LA
ENFERMEDAD YUGOSLAVA
EL
MERCURIO de Santiago de Chile del 7 de enero de 1988 publica bajo el título del
epígrafe el artículo de su corresponsal Erik von Kuehnelt-Leddihn. Reproducimos
a continuación las partes principales del comentario mencionado:
"La
prensa europea está llena de artículos sobre la crisis yugoslava. En ninguna
enciclopedia impresa antes de la Primera Guerra Mundial encontramos la palabra
"Yugoslavia", porque este país multinacional fue inventado y creado
sólo en 1918, amalgamando varios pueblos que hablaban lenguas similares y aún
idénticas. Esto no garantiza la armonía.
Remitámonos
a las tensiones entre Inglaterra e Irlanda, Dinamarca e Islandia, Polonia y
Rusia, Austria y Prusia, Bolivia y Paraguay, una lista que podría continuar
hasta el infinito. 'Odio entre hermanos, odio diabólico', dice un proverbio
portugués.
Originalmente,
el nuevo país se llamó el Reino de los Servios, Croatas y Eslovenos, pueblos de
características radicalmente distintas. Los eslovenos habían vivido en unión
con Austria (y la cultura germánica) desde la Alta Edad Media; los croatas
estaban vinculados a Hungría desde el siglo XI (Croacia era uno de los más
antiguos reinos europeos), mientras los servios habían estado durante 500 años
bajo el yugo otomano. En el nuevo Estado se despojó de plano a los macedonios
de su identidad étnica como búlgaros, y se los declaró 'servios del sur', 'servificándose'
hasta sus nombres.
Pronto
se hizo evidente que el nuevo país (que también incluía a muchos no eslavos) no
podría continuar existiendo como monarquía parlamentaria, y así se convirtió en
una brutal monarquía absoluta, en 1929. Después de la Segunda Guerra Mundial
pasó a ser una tiranía comunista bajo Tito (hijo ilegítimo de un conde
húngaro), dictador cruel, pero astuto. Careciendo de cohesión interna,
Yugoslavia sólo puede existir bajo el férreo control de un gobierno impuesto...
...En
este momento las tensiones étnicas yugoslavas están un poco eclipsadas por la
grave crisis económica, pero una quiebra absoluta de ese país sintético no
tardaría en desintegrarlo. La política de Tito, tras su ruptura con Stalin, fue
reemplazar un comunismo centralizante y ortodoxo por un sistema de propiedad
campesina de la tierra y autogestión industrial. Los trabajadores administran
ahora 'democráticamente' las empresas, una noción atractiva en la teoría, que,
gracias a su total ignorancia económica, fue aceptada con entusiasmo por los
teólogos latinoamericanos de la liberación.
Actualmente
en Yugoslavia tiene lugar un debate en sordina sobre política, y otro más
articulado sobre economía, gracias a cierta liberalización respecto del período
iniciado en la inmediata posguerra, época en que el régimen de Tito fue el más
aterrador, sádico, genocida y totalitario de todos los países satélites.
Gracias a la fortaleza de la gente en esta parte de Europa (que incluye un
sector de los Balcanes) y a la apertura de las fronteras, se mencionan al menos
alternativas. Dos economistas croatas, Slavko Goldstein y Marko Korosić,
propusieron un nuevo plan de economía mixta, con empresas de propiedad privada.
Ello constituiría un progreso, pero ateniéndonos a la crisis que afecta a las
industrias nacionalizadas de la vecina Austria, no sería realmente solución.
Las protestas de los obreros austríacos que serán o fueron despedidos, o
deberán aceptar fuertes reducciones en sus sueldos, hacen aparecer menos geniales
las proposiciones de Goldstein y Korosić. El remedio verdadero de las
penurias económicas de Yugoslavia resulta, huelga decirlo, inaceptable para la
'Savez Komunista': una economía libre.
El
paisaje económico yugoslavo se caracteriza, además, no sólo por las alzas de
los alimentos básicos y el vestuario, sino también —y ello refleja el lento deterioro
de la autoridad del Gobierno— por graves huelgas en las industrias y las minas
claves (obreros que paren en protesta contra un gobierno 'de los trabajadores'
ponen en ridículo toda la retórica socialista). Según el periódico principal 'Nin',
en 1987 ha habido 150 mil operarios en huelga. La inflación llega al 200 por
ciento anual y, por añadidura, la corrupción es generalizada, como quedó de
manifiesto en la crisis de 'Agrokomerc', la gran central estatal de
distribución agraria.
Todo
esto va acompañado de un desempleo que supera ya el 15 por ciento, y de una
reducción en el flujo turístico debido a una baja en la calidad de los
servicios. Otros dos factores no desdeñables son el descenso generalizado del
nivel de vida, y el abismo cada vez mayor entre ricos y pobres. Los primeros,
exceptuando a unos cuantos comerciantes prósperos del mercado negro, pertenecen
a la 'Nomenklatura', los poderosos del partido, que pueden permitirse numerosos
lujos: casas elegantes, automóviles, sirvientes, vacaciones en el extranjero.
Esta disparidad es más irritante en un Estado públicamente comprometido con el
socialismo y la igualdad en una sociedad abierta y competitiva.
En
caso de emergencia verdadera, ¿cuál será la situación de Yugoslavia? Su clase
dirigente simpatizará más bien con el Este, mientras Occidente sigue creyendo
que este producto artificial de los tratados de 1919 debe mantenerse a toda
costa. Recordemos también que Yugoslavia es un miembro importante de la
Organización de Países No Alineados. Como lo es también —no del todo
accidentalmente, y creámoslo o no—Cuba."