ESTEBAN
RADIC EN LA HISTORIA CROATA (Al cumplirse el 60 aniversario de su muerte)
FRANJO
TUDJMAN, Zagreb, Croacia
1
EN LA
SERIE DE LAS PERSONALIDADES HISTORICAS MAS NOTABLES
Al
cumplirse seis décadas del martirio y muerte de Esteban Radić, la plena
objetividad histórica nos hace posible afirmar que perteneció a la larga fila
de grandezas croatas que, con su nombre, supieron marcar y confirmar el
problema de la existencia y autodeterminación nacional croata en el acontecer
histórico europeo y mundial. Radić formaba parte de aquella larga columna
de célebres y grandes varones croatas que, ya siendo sus gobernantes, líderes
nacionales o mártires como tantos, fijaron a la Nación un curso impreso desde
la secular distancia que se había iniciado ya con los príncipes nacionales
croatas como Trpimir, Domagoj y Branimir. Luego siguieron los reyes Tomislav,
Krešimir, Zvonimir, etc. Esta línea política fue marcada por grandes de
Croacia, como los Šubić, Berislavić, Zrinski y Frankopan. Sin
interrumpirse la conciencia milenaria, el siglo pasado (XIX) se inicia con una
serie de personalidades como los virreyes (banes) Jelačić y
Mažuranić o los políticos de estirpe moderna, como los
Starčević, Kvaternik y Pavlinović. Mientras tanto, al iniciarse
el siglo XX, Esteban Radić fue la personalidad principal de la historia
croata, especialmente durante el período de la transformación producida por la
conclusión de la primera guerra mundial y el desmembramiento, o más bien
destrucción de la Monarquía de los Habsburgos. Esto fue seguido por la unión de
las tierras croatas (1918) con Servia, Montenegro y Eslovenia, en el Reino de
los Servios, Croatas y Eslovenos. La nueva formación estatal en la historia
europea, agrupó a todos los pueblos eslavos meridionales exceptuando a los
búlgaros.
Durante
su vida, Esteban Radić se convirtió no solamente en el máximo dirigente
político del Movimiento nacional campesino croata, sino que fue innegablemente
un maestro e indudable conductor del pueblo croata como así también el forjador
de nación croata moderna. Por todo ello y con justa razón, ha sido considerado
"el rey croata no coronado", o "por vía plebiscitaria el
presidente electo de la República de Croacia".
Luego
de su muerte, Radić se transformó en un verdadero símbolo de toda la
Croacia viviente, porque todas las generaciones que le sucedieron lo reconocían
así, aun sus adversarios en las filas croatas, desde la derecha del partido de
Derecho Croata, hasta los comunistas de izquierda.
Esteban
Radić, sacrificando su propia vida, logrará por primera vez en la historia
moderna croata, unir a todas las clases y los estratos sociales, en un único movimiento
nacional en pugna por la libertad nacional croata en una república unida bajo
su alta insignia. Además, frente a la totalidad del mundo, mostrará un programa
democrático establecido sobre un concepto absolutamente humanístico.
2
CIRCUNSTANCIAS
Y DEBERES HISTORICOS
Como
todas las grandes personalidades históricas que como creadoras influían
decisivamente sobre el proceso histórico de su época, Esteban Radić fue la
expresión de las circunstancias políticas e históricas en las cuales tenía que
actuar. Fue más bien un verdadero representante nacional de las situaciones
imperantes en su época y resultó ser el creador espiritual y visionario que
tendía nuevos puentes hacia lo desconocido o hacia un futuro incierto. Seguía
firme en el mantenimiento de la conciencia histórica croata frente a la
propagación de nuevas ideas en ya varios siglos de antiguo orden o equilibrio
europeo. Además, al conocer la esencia del surgimiento de un nuevo orden de
Versailles, descubrió que amenazaba de fondo al pueblo croata, ofreciéndole
nuevas incertidumbres llenas de imprevisibles peligros.
Es
menester subrayar que, en la época en que Radić sube al escenario
histórico, el papel primordial y el deber capital de la política integral
croata era la integración territorial y espiritual del ser nacional croata, muy
maltrecho a lo largo de los siglos de la Edad Moderna. Este fenómeno venía
causando la destrucción paulatina, la separación y el debilitamiento que
conducían a la disgregación biológico-cultural croata. La magnitud del deber
histórico asumido se puede imaginar recién al conocer claramente la división de
las tierras croatas y al conocer además a aquella multitud de potencias
extranjeras que, desde arriba y desde afuera, pugnaban por el cuerpo y el alma
croata. Es cierto que con la Croacia del Ban (virrey), se mantuvo la
continuidad histórica de la individualidad y la soberanía del estado medieval
croata. Sin embargo, después de la conquista turca de Bosnia y luego que
Eslavonia hubiera corrido la misma suerte, comenzando desde el principio del
siglo 16, quedó libre solamente la llamada "Reliquiae reliquiarum olim
Regni Croatiae", o sea, restos de los restos de otros tiempos del Reino de
Croacia. Debilitada así, Croacia carecía de una capacidad indispensable para
poder rechazar u oponerse a las intrigas de Viena v Budapest, en defensa de su
soberanía nacional. En la Dalmacia separada (posnapoleónica), los autonomistas
italianos gozaban del apoyo de Viena con el solo fin de impedir el
resurgimiento del movimiento nacional croata que quería la unión dálmata con la
Croacia septentrional. Mientras tanto, en Istria (o sea, el litoral marítimo
austríaco alrededor de Trieste), se entregó el poder casi en su totalidad a la
minoría italiana. Entonces también merced al apoyo de Viena, los húngaros se
apoderaron nuevamente de Medjimurje, que otrora, en el año 1848, el ban
(virrey) Jelačić había restituido a su madre patria. Los húngaros no
se quedaron quietos sino que se apoderaron también de Rijeka, transformándola
en un puerto magiar. Después del Congreso de Berlín (1878), el Imperio
Austrohúngaro sustituyó la soberanía turca en Bosnia y Herzegovina, y
formalmente, después de la anexión de 1908 se hizo más actual la unión de todas
las tierras croatas. La causa de esto fue que en la cúspide de la conducción de
Viena se hizo cada vez más evidente la conciencia de la necesidad de la
conservación de la monarquía de los Habsburgos. En tal sentido se oftó por la
transformación trialista de la monarquía doble. Sin embargo, los hegemonistas húngaros,
eternos adversarios a cualquier intento político que pudiera favorecer a los
croatas, resultaron otra vez sus enemigos más decisivos.
La
división ad ultra de las tierras croatas y sin la perspectiva de que dentro de
algún tiempo razonable Croacia se librara del dominio de Viena y Budapest,
influyó tanto que superó a todas las otras circunstancias negativas. Las
amenazas condicionadas por el romanticismo europeo provenían de los
imperialismos alemán y húngaro, con la idea de una Gran Alemania, una Gran
Hungría y secundados por el Imperialismo de la Gran Italia. La presión
existente se reflejó en una influencia decisiva sobre el pensamiento croata. O
sea, que en el suelo croata, y dentro del sen.) de la concepción nacional,
aparecieron concepciones más amplias. El camino se inició con el paneslavismo
de Jorge Križanić (siglo 17), corrió luego por el renacimiento ilírico
seguido por el austroeslavismo, y culminando con el yugoslavismo de Strossmayer
y la idea de la unidad nacional (croata-servia-eslovena), en la época de
Radić.
3
EL
CARACTER MULTIFACETICO DEL PENSAMIENTO Y LA OBRA DE LOS H'ERMANOS RADIĆ
El
principio de la creación del movimiento nacional campesino croata, fue obra
común de Esteban Radić y de su hermano Dr. Antun Radić, tres años mayor
que aquél (1868-1919). Ambos crearon las bases teórico-ideológicas y
constitutivas del partido. Desde el comienzo mismo se pensó que no fuera
solamente un movimiento político-partidario, sino también un movimiento popular
y cultural. Por ello, la concepción del programa y su correspondiente ideología
se fueron divulgando entre el pueblo, como la doctrina de los hermanos
Radić. Merced a la mencionada doctrina caracterizada por su contenido
cultural y nacional, el movimiento superará y resultará distinto de otros
partidos campesinos en el mundo.
Para
evaluar plenamente la obra de los hermanos Radić, es preciso destacar que
ellos tuvieron claramente en su mente la conciencia de que los dos fueron
autores de la creación del movimiento campesino nacional, coincidiendo con la
época en la cual los campesinos carecían íntegramente de derechos políticos. En
el traspaso de los siglos 19 a 20, la masa campesina representaba entre el 85 y
el 90 % del total de la población croata, y a pesar de esta incidencia los campesinos
estaban excluidos de la vida política. Hasta el año 1910, estuvo en vigencia la
ley electoral según la cual, para la elección de la Dieta croata únicamente el
2 % de la población gozaba del correspondiente derecho. Tal derecho provenía de
la situación patrimonial y de las condiciones culturales y profesionales de los
votantes. De todos los campesinos tenían el privilegio del derecho del voto
únicamente aquellos cuyos impuestos directos superaran las 60 coronas anuales.
Por
otro lado, la misma ley fijaba para la población urbana, una cuota de 30
coronas anuales, por el mismo impuesto. Exceptuados del "census", o
el modo que fijaba las condiciones podían votar los siguientes estratos:
sacerdotes, docentes, ciudadanos con formación universitaria, los emplea-dos
públicos y los militares. En virtud de la mencionada ley, se elegían 67
diputados. Existía, además, el derecho llamado baronal: así como los diputados,
eran directamente convocados por el ban (virrey) a formar parte de la Dieta
(Sabor), los dignatarios eclesiásticos, altos funcionarios estatales y
administrativos. Esto quiere decir: todos los arzobispos, obispos, gobernadores
y administradores (veliki župani y župani), titulares de la rancia
aristocracia, o sea, nobleza de sangre y/o aristócratas feudales, príncipes,
condes y barones. La ley de 1891 incluía 22 familias nobles cuyos titulares
gozaban del derecho de sangre para formar parte del número de la Dieta, por su
linaje.
En
estas circunstancias participaban los siguientes partidos civiles: el partido
nacional, el partido independiente de los liberales ("obzoraši") y en
la oposición, el partido del derecho croata. También es de mencionar el partido
liberal social-demócrata, en representación de los obreros industriales que
apenas incluía el 2 % de los ocupados. Todo esto demuestra que la actividad
política era desarrollada por una delgada capa de la población que abarcaba en
general la llamada inteligentsia, empleados y obreros. Fue entonces que los
hermanos Radić, puestos frente a una situación política irreal, llegaron a
la conclusión de que el porvenir del pueblo croata, en cuanto a política,
descansaba sobre las espaldas de los campesinos. Para formarse esta opinión,
los Radić no fueron únicamente influidos por la realidad de que los campesinos
formaban una enorme mayoría de la población croata, sino que partieron del
hecho fundamental de que aquellos estaban naturalmente atados a sus tierras,
hogares y patria, en abierta confrontación con la inteligentsia, compuesta
mayormente por servidores públicos parcialmente de origen extranjero. No había
mucha diferencia tampoco con la nobleza y la aristocracia, o los grandes
señores feudales que en su mayoría procedían del exterior. A esto había que
agregar a los empleados públicos cuyas tendencias carreristas los hacían alejar
más y/o hacerlos ajenos a los intereses de la propia nación. Por todo ello,
incluida la tesis sobre "los señores corruptos" que fuera ya
formulada por Starčević y que fue un excelente medio polémico y
atrayente utilizado por los Radić con el fin de divulgar su movimiento, a
la vez justificaba el rechazo de aquellos que combatían.
En la
historia política suele ser casi desconocido el fenómeno de que dos hermanos
llegan a tener conjuntamente una influencia trascendental en la vida nacional,
como ocurrió con los hermanos Radić. Sus conceptos intelectuales eran
uniformes y estaban relacionados con la visión del mundo y la ligazón ilimitada
con el ser espiritual de su pueblo pese a que cada uno se distinguía
enormemente del otro por sus características personales. En virtud de su
naturaleza, el Dr. Ante Radić se destacaba por ser de un equilibrio
extremo y brillaba como un científico ordenado. Por otro lado, Esteban se
distinguía por poseer un espíritu inquieto y visionario. Según la opinión de
Nehajev, fue el más capaz para ocupar la cátedra de la len-gua croata y de la
historia de la literatura croata. Pero el régimen prohúngaro impidió que el
doctor Ante Radić desarrollara su actividad científico-docente en la
Universidad de Zagreb. No obstante, separadamente en su función de secretario
de "Matica Hrvatska" (institución cultural madre) y de la Academia
sudeslava, echó las bases para la etnografía y la etnología croatas. Además fue
promotor y redactor de la revista "Dom" (Hogar), y junto a su hermano
Esteban, fue cofundador del Partido Campesino Croata. Esto quiere decir que
aportó la parte principal en la fundación y la determinación teórico-ideológica
del movimiento nacional campesino. A la par de él, su hermano Esteban, dotado
de un profundo entusiasmo profético y lleno de presentimientos relativos a los
acontecimientos político-sociales inspirando aquella fuerza imparable del
movimiento de los amplios esta-mentos populares. Entre las primeras y
principales críticas que tuvo que soportar Radić y que provenían de la
derecha y de la izquierda socialista, se lo acusaba de haber iniciado su
movimiento campesino por razones demagógicas. Además se lo inculpaba de
pretender vender su nebulosa política a un pueblo inculto e ignorante. Se especulaba
acusándolo por una supuesta posición conservadora, falta de claridad en un
proceso inexorable, dende por el avance de la civilización no cabía ningún tipo
de movimiento campesino. Motivados dogmáticamente por la tendencia generalizada
de la desaparición de aldeas en la época de la industrialización de la sociedad
europea de entonces, los críticos de Radić omitieron algunos factores
esenciales al respecto. Radić había decidido, más bien concebido, todo
para la realización y puesta en marcha de sus ideales políticos por medio del
movimiento campesino y por eso, no por causas demagógicas, sino gracias a su
apreciación visionaria, veía que los campesinos por medio de la educación,
formación y cultura, se transformarían en una expresión masiva y en el fundamento
más perdurable y sostenedor del movimiento nacional croata. Algunos
interpretaban el lema de Radić: "con fe en Dios y con la unidad de
los campesinos", como expresión de un conservadorismo históricamente
superado donde los campesinos estaban en pugna con la civilización urbana;
además sus críticos no alcanzaron a entender la concepción de Radić, que
insistía en que el desarrollo social se debía buscar no en una penosa
proletarización del campesinado, sino en una adecuada creación de condiciones favorables.
Así, la vida campesina, sería cada vez más humanizada, y no como hasta entonces
una negación del patrimonio histórico y cultural del pueblo croata, sino
integrada con las conquistas de la civilización nueva.
