Causas de la inmigración económica

 

 

 

Nema kruha, bez motike

(No hay pan sin la azada).

Proverbio croata

 

 

 

 

 

            Dentro de las corrientes emigratorias, a quienes emigraron de Croacia antes de la Segunda Guerra se los denomina como “viejos inmigrantes”, (en croata “starosjedioci”) y a la inmigración en sí, como “económica”.

            Las razones de la expresión “inmigración económica” hay que buscarlas en la motivación que tenían los croatas para partir en busca de nuevos horizontes. En este punto podemos citar a Većeslav Holjevac[1], uno de los intelectuales más destacados en el tema de la inmigración croata por el mundo. Según sus estudios, que luego iremos desglosando, desde 1923 hasta 1933 emigraron poco más de ciento cincuenta mil personas a los países de ultramar. En una tabla estadística de su trabajo, Holjevac manifiesta que el 97 % de estos croatas dijo que sus razones para emigrar eran netamente económicas[2].

            Las causas económicas para partir son solo una de las características de esta emigración, con el avance del capítulo iremos observando otras. En lo referido a lo temporal, aunque ha habido casos de emigrados desde fines del siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial, éstos no fueron estudiados como una inmigración en conjunto, sobre todo en la Argentina, y además su rastro es muy difuso y poco representativo en la ciudad de Córdoba. Ellos eran por lo general aventureros y hombres solos, por lo tanto , me centraré en la década del ’20 y principios del ’30 y me estaré refiriendo a hombres y mujeres croatas que emigraron a la Argentina en general y a Córdoba en particular, por motivos de índole económicos.

            Los acontecimientos históricos que habíamos visto en el capítulo “Historia de la Nación Croata”, crearon las condiciones sociales y económicas que dieron pie a que Croacia se convirtiera en una sociedad expulsora.

Cuando hablamos de la sociedad croata de principios del siglo XX, tenemos que pensar en su gran mayoría en campesinos que labraban pequeñas parcelas de tierra. Si bien la región del nordeste, Eslavonia, que limita con Hungría, posee suelos ricos, la costa dálmata es una tierra dura, pedregosa, lo que multiplica el esfuerzo por trabajarla, para solo lograr magros resultados. En definitiva, el pueblo era un pueblo rural y en general por cada familia se trabajaban unas cuatro hectáreas.

Al ser un país netamente rural, pero a la vez con escasas tierras cultivables, sufría con el crecimiento de la población a la vez que disminuía la mortalidad. Las familias campesinas eran muy numerosas y a medida que las muertes infantiles por enfermedades disminuían, las tierras a trabajar y a repartir eran cada vez más pequeñas e insuficientes.

Era muy común que de una familia campesina numerosa, el mayor de los hijos se quedara con una gran cantidad de los bienes materiales, lo que le permitía subsistir mejor que el resto de los hermanos. Por su parte, las hermanas mujeres se casaban y se iban a vivir con sus maridos o, a lo sumo, una se quedaba a cuidar a los padres. El resto de los hermanos varones o vivía con lo poco que le quedaba de herencia, o partía tanto a los seminarios y conventos como a los cuarteles militares para poder comer mientras recibían una educación o uno de ellos, generalmente alguno de los menores, emigraba.

En las ciudades los salarios eran relativamente bajos, y eran frecuentes los períodos de desempleo. Hay quienes afirman que el desarrollo industrial y comercial no fue bastante rápido para absorber el incremento de la mano de obra disponible producido por el excedente de los nacimientos sobre las defunciones y la migración desde zonas rurales[3].

 Para los primeros años de 1900, se calcula que el 80 % de los croatas eran campesinos y que el 60 % de la población era analfabeta, había pocas escuelas y los campesinos sacaban a sus hijos de las mismas para enviarlos al campo.

Antes de la Primera Guerra Mundial, ya la situación económica era mala. La entrada del trigo barato de América, (incluso de Argentina) provocó en todo el imperio astro-húngaro el aumento de las tarifas aduaneras para los cereales importados, lo cual beneficiaba principalmente a los grandes terratenientes y a los campesinos más ricos, mientras que los campesinos pobres, que constituían la mayor parte de la población rural, apenas podían mantener sus cosechas. Un quintal de trigo de América costaba 18 coronas (4,50 dólares) y en el imperio 24 ( 6 dólares).

