del gobierno preparaban las "pruebas jurídicas" contra el Arzobispo.
El Partido Comunista estaba lejos de desear el levantamiento general que hubiera podido provocar el arresto en pleno día del tan amado Arzobispo. Se decidió entonces un encarcelamiento discreto. El miércoles 18 de septiembre de 1946, las calles de la capital croata hormigueaban de agentes de policía y de militares, armados todos como para una operación de guerra.
Hacia las 5,30 hs. de la mañana, la milicia penetró en el Arzobispado, diseminándose por todos los pasillos, en busca de Mons. Stepinac; finalmente lo encontraron en su capilla privada.
"Tenemos orden de llevarlo". Con total tranquilidad, el Arzobispo los miró: "-Si tiene sed de mi sangre, aquí estoy!". Stepinac los siguió, pidiendo sólo, al pasar, al conserje que previniera al Vicario General, Mons. Salis-Seewis para que inmediatamente se tomaran medidas, a fin de que todo se cumpliera de acuerdo con el plan previsto en caso de su arresto. Mons. Salis-Seewis envió, por intermedio de benévolos carteros, el 21 de septiembre, una Carta pastoral para informar a los diocesanos del triste acontecimiento; esta carta debía ser leída en todas las iglesias, sin ningún comentario, el primer domingo, luego de su recepción.
El texto de la circular resumía brevemente la forma vergonzosa en que había sido privado de la libertad Mons. Stepinac, ejemplo de bondad y generosidad para todos, sin excepción, quien nunca hizo diferencia alguna en cuanto a la religión o a la etnia. Amado por el pueblo, lleno de amor para todos y cada uno, nunca había hecho política y toda su actividad tendía a realizar el bien. ¡Y todavía se lo acusa! La circular concluía con una invitación a la oración.
Cuando los organismos del Gobierno supieron de la existencia de esta circular, inmediatamente tomaron medidas para retirarla, argumentando que podría influenciar el buen desarrollo del proceso previsto... Desde el 22 de setiembre, a las 5 de la mañana, OZN-a hizo telefonear a las alcaldías, comisarías y otras instituciones del Estado, para que se tomaran medidas para confiscar la circular. Al mismo tiempo, la radio y la prensa comenzaron una campaña injuriosa contra el Arzobispo, dirigida por aquellos que luchaban por su destrucción.
En todo el territorio de la ciudad de Zagreb, los funcionarios del estado y los obreros eran obligados a firmar una petición cuyo texto, no sólo exigía una severa condena contra el Arzobispo, considerado como un "criminal de guerra", sino también la pena de muerte. Si alguien se atrevía a rechazarla, era amenazado con perder su empleo y con ser considerado como reaccionario, lo que significaba ser clasificado como "adversario del pueblo". Sin embargo, a pesar de estas amenazas, varios miles de personas se negaron a firmarla.
Durante aquel tiempo, ningún ciudadano tuvo derecho a elevar su voz en defensa del Arzobispo. Los organismos del OZN-a, temiendo las reacciones eventuales de la gente, llegaron incluso a prohibir que los fieles permanecieran delante de las iglesias después de la Misa, en grupos de más de cinco personas...
Pero la reacción de los ciudadanos de Zagreb y del Arzobispado todo, tomó forma y proporciones que la policía no esperaba en absoluto: ninguna propaganda injuriosa contra el bienamado Arzobispo podía herir su fidelidad hacia él. Todos respondieron rezando aún más fervientemente: multitudes de personas atravesaban la Catedral de rodillas en profundo recogimiento. La policía estaba estupefacta. Entonces cambió de táctica. Esta vez acometió contra las mujeres, madres y esposas de los partisanos muertos en el campo de batalla. Empezaron a negarles la ayuda material a la que tenían derecho.
Cómo se prepararon los falsos testimonios contra el Arzobispo Stepinac
En 1941, antes de la guerra, el señor J. M. era empleado de la policía en Zagreb. A principios del Estado Independiente de Croacia, pudo conservar su puesto, pero con la aparición de los primeros partisanos, se unió a la guerrilla, donde alcanzó el grado de oficial. En el año 1945, según su deseo, retomo su puesto en la policía de Zagreb. Una tarde, poco antes del proceso del Arzobispo, su superior lo hizo llamar y le dijo: "Sabes que hemos encerrado a Stepinac. Ahora, necesitamos conseguir testigos contrarios a él.
Como durante algún tiempo has sido Oustacha aquí, en la policía, y como sabemos de tu coraje en la guerra contra los italianos, tu testimonio contra el Arzobispo podría ser muy importante. Sólo tendrías que declarar que sabes que Stepinac provocó a los ortodoxos incitando la persecución contra ellos."
M., estupefacto, protestó severamente: ""Cómo podría decir algo así? Si yo sé que ha ocurrido exactamente lo contrario. Si no hubiera sido por él, las persecuciones hubieran sido aún más violentas y las víctimas aún más numerosas".
"No se trata de esto, respondió el jefe, el gobierno necesita condenar a Stepinac. Sólo te pedimos una pequeña colaboración".
"Mi conciencia y mi honor no me lo permiten. Busquen a otro".
"Muy bien, buscaremos a otro, pero ¡cuídate!", concluyó el jefe. Días más tarde, el jefe intentó nuevamente persuadir a M., pero sin lograrlo. Entonces lo encerraron, y durante las primeras cuarenta y ocho horas, le negaron bebida y alimentos.
Posteriormente, lo sometieron a exhaustivos interrogatorios, después le prometieron liberarlo como premio si aceptaba atestiguar; pero M. no cedió.
Comenzaron a torturarlo; tampoco así consiguieron su objetivo. Luego encerraron a su hermano más joven, en la misma celda, esperando que a causa de sus sentimientos fraternales, finalmente cediera.
Pero M. no cedió tampoco así. Un día, su jefe entró en la celda y le dijo: "Eres muy testarudo, intenta comprender: si tú no atestiguas, otro lo hará, y de cualquier forma, Stepinac será condenado. Entonces te conviene hablar; de todas maneras no podrás salvarlo". M. no cedió.
Una mañana, llevaron a su anciana madre y también la encerraron. El policía que conducía los interrogatorios le dijo antes de llevarla ante su hijo: "Vas a ver a tu hijo. De ti depende su vida o su muerte. Si logras persuadirlo de que diga lo que queremos (la anciana no sabía incluso de que se trataba), tu hijo regresará a tu casa. Si no prepárate a llorar su muerte".
M. fue llevado entonces frente a su madre. Al verla se arrojó en su regazo mientras que ella con voz temblorosa le preguntó: "Jozica, ¿qué ocurre? ¿Qué es lo que no quieres decir? ¿Qué quieren de ti?" Cuando su hijo le explicó lo que querían que hiciera, ella se enderezó y con voz fuerte dijo a aquellos que torturaban a su hijo: "Pero, Señor Agente, el Arzobispo ha sido siempre pura bondad. ¿Por qué quieren forzar a mi hijo a mentir? ¡Sería terrible!
El policía, enrojeciendo de cólera, gritó: "Vieja bruja, si tu hijo no acepta inmediatamente, tu no volverás a ver jamás tu casa".
M. sollozó dulcemente. Su madre, reaccionando, le dijo: "Justamente yo, tu madre, te prohíbo que digas lo que te exigen. Piensa en tu alma y calla ¡no digas ni una palabra!
Ante los ojos de M., su madre fue golpeada brutalmente y cayó bañada en sangre. M. fue nuevamente encerrado. Poco tiempo después se lo declaró muerto. Su madre fue llevada a un campo de concentración, donde finalmente murió. Su joven hermano desapareció. -Mártires silenciosos! ¡Qué cantidad de mártires silenciosos hay en Croacia, país de mártires!
En su prisión, Mons. Stepinac esperaba el proceso y su sentencia. Le negaban el derecho a tener la menor comunicación con el exterior, ya fuera oralmente o por escrito. Pero él merecía de todas formas un mínimo de respeto hacia su persona.
Antes del comienzo del proceso fue conducido ante el juez. Era un personaje con aires pretenciosos y muy desagradable: se notaba que era el actor principal y quien manejaba los hilos del juego.
Ante el Tribunal
El juez evocó el derecho de todo acusado a elegir un abogado. Pero el Arzobispo lo rechazó diciendo que de todas maneras no respondería a las preguntas de una acusación armada de acuerdo al orden de una cierta organización. Tuvo que confirmar por escrito su rechazo. Así, Stepinac, redactó una declaración, a través de la cual establecía su inocencia, decía la verdad, acusaba el mal y afirmaba que llegaría el día en que la historia le daría la razón.
Como Mons.Stepinac no quiso elegir a sus defensores, el Supremo Tribunal Croata eligió a Ivo Politeo y a Natko Katicic.
Ambos eran políticamente independientes, pero tenían las manos atadas por el poder del comunismo, que les impedía tener cualquier contacto con los representantes de la Iglesia.
Los agentes custodiaban día y noche el departamento de Politeo, vigilando cada uno de sus pasos. Entre el día de su detención y el de su proceso, Mons. Stepinac tuvo derecho a hablar con sus abogados, sólo una vez durante una hora.
Este proceso, que fue una verdadera parodia de justicia, fue llamado por Pío XII "Tristissimo processo".
Muchos sacerdotes, al igual que otros antiguos dignatarios del Estado Croata Independiente, fueron juzgados al mismo tiempo que Mons. Stepinac. Todos estaban acusados de colaboración y traición. Cada uno de estos procesos particulares había sido preparado de tal manera que el nombre del Arzobispo fue implicado y apareció en todos... Así, intentaban esconder la verdadera razón que había incitado al Partido Comunista a realizar "el proceso" contra Mons. Stepinac: su carta a los fieles de septiembre de 1945.
El proceso comenzó el 30 de septiembre de 1946. La entrada al Tribunal no era libre: Sólo podían entrar los invitados del OZN-a. Esto demuestra que el público fue cuidadosamente elegido para jugar un rol psicológico importante y tendencioso en el desarrollo del proceso. Hasta el 7 de octubre, el procurador general había hablado ya cuarenta y ocho horas, mientras que los abogados de la defensa habían tenido tantas dificultades para que se les concediera la palabra, que sólo habían hablado una veintena de minutos. La policía vigilaba que no se tomaran notas y confiscaba las que se hubieran tomado. Las actas del proceso publicadas por la prensa no correspondían a la realidad de lo que el público escuchaba en la sala; los lectores recibían una imagen deformada de lo que en verdad ocurría. A veces, para fatigar cuanto fuera posible a los acusados y desalentar a sus abogados, quienes no habían tenido tiempo para estudiar a fondo los expedientes para preparar la defensa, la audiencia duraba desde las 8 de la mañana hasta las 20 o 21 horas de la noche.
Los principales puntos de la acusación eran el colaboracionismo, la traición al régimen, al igual que el terrorismo y la presión sobre la población ortodoxa para hacerlos convertirse al catolicismo. Sin embargo, todo el mundo sabía lo contrario...
Uno de los testigos de la defensa, Kvaternik, declaró que el régimen de Pavelic no quería para nada a Mons. Stepinac porque justamente este último, luchaba contra toda forma de presión precitada, y porque salvaba vidas humanas, con prescindencia de que fueran o no ortodoxos. La prensa no hizo mención de este testimonio...
A lo largo de todo el proceso, el presidente del Tribunal y el procurador de la República no dejaron de proferir todo tipo de injurias contra el acusado. Mons. Stepinac respondía con su silencio. Sin embargo, Monseñor Stepinac pensaba que sobre algunos puntos debía dar algunas precisiones. Al principio del proceso, pidió una vez la palabra, pero el presidente le denegó el derecho. Pero, cuando le fue posible, dijo que su conciencia estaba limpia de todo lo que se le reprochaba. Su conducta era tranquila, marcada por el dominio de sí y de sus palabras. Para él, el tiempo del proceso formaba parte del sacrificio por la Iglesia.
A veces, durante el desarrollo del proceso, hacían aparecer supuestas "pruebas" escritas por Mons. Stepinac, que este último no reconocía en absoluto. Esta ignorancia demostraba, una vez más, que este proceso era una farsa total.
Declaración de Mons. Stepinac ante el Tribunal (3 de octubre de 1946)
"A todas las acusaciones en mi contra, respondo que mi conciencia está tranquila, incluso si esto hace reír al auditorio. No tengo la intención, ni de defenderme ni de apelar contra vuestro veredicto. Por mis convicciones, que emanan de una conciencia en paz, soy capaz de soportar las burlas, el desprecio y la humillación, estoy listo incluso, a morir en cualquier instante.
Se ha repetido aquí cientos de veces: "acusado Stepinac". Pero nadie es tan inocente al punto de no comprender que detrás de este "acusado Stepinac", se encuentra sentado en el banco de los acusados el Arzobispo de Zagreb, representante de la Iglesia Católica en Yugoslavia. Tanta veces ustedes mismos han apelado al clero, aquí presente, para que manifieste la culpabilidad de Stepinac en lo que concierne a la actitud del pueblo y del clero. Pues Stepinac, por sí mismo, no puede tener tanta influencia, se trata entonces del Arzobispo.
Hace diecisiete meses que soy atacado en público y a través de la prensa; desde hace doce meses estoy internado en mi residencia episcopal.
Conversión de los ortodoxos
Se me acusa de haber rebautizado a serbios ortodoxos. El término en sí ya es falso, porque quien ha sido bautizado una vez no necesita ser nuevamente bautizado.
Se trata del paso a otra confesión. No entraré en detalles, pero declaro que mi conciencia está tranquila y que un día la historia juzgará. Es verdad que me vi obligado a convertir a los curas a los que los ortodoxos amenazaban de muerte porque retardaban las conversiones al catolicismo, y los serbios querían matarlos. Pero, también es exacto que, durante los años de guerra, la Iglesia conoció no pocas dificultades en su intento de ayudar al pueblo serbio.
El Señor Presidente me ha mostrado el documento, testimoniando que he reclamado el monasterio ortodoxo deshabitado, que era al principio, propiedad de nuestra orden de Paulinos, situado en Orahovica. Yo quería instalar allí a los Trapenses expulsados por los alemanes de Rajhenburg. Considero que era mi deber ayudar a nuestros hermanos eslovenos, a quienes los soldados de Hitler habían obligado a exiliarse.
Delito grave - Capellán del ejército
Me reprochan como delito grave el hecho de haber ejercido el cargo de Capellán del ejército. El presidente del Tribunal me ha preguntado si no consideraba como acto de traición hacia Yugoslavia el hecho de haberme relacionado con el Estado Independiente de Croacia. Ocurre que yo ya era Capellán militar bajo el antiguo régimen yugoeslavo.
Durante los ocho o nueve últimos años, he intentado regular la situación de la Capellanía militar. Pero no pude encontrar una solución definitiva.
Finalmente la situación fue jurídicamente regulada en Yugoslavia, por un Concordato obtenido con dificultad, pero este reglamento no fue efectivizado pues, después de su ratificación en el Parlamento, caducó en las calles de Belgrado.
Hacia fines de la guerra Yugoslavia-Alemania, yo debía procurar ayuda espiritual tanto a los soldados católicos del antiguo ejército yugoeslavo, como a los soldados del Estado Independiente de Croacia, recientemente creado. Pues si un estado se hunde, los soldados permanecen y nosotros estamos obligados a tener en cuenta su situación.
Los derechos del pueblo croata
Por lo tanto, no he sido persona grata ni a los alemanes ni para los ustachis. No he formado parte de los ustachis y no les he prestado juramento como lo han hecho algunos de vuestros funcionarios, aquí presentes. Por plebiscito el pueblo croata se declaró a favor del Estado Croata, y yo no sería nadie si no hubiera sentido latir el pulso de mi pueblo, cuyas condiciones de vida eran las de esclavitud bajo el antiguo régimen yugoeslavo. En efecto, he afirmado que los ascensos en las carreras militares o diplómaticas no eran posibles para los croatas si éstos no cambiaban de religión, o si no se casaban con ortodoxos. Esta era la base y la sustancia de mis sermones y de mis cartas pastorales.
Cuando hablé del derecho del pueblo croata a la libertad y a la independencia, lo hice en concordancia con los principios esenciales de los Aliados señalados en Yalta y en la Carta del Atlántico. Si de acuerdo a tales conclusiones, cada pueblo tiene derecho a su independencia, ¿Por qué este derecho le sería denegado únicamente al pueblo croata? La Santa Sede ha señalado en múltiples oportunidades que las pequeñas naciones y las minorías nacionales tienen derecho a la libertad. Entonces un Obispo o un Metropolita católico ¿No tienen derecho a recordarlo? Moriremos, si es necesario, en el cumplimiento de nuestro deber. Si ustedes creen que el pueblo croata está satisfecho de su suerte, o si eventualmente, ustedes le dan otra ocasión de manifestarse, no pondré obstáculos. He respetado y respetaré siempre la voluntad de mi pueblo.
Autoridad legal
Me acusan de ser enemigo del Estado y de las autoridades nacionales. Entonces, les ruego que me digan ¿quién representaba a la autoridad para mí en 1941? ¿El golpista Simovic en Belgrado, o los traidores -como ustedes los llaman- en Londres, o los de Jerusalem, o quizás las autoridades de la guerrilla, o finalmente, la autoridad de aquí, de Zagreb? Mejor todavía, en 1943 y 1944, la autoridad ¿se encontraba en Londres o en la guerrilla? Ustedes representan para mí la autoridad desde el 8 de mayo de 1945.
¿Podría yo obedecer a la vez, a ustedes que estaban en la guerrilla y a los que estaban en Zagreb? "Se puede servir a dos patrones a la vez? No es posible, ni católica ni moralmente, pero tampoco es posible de acuerdo con el derecho internacional, ni siquiera tampoco de acuerdo con el derecho humano simplemente. No podemos ignorar la autoridad suprema del Estado, incluso aún cuando ésta emanara de los ustachis, puesto que dicha autoridad se había instalado aquí.
Ustedes tienen derecho a interrogarme sobre mis actos y de juzgar mi responsabilidad, pero sólo a partir del 8 de mayo de 1945.
Ustedes no tienen ninguna prueba de mis actos "terroristas" y, por otra parte, nadie podrá dar fe de lo que ustedes afirman. Si Lisak, Lela Sopijanec y otros venían a verme bajo un falso nombre, o si recibía cartas que apenas podía leer, si es mi delito que la gente viniera a verme, entonces, espero tranquilo vuestro veredicto. Si di un salvoconducto al sacerdote Maric, no tengo nada que reprocharme, mi conciencia está tranquila, pues no tenía ninguna intención de hacer nada contra el Régimen; podría morir con el alma en paz. No tiene ninguna importancia que ustedes me crean o no. El acusado, Arzobispo de Zagreb, sabe no sólo sufrir, sino también, si es necesario, ¡morir por sus ideas!
Incluso el Presidente del Gobierno, Vl. Bakaric, había dicho al sacerdote Milanovic: "sabemos que detrás de todas estas acciones se encuentra el Arzobispo, pero no tenemos ninguna prueba". Para mi está claro.
La persecución religiosa
Y ahora, ¿en qué consiste todo el conflicto, todas nuestras dificultades y por qué la situación no se apacigua?
El Procurador General ha afirmado en múltiples oportunidades que en ningún otro lugar hay tanta libertad de conciencia como aquí, en este Estado.
Me permito citar sólo algunos hechos, que probaran lo contrario. Nuevamente afirmo ante todos, que de 260 a 270 sacerdotes han sido ejecutados por el Movimiento Nacional de Liberación. En ningún estado civilizado del mundo tantos sacerdotes hubieran sido castigados así por las faltas que ustedes les han reprochado.
Tomemos por ejemplo el caso del cura Burger, de Slatina. Si a título de ex-miembro del Kulturbund, ustedes lo hubieran condenado por ejemplo a ocho años de detención, podríamos comprenderlo, pero ustedes lo condenaron a muerte y lo han ejecutado porque había transportado, como Deán, los objetos litúrgicos de la vecina localidad de Vocin, lo que por otra parte era su deber.
Nuevamente afirmo: en ningún otro estado civilizado se hubiera actuado de esta forma. El sacerdote Povoljnjak fue asesinado sin juicio previo como un perro en la calle. Se ha actuado de la misma manera con las religiosas acusadas. En ningún otro país civilizado se las hubiera condenado a muerte, sino como máximo a prisión. Ha sido una grave falta de táctica ejecutar a los sacerdotes. El pueblo no lo olvidará jamás.
Nos han confiscado nuestras escuelas católicas que tantos sacrificios nos han costado. Nos impiden enseñar en los Seminarios. Este año no hubiéramos podido retomar los cursos si no hubiéramos recibido de Estados Unidos siete vagones de material. Los alumnos de los Seminarios son todos hijos de nuestros campesinos más pobres y ustedes nos han confiscado, por la fuerza, todos los bienes de los Seminarios. Ustedes han hecho todo igual que la Gestapo, que le sacó al Seminario la propiedad Mokrice.
No nos hemos opuesto a la reforma agraria, pero era necesario entenderse con la Santa Sede. El funcionamiento de nuestros orfelinatos se ha vuelto imposible. Nuestras imprentas son destruídas y no sé si queda aún alguna. Nuestra prensa, que ustedes han atacado tanto, no existe más ¿No es un escándalo afirmar que en ningún otro lugar la Iglesia es tan libre como aquí? Los dominicos han hecho imprimir un libro religioso que he traducido del francés, los gastos se elevaban a 75.000 dínares.
Cuando la impresión estuvo terminada, se negaron a devolver los libros ¿Es esto libertad de prensa? La Sociedad Literaria Croata San Jerónimo ha desaparecido. Este ha sido un grave delito contra el pueblo, pues era ésta, una de nuestras más importantes instituciones culturales.
Me han reprochado también la actividad de "Caritas". Pero repito aquí que "Caritas" misma ha brindado un gran servicio a nuestro pueblo y a vuestros hijos.
En lo que concierne a la enseñanza religiosa, ustedes la han suprimido absolutamente en el ciclo superior de las escuelas secundarias, y, en las clases de primaria, se han vuelto optativas. ¿Cómo esos pequeños, que están en pleno crecimiento, pueden decidir por ellos mismos si es, bueno o no tener lecciones de catecismo? Y a los adolescentes que ya han adquirido el derecho de votar, ustedes les niegan la libertad de decisión en cuanto a los cursos de religión en sus escuelas.
¿Con cuántas dificultades se chocan nuestros hospitales católicos en donde trabajan las religiosas?
Ustedes han impuesto el matrimonio civil contra la voluntad de la mayoría del pueblo. "Por qué no han intentado adaptar esta libertad a la mentalidad de nuestro pueblo? En América es más equitativo: según sus convicciones, unos se casan civilmente, los otros religiosamente. No nos oponemos a que exista cierto control del matrimonio. Pero nuestro pueblo sufre por ser obligado a pasar primero por la alcaldía y luego por la iglesia. Si nos hubieran consultado, les hubiéramos podido dar las sugerencias apropiadas.
Se han confiscado las casas pertenecientes a las religiosas en Backa, algunas iglesias en Split fueron transformadas en depósitos; no sé si esto ha cambiado. Los bienes de la Iglesia han sido tomados sin ningún previo acuerdo con la Santa Sede.
Ustedes han visto como el pueblo se negaba a apropiarse de ellos. Pero esta cuestión material es un problema menor.
El punto doloroso es el siguiente: Ningún sacerdote ni Obispo está hoy seguro de su vida, ni de día ni de noche. El Obispo Srebrnic fue atacado en Susak por algunos jóvenes, dirigidos por ciertas personas. Durante tres horas lo han maltratado moral y físicamente en una pieza, mientras que vuestra policía al igual que la milicia, permanecían indiferentes.
Yo mismo, por otra parte, pasé por la misma situación en Zapresic. El Obispo Lach debía presentarse en un pueblo del otro lado del río Drava para impartir allí la Confirmación. Aunque sabían porque iba allí, se lo impidieron, manteniéndolo toda la noche en prisión en Koprivnica. En aquel momento algunos de los vuestros, antiguos guerrilleros, vinieron a verme indignados, diciendo que iban a protestar ante las autoridades competentes.
En lo del Obispo Buric rompieron todos los vidrios a pedradas mientras administraba la Confirmación. En cuanto al Obispo Pusic, acabo de enterarme que ha sido atacado, en estos días, a golpes de papas y de huevos podridos.
En estas condiciones, la libertad es absolutamente ilusoria y no podemos aceptar ser esclavos sin tener ningún derecho. Lucharemos por todos los medios legítimos para obtener, el respeto de nuestros derechos también en el Estado actual.
Los perseguidores y la doctrina de la Iglesia
Para que comprendan mejor las razones de nuestra lucha, citaré también tres o cuatro ejemplos de esta pretendida libertad. En los manuales escolares se afirma, contra toda prueba histórica, que Jesucristo no existió. ¡Sepan que Jesucristo es Dios! Nosotros estamos listos a morir por El, pero ustedes propagan la tesis de que El ni siquiera existió. Si un educador se atreve a decir lo contrario seguramente perderá su puesto. Lo digo francamente, señor Procurador General, que en tales condiciones no sólo niegan la libertad a la Iglesia, sino que lograrán exterminarla en poco tiempo.
Cristo es la base del cristianismo. Ustedes protegen a los serbios ortodoxos. Pero, les pregunto, ¿Cómo imaginan a los ortodoxos sin Cristo? Es absurdo. ¿Cómo imaginan a la Iglesia católica sin Cristo? Es totalmente absurdo. En vuestros manuales se afirma que la Madre de Dios era una mujer de mala vida. ¿Ignoran que Ella era una santa, tanto para los ortodoxos como para los católicos?
Ustedes afirman oficialmente que el hombre desciende del mono. Esto será así para quienes lo crean. Pero, "cómo se atreven a sostener tal tesis de evolución puramente materialista? Según ustedes, el materialismo es la única vía científica, lo que significa que hay que simplemente borrar a Dios y al cristianismo. Si no existe nada más que la materia, entonces les agradezco su libertad. Uno de vuestros altos funcionarios ha dicho: "No existe ningún hombre en este Estado que no pueda ser conducido ante el Tribunal y juzgado".
Las otras acusaciones nos colocan en el rango de asesinos y amigo de los terroristas. Todos los crímenes cometidos en el Estado Croata Independiente no provenían de los domobranes (soldados regulares) y de los ustachis. No eran tiempos fáciles para la Iglesia. Debía abrirse camino a través de numerosas dificultades. Que nadie piense que yo deseo la guerra. Que el gobierno actual inicie relaciones con la Santa Sede. La Iglesia no conoce dictados, pero tampoco se opone a los acuerdos honestos.
Es una posibilidad. En este caso, los Obispos sabrán cuál es su deber y no será necesario, para citarlos ante la justicia, buscar otros sacerdotes como testigos de cargo, como es mi caso.
El Partido Comunista, mi verdadero acusador
Finalmente, quisiera decir algunas palabras sobre el Partido Comunista que es, en efecto, mi verdadero acusador. Si piensan que hemos tomado nuestra actitud respecto de ellos por causas de intereses de orden material, se equivocan, pues nos hemos mantenido firmes, aún cuando nos han empobrecido. No nos oponemos a que los obreros tengan más derechos en las fábricas, pues este es el espíritu de las Enciclopedias Pontificias. No tenemos nada en contra de las reformas justas, pero que los partidarios del comunismo nos permitan gozar de los mismos derechos que ellos, para propagar y confesar lo que creemos. Los católicos han dado su vida por obtener estos derechos, y continuarán haciéndolo si es necesario.
Para concluir: con buena voluntad podremos entendernos, pero la iniciativa debe venir del gobierno actual. Ni yo, ni el Episcopado somos competentes para entablar negociaciones de principios, esto es asunto de las autoridades gubernamentales y de la Santa Sede. En lo que a mi concierne y en lo que respecta a mi proceso, no tengo necesidad de piedad pues mi conciencia está tranquila".
El International News Service del 4 de octubre de 1946 escribía que el heroísmo y la tranquila modestia del acusado destruían todas las acusaciones mentirosas, pero que, su discurso no había sido publicado en ninguna acta oficial.
El 5 de octubre, 58 testigos de cargo desfilaron ante el acusado en el proceso, todos venían de un territorio alejado de la jurisdicción del Arzobispo. Estos testigos describían el terrorismo de los ustachis en el momento de la conversión obligada de los ortodoxos al catolicismo. Pero cuando en consecuencia, los abogados de la defensa quisieron hacer hablar a sus testigos, el procurador se opuso. Pero Politeo protestó fuertemente, pues además de rechazar a sus testigos, él mismo había podido tomar la palabra en contadas ocasiones. "No es posible escuchar sólo a los testigos de cargo. Eso sería insultar a la verdad". Después de una áspera discusión, el Presidente finalmente aceptó. Pero, en lugar de escuchar a los 35 testigos propuestos, sólo escuchó a siete.
En la sala de espera, todos los que habían venido a testimoniar la inocencia de Mons. Stepinac esperaban en vano, durante horas. Allí estaban el actual Cardenal Franjo Seper, profesores ortodoxos de la Universidad: Julije Budisavljevic, Dragisic y Negovetic, médicos, al igual que el Obispo ortodoxo Emilijan y algunos sacerdotes ortodoxos. Pero ninguno de ellos pudo testimoniar ante el Tribunal...
El Dr. Radetic, médico en jefe de la clínica universitaria en Zagreb, ortodoxo, salvado y protegido por Mons. Stepinac en los momentos críticos del régimen precedente, quien había venido a testificar, fue echado con insultos del escritorio del Procurador. Poco tiempo después perdió su puesto. Sin embargo, gran parte de los problemas y los riesgos que había corrido bajo el régimen precedente, se debían a que él soñaba secretamente con el advenimiento de los partisanos del régimen actual. Estos querían en ese momento desembarazarse de él, porque decía la verdad. Por otra parte, todos los testigos de la defensa eran insultados.
El trabajo de los defensores de Mons. Stepinac era continuamente obstaculizado por el temor a la venganza del Partido Comunista. En primer lugar, tomó la palabra por la defensa Politeo, intentando valientemente hablar a pesar de las amenazas suspendidas sobre su cabeza, pero eligiendo prudentemente los términos de su discurso.
Alegato de I. Politeo (8-10-1946)
Hay que señalar: 1) que por principio, Mons. Stepinac no quería defenderse, ni personalmente, ni a través de un abogado; 2) que todos los abogados que se ofrecieron a defenderlo, fueron rechazados por el Tribunal y 3) que fue el Tribunal Supremo quien nombró como defensores de Mons. Stepinac a I. Politeo (quien bajo la dictadura de Alejandro, defendió a Tito) y a M.N. Katicic (quien en dos momentos de su discurso señaló que hablaba como abogado oficial).
"Señores Jueces del Tribunal Popular Supremo. Hace dieciséis años, en el momento en que el fascismo se encontraba en el apogeo de su poder, cuando nuestra ciudad de Rijeka estaba en manos de Italia, la policía italiana detuvo en esta ciudad a un joven ingeniero croata acusado de haber cometido un delito político.
Después de su arresto, fue transferido a Roma, a la prisión de Regina Coeli. Su anciano padre permaneció durante largo tiempo sin noticias sobre el destino de su hijo, se dirigió a mí, pidiéndome que en calidad de abogado extranjero fuera a Roma a fin de informarme sobre la suerte que había corrido su hijo. Extranjero, sin conocer la atmósfera local, llegué a Roma, en donde pedí a un joven abogado que colaborara conmigo en esta tarea. Pero este abogado italiano me respondió: "Mi querido colega, soy fascista y los principios fascistas me impiden tomar la defensa de alguien que es sospechoso de haber atentado contra el Estado o las autoridades fascistas".
Rol del abogado de la defensa
Tales eran las costumbres en Italia en aquella época, pero no existe ni debe existir cosa parecida en la Yugoslavia de hoy, desde el momento en que constantemente invocamos el slogan: "Muerte al Fascismo", lo que quiere decir muerte a todos los procedimientos fascistas, incluso a aquellos que recordó el abogado italiano que acabo de mencionar. Sin embargo, nosotros, abogados croatas de tendencia liberal y democrática, no tenemos necesidad de invocar ahora los principios fascistas, pues para nosotros esos principios no tienen ningún valor y nunca nos han contaminado.
Desde el inicio de nuestra carrera de abogados, y algunos de nosotros desde bastante antes, considerábamos que era nuestro deber responder, dentro de los límites posibles, al llamado de los inculpados, sin tener en cuenta la calificación de la incriminación, pues negándonos a su llamado los privaríamos de la asistencia judicial exponiéndolos así al peligro de ser condenados con ligereza o, si eran culpables, de verse castigados con una pesada condena, en una palabra de ser víctimas de un error judicial, caso del que no está exento ningún procurador ni ningún juez. Al aportar con nuestra defensa, nuestra asistencia al inculpado, ayudamos igualmente al Tribunal y colaboramos con él en la búsqueda de la verdad, conforme a las reglas del procedimiento judicial y a la sana concepción de la justicia, condiciones previas de un veredicto equitativo. No nos está permitido inclinarnos ante las afirmaciones del acta de acusación, si hemos llegado a la convicción de que esta acta es total o parcialmente errónea.
El cliente: Mons. Stepinac
Mi cliente, Monseñor el Arzobispo Alois Stepinac, es inculpado de procedimientos criminales hacia el pueblo y contra el Estado. Me esforzaré entonces, con toda mi energía, por basarme en los principios antes evocados, es decir, en la Justicia, la ley, y en una concepción jurídica correcta, en una palabra, en la equidad. Sin embargo debo reconocer que mi tarea es bastante difícil. Esta dificultad no se encuentra en la gravedad del acta de acusación, sino, en primer lugar, en el peso de la autoridad sobre la cual el Procurador ha sostenido su acusación, luego en la psicosis que todos nuestros diarios han creado con su campaña sistemática, en una parte de la opinión pública contra el Arzobispo, sin que éste pueda presentar su defensa en los mismos diarios. Mi cliente también me ha complicado la tarea, declarando que no se defendería y que, en consecuencia, no respondería a las preguntas que los jueces le formularían. Sin embargo, algunas de estas preguntas, contra su agrado, lo han forzado a interrumpir a veces su silencio y a responder.
Sus respuestas esporádicas y sus silencios, han sido interpretados, por algunos, en su detrimento. En efecto, se ha interpretado su silencio ante ciertas cuestiones, como índice de que no sabía o no podía responder, sin perjudicar a su causa. Si el Arzobispo, en lugar de callarse, hubiera respondido a ciertas preguntas, sus respuestas le hubieran servido, pues la verdad es siempre la mejor defensa. Pasemos ahora al acta de acusación:
Acta de Acusación
Esta divide la actividad incriminada al Arzobispo en tres períodos: antes de la ocupación, la que precede a la caída del llamado Estado Independiente Croata (E.I.C.), y finalmente el que siguió a la liberación. División correcta, pero incompleta, puesto que el acta de acusación no hace ninguna distinción entre los acontecimientos, según las personas implicadas y los lugares donde se han desarrollado. En lugar de considerar la actividad del Arzobispo Stepinac aparte, el acta de acusación, la confunde con la actividad de ciertas personas que han actuado en otras regiones del país. Esta ligazón de la actividad de Mons.
Stepinac con la actividad de terceros y con los acontecimientos que se han desarrollado fuera de su diócesis, es decir, fuera del Arzobispado de Zagreb, esta atribución de responsabilidad de los actos de terceros cometidos en otras diócesis, constituye el error fundamental de la acusación. En el desarrollo de mi alegato, examinaré en detalle este capítulo.
Stepinac ante la guerra
Antes de hablar de la parte de la acusación que se refiere al período de la ocupación, quiero evocar brevemente el pasado de mi cliente, y su actividad antes de la ocupación.
En el curso de la primera guerra mundial, Stepinac, quien ya había terminado su bachillerato, hizo su servicio militar en el frente italiano donde cayó prisionero. Como muchos otros prisioneros de nacionalidad croata, Stepinac se alistó como voluntario yugoeslavo para luchar contra la monarquía austro- húngara y así fue enviado al frente de Salónica. En 1937, patrocinó el "Comité de Ayuda a los Refugiados", aportando así su ayuda moral y material a los antifascistas, quienes, huyendo de las persecuciones de Hitler, se evadían de Bohemia, de Polonia, de Austria, etc. En el curso del proceso aportaré las pruebas de esta actividad de Mons. Stepinac, pues su ayuda en favor de los refugiados se desarrolló hasta la ocupación y durante la misma. Por ahora, citaré un ejemplo: un refugiado de entonces, se convirtió después de la guerra en Ministro austríaco de Justicia, me refiero al Dr. Goere. En 1938, Mons. Stepinac votó públicamente por el Dr. Macek, quien en esta época figuraba a la cabeza de la lista de oposición democrática yugoeslava, que se presentaba coalicionada, o como Stepinac mismo expresó, "voto por el pueblo croata".
Con este pasado, con esta posición combativa para la liberación del yugo austro-húngaro, por la comunidad yugoeslava, por el pueblo croata y su soberanía, por la democracia, por los antifascistas y contra el nazismo y el fascismo, el Arzobispo Stepinac entró en el período de ocupación. ¿Se puede esperar que un hombre semejante traicione, durante la ocupación, su pasado, y que colabore con el enemigo?
El Estado Independiente de Croacia (E.I.C.)
Si queremos juzgar correctamente al Arzobispo Stepinac durante la ocupación, primero debemos conocer qué era esta ocupación y qué era el Estado Independiente de Croacia. El procurador declaró ayer en su discurso que este último no era un Estado. Comparto esta opinión, pero no comparto la argumentación aportada por el procurador en favor de su tesis, que es también la mía. Primero dijo que el Estado Independiente de Croacia, al no ser independiente, no era un Estado. Pero, todos los días, leemos en los diarios que este carácter de independencia no se comparece con el de Grecia, país que sería un satélite de Gran Bretaña, sin embargo Grecia, como Estado reconocido, forma parte de la Conferencia de Paz, en París. Como segundo argumento el procurador invoca la existencia de un régimen sangriento durante la existencia del Estado Independiente de Croacia. Sin embargo, habitualmente leemos muchas cosas sobre el régimen sangriento de España, pero a pesar de todo, nadie discute las atribuciones del Estado. Finalmente, el procurador ha reprochado al Estado Independiente de Croacia, el hecho de deber su creación a la ayuda extranjera, la de los alemanes e italianos. Esto es exacto. Pero no es menos exacto que Yugoslavia ha sido creada gracias, sobre todo, a la ayuda extranjera, en primer lugar de Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos de América, que destruyeron el Imperio Austro- Húngaro y liberaron a Serbia. De manera similar nació la República Checoslovaca. Nadie sin embargo ha pensado en discutir el carácter de Estado de Yugoslavia o Checoslovaquia.
¡No, el Estado Croata Independiente no era un Estado, a pesar de las tesis de los juristas quienes llegaron a conclusiones opuestas, basándose en las bien conocidas definiciones de Estado, según las cuales, la existencia de un pueblo, de un territorio y de un gobierno, constituyen su criterio! No, no es a causa de los argumentos invocados por el procurador que el Estado Independiente de Croacia no era un Estado, sino porque el territorio del Estado Yugoslavo había sido militarmente ocupado por los alemanes y los italianos y porque sus poderosos ocupantes habían mantenido durante toda la guerra, su territorio bajo régimen de ocupación, ejerciendo realmente su poder y su voluntad por intermedio de aquel gobierno ustachista, al ser sólo su instrumento, sólo constituía una fachada.
Bajo la ocupación
Se trata en consecuencia, no del Estado Independiente de Croacia, sino de un régimen de ocupación, ejercido de hecho por los ocupantes -directa o indirectamente- sobre una parte del territorio de Yugoslavia, bautizado Estado Independiente de Croacia. En estas condiciones tenemos que examinar la siguiente cuestión:
¿Cuáles son las relaciones que se crean entre el poder del invasor y los habitantes de un territorio ocupado? La respuesta a esta pregunta la encontramos en las reglas de la Convención de La Haya de 1907, sobre todo en los parágrafos 42-56 de su tercer capítulo que se refiere a la autoridad militar en un territorio ocupado. Siguiendo estas disposiciones, todo el poder legal pasa a manos del ocupante, el cual está obligado y autorizado a tomar todas las medidas para asegurar el orden público y el funcionamiento de la administración. En efecto, el ocupante está obligado a hacer cumplir las leyes del país, pero únicamente en caso de no enfrentarse a una necesidad o a un obstáculo mayor. Está autorizado a exigir de parte de los habitantes, obediencia, teniendo en cuenta las excepciones y las limitaciones previstas en la Convención misma. Dentro de estos límites, los habitantes le deben obediencia. Naturalmente esta obligación es de carácter jurídico. Pero si alguien se niega a obedecer, lo hace a costa de riesgos y peligros. En efecto, varios miles de croatas y serbios se negaron a obedecer y huyeron hacia los bosques para luchar armados por la liberación de la patria sojuzgada. Se convirtieron en héroes, a los cuales, reconociéndoles sus méritos, les rendimos homenaje. Sin embargo, no todos pueden ser héroes y si alguien no lo ha sido, no podemos concluir por ello que sea un traidor que ha colaborado con el ocupante, y menos todavía un criminal de guerra. Por otra parte, aquí sólo examinamos las reglas del derecho internacional en la medida en que estas reglas autorizaban e incluso obligaban al acusado a actuar como actuó, y esto es lo que ahora se le reprocha. El procurador no se equivocó cuando ayer a la tarde citó la opinión de un juez de Derecho Internacional según la cual, los habitantes de un territorio ocupado no están obligados a obedecer al ocupante. Es verdad que no se puede, de acuerdo a la Convención de La Haya, obligarlos a prestar juramento de fidelidad al ocupante (parágrafo 45 del texto alemán: "Treue leisten": prestar juramento). Pero hay una diferencia entre la fidelidad y la obediencia ya mencionada.
En los diversos procesos políticos después de la liberación, nosotros, los abogados, hemos intentado muchas veces referirnos a la Convención de La Haya, a fin de poder justificar con ella una cierta colaboración política y económica con el ocupante. Sin embargo los tribunales han rechazado siempre este argumento debido a que los alemanes no habían observado a nuestro respecto, las reglas de la Convención de La Haya y que en consecuencia, era oportuno de nuestra parte reaccionar no respetándolos tampoco. Puedo comprender y aprobar enteramente tal argumentación concerniente a los ocupantes alemanes, pero no puedo encontrarle ninguna explicación cuando se trata de los hijos de nuestro pueblo. Pero ¿cómo puede ser que sean los croatas y los serbios quienes estaban dispuestos a respetar la Convención de La Haya, lo que tengan que pagar por la violación de esta Convención, violación perpetrada por otros (el ocupante alemán)? ¿Es lógico y justo que ciertas personas inocentes de nuestro país tengan que expiar las faltas cometidas por el ocupante alemán? Evidentemente no se trata de personas que hayan colaborado voluntariamente y fuera de las obligaciones que impone la Convención de La Haya con el ocupante. Su colaboración sería entonces condenable y no tendríamos derecho a invocar la Convención de La Haya.
A pesar del procedimiento judicial, seguido hasta este momento, me refiero hoy también a la Convención de La Haya por las razones ya mencionadas, sobre todo porque en el curso de la guerra, nuestros aliados basándose en ella, pidieron a los alemanes y a los italianos que reconocieran a los partisanos, al Ejército de Liberación Nacional, la calidad de un ejército regular.
Directivas de la Iglesia para el tiempo de guerra
Además de la Convención de La Haya que fija las reglas del Derecho Internacional, existe igualmente una regla del Derecho Canónico que da a las relaciones entre el Arzobispo Stepinac y el ocupante, es decir el supuesto gobierno ustachista en su calidad de agente del ocupante, una significación completamente diferente de la que se le atribuyó en el acta de acusación. Me refiero a la Constitución "Sollicitudo Ecclesiarum" promulgada por el Papa Gregorio XVI, el 5 de julio de 1831. A causa de su pesado estilo latino, no quiero citarla aquí textualmente, me limitaré únicamente a resumir sus ideas y remito al Tribunal, para cualquier consulta, el texto íntegro. Esta Constitución precisa claramente que en épocas revolucionarias de lucha por el poder, no debe considerarse el reconocimiento de un estado de hecho y de su autoridad por parte del representante de la Iglesia, como un reconocimiento de jure, ni deducir de esto que los derechos de los otros están anulados. En estas condiciones, si con el objeto de asegurar el bienestar moral del pueblo, los representantes de la Iglesia tomaran contacto con personas munidas de autoridad, debe considerarse este acto como habiéndose cumplido sin que, de hecho, ninguno de los derechos anteriores de terceros hayan sido violados. El acusado, Dr. Stepinac, en su calidad de Arzobispo, y por tanto del más alto representante de la Iglesia -al menos en su diócesis- estaba obligado a ajustar su actitud hacia el ocupante a esta Constitución.
Sin embargo, aunque estas prescripciones legales no hubieran existido, es innegable que igualmente debiéramos tener en cuenta el hecho de la ocupación que en si mismo contiene la fuerza y la presión, y, en nuestro caso, no se trata de la fuerza de un ocupante razonable, sino por el contrario, de la fuerza de un ocupante terriblemente inhumano y feroz, como fue el caso de los alemanes y sus servidores, los ustachis.
