Cuando algo llega a su
fin. Cuando algo que nació, murió, ya sea porque dejó de existir o porque,
simplemente, se terminó el plazo con que los hombres medimos los hechos a
través del tiempo, irremediablemente realizamos un análisis sobre lo ocurrido.
Cuántas veces observamos que hay acontecimientos que, a nuestro juicio, no
debieron haber sucedido. Otras, en cambio, nos quedamos esperando y así se fue
diluyendo un sueño o una utopía. Algo que entendemos racionalmente como ocurrió
y otras, para las cuales no tenemos explicación coherente. Horrores de los que
hemos sido testigos dejándonos mudos y de alegrías que explotaron en nuestras
gargantas hasta dejarnos disfónicos.
El siglo XX fue un largo
rosario de hechos que cambiaron la vida de millones de seres humanos.
Inscribiéndose en sus páginas dos guerras mundiales, el crack del ´29,
comunismo, fascismo, capitalismo etc... teniendo como consecuencias de todos
estos mega-acontecimientos, los comunes denominadores de las miserias humanas:
hambre, muerte, desempleo, destrucción, desplazamientos, inmigración...
A finales del siglo XlX,
en una superpoblada Europa, donde la hambruna y la falta de trabajo hacían
estragos, la inmigración a inmensos países despoblados como EE.UU., Canadá,
Australia o Argentina eran una oferta tentadora. Allí, el sueño era encontrar
calles “cubiertas de oro” esperando inmigrantes. Pero fue el siglo XX, donde el
traslado de personas de un país a otro, pero principalmente de un continente a
otro, se hizo necesario y en muchas oportunidades indispensable. Esto se
desarrolló ya sea en forma organizada o no, con buenos resultado o no, pero con
la certeza de que ni el lugar de partida ni el de llegada iban a ser lo mismo,
como así también, claro está, la vida de los inmigrantes protagonistas.
Es por esto que este siglo
XX que terminó y que fue denominado de formas tan diversas como “El siglo de
las guerras” o “ El siglo de la publicidad”, no debe quedar sin ser considerarlo
como “EL SIGLO DE LAS MIGRACIONES” por los miles de millones de vidas que en
este siglo fueron modificadas por el fenómeno migratorio. Para analizar este
fenómeno tomaré un caso concreto al que trataré de abarcar en su totalidad para
así comprenderlo y explicarlo. También es mi anhelo que pueda servir de espejo
en el cual las corrientes inmigratorias de distintos países, puedan mirarse y
encontrar similitudes y diferencias.
En el presente trabajo
tomaré la inmigración de la actual República de Croacia a nuestro país, la
República Argentina, limitándome a la ciudad de Córdoba y sus alrededores.
El período de tiempo que
abarcará esta investigación será el siglo XX, aunque no se dejará de mencionar
a algunos casos de relevancia que ocurrieran anteriormente.
Croacia es, quizás, la
nación con mayor emigración del mundo, con la evidente excepción de los judíos,
quienes hasta hace poco más de cincuenta años no poseían un territorio nacional
determinado. El caso de los croatas es más comparable al de los irlandeses y
los armenios, con la diferencia de que los primeros hace tiempo lograron vivir
en sus tierras liberadas de la tutela foránea. Los croatas no se pudieron
llamar libres hasta 1991, año en que se independiza de la República de
Yugoslavia.
Muy diversas fueron las
causas dieron pie a la llegada de centenares de croatas a la Argentina durante
todo el siglo XX.
Como se verá en el
transcurso del trabajo, esta inmigración no es típica, ni fácil de encuadrar;
es, en sí, compleja, variada y problemática.
Por último, el objetivo de
este trabajo será arrojar luz sobre uno de los eslabones menos conocidos de esa
gran cadena humana que conformaron los inmigrantes llegados desde todas partes
del mundo a la Nación Argentina.
_______________________________________________________________________________________
Historia
de la inmigración croata en Córdoba
Cristian
Sprljan, Córdoba, febrero de 2002 - csprljan@yahoo.com