Personalmente,
Esteban Radić tenía plena conciencia del ineludible progreso de la
civilización (tecnológica), teniendo también en cuenta su peligrosidad. Así
procedía su hermano Ante al referirse a Cultura y Civilización (1909), con una
dedicación que fue particularmente explicable y entendible para todos. En la
historia existieron naciones que lograron conservar todo lo referente a la
autenticidad de su propia cultura, pero también existieron otros cuya
desaparición se produce al asumir valores de una cultura ajena. Las
características de una civilización son "orden y progreso", lo que da
lugar a que los hombres y las naciones tengan contactos con los demás.
Unicamente "los pueblos haraganes no llegan a civilizarse" y entonces
como víctima de su destino sucumben bajo la presión de los móviles, que con su
actividad y progreso los borran haciéndolos desaparecer de la faz de la tierra.
El ideal de la civilización (cultura) está en el hecho de que es preciso
"civilizar a todas las naciones y pueblos, ofreciéndoles en consecuencia
una vida pacífica, cómoda y ordenada". Por ello, hay muchos hombres que
pretenden lograr la ciudadanía mundial y se los llama cosmopolitas. Sin
embargo, entre los frutos de la civilización, se destacan también los que están
podridos, o son venenosos... Los éxitos de la civilización son realmente
magníficos, espléndidos y atractivos. Pero también es enorme el mal aportado
por la civilización. La civilización y el cosmopolitismo extirpan al hombre de
su propio pueblo, de su patria e inclusive lo apartan de su propia gente. El
hombre civilizado renuncia a todo lo propio y particular y acepta todo lo que
es ajeno y generalizado. En principio, esta novedad le resulta de agrado y se
siente satisfecho, bastándole la uniformidad de la civilizacin. Esta clase de
hombre ni siquiera sigue amando a quien debería querer, como tampoco tiene el
pudor natural como para alguien. Para él, lo propio es el mundo entero y a su
vez siente que nadie es suyo. Después de haberse librado de todas las ligaduras
que le unían con su gente, nación y patria, y como le es imposible conectarse
con todo el mundo, entonces habitualmente suele caer en el abismo de la
perdición y se siente como una hoja arrancada y tirada a merced del viento.
Moralmente, todo le es igual, e inclusive aquello que por sí mismo es malo. La
honradez heredada y la alegría aprendida en el propio hogar, desaparecen. La
vida humana se transforma en un desierto poblado tan sólo por Ias corridas
errantes en la lucha por alcanzar un pedazo de pan, porque raramente alguien se
eleve logrando los ideales de la civilización.
"De
esa manera un hombre civilizado vuelve a retroceder y se parece a un
salvaje", porque "la civilización destruye a la cultura" que no
existe sin el hogar propio, sin el sentimiento por el propio origen, sin el
respeto o culto que recibimos de nuestros mayores; todo eso, la civilización lo
borra.
A
pesar de esta diferenciación entre la cultura y la civilización, Ante
Radić, a su vez reconocía "toda la importancia de la
civilización", pero apreciaba que para la fortuna y el porvenir nacional,
"para el corazón humano" es más querido, "mejor" y
"más seguro", conservar la propia cultura nacional, respetar las
cultura nacional, respetar las costumbres y el tesoro histórico de su pueblo. (Sabrana
djela, VIII, 65-73).
En
esta concepción filosófica de un desenvolvimiento histórico se ha basado toda
la "doctrina" de los hermanos Radić. Aun con anterioridad a su
época, el mundo en general tenía conciencia no sólo que todos los sueños
utópicos cosmopolitas eran inalcanzables, sino que además sentía la atroz
realidad imperialista de todas las ideas supernacionales. Después de ésas
surgió una monstruosa efigie stalinista de un internacionalismo socia-lista. La
historia les dio la razón a los hermanos Radić, inclusive en la
actualidad, en cuanto a la total integración mundial a la civilización. Además,
en este mundo de hoy, como nunca antes, se alcanzó a afirmar ampliamente las
autodeterminaciones y culturas de múltiples naciones que inclusive eran desconocidas
y carecían de historia política propia. Gracias al mérito de la obra y
pensamiento históricos de los hermanos Radić, el pueblo croata que
pertenece a las naciones más antiguas existentes en el mundo, pudo mantenerse.
Además, es preciso destacar que la moderna fisonomía política se debe a que los
hermanos Radić supieron dar a la identidad croata un nuevo sentido,
especialmente en un período transitorio y crítico, cuando muchos se perdieron
aplastados por el tremendo peso de las condiciones históricas imperantes o
cayendo en un ilusionismo oscuro en cuanto a la seudounión de los eslavos
meridionales y sobre todo en la pretendida unidad nacional servio-croata.
4
UN
VARON DE ESPIRITU Y CARACTER EXCEPCIONALES
Esteban
Radić fue a su vez, desde todos los puntos de vista, el más preparado y,
al mismo tiempo, el más perseguido politico de la historia moderna. Dotado de
una alta capacidad intelectual innata, disponía de un alma inquieta y de un
espíritu sumamente agudo; era uno de los conductores y tribunos populares
dotados por la naturaleza que intuía permanentemente en qué consistía la
esencia de los intereses históricos de su nación, inclusive en los momentos en
que circunstancialmente estaba íntegramente oscurecida. No obstante, pese a la
miopía que padecía de nacimiento, que apenas le permitía reconocer a sus
interlocutores o a la multitud, instintivamente percibía e interpretaba el
significado de sus pulsos, y fue uno de los privilegiados que realmente conocía
e interpretaba el sentir del alma nacional croata.
Sus
estudios universitarios (en Zagreb, Praga, Budapest y París), concluían en cada
asignatura con las notas más altas. Aparte de sus estudios teórico-científicos
aprendidos de libros y de la historia, simultáneamente elaboraba la concepción
y visión del mundo en contacto directo con la vida de su pueblo y del mundo
contemporáneo. Siendo todavía estudiante secundario y universitario, había
recorrido a pie o sobre los carros de los campesinos, la totalidad de las
tierras croatas. Siempre fue muy bien acogido por los campesinos, cuando
levantaba su mano para subir al modesto carro. También en sus largos viajes por
comarcas y paisajes croatas, aunque estaba abrumado por el deseo de conocer a
los hombres ilustres, también se dedicaba a conocer y observar la vida común,
las costumbres y alma del pueblo sencillo.
Profundizó
sus conocimientos sobre el pensamiento de la Europa contemporánea de entonces,
especialmente durante los estudios que cursó en la Universidad de Praga,
influenciado por las ideas filosóficas y democráticas de T. C. Masaryk. Durante
sus estudios en la Sorbona (1897-1899) concluyó su carrera en Ciencias
Políticas. Su diploma fue galardonado con la nota máxima, obteniendo el título
de "laureate" por la tesis "La Croacia contemporánea y los
eslavos del sur" (La Croatie actuelle et les Slaves du Sud).
Para
tener un conocimiento directo y mejor de los hermanos eslavos, viajó tres veces
a Rusia. Al volver, trasladó su domicilio a Zemun, ciudad croata limítrofe con
Servia, habiéndolo hecho con la intención de indagar de cerca y en una forma
práctica el clima político y cultural de Belgrado y de Servia.
Aun en
su época de estudiante secundario y universitario tuvo que sufrir y soportar
cárceles y procesos y todo eso por sus posiciones valientes netamente croatas y
también por sus concepciones democráticas y progresistas de entonces. Figuró
entre aquellos que, al visitar en el año 1895 el emperador Francisco José II la
ciudad de Zagreb, organizaron la quema de la bandera húngara en la Plaza de
Jelačić. Por ello, y una vez cumplida la condena que le fuera
impuesta, se vio obligado a abandonar la Universidad de Zagreb. Desde entonces
nunca se lo dejó en paz; fue expulsado de la Universidad de Praga, donde buscó
auxilio; fue perseguido y preso inclusive como diputado nacional; además fue
calumniado y falsamente acusado por sus adversarios partidarios y nacionales.
La culminación de tal persecución terminó con el martirio en que las heridas
recibidas fueron mortales. De esta manera con el sacrificio de su vida como
mártir en defensa del pueblo y la nación croata, murió por los valores a los
cuales consagró toda su vida.
El
mantenimiento o el sostén económico de Radić dependía de su obra literaria
y publicitaria. La tesis parisiense sobre Croacia fue traducida y publicada en
el idioma croata y también en el checo. En Praga, inició la revista
"Hrvatska Misao" (El pensamiento croata), que luego continuó editando
en Zagreb, y donde precisamente publicó la disertación "los ideales
croatas", a los cuales quedó íntegramente fiel "hasta su último
suspiro". Se dedicaba a escribir sobre múltiples o polifacéticos temas
relacionados con el desarrollo histórico, político-nacional y económico de la
Europa con-temporánea y de sus naciones. Fue él quien le dio cuerpo al
pensamiento político croata en forma programático-constitucional, siendo
enormemente decisivo y significativo para la esencia espiritual de una nación
íntegra. Durante y a lo largo de sus distintas persecuciones, escribió tres
tomos de las "Memorias de un preso". Hasta el último día de su
existencia llenó con sus artículos y escritos la mayor parte de los voceros del
propio movimiento (Hogar, Notas Navideñas, Onda Nacional). Preanunció el día
anterior al atentado en el parlamento (de Belgrado) que de los círculos de un
gobierno hegemonista era de esperar hasta el crimen más descarado y repugnante.
Aunque aquel trágico día sus amigos le recomendaron que no concurriera al
Parlamento porque podría ser asesinado, no quiso retroceder pese a tener plena
conciencia del tamaño riesgo y peligro que estaba enfrentan-do. La disposición
a ofrecer el sacrificio personal por los ideales de su Nación fue sumamente
superior.
5
LOS
PREDECESORES, CONTEMPORANEOS Y CONTINUADORES DE LA DOCTRINA DE LOS HERMANOS
RADIĆ
En el mismo
año en que había nacido Esteban Radić (1871), murió trágicamente en la
revuelta de Rakovica el conductor de la misma, Eugenio Kvaternik, quien había
nacido en 1825. Con el intento revolucionario fracasado se había pretendido
alcanzar por medio de las armas la libertad e independencia total de Croacia.
El doctor A. Trumbić (1864-1938) fue apenas unos años mayor que
Radić. Lo precedía también J. Frank (1864-1911), casi treinta años mayor.
En el mismo decenio del nacimiento de Esteban Radić, nacieron Frano Supilo
(1870-1917), A. Korošec (1871-1940), Svetozar Pribičević (1875-1936),
I. Pilar (1874-1933), M. Šufflay (1879-1931) y el Dr. V. Maček
(1879-1964). En el primer decenio posterior, nacieron el Dr. I. Ribar
(1881-1931), el Dr. A. Pavelić (1889-1959) y el Dr. M. Budak (1889-1945).
Durante los últimos veinte años del siglo pasado y cuando Esteban Radić
había iniciado su actividad política, nacieron Josip Broz Tito (1892-1980),
Andrija Hebrang (1899-19??) y Alojzije Stepinac (1898-1960). Entre los políticos
destacados servios se contaban Ljubo Davidović (1863-1940), y, algo mayor,
N. Pašić (1845-1926), mientras el rey Alejandro Karageorgevich (1881-1934)
era aún menor.
A los
fines de la comparación, en el escenario político mundial podrían enumerarse,
mientras tanto, los siguientes: Mahatma Gandhi (1869-1948), C.A. Chamberlain
(1869-1940), A. Briand (1862-1932), W. Rathenau (1861-1922), V. I. Lenin
(1870-1924), León Trotsky (1879-1940), León Blum (1872-1950), R. Hilferding
(1877-1944). Especialmente deben destacarse como los más influyentes, entre sus
contemporáneos: T. W. Wilson (1826-1924) y T. G. Masaryk (1850-1937). Eran
menores Benito Mussolini (1883-1945) y Adolfo Hitler (1889-1945).
Durante
la época de Radić estaban en boga y en circulación todas las ideas y
teorías o ideologías doctrinarias, desde la democracia pluralista del
liberalismo burgués, hasta el reformismo marxista social-demócrata, pero
también estaban presentes la dictadura leninista y el totalitarismo fascista.
Radić
aparecía en la vida política croata cuando del escenario nacional desaparecían
por la ley de la vida importantísimas personalidades históricas croatas: el Dr.
Ante Starčević (1823-1896), Mihovil Pavlinović (1831-1887), Ivan
Maiuranić (1814-1890), Franjo Rački (1828-1894) y J. J. Strossmayer
(1815-1905) .
Aunque
Radić fue la resultante de la totalidad de los pensamientos políticos de
los nombrados, fue sin embargo en primer grado el heredero directo y el fruto
de la tendencia emancipadora de Starčević, como lo fue-ron otros dos
dirigentes políticos contemporáneos: Trumbić y Supilo, pese a la profunda
diferencia. Trumbić y Supilo pensaban que para alcanzar los objetivos
nacionales, había que encontrar nuevas sendas pero manteniéndose dentro del
sistema partidario existente. Además estaban esperanzados en el desarrollo de
las circunstancias internacionales y poder contar con nuevos aliados externos.
Por otro lado, ya desde el principio de su actividad política, Radić
estaba profundamente convencido que el porvenir de Croacia dependería de la
fuerza y del programa del movimiento nacional y por ello toda su actividad fue
dirigida a obtener la mayoría absoluta de los campesinos. Al aceptar todos
estos deberes históricos, parecía que Radić —con su pensamiento—
contestaba en forma positiva y análoga a aquella misiva con que cincuenta años
antes, el gran ban (virrey) Mažuranić se había dirigido al victorioso
general Jelačić que luego fue ban. La devoción de Radić por
estas personalidades nacionales fue inmensa. En su primera llegada a Zagreb,
como adolescente, peregrinó a la plaza donde estaba erigido el monumento al
general Jelačić y entonces, como cualquier croata sin distinción de
su clase social o proveniencia territorial, rindió su profundo homenaje, con
una venerada inclinación, aunque con temor y respeto. Las condiciones y la
situación de entonces, seguían aún "casi insoportables", quiere
decir, iguales que en el año 1849, cuando Mažuranić esoribía a
Jelačić, diciéndole: "Los límites geográficos seguían
indefinidos y sin esperanza de ser trazados según los deseos del pueblo" .
Cierto es que "nuestra nación es de un cuerpo fuerte y firme".
Mažuranić lo define destacando que "lo que le falta es el
espíritu". Estamos frente a una masa de "planetas errantes" por
el mundo de Dios, que carecen de su centro y de su sol. "Nos es necesario
disponer de un Moisés que nos libere de la esclavitud egipcia y nos lleve a la
tierra prometida; nos es preciso tener un Colón... que nos conduzca ilesos al
nuevo mundo, que nos es totalmente desconocido" (Sabrana djela IV,
83-84). Jelačić pudo alcanzar apenas parcialmente lo esperado: dio un
golpe magistral directamente a la boca húngara, golpean-do los dientes del
hegemonismo magiar que pretendía tragarse a Croacia; también liberó a los
campesinos croatas de las cadenas de la esclavitud feudal; y resucitó la idea
del Estado croata, unido desde el río Drava hasta el mar Adriático.
