LA POSICION CROATA FRENTE AL
MEMORANDUM DE LA ACADEMIA SERVIA DE CIENCIAS Y ARTES
En octubre del año pasado apareció
en Belgrado el Memorandum de la Academia Servia de Ciencias y Artes —ASCA—
(borrador) que suscitó la atención general por su aguda crítica del régimen
imperante en Yugoslavia, y en particular por las ideas políticas que sostiene
con respecto a las relaciones del pueblo servio con los restantes pueblos de la
comunidad estatal yugoslava.
Ante la ausencia de un examen
crítico de este documento por parte de los círculos políticos e intelectuales
croatas en la patria —faltante evidentemente debido al régimen represivo
vigente en el país—, hemos considerado oportuno y necesario someter a un
reexamen detallado el Memorandum de la ASCA y exponer a través de este análisis
nuestra posición frente a las principales tesis sobre la base de las cuales los
académicos servios construyen sus "puntos de vista", en especial
respecto de las cuestiones de relaciones recíprocas entre los pueblos servio y
croata.
CRISIS DE LA ECONOMIA Y SOCIEDAD
YUGOSLAVAS
Si bien el Memorandum destaca una
serie de factores objetivamente existentes de la crisis económica, como ser:
"decaimiento de la productividad (del trabajo y el capital) ",
"capacidad productiva ociosa", "frente de inversiones no
concluidas" (pág. 6), "tolerancia para con el trabajo a desgano y
otros aspectos de la demagogia social", "mantenimiento de privilegios
materiales de los estratos gobernantes", "manutención de una administración
gigante, cuyo costo representa una carga insoportable para la economía"
(pág. 8), "ausencia de la conciencia sobre el trabajo honrado",
"adquisición legal de riquezas sin trabajar" (pág. 29), para
mencionar sólo los más importantes de los señalados, resulta increíble que el
documento expresamente no resalte, con su pretensión de análisis científico
objetivo, las causas fundamentales de estos fenómenos: el estatismo, la
economía dirigida, agravada por la inexistencia de propiedad privada, de
iniciativa privada y competencia comercial; la destrucción de la economía
campesina, fundamento del sistema económico de todos los pueblos de Yugoslavia.
No sólo que el Memorandum no
destaca la inexistencia de liberalismo económico como fuente de la crisis y
recesión yugoslavas, sino que, por el contrario, observa las "verdaderas
causas de la crisis económica" precisamente en cierta
"liberalización-descentralización" generada en los años sesenta.
"La descentralización, ideada primordialmente como una liberación de la
economía de las fuerzas burocráticas, degeneró en una descentralización por
territorios y ramas económicas. Han sido creadas ocho regiones económicas con
economías nacionales en calidad de substrato ideológico. El mercado único
yugoslavo fue con ello roto" (pág. 4).
El hecho de que se ha producido en
verdad una cierta desintegración económica debe atribuirse a otros factores, en
primer lugar a la falta de realización de una liberalización real y a la
inexistencia de una coordinación de las economías nacionales, y no a la
descentralización administrativa. ¿Qué significa, en general, la "rotura
del mercado único yugoslavo"? La comunidad Económica Europea la conforman
13 Estados independientes, y sus economías no se "escinden", sino que
precisamente forman el mercado común europeo.
Es evidente que la crítica de la
descentraliazción apunta a la aspiración de fortalecer la economía dirigida,
base del unitarismo estatal, si bien no se aboga por ello en forma abierta. La
causa es evidente: no se desea quitar a la nación servia gobernante el poder
económico y político que le ofrece la economía dirigida.
Según los autores del Memorandum,
la descentralización conduce a la desintegración, la cual, "como tendencia
antihistórica" proviene directamente "de una tendencia antihistórica
más amplia y más significativa, es decir, de la transformación de la federación
en una confederación sui generis que fue institucionalizada en la última
Constitución del año 1974" (pág. 14).