Una fuerza y una presión tales excluyen el consentimiento voluntario de aquellos sobre los cuales se ejercen o de aquellos contra los cuales profieren amenazas sobre el empleo de la fuerza, lo que excluye la manifestación del consentimiento voluntario, condición sin la cual, de acuerdo al derecho de todos los pueblos civilizados, el delito se vuelve incastigable. Usando esta fuerza y esta presión, los jueces del Estado Independiente de Croacia, pronunciaban sus veredictos; bajo esta presión los funcionarios de la Administración dirigían los servicios públicos; bajo esta presión los ciudadanos se dirigían a los Tribunales y a las autoridades administrativas; bajo esta presión se pagaban los impuestos y funcionaban los transportes; bajo esta compulsión los obreros trabajaban en las minas, en las empresas industriales y comerciales, etc.; lo repito una vez más: cada uno se comportaba -con excepción de los que se habían unido a la guerrilla- de acuerdo a las exigencias de su profesión y de su posición social, al menos en el sector público de la actividad. Desde el momento en que no se reprocha ni su conducta ni su comportamiento hacia los ocupantes a los millones de personas que vivieron bajo la ocupación, es ilógico que se censure al Arzobispo Stepinac, que ejercía una función tan delicada, por haber tenido relaciones con el ocupante, relaciones que se redujeron al mínimo indispensable en vista de ahorrar, en cuanto fuera posible, al pueblo y a la Iglesia mayores males. (Risas en la sala). Los mismos que ahora se ríen, si vivieron en aquella época en Zagreb, seguramente se habrán guardado bien de hablar. Debían circular tranquilamente por las calles de Zagreb junto a los soldados de ocupación y a los ustachis y -para utilizar los mismos términos empleados por el camarada Presidente del tribunal- tenían bien guardada la lengua en el bolsillo. Pero había alguien que no se callaba, alguien que protestaba públicamente, el Arzobispo Stepinac.
Muéstrenme algún otro que, en el tiempo de la ocupación haya osado, frente a las autoridades ocupantes y a los ustachis, protestar contra todas las violencias tan a menudo y con tanta energía y claridad.
Harían mejor en no jactarse ni burlarse de aquél quien, a un paso de ellos, se mostró mucho más valiente.
Impugnar esta fuerza y esta presión significaría presentar a los ocupantes y a los ustachis como jefes correctos, que recibían de la población sumisa, únicamente lo que estos les remitían voluntariamente. A estas conclusiones absurdas conduzca le incriminación de los actos que bajo la ocupación eran inevitables, o evitables a costa de la muerte o de grandes sacrificios.
Falsa acusación de colaboracionismo
Cuando Stepinac visitó el 12 de abril al pretendido jefe del ejército Kvaternik, y el 16 de abril de 1941 al pretendido Poglavnik (jefe) Pavelic, hizo lo que sus funciones exigían de él y lo que igualmente hicieron otros por deber. Si comparamos las posiciones sociales de unos y otros, sus respectivos actos tienen la misma significación. Y desde el momento que no se hacen reproches a los otros al respecto, ¿Por qué sólo se le reprocha al Arzobispo? ¿Por qué se denuncia esto como un crimen? Cuando se evocan estas dos visitas, "por qué no se señala que el Arzobispo Stepinac no asistió, el 13 de abril, al recibimiento hecho a Pavelic en la estación, donde se habían congregado multitudinariamente la población de Zagreb? ¿Por qué no se menciona que después de la llegada de Pavelic, el Arzobispo no cantó el Te Deum, en la catedral? ¿Por qué no se recuerda que Pavelic, a causa de la actitud de Stepinac hacia él, no asistió más que una sola vez, durante cuatro años de ocupación, a misa en la Catedral, y esto ocurrió en 1943, cuando los italianos organizaron una ceremonia en memoria del Duque de Aosta? En esta ocasión, ni el Arzobispo ni nadie del clero recibieron a Pavelic a la entrada de la iglesia, sólo lo esperaba el sacristán. "Es este el comportamiento de un Arzobispo hacia el pretendido jefe del Estado al cual hubiera reconocido, al que hubiera sostenido y con el cual hubiera colaborado?
Durante la audiencia se leyó un pasaje entero de la circular que el 28 de abril de 1941 -es decir 18 días después de la creación del supuesto Estado Independiente de Croacia- el Arzobispo dirigió al clero del Arzobispado de Zagreb un pasaje como éste: "Les ruego y los invito a esforzarse a actuar para que nuestra Croacia (no el Estado Independiente de Croacia) sea la tierra de Dios, puesto que únicamente así podremos cumplir las dos tareas que, en su calidad de Estado, debe ejecutar en beneficio de sus ciudadanos ". Más adelante se dice: "Por todas partes debemos recordar y enseñar que el Espíritu Santo y el noble entusiasmo en la obra de la edificación de los fundamentos del joven Estado Croata (no menciona tampoco aquí al Estado Croata Independiente) están inspirados por el temor a Dios y por el amor a la Ley Divina y de sus órdenes, pues el Estado Croata se edificará únicamente sobre la Ley Divina y no sobre los falsos principios del mundo". Lo que el Arzobispo entendía por Ley Divina "No equivale -en su esencia- a los principios más nobles respetados por todos los pueblos civilizados? "Invocar la Ley Divina y las órdenes de Dios significa entonces colaborar con el enemigo, incitar a los ocupantes y a los ustachis a sus actividades criminales? -Qué felicidad si los gobernantes del país de aquel entonces hubieran respondido al llamado del Arzobispo! -Sería difícil encontrar a alguien que, preocupado por igual del fondo y de la forma, haya hecho algún reproche al pretendido Estado Independiente de Croacia!
Pero no es culpa del Arzobispo si todo resultó en contra de sus palabras, de su voluntad y de sus esfuerzos. El sólo podía lanzar su llamado, amonestar, rogar, salvar y apartar generosamente un mal aún mayor. Incluso aquellos que poseían las armas y todos los otros medios materiales, no lograron vencer a Hitler y a sus cómplices, poniendo fin así a sus maldades, sino hasta el término de seis años.
Los sacerdotes y el colaboracionismo
Buena parte del acta de acusación enumera los actos que ciertos sacerdotes habrían cometido en el territorio del pretendido Estado Independiente de Croacia. Se acusa de esto al Arzobispo Stepinac. Esta clase de incriminación proviene generalmente de la ignorancia que se tiene de la organización de la Iglesia y del Derecho Canónico. Está basada en la errónea opinión según la cual el Arzobispo tendría poder sobre todos los demás Obispos.
Sin embargo, según el canon 273, el Arzobispo está investido de los mismos poderes y las mismas obligaciones que cualquiera de los otros Obispos en sus diócesis respectivas. Cada Obispo, en tanto que Ordinario de su diócesis, es completamente independiente, y el Arzobispo no tiene derecho a intervenir en su dominio. En consecuencia, los sacerdotes de las otras diócesis no están sometidos de ninguna manera a la autoridad del Arzobispo. Este no puede ejercer ningún poder coactivo sobre su gestión. Por esta razón -y dado que nadie es responsable de los actos de otro- el Arzobispo no puede ser incriminado por los actos cometidos por ciertos sacerdotes en territorio de Obispados situados fuera de Zagreb.
Incluso en el territorio de Zagreb, el Arzobispo no posee ningún poder sobre la Orden de los Franciscanos. Este poder era ejercido por el Provincial Fray Modesto Martincic, quien por otra parte se esforzó, de manera poco cristiana, en achacar su propia responsabilidad al Arzobispo, sin probar por otra parte que él mismo haya hecho algo comparable a la noble, generosa y valiente actividad del Arzobispo Stepinac. En cuanto a los actos de ciertos sacerdotes, de los cuales se hace responsable el Arzobispo, aunque una pequeña cantidad de los mismos han sucedido en la diócesis de Zagreb, no por eso podemos demostrar que estos sacerdotes hayan cometido estos actos incriminados a instigación o por sugerencia del Arzobispo. Toda la influencia del Arzobispo sobre su clero -directa o indirecta, por palabra o por acción- estaba inspirada únicamente por la nobleza de espíritu, el orden moral, y conforme a la doctrina cristiana. Si algún sacerdote se alejó de la línea de conducta que el Arzobispo constantemente ha trazado, es evidente que la responsabilidad no incumbe a Stepinac sino al aludido sacerdote. Si algún sacerdote predicó la ideología ustachista, es seguro que no ha sido el Arzobispo quien se la ha inculcado, pues es conocida su condena a esta doctrina. Si algún sacerdote olvidó no sólo su calidad de sacerdote sino también su calidad de hombre, y si ha cometido un acto de violencia sobre un individuo o sobre la conciencia de los ciudadanos de nacionalidad croata o serbia, no puede atribuirse la responsabilidad de esto al Arzobispo Stepinac, quien con sus palabras y sus actos encarnó la viva condena y la oposición.
La Prensa Católica
Según el acta de acusación, el Arzobispo sería responsable no sólo de la actividad de los sacerdotes sino también de la actividad de la Prensa. La mayoría de los diarios, de los cuales la acusación cita algunos párrafos a modo de prueba contra el Arzobispo Stepinac, aparecían en el territorio de otras diócesis, donde estos diarios eran los órganos de ciertas órdenes religiosas. Así por ejemplo el diario "Andjeo Cuvar" (El Angel Guardián) pertenecía a los Franciscanos; "Glasnik Sv. Ante" (La Voz de San Antonio) a los Conventuales; "Vjesnik Pocasne Straze Srca Isusova" (El Diario de la Guardia de Honor del Corazón de Jesús) a los Jesuitas; "Katolicki Tjednik" (Semanario Católico) aparecía en Sarajevo, etc. No se puede tampoco hacer responsable al Arzobispo Stepinac de las afirmaciones de los diarios publicados en el territorio de la diócesis de Zagreb, pues el Arzobispo no era ni el propietario ni el director ni el editor, ni mucho menos "su guía".
Sin embargo el acta de acusación basa la responsabilidad penal del Arzobispo respecto de los escritos de esta prensa, precisamente en la pretendida "Alta Dirección" que el acusado Stepinac habría ejercido sobre la prensa católica. Pero, "en qué habría consistido esta ¿Alta Dirección"? El Procurador no lo ha demostrado. "En el hecho de que el acusado es el Arzobispo de la diócesis de Zagreb? Este hecho no prueba en absoluto que el Arzobispo haya realmente dirigido la prensa católica. Si bajo la calificación de "Alta Dirección" debemos comprender el hecho de dar directivas, instrucciones a la prensa, entonces sólo podríamos encontrarlas en circulares, cartas pastorales y sermones del Arzobispo que leeré después; ahora bien, en todo esto no hay ni huellas de algo que sea susceptible de inspirar los escritos aquí incriminados. El Procurador no ha podido revelarnos estas directivas de tendencia contraria a la de los escritos y sermones del Arzobispo, por la simple razón de que estas directivas no existen. Bajo la palabra "Dirección" ciertamente entendemos una acción positiva, pero si por esta palabra debemos comprender igualmente una omisión - concretamente hablando: la omisión que hubiera permitido al Arzobispo Stepinac no advertir directa y especialmente al redactor o al escritor contra esta forma de escribir, no prohibirle que escribiera así-, tampoco en este caso el Arzobispo sería culpable, pues le hubiera resultado materialmente imposible controlar la tan numerosa prensa católica.
Además, el Procurador declaró aquí públicamente que no perseguía al Arzobispo por su pasividad sino por su actividad.
¿Puede la omisión de un eventual deber de control y de prohibición significar una actividad? ¿No se trata aquí de una actitud pasiva?
"Cómo se puede, en estas condiciones, responsabilizar al Arzobispo Stepinac, por omisión, como consecuencia de una actitud pasiva, a pesar del hecho de que en este caso no haya habido actividad, y que, según mi exposición, se haya trazado -en lo que concierne a la prensa- una frontera neta entre la responsabilidad de Stepinac y la de los colaboradores y directores de esta prensa? No obstante quisiera detenerme un poco en esta cuestión. Los párrafos citados por el Procurador son verdaderamente penosos. El malestar que suscitan no se disipa pero al menos disminuyen, si se juzgan estos escritos teniendo en cuenta la época en que fueron redactados y no en consideración de las circunstancias actuales. Este constituye el único criterio correcto. Sólo de esta forma uno puede hacerse una idea exacta de la situación de entonces. La época en que se escribía así era la época de la ocupación, en la que la prensa vivía bajo coerción, época en que estaba degradada y dirigida por el gobierno de ocupación ustachista sobre la base del "Estatuto de la Prensa y la Propaganda".
La censura previa era muy severa. No sólo suprimía sino que también agregaba ciertas palabras, ciertas frases y pasajes enteros que a menudo cambiaban completamente el sentido de un artículo. La censura era más poderosa que el autor, pues a menudo sustituía al autor de un escrito, designaba el tema y el contenido de los artículos y había tomado el hábito de enviar a los diarios, artículos completos con orden estricta de reproducirlos íntegramente. El público estaba al corriente de estas manipulaciones, y por esta razón, no tenía ninguna estima por esta prensa dirigida, la cual, por el mismo motivo, no podía ejercer la influencia buscada por los dirigentes ustachistas sobre la opinión pública.
Como en cualquier otro lugar en circunstancias parecidas, el público sabía leer entre líneas y distinguir lo que había sido dictado de lo que se había querido decir, es decir lo que había escapado a la censura.
Responsabilidad común
El Procurador ha execrado ayer, con justicia, a los ustachis porque éstos habían impuesto a instancia de los alemanes e italianos, la responsabilidad penal colectiva. Me pregunto entonces si no se recuerda la responsabilidad colectiva cuando el Procurador incrimina aquí a una persona, el Arzobispo Stepinac, por los actos cometidos por otros individuos, es decir por ciertos sacerdotes, escritores y redactores de la prensa católica.
"No se trata en este caso de la negación de la responsabilidad individual, la única justa, única prueba también para nuestras leyes penales? En nuestro estado actual el hijo no es responsable de la actividad de su padre, ni ningún miembro de una familia en general, de cualquiera de los otros miembros. ¡Perfectamente justo! Pero, desde el momento en que esto vale para la familia que representa una pequeña comunidad unida por poderosísimos lazos, lazos que podrían hacernos presumir la complicidad, próxima o lejana, de los miembros de la familia en un acto cuestionable, ¿cómo se puede presumir e incluso afirmar que existe complicidad, que existe responsabilidad del Arzobispo Stepinac respecto de la actividad de una familia tan vasta y numerosa, dispersa en tiempo y lugar, de una comunidad ligada por vocación y por una doctrina sublime, como es el caso de los sacerdotes y de la prensa católica de una o varias diócesis? Poco son los individuos que se puedan incriminar y condenar sobre la base de una interpretación tal de la responsabilidad colectiva.
Alocuciones de Monseñor Stepinac
Examinemos ahora una parte de la actividad positiva del acusado Stepinac, a fin de ver lo que ha declarado, predicado y aconsejado no sólo al clero, sino también a todos los fieles, a todos los croatas y serbios y a todos aquellos a quienes su palabra e influencia podía alcanzar. Dado que la acción pública de un Obispo se manifiesta particularmente en sus sermones, quiero citar algunos pasajes de los mismos, pues me sería imposible citarlos todos. Escuchémoslos.
En la fiesta de Cristo Rey, el 26 de enero de 1941, el Arzobispo Stepinac dijo entre otras cosas: "Si queréis ser los verdaderos discípulos de Cristo Rey, quisiera llamar especialmente vuestra atención sobre una cosa: el amor al prójimo sea quien sea". "En el curso de estos últimos decenios, diversas teorías e ideologías ateas han logrado envenenar de tal forma al mundo que el odio casi se ha convertido en el principal motor de toda actividad humana. Corremos peligro de que incluso aquellos que se enorgullecen de su catolicismo, y me atrevo a decir de su vocación religiosa, se conviertan en víctimas de la pasión y del odio, que aquellos no olviden la más bella ley de la cristiandad, la ley del amor..." ¿No se percibe en esto una clara alusión a Pavelic y a los ustachis que se vanagloriaban de ser católicos, pero que se comportaban como católicos? ¿No era también una alusión a los sacerdotes y monjes que se habían desviado y apoyaban los crímenes de los ustachis? ¿Podemos ver en estas palabras una incitación al crimen, una sugerencia, una directiva relacionada con los escritos de la prensa católica incriminados aquí? Estas palabras ¿aluden a algún tipo de colaboración con el enemigo? Y sin embargo, ¡Fueron pronunciadas en el sexto mes de ocupación!
En ocasión de la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, a fines de mayo de 1942, el Arzobispo pronunció un sermón en el que afirmaba: "¿Creéis que existe en el mundo un megalómano tan grande? Todo el auditorio comprendió que Stepinac aludía a Hitler y a sus satélites, incluido Pavelic. Seguidamente añadió: "Sería absurdo hablar de un nuevo orden del mundo, venga de donde venga, si este orden no respeta la personalidad humana, el alma inmortal... que posee derechos inalienables que ninguna autoridad humana puede ni debe limitar. Es absurdo imaginar que la Iglesia, que defiende la personalidad humana y la libertad de conciencia, pueda sentir temor ante una fuerza cualquiera..." Quisiera encontrar a alguien que desarmado durante la ocupación, en medio del mar de ballonetas alemanas y ustachistas, haya lanzado públicamente un desafío parecido a Hitler, el todopoderoso; a Mussolini, que lo era menos, y a Pavelic que lo era menos aún. He aquí algunos pasajes del sermón pronunciado en la catedral de Zagreb, en ocasión de la fiesta de los Santos Pedro y Pablo un mes después, el 29 de junio de 1942: "No podemos ser católicos en la iglesia, y al mismo tiempo atacar en la calle como los paganos las prescripciones del representante de Dios, prescripciones promulgadas para la salvación común y que quizás no convienen a nuestras disposiciones naturales. No podemos, porque quizás esto no nos conviene, glorificar hoy al Santo Padre y tachar mañana con lápiz rojo sus palabras y sus discursos, pronunciados con un solo objetivo: conducir a los hombres hacia Dios..."
El 25 de octubre de 1942, fiesta de Cristo Rey, el Arzobispo manifestó: "¡Qué podemos pensar de aquellos que orgullosamente levantan la cabeza, como si Dios no existiera más sobre la tierra!". Todo el mundo comprendió inmediatamente que estas palabras apuntaban al Führer, al Duce y a Pavelic, que eran quienes levantaban orgullosamente la cabeza. Pero en el mismo sermón, el Arzobispo afirmó también: "Todos los hombres y todas las razas son hijos de Dios... Todos los pueblos y todas las razas que viven sobre esta tierra tienen derecho a una vida digna. Todos sin distinción alguna, ya sean de raza gitana, o cualquier otra, negros o europeos civilizados, judíos despreciados o arrogantes arios, tienen el mismo derecho de decir: "Padre Nuestro, que estás en los Cielos..." Por esta razón la Iglesia Católica siempre condenó, y condena aún hoy toda injusticia y toda violencia que se cometa en nombre de las teorías de clase, de raza o de nacionalidad.
No se puede exterminar a los gitanos o a los judíos, porque se los considere de raza inferior..."
Es esta una evidente condena de Jasenovac, de Jadovna, de Dachau, de Auschwitz y de todas las violencias cometidas por Hitler y Pavelic, y sobre todo una condena al racismo.
Más grave todavía: con el racismo como doctrina, que divide las razas en inferiores y superiores y proclama a los alemanes superiores a todos, Hitler imaginó que los alemanes tenían el derecho a dominar al mundo como "pueblo dominador" (Herrschervolk). Esta es una condena al imperialismo y a todos los medios empleados para concretarlo.
Stepinac condena al totalitarismo
El Procurador afirma que el Arzobispo Stepinac sólo era partidario de una reforma del sistema, pero que no era adversario del sistema en sí. Como si estos extractos de sus discursos no fueran prueba suficiente para refutar las afirmaciones del Procurador, hemos encontrado una prueba concluyente en estas palabras, con las que el Arzobispo Stepinac terminó su sermón en la Procesión del Perdón el 31 de octubre de 1943: "Conozco la pregunta decisiva que vosotros, reunidos por millares aquí, os formuláis: ¨Cuál es entonces el sistema preconizado por la Iglesia Católica hoy que toda la humanidad lucha por un orden nuevo? (se trata, digámoslo como al pasar, del nuevo orden alemán, el Neue Ordnung). Nosotros -continuó el Arzopisbo Stepinac- condenando todas las injusticias, todas las masacres de inocentes, todos los incendios de pueblos pacíficos, todos los exterminios de pobres con manos callosas, deplorando todos los sufrimientos y las privaciones de todos aquellos que hoy sufren inocentemente, respondemos: la Iglesia está a favor del orden que es tan antiguo como los diez mandamientos.
Estamos a favor del orden escrito, no sobre un papel perecedero, sino por la mano de Dios en la conciencia humana".
En efecto, después de estas palabras no hay necesidad de volver a explicar que el Arzobispo Stepinac fue un tenaz adversario del sistema, y no sólo un partidario de su reforma. Evidentemente Stepinac no podía por sí solo y armado sólo con su intrepidez, demoler este sistema; pero a través de su lucha y de su autoridad logró obtener lo máximo a su alcance, es decir logró modificar prácticamente este sistema. Sin distinciones de confesión, nacionalidad o convicción política, judíos, serbios, croatas y eslovenos, miembros de la Resistencia, comunistas y antifascistas pudieron salvar sus vidas gracias al Arzobispo Stepinac.
¿Hay alguien que, teniendo en cuenta la trágica situación de entonces, no haya considerado estas modificaciones como el mayor triunfo que podía alcanzarse en esas circunstancias?
En medio de la alianza de varios Estados y de varios pueblos, de millones y millones de hombres que no podían en forma aislada sino sólo asociándose con otros destruir finalmente a Hitler y a sus aliados, la actividad del Arzobispo Stepinac representó una participación sin duda preciosa.
¿Debo citar aún más sermones del Arzobispo? Si éstos son, en efecto, muy familiares a todos los ciudadanos y fueron el principal consuelo de aquellos que tuvieron la desgracia de encontrarse en Zagreb en aquellos tiempos difíciles de la ocupación, el firme sostén de su fortaleza en la resistencia, la bella esperanza en la caída del ustachismo y del fascismo, la esperanza en un provenir mejor. No sólo los fieles concurrían a escuchar sus sermones sino también aquellos que no tenían el hábito de frecuentar la iglesia. Estos sermones eran cuchicheados por todo el pueblo, de boca en boca transmitidos, reproducidos y expandidos por miles y miles de ejemplares en las masas, y así llegaban incluso al territorio liberado por la guerrilla. Pronunciados públicamente, los sermones del Arzobispo se convirtieron en un medio eficaz de propaganda contra los ustachis, una suerte de suplemento de la prensa clandestina de la oposición.
Relaciones con Pavelic
Si examinamos, a la luz de estos numerosos sermones y de la actividad del Arzobispo Stepinac, la acusación, entonces ésta pierde sus principales armas contra el Arzobispo, presentado como colaboracionista, y se desvanece completamente ante la ideología y la actividad anti-ustachista del prelado de Zagreb. ¿Qué puede significar, por ejemplo, su visita a Pavelic y a Kvaternik al comienzo de la ocupación? Nada más que un banal e inevitable gesto de cortesía, uno de estos gestos que los alemanes llaman "Konvenzionnelle Luegen" (mentiras convencionales), sin las cuales el Arzobispo no hubiera tenido jamás la posibilidad de intervenir después para salvar a tanta gente, hacer tanto bien y desplegar durante la ocupación su generosa actividad. Nadie jamás en ningún lugar sacrificaría una acción y una tarea generosas por evitar un acto convencional de cortesía. Vemos como en la actual Conferencia de la Paz estallan conflictos entre los delegados de diferentes Estados, conflictos no sólo de orden ideológico sino también a menudo de carácter personal. Pero si una delegación invita a otra a un banquete, todos los delegados aceptan la invitación y mantienen con sus anfitriones relaciones personales corteses, sin que esto pueda ser interpretado como el fin de sus desacuerdos o como el reconocimiento de la aceptación del punto de vista de sus rivales, o como el renunciamiento de su propio punto de vista. Los mismos hábitos de cortesía se practican en ocasión del envío de notas de protesta por parte de los gobiernos y de sus respectivas respuestas, tal como hemos podido leer en estos últimos tiempos. Estas notas y sus respuestas resaltan desacuerdos o violentas críticas y no obstante ello comienzan y terminan con las tradicionales frases de cordialidad y cortesía. A menudo los hábitos de cortesía no reflejan el verdadero estado de situación. Por esta razón, generalmente no tienen ninguna significación.
Es verdad que el Arzobispo Stepinac se encontró algunas veces con Pavelic pero, descartada la expresión convencional de cortesía, estas visitas tenían como finalidad intervenir en favor de los perseguidos y poner fin a los crímenes. Aquí no se trata entonces de colaboracionismo ni de acción política sino de contra-colaboración.
El Procurador mismo cita en su acta de acusación (pág. 3) al Secretario de Estado de la Santa Sede, Cardenal Maglione, quien en 1942 habría recomendado al Arzobispo Stepinac "establecer relaciones más cordiales y sinceras con las autoridades ustachistas".
En el transcurso del proceso hemos escuchado de parte del supuesto Mariscal y Jefe del Ejército Kvaternik - quien ha sido citado como testigo por el Procurador y no por mí- que el Arzobispo Stepinac era "objeto constante del odio de Pavelic". Este odio era tan grande que Pavelic jamás puso los pies en el Arzobispado, a pesar de que el Procurador ha mencionado ciertos banquetes. Este odio habría determinado también la actitud hostil de los ustachis hacia el Arzobispo. Esta actitud nunca fue un secreto, pues todo el mundo en Zagreb la conocía, y como si fuera poco, ayer algunos testigos nos han aportado más pruebas, sobre todo el Dr. Hren y el Dr. Loncaric, cuya buena fe y cuyos sentimientos anti- ustachistas han sido reconocidos por el Procurador. Estos testigos, que formaban parte del entorno del Arzobispo, nos han revelado muchos detalles sobre el pensamiento y la actividad de éste, detalles que excluyen cualquier intención de apoyo al régimen ustachista y al régimen de ocupación o cualquier tipo de colaboración política con el ocupante y los ustachis.
Hemos recibido información sobre la actitud del Arzobispo, por parte de nuestros aliados, que contradice completamente a la acusación. He sometido al juicio del Tribunal una cierta cantidad de informaciones brindadas por la Radio de Londres en 1942 y 1943, en las cuales se señalaba la posición tomada por el Arzobispo contra los ustachis y en las que podemos constatar la buena impresión causada en Inglaterra por sus discursos.
He entregado también al Tribunal el informe del servicio de propaganda ustachista dirigido al gobierno ustachista, en el que se llama la atención sobre el hecho de que los Aliados explotaban los discursos del Arzobispo contra este gobierno y contra todo el sistema ustachista.
Entre los documentos sometidos al análisis del Tribunal, hay también una carta de Mons. Svetozar Rittig fechada a fines de diciembre de 1942, en la cual Mons. Rittig reconoce la difícil y penosa actividad del Arzobispo, sus sacrificios y sus buenos actos en favor del pueblo, sobre todo en favor de la población del litoral croata. En esta carta Mons. Rittig, al tiempo que manifiesta al Arzobispo sus deseos en ocasión de las navidades, le desea que pueda franquear con éxito las emboscadas de Charybde y Scylla. Mons. Rittig, que estaba bien informado y era partidario del "Movimiento Nacional de Liberación" (NOP) no hubiera escrito esto sino hubiera estado seguro de la corrección patriótica del Arzobispo y de la utilidad de su actividad en favor del pueblo.
La reacción del gobierno ustachista asustado por el discurso pronunciado por el Arzobispo el 31 de octubre de 1943, al final de la Procesión del Perdón, indica claramente cómo fue recibido este discurso en el seno del gobierno y hasta qué punto la actividad del Arzobispo irritaba a las autoridades ustachistas. Un miembro del gobierno ustachista, el presunto ministro Dr. Julije Makanec, publicó el 7 de noviembre de 1943 en el diario ustachista "Hrvatski Narod" (El Pueblo Croata), un artículo en el que atacaba violentamente al Arzobispo Stepinac, y esforzándose por ridiculizarlo le advertía que no debía intervenir en los asuntos políticos. Ahora bien, la actividad política del Arzobispo estaba centrada en la condena de las violencias ustachistas.
Se reprocha al Arzobispo haber asistido el 23 de febrero de 1942 en la Iglesia de San Marcos, a la ceremonia de bendición en ocasión de celebrarse la sesión de apertura del "Hrvatski Sabor" (Parlamento de Croacia). Hemos escuchado a un testigo declarar que tuvieron que hacerse grandes esfuerzos para persuadir al Arzobispo de asistir a esta ceremonia religiosa. Se ha dado lectura aquí sólo a una parte de su discurso en esa ceremonia, pero no se ha leído la parte principal, que revela las verdaderas intenciones del Arzobispo: "Deseo que el Sabor vote leyes honestas que no contradigan la ley divina, a fin de obtener la bendición del Creador ... y que promulgue leyes justas, a fin de que los deberes y los derechos sean iguales para todos. Deseo que vote leyes razonables, para que el pueblo no sea aplastado por impuestos insoportables, y que el Juez Eterno, que dirige los destinos del mundo con poderosa mano, inculque en el espíritu del Sabor croata y en el corazón de todos sus colaboradores un profundo sentido de responsabilidad, para que yo pueda ayudarlos eficazmente a vosotros que estáis a la cabeza del Estado Independiente de Croacia, en la obra de reconstrucción y edificación de nuestro querido país, fundado en los principios cristianos del Evangelio".
En esta ocasión, era imposible que el Arzobispo evitara hablar de Pavelic como jefe del Estado Independiente de Croacia, pero al desearle éxito no dejó de remarcar las leyes deshonestas e injustas puestas en vigencia por el régimen y el debilitado sentido de la responsabilidad imperante. Pavelic comprendió tan bien este discurso que poco después, haciendo alusión a Stepinac, dijo con irritación a su Ayuda de Campo: "Este imbécil pretende darme lecciones de política". Dos testigos ya escuchados por el Tribunal han confirmado estas palabras pronunciadas por Pavelic. Según la misma declaración de estos dos testigos, las relaciones entre el Arzobispo y Pavelic, que hasta entonces eran malas, empeoraron aún más. Debo igualmente señalar que este "Sabor" no tenía pasado propio, de suerte que el Arzobispo no tenía razones para hacerle reproches. Sus miembros no habían sido elegidos por el pueblo sino nombrados por Pavelic y por esta razón no se trataba de una Asamblea de Estado. Sin embargo esta supuesta Asamblea podía tener un futuro positivo. A pesar de su composición, conformaba parcialmente las esperanzas de los espíritus bien intencionados. Pero comenzó a formarse en su seno una fuerte oposición, lo que condujo a Pavelic, después de una corta sesión, a no convocarla más. Una de las causas de la actitud de Pavelic fue la interpelación pedida por dos miembros de la Asamblea, el Dr. V. Prebeg y el Dr. Ljubic, de Banja Luka, quienes exigieron una explicación sobre el arresto del Dr. Macek, jefe del Partido Campesino Croata. Debo señalar igualmente que el Arzobispo había prohibido a cuatro sacerdotes, que habían sido nombrados miembros de esta Asamblea, que asumieran estas funciones. Una carta del Arzobispo Stepinac, fechada 8 de febrero de 1942, que he puesto a disposición del Tribunal comprueba lo que afirmo. Se leyó aquí la carta dirigida por el Arzobispo a Pavelic referida al nuevo plan de persecución a los judíos. En ella Stepinac asumía la defensa de los israelitas, los ortodoxos, y de todos los perseguidos. Reprochaba abiertamente a Pavelic perseguir a los católicos casados con mujeres de origen israelita, justamente él, que no aplicaba la presunta ley aria en sí mismo ni para ciertos miembros de su gobierno. En efecto, la mujer de Pavelic y la de su ministro Zanic eran israelitas. En la misma carta, aludiendo directamente a los alemanes, el Arzobispo afirmaba: "Si a este respecto se trata de la intromisión de una autoridad extranjera en nuestra política interior, entonces no temo que mi protesta llegue al conocimiento de los órganos de esta autoridad. La Iglesia Católica no teme a ningún poder terrestre cuando se trata de defender los más elementales derechos del hombre.
Stepinac y el Nazismo
Examinemos ahora la actitud del Arzobispo en relación al ocupante alemán. Los alemanes tenían en Zagreb dos representantes, Kasche y Glaise von Horstenau.
Kasche, antiguo comerciante del vidrio, miembro del Partido Nazi, era un ardiente defensor de los ustachis; Glaise, por el contrario, que era un secreto enemigo de los nazis (fue trasladado a Zagreb después del atentado contra Hitler), se oponía a los crímenes de los ustachis y se esforzaba por hacer caer su gobierno. Su acción le generaba continuamente conflicto con Kasche.
Glaise era un austríaco, soldado de la antigua escuela, adversario de los Junkers prusianos y un reconocido experto militar. Había sido nombrado doctor Honoris Causa en la Universidad de Viena. Estas divergencias entre los dos personajes alemanes eran de pública notoriedad en Zagreb, y sus conflictos se propagaban como cuentos por toda la capital croata. Durante los cuatro años de ocupación alemana, el Arzobispo se encontró con Kasche sólo tres veces y por contactos convencionales. Con Glaise se encontró más a menudo, pero únicamente con el objeto de intervenir en favor de los perseguidos por los ustachis o por la soldadesca alemana. Estas intervenciones dieron, en la mayoría de los casos, buenos resultados. Hay, incluso en Zagreb, muchos comunistas que fueron salvados por la intervención de Glaise. Hemos escuchado aquí el testimonio de un hombre que afirmó que, gracias a la intervención del Arzobispo, Glaise hizo detener las acciones violentas del ejército alemán en ciertos pueblos cercanos a la ciudad de Jaska. El acusado Maric habló también de este asunto. En estas condiciones, me permito formular la siguiente pregunta: ¿Se puede calificar como acto de colaboración condenable al hecho de haber actuado para salvar vidas humanas? ¿El Arzobispo hubiera actuado más correctamente si, rechazando todo contacto con Glaise, hubiera abandonado así a cientos de personas a su suerte?
Stepinac y el Fascismo
Mientras que los contactos del Arzobispo con Glaise eran excepcionales y motivados únicamente por la preocupación de salvar a los croatas y a los serbios, en su mayoría anti-fascistas, sus relaciones con los italianos eran casi inexistentes. Las cartas dirigidas por el Arzobispo al ministro italiano en Zagreb, Casertano, ilustran esta carencia, sobre todo la carta del 27 de marzo de 1943. Es sabido que Casertano y Pavelic detestaban al Arzobispo y que ambos se esforzaron por alejarlo de Croacia.
El Procurador leyó en la audiencia un largo informe, atribuído a Stepinac, que éste habría dirigido a la Santa Sede el 18 de marzo de 1945, y del que resultaría que el Arzobispo asumía la defensa del régimen ustachista, que detestaba a los serbios y que informaba falsamente al Santo Padre sobre la situación en el Estado Independiente de Croacia atribuyendo a los partisanos los crímenes cometidos por los tchetniks y los ustachis.
Concedo que la lectura de este supuesto informe, acompañado por el comentario del Procurador, que lo ha leído, haya podido provocar una mala impresión. El Procurador otorga una particular importancia a este informe, considerándolo como auténtico o, aún mejor, considerando la copia de este informe, que sólo él posee, como una copia fiel del original. El Procurador afirma que este informe fue realmente transmitido al Santo Padre por el Arzobispo. Yo también otorgo una particular importancia a este informe. Sin embargo, hay razones importantes para no considerarlo como auténtico sino como falso, fabricado por los ustachis, al menos el esquema, que nunca fue utilizado por el Arzobispo, fue compuesto por los ustachis. Mi opinión a este respecto se basa en el hecho de que la copia de este informe está en completa contradicción con todas las convicciones y toda la obra del Arzobispo. Además, otro hecho refuerza mi opinión: el Arzobispo negó enérgicamente ser el autor de este informe desde que escuchó la lectura de los primeros pasajes de boca del Procurador. Sé bien que no debo considerar las afirmaciones de mi cliente como indiscutibles, pero en todo caso éstas indican la vía de la investigación y la revelación de la verdad. Además, yo creo en la palabra del Arzobispo Stepinac. Habiendo formado mi convicción sobre argumentos contundentes, creo que este informe es apócrifo y baso mi opinión en las siguientes pruebas:
La correspondencia con la Santa Sede. Falso informe
En estas condiciones no sólo no puedo aceptar la afirmación del Procurador sobre la autenticidad de la copia del informe, sino que también debo, al menos hasta que se aporten pruebas más concluyentes, considerarla como una falsificación de los ustachis o un intento de falsificación. Establecidos estos argumentos tan poderosos, ningún veredicto puede basarse en esta copia, que de ser verdadera hubiera aportado pruebas contra el Arzobispo.
En vano, junto a los argumentos que he enunciado, el Procurador cita al príncipe Lobkovicz, camarero del Papa en Roma y representante al mismo tiempo del gobierno ustachista. Aunque el Procurador otorgue su confianza a este agente, tengo razones para no creerle. Rusinovic y Lobkovicz, "diplomáticos" ustachistas que se quejaban de ser despreciados por todo el mundo, debían aportar a cualquier precio una justificación de su presencia en Roma, donde la estadía era mucho más agradable que en el Estado Independiente de Croacia. Debían aportar a sus jefes algunas pruebas de sus triunfos, pero no pudiendo obtenerlas por recta vía, se vieron obligados a alejarse de la verdad. Es increíble, y el Arzobispo hubiera sido muy inocente si hubiera esperado -o deseado- una acción favorable de la Santa Sede hacia el supuesto Estado Independiente de Croacia. Estos hechos se desarrollaban en una época en que era absolutamente evidente que Hitler y sus acólitos habían perdido la guerra, y en consecuencia era inevitable la desaparición de su creación, el Estado Independiente de Croacia. Esto ocurría en el mes de mayo de 1943 cuando los americanos estaban, desde hacía largo tiempo, instalados en Africa, cuando los alemanes habían sido vencidos en Stalingrado y forzados a una constante retirada, cuando Africa después de la completa destrucción del ejército de Rommel, había sido completamente limpiada de alemanes e italianos, cuando los anglo-americanos se preparaban a desembarcar en el "Bastión europeo". En efecto poco después, como es sabido, desembarcaron en Sicilia (el 6 de junio de 1943). ¿Cómo, en estas condiciones, se podría creer que el Arzobispo, quien hasta el momento era indudablemente un fuerte adversario del supuesto Estado Independiente de Croacia y redactaba a este respecto informes desfavorables, habría bruscamente, en el momento más inoportuno, en momentos de un completo vuelco de la situación militar, que hacía entrever claramente el futuro, comenzar a defender al Estado Croata Independiente? Sólo recordemos que sus más violentos sermones contra Hitler y los ustachis fueron pronunciados precisamente en 1943.
Antes de esta época el Papa se había negado a reconocer el Estado Croata Independiente. ¿Cómo se puede creer que hubieran podido persuadirlo de hacer tal cosa? Roma estaba perfectamente enterada de la situación general y el Arzobispo, consagrado por entero a la santa Sede ajustaba su conducta a las informaciones y a la actitud de la Santa Sede, y por tanto es improbable que esta última haya tomado posición basándose en las informaciones del Arzobispo. Incluso en el caso de que el supuesto informe fuera auténtico, no hubiera podido servir al Estado Croata Independiente ni dañar al Movimiento de Liberación Nacional.
Como he aportado pruebas irrefutables de la inautenticidad de la copia, no es necesario, y no me creo obligado a hacerlo, que explique el origen de esta falsificación ustachista. Sólo quiero mencionar la explicación que han dado los círculos eclesiásticos de Zagreb.
El célebre ustachi, el fraile Radoslav Glavas, era el director de la sección religiosa del ministerio ustachista. Probablemente fue él quien habría intentado convencer al Arzobispo para que enviara un informe semejante, informe que habría redactado él mismo para posteriormente presentarlo al pretendido Ministerio de Relaciones Exteriores ustachistas.
Ahora bien, o su proposición no fue aprobada por el Ministerio o sus gestiones ante el Arzobispo fracasaron, o bien él ya había comprendido que no lograría su propósito. La cuestión es que la copia permaneció en los archivos del Ministerio y el original, naturalmente sin firma alguna, en la casa de Glavas. La verosimilitud de esta versión está reforzada por el contenido de la copia, pues ésta contiene una abundante documentación histórica sobre Bosnia, y me permito recordar que Glavas había realizado profundos estudios sobre la historia de esta región. Por otra parte, Glavas tenía reputación de ser más versado en Historia que en Teología. Permítaseme agregar: si el Arzobispo tal como el Procurador lo ha presentado, si él hubiera sido verdaderamente el autor de este "informe", del cual no existe más que la copia, hubiera podido fácilmente hacerla desaparecer de los archivos del Ministerio ustachi en el período en que estos archivos se encontraron en depósito en su casa. Pero el Arzobispo no es capaz de prestarse a tal maquinación, ni de enviar informes de esta clase. Es un hombre fundamentalmente sincero y no hay ninguna razón para dudar de la verdad.
Termino aquí con el examen del Capítulo de la Acusación. Mi colega, el Dr. Natko Katicic examinará los capítulos 2 y 3, que se relacionan con las supuestas conversiones religiosas y con el vicariato militar. Paso entonces inmediatamente al capítulo 4.
Este se relaciona con la acusación tocante a los hechos acaecidos en la segunda mitad de 1944 y comienzos de 1945, es decir en la época precedente a la desaparición del Estado Independiente de Croacia.
Derecho del pueblo croata a ser un Estado
En el capítulo 4 de la acusación se cita, en primer lugar, el discurso que el Arzobispo habría pronunciado el 7 de julio de l944 ante la asociación "Domagojci" (Ex-alumnos de la Facultad de Teología de Zagreb). A pesar de todas mis investigaciones, no he logrado encontrar este discurso y en consecuencia no puedo ni confirmar ni negar su existencia.
Pero si este discurso fue realmente pronunciado, sólo puedo interpretarlo como una respuesta a las incesantes amenazas de los Tchetniks (combatientes voluntarios serbios), quienes afirmaban que exterminarían a todo el pueblo croata y que le impedirían así fundar su propio Estado. En efecto, este discurso no habla del Estado Croata Independiente, y en líneas generales únicamente se menciona un Estado del pueblo croata, el cual sin duda tiene derecho a constituirse como Estado. Por otra parte, en la actualidad, es una de las repúblicas yugoeslavas.
Contra la dictadura del proletariado
El pasaje incriminado del discurso del 18 de marzo de 1945 dirigido a los estudiantes de la Universidad, expresa la disconformidad con la dictadura del proletariado. Ahora bien, nuestros aliados, es decir todas las democracias occidentales se oponían también a esta dictadura. ¿Se puede calificar como un crimen a este pasaje y responsabilizar al Arzobispo, sobre todo considerando la época en que fue pronunciado? Por otra parte, el acta de acusación no reproduce la frase que precede inmediatamente a la frase incriminada. Me permito entonces citarla: "¿Puede considerarse como obra de paz por parte de los grandes pueblos y Estados el hecho de imponer por la fuerza de las armas su voluntad a los pequeños pueblos para anunciar seguidamente al mundo: `nos hemos puesto de acuerdo'?"
Esta frase ¿no manifiesta el mismo punto de vista, sostenido por nuestra Delegación en la Conferencia de la Paz de París, a saber, la negativa a aceptar de los cuatro "Grandes" una paz que nuestra Delegación no quería, puesto que arrancaba del cuerpo viviente de Yugoslavia los territorios de Trieste, gran parte de Istria y Gorica, cuyas poblaciones son mayoritariamente croatas y eslovenas? ¿Por qué no se juzga este discurso del Arzobispo según esta frase, y tomar en consideración eventualmente el resto en lugar de basarse exclusivamente en el pasaje incriminado?
Carta Pastoral del 24 de marzo de 1945
Vamos a examinar ahora la Carta Pastoral incriminada que fuera publicada en ocasión de celebrarse la Conferencia de los Obispos el 24 de marzo de 1945. No niego un cierto lazo entre el gobierno ustachista y esta Conferencia de los Obispos, pero niego absolutamente que haya un lazo entre esta Carta Pastoral y el gobierno ustachista. En la medida en que este lazo hubiera existido, esto no significa que el Arzobispo lo aprobara o fuera consciente de su existencia. Este lazo con la Conferencia habría existido únicamente por el hecho de que, por ofrecimiento de Canki, el Arzobispo habría consentido que el gobierno ustachista aportara una ayuda técnica, a fin de que pudiera organizarse la Conferencia, en medio de este período de comunicaciones precarias. Así lo ha testimoniado Canki, afirmando igualmente que la Conferencia había sido convocada por sugerencia e iniciativa del Arzobispo. Creo más en la declaración de Canki que en las declaraciones contrarias de Mandic y del Obispo Simrak. El viejo Mandic, aunque fuera entonces Presidente del Consejo, exhausto física y mentalmente, estaba poco informado y no tenía ninguna influencia en la actividad del gobierno ustachista, en tanto que Simrak jugó el rol de caballo de Troya del cual se aprovecharon los ustachistas y sobre todo Bogdan, con el objeto de que los delegados de la Conferencia de los Obispos pudieran deslizar en la Carta Pastoral el contenido que los dos cómplices deseaban que adoptase. El hecho de que Bogdan estuviera en relación con Simrak y que hubiera remitido a este último su proyecto de Carta Pastoral a fin de que pudiera hacerlo pasar lentamente en el transcurso de la Conferencia, no puede imputársele al Arzobispo, puesto que no conocía estas transacciones secretas entre Simrak y Bogdan. Además, hemos claramente establecido aquí que el Arzobispo no se dejaba manejar por los ustachis. Por otra parte, el mismo Procurador reconoció que además del proyecto de Bogdan, existían en ese momento dos o tres más, entre los cuales se contaba el de Canki, reconociendo también que el texto de la Carta Pastoral se asemeja más al proyecto de Canki que al de Bogdan- Simrak. Esta es la prueba del fracaso de Bogdan y Simrak.