De esta manera, sobre todo los campesinos, comenzaron a tomar impulso para emigrar a países de ultramar. Pero semejante viaje podía ser emprendido sólo por los campesinos que tenían dinero suficiente para un viaje trasatlántico. Muchos más se habrían ido si hubieran tenido el dinero para hacerlo, ya que el viaje costaba cerca de 400 coronas (100 dólares), lo que era una gran suma en aquellos tiempos. El sueldo de un jornalero en los primeros años del siglo era de 2 coronas y 30 hellers (56 centavos de dólar) por día. Haciendo una cuenta rápida, podemos calcular que un obrero debía trabajar por lo menos seis meses (contando con su sueldo íntegro) para juntar el dinero necesario para el viaje, sin tener en cuenta los gastos en comida que eran unas 7 coronas por mes y el alquiler de una habitación en Zagreb otras 20 mensuales[4]. Además, haciendo una la relación con el trigo, nos dará por resultado de que el viaje tenía un precio aproximado a 1600 kilos de trigo producido en el imperio.

Según datos oficiales, de 1918 a 1938, de la costa dálmata y de regiones cercanas a la capital Zagreb (Hrvatsko Primorje) emigraron 75.000 habitantes, de los cuales dos terceras partes partieron a países de ultramar y el resto a otros países de Europa. Para los dálmatas era común emigrar por las características de la tierra ya mencionadas y por la proximidad del mar y el contacto con barcos que surcaban el mundo llevando y trayendo noticias de lugares en los cuales se podía vivir mejor.

Otra región de la cual partieron mucho emigrantes fue Istria. En el período de entreguerra, Istria fue anexada a Italia por el tratado de Rapallo en 1920. Esto generó que las nuevas autoridades implementaran desnacionalizar e italianizar a la población croata y a una pequeña zona de Eslovenia. Allí se aplicaron leyes y decretos que intentaban borrar las señales de su nacionalidad . Se italianizaron apellidos y nombres y se impuso la toponimia italiana. Al poco tiempo Italia agravó la situación porque adquirió las odiosas características del fascismo.

Los italianos no dudaron en presionar a los croatas y eslovenos para que emigraran y así sus lugares eran ocupados por su gente. Italia consideraba a la emigración como el medio más concreto y eficaz para la italianización. Una tras otra las medidas político-económicas de Italia, tornaron la situación de los campesinos istrianos insostenible. Ya sea por los medios legales o por la fuerza, se veían forzados a emigrar.

Los italianos estaban satisfechos con estos acontecimientos. En 1928 el prefecto de la ciudad de Pula comunica al ministro del Interior italiano que los croatas están emigrando en un considerable número hacia la Argentina[5].

Muchas aldeas eran semiprimitivas en cuanto concierne a su aspecto y elementos. Estas aldeas antes de la Primera Guerra estaban conformadas por un conjunto de cinco a cincuenta casas, generalmente edificadas sobre piso de piedra o directamente sobre la tierra. Las habitaciones eran siempre pocas para las populosas familias. En aquellos años era común que una mujer pariera entre cinco y diez hijos de los cuales sobrevivía a la infancia el 50% o, tal vez, menos. Los padres dormían en una habitación y todos los hijos en otra. Además, la casa se completaba con un pequeño establo para los animales y también era común un pequeño cobertizo para tejer a mano.

Para poder subsistir, al trabajo del padre en el campo y de la madre en la casa, se le sumaban todos los hijos mayores de siete años que ayudaban a cuidar los animales, llevarlos a pastorear, a sembrar, cosechar, acarrear agua a la casa, dar vueltas a la pesada muela para hacer harina y en otros quehaceres domésticos.

 Estas aldeas se hallaban diseminadas por todo el país y eran rentables según las zonas de mayor o menor fertilidad. Pero, en definitiva, eran pocas las familias que poseían las suficientes parcelas para poder vivir solo de la producción y si a esto se le suma una gran cantidad de hermanos para repartirla, se entiende por qué era común que al llegar cada otoño, la mayor parte de los varones de cada familia partía en busca de dinero a Hungría, Austria, Alemania, y otros lugares de Europa.

