ESTEBAN RADIC EN LA HISTORIA CROATA (Al cumplirse el 60 aniversario de su muerte)

FRANJO TUDJMAN, Zagreb, Croacia

 

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EN LA SERIE DE LAS PERSONALIDADES HISTORICAS MAS NOTABLES

 

Al cumplirse seis décadas del martirio y muerte de Esteban Radić, la plena objetividad histórica nos hace posible afirmar que perteneció a la larga fila de grandezas croatas que, con su nombre, supieron marcar y confirmar el problema de la existencia y autodeterminación nacional croata en el acontecer histórico europeo y mundial. Radić formaba parte de aquella larga columna de célebres y grandes varones croatas que, ya siendo sus gobernantes, líderes nacionales o mártires como tantos, fijaron a la Nación un curso impreso desde la secular distancia que se había iniciado ya con los príncipes nacionales croatas como Trpimir, Domagoj y Branimir. Luego siguieron los reyes Tomislav, Krešimir, Zvonimir, etc. Esta línea política fue marcada por grandes de Croacia, como los Šubić, Berislavić, Zrinski y Frankopan. Sin interrumpirse la conciencia milenaria, el siglo pasado (XIX) se inicia con una serie de personalidades como los virreyes (banes) Jelačić y Mažuranić o los políticos de estirpe moderna, como los Starčević, Kvaternik y Pavlinović. Mientras tanto, al iniciarse el siglo XX, Esteban Radić fue la personalidad principal de la historia croata, especialmente durante el período de la transformación producida por la conclusión de la primera guerra mundial y el desmembramiento, o más bien destrucción de la Monarquía de los Habsburgos. Esto fue seguido por la unión de las tierras croatas (1918) con Servia, Montenegro y Eslovenia, en el Reino de los Servios, Croatas y Eslovenos. La nueva formación estatal en la historia europea, agrupó a todos los pueblos eslavos meridionales exceptuando a los búlgaros.

 

Durante su vida, Esteban Radić se convirtió no solamente en el máximo dirigente político del Movimiento nacional campesino croata, sino que fue innegablemente un maestro e indudable conductor del pueblo croata como así también el forjador de nación croata moderna. Por todo ello y con justa razón, ha sido considerado "el rey croata no coronado", o "por vía plebiscitaria el presidente electo de la República de Croacia".

 

Luego de su muerte, Radić se transformó en un verdadero símbolo de toda la Croacia viviente, porque todas las generaciones que le sucedieron lo reconocían así, aun sus adversarios en las filas croatas, desde la derecha del partido de Derecho Croata, hasta los comunistas de izquierda.

 

Esteban Radić, sacrificando su propia vida, logrará por primera vez en la historia moderna croata, unir a todas las clases y los estratos sociales, en un único movimiento nacional en pugna por la libertad nacional croata en una república unida bajo su alta insignia. Además, frente a la totalidad del mundo, mostrará un programa democrático establecido sobre un concepto absolutamente humanístico.

 

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CIRCUNSTANCIAS Y DEBERES HISTORICOS

 

Como todas las grandes personalidades históricas que como creadoras influían decisivamente sobre el proceso histórico de su época, Esteban Radić fue la expresión de las circunstancias políticas e históricas en las cuales tenía que actuar. Fue más bien un verdadero representante nacional de las situaciones imperantes en su época y resultó ser el creador espiritual y visionario que tendía nuevos puentes hacia lo desconocido o hacia un futuro incierto. Seguía firme en el mantenimiento de la conciencia histórica croata frente a la propagación de nuevas ideas en ya varios siglos de antiguo orden o equilibrio europeo. Además, al conocer la esencia del surgimiento de un nuevo orden de Versailles, descubrió que amenazaba de fondo al pueblo croata, ofreciéndole nuevas incertidumbres llenas de imprevisibles peligros.

 

Es menester subrayar que, en la época en que Radić sube al escenario histórico, el papel primordial y el deber capital de la política integral croata era la integración territorial y espiritual del ser nacional croata, muy maltrecho a lo largo de los siglos de la Edad Moderna. Este fenómeno venía causando la destrucción paulatina, la separación y el debilitamiento que conducían a la disgregación biológico-cultural croata. La magnitud del deber histórico asumido se puede imaginar recién al conocer claramente la división de las tierras croatas y al conocer además a aquella multitud de potencias extranjeras que, desde arriba y desde afuera, pugnaban por el cuerpo y el alma croata. Es cierto que con la Croacia del Ban (virrey), se mantuvo la continuidad histórica de la individualidad y la soberanía del estado medieval croata. Sin embargo, después de la conquista turca de Bosnia y luego que Eslavonia hubiera corrido la misma suerte, comenzando desde el principio del siglo 16, quedó libre solamente la llamada "Reliquiae reliquiarum olim Regni Croatiae", o sea, restos de los restos de otros tiempos del Reino de Croacia. Debilitada así, Croacia carecía de una capacidad indispensable para poder rechazar u oponerse a las intrigas de Viena v Budapest, en defensa de su soberanía nacional. En la Dalmacia separada (posnapoleónica), los autonomistas italianos gozaban del apoyo de Viena con el solo fin de impedir el resurgimiento del movimiento nacional croata que quería la unión dálmata con la Croacia septentrional. Mientras tanto, en Istria (o sea, el litoral marítimo austríaco alrededor de Trieste), se entregó el poder casi en su totalidad a la minoría italiana. Entonces también merced al apoyo de Viena, los húngaros se apoderaron nuevamente de Medjimurje, que otrora, en el año 1848, el ban (virrey) Jelačić había restituido a su madre patria. Los húngaros no se quedaron quietos sino que se apoderaron también de Rijeka, transformándola en un puerto magiar. Después del Congreso de Berlín (1878), el Imperio Austrohúngaro sustituyó la soberanía turca en Bosnia y Herzegovina, y formalmente, después de la anexión de 1908 se hizo más actual la unión de todas las tierras croatas. La causa de esto fue que en la cúspide de la conducción de Viena se hizo cada vez más evidente la conciencia de la necesidad de la conservación de la monarquía de los Habsburgos. En tal sentido se oftó por la transformación trialista de la monarquía doble. Sin embargo, los hegemonistas húngaros, eternos adversarios a cualquier intento político que pudiera favorecer a los croatas, resultaron otra vez sus enemigos más decisivos.

 

La división ad ultra de las tierras croatas y sin la perspectiva de que dentro de algún tiempo razonable Croacia se librara del dominio de Viena y Budapest, influyó tanto que superó a todas las otras circunstancias negativas. Las amenazas condicionadas por el romanticismo europeo provenían de los imperialismos alemán y húngaro, con la idea de una Gran Alemania, una Gran Hungría y secundados por el Imperialismo de la Gran Italia. La presión existente se reflejó en una influencia decisiva sobre el pensamiento croata. O sea, que en el suelo croata, y dentro del sen.) de la concepción nacional, aparecieron concepciones más amplias. El camino se inició con el paneslavismo de Jorge Križanić (siglo 17), corrió luego por el renacimiento ilírico seguido por el austroeslavismo, y culminando con el yugoslavismo de Strossmayer y la idea de la unidad nacional (croata-servia-eslovena), en la época de Radić.

 

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EL CARACTER MULTIFACETICO DEL PENSAMIENTO Y LA OBRA DE LOS H'ERMANOS RADIĆ

 

El principio de la creación del movimiento nacional campesino croata, fue obra común de Esteban Radić y de su hermano Dr. Antun Radić, tres años mayor que aquél (1868-1919). Ambos crearon las bases teórico-ideológicas y constitutivas del partido. Desde el comienzo mismo se pensó que no fuera solamente un movimiento político-partidario, sino también un movimiento popular y cultural. Por ello, la concepción del programa y su correspondiente ideología se fueron divulgando entre el pueblo, como la doctrina de los hermanos Radić. Merced a la mencionada doctrina caracterizada por su contenido cultural y nacional, el movimiento superará y resultará distinto de otros partidos campesinos en el mundo.

 

Para evaluar plenamente la obra de los hermanos Radić, es preciso destacar que ellos tuvieron claramente en su mente la conciencia de que los dos fueron autores de la creación del movimiento campesino nacional, coincidiendo con la época en la cual los campesinos carecían íntegramente de derechos políticos. En el traspaso de los siglos 19 a 20, la masa campesina representaba entre el 85 y el 90 % del total de la población croata, y a pesar de esta incidencia los campesinos estaban excluidos de la vida política. Hasta el año 1910, estuvo en vigencia la ley electoral según la cual, para la elección de la Dieta croata únicamente el 2 % de la población gozaba del correspondiente derecho. Tal derecho provenía de la situación patrimonial y de las condiciones culturales y profesionales de los votantes. De todos los campesinos tenían el privilegio del derecho del voto únicamente aquellos cuyos impuestos directos superaran las 60 coronas anuales.

 

Por otro lado, la misma ley fijaba para la población urbana, una cuota de 30 coronas anuales, por el mismo impuesto. Exceptuados del "census", o el modo que fijaba las condiciones podían votar los siguientes estratos: sacerdotes, docentes, ciudadanos con formación universitaria, los emplea-dos públicos y los militares. En virtud de la mencionada ley, se elegían 67 diputados. Existía, además, el derecho llamado baronal: así como los diputados, eran directamente convocados por el ban (virrey) a formar parte de la Dieta (Sabor), los dignatarios eclesiásticos, altos funcionarios estatales y administrativos. Esto quiere decir: todos los arzobispos, obispos, gobernadores y administradores (veliki župani y župani), titulares de la rancia aristocracia, o sea, nobleza de sangre y/o aristócratas feudales, príncipes, condes y barones. La ley de 1891 incluía 22 familias nobles cuyos titulares gozaban del derecho de sangre para formar parte del número de la Dieta, por su linaje.

 

En estas circunstancias participaban los siguientes partidos civiles: el partido nacional, el partido independiente de los liberales ("obzoraši") y en la oposición, el partido del derecho croata. También es de mencionar el partido liberal social-demócrata, en representación de los obreros industriales que apenas incluía el 2 % de los ocupados. Todo esto demuestra que la actividad política era desarrollada por una delgada capa de la población que abarcaba en general la llamada inteligentsia, empleados y obreros. Fue entonces que los hermanos Radić, puestos frente a una situación política irreal, llegaron a la conclusión de que el porvenir del pueblo croata, en cuanto a política, descansaba sobre las espaldas de los campesinos. Para formarse esta opinión, los Radić no fueron únicamente influidos por la realidad de que los campesinos formaban una enorme mayoría de la población croata, sino que partieron del hecho fundamental de que aquellos estaban naturalmente atados a sus tierras, hogares y patria, en abierta confrontación con la inteligentsia, compuesta mayormente por servidores públicos parcialmente de origen extranjero. No había mucha diferencia tampoco con la nobleza y la aristocracia, o los grandes señores feudales que en su mayoría procedían del exterior. A esto había que agregar a los empleados públicos cuyas tendencias carreristas los hacían alejar más y/o hacerlos ajenos a los intereses de la propia nación. Por todo ello, incluida la tesis sobre "los señores corruptos" que fuera ya formulada por Starčević y que fue un excelente medio polémico y atrayente utilizado por los Radić con el fin de divulgar su movimiento, a la vez justificaba el rechazo de aquellos que combatían.

 

En la historia política suele ser casi desconocido el fenómeno de que dos hermanos llegan a tener conjuntamente una influencia trascendental en la vida nacional, como ocurrió con los hermanos Radić. Sus conceptos intelectuales eran uniformes y estaban relacionados con la visión del mundo y la ligazón ilimitada con el ser espiritual de su pueblo pese a que cada uno se distinguía enormemente del otro por sus características personales. En virtud de su naturaleza, el Dr. Ante Radić se destacaba por ser de un equilibrio extremo y brillaba como un científico ordenado. Por otro lado, Esteban se distinguía por poseer un espíritu inquieto y visionario. Según la opinión de Nehajev, fue el más capaz para ocupar la cátedra de la len-gua croata y de la historia de la literatura croata. Pero el régimen prohúngaro impidió que el doctor Ante Radić desarrollara su actividad científico-docente en la Universidad de Zagreb. No obstante, separadamente en su función de secretario de "Matica Hrvatska" (institución cultural madre) y de la Academia sudeslava, echó las bases para la etnografía y la etnología croatas. Además fue promotor y redactor de la revista "Dom" (Hogar), y junto a su hermano Esteban, fue cofundador del Partido Campesino Croata. Esto quiere decir que aportó la parte principal en la fundación y la determinación teórico-ideológica del movimiento nacional campesino. A la par de él, su hermano Esteban, dotado de un profundo entusiasmo profético y lleno de presentimientos relativos a los acontecimientos político-sociales inspirando aquella fuerza imparable del movimiento de los amplios esta-mentos populares. Entre las primeras y principales críticas que tuvo que soportar Radić y que provenían de la derecha y de la izquierda socialista, se lo acusaba de haber iniciado su movimiento campesino por razones demagógicas. Además se lo inculpaba de pretender vender su nebulosa política a un pueblo inculto e ignorante. Se especulaba acusándolo por una supuesta posición conservadora, falta de claridad en un proceso inexorable, dende por el avance de la civilización no cabía ningún tipo de movimiento campesino. Motivados dogmáticamente por la tendencia generalizada de la desaparición de aldeas en la época de la industrialización de la sociedad europea de entonces, los críticos de Radić omitieron algunos factores esenciales al respecto. Radić había decidido, más bien concebido, todo para la realización y puesta en marcha de sus ideales políticos por medio del movimiento campesino y por eso, no por causas demagógicas, sino gracias a su apreciación visionaria, veía que los campesinos por medio de la educación, formación y cultura, se transformarían en una expresión masiva y en el fundamento más perdurable y sostenedor del movimiento nacional croata. Algunos interpretaban el lema de Radić: "con fe en Dios y con la unidad de los campesinos", como expresión de un conservadorismo históricamente superado donde los campesinos estaban en pugna con la civilización urbana; además sus críticos no alcanzaron a entender la concepción de Radić, que insistía en que el desarrollo social se debía buscar no en una penosa proletarización del campesinado, sino en una adecuada creación de condiciones favorables. Así, la vida campesina, sería cada vez más humanizada, y no como hasta entonces una negación del patrimonio histórico y cultural del pueblo croata, sino integrada con las conquistas de la civilización nueva.