A
Radić le correspondió cumplir, aunque parcialmente, la parte mesiánica del
deber histórico. De una masa popular, dura y fuerte, pero inculta y, por qué
no, ignorante, sin formación y privada de todos los derechos, Radić obtuvo
un sujeto conciente y políticamente organizado. Además fue su mérito el
establecer el eje giratorio de los dispersos planetas croatas. Si bien no logró
llevar a su nación a la tierra prometida de libertad e independencia, unió
espiritualmente todo aquello que tenía un significado histórico y trascendente,
por un camino de mantenimiento y autodeterminación del ser nacional croata.
EL
SUSTENTO HISTORICO DEL PENSAMIENTO POLITICO DE RADIC
Así
como Ante Starčević surgió del movimiento emancipador nacional croata
denominado ilírico, Esteban Radić aparece del seno del croatismo de
Starčević y de su oposición a todos aquellos errores romanticistas,
com-prendiendo mejor que cualquier contemporáneo suyo, y de una forma profunda
y decisiva, la magnitud del peligro que amenazaba con el hundimiento a la
nación croata en el abismo de las fantasías supernacionales, fuesen ilusiones ilíricas
o eslavas, austroeslavas o sureslavas. Con el fin de neutralizar lo indicado,
Starčevic concibió y desarrolló la ideología del croatismo en un nivel
superior y de conformidad con el pensamiento nacionalista contemporáneo
europeo. Así no cabía duda alguna que el pueblo y la nación croata deberían
asegurarse su existencia y edificar su porvenir exclusivamente sobre las bases
de la individualidad nacional y conforme al derecho histórico político croata.
Idéntico proceder practicaban las demás naciones, y a la nación croata que es
una de las pocas naciones históricas europeas —una de las más antiguas—, le
correspondía el mismo derecho.
Desde
la aparición y la formación de la nación croata sobre el suelo de la patria
actual y la creación de su Estado nacional, fue conocida así en Europa, en los
monumentos y documentos históricos figuraba permanentemente desde el siglo IX
en adelante. En el siglo VII, los croatas firmaron un pacto con el Papa Agatón,
y así desde la creación dcl propio Estado medieval lo conservaron
ininterrumpidamente a pesca- de todos los acontecimientos históricos adversos.
Las formas forzosamente reducidas, jamás impidieron la continuidad y la
conservación de la propia individualidad político-estatal. Esta fue la base
sobre la cual Starčević fundó el ideal de una renovada formación y
unión de todas las regiones nacionales y una total independencia de Croacia,
libre de todas las ligaduras con Viena y Budapest, pero también independiente
de Servia, que aunque recientemente salida del dominio turco ya acusaba
pretensiones expansionistas por las tierras croatas. Starčević
buscaba contrarrestar a los partidarios de la unidad de los eslavos del Sur que
buscaban para sus objetivos el apoyo de Servia.
En la
evolución de su pensamiento político Radić partió de la concepción de
Starčević, según la cual la unión de Croacia con Hungría y Austria
era dañina y lesiva, como así también cualquier otro tipo de unión resultaría
maligna. Merced a las experiencias históricas Starčević pensaba que
las uniones supranacionales podían seguir manteniéndose normalmente gracias al
predominio del pueblo más fuerte y más numeroso sobre los más débiles. Por ello
Starčević jamás creyó en una transformación de la monarquía de los
Habsburgos. Además, siguiendo el mismo pensamiento, estas formas estatales no
logran renovarse sino que se derrumban. Advertía que la gente no debía dejarse
engañar creyendo que la solución sería la supuesta federación porque la
diferencia entre la Austria federalista y la centralista es la misma que existe
entre el diablo y el Satanás" (Izabrani spisi, 382).
Eugenio
Kvaternik, co-creador del partido del derecho, fue el que en su Panorama
político de las circunstancias europeas y croatas (1862), indicaba las
conclusiones y definiciones particulares que tuvieron un significado histórico
y se proyectaron con influencia trascendental sobre el pensamiento de
Radić. Según Kvaternik, "el principio supremo de cada política
nacional bien llevada debería ser: no considerar a ningún pueblo como hermano o
que te desea bien; no creer en nadie sino confiar en su propia inteligencia y
capacidad. Las naciones que no lograron llegar a esta convicción y los que
carecieron de capacidad para avanzar, desaparecieron como tales. Además su
desgracia fue acompañada por una sonrisa y burla de desprecio por parte de sus
contemporáneos, y fueron marcados por la vergüenza de la historia"
(Politički spisi, 195-193).
Desde
Starčević y Kvaternik fue precisamente Radić quien asumió el
deber de realizar el programa histórico o estatal croata; le agregó el
con-tenido social, su experiencia política propia, habiendo unido la doctrina
de Starčević con el pragmatismo de Kvaternik. Starčević
pudo ser ejemplo de una firme adhesión y defensa de los ideales croatas, como
también por la sabiduría filosófica según la cual tanto en h política como en
la vida, es preciso seguir estudiando siempre y sin tregua, aprendiendo además
buscar soluciones adecuadas a la situación imperante.
Al
respecto Starčević decía: "Unicamente Dios y un loco jamás
cambian sus opiniones; Dios a causa de su divina sabiduría y el loco por
ignorancia". El trágico destino que corrió Kvaternik en una rebelión
fracasada y sin perspectivas reflejaba apenas ha enorme altura moral del
sacrificio, carente del realismo. En cambio, la actividad política pragmática
estatal y cultural de Ivan Mažuranić significó un aporte inapreciable en
provecho de la patria. Mažuranić en las palabras de despedida de su
función de ban (virrey) en 1886, y de miembro nato de la Dieta, subrayó:
"creo en el pasado, en el presente, en el porvenir de Croacia"
(Sabrana djela, IV, 291). Este discurso testimoniaba la grandeza de su
conciencia y el fervor patriótico; también que a pesar de las condiciones
históricas complejas y adversas, los varones prudentes —estando en el poder o
en la oposición— pueden y deben encontrar la forma y la posibilidad de acción
para el bienestar de la patria.
7
CONDICIONAMIENTO,
PROFUNDIZACION Y CONTRADICCIONES DE LA CROATICIDAD Y MULTIPLES FORMAS DE
ESLAVISMO
Idénticos
factores que condicionaron en Croacia la aparición de la unión eslava en sus
distintas formas desde Križanić, Gaj, Kukuljević y luego de
Strossmayer y Rački para concluir con Trumbić y Supilo, determinaron
los componentes del pensamiento y la política de Radić. En primer lugar se
debía a la amenaza secular contra el ser nacional croata por parte del
imperialismo germano y húngaro al cual, durante la Primera Guerra Mundial, se
añadió también el imperialismo italiano. Además, la progresión de la
solidaridad eslava fue estimulada por el anhelo de una nueva unión entre la
Iglesia Católica Romana y la Iglesia ortodoxa o cismática oriental. Con el
cisma, las naciones eslavas quedaron divididas en Oriente y Occidente. Por
ello, la Santa Sede veía con simpatía la unidad eclesiástica y recomendaba a
sus representantes que con este objetivo apoyen la unión de las naciones
eslavas. Justamente por ello estas ideas no tuvieron resonancia ni una
aceptación significativa en la Rusia y en la Servia ortodoxa. Veían en aquella
acción como un intento de los papas romanos de reunión eclesiástica. En Rusia y
Servia el movimiento eslavo siempre fue identificado o confundido con la
ortodoxia, y esta a su vez fue nacional, o sea granrusa o granservia. Todas
estas contradicciones ya se manifestaron en la época de Juraj Križanić en
su contacto con los eslavófilos rusos y siguieron también en el posterior
austroeslavismo y sureslavismo de Rački v Strossmayer. Juraj Križanić
(1618-1683), sacerdote católico y canónico de Zagreb como primer ideólogo de la
unión étnica y lingüística de los eslavos intentó malogradamente adjudicar un
papel predominante a la Rusia refromada como un contrapeso al expansionismo
germano (y también protestante). Por sus ideas cristianas occidentales, pese a
su paneslavismo, fue considerado en Moscú sospechoso y por orden del Zar fue
expulsado a Siberia donde permaneció quince años. Su internación en Siberia
suscitó sospechas también en Roma. Incorporándose a las filas del ejército
polaco de Jan Sobiesky cayó en la batalla contra los turcos en defensa de
Viena.
No
corrió mejor suerte la idea del austroeslavismo propagado durante la primera
mitad del siglo XIX por los representantes de los eslavos (católicos)
occidentales (polacos, checos, eslovacos, croatas y eslovenos) ante la
hegemonía germano-húngara y el paneslavismo ortodoxo ruso. Los partidarios del
austroeslavismo fracasaron rotundamente pugnando por conseguir la
federalización de la Monarquía de los Habsurgos y así asegurar pequeñas
naciones eslavas del dominio y asimilación germano-húngara, salvando a la vez
aquella antigua comunidad centroeuropea de la expansión del imperialismo
granruso y zarista.
Como
el paneslavismo no llegó a ser movimiento general de los eslavos occidentales y
orientales, ya que dentro del territorio ruso se lo toleraba únicamente como
una expresión ortodoxa del panrusismo, mientras que en la monarquía de los
Habsburgos su variante del austroeslavismo se malogró en el año 1848 por parte
del pangermanismo y panhungarismo, desde la segunda mitad del siglo XIX el
pensamiento de la unidad eslava se conservó únicamente bajo la forma de la
unión de las naciones de los eslavos meridionales. Esto se sentía únicamente en
las extensiones territoriales de la monarquía de los Hamsburgo, prevaleciendo
únicamente entre los croatas.
La
idea de la unión esloveno-croata-servia se basaba entonces en la teoría
generalmente aceptada de que los pueblos étnica y lingüísticamente afines
deberían formar una nación y un estado. La idea de la unidad de los eslavos
meridionales, en cuanto a Croacia, debía servir primeramente para la
unificación nacional y recién entonces a la creación de un cuerpo político
estatal integrado por todos los eslavos del Sur, en base a la soberanía
histórica del Estado croata y en igualdad jurídico-política con Hungría y
Austria. A medida que este objetivo resultaba inalcanzable en sentido político
se fortalecía la idea de la unión de todas las naciones de los eslavos
meridionales, resultando justificada y necesaria la unión de los eslovenos,
croatas y servios de la Monarquía con Servia, Montenegro y Bulgaria.
Durante
la Primera Guerra Mundial aquella concepción o idea de la unidad nacional
yugoslava sirvió de documento básico del Comité Yugoslavo, encabezado por
Trumbić y Supilo (en principio hasta contra la voluntad de Servia) que
tuvieron que luchar con todo su esfuerzo por la creación de un Estado común,
para impedir la intención de las potencias aliadas victoriosas de entregar a
Italia vastas porciones de Croacia, toda Istria y la mayor parte de Dalmacia.
Servia pretendía obtener las provincias croatas limítrofes: Sriem, la mayor
parte de Eslavonia, Bosnia y Herzegovina y la parte meridional de Dalmacia.
En sus
opiniones y concepciones políticas Radić partía del principio de la unidad
étnica e idiomática de todas las naciones eslavas acentuando sólo sus
diferencias y la necesidad de su solidaridad frente a las naciones germánicas y
latinas de Europa. En su programa Radić escribirá que los croatas pudieron
convencerse —tanto en la guerra como en cautiverio— que "todos nosotros,
según nuestra lengua, somos eslavos y la mayoría de nosotros por nuestra
formación espiritual somos realmente una nación" (Korespondencija,
II, 50). Pero jamás se iba a renunciar a la individualidad histórica y política
nacional de los croatas en pos de la unión con los servios y/o con los
eslovenos. Cualquier "fraternidad eslava" para Radić no era
considerada en el sentido nacional, sino como medio político para, con su ayuda
salir "de nuestro mal", que se soportaba en el imperio austríaco y
"optar por algo mejor". En el año 1902, coincidiendo con los
partidarios de la unión, abogaba para que "esta fraternidad" produzca
cambios en el Imperio y que en supuesto cambio se logre la fortificación y
agrandamiento de la actual autonomía político-estatal croata, lo que
significaría que la Croacia del ban (virrey) sería afianzada y aumentada con
las provincias que se le integrarían según "el espíritu de nuestro antiguo
derecho político y de conformidad con la buena voluntad de nuestros hermanos
nacionales" (Politički spisi, 173) .
Mientras
tanto, las esperanzas no se correspondían con la realidad política, referentes
a la unidad nacional. Después que los representantes ortodoxos de "Vojna
Krajina" (Confín militar) habían apoyado a Viena para que aquella región
no pasara bajo el poder del ban (virrey) y que los políticos servios se
opusieron no sólo a la unión de Bosnia y Herzegovina con Croacia, sino también
de Dalmacia a la Croacia del ban, y tras el apoyo integral de la población
servia al régimen magiar de Khuen con una abierta declaración de guerra que
expresaba el deseo de destruir a los croatas, todo ello provocó la disolución
de los fervorosos partidarios de la unión croata-servia y de los eslavos
meridionales, contando sólo con el favor de la juventud inmadura e inexperta y
con los partidarios del internacionalismo clasicista.
Al
iniciarse el régimen opresor magiar de Khuen, Strossmayer había llegado a
confirmar "que hasta la prensa extranjera estaba publicando que los
húngaros y los servios se unieron con el objetivo de rematarnos";
justa-mente en el momento en que "nos vimos obligados a combatir a los
húngaros los servios nos atacaron por la espalda" y "la sepultura que
los servios prepararon para nosotros, podría resultar su propia tumba"
(Véase S. Radić, Politički spisi, 512).
Dos
años más tarde (1886) F. Rački, al referirse a los Errores políticos
servios, decía: En la Croacia del ban (virrey), "ninguno de los diputados servios
(de la minoría servia en Croacia) estaba dispuesto a respaldar a Croacia, para
que logre una posición político-estatal más independiente o su
autodeterminación, mientras que en Dalmacia la minoría servia en alianza con
los italianófilos (de escasa minoría), se oponían totalmente a la unión de
Dalmacia con Croacia y Eslavonia. Simultáneamente rechazaban la aplicación del
idioma croata o servio como lengua oficial en la administración y en el Poder
Judicial". Según Rački y su razonamiento, esta política podría
eventualmente ser únicamente comprendida si los servios fuesen tan poderosos
como para imponer su propia voluntad a sus hermanos croatas y búlgaros".
Rački señala que los servios, tanto en el pasado como en la actualidad,
carecen del poder físico y moral indispensable para consumar la pretendida
asimilación (Strossmayer, Rački, Politički spisi, 482-3).