Una característica social muy importante en muchos pueblos eslavos y principalmente en el croata era la conformación comunitaria llamada “zadruga” (familias colectivas) regidas por los principios de la democracia económica y política.. Estas incluían a varias familias emparentadas por parte de los varones, aunque generalmente prevalecían más los vínculos territoriales que los consanguíneos, por lo tanto, era normal que hubiera familias que formaban parte de la comunidad y no estaban necesariamente emparentadas. Tampoco la unidad era gobernada por el padre o el más anciano, sino que era elegido un encargado que se denominaba “Starjesina” (jefe del clan). Su poder le era delegado por la asamblea de todos los miembros activos, hombres y mujeres, quienes podían revocarlo en cualquier momento.

En estas comunidades patriarcales la tierra era cultivada en común, y tanto el campo, el agua, los molinos, los bosques, las casas, los establos e implementos agrícolas eran de propiedad colectiva y se explotaban para el consumo casero y no para el mercado o comercio.

El centro de la zadruga es la casa donde vive el starješina con su esposa e hijos solteros. Los hijos casados viven en dormitorios separados congregados alrededor de la casa principal. El prestigio y poder de una zadruga se relacionaba con el número de sus miembros y, por lo tanto, se favorecía el matrimonio con mujeres de otra familia. En caso de que enviudaran era frecuente que un pariente del difunto la desposara para impedir que saliera de la zadruga. Era un arte típico la confección y bordado de su ajuar, por parte de la novia, y mientras más variado fuera, la joven era más codiciada. El ajuar se guardaba en baúles especiales que se colocaban a los pies de la cama. Cuando un miembro de la zadruga se casaba, se le construía una pequeña habitación particular agregada a la casa grande, de modo que toda la zadruga parecía un colmenar.

Además de la igualdad económica y social, la comunidad, por su extensión (como promedio de veinte a cuarenta miembros o más) estaba en condiciones de brindar entretenimiento, juego y contención emocional a todos sus integrantes. Mientras que todas las familias comían juntamente en la casa del starjesina, cada una disponía de vivienda separada en la que sus miembros dormían, descansaban, se entretenían, ellos y sus amistades, toda vez que buscaban aislamiento. De modo que, además de la seguridad económica y la igualdad social, este sistema de organización proporcionaba también independencia personal y dignidad humana, desalentaba a quienes ansiaban el poder, reducía al mínimo los conflictos, promovía cualidades de adaptación y compromiso, como asimismo la ayuda mutua.

Para tener una idea final de la vida de los campesinos, trascribiré la siguiente escena: “ La comida era cocinada, habitualmente, por la mujer de más edad de la casa, sobre un fuego abierto encendido encima del piso de tierra de la cocina; luego, era servida en la pieza grande en un gran cuenco de arcilla colocado en el centro de una larga mesa, en torno de la cual se sentaban todos los miembros de la familia, armados de cucharas de madera. En una de las casas más grandes de la aldea las mujeres hilaban mientras los hombres más viejos contaban leyendas, cuentos, narraciones, adivinanzas y se cantaban canciones populares. La importancia del trabajo textil se destaca en toda Croacia. La mayor parte de la ropa era tejida en la casa, con lana, lino y cáñamo doméstico y cosida en la casa. Había pocas lámparas a petróleo; de noche, se encendían en el interior de la casa leños a guisa de linternas” [6].

 

Toda esta condición social y económica, con el fin de la Primera Guerra se agrava. A la frágil situación antes de la guerra se le suma la inestabilidad provocada por la misma. De esta sociedad rural que no los podía contener más, es de donde surgieron los emigrantes croatas económicos. Cómo vimos desde lo histórico, un megaevento como la Primera Guerra Mundial desencadenó una serie de variables económicas que afectó la sociedad croata, que con una mayoría de población campesina o empleada en pequeños oficios no podía competir con los cientos de miles de toneladas de alimentos que provenían principalmente de América, como tampoco con los países que poseían una industrialización de gran escala, que sólo en alguna de las grandes ciudades tenía un importante desarrollo.

Ya en los años ’20 y como consecuencia de la guerra, se redujo el potencial agrícola e industrial tanto en Europa como en Croacia. Las corrientes económicas se dirigen hacia EE.UU. por lo que Europa deja de ser el banco acreedor del mundo que pasa a manos de los EE.UU. Siguiendo con las cuestiones económicas por los gastos de guerra se crea, además, una grave situación financiera que tiene consecuencias catastróficas para las monedas europeas: se contraen deudas considerables y como la deuda pública no basta para equilibrar el déficit, los gobiernos aumentan el volumen de billetes en circulación, mientras el stock de oro disminuye, escapando a países neutrales y a los EE.UU.[7].