 

Personalmente, Esteban Radić tenía plena conciencia del ineludible progreso de la civilización (tecnológica), teniendo también en cuenta su peligrosidad. Así procedía su hermano Ante al referirse a Cultura y Civilización (1909), con una dedicación que fue particularmente explicable y entendible para todos. En la historia existieron naciones que lograron conservar todo lo referente a la autenticidad de su propia cultura, pero también existieron otros cuya desaparición se produce al asumir valores de una cultura ajena. Las características de una civilización son "orden y progreso", lo que da lugar a que los hombres y las naciones tengan contactos con los demás. Unicamente "los pueblos haraganes no llegan a civilizarse" y entonces como víctima de su destino sucumben bajo la presión de los móviles, que con su actividad y progreso los borran haciéndolos desaparecer de la faz de la tierra. El ideal de la civilización (cultura) está en el hecho de que es preciso "civilizar a todas las naciones y pueblos, ofreciéndoles en consecuencia una vida pacífica, cómoda y ordenada". Por ello, hay muchos hombres que pretenden lograr la ciudadanía mundial y se los llama cosmopolitas. Sin embargo, entre los frutos de la civilización, se destacan también los que están podridos, o son venenosos... Los éxitos de la civilización son realmente magníficos, espléndidos y atractivos. Pero también es enorme el mal aportado por la civilización. La civilización y el cosmopolitismo extirpan al hombre de su propio pueblo, de su patria e inclusive lo apartan de su propia gente. El hombre civilizado renuncia a todo lo propio y particular y acepta todo lo que es ajeno y generalizado. En principio, esta novedad le resulta de agrado y se siente satisfecho, bastándole la uniformidad de la civilizacin. Esta clase de hombre ni siquiera sigue amando a quien debería querer, como tampoco tiene el pudor natural como para alguien. Para él, lo propio es el mundo entero y a su vez siente que nadie es suyo. Después de haberse librado de todas las ligaduras que le unían con su gente, nación y patria, y como le es imposible conectarse con todo el mundo, entonces habitualmente suele caer en el abismo de la perdición y se siente como una hoja arrancada y tirada a merced del viento. Moralmente, todo le es igual, e inclusive aquello que por sí mismo es malo. La honradez heredada y la alegría aprendida en el propio hogar, desaparecen. La vida humana se transforma en un desierto poblado tan sólo por Ias corridas errantes en la lucha por alcanzar un pedazo de pan, porque raramente alguien se eleve logrando los ideales de la civilización.

 

"De esa manera un hombre civilizado vuelve a retroceder y se parece a un salvaje", porque "la civilización destruye a la cultura" que no existe sin el hogar propio, sin el sentimiento por el propio origen, sin el respeto o culto que recibimos de nuestros mayores; todo eso, la civilización lo borra.

 

A pesar de esta diferenciación entre la cultura y la civilización, Ante Radić, a su vez reconocía "toda la importancia de la civilización", pero apreciaba que para la fortuna y el porvenir nacional, "para el corazón humano" es más querido, "mejor" y "más seguro", conservar la propia cultura nacional, respetar las cultura nacional, respetar las costumbres y el tesoro histórico de su pueblo. (Sabrana djela, VIII, 65-73).

 

En esta concepción filosófica de un desenvolvimiento histórico se ha basado toda la "doctrina" de los hermanos Radić. Aun con anterioridad a su época, el mundo en general tenía conciencia no sólo que todos los sueños utópicos cosmopolitas eran inalcanzables, sino que además sentía la atroz realidad imperialista de todas las ideas supernacionales. Después de ésas surgió una monstruosa efigie stalinista de un internacionalismo socia-lista. La historia les dio la razón a los hermanos Radić, inclusive en la actualidad, en cuanto a la total integración mundial a la civilización. Además, en este mundo de hoy, como nunca antes, se alcanzó a afirmar ampliamente las autodeterminaciones y culturas de múltiples naciones que inclusive eran desconocidas y carecían de historia política propia. Gracias al mérito de la obra y pensamiento históricos de los hermanos Radić, el pueblo croata que pertenece a las naciones más antiguas existentes en el mundo, pudo mantenerse. Además, es preciso destacar que la moderna fisonomía política se debe a que los hermanos Radić supieron dar a la identidad croata un nuevo sentido, especialmente en un período transitorio y crítico, cuando muchos se perdieron aplastados por el tremendo peso de las condiciones históricas imperantes o cayendo en un ilusionismo oscuro en cuanto a la seudounión de los eslavos meridionales y sobre todo en la pretendida unidad nacional servio-croata.

 

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UN VARON DE ESPIRITU Y CARACTER EXCEPCIONALES

 

Esteban Radić fue a su vez, desde todos los puntos de vista, el más preparado y, al mismo tiempo, el más perseguido politico de la historia moderna. Dotado de una alta capacidad intelectual innata, disponía de un alma inquieta y de un espíritu sumamente agudo; era uno de los conductores y tribunos populares dotados por la naturaleza que intuía permanentemente en qué consistía la esencia de los intereses históricos de su nación, inclusive en los momentos en que circunstancialmente estaba íntegramente oscurecida. No obstante, pese a la miopía que padecía de nacimiento, que apenas le permitía reconocer a sus interlocutores o a la multitud, instintivamente percibía e interpretaba el significado de sus pulsos, y fue uno de los privilegiados que realmente conocía e interpretaba el sentir del alma nacional croata.

 

Sus estudios universitarios (en Zagreb, Praga, Budapest y París), concluían en cada asignatura con las notas más altas. Aparte de sus estudios teórico-científicos aprendidos de libros y de la historia, simultáneamente elaboraba la concepción y visión del mundo en contacto directo con la vida de su pueblo y del mundo contemporáneo. Siendo todavía estudiante secundario y universitario, había recorrido a pie o sobre los carros de los campesinos, la totalidad de las tierras croatas. Siempre fue muy bien acogido por los campesinos, cuando levantaba su mano para subir al modesto carro. También en sus largos viajes por comarcas y paisajes croatas, aunque estaba abrumado por el deseo de conocer a los hombres ilustres, también se dedicaba a conocer y observar la vida común, las costumbres y alma del pueblo sencillo.

 

Profundizó sus conocimientos sobre el pensamiento de la Europa contemporánea de entonces, especialmente durante los estudios que cursó en la Universidad de Praga, influenciado por las ideas filosóficas y democráticas de T. C. Masaryk. Durante sus estudios en la Sorbona (1897-1899) concluyó su carrera en Ciencias Políticas. Su diploma fue galardonado con la nota máxima, obteniendo el título de "laureate" por la tesis "La Croacia contemporánea y los eslavos del sur" (La Croatie actuelle et les Slaves du Sud).

 

Para tener un conocimiento directo y mejor de los hermanos eslavos, viajó tres veces a Rusia. Al volver, trasladó su domicilio a Zemun, ciudad croata limítrofe con Servia, habiéndolo hecho con la intención de indagar de cerca y en una forma práctica el clima político y cultural de Belgrado y de Servia.

 

Aun en su época de estudiante secundario y universitario tuvo que sufrir y soportar cárceles y procesos y todo eso por sus posiciones valientes netamente croatas y también por sus concepciones democráticas y progresistas de entonces. Figuró entre aquellos que, al visitar en el año 1895 el emperador Francisco José II la ciudad de Zagreb, organizaron la quema de la bandera húngara en la Plaza de Jelačić. Por ello, y una vez cumplida la condena que le fuera impuesta, se vio obligado a abandonar la Universidad de Zagreb. Desde entonces nunca se lo dejó en paz; fue expulsado de la Universidad de Praga, donde buscó auxilio; fue perseguido y preso inclusive como diputado nacional; además fue calumniado y falsamente acusado por sus adversarios partidarios y nacionales. La culminación de tal persecución terminó con el martirio en que las heridas recibidas fueron mortales. De esta manera con el sacrificio de su vida como mártir en defensa del pueblo y la nación croata, murió por los valores a los cuales consagró toda su vida.

 

El mantenimiento o el sostén económico de Radić dependía de su obra literaria y publicitaria. La tesis parisiense sobre Croacia fue traducida y publicada en el idioma croata y también en el checo. En Praga, inició la revista "Hrvatska Misao" (El pensamiento croata), que luego continuó editando en Zagreb, y donde precisamente publicó la disertación "los ideales croatas", a los cuales quedó íntegramente fiel "hasta su último suspiro". Se dedicaba a escribir sobre múltiples o polifacéticos temas relacionados con el desarrollo histórico, político-nacional y económico de la Europa con-temporánea y de sus naciones. Fue él quien le dio cuerpo al pensamiento político croata en forma programático-constitucional, siendo enormemente decisivo y significativo para la esencia espiritual de una nación íntegra. Durante y a lo largo de sus distintas persecuciones, escribió tres tomos de las "Memorias de un preso". Hasta el último día de su existencia llenó con sus artículos y escritos la mayor parte de los voceros del propio movimiento (Hogar, Notas Navideñas, Onda Nacional). Preanunció el día anterior al atentado en el parlamento (de Belgrado) que de los círculos de un gobierno hegemonista era de esperar hasta el crimen más descarado y repugnante. Aunque aquel trágico día sus amigos le recomendaron que no concurriera al Parlamento porque podría ser asesinado, no quiso retroceder pese a tener plena conciencia del tamaño riesgo y peligro que estaba enfrentan-do. La disposición a ofrecer el sacrificio personal por los ideales de su Nación fue sumamente superior.

 

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LOS PREDECESORES, CONTEMPORANEOS Y CONTINUADORES DE LA DOCTRINA DE LOS HERMANOS RADIĆ

 

En el mismo año en que había nacido Esteban Radić (1871), murió trágicamente en la revuelta de Rakovica el conductor de la misma, Eugenio Kvaternik, quien había nacido en 1825. Con el intento revolucionario fracasado se había pretendido alcanzar por medio de las armas la libertad e independencia total de Croacia. El doctor A. Trumbić (1864-1938) fue apenas unos años mayor que Radić. Lo precedía también J. Frank (1864-1911), casi treinta años mayor. En el mismo decenio del nacimiento de Esteban Radić, nacieron Frano Supilo (1870-1917), A. Korošec (1871-1940), Svetozar Pribičević (1875-1936), I. Pilar (1874-1933), M. Šufflay (1879-1931) y el Dr. V. Maček (1879-1964). En el primer decenio posterior, nacieron el Dr. I. Ribar (1881-1931), el Dr. A. Pavelić (1889-1959) y el Dr. M. Budak (1889-1945). Durante los últimos veinte años del siglo pasado y cuando Esteban Radić había iniciado su actividad política, nacieron Josip Broz Tito (1892-1980), Andrija Hebrang (1899-19??) y Alojzije Stepinac (1898-1960). Entre los políticos destacados servios se contaban Ljubo Davidović (1863-1940), y, algo mayor, N. Pašić (1845-1926), mientras el rey Alejandro Karageorgevich (1881-1934) era aún menor.

 

A los fines de la comparación, en el escenario político mundial podrían enumerarse, mientras tanto, los siguientes: Mahatma Gandhi (1869-1948), C.A. Chamberlain (1869-1940), A. Briand (1862-1932), W. Rathenau (1861-1922), V. I. Lenin (1870-1924), León Trotsky (1879-1940), León Blum (1872-1950), R. Hilferding (1877-1944). Especialmente deben destacarse como los más influyentes, entre sus contemporáneos: T. W. Wilson (1826-1924) y T. G. Masaryk (1850-1937). Eran menores Benito Mussolini (1883-1945) y Adolfo Hitler (1889-1945).

 

Durante la época de Radić estaban en boga y en circulación todas las ideas y teorías o ideologías doctrinarias, desde la democracia pluralista del liberalismo burgués, hasta el reformismo marxista social-demócrata, pero también estaban presentes la dictadura leninista y el totalitarismo fascista.

 

Radić aparecía en la vida política croata cuando del escenario nacional desaparecían por la ley de la vida importantísimas personalidades históricas croatas: el Dr. Ante Starčević (1823-1896), Mihovil Pavlinović (1831-1887), Ivan Maiuranić (1814-1890), Franjo Rački (1828-1894) y J. J. Strossmayer (1815-1905) .

 

Aunque Radić fue la resultante de la totalidad de los pensamientos políticos de los nombrados, fue sin embargo en primer grado el heredero directo y el fruto de la tendencia emancipadora de Starčević, como lo fue-ron otros dos dirigentes políticos contemporáneos: Trumbić y Supilo, pese a la profunda diferencia. Trumbić y Supilo pensaban que para alcanzar los objetivos nacionales, había que encontrar nuevas sendas pero manteniéndose dentro del sistema partidario existente. Además estaban esperanzados en el desarrollo de las circunstancias internacionales y poder contar con nuevos aliados externos. Por otro lado, ya desde el principio de su actividad política, Radić estaba profundamente convencido que el porvenir de Croacia dependería de la fuerza y del programa del movimiento nacional y por ello toda su actividad fue dirigida a obtener la mayoría absoluta de los campesinos. Al aceptar todos estos deberes históricos, parecía que Radić —con su pensamiento— contestaba en forma positiva y análoga a aquella misiva con que cincuenta años antes, el gran ban (virrey) Mažuranić se había dirigido al victorioso general Jelačić que luego fue ban. La devoción de Radić por estas personalidades nacionales fue inmensa. En su primera llegada a Zagreb, como adolescente, peregrinó a la plaza donde estaba erigido el monumento al general Jelačić y entonces, como cualquier croata sin distinción de su clase social o proveniencia territorial, rindió su profundo homenaje, con una venerada inclinación, aunque con temor y respeto. Las condiciones y la situación de entonces, seguían aún "casi insoportables", quiere decir, iguales que en el año 1849, cuando Mažuranić esoribía a Jelačić, diciéndole: "Los límites geográficos seguían indefinidos y sin esperanza de ser trazados según los deseos del pueblo" . Cierto es que "nuestra nación es de un cuerpo fuerte y firme". Mažuranić lo define destacando que "lo que le falta es el espíritu". Estamos frente a una masa de "planetas errantes" por el mundo de Dios, que carecen de su centro y de su sol. "Nos es necesario disponer de un Moisés que nos libere de la esclavitud egipcia y nos lleve a la tierra prometida; nos es preciso tener un Colón... que nos conduzca ilesos al nuevo mundo, que nos es totalmente desconocido" (Sabrana djela IV, 83-84). Jelačić pudo alcanzar apenas parcialmente lo esperado: dio un golpe magistral directamente a la boca húngara, golpean-do los dientes del hegemonismo magiar que pretendía tragarse a Croacia; también liberó a los campesinos croatas de las cadenas de la esclavitud feudal; y resucitó la idea del Estado croata, unido desde el río Drava hasta el mar Adriático.