Todos estos convencimientos y en modo especial aquella insolente provocación (1902) en torno a la lucha histórica inevitable para llegar "a nuestro o vuestro exterminio" (publicada en el Vocero literario en Belgrado y en la revista "Defensa de los servios", en Zagreb), la lucha en la que los presuntamente retrógrados católicos croatas debían sucumbir ante la superioridad de los servios ortodoxos y progresistas, influyeron necesariamente en el pensamiento y la política de Esteban Radić. El se mantendrá, a pesar del todo, en la posición de la unión nacional, atribuyendo las contrariedades croato-servias, algo ingenuas, a la propagación del odio mutuo por parte de los burgueses servios y croatas carentes del sentir nacional, pero, man-teniendo esta posición, no estará dispuesto, a semejanza de Trumbić y Supilo, a transigir en cuanto a las aspiraciones obviamente anticroatas y hegemonistas de la política granservia.
Cuando
la revista "La defensa del hogar servio" volvió a reeditar "en
el corazón de Croacia" —según Radić— la declaración de guerra sin
cuartel a los croatas, Radić señaló que algo parecido "no osaban
escribir ni los alemanes de los checos ni los húngaros de los eslovacos".
También repudió las reacciones contra los servios que consecuentemente
surgieron en Zagreb y en otras ciudades croatas, invitando a los insurrectos a
que reconsideren su actitud. Pero también les hizo recordar que en el parlamento
húngaro, el presidente del gobierno magiar, Tisza, reconoció los méritos
anticroatas de los servios, tranquilizando a sus compatriotas con las
siguientes palabras: "No temáis a los croatas, porque para ellos dispongo
de un látigo muy seguro, el de los servios". Entonces Radić invitó a
los servios que vivían en Croacia a que aprendiesen a respetar lo que es
sagrado para los croatas, y que como ciudadanos y súbditos de Croacia, respeten
y quieran también a la patria que los acogió. Como los servios están "en
contra nuestro, en cualquier lugar, aún más y peor que cualquier otra
nacionalidad extraña y adversa a los croatas", Radić convocaba a los
croatas a la concordia para debilitar la furia de ese elemento, jurado enemigo
nuestro, y que corríamos el riesgo de ser considerados como "un tonto que
está abrigando en su seno a una serpiente venenosa". Esto le sirvió a
Radić para explicar como concebía "la unión de todo nuestro pueblo
desde Triglav hasta los Balcanes", es decir que, inclusive "para el
mundo internacional, Croacia será desde Rijeka hasta Zemun, y más allá, al
oriente, será Servia". Si bien los croatas y los servios pertenecen al
mismo grupo étnico y lingüístico, los croatas tienen el marco histórico
heredado, o sea "Estado Croata"; por otro lado los servios tienen su
Estado propio (Politički spisi, 158, 233-38, 255-74).
Desde
el punto de vista de sus experiencias y apreciaciones Radić no aprobaba la
política de Supilo, llamada "el curso nuevo" (lo que resultó la
introducción a la Coalición croata-servia de la cual más tarde iba a separarse
el mismo Supilo). Tampoco daba su aprobación al compromiso del Comité Yugoslavo
de Trumbić con el gobierno servio de Pašić, oponiéndose rotundamente
en el Consejo Nacional servio-croata-esloveno a su unión incondicional y
apresurada con Servia. Radić indicaba que previamente a cualquier decisión
era preciso garantizar la posición político-estatal y jurídica de Croacia en el
futuro Estado común. Pero como en este sentido Croacia había sido sorprendida
en su buena fe y estafada, Radić, poco después de consumarse la supuesta
unión (1919), advirtió que la unión de los eslavos meridionales entrañaba doble
riesgo sumamente peligroso: por un lado eludía el verdadero eslavismo, y por el
otro, fundía o reducía la idea croata en algo esencialmente inferior y la
transformaba en una forma balcánica (Notas, E. Radić, 12; ver I.
Mužić, S. Radić, 50).
Un
poco más tarde (1922, en la asamblea de Matica hrvatska), volvió a subrayar que
por esa unión nacional eran meritorios muchos croatas incluyéndose a si mismo,
pero, decía Radić, "la dura realidad" confirma que en nombre de
esta supuesta unidad, "nosotros, los croatas, corríamos el riesgo de
perder hasta el mismo nombre croata conjuntamente con nuestra más que milenaria
cultura e individualidad política" (Politički spisi, 24).
8
EN
PUGNA POR EL HUMANISMO Y POR LA REPUBLICA DE CROACIA
El
papel grandioso de Radić en la historia moderna nacional croata se refleja
especialmente por la forma en que fue concebido y planteado en el espíritu del
ser nacional el programa de la libertad y la soberanía de Croacia
simultáneamente con soluciones de todos los problemas sociales y clasicistas de
la Nación croata, un programa basado integralmente en el humanismo y en
colaboración pacifista con todas las demás naciones.
Al
iniciar su camino político, Radić expuso en Ideales Croatas (1898)
todos los principios sobre los cuales iba a desarrollar su política. Decía que
había llegado la época en la cual la nación íntegra iba a "pensar activa-mente
en la independencia estatal" y no sólo los estamentos privilegiados.
"Carecemos de una política real y nacional y tampoco la podemos tener
hasta tonto los extranjeros nos dictan qué ideales y qué politica nos
corresponden". La libertad real se alcanza únicamente "con un
gobierno nacional propio y en la independencia nacional"; del mismo modo
se ve materializada "la justicia nacional únicamente en la igualdad
social, en la legislación nacional en la autodeterminación nacional".
Abanderados con insignia extranjera "no se va a una boda, como tampoco se
concurre a una guerra". "La soberanía nacional verdadera y real
consiste en un hecho fundamental ... que a ningún ciudadano puede juzgarlo
ningún extranjero. La indidualidad nacional exige liberarse de los extranjeros
que imponen su idioma y su ideología" (Novo doba I, 55-7).
En la
resolución constitutiva de su partido (1905), dirá que "es indispensable
fijar aquella política decisiva para lograr la unión de la nación croata,
dentro de su estado propio; asegurar la máxima autodetermnación e independencia
nacional y garantizar a todos los ciudadanos la igualdad de derechos, una
enseanza y educación pública mayor y el máximo bienestar general" (Hrvatska
misao, V, 1, 45). En su programa partidario publicado el mismo año,
destacaba que para alcanzar un estado independiente croata era insuficiente
invocar solamente "el antiguo derecho histórico", porque "con el
correr del tiempo, todos los derechos en el mundo desaparecen", salvo que
se los defienda y se luche por ellos. Así ocurre también con el derecho estatal
croata "que cuenta con tantos enemigos y pocos defensores". En su
concepción, Radić no se imaginaba a un estado croata ajeno a la realidad
política imperante en el mundo y aconsejaba no encerrarse ni aislarse, pues ya
no existían naciones en el mundo que se comportaran así. Radić había
descubierto la moderna convivencia e interdependencia e indicaba a las grandes
potencias, que necesitaban dialogar con los demás, conectarse con otros y
ayudarse mutuamente. No obstante, en cualquier "alianza de los
Estados" es indispensable contar previamente con el consentimiento de la
totalidad de la nación. Entonces, vistas tales condiciones, a Croacia debían
garantizarse sobre todo sus propias finanzas y sus fuerzas armadas propias (Sabrana
djela, VII, 18-22, 31-4, 43-55). Radić se entusiasmaba con la idea,
como muchos intelectuales democráticos de aquel tiempo, que creían en una
transformación de la Monarquía de los Habsburgo en una federación denubiana con
igualdad para todos los pueblos y sirviendo así de base a una "gran
federación de las naciones de Europa central y suroriental". Dentro de
este marco político encontrarían necesariamente su solución los problemas
nacionales de los eslavos centroeuropeos y balcánicos. Hubo también un intento
de incluir en este proyecto la Asia Menor (Turquía) y a Egipto (Hrvatska
misao, V, 19-34). Hasta el fin de la Primera Guerra Mundial las ideas de
Radić resultaban bastante próximas a aquellas que, debido a las
circunstancias internacionales, ofrecía la Monarquía con su transformación
trialista, como las condiciones más ventajosas para la unión de todas las
provincias croatas y para la independencia e igualdad jurídica de Croacia. La
creencia de los que eran partidarios del llamado austrocroatismo se iba
haciendo más firme a medida que se desarrollaba una serie de importantes
sucesos. La anexión de Bosnia y Herzegovina (1908) dio lugar a nuevos
presupuestos político-jurídicos e internacionales para que se procediese a unir
e incluir a estas dos provincias a Croacia, lo que a su vez significaba que
interiormente se abría el camino de la reorganización trialista del Imperio.
Durante las Guerras Balcánicas (1912-1913), provocadas por la división de
Macedonia con el choque y las mutuas luchas entre los imperialismos servio y
búlgaro, la gravedad producida echó por tierra todas las ilusiones de una
supuesta unión y de los intereses comunes posibles de las naciones de los
eslavos meridionales. Durante la Primera Guerra Mundial las pretensiones
imperialistas de Italia y Servia agravaron aún más la situación. En
consecuencia, los políticos croatas, no sólo Radić, sino los adeptos de
Frank, más los intelectuales moderados (el prof. I. Kršnjavić, I. Pilar),
creían que con la victoria de las potencias aliadas (Entente) los croatas
corrían serios peligros debido a las amenazas y las pretensiones de Servia e
Italia. Así Croacia corría el peligro de sufrir las mismas consecuencias que
las guerras balcánicas significaron para Macedonia. Las críticas en contra de
Radić vía facti quedaron desvirtuadas totalmente como injustas, al
pretender interpretar equivocadamente la supuesta decisión austrófila de
Radić, mantenida hasta el fin de la guerra. Es realmente necesario
destacar su temor y su forma de actuar, que de ninguna manera estaban sujetas a
los intereses de la Monarquía, sino que eran una permanente preocupación por el
porvenir de la nación croata. En cambio a Trumbić le acosó el temor de que
en caso de la victoria aliada se podría producir simultáneamente una
desintegración nueva y total de las tierras croatas. En busca de soluciones
Trumbić veía como una posible alternativa, la unión de los eslavos
meridionales en un Estado común.
Al
finalizar la Primera Guerra Mundial, y en los días de desintegración de
Austria-Hungría, surgieron ebulliciones revolucionarias como así tamién la
creación tempestuosa de una forma estatal nueva y artificial. Fue entonces
cuando Radić decisiva y enérgicamente exigió que de conformidad con los
principios democráticos y de autodeterminación nacional de Wilson, se respeten
los derechos de Croacia. Efectivamente, también fue influenciado por evidentes
concepciones leninistas y por la disposición y el sentido revolucionario de los
estratos populares. Así "exige que la totalidad del gobierno estatal y su
administración esté sometida al control popular directo". En cuanto a la
legislación, en el futuro las leyes "deberán crearse conforme a las
necesidades de los campesinos y obreros" que "son la fuente principal
de toda fuerza nacional y estatal y además la clase principal y más importante
del Estado y de la Nación (Dom. XII, 409 - X, 1918).
Radić
se oponía con valor y vigor, casi abandonado por todos, a la unión
incondicional y apresurada con Servia, cuyos partidarios eran algunos asustados
políticos procedentes particularmente de Dalmacia, y la conspiración conjunta
de Pribičević y Pašić. Radić escribía en su Dom (Hogar), lo
siguiente: "Nosotros exigimos que en la unión de los eslavos del Sur esté
reconocido y vigente nuestro Estado croata". Aquellos que insistan en la
creación del Estado esloveno-croata-servio, "pueden hacerlo mientras no
quede menguado y marginado nuestro milenario Estado croata, pues ello sería un
escándalo mayor, precisamente en la época en que se está aplicando el principio
de la autodeterminación nacional". Insistía exigiendo que Croacia fuera
"un Estado independiente y una república popular" y por ello abogaba
"que todos nosotros los eslavos meridionales, inclusive los búlgaros, lleguemos
a crear una gran alianza eslava republicana (Idem, 46, 21-VI-1918).
La
grandeza histórica de Radić se manifestó talvez en su grado máximo en el
discurso pronunciado en la decisiva reunión nocturna del Consejo Nacional
esloveno-croata-servio, celebrado el día 24 de noviembre de 1918. En aquel
entonces Radić se opuso decisiva y terminantemente y rechazó con máxima
energía la realización de una unión centralista, pese a que partidarios
fanáticos y enloquecidos de esa unión le amenazaban con asesinarlo en la misma
Dieta o con hacerlo linchar en la calle por el populacho enardecido y
enfurecido. A pesar de que en aquella sesión, parecida opinión era mantenida
únicamente por el delegado del partido Derecho Croata, Dr. Dragutin Hrvoj,
Radić no obstante, se mantuvo inflexible. El sentía que el pueblo croata
jamás se iba a conformar con la pérdida de su individualidad política y del
Estado Nacional y por ello invitaba al pueblo croata a no aceptar aquellas
decisiones irracionales de los políticos, que se manejaban con engaños y astucias,
declarando a sabiendas a "nuestra hermana Servia como nuestra madre",
olvidándose fácilmente que este honor se lo merece únicamente nuestra patria
croata.
Radić
tenía plena conciencia de que sus "prédicas eran infructuosas", sin
éxito, pero reprochaba a la mayoría enceguecida que lo hacía "para cumplir
con su deber", y "para que más tarde no se excusaran diciendo que
nadie les había advertido del precipicio al cual deseaban empujar a todas las
naciones (yugoslavas), especialmente al pueblo croata".
A los
señores del Consejo Nacional les advertía que con ninguna causa podría
justificarse una unión improvisada e impensada, y que además se equivocaban
amargamente todos aquellos que creían que "se puede, por decisión propia y
caprichosa pasar por encima de más de mil años de la historia y la política
estatal croata". Radić consideraba a aquellos que pretendían una
unión centralista como partidarios de "un gran Estado servio, con el
resurgimiento del Imperio (medieval) de Dušan". Los croatas eran totalmente
contrarios, porque "no querían servir ni ser esclavos de nadie más, fuese
un extranjero o hermano". La unión, según los conceptos croatas, estaba
justificada únicamente si se procedía de conformidad a los principios de
autodeterminación y con la total igualdad, en una Confederación que debería ser
una República democrática y humanista, tal como "mucha de nuestra gente la
ha visto y vivido en los Estados Unidos de Norteamérica", y por "lo
cual también luchan... sus hermanos campesinos en Rusia" (Politički
spisi, 323-35).
Terminando
su histórico discurso, Radić anunció con un espíritu profético que el
pueblo croata iba a rechazar y librarse íntegramente de todos aquellos que
irracionalmente lo condujeron o más bien lo empujaron a una monarquía (servia)
centralista, precisamente en el momento en que se iban a sentir tranquilos
creyendo que la Nación Croata ya había sido domada y que se la había
"montado bien". El discurso finalizó con la exclamación tétrica de
Radić: "Viva la República" y "Viva Croacia", dejando
marcadas así su inquebrantable voluntad y permanente constancia en defensa de
la soberanía croata con el anuncio de una lucha sin tregua contra el unitarismo
yugoslavo.
