La cuestión bosnia

 

 

 

“Brat hrvat je mio, koje vjere bio”.

Yo acepto como hermano querido a todo croata, sea cual sea su fe religiosa

Dr. Ante Starčević

 

 

 

 

Bosnia. Pocas palabras se han leído y escuchado tanto en la prensa mundial durante la década de los ‘90 como ésta. Incluso creo que ha llegado a convertirse en un sinónimo de la expresión “guerra sin cuartel” como lo fue en los ‘70 la palabra “Vietnam”. Del año 1991 a 1995 no hubo un día en el cual no se leyera, escuchara o viera una noticia referida al conflicto bélico. Entonces a la palabra “Bosnia” se le agregaba “Sarajevo”, “obús”, “limpieza étnica”, “bosnios musulmanes”, “bosnios croatas”, “Serbio bosnios”, “Izetbegović”, “Karadžić”, “Mladić”, etc...

            Con toda esta información con la que nos “bombardeaban” los medios de comunicación, nos era más difícil aún entender este laberinto. Porque en la Bosnia de fin de siglo, se encontraban más mixturados que nunca los croatas y los serbios; los católicos, los musulmanes y los ortodoxos.

            Previo al desmembramiento de Yugoslavia, para los croatas en el exilio, Croacia era una Nación que contaba, entre otras, con dos provincias: Bosnia y Herzegovina. Es decir, Bosnia y Herzegovina formaban parte de la Nación Croata.

            Quien recurra a un mapa de la región podrá comprobar que la actual República de Croacia es lo más parecido a una “herradura” o una “medialuna” y que en su interior se encuentra la actual República de Bosnia y Herzegovina, lo que lleva a pensar que Bosnia se encuentra en el centro de Croacia y que alguna vez perteneció a ella. Como sé que esta explicación es poco científica, me referiré a la “Cuestión Bosnia” desde un punto de vista histórico apoyándome en diversos autores, pero con el fin de que quede en claro que yo tomaré para mi análisis a una sola Nación Croata y a los inmigrantes que reconociéndose como croatas, de cualquier religión, y habiendo nacido en Bosnia o Herzegovina, serán tomados simplemente como habitantes de una región o provincia, como también lo son los dálmatas o los istrianos.

Como he mencionado, si la actual Croacia es una “medialuna”, la figura de Bosnia se la podría comparar con una gran “punta de fecha”, que quiere avanzar hacia occidente. Y en gran medida fue así, porque de no mediar los mares de sangre derramados por los croatas en pro de la cristiandad, el Imperio Otomano hubiera avanzado y tomado grandes ciudades como Roma o Viena.

Pero para poder ubicarnos geográficamente podemos decir que Bosnia y Herzegovina comprenden una prolongación de los Alpes, limitando al Norte con las llanuras de la región croata de Panonia, al Sur con la costa dálmata, al Oeste se destacan los montes Velebit y al este, separándola de Serbia, el río Drina.

Más allá de lo geográfico, Bosnia tiene un componente político que no puedo obviar. La división política de Bosnia data del año 335 d.C. en el que Constantino el Grande, emperador de Roma, dividió el Estado romano tomando el curso del Drina y siguiendo esta línea. Teodosio el Grande, en 395, trazó la división definitiva del Imperio Romano de Occidente y el Imperio Romano de Oriente[1]. Estos emperadores entendieron que era el río Drina el que separa geopolíticamente a Occidente de los Balcanes.

            Fue tan acertada esta decisión que durante doce siglos, esta frontera natural rigió la administración de los distintos gobiernos que controlaron la región. Desde el Imperio Romano al Imperio Otomano.    

Bosnia desde su aparición en la historia ha sido parte integrante de Croacia. Su estructura social, su idioma, su arquitectura y su urbanismo, su organización político-administrativa y jurídica son idénticas al resto de las tierras croatas, esencialmente occidentales, con ciertas particularidades locales.

El nombre de Bosnia aparece por primera vez en la historia en el más antiguo documento jurídico croata, Methodos, del año 753, que quedó parcialmente conservado en el escrito "Reino de los croatas" del siglo XI, y en la "Crónica del Archipreste de Dioclea" del siglo XII. Estos dos últimos documentos históricos, igualmente como el emperador de Bizancio, Constantino Porfirogéneto, hacen varias veces referencia a Bosnia, mencionándola como unidad político-administrativa del Estado croata, con el título Banovina o "Bosnensem ducatum”[2].