 

A Radić le correspondió cumplir, aunque parcialmente, la parte mesiánica del deber histórico. De una masa popular, dura y fuerte, pero inculta y, por qué no, ignorante, sin formación y privada de todos los derechos, Radić obtuvo un sujeto conciente y políticamente organizado. Además fue su mérito el establecer el eje giratorio de los dispersos planetas croatas. Si bien no logró llevar a su nación a la tierra prometida de libertad e independencia, unió espiritualmente todo aquello que tenía un significado histórico y trascendente, por un camino de mantenimiento y autodeterminación del ser nacional croata.

 

EL SUSTENTO HISTORICO DEL PENSAMIENTO POLITICO DE RADIC

 

Así como Ante Starčević surgió del movimiento emancipador nacional croata denominado ilírico, Esteban Radić aparece del seno del croatismo de Starčević y de su oposición a todos aquellos errores romanticistas, com-prendiendo mejor que cualquier contemporáneo suyo, y de una forma profunda y decisiva, la magnitud del peligro que amenazaba con el hundimiento a la nación croata en el abismo de las fantasías supernacionales, fuesen ilusiones ilíricas o eslavas, austroeslavas o sureslavas. Con el fin de neutralizar lo indicado, Starčevic concibió y desarrolló la ideología del croatismo en un nivel superior y de conformidad con el pensamiento nacionalista contemporáneo europeo. Así no cabía duda alguna que el pueblo y la nación croata deberían asegurarse su existencia y edificar su porvenir exclusivamente sobre las bases de la individualidad nacional y conforme al derecho histórico político croata. Idéntico proceder practicaban las demás naciones, y a la nación croata que es una de las pocas naciones históricas europeas —una de las más antiguas—, le correspondía el mismo derecho.

 

Desde la aparición y la formación de la nación croata sobre el suelo de la patria actual y la creación de su Estado nacional, fue conocida así en Europa, en los monumentos y documentos históricos figuraba permanentemente desde el siglo IX en adelante. En el siglo VII, los croatas firmaron un pacto con el Papa Agatón, y así desde la creación dcl propio Estado medieval lo conservaron ininterrumpidamente a pesca- de todos los acontecimientos históricos adversos. Las formas forzosamente reducidas, jamás impidieron la continuidad y la conservación de la propia individualidad político-estatal. Esta fue la base sobre la cual Starčević fundó el ideal de una renovada formación y unión de todas las regiones nacionales y una total independencia de Croacia, libre de todas las ligaduras con Viena y Budapest, pero también independiente de Servia, que aunque recientemente salida del dominio turco ya acusaba pretensiones expansionistas por las tierras croatas. Starčević buscaba contrarrestar a los partidarios de la unidad de los eslavos del Sur que buscaban para sus objetivos el apoyo de Servia.

 

En la evolución de su pensamiento político Radić partió de la concepción de Starčević, según la cual la unión de Croacia con Hungría y Austria era dañina y lesiva, como así también cualquier otro tipo de unión resultaría maligna. Merced a las experiencias históricas Starčević pensaba que las uniones supranacionales podían seguir manteniéndose normalmente gracias al predominio del pueblo más fuerte y más numeroso sobre los más débiles. Por ello Starčević jamás creyó en una transformación de la monarquía de los Habsburgos. Además, siguiendo el mismo pensamiento, estas formas estatales no logran renovarse sino que se derrumban. Advertía que la gente no debía dejarse engañar creyendo que la solución sería la supuesta federación porque la diferencia entre la Austria federalista y la centralista es la misma que existe entre el diablo y el Satanás" (Izabrani spisi, 382).

 

Eugenio Kvaternik, co-creador del partido del derecho, fue el que en su Panorama político de las circunstancias europeas y croatas (1862), indicaba las conclusiones y definiciones particulares que tuvieron un significado histórico y se proyectaron con influencia trascendental sobre el pensamiento de Radić. Según Kvaternik, "el principio supremo de cada política nacional bien llevada debería ser: no considerar a ningún pueblo como hermano o que te desea bien; no creer en nadie sino confiar en su propia inteligencia y capacidad. Las naciones que no lograron llegar a esta convicción y los que carecieron de capacidad para avanzar, desaparecieron como tales. Además su desgracia fue acompañada por una sonrisa y burla de desprecio por parte de sus contemporáneos, y fueron marcados por la vergüenza de la historia" (Politički spisi, 195-193).

 

Desde Starčević y Kvaternik fue precisamente Radić quien asumió el deber de realizar el programa histórico o estatal croata; le agregó el con-tenido social, su experiencia política propia, habiendo unido la doctrina de Starčević con el pragmatismo de Kvaternik. Starčević pudo ser ejemplo de una firme adhesión y defensa de los ideales croatas, como también por la sabiduría filosófica según la cual tanto en h política como en la vida, es preciso seguir estudiando siempre y sin tregua, aprendiendo además buscar soluciones adecuadas a la situación imperante.

 

Al respecto Starčević decía: "Unicamente Dios y un loco jamás cambian sus opiniones; Dios a causa de su divina sabiduría y el loco por ignorancia". El trágico destino que corrió Kvaternik en una rebelión fracasada y sin perspectivas reflejaba apenas ha enorme altura moral del sacrificio, carente del realismo. En cambio, la actividad política pragmática estatal y cultural de Ivan Mažuranić significó un aporte inapreciable en provecho de la patria. Mažuranić en las palabras de despedida de su función de ban (virrey) en 1886, y de miembro nato de la Dieta, subrayó: "creo en el pasado, en el presente, en el porvenir de Croacia" (Sabrana djela, IV, 291). Este discurso testimoniaba la grandeza de su conciencia y el fervor patriótico; también que a pesar de las condiciones históricas complejas y adversas, los varones prudentes —estando en el poder o en la oposición— pueden y deben encontrar la forma y la posibilidad de acción para el bienestar de la patria.

 

7

 

CONDICIONAMIENTO, PROFUNDIZACION Y CONTRADICCIONES DE LA CROATICIDAD Y MULTIPLES FORMAS DE ESLAVISMO

 

Idénticos factores que condicionaron en Croacia la aparición de la unión eslava en sus distintas formas desde Križanić, Gaj, Kukuljević y luego de Strossmayer y Rački para concluir con Trumbić y Supilo, determinaron los componentes del pensamiento y la política de Radić. En primer lugar se debía a la amenaza secular contra el ser nacional croata por parte del imperialismo germano y húngaro al cual, durante la Primera Guerra Mundial, se añadió también el imperialismo italiano. Además, la progresión de la solidaridad eslava fue estimulada por el anhelo de una nueva unión entre la Iglesia Católica Romana y la Iglesia ortodoxa o cismática oriental. Con el cisma, las naciones eslavas quedaron divididas en Oriente y Occidente. Por ello, la Santa Sede veía con simpatía la unidad eclesiástica y recomendaba a sus representantes que con este objetivo apoyen la unión de las naciones eslavas. Justamente por ello estas ideas no tuvieron resonancia ni una aceptación significativa en la Rusia y en la Servia ortodoxa. Veían en aquella acción como un intento de los papas romanos de reunión eclesiástica. En Rusia y Servia el movimiento eslavo siempre fue identificado o confundido con la ortodoxia, y esta a su vez fue nacional, o sea granrusa o granservia. Todas estas contradicciones ya se manifestaron en la época de Juraj Križanić en su contacto con los eslavófilos rusos y siguieron también en el posterior austroeslavismo y sureslavismo de Rački v Strossmayer. Juraj Križanić (1618-1683), sacerdote católico y canónico de Zagreb como primer ideólogo de la unión étnica y lingüística de los eslavos intentó malogradamente adjudicar un papel predominante a la Rusia refromada como un contrapeso al expansionismo germano (y también protestante). Por sus ideas cristianas occidentales, pese a su paneslavismo, fue considerado en Moscú sospechoso y por orden del Zar fue expulsado a Siberia donde permaneció quince años. Su internación en Siberia suscitó sospechas también en Roma. Incorporándose a las filas del ejército polaco de Jan Sobiesky cayó en la batalla contra los turcos en defensa de Viena.

 

No corrió mejor suerte la idea del austroeslavismo propagado durante la primera mitad del siglo XIX por los representantes de los eslavos (católicos) occidentales (polacos, checos, eslovacos, croatas y eslovenos) ante la hegemonía germano-húngara y el paneslavismo ortodoxo ruso. Los partidarios del austroeslavismo fracasaron rotundamente pugnando por conseguir la federalización de la Monarquía de los Habsurgos y así asegurar pequeñas naciones eslavas del dominio y asimilación germano-húngara, salvando a la vez aquella antigua comunidad centroeuropea de la expansión del imperialismo granruso y zarista.

 

Como el paneslavismo no llegó a ser movimiento general de los eslavos occidentales y orientales, ya que dentro del territorio ruso se lo toleraba únicamente como una expresión ortodoxa del panrusismo, mientras que en la monarquía de los Habsburgos su variante del austroeslavismo se malogró en el año 1848 por parte del pangermanismo y panhungarismo, desde la segunda mitad del siglo XIX el pensamiento de la unidad eslava se conservó únicamente bajo la forma de la unión de las naciones de los eslavos meridionales. Esto se sentía únicamente en las extensiones territoriales de la monarquía de los Hamsburgo, prevaleciendo únicamente entre los croatas.

 

La idea de la unión esloveno-croata-servia se basaba entonces en la teoría generalmente aceptada de que los pueblos étnica y lingüísticamente afines deberían formar una nación y un estado. La idea de la unidad de los eslavos meridionales, en cuanto a Croacia, debía servir primeramente para la unificación nacional y recién entonces a la creación de un cuerpo político estatal integrado por todos los eslavos del Sur, en base a la soberanía histórica del Estado croata y en igualdad jurídico-política con Hungría y Austria. A medida que este objetivo resultaba inalcanzable en sentido político se fortalecía la idea de la unión de todas las naciones de los eslavos meridionales, resultando justificada y necesaria la unión de los eslovenos, croatas y servios de la Monarquía con Servia, Montenegro y Bulgaria.

 

Durante la Primera Guerra Mundial aquella concepción o idea de la unidad nacional yugoslava sirvió de documento básico del Comité Yugoslavo, encabezado por Trumbić y Supilo (en principio hasta contra la voluntad de Servia) que tuvieron que luchar con todo su esfuerzo por la creación de un Estado común, para impedir la intención de las potencias aliadas victoriosas de entregar a Italia vastas porciones de Croacia, toda Istria y la mayor parte de Dalmacia. Servia pretendía obtener las provincias croatas limítrofes: Sriem, la mayor parte de Eslavonia, Bosnia y Herzegovina y la parte meridional de Dalmacia.

 

En sus opiniones y concepciones políticas Radić partía del principio de la unidad étnica e idiomática de todas las naciones eslavas acentuando sólo sus diferencias y la necesidad de su solidaridad frente a las naciones germánicas y latinas de Europa. En su programa Radić escribirá que los croatas pudieron convencerse —tanto en la guerra como en cautiverio— que "todos nosotros, según nuestra lengua, somos eslavos y la mayoría de nosotros por nuestra formación espiritual somos realmente una nación" (Korespondencija, II, 50). Pero jamás se iba a renunciar a la individualidad histórica y política nacional de los croatas en pos de la unión con los servios y/o con los eslovenos. Cualquier "fraternidad eslava" para Radić no era considerada en el sentido nacional, sino como medio político para, con su ayuda salir "de nuestro mal", que se soportaba en el imperio austríaco y "optar por algo mejor". En el año 1902, coincidiendo con los partidarios de la unión, abogaba para que "esta fraternidad" produzca cambios en el Imperio y que en supuesto cambio se logre la fortificación y agrandamiento de la actual autonomía político-estatal croata, lo que significaría que la Croacia del ban (virrey) sería afianzada y aumentada con las provincias que se le integrarían según "el espíritu de nuestro antiguo derecho político y de conformidad con la buena voluntad de nuestros hermanos nacionales" (Politički spisi, 173) .

 

Mientras tanto, las esperanzas no se correspondían con la realidad política, referentes a la unidad nacional. Después que los representantes ortodoxos de "Vojna Krajina" (Confín militar) habían apoyado a Viena para que aquella región no pasara bajo el poder del ban (virrey) y que los políticos servios se opusieron no sólo a la unión de Bosnia y Herzegovina con Croacia, sino también de Dalmacia a la Croacia del ban, y tras el apoyo integral de la población servia al régimen magiar de Khuen con una abierta declaración de guerra que expresaba el deseo de destruir a los croatas, todo ello provocó la disolución de los fervorosos partidarios de la unión croata-servia y de los eslavos meridionales, contando sólo con el favor de la juventud inmadura e inexperta y con los partidarios del internacionalismo clasicista.

 

Al iniciarse el régimen opresor magiar de Khuen, Strossmayer había llegado a confirmar "que hasta la prensa extranjera estaba publicando que los húngaros y los servios se unieron con el objetivo de rematarnos"; justa-mente en el momento en que "nos vimos obligados a combatir a los húngaros los servios nos atacaron por la espalda" y "la sepultura que los servios prepararon para nosotros, podría resultar su propia tumba" (Véase S. Radić, Politički spisi, 512).

 

Dos años más tarde (1886) F. Rački, al referirse a los Errores políticos servios, decía: En la Croacia del ban (virrey), "ninguno de los diputados servios (de la minoría servia en Croacia) estaba dispuesto a respaldar a Croacia, para que logre una posición político-estatal más independiente o su autodeterminación, mientras que en Dalmacia la minoría servia en alianza con los italianófilos (de escasa minoría), se oponían totalmente a la unión de Dalmacia con Croacia y Eslavonia. Simultáneamente rechazaban la aplicación del idioma croata o servio como lengua oficial en la administración y en el Poder Judicial". Según Rački y su razonamiento, esta política podría eventualmente ser únicamente comprendida si los servios fuesen tan poderosos como para imponer su propia voluntad a sus hermanos croatas y búlgaros". Rački señala que los servios, tanto en el pasado como en la actualidad, carecen del poder físico y moral indispensable para consumar la pretendida asimilación (Strossmayer, Rački, Politički spisi, 482-3).