De las aclaraciones posteriores
sobre el carácter "confederativo" de la Yugoslavia actual, surge
claramente que se trata tan sólo de una serie de disposiciones administrativas
que brindan una mayor autonomía a las repúblicas individuales, y de ninguna
manera de una real confederación, a saber una alianza de Estados soberanos, como
la define la teoría jurídica constitucional.
Según los redactores del
Memorandum, "el elemento más significativo del confederalismo consiste en
el indispensable consenso de los parlamentos de todas las repúblicas y
provincias para cualquier modificación de la Constitución por más pequeña que
sea, como así también en la exigencia de que toda desición al respecto en el
Consejo de las Repúblicas y Provincias, debe considerarse aprobada si votan en
tal sentido todas las delegaciones. En ambos casos, el disentimiento de un solo
participante en la decisión, tiene carácter de veto" (pág. 15).
Otro elemento del confederalismo
es también —según la misma fuente— la composición paritaria de la Presidencia
de la República Federativa Socialista de Yugoslavia (RFSY), como asimismo otros
órganos supremos. En esencia, es confederativa también la disposición
constitucional de que, en principio, los órganos de las repúblicas y las
provincias están encargados de aplicar las leyes federales, cosa que a menudo
en la práctica conduce a la no aplicación de esas leyes. Un elemento muy
destacado del confederalismo lo constituye el hecho de que las Constituciones
de las Repúblicas y Provincias no deben, necesariamente, concordar con la
Constitución federal, sino tan sólo no pueden ser contrarias a ella" (pág.
16).
Todas estas normas amplían
solamente la autonomía administrativa de las unidades federativas y provincias,
pero no presentan un carácter constitutivo de la confederación. El actual
sistema político de Yugoslavia, puede calificarse —tal como lo hacen los
propios académicos servios— de "cada vez más contradictorio, no funcional
y caro", un "ejemplo escolar de ineficiencia" (pág. 16), pero en
ningún caso, de una confederación.
A las repúblicas yugoslavas les
faltan las esenciales características de soberanía de los cuerpos estatales
confederados, de soberanía en la legislación y economía, relaciones exteriores
y ejército. Las repúblicas se hallan sometidas en todos estos sectores —en
menor o mayor medida— a la administración central. En especial en cuanto al
ejército y a la politica exterior, no tienen ingerencia alguna. Tan sólo en
materia económica puede hablarse en cierta medida de independencia, pero de
ninguna manera de una posición económica soberana de las repúblicas confederadas.
Pero a pesar de esa cierta
autonomía, ellas se encuentran en gran medida en condiciones de dependencia
económica frente al poder central. Los funcionarios federales en Belgrado, por
ejemplo, controlan la mayoría de las decisiones básicas, como son las
concernientes a los precios de materias primas y productos finales. El
presupuesto federal es más grande que los presupuestos de las repúblicas y
municipios tomados en conjunto. El sólo hecho de que el Banco Nacional de
Belgrado haya obligado a la industria turística de Croacia a canjear las
divisas fuertes obtenidas durante la última temporada veraniega a razón de 283
dínares por dólar (al mismo tiempo el tipo de cambio oficial era superior a los
400 dinares por dólar), indica patentemente en qué medida Yugoslavia se ha
transformado en una confederación.
La imposición del sistema
unipartidista, no obstante haberse creado posteriormente secciones por
repúblicas del Partido Comunista único de Yugoslavia, constituye el factor
decisivo del unitarismo en patente oposición al concepto de soberanía de las
repúblicas confederadas. Junto a un sistema unipartidista impuesto —no
libremente escogido— no puede imaginarse la existencia de un Estado
confederativo libre.
El quebrantamiento brutal de los
derechos humanos en Yugoslavia es una prueba del persistente autoritarismo. Los
autores del Memorandum destacan las características descentralizadoras de la
Constitución de 1974, pero callan que el infame artículo 133 del Código Penal
yugoslavo anula todas las libertades formales logradas mediante las enmiendas
constitucionales. Los así llamados "delitos verbales" y "delitos
de opinión" son controlados desde el centro del poder político, en
Belgrado.
