Croacia: Mito y Realidad

CROACIA: MITO Y REALIDAD

C. Michael McAdams

MITO: "EL CANASTO DE OJOS HUMANOS"

Mito: El Jefe de Estado de Croacia durante la guerra, Ante Pavelic, acostumbraba tener en su oficina un canasto, ubicado junto a su escritorio, conteniendo 20 kilos de ojos humanos.

Realidad: Esta afirmación es literalmente una obra de ficción, tomada de la novela Kaputt, de Curzio Malaparte (Kurt Suckert, también conocido como Gianni Strozzi). El libro fue escrito como ficción, vendido como ficción, y se encuentra catalogado en todas las bibliotecas del mundo como perteneciente al género ficción. Citar a Kaputt como fuente para temas de la Segunda Guerra Mundial es como citar a Lo que el viento se llevó como una fuente histórica autorizada para analizar la guerra civil estadounidense de fin del siglo pasado. El hecho de que esta vieja fábula siga repitiéndose es la parte más sorprendente en segundo lugar de este mito. Lo más sorprendente es que alguien, no importando cuán ciego sea su odio hacia los croatas, pueda tomarlo como cierto. Aun así, este mito fue citado como un hecho, todavía en 1995, en publicaciones oficiales publicadas en Belgrado por el Ministerio de Información de la República de Serbia, y repetido por periodistas ingenuos de todo el mundo.

Kaputt

El mito sobrevivió recibió un nuevo impulso por parte del gobierno serbio, de periodistas y de políticos, debido a que venía entre comillas. La leyenda tenía una nota al pie, una cita y todas las apariencias de ser un hecho cierto. El autor frecuentemente era citado como "el escritor más famoso", "el periodista italiano" y hasta como "el famoso historiador italiano" Curzio Malaparte. Su famosa cita, incluida en la edición de 1946 de Kaputt, dice:

"Mientras él hablaba, yo observaba un cesto en el escritorio del Poglavnik (título de Pavelic, equivalente a jefe o autoridad con poder de mando). La tapa estaba levantada y el canasto parecía estar lleno de mejillones u ostras, como ocasionalmente se los exhibe en las vidrieras de Fortnum y de Mason en Piccadilly, en Londres.

Castertano me miró y propuso: "¨No quisiera un lindo guiso de ostras?"

"¿Son ostras de Dalmacia?", pregunté al Poglavnik.

Ante Pavelic sacó la tasa de la cesta y mostró las supuestas ostras, una masa gelatinosa, y dijo sonriendo, con esa sonrisa bien natural y cansina que tenía: "Es un regalo de mis leales ustashis, cuarenta libras de ojos humanos".

Kaputt y su autor tenían, ambos, historias fascinantes para contar. En la gacetilla de prensa original, cuando se editó el libro, Malaparte asegura que comenzó a escribirlo en Ucrania en 1941 y lo llevó de contrabando a través de Europa escondiéndolo dentro del forro de su abrigo y de las suelas de sus zapatos. Finalmente, el manuscrito fue dividido en tres partes y entregado a tres diplomáticos, para volverse a unir en 1943, en Capri, donde fue terminado. El libro cuenta los movimientos de Malaparte por Europa en 1941 y 1942, cuando él afirma que visitó cada uno de los frentes de guerra y que conocía a cada uno de los jefes de Estado, por lo general tuteándolos. Malaparte, aparentemente, hablaba muchos idiomas y conoció los encantos de las hermosas princesas europeas. De acuerdo a su propio prefacio a Kaputt, su amistad personal con Mussolini, Hitler y otros no lo salvó de ser arrojado a prisión en julio de 1943 por anti-alemán. Milagrosamente, pronto fue liberado y estuvo trabajando para los aliados en septiembre de ese año. Fue mientras trabajaba como propagandista para los aliados que Malaparte completó Kaputt, que describió como un libro "horriblemente divertido y horrendo".

Las críticas están de acuerdo. Los dos libros más importantes de Malaparte, Kaputt y Skin, fueron llamados "la náusea de mayor venta" por la revista Time. Sus escritos contenían páginas de sórdidas historias acerca del maligno mundo de la Europa fascista. El caso del canasto de ojos humanos citado por Malaparte debe ser tomado en contexto, como señaló la revista Time en 1952: "El muestra a madres que venden a sus hijos para la prostitución; pero entonces, deduce Malaparte, también hay hijos que venderían a sus madres. Habla además en parte de un capítulo sobre una calle poblada de mujeres enanas de cuerpos retorcidos, que ganan su alimento, lo afirma con júbilo, dando satisfacción a la lujuria antinatural de los oficiales estadounidenses. Otro capítulo habla de una visita a un negocio que vende pelucas púbicas rubias. A los soldados norteamericanos, explica Malaparte, les gustan las rubias". Estos temas ofensivos sólo rozan la superficie de los escritos enfermizos de Malaparte. En otros pasajes escritos por este autor se sostiene que los aliados ganaron la guerra gracias a la estrategia de un "maquis homosexual" y a banderas hechas de piel humana, así como la historia de un general aliado que en una cena sirvió a sus invitados un niño hervido.

CONTINUA| INDICE| HOME

 

Edición electrónica de Studia Croatica, 1998