 

Todos estos convencimientos y en modo especial aquella insolente provocación (1902) en torno a la lucha histórica inevitable para llegar "a nuestro o vuestro exterminio" (publicada en el Vocero literario en Belgrado y en la revista "Defensa de los servios", en Zagreb), la lucha en la que los presuntamente retrógrados católicos croatas debían sucumbir ante la superioridad de los servios ortodoxos y progresistas, influyeron necesariamente en el pensamiento y la política de Esteban Radić. El se mantendrá, a pesar del todo, en la posición de la unión nacional, atribuyendo las contrariedades croato-servias, algo ingenuas, a la propagación del odio mutuo por parte de los burgueses servios y croatas carentes del sentir nacional, pero, man-teniendo esta posición, no estará dispuesto, a semejanza de Trumbić y Supilo, a transigir en cuanto a las aspiraciones obviamente anticroatas y hegemonistas de la política granservia.

 

Cuando la revista "La defensa del hogar servio" volvió a reeditar "en el corazón de Croacia" —según Radić— la declaración de guerra sin cuartel a los croatas, Radić señaló que algo parecido "no osaban escribir ni los alemanes de los checos ni los húngaros de los eslovacos". También repudió las reacciones contra los servios que consecuentemente surgieron en Zagreb y en otras ciudades croatas, invitando a los insurrectos a que reconsideren su actitud. Pero también les hizo recordar que en el parlamento húngaro, el presidente del gobierno magiar, Tisza, reconoció los méritos anticroatas de los servios, tranquilizando a sus compatriotas con las siguientes palabras: "No temáis a los croatas, porque para ellos dispongo de un látigo muy seguro, el de los servios". Entonces Radić invitó a los servios que vivían en Croacia a que aprendiesen a respetar lo que es sagrado para los croatas, y que como ciudadanos y súbditos de Croacia, respeten y quieran también a la patria que los acogió. Como los servios están "en contra nuestro, en cualquier lugar, aún más y peor que cualquier otra nacionalidad extraña y adversa a los croatas", Radić convocaba a los croatas a la concordia para debilitar la furia de ese elemento, jurado enemigo nuestro, y que corríamos el riesgo de ser considerados como "un tonto que está abrigando en su seno a una serpiente venenosa". Esto le sirvió a Radić para explicar como concebía "la unión de todo nuestro pueblo desde Triglav hasta los Balcanes", es decir que, inclusive "para el mundo internacional, Croacia será desde Rijeka hasta Zemun, y más allá, al oriente, será Servia". Si bien los croatas y los servios pertenecen al mismo grupo étnico y lingüístico, los croatas tienen el marco histórico heredado, o sea "Estado Croata"; por otro lado los servios tienen su Estado propio (Politički spisi, 158, 233-38, 255-74).

 

Desde el punto de vista de sus experiencias y apreciaciones Radić no aprobaba la política de Supilo, llamada "el curso nuevo" (lo que resultó la introducción a la Coalición croata-servia de la cual más tarde iba a separarse el mismo Supilo). Tampoco daba su aprobación al compromiso del Comité Yugoslavo de Trumbić con el gobierno servio de Pašić, oponiéndose rotundamente en el Consejo Nacional servio-croata-esloveno a su unión incondicional y apresurada con Servia. Radić indicaba que previamente a cualquier decisión era preciso garantizar la posición político-estatal y jurídica de Croacia en el futuro Estado común. Pero como en este sentido Croacia había sido sorprendida en su buena fe y estafada, Radić, poco después de consumarse la supuesta unión (1919), advirtió que la unión de los eslavos meridionales entrañaba doble riesgo sumamente peligroso: por un lado eludía el verdadero eslavismo, y por el otro, fundía o reducía la idea croata en algo esencialmente inferior y la transformaba en una forma balcánica (Notas, E. Radić, 12; ver I. Mužić, S. Radić, 50).

 

Un poco más tarde (1922, en la asamblea de Matica hrvatska), volvió a subrayar que por esa unión nacional eran meritorios muchos croatas incluyéndose a si mismo, pero, decía Radić, "la dura realidad" confirma que en nombre de esta supuesta unidad, "nosotros, los croatas, corríamos el riesgo de perder hasta el mismo nombre croata conjuntamente con nuestra más que milenaria cultura e individualidad política" (Politički spisi, 24).

 

8

 

EN PUGNA POR EL HUMANISMO Y POR LA REPUBLICA DE CROACIA

 

El papel grandioso de Radić en la historia moderna nacional croata se refleja especialmente por la forma en que fue concebido y planteado en el espíritu del ser nacional el programa de la libertad y la soberanía de Croacia simultáneamente con soluciones de todos los problemas sociales y clasicistas de la Nación croata, un programa basado integralmente en el humanismo y en colaboración pacifista con todas las demás naciones.

 

Al iniciar su camino político, Radić expuso en Ideales Croatas (1898) todos los principios sobre los cuales iba a desarrollar su política. Decía que había llegado la época en la cual la nación íntegra iba a "pensar activa-mente en la independencia estatal" y no sólo los estamentos privilegiados. "Carecemos de una política real y nacional y tampoco la podemos tener hasta tonto los extranjeros nos dictan qué ideales y qué politica nos corresponden". La libertad real se alcanza únicamente "con un gobierno nacional propio y en la independencia nacional"; del mismo modo se ve materializada "la justicia nacional únicamente en la igualdad social, en la legislación nacional en la autodeterminación nacional". Abanderados con insignia extranjera "no se va a una boda, como tampoco se concurre a una guerra". "La soberanía nacional verdadera y real consiste en un hecho fundamental ... que a ningún ciudadano puede juzgarlo ningún extranjero. La indidualidad nacional exige liberarse de los extranjeros que imponen su idioma y su ideología" (Novo doba I, 55-7).

 

En la resolución constitutiva de su partido (1905), dirá que "es indispensable fijar aquella política decisiva para lograr la unión de la nación croata, dentro de su estado propio; asegurar la máxima autodetermnación e independencia nacional y garantizar a todos los ciudadanos la igualdad de derechos, una enseanza y educación pública mayor y el máximo bienestar general" (Hrvatska misao, V, 1, 45). En su programa partidario publicado el mismo año, destacaba que para alcanzar un estado independiente croata era insuficiente invocar solamente "el antiguo derecho histórico", porque "con el correr del tiempo, todos los derechos en el mundo desaparecen", salvo que se los defienda y se luche por ellos. Así ocurre también con el derecho estatal croata "que cuenta con tantos enemigos y pocos defensores". En su concepción, Radić no se imaginaba a un estado croata ajeno a la realidad política imperante en el mundo y aconsejaba no encerrarse ni aislarse, pues ya no existían naciones en el mundo que se comportaran así. Radić había descubierto la moderna convivencia e interdependencia e indicaba a las grandes potencias, que necesitaban dialogar con los demás, conectarse con otros y ayudarse mutuamente. No obstante, en cualquier "alianza de los Estados" es indispensable contar previamente con el consentimiento de la totalidad de la nación. Entonces, vistas tales condiciones, a Croacia debían garantizarse sobre todo sus propias finanzas y sus fuerzas armadas propias (Sabrana djela, VII, 18-22, 31-4, 43-55). Radić se entusiasmaba con la idea, como muchos intelectuales democráticos de aquel tiempo, que creían en una transformación de la Monarquía de los Habsburgo en una federación denubiana con igualdad para todos los pueblos y sirviendo así de base a una "gran federación de las naciones de Europa central y suroriental". Dentro de este marco político encontrarían necesariamente su solución los problemas nacionales de los eslavos centroeuropeos y balcánicos. Hubo también un intento de incluir en este proyecto la Asia Menor (Turquía) y a Egipto (Hrvatska misao, V, 19-34). Hasta el fin de la Primera Guerra Mundial las ideas de Radić resultaban bastante próximas a aquellas que, debido a las circunstancias internacionales, ofrecía la Monarquía con su transformación trialista, como las condiciones más ventajosas para la unión de todas las provincias croatas y para la independencia e igualdad jurídica de Croacia. La creencia de los que eran partidarios del llamado austrocroatismo se iba haciendo más firme a medida que se desarrollaba una serie de importantes sucesos. La anexión de Bosnia y Herzegovina (1908) dio lugar a nuevos presupuestos político-jurídicos e internacionales para que se procediese a unir e incluir a estas dos provincias a Croacia, lo que a su vez significaba que interiormente se abría el camino de la reorganización trialista del Imperio. Durante las Guerras Balcánicas (1912-1913), provocadas por la división de Macedonia con el choque y las mutuas luchas entre los imperialismos servio y búlgaro, la gravedad producida echó por tierra todas las ilusiones de una supuesta unión y de los intereses comunes posibles de las naciones de los eslavos meridionales. Durante la Primera Guerra Mundial las pretensiones imperialistas de Italia y Servia agravaron aún más la situación. En consecuencia, los políticos croatas, no sólo Radić, sino los adeptos de Frank, más los intelectuales moderados (el prof. I. Kršnjavić, I. Pilar), creían que con la victoria de las potencias aliadas (Entente) los croatas corrían serios peligros debido a las amenazas y las pretensiones de Servia e Italia. Así Croacia corría el peligro de sufrir las mismas consecuencias que las guerras balcánicas significaron para Macedonia. Las críticas en contra de Radić vía facti quedaron desvirtuadas totalmente como injustas, al pretender interpretar equivocadamente la supuesta decisión austrófila de Radić, mantenida hasta el fin de la guerra. Es realmente necesario destacar su temor y su forma de actuar, que de ninguna manera estaban sujetas a los intereses de la Monarquía, sino que eran una permanente preocupación por el porvenir de la nación croata. En cambio a Trumbić le acosó el temor de que en caso de la victoria aliada se podría producir simultáneamente una desintegración nueva y total de las tierras croatas. En busca de soluciones Trumbić veía como una posible alternativa, la unión de los eslavos meridionales en un Estado común.

 

Al finalizar la Primera Guerra Mundial, y en los días de desintegración de Austria-Hungría, surgieron ebulliciones revolucionarias como así tamién la creación tempestuosa de una forma estatal nueva y artificial. Fue entonces cuando Radić decisiva y enérgicamente exigió que de conformidad con los principios democráticos y de autodeterminación nacional de Wilson, se respeten los derechos de Croacia. Efectivamente, también fue influenciado por evidentes concepciones leninistas y por la disposición y el sentido revolucionario de los estratos populares. Así "exige que la totalidad del gobierno estatal y su administración esté sometida al control popular directo". En cuanto a la legislación, en el futuro las leyes "deberán crearse conforme a las necesidades de los campesinos y obreros" que "son la fuente principal de toda fuerza nacional y estatal y además la clase principal y más importante del Estado y de la Nación (Dom. XII, 409 - X, 1918).

 

Radić se oponía con valor y vigor, casi abandonado por todos, a la unión incondicional y apresurada con Servia, cuyos partidarios eran algunos asustados políticos procedentes particularmente de Dalmacia, y la conspiración conjunta de Pribičević y Pašić. Radić escribía en su Dom (Hogar), lo siguiente: "Nosotros exigimos que en la unión de los eslavos del Sur esté reconocido y vigente nuestro Estado croata". Aquellos que insistan en la creación del Estado esloveno-croata-servio, "pueden hacerlo mientras no quede menguado y marginado nuestro milenario Estado croata, pues ello sería un escándalo mayor, precisamente en la época en que se está aplicando el principio de la autodeterminación nacional". Insistía exigiendo que Croacia fuera "un Estado independiente y una república popular" y por ello abogaba "que todos nosotros los eslavos meridionales, inclusive los búlgaros, lleguemos a crear una gran alianza eslava republicana (Idem, 46, 21-VI-1918).

 

La grandeza histórica de Radić se manifestó talvez en su grado máximo en el discurso pronunciado en la decisiva reunión nocturna del Consejo Nacional esloveno-croata-servio, celebrado el día 24 de noviembre de 1918. En aquel entonces Radić se opuso decisiva y terminantemente y rechazó con máxima energía la realización de una unión centralista, pese a que partidarios fanáticos y enloquecidos de esa unión le amenazaban con asesinarlo en la misma Dieta o con hacerlo linchar en la calle por el populacho enardecido y enfurecido. A pesar de que en aquella sesión, parecida opinión era mantenida únicamente por el delegado del partido Derecho Croata, Dr. Dragutin Hrvoj, Radić no obstante, se mantuvo inflexible. El sentía que el pueblo croata jamás se iba a conformar con la pérdida de su individualidad política y del Estado Nacional y por ello invitaba al pueblo croata a no aceptar aquellas decisiones irracionales de los políticos, que se manejaban con engaños y astucias, declarando a sabiendas a "nuestra hermana Servia como nuestra madre", olvidándose fácilmente que este honor se lo merece únicamente nuestra patria croata.

 

Radić tenía plena conciencia de que sus "prédicas eran infructuosas", sin éxito, pero reprochaba a la mayoría enceguecida que lo hacía "para cumplir con su deber", y "para que más tarde no se excusaran diciendo que nadie les había advertido del precipicio al cual deseaban empujar a todas las naciones (yugoslavas), especialmente al pueblo croata".

 

A los señores del Consejo Nacional les advertía que con ninguna causa podría justificarse una unión improvisada e impensada, y que además se equivocaban amargamente todos aquellos que creían que "se puede, por decisión propia y caprichosa pasar por encima de más de mil años de la historia y la política estatal croata". Radić consideraba a aquellos que pretendían una unión centralista como partidarios de "un gran Estado servio, con el resurgimiento del Imperio (medieval) de Dušan". Los croatas eran totalmente contrarios, porque "no querían servir ni ser esclavos de nadie más, fuese un extranjero o hermano". La unión, según los conceptos croatas, estaba justificada únicamente si se procedía de conformidad a los principios de autodeterminación y con la total igualdad, en una Confederación que debería ser una República democrática y humanista, tal como "mucha de nuestra gente la ha visto y vivido en los Estados Unidos de Norteamérica", y por "lo cual también luchan... sus hermanos campesinos en Rusia" (Politički spisi, 323-35).

 

Terminando su histórico discurso, Radić anunció con un espíritu profético que el pueblo croata iba a rechazar y librarse íntegramente de todos aquellos que irracionalmente lo condujeron o más bien lo empujaron a una monarquía (servia) centralista, precisamente en el momento en que se iban a sentir tranquilos creyendo que la Nación Croata ya había sido domada y que se la había "montado bien". El discurso finalizó con la exclamación tétrica de Radić: "Viva la República" y "Viva Croacia", dejando marcadas así su inquebrantable voluntad y permanente constancia en defensa de la soberanía croata con el anuncio de una lucha sin tregua contra el unitarismo yugoslavo.

