Ecos de
la prensa mundial
¿UNA SINFONIA BALCANICA?
Studia Croatica, Buenos
Aires, Volumen 109, 1988
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EL
MERCURIO, prestigioso matutino de Santiago de Chile publicó bajo el título del
epígrafe, en su edición del 15 de junio/88 un comentario sumamente interesante
de su conocido analista europeo Erik von Kuehnelt-Leddihn que a continuación
trascribimos:
"El
gobierno yugoslavo llamó recientemente a una ‘Conferencia Balcánica' para
establecer contactos, dar al mundo la impresión de que todo está bien en Yugoslavia
y que, en lo que respecta a liderazgo en los Balcanes, es ese país el que marca
el ritmo. La reciente visita de Gorbachov también ayudó a sustentar esta
aseveración. Con todo, estas demostraciones internacionales —recordemos que
Tito creó la Asociación de Países no Alineados (todos fuertemente inclinados
hacia la izquierda) — ocultan una desesperada situación económica y un crítico
problema étnico sin solución a la vista.
Yugoslavia
tiene una población musulmana de rápido crecimiento, en parte croata y en parte
albanesa. Esto debe haber hecho recordar a Gorbachov los problemas étnicos en
su propio país (¡y no sólo en el Cáucaso!). Además, el mandatario soviético
difícilmente podría considerar la economía yugoslava —cuatro quintos estatal y
por lo menos un quinto privada— como un ejemplo que valga la pena seguir. No
obstante, está lejos de darse cuenta del brutal hecho de que la única
alternativa sana a una economía estatal prácticamente en bancarrota es una
economía libre, no un híbrido impracticable. Más aún, Gorbachov flirtea ahora
con una suerte de ‘democracia empresarial' que aplican los yugoslavos, la cual
otorga a los empleados derechos administrativos que contribuyen fuertemente a
la crisis de producción de su industria yugoslava y al problema económico. ¿Se
le ha dicho la verdad al jerarca soviético? Fue cálidamente recibido por la
población que, gracias a la misma propaganda a la que estamos sometidos en el
Mundo Libre, ve en él a un promotor de la libertad.
"Respecto
de esta parte del mundo es necesario tener en mente que sólo Albania, Bulgaria
y Grecia están situados completamente en la Península Balcánica, Yugoslavia
pertenece en parte y Rumania casi completa-mente a Europa Central. Además,
Rumania y Bulgaria son (en distintos grados) dependencias moscovitas, mientras
Yugoslavia y Albania son muy rojos, pero no subordinados de Moscú. Grecia aún
pertenece a la Comunidad Europea, a Turquía le encantaría integrarse a ella y
ambos son miembros de la OTAN. En otras palabras, ningún estado balcánico tiene
la misma relación ya sea con Washington o con Moscú. Variedad, disensión,
suspicacia, hostilidad y antagonismo son las notas características de la
región. Un viejo cuento popular habla de un duende que promete a un granjero el
cumplimiento de cualquier deseo, pero, pidiera lo que pidiera, su vecino
recibiría el doble. El granjero reflexiona un rato y dice: ‘Hágame tuerto'. Con
todo, se debe admitir que los pueblos balcánicos cultivan no sólo el odio y la
enemistad, sino también grandes amistades. Todos son altamente individualistas
y, por consiguiente, la democracia liberal rara vez funciona con ellos.
"Los
países representados en la Conferencia de Belgrado sólo lograron un
"amigable" intercambio de palabras. Las discrepancias de la península
son de tal magnitud, que se puede decir que el modo de vida y la estructura
política de Sicilia e Irlanda tienen más que ver una con la otra que las de
Turquía y Grecia, o la del norte de Albania con la del adyacente Montenegro
yugoslavo. El ‘etnicismo' es el gran factor divisorio; las fronteras políticas
dividen unidades étnicas en repetidas oportunidades, y aún vivimos en una era
de etnicismos (que aquí se llama "nacionalismo'). El fenómeno se
sobreacentúa en los Balcanes, donde el carácter étnico de un pueblo no pocas
veces se ve reforzado por su religión específica o sus lealtades eclesiásticas.