No he leído ninguno de los proyectos de la Carta Pastoral, ni siquiera el de Canki y por tanto no puedo rendir cuentas de la supuesta similitud entre el proyecto de Canki y el texto de la Carta Pastoral. Pero si hubiera similitud, esto no probaría que el gobierno ustachista hubiera impuesto su texto a la Conferencia, puesto que Canki que era Ministro de Justicia y Culto de este gobierno muchas veces se había visto obligado a contactarse con el Arzobispo. No se excluye que en esta ocasión ambos hayan discutido sobre el programa de la Conferencia, sobre la masacre sistemática de sacerdotes y fieles. No se excluye tampoco que Canki haya informado al Arzobispo a este respecto, puesto que en esta época los refugiados de las regiones liberadas, aportaban muchas novedades de este tipo. En aquellos tiempos, la prensa ustachista estaba repleta de noticias exageradas sobre las masacres de sacerdotes y fieles. Ocho días antes de realizarse la Conferencia de los Obispos, el gobierno organizó una reunión en memoria de los sacerdotes asesinados, en el curso de la cual el rector de la Universidad Croata pronunció un discurso relativo a este problema. Si el Arzobispo creyó en la veracidad de estas informaciones, si sucumbió a la propaganda desenfrenada y si, por este motivo, de acuerdo con los otros Obispos, convocó la Conferencia e hizo publicar la Carta Pastoral incriminada, podríamos decir que el Arzobispo cometió un error pero no un crimen. El Arzobispo no podía impedir que el gobierno ustachista utilizara la Carta Pastoral para sus propios fines y que incluso la falsificaran. Así por ejemplo, en el texto de la Carta Pastoral se habla de "Croacia", palabra que los ustachis transformaron en "Estado Independiente de Croacia".
Las actividades de los ustachis
Se acusa también al Arzobispo de haber escondido, en complicidad con Pavelic, en su palacio, los archivos del Ministerio de Relaciones Exteriores ustachista. El Procurador hizo venir a este estrado como testigo, al ex Ministro de Asuntos Extranjeros ustachista Alajbegovic, quien declaró que no se había celebrado ningún acuerdo entre Stepinac y Pavelic, y que fue él mismo, Alajbegovic, quien pidió al Arzobispo que protegiera estos archivos, no que los escondiera, a causa de los bombardeos. En efecto, el Arzobispo no los escondió puesto que, desde principios de abril de 1945, informó por propia iniciativa al gobierno, como lo he probado por el acuse de recibo de la Comisión de Cultos, de fecha del 13 de junio de 1945. Puse también en manos del Tribuna, como prueba las anotaciones del Secretario de Arzobispo, de las cuales resulta que éste había, además, informado verbalmente al Presidente del Consejo de la República Popular de Croacia sobre todo lo que tenía depositado en su casa. En cuanto a los discos de los discursos de Pavelic, el Arzobispo ignoraba absolutamente su existencia. Esto fue confirmado por el acusado Salic, quien informó a las autoridades respecto de estos discos.
Mons. Stepinac rechaza el poder que le ofrecen
No hay razones valederas, al menos desde el punto de vista jurídico, que nos expliquen la parte del acta de acusación en la que se responsabiliza al Arzobispo Stepinac de los esfuerzos desplegados los últimos días de la ocupación para salvar las vidas de Pavelić, Rupnik y Rozman. Si estos acusados concibieron en esa ocasión algún proyecto que luego propusieron a Stepinac, por qué responsabilizar a este último? Lo esencial en este asunto es que Stepinac nunca se prestó a esos manejos y que rechazó todas esas propuestas inmediatamente, sin siquiera discutirlas. Su actitud a este respecto era pasiva y no activa, como lo afirma el acta de acusación. En efecto, Pavelić le propuso al Arzobispo la Regencia, el gobierno, pero éste rechazó absolutamente y en forma inmediata tal ofrecimiento. En primer lugar, por principios: no quería mezclarse en los asuntos públicos; en segundo lugar, porque no quería aceptar nada de Pavelić; y en tercer lugar, porque consideraba que, según sus principios democráticos, el gobierno debía emanar de la voluntad del pueblo, no de Pavelić. El testigo Alajbegović explicó por cuáles razones se había ofrecido precisamente a Stepinac el poder, entre otras cosas debido a la gran autoridad y confianza de que gozaba en la opinión pública del país. Pero el Arzobispo merecía y había ganado esa autoridad y esa confianza por su actitud correcta y, al mismo tiempo hostil hacia el ocupante durante los cuatro años de la ocupación. Días antes de la liberación, comenzó a cernirse sobre la población de Zagreb el peligro de que se produjeran masacres, tanto por parte del ejército alemán, pues se creía que defenderían hasta el final Zagreb, como por parte de los ustachas que amenazaban con masacrar a 40.000 ciudadanos de la capital croata antes de su huída (lamentablemente ejecutaron parcialmente esta terrible masacre).
Como quería preservar a Zagreb de esas masacres, el Arzobispo aceptó las sugerencias de Bulat y de Alajbegović, y a tal efecto pidió a Macek una entrevista. Stepinac se presentó acompañado del general ustacha Moskov, pues de otra manera no hubiera podido verlo dado que Macek estaba confinado en su casa bajo régimen de vigilancia a cargo de Moskov.
Una vez más, vemos al Arzobispo desplegando su incansable actividad para salvar vidas humanas, ayudar a la gente a intentar, en cuanto fuera posible, alejar mayores males. El Arzobispo Stepinac niega que el Dr. Macek le haya dicho que se refugiaría en el extranjero; al contrario, el Arzobispo afirma que Macek declaró que se quedaría en Zagreb. En todo caso, el Arzobispo Stepinac se quedó aquí, y después de hacer todo lo posible para impedir las masacres, esperó aquí la liberación del país.
Actividad contra el Estado?
La liberación se produjo el 8 de mayo de l945. Eso nos conduce al capítulo 5 del acta de acusación, que incrimina la actividad del Arzobispo después de la liberación, en la nueva Yugoslavia. Se lo describe entonces como el enemigo más activo del Estado y del pueblo, el inspirador de todas las acciones terroristas de los "krizari" (los cruzados) y de los ustachas, el ejecutor del plan sistemático en favor del regreso del Dr. Macek, de los ustachas, reacción del rey Pedro II. Pero cuáles son las pruebas que se aportan para apoyar estas terribles acusaciones? Se ha denunciado que, cinco meses después de la liberación, el Arzobispo habría recibido a Lisak, a Lela Sopianec y al general ustacha Moskov, y que había tomado parte en la Conferencia de los Obispos; que adoptó, el 20 de julio de l945, la Carta Pastoral de la cual hemos hablado ya. Estas serían entonces las pruebas, es decir los hechos que se le incriminan ya como tales y de los cuales se concluye que el Arzobispo habría realizado una actividad antinacional y a tentatoria de la seguridad del Estado. Exceptuando las Cartas Pastorales, verdaderamente no es necesario analizar estos pequeños hechos, tan mínimos y tan escasos que a primera vista nos damos cuenta que no pueden servir de base a acusaciones tan graves. No obstante, quiero examinar todos estos hechos minuciosamente.
Stepinac y Lisak
Es innegable que el Arzobispo recibió, el 24 de julio de 1945, al principal acusado, Lisak. Pero también es innegable que éste no se presentó bajo el nombre de Lisak, sino haciéndose pasar por un tal Petrovic, a quien Stepinac no conocía.
Todos los testimonios coinciden a este respecto: los de Franolic, el del Obispo Lach, el de Ostojcic, el de Lisak, el del co-acusado Salic y el del propio Arzobispo. Hay una pequeña diferencia entre el testimonio de Salic y el del Arzobispo. Mientras que el Arzobispo afirma haber reconocido a Lisak en la persona del supuesto Petrovic justo en el momento en que encontrándose ante él se sacó los anteojos, Salic sostiene que inmediatamente antes de la entrada del Arzobispo a la habitación, donde lo esperaba el supuesto Petrovic, él habría dicho al Arzobispo que había reconocido a Lisak. Creo en la palabra del Arzobispo y creo que Salic se equivoca, pero incluso si la afirmación de Salic fuera exacta, esto no constituiría una prueba de que el Arzobispo habría consentido en recibir a Lisak. La divergencia entre las dos afirmaciones radica únicamente en unos pocos segundos, pues el Arzobispo, que ya había aceptado recibirlo, se dirigió directamente hacia la habitación donde el supuesto Petrovic lo esperaba, y en ese momento Salic le habría dicho al Arzobispo que acababa de reconocer que el supuesto Petrovic no era otro que Lisak. A cualquiera de nosotros nos puede ocurrir que, tomados por sorpresa, hagamos cualquier cosa que no hubiéramos hecho si no nos hubieran sorprendido. Es lo que ocurrió en este caso. Si la afirmación de Salic corresponde a la realidad de los hechos, eso no nos permite deducir de la súbita decisión del Arzobispo de recibir al hombre que lo esperaba ante la puerta, la existencia de una voluntad preconcebida de acordarle una entrevista. Eventualmente, se puede discernir un sentimiento de malestar, debido a la bondad y a la cortesía del Arzobispo, al verse de alguna manera forzado a recibir al hombre al cual había, debido a un engaño, acordado una entrevista y a quien recibió sólo por este motivo. La entrevista con Lisak duró sólo de 20 a 30 minutos.
El tema de esta conversación lo conocemos sólo a través de las declaraciones de ambos, que son en su conjunto concordantes. Sólo habría hablado Lisak, en cambio el Arzobispo habría permanecido silencioso, interrumpiendo sólo para formular dos preguntas: la primera concerniente a la suerte corrida por los niños refugiados en el extranjero, la segunda referida al destino del sacerdote Tiso, ex-presidente del Consejo del gobierno eslovaco. Lisak declaró categóricamente al Arzobispo que no había ido a verlo motivado por un afán político o terrorista, puesto que -le aseguró- ya había corrido demasiada sangre. Podemos creer esta versión, pues el siguiente hecho prueba su veracidad: cuando Lisak partió, el Arzobispo, tomándose la cabeza con las manos, ordenó a Salic no recibir nunca más a este hombre. Por otra parte, nunca volvió a recibirlo.
Es innegable que Lisak, sin haber sido convocado, se introdujo en la casa del Arzobispo bajo un falso nombre y que hasta último momento el Arzobispo no supo que Petrovic era Lisak. Después de una breve conversación, rompió todo contacto con él y manifestó públicamente su pesar por haber sido engañado. Por otra parte, esta corta entrevista no dio ningún resultado. Lo que le ocurrió al Arzobispo podría ocurrirle a cualquiera de nosotros.
El incidente se produjo sin el consentimiento deliberado del Arzobispo. Cuando pienso en esta entrevista recuerdo las escenas de "Los Miserables" de Víctor Hugo, en las que el buen obispo recibe al condenado Jean Valjean y visita al anciano revolucionario, miembro de la Convención, ateo que vivía en completa soledad y de quien todo el mundo huía. Ningún lector ve algo condenable en esta actitud del obispo católico respecto de los criminales y de los marginados de la sociedad, actitud que no hace más que imitar la de Cristo hacia María Magdalena y hacia el ladrón arrepentido. Incluso si el Arzobispo de Zagreb hubiera recibido a Lisak a conciencia, ¿no deberíamos interpretar este gesto como se interpreta el gesto del obispo de la novela citada?
El Arzobispo de Zagreb siente horror de la política, de la conspiración y de las intrigas, de todo aquello que, en un momento dado, pudiera perjudicar a la Iglesia y al Estado, y por esta razón no quiso volver a recibir a Lisak, después de haberlo recibido como consecuencia de un engaño.
Lela Sopianec
¿Qué podemos decir del caso de Lela Sopianec? Stepinac recibió a tantos miles de hombres y mujeres que ni siquiera con la mejor memoria del mundo podría recordar a cada uno.
Recuerda sólo haber recibido a una mujer venida de Trieste con un rosario. Recuerda también a un estudiante emigrado que volvía de Salzburgo. Recuerda a este estudiante porque lo interrumpió inmediatamente cuando comenzó a hablar de política.
Los "Krizari" (Cruzados anticomunistas)
Como ya lo he dicho, todo el mundo puede ser víctima de sucesos similares. Pero no puede responsabilizarse al Arzobispo si los ustachis y otros emigrados se equivocaron en la apreciación de su actitud y, equivocando el camino y preocupados por su situación desesperada, intentaron acercarse a él. Sus tentativas son obra de ellos, y no de Stepinac.
Sin embargo, el rechazo es obra de Stepinac. Este rechazo, ¿es un acto condenable? Por el contrario, ¿no es la prueba de que Stepinac no quería mantener ninguna actividad ilegal ni complicarse jamás con ellos?
¿Y si alguno de nosotros hubiera recibido una carta como ésa?
Un caso parecido se presenta en lo relativo a las cartas, es decir las misivas de Moskov. Estas misivas no fueron dirigidas al Arzobispo, como lo apreciamos al constatar el nombre del destinatario (Stephano, que no es otro que Lackovic) y por el testimonio del Dr. Gulin. Y cuando, a pesar de esto, se las envían al Arzobispo éste interrumpe la lectura después de leer unas pocas líneas y las tira al cesto. ¿Quién de entre nosotros está libre de que Moskov, Luburic, Pavelic o cualquiera de ellos nos envíen cartas de contenido condenable, contenido que no se encuentra incluso en las inocentes misivas de Moskov? En tal situación sólo cuenta nuestra actitud. Hemos visto la reacción del Arzobispo ante la misiva de Moskov: la tira al cesto. En consecuencia, quiero formularles la siguiente cuestión: ¿cómo podemos forjar, sobre la base de estas visitas indeseables, de estas misivas igualmente indeseables, y en general por actos de terceros, una acusación de colaboracionismo con los "Krizari", con los terroristas, con la reacción interior y exterior, etc.?
Si admitimos tal invento ninguno de nosotros estará a salvo de una acusación y una condena similares.
Carta Pastoral del 20 de septiembre de 1945
El perjuicio ocasionado por la última acusación (capítulo 5) es más serio. Se trata de la Carta Pastoral de la Conferencia de los Obispos, fechada el 20 de septiembre de l945. Ciertamente, esta Carta no es obra únicamente del Arzobispo, sino también de los otros diecisiete Obispos de Yugoslavia, quienes la firmaron incluyendo una anotación particular que declara que todo el Episcopado de Yugoslavia se responsabilizaba por ella.
Examinemos un poco esta Carta pastoral. En principio los Obispos manifiestan allí su agradecimiento a Dios por el cese de las luchas fraticidas. En esta declaración, el Arzobispo Stepinac y los otros Obispos aprueban el principio de fraternidad de los pueblos de Yugoslavia.
¿Cuáles son entonces los motivos que llevaron a los Obispos a redactar esta Carta? La misma Carta Pastoral aporta la respuesta: "¡La preocupación por el bienestar moral de los fieles!" ¿Con qué objeto fue publicada? Nuevamente la respuesta se halla en la Carta, a saber: que la situación surgida en nuestro país en el período de posguerra se normalizara lo más pronto posible.
¿Por qué los Obispos aseguran que nuestra situación de posguerra es confusa? Por la negligencia en resolver las cuestiones aún en litigio entre el Estado y la Iglesia.
Por las numerosas condenas a tantos inocentes y a tantos sacerdotes, ejecutados sin haber podido obtener un defensor. Por los numerosos obstáculos interpuestos al funcionamiento de los Seminarios. Por la ya anunciada supresión de las escuelas secundarias privadas. Por la clausura de la mayoría de los internados eclesiásticos. Por el método de enseñanza del Catecismo en las escuelas secundarias. Por los obstáculos impuestos al cumplimiento de los deberes religiosos. Por la imposición del matrimonio civil obligatorio. Por el nombramiento de un Comisario en la institución "Caritas". Por el método de aplicación de la Reforma Agraria sobre los bienes de la Iglesia. Por los pleitos de que son víctimas las Congregaciones religiosas femeninas. Por la profanación de ciertas tumbas. Por la propagación de ideas materialistas y ateas. Por la supresión de la prensa católica.
Algunas afirmaciones explicitadas en estas objeciones son verídicas, como por ejemplo las que conciernen a la supresión de la prensa católica, la obligación del matrimonio civil, el nombramiento del Comisario en "Caritas", etc. Otra cosa es saber si las objeciones relacionadas con estas cuestiones tienen fundamento. De hecho es una cuestión de opinión, de punto de vista y por tanto no condenable en sí. El Estado puede, por ejemplo, afirmar que debió imponer el matrimonio civil únicamente con los métodos que aplicó, y por su parte la Iglesia es libre de tener una opinión diferente. Así el reproche de los Obispos respecto del matrimonio civil puede parecer reaccionario y contrario a la libertad de conciencia; sin embargo el asunto toma otro cariz después de escuchar la declaración del Arzobispo. En su declaración se manifestó partidario de resolver la cuestión del matrimonio civil, por ejemplo, como en Estados Unidos de América; es decir que cada uno tenga la facultad de celebrar su matrimonio ya sea en la Iglesia, ya sea ante las autoridades civiles; siendo los guardianes de registros los encargados de comunicar el matrimonio a las autoridades civiles.
La cuestión es saber si la prohibición de la prensa católica estaba justificada o no, pero el hecho es que fue prohibida y en consecuencia es comprensible que los Obispos tengan, a este respecto, una opinión diferente a la del Procurador. Estas objeciones son cosas sobre las cuales se pueden tener opiniones diferentes, las cuales se pueden discutir y que no son condenables si se las discute públicamente en un régimen de libertad de prensa. Lo que se considera falso son, por ejemplo, las afirmaciones sobre los asesinatos de sacerdotes inocentes, los campos de concentración y la profanación de tumbas. Yo, personalmente no puedo suministrar ninguna prueba a este respecto y no se deben afirmar cosas sin tener pruebas. Pero de la declaración del Arzobispo resulta que él recibía informaciones de esta naturaleza, sobre la base de las cuales los Obispos redactaron los pasajes citados de la Carta Pastoral. Por lo tanto, el Arzobispo no escribió esta carta con la convicción de afirmar algo inexacto ni con la intención de calumniar. Su error consistió en tomar como verdaderas informaciones que eran inexactas. Pero esto es una falta, no un fraude. Si los autores de la Carta Pastoral, basándose en informaciones parcialmente verídicas y parcialmente inexactas, extrajeron una conclusión errónea e incluso falsa, según la cual la situación de la Iglesia Católica en Yugoslavia poco difiere de un estado de persecución abierto. En este caso, consideremos esta conclusión; esta no representa más que una opinión, y una opinión, incluso si desde un punto de vista objetivo es falsa, no puede ser nunca condenable. Por otra parte, en lo que respecta al veredicto, ¿quién puede creer que todos los veredictos son infalibles? Todo veredicto no es más que la expresión de la convicción del tribunal que lo ha pronunciado, y esta convicción, de acuerdo al espíritu del juez, puede ser motivada ya sea por tendencias personales, ya sea por otras circunstancias inherentes a la época. ¿No hemos visto ya a diferentes jurados de un mismo tribunal pronunciar, respecto de la misma cuestión distintos veredictos? ¿No sería entonces admisible que alguien dudara del fundamento o de la infabilidad de ciertos veredictos, sobre todo si posee sobre el asunto informaciones que quizás son falsas pero que él considera verdaderas?
Semejantes dudas pueden nacer en épocas convulsionadas, cuando es imposible juzgar los acontecimientos tan prudentemente como en tiempos de paz. La ley también contempla el error judicial, incluso para el caso de los juicios ejecutorios, y en vista de una revisión del veredicto, indica el procedimiento a seguir, al igual que contempla la facultad de apelación al
Procurador en vista de defender el interés del orden público y el recurso de gracia, etc. La crítica de un veredicto hecha de buena fe y con la intención de hacerla más equitativa, no puede ser en sí misma condenable.
Libertad de la Iglesia y respeto de los Derechos del Hombre
El Arzobispo Stepinac y los otros diecisiete Obispos exponen públicamente, al final de la Carta Pastoral, reivindicaciones concernientes todas a la Iglesia, salvo una. Estas reivindicaciones no pueden tener nada en común con la actividad de los "Krizari", de los insurgentes, de los ustachis y de los enemigos exteriores e interiores de nuestro país.
Hemos dicho que sólo una de estas reivindicaciones no concierne únicamente a la Iglesia, pues es de carácter general y aboga en favor de la libertad total de la persona humana y de sus derechos inalienables. La Carta Pastoral considera las reivindicaciones de la Iglesia Católica como condición previa para el saneamiento de la situación en nuestro país y para la concreción de una paz interior duradera. Por esta razón consideramos injustificadas las incriminaciones de la acusación a este respecto.
El espíritu de la Carta Pastoral, a pesar de ciertas inexactitudes y exageraciones, no es tal que pueda empujar a alguien por el mal camino o hacia una actividad dirigida contra el Estado, como se ha afirmado muchas veces en el curso de este proceso.
El co-inculpado, Modesto Martincic, Provincial de la Orden de los Franciscanos, se esfuerza de manera poco cristiana por justificarse invocando la nociva influencia que habría ejercido la Carta Pastoral sobre su espíritu. Sin embargo, no debemos olvidar que los actos que se le reprochan son muy anteriores a éste, y que durante la ocupación no hizo nada asemejable a la obra caritativa, meritoria y valiente del Arzobispo Stepinac; en fin, Martincic ha hecho aquí una confesión innegable, de la cual resulta que dos meses después de la publicación de la Carta Pastoral aún no la había leído y que según lo que había escuchado decir, no le había atribuído ninguna tendencia política.
Para la apreciación de la Carta Pastoral y de otros numerosos factores que se relacionan con ella, es necesario, Señores Jueces del Tribunal Popular Supremo, tomar en cuenta el hecho de que el Arzobispo Stepinac es el más auténtico representante de la Iglesia y de la religión católica en Croacia e incluso en toda Yugoslavia. En cuanto a la importancia de la religión católica para el pueblo croata, la actitud pública del difunto Stjepan Radic puede también servir de prueba: cuando este antiguo guía del pueblo croata, que conocía a fondo su alma, tenía una reunión pública, comenzaba saludando a la asistencia con estas palabras:
"Alabados sean Jesús y María..." Por otra parte, si en el curso de su alocución la campana de la Iglesia empezaba a tañir, se sacaba el sombrero en señal de respeto y su gesto era imitado por toda la multitud, que a veces se componía de varias decenas de miles de auditores. En la actualidad aún podemos decir que cada vez que el Arzobispo Stepinac toma la defensa de la Iglesia y de la religión católica, tiene a su lado a la mayoría del pueblo croata. Es un hecho que no puede silenciarse.
Tampoco se debe descuidar el pasaje de la Carta Pastoral del 20 de septiembre de 1945, en el que se afirma que los Obispos no desean de ninguna manera provocar una lucha contra las nuevas autoridades, sino por el contrario buscar un entendimiento con los poderes públicos y que, a este respecto, se han esforzado muchas veces (el Arzobispo declaró haberlo hecho quince veces) en informar por escrito a las autoridades competentes sobre el punto de vista de la Iglesia Católica. En esta ocasión han señalado que la última palabra en todas las cuestiones concernientes a la vez a la Iglesia y al Estado le corresponde a la Santa Sede. Me permito agregar que el Arzobispo ha afirmado que él había informado verbalmente de todo este problema al Presidente del Gobierno Federal, el Mariscal Tito y al Presidente de la República Popular de Croacia, Bakaric, en ocasión de las audiencias que le acordaron después de la liberación. Esto es todo lo que quería decir respecto de la Carta Pastoral. Antes de concluir quisiera todavía algunos detalles de este proceso.
Discurso de Bakaric
En el curso de este proceso he hablado, entre otras cosas, del bien conocido discurso, pronunciado por el Presidente del Consejo del gobierno croata Vl Bakaric, en la Cámara de Diputados, el 24 de marzo de 1946, discurso en el que expresamente reconoció que los altos dignatarios del clero no se habían pronunciado en favor de lo alemanes y del Estado Oustachista hasta principios de 1945. A este argumento contundente el Procurador respondió que en esta época el Presidente del Consejo no conocía el asunto de los documentos de los archivos del Ministerio de Relaciones Exteriores.
Verdaderamente no puedo imaginarme que en el mes de marzo de 1946, el Presidente del Consejo no supiera todavía que el gobierno había recibido estos documentos en el mes de octubre de 1945. A pesar de todo esto tomo como legal, en lo que concierne a Bakaric, la respuesta del Procurador. Sin embargo debo responder a este último que ha basado su acta de acusación sobre hechos de los cuales tomó conocimiento no sólo a través de los archivos, sino que los conocía desde antes. El Procurador sacó a relucir los documentos de los archivos sólo en el curso de los debates, y yo creo haber aportado hoy gran cantidad de argumentos lo suficientemente sólidos para denegar la autenticidad de estos documentos. En consecuencia, mi referencia al discurso de Vl Bakaric es aún valdero en lo que concierne a las incriminaciones del acta de acusación, incriminaciones que se remiten al período que se extiende hasta principios de 1945 y que son hasta esa fecha, las más numerosas.
¿Stepinac es un mentiroso?
En el curso del Proceso el Procurador declaró muchas veces que el Arzobispo Stepinac mentía, incluso se lo dijo una vez en la cara. Graves palabras que se dicen únicamente a alguien que miente intencionalmente. A modo de prueba, el Procurador citó la respuesta dada por el Arzobispo Stepinac a la declaración de Bakaric a la prensa. En esta declaración a la prensa Bakaric dijo que el Arzobispo había mentido cuando escribía que no había visto a Lisak en su casa. Leyendo atentamente el discurso de Stepinac, podemos ver que el Arzobispo no dijo esto. En ninguna parte de este discurso Stepinac afirmó que Lisak no había estado en su casa. De hecho otros también comprendieron correctamente la respuesta del Arzobispo, y no como la interpretó el Procurador. He suministrado como prueba el diario Vjesnik del 11 de enero de 1946, en el cual se publicó todo un artículo contra el Arzobispo Stepinac, donde se afirmaba que este último reconocía haber recibido a Lisak en su casa. Este artículo estaba consagrado por entero a atacar al Arzobispo. A instancias del colaborador de Vjesnik, todo el mundo comprendió la respuesta del Arzobispo, salvo el Sr. Procurador.
Comportamiento de los diarios comunistas
Puesto que estamos hablando de los diarios, debo citar también otra publicación de Zagreb, Narodni List, que publicó dos artículos contra el Arzobispo Stepinac bajo la firma del Dr. J.P. En este artículo se acusa al Arzobispo de no haber movido un solo dedo en favor de cinco sacerdotes eslovenos aprisionados y ejecutados en Jesenovac; entre ellos se encontraba el sacerdote Rihar. Este, según el diario, se habría sentido totalmente indignado por la supuesta indiferencia del Arzobispo ante su suerte, y antes de su ejecución habría confiado su breviario al autor del artículo recomendándole irónicamente que se lo enviara al Arzobispo a título de agradecimiento por los esfuerzos realizados por este último en su favor. Dejando de lado el hecho de que el autor de este artículo infamante no cumplió con la comisión encargada por Rihar, es decir no entregó el breviario ni transmitió el mensaje al Arzobispo, tampoco tuvo en cuenta el estado de espíritu en que se encuentran casi todos los detenidos: que su deseo es ver que todo el mundo se ocupa de su suerte, y su amargura ante la creencia de que nadie se ocupa (sin tomar en cuenta tampoco el carácter de este autor). Dejando todo esto de lado, debo declarar que he puesto en manos del Tribunal cuatro documentos que prueban innegablemente que el Arzobispo hizo grandes esfuerzos en favor de los cinco sacerdotes eslovenos, sobre todo en favor de Rihar; que indignado envió a Pavelic una carta muy severa, en la cual, entre otras cosas decía textualmente: "Este es un caso vergonzoso y un crimen que clama venganza del Cielo y todo Jasenovac, todo lo allí ocurrido es vergonzoso para el Estado Independiente de Croacia". El diario Narodni List no publicó el desmentido, y por ello la opinión pública creyó tales mentiras sobre el Arzobispo. En general, el Arzobispo nunca tuvo la posibilidad de defenderse en los diarios que lo han atacado.
Obstáculos a la tarea de la Defensa
A mí, es decir a la Defensa, tampoco se me ha acordado jamás en el curso de este proceso, la facultad de refutar con pruebas y demoler completamente todos los argumentos aportados por el Procurador en contra del Arzobispo y su actividad en la institución "Caritas". En todo Zagreb y fuera de ella se conocen los numerosos beneficios aportados por el Arzobispo Stepinac a través de ella en favor de los pobres, sin distinción de opinión política, confesión o nacionalidad; sabemos también qué gran cantidad de niños, sobre todo hijos de ortodoxos y de partisanos combatientes, logró salvar. Salvó casi 7.000 en Kozara.
¿No reunió en torno de esta institución una cantidad importante de ciudadanos antifascistas? Por su generosa actividad en favor de "Caritas", el Arzobispo tendría razones para enorgullecerse si no fuera tan modesto. Sus sermones y su resistencia al ocupante hicieron célebre su nombre. A pesar de esta obra, reconocida tanto por sus amigos como por sus enemigos, el Procurador ha intentado presentar a "Caritas" en el curso del proceso bajo funestos colores, citando una declaración del difunto Dumic, Director de esta institución, con el objeto de manchar con ésta al Arzobispo. Por el contrario, he propuesto que se escuchara, a modo de prueba, el testimonio de buena cantidad de personas que hubieran podido mostrar que el difunto Dumic había hecho estas declaraciones poco tiempo antes de su muerte, en momentos en que era irresponsable, y que las desmintió en cuanto recuperó su conciencia. Propuse también tener en cuenta un importante informe conteniendo documentos y nombres de testigos, lo que habría permitido estimar la obra de "Caritas" y del Arzobispo bajo su aspecto real, refutando así todas las afirmaciones y todas las pruebas establecidas por el Procurador. Pero mis pruebas no fueron admitidas. Este rechazo no será perjudicial para el Arzobispo ante el público que durante la ocupación tuvo la posibilidad de seguir directamente su actividad. Sin embargo, considero que el rechazo de las pruebas es una omisión esencial del Tribunal; siendo ésta la única y última instancia, no podemos apelar a una instancia superior, en la cual tendríamos derecho a refutar todos los vicios de procedimiento.
El acta de acusación como resultado de prejuicios
Creo también que esta acta de acusación es parcialmente consecuencia de los prejuicios de la guerrilla respecto del Arzobispo. La guerrilla mantenía relaciones con el territorio ocupado pero recibía informaciones inexactas junto con informaciones exactas. La guerrilla representa la resistencia heroica por las armas, resistencia de nuestros pueblos contra el ocupante, pero los combatientes no tenían ni el tiempo ni la ocasión de darse cuenta de la actividad del Arzobispo como sí pudieron hacerlo cientos de miles de ciudadanos de la ciudad de Zagreb ocupada por el enemigo. Es difícil y se necesitará mucho tiempo para deformar y oscurecer ante miles y miles de hijos del pueblo croata en Zagreb y fuera de esta ciudad, la alta y luminosa imagen que tienen de la personalidad de su Arzobispo. Tampoco bastará este proceso para alcanzar este objetivo.
El Procurador insulta al Arzobispo
El Procurador ha dicho, entre otras cosas, refiriéndose al Arzobispo, que no era en absoluto modesto sino más bien un megalómano. En verdad, el Arzobispo es el contraste viviente de estos defectos. Sabemos, por ejemplo cuánto se resistió a su nombramiento como Arzobispo. Hemos escuchado aquí de qué manera rechazó los puestos que le ofrecían: la Regencia, el poder. Rechazó todo, no sólo porque las funciones públicas (saecularia) eran incompatibles con su posición eclesiástica, sino también porque era modesto. Su entorno sabe, mejor que nadie, cómo huía de los lujos y de las fiestas, cuánto lo perturbaban las apariciones en público; conocía al mismo su actitud amigable hacia los humildes y su modo de vida tan modesto y tan ascético.
Cuando nosotros, sus defensores, lo visitamos en la prisión, nos dijo que incluso no había leído los informes sobre el proceso de Salic. Le creímos, y esto además nos fue confirmado por su entorno más cercano. Sólo hay un hombre de conciencia pura y tranquila que pueda actuar así. Si hubiera sentido el menor sentimiento de culpabilidad no hubiera leído estos informes para adecuar a ellos su declaración futura, para adecuar su declaración a la de Salic y a la de los otros inculpados a fin de evitar que en su declaración se produjeran ligeras diferencias en la presentación de los hechos.
En el curso de la instrucción, el Arzobispo claramente declaró que reconocía a los Tribunales Populares, que no se arrogaba ningún derecho de extra- territorialidad, que reconocía la Constitución en tanto que no se opone a los principios morales de la Iglesia, que reconocía en general a las autoridades populares y que deseaba un acuerdo entre la Iglesia y el Estado. Esta es igualmente una prueba de su inocencia, que emana sobre todo de mi documentación, de la cual sólo he podido exhibir aquí nada más que una pequeña parte. Por otra parte, el Tribunal conoce toda la documentación concerniente a este asunto. Mi conciencia no me permite aceptar la proposición final del Procurador.
Conclusión del Defensor
Estos últimos días, los diarios han reproducido numerosos telegramas pidiendo la condena del Arzobispo Stepinac. El Procurador ha rendido cuenta aquí de estos despachos. Por mi parte, opongo a estos pedidos no sólo la declaración, remitida al Tribunal, de los 150 Obispos de Zagreb que niegan las acusaciones contra el Arzobispo, sino también las plegarias de miles y miles de fieles del pueblo croata, quienes en las iglesias y en sus casas, desde hace varios días y también en estos momentos, convencidos de la inocencia del Arzobispo, ruegan sin cesar a Dios por su liberación, puesto que consideran esto como el veredicto más justo. En mi calidad de Defensor, propongo al Tribunal Popular Supremo que absuelva al acusado, Arzobispo Aloysius Stepinac".
Ultima declaración de Mons. Stepinac
El 8 de octubre de l946, después del alegato de Politeo, Mons. Stepinac, Arzobispo de Zagreb, pronunció con voz calma y fuerte la siguiente declaración:
"Aunque he rechazado el concurso de un abogado, acepto su defensa. Debo completar su alocución sobre el asunto de las conversiones religiosas y señalar de nuevo que, según las reglas de la Iglesia para las conversiones, el responsable es el Ordinario competente de cada Obispado. Entonces, no se me puede responsabilizar de lo que ocurría en otros Obispados, sino sólo de lo que ocurría en el Arzobispado de Zagreb. E incluso en mi Arzobispado surgían irregularidades contra mi voluntad debidas la excepcional situación que se vivía. En efecto, no se trataba de conversiones sino más bien de una comedia por la cual la Iglesia no puede responsabilizarse. Repito nuevamente: la Iglesia jamás empleó la fuerza para obtener estas conversiones. Sé muy bien que si no hubiera aceptado y concretado ciertas conversiones a causa de la insistencia de los que querían este pasaje religioso, hoy hubiera estado igualmente en el banquillo de los acusados como aquél que no habría querido salvar a los serbios de la masacre. Incluso si el auditorio se ríe de ello, y a pesar de todas las insinuaciones y acusaciones del Sr. Procurador de la República, declaro ante Dios, ante el pueblo y ante todos los diplomáticos, si eventualmente se encuentra uno aquí, ante los representantes de la prensa y ante todo el auditorio, que soy enteramente inocente, y será la Historia, en el futuro, quien juzgará con justicia todo lo que he hecho."
Alegato de Katicic
8 de octubre de 1946. "Hablo a título de abogado designado oficialmente para defender a Mons. Stepinac, Arzobispo de Zagreb. Voy a referirme a los parágrafos Nro. 2 y 3 de la acusación, y me limitaré estrictamente a este tema.
He buscado información respecto de las supuestas "conversiones" de ortodoxos. La cuestión que se plantea es la siguiente: ¿Qué relaciona las violencias cometidas en esa ocasión y recordadas por los testigos, con la acción del Arzobispo Stepinac, y cuál fue su actitud?
Para responder, reveamos la historia de los acontecimientos en lo que concierne a las "conversiones". Dividiré esta historia en cuatro partes.
Estos actos no tenían carácter religioso. Ninguna razón espiritual motivaba estos actos de violencia. Esto es irrebatible, por el hecho de que los mismos que los conminaron primero a obligar a los ortodoxos a abrazar la religión católica, continuaron persiguiendo a los "rebautizados", y fundaron posteriormentela Iglesia Ortodoxa Croata. Por lo tanto, las razones para actuar en este sentido no eran en absoluto religiosas.
Debemos juzgar estos asuntos en la perspectiva de aquellos tiempos. Se creía que los actos de violencia no se repetirían, que las pasiones se calmarían y que con el tiempo todo se olvidaría. Por ello la Iglesia contemporizó en el camino a seguir a propósito de las conversiones. También había otras razones. Así, por ejemplo, al principio los Oustachis habían establecido varias agencias, como Ponova (El Renacimiento) que se ocupaban de los asuntos concernientes a la "conversión", y que de manera arbitraria, sin autorización de la Iglesia, enviaban sacerdotes y misioneros a los ortodoxos. Para impedir tales procedimientos y hacer obedecer a sus sacerdotes, la Iglesia insistió en las formalidades estrictamente exigidas por la ley canónica. Así, se creía dar a las supuestas "conversiones" un carácter más pacífico y más humano, esperando el momento en que, según las palabras del canónigo Loncar, Los rebautizados retornarían a su propia Iglesia.
Pero la acusación insinúa que esta explicación de las cosas no es más que un pretexto para enmascarar los actos de violencia ejercidos por la Iglesia contra los ortodoxos. Sin embargo, son las pruebas y los hechos los que deben guiarnos para permitirnos emitir un juicio. Y lo que acabo de afirmar está comprobado por los siguientes hechos: a) La táctica dilatoria de la Iglesia prueba suficientemente que ésta no actuó con intención de explotar a los serbios, sino que dudó y contemporizó para alcanzar una situación más pacífica y más normal. b) El sentido común lo confirma: ¿Por qué suponer que se quiere llegar a un objetivo perjudicial por medio de un acto que ha dado buenos resultados? Junto a algunos sacerdotes culpables que fueron expulsados por la Iglesia, hay una legión de valientes sacerdotes, honestos y sensatos, que se mantuvieron lealmente en su lugar, que aún permanecen allí y que son muy estimados por el pueblo. Insisto nuevamente: sólo un pequeño número de sacerdotes se contaba en las filas de los ustachis o bien les mostraban simpatía. Por lo afirmado por los cincuenta testigos interrogados aquí, los casos de conversiones fueron escasísimos en el territorio de la Arquidiócesis de Zagreb, como también muy pocos fueron los sacerdotes de esa diócesis inculpados. c) Mi afirmación queda probada por la reacción del propio Arzobispo, quien se rebeló contra esta violencia, retuvo y calmó a los sacerdotes, envió al canónico Loncar a protestar y, lo hemos escuchado, declaró que no quería conversos a menos que se hicieran católicos por su propia voluntad después de haber tomado libremente su decisión.
"Abrannos las puertas". En efecto, el caos dominaba todo. Zagreb estaba aislada, el campo había caído en un océano de desorden, las comunicaciones con muchas parroquias estaban interrumpidas. Los métodos indicados por la Iglesia no se empleaban más.
Las circunstancias exigían que se abriera la puerta y se aceptara a los rebautizados cuyo número era más y más grande. Era la única manera de salvar la vida. Que la Iglesia, no obstante se haya conducido como era necesario y que se haya adaptado a las circunstancias, esto queda demostrado claramente en la circular del 2 de marzo de 1942 sobre las formalidades a seguir en las conversiones. Se declaraba allí que el motivo principal de las conversiones debía ser la fe en la verdad de la religión católica; en cuanto a los motivos secundarios, siempre que no fueran deshonestos no serían obstáculo para la conversión.
Esto significa que debía abrirse la puerta para que los desdichados pudieran encontrar protección.
Rápidamente todo esto no será más que un episodio sobre el cual la Historia dará su veredicto. ¿Cuál fue entonces la actitud del Arzobispo Stepinac frente a los acontecimientos que acabamos de relatar?
Si no conociéramos directamente la opinión del Arzobispo, de todos estos acontecimientos concluiríamos que sus intenciones eran las mismas que las de la Iglesia en general: ayudar a la gente, pedir tiempo, pero no explotar al pueblo. En ningún momento Stepinac ejerció la violencia, ni directa ni indirectamente sobre otros. Encontrándose ante el hecho cumplido, era natural que tomara una decisión y diera directivas: hacia fines de 1941 se llevó a cabo la Conferencia Episcopal al igual que el establecimiento del Comité de los Tres, del cual el Arzobispo era Presidente, para vigilar las conversiones.
He examinado cuidadosamente los documentos, pero no pude encontrar traza ninguna que pruebe que este Comité haya hecho nunca ningún trabajo. Jueces del Tribunal Popular: es necesario prestar gran atención a este hecho, porque si este Comité no efectuó ningún trabajo, entonces puede afirmarse, como lo hace la acusación, que el Arzobispo, como jefe de este Comité, fue el principal responsable de la conversión forzada.
Por el contrario, debemos concluir que todas las acciones del Arzobispo relacionadas con la fundación del Comité y toda su obra en general, tuvieron el mismo carácter que los actos de la Iglesia ya descritos: duda, contemporización, preocupación, pero jamás explotación de las violencias cometidas por los serbios.
A medida que crecían el terror y la persecución, se hacía sentir la necesidad de una ayuda más efectiva. No se trataba ya de aplicar leyes canónicas sino de salvar vidas; la asistencia se convirtió entonces en un deber. El Arzobispo ofreció su ayuda, tanto a los rebautizados como a aquellos que no lo estaban.
Durante el transcurso de este proceso, me he interesado profundamente en la cuestión de verificar la cantidad de serbios cuya vida fue preservada en aquel momento, y en gran número, definitivamente, por su conversión a la religión católica. No pude lograr obtener estas cifras. Pero deseo profundamente conocerlas, pues a título de croata debo sentirme orgulloso de la obra de protección cumplida en forma tan extensa por un compatriota en defensa de los perseguidos y de los que sufrían en los tiempos más difíciles.
A este respecto, insistiré sobre un punto. En esta época terrible surgían difíciles debates de conciencia, tan difíciles que apenas podían resolverse. Quizás no me corresponda a mí hablar aquí de la angustia que invadía el corazón de los eclesiásticos.
Sin embargo era necesario darles una solución y basarla sobre aquello que tenía más valor: la ley canónica o las vidas humanas. Conozco un Franciscano de Bosnia que, en las más terribles circunstancias, cuando debía admitir a los convertidos, se expresaba diciendo: "Yo lo registro, y Ud. continuará creyendo como lo ha hecho hasta este día. Y cuando llegue el momento, Ud. decidirá en total libertad." Creo que este sacerdote había resuelto correctamente la cuestión de conciencia y no tenía nada que reprocharse.
Si consideramos la opinión del Arzobispo Stepinac y sus intenciones concernientes al asunto de los "rebautizados", concluimos:
Stepinac estaba persuadido de que las conversiones forzadas no podían ser aceptadas ni aprobadas por la Iglesia o por él mismo bajo ninguna circunstancia.
Estaba persuadido de que la admisión de los ortodoxos en la Iglesia Católica sólo se efectuaba en vista de ayudarlos, y a menudo de salvarles la vida. Esto es lo que el Arzobispo pensaba.
En nuestro reciente pasado a menudo era imposible no elegir un mal menor para obtener un bien mayor. Es necesario poner todo esto en la balanza para demostrar que el Arzobispo eligió la forma más humana.
En lo que concierne al Vicariato Militar (sección Nro. 3 de la acusación), quisiera recordarles y pedirles que verifiquen que el Arzobispo recibió su asignación como Obispo del Ejército un mes después de que el gobierno ustachi designara a Vucetic y Cecelja como capellanes militares. Fue imposible desalojarlos. Como he podido probarlo, el Arzobispo no tuvo de hecho ningún poder como Obispo del Ejército, salvo el de suspender a los sacerdotes que se hubieran conducido indignamente.
Toda influencia efectiva pertenecía al Ministerio y a las otras agencias. El caos descripto precedentemente prevalecía en este Ministerio, a tal punto que no he podido descubrir quiénes eran los sacerdotes verdaderamente nombrados como Capellanes militares, y sobre todo no he podido averiguar si eran los que indicaba la acusación. Pero en todo caso, no olviden que el Arzobispo fue un buen Pastor en el verdadero sentido del término, que liberó a innumerables prisioneros y salvó a aquellos que estaban condenados a muerte, incluso a vuestros oficiales.
No necesito insistir sobre este punto. Mencionaré solamente, y como al pasar, la inmensa caridad desplegada por el Arzobispo, la incalculable cantidad de personas que ayudó o salvó. Todo esto es bien conocido por todos y estoy seguro de que él no desea que lo mencione nuevamente, pues lo hizo guiado por su gran generosidad, por deber y no para extraer de esto beneficio alguno. Les pido que tomen en consideración todos estos hechos y que juzgen sólo en base a ellos".
Injusta condena
Los jueces no quisieron aceptar las pruebas contra la inocencia de Mons. Stepinac presentadas por los discursos de sus abogados, sobre todo por el de Politeo.
J. Blazevic, el Procurador General, se obstinó en su actitud, apoyándose en palabras brutales e injuriosas que justifican el proverbio nacional: "Las burlas y las injurias son las armas de los débiles". Por otra parte, su comportamiento recordaba extrañamente las palabras del Señor: "Los que miran no ven, los que oyen no escuchan" (Mt. 13, 13; Mt. 4, 12), pues llegó a atacar las prédicas del Arzobispo calificándolas como fascistas, al servicio de los ustachis y de los ocupantes del país.
El 11 de octubre de 1946, el Arzobispo fue condenado a perder su libertad y a 16 años de trabajos forzados, al igual que a perder sus derechos civiles y políticos durante cinco años, por cometer crímenes contra el pueblo y el Estado. Ocho días después, Mons. Stepinac fue conducido a la prisión de Lepoglava.