No olvidemos que entre los
derechos humanos se cuentan también los universalmente reconocidos derechos de
los pueblos, el derecho a la autodeterminación y la separación de la actual
unión estatal, formalmente reconocido por la Constitución de la RFSY. El
Memorandum destaca que la soberanía de los pueblos se halla en "los
fundamentos mismos de la civilización moderna, que la única autoridad política
legítima es la que emana de la voluntad libremente expresada por los
pueblos" (pág. 36). Sin embargo, cuando los pueblos en Yugoslavia
manifiestan su voluntad y derecho de autodeterminación, los mismos académicos
califican ello como "nacionalismo", que el poder unitarista en forma
directa o a través de los órganos de las Repúblicas que les son subordinados,
persigue como crimen contra los intereses del pueblo y del Estado.
Los académicos servios se
contradicen cuando, recalcando el supuesto carácter confederativo de la actual
Yugoslavia, destacan al mismo tiempo una serie de factores que confirman su
conformación unitarista. Por ejemplo: "la Liga de Comunistas de Yugoslavia
(LCY) constituye la columna vertebral del sistema, y sus funcionarios detentan
el monopolio absoluto del poder social". "La LCY creció junto con el
Estado". "En Yugoslavia pueden aún quebrantarse impunemente los
derechos civiles básicos de las personas; las elecciones de funcionarios son
una ficción; el poder judicial sigue dependiendo del poder ejecutivo; la
libertad de palabra, la organización y las manifestaciones públicas están
limitadas por la arbitrariedad burocrática y las disposiciones legales que posibilitan
la persecución de las opiniones distintas a las oficiales.
La clase trabajadora no tiene
derecho legal de autoorganización y de huelga, y carece de toda influencia real
sabre la decisión política" (págs. 34 y 35). Con la constatación de que el
"estatismo no fue abolido, sino transferido al ámbito de las Repúblicas,
donde es más irracional y maligno", se intenta en forma no convincente
salvar una serie de contradicciones entre las realidades que apuntan al
estatismo y unitarismo, y las afirmaciones respecto de la supuesta
transformación hacia una forma confederativa de la unión estatal yugoslava.
Los académicos servios recurren a
la' historia para demostrar la imposibilidad de permanencia de la supuesta
confederación yugoslava como forma de organización estatal. Dicen que "la
historia conoce varios ejemplos de transformación en federación, como
consecuencia natural de las debilidades comprobadas de la forma confederal,
pero ninguno de transformación en sentido inverso" (pág. 14).
Empero, los académicos no
mencionan que la historia conoce justamente la evolución también en
"sentido inverso", como es la separación, la autodeterminación de los
pueblos en dirección de su Estado propio, soberano, como por ejemplo en el caso
de Suecia y Noruega o de Bélgica y los Países Bajos. Esta tendencia está
nítidamente acentuada en la evolución actual de la unión yugoslava, y ello no
constituye una tendencia "antihistórica", sino precisamente una
tendencia histórica de la evolución de los pueblos incorporados en el Estado de
Yugoslavia, que justamente ha cobrado plena fuerza de expresión en los últimos
años. Los autores del Memorandum siguen tildando esta tendencia natural de la
evolución histórica con la terminología estereotipada de la propaganda
yugoslava, y afirman que para "poder realizar los cambios indispensables,
hay que deshacerse de la ideología que coloca en el primer plano la
nacionalidad y la territorialidad" (pág. 17).