Entre quienes pertenecen a la Iglesia Oriental no importa quién es el
Metropolitano o el Patriarca. Se debe recordar que un etnicista desea que su
país, étnicamente, constituya una sola unidad y que sea lingüísticamente
uniforme, lo cual implica asimilación de minorías étnicas o, si se llega a
extremos, su eliminación mediante exilio o asesinato masivo. Además, el
etnicista también mira más allá de las fronteras de su país. Quiere ‘liberar' a
sus connacionales bajo dominio extranjero y anexar el área donde éstos viven. A
esta locura en Occidente la llamamos "nacionalismo", no racismo, que
entre los centroeuropeos y sus congéneres orientales constituye algo puramente
biológico.
‘Los
problemas énicos, por ser demasiado explosivos, fueron tema prácticamente tabú
en la Conferencia Balcánica de Belgrado. Todo tipo de reclamaciones podrían
haber sido vindicadas. Bulgaria, por ejemplo, reclama la Macedonia yugoslava,
negando que exista algo así oomo una nacionalidad macedonia. (En ello tiene
razón: macedonio es búlgaro adaptado a las máquinas de escribir serbias.) Los
griegos, a su vez, denominan su minoría búlgara como "griegos
bulgarófonos", mientras los búlgaros tratan de desnacionalizar su minoría
turca obligando a sus miembros a usar nombres búlgaros. (Y también hay búlgaros
musulmanes.) Los rumanos niegan la existencia de búlgaros en la Dobrudja
norteña y los serbios no admiten la de búlgaros y rumanos en la parte más oriental
de Serbia. Por supuesto, hay albaneses en el distrito autónomo de Kosovo de la
parte serbia de Yugoslavia, al igual que una minoría serbia. El área constituyó
en un tiempo el corazón mismo de Serbia, pero los turcos establecieron a
albaneses islámicos en esa zona y ahora los serbios, que se sienten amenazados
por los éstos, comenzaron a emigrar. Pese a que la vida en Yugoslavia es aún
mucho más agradable que en la dura y ultrarroja Albania, a ciertos albaneses
‘nacionalistas' les gustaría ver que su distrito autónomo fuera entregado a
Albania, el único país comunista que puede alardear abiertamente que la
religión (islámica, católica y ortodoxa oriental) haya sido totalmente
erradicada de su territorio mientras era aliada no de la URSS, sino de la China
de Mao. (Bautizar a un hijo aún significa tres años de trabajos forzados.)
Después de todo, uno de cada tres albaneses vive en Yugoslavia. Albania también
posee una minoría griega (que vive en la miseria) y Grecia una minoría albanesa
(que vive mucho mejor).
Para
alguien del mundo occidental es difícil comprender el grado de odio existente
en esa parte del mundo, la cual, debido a los siglos de dominación turca, es
más "cercano-oriental" que europea. Las guerras allí fueron
‘nacionales', en que grupos étnicos se enfrentaban unos contra otros, no como
en la tradición europea, en que los combatientes eran mercenarios bajo la
dirección de nobles que se respetaban mutuamente. Nuestros famosos guerreros
histórioamente fueron en muchas ocasiones extranjeros que libremente escogían
el soberano al que deseaban servir. En los Balcanes, los odios étnicos y de
otro tipo son endémicos y las guerras son ‘tribales', lo que implica crueldad
real, colectiva y bestial. Si uno recuerda la Segunda Guerra Mundial en
Yugoslavia, con sus sádicas masacres destructivas de proporciones realmente
atroces, se da cuenta hacia dónde conduce el odio de grupos. Incluso dentro de
un mismo grupo étnico tales sentimientos, aunque de naturaleza más política,
continúan existiendo.
"Por
todo esto, el muy publicitado ‘encuentro' de Belgrado no fue más que un
espectáculo. No produjo nada. No resolvió problema alguno, menos para el país
anfitrión, Yugoslavia."
ERIK von KUEHNELT-LEDDIHN