La
valiente y heroica posición de Radić y su intuición histórica de larga
proyección tuvieron repercusión enorme y adhesión total del pueblo croata. El
aprecio y la fama de la cual gozaba como politico en su pueblo eran innegables.
En el momento crítico del profundo cambio provocado por la disolución, de la
Monarquía de los Habsburgo y seguida por la formación artificial de una nueva
forma estatal de los eslavos maridionales, Radić sipo expresar e
interpretar desde la altura de su papel histórico las tendencias espirituales
conscientes aunque complejas y no menos trascendentales de la enorme mayoría de
la Nación croata.
Puesto
que al concretarse la unión del 19 de diciembre de 1918 no se respetaron ni las
condiciones más moderadas del Consejo Nacional, como así también los convenios
de Corfú y Ginebra, relativos a la constitución y el ordenamiento del Estado
común, el pueblo croata —en forma espontánea y cada vez más influenciado por
Radić— manifiesta su disposición rebelde, lo que posibilita a Radić
tomar una política radical, decisiva y simultánea en la política interior como
la exterior. El día 8 de marzo de 1919 el Comité Central del partido campesino
emitió una resolución no reconociendo el Reino Servio, Croata y Esloveno,
"proclamado fuera de la Dieta croata y contra la voluntad del pueblo
croata". En el mismo momento la conducción del partido de Radić elevó
un "Memorándum", con la firma de 167.669 ciudadanos croatas, dirigido
al presidente de los Estados Unidos Wilson, a los gobiernos de Ias potencias
grandes y a la Conferencia de Paz en París. En este memorando se pedía enviar a
Croacia una comisión aliada cuyo objetivo sería hacer posible la
autodeterminación del pueblo croata y la formación de una República pacifista y
neutral: recién en estas condiciones podrá incorporarse a una "República
Federativa de Yugoslavia", tan pronto como los eslovenos, los servios y
los búlgaros, cada uno separadamente y por cuenta propia, constituyan sus
repúblicas neutrales, libres y populares" (Slobodni Dom, XVI, 8).
En la
época en que en Belgrado era decretada la Constitución de San Vito (proclamada
el 28 de junio de 1921), acto consumado en contra de la voluntad de todos los
diputados croatas; contra la mayoría de los diputados eslovenos; sin la
representatividad auténtica macedonia y montenegrina y contra la voluntad de
los representantes del movimiento comunista obrero se legaliza el centralismo
monárquico ,granservio, con fecha 7-XII-1920. Radić reaccionó cambiando el
nombre de su Partido croata popular campesino por el de Partido croata
republicano campesino. Igualmente, la representación nacional croata, conducida
por Radić, promulgó el 9 de abril de 1921 en Zagreb, la Constitución de la
República Neutral Campesina de Croacia. En esta Constitución, publicada en el
país y en el extranjero (en EE.UU. se editó en croata e inglés), se estableció
lo siguiente:
— que la República Soberana de Croacia
entraba en la libremente acordada comunidad estatal (confederación) con Servia
y Eslovenia, reconociendo además el derecho de autodeterminación de Bosnia y
Herzegovina, Montenegro, Macedonia, más a Banat, Bačka y Baranja
(Vojvodina) ;
— asegurar el principio de "la
democracia constitucional", de los derechos humanos" o sea: las
libertades políticas y un seguro general social y de salud;
— que en lugar del servicio militar
clásico habría una obligación general de defensa de la patria; se crean
distritos de defensa nacional y se establece un servicio militar y laboral que
duraría seis meses.
— en cuanto a sus relaciones
internacionales, éstas serían guiadas por la política "pacifista y
neutral", declarándose además que la República de Croacia se considera un
"organismo vivo de la gran comunidad humana que, lenta pero seguramente,
se va a transformar en una gran república confederada mundial" (Državno
uredjenje Ustav Neutralne Seljačke Republike Hrvatske, Zagreb, 1921,
Pitsburgo, 1923).
Toda
la actividad política de Radić y de su movimiento se iba encaminando hacia
la realización de un programa que entonces fue presentado incluso en forma
constitucional y sobre el cual los diputados electos (ya con anticipación el 8
de diciembre de 1920), habían prestado su juramento público y solemne.
Radić tenía presente permanentemente estos objetivos, inclusive cuando por
razones de circunstancias internas o internacionales se veía obligado a
renunciar formalmente a sus exigencias republicanas, aceptando forzosamente el
Reino servio-croata-esloveno. Sus adversarios del bando inflexible
he,gemonista-centralista tenían plena conciencia de todo eso, pero precisamente
por haber brindado su vida por dichos objetivos, los mismos se convertirían en
el ser espiritual del pueblo croata.
9
LOS
OBJETIVOS REVOLUCIONARIOS NACIONALES Y LA LUCHA PACIFISTA
La
finalidad expresada y expuesta por Radić desde el inicio de su movimiento y
hasta su último suspiro —la soberana República de Croacia—era, indudablemente,
un programa revolucionario nacional. Su programa, en cambio, no coincidía con
su política pacificadora y pacifista. Sin embargo, apoyándose y nutriéndose del
ánimo combativo popular, continua-mente desviaba al pueblo del camino de la
lucha revolucionaria armada, tranquilizando a todos con que la libertad croata
se ganaría por una vía pacífica y democrática.
El
pacifismo de Radić era producto de su propia concepción de la filosofía de
la historia y de ninguna manera se la podría interpretar como una falta de
valor personal o una supuesta indisposición por el sacrificio. Radić, al
igual que Starčevié anteriormente, aceptaba las conclusiones y
experiencias históricas según las cuales cada revolución traía y provocaba a
los pueblos afectados mayores males y desgracias prolongadas que resulta-dos
históricos positivos.
Personalmente,
Radić era un hombre de una valentía política poco común y sumamente
decisivo, de un carácter de entereza y firmeza inquebrantables. Así lo mostró
en todas las continuas e interminables persecuciones policiales y judiciales
que sufrió, secundadas por increíbles amenazas, calumnias e incomprensiones y,
sin embargo, todo aquello no pudo detenerlo ni tampoco desviarlo de su ruta.
Radić nunca se acobardó, ni siquiera ante las amenazas de asesinato, sino
que enfrentó con valor todos los peligros mortales, dispuesto a sacrificar su
vida por "los ideales croatas"; tal compromiso lo había contraído
tiempo atrás, en su primera exposición política (1897) .
El
heroísmo político de Radić —unido a la visión profética propia de los
conductores políticos excepcionales— llegó a manifestarse justamente en lo que
iba a tener un carácter trascendental en los sucesivos acontecimientos
históricos. Radić fue ridiculizado porque, pese a todos los partidos
oficialistas u opositores, comenzó a estructurar su movimiento entre los
campesinos, politicamente carentes de derechos, incultos y supuestamente sin
conciencia nacional. Pero los campesinos, gracias a los hermanos Radić, en
sólo tres lustros se transformaron en la principal fuerza del movimiento
nacional croata.
No
cabe duda alguna que para ello fue preciso disponer de gran valentía política,
acompañada de una profunda autoconfianza y seguridad internas en la certeza de
sus previsiones y apreciaciones históricas. Esta condición era indispensable
para poder oponerse enérgicamente a la decisión irreflexiva de todas las
corrietes políticas croatas (salvo "constitucionalistas puros"),
eslovenas y servias. Todos quedaban sin compás ni derrotero preciso merced a la
psicosis generalizada por la famosa unión, incluso muchos políticos avezados,
intelectuales y gran parte de los que fueron activistas de la juventud
yugoslava.
El
proyecto de Radić del programa constitucional por la República Soberana de
Croacia fue un acto revolucionario en relación con la situación existente y
sostenida con toda la fuerza político-estatal en el Reino
servio-croata-esloveno y con el recientemente establecido orden versallesco de
Europa. Su constante insistir por una política pacifista y neutralista de la
República de Croacia dentro de la comunidad mundial de las repúblicas soberanas
fue un lejano preanuncio de lo que se iba a concretar recién en nuestra época:
es decir, un preanuncio de las ideas indispensables para la coexistencia
pacifista, el no alineamiento y la creación de un orden mundial por intermedio
de la Organización de las Naciones Unidas.
Radić
no vacilaba en rechazar enérgicamente las acusaciones de un supuesto
separatismo y contestaba que su programa nacional era separatista en cuanto al
gran centralismo y hegemonismo estatal. Destacaba también la total ausencia de
fundamento y justificación válida como asi también la monstruosidad del régimen
que niega el derecho de todos los pueblos a su autodeterminación, incluyendo a
la nación croata.
Radić,
al igual que Starčević y otros ilustres croatas, entre los cuales se
contaban también los pertenecientes a la religión islámica, estimaba que la
enorme mayoría de la población de Bosnia y Herzegovina de religión musulmana
era parte integrante y étnicamente la más pura del pueblo croa-ta. Por ello
condenaba enérgicamente "la política turca de Belgrado" de aquellos
líderes de la Organización Musulmana Yugoslava, quienes por un oportunismo
coyuntural identificaran su credo religioso con la nacionalidad en detrimento
de los intereses nacionales croatas generales y particularmente de su porción
musulmana.
Sus
viajes a Viena, París, Londres y, sobre todo a Moscú, desencadenaron ataques y
persecuciones aún mayores. Radié los efectuó a sabiendas y den Moscú afilió su
partido a la Internacional campesina, pese a su dura crítica ante la revolución
bolchevique y el Comintern. Toda esta intensa actividad que desarrolló se debía
a su deseo de actualizarse en el ámbito internacional y conquistar nuevos
aliados para la solución de la cuestión croata.
Si
bien los objetivos nacionales de Radić como así también sus reiteradas
manifestaciones y pasos audaces eran de un carácter revolucionario indudable,
mientras que el pueblo croata se encontraba profundamente insatisfecho y
amargado, al borde de la rebelión, Radić, sin embargo, no se apartaba de
los medios pacifistas de lucha, consciente de que, en condiciones históricas
determinadas, las revoluciones eran inevitables.
Sin
embargo, es de destacar que el pacifismo de Radić estaba lejos de un
fatalismo pasivo. Por el contrario, por sus ideas y por su política fue no sólo
sumamente dinámico, sino que era un partidario confeso de una resistencia y
movimiento popular activos. En el año 1902, con motivo de la impertinente
provocación servia, si bien se opuso a los ataques físicos contra los servios
que vivían en Croacia, decididamente pregonó que "ahora que se atrevieron
a levantarse contra nosotros, se les propinase un adecuado golpe sobre la mano
vergonzosa y fratricida". Insistió en que con todo tipo de boicots se
debilitara a "todos los elementos que amenazan con destruirnos";
"cada uno debe recurrir a los suyos" y "al hermano se lo
quiere", pero solamente mientras "se siga comportando como un
verdadero hermano" (Politički spisi, 233-37).
Conforme
a su filosofía política Radić dejaba bien explicados los motivos por los
cuales estaba de acuerdo con los métodos democráticos y parlamentarios para
solucionar el problema croata, pero también, ya en el año 1920, había enviado
su advertencia histórica a Belgrado: ¡"Cada revolución es un mal, y si
estallara, para vosotros significaría la destrucción, mietras que para nosotros
sería un desastre". Por ello Radić estaba siem-pre dispuesto al
diálogo, a la negociación y a la concertación antes que a una revolución. Decía
que una revolución no podía ser llevada a cabo por ningún partido; la
revolución es un derecho propio del pueblo que, habiendo agotado todos los
medios legales, defiente sus derechos y su existencia (Jutarnji list,
IX, 1.12.1920).
Radić
quería evitar a toda costa "la carnicería fratricida", como se
denominaba a la revolución deseada por todos los políticos servias. Sus mercenarios
"cometían violaciones salvajes" e invitan además "a que se
asesine a los dirigentes políticos croatas y que se perpetre una generalizada
masacre de los croatas, y ya se hubiera producido hace tiempo una guerra civil
entre los croatas y los servios", pero la conducción croata se opuso
decididamente no sólo a esa monstruosidad, sino también a cualquier tipo de
conflicto bélico, consciente de la definición romana que la guerra civil era
peor que todas las demás (bellum civile omnium pessimum), (Slobodni Dom
XVI, 1922, 21-31).
En sus exposiciones Radić insistía reiteradamente en estos juicios y también afirmó en el extranjero que estaba dispuesto a acompañarlos con argumentos firmes que ya habían sido expuestos en el Memorandum que la representación nacional croata había dirigido el 13 de agosto de 1922 al mundo y al fuero internacional de entonces que era la Sociedad de Naciones en Ginebra. En aquel escrito se decía textualmente lo siguiente:
"De
acuerdo con la opinión de los autócratas servios para la representación
nacional croata no cabría otro camino que el de someterse o recurrir a una
revolución que daría lugar al inicio de una guerra interna provocada por
múltiples provocaciones intencionales por parte de los usurpadores del poder
que se servirían de todos los medios con tal de provocar la revolución croata
para ahogarla después a sangre y fuego. Asimismo, las horcas serían levantadas
por toda Croacia, según lo dicen y escriben abiertamente los defensores e
intérpretes del régimen de Belgrado (Politički spisi, 408).
Al año
siguiente (1923) Radić dirá que el pueblo croata podría haber destruido
"en un solo asalto a la Bastilla servia", pero en vez de optar por
una revolución cruenta "nosotros fuimos los autores de otra revolución,
que fue mucho más importante y superior, más decisiva, mucho más exitosa que si
hubiéramos entrado en combate con las fuerzas armadas servias".
"Nosotros optamos, decía Radić, por lo mismo que los enciclopedistas
franceses, pero en una medida mucho mayor". Contrariamente a los servios
"que creen que la fuerza bruta es superior al derecho" y se aferran
del proverbio que reza "quien no se venga, jamás se santifica" y
contrariamente también a aquellos croatas que reclamaban un alzamiento armado,
Radić seguía subrayando la trascendencia de "los derechos
humanos" y el entendimiento democrático porque toda guerra y especialmente
la contienda civil "no sólo significan una desgracia teórica, sino también
en la práctica son un verdadero desastre, una catástrofe que llevaría al pueblo
a la destrucción" (Politički spisi, 425-44).
Durante
su permanencia en el extranjero (1924), Radić explicaba al mundo exterior
"que nosotros los croatas carecemos de cualquier odio hacia el pueblo
servio", y que él, personalmente, valiéndose de prestigio e influencia
varias veces logró impedir la revolución que muchos quisieron preparar,
considerándola posible y exitosa". Radić mostraba su buena voluntad
para llegar a un acuerdo con una Servia previamente desmilitarizada, que
reconociese soberania croata y recién entonces, conjuntamente, crear una
"alianza o confederación, pero de ningún modo "un Estado
federal". La propuesta consecuentemente residía en la renuncia total por
parte de los servios de su teoría y política "de una falsa unión
nacional" (Slobodni Dom, XVIII, 1932, 3).