A esta fuerza histórica de las
aspiraciones nacionales claramente manifestada, especialmente en el caso de los
croatas, albaneses y últimamente eslovenos, a este "primado de lo
nacional", los académicos lo presentan como resultado de la influencia de
la Cominterna sobre los partidos comunistas entre las dos contiendas bélicas. "La
estrategia del Cominterna en dicho período fue extraída de la apreciación de
que, al no producirse la revolución proletaria en Europa Occidental, los
partidos comunistas en los países de Europa Central, Oriental y Meridional
deben apoyarse en movimientos nacionales, por más que éstos fuesen abiertamente
antisocialistas y sustentasen la idea de unión nacional y no de clase"
(pág. 18).
"A nadie es menester tratar
de convencer —afirman seguidamente— de que el separatismo y el nacionalismo
actúan ahora en la escena social, pero pocos entienden que justamente este tipo
de opciones son facilitadas por la Constitución de 1974. El continuo
fortalecimiento y el recíproco estímulo del separatismo y el nacionalismo han
alejado a las naciones unas de las otras, hasta un punto crítico" (pág.
19). Por otra parte, "todas las nuevas creaciones étnicas, por cuanto son
desdichados productos de una ciencia encerrada y preñada de ideologías
regionales, resultan sintomáticas del alejamiento no sólo del presente y el
futuro común, sino también del pasado común. Como si a todo el mundo sólo le
importara escaparse cuanto antes y lo más lejos posible de la casa que se
derrumba. El estado de ánimos advierte que la crisis política está acercándose
al punto crítico de una total desestabilización de Yugoslavia" (pág. 20).
Una posición así del Memorandum
oscila permanentemente entre percepciones objetivas y correctas, y conclusiones
frecuentemente incomprensibles, sino incluso abiertamente contradictorias.
¿Cómo entender que un conjunto de científicos pueda abogar a favor de tesis tan
voluntariosas? Cómo se puede pasar por alto el hecho de que las aspiraciones de
los croatas, como también las de los restantes pueblos sojuzgados y sin
soberanía en Yugoslavia, son partes constitutivos de un proceso mundial
generalizado de los tiempos modernos, según el cual todo pueblo, ni bien cobra
conciencia de su propia individualidad, de su particular existencia nacional,
exige la constitución de su estado nacional propio. Pero el chauvinismo es
evidentemente más fuerte que las apreciaciones intelectuales objetivas, y, en
su aspiración de mantener la unión de los pueblos yugoslavos en sumisión al
hegemonismo servio, impone puntos de vista infundados e insostenibles. Esto
salta a la vista particularmente en la segunda parte del Memorandum:
POSICION DE SERVIA Y DEL PUEBLO
SERVIO
Como se desprende del mismo
título, esta parte está dedicada en especial al análisis de la posición de
Servia dentro de la unión estatal yugoslava y de las relaciones del pueblo
servio con los demás pueblos de Yugoslavia.
Pasaremos revista a las
principales tesis de esta parte del Memorandum, en cuatro grupos de cuestiones:
1) Posición política y económica de Servia en la Yugoslavia Federativa. 2)
Factores que ejercieron influencia sobre la posición política y económica de
Servia después del derrumbe de la Yugoslavia monárquica. 3) Calificación de la
política servia en la primera Yugoslavia. 4) Posición del pueblo servio frente
a los demás pueblos de Yugoslavia, en especial los croatas.
1. — POSICION POLITICA Y ECONOMICA
DE SERVIA EN LA YUGOSLAVIA FEDERATIVA
Tesis: "La discriminación
económica y la subordinación de Servia no puede comprenderse plenamente sin
tener presente su posición política inferior que determinó todas las
relaciones" (Pág. 41-44).
Con el cambio de la Yugoslavia
monárquica a la República Federativa Socialista, la capital de Servia y del ex
Reino de Yugoslavia, Belgrado, siguió siendo la sede del nuevo Estado federal.
