SOLIMAN
EL MAGNIFICO, René Clot, Emecé Editores S.A., Buenos Aires 1985, traducción de
Amanda Form de Gioia (333 págs.).
Este
libro consta de dos partes principales. La primera (El Sultán de los Sultanes)
está dedicada a la persona de Solimán y a sus campañas militares; la segunda
(El Imperio de los Imperios) trata sobre el estado turco y sobre aspectos
económico-sociales del Imperio. Contiene, además, tres Anexos (El Diván, Los
Jenízaros y Sokullu o Mehmed Aga Sokolović) y una útil Cronología referida
a los principales acontecimientos históricos de la época.
Después
de tres siglos, el Occidente examina con mayor benevolencia sus conflictos con
los turcos y se muestra mejor dispuesto en la evaluación de las principales
personalidades otomanas. Los autores franceses en este sentido pueden ser
calificados como precursores respecto de sus colegas europeos, lo cual no debe
llamar la atención si se tiene en cuenta la muy importante alianza de Francisco
I con Solimán.
Según
Clot, la expansión y grandeza del Imperio deriva de cuatro causas
fundamentales. La primera de ellas consistiría en el hecho de que la Turquía de
los siglos XVI y XVII era básicamente una potencia militar, de ejército
disciplinado que contaba con una ejemplar organización. Así lo acreditan sus
largas campañas, Ias victorias y las conquistas en tres continentes.
El
segundo factor de la expansión turca debería encontrarse en Ias
particularidades de los pueblos conquistados. Clot lo destaca en forma
reiterada ("Las espantosas condiciones económicas y sociales en que vivían
las poblaciones oprimidas por los señores feudales y por las órdenes
religiosas, facilitaron la ocupación turca"). Esto no es una novedad del
autor: F. Babinger, en directa referencia a la conquista de los Balcanes,
sostiene que "los campesinos servios saludaron a veces la llegada de Ias
banderas del Profeta con sentimientos análogos a los que los hicieron saludar
más tarde a los ejércitos de la Revolución Francesa" (Mahomet II le
conquerant et son temps, París, 1954).
La tercera causa estaría en la existencia de una "pax ottománica", que incluía un apreciable grado de tolerancia religiosa. Las disidencias entre la Iglesia Oriental y el Pontífice romano no dejaron de favorecer este clima ("Más vale ver reinar en Constantinopla el turbante de los turcos oue la mitra de los latinos") y decidieron a los ortodoxos intransigentes y a la población de Constantinopla en general ,a rechazar las gestiones de su emperador Juan VIII, quien se había dirigido al Concilio de Floren-cia para obtener alguna ayuda ante el avance turco.
Por
fin, Clot asigna gran trascendencia en la consolidación del Imperio, a la novel
aristocracia otomana, notoriamente más abierta que cualquier otra de su tiempo.
Durante más de un siglo dejó de convertirse en oligarquia, aceptando la
in-corporación de extranjeros en posiciones de gran importancia administrativa
y militar.
Obviamente,
el autor no deja de destacar la figura de Solimán ("El Sultán de los
Sultanes, Soberano de Soberanos, Distribuidor de Coronas a los Monarcas del
Globo y Sombra de Dios sobre la Tierra", según carta de Solimán a su
aliado, el rey de Francia, Francisco I). Le atribuye religiosidad, liberalidad
con los no musulmanes, ilustración, un elevado sentido de justicia y sobrio
estilo de vida. Es visible la simpatía con que Clot trata la figura del
Magnífico, gobernante de un imperio en el que las leyes eran severísimas y
muchas veces crueles.
Hubo
croatas prominentes entre los colaboradores de Solimán. El más conspicuo fue
por cierto Mehmed Aga Sokolović, originario de Sokolovići, en Bosnia,
donde nació en los primeros años del Siglo XVI, dentro de una familia perteneciente
probablemente a la pequeña nobleza campesina. Reclutado por los turcos a los
dieciocho años, debió interrumpir sus estudios eclesiásticos cuando ya era
diácono. Según Clot, más inclinado a la paz que a la guerra, fue administrador
de primer orden.