Como
no se perfilaba la posibilidad de una solución pacífica, Radić se lanzó a
la búsqueda de nuevos aliados, incluso en la Rusia Soviética. Radić
subrayó que tampoco 61 rechazaba en su totalidad una revolución a la cual
"tampoco puede renunciar un pueblo que aspira a tener su propia
libertad". Admitía "que tanto la revolución como las luchas ilegales
se transforman en medios legítimos, puesto que destruyen la opresión y la
esclavitud". "Sin embargo, la revolución debe armarse recién cuando
se agotaron todos los medios legítimos para la lucha" (Politika,
XX, 1924, 5082, cfr. I. Mužić, op. cit., 146-7). En oportunidad de
afiliarse a la Internacional Campesina, Radić volvió a reiterar que el
Partido Campesino y Republicano Croata "seguirá usando como hasta ahora
los medios pacíficos y que únicamente en un caso extremo y al fracasar la línea
pacifista, habría que recurrir a una revolución" (Slobodni Dom,
XVIII, 1924, ed. P, 296). A su regreso de Moscú Radić volvió a subrayar
que estaba dispuesto a seguir con las conversaciones que lo llevarían a un
convenio con los demócratas servios (de Davidović) que, además, habían
llegado a convencerse que al pueblo croata era imposible doblegarlo por media
de la fuerza y que Pašić, desde el autoritarismo del gobierno, seguía
empujando a los pueblos de Yugoslavia a una revolución" (Slobodni Dom,
XVIII, 1923, ed. P 32 a).
Aun en
el año 1927 —luego de sufrir todos los desencantos y desilusiones en cuanto a
la posibilidad de lograr un entendimiento— Radić siguió insistiendo en que
toda revolución era errónea, como la revolución bolchevique o cualquier otra
tiranía. Por ello se sentía un admirador de la democracia norteamericana y
sobre todo del presidente Wilson, por su reconocimiento del principio de la
autodetermiación nacional. Herido mortalmente en el Parlamento de Belgrado, y
sin sospechar una pronta muerte, Radić dijo que se había convencido de que
con los círculos dirigentes de Belgrado, "no se podía llegar absolutamete
a ningún entendimiento honesto" y que apenas se curara, "iba a
abandonar su pacifismo actual" y recurriría a los mismos medios que sus
adversarios en la lucha por el reordenamiento del Reino de los Servios, Croatas
y Eslovenos, por una "total independencia de Croacia, apenas en unión
personal con Servia" (cfr. I. Mužić, op. cit., 229, 256-9).
10
CONTRADICCIONES,
ERRORES, GRANDEZA E IMPORTANCIA HISTORICA
Sin
considerar cuán justificada era desde el punto de vista filosófico y humano la
táctica pacifista de Radić, la misma estaba en una profunda contradicción
con sus metas estratégicas. Fiel sólo a los principios pacifistas de su
movimiento, no logró ganar la libertad y la soberanía de Croacia, salvándola de
un adversario que utilizaba toda clase de medios abusivos y violentos. El
adversario se apoyaba en la fuerza policial y de la gendarmería, y ridiculizaba
la debilidad de las "bolillas de goma" de Radić, refiriéndose
obviamente a las bolillas electorales.
La
contradicción se hacía muy evidente cuando se creía que los objetivos nacionales
radicales, de hecho revolucionarios, podrían alcanzarse con métodos pacifistas
y sin lucha; por ello el movimiento de Radić resultó muy atrayente para
los amplios estratos sociales de la Nación. ¿Pues, quien no aspira a concretar
los ideales más altos con sacrificios mínimos? Que Radić no haya fundado
su movimiento sobre las bases pacifistas y perdurado en esa actitud por razones
demagógicas —como se lo reprochaban desde la derecha y la izquierda— se colige
también de su permanente recordación a todos sus partidarios como también a sus
adversarios de que la revolución queda como último medio al cual recurriría el
pueblo croa-ta si por la vía democrática no alcanzara su soberanía.
Por
haber querido a toda costa evitar los horrores de una revolución, Radić
imprimió a su partido y a la totalidad del movimiento nacional, como conductor
indiscutible y líder plebiscitario el sello pacifista.
Con el
correr del tiempo se hacía más evidente que los objetivos croatas resultaban
imposibles de alcanzar por la vía pacifista; eso dio lugar a que en la
totalidad de la Nación croata como en el mismo partido de Radić se
intensificaban las tendencias radicales o extremas —tanto de derecha como de
izquierda— que preconizaban una revolución nacional y socialista. Contrariamente
a ello y simultáneamente con el crecimiento de las corrientes radicales (de
modo especial después de la muerte de Radić), en la conducción central de
su partido prevalecerá totalmente la filosofía pacifista y legitimista.
Permaneciendo
fieles al pacifismo de Radić y conscientes de que eran los representantes
indiscutibles de la política croata, elegidos por vía democrática, los
sucesores de Radić en la conducción superior —Maček, Košutić y
Krnjević— serán, es verdad, continuadores y representantes consecuentes
del programa de Radić en la lucha por los intereses de la nación croata,
pero, precisamente, por su posición pacifista y su concepción del mundo,
quedarán al margen de los acontecimientos históricos cuando la suerte de
Europa, y también la de Croacia, se resolvía por medio de guerra y la
revolución.
Al dar
a su programa nacional el contenido social que atrajo a amplias capas sociales
y populares del campo y de la ciudad y afianzando la idea del derecho político,
estatal e histórico croata, Radić con ello llevó a los estratos —nacional
y socialmente concientizados— a la antesala de la revolución socialista y
nacionalista. Radić tenía plena conciencia tanto de la grandeza de los
ideales como las realizaciones trágicas y de las consecuencias de las
revoluciones burguesa francesa y obrero-campesina rusa y, por ello, deseaba
realizar sus ideales democráticos, ajustados a las condiciones croatas con
medios pacíficos y sociales.
Pero
el hecho de que por estos ideales nacionales y sociales tuviera que caer como
un mártir, tuvo múltiples consecuencias En un primer momento el pueblo croata,
sin excepción, se reagrupó en las filas del movimiento único nacional bajo el
estandarte de Radić, optando por la interpretación extrema y radical de su
programa. El monstruoso crimen en el parlamento de Belgrado hizo madurar el
convencimiento de la enorme mayoría del pueblo que los medios pacíficos no
bastaban ya para lograr los derechos y libertades croatas, lo que fortaleció a
las corrientes revolucionarias y afirmó la decisión del pueblo croata.
Que el
ser nacional croata estaba imbuido de espíritu no sólo de la resistencia
política activa, sino también dispuesto a emprender la lucha, lo prueba el
hecho de que a pesar de la duración de un régimen aborrecido, caracterizado por
sus crudas violaciones y feroces persecuciones, se llegó a una organización
total del pueblo en su autodefensa, caso rarísimo, en la historia de la lucha
libertadora de las naciones oprimidas. Además de las organizaciones políticas
del Partido Campesino, que entonces esta-ban extendidas por todo el territorio
croata, en cada ciudad, en cada pueblo y hasta en el último villorrio, se
desarrollaba una gran actividad de alcance histórico. Así fue la Alianza
campesina y la Alianza económica, la Defensa urbana y la Defensa campesina,
organizaciones nacionales interconectadas con una verdadera red de las filiales
locales. Todas ellas fueron ramificaciones directas del movimiento de
Radić, conducidas por el Comité central del Partido. La Alianza campesina
se dedicó a la conservación y la promoción de la herencia cultural croata; la
Alianza económica fomentaba la economía nacional y de un modo especial apoyaba
el cooperativismo.
La
Defensa civil en las ciudades y la Defensa campesina en el campo, organizadas
según el principio militar y territorial, organizadas secretarnente en un
primer momento y luego en forma pública, con el pretexto de defender a la
población de las desgracias naturales y de los incidentes ilegales. Estas organizaciones
fueron contingentes paramilitares del Partido y alcanzaban alrededor de 200.000
personas. Al mando de Maček (por ello se denominó "La protección de
Maček") y al crearse la autonomía de Croacia, se convertirá en su
organización oficial paramilitar. Fue para la conducción croata un apoyo
particular para defenderse de los múltiples abusos de Belgrado y durante la
aplicación paulatina del acuerdo croata-servio. Finalmente se la usará a veces
para reprimir las corrientes nacionales radicalizadas y las revolucionarias
comunistas.
Con el
acuerdo croata-servio referente a la institución de la Croacia autónoma, la
historia en cierto sentido dio la razón a Radić y a sus concepciones en
cuanto a que la lucha nacional podría llevarse a cabo por vía pacífica. Con la
autonomía fue nuevamente reconocido y establecido el derecho histórico y
político estatal croata a su individualidad nacional, integralmente negada y
desconocida por primera vez en el Estado común en 1918. No importa que la
llamada Croacia del Ban —lograda bajo la conducción política de Maček— era
una solución parcial y temporal, ya que territorialmente también estaba
reducida e inoluía sólo la parte occidental de Herzegovina con Mostar y la
parte netamente católica de Bosnia, a pesar de que todavía, su independencia
administrativa fue incompleta, el hecho de su creación, sin embargo, debe
considerarse como un triunfo de la lucha pacifista del movimiento campesino
croata, iniciado y dirigido por Esteban Radić, que con posterioridad a su
muerte se transformó en el único movimiento croata totalizador.
Cabe
destacar que dado que la independencia de Croacia y la federación posterior de
Yugoslavia había sido aceptada por una capa delgada de la clase dirigente y
gobernante servia en torno al príncipe Pavle y a D. Cvetković, y, además,
bajo la presión de los factores internacionales, mientras que la gran mayoría
servia estuvo contraria, pronto se llegó a la conclusión que una solución
concertada resultaba ilusoria. Ocurrió precisamente lo que Esteban Radić
presentía en vísperas de su muerte.
Los
elementos granservios que el día 27 de marzo de 1941 dieron el golpe de Estado,
so pretexto de la adhesión al Pacto Tripartito, y ocultando que en realidad se
levantaron en contra del convenio Cvetković-Maček y por el retorno al
sistema hegemonista y centralista. Con ello dieron un golpe mortal a la
Yugoslavia monárquica originando lo ocurrido durante la guerra y durante la
revolución, habiéndose enfrentado los movimientos ustasha y chetnik en
sangrientas luchas armadas. La victoria se la reservó el movimiento de los
partisanos de Tito con un programa de autodeterminación nacional (igualdad) y
de revolución socialista.
Entonces
resultaron ciertas las advertencias proféticas de Radić quien preconizaba
que si no se daban soluciones a los pedidos croatas por vía pacifica, entonces
surgiría como única alternativa la revolución y este acontecimiento sería para
los que negaban "ad limine"' los derechos croatas, un mal mucho peor
que para los croatas mismos.
El
hecho de que el gobierno del Tercer Reich, en el momento de ocupar y destruir a
la Yugoslavia de Versailles, favoreció, dentro del marco del nuevo orden
hitleriano de Europa, la independencia de Croacia y que el gobierno de la Unión
Soviética aceptó la desintegración de Yugoslavia como un hecho consumado (fait
accompli) y estaba dispuesto a reconocer diplomáticamente al nuevo Estado de
Croacia confirma que el problema oroata estaba muy presente en la política
europea, alcanzando un nivel estratégico entre los factores que en ciertos
momentos y circunstancias históricos podrían decidir sobre la suerte de algunos
países en el reordenamiento del mapa político europeo. Todo esto fue el
resultado de la historia croata entera en la cual en los tiempos más recientes
S. Radić le dio su sello propio con su acción personal en el escenario
internacional y con la fuerza de su movimiento.
Lo
avala también el hecho de que los alemanes hicieron grandes esfuerzos para
lograr el consentimiento del Dr. Maček a fin de que encabezara el gobierno
del Estado croata, pues deseaban verlo estable dentro del marco de su
ordenamiento europeo.
A
Maček naturalmente pertenece el mérito por rechazar de conformidad a las
tradiciones democráticas del partido de Radić las reiteradas ofertas
alemanas pues nunca creyó que las potencias del Eje iban a ganar la guerra y
Maček no quería que la Nación Croata se encontrase del lado fascista
derrotado. Sin embargo, faltaría un interrogante: qué rumbo hubieran tomado los
sucesos históricos si al restablecido Estado lo hubiesen conducido hombres con
los principios programáticos de Radić, incluso cómo hubiera procedido el
mismo Radić en aquellas condiciones.
Sin
embargo, pese a toda la firmeza en defensa de los supremos intereses
nacionales, Radić —por razones pragmáticas a veces— se permitía (lo que es
propio de todos los grandes políticos) hacer giros sorprendentes que a los
demás pudieran parecer inconsecuentes o incomprendibles. La única medida que
justificaba cada uno de esos pasos o decisiones políticas surgía de su
apreciación personal en cuanto a si se trataba de alcanzar un fin táctico o a
que pudiesen servir también a los intereses permanentes de su pueblo.
En
semejante actuación, muy fructífera y beneficiosa, en su conjunto, tampoco
Radić pudo evitar ciertas equivocaciones y errores.
Uno de
ellos fue el culpar "únicamente a los corruptos señores servios",
haciéndolos responsables e interesados por el dominio hegemonista sobre
Croacia. Creía que con su programa campesino, igualitario y válido para todos,
iba a conquistar al pueblo servio, o sea, liberarlo de la influencia de sus
partidos burgueses (el Partido Radical y el Partido Demócrata). Radić
esperaba que de esa manera se lograría el cambio de un régimen corrupto y luego
el entendimiento croata-servio. En consecuencia, en vísperas de las elecciones
parlamentarias de 1927, cambió inclusive el nombre del propio partido en el de
Partido Campesino Popular, con miras a nominar sus candidatos en Servia y
Macedonia. Por supuesto, no obtuvo un solo diputado, pero perdió por ello seis
diputados en Croacia (antes disponía de 67 diputados y esta vez obtuvo 61).
Además, perdió proporcionalmente muchos votos propios (casi la tercera parte),
debido a la des-confianza del pueblo croata en cuanto a sus compromisos y su
participación en el gobierno de Belgrado, además de su intento de atraer al
campesinado servio. Esto lo hizo reaccionar e inmediatamente después de los
comicios devolvió a su partido el nombre nacional.
Aquello
quedó en la memoria como un episodio pasajero, pero tuvo, sin embargo, un
sentido histórico más profundo, aunque para muchos quedó casi como desconocido
o pasó inadvertido, y de generación en generación se vuelve a repetir sólo con
otros signos.
En primer
lugar fueron los representantes burgueses croatas los que suponían que todos
los asuntos conflictivos y en pugna a raíz de la unión iban a resolverse
relativamente y fácil, con adecuados representantes burgueses servios.
Como
en ese cometido "los señores corruptos" fracasaron, entonces hasta un
Radić se dejará atrapar por la ilusión de una solidaridad clasicista
campesina y de su identidad de intereses.