 

La valiente y heroica posición de Radić y su intuición histórica de larga proyección tuvieron repercusión enorme y adhesión total del pueblo croata. El aprecio y la fama de la cual gozaba como politico en su pueblo eran innegables. En el momento crítico del profundo cambio provocado por la disolución, de la Monarquía de los Habsburgo y seguida por la formación artificial de una nueva forma estatal de los eslavos maridionales, Radić sipo expresar e interpretar desde la altura de su papel histórico las tendencias espirituales conscientes aunque complejas y no menos trascendentales de la enorme mayoría de la Nación croata.

 

Puesto que al concretarse la unión del 19 de diciembre de 1918 no se respetaron ni las condiciones más moderadas del Consejo Nacional, como así también los convenios de Corfú y Ginebra, relativos a la constitución y el ordenamiento del Estado común, el pueblo croata —en forma espontánea y cada vez más influenciado por Radić— manifiesta su disposición rebelde, lo que posibilita a Radić tomar una política radical, decisiva y simultánea en la política interior como la exterior. El día 8 de marzo de 1919 el Comité Central del partido campesino emitió una resolución no reconociendo el Reino Servio, Croata y Esloveno, "proclamado fuera de la Dieta croata y contra la voluntad del pueblo croata". En el mismo momento la conducción del partido de Radić elevó un "Memorándum", con la firma de 167.669 ciudadanos croatas, dirigido al presidente de los Estados Unidos Wilson, a los gobiernos de Ias potencias grandes y a la Conferencia de Paz en París. En este memorando se pedía enviar a Croacia una comisión aliada cuyo objetivo sería hacer posible la autodeterminación del pueblo croata y la formación de una República pacifista y neutral: recién en estas condiciones podrá incorporarse a una "República Federativa de Yugoslavia", tan pronto como los eslovenos, los servios y los búlgaros, cada uno separadamente y por cuenta propia, constituyan sus repúblicas neutrales, libres y populares" (Slobodni Dom, XVI, 8).

 

En la época en que en Belgrado era decretada la Constitución de San Vito (proclamada el 28 de junio de 1921), acto consumado en contra de la voluntad de todos los diputados croatas; contra la mayoría de los diputados eslovenos; sin la representatividad auténtica macedonia y montenegrina y contra la voluntad de los representantes del movimiento comunista obrero se legaliza el centralismo monárquico ,granservio, con fecha 7-XII-1920. Radić reaccionó cambiando el nombre de su Partido croata popular campesino por el de Partido croata republicano campesino. Igualmente, la representación nacional croata, conducida por Radić, promulgó el 9 de abril de 1921 en Zagreb, la Constitución de la República Neutral Campesina de Croacia. En esta Constitución, publicada en el país y en el extranjero (en EE.UU. se editó en croata e inglés), se estableció lo siguiente:

 

        que la República Soberana de Croacia entraba en la libremente acordada comunidad estatal (confederación) con Servia y Eslovenia, reconociendo además el derecho de autodeterminación de Bosnia y Herzegovina, Montenegro, Macedonia, más a Banat, Bačka y Baranja (Vojvodina) ;

        asegurar el principio de "la democracia constitucional", de los derechos humanos" o sea: las libertades políticas y un seguro general social y de salud;

        que en lugar del servicio militar clásico habría una obligación general de defensa de la patria; se crean distritos de defensa nacional y se establece un servicio militar y laboral que duraría seis meses.

        en cuanto a sus relaciones internacionales, éstas serían guiadas por la política "pacifista y neutral", declarándose además que la República de Croacia se considera un "organismo vivo de la gran comunidad humana que, lenta pero seguramente, se va a transformar en una gran república confederada mundial" (Državno uredjenje Ustav Neutralne Seljačke Republike Hrvatske, Zagreb, 1921, Pitsburgo, 1923).

 

Toda la actividad política de Radić y de su movimiento se iba encaminando hacia la realización de un programa que entonces fue presentado incluso en forma constitucional y sobre el cual los diputados electos (ya con anticipación el 8 de diciembre de 1920), habían prestado su juramento público y solemne. Radić tenía presente permanentemente estos objetivos, inclusive cuando por razones de circunstancias internas o internacionales se veía obligado a renunciar formalmente a sus exigencias republicanas, aceptando forzosamente el Reino servio-croata-esloveno. Sus adversarios del bando inflexible he,gemonista-centralista tenían plena conciencia de todo eso, pero precisamente por haber brindado su vida por dichos objetivos, los mismos se convertirían en el ser espiritual del pueblo croata.

 

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LOS OBJETIVOS REVOLUCIONARIOS NACIONALES Y LA LUCHA PACIFISTA

 

La finalidad expresada y expuesta por Radić desde el inicio de su movimiento y hasta su último suspiro —la soberana República de Croacia—era, indudablemente, un programa revolucionario nacional. Su programa, en cambio, no coincidía con su política pacificadora y pacifista. Sin embargo, apoyándose y nutriéndose del ánimo combativo popular, continua-mente desviaba al pueblo del camino de la lucha revolucionaria armada, tranquilizando a todos con que la libertad croata se ganaría por una vía pacífica y democrática.

 

El pacifismo de Radić era producto de su propia concepción de la filosofía de la historia y de ninguna manera se la podría interpretar como una falta de valor personal o una supuesta indisposición por el sacrificio. Radić, al igual que Starčevié anteriormente, aceptaba las conclusiones y experiencias históricas según las cuales cada revolución traía y provocaba a los pueblos afectados mayores males y desgracias prolongadas que resulta-dos históricos positivos.

 

Personalmente, Radić era un hombre de una valentía política poco común y sumamente decisivo, de un carácter de entereza y firmeza inquebrantables. Así lo mostró en todas las continuas e interminables persecuciones policiales y judiciales que sufrió, secundadas por increíbles amenazas, calumnias e incomprensiones y, sin embargo, todo aquello no pudo detenerlo ni tampoco desviarlo de su ruta. Radić nunca se acobardó, ni siquiera ante las amenazas de asesinato, sino que enfrentó con valor todos los peligros mortales, dispuesto a sacrificar su vida por "los ideales croatas"; tal compromiso lo había contraído tiempo atrás, en su primera exposición política (1897) .

 

El heroísmo político de Radić —unido a la visión profética propia de los conductores políticos excepcionales— llegó a manifestarse justamente en lo que iba a tener un carácter trascendental en los sucesivos acontecimientos históricos. Radić fue ridiculizado porque, pese a todos los partidos oficialistas u opositores, comenzó a estructurar su movimiento entre los campesinos, politicamente carentes de derechos, incultos y supuestamente sin conciencia nacional. Pero los campesinos, gracias a los hermanos Radić, en sólo tres lustros se transformaron en la principal fuerza del movimiento nacional croata.

 

No cabe duda alguna que para ello fue preciso disponer de gran valentía política, acompañada de una profunda autoconfianza y seguridad internas en la certeza de sus previsiones y apreciaciones históricas. Esta condición era indispensable para poder oponerse enérgicamente a la decisión irreflexiva de todas las corrietes políticas croatas (salvo "constitucionalistas puros"), eslovenas y servias. Todos quedaban sin compás ni derrotero preciso merced a la psicosis generalizada por la famosa unión, incluso muchos políticos avezados, intelectuales y gran parte de los que fueron activistas de la juventud yugoslava.

 

El proyecto de Radić del programa constitucional por la República Soberana de Croacia fue un acto revolucionario en relación con la situación existente y sostenida con toda la fuerza político-estatal en el Reino servio-croata-esloveno y con el recientemente establecido orden versallesco de Europa. Su constante insistir por una política pacifista y neutralista de la República de Croacia dentro de la comunidad mundial de las repúblicas soberanas fue un lejano preanuncio de lo que se iba a concretar recién en nuestra época: es decir, un preanuncio de las ideas indispensables para la coexistencia pacifista, el no alineamiento y la creación de un orden mundial por intermedio de la Organización de las Naciones Unidas.

 

Radić no vacilaba en rechazar enérgicamente las acusaciones de un supuesto separatismo y contestaba que su programa nacional era separatista en cuanto al gran centralismo y hegemonismo estatal. Destacaba también la total ausencia de fundamento y justificación válida como asi también la monstruosidad del régimen que niega el derecho de todos los pueblos a su autodeterminación, incluyendo a la nación croata.

 

Radić, al igual que Starčević y otros ilustres croatas, entre los cuales se contaban también los pertenecientes a la religión islámica, estimaba que la enorme mayoría de la población de Bosnia y Herzegovina de religión musulmana era parte integrante y étnicamente la más pura del pueblo croa-ta. Por ello condenaba enérgicamente "la política turca de Belgrado" de aquellos líderes de la Organización Musulmana Yugoslava, quienes por un oportunismo coyuntural identificaran su credo religioso con la nacionalidad en detrimento de los intereses nacionales croatas generales y particularmente de su porción musulmana.

 

Sus viajes a Viena, París, Londres y, sobre todo a Moscú, desencadenaron ataques y persecuciones aún mayores. Radié los efectuó a sabiendas y den Moscú afilió su partido a la Internacional campesina, pese a su dura crítica ante la revolución bolchevique y el Comintern. Toda esta intensa actividad que desarrolló se debía a su deseo de actualizarse en el ámbito internacional y conquistar nuevos aliados para la solución de la cuestión croata.

 

Si bien los objetivos nacionales de Radić como así también sus reiteradas manifestaciones y pasos audaces eran de un carácter revolucionario indudable, mientras que el pueblo croata se encontraba profundamente insatisfecho y amargado, al borde de la rebelión, Radić, sin embargo, no se apartaba de los medios pacifistas de lucha, consciente de que, en condiciones históricas determinadas, las revoluciones eran inevitables.

 

Sin embargo, es de destacar que el pacifismo de Radić estaba lejos de un fatalismo pasivo. Por el contrario, por sus ideas y por su política fue no sólo sumamente dinámico, sino que era un partidario confeso de una resistencia y movimiento popular activos. En el año 1902, con motivo de la impertinente provocación servia, si bien se opuso a los ataques físicos contra los servios que vivían en Croacia, decididamente pregonó que "ahora que se atrevieron a levantarse contra nosotros, se les propinase un adecuado golpe sobre la mano vergonzosa y fratricida". Insistió en que con todo tipo de boicots se debilitara a "todos los elementos que amenazan con destruirnos"; "cada uno debe recurrir a los suyos" y "al hermano se lo quiere", pero solamente mientras "se siga comportando como un verdadero hermano" (Politički spisi, 233-37).

 

Conforme a su filosofía política Radić dejaba bien explicados los motivos por los cuales estaba de acuerdo con los métodos democráticos y parlamentarios para solucionar el problema croata, pero también, ya en el año 1920, había enviado su advertencia histórica a Belgrado: ¡"Cada revolución es un mal, y si estallara, para vosotros significaría la destrucción, mietras que para nosotros sería un desastre". Por ello Radić estaba siem-pre dispuesto al diálogo, a la negociación y a la concertación antes que a una revolución. Decía que una revolución no podía ser llevada a cabo por ningún partido; la revolución es un derecho propio del pueblo que, habiendo agotado todos los medios legales, defiente sus derechos y su existencia (Jutarnji list, IX, 1.12.1920).

 

Radić quería evitar a toda costa "la carnicería fratricida", como se denominaba a la revolución deseada por todos los políticos servias. Sus mercenarios "cometían violaciones salvajes" e invitan además "a que se asesine a los dirigentes políticos croatas y que se perpetre una generalizada masacre de los croatas, y ya se hubiera producido hace tiempo una guerra civil entre los croatas y los servios", pero la conducción croata se opuso decididamente no sólo a esa monstruosidad, sino también a cualquier tipo de conflicto bélico, consciente de la definición romana que la guerra civil era peor que todas las demás (bellum civile omnium pessimum), (Slobodni Dom XVI, 1922, 21-31).

 

En sus exposiciones Radić insistía reiteradamente en estos juicios y también afirmó en el extranjero que estaba dispuesto a acompañarlos con argumentos firmes que ya habían sido expuestos en el Memorandum que la representación nacional croata había dirigido el 13 de agosto de 1922 al mundo y al fuero internacional de entonces que era la Sociedad de Naciones en Ginebra. En aquel escrito se decía textualmente lo siguiente:

 

"De acuerdo con la opinión de los autócratas servios para la representación nacional croata no cabría otro camino que el de someterse o recurrir a una revolución que daría lugar al inicio de una guerra interna provocada por múltiples provocaciones intencionales por parte de los usurpadores del poder que se servirían de todos los medios con tal de provocar la revolución croata para ahogarla después a sangre y fuego. Asimismo, las horcas serían levantadas por toda Croacia, según lo dicen y escriben abiertamente los defensores e intérpretes del régimen de Belgrado (Politički spisi, 408).

 

Al año siguiente (1923) Radić dirá que el pueblo croata podría haber destruido "en un solo asalto a la Bastilla servia", pero en vez de optar por una revolución cruenta "nosotros fuimos los autores de otra revolución, que fue mucho más importante y superior, más decisiva, mucho más exitosa que si hubiéramos entrado en combate con las fuerzas armadas servias". "Nosotros optamos, decía Radić, por lo mismo que los enciclopedistas franceses, pero en una medida mucho mayor". Contrariamente a los servios "que creen que la fuerza bruta es superior al derecho" y se aferran del proverbio que reza "quien no se venga, jamás se santifica" y contrariamente también a aquellos croatas que reclamaban un alzamiento armado, Radić seguía subrayando la trascendencia de "los derechos humanos" y el entendimiento democrático porque toda guerra y especialmente la contienda civil "no sólo significan una desgracia teórica, sino también en la práctica son un verdadero desastre, una catástrofe que llevaría al pueblo a la destrucción" (Politički spisi, 425-44).

 

Durante su permanencia en el extranjero (1924), Radić explicaba al mundo exterior "que nosotros los croatas carecemos de cualquier odio hacia el pueblo servio", y que él, personalmente, valiéndose de prestigio e influencia varias veces logró impedir la revolución que muchos quisieron preparar, considerándola posible y exitosa". Radić mostraba su buena voluntad para llegar a un acuerdo con una Servia previamente desmilitarizada, que reconociese soberania croata y recién entonces, conjuntamente, crear una "alianza o confederación, pero de ningún modo "un Estado federal". La propuesta consecuentemente residía en la renuncia total por parte de los servios de su teoría y política "de una falsa unión nacional" (Slobodni Dom, XVIII, 1932, 3).