Después de su condena, se difundió en todos los cines de Croacia el film Stepinac ante el Tribunal del Pueblo, en el cual los montajes sobre las atrocidades de la guerra eran acompañados por el siguiente comentario: "Stepinac ayudó y bendijo todo esto".
Reacciones en el mundo entero
El Osservatore Romano, al comentar la condena de Stepinac, iniciaba su artículo juzgando esta condena por el lema de Aloysius XIV: "El Estado soy yo", y lo aplicaba al comunismo ateo, a Tito y al Partido Comunista. Este proceso, continuaba el artículo, fue únicamente político. Si el Arzobispo de Zagreb hubiera aceptado caminar por la línea fijada por Partido Comunista, hubiera sido por el contrario, venerado, pero hubiera traicionado a Cristo y a su mandato de salvaguardar la verdad y el amor hacia todos.
Milovan Djilas, uno de los más importantes sostenedores del comunismo después de Tito en aquel tiempo, declaró en el transcurso de una conversación con el escultor Mestrovic: "En verdad pienso, y no soy el único, que Stepinac es un hombre recto, de mucho carácter y difícil de quebrantar. Ha sido condenado a pesar de su inocencia, como ocurre a menudo en el curso de la Historia cuando seres inocentes son sacrificados en pos de un objetivo político que justifica los medios. Si Stepinac hubiera cedido y proclamado una Iglesia croata independiente de Roma como queríamos, ¡lo hubiéramos glorificado!".
En efecto, lo hubieran perdonado todo si hubiera aceptado arrodillarse ante el comunismo. El eco de esta condena fue amplio en todo el mundo. La prensa extranjera condenó este odioso proceso. L. Breier, Presidente de la Asociación de los Judíos Americanos, declaró que Mons. Stepinac era, junto con Pío XII, el mayor defensor de los judíos perseguidos por los nazis en Europa.
Numerosos Estados, y no sólo de Europa y América, enviaron tantas protestas, que el gobierno yugoeslavo pensó seriamente, en cierto momento, acordar el indulto a Mons. Stepinac. El Presidente de la República de Croacia, V. Bakaric, visitó en marzo de 1947 a Mons. Stepinac en Lepoglava y le presentó un texto ya preparado para que lo firmara y dirigiera este pedido de gracia al Presidente Tito, asegurándole que inmediatamente después se le permitiría abandonar el país. Pero el Arzobispo no aceptó. No quería su gracia sino una honesta revisión del proceso. No quería abandonar tampoco ni a su Arzobispado ni a su pueblo. El enviado de Tito tuvo que volver con las manos vacías.
Reacción de la Santa Sede
La reacción de la Santa Sede fue inmediata. El 14 de octubre fue divulgado un comunicado a través de S.E. el Cardenal Marmaggi, Prefecto de la S. Congregación del Concilio, encargado de la supervisión del clero y del pueblo cristiano. He aquí el contenido: "La acción judicial por la cual S.E. Mons. Aloysius Stepinac, Arzobispo de Zagreb, fue arbitrariamente detenido y arrestado, y luego injustamente condenado por Tribunal Popular de Yugoslavia, ha causado una profunda impresión en todo el mundo católico e incluso en la sociedad civil".
La Iglesia cuida la defensa de sus pastores, de su libertad y de su dignidad sobre todo a través de tres disposiciones inscriptas en su código de Derecho Canónico, y por las cuales prevé la excomulgación en caso de incurrir ipso facto:
Todas estas excomulgaciones están reservadas, simplemente o de manera especial según el caso, a la Santa Sede. La S. Congregación del Concilio, que está encargada de la disciplina del clero y del pueblo cristiano, sin ver en los delitos de los que es cuestión ningún motivo que pudiera disminuir su gravedad, sino por el contrario encontrando causas de agravamiento, particularmente debido al hecho de la eminente dignidad de la persona ofendida declara por la presente acta que todos aquellos que han colaborado física o moralmente en la consumación de los delitos mencionados más arriba, o que han sido necesarios colaboradores, caen bajo las citadas excomulgaciones, a las cuales quedarán sometidos hasta que obtengan la absolución de la Santa Sede.
Expedida en Roma el 14 de octubre de 1946 (s) F. Card. Marmaggi, prefecto F. Roberti, secretario.
Esta acta de la Congregación del Concilio fue difundida después del discurso pronunciado el 6 de octubre de 1946 por S.S. Pío XII (cf. D.C. t. XLIII) y muestra claramente la posición de la Iglesia frente al infame veredicto.
Lepoglava
El 19 de octubre de 1946, Mons. Stepinac franqueó el umbral de la prisión de Lepoglava, llamada Casa de Corrección. Desde entonces permaneció aislado del mundo durante cinco años. La casa de reclusión de Lepoglava está rodeada de grandes murallas repletas de puestos de observación ubicados cada 40 o 50 metros, atiborrados de guardias armados. En el interior, cientos de prisioneros políticos.
Desde su llegada, se los recluía en una pieza denominada "cuarentena", en la que cada uno debía encontrar un lugar sobre el suelo mojado, ya que no había camas. John I. Pintar, croata ciudadano de los Estados Unidos, estuvo detenido en Lepoglava en la misma época que el Arzobispo. Tiempo después publicó un libro sobre el comunismo en Yugoslavia:
"Four Years in Tito's Hell". En él se compadecía del inmenso sufrimiento físico y moral de los prisioneros, detenidos en condiciones inhumanas.
Para toda esta pobre gente, Mons. Stepinac se convirtió en un símbolo de esperanza y en un modelo de fuerza física y moral. Lo veían hacer su paseo con la cabeza alta, su sotana negra, lo escuchaban orar al mediodía delante de todos. Se recogían con él, encontrando la fuerza para no caer en la desesperación.
Desde su llegada el Arzobispo fue recluido en una celda aparte, sin pasar por la cuarentena. En los cuartos vecinos a su celda vivían otros detenidos en condiciones miserables, sin el "confort" más rudimentario.
La dirección había instalado una pequeña habitación con un bello altar de roble para que Mons. tuviera una capilla. Desde el principio el Arzobispo ocupó todo su tiempo a aprender el inglés. Pero poco tiempo después, se le confiscaron todos sus libros de inglés.
Sus alimentos eran mejores que los de los otros detenidos, sus comidas eran preparadas afuera por una mujer ortodoxa. La dirección hizo algunos esfuerzos para mostrarse amable con él; intentó incluso hacerle pequeños favores. Pero esto no era la actitud de todos los guardianes.
Algunos sádicos y brutales, lo injuriaban cada vez que lo encontraban. Todo esto es relatado por J. Pintar, el vecino más próximo de Mons. Stepinac, quien escuchaba todo. Mons. Stepinac respondía jamás, tampoco durante sus paseos, momento en que sus guardianes, a menudo, lo cubrían de insultos. Cuando recibía algún paquete, alguno de los guardias lo estropeaba, desmigajaba las tortas, aplastaba los limones, destrozaba las salchichas "para ver" si no habían escondido allí algún mensaje secreto, o bien guardaban el paquete durante días, calentándolo, hasta que los alimentos se descomponían. Le entregaban entonces el paquete en un estado lamentable. A menudo durante la noche, algunos guardianes entraban en su celda para insultarlo y humillarlo con la visible intención de turbar su sueño. Como jamás respondía y soportaba todo en silencio, su comportamiento los desarmaba, y poco a poco, estos hechos de verdadera tortura moral cesaron.
En abril de 1948, el comandante de la prisión, que era el instigador del comportamiento de los guardianes, fue trasladado, y su reemplazante estableció un poco más de orden.
El Arzobispo distribuía su tiempo entre la oración, la penitencia, la lectura y la escritura. Todos los días, celebraba Misa a las seis horas, luego hacía traducciones y escribía sermones. Leía y tomaba notas. Al principio, tenía derecho a tomar un baño. Se lo conducía y se vigilaba que no encontrara otro detenido en el camino. Pero un día, al regresar del baño, se cruzaron con varios detenidos en el patio; inmediatamente se los obligó a volverse de espaldas al Arzobispo y a cruzar los brazos en su espalda. Ante esto, Monseñor sólo respondió: "Gracias por mi baño, no lo tomaré más". Desde ese momento se higienizaba con una toalla humedecida en su habitación.
Un día, un sacerdote detenido en una celda vecina, sucumbiendo ante tantas torturas morales se ahorcó. Mons. Stepinac lo encontró aún caliente y pidió al guardia que fuera a buscarle los Santos Oleos a la iglesia, para impartir al desdichado el último sacramento. El guardia lo hizo, pero perdió su empleo. Al partir, este guardián declaró: "hasta ahora Mons. Stepinac había conquistado algunos amigos, pero a partir de este momento tendrá miles".
Si alguien intentaba hablarle, como lo hizo un dentista que también estaba detenido, se lo enviaba al calabozo por un mes. En la Navidad de 1948, la dirección autorizó a algunos sacerdotes prisioneros a compartir la comida del Arzobispo. Cada uno, a su turno, celebraron Misa y pasaron así la fiesta, orando y meditando. A mediodía, se escuchó a los detenidos entonar los cánticos navideños.
El Arzobispo estaba a tal punto aislado del mundo exterior que ignoraba todo lo que ocurría más allá de los muros de su prisión. Fue por esto que se sorprendió mucho cuando vio que sacaban de su celda la foto de Stalin.
Su madre fue a visitarlo con una de sus hermanas Stefanía, en dos oportunidades: el 5 de mayo y el 17 de julio de 1947. Sonriente y feliz de verlas, dijo a su madre que no se atormentara, pues lo único que cuenta en la vida es la voluntad de Dios. Su madre murió a fines de ese mismo año. Su hermana Stefanía continuó visitándolo todos los meses.
Monseñor le pidió, que en caso de morir en Lepoglava, no transportaran su cuerpo para enterrarlo en otro lugar.
"Descansar en una tumba dorada o ser enterrado en una fosa común como todos los otros detenidos, no tiene ninguna importancia, decía el día del juicio, cada uno sólo llevará lo bueno que ha hecho".
Con la intención de desalentar un poco más a Mons. Stepinac, le creaban grandes dificultades a su hermana; la tomaban como blanco de sus injurias, al igual que a su hijo a quien torturaron tanto, que perdió el equilibrio físico a punto de necesitar ser internado.
Los visitantes del Arzobispo eran muy pocos y las visitas muy vigiladas, obligándolas a pasar ante tres personas de la Dirección. Todo lo que hablaban era grabado. Antes de conducirlas ante el Arzobispo se les daba consignas precisas sobre los temas de conversación permitidos. Ante la menor palabra de más se suspendía la visita.
El mundo entero se interesa
A fines de 1947 y principios de 1948 creció notablemente el interés en el extranjero por la situación del Arzobispo Stepinac. Desde el exterior se presionaba al gobierno yugoeslavo para que acordara al Arzobispo, al menos, el derecho a recibir visitas. Pero antes de cada visita, se repetían las mismas consignas y se dictaba a Stepinac lo que podía y lo que no podía decir. las visitas quedaban entonces reducidas a simples entrevistas de cortesía.
Cada palabra y cada declaración del Arzobispo eran deformadas para que éste apareciera ante los ojos del mundo como un criminal de guerra, como un colaborador del ocupante.
Un día una importante delegación extranjera pidió ver a Mons. Stepinac. Al no poder rechazarla, la dirección de la prisión utilizó una estratagema: disfrazó a uno de sus miembros y lo presentó como si fuera el Arzobispo; como era previsible éste hizo todas las declaraciones deseadas por la dirección. La delegación partió luego de la entrevista, convencida de haberse entrevistado con Mons. Stepinac.
En el curso de sus paseos, Stepinac llevaba siempre miguitas de pan para los pájaros y las palomas. Con el correr del tiempo, los gorriones lo reconocían y se posaban sin temor sobre sus hombros, cantando bellamente cuando pasaba. Incluso entraban por la ventana a su celda. Los otros detenidos que lo observaban decían: los pájaros reconocen a un santo y van hacia él. La dirección que presenciaba estas escenas y veía el placer que experimentaba por ello el Arzobispo, quiso destruir las palomas; entonces, para evitarlo, Stepinac las alejó no llevando nunca más migas.
La fe era su defensa contra la desesperación. Al no poder servir más a Cristo ocupándose de sus fieles, lo hacía orando y sufriendo en silencio. Su espíritu permanecía libre. En la última página de su agenda de 1946 escribía: "Omnis ad majorem Dei gloriam, y agregaba, mi prisión también" (Todo por la mayor gloria de Dios).
Detención vigilada en Krasic
A fines de 1951, la radio transmitió una noticia proveniente de París, en la que se afirmaba que el gobierno yugoeslavo permitiría que el Arzobispo saliera de prisión, para confinarlo en residencia forzada en su pueblo natal: Krasic. Los Estados Unidos habían hecho tal presión sobre el gobierno de Belgrado que este último se vio obligado a acordar esta tan relativa libertad a Mons. Stepinac. El cura de Krasic, el abate Josip Vranekovic, al enterarse de la noticia, intentó que el presbiterio estuviera lo más acogedor que fuera posible. Pero éste era continuamente interrogado por la UDBA (institución que reemplazaba a la OZN-a) Policía Secreta Yugoslava, a tal punto que temía ser encarcelado.
Mientras tanto Mons. Stepinac continuaba su vida de prisionero en Lepoglava, santificando sus jornadas con su ruego: In Te, Domine speravi. El 19 de octubre de 1951 marcó el quinto aniversario de su llegada a la prisión.
El 5 de diciembre por orden del Ministerio del Interior de la República Popular de Croacia, Mons. Stepinac fue transferido a Krasic, bajo régimen de libertad condicionada, hasta finalizar su condena, es decir hasta el 18 de septiembre de 1962. Stepinac no podría abandonar el territorio de Krasic sin la expresa autorización del Ministerio.
El Arzobispo estaba persuadido de que llegaría el día en que su proceso, llevado a cabo el 11 de octubre de 1946, que había sido, en efecto, un proceso contra la Iglesia Católica sería anulado por un gobierno más honesto.
En el momento de su partida, el director de la prisión le preguntó si tenía algo que decir sobre el trato que se le había infligido durante su detención en Lepoglava, si tenía algo de que quejarse. "No, respondió Stepinac, no me quejo de nada ni de nadie, pero sepa que tuve momentos muy amargos".
Un empleado del Ministerio previno oficialmente al cura de Krasic, de la próxima llegada de Mons. Stepinac, quien había sido puesto en libertad condicional, lo que implicaba la prohibición de alejarse de Krasic sin autorización expresa del Ministerio.
En Krasic, todos se activaban para recibirlo con gran emoción. El Arzobispo llegó, acompañado por un guardián de la prisión y un empleado del Ministerio. Estaba pálido, agotado, más delgado.
Repentinamente abrió sus dos grandes valijas. De ellas sacó doce ejemplares de Vidas de Santos que había traducido y preparado para las homilías de todo un año, luego extrajo 84 sermones, comentarios de las letanías de la Madre de Dios, de San José, del Santo Nombre de Jesús, del Sagrado Corazón, al igual que homilías para los domingos y fiestas de todo el año. Sacó también una gran cantidad de modelos de sermones que había recogido de los libros en Lepoglava.
A la mañana siguiente, fiesta de San Nicolás, la Misa fue celebrada por el cura de Krasic, pero los fieles percibieron al Arzobispo de rodillas ante el altar. La emoción se apoderó de los asistentes; la oración y los cantos de Adviento para acompañar la Misa fueron más ardientes. Después de esta Misa, Mons. Stepinac celebró a su vez y todos los fieles permanecieron en sus lugares.
Durante su Misa el Arzobispo percibió en la iglesia a los periodistas extranjeros quienes lo esperaron a la salida para entrevistarlo. El Arzobispo simplemente respondió que en cualquier lugar donde se encontrara, ya fuera en Zagreb, Lepoglava o en Krasic, sólo cumplía con su deber que consistía en sufrir y trabajar por la Iglesia.
Agregó luego que jamás había pedido que se lo dejara en libertad, pues era inocente y no tenía nada contra el Estado. La Iglesia, agregó, colabora siempre con el Estado pero a condición de que éste respete sus derechos esenciales sobre la escuela, el matrimonio, la prensa y las obras caritativas, etc. A la pregunta sobre si aceptaría partir al extranjero, respondió que quería permanecer con sus fieles y sus sacerdotes en tiempos difíciles.
En Krasic se levantaba muy temprano. Desde las tres o tres y media de la mañana, permanecía orando hasta las seis y media, hora en la cual se presentaba en la iglesia para celebrar la Misa. Todas sus jornadas estaban consagradas a la oración y al estudio. Daba el ejemplo e incitaba a los fieles a recitar el rosario.
Durante la Cuaresma, incluso cuando ya estaba muy enfermo, en 1958, se ponía de rodillas para rezar con los fieles como antes. Ningún dolor podía impedirle celebrar Misa. Incluso en el curso de sus paseos, oraba admirando las bellezas de la naturaleza, las hojas, las flores, los árboles y exclamaba: ¡Qué maravilloso es Dios! Rogaba a Dios que salvara al pueblo croata, que salvara su fe, que reemplazara "su corazón de piedra" por un corazón de amor como dice el profeta.
"Vicario" en Krasic
Durante su oración se concentraba de tal forma que no veía nada de lo que ocurría en torno a él. También ayunaba continuamente. Durante Cuaresma se abstenía de la carne y no desayunaba. Retomando sus homilías destinadas a los domingos y días de fiesta, hablaba con entusiasmo de la Madre de Dios. Podía percibirse su viva fe, su bondad y su amor por Dios. Predicaba con todo el corazón.
Pasaba horas enteras en el confesionario; los fieles venían en cantidad a confesarse con él, los domingos de cinco a once. Llegó a confesar cuatro horas sin interrupción. Cuando el cura Vranekovic quería reemplazarlo por temor a que se fatigara demasiado, Stepinac se negaba porque sabía que mucha gente venía expresamente para confesarse. Afirmaba:
"Dios no va a abandonar a este pueblo que sufre tanto, pero a pesar de todo conserva su fe". Solía decir que su mayor esparcimiento era confesar:
"No hay que desesperar, decía, pues incluso si el comunismo deja huellas en nuestro pueblo, aún cuando tenemos las manos atadas por esta ideología pérfida, aunque algunos hayan fallado, somos sin embargo mejores que los pueblos del oeste, saturados de bienes materiales pero que se ahogan en la inmoralidad y el ateísmo. A Dios gracias mi pueblo continúa fiel a Dios y al respeto por la Santa Virgen".
En 1958 su enfermedad lo hacía sufrir mucho. Rogaba a fin de poder continuar confesando a las personas que venían de lejos. El cura Vranekovic anotó: "Es un verdadero milagro". A pesar de sus dolores, siempre encontraba la fuerza para ir a la iglesia, sobre todo en tiempo de Cuaresma.
Mons. Stepinac dijo un día: "Un buen gesto de nuestra parte puede ser decisivo para toda la vida de un hombre".
Con gran placer bendecía los matrimonios sin hacer diferencias entre ricos y pobres; lo celebraba de igual modo, pero a menudo enviaba regalos a los pobres.
El resto del tiempo lo dedicaba a escribir a máquina. Redactaba sermones y predicaciones; respondía las numerosas cartas que recibía, leía muchísimo. Hojeaba el martirologio romano y tomaba notas, lo que le permitió escribir un artículo titulado "Pensamientos sobre el Martirologio". Después de su muerte, este artículo fue publicado en el diario oficial del Arzobispado de Zagreb pero, dadas las circunstancias, sin firma.
Mons. Stepinac pidió toda la colección del "Diario Católico" desde el primer número, que databa de 110 años. Quería conocer todos los acontecimientos de la Iglesia y de su patria, realizar una síntesis para la comprensión del presente a partir del pasado. Informándose sobre este tema, constató que ya antaño se percibían los mismos signos de inmoralidad.
El Arzobispo también leía numerosas publicaciones y revistas extranjeras. Mons. Stepinac, quien, como ya lo hemos dicho comulgaba intensamente con la naturaleza en sus cotidianos paseos, pronto se encontró seguido continuamente por un indiscreto policía que se acercaba para escuchar la conversación del Arzobispo y el cura cuando paseaban juntos, situación que se tornó muy desagradable.
El Arzobispo también amaba a los animales. Conocía todos los que estaban en el corral. En enero de 1956, un franciscano de Zagreb le regaló una jaula con canarios; Stepinac les dio un nombre y los conocía uno por uno: distinguía treinta melodías diferentes en el canto de sus canarios. A menudo abría la jaula para que los pájaros revolotearan en su habitación; éstos cantaban hermosamente, compitiendo con la máquina de escribir cuando Mons. Stepinac la utilizaba.
Maquinaciones del gobierno
El gobierno yugoeslavo intentaba separar a los católicos de Roma y del Santo Padre: "Puesto que nosotros hemos roto con Moscú, afirmaban, hagan ustedes lo mismo con Roma". Con esta finalidad se fundó oficialmente en Eslovenia una Comisión para las cuestiones religiosas que publicaba boletines. Se tomaron otras iniciativas en el mismo sentido, siempre con la intención de separar a los sacerdotes de los Obispos y de Roma. El Episcopado Yugoslavo fue obligado a responder por un "non expedit", manifestando así abiertamente su desacuerdo. La prensa comunista replicó violentamente. Desde ese momento muchos sacerdotes fueron condenados a prisión por varios años; se les prometía liberarlos si adoptaban las ideas del Estado sobre la Iglesia y la ruptura con Roma adoptando el modus vivendi del estilo comunista. Los sacerdotes sufrieron verdaderas presiones psíquicas.
Recién en 1952 Mons. Stepinac conoció la verdadera situación. Su detención lo obligaba a estar encerrado en un campo delimitado. Pero en Krasic descubrió pronto las verdaderas intenciones del Gobierno y la finalidad de sus iniciativas. Entonces hizo lo imposible para alentar a los sacerdotes a resistir, pues las promesas del Estado a los sacerdotes se multiplicaban, especialmente en lo concerniente a la seguridad social.
El Gobierno yugoeslavo quería obtener a toda costa la ruptura de los católicos con Roma para fundar una Iglesia Nacional.
El Arzobispo comparaba esta situación con la de la Revolución Francesa y con la situación de los sacerdotes en aquel tiempo; ocurre los mismo -afirmaba Mons. Stepinac-, lo único que ha cambiado son los nombres y las fechas. Para reanimar la conciencia católica, Stepinac explicaba la grandeza de la Iglesia a través de su historia y de su tradicional fidelidad al Pontífice Romano.
Los Obispos, a raíz de su enérgica posición respecto de todas estas clases de Asociaciones en las que se adiestraba a los sacerdotes, fueron a su turno interrogados muchas veces por UDBA. Dos Obispos fueron enviados al ejército, otros fueron torturados y golpeados hasta matarlos. Se encarcelaba a los sacerdotes acusándolos injustamente de actos de los cuales ni siquiera habían oído hablar. La prensa también atacaba a los Obispos.
Se les aumentaba los impuestos, se les aplicaban multas, se los encarcelaba. Todo el año 1953 estuvo marcado por estas violencias.
En Krasic los comunistas prepararon un ataque contra el presbiterio, intentando atraer a la gente al mitín que debía llevarse a cabo a la misma hora de la Misa del domingo. Con excepción de algunos gritos contra el Papa, los fieles boicotearon el mitín y asistieron en gran número a la Misa, asegurándole a Monseñor que, si se producía un ataque ellos lo defenderían.
Stepinac ve la situación con claridad
Mons. Stepinac, en su retiro, veía la situación clarividentemente. Era claro: los comunistas querían la ruptura con Roma para posteriormente presionar a la gente, a fin de convertirla a la ortodoxia. Así desaparecería el pueblo croata. "Pero, afirmaba Stepinac, aunque los partidarios de la Gran Serbia y el comunismo se unan, nada pueden contra el poder primordial que es Dios".
El 1 de noviembre de 1951, el Gobierno yugoeslavo elevó una protesta al Santo Padre porque la Nunciatura Apostólica de Belgrado había impartido directivas para la Conferencia de los Obispos, que debía desarrollarse en Zagreb del 22 al 25 de septiembre de 1952, directivas relacionadas con las Asociaciones de sacerdotes creadas por el Gobierno con la finalidad de ligar estrechamente a los sacerdotes con el Partido.
Frente a la debilidad de algunos sacerdotes, el Arzobispo continuaba alentando a viva voz y por escrito a los sacerdotes a ser fieles y a no sucumbir a las promesas del Gobierno, que intentaba atraerlos con la Asociación de San Cirilo y Metodio. Pues, afirmaba Stepinac, los Santos Cirilo y Metodio no tienen nada que ver con este triste estado de cosas; quien no respeta a Dios no puede desear el bien para un sacerdote católico. Continuó alentando a los sacerdotes a los que les habían confiscado todos sus bienes.
"Aquel que alimenta a los gorriones y viste las flores del campo, no los olvidará. Todos los sacerdotes honestos sufren el mismo martirio; lo mismo ocurre con el cura de Krasic. Pero es mejor respetar la palabra de honor comprometida a Dios y a su Iglesia, que tocar las monedas de Judas".
En 1954 se le informó que los sacerdotes de Eslovenia que habían aceptado ser "los sacerdotes del pueblo", poniéndose así en las manos de los comunistas, habían sufrido un gran aumento en los impuestos.
"Es lo que repito incansablemente, primero los atraen con bellas promesas, y ahora continúan oprimiéndolos para que cedan en otros puntos; y así seguirán hasta la última etapa, la ruptura con Roma. Después, ¿qué será de ellos? Una rama podrida y perecedera...".
Escribió a algunos Obispos pidiéndoles que no cedieran a las intenciones del Gobierno de quebrar así la Iglesia. Es mejor excomulgar a los sacerdotes que se dejan atraer con promesas, y cortar así la rama podrida del árbol. El pueblo sólo seguirá la voz de la verdadera Iglesia de Cristo, y no la de los traidores.
El Gobierno cerraba los seminarios: "Mejor es que los cierren antes de que caigan en manos de los agentes del gobierno y se conviertan así en nidos de ateísmo", decía Mons. Stepinac.
Pero en 1956 se enteró de que en algunos Obispados un gran número de sacerdotes había adherido a la Asociación creada por el gobierno. Entonces Stepinac fue invadido por las dudas sobre sus propias convicciones, hasta que en julio del mismo año el Papa Pío XII publicó una Carta Apostólica confirmando la justicia de tal actitud, lo que lo tranquilizó profundamente.
Los sacerdotes que pertenecían a la Asociación igualmente pagaban menos impuestos que los otros sacerdotes. El cura de Krasic debía pagar los más altos.
Cuando se quejaba ante los organismos competentes, se los aumentaban aún más. Mons. Stepinac decía con tristeza: "Es vuestro impuesto, pero sé que su alta tarifa se debe a mi presencia aquí".
El impuesto exigido al cura de Krasic aumentaba sin cesar. En noviembre de 1954 se le exigió que pagara 400.000 dínares, suma totalmente injusta e imposible de pagar para el cura. Entonces le embargaron y le retiraron sus bienes, los animales domésticos, la vaca, el becerro, tres cerdos y el vino... Pero cuando intentaron rematarlos nadie quiso comprar lo que pertenecía al cura. Por el contrario la gente estaba escandalizada y quería ayudarlo. En junio de 1959, el impuesto del cura de Krasic se elevaba, con todos los gastos a 499.900 dinares; este impuesto era más elevado que el del Arzobispado de Zagreb; el cual, incluídas todas las tasas, la Catedral y el Seminario, se elevaba a 400.000 dinares.
El cura se preguntaba si este impuesto no sería el "regalo simbólico del Gobierno al Arzobispo". En efecto el 8 de mayo, día de su cumpleaños, el cura Vranekovic recibió la hoja de imposición. El 21 de junio, día de su santo, el cura recibió la información de sus bienes. El 24 de junio, día del aniversario de los 25 años de consagración episcopal del Cardenal, todos los bienes debían ser vendidos antes de las diez horas de la mañana.
Entonces el cura decidió elevar una queja ante las autoridades superiores del Gobierno. La reacción fue inmediata: nada fue vendido, y el 2 de septiembre la Comuna le permitió tomar posesión de sus bienes.
Al ver el fracaso de sus tentativas para atraer a los sacerdotes a la Asociación, el Gobierno intentó conquistarlos con el señuelo de la seguridad social. Mons. Stepinac comprendió rápidamente que se trataba de una nueva maniobra para atraer a los sacerdotes al Gobierno.
Aunque algunos pasaron del otro lado de la barrera, la mayoría permaneció fiel a pesar de las presiones.
Numerosas cartas
Durante los nueve años de su estadía en Krasic, Mons. Stepinac respondió, de acuerdo al testimonio del cura Vranekovic, alrededor de 5000 cartas. Soluciones a los problemas de algunos, explicaciones, consejos, mensajes de consuelo o de comprensión, etc. Puesto que no podía ayudarlos con su presencia corporal, intentaba así salvaguardar la fe. Estas cartas eran equivalentes a verdaderas audiencias. Escribía a los Obispos, a los sacerdotes, a los religiosos y religiosas, a los estudiantes católicos y a muchos otros.
Sus cartas son la expresión de su alma tan unida a Dios; testimonian su exquisita sensibilidad por los problemas de sus corresponsales, su valentía, su generosidad y su optimismo. Estas cualidades de su corazón, su amor por Cristo, por su Iglesia, por las almas, por su patria y por el pueblo croata están presentes en cada línea. La lectura de sus cartas calma el espíritu, suscita el entusiasmo por los grandes ideales espirituales, eleva, extiende el horizonte de la conciencia. Ecos de su alma, estas cartas son también el canal de una gran riqueza espiritual.
Los sacerdotes y los fieles esperaban pacientemente sus cartas tan paternales y tan necesarias en estos tiempos difíciles. Más de un sacerdote confesó: "Si él no hubiera estado aquí, ¿quién sabe qué hubiera ocurrido?".
Las amenazas de la policía
Pero el Arzobispo recibía constantes amenazas de la UDBA referidas a su correo. Se lo amenazaba con dejar un policía permanentemente en la casa para vigilar lo que escribía.
Esto no lo acobardó: "Ya he tenido esta experiencia en Lepoglava", afirmaba. No podía enviar sus cartas por correo, pues la milicia las confiscaba. Las enviaba por intermedio de personas de confianza. El cura declaró que era un verdadero milagro que los portadores de sus cartas fueran descubiertos. El Arzobispo le respondió que cada vez que enviaba las cartas rogaba intensamente para que llegaran a destino.
Sin embargo, cada vez que la UDBA tenía dudas, y esto se producía con el cura de Krasic, despojaba completamente a la persona en cuestión.
Tres días después de la llegada del Arzobispo a Krasic, al salir de la prisión de Lepoglava, la milicia prohibió al cura Vranekovic recibir ayuda alguna de los campesinos. A veces también impedían, como cierta víspera de Navidad, que el cura admitiera en su iglesia a los fieles venidos de lugares a veces muy lejanos. Así el cura de Krasic estaba expuesto a numerosas burlas.
El 13 de julio de 1952 era el día previsto para suministrar el Sacramento de Confirmación. A su partida de Lepoglava, las autoridades habían prohibido a Mons. Stepinac el ejercicio de su ministerio de Arzobispo, pero le habían permitido administrar los Sacramentos. Por pedido del cura, el Arzobispo mismo debería conferir el Sacramento de Confirmación a los niños de Krasic. Pero, la víspera un empleado del Ministerio de Zagreb llegó a Krasic para prohibirle este derecho al Arzobispo. Pero a pesar de todo la Confirmación debía llevarse a cabo, todo estaba listo, los niños y sus padres. Era necesario entonces encontrar rápidamente a otro Obispo. Los Obispos de Zagreb respondieron negativamente, uno porque ya estaba comprometido, el otro porque estaba descansando en el Adriático. Se contactaron entonces con el de Djakovo. Pero la noche se aproximaba y la respuesta no llegaba. El cura no quería aplazar la Confirmación. Al anochecer tomó su auto y se dirigió rápidamente hacia el Adriático a buscar al Obispo que se encontraba descansando allí.
Llegó a Selce a las dos y treinta de la mañana. Una vez despierto, el Obispo leyó el mensaje escrito por el Arzobispo que llevaba el cura de Krasic e inmediatamente se puso en camino con él. Llegaron a Krasic a las nueve y treinta de la mañana.
Mientras tanto, esperando al cura, Mons. Stepinac celebraba la Misa. Estaba agotado por haber pasado la noche en vela; había preparado el texto del sermón que preveía leer y que era su protesta.
En caso de que el cura que conducía al Obispo no llegara a tiempo, estaba decidido a conferir él mismo el Sacramento a pesar de la prohibición, cualquiera fuera la consecuencia.
En ese momento llegaron el Obispo de Djakovo, que había recibido a tiempo el mensaje, y luego el Obispo Salis con el cura Vranekovic. Todo salió bien. Después, cuando la gente se enteró de lo que había pasado, decía con tono triunfal: "Prohibieron a un Obispo conferir el Sacramento de Confirmación, y tuvimos tres".
Stepinac es nombrado Cardenal
El 3 de septiembre de 1946, Pío XII había recibido en audiencia particular a estudiantes italianos y croatas. Al ver a estos últimos, el Papa había dejado escapar un suspiro.
"Nuestra pobre Croacia". "Sí, Santo Padre, respondieron los estudiantes, sufrimos mucho en nuestra patria y en el extranjero". "Lo sabemos todo, continuó el Papa, pero ustedes son afortunados de tener en Zagreb un Obispo valiente e intrépido, que es un verdadero apóstol. Lo conocemos bien... Es muy piadoso y muy fiel".
Algunos años después, algunos croatas fueron nuevamente recibidos en audiencia por el Santo Padre. Uno de ellos preguntó inocentemente:
"Santo Padre, ¿cuándo me convertirá en Cardenal nuestro Arzobispo?" Con una sonrisa radiante Pío XII respondió: "Ustedes no tienen un Cardenal pero tienen un santo".
Todas estas palabras muestran en qué alta estima tenía Pío XII al Mons. Stepinac. El Santo Padre tuvo ocasión de demostrarlo en el siguiente Consistorio.
El 29 de noviembre de 1952, un periodista del diario brasileño "O Cruzeiro", L. Garneiro, escuchó de boca del Nuncio Oddi de Belgrado, y luego por la radio, la noticia de la elevación del Arzobispo Stepinac a la púrpura cardenalicia. El periodista saltó al primer tren que partía para Zagreb a fin de ser el primero en llegar al lugar.
En la estación de Zagreb, sin conocer ni una palabra del croata, subió a un taxi diciendo "Stepinac". El chofer le echó una mirada radiante y dijo: "Bien" y luego lo condujo a Krasic.
Al conocer la noticia y debiendo responder a este periodista sobre sus futuras intenciones, Mons. Stepinac sencillamente dijo: "Cumplir mi deber como antes. Mi comportamiento no tiene por qué cambiar."
Era domingo. El Cardenal celebraba la Misa del mediodía. Durante el Oficio, los comunistas organizaron un mitín delante de la Iglesia, en el que atacaron salvajemente a la Santa Sede y al clero. Sin embargo, desde todas partes llegaban telegramas de felicitación.
El Arzobispo sabía bien que no podría ir a Roma para el Consistorio de su promoción. Difícilmente podría regresar luego a su país. Su lugar estaba en Croacia y allí permanecería.
El periodista de la Associated Press que lo había visitado tres años antes, en Lepoglava, fue esta vez a Krasic para ver al nuevo Cardenal.
"¿Piensa Ud., le preguntó, que puede existir colaboración entre la Iglesia y el Estado, dado que el Gobierno hace lo posible para alejar a la juventud de la Iglesia?".
"Esta es una cuestión grave, respondió el Cardenal, es una lucha constante y siempre latente. Diga a todos que en esta lucha que en esta lucha el espíritu vencerá, no la materia. Nunca en la historia de la humanidad, el materialismo ha podido mantenerse definitivamente. Un estado basado exclusivamente en principios materialistas no puede durar".
Por el contrario, en la prensa yugoeslava los ataques se multiplicaban bajo todas las formas: artículos calumniosos y caricaturas odiosas del Santo Padre y del cardenal Stepinac. Con iguales intenciones, el Gobierno organizaba manifestaciones y mitines. El 17 de diciembre del mismo año, Mons. Stepinac se enteró de que el Gobierno yugoeslavo había roto relaciones diplomáticas con la Santa Sede. Más que nunca la milicia prohibía a la gente que fuera a Krasic. Ya desde el 26 de diciembre de 1952, todos aquellos que intentaban ir, eran devueltos. Al constatar que nadie más venía a verlo, el Cardenal comentó: "Estaba absolutamente solo en Lepoglava, podré estarlo también aquí".
Más o menos al mismo tiempo, una delegación de Obispos fue invitada a asistir a una audiencia con Tito en Belgrado, el 8 de enero de 1953. La audiencia fue un fracaso. Lo mínimo que los Obispos pedían, con el objeto de salvaguardar los derechos esenciales de los católicos (la libertad de prensa, el catecismo en las escuelas, la restitución de los bienes confiscados a la Iglesia, el retorno del Arzobispo de Zagreb a su residencia episcopal), todo fue rechazado.
Consistorio del 12 de enero de 1953 y alocución del Papa
El 1 de enero de 1953, Pío XII nombró oficialmente a 24 nuevos Cardenales en Consistorio secreto. El Santo Padre manifestó su dicha de verlos a todos reunidos, pero señaló también su tristeza por la ausencia del Arzobispo de Zagreb:
"Y ahora venerables hermanos, en medio de la dicha que sentimos al verlos aquí ante Nosotros, no podemos impedir que nuestro espíritu se vuelva con tristeza hacia Nuestro Venerable Hermano, el Arzobispo de Zagreb, a quien no se le ha permitido, a causa de las condiciones en las que se encuentra, venir a Roma a presentarse ante el Padre común, con libre facultad de regreso. Aunque ausente lo abrazamos con amor paternal y deseamos vivamente que todo el mundo sepa que al decidir honrarlo con la majestad de la púrpura romana, nuestro único objetivo ha sido recompensar dignamente sus eminentes méritos y testimoniar también a su nación entera nuestra gran benevolencia, y especialmente hemos querido aportar también nuestro elogio y consuelo a nuestros queridos hijos e hijas que en este momento tan difícil, profesan con resuelta valentía su Fe católica.
Está muy alejado de la verdad quien dice que hemos hecho entrar a este prelado en nuestro Sacro Colegio para ofender, para provocar al Gobierno de Yugoslavia.
Y esta elección por otra parte, no quiere ser una respuesta al violento lenguaje por el cual se nos denigra al igual que a la Sede Apostólica. Lenguaje muy violento, decimos, que por otra parte, perdonamos de todo corazón y queremos olvidar.
Pero nuestra conciencia no podía autorizarnos a reconocer y admitir el fundamento de las acusaciones sufridas por el Arzobispo de Zagreb, acusaciones que como ustedes saben llegaron a hacerlo condenar a una pena muy grave. Además, no podemos defraudar la esperanza y la espera de los católicos del mundo y de buena cantidad de no católicos, que recibieron con viva satisfacción la noticia de la elevación a la dignidad de la púrpura romana de un pastor, que es un ejemplo de celo apostólico y de fuerza cristiana. Por otra parte, el Cardenalato es una dignidad puramente eclesiástica, pero también es tradición de los jefes de Estado y de sus pueblos, manifestar la mayor alegría cuando uno de sus conciudadanos es llamado a formar parte de vuestro Colegio".
Visitas de los periodistas al Cardenal prisionero
El periodista de la Associated Press volvió a formular otras preguntas. Encontró al Cardenal acostado, sufriendo después de una operación en la pierna izquierda.
"Es imposible, declaró el Cardenal, que se llegue a un acuerdo entre el Estado y la Iglesia, pues en tal caso, el comunismo debería abandonar sus tesis principales y sus reglas fundamentales; y esto es precisamente lo que no quiere. Entonces, es imposible cualquier acuerdo".
Los periodistas lo visitaban a menudo y quitaban mucho tiempo al Cardenal. Sin embargo los recibía a todos. A la pregunta sobre si él preveía un encuentro con Tito, respondió: "Pero si yo soy un criminal de guerra".
Cólera de los comunistas
Después de la promoción de Mons. Stepinac al Cardenalato, la cólera de los comunistas llegó a su apogeo. Los diarios satíricos publicaban caricaturas y burlas vergonzosas. En las escuelas y liceos se organizaban reuniones contra Stepinac, se propagaba una canción comunista que ridiculizaba y amenazaba a los sacerdotes comparándolos con criminales.
El Cardenal no cambió en nada su forma de vivir. Como antes, continuó tranquilamente trabajando por la oración, el sufrimiento y el ejercicio discreto del apostolado acorde con sus posibilidades.
El 5 de marzo, Mons. Stepinac recibió por correo su diploma de Cardenal, dentro de un doble sobre de seda. Los sobres habían sido rasgados por el medio y el diploma había sido dañado en una extensión de tres centímetros. Al día siguiente, convocaron al Cardenal al Comité Nacional, para preguntarle oficialmente que contenía el sobre que había recibido por correo.
"Por qué me preguntan esto, les respondió el Cardenal, si ustedes lo tuvieron entre las manos y ustedes mismos desgarraron un poco el diploma". En la primavera de 1953, la milicia interrogaba a los campesinos para saber si cuando paseaba, el cardenal franqueaba los límites del territorio de Krasic.
Bien custodiado
En noviembre del mismo año se reforzó el número de los guardias que lo vigilaban. Cambiaron a cinco policías por otros más cuidadosos. Uno de ellos, llegó a pedirle al Cardenal su cédula de identidad, un día en que estaba siguiéndolo mientras paseaba.
"¿Mi cédula de identidad? ¿Por qué, Ud. no me conoce? Soy Stepinac, aquel que es vigilado constantemente por ustedes".
Los incidentes de este tipo, al límite de lo tragicómico, se repetían continuamente. Se reforzaba cada vez más la guardia hasta llegar a treinta en la fiesta de la Santa Trinidad en 1954. A partir de este año la radio empezó a difundir la noticia de que el senador estadounidense Douglas había decidido enviar al Senado una petición, para que el Presidente Eisenhower, en persona, interviniera ante el gobierno de Belgrado para obtener la liberación del Cardenal.
Mons. Stepinac dijo entonces al cura de Krasic, que incluso si esa fuera la única solución para restablecer su salud, él no aceptaría a ningún precio la amnistía.
"Lo que yo quiero hacer, decía, es pedir la anulación del juicio y exigir una declaración asentando que los documentos presentados para ese juicio han sido falsificados, absolutamente falsificados. Yo me callé pero veía claro. No puedo aceptar este juicio que es la mayor vergüenza del siglo XX. Si aceptara la amnistía, esto significaría que confieso una falta o que soy culpable".
También en 1954 para la fiesta del Cardenal y como festejo de sus veinte años de Episcopado, los feligreses propusieron hacer una modesta fiesta. El Cardenal intentó disuadirlos para que abandonaran su proyecto a causa de las circunstancias, pero el cura le pidió que permitiera este pequeño signo de amor hacia él pues los feligreses lo apreciaban mucho. Se decidió entonces, celebrar ese mismo día, la Primera Comunión de los niños.
Desde la víspera se reforzó la guardia alrededor de Krasic, impidiendo incluso el acceso a la iglesia, a algunos feligreses. Después de la Misa, se sirvió un desayuno para los pequeños ante la iglesia, en el único predio que la milicia había dejado libre.
A la salida de la iglesia los fieles manifestaron sus votos al Cardenal y el cura leyó un breve y cálido discurso en el que señalaba que toda su esperanza estaba en Dios, que era necesario que todos, incluídos los niños y los jóvenes rezaran mucho.
El Cardenal recibió como regalo una mitra hecha según la costumbre nacional de su madre y bordada por las Hermanas de Caridad. Casi todo el mundo tenía lágrimas en los ojos. Pero también eran numerosos los que temblaban al recordar los medios que habían tenido que emplear para llegar a la iglesia, atravesando guardias reforzadas, saltando por encima de las cercas, cruzando el río Kuna con el agua hasta las rodillas. El pueblo, aunque se sentía impotente, se mantenía calmo.
Los continuos obstáculos policiales
La milicia impidió que un fotógrafo, venido expresamente de Zagreb, tomara fotos. Ninguna carta de felicitación proveniente del extranjero llegó a menos del Cardenal; todas fueron secuestradas.
Con el tiempo, la milicia continuó haciendo más difícil la vida de los feligreses. El día de la quermese de San Juan, la iglesia fue nuevamente rodeada por la milicia. La gente comentaba: "He aquí la 'Libertad', ¡qué vergüenza, qué de persecuciones!". Una mujer del pueblo dirigiéndose a un miliciano que no quería dejarla entrar a la iglesia, dijo: "¿Quieren destruir a Dios? Pronto ustedes no estarán más aquí, pero la Fe sobrevivirá".
En ocasiones de las confesiones de Cuaresma en 1955, los sacerdotes de los pueblos vecinos querían ayudar al cura de Krasic. Se les había prohibido el acceso a Krasic pero ellos pasaron por otro lugar.
-"Ustedes no tienen derecho para ir a casa de Stepinac", les dijeron los guardias.
-"No vamos a verlo, vamos a la iglesia".
-"¿Qué hacen entonces ustedes con la ley sobre el estatuto jurídico de las comunidades religiosas?".
- "Es válida para cualquier lugar, salvo para Krasic".
Las medidas extremadamente desagradables para los sacerdotes se multiplicaban. Se les impedía ir el Jueves Santo, a buscar los Santos Oleos a la casa del cura de Krasic, quien era también Decano.