Otro
de los grandes visires de Solimán también era croata. All, nacido en Dalmacia,
fue primero funcionario de la corte, para convertirse luego en general de los
gureba y en segundo escudero del Sultán. Después de la campaña de Persia, es
nombrado pachá de Egipto y luego visir. Finalmente, a la muerte de Rustem
Pachá, accede al cargo de gran visir.
Piyale
Pachá (Piali Mehmed Pachá), "un croata de origen cristiano que desposó a
la nieta de Solimán", fue almirante. En 1555 operó como aliado de Francia
contra los españoles e italianos en Messina, Reggio e Islas Baleares. Conquistó
Djerba en 1560 y Khios en 1566.
No
fueron los únicos, lógicamente. Hubo otros, menos destacados, pero también
importantes. A tal punto que su idioma croata fue conocido y usado en la propia
corte. Resulta ilustrativo al respecto el siguiente pasaje del libro: "La
primera entrevista de los plenipotenciarios de Fernando con Ibrahim (entonces
gran visir) se desarrolló bastante mal. Juričić (ef autor lo menciona
como chambelán hereditario de Croacia) y Lamberg, sólo podían expresarse en
alemán o, a lo sumo, en latín. Ibrahim no tenía más que un intérprete italiano.
Se pusieron de acuerdo en utilizar el croata".
Naturalmente
los croatas que lucharon contra el Imperio fueron muchísimo más numerosos, y
René Clot no deja de referirse a ellos. Habla, por ejemplo del gran contingente
de croatas que intervinieron en la batalla de Mohač, en agosto de 1526
("croatas de Frangipani", en realidad, de Frankopan) y dedica una
hermosa página a Zriny (Zrinjski), defensor de Szigetvar, de la que vale la
pena transcribir un párrafo: "Desde su lecho de enfermo, Solimán,
alternativamente, amenaza y trata de seducir a Zriny con promesas. Transcurre
casi un mes hasta el día en que, tomados todos los bastiones exteriores por los
turcos, sólo la torre central permanece en manos de los sitiados. Zriny decide
entonces morir como un héroe. Con la cadena de oro al cuello, tocado de un
sobrero negro con un pinche de diamante y llevando en la mano la espada de su
juventud; se pone a la cabeza de los seiscientos hombres que le quedan y
arremete contra el enemigo al grito, tres veces repetido, de ¡Jesús! Herido y
hecho prisionero, le pusieron la cabeza ante la boca de un cañón para
decapitarlo".
El
hecho de que hubiera croatas en ambos bandos es perfectamente explicable. A
raíz de las conquistas otomanas Croacia quedó dividida en dos partes, una
sujeta al dominio turco, otra empeñada en la tenaz defensa de la Cristiandad
occidental.
La
obra abunda en datos sobre Ragusa (Dubrovnik) y sobre su comercio de tránsito
entre el Imperio y las ciudades italianas, sobre Bosnia y Herzegovina, en
general, y algunas de sus ciudades en particular. Afirma que Banjaluka y
Sarajevo adquirieron en la época de Solimán un aspecto oriental que conservaron
por mucho tiempo, que Sarajevo cuadruplicó en cincuenta años su población,
llegando a tener a fines del siglo XVI alrededor de treinta mil habitantes, con
lo cual se convirtió en la ciudad más poblada de Bosnia.
Más
que a los estudiosos, el trabajo de René Clot está dirigido al gran público.
Ello, sin embargo, no disminuye su valor, ni priva a la obra de sus indudables
méritos, entre los cuales la objetividad es quizás el más destacable. Es un
intento serio de difusión de conocimientos sobre la especial influencia
ejercida por el imperio turco en el centro y este europeos.
ANTE ŽUVELA