Bosnia y Herzegovina fueron ocupadas por las tribus croatas que desde el siglo VII habían llegado a las tierras Ilirias. El bautismo de los croatas en lo que es hoy Bosnia y Herzegovina se inició, pues, en 640 y terminó a fines del siglo IX. Salvo Posavina, otras regiones de Bosnia y Herzegovina recibieron la fe cristiana ya durante los primeros cien años posteriores a su arribo al Sur, entre 640 y 753[3].

Como en toda Croacia la fe católica vino de la mano del arzobispo Juan, quien con otros obispos dálmatas (de cultura latina) y su clero, trabajaron con celo y devoción en la conversión de todos los croatas. El éxito de ese esfuerzo era grande, sobre todo en el territorio de la primera tribu croata, que comprendía las regiones de la actual Bosnia suroccidental: Duvno, Hlivno, Glamoč y el curso superior de los ríos Vrbaš, Sana y Una. También Zahumlje, que cubría la mayor parte de la Herzegovina de hoy, muy pronto recibió la fe católica.

Pero fue en este siglo cuando desde el otro lado del Mediterráneo, se comenzaba a gestar una fe religiosa que se enfrentaría a la cristiana y que tuvo a mal traer a Europa por siglos. Esta fe era el Islam.

El sultán turco Mohamed II, en su primera campaña militar contra Bosnia, en la primavera de 1463, ocupó todo el reino de Bosnia hasta el río Sana. A fines de ese año, el rey húngaro-croata Matías Corvino, apoyado por los croatas lugareños, liberó las partes occidentales y desplazó la frontera turca a las montañas Vlašić y Vranica. A partir de 1463 y durante trescientos años, la frontera del imperio turco oscilará entre Vlašić, Velebit y Una, pero correrá permanentemente por el centro de las provincias croatas y dividirá a Croacia en dos bandos hostiles. En esta frontera letal, en el corazón de Croacia, se enfrentarán las fuerzas del mundo islámico oriental y del Occidente católico. Los protagonistas principales de esta lucha sin cuartel serán los hijos de Croacia: de un lado, los croatas católicos de los restos de la Croacia libre; del otro, sus hermanos islamizados de la Bosnia turca. En esa pelea larga y gigantesca, los croatas de ambos lados derramarán ríos de sangre y el pueblo croata quedará reducido al tercio de sus fuerzas nacionales. Con todas las vicisitudes históricas, los croatas antes de la caída de Bosnia triplicaban numéricamente a los serbios. Pero, en las luchas seculares, en la frontera fatal del Occidente y Oriente, en el corazón de Croacia, caerán por ambos lados más de trescientos mil croatas. Cerca de un millón de croatas católicos será llevado al cautiverio y dispersado por las regiones turcas y otras hasta Persia, India y Abisinia. De Bosnia y las regiones limítrofes de la Croacia libre[4] emigrarán más de quinientos mil croatas a Eslovenia, Austria, Bohemia, Hungría, Italia y otras partes, perdidos totalmente para la comunidad nacional croata [5].

Bosnia y Herzegovina, provincias croatas fronterizas, tuvieron como ya lo hemos visto, un pasado turbulento y fuertes sacudidas étnicas. A lo largo de la frontera oriental de Bosnia, sobre el río Drina, corría la línea limítrofe entre el imperio Romano del Oeste y el Este, de las Iglesias Católica y Ortodoxa, entre las culturas Occidental y Bizantina. A mediados de la segunda parte del siglo xv los turcos trasladan su línea de combate a la Bosnia occidental, al corazón del país croata, donde durante cuatrocientos años se desgastarán y extenuarán las fuerzas de los croatas. En esas incesantes luchas perecerá y será llevada al cautiverio o emigrará la gran mayoría de los croatas. En Bosnia y Herzegovina la mayor parte de los remanentes croatas abrazará el islamismo. No obstante todos esos cambios, Bosnia y Herzegovina permanecerán siendo étnica e idiomáticamente una provincia croata.