Después de Pascua, se ordenó al cura de Krasic que cortara las matas que había plantado cerca de la reja de hierro del patio de la parroquia. El cura explicó a las autoridades que, como los guardias tenían una conducta tan ultrajante y vejatoria hacia el Cardenal, no dejaban de mirarlo mientras paseaba y lo imitaban caminando en forma paralela a él, había plantado esas matas para proteger un poco al Cardenal de esas vulgaridades. Pero igualmente el cura fue obligado a arrancarlas. Desde entonces, fue convocado tres veces a UDBA donde se lo amenazaba y atacaba groseramente. Durante el otoño de 1956, se reforzó aún más la guardia en Krasic.
Nadie podía ir a ver al Cardenal, quien se daba cuenta de que hacían todo esto para acobardarlo, para hacerlo ceder o partir. Pedía a Dios que le diera fuerzas para continuar y para no exteriorizar sus temores. Su serenidad debía ser también una fuerza trasmisible a los fieles que tenían los ojos puestos en él.
En el curso de sus paseos, algunos guardias se aproximaban tanto a él que lo pisaban y se burlaban impidiéndole hablar con el cura. Cuando el cura, harto de tal conducta, quería responderles el Cardenal lo calmaba: "No debemos odiarlo. El también es una criatura de Dios. Oh, Dios, perdónalo, no sabe lo que hace".
Sólo una vez, sin embargo, el Cardenal reaccionó; ocurrió al regresar de la Capilla de San Juan, cuando se detuvo un momento al encontrarse con uno de sus hermanos. Súbitamente uno de sus guardias se precipitó hacia ellos y a los gritos preguntó al hermano del Cardenal: "¿Quién es Usted?" Mons. Stepinac se dio vuelta y replicó con fuerte voz: "¿Ni siquiera tengo derecho a hablar con mi hermano?"
Pero se arrepintió rápidamente de esta debilidad, lamentando haberse dejado llevar en lugar de responder dulcemente.
Las medidas policiales eran tan severas que se llegó incluso a prohibir la entrada a la iglesia a las personas nacidas en Krasic, pero que ya no vivían allí.
En octubre, vinieron a buscar al Cardenal para llevarlo a votar. Entonces, él les dijo:
"Mientras la milicia flanquee con sus armas mi casa, expulse a los fieles que quieren entrar a la iglesia y camine sobre los pies del Cardenal croata, no puedo participar en tal votación, pues esto significaría que apruebo tales procedimientos".
Durante el Adviento de 1957, los fieles de Krasic venían todos los días a comulgar y participar en la Santa Misa. Todavía no había amanecido y entonces, a la salida de la iglesia, un agente de la milicia iluminaba con su linterna la cara de cada una de las personas para identificarlas o para enceguecerlas perversamente.
Un día, una persona gravemente enferma, fue conducida a Krasic a la casa del médico. El enfermo deseaba también confesar en la iglesia. Un miliciano le impidió entrar, pero viendo esto, un campesino se precipitó al puesto militar para pedir que se lo dejara entrar a la iglesia. Sorprendido por esta conducta decidida, el Comandante cedió.
El 9 de noviembre de 1955, en UDBA-a, se golpeó al sobrino del Cardenal para forzarlo a emborracharse y a colocar durante la noche una bomba en el presbiterio que alojaba a Mons. Stepinac.
Pero, grandes eran la fuerza espiritual y la paciencia de este sobrino; soportaba todo con calma, confiando en la voluntad de Dios. El Cardenal rogaba continuamente por la salvaguarda de su paz interior y de su libertad de espíritu. Para no dejarse llevar por estos acontecimientos pidió a un cura retirado que celebrara una Misa con esta intención.
En una carta del 13 de julio de 1957, dirigida a un sacerdote, el Cardenal, describiendo sus condiciones de vida, afirmaba que no había ninguna diferencia entre la prisión de Lepoglava y la detención vigilada de Krasic. La paciencia en su comportamiento no concordaba con la sensibilidad de su carácter sediento de justicia y de verdad, pero se arraigaba profundamente en su fe que alimentaba su optimismo.
In Te Domine, speravi
En el inicio de su Episcopado y de sus funciones de Arzobispo Coadjutor, en 1934, Stepinac, que no tenía ni tres años de sacerdocio, ya veía dibujarse la difícil situación en la que debería guiar a la Iglesia Católica de Croacia; preveía la dictadura y la extensión de la corriente comunista y del materialismo ateo. Se preparaba para afrontar serios conflictos. Entonces, levantando sus ojos hacia el cielo, decía: "In Te Domine, speravi".
Con estos sentimientos aceptó la elección del Papa. El 19 de julio de 1934, el Arzobispo Bauer dijo a un sacerdote: "Stepinac se convertirá en víctima para salvar al pueblo croata".
El mismo le había dicho a un colega alemán que había venido a verlo a Zagreb, de regreso de una visita al Germanicum: "Estoy seguro de que un día, seré obligado a morir como un mártir". Se comparaba con un uunque en el que golpeaba incesantemente el martillo de este adversario de la iglesia que es el materialismo ateo. Llegó incluso a dudar muchas veces sobre si debía aceptar su nombramiento como Arzobispo. Pero se conformaba pensando que esta aceptación sería un acto de obediencia al Santo Padre.
Lo que lo sostenía en todas estas dificultades era la esperanza, la confianza en Dios quien otorga a sus hijos la fuerza para llevar la carga que le ha tocado. Sabía también que Dios elegía a los débiles para revelar en ellos su fuerza y gracia.
En ocasión de la visita de Mons. Sylvio Oddi, encargado de negocios en la Nunciatura de Belgrado, el 11 de febrero de 1952, el Arzobispo Stepinac reiteró su gran confianza en dios y su firme decisión: "Morir, sí, ceder, no. Jamás la Iglesia croata se separará de Roma".
La persecución continúa
En junio de 1952, Stepinac decía: "tendremos todavía momentos muy difíciles. Pero: In Te, Domine, speravi... Estamos preparados para soportar el hambre e incluso a morir antes que sobrevivir vergonzosamente".
En una carta dirigida a un hombre que había estado al mismo tiempo que él en Lepoglava, afirmaba:
"... No sé si veré el triunfo de la Iglesia en nuestra patria, pero de lo que estoy seguro es que serán muchos los que verán una resurrección religiosa tal como la Historia aún no ha vivido. No se trata de la gloria exterior sino de la resurrección interior de las almas, y esto es lo único importante. El único peligro es la debilidad del alma, la cobardía. No hay otro. Quien se confía a Dios, jamás tendrá vergüenza. El Espíritu Santo es el garante, si alguien se asombra de ver tanta fuerza en un pobre hombre como Stepinac, puedo decirle que se la debo a la confianza que he manifestado en la Santa Virgen María durante toda mi vida. A todos les deseo que sientan lo mismo".
Mons. Stepinac declaró a dos seminaristas alemanes que fueron a verlo a Krasic:
"Voy a celebrar una Misa por la juventud alemana; cuando regresen a vuestro país digan a sus colegas que tienen delante de ellos un gran futuro: este pueblo está maduro para Cristo. Ya han vivido todo liberalismo, nacionalismo, fascismo, comunismo y socialismo. Todo esto pasó sin éxito. Ahora sólo Cristo puede ayudarlos. Estamos en el alba de un nuevo tiempo".
En 1954, el cura escribió: "Este año, el Cardenal recibió las malas noticias y los golpes más duros y sin embargo está lleno de esperanzas". Muchas veces Dios recompensó esta gran confianza de manera totalmente extraordinaria. En enero de 1954, el presbiterio carecía absolutamente de harina y súbitamente, un saco de 45 kg. de harina llegó a la dirección del cura. Casi al mismo tiempo, el fisco se presentó a cobrar los impuestos en la casa. El cura tuvo que entregar sus últimos 7000 dinares.
Después de esto, todo escaseaba y, de golpe, alguien dejó dinero en la casa del cura. Y así ocurría siempre. Cuando algo faltaba, de manera imprevista, llegaba de algún lado. El corazón de Stepinac estaba lleno de amor por Dios y por Jesucristo.
Este amor lo llevó a cumplir conscientemente sus deberes de sacerdote y de Obispo y a soportar toda la amargura de las persecuciones. A veces sintió la necesidad de revelar esta llama de amor por Dios y por Cristo que ardía en su corazón. Entonces decía: "todo me resulta fácil".
Amaba profundamente la Iglesia Católica; su fe en la Iglesia estaba arraigada en su corazón y quería transmitirla a los sacerdotes y a los fieles. Cuando supo en 1955 que el Gobierno cerraba los Seminarios dijo:
"No estoy en absoluto asombrado, podemos esperar lo peor. Incluso si la cantidad de jóvenes sacerdotes disminuye, si ellos tienen el Espíritu de Dios, pueden hacer mucho. Creo firmemente que Dios no nos abandonará. Si quisiera abandonarnos no estaríamos ya aquí, abríamos desaparecido en las terribles pruebas que hemos atravesado... Todo a su tiempo, hay un tiempo para destruir y un tiempo para construir... (Q. 3,2). Habrá víctimas, quizás yo sea una de ellas. Pero no importa. Lo esencial es que Dios sea el vencedor".
En la fiesta de San Silvestre, el cura Vranekovic escribió en su diario: "Aún cuando esta triste situación hiere dolorosamente al Cardenal, este hombre de Dios transforma todo por su gran confianza en Dios y su Santa Madre". Cuando el 3 de marzo de 1957, su secretario Mijo Pisonic previno al Cardenal de que estaban por nacionalizar los inmuebles de habitación y las casas religiosas y le preguntó qué había que hacer, simplemente respondió: "Nada, que se los lleven.".
Tales medidas del Gobierno no podían de ningún modo alterar su confianza en Dios. A menudo repetía: "Sobre todo, no debemos desalentarnos. Hay que repetirlo día tras día y decirlo a los otros. Quien está cerca de Dios no puede fracasar". Algunos días antes de su muerte, el 16 de enero de 1960, escribió: "La guardia me vigila día y noche. Pero también Dios me custodia. La única diferencia es que la guardia vigila en vano, como los guardias de la ciudad de la que habla el salmista, si Dios no la vigila también. Los primeros me vigilan para romper mis nervios y Dios me custodia para mantenerme en la paz aunque esto aumente la cólera y el odio del enemigo. Dios siempre me ha custodiado. Toda mi confianza está en El".
Vida pobre y ferviente
"Si tuviera una centena de vidas, las donaría para que viviera la Iglesia de Dios". Este amor lo llevó a estudiar devotamente su historia y sus misiones.
En Krasic vivía con gran simplicidad. Siguiendo el ejemplo de Cristo amaba la pobreza, la llamaba "la pobreza de Cristo". A su llegada, rechazó el mobiliario que le había enviado el Arzobispado. Con facilidad distribuía sus vestimentas y sus zapatos entre los pobres, sobre todo cuando se trataba de ropas de buena calidad. Sólo conservaba lo mínimo, arreglado y remendado de múltiples maneras.
Todos los regalos que recibía, tejidos o vestimentas, eran donados y su alegría por regalar era equivalente a la que sentía quien recibía. Llevaba siempre consigo cigarrillos para poder convidar, entre otros a un pastor anciano y sordo quien lo esperaba y los recibía con placer.
Llevaba también en sus bolsillos bombones para los niños que a menudo estaban vestidos pobremente; entonces pedía a las Hermanas que trataran de conseguir con que arreglar las pequeñas ropas. También les compraba zapatos. En junio de 1959, el cura anotó: "Tiene sólo lo estrictamente necesario para vestirse. Regala todo. Acaba de regalar a los pobres dos pares de zapatos".
Era amigo de todos los pobres de Krasic. Le gustaba hablar con ellos. No soportaba que en su presencia se criticara a otros. Terminaba de un golpe la conversación: "Por favor, no me hable de esto".
Perdón de las ofensas
El Cardenal no sentía rencor por sus guardias; solía afirmar que no era fácil ganar su pan. En julio de 1958, después de una grave enfermedad, tuvo que recibir como parte de cuidados urgentes y obligatorios, algunas inyecciones de un medicamento que debía venir de Zurich. Pero en el aeropuerto, se negaron a aceptar el pequeño paquete de medicamentos para el Cardenal, argumentando "sobrecarga", cuando en realidad el paquete no pesaba más de un kilo y aún quedaba lugar para diez pasajeros. Cuando lo supo el Cardenal, pidió que se celebrara una Misa por aquellos que hicieron imposible la llegada de su medicamento, pues decía, en la Croacia católica decimos: "Si te arrojan una piedra, ofrece pan".
La señora Mila Vod, escultora, que hizo la máscara fúnebre del Cardenal, escribió a Tito: "Tengo que decirle, Sr. Mariscal, que el Cardenal celebró su primera Misa después de su grave enfermedad en honor a Tito, señalando siempre el hecho de que los comunistas son nuestros hermanos, que debemos quererlos... Le escribo esto, Sr. Mariscal, con el deseo de que la oración de nuestro Cardenal le aporte verdaderamente la bendición".
El recibo, al igual que una copia de esta carta, se encuentra en el Arzobispado. El Cardenal estaba particularmente ligado a los niños y estos le retribuían bien su amor, a menudo venían a verlo y concurrían regularmente al catecismo. Siempre tenía pequeños regalos para ellos.
En toda la historia del pueblo croata, no se ha conocido otro caso en que se halla humillado tanto a una alta personalidad de la Iglesia. Con gran generosidad, sufría sin quejarse y perdonaba a aquellos que lo ofendían.
Humilde y dulce
En sus contactos cotidianos con la gente, nunca daba órdenes, su comportamiento estaba lleno de tacto y continuamente se excusaba por tener que molestar. El 8 de diciembre de 1951, los sacerdotes de Jaska lo visitaron para preguntarle si pensaba celebrar la Misa de Gallo en Navidad. El Cardenal humildemente respondió: "No sé, veremos, depende de la decisión del señor cura".
Cuando le decían que en el extranjero, la prensa y la radio lo veneraban, lamentaba esta publicidad sobre su persona. Cuando supo que una revista extranjera había publicado una declaración del Papa, quien había afirmado: "El Cardenal de Croacia es el mejor Prelado de la Iglesia Católica", bajó la cabeza y murmuró: "Sólo Dios es grande".
Después de su elevación al Cardenalato, el Arzobispado hizo imprimir sus cartas de visita redactadas así: "Dr. Alojzije Stepinac, Arzobispo de Zagreb, Metropolitano de Croacia, etc.". Cuando Stepinac enviaba sus cartas tachaba "etc." y lo reemplazaba por: "y cero".
Por otra parte no quería utilizarlas. A fines de 1959 le enviaron de Chicago, un almanaque hecho en conmemoración de sus veinticinco años de Episcopado, con su foto impresa. No quiso ni siquiera mirarlo. Cuando el cura quiso leerle algunas líneas, lo interrumpió diciendo: "Qué penoso es para mí que quieran venerarme de tal manera sobre la tierra; tengo miedo de lo que va a ocurrir después allá arriba".
En febrero de 1956, la radio de Madrid hablaba de él como de un santo. -"¿Por qué dicen todo esto?, dijo el cura. ¿Un santo? Cuidado con aquellos que son canonizados durante su vida terrenal. ¿Por qué repiten siempre lo mismo? Voy a perder mis méritos para alcanzar el Cielo".
Luego apagó la radio. Cuando murieron su hermana Bárbara y su cuñado con quien Stepinac gustaba pasear, el Cardenal se arrodilló humildemente ante los despojos mortales, orando junto a los fieles como cualquiera de ellos. Por su simplicidad y ecuanimidad en sus relaciones humanas, nunca hacía distinciones con los otros. Es interesante consultar su correspondencia, las notitas que enviaba cuando estaba detenido en Zagreb o en Lepoglava. Hemos encontrado una carta en la que el Arzobispo respondía a un sacerdote que quería escribir la biografía del Arzobispo Antun Bauer. Stepinac le pedía que por favor no escribiera la suya, pues no tenía ninguna ambición sobre esta tierra, salvo llegar hasta el final y morir en gracia de Dios. Cuando recibió el libro de Mons. Jesih: "Rosa roja sobre el Altar", que era considerado como su biografía y al cual Stepinac encontró demasiado fantasioso, decidió entregar a su secretario su autobiografía resumida en siete capítulos: "autobiografía muy corta, dijo Monseñor, pero verídica:
Sus aniversarios
Con poco intervalo el Cardenal Stepinac festejó dos aniversarios: 25 años de sacerdocio en 1955 y 25 años de Episcopado en 1959. En lugar de hacer una fiesta, todo pasó en la mayor simplicidad. Cuando el cura hablaba sobre esto a Mons. Stepinac, éste le respondía:
"No me hable de esto. El Coadjutor, en Zagreb, va a festejarlo; dejad que todo esté centrado en él. Mis otros colegas van a reunirse en Roma; voy a escribirles y a pedirles que rueguen por mi. No necesito nada más".
Cuando cumplió sus 25 años de sacerdocio, el Cardenal estaba enfermo. Simplemente le pidió al cura que no le hablara a nadie sobre el tema y que le preparara la casulla roja para el día siguiente. Al día siguiente el cura se presentó en su habitación para informarse sobre el estado de su salud.
"Esto no va más, dijo Monseñor, empeoro. Si continuo así, mañana no podré ni siquiera levantarme..."
Sin embargo se levantó y fue temprano a celebrar la Misa. El cura había hecho decorar el altar con flores y velas. También estaban allí los niños del coro sin saber de que se trataba. El cura sólo había hablado del tema con las dos hermanas del cardenal.
Durante toda la jornada, Mons. Stepinac permaneció sentado sin moverse con las piernas estiradas más altas que el cuerpo, como se lo habían ordenado los médicos, para favorecer la circulación. Sobre sus rodillas tenía la pequeña cruz que le había regalado el Director del Germanicum el día de su ordenación sacerdotal.
"Veo que voy a morir sobre la cruz, decía, ¡oh Dios mío, dame fuerza!".
El Carmelo de Brezovica no había olvidado el aniversario del Cardenal y le había enviado cien imágenes con ilustraciones religiosas y la siguiente inscripción: "Recuerdo de mi Misa de Plata".
El 31 de octubre el Cardenal Stepinac se sintió un poco mejor y dijo al cura: "Estoy mejor y seguiré mejorando. Quédese tranquilo. Hoy vamos a orar por el Gobierno. El también pasará". Después de la Misa recibió un telegrama de felicitaciones del Santo Padre.
"Hay demasiada veneración, dijo simplemente, después de haberlo leído. Si pudiera estar seguro del correo, le respondería al Santo Padre... Esperaba que este aniversario pasara desapercibido, pero el telegrama del Santo padre advirtió a los nuestros que me escriben. Será necesario que les responda".
En julio de 1958 se enteró de que en Zagreb, se preparaba una fiesta para celebrar sus 25 años de Episcopado. Stepinac pensaba que si no se producía un milagro, no llegaría a esa fecha. En octubre le dijo al cura:
"Mi aniversario episcopal se aproxima; no sé si viviré hasta ese momento. Si lo logro, pienso que lo mejor sería hacer reproducciones de la foto que está sobre mi cama para distribuir entre la gente (se trataba de una imagen de la Santa Virgen que había heredado de su madre, imagen que el Cardenal amaba y veneraba intensamente). En el momento de mi consagración, continuó, no distribuí recordatorios, pues en aquel tiempo no se acostumbraba. Pero ahora, en víspera de mi partida de esta tierra, quisiera que esta imagen resumiera el mensaje que destino sobre todo a las madres de familia. Podríamos también enviarlas al extranjero: tenemos tantos emigrados. Voy a pensar el texto y a redactarlo según el formato de la imagen, diciendo sólo lo más importante".
El 5 de octubre, el cura llevó a Zagreb la imagen y el texto del Cardenal. En diciembre fue a buscar las reproducciones; éstas estaban muy bien logradas. Se previó incluso la reproducción en colores como imagen recordatoria del aniversario episcopal del Cardenal.
El 28 de mayo de 1959 se cumplía el 25 aniversario de su nominación como Arzobispo Coadjutor de Zagreb. El Cardenal pasó este día en silencio, en la cama en la cual lo mantenía postrado su enfermedad. Incluso pasó solo también el día del aniversario de su consagración episcopal, que se cumplía el 24 de junio del mismo año. El Papa Juan XXIII le envió una carta que le produjo gran alegría. El Santo Padre le agradecía todo el bien que hacía y que había hecho siempre; concluía alentándolo en la soledad de su detención y bendiciéndolo.
Sus feligreses festejaron su aniversario el día de su Santo, día que también se había elegido para celebrar la Primera Comunión de los niños. También para su fiesta patronal, el Santo Padre le envió un telegrama, un hecho particularmente pleno de significación, pues el Papa no tiene costumbre de celebrar el santo de sus Cardenales.
Nuevamente Stepinac recibió una gran alegría. Mons. Stepinac igualmente continuó con su actitud humilde y su comportamiento fue siempre de una simplicidad perfecta, aún cuando continuaba siendo el blanco de las humillaciones por parte del Partido Comunista.
Su salud empeora
Según el testimonio de su médico personal de fecha 22 de mayo de 1958, el Cardenal Stepinac nunca había estado enfermo cuando era niño. Sólo algunos resfríos durante su período de escolaridad. Durante su permanencia en el ejército en 1918 tuvo una fuerte gripe. En el período estudiantil siempre estuvo en forma. Ordenado sacerdote, pasó una exhaustiva revisación realizada por dos médicos que le extendieron un certificado en el que constaba que tenía una excelente salud física y mental.
Una vez nombrado Arzobispo Coadjutor, se temió por su vida a causa de la tuberculosis, pero afortunadamente no fue nada, sólo se trataba del sufrimiento moral debido a los acontecimientos.
En 1937 tuvo un ataque de apendicitis, siendo operado de urgencia el 17 de agosto de 1938.
Pero cuando llegó a Krasic, después de su detención en Lepoglava, el cura y las Hermanas percibieron su palidez y debilitamiento, aunque el Cardenal mismo aseguro que nunca había estado enfermo durante los cinco años que pasó detenido en Lepoglava.
En enero de 1952 tuvo una otitis, tiempo después una bronquitis. Pero según el testimonio de su médico personal, a principios de octubre de 1952, estaba totalmente sano. Durante el verano de 1952 acostumbraba incluso, bañarse en el Kupcina, como lo hacía cuando era niño.
A fines de octubre de 1952 se sintió más débil. El 13 de diciembre tuvo los primeros dolores en la pierna izquierda: se trataba de una trombosis. Se lo trató con penicilina, recomendándole que descansara cuanto le fuera posible, para impedir que la sangre coagulada en la pierna subiera al corazón, lo que hubiera sido fatal. Se decidió operarlo. El cirujano debía garantizar a los representantes del Gobierno que la operación sería un éxito.
El doctor Reisner lo operó el 14 de diciembre en la habitación del Cardenal, a la que se había transportado todo el equipamiento necesario. Como paciente, Mons. Stepinac era muy obediente. Sólo lo entristecía el hecho de no poder celebrar Misa. Para Navidad el médico sacó los puntos y el Cardenal pudo continuar yendo regularmente a la iglesia, pero sin poder arrodillarse.
Aunque, según los médicos su pierna estaba curada, nunca más recuperó su salud de antaño. En febrero de 1953 padeció una seria gripe acompañada de una tos continua. Los médicos le aconsejaron un cambio de aire, retirarse por ejemplo a la costa Adriática. Mons. Stepinac se negó, temía que el Gobierno no lo dejara luego regresar a Krasic, que lo separaran de sus fieles y que se persiguiera aún más al cura.
Después de mediados de abril de 1953, el rostro del Cardenal se cubrió de manchas violáceas que inmediatamente se propagaron sobre las orejas y las manos. El análisis de sangre determinó que se trataba la enfermedad Morbus Vásquez, cuyo tratamiento es largo y complicado y exige la aplicación de rayos. Como no existían medios técnicos en Krasic, los médicos advirtieron al Gobierno de la absoluta necesidad de trasladar y atender al Cardenal en Zagreb. También se le prescribió un severo régimen.
El Cardenal nunca se quejó. Sólo murmuró: "Al hombre que llega al final de su camino, el Señor le retira todo lo que es terrestre".
Pronto se conoció en el extranjero el estado de salud del Cardenal. América sobre todo se interesó y compadeció su situación. Entre el 17 y el 25 de julio, Mons. Stepinac recibió 30 telegramas de diferentes Obispos americanos que le decían que oraban por él. Esto lo confortó y alentó.
Pero su salud se degradaba. De 6.000.000, los glóbulos rojos habían subido a 8.200.000: enfermedad extraña y grave. Inquietos, los médicos propusieron que se llevara a cabo un tratamiento en Zagreb. El Gobierno estuvo de acuerdo, pero sólo si el Cardenal mismo lo pedía. Cuando se le informó, se negó rotundamente: "Aún cuando me muera, no les pediré nada".
Los médicos propusieron entonces un tratamiento en Suiza. El Cardenal aceptó siempre y cuando se le garantizara la posibilidad de regresar a Krasic. Pero, ¿quién podría darle tal garantía? A pesar de todo, sus médicos querían persuadirlo de que partiera a curarse al extranjero. Pero él respondió tranquilamente: "Todo esta en manos de Dios". Si el Señor me necesita me dará salud, si no ¿para que pedir entonces curaciones costosas para nuestra Iglesia y nuestro pueblo?" .
En aquellos días recibió una carta de una dama francesa: "Desde que conocí su enfermedad, afirmaba, todos los días rezo en compañía de mi hijo, por usted y por su reestablecimiento".
El Cardenal señaló: "He aquí lo que nos alienta: la oración de los fieles. Esta es la esencia de la Iglesia universal".
De los Estados Unidos vinieron varios especialistas a verlo. Al mismo tiempo recibió un telegrama del escultor Mestrovic, quien le escribía desde Estados Unidos de Norteamérica:
"Estoy feliz de que usted venga aquí a curarse, pues sólo aquí pueden curarlo. Hasta pronto".
En efecto, los católicos de EE.UU. habían dispuesto todo para que el Arzobispo de Zagreb fuera a curarse. Pero éste se negó, diciéndole al cura:
"Hubiera ido si hubiera tenido la certeza de regresar como un hombre libre, que puede partir y volver cuando quiere. No quiero convertirme en su esclavo. Incluso si me otorgan la amnistía ahora, no la aceptaré, pues esto significaría confesar una falta que no ha cometido. Lo que yo exijo es la anulación de este vergonzoso juicio".
Los especialistas estadounidenses que lo revisaron, declararon que los médicos croatas habían atendido muy bien al Cardenal, con los medios de que ellos disponían. Le aplicaron entonces una inyección de fósforo radioactivo el 26 de julio de 1953, remedio que el Congreso Estadounidense había aprobado por unanimidad. Este medicamento dio un resultado espectacular, una verdadera renovación para el Cardenal que se sentía en buen estado y retomo su costumbre de celebrar Misa al mediodía y predicar. Recuperó el apetito. Se sentía con fuerzas para trabajar.
Al cabo de tres meses, un grupo de médicos suizos debía presentarse para continuar el tratamiento y para administrarle una nueva inyección de fósforo radioactivo. Según los especialistas, esta enfermedad fue causada por las emociones físicas y nerviosas ocasionadas por los acontecimientos dolorosos que soportaba Mons. Stepinac: los intentos del Gobierno de crear "una Iglesia Nacional", Asociación de los "sacerdotes populares", el terrorismo de la milicia que le infligía tratamientos inhumanos, a tal punto que la detención en Krasic no difería de la de Lepoglava; además de la constante preocupación ante las persecuciones de que eran objeto los sacerdotes que se negaban a unirse a la Asociación de "sacerdotes populares", y finalmente las crueldades infligidas al cura de Krasic.
La falta de fuerzas físicas estaba en conflicto con la tensión psíquica impuesta por una fuerte voluntad que Stepinac gobernaba constantemente; esto constituía el drama de su vida.
Aunque de constitución robusta, su cuerpo no podía tolerar la emoción continua causada por choques interiores y sofocada sin cesar por su voluntad. Sin embargo, hasta 1952, su buena constitución psicológica había equilibrado sus funciones corporales impidiendo el agotamiento total.
Además, las difíciles condiciones de vida del Cardenal se sumaban a su sufrimiento moral impidiéndole, de acuerdo a lo afirmado por los médicos, recibir los cuidados adecuados y eficaces. Incluso el Cardenal lo sentía. A veces, cuando paseaba por el jardín, le comentaba al cura:
"Si pudiera tener la oportunidad de partir hacia las montañas a respirar el aire fresco en plena libertad, podría curarme enseguida. Pero somos pecadores, y por esto es justo que suframos".
Otra vez declaró: "Si pudiera gozar de la libertad, podría irme a cualquier parte y todos mis sufrimientos habrían terminado. Aquí siempre en el mismo ambiente, sin poder moverme libremente... ¿Cómo podría tener buena salud? Pero no lamento en absoluto que sea así. Los médicos dijeron al cura que no era posible prolongar la vida del enfermo en las condiciones en que se encontraba, constantemente vigilado y espiado; todo lo cual contribuía al desarrollo de la enfermedad. Le aconsejaron al cura que le ahorraran al Cardenal las sorpresas desagradables. Al enterarse, Mons. Stepinac manifestó su desacuerdo:
"Se trata de una cuestión vital para la Iglesia, y por tanto no puedo callarme."
Cuántas veces, suspirando, decía: "¿Cuándo moriré? Cientos de veces ofrendaría mi vida si esto sirviera para que la Iglesia viva, para que todo lo que concierne a Dios progrese".
El Profesor Ludwig Heilmayer, director de la Clínica Universitaria de Enfermedades Internas en Fribourg-en-Brisgau, se sorprendió al comprobar el vigor natural del Cardenal después de once extracciones de sangre de un litro por vez. Este médico, excelente católico practicante, dio las mejores impresiones sobre el Cardenal. Después de la muerte de Mons. Stepinac, afirmó: "La grandeza de carácter del Cardenal será inolvidable".
La tercera visita de este médico estuvo ligada a un acontecimiento muy desagradable para él: al llegar a Zagreb con su esposa, fue recibido en audiencia por el Arzobispo Coadjutor. Pero los agentes del Gobierno pensaron que había partido directamente a Krasic. Al regresar al hotel, el médico tuvo la desagradable sorpresa de encontrar su habitación cerrada con llave; con la ayuda del dueño del hotel y de otro médico, logró entrar en su habitación, encontrando allí a un agente del Gobierno que estaba revisando sus valijas.
"¡Qué chanchada!" exclamó el médico irritado. Después de sus visitas a Mons. Stepinac, el Santo Padre le envió una carta de agradecimiento "por los cuidados brindados a nuestro querido hermano".
La terapia logró curarlo momentáneamente de la poliglobulia (polycitemia rubra vera), pero la trombosis continuaba sus estragos. Sin embargo no fue a causa de esto que murió.
Lo que más lo apenaba era la imposibilidad de celebrar Misa más frecuentemente. Obligado a guardar cama, observaba la imagen de la Santa Virgen y decía: "Debo sufrir para expiar mis debilidades y la de los otros".
Tiempo después sufrió enormemente sin decirlo a nadie, pensando que se trataba de la próstata. Después de su muerte, la autopsia reveló que se trataba de un gran cálculo en las vías urinarias; los médicos no podían entender como había podido soportar tan intolerables dolores.
El 27 de febrero de 1957, el doctor Hauptmann le inyectó una nueva dosis de fósforo radioactivo que le había enviado de los Estados Unidos, el doctor Lawrence. Este último quería atender él mismo al Cardenal, pero la Embajada yugoeslava en París le negó la visa. Mientras tanto el mal de la pierna izquierda se había propagado a la pierna derecha.
En febrero de 1958, el Cardenal dijo al cura de Krasic: "Si no muero rápidamente, deberé sufrir aún más. Pero deberé ser paciente". El 23 de febrero, a la mañana, el cura le preguntó si había pasado una buena noche.
"Muy mala, le respondió, no crea que es un sufrimiento benigno. Ya he sufrido tanto en mi vida. Cuando se trataba de algo serio y doloroso yo decía: que Dios no te haga vivir esto.
No me quejo, pero es muy difícil de sobrellevar. Hoy ni siquiera puedo celebrar la Misa. Esta noche tuve que bajar 25 veces de mi cama... Usted no puede imaginar qué dolorosa es esta enfermedad. Pero que Dios me guarde de quejarme".
El 1 de marzo declaró: "No hay ninguna mejoría. El fin se acerca. Sólo un milagro de Dios podría prolongar mi vida. Pero no veo motivos para que Dios lo haga. ¡Qué venga a buscarme! Lo importante es que no nos hemos dejado agarrar y que no hemos cedido".
Sin embargo, a veces, su estado de salud sufría bruscas mejorías: después de haber sufrido mucho durante Semana Santa, aun continuó confesando a los fieles en la iglesia; en Pascuas se sintió muy bien y presidió la procesión alrededor de la iglesia, celebró la Misa al mediodía y predicó al igual que en la Misa de la tarde. Un día de abril del mismo año dijo: "Como podré agradecer a Dios por esta increíble mejoría que súbitamente he experimentado. Ninguna fatiga, ningún dolor. Sé que este estado no durará mucho tiempo... pero igual es extraño, hace meses que no me sentía también".
En mayo aumentó la trombosis de la pierna derecha. El Cardenal dijo al cura de Krasic que, sea lo que fuere lo que él pensaba o lo que pensaran los médicos, él sentía que no sobreviviría a ese año.
El 20 de mayo el dolor de la pierna se hizo insoportable. Al día siguiente, sintió trastornos en el corazón y los pulmones; el médico constató el brusco debilitamiento del corazón, una neumonía y la trombosis de la pierna derecha. La enfermedad se extendía más y más. Su corazón se debilitaba. Los dos Obispos Auxiliares de Zagreb, Mons. Salis y Mons. Lach, llegaron urgentemente. Esta vez el Gobierno no sólo les permitió el acceso a Krasic, sino que también los alentó a ir, pues la noticia de que el Cardenal agonizaba se había propagado rápidamente.
La Prensa alerta
Sólo por esta vez, el diario oficialista Vjesnik publicó una nota discreta y sin groserías sobre el estado de salud del Cardenal.
La opinión mundial seguía de cerca, con inquietud, todo lo que concernía al Cardenal.
Pero el 30 de mayo, los médicos constataron una brusca mejora y el 2 de junio, el cura de Krasic llevó ante el Cardenal a los pequeños niños del pueblo, que él tanto amaba, y a quienes en esa oportunidad habló largo tiempo.
Por el contrario el 9 de junio el Cardenal declaró al cura que nunca se había sentido tan débil, que nunca en su vida había sufrido tanto. Pero no se quejaba. Al día siguiente, el Cardenal le dijo que se moría lentamente.
El 12 de junio comenzó nuevamente a dormir en forma normal y a tener apetito; se sentía mejor. El 17 de junio pasó todo el día orando.
El 19 de junio celebró la Misa en su habitación, vestido como correspondía.
El 24, día del aniversario de su consagración episcopal, el doctor Reisner declaró:
"Según la medicina Su Eminencia está a punto de morir. ¿Cómo puede continuar aún vivo? Para mi es un misterio. Pudo bajar al jardín y se sintió feliz de comulgar de nuevo con la naturaleza".
Mons. Stepinac recibió con gran alegría la noticia que le traía el Arzobispo Coadjutor, Mons. Seper, a su regreso de Roma: el Santo Padre aprobaba enteramente su conducta.
Pero como consecuencia de la trombosis de la pierna derecha, el Cardenal tuvo que ser operado el 9 de julio. El Santo Padre le envió un telegrama en esta ocasión.
A mediados de julio su estado de salud comenzó a mejorar, y pudo celebrar Misa en su habitación hasta agosto. Bajó también algunas veces para hablar con los niños.
Mitigada la trombosis, nuevamente comenzó a sufrir enormemente de las vías urinarias. En agosto de 1959, le dijo al cura que su vida se aproximaba al fin, a pesar de los cuidados médicos, y esto ocurría principalmente porque el Cardenal continuaba siempre en detención: "no puedo moverme libremente, entonces ¿cómo tener buena salud?"
Su mayor alegría era encontrarse con los niños, al igual que con el pueblo que venía todavía a visitarlo.
Preocupación por su sucesión
Como desde el inicio de su estadía en Krasic, el estado de salud del Cardenal se había agravado, muchos sacerdotes estaban preocupados por la sucesión.
En enero de 1954 el cura de Remete, había enviado al Cardenal una carta en este sentido. El Cardenal le respondió que era su intención ocuparse de este asunto; pero le pedía que guardara el secreto.
El 19 de enero el Cardenal envió tres cartas al Vaticano, a través de portadores particulares debido a la falta de seguridad del correo. A principios de julio, el Cardenal previno al cura de Remete: "La cuestión esta en curso", pidiéndole nuevamente la mayor discreción y su oración.
El 21 de septiembre de 1954, Mons. Franjo Seper fue consagrado Obispo y nombrado Arzobispo Coadjutor.
El Cardenal declaró entonces, que podía morir tranquilo pues la cuestión de su sucesión estaba bien resuelta: "He guardado esto en secreto, dijo entonces, y he dicho a Seper que lo haga silenciosamente. Deo gratias".
La consagración del Arzobispo Coadjutor Franjo Seper no fue mencionada en la prensa.
Pero desde la víspera, la gente supo la noticia y el 21 de septiembre de 1954, desde las 9 de la mañana, 3.000 personas entre sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles, se reunieron en la Catedral para la gran ceremonia, que se desarrolló con simplicidad. El Cardenal pasó casi toda la jornada rezando.
"Conozco muy bien a Seper y sé que no lo intimidarán. Gracias Dios mío, no me he equivocado... Seper no cederá... tendrá razón... Si es necesario, Seper irá incluso a prisión. Y nosotros sabemos porque vamos..."
Pío XII mostró, en varias ocasiones, cuanto estimaba al Cardenal Stepinac. En ocasión de conmemorarse los 1300 años del catolicismo en Croacia, Mons.Stepinac solicitó la aprobación del Santo Padre, quien con mucho agrado le permitió proclamarlo. La fidelidad de Mons. Stepinac hacia el Papa era ejemplar. Y el Papa le profesaba una gran estima.
Cuando el Cardenal enfermó, le envió su bendición asegurándole su continua oración, en dos oportunidades.
Un día, el Padre A. Presern, asistente para los eslavos ante el General de la Compañía de Jesús, durante una audiencia, mostró al Santo Padre dos fotos del Cardenal Stepinac. El Papa las miró atentamente y después preguntó: "¿Puedo conservar una de estas fotos?"
En ocasión de la estadía del Arzobispo Coadjutor Seper en Roma en 1958, Pío XII ofreció al Cardenal, por su intermedio, una magnífica cruz que contenía dos reliquias: un pedacito de la cruz de San Pedro y fragmentos de los huesos de los Apóstoles Pablo, Santiago y Bartolomé.
El 9 de octubre de 1958 Pío XII entró en la eternidad. Desgraciadamente el Cardenal Stepinac no podía permitirse ir a Roma para el Cónclave. Temía que no le permitieran volver al país. Envió una carta al Vaticano exponiendo las razones de su ausencia.
Stepinac y Juan XXIII
El Cardenal escuchó por la radio, el 28 de octubre, el "Habemus Papam": era Mons. A. G. Roncalli, Patriarca de Venecia, quien adoptó el nombre de Juan XXIII. Mons. Stepinac se alegró mucho con esta elección:
"El Espíritu Santo guía a la Iglesia, Juan XXIII conoce a los eslavos. Todo irá bien. Gracias a Dios".
El 7 de noviembre, el cardenal recibió un telegrama del Papa, al cual respondió recordándole su detención y la imposibilidad de escribirle normalmente. Luego daba una sucinta descripción de la historia del catolicismo en Croacia desde el año 641, y pedía al Santo Padre que rezara por el buen pueblo croata a fin de que este conservara su fe frente a los ataques del comunismo ateo. Finalmente citaba a algunos Papas de nombre Juan que habían estado estrechamente ligados a la historia del pueblo croata.
El Secretario del Papa, el Cardenal Tardini, respondió a esta carta del Cardenal el 26 de diciembre de 1958, transmitiéndole junto con su agradecimiento, la bendición del Santo Padre y sus palabras de aliento destinadas al pueblo croata. Remitida a su destinatario el 21 de abril de 1959, esta carta produjo gran placer al cardenal prisionero.
Cuando el Arzobispo de Belgrado, Mons. Ujcic pasó por Roma, el Cardenal Tardini envió el 21 de abril, en nombre del Santo Padre, una carta y regalos: un precioso anillo como símbolo de su fe, una reliquia auténtica de Santa Bernardita para la capilla privada del Cardenal. Para la Catedral de Belgrado el Papa hizo recuperar a Mons. Ujcic, un cáliz precioso con dedicatoria, junto con algunas medallas de plata para todos los Obispos de Yugoslavia. Pensando también en los fieles, el Santo Padre permitió a cada Obispo, dar en su nombre, la bendición apostólica en condiciones ordinarias y en los días que consideren favorables.
Dadas sus relaciones con el Cardenal Stepinac, el doctor Riesner fue recibido en audiencia con su esposa por el Papa, durante media hora, interesándose vivamente por todos los detalles de la enfermedad del Cardenal croata. Cuando Mons. Stepinac se enteró, se sorprendió mucho, pues las audiencias privadas eran entonces muy limitadas. Vio por tanto en esta actitud, el signo de aprobación del Papa. Esto era lo esencial para él.
Carta de Juan XXIII al Cardenal Stepinac en ocasión del 25 Aniversario de su Consagración Episcopal
En ocasión de sus 25 años de Episcopado, Juan XXIII hizo llegar al Cardenal Stepinac, Arzobispo "impedido" de Zagreb, que vivía bajo régimen de libertad vigilada en su pueblo natal de Krasic, la siguiente carta:
A Nuestro querido Hijo Aloysius Stepinac, Cardenal de la Santa Iglesia Romana, Arzobispo de Zagreb. Juan XXIII, Papa.
Querido Hijo. Mi saludo y Bendición Apostólica. En el momento en que celebráis el 25 aniversario de vuestra consagración episcopal, querido hijo, pensamos aún más atenta y vivamente en ti, y la caridad exige que para un acontecimiento tan feliz, el consuelo de Nuestras felicitaciones y de Nuestros votos no te falten. Hecho que cumplimos con agrado, en razón de la gran estima que tenemos por vuestras cualidades, vuestra piedad, vuestro vigilante sentido católico, vuestra firmeza inquebrantable.
Tres años después de haber sido consagrado Obispo y nombrado Coadjutor con derecho de sucesión del Arzobispo de Zagreb, fuiste investido con el cargo de pastor de esta sede y bien pronto confirmásteis las esperanzas que habían sido puestas en vos. Vuestro celo y vuestra actividad se manifestaron particularmente en el aumento de la cantidad de parroquias, el amplio desarrollo de la Acción Católica, vuestra misericordiosa solicitud hacia los pobres y desdichados y vuestra valiente y decidida defensa de la doctrina cristiana.
Circunstancias dolorosas os han obligado, lamentablemente, a abandonar vuestras obras y a separaros de los fieles confiados a vuestro amor y a vuestra autoridad, para manteneros en la soledad. Mantened fuerte vuestro corazón, sufrís a causa de vuestra virtud y no por una falta; que de vuestra tristeza nazca una austera alegría, que es mejor ser víctima que causante de una injusticia. Para poner en evidencia los méritos que habéis adquirido por vuestra acción y por vuestros sufrimientos, Pío XII, mi predecesor de bienaventurada memoria, os revistió de insignias de la santa púrpura romana.
En ocasión de vuestro feliz aniversario, pedimos a Dios todopoderoso, eterno, que permite el mal para que de él nazca el mayor bien, que atienda Nuestras súplicas paternales, que por efusión de su misericordia, lo que sembráis aquí participando en la Cruz de Cristo, produzca una abundante cosecha de frutos y de esperanza, y que en medio de vuestras duras pruebas, una fuente secreta de piadosas alegrías mantenga vuestra resolución de merecer altamente la Iglesia.
Deseando de todo corazón que esto se cumpla, Os otorgamos con complacencia de ti, querido hijo, a vuestra Arzobispo Coadjutor, a vuestros Obispos Auxiliares, al clero y a los fieles de la arquidiócesis de Zagreb, la Bendición Apostólica, plena de auxilios celestes.
En Roma, ante el Santo Padre, el 14 de junio de 1959, de Nuestro Pontificado la primera. (firmado) JOANNES PP XXIII.
En abril de 1959 el Cardenal recibió una carta del Padre Jesuita Grafenauer que le rogaba que aceptara coronar la estatua de Nuestra Señora de Fátima, destinada a Bieljima. La cuestión ya había sido prevista en vida de Pío XII, quien había particularmente autorizado al Cardenal a dar su bendición y coronar a la "Reina de la Paz".
El 31 de mayo, el Cardenal Stepinac celebró la Misa en su habitación ante la estatua de Nuestra Señora de Fátima coronándola. Fue una fiesta modesta, silenciosa, pero única. El Cardenal llevaba la mitra que le habían ofrecido los habitantes de Krasic en ocasión de sus veinte años de Episcopado, y el anillo que le había regalado el Papa Juan XXIII.
El 3 de junio, por la tarde, la estatua fue llevada tan discretamente como había sido traída de Zagreb.
Ultima batalla con las autoridades comunistas
Dos meses antes de su muerte, otro acontecimiento doloroso se impuso al Cardenal Stepinac. Desde principios de 1959, quizás antes, UDBA había sustraído algunas de sus cartas. Su contenido había sido completamente deformado en el sentido que convenía al Gobierno.
Este último continuaba con sus ataques, acusando al cardenal de escribir contra el régimen gubernamental.
Un día de octubre de 1959, 50 agentes de policía rodearon el Seminario de Djakovo requisándolo a fondo. Encontraron allí dos cartas al Cardenal que confiscaron y, al partir, llevaron con ellos al Director Ciril Kos al igual que a sus dos prefectos y a algunos seminaristas.