Los
comunistas condenaban la política de todos los partidos burgueses, acusándolos
de capitalistas y explotadores y al partido campesino de Radić lo tildaban
de pequeño-burgués. A la vez, destacaban en primer lugar la solidaridad
internacionalista de la clase obrera pero también reconocían la
autodeterminación e igualdad jurídica de los pueblos sureslavos. Proclamaban
también la unidad de la clase obrera de todos los pueblos de SFRJ (Federación
Socialista de la República de Yugoslavia). Pero al intensificarse las
confrontaciones entre esos pueblos entonces no podrá frenarlos ni la teoría
sobre la supuesta identidad de los intereses mediante la autogestión obrera,
sin tener en cuenta las nacionalidades y las repúblicas.
Una
vez más la historia nos enseña con el ejemplo de las relaciones croata-servias
—como así también entre todas las naciones— que los antagonismos nacionales no
se superaban con una supuesta identidad supra-nacional de clase, sino
únicamente con el reconocimiento de sus individualidades nacionales, y con una
prudente coordinación de sus intereses particulares e igual participación en el
orden internacional.
El
olvido de las experiencias vividas o el encierre en la ceguera y la sordera por
su obligatoriedad histórica, significan volver a repetir consciente o
inconscientemente aquellas suposiciones erróneas reiteradas en forma cada vez
más peyorativa.
En
consecuencia, se creó una situación sin otra salida que la revolución del
irracionalismo ustasha-chetnik.
En el
análisis del significado de Esteban Radić y su influencia sobre la
historia moderna croata, la evaluación final debe basarse en lo siguiente:
— en
primer lugar corresponde saber apreciar justamente las circunstancias dentro de
las cuales se iba a desarrollar su actuación coma también sus efectos sobre el
proceso histórico de entonces;
— luego definir con certeza el papel y el
destino histórico de su movimiento partidario nacional en su totalidad, pero
también en todos sus componentes;
— y, finalmente, es necesario visualizar
la múltiple y polifacética imagen de sus aportes históricos, de sus
pensamientos y de sus ideas programáticas a la formación del ser nacional
croata contemporáneo.
De
modo que muy pocos podrán discutir que en la situación muy compleja de la época
de transición en la reciente historia croata no es Radić el representante
más auténtico de su pueblo y que, por su acción, es el que más influyó en la
conservación y el progreso de la conciencia nacional croata, por ende, de su
destino.
En
este sentido, pocos podrán discutir el papel histórico de su partido mientras
vivía y de su movimiento hasta la creación de la Croacia autónoma. No obstante,
habrá juicio y opiniones harto disímiles en cuanto a la suerte histórica que
corrió y le tocó vivir al partido de Radić en los torbellinos de la
segunda guerra mundial y especialmente en cuanto al comportamiento y la conducción
de Maček, de distintas corrientes partidarias, incluida la pasividad y
cierta desintegración del partido hasta entonces el más fuerte en la historia
política croata.
La
descifración de los problemas complejos, contradictorios y muy interesantes nos
obliga a tener en cuenta que aquí nos encontramos con una cognición histórica
verificada, muy significativa y casi regular. Pues aquellas ideologías o
movimientos que brindaban respuestas satisfactorias a los desafíos históricos
de una época y de sus condiciones, normalmente no están capacitados para
responder en forma eficaz a los retos de otros tiempos y de sus condiciones
cambiadas. Para poder hacerlo deberían pasar por una transormación profunda y
adecuada a las nuevas demandas.
Dentro
del contexto general de la segunda guerra mundial, cuando estaban en pugna Ias
dos ideologías militantes y totalitarias -el fascismo y el comunismo—, el
Partido Campesino Croata, con su ideología democrática y pacifista vivió una
suerte idéntica a casi la totalidad de los partidos democráticos burgueses de
los países europeos involucrados en el vértigo bélico.
Como
en el suelo croata el conflicto general de esas ideologías se desenvolvía a la
sombra de los antagonismos internacionales, que se resolvían por vía.
revolucionaria, el partido Campesino Croata de Maček, por ser celoso
defensor y custodio de la herencia de Radić, es decir, intérprete de sus
principios ideológicos y planteos programáticos, no quedó aislado, sino que por
una u otra causa fue envuelto en todos los torbellinos del acontecer bélico.
Las ideas de Radić impregnaron a tal punto el ser nacional croata que
sólo su nombre se transformó en el concepto fundamental y en el símbolo de la
conciencia y aspiraciones del pueblo croata a conseguir su libertad y su república
soberana. Por ello y por todo lo relacionado con el programa y el pensamiento
de Radić, tres corrientes enfrentadas en el conflicto bélico en Croacia,
invocaban su nombre, considerándose cada una factor principal de la política
croata en el período de la segunda guerra mundial: el Partido Campesino con la
conducción de Maček; el movimiento ustasha de Pavelić y el movimiento
comunista de Tito.
Ello
no ocurrió solamente por motivaciones demagógicas propagandistas. Cada una de
las tres corrientes, no obstante sus ideologías políticas sumamente opuestas
tuvieron argumentos para invocar a Radić, aunque en forma parcial y no en
su totalidad.
El
partido campesino de Maček, heredero y titular de la totalidad del
programa de Radić, fue el que más invocaba su nombre. Políticamente más
indicado, preparado y capacitado porque con sus organizaciones partida-rias
alcanzaba y representaba a la totalidad de la nación croata. Sin embargo,
surgidas las circunstancias bélicas, el partido quedó atado a su ideología democrática
y aferrado a los principios pacifistas en un momento en que los conflictos
históricos se resolvían mediante fuerzas armadas.
El
movimiento ustasha de Pavelić consideraba que el restablecimiento del
Estado Independiente de Croacia, fue una solución revolucionaria de los
objetivos planteados por el "Gran movimiento nacional y libertador de
Radić" (Hrvatski Narod, 8 de agosto de 1941). Pavelić
decretó que la fecha del atentado en contra de Radić y de sus compañeros
en el parlamento de Belgrado (20 de junio) se conmemore como "el día
sagrado de la Nación Croata" y de recordación de "todos los mártires
croatas". La doctrina y la obra de Radić fueron consideradas como
vanguardia del movimiento ustasha y el Estado Independiente de Croacia como un
"estado campesino", creado con un golpe revolucionario durante la
destrucción del sistema versaillesco y la instauración de un nuevo orden
europeo (cfr. F. Jelić-Butić, HSS, 53).
Con
estos fundamentos el movimiento ustasha pretendía ganar al pueblo croata que interpretó
la destrucción de la Yugoslavia monárquica como la desaparición de un mal y por
ello en un primer momento al Estado Independiente de Croacia como su propio
Estado. Por ello se volcó en su favor una parte minoritaria del mismo Partido
Campesino Croata, su fracción derechista que participó activamente en la
construcción del Estado Independiente de Croacia e incluso se afilió al
movimiento ustasha. En el verano de 1941 dieron su conformidad a la declaración
de afiliación al movimiento de Pavelić, 126 representantes nacionales y
funcionarios del movimiento campesino (entre ellos, 15 eran diputados
nacionales y 14 sus reemplazantes). Hubo también una adhesión integral de
quince orgnizaciones locales, lo que proporcionalmente era un número reducido.
Entre los adherentes no figuraba ninguna personalidad de la conducción suprema
dal Partido Campesino Croata, pero hubo personajes conocidos y activos del
partido. Algunos de ellos fueron nombrados ministros, gobernadores o altos
funcionarios del Estado Independiente de Croacia. Entre ellos sobresalían:
Janko Tortić, el Dr. L. Sušić, el Dr. J. Berković, el Dr. S.
Hefer, Živan Kuveždić, el Dr. Dragutin Toth, el Ing. Ivica Frković,
Zvonko Kovačević, el Dr. I. Majcan, el Dr. P. Gvozdić, Vladimir
Košak, Vjekoslav Blaškov, el Dr. M. Lamešić, Ademaga Mesić, el Dr. M.
Alajbegović y otros. A principios del año 1942 Pavelić decretó la
convocatoria de la Dieta estatal croata (parlamento), y de las filas del
Partido Campesino fueron invitadas 93 personas (diputados nacionales y miembros
del comité general). Respondieron positivamente a la convocatoria 60 personas
(cfr. F. Jelić-Butić, op. cit., 55-8, 63-5). Sin embargo, los del
Partido Campesino Croata que decidieron colaborar con el Estado Independiente
de Croacia de Pavelić y sobre todo los que aceptaron formar parte de la
Dieta, no lo hicieron por razones ideológicas, sino porque creían que aquella
formación estatal, dadas las circuntancias internacionales, significaba la
concreción del programa estatal de Radić, aunque no coincidiera con su
espíritu. Es un hecho que todos los mencionados, pertenecientes mayormente a la
corriente que pretendía suavizar al régimen totalitario de los ustasha y además
dentro del mismo actuaban en apoyo no sólo de su partido, sino también movimiento
antifascista de los partisanos.
Pese a
la invocación de Radić y de la creación del Estado croata, el movimiento
ustasha de Pavelić no tuvo éxito en la conquista ideológico-política de
las porciones mayoritarias del Partido Campesino y, por ende, de la nación
croata. Las causas fueron múltiples. La pérdida de Dalmacia —cuna de la primera
formación política estatal croata— y la independencia vasalla de Alemania e
Italia, fueron un precio desorbitante como para que se pudiera aceptar al
Estado Independiente de Croacia como logro de su soberanía. La misma
estructuración del Estado Independiente de Croacia, imitando una forma
profascista en su doctrina ideológica y estatal, estuvo en aguda contradicción
con la ideología de Radić en su totalidad y de modo especial los actos de
una política totalitaria, autoritaria y opresora. Además de la aplicación de
leyes racistas y nazistas en contra de los judíos y los gitanos, no sólo fueron
perseguidos los partidarios del movimiento antifascista y comunista, sino Umbién
muchos y muy destacados seguidores de Radić. Así Maček fue confinado
y encarcelado con los jefes principales del partido (Ing. A. Košutić, Dr.
B. Smoljan, Dr. I. Pernar, Dr. J. Reberski, Dr. I. J. Andres, R. Herceg, Dr. I.
Jančiković, L. J. Tomašić, A. Budimirović, Dr. Z. Šo1, D.
Kempelja, Dr. N. Matanić, Dr. S. Čajkovac, J. Zrišćak, Dr. I.
Banković, M. Marković y otros). En total, y en el curso de los años
1941-42, fueron detenidos unos 280 destacados croatas, dirigentes del Partido
Campesino Croata (HSS), y fue asesinado en Jasenovac un viejo partidario de
Radić, escritor campesino y diputado nacional, Mihovil Pavlek Miškina.
Cuando
con todo eso se hizo evidente que el Estado Independiente de Croacia iba a
compartir el destino de las potencias del Eje vencidas, resultaba comprensible
la reserva, el descontento y hasta la hostilidad para con Pavelić, de
todos los que inicialmente estaban esperanzados y que habían recibido con
benevolencia la declaración de una Croacia independiente.
El
movimiento comunista en Croacia enfatizaba ya desde los tiempos del asesinato
de Radić y la inmediata dictadura real, llamada del 6 de Enero, que todo
lo que Radić no logró realizar con su política pacifista, se iba a lograr
por vía revolucionaria. Esta posición fue la base de la colaboración entre los
nacionalistas y los comunistas croatas en las cárceles de la Yugoslavia
hegemonista de la orientación del ala izquierda del movimiento de Radić y
del movimiento obrero revolucionario. Los comunistas aspiraban a crear un frente
común antifascista y popular, en vísperas de la guerra. Durante la guerra y la
revolución, el movimiento guerrillero de Tito, invocando a Radić y a sus
ideales, ganará en Croacia cada vez más adeptos. En la realización de esta
política, por la cual se empeñó particularmente Andrija Hebrang, se dio el
nombre de "Hermanos Radić" a una de las sesenta brigadas de los
partisanos al mando del Estado Mayor de Croacia. La otra brigada se llamó
"Matija Gubec" y la tercera llevaba el nombre de "Mihovil Pavlek
Miškina" (las tres brigadas dependían del Cuerpo de Ejército de Zagreb).
En octubre de 1943, en el territorio liberado por los partisanos, con los
partidarios del Partido Campesino Croata, a la vez activistas y funcionarios
del Movimiento Popular de Liberación, se creó el Comité Ejecutivo del Partido
Campesino, luego denominado el Partido Republicano Campesino Croata, habiéndose
destacado con ese cambio de nombre la vuelta a las tradiciones de Radić.
Al movimiento de los partisanos no se adhirieron los dirigentes del Partido
Campesino conducido por Maček pero, por otro lado, fue multitudinaria la
adhesión de los campesinos y pobladores urbanos acompañados también por un
número elevado de los dirigentes intermedios e inferiores (de distritos y
locales). El Comité Ejecutivo fue integrado por los viejos partidarios de
Radić diputados nacionales como también por otros personajes destacados de
todas las provincias croatas, incluyendo Bosnia y Herzegovina (B. Magovac, T.
Babić, F. Lakus, F. Frol, F. Gaži, P. Krce, A. Vrkljan, Dr. Z. Sremec, Dr.
J. Grgurić, Dr. I. Sunarić, Dr. A. Koharević, Dr. Šimović,
I. Tijardović, J. Draursnik, Dr. R. Bičanić, A. Prekar, S.
Prvcic y otros). Cabría recordar al escritor Iván Goran Kovačić, quien
llevó a las filas de los partisanos, a Vladimir Nazor. Goran, asesinado por los
chetniks, era un convencido adherente al partido campesino y a su vez fue un
destacado promotor de la ideología de Radić.
En el
segundo congreso de ZAVNOH (octubre de 1943), B. Magovac recordaba que una vez
"muchos de los que estaban presentes", pensaban que la lucha por una
república (croata) en Yugoslavia "era locura de Stipica" (Stjepan
Radić) y que ahora ese objetivo se estaba realizando (ZAVNOH, I, 463). En
el segundo congreso de AVNOJ B. Magovac fue elegido vicepresidente de NKOJ (el
gobierno provisorio revolucionario de Tito). Mientras tanto, F. Gaži era
vicepresidente del ZAVNOH y luego del gobierno de Croacia Federativa. El Comité
Ejecutivo del Partido Republicano Campesino Croata, volvió a editar su boletín "Slobodni
Dom" ("El Hogar Libre") donde con sus proclamas se incitaba
al pueblo a la lucha "por la realización de una república obrero-campesina
por la cual ofreció su vida el líder y el maestro E. Radić",
censurando en forma graduada, pero cada vez más áspera, la política "de
espera" de Maček.
En
resumen, la ideología de Radić, junto con el movimiento revolucionario
obrero sirvió de base con la cual Tito y los comunistas pudieron conquistar la
parte significativa del pueblo croata en favor del programa de un Estado
Federativo de Croacia, dentro de la nueva Yugoslavia, prometida como una
comunidad igualitaria de las naciones, con derecho de su autodeterminación,
hasta la separación.