 

Como no se perfilaba la posibilidad de una solución pacífica, Radić se lanzó a la búsqueda de nuevos aliados, incluso en la Rusia Soviética. Radić subrayó que tampoco 61 rechazaba en su totalidad una revolución a la cual "tampoco puede renunciar un pueblo que aspira a tener su propia libertad". Admitía "que tanto la revolución como las luchas ilegales se transforman en medios legítimos, puesto que destruyen la opresión y la esclavitud". "Sin embargo, la revolución debe armarse recién cuando se agotaron todos los medios legítimos para la lucha" (Politika, XX, 1924, 5082, cfr. I. Mužić, op. cit., 146-7). En oportunidad de afiliarse a la Internacional Campesina, Radić volvió a reiterar que el Partido Campesino y Republicano Croata "seguirá usando como hasta ahora los medios pacíficos y que únicamente en un caso extremo y al fracasar la línea pacifista, habría que recurrir a una revolución" (Slobodni Dom, XVIII, 1924, ed. P, 296). A su regreso de Moscú Radić volvió a subrayar que estaba dispuesto a seguir con las conversaciones que lo llevarían a un convenio con los demócratas servios (de Davidović) que, además, habían llegado a convencerse que al pueblo croata era imposible doblegarlo por media de la fuerza y que Pašić, desde el autoritarismo del gobierno, seguía empujando a los pueblos de Yugoslavia a una revolución" (Slobodni Dom, XVIII, 1923, ed. P 32 a).

 

Aun en el año 1927 —luego de sufrir todos los desencantos y desilusiones en cuanto a la posibilidad de lograr un entendimiento— Radić siguió insistiendo en que toda revolución era errónea, como la revolución bolchevique o cualquier otra tiranía. Por ello se sentía un admirador de la democracia norteamericana y sobre todo del presidente Wilson, por su reconocimiento del principio de la autodetermiación nacional. Herido mortalmente en el Parlamento de Belgrado, y sin sospechar una pronta muerte, Radić dijo que se había convencido de que con los círculos dirigentes de Belgrado, "no se podía llegar absolutamete a ningún entendimiento honesto" y que apenas se curara, "iba a abandonar su pacifismo actual" y recurriría a los mismos medios que sus adversarios en la lucha por el reordenamiento del Reino de los Servios, Croatas y Eslovenos, por una "total independencia de Croacia, apenas en unión personal con Servia" (cfr. I. Mužić, op. cit., 229, 256-9).

 

10

 

CONTRADICCIONES, ERRORES, GRANDEZA E IMPORTANCIA HISTORICA

 

Sin considerar cuán justificada era desde el punto de vista filosófico y humano la táctica pacifista de Radić, la misma estaba en una profunda contradicción con sus metas estratégicas. Fiel sólo a los principios pacifistas de su movimiento, no logró ganar la libertad y la soberanía de Croacia, salvándola de un adversario que utilizaba toda clase de medios abusivos y violentos. El adversario se apoyaba en la fuerza policial y de la gendarmería, y ridiculizaba la debilidad de las "bolillas de goma" de Radić, refiriéndose obviamente a las bolillas electorales.

 

La contradicción se hacía muy evidente cuando se creía que los objetivos nacionales radicales, de hecho revolucionarios, podrían alcanzarse con métodos pacifistas y sin lucha; por ello el movimiento de Radić resultó muy atrayente para los amplios estratos sociales de la Nación. ¿Pues, quien no aspira a concretar los ideales más altos con sacrificios mínimos? Que Radić no haya fundado su movimiento sobre las bases pacifistas y perdurado en esa actitud por razones demagógicas —como se lo reprochaban desde la derecha y la izquierda— se colige también de su permanente recordación a todos sus partidarios como también a sus adversarios de que la revolución queda como último medio al cual recurriría el pueblo croa-ta si por la vía democrática no alcanzara su soberanía.

 

Por haber querido a toda costa evitar los horrores de una revolución, Radić imprimió a su partido y a la totalidad del movimiento nacional, como conductor indiscutible y líder plebiscitario el sello pacifista.

 

Con el correr del tiempo se hacía más evidente que los objetivos croatas resultaban imposibles de alcanzar por la vía pacifista; eso dio lugar a que en la totalidad de la Nación croata como en el mismo partido de Radić se intensificaban las tendencias radicales o extremas —tanto de derecha como de izquierda— que preconizaban una revolución nacional y socialista. Contrariamente a ello y simultáneamente con el crecimiento de las corrientes radicales (de modo especial después de la muerte de Radić), en la conducción central de su partido prevalecerá totalmente la filosofía pacifista y legitimista.

 

Permaneciendo fieles al pacifismo de Radić y conscientes de que eran los representantes indiscutibles de la política croata, elegidos por vía democrática, los sucesores de Radić en la conducción superior —Maček, Košutić y Krnjević— serán, es verdad, continuadores y representantes consecuentes del programa de Radić en la lucha por los intereses de la nación croata, pero, precisamente, por su posición pacifista y su concepción del mundo, quedarán al margen de los acontecimientos históricos cuando la suerte de Europa, y también la de Croacia, se resolvía por medio de guerra y la revolución.

 

Al dar a su programa nacional el contenido social que atrajo a amplias capas sociales y populares del campo y de la ciudad y afianzando la idea del derecho político, estatal e histórico croata, Radić con ello llevó a los estratos —nacional y socialmente concientizados— a la antesala de la revolución socialista y nacionalista. Radić tenía plena conciencia tanto de la grandeza de los ideales como las realizaciones trágicas y de las consecuencias de las revoluciones burguesa francesa y obrero-campesina rusa y, por ello, deseaba realizar sus ideales democráticos, ajustados a las condiciones croatas con medios pacíficos y sociales.

 

Pero el hecho de que por estos ideales nacionales y sociales tuviera que caer como un mártir, tuvo múltiples consecuencias En un primer momento el pueblo croata, sin excepción, se reagrupó en las filas del movimiento único nacional bajo el estandarte de Radić, optando por la interpretación extrema y radical de su programa. El monstruoso crimen en el parlamento de Belgrado hizo madurar el convencimiento de la enorme mayoría del pueblo que los medios pacíficos no bastaban ya para lograr los derechos y libertades croatas, lo que fortaleció a las corrientes revolucionarias y afirmó la decisión del pueblo croata.

 

Que el ser nacional croata estaba imbuido de espíritu no sólo de la resistencia política activa, sino también dispuesto a emprender la lucha, lo prueba el hecho de que a pesar de la duración de un régimen aborrecido, caracterizado por sus crudas violaciones y feroces persecuciones, se llegó a una organización total del pueblo en su autodefensa, caso rarísimo, en la historia de la lucha libertadora de las naciones oprimidas. Además de las organizaciones políticas del Partido Campesino, que entonces esta-ban extendidas por todo el territorio croata, en cada ciudad, en cada pueblo y hasta en el último villorrio, se desarrollaba una gran actividad de alcance histórico. Así fue la Alianza campesina y la Alianza económica, la Defensa urbana y la Defensa campesina, organizaciones nacionales interconectadas con una verdadera red de las filiales locales. Todas ellas fueron ramificaciones directas del movimiento de Radić, conducidas por el Comité central del Partido. La Alianza campesina se dedicó a la conservación y la promoción de la herencia cultural croata; la Alianza económica fomentaba la economía nacional y de un modo especial apoyaba el cooperativismo.

 

La Defensa civil en las ciudades y la Defensa campesina en el campo, organizadas según el principio militar y territorial, organizadas secretarnente en un primer momento y luego en forma pública, con el pretexto de defender a la población de las desgracias naturales y de los incidentes ilegales. Estas organizaciones fueron contingentes paramilitares del Partido y alcanzaban alrededor de 200.000 personas. Al mando de Maček (por ello se denominó "La protección de Maček") y al crearse la autonomía de Croacia, se convertirá en su organización oficial paramilitar. Fue para la conducción croata un apoyo particular para defenderse de los múltiples abusos de Belgrado y durante la aplicación paulatina del acuerdo croata-servio. Finalmente se la usará a veces para reprimir las corrientes nacionales radicalizadas y las revolucionarias comunistas.

 

Con el acuerdo croata-servio referente a la institución de la Croacia autónoma, la historia en cierto sentido dio la razón a Radić y a sus concepciones en cuanto a que la lucha nacional podría llevarse a cabo por vía pacífica. Con la autonomía fue nuevamente reconocido y establecido el derecho histórico y político estatal croata a su individualidad nacional, integralmente negada y desconocida por primera vez en el Estado común en 1918. No importa que la llamada Croacia del Ban —lograda bajo la conducción política de Maček— era una solución parcial y temporal, ya que territorialmente también estaba reducida e inoluía sólo la parte occidental de Herzegovina con Mostar y la parte netamente católica de Bosnia, a pesar de que todavía, su independencia administrativa fue incompleta, el hecho de su creación, sin embargo, debe considerarse como un triunfo de la lucha pacifista del movimiento campesino croata, iniciado y dirigido por Esteban Radić, que con posterioridad a su muerte se transformó en el único movimiento croata totalizador.

 

Cabe destacar que dado que la independencia de Croacia y la federación posterior de Yugoslavia había sido aceptada por una capa delgada de la clase dirigente y gobernante servia en torno al príncipe Pavle y a D. Cvetković, y, además, bajo la presión de los factores internacionales, mientras que la gran mayoría servia estuvo contraria, pronto se llegó a la conclusión que una solución concertada resultaba ilusoria. Ocurrió precisamente lo que Esteban Radić presentía en vísperas de su muerte.

 

Los elementos granservios que el día 27 de marzo de 1941 dieron el golpe de Estado, so pretexto de la adhesión al Pacto Tripartito, y ocultando que en realidad se levantaron en contra del convenio Cvetković-Maček y por el retorno al sistema hegemonista y centralista. Con ello dieron un golpe mortal a la Yugoslavia monárquica originando lo ocurrido durante la guerra y durante la revolución, habiéndose enfrentado los movimientos ustasha y chetnik en sangrientas luchas armadas. La victoria se la reservó el movimiento de los partisanos de Tito con un programa de autodeterminación nacional (igualdad) y de revolución socialista.

 

Entonces resultaron ciertas las advertencias proféticas de Radić quien preconizaba que si no se daban soluciones a los pedidos croatas por vía pacifica, entonces surgiría como única alternativa la revolución y este acontecimiento sería para los que negaban "ad limine"' los derechos croatas, un mal mucho peor que para los croatas mismos.

 

El hecho de que el gobierno del Tercer Reich, en el momento de ocupar y destruir a la Yugoslavia de Versailles, favoreció, dentro del marco del nuevo orden hitleriano de Europa, la independencia de Croacia y que el gobierno de la Unión Soviética aceptó la desintegración de Yugoslavia como un hecho consumado (fait accompli) y estaba dispuesto a reconocer diplomáticamente al nuevo Estado de Croacia confirma que el problema oroata estaba muy presente en la política europea, alcanzando un nivel estratégico entre los factores que en ciertos momentos y circunstancias históricos podrían decidir sobre la suerte de algunos países en el reordenamiento del mapa político europeo. Todo esto fue el resultado de la historia croata entera en la cual en los tiempos más recientes S. Radić le dio su sello propio con su acción personal en el escenario internacional y con la fuerza de su movimiento.

 

Lo avala también el hecho de que los alemanes hicieron grandes esfuerzos para lograr el consentimiento del Dr. Maček a fin de que encabezara el gobierno del Estado croata, pues deseaban verlo estable dentro del marco de su ordenamiento europeo.

 

A Maček naturalmente pertenece el mérito por rechazar de conformidad a las tradiciones democráticas del partido de Radić las reiteradas ofertas alemanas pues nunca creyó que las potencias del Eje iban a ganar la guerra y Maček no quería que la Nación Croata se encontrase del lado fascista derrotado. Sin embargo, faltaría un interrogante: qué rumbo hubieran tomado los sucesos históricos si al restablecido Estado lo hubiesen conducido hombres con los principios programáticos de Radić, incluso cómo hubiera procedido el mismo Radić en aquellas condiciones.

 

Sin embargo, pese a toda la firmeza en defensa de los supremos intereses nacionales, Radić —por razones pragmáticas a veces— se permitía (lo que es propio de todos los grandes políticos) hacer giros sorprendentes que a los demás pudieran parecer inconsecuentes o incomprendibles. La única medida que justificaba cada uno de esos pasos o decisiones políticas surgía de su apreciación personal en cuanto a si se trataba de alcanzar un fin táctico o a que pudiesen servir también a los intereses permanentes de su pueblo.

 

En semejante actuación, muy fructífera y beneficiosa, en su conjunto, tampoco Radić pudo evitar ciertas equivocaciones y errores.

 

Uno de ellos fue el culpar "únicamente a los corruptos señores servios", haciéndolos responsables e interesados por el dominio hegemonista sobre Croacia. Creía que con su programa campesino, igualitario y válido para todos, iba a conquistar al pueblo servio, o sea, liberarlo de la influencia de sus partidos burgueses (el Partido Radical y el Partido Demócrata). Radić esperaba que de esa manera se lograría el cambio de un régimen corrupto y luego el entendimiento croata-servio. En consecuencia, en vísperas de las elecciones parlamentarias de 1927, cambió inclusive el nombre del propio partido en el de Partido Campesino Popular, con miras a nominar sus candidatos en Servia y Macedonia. Por supuesto, no obtuvo un solo diputado, pero perdió por ello seis diputados en Croacia (antes disponía de 67 diputados y esta vez obtuvo 61). Además, perdió proporcionalmente muchos votos propios (casi la tercera parte), debido a la des-confianza del pueblo croata en cuanto a sus compromisos y su participación en el gobierno de Belgrado, además de su intento de atraer al campesinado servio. Esto lo hizo reaccionar e inmediatamente después de los comicios devolvió a su partido el nombre nacional.

 

Aquello quedó en la memoria como un episodio pasajero, pero tuvo, sin embargo, un sentido histórico más profundo, aunque para muchos quedó casi como desconocido o pasó inadvertido, y de generación en generación se vuelve a repetir sólo con otros signos.

 

En primer lugar fueron los representantes burgueses croatas los que suponían que todos los asuntos conflictivos y en pugna a raíz de la unión iban a resolverse relativamente y fácil, con adecuados representantes burgueses servios.

 

Como en ese cometido "los señores corruptos" fracasaron, entonces hasta un Radić se dejará atrapar por la ilusión de una solidaridad clasicista campesina y de su identidad de intereses.