Al enterarse el Cardenal dijo: "... No se detendrán si Dios mismo no dice 'Con eso basta'". En la tarde del 3 de diciembre, el cartero llevó al Cardenal una convocatoria a presentarse en el puesto de policía de Krasic para testimoniar allí en el juicio contra el Director del Seminario de Djakovo y de sus colegas detenidos. El cura anunció la noticia al Cardenal con mucho cuidado, pues temía por su desfalleciente salud. Por otra parte, el Cardenal debía guardar cama. A pesar de todo, Monseñor recibió la noticia con calma y dignidad.
"Gracias a Dios, dijo. Hace mucho tiempo que esperaba la ocasión de llegar hasta el final y decirles una vez más lo que pesa en mi corazón. Ya que me dan la ocasión, voy a decirles todo. Sólo ruego a Dios que me dé la gracia de estar en buen estado y de no dejarme llevar... In Te, Domine, speravi. Dios no va a abandonarme ahora y no cederemos. No puedo ir allí, continuó el Cardenal, pero voy a responderles, voy a decirles porque no iré".
Al día siguiente, el policía de guardia ante la casa, estaba aún más atento que de costumbre para ver cuál sería la actitud del Cardenal, pero este último no salió en absoluto de la casa.
Entonces los policías espiaron cada movimiento del cura, por si este último salía del presbiterio y ver si se enervaba, viéndolos vigilarlo desafiantes. Querían denunciarlo como la habían hecho ya antes.
Carta a las autoridades civiles del 4 de diciembre de 1959
Fechada 4 de diciembre, la carta respuesta del Cardenal no contenía palabras duras, sólo manifestaba misericordia. Constituía la mayor acusación a la conducta inhumana del Partido, de sus reglas y de su conducta. Después de una cortés introducción en la cual citaba referencias, expresaba que dirigía su carta al "órgano del poder que debía interrogarlo". A renglón seguido daba las razones por las cuales no podía presentarse en el puesto policial: "Me han llegado informaciones según las cuales la UDBA (policía secreta) está en posesión de un cierto número de mis cartas que ha encontrado en diferentes regiones y sobre todo en el Seminario de Djakovo, del cual Ciril Kos era Director espiritual. En estas cartas, respondía a los sacerdotes que me habían presentado sus respetos. Si pueden probar que estas cartas son verdaderamente mías y que no son falsas, entonces concedo que las he escrito en mi calidad de Superior legítimo de los sacerdotes de mi diócesis. Igualmente concedo haber escrito a otros sacerdotes y a algunos de mis amigos, con el objeto de alentarlos. Si debo sacrificar mi vida por esto, estoy dispuesto a hacerlo pero no me siento en absoluto culpable por el hecho de haber escrito estas cartas. Por otra parte, no compareceré porque el 11 de octubre de 1946 fui condenado por un Tribunal Popular a dieciséis años de trabajos forzados, y porque fui privado de mi libertad, en principio encarcelándome en la prisión de Lepoglava, después, como es todavía la situación actual, condenándome a residencia forzada en mi pueblo de Krasic. Esta condena fue un asesinato cometido contra un inocente, el mundo civilizado en su totalidad, opinó lo mismo. Incluso algunos dirigentes de la República Popular Yugoslava aceptaron su error cuando se encontraron con el profesor Ivan Mestrovic, quien me visitó en Krasic durante el corriente año.
El estado actual de mi salud es la consecuencia directa de esta condena, la cual recibió la reprobación del mundo entero. He pasado trece años en prisión y luego en internación, y he llegado a causa de mi salud, al borde de la tumba. Los médicos de nuestro país y los extranjeros han hecho todo lo que les fue posible para prolongar mi vida; pero no puede ponerse a nuevo lo que ha sido usado. Hasta hoy, me han extraído treinta y cuatro litros de sangre y aún no es suficiente. Han debido operarme las dos piernas para preservarme de una trombosis fatal. A consecuencia de estas operaciones, me he convertido en un inválido que se arrastra con un bastón. Además desde hace cinco años sufro de próstata. A pesar de todos los remedios, no pasó un instante sin sufrir.
No voy a mencionar, por el momento al menos, la enfermedad que he padecido hace dos años y que incitó a la prensa a asegurar que me hallaba cerca de la muerte. No quiero tampoco dar cuenta de mis otras enfermedades, sobre todo de la bronquitis que he padecido durante cuatro años; aún recuerdo que cuando el doctor Sercer pidió que se me concediera, a causa de este mal, permiso para efectuar una estadía en la costa marítima, dicho permiso me fue denegado. Mi estado de salud es muy bien conocido por el clero de Krasic y por los religiosos que deben, a menudo, pasar jornadas enteras frente a mi lecho. A menudo fui obligado a interrumpir la celebración de la Misa, incluso los domingos, a causa de los intolerables dolores que sentía. Todos los días debo pasar muchas horas tendido con mis piernas hinchadas en alto, para facilitar la circulación.
Se que me harán la siguiente objeción: los guardias lo ven ir a la iglesia, pasear por el jardín, hablar con la gente delante de la iglesia. Es claro: puedo hacerlo, me presento a la iglesia a fin de cumplir con mis deberes, pero a menudo hasta esto me resulta imposible; cuando puedo hacerlo, digo algunas palabras edificantes o alentadoras a los fieles y según mis fuerzas, ayudo al cura de Krasic, puesto que ningún sacerdote del vecindario puede colaborar con él como ocurría hace un tiempo.
También es verdad que salgo al patio para respirar un poco de aire fresco como me lo aconsejaron los médicos, pero yo me arrastro hasta allí con dificultad con la ayuda de mi bastón. Igualmente he declarado a mi médico que estoy imposibilitado de realizar mi paseo, no porque me lo hayan prohibido, sino a causa de la actitud de los guardias que me siguen a cada paso.
Combato la ideología del Partido Comunista porque estoy persuadido de su error y su falsedad, pero ¿de esta actitud se puede concluir que combato al Estado? Si es legal que el Partido Comunista luche desde hace quince años contra la Iglesia Católica con la espada y con el fuego, impidiendo a la gente la frecuentación de la iglesia, impidiendo el bautismo de los niños, haciendo imposible la formación religiosa de la juventud y el matrimonio religioso de la juventud y el matrimonio religioso; si es legal que el Partido Comunista destruya las escuelas y las instituciones católicas, las imprentas, los diarios y sus propiedades y que cometa numerosos actos de persecución, ¿cómo pueden reprocharme que levante mi voz para defender el núcleo sagrado del catolicismo?
¿Quizás he contravenido la Declaración de los Derechos del Hombre promulgada por las Naciones Unidas, o no han sido otra, mejor, quienes han violado estos derechos fundamentales de la persona humana? Después de las injusticias de las sangrantes opresiones, algunos querrían quizás atormentarme con largos interrogatorios, con el objeto de sacarme una palabra, una frase que pudiera interpretarse como una confesión de actos de los cuales nunca podría declararme culpable.
¿No les basta con saber que algunos dirigentes de nuestro país, muchos de los cuales, ya he nombrando declararon al Prof. Mestrovic que no había ninguna razón fundada para llevarme ante el Tribunal, y que el juicio que se llevó a cabo prácticamente significaba mi muerte, como acabo de exponerles?
Debo agregar que en estos momentos, tengo ya los dos pies en la tumba y, en poco tiempo yaceré completamente allí. A causa de mi grave enfermedad no puedo responder a vuestro citatorio. Y si quieren obligarme a responder, si quieren venir a someterme a un interrogatorio mientras estoy tendido en mi lecho de dolor o mientras me arrastro en mi marcha dolorosa por el patio, sepan bien que me negaré a dar la menor respuesta.
Anticipadamente declino toda responsabilidad si estalla un escándalo en la prensa mundial o si se hace público el hecho de que se ha forzado a un interrogatorio a un hombre medio muerto.
Si el régimen piensa que muero demasiado lentamente, entonces que me haga eliminar corporalmente tal como me ha asesinado jurídicamente hace 14 años. San Cipriano dió 25 piezas de oro al verdugo que iba a decapitarlo. No poseo oro pero puedo rogar por mis perseguidores y por la persona que eventualmente, me eliminara; puedo pedir a Dios que los perdone y que me deje morir en paz. He debido obligarme a hablar del tratamiento inhumano que se ha infligido desde hace tantos años. Ya los antiguos romanos decían: hay límites para todo.
Los que me retienen en prisión pueden continuar montando guardia y haciéndome la vida imposible en razón de las órdenes que reciben de parte de ustedes. Conozco mi deber. Con la gracia de Dios, voy a cumplirlo hasta el final pero sin vestigios de odio, sin ningún sentimiento de venganza hacia nada, pero quiero también cumplir con mi deber sin temer a nadie.
En Krasic el 5 de diciembre de 1959. Cardenal Dr. Aloysius Stepinac Arzobispo de Zagreb".
El día previsto para este interrogatorio correspondía al octavo aniversario de la estadía de Mons. Stepinac en Krasic. Era también el día de la visita del Presidente Eisenhower al Santo Padre en Roma. Gran acontecimiento para la Iglesia Católica y temible para los comunistas yugoeslavos.
El cura de Krasic llevó la carta de Mons. Stepinac al comandante de la milicia, quien leyó muy lentamente las dos páginas dactilografiadas. A su regreso, el cura encontró al Cardenal tendido en el lecho pero muy calmo.
Sin embargo, poco tiempo después, un agente de la policía vino para llevar al Cardenal al puesto de policía para el interrogatorio. Con mucha calma el Cardenal se negó diciendo que era imposible ir dadas las condiciones en que se encontraba. Por otra parte, Mons. Stepinac estaba sufriendo enormememente de nuevo y por ello se hallaba postrado. Incluso el cura se había precipitado al correo a llamar por teléfono a los médicos para adelantar su llegada, prevista de todas maneras, para esos días. Pero mientras el cura se encontraba todavía en el correo, una de las Hermanas corrió para anunciarle que había un auto de policía ante el presbiterio y que los milicianos querían entrar a buscar al Cardenal. El cura regresó rápidamente encontrando a su llegada a un juez y a un médico que habían concurrido velozmente a juzgar por sus vestimentas, al igual que una dactilógrafa para registrar el interrogatorio. El juez reprobó al cardenal por su respuesta a la convocatoria, considerándola como descortés: "Al órgano del poder que debía interrogar...". "No podemos nunca saber a quien nos dirigimos, respondió el Cardenal, a veces es un tal camarada Boris, luego nos enteramos de que se trata de un campesino llamado Nikola Brezovic, siempre es así". A continuación se negó a ser examinado por el médico que acompañaba al juez para "verificar el estado de salud del Cardenal".
Seguidamente el Cardenal les dijo que no respondería a sus preguntas allí, pues el era un enfermo a quien ya habían extraído treinta y cinco litros de sangre y a quien esperan incansablemente sus médicos para extraerle aún más. Agregó también que todos estos tormentos lo afectaban fuertemente y debilitaban su salud.
"No piensen que tengo miedo, pero todo tiene sus límites. Estas emociones no datan de hoy. Hace semanas que vuestros agentes están colgados del muro de la casa para espiarme cada vez que paseo por el patio, pues de todas formas, se me hace imposible ir más lejos. Estos guardias piensan que así me intimidan y que harán de mi un autómata que acabará diciendo lo que ellos quieren que diga. No, lo repito nuevamente, no quiero responder y no quiero que me formulen preguntas".
"Bien, dijo el juez, registraremos todo esto y haremos un informe".
Anotaron entonces que el Cardenal no quería escuchar sus preguntas ni responderlas. Las anotaciones fueron volcadas a siete ejemplares y firmadas. Después de la partida de la comitiva, el Cardenal lamentó haber firmado pues la policía podría tergiversar este informe y utilizarlo contra los acusados. Pero el cura le respondió: "Con su firma o sin ella, si quieren lo falsificarán, pues son bien conocidos como maestros de engaños".
En el almuerzo Stepinac estaba contento: "Ahora, después de haber dicho lo que era necesario decir, estoy más tranquilo. Estoy seguro, de que esta misma tarde el Comité Central sabrá lo que ha pasado. En todo caso, estoy más tranquilo que ellos. Pensaron que me atraparían con esta convocatoria. Y bien, que lean ahora y estoy seguro que no se sentirán muy bien en su piel... Es verdad que los comunistas tienen una piel bien dura, pero en estos casos son más susceptibles que los otros".
El 10 de diciembre, durante la cena, Mons. Stepinac dijo al cura: "No lamento en absoluto haberles respondido así. Hubiera sido terrible que me interrogaran y registraran mis respuestas después de haberlas deformado; esto hubiera causado problemas a todo el Episcopado. Espero que los Obispos pronto conozcan el contenido de mi carta del 5 de diciembre último y que esto los incite a no ceder". Por otra parte, esta fue su última carta a los adversarios de la Iglesia Católica, escrita como consecuencia de la convocatoria del 3 de diciembre de 1959, a fin de que terminaran con las provocaciones.
Los invitaba a meditar, a preguntarse, a confesar honorablemente sus cartas, pues es diabólico, decía, continuar en la senda del mal. Lamentablemente, su venganza no tardó y la ejercieron sobre la persona de la hermana y su marido. Volaron sus corrales justo antes de Navidad, e incluso el mismo día de Navidad se presentaron a exigirles el pago de los impuestos retrasados al igual que los nuevos, amenazándolos, si no podían pagar, con vender sus tierras de cultivo. Seguidamente en enero ejercieron nuevamente su venganza juzgando a sacerdotes y religiosos.
En el proceso contra los sacerdotes de Djakovo, los órganos competentes no mencionaron para nada la carta del Cardenal y los sacerdotes juzgados fueron obviamente condenados. Ciril Kos, después de purgar una pena de siete años, continuó con su trabajo en la diócesis. En 1973, se convirtió en Obispo de Djakovo.
El Testamento Espiritual del Cardenal Stepinac
(Transcribimos el testamento espiritual que el Cardenal Arzobispo de Zagreb dirigió a los fieles de su arquidiócesis)
"A mis queridísimos Diocesanos:
La Divina Providencia, en sus impenetrables designios, ha querido confiarme, hace incontables años, el cargo de pastor de vuestras almas. Estoy convencido de que había en nuestra diócesis muchos sacerdotes más sabios, más virtuosos y más meritorios que yo, pues sólo hacía tres años y medio que había recibido la ordenación sacerdotal y era un desconocido para todos. Si hoy me preguntara por qué el Señor pudo elegirme para esta función, debería recurrir a las palabras de San Pablo a los corintios: "Sino que Dios ha escogido a los necios según el mundo, para confundir a los sabios; y Dios ha escogido a los flacos del mundo, para confundir a los fuertes; y a las cosas viles y despreciables del mundo, y a aquellas que no son, para destruir las que son, a fin de que ningún mortal se jacte ante su acatamiento" (I Cor., 1,27- 29).
Desde el día de mi elección, han pasado muchos años, todos tormentosos y difíciles y, finalmente, mi salud se ha deteriorado. Siento que no permaneceré durante mucho más tiempo con vosotros. Intimamente tengo conciencia de mis defectos y faltas, y este sentimiento se ve aún más reforzado si evoco estas palabras de San Juan: "Si decimos que estamos sin pecado, nos seducimos a nosotros mismos y así la verdad no entra en nosotros". (I Juan, 1, 8). Si he hecho mal a alguien, sinceramente le pido perdón; y perdono de todo corazón a los que me han dañado en el curso de mi vida.
Actuando de otro modo no sería digno de presentarme ante Cristo Redentor quien, ya en la cruz, rogó por sus verdugos: "Padre, perdónalos pues no saben lo que hacen" (Luc., XXIII, 34).
La ilusión de los ateos que quieren haceros felices sin Dios
Al despedirme de ustedes, mis queridos fieles, creo necesario dirigirles algunas palabras que sean como mi testamento espiritual. En efecto, quiero incluso después de mi muerte, hacer todo lo que pueda por alejar de ustedes los peligros que os amenazan y acrecentar vuestra bonanza tanto como sea posible, en este valle de lágrimas. Lo considero aún más necesario puesto que, queridísimos diocesanos, ustedes constituyen una buena parte del pueblo croata, en medio de la cual la Divina Providencia me ha asignado mi tarea pastoral. Lo que voy a decirles será igualmente útil a los otros.
En medio de nosotros se han infiltrado hombres ateos que, aunque son minoría (en el momento en que escribo son apenas 2%) (17) han hecho lo posible para arrancar el nombre de Dios de vuestras almas y haceros felices, dicen, incluso sin Dios. Pero yo, mis queridísimos fieles, en momento de abandonar este mundo debo deciros, a propósito de toda tentativa de este género, lo que decía el Profesta Isaías: "Mi pueblo aquellos que te dirigen, se extravían y arruinan el camino por el que tú debes pasar (Is., III, 12.). ¿Nunca habéis escuchado lo que dijo el poeta inspirado sobre el Señor "Si Yahvé no construye la casa, en vano trabajan aquellos que la construyen; si Yahvé no protege la ciudad, en vano el centinela vigila sus puertas". (Ps., CXXVI, 1)? Querer ser feliz sin Dios, es querer construir la torre de Babel, cuya construcción provocó la confusión de las lenguas entre sus constructores y su dispersión a través del mundo. Así ocurrirá seguramente en el futuro.
Toda tentativa de asegurar la cultura, la civilización y el bienestar a un pueblo, sin la ayuda de Dios, significa sellar su pérdida en el tiempo y en la eternidad. Por ello, queridos hijos, yo también en el momento de alejarme de ustedes, les dirijo las palabras de San Pablo a los Filipenses:
"Mantenéos firmes junto al Señor, mis bienamados" (Fil., IV, 1.). Sólo en el Señor reside la verdadera felicidad temporal y eterna; lejos del Señor sólo anida la perdición. ¿No es verdad que el hijo pródigo del Evangelio pensó, él también, en encontrar la felicidad abandonando la casa paterna? De allí partió rico, pero pronto ¿en qué estado se encontró? "Allí deseaba con ansias henchir su vientre de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie se las daba" (Luc., XV, 16).
Entonces, los hombres que desprecian a Dios quieren alejarlos de El y rebajaros al nivel más bajo. Su obra esta maldita por Dios, lo que es fácil de comprender pues "el Señor no se deja burlar" (Gal., VI, 7.). Para terminar, en lugar de la felicidad que os prometen, no serán incluso capaces de ofreceros lo mínimo necesario a un hombre.
Siempre será así; la palabra de Dios es, en efecto, infalible. El profeta ha dicho: "Esperanza de Israel, Yahvé, todos aquellos que te abandonan serán confundidos. Los que contra Ti se vuelven serán extirpados de la tierra, pues han abandonado la fuente de agua viva: Yahvé". (Jeremías, XVII, 13).
Sean fieles hasta la muerte a la Iglesia Católica
Dios, grande y bueno, no abandonó al hombre después de su caída en el paraíso terrenal, aunque éste lo merecía. Por el contario, amó tanto el mundo que le envió a su Hijo para salvarlo. Como dijo el Apóstol: "El nos ha librado del poder de las tinieblas, para transportarnos al Reino de su bienamado Hijo" (Col. I, 13). Este Reino es la Iglesia de Cristo, Iglesia Católica, tan vieja como la fe cristiana. Iglesia que nunca ha cambiado su doctrina, ni una sola letra, sino que aún enseña hoy todo lo que recibió de los Santos Apóstoles. Iglesia que tiene, como vosotros sabéis, su sede en Roma y allí estará hasta el fin del mundo. Allí reside el Primer Vicario de Jesucristo en el gobierno de la Iglesia, San Pedro; allí residen también sus sucesores, los Soberanos Pontífices. Vosotros sabéis lo que Jesús dijo a Pedro: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno jamás prevalecerán sobre ella". (Mat., XVI, 18). La regla es entonces: "Allí donde esté Pedro, allí está la Iglesia de Cristo".
Mis queridos hijos, permaneced fieles a cualquier precio, incluso a costa de la propia vida si es necesario a la Iglesia de Cristo, que tiene al sucesor de Pedro como su Pastor supremo. Vosotros sabéis que nuestros padres y nuestros ancestros, han vertido durante siglos, ríos de sangre para conservar el tesoro sagrado de la fe católica y permanecer así fieles a la Iglesia de Cristo. No seríais dignos del nombre de vuestros padres, si os dejaríais arrancar de la piedra sobre la cual Cristo edificó su Iglesia.
En 1941 nos preparábamos a celebrar solemnemente el 1300 aniversario de nuestros primeros lazos con la Santa Sede; la guerra impidió esta conmemoración. Pero ni la guerra ni la paz, ni la dicha ni la desgracia, deben haceros vacilar en vuestra determinación de permanecer fieles a la Iglesia de Cristo hasta la muerte. Debemos repetir como los israelitas a orillas del río babilónico: "Si te olvidamos oh Jerusalem, que nuestro brazo se deseque". (Salmo CXXXVI, 5). Si entre vosotros se encuentra alguno sea laico, sea sacerdote, que incluso por un solo instante, vacile sobre este punto, que "su casa esté lejos de vosotros".
Diréis quizás que lo juzgo demasiado severamente. Sería vuestro peor enemigo si os ocultara la verdad. Si os hablo así, lo hago por vuestro mayor bien. ¿No dijo Jesús: "Tened cuidado de que nadie os seduzca"? (Mat., XXIV, 4). En efecto, estar separado de Cristo significa estar como el sarmiento talado de la cepa. La suerte de un individuo así separado será la que Jesús describió durante la última Cena: "Si alguien no permanece en mí, será echado fuera como el sarmiento y se secará, y lo agarrarán y arrojarán al fuego, y arderá" (Juan, XV, 6).
Entonces, Fidelidad a la Iglesia Católica, hasta la tumba.
Sólo el ateísmo comunista es capaz de blasfemar contra María
Difícil sería la vida de la familia, si la madre faltara. La Iglesia es la gran familia de Dios. Dios brindó una Madre a su familia: la Bienaventurada Virgen María, Madre de Dios y nuestra Madre. Mis queridos fieles, nuestros padres y nuestros abuelos han constelado nuestra patria de iglesias consagradas a la Santísima Virgen. Su imagen brillaba sobre los estandartes de nuestros ancestros cuando éstos combatían "por la cruz y por la libertad"; al pie de sus altares los penitentes se arrodillaban, implorando al Señor el perdón de sus pecados, por la intercesión de Aquella que es el "refugio de los pecadores", nuestros abuelos ponían en ella su esperanza en los momentos difíciles de su vida personal y nacional. Continuad la tradición de vuestros padres. Por otra parte, vosotros sois exhortados a esto por los Supremos Pastores de la Iglesia, supremos maestros de la Fe. Sí, con sincero y perseverante corazón, veneráis y amáis a la Madre de Dios, para vosotros también se cumplirá lo que predijo el sabio: "Aquel que honra a su madre es similar a aquel que acumula tesoros" (Enc., III, 5). Sólo el ateísmo comunista ha sido capaz de blasfemar contra la Madre de Dios; blasfemias que condené ya en 1946, en el transcurso del famoso "proceso", gracias al cual se esperaba poder borrar de nuestra patria a la Iglesia Católica con un trazo de pluma. ¡Qué el Señor no permita nunca que alguno de vosotros imite a estos desdichados que insultan a la Madre de Dios! A tal individuo se aplica la palabra del mismo sabio: "Aquel que irrita a su madre, será maldecido por Dios" (Ecl., III, 16).
Amad a vuestros enemigos
Finalmente, queridímos hijos, puesto que Dios es caridad como dice el Apóstol, amaos los unos a los otros. Amaos siempre fraternalmente. Sean un solo corazón y una sola alma.
Pero amad también a vuestros enemigos, pues la orden de Dios: "A fin de que seáis los hijos de vuestro Padre Celestial, quien hace brillar el sol sobre los malvados y los buenos, y llover sobre los justos y sobre los injustos" (Mat., V, 45). Que esta maldad no os impida amar a vuestros enemigos: una cosa es el hombre, otra cosa es su maldad. El hombre, dice San Agustín, es obra de Dios; la maldad es obra del hombre; ama lo que Dios ha hecho, y no lo que el hombre ha ocasionado.
Recordaos también, a veces, de mí, en vuestras oraciones, yo, vuestro Pastor en los tiempos difíciles, a fin de que el Señor aplique su misericordia conmigo.
Espero que el misericordioso Jesús me otorgue la gracia de poder orar siempre en el Cielo, por todos vosotros, durante todo el tiempo que exista el mundo y nuestra diócesis, a fin de que vosotros alcancéis el objetivo por el cual Dios os ha creado. Krasic, 28 de mayo de 1957, Cardenal Aloysius Stepinac Arzobispo de Zagreb".
La Santa Muerte
Los documentos más preciados sobre los últimos días del Cardenal son el diario y el informe del cura Vranekovic que vivió y trabajó con Mons. Stepinac hasta su último día. Este sacerdote mostró claramente la grandeza de la personalidad del Cardenal, como también los pocos defectos de su temperamento.
El período de la vida de Mons. Stepinac, que se extiende desde 1945 hasta 1960, ha sido llamado por el Cardenal Franjo Seper: "Período de maduración". Sus palabras, sus predicaciones, sus cartas, su mirada sobre la vida de la Iglesia y sus luchas por conservarla fiel a Cristo, indican los grados, la profundidad y la fuerza de esta maduración espiritual.
Los tres últimos días de su vida testimonian especialmente su gran santidad. El día de su muerte, el 10 de febrero de 1960, fue verdaderamente su "dies natalis". Mons. Stepinac pedía que se celebraran misas por los enemigos. Su santidad que lo hacía humillarse siempre más le permitió conservar, su modo de vida austero hasta el último domingo, el 7 de febrero de 1960. Una gripe severa, acompañada con tos se le había declarado desde el sábado 6. A pesar de esto, el domingo, celebró la Santa Misa con mucha dificultad pues tenía problemas para respirar. El dominio de sí que lo caracterizaba, lo ayudó, pero era evidente que no podía predicar.
El Cardenal respiraba cada vez peor. Una inmensa fatiga lo había invadido. A costa de un gran esfuerzo, bajó a comer como si nada pasara, negándose a que le sirvieran la comida en sus habitaciones. Intentó incluso bromear durante la misma, diciendo que todos lo encontraban en buena forma, y que incluso los médicos decían que su corazón latía "como un reloj". Pero agregó,"creo que este reloj va a detenerse pronto".
El lunes 8 de febrero, sufría terriblemente, casi sin poder hablar. En la mañana del martes 9 él confesó haber pasado la noche más penosa de toda su vida. "Si los médicos vienen, no podrán hacer nada por mí...". Desde entonces, siempre hubo alguien de la casa en su habitación.
Su sufrimiento no conocía calma. Poco después de medianoche, pidió que le cambiaran la sábana; él no podía hacerlo solo y presentía, aparentemente, lo que le esperaba al otro día. La enfermedad progresaba rápidamente.
El 10 de febrero de 1960, un miércoles, estaba acostado sufriendo mucho. Tenía continuamente los ojos fijos sobre la imagen de la Santa Virgen.
Rechazó la inyección que el cura quería darle: "¿Para qué?, dijo el Cardenal, vale más ocuparse de lo esencial". Luego se confesó y pidió al cura que le administrara los últimos Sacramentos, el Viático y la Bendición papal.
Las personas presentes se arrodillaron alrededor de la cama rezando, porque nadie dudaba que era el fin. El Cardenal también lo sabía. Súbitamente, después de haber recibido los Sacramentos, se sintió mucho mejor y pudo incluso hablar en voz alta. Su hermana Josina lloraba. El Cardenal la confortaba, luego la envió, riendo, a preparar el desayuno para su marido y para ella. Su marido, que su hermano Aloysius le había hecho conocer hacía cuarenta años.
Al mediodía, el agotamiento lo invadió de nuevo. Llamaron de urgencia a los médicos de Zagreb: "Salúndenlos sinceramente de mi parte, dijo el Cardenal, no volveré a verlos". Luego dijo cinco veces "Deo gratias". Hacía las 14 hs., las Hermanas comenzaron a rezar el rosario en su cabecera. El Cardenal hacía esfuerzos por acompañarlas, pero su respiración se hacía cada vez más difícil. Fuertes contracciones lo sacudían. Buscaba el aire con mucha dificultad...
Luego dijo un gran suspiro: "Ah..., que difícil es... Que el nombre de Dios sea bendecido... Fiat voluntas tua". No dejaba de mirar la imagen de María. A las 14 hs., pidió que le pasaran la vela encendida que había preparado y bendecido el 2 de febrero, vela que era el símbolo de la luz de la Fe por la cual él había luchado hasta el final. Sus últimas palabras fueron:
FIAT VOLUNTAS TUA
Luego, después de tres o cuatro suspiros dolorosos, Aloysius Stepinac, Cardenal de la Santa Iglesia Romana, entregó su espíritu. Desde que se conoció la noticia de la muerte del Cardenal, todo el pueblo de Krasic, llorando, fue espontáneamente a rezar a la Iglesia. El Papa, Juan XXIII envió un telegrama de condolencias y de simpatía al Arzobispo Coadjutor de Zagreb. En Zagreb, las grandes campanas de todas las iglesias comenzaron a repicar para anunciar la muerte del Cardenal Stepinac.
Ante la negativa del Gobierno de enterrar el cuerpo en Zagreb, se hicieron preparativos para una sepultura en la Iglesia de Krasic, donde él pasaba horas y horas rezando ante el altar.
Con el objeto de practicarle la autopsia y los procedimientos de momificación, los restos mortales del Cardenal fueron en principio llevados al Hospital de Zagreb. Al día siguiente, el cuerpo fue llevado nuevamente a Krasic donde fue expuesto en la iglesia parroquial.
Pero, para sorpresa general, el 12 de febrero, el Gobierno aceptó súbitamente que fuera enterrado en la Catedral de Zagreb. Esta reacción fue tan sorprendente que Mons. Seper, Arzobispo Coadjutor vio en eso el primer milagro del Cardenal. Un norteamericano que asistió a la partida del cortejo mortal del Cardenal para Zagreb, declaró: "Nunca en mi vida he visto algo como esto. La gente acudía de todos lados, de los campos, de las casas, de los viñedos, para acompañarlo en su última partida".
La escultora Mila Vod, tomó como lo hemos dicho, la impronta mortal del rostro del Cardenal.
Durante todo este tiempo, desde la muerte del Cardenal, por todos lados se veían militares armados: podría decirse que se trataba de una movilización general en los alrededores de Krasic. En Zagreb, todos los fieles esperaban la caravana, llorando y rezando. Cuando se abrió el féretro en la Catedral, todos pudieron ver el rostro apacible y claro del Cardenal y espontáneamente le suplicaban: "Rogad por nosotros".
La Catedral permaneció abierta toda la noche y estuvo continuamente llena de gente. El día de sus funerales, el 13 de febrero de 1960, la Catedral estaba colmada, pero la policía no dejaba entrar a la gente de Krasic, ni siquiera a los miembros de la familia del Cardenal que residían allí.
Mons. Seper resumió en su elogio fúnebre, la vida del Cardenal, pasando revista a sus diferentes períodos y señalando que era imposible decir en tan poco tiempo todo lo bueno que debía decirse de él. Leyó también algunos párrafos del Testamento espiritual de Mons. Stepinac.
Después del Oficio, el féretro fue colocado por los seminaristas de Zagreb en la cripta, detrás del altar principal.
Muestras universales de dolor
La prensa mundial publicó en primera página la muerte del gran Cardenal mártir del comunismo. El Santo Padre recibió mensajes de condolencia de todo el mundo, tanto de dignatarios religiosos como de fieles.
El 12 de febrero, en ocasión de celebrarse una audiencia general, Juan XXIII exhortó a los católicos a meditar sobre la vida y sobre la injusta condena del gran Cardenal, que había permanecido libre e íntegro antes que convertirse en el obediente servidor del marxismo. El sufrimiento de Cristo continúa en sus miembros... Mons. Seper, el Arzobispo de Zagreb, recibió también telegramas desde todos los rincones del mundo, telegramas que manifestaban compasión y simpatía hacia el pueblo croata en ocasión de la dura prueba que lo golpeaba. El escultor Mestrovic envió un telegrama al cura de Krasic diciendo que el recuerdo del Cardenal Stepinac permanecería eternamente en el pueblo croata.
En el mundo entero, en ocasión de las Misas de Requiem se rindió homenaje al Cardenal, recordando su vida, su fidelidad hacia el Soberano Pontífice y sus luchas por la libertad de la Iglesia, base de toda libertad humana y cívica. La tristeza causada por la muerte del Cardenal fue universal. Los Arzobispos de Milán, Berlín, Chicago, Nueva York, Montreal, Buenos Aires, Rio de Janeiro y de muchas otras ciudades, celebraron Misas de Requiem, con la participación de numerosos fieles.
Estos dirigían ya sus plegarias al cardenal Stepinac como si fuera un santo. Después que sus despojos mortales fueron depositados en la cripta de la Catedral, miles de personas del país y del extranjero continuaban llegando continuamente ante su tumba para rezar allí.
Ante la tumba de aquel que Pío XII y el Cardenal Tardini llamaron "la más luminosa imagen del heroísmo". Los débiles, los indecisos, los perseguidos iban a buscar aliento.
Para el Cardenal Bertoli, el cardenal Stepinac era el único Obispo que él podía decir que consideraba como un santo. El Arzobispo de Zagreb, Mons. Seper, escribió después de su muerte, que parecía que su presencia estaba más viva que durante su vida; lo cual es una particularidad de los santos.
Un colega de Aloysius Stepinac en Roma, Mons. I. M. Emmanuel, relató que su primer pensamiento al conocer la muerte de Mons. Stepinac fue: "Ha muerto un santo; todos aquellos que lo han conocido personalmente comprenden esto". Miles de declaraciones de dignatarios católicos repetían esto y hacían los mismos elogios. Así el Provincial de los Franciscanos conventuales, el R.P. Pío Polonio dijo:
"Lo que nos consuela, es que no lo hemos perdido para siempre. Lo hemos perdido agotado y humillado, para reencontrarlo exaltado y seguramente lo veremos un día sobre los altares".
Mestrovic, escultor de renombre mundial, hizo la siguiente declaración publicada en los Estados Unidos: "Mons. Stepinac vivió como un santo y murió como mueren los justos, fue un mártir de la verdad. Sé que todos los croatas, vivan donde vivan, sienten el mismo dolor que yo ante su muerte... Pero para el pueblo croata continúa siendo su consuelo y su ejemplo. Su muerte va a suscitar angustia en sus adversarios pues sentirán que es mucho más peligroso muerto que cuando estaba en prisión. No es Stepinac, quien por otra parte rezó por ellos todos los días, quien va a perseguirlos, sino sus conciencias que van a reprocharles la injusticia que le han hecho padecer y todas sus consecuencias...".
En ocasión de las Misas de Requiem, realizadas en muchos países, se enviaron súplicas al santo Padre con el objeto de iniciar el proceso de beatificación de Mons. Stepinac.
El gran amor que Mons. Stepinac tenía por el prójimo se manifestó también después de su muerte. Lo testimonian numerosas placas ex-voto, colocadas cerca de su tumba: numerosas conversiones, curaciones milagrosas constatadas por médicos y personas honorables, inesperadas ayudas en casos desesperados, desocupados que encontraban trabajo y muchas otras gracias que muestran que Mons. Stepinac no abandonó a los pobres.
Alocución de Juan XXIII en la Misa de Requiem
El 17 de febrero, en la Basílica de San Pedro, se celebró un oficio solemne por el descanso del alma de Mons. Stepinac, en el curso del cual el Santo Padre pronunció la siguiente alocución:
"Señores Cardenales, Venerables Hermanos, Queridos hijos: Esta ceremonia fúnebre desacostumbrada aquí, en la Basílica de San Pedro, en homenaje a un Cardenal que no formaba parte de la Curia, en homenaje al alma bendita del Cardenal Aloysius Stepinac, Arzobispo de Zagreb, se debe a razones extraordinarias de respeto y de afección religiosa que inspiraron nuestro corazón. Esta figura simple y noble de padre y pastor de la Iglesia de Dios nos era muy querida; sus quince años de desgracias y de exilio en su propia patria y la dignidad serena y confiada de su largo sufrimiento la impusieron a la admiración y al respeto de todo el mundo.
Las circunstancias de su muerte recordaron a sus hijos más próximos el gran ejemplo de paciencia invencible que dio a todos durante los años de su confinamiento, tal fue el golpe, una tristeza y una desolación que evocan el canto de la liturgia del Sábado Santo ante la tumba de Jesús: "Nuestro pastor, fuente de agua viva, ha partido; por su muerte el sol se ha oscurecido". En el momento de su partida hacia la eternidad, el sol mismo, en efecto, se ensombreció en el lluvioso cielo de aquellos tristes días de invierno.
Stepinac reproducción viviente del Buen Pastor
Durante sus veintiseis años de Episcopado, el cardenal Stepinac fue para su ilustre arquidiocésis una reproducción verdaderamente viviente del Buen y Divino Pastor, siempre fiel y edificante; con su incansable y ardiente actividad apostólica del principio; luego en el transcurso de sus últimos y larguísimos años de doloroso confinamiento, fue capaz de acumular tal riqueza de méritos que el Padre Celestial, seguramente, las ha hecho caer en forma de lluvia de gracias y de bendiciones sobre todas las familias y sobre todos los fieles de la ferviente y piadosa Croacia.
En las últimas semanas, el humilde sucesor de San Pedro en su calidad de Obispo de Roma, tuvo el gran consuelo del Sínodo Diocesano, en el que la santa intimidad del Pastor y su rebaño -clero y pueblo- a menudo se ha alimentado de la familiaridad con el esplendor de Jesús, a quien define como el divino Pastor "que da su vida por sus ovejas" (Juan, X, 11). Y bien, al partir para el Cielo, el alma del Cardenal Arzobispo Aloysius Stepinac repite esa gran enseñanza y ese divino ejemplo del capítulo X de San Juan.
En cuanto a nosotros, roguemos por la bendita glorificación de esa alma elegida; desde lo alto del Cielo, esa alma nos responderá como para sellar nuestra renovación del fervor pastoral, para alentarnos al trabajo y al sacrificio.
Queridos hermanos e hijos, no queremos olvidar la profunda invitación de su testamento a practicar constantemente el perdón y la paz. Qué tocante, qué conmovedor es su pedido de perdón a todos aquellos a quienes él pudiera haber ofendido -incluso aunque hubiera sido de buena fe y con una intención caritativa- y aun cuando sólo lo hubiera hecho superficialmente! Qué sublime es su insistencia en repetir, para aquellos que lo han hecho sufrir tan injustamente, las supremas palabras de Jesús agonizante: "perdónalos Padre, no saben lo que hacen" (Luc., XXIII, 34). Gran afirmación es la que dice: "No saben lo que hacen"; inmensa conmiseración que penetra con un resplandor trágico el misterio de la perversión humana concerniente al sentido de la vida individual y colectiva, misterio del cual somos testigos.
El gesto de piedad de las autoridades yugoeslavas
En medio de esta gran tristeza es un gran consuelo para Nosotros percibir, aquí y allí, el fulgor de la piedad humana. Ante Cristo muerto y crucificado, los cuatro Evangelistas nos informan del gesto de Pilatos al permitirle al piadoso José de Arimatea, que se lo había pedido, que retirara el cuerpo exangue del condenado, y el gesto de Nicodemo que llevó una abundante mezcla de mirra y de aloe para la sepultura. En el inmenso dolor que continúa penetrando en nuestra alma, notamos el gesto de las autoridades superiores que, siguiendo el ejemplo del gobernador romano, han autorizado una manifestación de piedad popular en torno de los restos venerados del ilustre pastor y padre, manifestación que en todas los hogares humildes, perdurará para toda una generación, como un recuerdo sagrado y un perpetuo llamado a la elevación espiritual y a la ternura humana y cristiana.
Oh por qué después del sacrificio llevado a cabo por este eminente sacerdote y pontífice, no sería permitido, en lo sucesivo, que todas las almas derechas y buenas saluden, al menos de lejos, el retorno de una paz civil y religiosa? Una paz que, respetando una noble y fuerte tradición, imprimiría en todos un nuevo impulso hacia los ideales más elevados, inspirados en el espíritu de Cristo, y que se acompañaría de una legal y armoniosa colaboración en la búsqueda y en la realización de la verdadera prosperidad, cuyo efecto sería hacer más alegre y más aceptable la vida en el seno de la sociedad humana.
La oración del Sacro Colegio
Que la oración litúrgica que sale de nuestros labios y de nuestros corazones, a través de las volutas de incienso, implore una vez más por la paz y la gloria celestial del lamentado difunto Cardenal Stepinac. Sabemos que a esta oración se unen íntimamente todos los venerables miembros del sacro Colegio Cardenalicio, aquí presentes, o que, en todos los puntos de la tierra, escuchan al pueblo asociarse a la tristeza del Padre común, con sentimientos de emocionante fraternidad, manifestando las condolencias de la Iglesia universal. El cardenal Stepinac no pudo, ni siquiera una sola vez, vestir la púrpura tan merecida y tan gloriosa, fuera de su país natal o del lugar al cual estaba confinado; pero queremos creer piadosamente y esperar que, ahora aureolado de gracia y de luz extenderá su protección sobre todo el Sacro Colegio, del cual Stepinac es su brillante victoria, sobre toda la Santa Iglesia y sobre toda Yugoslavia.
Hay todavía una gracia particular que queremos pedir a través de él: la salud, la conservación y la cura de otro ilustre y queridísmo hermano, el cardenal Francois Koening, Arzobispo de Viena, a quien su admirable impulso de caridad fraternal lo impulsó a realzar con su presencia los solemnes funerales del Cardenal de Zagreb, ocasión en que sufrió un accidente de viaje, cuyas consecuencias hacen temer por su preciosa existencia (18).
¡Oh, qué sufrimientos, queridos hermanos e hijos, qué sufrimientos nos aportan estas misteriosas vicisitudes de la vida cotidiana llena de peligros! Estas nos empujan hacia el brazo de Jesús, como a los primeros discípulos en el lago de Galilea:
"Sálvanos, Señor, sino pereceremos" (Mat., VII, 25.). Estamos seguros de que nuestro Señor Jesucristo salvará su Iglesia y, en estas horas de tristeza, queremos escuchar de nuevo sus palabras, incluso si nos dicen con un acento de reproche: "Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?" (Cf. Mat., XVI, 31). Pero jesús quiere que lo invoquemos. Unámonos en esta súplica a los fieles de la siempre querida Austria fidelis, por el pronto restablecimiento de la robusta salud de su tan meritorio y ardiente pastor que, en un gesto de exquisita fraternidad, quería convertirse en el noble representante de todos los Cardenales y de todo el Episcopado de la Iglesia Católica.
Es suficiente, Señor, es suficiente. Per singulos dies benedicimus te, aún cuando éste sea un día de tristeza. Fiat misericordia tua, Domine, super nos, quemadmodum speravimus in te. Amen et semper amen".
El corresponsal de Paris Presse en el Vaticano escribió el 18 de febrero de 1960:
"Quizás el Papa proclame al Cardenal Stepinac Venerable. Vaticano, 18 de febrero - El Cardenal Stepinac, Primado de Yugoslavia, que acaba de morir, quizás sea proclamado `Venerable', primera etapa hacia la beatificación, la cual por sí misma conduce a veces a la canonización.
Fue el mismo Papa Juan XXIII quien lo mencionó en su elogio fúnebre del difunto, en el transcurso de una Misa de Requiem celebrada en la Basílica de San Pedro ante 28 Cardenales, numerosos eclesiásticos y miembros del cuerpo diplomático. Será en razón de "la admiración y de la veneración universal" de las que fue objeto Stepinac, que el prelado difunto verá introducir su causa prontamente en el Vaticano".
Alocución del cardenal Feltin
La misa celebrada en Notre Dame en París, la mañana del domingo 28 de febrero de 1960, por Exc. Mons. Rupp, por el descanso del alma del Cardenal Stepinac, revistió el doble carácter de oración por toda la Iglesia del silencio y de homenaje a "un mártir de los tiempos modernos" por tomar una expresión del Cardenal Feltin. El Arzobispo de París y S.E. el cardenal Marella presidieron la numerosa asamblea que se apiñaba en la nave. Los croatas, reconocibles por el nudo tricolor de la corbata de crepe que llevaban en el ojal, habían llevado un gran retrato del prisionero de Krasic. El Cardenal Feltin terminó su discurso diciendo:
"'In Te Domine, speravi' era el lema del Cardenal Stepinac. Este lema marca la totalidad de la vida de este intrépido prelado, sacerdote de Jesucristo, testigo heroico de la verdad, de la justicia, de la caridad, en cada instante de su dolorosa existencia, frente a todos los errores de nuestro tiempo, del nazismo y del comunismo. Toda la cristiandad es invitada a recogerse y orar por él. No podemos faltar a este deber de fraternal reconocimiento. Os invito a pensar en este héroe de los tiempos modernos, en el ejemplo magnífico de coraje cristiano que él nos ha dejado y pidámosle que intervenga ante el Señor en favor de todos los fieles que, del otro lado de la Cortina de Hierro, constituyen la Iglesia del silencio y que, como Stepinac son reprimidos en el ejercicio de su fe. Finalmente que intervenga para que el orden y la tranquilidad terminen por reinar entre los pueblos con justicia, legalidad y caridad".
Mensaje de los cardenales franceses
Los Cardenales franceses dirigieron el 12 de febrero el siguiente telegrama al Santo Padre:
"Profundamente conmovidos deceso del Cardenal Stepinac, compartimos dolor Vuestra Santidad en unión con todos los miembros Sacro Colegio. Seguros de interpretar pensamiento Episcopado Francés, pedimos oraciones para veneración difunto y para todos cristianos que conozcan pruebas semejantes a las suyas. Rogamos Vuestra Santidad recibir filial homenaje".