En lugar de crear un Nuevo centro administrativo, cosa que correspondería a la
constitución de un nuevo Estado federativo, se retuvo a Belgrado, gracias a la
decisiva influencia servia, como sede exclusiva del gobierno federal y demás
instituciones federales, con lo cual se dio paso decisivo hacia el favorecimiento
de la hegemonía del equipo gobernante servio respecto de los centros políticos,
económicos y culturales de las demás naciones, con repercusiones de largo
alcance. En un lapso relativamente corto, fueron invertidos enormes capitales
en la construcción de la nueva Belgrado, símbolo y centro de la dominación
servia sobre los restantes pueblos de Yugoslavia.
Aun cuando Tito era el principal
factor político de la Yugoslavia comunista, todos los cuadros directivos del
partido, del Estado y del ejército eran preponderantemente servios: Aleksandar
Ranković, todopoderoso ministro de asuntos interiores, vicepresidente del
gobierno e infame jefe de la policía secreta; Milovan Djilas (montenegrino,
pero servio por opción), reemplazante del jefe de Estado; Koča
Popović, ministro de relaciones exteriores; Arsa Jovanović, jefe del
Estado Mayor del ejército; Sreten Žujović, ministro de finanzas, etc.
Los bancos, las empresas de
exportación, el control de cambios, todo ello quedó como antes, dirigido desde
Belgrado a través del dominante círculo de intereses servios
("čaršija"), encubierto ahora bajo un nuevo disfraz.
Según los datos publicados por
Ekonomska Politika (Belgrado, número 847/1969), en la administración federal
había sólo un 8,6 % de croatas, frente al 73,6 % de servios, 7,2 % de
montenegrinos, 3,8 % de indefinidos y 6,8 % de varias nacionalidades. Diez años
más tarde, declinó la participación de los croatas al 6 %.
En el ejército y la policía los
servios ocupan un porcentaje aún mayor: del 75 % y 80 %, respectivamente.
La posición hegemónica de Servia
permanece hoy en día inmutable. Según los datos publicados por NIN del 4 de
enero de 1987, Yugoslavia está representada en el exterior por 27 embajadores
servios y sólo 8 croatas. En total, Yugoslavia tiene 83 embajadores, de los
cuales la tercera parte son servios y menos del 10 % son croatas. Si a los
servios agregamos los 12 embajadores montenegrinos, resulta que los servios en
total detentan casi la mitad del cuerpo diplomático superior. Embajadores croatas
hay menos que eslovenos, macedonios e incluso montenegrinos (que son la
nacionalidad menos numerosa en Yugoslavia). La diferencia empero es aún mayor,
si se toma en cuenta el total del personal del Ministerio de Relaciones
Exteriores. NIN cita al periódico DELO de Ljubljana, indicando que hay sólo 60
eslovenos empleados en dicho ministerio, sobre un total de 2.400 funcionarios,
al tiempo que la participación croata es parecida a la de los eslovenos.
Las importantes inversiones en
Servia tienden a asegurar la continuación y el fortalecimiento del predominio
político y económico servio. Es significativo que se haya seguido con esta
política después de la reforma económica de 1965 y la abolición formal del
hegemonismo unitarista (1966). Eso lo confirman los montos de los créditos del
Banco Nacional, de los cuales fueron invertidos en Servia el 58 %, mientras que
en Croacia lo hicieron en tan sólo el 16 %. A fines de la década del 60, de
todos los equipos industriales yugoslavos fue instalado en Servia el 46 %, en
Croacia el 18 %, en Eslovenia el 17 % y en las restantes repúblicas el 19 %.
La "subordinación"
económica de Servia se trasluce solamente por su baja productividad. A pesar de
su posición privilegiada en materia de inversiones y de política económico-financiera
en general, según estadísticas dé 1971 Servia aportaba únicamente el 18 % del
ingreso dé divisas, mientras que Croacia lo hacía en un término tres veces
mayor, en un 51 %. Mas las divisas que aporta la economía croata no quedan en
Croacia, sino que se concentran en la Federación y se liquidan a un tipo de
cambio irreal, cosa que conduce a una permanente expoliación de la economía
nacional croata.
