HOMILIA EN LA CATEDRAL
Franjo Kuharic

Homilía del Cardenal Franjo Kuharic en la Misa de Requiem por el Presidente de la República de Croacia Franjo Tudjman, el 13 de diciembre de 1999 en la catedral de Zagreb.

Respetados señores, Presidente del Sabor Estatal Croata, estimados miembros del Sabor y del gobierno!

Estimada señora Ankica y todos los miembros de la familia Tudjman!

Muy reverendos padres arzobispos, obispos y representantes de las comunidades religiosas de la República de Croacia!

Estimados representantes diplomáticos con el Nuncio Apostólico a la cabeza!

Representantes de las fuerzas armadas croatas, de las fuerzas de seguridad, representantes de los inválidos de la Guerra Patriótica y de los defensores!

Estimadas viudas y madres de las víctimas de la guerra!

Nos hemos reunido alrededor del altar de Dios como hijos e hijas del Padre Eterno, por eso a todos -en la catedral y alrededor de ella, así como a todos los que miran esta ceremonia por televisión y la escuchan por radio- los saludo con un saludo cristiano: Hermanos y hermanas en la unidad con Dios Creador, Salvador y Santificador.

Como introducción de nuestros pensamientos que sean las palabras del Apóstol Pablo dirigida a los Corintios y a nosotros hoy; palabras que acabamos de escuchar.

“Hermanos! Si nuestro hombre exterior se aniquila el hombre interior cada día se renueva. Esta pequeñez y nuestras dificultades actuales nos traen cada vez más frutos abundantes para la gloria eterna, porque para nosotros no es importante lo visible sino lo invisible; porque lo visible es temporal y pasajero pero lo invisible es eterno”.

El Santo Padre Juan Pablo II me nombró su enviado especial para que presida esta celebración eucarística por el eterno descanso y luz del alma del digno difunto Presidente de la República de Croacia Franjo Tudjman. De este modo el Santo Padre expresa sus respetos hacia el Presidente y hacia Croacia como Estado soberano. Por eso en nombre del Santo Padre expreso las condolencias sinceras a todos y en especial a la estimada familia Tudjman.

El Presidente de la República de Croacia Franjo Tudjman tuvo la gran dicha de recibir dos veces al Papa Juan Pablo II en Croacia con respeto y bienvenida sinceras. Y su última visita de Estado la realizó justamente al Vaticano para reunirse con el Santo Padre y con sus colaboradores más cercanos.

Su últimas palabras públicas como hombre de Estado las dijo, sin imaginarse que serían las últimas, justamente en el Vaticano en ocasión de inaugurar la gran exposición “Cristianismo, cultura y arte en Croacia”.

El año pasado, cuando el Santo Padre vino a cumplir en el Santuario de Marija Bistrica la beatificación del Siervo de Dios Cardenal Alojzije Stepinac, el propio Papa quiso saludar al Presidente delante de la imagen del Beato Alojzije.

Y en el aeropuerto de Split el 4 de octubre del año pasado el Presidente, despidiéndose del Papa cuando partía, dijo estas palabras de creyente: “Despidiéndonos de vosotros al final de vuestra visita a Croacia, os agradezco que como representante de Cristo, en el año del Espíritu Santo, hayáis visitado nuestra patria y traído a la nación croata nuevos mensajes de amor, paz y unidad... Vuestros mensajes serán para nosotros, con vuestras oraciones y la bendición del Altísimo, una guía luminosa en la construcción de una sociedad sana en nuestra patria libre e independiente, democrática y soberana.”

En esta Santa Misa de Requiem escuchamos en el Evangelio acerca del encuentro de Jesús con Marta, hermana del difunto Lázaro, y con los numerosos amigos que vinieron a consolar a Marta y María.

En la tumba del Presidente Franjo Tudjman hoy se reunieron muchos creyentes, admiradores y asistentes de buena voluntad.

Y qué se puede decir ante la tumba encontrándonos con el misterio de la muerte del hombre? Qué pensar del propio misterio humano?

El salmista habla del gran secreto del ser humano y exclama inspirado por el Espíritu Divino: “Y qué es el hombre para que te acuerdes de él, y el hijo del hombre para que lo visites?” (Ps 8,6).

El hombre es, verdaderamente, un misterio con entendimiento, corazón, libertad y conciencia. Todo hombre es un misterio, esté él en cualquier posición que sea, con la responsabilidad que sea y en cualquier vocación y en la situación de la vida que sea.

Del mismo modo él es un misterio, ya sea poderoso, instruido, rico o sin influencia en la vida social y pública, desconocido y pobre. El hombre es un secreto en sus decisiones cuando se encuentra ante escoger entre el bien o el mal, el amor o el odio, la verdad o el error.

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Studia Croatica, Año 2000, Num. 141