Achile, card. Lienart, card., Pierre Marie, card., Gerlier, card., Clement, card., Roques, card., Maurice, card., Feltin, card., Paul, card., Richaud, card.
Alocución del Cardenal Montini
"... Que Stepinac sea nuestro maestro, pedía el Cardenal Montini, en su catedral de Milán. Que nos enseñe la esperanza y la bondad. Ha muerto rodeado del silencio de su Iglesia a quien sólo le quedan las voces de la oración y del perdón. Stepinac nunca profirió ningún improperio, ningún anatema. Nunca quiso abandonar su país. Hermanos, hijos, perdonemos y recemos".
Randolph Churchill
"El objeto principal de los ataques de los diarios era el arzobispo de Zagreb, Stepinac. En mayo último, los partisanos lo encerraron diecisiete días en prisión. A partir de aquel momento, fue espiado sin cesar por la Policía Secreta yugoslava, y ahora es muy raro verlo dejar la sede del Arzobispado.
Hace poco tiempo, partisanos uniformados lo atacaron en una pequeña ciudad cercana a Zagreb; ellos lanzaron pesadas piedras a través de los vidrios de su auto. Los agentes de la Policía Secreta que lo seguían, no intentaron entonces defenderlo. Un día, cuando lo fui a ver, me mostró una piedra que pesaba un kilo o más y que ahora utilizaba como pisapapeles. La mayor tristeza del Arzobispo no era tanto los actos de espionaje por parte de la OZN, sino el hecho de que estaba totalmente aislado del Vaticano y no podía disponer de medios para enviar o recibir cartas. Toda la correspondencia era totalmente censurada.
Cuando yo había dejado la sede del Arzobispado, después de una hora de conversación con el Arzobispo, mi jeep fue seguido a través de las calles de Zagreb por un auto de la todopoderosa OZN. Cuando los advertí, me pidieron mostrarles mi pasaporte. Esta fue mi experiencia más directa de la supervisión a la cual estaban expuesto el Arzobispo y sus eventuales visitantes. Existen ya algunos signos de resistencia a este control, sobre todo por parte de los campesinos. Es cierto también que las iglesias no estuvieron tan llenas como ahora para Navidad y Año Nuevo.
Es un hecho que los comunistas no se atrevieron todavía a encerrar al Arzobispo Stepinac, pues ellos no se sienten todavía lo suficientemente fuertes para dar ese paso decisivo. Además, es posible que la campaña impulsada por los diarios tenga como destino acelerar esta acción, que será la provocación más fuerte de los partisanos hacia la Iglesia Católica de Roma".
RANDOLF CHURCHILL, Miembro de la Misión Militar Británica en Yugoslavia. (The Daily Telegraph and Morning Post, Londres, 23 de enero 1946)
François Mauriac, de la Academia Francesa
"Si nosotros nos conmovemos, no es porque un miembro de la jerarquía eclesiástica se encuentre encausado judicialmente. Que se trate de un arzobispo, es por el contrario lo que nos ha retenido de protestar: no querríamos ceder a la prevención. Pero nosotros nos convencimos: el arzobispo de Zagreb, condenado a diez y seis años de prisión, es inocente...
Es falso que él haya colaborado con los Ustachas y que los haya ayudado. Por el contrario, no dejó de oponerse a ellos, de oponerse contra el reclutamiento militar a la juventud croata y, públicamente en su catedral, contra la ejecución de los rehenes y la persecución a los judíos...
Denunció las conversiones forzosas impuestas a los ortodoxos serbios por miserables enceguecidos. A causa de sus propuestas, la Policía lo recluyó en su palacio, donde fue varias veces sometido a requisas.
Todo se aclara si se recuerda que el 8 de septiembre de 1946 el arzobispo de Zagreb, el primado de los obispos croatas, rehusó romper con Roma. He aquí el nudo de todo.
Monseñor Stepinac sufre por la unidad, es uno de los mártires de la unidad (del Occidente y el Oriente cristiano...), y no solamente de la unidad con Roma.
El arzobispo de Zagreb escribía en 1944: 'La Iglesia Católica no teme a ninguna potencia sobre la Tierra cuando se trata de defender el derecho del individuo'. ¿Quién hablará entonces, si los cristianos se callan? Si ellos callan, `las piedras gritarán'".
(Le Figaro, 2 de noviembre 1946).
El Parlamento irlandés
"El Parlamento irlandés, seriamente preocupado por el proceso injusto y la prisión a S.E. Mons. Stepinac, y por las pruebas acumuladas sobre la existencia en ciertas partes de Europa de una campaña de persecución religiosa; convencido de que el reconocimiento de la soberanía de Dios y de la ley moral es la base fundamental de una organización justa y estable del mundo tal que ella sea; que la libretad de adorar al Señor lealmente y de la manera que él mismo ha ordenado es el derecho inalienable del hombre y que el respeto de ese mandamiento divino es esencial para la preservación de la paz entre las naciones, hace un llamado a todos los pueblos que desean la verdadera libertad y una paz durable, a fin de que por una acción común utilicen su influencia para hacer cesar la persecución religiosa y para garantizar la aceptación de la libertad de conciencia como uno de los principios fundamentales de una organización mundial verdaderamente sincera; y demanda al ministro de Asuntos Extranjeros tener presente estos principios e impulsar la atención de los Estados con los que Irlanda mantiene relaciones diplomáticas, exhortándolos a efectuar los reclamos necesarios para garantizar la adhesión de los pueblos amigos de la libertad".
Etudes": La condena a Mons. Stepinac
Arrestado a mitad de setiembre de 1946, Mons. Stepinac, arzobispo de Zagreb, primado de Croacia, fue condenado el 11 de octubre de ese año por el "tribunal popular" a dieciseis años de trabajos forzados.
Ante esta noticia, la opinión pública mundial, herida en materia de sentencia judicial, enmudeció. Hasta esos años, en tanto que los partisanos militaban en la resistencia, la radio clandestina del mariscal Tito (como aquélla de Londres) no había cesado de citar como ejemplo al arzobispo de Zagreb, su fe patriótica, su fuerte intransigencia, su resistencia intrépida contra el ocupante u opresor; y he aquí que estos mismos hombres, una vez llegados al poder, acusaron a ese mismo arzobispo de los cargos más graves: colaboracionismo con el enemigo durante la ocupación ítaloalemana, defensa de la dictadura de Pavelic, complot contra el gobierno nacional del mariscal Tito. Dieciseis meses han bastado para reescribir la historia, transformando a un héroe en criminal.
Más lenta que la prensa anglosajona, menos informada, nuestra prensa, en su conjunto, y salvo honrosas excepciones, ha vacilado en sacar a luz el acontecimiento, y más también en tomar partido. Así la opinión pública francesa ha sido privada -lo cual es lamentable- de condenar una injusticia. En cuanto a los cristianos, se vieron imposibilitados de venerar a un mártir.
No hay dudas sobre el significado del proceso, ya que se trata de persecución religiosa:
"El arzobispo de Zagreb -escribe François Mauriac en Le Figaro del 2 de noviembre- rehusó romper con Roma. He ahí el nudo de todo". Hay cierta cosa que resiste, cierta fuerza contra la cual no prevalece ninguna policía, ese Cuerpo Místico de la Iglesia y de Cristo que pude ser torturado en la carne de los mártires, pero que no puede ser quebrado: Mons. Stepinac sufre por la unidad, es uno de los mártires de la unidad...".
(Etudes, diciembre 1946, págs. 385-389, firma: C.R.)
Winston Churchill
"Las condiciones de vida en Yugoslavia eran funestas y tristes. Se efectuaron esfuerzos para la creación de una República Socialista Soviética relacionada muy estrechamente con Moscú. Las condiciones del proceso jurídico que se llevó a cabo para condenar al arzobispo de Zagreb han creado un profundo malestar en toda la población".
(Extractos del Discurso al Parlamento, 1ero de noviembre de 1946).
Ante Sumanovic, Metropolitano Ortodoxo, testimonia a favor de Mons. Stepinac:
"Estuve muy sorprendido al conocer que las pastores protestantes y numerosos serbios de la emigración se dejaban convencer por la propaganda de los rojos que afirmaba que el Arzobispo había colaborado con los ustachas en la persecución contra los serbios. Yo garantizo personalmente que eso no es verdad, y lo firmo. En 1941 fue hecho prisionero por los ustachas y llevado a su sede policial, en la calle Petrinjska en Zagreb, donde estuve entre los días 27 de abril y 11 de mayo de 1941. Compartí la celda Nro. 8 con el Metropolitano Serbo Ortodoxo, Dositej, que yo no conocía. El sufría de arteroesclerosis. Me dijo que Stepinac había hecho más por él de lo que habría hecho su propio hermano: "Es gracias a la enérgica toma de posición del Arzobispo, que los ustachas no han concretado su intención de incendiar y destruir la iglesia ortodoxa de Zagreb el mismo día en que quemaron la sinagoga judía". Agregó que se lo iba a transferir a Serbia, decisión muy favorable para él, que se la debía únicamente a Stepinac. En efecto, tres días más tarde, partió para Serbia, donde, después de algunos años, ya bajo el régimen de Tito, falleció en el monasterio de Rakovica, cerca de Belgrado.
Tito ha reconocido oficialmente a Dositej como `víctima', pero no ha reconocido que Stepinac era quien había salvado a aquella víctima...".
(Neue Zuricher Zeitung, 20 de noviembre de 1947)
Ivan Mestrovic (1883-1962)
Mons. Stepinac, Héroe Espiritual; Reflexiones sobre Stepinac en el décimo aniversario de su enjuiciamiento
El 11 de octubre de 1956 marcó el décimo aniversario de la triste condena y encarcelamiento de Mons. Stepinac, arzobispo de Zagreb y hoy cardenal de la Santa Iglesia Católica. Una fecha por sí misma tan gravosa como dolorosa para aquellos que lo condenaron. Este juicio fue uno de los gestos en contra de la Justicia por parte del Gobierno, que podrían resultarle fatales. Condena vergonzosa porque un hombre inocente fue acusado, un hombre del cual ningún croata ha dudado de la rectitud de su vida tanto como Pastor como en su vida ciudadana, nadie, salvo aquellos que lo han condenado. Ha sido acsuado a causa de su fe a toda prueba en Cristo y a causa de su adhesión a los derechos del pueblo croata, a su libertad, a su independencia. Todo el resto, todo lo que se ha dicho, no son más que fantasías. Uno de los líderes del Partido Comunista, cercano a Tito, encontró años atrás, en Nueva York, al autor de estas líneas. A mi pregunta: ¿Qué piensa sobre Stepinac, la acusación y el juicio contra él? 'Milovan Djilas respondió: 'Para hablar honestamente y decir la verdad, yo pienso, y no soy el único, que Stepinac es un hombre íntegro, con un carácter sólido, imposible de doblegar. Ha sido en verdad acusado siendo inocente, pero cuántos de estos casos podrían señalarse en la Historia, de inocentes que fueron condenados por necesidades políticas!' A la pregunta sobre si era verdaderamente una necesidad política impulsar este conflicto, contra la voluntad y los sentimientos del pueblo croata, con la Iglesia Católica y por consiguiente con todas las religiones que confiesan la existencia de Dios, respondió: '-Nosotros no habríamos criticado su nacionalismo croata, pero lo que nos ha impulsado fue su fidelidad al Papa de Roma'".
Y ahora algunas palabras sobre las acusaciones contra Stepinac: Acusar a Stepinac de odio contra los serbios, acusarlo de presión sobre ellos para convertirlos al catolicismo en tiempo del régimen ustacha, es una fantasía total. Durante la primera guerra mundial, Stepinac, que finalizó su cautiverio en Italia, actuó en la gurera en el frente de Salónica del lado de los serbios contra Austria. Esto no lo hizo por espíritu de aventura, sino impulsado por sentimientos de fraternidad. Estaba lejos de prever, como así también los otros voluntarios, que más tarde, después de la alianza, Belgrado tuvo una política hegemónica y de terrorismo frente a los croatas y a Croacia. Que Stepinac, decididio, se haya opuesto a tal alianza, es lógicamente natural para un hombre que no soporta la injusticia y el terrorismo y que respeta la dignidad humana y nacional. El no ha hecho política, pero, devenido arzobispo, condenó todo lo inhumano, sea en el país o en el extranjero.
Es una fantasía decir que ha tenido una actitud pasiva en tiempo de los ustachas. El autor de estas líneas no ha vuelto a encontrar en Zagreb, en ese tiempo, a nadie que haya tomado la iniciativa de condenar sus actos inhumanos. Ellos lo sabían y es por eso que se aprovechaban del odio. Durante uno de nuestos encuentros, Stepinac estaba al borde de las lágrimas, a causa de los actos de barbarie y salvajes de Pavelic y del Pacto de Roma firmado por "Poglavnik" (Pavelic). Este pacto cedía a Mussolini la parte más bella de Croacia, la Dalmacia pidiendo en "retorno" un Príncipe italiano como rey!
"Es el acto más vergonzoso de toda la historia croata", dijo Stepinac montando en cólera.
Durante una conferencia episcopal en el arzobispado de Zagreb, que debía analizar la postura de los superiores religiosos frente al Gobierno, los obispos, bajo la presidencia de Mons. Stepinac, decidieron enviar una delegación a Pavelic para protestar y pedirle el cese de las persecusiones. Stepinac propuso al arzobispo Zaric para hablar en su nombre a todos y redactar la protesta, lo que se llevó a cabo.
En lo que respecta a la participación de Stepinac en los actos que tenían como finalidad forzar a los judíos y a los ortodoxos para convetirlos al catolicismo, el caso siguiente bastará para desmentir esta acusación. El párroco cargo de la mayor iglesia de Zagreb mostró al autor de esas líneas las instrucciones al respecto recibidas por parte del arzobispo:
"Si personas de religión ortodoxa o judía, cuya vida está en peligro, vienen a verlo para convertirse al catolicismo a fin de salvar su vida, recíbalos con este fin; no les pida una profunda instrucción religiosa, pues los orodoxos son cristianos como nosotros y es en el pueblo judío en el que se originó el catolicismo. El deber cristiano es en primer lugar salvar a esos hombres. Una vez que la locura actual y estos actos salvajes hayan pasado, aquellos que hayan entrado en nuestra Iglesia por convicción permanecerán en ella y los otros, pasado el peligro, volverán a su Iglesia".
Entre las acusaciones contra Stepinac, una de las mayores fantasías es ciertamente la de que se decía colaboracionista con el régimen impuesto por el ocupante del país. En la primavera de 1942, me mostró una pila de cartas con amenazas ubicada sobre su escritorio, y sobre ella, la enorme piedra que recibiera en la espalda, lanzada por agentes de la ocupación durante uno de sus desplazamientos por los suburbios de Zagreb. Estas cartas amenazantes provenían tanto de los jefes del Estado Mayor de los ustachas como de la Gestapo; estaban escritas en alemán y en croata; su contenido era siempre el mismo:
"Sabemos que usted es el mayor adversario de nuestra ideología, pero si continúa, lo mataremos en la calle como a un perro. Su cinturón violeta de Roma (símbolo de obispo) no le será de ninguna ayuda".
Si los nazis o los fascistas no lo han matado, esto puede haber sido quizás en verdad a causa del cinturón violeta. ¡Pero los comunistas se mostraron con más coraje! Ellos han ido más allá. Sabían que Stepinac había salvado a miles de niños serbios y partisanos. Sabían que los partisanos visitaban por la noche la casa de la madre del arzobispo, que les daba de comer. Sabían que los nazis habían fusilado a su hermano por ser colaborador de los partisanos. Al principio del proceso judicial, el Gobierno había sido suficientemente advertido que todas las amenazas del ocupante no habían logrado desanimar a Stepinac, y que el mismo había emitido documentos sobre el terrorismo del ocupante en nuestro país. Sabían que había sacado del país él solo, a riesgo de su vida, esos documentos a Roma, y se los había dado al Papa.
En cuanto a la toma de posición de Stepinac durante la guerra, nuestro pueblo conoce bien que los Aliados estaban al corriente. Yo había advertido al régimen de Tito, por medio de sus representantes en Roma, y esto en el momento mismo del proceso en el cual el arzobispo estaba siendo juzgado, que el régimen, sin ninguna duda, iba a perder el proceso sea cual fuere la suerte de Stepinac, incluso psíquicamente...
... Además, cuando advirtieron que perdían moralmente el proceso, cambiaron el régimen de detención de Stepinac, transfiriéndolo de una prisión ordinaria al presbiterio de su ciudad natal, en casa del párroco de Krasic, donde debía ser custodiado día y noche por numerosos guardias que le prohibían toda relación con el mundo exterior, sea personalmente o a través de cartas. Los partisanos del Régimen llamaban a esto "Liberación de prisión"!
Volviendo al caso de Stepinac, por amor a la verdad es necesario que cite el siguiente caso. Cuando yo supe que el detenido de Krasic estaba gravemente herido, escribí al Mariscal (Tito) diciéndole que él debía saberlo, y que yo esperaba que tuviera una actitud de respeto hacia ese compatriota de coraje y hombre de carácter, si bien de ideas opuestas. Poco tiempo después recibí la respuesta. El Mariscal me hacía decir que él sabía que el arzobispo estaba realmente enfermo y que le había propuesto enviarle tres médicos, que él había rechazado porque, sin duda, no tenía confianza en ellos, y que le había hecho decir entonces que podría elegir él mismo sus médicos, entre quienes tuviera confianza.
Estas líneas no han sido escritas ni para defender a Stepinac, ni mucho menos que por odio hacia quienes lo privaron de su libertad. La defensa de Stepinac, es su actitud ante el tribunal, así como su comportamiento durante los diez años de detención. Para aquellos que lo han juzgado, la acusación misma es la prueba de que ellos han conscientemente condenado a un hombre inocente que se puso de pie para defender la fe y los sentimientos de su pueblo, al servicio del cual se ha colocado, también durante su detención. Aquellos que querían humillarlo lo han exaltado.
En este décimo año de su detención, son numerosos quienes, como yo, se plantean la pregunta de saber si el régimen comunista en Yugoslavia va a cmbiar de táctica hacia Stepinac y hacia la Iglesia, reconociendo que ha seguido un camino equivocado hasta ahora, así como los rusos lo han hecho respecto a Tito".
South Bnedo, U.S.A., 18
de marzo 1956
(Stepinac mu je ime, Tomo I: Recolección de recuerdos, testimonios y
documentos, preparado por Vinko Nikolic, ed. Knjiznica Hrvatske Revije,
München-Barcelona, 1978, págs. 446- 451).
Hugh Seaton-Watson
"...El caso más asombroso es el del arzobispo de Zagreb, Stepinac, primado de la Iglesia Católica croata. El cumplimiento de sus deberes religiosos lo ha obligado a mantener relaciones oficiales con Pavelic, sus colaboradores y sus representantes. Pero no hubo ninguna prueba de que haya ayudado a unos u otros. Hay, al contrario, pruebas irrefutables de que ha estado constantemente en conflicto con ellos. No hay pruebas de que él haya alentado el menor gesto contra los serbios o los judíos, sino que hay pruebas irrefutables de que ha protegido a las personas que estaban en peligro. Ha sido enemigo jurado del comunismo, y he ahí el motivo de su condena a dieciseis años de prisión..."
("The European Revolution", Londres, 1951, pág. 281).
Georges Desbons
"Durante la guerra de 1939, emigrados austríacos, checoslovacos, polacos, afluían a Croacia: católicos, judíos, ortodoxos, ateos. Mons. Stepinac garantizó la vida de muchos de ellos, y tomó a su cargo a 150 niños polacos.
Se encuentra en su pluma: "La Iglesia es la garantía moral de los derechos fundamentales del hombre". "La raza humana es una. Todos los hombres, sin distinción de raza o de lengua, tienen su origen en Dios. Su fin es Dios. Ellos constituyen, todos, la gran familia de Dios".
Durante la guerra de 1941 a 19545, salva de la miseria y del hambre a cerca de 14 mil niños, sin preguntarles si eran católicos, ortodoxos, judíos, croatas, serbios o gitanos. El cubrió a centenas de ellos sus gastos personales. Instala a muchos en su residencia arzobispal. Organiza las acciones de socorro a los deportados, a los prisioneros y enrola a todos los obispos en esa acción. Auxilia con dinero a las familias pobres de detenidos y deportados. Hospeda a los judíos en la sede del Arzobispado. Socorre materialmente a los serbios ortodoxos que necesitan ayuda material".
(Testimonio ofrecido en 1959).
Pedido de intervención en favor de 200 huérfanos judíos. El arzobispo de Zagreb, Stepinac al cardenal Maglione
Nr. 7/BK (A.E.S.
429/42, original en latín)
Zagreb, 9 de enero de 1942
Alrededor de doscientos niños judíos de 7 a 17 años de edad, la mayoría de ellos huérfanos, viven en condiciones miserables en Zagreb a causa de las leyes antisemitas.
La comunidad judía de Zagreb quisiera, con la autorización del Gobierno italiano, enviar sus niños a Florencia u otra ciudad italiana, donde ellos podrían, al amparo de la comunidad judía de ese lugar, sea continuar sus estudios, sea dedicarse a la agricultura.
El suscripto ha expuesto este tema al Ministro (embajador) de Italia en Zagreb, quien ha declarado que esta acción deber-a ser considerada como una acción de beneficencia en lugar de una acción política. El mismo Ministro piensa que la intervención de la Santa Sede podría ser eficaz.
Por esta razón, solicito de Vuestra Eminencia reverendísima, quiera tener a bien intervenir ante las Autoridades italianas para que ellas otorguen la autorización solicitada con la mayor rapidez posible, pues todo retraso podría ser peligroso".
Actas y documentos de la Santa Sede relativos a la Segunda Guerra Mundial, Tomo 8. La Santa Sede y las víctimas de la guerra, enero 1941 / diciembre 1942, Librería Editora Vaticana, 1974, p g. 409.
Esta intervención de Mons. Stepinac no tuvo éxito. Recibió, en italiano, la siguiente respuesta: "Nuestra oficina no ha dejado de señalar el caso a la persona competente, pero ella manifestó estar al tanto de que las instancias italianas interesadas no están dispuestas a acordar el permiso deseado sobre el territorio del Reino. Vuestra Excelencia podría, quizás, pedir al ministro de Italia de presentar él mismo y recomendar vuestra propuesta caritativa al Ministro de Asuntos Extranjeros" (A.E.S., 555/42).
Este histórico documento es uno de los otros 34 parecidos conservados en los archivos vaticanos: "La Santa Sede y las víctimas de la guerra", tomo 9, prueban el fuerte sentimiento de caridad de Mons. Stepinac hacia todos los perseguidos: judíos o alemanes, eslovenos, croatas -ustachas o no-, serbios, ortodoxos o partisanos, todos los que escapan de la violencia, de cualquier sector del que vengan, nazis, ustachas, partisanos. El no veía más que desdichados a salvar, el les daba asilo en la residencia episcopal, la casa de campo o las casas religiosas.
Nasa Rec
El mensuario serbio publicado en Londres Nasa Rec (Nuestra Palabra), efectuando una reseña del libro La Santa Sede y las Víctimas de la Guerra (ver testimonio precedente) publicó en su número de diciembre de 1977 lo siguiente:
..."Más lejos se encuentra el tercer anexo del informe Marcone. Este ha sido escrito por el arzobispo Stepinac, con fecha 31 de mayo de 1943. Se encuentran allí, en orden cronológico, treinta y cuatro documentos que sitúan al Arzobispo en persona, como Primado de la Iglesia Católica en Croacia, en un dominio y una intensidad de acción poco conocida por nosotros. En el número del documento citado más arriba, se encuentran veinticuatro intervenciones-protesta en favor de los serbios sobre el territorio del Estado Independiente Croata, y once casos de intervenciones en favor de los judíos. Entre ellos, la carta de protesta dirigida a Pavelic el 14 de mayo de 1941 es de la más alta importancia. Esta carta protesta contra la destrucción de la iglesia de Glina donde 260 serbios que allí se encontraban habían sido asesinados..
En todos los casos, estos documentos son muy interesantes y muestran las intervenciones de la Jerarquía Católica en favor de los serbios y los judíos en el Estado Independiente Croata. Ellos revelan la personalidad muy activa del Cardenal Stepinac en las circunstancias mencionadas".
Resumen de la alocución de Mons. Kuharic, Arzobispo de Zagreb
10 de febrero de 1977, en ocasión del decimoséptimo aniversario de la santa muerte del Cardenal A. Stepinac:
.."Desde una tal situación donde fueron burlados los Derechos del Hombre, llegan a nosotros los gritos de la conciencia de ese gran profeta de los Derechos del Hombre que fue el Cardenal Stepinac. Pues nosotros podemos considerar, a través de su testimonio, sus obras y sus palabras, que nuestro Cardenal es verdaderamente un profeta de la libertad de conciencia, de la dignidad de las personas y de los derechos de todo hombre.
En nombre de la verdad, en nombre de la justicia y de los derechos fundamentales de los hombres, todo acusado tiene derecho a ser escuchado, como también todos los hombres tienen derecho a conocer la verdad. ¿Por qué, en la documentación (sobre el proceso a Stepinac) que se da a conocer al público y que se repite constantemente, no se publica jamás el alegato de la defensa del arzobispo? Nosotros no conocemos las convicciones personales de su defensor en el proceso pero su abogado, a pesar de todo, lo ha defendido no a causa de su deber profesional que se impuso, no por simpatía religiosa, sino porque tenía la certeza de defender la verdad. Defendió al ser humano con una firme conciencia. Es por ello que la fuerza de su defensa permanece como un testimonio inapreciable que la Historia reconocerá. Sus defensores no lo han defendido simplemente por mandato oficial, ni para salvar la cara del proceso, sino por convicción de conciencia de hombres que querían ser fieles a la verdad.
¿Por qué se ha silenciado esta verdad? Cuando se transgrede la verdad, el ser humano también es herido. Es por esto que considero como un derecho elemental del hombre en nombre de la verdad, en nombre de mi conciencia, que si las acusaciones se vuelven a difundir constantemente, será necesario, una buena vez al menos, revelar la defensa delante de la opinión pública, o, si se ha acallado a la defensa, será necesario hacer callar a la acusación. Porque nosotros estamos profundamente ofendidos en nuestra humanidad por esta acusación tendenciosa y falsa. La repetición constante de esta acusación hiere no solamente la persona y la memoria del Arzobispo de Zagreb, sino también a todos aquellos que quisieran conocer la verdad, toda la verdad de sus obras y de sus palabras.
Jamás, tanto en el mundo ni en cualquier momento de la Historia, algún proceso jurídico puede ser considerado como objetivo y justo, si no se deja hablar al acusado y si no se permite a los abogados de la defensa ejercer su oficio.
Esto toca a los derechos elementales del Hombre, derechos con los cuales nace y muere, y de los que debe gozar tanto durante su vida como después de su muerte. Estos derechos que el hombre no recibe como una limosna sino que posee por naturaleza. Si hay un hecho a destacar en la conducta de Stepinac, es que fue consecuente con su conciencia de creyente hasta la muerte. Fue fiel a ella a cualquier costo, hasta el de estar listo a morir por sus convicciones.
Es por ello que era adversario de todas las ideologías que reniegan de Dios y del destino inmortal del hombre. Estaba por el ser humano y contra toda opresión. Estaba contra todo aquello que, en este momento tan trágico de la Historia, llevaba el nombre de Hitler o de Stalin. Millones de seres humanos sin defensa pagaron con su vida el simple hecho de no estar de acuerdo con los poderosos de turno.
Mons. Stepinac ha tenido el coraje, precisamente en aquel momento, de levantar su voz contra el atropello a los Derechos del Hombre y contra la opresión a los seres humanos.
Pero no son solamente las torturas y las masacres, crímenes contra los Derechos del Hombre. Lo es también toda esclavitud por la cual se burla la dignidad humana. Hablo sinceramente, porque el lenguaje sincero es siempre honesto. Obedezco a la voz de mi conciencia. Todos los pueblos del mundo aguardan no solamente la Proclamación de los Derechos del Hombre, sino también su aplicación efectiva.
Los procesos judiciales se inscriben en la Historia de una manera irremediable. Allá donde se ha juzgado o condenado a hombres íntegros e inocentes, se ha condenado la conciencia. Ese grito de la conciencia no puede ser acallado por falsos rostros, pues sale de la profundidad del ser humano.
El Arzobispo Stepinac no ha tenido méritos para ser, hoy y en público, considerado como criminal. Es él que estaba listo a morir por el hombre y ha mostrado su amor por el hombre. Bien lo saben los numerosos testigos que han sido beneficiados con su ayuda, sus intervenciones y su protección. El no hacía ninguna discriminación, no separaba a los hombres por nacionalidad, ideologías o color de piel. Estaba siempre listo a defender a todos los perseguidos y acudir en su ayuda. Es por ello que tiene el derecho a ser rehabilitado".
El gran jubileo de la Iglesia en Croacia
En la fidelidad al sucesor de Pedro
Por Mons. Paul Poupard, obispo auxiliar de París, rector del Instituto Católico
Con una repercusión excepcional y un gran fervor comunicacional, la Iglesia de Croacia acaba de festejar los once siglos del cambio de cartas entre el príncipe croata Branimir y el Papa Juan VIII. Como bien escribe Mons. Franjo Kuharic, Arzobispo de Zagreb y presidente de la Conferencia Episcopal: "Esta época era para nuestra Iglesia y nuestro pueblo el tiempo de la opción decisiva entre Oriente y Occidente, entre Constantinopla y Roma. El pueblo croata, guiado por su príncipe Branimir y por el Obispo de Nin, Theodosio, efectuó la opción definitiva por Roma. La fidelidad al sucesor de Pedro fue entonces fortificada y no fue jamás puesta en cuestión".
Bendecidos por el Papa Juan VIII en 879 en la fiesta de la Ascensión, los croatas han querido, a once siglos de distancia, recibir nuevamente del Santo Padre la bendición apostólica para la Iglesia y el pueblo croatas. Hecho emocionante y significativo, es un hijo de Polonia, pueblo hermano de Croacia, quien los ha recibido en la Basílica de San Pedro. Juan Pablo II presidió la misa concelebrada con los obispos en lengua croata y los bendijo para el futuro.
2 de septiembre: un pueblo alrededor de sus obispos
El 10 de junio, la fiesta de la Santísima Trinidad fue marcada por una celebración excepcional. En todas las catedrales e iglesias parroquiales, así como en conventos de religiosos y religiosas, fue el día de reconocimiento por la fe en la unión con la Iglesia de Roma.
El domingo 2 de septiembre estas celebraciones encontraron su grandiosa coronación, en la ciudad de Nin, antigua sede del obispo croata Theodosio y del príncipe croata Branimir.
Desde la víspera, innumerables peregrinos habían literalmente invadido la villa histórica de Zadar, recorriendo en grupos pintorescos las calles de la vieja ciudad, de iglesia en iglesia, donde habían tenido lugar las celebraciones, a cargo de numerosos clérigos. El sábado por la tarde, en la bella catedral romana de Santa Stosija (Anastasia), los representantes de los episcopados alemán, austríaco, francés, húngaro, italiano y polaco presentaron sus felicitaciones a la Iglesia de Croata, en presencia del cardenal Franjo Seper, antiguo arzobispo de Zagreb y primado de Croacia, actual prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe en Roma, y del cardenal Macharski, arzobispo de Cracovia, sucesor en esa sede episcopal del cardenal Karol Wojtila, actual Papa Juan Pablo II.
Todo un pueblo estaba allí aglutinado alrededor de sus obispos y sus sacerdotes, con numerosos religiosos y religiosas, y respondía espontáneamente a las palabras pronunciadas, con repetidos aplausos. Cuando se presentaron el cardenal Seper, designado oficialmente Legado Papal, además arzobispo de Cracovia, hubo poderosas ovaciones, a través de las cuales se manifestaban de manera tocante los sentimientos de fidelidad renovada de todo un pueblo al sucesor de Pedro.
Este fue el tema de la tarde, que prosiguió más tarde, por la noche. Vimos, en première, la representación de un Oratorio titulado La fe de mi pueblo, creado para esta circunstancia histórica. Las decenas de jóvenes hombres y mujeres que lo interpretaban, así como el centenar de cantantes que formaban el coro, con sus rostros bañados por el sudor, y miradas brillantes de fervor, afirmaban con su intrepidez su fe en el porvenir, celebrando el pasado.
Momentos de intensa emoción marcaron el canto del Sanctus antiguo creado en Zadar en el siglo XI, así como emocionantes cantos a la Virgen, y el Tu es Petrus fue entonado con una fuerza impresionante delante de los obispos y fieles, de pie y unidos, cubriendo hasta el mínimo rincón. Todos se levantaron finalmente para entonar el Himno Nacional, incluidos los representantes oficiales de la República Socialista, de pie ellos también, en el primer lugar.
Croacia semper fidelis
El domingo por la mañana, el vehículo que transportaba a los obispos -que sumábamos una veintena- debió efectuar su camino a través de todo un pueblo, acompañado por más de 800 vehículos y una nube de autos privados, que avanzaban con dificultad en medio de las multitudes de peregrinos a pie. Los agentes de la Policía yugoslava abrían el camino, sin desprotegernos! Entonando cánticos desde la mañana sobre una inmensa explanada improvisada sobre la colina que domina el mar, bajo un sol de plomo, la multitud, estimada en más de 200 mil presonas, aplaudía sin cesar el cortejo de obispos precedido por varios centenares de sacerdotes.
Nuevamente ovacionado, el cardenal Seper concluyó su larga homilía haciendo aclamar a la multitud tres Amen particularmente vigorosos a las consignas: Polonia semper fidelis, Croatia semper fidelis, siempre fiel a Dios, a la Iglesia, a la Virgen María y al Papa.
Después vino el interminable desfile de ofrendas llevadas por fieles de toda Croacia al cardenal legado, de enormes canastos con frutos y productos del país, productos del campo y corderos vivos, pasando por múltiples productos artesanales, presentados por paisanos y pastores, en traje local.
País diversificado y un solo partido...
Durante más de cinco horas, esto fue una manifestación de fe y alegría de todo un pueblo unido en la oración y el fervor. Yugoslavia, se sabe, es una nación diversificada: cinco países, cuatro idiomas, tres religiones, 2 tipos de escritura... y con un solo partido, como dicen sus habitantes con humor.
Sobre 22 millones de habitantes hay más de nueve millones de cristianos ortodoxos, cerca de ocho millones de católicos y otros tres de musulmanes, de una gran vitalidad. El último censo, de 1953, señaló 84 por ciento de creyentes y sólo 13 por ciento de no creyentes: pero no se mostró esto como una noticia! Los católicos son en su mayoría croatas, pero algunos están dispersos a través del país. Hay 33 obispos para 23 diócesis, con 2000 sacerdotes diocesanos, 1200 religiosos y 10.000 religiosas.
En estos últimos tiempos, la cantidad de ingresos en seminarios y noviciados han tenido una leve baja, pero para un francés, la juventud de los sacerdotes y religiosos que ha encontrado es impresionante, así como su vitalidad. En el auto de Mons. Franjo Kuharic, presidente de la Conferencia Episcopal y arzobispo de Zagreb, que nos trajo desde Zadar, el cardenal Macharski, nuestro compañero de viaje, nos confió que este año, en su seminario de Cracovia, ya totalmente lleno y desbordado, iba a recibir además 32 nuevos seminaristas...
Fuimos también a orar juntos a la tumba del cardenal Stepinac, siempre cubierta de flores, renovadas sin cesar debido al sentimiento piadoso del pueblo cristiano, en su catedral de Saint-Etienne. Su actual sucesor me confiaba algunos de sus combates, que han sido también los del actual obispo, a la cabeza de esta Iglesia que ha sufrido tanta violencia, como su hermana polaca. Una vez más, la sangre de los mártires fue sembrada por cristianos.
Mons. Lackovic:
Uno de los defensores más conocidos de los derechos del hombre
El arzobispo Stepinac fue uno de los primeros defensores de los Derechos del Hombre y uno de los más conocidos, tanto durante la guerra como después de ella. La BBC (emisora radial de Londres mundialmente conocida) ha citado sus declaraciones contra el nazismo. El papa Pío XII, expresando su gratitud a médicos americanos por las ayudas dadas al cardenal Stepinac, les dijo que habían colaborado con el hombre más grande de nuestro tiempo. El cardenal Mindszenty, de visita en Estados Unidos, dijo al secretario privado del arzobispo Stepinac haber sido alentado y entusiasmado por una carta que le dirigiera el Arzobispo desde la prisión.
El testo de su alegato pronunciado por él mismo delante del tribunal comunista fue clasificado entre los documentos más valiosos de nuestro tiempo, en la biblioteca del Congreso de los EE.UU. en Washington.
En su carta dirigida al cardenal Spellman, para agradecerle haberlo honrado dando su hombre al Liceo White Plains, en Nueva York, el cardenal Stepinal expresó, a él y a todo el pueblo norteamericano, que no se debe tener al comunismo, que es comparable a un gigante que permanece de pie pero tiene los pies de vidrio.
Agreguemos que para el vigésimo aniversario de su muerte, el 10 de febrero de 1980, la ciudad de Nueva York ha dado a una de sus plazas el nombre del cardenal Stepinac.
Mons. Stjepan Lackovic, antiguo secretario del arzobispo Stepinac en Zagreb
Alocución del Cardenal Seper
Roma, en la Iglesia del Instituto Pontifical Croata de San Jeronimo, el 10 de febrero de 1980
"Hace veinte años que, en este mismo día, a las cuatro de la tarde, la gran campana de la catedral de Zagreb anunciaba a la ciudad y a los fieles de ella y de todo el arzobispado que el cardenal Aloisio Stepinac nos había dejado. Era un miércoles. El domingo precedente él había podido, con gran esfuerzo, celebrar su última misa en la iglesia parroquial de Krasic, y desde entonces su estado de salud se agravó progresivamente. El día 10 de febrero a la mañana, pidió la extremaunción, y enseguida, cuando escuchó que alguien había llamado a los médicos, dijo: "Denles mis saludos, pero nosotros no nos veremos más", y así fue: a las 14:15 entregó su alma a Dios, diciendo ¡Fiat voluntas tua! (¡Hágase tu voluntad!)".
Yo no puedo mencionar ahora todo lo que pasó durante los días siguientes, hasta la inhumación; pero podemos decir que hemos vencido, ya que él nos dejó un profundo recuerdo de su segunda destinación a Zagreb, cuando se obtuvo el permiso para inhumarlo en la catedral. El 12 de febrero arribamos a las 9:30 hs. a la catedral. Toda la calle Bakaceva, que sube hacia la catedral, toda la plaza delante de la catedral, estaban llenas de gente, a tal punto que debimos hacer un rodeo para ingresar. Y cuando se introdujo al cardenal difunto en su catedral, de golpe y con fuerza se hizo escuchar un grito: "¡El santo! ¡El mártir!". La inhumación tuvo lugar el día siguiente.
Cuando en 1934 Aloisio Stepinac fue designado arzobispo coadjutor, ello causó sensación. Tenía solamente 36 años de edad, sacerdote apenas desde cuatro años atrás, y era el arzobispo más joven del mundo. Su predecesor, el arzobispo Bauer, me dijo entonces: "Estoy convencido de que ésta es la obra de la Divina Providencia. Las conversaciones para nombrar su sucesor, es decir el arzobispo coadjutor, se desarrollaron durante cinco años, hasta que surgió quien debería verdaderamente venir a este lugar". El asumió ese cargo en un momento difícil de la historia, en particular de la historia croata. Dificultad que alcanzó su punto más alto con la segunda guerra mundial y con todos los cambios políticos y sociales que siguieron a la guerra en el mundo entero. El asumió este cargo estando bien preparado para ello. Durante su educación a nivel secundario era pensionista en un internado religioso en Zagreb y frecuentaba el liceo clásico, una muy buena escuela. A continuación tuvo distintas experiencias en el frente de guerra italiano. Comió el pan de los prisioneros de guerra aquí en Italia, en Nocera Umra. Después de la guerra, comenzó sus estudios de agronomía, experimentando la vida estudiantil, que no fue de su agrado, y volvió a la ciudad. Después, cuando se decidió por el sacerdocio, partió a Roma, al Germanicum, que estaba considerado como el mejor instituto para la educación de los futuros sacerdotes, y esto era probablemente verdadero. Cursó sus estudios en la Universidad Gregoriana.
Cuando regresó a Zagreb después de su ordenación, fue nombrado asistente de ceremonias del arzobispo. Pero las ceremonias le daban muy poco trabajo, porque ello no era más que un título. El arzobispo le dio el cargo de secretario. Así adquirió expriencia en la oficina del arzobispado, tomando conciencia de la situación del arzobispado de Zagreb. Además, trabajaba mucho por Caritas (obra de socorro católica), visitaba a los pobres en sus casas, buscando a los desdichados de toda clase. Hizo así su experiencia pastoral, porque fue enviado a parroquias que tenían muchos problemas, y debió solucionar las cosas.
Es por esto que digo que estaba bien preparado. Dios lo había conducido y preparado de tal suerte que estaba calificado para su ministerio. Su servicio activo, por así decir, no duró más que doce años, de 1934 a 1946. Pero esto bastó para ver que el hombre que había venido lo había hecho en el momento justo. Introdujo un nuevo estilo en el servicio episcopal. No quería ser un señor feudal. Era un verdadero pastor, en contacto directo con sus sacerdotes y fieles. No puedo enumerar aquí todo aquello que ha hecho como pastor del arzobispado de Zagreb, pero quisiera recordar una muy importante realización: la fundación de nuevas parroquias en Zagreb...
Cerca de cuatro parroquias medievales y de otras dos más recientes, fundó dieciseis parroquias en algunos años. Y esto, en su mayor parte en los alrededores de Zagreb... Fue verdaderamente perspicaz al fundar cuatro parroquias que funcionaban como hospitales… En efecto, cuando después hubo un régimen comunista, las capillas de los hospitales fueron suprimidas y los sacerdotes expulsados. Pero en estos tres hospitales, que eran parroquias, la capilla permanece hasta ahora, y el sacerdote a su cargo permanece en su lugar...
Pero Dios quiso que el arzobispo Stepinac viva intensamente otra dimensión de la existencia cristiana: la del sufrimiento. Es así que el tiempo del final de su vida, especialmente los últimos años, fueron signados por numerosos sufrimientos psíquicos y morales. No hablaré de los problemas causados por los mismos fieles. Siendo su secretario, yo he pasado algo de ello. Pero entre los sufrimientos morales más duros figura ciertamente el proceso artero montado contra él. Era en el momento en el cual, en cada país socialista y durante la misma época, se hacía un proceso al menos a uno de los representantes más eminentes de la Iglesia. Se ha dicho que hubo un común acuerdo entre esos gobiernos: el cardenal Slipyj en Ucrania, prisionero durante dieciocho años, una buena parte de ellos en Siberia; el arzobispo Wyszynski en Polonia, el arzobispo Beran en Checoslovaquia, el arzobispo y primado de Hungría Mindszenty, y además Stepinac.
Es así que el arzobispo Stepinac, que había amado tanto a su pueblo y se había dado por entero a él, debió soportar la infamia de ser condenado como enemigo del pueblo y del Estado. El, que había hecho tanto bien a su pueblo, era proclamado enemigo del pueblo. Pueden imaginar cuál fue su sufrimiento, pero aceptó esta humillación y llevó con coraje esta cruz. Naturalmente, el proceso tenía otras causas. Yo recuerdo bien ello todavía, cuando yo asistía al proceso el día en que hablaba el procurador del Estado. El dijo una cosa interesante,, que mostró bien cuáles eran los verdaderos motivos del proceso. El dijo: "Debemos ubicar a Stepinac en el esquema más grande de expansión del Vaticano hacia los Balcanes". ¡Era esto! ¡Este era el motivo! -La expansión del Vaticano, de la Iglesia Católica! Ellos sabían que él era el representante de la Iglesia Católica en los Balcanes, y es por ello que fue condenado. El procurador mismo lo ha testimoniado.
Además de estos sufrimientos morales, vinieron también los sufrimientos físicos. El tenía una enfermedad no común, que se llama en términos médicos "polycitemia rubra vera", que consiste en una multiplicación excesiva de los glóbulos rojos. A ello se agregaron otras enfermedades, a lo que terminó por sucumbir.
-Amados hermanos y hermanas! Nosotros evocamos cada año, aquí, la memoria del cardenal Stepinac. Es nuestro deber guardar un vivo recuerdo de él. Pero esto será demasiado poco, si es nada más que un recuerdo. -El recuerdo de Stepinac debe darnos fuerzas!. -Debe fortalecer nuestra conciencia, para que nosotros tomemos en serio nuestro cristianismo! -Stepinac es para nosotros una suerte de desafío! Cuando nosotros pensamos en él, esto debe enseñarnos algo, y decidirnos a algo. En primer lugar, en el tema de la fe. ¡El fue un hombre de una fe de granito! Cuando se trataba de la fe, no hacía concesiones ni negociaciones. Es por ello que nos incita y nos pide ser firmes en nuestra fe, de no dejarnos seducir por las diferentes deformaciones de las verdades de la Fe en nuestra época. Debemos aprender de él a ser sinceramente fieles al Papa, a sus directivas y a sus enseñanzas. ¡Stepinac ha sido inquebrantable en ello! Y, si alguno no ve lo que ello significa para nosotros, croatas, el Papado, hoy como en el pasado, que no se diga amigo de Stepinac...
Hermanos y hermanas, yo he querido hoy evocar en algunos trazos la gran figura de nuestro cardenal Stepinac. Que él permanezca siempre vivo en nuestras almas, y nos incite a la fidelidad hacia Dios, hacia Nuestra Señora, y hacia la Iglesia durante toda nuestra vida. Amén."
