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NARONA, DESCUBRIMIENTO DE AUGUSTEUM
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(fragmentos del diario)
Emilio Marin, Split El prof. dr. Emilio Marin es director del Museo
Arqueoógico de Split. En estos fragmentos de su diario, describe el
descubrimiento del templo de Augusto, en Narona. Este asentamiento romano
se encontraba en la actual localidad de Vid, en el valle del río Neretva,
cerca de Metkovic, en el sur de Dalmacia. Los restos de
Narona son particularmente importantes ya que después de Salona (Solin,
cerca de Split), Narona era la segunda ciudad romana en importancia en el
Adriático oriental. El. dr. Emilio Marin es Profesor pleno de la
Universidad de Split (Arqueología del Imperio Romano). Miembro
correspondiente de la Pontificia Accademia Romana di Archeologia, Roma,
Real Academia de Buenas Letras, Barcelona, y Académie des Inscriptions et
Belles Lettres, París, así como de la Société Nationale des Antiquaires de
France, París, y miembro asociado del Comitato promotore dei congressi
internazionali di archeologia cristiana, Roma. Profesor visitante de las
universidades de la Sorbonne y Oxford. Secretario General del
13th International Congress for Early Christian Archaeology.
Director de las excavaciones en Narona y Salona. Autor, curador o editor
de numerosas exposiciones y más de 300 libros y artículos. 20 de mayo de
1996 Después de tantos
preparativos y esperas, de promesas incumplidas de parte del intendente de
que el pago a los propietarios Plecaš para la compra de la superficie del
establo se iba realizar antes del lunes pasado, 13 de mayo, cuando
avisamos que comenzaríamos el trabajo en los establos-templo, decidí que
partiéramos hoy a Narona. Ningún aplazamiento va a ayudar para que el
problema se resuelva. Y si no se resuelve ahora, no lo hará jamás. De las
entrañas de la tierra logré desenterrar algo que enriqueció el tesoro
nacional e internacional de obras de arte; en realidad, volvió a la luz
del día una parte del tesoro alguna vez logrado. Recordando
descubrimientos, grandes ejemplos, los tesoros en Delfos. Aquí se trata de
un pequeño oasis en Narona, milagrosamente conservado dentro del área
protegida oficialmente, pero tan mordisqueada por las construcciones
contemporáneas de la localidad de Vid, una de aquellas que hace ocho años
decidí resguardar a cualquier precio. ¿Si fui feliz cuando, el año pasado,
descubrí las estatuas naronitanas? En realidad, me ayudó la suerte. Marc
Mayer había dicho desde Barcelona: ¡tu Augusteum es de lo más hermoso que
he visto en la vida! En una conversación de estudio del otoño pasado,
conversación cómo quizás únicamente se lleva en mi antiguo All Souls
College en Oxford, y aquella es una mezcla de ocio y solemnidad,
sofisticación en la expresión y agudeza del pensamiento, un colega inglés
replicó a mi historia sobre ello, que eso no es suerte cuando, luego de
ocho años de penoso trabajo y esfuerzos en Narona finalmente encuentras
“tesoros enterrados”, suerte sería, significaría que soy un arqueólogo
afortunado, si lo hubiera descubierto así por casualidad, sin gran
sacrificio. Recordé a Srejovic, de quien
se decía que en el momento del descubrimiento de las fantásticas cabezas
en Lepenski Vir(1) sobre el Danubio, quedó insatisfecho porque en el reparto de
la “torta” de Derdap recibió la peor parte, indiferente dormía bajo el
ciruelo y las estudiantes lo vinieron a despertar. Y, dijo el inglés sabio, tú pudiste
hacer todo eso a lo largo de tus ocho años naronitanos, y comenzaste a
cavar en el lugar del cual sostenías que era un templo, y en el límite
confirmar esa presunción, pero pudiste haber encontrado el interior del
templo vacío, pudiste haberlo encontrado sin contenido alguno, tuviste
suerte que él estuviera tan bien conservado. Fuiste afortunado, concluyó,
but you deserved your luck! Hasta
ahora nunca partí hacia un terreno con tantas expectativas. Ellas se
fueron imponiendo por las circunstancias. En Narona, prácticamente ocho
años procedí como conservador, aquél que protege los monumentos, oasis
amenazados, salvándolos cuanto pude y con ello investigar como arqueólogo.
Y así comencé en los establos de los Plecaš.
Otro texto, tengo la esperanza, hablará sobre el monumento
que encontramos y su historia. Que este texto cuente sobre ese intento, sobre
ese largo camino, sobre la batalla elegida. En este momento por primera vez
procedo principalmente como arqueólogo, esta vez íntimamente busco algo. Esta
vez, por primera vez me faltan algunos cuadraditos en el mosaico y yo deseo
hallarlos. Falta una cabeza imperial que sin dudas se acomodaría a uno de los
cuerpos desenterrados el año pasado. Entonces se podría desenredar toda
una madeja. | |