Esta
apreciación histórica no queda menguada por el hecho de que ni siquiera la
conducción comunista, segura de su victoria revolucionaria, tanto durante la
guerra como inmediatamente después, procedió a la eliminación de los
partidarios destacados de Radić, estando dentro o fuera de NOR (La
Revolución (Guerra) Nacional de Liberación). La medida fue aplicada
especialmente a los que se negaron a aceptar incondicionalmente el monopolio
unipartidario (como los casos de A. Košutić, B. Smoljan, T.
Jančiković, I. Bernardić, T. Baburić, C. Hadžija, F.
Malćić, V. Krstulović, J. Blažok, B. Magovac, L. Ileković,
D. Zastaković y otros).
Por
"arrogárselo" tanto los ustasha como los partisanos en nombre de una
revolución nacional y social, el capital heredado de Radić, con la
conducción de Maček del Partido Campesino, iba disminuyendo desde los
primeros días del conflicto bélico. En este caso también resultó evidente que
en la política no menos que en la economía rige la regla: el capital pasivo y
sin circulación necesaria es algo "muerto" que va perdiendo su valor.
En cambio, el capital activo se mueve, aunque en condiciones especulativas y en
asuntos riesgosos. En estos negocios unos pierden y fracasan, pero otros ganan
e inclusive amasan riquezas y fama fabulosas e inesperadas, subiendo desde los
niveles bajos (incluso mal conceptuados) a la llamada sociedad alta. La norma o
valor del éxito es igual en el campo nacional que en el internacional.
Teniendo
en cuenta que el destino de Europa y del mismo pueblo croata iba a depender de
su resultado final y de la decisión de las potencias victoriosas, la conducción
del Partido Campesino Croata, con su actitud pasiva y neutral, favorecía en
principio a ambos bandos en pugna que se disputaban por. la conquista del alma
del pueblo croata invocando también el nombre de Radić. Tenía razón al
señalar que lo hacían para salvaguardar sus intereses políticos y no para
lograr las metas programáticas de Radić. Ello, empero, no influyó en el
proceso del ajuste de cuentas revolucionario, como tampoco impidió la
desintegración partidaria, ya que la masa popular, sujeta a las condiciones
imperantes, tuvo que optar por uno u otro bando y se impuso el bando que
ofrecía mayores garantías para el porvenir.
El
desarrollo de los acontecimientos tanto en el territorio nacional como en el
mundo había ejercido su influencia entendible en la conducción de Mačck y
del Partido Campesino que quedó en un espacio cada vez más reducido y estrecho
entre las partes combatientes. Condenando al Estado Independiente de Croacia de
Pavelić por el terrorismo fascista y por precipitar al abismo al pueblo
croata y al movimiento de partisanos de Tito, por ser partidarios de la
revolución y de la comunización del pueblo hacia el comunismo, carente de
propia actuación revolucionaria, dicha conducción se transformó en un
observador más o menos pasivo e impotente de los acontecimientos históricos
decisivos. A pesar de que hubo ciertos intentos para incidir sobre el proceso,
no hubo resultados ya que faltaba desde el principio una acción independiente y
dinámica, que en las circunstancias bélicas hubiera podido concretar el
programa de Radić. Toda la acción política activa quedó limitada a la
participación de un sector de la conducción partidaria (Krnjević, Šutej,
Šubašić) en el gobierno yugoslavo en el exilio, hecho muy importante porque
dichos dirigentes pudieron afirmar las concepciones croatas en relación con las
granservias, ante la opinión pública internacional y ante los emigrantes
croatas, pero quedó sin efecto en cuanto al desarrollo de los acontecimientos
dentro del país. Los intentos de Croacia para evadirse del campo del Eje y
pasarse a los Aliados, terminaron en un fracaso (tuvieron su participación
también los representantes del Partido Campesino como Tomašić y J.
Farolfi, en el putsch de Vokić-Lorković y en la especial misión del
coronel I. Babić ante el comando aliado). Del otro lado (fracasaron
rotundamente las tratativas con Tito y NOP (Movimiento de Liberación Nacional)
(que después de Tomašić, Farolfi, Baburić y Krbek, encabezada
personalmente Košutić). Era la parte de la conducción partidaria que
permanecía en la patria (Maček, Košutić, Smoljan, Torbar, Pernar,
Reberski, Andres) y quedó al margen del acontecer histórico; tampoco produjeron
cambio notable los esfuerzos del grupo más dinámico (Jančiković,
Tomašić, Farolfi) . El hecho de que del círculo de los dirigentes de la
conducción partidaria, residentes en el exterior en función de los
representantes croatas en el gobierno yugoslavo en el exilio, reconocido por
los Aliados, se desprendieron el Dr. Subasić, ex-ban y el ministro Dr. J.
Šutej (con ellos estaba también el economista prof. Dr. Bičanić y
otros) y optaron por colaborar con Tito y su gobierno revolucionario, nos dice
que ellos, en el federalismo socialista de Tito veían concretado de alguna
forma el programa de Radić, por cuanto conforme a los principios
fundamentales de AVNOJ, fue asegurada la existencia del Estado Federativo de
Croacia y garantizada su plena igualdad política con el derecho de
autodeterminación y hasta la separación.
Con este
análisis, se llega a la conclusión siguiente:
Radić
quería lograr la libertad, la independencia y la soberanía de la Nación Croata
por vía pacífica, pero admitía la revolución en el caso extremo para alcanzar
su objetivo.
Con el
atentado contra Radić y la conducción croata en el Parlamento de Belgrado,
y con la dictadura del 6 de Enero; llevada a cabo por el rey Alejandro
Karageorgević, esta necesidad se puso a la orden del día de la historia y
la inevitabilidad de una revolución, se produjo en el sentido multifacético
dentro del embrollo de la Segunda Guerra Mundial.
Mientras
que Radić preveía que su movimiento, o mejor dicho, el pueblo croata iba a
ser obligado finalmente a dar este paso extremo si no se lo llegara a
satisfacer sus exigencias justificadas, sin embargo, las condiciones históricas
de una revolución fueron explotadas por los movimientos ajenos y nada afines a
la doctrina de Radić que invocaban intencionalmente su pensamiento y su
programa para con su ayuda alcanzar sus objetivos particulares.
Cono
en suelo croata no podía prosperar ninguna idea ajena, y como los movimientos
ustasha y comunista ni siquiera pudieron intentar lograr sus objetivos
particulares sin previamente invocar a Radić, es un testimonio per se
tanto de las raíces históricas de sus ideas programáticas como de su profunda y
permanente raigambre en el ser espiritual del pueblo croata.
En la
historia de cada nación existen varones ilustres con grandeza de espíritu e
intelecto, conductores o líderes nacionales, estadistas, reformadores y
revolucionarios, héroes y mártires. Gracias a estos hombres los pueblos son
conocidos en la comunidad mundial y en la historia, "este taller
misterioso de Dios", según la expresión de Goethe.
Sin
embargo, es un número reducido de aquellos que en la vida de alguna nación
tuvieron el significado tan trascendental como tuvo Stjepan Radić en la
historia del pueblo croata.
Radić
se convirtió en un símbolo del pueblo croata y pertenece a las iguras grandes
de la historia y —a semejanza del sabio Solón, de la antigua Atenas— estaba
dispuesto a defender su patria con palabras y obras, aun-que el precio fuera la
propia vida, e inclusive cuando su actitud pudiera parecer a muchos inútil o
una locura. Pacifista a ultranza, pero valiente en la lucha contra las
injusticias odiosas. Sólo tales prohombres son amados por los dioses y por el
pueblo, según estaba ya escrito en los tiempos de la antigüedad (Demócrito).
Radić
se convirtió en el símbolo de la nación, pues durante su vida fue la expresión
de la conciencia histórica del pueblo croata, el intérprete más original de sus
intereses vitales. Con sus ideas y con sus objetivos programáticos Radić
influía trascendentalmente en el acontecer de su época, pero también en el
desarrollo de un porvenir más lejano, moldeando para los tiempos duraderos las
características esenciales, cogniciones e ideales del ser espiritual de la
Nación croata.
Traducción:
PEDRO VUKOTA
ANTECEDENTES
CURRICULARES
El
doctor Franjo Tudjman nació el 14 de mayo de 1922 en Veliko Trgovišće
(Hrvatsko Zagorje) donde cursó sus estudios primarios; los secundarios los
realizó en Zagreb.
Desde
1941 hasta 1945 participó de la guerra antifascista de los partisanos y en la
revolución socialista en la Croacia del Norte.
Después
de la guerra (desde 1945) trabajó en el Ministerio (Secretariado federal de
defensa popular), más bien en el Estado General Mayor del Ejército Yugoslavo de
Belgrado hasta 1961, cuando a pedido propio se retiró del servicio activo con
el grado de General Mayor. Desde entonces se dedicó integralmente a la
investigación científica.
El año 1956-57 terminó la Academia militar superior en Belgrado; en el ano
1963 fue nombrado profesor extraordinario en la Facultad de Ciencias Políticas de
la Universidad de Zagreb. Entonces dictaba la materia "La revolución
socialista y la historia contemporánea de los pueblos de Yugoslavia". En
el año 1965 defendió su tesis doctoral con el título "Causas de la Crisis
de la Yugoslavia Monárquica, desde su unión en el año 1918 hasta el derrumbe de
1941". Entonces fue promovido en la Universidad de Zagreb con el título de
Doctor en Ciencias Históricas.
Desde
el año 1961 hasta el 1967 fue director del Instituto de la Historia del
Movimiento Obrero de Croacia en Zagreb.
Era
miembro de la redacción de la revista teórico-militar Vojno delo; era
redactor y auxiliar del director de la "Enciclopedia militar"; además
fue colaborador de la Enciclopedia de Yugolavia; también fue director y
redactor responsable de la revista "Caminos de la revolución", fue
miembro del comité de redacción de la revista de Ciencias y Artes de Zagreb,
"Forum"; asimismo, se desempeñó como miembro de la redacción del
"Semanario Croata" de la Matica Hrvatska.
Desde
el año 1965 hasta 1969 fue diputado nacional en la comisión educacional y
cultural de la Dieta de la Repóblica Federativa de Croacia.
Escribió
una serie de libros, monografías y ensayos pertenecientes al sector científico
histórico (las teorías militares, las revoluciones socialistas y las historias
nacionales contemporáneas ), además de ensayos de la Filosofa de la Historia y
las relaciones internacionales. Todo esto fue publicado en las revistas
teórico-militares y culturales o en sendos libros. Algunas de sus obras fueron
traducidas a varios idiomas extranjeros.
Ha
tomado parte con sus colaboraciones de la investigación histórica en varios
congresos y seminarios, celebrados en el país y en el exterior; dictó clases en
las universidades de Checoslovaquia, Italia. Alemania y Estados Uindos. En el
año 1966 participó en el Seminario de la Universidad de Harvard con su
colaboración "The future of Supremacy and of Coexistence in the Nuclear
Age of the World's History".
En el
año 1967 fue separado de la Alianza de los comunistas de Yugoslavia (El Partido
Comunista). Durante la persecución de los disidentes croatas fue detenido en el
año 1972 y condenado a dos años de prisión (pena conmutada luego a nueve
meses), además se le prohibió la actividad pública por dos años.
En el
mes de febrero de 1981, en "el primer y gran proceso político después de
Tito", fue condenado por ser historiador croata a tres años de prisión y a
cinco años de prohibición de toda actividad pública, a raíz de sus entrevistas
con la TV sueca y alemana y con la radiotelefonía francesa. Se lo acusaba por
las apreciaciones históricas y por la defensa de las ideas democráticas de
pluralismo y de autogestión. La condena tue cumplida desde enero de 1982 hasta
febrero de 1983 en la cárcel de Lepoglava, cuando debido a su salud deteriorada
fue recluido en su propio domicilio para curarse. En mayo de 1984 volvió a la
cárcel para cumplir con la condena y como su estado de salud empeoró en
septiembre, fue suelto con la libertad condicional. La condición y prohibición
de la actividad pública y la edición de sus trabajos en el país, siguen
vigentes.
SUS
TRABAJOS MAS IMPORTANTES
— Rat protiv rata (La guerra contra
la guerra), Zagreb 1957, pp. 815; segunda edición Zagreb 1979; la traducción a
esloveno Ljubljana 1961. Este libro fue premiado como la mejor obra en el campo
de la literatura histórico-militar publicada en el período 1955-1959.
— Stvaranje socijalističke
Jugoslavije (La creación de la Yugoslavia socialista), Zagreb 1960, pp.
337; traducción eslovena, Ljubljana 1961.
— O procesu destaljinizacije u
medjunarodnom radničkom pokretu (Sobre el proceso de destalinización en el
movimiento obrero internacional), Forum, Zagreb 1962.
— Okupacija i revolucija (La
ocupación y la revolución), Zagreb 1963, pp. 316.
— Uzroci krize monarhističke
Jugoslavije od ujedinjenja 1918. do sloma 1941. (Las causas de la crisis de
la Yugoslavia monárquica desde 1918 hasta 1941), Tesis de doctorado, 1965.
— Europa u procjepu izmedju Istoka i
Zapada (Europa en la brecha entre el Oriente y el Occidente), Forum,
Zagreb, VII (1968).
— Occupation
System and the Growth of the People's Liberation War and the Socialist
Revolution in Yugoslavia 1941-1945. Third International Congress for the
History of the European Resistance, Karlovy Vary, 1963. (Polycopied by the Secretariat of Congress), traducido al ruso, italiano,
checo y eslovaco.
- Opasnost neostaljinističke
ekspanzije (El peligro de la expansión neoestaliniana), Forum, Zagreb,
VIII (1969).
— Jugoslawien im gespaltenen Europa,
Moskaus Gewaltakt vom 21.8.1968. schrif ten Studienzentrums žür Ost-West
Probleme, München 1969, Ost-Kurier, Munchen, Juli 1969, No. 7.
— Die
kulturelle Integration and die kleinen Vólker in der Geschichte, The Bridge,
Zagreb 1971, 26/27, S. 66-81.
— Nationalism
in Contemporary Europe, Columbia University Press, New York 1981, p. 293.
— Nacionalno pitanje u suvremenoj
Europi (La cuestión nacional en la Europa contemporánea), Munchen-Barcelona
1981, pp. 373; segunda edición 1982, pp. 429.
— Državnost nacija ključ mira
Europe (Soberanía nacional, la llave de la paz en Europa), Lidingö 1982,
pp. 53.
— Die Nationalitiitenfrage im heutigen
Europa, Lidingö 1986, str. 302 (Bekatrin).
El
presente trabajo es la versión española de la conferencia pronunciada en su
gira por Canadá y Estados Unidos en junio de este año.