El poder financiero y la política
exterior, concentradas en Belgrado, condujeron a Croacia a un empobrecimiento y
a un estancamiento económico y cultural, mientras que llevaron a Servia a un
desarrollo económico-industrial envidiable y a un destacable enriquecimiento.
Según cálculos efectuados por expertos en economía, en el transcurso de los años
1965-1971 el trasvasamiento de los medios pecuniarios desde Croacia alcanzaron
el 30 % del producto nacional, o el 65 % de todos los ingresos.
Como ejemplo de la manera en que
se favoreció a Servia basta mencionar, entre otros casos, la construcción de la
central hidroeléctrica de Djerdap (Puerta de Hierro), en su género el más
grande emprendimiento en Europa, si se excluye a la Unión Soviética, obra que
aseguró a Servia la primera posición (prácticamente monopólica) en materia de
generación de energía eléctrica en Yugoslavia.
Además, Servia se convirtió en
centro de la industria yugoslava de material bélico y del automotor, hecho que
le ha valido una posición dominante no sólo en el campo político y militar,
sino en el económico, si se tiene presente que actualmente la industria de
armamentos de Yugoslavia es el puntal de sus exportaciones. Al precio de un
gravoso endeudamiento del país entero, los servios, llevados por su política
expansionista, construyeron la línea férrea —absolutamente improductiva— que
une la ciudad de Belgrado con el "mar servio", en el puerto
montenegrino de Bar, mientras los croatas aún siguen esperando la concreción de
las autopistas que tendrían que conectar la ciudad de Zagreb con las ciudades
portuarias de Rijeka y Split, como asimismo la región de Bosnia y Herzegovina
con el litoral croata.
En 1979 fueron construidos y
entregados al tráfico 96 kilómetros de carreteras para autotransporte en
Servia, mientras que en Croacia ¡tan sólo 6 (seis) kilómetros!
Los analistas políticos
extranjeros han observado hace ya tiempo hechos que confirman la continuidad
del hegemonismo y unitarismo servio en Yugoslavia. Así, por ejemplo, Francois Fejtö
escribía en "Le Monde Diplomatique" (junio 1971): "Los
vencedores comunistas repitieron todos los errores de la monarquía de la
primera posguerra, y condujeron al mismo resultado: acumularon disconformidad
no sólo entre los croatas, sino también entre albaneses y macedonios ... Se
inspiraron en el modelo stalinista, es decir: federalismo en teoria, y
centralismo en la práctica. Pero el centralismo instalado en Belgrado adoptó,
inevitablemente, un. sesgo gran-servio".
Son totalmente infundadas las
afirmaciones expuestas en el Memorandum acerca de la supuesta discriminación
económica y la posición política inferior de Servia en la Yugoslavia
Federativa. Al igual que la Monarquía Austro-Húngara en el pasado, y hoy en día
Africa del Sur, Yugoslavia es un Estado multinacional marcado por el
"colonialismo interno", en el cual Servia ocupa la posición dominante,
por encima de los restantes pueblos de la comunidad estatal. Los
acontecimientos políticos ocurridos a lo largo de 65 años de su existencia,
como asimismo los datos estadísticos en dicho periodo, demuestran que Croacia
en determinado sentido es una colonia servia, en la cual los servios detentan
el poder real, el que aprovechan económicamente en exclusivo interés de la
nación servia dominante y de Servia propiamente dicha.
Habitualmente, las colonias
estaban geográficamente alejadas del Estado que las tenía sometidas, por
ejemplo en el caso de las colonias británicas. El hecho, empero, de que Croacia
sea limítrofe con Servia, no atenúa su status similar al de esas colonias.
