LA HAYA: ONUQUES ET INIQUES
Christophe Dolbeau

El 11 de julio de 1997, nos preguntábamos aquí mismo1 si el tribunal penal internacional de La Haya iba a “ofrecer” al general Tihomir Blaškiæ un verdadero proceso o si se contentaría con un simulacro de justicia. Una cosa es cierta: la instrucción no fue expeditiva; comenzó el 23 de junio de 1997 y se acabó hace pocas semanas.

Las audiencias, más bien fastidiosas, tomaron su curso y finalmente, el 4 de marzo último los robins de La Haya dieron su veredicto: por la voz del magistrado francés Claude Jorda, pronunciaron contra el general croata una pena eminentemente política de... 45 años de detención!

Acusado de haber ordenado y ocultado 116 ejecuciones sumarias de musulmanes, el 16 de abril de 1993 en la aldea de Ahmici, en Bosnia-Hercegovina, el inculpado se sabía condenado de antemano y por lo tanto no se sorprendió demasiado por la sentencia.

Ex oficial del Consejo Croata de Defensa (HVO), la milicia de autodefensa croata en Bosnia-Hercegovina, era necesario que Tihomir Blaškiæ fuera declarado culpable. Para hacer eso, los jueces internacionales simplemente decidieron ignorar la confusión mortífera que reinaba entonces en el valle de Lasva, no tener en cuenta las atrocidades perpetradas por las tropas musulmanas y descuidar sistemáticamente los testimonios de la defensa.

Apéndice de la SFOR, es cierto que el Tribunal Penal Internacional jamás tuvo como ambición decir el derecho: creado y financiado por los padrinos de los acuerdos de Dayton, recibe las consignas y establecen sus dictámenes según los humores de aquellos que rigen el protectorado de Bosnia-Hercegovina.

Porque, para esos individuos, está claro desde el comienzo que los croatas son los que molestan.

Ellos tienen la mala suerte de vivir en esta región, tienen la mala suerte de ser católicos y para colmo de impudicia, tienen la inmensa mala suerte de defenderse.

Porque el objetivo del ocupante estadounidense y de las Naciones Unidas es el de matar a esta comunidad reticente.

Para ello, se censura a los manuales escolares2, cierran a las estaciones locales de televisión y de radio, allanan a los locales administrativos, se purgan las listas electorales o directamente se anulan los escrutinios.

Como complemento lógico de este proceso de normalización forzada en el que contribuye a justificar los rigores, el acoso judicial es también un medio de denigrar y de humillar a los defensores de la comunidad, de ensuciar su honor y de desacreditar las reivindicaciones.

En ese marco, sería totalmente en vano que un oficial croata (sobre todo de la ex-Herceg-Bosna) esperara una sentencia equitativa de los pupazzi de La Haya.

Definitivamente no están siendo pagados para impartir justicia, sino para dar una garantía jurídica a las proscripciones de la ONU.

En breve, se trata en realidad de una mascarada y la pena surrealista (por qué no cien años, ya que estaban?) que ellos vienen de infligir al general Blaškiæ es una prueba suplementaria.

Inicuo, parcial y excesivo, este veredicto sólo satisfacerá a los caïds y a los pachas de Sarajevo; no resuelve nada, no convence a nadie y no puede menos que exacerbar los resquemores.

 

Rivarol, 24 de marzo de 2000


1 Ver Studia Croatica, Año 1997, Vol. 135, pág. 219.

2 Se excluyen de los manuales al himno nacional croata, a los poemas de Gunduliæ (siglos XVI-XVII), el texto glagolítico de la Lápida de Baška y todo lo concerniente al hombre prehistórico de Kaprina, porque ello pertenece a la historia croata...

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Studia Croatica, Año 2000, Num. 141