Del mismo modo, en lo económico financiero, la unión con Serbia le produjo a Croacia serios trastornos. Por ejemplo hasta 1918, la moneda croata era la “corona”austriaca y en Serbia se denominaba “dinar”. Estas dos monedas tenían el mismo valor y poder adquisitivo, pero al momento de la unión el gobierno serbio mantuvo solo el dinar y le restó a la corona un 20 % de su valor, y luego la devaluó hasta el punto de cambiar cuatro coronas por un dinar serbio.

Entre 1921 y 1925 el gobierno de Belgrado recibió de la masa de la liquidación del Banco Nacional Austro-Húngaro a título de tierras croatas y eslovenas el importe de 34.400.000 coronas de oro y 400 millones de divisas extranjeras, y entre 1921 y 1931 Alemania pagó más de 600 millones de marcos oro por los daños ocasionados por la guerra. Pero la mayoría de este dinero fue a parar a las arcas de Belgrado[8].

Pero no solo eran las cuestiones económicas las que impulsaba a los croatas a subirse a un barco hacia tierras americanas, australianas o, incluso, africanas. También había motivos los cuales eran compartidos con todos los europeos que habían vivido la guerra y sus consecuencias.

Nuevamente citaré a los intelectuales argentinos del “Museo Social Argentino”[9], quienes desde América avizoraban y acertaban cuando se les preguntó: ¿Qué factores, a su juicio, pueden favorecer la emigración de los países actualmente en guerra?[10], lo que desde el punto de vista de los inmigrantes croatas, (a quien los intelectuales encuadrarían entre los austriacos, húngaros y en algunos casos también como italianos, como en el caso de los istrianos) sería: ¿Por cuáles motivos emigrarían al nuevo mundo?

En un primer momento las causas económicas y la tragedia de la guerra saltan a la vista.

“La situación desgraciada en que se encuentra Europa, la carestía de la vida, los grandes gravámenes que pesarán sobre sus capitales y el peligro de futuras guerras de liquidación de la presente, alejarán a las familias que tienen elementos jóvenes hacia los países de inmigración, para salvar sus vidas e intereses de nuevas catástrofes”.

Estanislao S. Zevallos

Agosto 17 de 1918.

 

            Otro factor económico que le podemos sumar a Croacia, es que pese a la pérdida de vidas humanas no resultó dañada en gran medida en lo que a su infraestructura edilicia se refiere, lo que si bien a primera vista puede resultar positivo, la no ocupación de mano de obra en la reconstrucción también suponía una fuente de trabajo menos.

 

“La emigración alemana, austriaca e italiana se promete por millares. Estas nacionalidades dentro de su territorio no han experimentado las devastaciones de Francia y Bélgica, es decir que no requieren la reconstrucción intensa apremiante en estos últimos países. Por el contrario, la desmovilización militar es el problema de paro forzoso, el camino hacia la vagancia y el delito”.

Dr. Enrique Ruiz Guiñazú.

Mayo de 1919

           

 

“En los países vencidos, como Alemania, Austria y Hungría, las influencias morales de la derrota, unidas a las restricciones de carácter comercial e industrial, que han de emerger del tratado de paz impuesto por los vencedores, se unirán a las razones económicas de carácter continental que encareciendo la vida en forma superlativa en todos los países de Europa, constituirán causa de emigración”.

Tomás Amadeo

Junio 10 de 1918

 

            Por su parte Andrés Máspero Castro realiza un amplio análisis de los factores que favorecerán la emigración hacia la Argentina y que seguramente motivaron a los croatas.

Factores Económicos: ciertas regiones de las naciones en guerra, necesitaron de mucha labor humana para devolverles su antigua fertilidad y para reedificar lo destruido. Esas tierras han sido sembradas de metales hasta una profundidad que no será tarea fácil extraerlos. Los que habitaban esas regiones, se encontraran en medio de tierras estériles, donde la labor forzada que ellas reclamarían, no les compensarían económicamente. Además, les sería muy duro reedificar sus casas, instalar sus comercios o pequeñas industrias, comenzar de nuevo, en una palabra, su obra laboriosa. La solución de esta situación la encontrarán emigrando”.