Al surgir movimientos emancipadores de los cristianos balcánicos durante el siglo XIX, llegó la hora de que los turcos se retirasen de Bosnia. Por la resolución de las potencias europeas congregadas en el Congreso de Berlín en 1878, el ejército austro-húngaro al mando de los generales croatas Filipović y Jovanović ocupó a Bosnia y Herzegovina, que en 1908 fueron anexadas formalmente por Austro-Hungría. Dadas las diferencias religiosas que originaron las divergencias políticas, la tarea de la nueva administración era sumamente delicada.

            La anexión y administración de Bosnia y Herzegovina fue nuevamente negada al Ban (Virrey) croata y su administración pasó a manos de los poderes centrales del imperio: Austria y Hungría. Esta decisión produjo nuevas tensiones que llevaron a una insurrección que fue rápidamente sofocada.

La incorporación de Bosnia y Herzegovina al Imperio Austro-Húngaro llevó a ésta a encuadrarse bajo distintas formas administrativas. Primero como parte del sistema dualista (bajo administración conjunta de Austria y Hungría) y luego por su rara situación, fueron consideradas de distintas maneras (como tierra accesoria, como "Reichsland", como tierra independiente, etc.). Con la constitución de 1910, Bosnia y Herzegovina no alcanzó la condición de Croacia como Estado, pero mejoraró su posición jurídico-política.

            Esta ocupación de Bosnia, despertó también en Serbia airados reclamos. Ningún serbio podía perdonar a Austria haber ocupado Bosnia y Herzegovina, como tampoco el consentimiento forzado de la Rusia zarista (El pacto secreto estipulado entre Alejandro II y Francisco José I en Reichstadt).

            El odio serbio aumentaba porque las nuevas autoridades austro-húngaras favorecieron a los bosniosy trataron de conseguir su respaldo, muy diferente a lo que ocurría con los musulmanes en los Estados balcánicos recientemente constituidos, donde eran perseguidos por los cristianos ortodoxos. Además, en esos países regía el principio de que un buen patriota puede ser únicamente el miembro de la Iglesia Nacional[6].

Con la llegada del siglo XX, los ánimos comenzaron a caldearse. La consecuencia fue el atentado al archiduque Francisco Fernando en Sarajevo (Capital de Bosnia) que desencadenaría la Primera Guerra Mundial. Nuevamente Bosnia y Herzegovina navegan en un mar de incertidumbre, pagando el precio de ser, en primer lugar, un bastión del Islam en medio de Europa, pero principalmente por no haberse conformado en una unidad en todo su territorio. Porque no solo hay un gran número de musulmanes en Bosnia y una mayoría católica en Herzegovina, sino que el componente serbio ortodoxo, es muy fuerte. Estos serbios, fueron expulsados de Serbia por los turcos varios siglos atrás junto con una gran cantidad de otras etnias de fe ortodoxa.. Estos, durante el siglo XIX fueron convencidos por la propaganda político- religiosa serbia como integrantes de la nación serbia y destinados a formar parte de la Gran Serbia. Así los croatas vieron surgir un nuevo problema.

 Esta combinación de grupos que no tenían un claro dominador y a la vez era muy conflictivo amalgamarlos en una unidad de cualquier tipo, ya sea religiosa, étnica, nacional, etc., fue conformando un polvorín en el cual la paz era una fina cuerda, que cíclicamente se tensaba y se cortaba.

            El fin de la Primera Guerra Mundial, trajo como consecuencia el desmembramiento del Imperio austro-húngaro. Con la “Paz de Versalles”[7] Bosnia pasa a integrar el “Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos”, bajo la monarquía serbia.

            Durante la monarquía Karageorgević, los serbios impusieron su poder con tendencia centralista que atentó contra el modelo federalistas que defendían croatas y eslovenos. Estos dos último con una mayor nivel cultural y económico crearon una pugna por los puestos políticos que sistemáticamente se les negaban. Por su parte, los bosnios padecían como todos, las injusticias que se impartían desde Belgrado (capital serbia).