Alocución de Mons. F. Kuharic, Arzobispo de Zagreb en ocasión del vigésimo aniversario de la muerte del cardenal Stepinac. 10 de febrero de 1980
"...Es en la Iglesia de San Pedro Canisio, en Roma, que él fue ordenado sacerdote en la festividad de Cristo Rey, el 26 de octubre de 1930. A mediodía, en el almuerzo, cada joven sacerdote encontró sobre su asiento una flor roja. El recientemente ordenado Aloisio, entonces de 37 años, dijo con aire pensativo observando la flor: "¡Flor roja, de mártir!" (A. Benigar: A. Stepinac, pág. 93). Este año es el del jubileo, las bodas de oro, de su sacerdocio. Y al mismo tiempo que él, fue ordenado sacerdote el futuro cardenal Seper...
En la fiesta de San Juan Bautista, el 24 de junio de 1934, recibió en la catedral de Zagreb la consagración episcopal y el título de arzobispo-coadjutor con derecho de sucesión.
Es significativo que la consagración episcopal de Aloisio Stepinac se haya efectuado en relación con la fiesta de Juan el Bautista. Juan Bautisat es aquél del cual Jesús mismo decía: "¿Qué habéis venido a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento?..." (Lucas, VII, 24). Nosotros sabemos por el Evangelio que Juan Bautista no era ciertamente una caña agitado por el viento. Tampoco Aloisio Stepinac. Firme de carácter, hombre de fe inquebrantable, todo para Dios, se mantuvo de pie delante de los grandes de este mundo; profundamente humilde delante de Dios, estaba enteramente al servicio del hombre. Así entró en la tormenta de su tiempo.
El terror destruía las vidas. Los hombres caían durante el día, desaparecían durante la noche. Muchos fueron, a causa de sus convicciones políticas, hechos prisioneros, torturados, asesinados, sin que nadie tenga el derecho de informarse sobre este tema. La población fue expuesta al asesinato; los prisioneros desarmados, a la masacre. Las calificaciones basadas en conceptos racistas, nacionalistas, ideológicos, echaron a sus pies a los hombres, y la vida humana pasó a perder su valor. Poner sobre un hombre una cierta calificación bastaba para condenarlo a muerte. La Historia tomará mucho tiempo para evaluar el rol de todos los participantes en este drama sangrante.
En estos acontecimientos trágicos, el arzobispo Aloisio Stepinac se ubicó firme e inquebrantablemente del lado de los principios éticos que son universales y obligatorios para todos: la dignidad de toda persona humana es inviolable; los derechos con los cuales cada persona viene al mundo son inalienables y no pueden depender del poder arbitrario de los poderosos; cada pueblo tiene el derecho indiscutible de vivir y desarrollarse libremente; es sagrado el derecho de todo hombre a vivir su fe y en toda libertad y sin ninguna limitación.
Por su sufrimiento personal, sentía el drama y la tragedia de todo hombre, sea cual fuere su raza, su nacionalidad o su religión. Este amor universal, basado en su fe en Jesucristo y en el Evangelio, él lo testimoniaba práctica y concretamente por sus obras caritativas y sus intervenciones para alivianar los sufrimientos humanos. Se ocupaba con coraje y resueltamente de los perseguidos, los prisioneros, los torturados, de cualquier lado que hayan venido las violencias y las injusticias. El exigía de cada poder que los juicios fueran equitativos, las leyes humanas, los procedimientos respetuosos del hombre.
Este era además el deber de la Iglesia en aquel momento; es todavía el deber de la Iglesia hoy. Si el Papa y los Obispos, hoy y en todas partes, se preocupan por el derecho de los pueblos y las personas, si están contra la tortura y las condenas injustas, dondequiera ellas se produzcan, exhortan a las autoridades en favor de la amnistían de los prisioneros políticos, lo hacen para cumplir su misión en nombre del Evangelio del amor, que es universal, que no ofende ni provoca sino implora y perdona. La Iglesia testimonia así por la Verdad, y "la Verdad es la fuerza de la paz", dice el papa Juan Pablo II. Esta no es una lucha de la Iglesia por el poder. Es la misión de la Iglesia.
Es por ello que, en su carta circular a los sacerdotes del 17 de diciembre de 1945, el arzobispo Aloisio Stepinac escribió lo siguiente: "A todas las acusaciones, que nos son directa o indirectamente dirigidas, podemos responder que nosotros no tenemos nada que reprocharnos. Tenemos la conciencia pura y tranquila delante de Dios, que es el testigo más fiel y el justo juez de todos nuestros actos. Tenemos la conciencia pura y tranquila delante de la Santa Sede, que podrá un día, bajo la base de auténticos documentos, apreciar toda nuestra actividad. Tenemos la conciencia pura y tranquila también delante de los católicos de este país, que juzgan los acontecimientos calma y lúcidamente. En fin, tenemos la conciencia pura y tranquila delante del pueblo croata, al cual por la voluntad de Dios pertenecemos por lazos de sangre y al cual servimos con toda nuestra alma, en nuestro lugar, sin discriminar en cuanto a los diversos puntos de vista y partidos políticos".
Es por ello que nosotros continuamos: "La Historia tendrá el tiempo, la manera y la posibilidad de analizar con toda objetividad todos los acontecimientos, hechos, circunstancias y situaciones, toda la tensión dramática, trágica, del período durante el cual el arzobispo Aloisio Stepinac ha obrado, hablado y sufrido. Sin temer acerca de su honor, esperamos el juicio de la Historia (Circular del 26 de enero de 1980).
El arzobispo Aloisio Stepinac falleció hace ya veinte años. La Iglesia de Zagreb le dio su adiós aquí, en la Catedral, el 13 de febrero de 1960, en la dignidad de la oración, en la esperanza de la resurrección, con fe en el juicio final de Dios, que se manifestará sobre cada hombre y sobre la Historia entera.
Desde entonces, la procesión silenciosa de los orantes no deja de desfilar ante la tumba del arzobispo. "No deja de haber flores, los cirios no se apagan; muestran en silencio la fe del pueblo de Dios en la vida eterna y en la justicia final. Allí se respira el amor de todos ellos que perdonan. Tal es el mandato de Dios" (ibid.).
Nos queda el mensaje de esperanza que, desde la eternidad, nos dirige el cardenal Stepinac..."
CARDENAL STEPINAC: Mártir de
los Derechos Humanos
M. Landercy
Permitir el entierro del Cardenal en la Catedral de Zagreb significaba una amnistía póstuma (19). En efecto, legalmente, los condenados debían ser enterrados en el lugar de su detención. Por ello se explica que la tumba del Cardenal estuviera ya cavada en la iglesia de Krasic, cuando el Gobierno yugoslavo anunció la autorización de proceder a los funerales del Cardenal en la Catedral de Zagreb, al día siguiente.
Después de este gesto del régimen, poco a poco se produjo una mejoría en las relaciones con la Santa Sede, hasta que en 1966 se restablecieron las relaciones diplomáticas.
En ocasión de la visita de Tito a Pablo VI en 1971, el papa aceptó levantar la excomunión a condición de que Tito aceptara la grave obligación de reparar el mal, rehabilitando, al menos, al Cardenal Stepinac. Pero Tito, en lugar de rehabilitarlo, continuó infamándolo... Podemos comprobarlo al leer el reportaje del 28 de febrero de 1978 acordado a James Reston, periodista del New York Times, en el que afirma que Stepinac era ustacha, que colaboró con los nazis, que rebautizó a los ortodoxos. La lectura de la documentación de este libro permitirá al lector leal ver con claridad y juzgar todas esas mentirosas acusaciones. Por otra parte, nunca se hizo pública la Defensa de Mons. Stepinac realizada por los dos abogados. ¿Por qué?
¿Por qué, nos preguntamos, hombres tan íntegros son perseguidos? La respuesta está en la octava Beatitud del Señor: "Sean felices cuando se los insulte, cuando se los persiga, cuando se los injurie con todo tipo de infamias, a causa mía".
Citemos la paráfrasis de esta Beatitud, evocada por Gilbert Cesbron en su libro Ocho palabras para la eternidad que se aplica tan bien al Cardenal Stepinac, este mártir de los Derechos del Hombre: "Aquellos que se dejan arrestar, condenar por la instauración de una verdadera Justicia Social, son personas que `mezclan religión y política, personas que turban el orden'... acusación perentoria. Sólo nos olvidamos de considerar de qué orden se trata.
No conozco nada más noble que un verdadero militante cuando sirve a la verdadera Justicia. Nada más excepcional por otra parte. ¡Cuántos peligros lo acechan!, tantos que a veces pueden transformarlo, a sus espaldas, en un partisano. La octava Beatitud es la de los militantes, pero de los militantes no violentos. Pues nos dice: `Bienaventurados, no los que combaten por la Justicia, sino aquellos que son perseguidos por ella'", (Lafont, 1978, pág. 139).
Mientras que nuestro manuscrito estaba en la imprenta, supimos que renacían las críticas en Yugoslavia, en el vigésimo primer aniversario de la muerte del Cardenal Stepinac, y apenas un año después de la muerte de Tito. Se ataca nuevamente la memoria del Cardenal en el momento en que los intelectuales reivindican la libertad de expresión y la amnistía para los prisioneros políticos.
Sin ninguna duda, el cardenal se opuso a todas las ideologías totalitarias: nazismo, fascismo, comunismo. Esta defensa de los Derechos del Hombre le valieron la prisión y la enfermedad que lo condujo a la tumba a los 62 años.
Milovan Djilas, el más próximo colaborador de Tito reconoció la inocencia del cardenal (New York, 1951) señalando también la necesidad de condenarlo por razones políticas. Por las mismas razones políticas, Yugoslavia es en la actualidad un país comunista en el cual la religión es sólo "un asunto privado" de cada ciudadano, mientras que el marxismo ateo es enseñado oficialmente en la escuela y en la vida pública (Cf. Missi de nov. de 1980, p. 273).
Difícilmente se comprenda esta forma de actuar de los hombres políticos yugoeslavos. El 19 de diciembre de 1980, el Presidente de la República Socialista Yugoslava, Cvijetin Mijatovic, durante una visita al Papa en el Vaticano, lo invitó a Yugoslavia. Los diarios yugoeslavos señalaron entonces la gran importancia de favorecer las buenas relaciones entre Yugoslavia y la Santa Sede. Pero un mes después, el 27 de enero de 1981, Jakov Blazevic, ex-procurador de la República Socialista de Croacia, preparó una solemne presentación de sus Memorias en cuatro tomos (Djela I-IV). En el Tomo III, reconstruye el proceso contra el cardenal Stepinac y repite todas las mentiras. Incluso refuerza sus ataques y aprovechando la ocasión, la emprende también contra el Cardenal Seper, colega y sucesor del Cardenal Stepinac en la sede de Zagreb, y actual Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, al igual que contra Mons. F. Kuharic, Arzobispo de Zagreb y Presidente de la Conferencia Episcopal del país, extendiendo incluso sus ataques a la Santa Sede.
(19) Cf. Pueblos del Mundo, julio- agosto 1978, Nº 113, p.4, "Católicos de Croacia".
Ochocientos sacerdotes, reunidos para la Semana de Teología Pastoral en Zagreb, se unieron espontáneamente a Mons. Vladimir Stankovic, Director de la Pastoral de los Croatas Emigrados y a Mons. Ciril Kos, Obispo de Djakovo, para protestar contra tales ataques (Glas Koncila, 8 de febrero de 1981, pág. 4).
El 10 de febrero de 1981 se cumplía el vigésimo primer aniversario de la muerte del Cardenal Stepinac. El 9 de febrero a la tarde, la sección croata de Radio Vaticano difundió un testimonio del cardenal Franjo Seper que fue condiscípulo de Aloysius Stepinac en Roma, luego su secretario durante siete años, cuando éste era Arzobispo de Zagreb. Testimonio conmovedor y sincero en favor de la rehabilitación jurídica del Cardenal a quien declara inocente. Cuando condena al comunismo fija su crítica en el stalinismo que en esa época era señalado como única realización de esta ideología.
El 10 de febrero a la tarde, ante una Catedral repleta, aunque la ceremonia se realizaba en plena semana, Mons. Kuharic pronunció una verdadera defensa en favor del cardenal Stepinac y de la Santa Sede. Señaló que para proceder a su rehabilitación "Sería necesario un verdadero tribunal internacional que tuviera suficiente objetividad científica, independencia política y responsabilidad ética para pronunciar su juicio". La multitud lo escuchó en silencio durante cuarenta y cinco minutos y lo ovacionó repetidamente, cosa inhabitual en Croacia, testimoniando así su apoyo y su pleno acuerdo.
El Arzobispo concelebró con siete Obispos, los Superiores religiosos y alrededor de doscientos sacerdotes.
Terminemos con una carta que acabamos de recibir de S.E. Mons. Van Lierde, Vicario General de la Santa Sede en la ciudad del Vaticano, quien escribe:
"A propósito del libro sobre el Cardenal Stepinac, encuentro que es un acto de justicia hacia el gran testigo de Jesús y un excelente apostolado en nuestra época contemporánea".
Esto corresponde plenamente a nuestro deseo.
(Para la Segunda Edición, revisada y aumentada)
Declaración del Cardenal Seper (Realizada a Radio Vaticano el 9 de febrero de 1981)
En ocasión de conmemorarse el XXI Aniversario de la muerte del Cardenal Stepinac, estamos verdaderamente apenados por las recientes declaraciones de un alto funcionario del Partido Comunista y del régimen yugoeslavo, declaraciones publicadas y difundidas por la prensa y la radio. No quiero entrar aquí en detalles sobre estas declaraciones, según las cuales se burlan de Mons. Kuharic, quien, según ellos, pretende ser "un alter ego del Cardenal Stepinac". La reciente visita pastoral de Mons. Kuharic a Australia, a los católicos croatas, fue presentada por estos políticos en términos ofensivos para los fieles.
Quiero recordar que yo también fui atacado en esta famosa declaración en la que se toma por un crimen el hecho de que haya hablado a un sacerdote de mi diócesis que es emigrado.
Querían que el Vaticano tomara medidas en mi contra para conservar las buenas relaciones con mi país. Esta declaración está centrada en el Cardenal Stepinac, a quien se considera como un personaje político de primera línea, incluso como el director de la creación del Estado Independiente de Croacia en arreglo con los ocupantes. En realidad Blazevic (en aquel tiempo Procurador del Estado y actual Presidente del Praesidium de Croacia) y el Arzobispo Stepinac se encontraron en un momento histórico, frente a frente, pero en distintos roles: uno era acusador y el otro acusado. Nada puede decirse contra alguien que intenta defenderse y justificar sus acciones pasadas, pero todo debería haber sido fundado en la verdad y sobre los hechos, pero no sobre algunos inventos.
Desgraciadamente no es este el caso. Podemos decir sin equivocarnos que los hechos son contrarios al acusador y favorables al acusado. La figura del Cardenal Stepinac que da Blazevic es históricamente falsa. Durante mis estudios en la Universidad de Roma, viví siete años como colega del Cardenal Stepinac. Luego, durante siete años, fui su secretario personal y su hombre de confianza; finalmente la Santa Sede me designó como su sucesor. Por ello pienso que nadie tuvo mejor ocasión de conocer su carácter, su mentalidad y de seguir de cerca su vida y su trabajo. Debo reconocer que Stepinac era justamente lo contrario del retrato que Blazevic nos pinta. Sí, Stepinac era un gran patriota, amaba a su pueblo al punto de identificarse con él, pues consideraba que esto era su deber moral. Pero nunca fue un político y mucho menos un político de partido. Si Stepinac tomó una firme actitud contra el comunismo, no debemos olvidar que apuntaba a la ideología materialista y atea, pero tenía bajo sus ojos una imagen concreta del comunismo: el stanilismo que desde hacía tiempo era cuestionado y condenado en el mundo entero, e incluso en la URSS. Estas graves acusaciones contra Stepinac, sobre todo la afirmación de su rol político y sus lazos con los ustachis, habría que demostrarlas con documentos, lo que, hasta el momento nadie hizo ni pudo hacer pues, como ya lo hemos dicho, "los hechos prueban lo contrario".
Espero que llegara el momento en que el proceso contra el Cardenal Stepinac podrá ser revisado sin prejuicios y sin apasionamientos. No hay que olvidar que no se les concedió la palabra a numerosos testigos que querían declarar a su favor, argumentando que sus testimonios no hubieran sido probatorios.
Entre estos testigos que esperaban en vano en la antecámara del Tribunal, me encontraba yo también. Aunque sabemos que en nuestras escuelas y en nuestros libros escolares, el Cardenal Stepinac es presentado como un criminal de guerra y un enemigo del Estado, me da mucha pena constatar que tan graves acusaciones emanan de personajes con altos cargos y que esto no contribuye con los esfuerzos hechos para calmar los espíritus, actitud que necesitamos tanto en estos momentos. Gloria al Cardenal Stepinac.
Alocución de Mons. Franjo Kuharic, Arzobispo de Zagreb
(Pronunciada el 10 de febrero de 1981 en ocasión de conmemorarse el XXI Aniversiario de la muerte del Cardenal Aloysius Stepinac.)
"In Te, Domine, speravi" (Ps. 31,1.) "Y tomaré el derecho como medida y la justicia como nivel" (Is.28,17) Queridos hermanos y hermanas,
1. Acabamos de escuchar el Sermón de la Montaña. En este sermón la palabra de Dios anunció el espíritu del reino de Dios y trazó los principios de la nueva historia. Se establecieron aquí las bases de un mundo mejor. Las Bienaventuranzas (Beatitudes) pronunciadas en la montaña formarán en los hombres un corazón nuevo; esta es la ley nueva de la Alianza eterna entre Dios y el hombre. Del suelo de las Bienaventuranzas surgirán en la Iglesia los hombres de Dios: los justos, los mártires, los santos. Hombres libres de todos los mitos de potencia, poder, riqueza; hombres sedientos de verdad y hambrientos de justicia; hombres pacíficos de corazón puro; misericordiosos; a la violencia oponen el amor; inflexibles y fuertes testimonian la verdad aún cuando son perseguidos.
Aunque sean aplastados por el odio injusto, nada puede matar en ellos la esperanza de que la victoria definitiva pertenece a la verdad y al amor por siempre. Dios es el garante de esta victoria. "Felices los que sufren persecución a causa de la justicia, pues el reino de los Cielos es de ellos" (Mt., 5, 10).
"¡En Ti, Señor, mi esperanza!".
2. El espíritu humano sólo puede pasar a través de la tempestad de pruebas, portando esta inextinguible esperanza gracias a la fuerza del Espíritu Santo. Esta fuerza deviene desde lo alto (cf. Lc., 24,59).
En Londres, temprano en la mañana del 22 de junio de 1535, el Obispo de Rochester, Cardenal Juan Fisher subió al patíbulo, condenado a muerte por orden del rey Enrique VIII, porque había permanecido fiel a su fe y a su conciencia. El Obispo se encaminó a la muerte rogando "Te alabamos, Señor" y el salmo 31: "In Te, Domine, speravi!" ("En Ti, Señor, está mi esperanza"). Esta oración manifiesta la paz del alma y la invencible esperanza inspirada por las Bienaventuranzas del devenir eterno. (Die Heiligen in ihrer Zeit, Manz. 1966, pág. 187).
3. Cuando en 1934, Aloysius Stepinac, sacerdote de vida honorable, después de un angustiante combate interior, aceptó por obediencia el cargo de Arzobispo de Zagreb, viendo en la decisión del Papa la voluntad de Dios, el grito del salmo 31 (In Te, Domine, speravi) subió desde su alma. Después de esto el Nuncio Apostólico le escribió: "Os agradezco que hayáis consentido como el buen Cirenaico aceptar la brillante pero pesada y espinosa cruz de la Iglesia de Zagreb (Osservatore Romano, 11 de febrero de 1970).
Por primera vez un Obispo de Zagreb ante el Tribunal
4. En verdad creemos que en la historia de novecientos años de diócesis, como es el caso de la Arquidiócesis de Zagreb, no ha habido para el Pastor de la Iglesia de Zagreb, un período más difícil que el tiempo anterior a la Segunda Guerra Mundial, el tiempo en que se desarrolló la misma, y el inmediato posterior. Mons. Stepinac era el 72 Obispo de la historia del Arzobispado de Zagreb. Pero ninguno de sus predecesores fue confrontado con acontecimientos tan terribles y tan trágicos como lo fue el memorable Cardenal Aloysius Stepinac. Ninguno de sus predecesores pasó por tal tempestad de pruebas aunque los tiempos para la Iglesia y para el pueblo fueran aquí siempre difíciles. Mons. Stepinac fue siempre un predicador consecuente del Evangelio -de la más sublime doctrina del amor y fue acusado con graves cargos como si fuera enemigo del hombre, como si fuera enemigo del pueblo croata e incluso como si fuera el responsable de las desgracias de la Iglesia. Esto ocurrió en la segunda mitad del siglo XX; por primera vez en nuestra historia, el Obispo de Zagreb fue juzgado bajo la monstruosa acusación de ser criminal.
Monstruosa acusación
5. Sin pensar se repite esta acusación; que también fue renovada en estos días, ante el gran público por radio y en la prensa, por la persona que representa la más alta responsabilidad política en la R.S. de Croacia. Estamos en 1981 pero debemos escuchar siempre el duro lenguaje de un pasado bastante lejano. Estamos grave y profundamente ofendidos como Iglesia, como hijos e hijas del pueblo croata, en la patria y en el extranjero.
6. Después de las declaraciones y de los signos emanados de los más altos niveles en relación al deseo de concretar progresos, en lo concerniente a una mayor estima mutua y de un respeto más verídico de los derechos y de la dignidad del hombre, somos nuevamente empujados al pasado. Aunque quisiéramos ver ante nosotros un futuro más claro, hacia el cual, esperamos, la Historia avance, aunque sea con pasos penosos y pesados, somos nuevamente arrojados a la oscuridad de esta época que ha dejado profundas heridas en millones de personas.
7. Repetimos una vez más: tal acusación es inaceptable; su autoridad no viene de la verdad sino de la fuerza del poder. En efecto, un juicio objetivo y justo sobre todo este sangriento drama de guerra, no puede ser emitido por una sola de las partes de este múltiple conflicto.
La Historia se encargará de juzgar todo esto. Bajo el juicio de la Historia pensamos que será posible un análisis objetivo y justo de todos los hechos, del contexto total de los acontecimientos que tienen su causalidad y su prehistoria. Bajo el juicio de la Historia esperamos una aproximación científica a los acontecimientos y a las personas, que fuera de toda propaganda tendenciosa, fuera de todo objetivo político y fuera de todo ajuste de cuentas, busque sólo la pura verdad para obtener un juicio justo que ponga todas las cosas en su lugar. No son raros los casos en los que el juicio de la Historia rehabilitó a muchas personas y proclamó la inocencia de aquellos a quienes los diversos tribunales habían condenado como criminales. Finalmente, todos los mártires, desde Jesucristo, son juzgados como criminales. Y de El, el más inocente de los justos, los acusadores gritaron ante Poncio Pilatos: "Si no fuera un criminal no te lo hubiéramos entregado" (Jn., 18,30). También Pilatos juzgó contra su conciencia.
Apelación al juicio de la Historia
8. Cuando apelamos al juicio de la Historia, nos referimos entonces a los principios éticos permanentes, objetivos y universales, que obligan a la conciencia y regulan el correcto comportamiento hacia el hombre; a los principios que son el fundamento de las relaciones nacionales e internacionales justas. Creemos en los principios éticos objetivos cuyo valor y obligación no depende de ninguna potencia, poder o sistema de este mundo. En el juicio de los actos humanos y de los dramas de la historia, sólo el respeto de los principios éticos fundamentales aleja de los procesos toda injusticia, toda mentira y todo odio. Ningún interés puede permitir que un inocente sea condenado como culpable; también es inadmisible que la falta del culpable sea exagerada y extendida a las comunidades y a pueblos enteros o a parte de ellos por un diferendo; en los procesos jurídicos el defensor debe tener la misma libertad y los mismos derechos que se garantizan al acusador. El juicio de la Historia es aquel que establece el Profeta Isaías: "Y tomaré el derecho como medida y la justicia como nivel" (Is. 28, 17). Lamentablemente los procesos políticos están casi siempre expuestos al peligro de convertirse más en instrumentos de venganza que de justicia. Para nosotros, los fieles, el Sermón de la Montaña es la garantía de que Dios, Maestro y Juez de la Historia, pronunciará la sentencia final sobre todas las vidas y sobre toda la Historia.
¿Qué dijeron los Papas?
9. Después de la santa muerte del Cardenal Aloysius Stepinac, el Papa Juan XXIII, en ocasión de celebrarse un oficio de difuntos en la Basílica de San Pedro, rindió homenaje al Arzobispo diciendo: "La figura simple y señera de este padre y Pastor de la Iglesia de Dios era muy cara a mi alma... El Cardenal Stepinac, que brindó a su célebre Arquidiócesis 26 años de su Episcopado, era verdaderamente la imagen alentadora del Buen Pastor, sobre todo por su infatigable y ferviente trabajo apostólico. Posteriormente, en los últimos y larguísimos años de la dolorosa separación, el Cardenal atesoró tal riqueza de méritos que seguramente en devolución, el Padre Celestial las inscribió en el capital de gracias y de bendiciones para todas las familias y para todos los fieles de la ferviente y piadosa Croacia" (A. Benigar: Alojzije Stepinac, Roma 1974, pág. 860-61). Seguramente el Papa conocía a fondo el drama del difunto Cardenal Stepinac para poder decir esto ante el mundo entero. En la Catedral de Milán el Cardenal Giovanni Batista Montini, el futuro Pablo VI, presidió el oficio de difuntos; en su homilía pronunció la siguiente pregunta:
"Se puede llegar a suponer que un Cardenal Arzobispo no ame su país o no cumpla como corresponde con las leyes justas? Sólo alguien que niegue la luz del sol podría desmentir esto. ¿Es posible que se apruebe a un Estado que lo juzga de manera tan cruel? O bien, ¿hay que aceptar que la fuerza cree el derecho? y ¿qué derecho es éste?" (Ib., pág. 864).
A estas preguntas responden fácilmente todos aquellos que recuerdan con claridad estos acontecimientos y todos aquellos que verdaderamente sin tomar partido, pueden leer toda la documentación e incluso el testimonio de la vida personal del Cardenal. Pero las rectas almas de los jóvenes que no conocen las cosas por experiencia y a los cuales se les repite sólo la acusación, puede surgir la angustiante pregunta: ¿Dónde está la verdad?
Proceso de rehabilitación
10. Para poder decir la completa verdad, abría que renovar todo el proceso y sacar a la luz todo, absolutamente todo lo que el Cardenal ha hecho y dicho y los principios que defendió. Abría que realizar un análisis legal, imparcial y completo de toda la época, del rol y de los actos de todos los participantes que fueron lanzados al horrible torbellino de la guerra mundial, civil y revolucionaria. Para llevar a cabo tal proceso, sería necesario un verdadero tribunal internacional que tuviera suficiente objetividad científica, independencia política y responsabilidad ética para pronunciar el juicio. Como vemos, el proceso de rehabilitación del Cardenal Stepinac no es realizable en nuestro país.
Tres principios del Cardenal Stepinac
11. ¿Cómo podía comportarse un Arzobispo, fiel a su conciencia, en este tiempo de problemas y conflictos políticos, nacionales, sociales, económicos? ¿Qué actitud podía tomar el Arzobispo de Zagreb durante una guerra en la que están comprometidas ventajas y ambiciones, fuerzas e intereses opuestos, antiguas injusticias y nuevas venganzas; en una guerra en que se enfrentaban los mundos? Sólo podía defender el punto de vista de sólidos principios éticos como se lo dictaba su fe y su conciencia. Por ello, el Arzobispo Stepinac siguió estos tres principios claros y universales:
Los documentos hablan
12. Fue un defensor del hombre. Para fundamentar esta afirmación, existe gran cantidad de documentación; hay también gran cantidad de testimonios a los cuales ningún acto de acusación puede quitarles su fuerza de verdad.
Estos últimos años la Santa Sede publicó en numerosos volúmenes los documentos que se relacionan con las actividades de la Santa Sede y de la Iglesia Católica durante la Segunda Guerra Mundial, en favor de aquellos que fueron víctimas de sistemas o de ideologías cualquiera fuera su tendencia. El noveno volumen de 687 páginas lleva como título: LA SANTA SEDE Y LAS VICTIMAS DE LA GUERRA, Enero- Diciembre 1943, edición de la Librería Editorial del Vaticano de 1975.
En el volumen citado, desde la página 224 hasta la 229, encontramos un "Cuadro recapitulativo de los documentos concernientes a la actitud de Iglesia Católica hacia los ortodoxos y no arios perseguidos, y remitidos por el Arzobispo de Zagreb, Mons. Stepinac al Cardenal Maglione".
En el período que se extiende desde mayo de 1941 hasta fines de mayo de 1943 se cuentan 33 documentos que contienen protestas, intervenciones, y pedidos en favor de todos los perseguidos.
Bajo el número 1 leemos: "Intervención del Arzobispo de Zagreb contra la ejecución de rehenes serbios que tuvo lugar los primeros días posteriores al establecimiento del Estado croata" (Intervento dell'Arcirescovo di Zagabria contro la fusilazione di ostaggi serbi effetuata nei primi giorni dalla creazione dello Stato croato" -ib., pág. 224).
Bajo el número 2 leemos: "Carta a Poglavnik por la cual se protesta contra la ejecución a cargo de los ustachis de 260 serbios en Clina-14 de mayo de 1941-" (Ib. pág. 224).
Bajo el número 3 leemos: "Circular sobre la conversión de los ortodoxos en la que se recomienda enfáticamente al clero tomar en la Iglesia Católica sólo a las personas que lo pidan sinceramente, que estén bien instruidas al respecto y en condiciones de vivir según los principios de la moral católica -15 de mayo de 1941- "(Circolare circa la conversione degli ortodosi: vive raccomendazioni al clero perché non si ammetamo alla Chiessa cattolica se non persone sincere, bene istruite e in stato di vivere secondo principi della morale cattolica - 15 maggio 1941" ib., pág. 224-225).
Las Conversiones
13. En lo que concierne a la conversión de los ortodoxos a la Iglesia Católica, el Arzobispo dijo en su discurso ante el Tribunal: "No hablaré de esto más en detalle, pero aseguro que mi conciencia está tranquila y que la Historia un día pronunciará su juicio. Es un hecho que tuve que desplazar a curas ortodoxos en peligro de muerte, pues los serbios querían matarlos porque eran reticentes a la conversión. Es un hecho que la Iglesia durante la segunda guerra, tuvo que deslizarse hábilmente como una serpiente y que tendió la mano al pueblo serbio con la intención de ayudarlo como podía" (Benigar: A. Stepinac, pág. 12).
En cuanto a lo que el Cardenal pensaba a propósito de Jasenovac, podemos leerlo en la carta de protesta escrita a Pavelic cuando fueron fusilados en el campo algunos sacerdotes eslovenos. En la carta del 24 de febrero de 1943, escribió lo siguiente: "Es una tarea vergonzosa y un crimen que clama venganza hacia el cielo, como el campo mismo de Jasenovac es una tarea vergonzosa para el Estado Independiente de Croacia" (ib., pág. 418). En ella Stepinac exige que los asesinos sean juzgados. Recordemos aquí que el Arzobispo Stepinac recogió en la arquidiócesis de Zagreb cerca de 200 sacerdotes eslovenos, salvándolos así de la deportación.
14. Aunque hubiera existido en la dirección del campo de Jasenovac un apóstata, sería una monstruosa calumnia decir "que los sacerdotes católicos ordenaban estas carnicerías humanas". Con esta acusación se quería hacer responsable al Cardenal Stepinac de las 40.000 víctimas que se atribuyen al campo de Jasenovac. ¿Cómo podría ser responsable de esto si odiaba todo el crimen cometido por quien fuera contra el hombre y contra el pueblo? Stepinac fue verdaderamente compasivo con los sufrimientos del pueblo croata contra el cual se cometieron tantos graves crímenes. Hay cementerios en los cuales no existen lápidas, sólo hay víctimas recubiertas por silencio.
Defensor de los judíos
15. Se comprometió con toda su autoridad en acciones de defensa en favor de los judíos. Entre la documentación de la Santa Sede citada anteriormente, en la página 337, podemos leer párrafos de la carta que el Dr. Weltmann escribió el 11 de julio de 1943 al Delegado Apostólico en Estambul, Mons. Roncalli, quien sucedió a Pío XII, adoptando el nombre de Juan XXIII. El Dr. Weltmann era delegado en Estambul de una comisión de ayuda en favor de los judíos europeos. En esta carta, el Dr. Weltmann afirmaba: "Sabemos que Mons. Stepinac ha hecho todo lo posible para ayudar y facilitar por el desdichado destino de los judíos en Croacia, cuyo número, según nuestras informaciones, no supera en la actualidad la cifra de 2500 hombres, mujeres y niños. Le rogamos que quiera comunicar a Mons. Stepinac nuestro profundo agradecimiento por su conducta y su ayuda al tiempo que le pedimos que continúe desde su alta jerarquía, con su acción salvadora con nuestros desdichados hermanos, hermanas y niños..." (ib., pág. 337).
Proceso montado
16. Extenderíamos demasiado esta exposición si citáramos las declaraciones del Arzobispo, los discursos y testimonios en su favor. Esta fue la tarea de la defensa en el proceso, pero esta defensa tuvo muy poco tiempo para reunir toda la documentación y todos los testimonios que hubieran demostrado que los hechos no eran tales como los presentaba la acusación.
El proceso mismo fue acompañado de una, verdaderamente furiosa, campaña contra el Arzobispo desarrollada en la prensa pública, en la radio, en las empresas, sin que ninguna voz pudiera insuflar una palabra en su defensa. Se acusaba "en nombre del pueblo"; se juzgaba "en nombre del pueblo", pero este mismo pueblo no tenía derecho a una información completa.
Cuando el abogado Dr. Ivo Politeo reclamó la presencia de algunos testigos importantes de la defensa, entre los cuales se encontraban también algunos personajes serbios reconocidos, el Procurador respondió: "Si la Defensa pretende construirse en virtud de estos testimonios, se convertirá en una verdadera blasfemia". A lo que el abogado, valientemente, respondió: "Ud. ha dicho: 'sería una blasfemia'. Pero yo digo que sería una blasfemia interrogar sólo a los testigos de cargo. Le prevengo que la sentencia que pronunciará este Tribunal, es de única instancia, por tanto será inapelable. Además, mi pedido tiene un alcance mundial que motiva la atención del mundo entero. Por ello, pido que los testigos sean admitidos" (Benigar: A. Stepinac, pág. 590). Los testigos fueron igualmente rechazados. S. E. el Cardenal Franjo Seper dijo ayer, en su declaración a la Radio Vaticano, que él también se hallaba entre los testigos.
Declaramos nuevamente aquí: si continuamente se repite la acusación, si es que nunca se podrá publicar toda la documentación de la Defensa, si se impone a ésta un silencio total, entonces tal juicio no es digno de fe.
17. En lo que concierne a las elecciones políticas del Arzobispo Stepinac, podemos afirmar que no pertenecía a ningún partido político. Cuando se afirma que era ustacha se está incurriendo en una calumnia tan evidente que ni siquiera es necesario que la refutemos. Stepinac siempre distinguió dos nociones: el pueblo y los partidos políticos. Son dos cosas diferentes. Se opuso también a la entrada de los sacerdotes en los partidos políticos, cualesquiera que fuesen. Quería que fueran libres de todo y ante todos para cumplir su misión específica de sacerdotes. Se opuso fervientemente a la formación de cualquier partido político clerical. En la Circular Nro. 8976/45 del 17 de diciembre de 1945, escribió a los sacerdotes: "Vosotros conocéis, honorables hermanos en el sacerdocio, nuestra posición en lo que concierne a la actividad de los sacerdotes en la política. En las Circulares de los años 1935 hasta 1938, prohibí, en el mismo sentido de las claras ordenanzas del derecho canónico, a todos los sacerdotes activos que se presentaran en las elecciones, sin importar en qué lista. Mantuve esta posición en 1943 e insistí también en mis sermones y la mantengo todavía hoy, puesto que no tengo motivos para cambiar mi posición. De esta manera he querido declinar toda responsabilidad de la Iglesia en la actividad política pública de ciertos sacerdotes. Esto vale también para la actividad política de cualquier sacerdote en la actualidad. Ante cualquier actividad política, cada sacerdote carga en sí personalmente la responsabilidad".
En la misma Circular podemos leer también esto: "La Iglesia jerárquica exige poder cumplir su misión y regular sus relaciones con los poderes del Estado como libre representante del Pueblo de Dios: libre en un Estado libre".
Intervenciones en favor de los perseguidos
18. Sobre los problemas y los acontecimientos que sucedieron a la guerra, Stepinac escribió cartas dirigidas a los personajes más influyentes de la República de Croacia y de la R. F. de Yugoslavia. En ellas comentaba las proposiciones, mostraba los deplorables acontecimientos y las graves infracciones cometidas contra los Derechos del Hombre. Era profundamente sincero con cada poder y esto no es seguramente un crimen. Cuando, después de la guerra, fue públicamente atacado porque recibía a muchas personas que pedían su intervención por los prisioneros, los desaparecidos, los condenados a muerte (cuyo número no era pequeño), escribió al Presidente del gobierno de la República de Croacia: "No pude ni rechazar ni expulsar a estos hombres, como no pude durante los cuatro años precedentes rechazar a ninguno de los vuestros cuando venían a reclamar mi intervención" (Carta a Bakaric del 2 de agosto de 1945).
Cuando los representantes del Capítulo de Zagreb, junto con el Vicario General y el Obispo, Mons. Franjo Salis a la cabeza, fueron recibidos por el Mariscal Tito en Zagreb el 2 de junio de 1945, le entregaron, entre otros, estos informes del Arzobispo:
19. Habría todavía mucho para decir, pero aquí no es posible. Podríamos responder de manera detallada y documentada a cada afirmación y a cada insulto de la última acusación. Sin embargo, dejemos esto a la Historia.
Ni el Arzobispo Stepinac ni sus sucesores son un "núcleo extraño" que "conduce por cuenta de otro una lucha contra el pueblo croata". La llama de la "Iglesia de Stepinac" no es otra que la Iglesia en que todos creemos, es decir, la Iglesia una, santa, católica y apostólica; la Iglesia fiel a Jesucristo y reunida en torno a los sucesores de Pedro y de sus Obispos, la Iglesia incrustada en el ser del pueblo croata desde hace ya trece siglos cumplidos. Esta Iglesia que comparte su destino siempre con El, nunca contra El. Es la Iglesia que tiene su origen en Jesucristo, nuestro Dios y nuestro Salvador y, no por tanto, en algo importado. La mayoría del pueblo croata pertenece a esta Iglesia.
Siempre fieles a la Iglesia
20. Cada vez más a menudo algunos, fuera de la Iglesia, nos dan lecciones sobre lo que la Iglesia, según su concepción, debería ser para convertirse en "Iglesia Conciliar". Debería ser una Iglesia anárquica desde el punto de vista disciplinario, sin creencia única y sin principios morales determinados: tal Iglesia rápidamente carecería de libertad y de dignidad.
No renunciaremos a nuestra Iglesia para complacer a nadie, a nuestra Iglesia tal como ella es en su misterio y en su perfecta comunión. Se trata de la Iglesia idéntica a través de los siglos, la Iglesia que guía hoy a Juan Pablo II. En aquellos difíciles años de la post-guerra, junto a tantos Obispos, sacerdotes y fieles, a través de la prisión y las humillaciones, seis Cardenales dieron testimonio de esta Iglesia: Josip Slipyj de Lavov, Stefan Wyszynski de Varsovia, Josip Beran y Stjepan Trochta de Praga, Josef Minszenty de Esztergom, Aloysius Stepinac de Zagreb.
No nos consideramos en absoluto anticuados por respetar estos testimonios y amar esta Iglesia. No jugamos ningún juego, sino que cumplimos nuestro deber y permanecemos fieles a Dios, a la Iglesia de Dios y a nuestra conciencia.
En su Circular a los sacerdotes del 17 de diciembre de 1945, el Arzobispo Stepinac decía: "Suceda lo que suceda en el futuro, no tenemos nada que agregar a nuestra defensa. Nuestra defensa es Dios, una conciencia pura y el testimonio está junto a vosotros, venerados hermanos en el sacerdocio, es la inmensa mayoría del pueblo fiel y la delegación de la Santa Sede en Zagreb".
Así se cumplió en él, la palabra de las Santas Escrituras: "Bienaventurado aquel a quien su propia conciencia no acusa y no ha renunciado a la esperanza" (Sir., 14, 2).
21. Aquí termino. No nos hubiéramos ocupado del pasado si no nos hubieran obligado. El Cardenal Aloysius Stepinac cumplió el mandamiento de amor hacia todos los hombres, hacia su pueblo y hacia su Iglesia. Por ello, nunca y en ningún caso, deseamos esgrimir este testimonio de amor como un estandarte del odio hacia nadie. Creemos en el divino Sermón de la Montaña y proclamamos nuestra verdad: nadie puede romper nuestra comunión, nadie puede dividir la sincera cohesión de los Obispos, los sacerdotes y los fieles en la unidad de la fe y del amor. Deseamos servir honestamente al alma y a la conciencia del pueblo al cual pertenecemos por nacimiento, por conciencia y por corazón. Esto es lo que nos enseña el Evangelio.
No queremos estropear las relaciones con nadie, pero no podemos renunciar, ni a la verdad ni a nuestra dignidad humana. Rogamos por la paz entre los hombres y los pueblos de la humanidad. Que la Santa Madre de Dios, Reina de la paz, pida con nosotros ese don. Deseamos la paz, pero en la justicia, la verdad, el amor y la libertad. Amén.
Declaración de la Asamblea de la Conferencia Episcopal de Yugoslavia
Nosotros, los Obispos católicos de la Conferencia Episcopal de Yugoslavia reunidos en Zagreb desde el 28 al 30 de abril de 1981 para nuestro capítulo anual de primavera, en respuesta a las afirmaciones de ciertos representantes de las instituciones públicas y de informaciones concernientes a la actividad de la Iglesia Católica, en forma unánime declaramos:
1. En el ejercicio de nuestro ministerio episcopal, respetamos y amamos a aquellos que actúan y piensan en forma diferente a la nuestra; sin embargo la verdad y el bien común no pueden ser indiferentes. Nunca perdemos de vista que la misión propia de la Iglesia no es de naturaleza política sino de orden religioso, es decir, que consiste en hacer conocer el Reino de Dios y la salvación de las almas. Estamos unidos a los pueblos a los cuales pertenecemos y somos legales ante la autoridad legal. Sin embargo rechazamos resueltamente las acusaciones vertidas contra nosotros, según las cuales tendríamos pretensiones políticas o querríamos reivindicar privilegios en la sociedad. Pero ningún Obispo puede renunciar al derecho de cumplir en paz su misión religiosa y moral, ni renunciar al deber de manifestar un juicio moral, cuando lo requieren los derechos fundamentales de la persona humana y la salvación de las almas.
2. Lamentamos que nuestro servicio pastoral, que tiene por fundamentos las leyes de Dios, sea a veces mal interpretado. En el caso de que estas leyes fueran violadas, por la discriminación sufrida por los fieles, nuestro deber es hacerlo conocer. Debemos señalar que traicionaríamos nuestra misión episcopal si nos calláramos y no defendiéramos, por todos los medios legales, a los fieles contra el ateísmo militante que machaca continuamente nuestra sociedad.
3. La constitución y la ley garantizan las libertades religiosas: por ejemplo, la libertad de relaciones con la Santa Sede, la libertad de nombrar los Obispos y de designar en los diferentes puestos de su ministerio a los sacerdotes y colaboradores del clero, la libertad de evangelizar y de enseñar catequesis, libertad de prensa religiosa, etc.
Sin embargo en la práctica, la mayoría de estas libertades están sensiblemente restringidas: por ejemplo, los creyentes en la sociedad y en la vida pública no tienen los mismos derechos que los otros ciudadanos, los padres y sus hijos están sometidos a continuas presiones en razón de la frecuentación de la catequesis. La fe y la Iglesia están totalmente excluidas de los medios de comunicación masiva; en ciertos hospitales los derechos a los Sacramentos están limitados; en los hospicios y las prisiones el consuelo y la ayuda de los sacerdotes, a menudo, están prohibidos; durante su servicio militar los creyentes no pueden practicar sus deberes religiosos; chocamos con graves dificultades cuando queremos construir nuevas iglesias y salas de catecismo.
4. En cuanto al Cardenal Stepinac, afirmamos ser los testigos de manifestaciones y veneraciones cotidianas y espontáneas sobre su tumba en la Catedral de Zagreb. Esperamos que llegue el día en que la Iglesia, después de haber examinado imparcialmente todos los testimonios, ratificará oficialmente el culto del que es objeto la persona del Cardenal Stepinac.
5. La Iglesia Católica en Yugoslavia ejerce su ministerio de la enseñanza de Cristo, en pleno acuerdo con la Santa Sede y en la unidad y la cooperación absolutas de los Obispos y de las iglesias locales de todos nuestros pueblos.
En el espíritu del Concilio Vaticano II, nuestra Iglesia está dispuesta a colaborar con las otras Iglesias Cristianas, con las diferentes comunidades de creyentes y con todas las sociedades al servicio del hombre, si esta colaboración está fundada en la igualdad, el entendimiento y el respeto mutuo. Deseamos vivir en paz con todos nuestros conciudadanos. Consideramos que el hecho de defendernos públicamente de estas acusaciones, reveladas públicamente, es un derecho fundamental para todos los ciudadanos, y que un diálogo libre y abierto es la mejor condición de la búsqueda de soluciones a todos los problemas litigiosos.
LOS OBISPOS DE YUGOSLAVIA. Zagreb, 30 de abril de 1981".
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