 

Factores financieros: las enormes deudas públicas de los países en guerra, les obligarán a establecer, o una serie de impuestos exorbitantes sobre toda materia imponible, o el impuesto único sobre la tierra. Los hombres agobiados por los impuestos, se acordarán que existen países que no se comprometieron tanto con las deudas, porque disfrutaron de la paz y no pensarán más: se dirigirán hacia ellos”.

 

Factores sociales: es indudable que la Europa, y en especial los países en guerra, experimentarán una vez terminada ésta, cambios y trasformaciones en sus organizaciones sociales que seguramente afectaran por un tiempo su tranquilidad. La presente guerra ha servido, entre otras cosas, para poner en duda todo aquello a que más fe le prestábamos. La renovación de todos los valores sociales, se está operando ya, pero será mayor aún, una vez que se tiren las armas.

La guerra presente, tan sangrienta y dolorosa, no terminará por desgracia con la paz; ella seguirá en forma de sacudidas internas en cada país, los que comenzarán su obra de reorganización social, tal cual como si el mundo empezara a vivir. Todo esto producirá desórdenes, traerá la intranquilidad y dudas sobre el porvenir a los espíritus deseosos de trabajar, y una buena parte de ellos no trepidará en emigrar “

 

Factores morales: todos aquellos que hayan visto caer a sus hijos, hermanos y padres; todos aquellos que lleven despedazado el corazón ante la deshonra de sus hermanas, madres y novias; y todo aquellos otros que constaten la ruina de sus bienes materiales no han de esperar ni de las pensiones, ni de las subvenciones, ni de las indemnizaciones de sus Estados, que llegarán tardísimo, sino que han de buscar como único remedio salvador de sus desgracias, la inmigración.

Valores morales muertos para sus patrias, escaparán de ellas para reconstruir en tierras lejanas, un hogar libre de los prejuicios y maldiciones sociales. Flores marchitas, espíritus aniquilados, cerebros anémicos formarán caravanas humanas que se dirigirán hacia otras tierras, buscando ese aire purificado que vigorice sus espíritus, robustezca sus cerebros, dé nuevo empuje al músculo de sus brazos, y reabra los pétalos de esas flores azotadas por el huracán guerrero, que nada olvida ni nada respeta. Y sobre todos estos factores particulares, habrá otros dos de carácter general, que influirán considerablemente para que se acreciente la emigración; ellos son: 1º el temor a nuevas guerras; y 2º el porvenir de los países sudamericanos.

Nuestro país atraerá una enorme inmigración alemana y austro húngara por dos razones. 1º por haber permanecido neutral, ellos la preferirán a cualquier otro país; y 2º por el gran número de connacionales suyos ya existentes en el país”

Andrés Máspero Castro.

Septiembre 5 de 1918

 

            Señalan también que lo político aunque en menor medida esta inmerso entre las causas de la inmigración. Ellos se circunscribían sólo a las grandes potencias, pero si tenemos en cuenta los acontecimientos históricos que se sucedieron al fin de la guerra, no es difícil reemplazar los términos “Triunfadores de la Guerra” por “Serbia” y a los “Perdedores de la Guerra “ por “Croacia”.

 “No tengo ninguna fe en la eficacia pacificadora de la Liga de las Naciones tal como se está tratando de constituir. La Liga no será la Liga de las Naciones, sino la Liga de los Vencedores”.

 “Se tratará de castigar a los culpables. Y sería de toda justicia. Pero cuando la sensatez se sobreponga a la pasión y al rencor, los pueblos se han de preguntar si pueden ser jueces unos de los otros aquellos que recíprocamente se han combatido con toda clase de armas, que se han lanzado al rostro las mayores injurias, que recíprocamente se han acusado de las mayores atrocidades. Ya el caso, en un supremo despertar de la conciencia se pregunten unos a otros si no son reos de las mismas culpas ante la historia y si pueden ser jueces siendo partes.

Si no hay jueces imparciales para el pleito europeo habrá, sumisión pero también habrá mil odios nuevos, con apetitos y furores de los vencedores, la rabia de los vencidos y la conspiración de nuevas revanchas.

Europa no tendrá tranquilidad y el fantasma de nuevas guerras será permanente y activísimo agente de emigración”.