 

Los comunistas condenaban la política de todos los partidos burgueses, acusándolos de capitalistas y explotadores y al partido campesino de Radić lo tildaban de pequeño-burgués. A la vez, destacaban en primer lugar la solidaridad internacionalista de la clase obrera pero también reconocían la autodeterminación e igualdad jurídica de los pueblos sureslavos. Proclamaban también la unidad de la clase obrera de todos los pueblos de SFRJ (Federación Socialista de la República de Yugoslavia). Pero al intensificarse las confrontaciones entre esos pueblos entonces no podrá frenarlos ni la teoría sobre la supuesta identidad de los intereses mediante la autogestión obrera, sin tener en cuenta las nacionalidades y las repúblicas.

 

Una vez más la historia nos enseña con el ejemplo de las relaciones croata-servias —como así también entre todas las naciones— que los antagonismos nacionales no se superaban con una supuesta identidad supra-nacional de clase, sino únicamente con el reconocimiento de sus individualidades nacionales, y con una prudente coordinación de sus intereses particulares e igual participación en el orden internacional.

 

El olvido de las experiencias vividas o el encierre en la ceguera y la sordera por su obligatoriedad histórica, significan volver a repetir consciente o inconscientemente aquellas suposiciones erróneas reiteradas en forma cada vez más peyorativa.

 

En consecuencia, se creó una situación sin otra salida que la revolución del irracionalismo ustasha-chetnik.

 

En el análisis del significado de Esteban Radić y su influencia sobre la historia moderna croata, la evaluación final debe basarse en lo siguiente:

 

— en primer lugar corresponde saber apreciar justamente las circunstancias dentro de las cuales se iba a desarrollar su actuación coma también sus efectos sobre el proceso histórico de entonces;

        luego definir con certeza el papel y el destino histórico de su movimiento partidario nacional en su totalidad, pero también en todos sus componentes;

        y, finalmente, es necesario visualizar la múltiple y polifacética imagen de sus aportes históricos, de sus pensamientos y de sus ideas programáticas a la formación del ser nacional croata contemporáneo.

 

De modo que muy pocos podrán discutir que en la situación muy compleja de la época de transición en la reciente historia croata no es Radić el representante más auténtico de su pueblo y que, por su acción, es el que más influyó en la conservación y el progreso de la conciencia nacional croata, por ende, de su destino.

 

En este sentido, pocos podrán discutir el papel histórico de su partido mientras vivía y de su movimiento hasta la creación de la Croacia autónoma. No obstante, habrá juicio y opiniones harto disímiles en cuanto a la suerte histórica que corrió y le tocó vivir al partido de Radić en los torbellinos de la segunda guerra mundial y especialmente en cuanto al comportamiento y la conducción de Maček, de distintas corrientes partidarias, incluida la pasividad y cierta desintegración del partido hasta entonces el más fuerte en la historia política croata.

 

La descifración de los problemas complejos, contradictorios y muy interesantes nos obliga a tener en cuenta que aquí nos encontramos con una cognición histórica verificada, muy significativa y casi regular. Pues aquellas ideologías o movimientos que brindaban respuestas satisfactorias a los desafíos históricos de una época y de sus condiciones, normalmente no están capacitados para responder en forma eficaz a los retos de otros tiempos y de sus condiciones cambiadas. Para poder hacerlo deberían pasar por una transormación profunda y adecuada a las nuevas demandas.

 

Dentro del contexto general de la segunda guerra mundial, cuando estaban en pugna Ias dos ideologías militantes y totalitarias -el fascismo y el comunismo—, el Partido Campesino Croata, con su ideología democrática y pacifista vivió una suerte idéntica a casi la totalidad de los partidos democráticos burgueses de los países europeos involucrados en el vértigo bélico.

 

Como en el suelo croata el conflicto general de esas ideologías se desenvolvía a la sombra de los antagonismos internacionales, que se resolvían por vía. revolucionaria, el partido Campesino Croata de Maček, por ser celoso defensor y custodio de la herencia de Radić, es decir, intérprete de sus principios ideológicos y planteos programáticos, no quedó aislado, sino que por una u otra causa fue envuelto en todos los torbellinos del acontecer bélico.

 

Las ideas de Radić impregnaron a tal punto el ser nacional croata que sólo su nombre se transformó en el concepto fundamental y en el símbolo de la conciencia y aspiraciones del pueblo croata a conseguir su libertad y su república soberana. Por ello y por todo lo relacionado con el programa y el pensamiento de Radić, tres corrientes enfrentadas en el conflicto bélico en Croacia, invocaban su nombre, considerándose cada una factor principal de la política croata en el período de la segunda guerra mundial: el Partido Campesino con la conducción de Maček; el movimiento ustasha de Pavelić y el movimiento comunista de Tito.

 

Ello no ocurrió solamente por motivaciones demagógicas propagandistas. Cada una de las tres corrientes, no obstante sus ideologías políticas sumamente opuestas tuvieron argumentos para invocar a Radić, aunque en forma parcial y no en su totalidad.

 

El partido campesino de Maček, heredero y titular de la totalidad del programa de Radić, fue el que más invocaba su nombre. Políticamente más indicado, preparado y capacitado porque con sus organizaciones partida-rias alcanzaba y representaba a la totalidad de la nación croata. Sin embargo, surgidas las circunstancias bélicas, el partido quedó atado a su ideología democrática y aferrado a los principios pacifistas en un momento en que los conflictos históricos se resolvían mediante fuerzas armadas.

 

El movimiento ustasha de Pavelić consideraba que el restablecimiento del Estado Independiente de Croacia, fue una solución revolucionaria de los objetivos planteados por el "Gran movimiento nacional y libertador de Radić" (Hrvatski Narod, 8 de agosto de 1941). Pavelić decretó que la fecha del atentado en contra de Radić y de sus compañeros en el parlamento de Belgrado (20 de junio) se conmemore como "el día sagrado de la Nación Croata" y de recordación de "todos los mártires croatas". La doctrina y la obra de Radić fueron consideradas como vanguardia del movimiento ustasha y el Estado Independiente de Croacia como un "estado campesino", creado con un golpe revolucionario durante la destrucción del sistema versaillesco y la instauración de un nuevo orden europeo (cfr. F. Jelić-Butić, HSS, 53).

 

Con estos fundamentos el movimiento ustasha pretendía ganar al pueblo croata que interpretó la destrucción de la Yugoslavia monárquica como la desaparición de un mal y por ello en un primer momento al Estado Independiente de Croacia como su propio Estado. Por ello se volcó en su favor una parte minoritaria del mismo Partido Campesino Croata, su fracción derechista que participó activamente en la construcción del Estado Independiente de Croacia e incluso se afilió al movimiento ustasha. En el verano de 1941 dieron su conformidad a la declaración de afiliación al movimiento de Pavelić, 126 representantes nacionales y funcionarios del movimiento campesino (entre ellos, 15 eran diputados nacionales y 14 sus reemplazantes). Hubo también una adhesión integral de quince orgnizaciones locales, lo que proporcionalmente era un número reducido. Entre los adherentes no figuraba ninguna personalidad de la conducción suprema dal Partido Campesino Croata, pero hubo personajes conocidos y activos del partido. Algunos de ellos fueron nombrados ministros, gobernadores o altos funcionarios del Estado Independiente de Croacia. Entre ellos sobresalían: Janko Tortić, el Dr. L. Sušić, el Dr. J. Berković, el Dr. S. Hefer, Živan Kuveždić, el Dr. Dragutin Toth, el Ing. Ivica Frković, Zvonko Kovačević, el Dr. I. Majcan, el Dr. P. Gvozdić, Vladimir Košak, Vjekoslav Blaškov, el Dr. M. Lamešić, Ademaga Mesić, el Dr. M. Alajbegović y otros. A principios del año 1942 Pavelić decretó la convocatoria de la Dieta estatal croata (parlamento), y de las filas del Partido Campesino fueron invitadas 93 personas (diputados nacionales y miembros del comité general). Respondieron positivamente a la convocatoria 60 personas (cfr. F. Jelić-Butić, op. cit., 55-8, 63-5). Sin embargo, los del Partido Campesino Croata que decidieron colaborar con el Estado Independiente de Croacia de Pavelić y sobre todo los que aceptaron formar parte de la Dieta, no lo hicieron por razones ideológicas, sino porque creían que aquella formación estatal, dadas las circuntancias internacionales, significaba la concreción del programa estatal de Radić, aunque no coincidiera con su espíritu. Es un hecho que todos los mencionados, pertenecientes mayormente a la corriente que pretendía suavizar al régimen totalitario de los ustasha y además dentro del mismo actuaban en apoyo no sólo de su partido, sino también movimiento antifascista de los partisanos.

 

Pese a la invocación de Radić y de la creación del Estado croata, el movimiento ustasha de Pavelić no tuvo éxito en la conquista ideológico-política de las porciones mayoritarias del Partido Campesino y, por ende, de la nación croata. Las causas fueron múltiples. La pérdida de Dalmacia —cuna de la primera formación política estatal croata— y la independencia vasalla de Alemania e Italia, fueron un precio desorbitante como para que se pudiera aceptar al Estado Independiente de Croacia como logro de su soberanía. La misma estructuración del Estado Independiente de Croacia, imitando una forma profascista en su doctrina ideológica y estatal, estuvo en aguda contradicción con la ideología de Radić en su totalidad y de modo especial los actos de una política totalitaria, autoritaria y opresora. Además de la aplicación de leyes racistas y nazistas en contra de los judíos y los gitanos, no sólo fueron perseguidos los partidarios del movimiento antifascista y comunista, sino Umbién muchos y muy destacados seguidores de Radić. Así Maček fue confinado y encarcelado con los jefes principales del partido (Ing. A. Košutić, Dr. B. Smoljan, Dr. I. Pernar, Dr. J. Reberski, Dr. I. J. Andres, R. Herceg, Dr. I. Jančiković, L. J. Tomašić, A. Budimirović, Dr. Z. Šo1, D. Kempelja, Dr. N. Matanić, Dr. S. Čajkovac, J. Zrišćak, Dr. I. Banković, M. Marković y otros). En total, y en el curso de los años 1941-42, fueron detenidos unos 280 destacados croatas, dirigentes del Partido Campesino Croata (HSS), y fue asesinado en Jasenovac un viejo partidario de Radić, escritor campesino y diputado nacional, Mihovil Pavlek Miškina.

 

Cuando con todo eso se hizo evidente que el Estado Independiente de Croacia iba a compartir el destino de las potencias del Eje vencidas, resultaba comprensible la reserva, el descontento y hasta la hostilidad para con Pavelić, de todos los que inicialmente estaban esperanzados y que habían recibido con benevolencia la declaración de una Croacia independiente.

 

El movimiento comunista en Croacia enfatizaba ya desde los tiempos del asesinato de Radić y la inmediata dictadura real, llamada del 6 de Enero, que todo lo que Radić no logró realizar con su política pacifista, se iba a lograr por vía revolucionaria. Esta posición fue la base de la colaboración entre los nacionalistas y los comunistas croatas en las cárceles de la Yugoslavia hegemonista de la orientación del ala izquierda del movimiento de Radić y del movimiento obrero revolucionario. Los comunistas aspiraban a crear un frente común antifascista y popular, en vísperas de la guerra. Durante la guerra y la revolución, el movimiento guerrillero de Tito, invocando a Radić y a sus ideales, ganará en Croacia cada vez más adeptos. En la realización de esta política, por la cual se empeñó particularmente Andrija Hebrang, se dio el nombre de "Hermanos Radić" a una de las sesenta brigadas de los partisanos al mando del Estado Mayor de Croacia. La otra brigada se llamó "Matija Gubec" y la tercera llevaba el nombre de "Mihovil Pavlek Miškina" (las tres brigadas dependían del Cuerpo de Ejército de Zagreb). En octubre de 1943, en el territorio liberado por los partisanos, con los partidarios del Partido Campesino Croata, a la vez activistas y funcionarios del Movimiento Popular de Liberación, se creó el Comité Ejecutivo del Partido Campesino, luego denominado el Partido Republicano Campesino Croata, habiéndose destacado con ese cambio de nombre la vuelta a las tradiciones de Radić. Al movimiento de los partisanos no se adhirieron los dirigentes del Partido Campesino conducido por Maček pero, por otro lado, fue multitudinaria la adhesión de los campesinos y pobladores urbanos acompañados también por un número elevado de los dirigentes intermedios e inferiores (de distritos y locales). El Comité Ejecutivo fue integrado por los viejos partidarios de Radić diputados nacionales como también por otros personajes destacados de todas las provincias croatas, incluyendo Bosnia y Herzegovina (B. Magovac, T. Babić, F. Lakus, F. Frol, F. Gaži, P. Krce, A. Vrkljan, Dr. Z. Sremec, Dr. J. Grgurić, Dr. I. Sunarić, Dr. A. Koharević, Dr. Šimović, I. Tijardović, J. Draursnik, Dr. R. Bičanić, A. Prekar, S. Prvcic y otros). Cabría recordar al escritor Iván Goran Kovačić, quien llevó a las filas de los partisanos, a Vladimir Nazor. Goran, asesinado por los chetniks, era un convencido adherente al partido campesino y a su vez fue un destacado promotor de la ideología de Radić.

 

En el segundo congreso de ZAVNOH (octubre de 1943), B. Magovac recordaba que una vez "muchos de los que estaban presentes", pensaban que la lucha por una república (croata) en Yugoslavia "era locura de Stipica" (Stjepan Radić) y que ahora ese objetivo se estaba realizando (ZAVNOH, I, 463). En el segundo congreso de AVNOJ B. Magovac fue elegido vicepresidente de NKOJ (el gobierno provisorio revolucionario de Tito). Mientras tanto, F. Gaži era vicepresidente del ZAVNOH y luego del gobierno de Croacia Federativa. El Comité Ejecutivo del Partido Republicano Campesino Croata, volvió a editar su boletín "Slobodni Dom" ("El Hogar Libre") donde con sus proclamas se incitaba al pueblo a la lucha "por la realización de una república obrero-campesina por la cual ofreció su vida el líder y el maestro E. Radić", censurando en forma graduada, pero cada vez más áspera, la política "de espera" de Maček.

 

En resumen, la ideología de Radić, junto con el movimiento revolucionario obrero sirvió de base con la cual Tito y los comunistas pudieron conquistar la parte significativa del pueblo croata en favor del programa de un Estado Federativo de Croacia, dentro de la nueva Yugoslavia, prometida como una comunidad igualitaria de las naciones, con derecho de su autodeterminación, hasta la separación.