            La Segunda Guerra encontró a Bosnia y Herzegovina envuelta en el conflicto sin una postura unánime. Los habitantes católicos de Herzegovina lucharon en gran porcentaje por el Estado independiente croata, al igual que los musulmanes de Bosnia. En menor número otros lucharon como partisanos comunistas , pero todos tenían como enemigos a los llamados “četnik” y a la monarquía serbia. Estos “četnik” eran guerrilleros monárquicos serbios que desde principios de siglo realizaban estragos y matanzas por toda Bosnia y durante la gran contienda tuvieron carta blanca para sus crímenes.

            Con la victoria de Tito y sus partisanos, Bosnia resultó incluida en la nueva Yugoslavia comunista, junto a Croacia y Serbia entre otros países que la conformaban.

Desde 1945 hasta 1963 Bosnia y Herzegovina formaron parte en la Yugoslavia comunista como una “República Popular” y a partir de allí se convirtió en “La República Socialista de Bosnia y Herzegovina”.

Si bien la "República Socialista de Yugoslavia" estaba dividida en seis "repúblicas socialistas", cinco de las cuales acusan el carácter del estado nacional (Eslovenia, Serbia, Croacia, Montenegro y Macedonia), Bosnia y Herzegovina no fueron integradas a Croacia, a la que pertenecen étnicamente, sino que forman una "república socialista" aparte, reconociéndose oficialmente tres grupos étnicos: el serbio (todos los que pertenecen a la Iglesia ortodoxa serbia, organizada sobre el principio nacional), el croata (católicos y la parte de los musulmanes que se declararon croatas) y el musulmán, que no constituye un grupo étnico sino confesional, pues étnicamente los musulmanes son croatas.

Los musulmanes figuraban en las estadísticas como un "grupo étnico" peculiar con el propósito de separar a Bosnia y Herzegovina de Croacia y de asegurar a los serbios los puestos directivos, aunque los croatas (católicos, musulmanes y una parte de los ortodoxos) constituyen la mayoría absoluta de la población. Según el censo de 1997[8] en la actual República de Bosnia y Herzegovina viven 1.204.800 musulmanes, 933.720 serbios ortodoxos , 451.800 croatas católicos y 421.000 habitantes que no se reconocen en ninguno de los tres grupos religiosos.

No es mi intención en este capítulo tratar el tema de la guerra recientemente acaecida en Bosnia , ni analizar el Estado multiétnico que surgió al terminar ésta, como así tampoco el futuro de este gran rompecabezas. Mi intención es la de contener a los inmigrantes croatas que llegados de Bosnia o de Herzegovina. Éstos se sienten tan croatas como alguien nacido en Zagreb o Split, y se han encontrado hoy con la alegría de una Croacia independiente pero con la tristeza de ver a su pueblo o ciudad en un país que no es Croacia. Que no se intemprete lo que digo como una arenga expansionista, o, lo que es peor, que piensen que Croacia pretende lo mismo que Serbia. Creo que hoy, las fosas comunes que se encuentran desde Bihać hasta Tuzla o Srebrenica son testigos de la barbarie serbia y de sus intenciones para con los bosnios.

Que quede en claro que cuando mencione al inmigrante croata lo haré desde una Croacia que, salvo en casos particulares, incluirá a Bosnia y Herzegovina.

 

 

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Historia de la inmigración croata en Córdoba

Cristian Sprljan, Córdoba, febrero de 2002 - csprljan@yahoo.com

 



[1]Ostrogorsky, History of the Byzantine state, New Brunswick, 1957, 49 y ss. (Extraído del texto “Bosnia y Herzegovina: dos provincias croatas” Dominik Mandić. Chicago- 1963).

[2] “Bosnia y Herzegovina: dos provincias croatas”. Dominik Mandić. Chicago 1963.

[3] “Bosnia y Herzegovina: dos provincias croatas”. Dominik Mandić. Chicago 1963.

[4] Ver Capítulo. “Historia de la Nación Croata”.

[5] “Bosnia y Herzegovina: dos provincias croatas”. Dominik Mandić. Chicago. 1963.

 

[6] “Bosnia y Herzegovina. La cuestión de Bosnia y la Primera Guerra Mundial”. Ivo Bogdan. Studia Croatica. Año V. Nº 16-19. Buenos Aires. 1965.

[7] Ver Capítulo “Causas de la inmigración económica”.

[8] “Almanaque Mundial 2000”. Editorial Televisa.