Emilio Frers

Marzo, 31 de 1919

 

Para finalizar, veamos también ciertos componentes de esta inmigración y sus características principales.

Como ya mencioné, Većeslav Holjevac había contabilizado poco más de ciento cincuenta mil que habían partido de Croacia hacia destinos de ultramar en el período 1923 – 1933.

Holjevac describe que es dificultoso tener una clara noción de las cantidades de inmigrantes, por la inexistencia de su nombre nacional en los registros. Hasta el año 1923 en los pasaportes se especificaba si era croata, serbio o esloveno. Desde 1924 en todos los pasaportes la nacionalidad figuraba como “yugoslava”. Por entonces el Estado se denominaba “Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos” hasta la proclamación de la dictadura del rey Alejandro en 1928[11], que le cambió el nombre por el de “Reino de Yugoslavia”. Esto dificultó el poder saber a ciencia cierta la cantidad de croatas emigrados.

Otro hecho que atenta contra la estadística son las diferencias del número de emigrados registrado en las compañías navieras internacionales (Cunard Line, United American Line, etc,) que eran mayores a los oficiales porque muchos inmigrantes no se registraban en los órganos estatales[12].

Cuando los analizamos desde el punto de vista del sexo de los inmigrantes, predomina un 60 % masculino, luego un 23 % femenino y finalmente un 17% de niños[13]. Una característica típica del emigrante económico. El hombre busca nuevos horizontes y no tiene mayores ataduras a la hora de decidir su futuro. Emigraba esperando reunir el dinero suficiente para pedir por su familia, como también eran jóvenes solteros que no tenían problema del tipo familiar y que podían hacer frente a las duras adversidades que les planteaba el desarraigo. Por esto vemos que había casi tres hombres por cada mujer que emigraba. Estas mujeres llegaron ya casadas o para encontrarse con sus novios que les habían prometido el reencuentro. No debemos olvidar que en una sociedad machista como la de principios del siglo XX, ninguna mujer se embarcaría sola a la aventura de emigrar como tampoco dejaría su hogar paterno si no era de la mano de su marido.

Por su parte los niños son el reflejo de que muchos emigraron con una idea de establecerse definitivamente en la nueva tierra, lo que los alemanes llaman la “kinderland” (la patria de los hijos).

Cuando miramos a los inmigrantes según su trabajo u oficio, vemos que más de la mitad son campesinos (57%) lo que se condice con los porcentajes totales de la población croata, porque a estos hay que sumarles un 14 % de obreros no calificados lo que daría poco más del 70 %. El resto se compone de un 9 % de trabajadores calificados, que serían los pocos obreros industriales de la época. Un 4% que se lo menciona como “trabajador libre” y el resto son niños[14].

Entre los que huían de la pobreza había campesinos minifundistas y campesinos sin tierras (proletariado agrario y obreros sin propiedades). Cuando estos inmigrantes de los años ’20, emigraban por motivos que podemos resumir como “la lucha por la vida”, lo hacían también con la esperanza de que los parientes en el extranjero, que habían emigrado hacía unos años, les facilitaran el pasaje y la inserción laboral en la nueva tierra[15].

Un dato que hay que tomar con pinzas es el de la formación escolar. Según Holjevac solo el 1% de los inmigrantes era analfabeto, más un 10 % de los niños y gente que “no sabe/ no contesta” que se podría clasificar también como analfabetos. De esta manera se desprende que el 89% sabía leer y escribir, aunque no podemos decir que al nivel que hoy en día suponemos debe tener una persona instruida. El “saber leer y escribir” se limitaba a lo poco aprendido en los dos o tres años de escolaridad que sus padres les habían dejado tener, en un aula con otros cincuenta alumnos o más de distintas edades y niveles. Ningún campesino podía lograr una elevada educación por la carestía económica que se atravesaba, lo que obligaba a los niños a tener que ayudar a sus padres en las tareas del campo, abandonando la escuela. También no hay que olvidar que en aquella época, la capacidad intelectual de las mujeres era poco estimulada. Con todo esto quiero decir que si Holjevac hubiera agregado un ítem más a nombre de los “semianalfabetos”, seguramente este tendría un porcentaje más elevado.