 

Esta apreciación histórica no queda menguada por el hecho de que ni siquiera la conducción comunista, segura de su victoria revolucionaria, tanto durante la guerra como inmediatamente después, procedió a la eliminación de los partidarios destacados de Radić, estando dentro o fuera de NOR (La Revolución (Guerra) Nacional de Liberación). La medida fue aplicada especialmente a los que se negaron a aceptar incondicionalmente el monopolio unipartidario (como los casos de A. Košutić, B. Smoljan, T. Jančiković, I. Bernardić, T. Baburić, C. Hadžija, F. Malćić, V. Krstulović, J. Blažok, B. Magovac, L. Ileković, D. Zastaković y otros).

 

Por "arrogárselo" tanto los ustasha como los partisanos en nombre de una revolución nacional y social, el capital heredado de Radić, con la conducción de Maček del Partido Campesino, iba disminuyendo desde los primeros días del conflicto bélico. En este caso también resultó evidente que en la política no menos que en la economía rige la regla: el capital pasivo y sin circulación necesaria es algo "muerto" que va perdiendo su valor. En cambio, el capital activo se mueve, aunque en condiciones especulativas y en asuntos riesgosos. En estos negocios unos pierden y fracasan, pero otros ganan e inclusive amasan riquezas y fama fabulosas e inesperadas, subiendo desde los niveles bajos (incluso mal conceptuados) a la llamada sociedad alta. La norma o valor del éxito es igual en el campo nacional que en el internacional.

 

Teniendo en cuenta que el destino de Europa y del mismo pueblo croata iba a depender de su resultado final y de la decisión de las potencias victoriosas, la conducción del Partido Campesino Croata, con su actitud pasiva y neutral, favorecía en principio a ambos bandos en pugna que se disputaban por. la conquista del alma del pueblo croata invocando también el nombre de Radić. Tenía razón al señalar que lo hacían para salvaguardar sus intereses políticos y no para lograr las metas programáticas de Radić. Ello, empero, no influyó en el proceso del ajuste de cuentas revolucionario, como tampoco impidió la desintegración partidaria, ya que la masa popular, sujeta a las condiciones imperantes, tuvo que optar por uno u otro bando y se impuso el bando que ofrecía mayores garantías para el porvenir.

 

El desarrollo de los acontecimientos tanto en el territorio nacional como en el mundo había ejercido su influencia entendible en la conducción de Mačck y del Partido Campesino que quedó en un espacio cada vez más reducido y estrecho entre las partes combatientes. Condenando al Estado Independiente de Croacia de Pavelić por el terrorismo fascista y por precipitar al abismo al pueblo croata y al movimiento de partisanos de Tito, por ser partidarios de la revolución y de la comunización del pueblo hacia el comunismo, carente de propia actuación revolucionaria, dicha conducción se transformó en un observador más o menos pasivo e impotente de los acontecimientos históricos decisivos. A pesar de que hubo ciertos intentos para incidir sobre el proceso, no hubo resultados ya que faltaba desde el principio una acción independiente y dinámica, que en las circunstancias bélicas hubiera podido concretar el programa de Radić. Toda la acción política activa quedó limitada a la participación de un sector de la conducción partidaria (Krnjević, Šutej, Šubašić) en el gobierno yugoslavo en el exilio, hecho muy importante porque dichos dirigentes pudieron afirmar las concepciones croatas en relación con las granservias, ante la opinión pública internacional y ante los emigrantes croatas, pero quedó sin efecto en cuanto al desarrollo de los acontecimientos dentro del país. Los intentos de Croacia para evadirse del campo del Eje y pasarse a los Aliados, terminaron en un fracaso (tuvieron su participación también los representantes del Partido Campesino como Tomašić y J. Farolfi, en el putsch de Vokić-Lorković y en la especial misión del coronel I. Babić ante el comando aliado). Del otro lado (fracasaron rotundamente las tratativas con Tito y NOP (Movimiento de Liberación Nacional) (que después de Tomašić, Farolfi, Baburić y Krbek, encabezada personalmente Košutić). Era la parte de la conducción partidaria que permanecía en la patria (Maček, Košutić, Smoljan, Torbar, Pernar, Reberski, Andres) y quedó al margen del acontecer histórico; tampoco produjeron cambio notable los esfuerzos del grupo más dinámico (Jančiković, Tomašić, Farolfi) . El hecho de que del círculo de los dirigentes de la conducción partidaria, residentes en el exterior en función de los representantes croatas en el gobierno yugoslavo en el exilio, reconocido por los Aliados, se desprendieron el Dr. Subasić, ex-ban y el ministro Dr. J. Šutej (con ellos estaba también el economista prof. Dr. Bičanić y otros) y optaron por colaborar con Tito y su gobierno revolucionario, nos dice que ellos, en el federalismo socialista de Tito veían concretado de alguna forma el programa de Radić, por cuanto conforme a los principios fundamentales de AVNOJ, fue asegurada la existencia del Estado Federativo de Croacia y garantizada su plena igualdad política con el derecho de autodeterminación y hasta la separación.

 

Con este análisis, se llega a la conclusión siguiente:

 

Radić quería lograr la libertad, la independencia y la soberanía de la Nación Croata por vía pacífica, pero admitía la revolución en el caso extremo para alcanzar su objetivo.

 

Con el atentado contra Radić y la conducción croata en el Parlamento de Belgrado, y con la dictadura del 6 de Enero; llevada a cabo por el rey Alejandro Karageorgević, esta necesidad se puso a la orden del día de la historia y la inevitabilidad de una revolución, se produjo en el sentido multifacético dentro del embrollo de la Segunda Guerra Mundial.

 

Mientras que Radić preveía que su movimiento, o mejor dicho, el pueblo croata iba a ser obligado finalmente a dar este paso extremo si no se lo llegara a satisfacer sus exigencias justificadas, sin embargo, las condiciones históricas de una revolución fueron explotadas por los movimientos ajenos y nada afines a la doctrina de Radić que invocaban intencionalmente su pensamiento y su programa para con su ayuda alcanzar sus objetivos particulares.

 

Cono en suelo croata no podía prosperar ninguna idea ajena, y como los movimientos ustasha y comunista ni siquiera pudieron intentar lograr sus objetivos particulares sin previamente invocar a Radić, es un testimonio per se tanto de las raíces históricas de sus ideas programáticas como de su profunda y permanente raigambre en el ser espiritual del pueblo croata.

 

En la historia de cada nación existen varones ilustres con grandeza de espíritu e intelecto, conductores o líderes nacionales, estadistas, reformadores y revolucionarios, héroes y mártires. Gracias a estos hombres los pueblos son conocidos en la comunidad mundial y en la historia, "este taller misterioso de Dios", según la expresión de Goethe.

 

Sin embargo, es un número reducido de aquellos que en la vida de alguna nación tuvieron el significado tan trascendental como tuvo Stjepan Radić en la historia del pueblo croata.

 

Radić se convirtió en un símbolo del pueblo croata y pertenece a las iguras grandes de la historia y —a semejanza del sabio Solón, de la antigua Atenas— estaba dispuesto a defender su patria con palabras y obras, aun-que el precio fuera la propia vida, e inclusive cuando su actitud pudiera parecer a muchos inútil o una locura. Pacifista a ultranza, pero valiente en la lucha contra las injusticias odiosas. Sólo tales prohombres son amados por los dioses y por el pueblo, según estaba ya escrito en los tiempos de la antigüedad (Demócrito).

 

Radić se convirtió en el símbolo de la nación, pues durante su vida fue la expresión de la conciencia histórica del pueblo croata, el intérprete más original de sus intereses vitales. Con sus ideas y con sus objetivos programáticos Radić influía trascendentalmente en el acontecer de su época, pero también en el desarrollo de un porvenir más lejano, moldeando para los tiempos duraderos las características esenciales, cogniciones e ideales del ser espiritual de la Nación croata.

 

Traducción: PEDRO VUKOTA

 

 

ANTECEDENTES CURRICULARES

 

El doctor Franjo Tudjman nació el 14 de mayo de 1922 en Veliko Trgovišće (Hrvatsko Zagorje) donde cursó sus estudios primarios; los secundarios los realizó en Zagreb.

 

Desde 1941 hasta 1945 participó de la guerra antifascista de los partisanos y en la revolución socialista en la Croacia del Norte.

 

Después de la guerra (desde 1945) trabajó en el Ministerio (Secretariado federal de defensa popular), más bien en el Estado General Mayor del Ejército Yugoslavo de Belgrado hasta 1961, cuando a pedido propio se retiró del servicio activo con el grado de General Mayor. Desde entonces se dedicó integralmente a la investigación científica.

 

El año 1956-57 terminó la Academia militar superior en Belgrado; en el ano 1963 fue nombrado profesor extraordinario en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Zagreb. Entonces dictaba la materia "La revolución socialista y la historia contemporánea de los pueblos de Yugoslavia". En el año 1965 defendió su tesis doctoral con el título "Causas de la Crisis de la Yugoslavia Monárquica, desde su unión en el año 1918 hasta el derrumbe de 1941". Entonces fue promovido en la Universidad de Zagreb con el título de Doctor en Ciencias Históricas.

 

Desde el año 1961 hasta el 1967 fue director del Instituto de la Historia del Movimiento Obrero de Croacia en Zagreb.

 

Era miembro de la redacción de la revista teórico-militar Vojno delo; era redactor y auxiliar del director de la "Enciclopedia militar"; además fue colaborador de la Enciclopedia de Yugolavia; también fue director y redactor responsable de la revista "Caminos de la revolución", fue miembro del comité de redacción de la revista de Ciencias y Artes de Zagreb, "Forum"; asimismo, se desempeñó como miembro de la redacción del "Semanario Croata" de la Matica Hrvatska.

 

Desde el año 1965 hasta 1969 fue diputado nacional en la comisión educacional y cultural de la Dieta de la Repóblica Federativa de Croacia.

 

Escribió una serie de libros, monografías y ensayos pertenecientes al sector científico histórico (las teorías militares, las revoluciones socialistas y las historias nacionales contemporáneas ), además de ensayos de la Filosofa de la Historia y las relaciones internacionales. Todo esto fue publicado en las revistas teórico-militares y culturales o en sendos libros. Algunas de sus obras fueron traducidas a varios idiomas extranjeros.

 

Ha tomado parte con sus colaboraciones de la investigación histórica en varios congresos y seminarios, celebrados en el país y en el exterior; dictó clases en las universidades de Checoslovaquia, Italia. Alemania y Estados Uindos. En el año 1966 participó en el Seminario de la Universidad de Harvard con su colaboración "The future of Supremacy and of Coexistence in the Nuclear Age of the World's History".

 

En el año 1967 fue separado de la Alianza de los comunistas de Yugoslavia (El Partido Comunista). Durante la persecución de los disidentes croatas fue detenido en el año 1972 y condenado a dos años de prisión (pena conmutada luego a nueve meses), además se le prohibió la actividad pública por dos años.

 

En el mes de febrero de 1981, en "el primer y gran proceso político después de Tito", fue condenado por ser historiador croata a tres años de prisión y a cinco años de prohibición de toda actividad pública, a raíz de sus entrevistas con la TV sueca y alemana y con la radiotelefonía francesa. Se lo acusaba por las apreciaciones históricas y por la defensa de las ideas democráticas de pluralismo y de autogestión. La condena tue cumplida desde enero de 1982 hasta febrero de 1983 en la cárcel de Lepoglava, cuando debido a su salud deteriorada fue recluido en su propio domicilio para curarse. En mayo de 1984 volvió a la cárcel para cumplir con la condena y como su estado de salud empeoró en septiembre, fue suelto con la libertad condicional. La condición y prohibición de la actividad pública y la edición de sus trabajos en el país, siguen vigentes.

 

SUS TRABAJOS MAS IMPORTANTES

 

        Rat protiv rata (La guerra contra la guerra), Zagreb 1957, pp. 815; segunda edición Zagreb 1979; la traducción a esloveno Ljubljana 1961. Este libro fue premiado como la mejor obra en el campo de la literatura histórico-militar publicada en el período 1955-1959.

        Stvaranje socijalističke Jugoslavije (La creación de la Yugoslavia socialista), Zagreb 1960, pp. 337; traducción eslovena, Ljubljana 1961.

        O procesu destaljinizacije u medjunarodnom radničkom pokretu (Sobre el proceso de destalinización en el movimiento obrero internacional), Forum, Zagreb 1962.

        Okupacija i revolucija (La ocupación y la revolución), Zagreb 1963, pp. 316.

        Uzroci krize monarhističke Jugoslavije od ujedinjenja 1918. do sloma 1941. (Las causas de la crisis de la Yugoslavia monárquica desde 1918 hasta 1941), Tesis de doctorado, 1965.

        Europa u procjepu izmedju Istoka i Zapada (Europa en la brecha entre el Oriente y el Occidente), Forum, Zagreb, VII (1968).

        Occupation System and the Growth of the People's Liberation War and the Socialist Revolution in Yugoslavia 1941-1945. Third International Congress for the History of the European Resistance, Karlovy Vary, 1963. (Polycopied by the Secretariat of Congress), traducido al ruso, italiano, checo y eslovaco.

-           Opasnost neostaljinističke ekspanzije (El peligro de la expansión neoestaliniana), Forum, Zagreb, VIII (1969).

        Jugoslawien im gespaltenen Europa, Moskaus Gewaltakt vom 21.8.1968. schrif ten Studienzentrums žür Ost-West Probleme, München 1969, Ost-Kurier, Munchen, Juli 1969, No. 7.

        Die kulturelle Integration and die kleinen Vólker in der Geschichte, The Bridge, Zagreb 1971, 26/27, S. 66-81.

        Nationalism in Contemporary Europe, Columbia University Press, New York 1981, p. 293.

        Nacionalno pitanje u suvremenoj Europi (La cuestión nacional en la Europa contemporánea), Munchen-Barcelona 1981, pp. 373; segunda edición 1982, pp. 429.

        Državnost nacija ključ mira Europe (Soberanía nacional, la llave de la paz en Europa), Lidingö 1982, pp. 53.

        Die Nationalitiitenfrage im heutigen Europa, Lidingö 1986, str. 302 (Bekatrin).

 

El presente trabajo es la versión española de la conferencia pronunciada en su gira por Canadá y Estados Unidos en junio de este año.