Cuando los croatas tuvieron que emigrar a los países de ultramar, siempre tomando el período 1923-1933, eligieron como principal destino a América. En primer lugar el país que venía recibiendo inmigrantes masivamente desde 1880: los EE.UU. con un 27, 64 % de toda la inmigración. En segundo lugar, muy cerca el país que más los atrajo fue la Argentina (26,26%) que contuvo más croatas que el resto de Sudamérica (21,66%). También Brasil, Uruguay, Chile y Perú fueron otros destinos importantes.

Le siguieron Canadá con un importante 19,20% y un pequeño 4,35% para Australia y Nueva Zelanda que luego se convertirían en un importantísimo polo de atracción [16].

En definitiva, este 26,66% de croatas en la Argentina representan a 39.900 personas. Esta inmigración tuvo sus picos en los años ‘27,’28 y ’29 con un promedio de 7000 croatas por año. Claro que no todos se quedaron y fue notable cuando el crack del ’29 hizo su efecto. La caída de la inmigración fue espectacular y los retornados aumentaron notablemente. En este período retornaron poco más de 10.300, lo que nos lleva a evaluar que de cada cuatro personas que llegaban uno se volvía y que la inmigración croata en Argentina, en este período, resultó con un saldo positivo de casi 30.000 croatas[17].

Esta inmigración pobló la pampa bonaerense, llegó masivamente al sur de Santa Fe, trabajó en los algodonales del Chaco, se internó en la agreste Patagonia, festejó la vendimia en Cuyo, trazó caminos en Salta y se instaló en todos los grandes centros urbanos del país. Trabajó en los frigoríficos, y en todas las grandes industrias nacionales, edificó con sus ásperas manos, casas, edificios y monumentos, en los cuales quedó grabado, mediante el arte de trabajar la piedra que identificó a los croatas, como el mudo testimonio de hombres y mujeres que llegaron a nuestro país bajo la promesa de ser personas de buena voluntad que deseaban poblar el suelo argentino como así lo hicieron.

 

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Historia de la inmigración croata en Córdoba

Cristian Sprljan, Córdoba, febrero de 2002 - csprljan@yahoo.com

 



[1] Većeslav Holjevac (1917-1970). Es una figura muy respetada y aceptada por todos los croatas. Miembro del Partido Comunista se destacó en la lucha partisana en Croacia Occidental. Después de la Segunda Guerra Mundial fue Jefe del “Comando Militar de Istria” y luego Ministro de los “Territorios Liberados”. Se lo recuerda como un excelente intendente de Zagreb. Fue destituido de ese cargo por haber inspirado y firmado la “Declaración sobre el idioma literario croata” durante la “Primavera Croata”.

[2] “Hrvati izvan domovine”. Većeslav Holjevac. Matica Hrvatska. Zagreb. 1967.

[3]Publicación de las Naciones Unidas: “Factores determinantes y consecuencias de las tendencias demográficas; Estudio de la población” .Nueva York, 1953. (Extraído de “Inmigración en la Argentina”.José Panettieri. Ediciones Macchi. Buenos Aires.1970).

[4] “Tito habla”. Vladimir Dedijer. Belgrado. 1952.

[5] “Hrvati izvan domovine”. Većeslav Holjevac. Matica Hrvatska. Zagreb. 1967.

[6] “Crisol de razas. Historia de los hombres de muchas tierras que hicieron la grandeza de Estados Unidos”. Louis Adamic. Editorial Claridad.1942.

[7] “Croacia y su destino”. Edición especial de la revista “Studia Croatica”. Patrocinada por el Instituto Croata Latinoamericano de Cultura. Buenos Aires. 1977.

[8] “Croacia y su destino”. Edición especial de la revista “Studia Croatica”. Patrocinada por el Instituto Croata Latinoamericano de Cultura. Buenos Aires. 1977.

[9] Ver Capítulo “Argentina país de inmigrantes”.

[10] Boletín Mensual del Museo Social Argentino. Enero Junio de 1919.Buenos Aires.

[11] Ver capítulo “Causas de la emigración política”.

[12] “Hrvati izvan domovine”. Većeslav Holjevac. Matica Hrvatska. Zagreb. 1967.

 

[13] Ver Tabla 1.

[14] Ver Tabla 2.

[15] “Hrvati izvan domovine”. Većeslav Holjevac. Matica Hrvatska. Zagreb. 1967.

 

[16] Ver Tabla 3.

[17] Ver Tabla 4.