2. — FACTORES QUE EJERCIERON
INFLUENCIAS SOBRE LA POSICION POLITICA Y ECONOMICA DE SERVIA DESPUES DEL
DERRUMBE DE LA YUGOSLAVIA MONARQUICA
Tesis: "La discriminación
consecuente en contra de la economía de Servia en el período de posguerra, no
puede aclararse totalmente sin tomar en consideración las relaciones
internacionales entre las dos guerras mundiales, tal como las veía y calificaba
el partido comunista de Yugoslavia. En estas maneras de ver las cosas ha
influido decisivamente la autoritaria Cominterna, que en sus esfuerzos por
lograr la la concreción de su concepción estratégica y táctica en el plano
internacional, aspiraba a desmembrar Yugoslavia, encontrando su justificación
en la confrontación de la nación `opresora' servia con las naciones `oprimidas'
" (pág. 41) .
"La apreciación de estas
relaciones, que se reduce a la afirmación de que la hegemonía política de la
burguesía servia venía acompañada de la correspondiente dominación por parte de
Servia, fue tomada en realidad por los partidos burgueses orientados en sentido
separatista. El partido comunista de Yugoslavia no estaba dispuesto en la
preguerra, como tampoco en la posguerra, a determinar, mediante su cognición
directa, el verdadero estado de cosas, ni tampoco a entrar en discusión alguna
que pudiere cuestionar las apreciaciones vertidas hace tiempo y las posturas
antaño adoptadas, en las que se mantuvo hasta nuestros días" (pág. 42).
"La posición subordinada de
Servia debe observarse dentro del contexto de la dominación política y
económica por parte de Eslovenia y Croacia, que siempre fueron promotores de cambios
en todos los sistemas" (pág. 43). "Los eslovenos y croatas crearon en
la preguerra sus partidos comunistas nacionales, al tiempo que adquirieron una
influencia decisiva dentro del comité central del partido comunista de
Yugoslavia. Sus líderes políticos se convirtieron en árbitros en todas las
cuestiones políticas durante y después de la última con-tienda bélica. Estas
dos repúblicas contiguas han compartido un destino histórico parecido, han
tenido una misma religión y una aspiración por una mayor independencia y, en su
condición de las Huís desarrolladas, también intereses económicos comunes, que
fueron —todos ellos— razón suficiente para una coalición duradera, tendiente a
lograr la concreción de su dominación política. Esta coalición, se vio fortalecida
por la larga colaboración entre Tito y Kardelj, las dos personalidades más
destacadas de la Yugoslavia de posguerra, y que gozaban de una autoridad
indiscutible en los centros de poder. El monopolio sobre los cuadros les
permitía influir decisivamente en la composición de la cúspide política de
Yugoslavia, en todas las repúblicas y provincias" (pág. 4).
La apreciación de las relaciones entre los pueblos incorporados a Yugoslavia no fue tomada de "los partidos burgueses orientados en sentido separatista", sino que se fue creando sobre la base de una estimación real del estado de cosas existente en el país.
Desde el comienzo de su fundación
(1919), el partido comunistá de Yugoslavia fue unitarista, y no tomaba en
consideración el carácter multinacional del Estado. Su secretario general, Sima
Marković (1919-1924), fue un decisivo partidario del centralismo y
unitarismo, en contraposición a la postura anticentralista de los croatas.
Marković mantenía la tesis de
que Ios servios, croatas y eslovenos eran tres ramas de un mismo pueblo. Estos
puntos de vista, sin embargo, fueron pasajeramente modificados por Stalin en el
sentido de incluir, en la estrategia sobre la concreción de la revolución
comunista en Europa y el mundo, el reconocimiento del derecho de
autodeterminación de los pueblos.
En consonancia con el espíritu de
esta nueva estrategia, fue destituido Marković del puesto de secretario
general del partido comunista yugoslavo, al tiempo que la tercera conferencia
nacional del partido, celebrada en Belgrado, adoptaba en enero de 1924 la
decisión de que el Reino de los Servios, Croatas y Eslovenos no puede ser
considerado un Estado étnicamente homogéneo, dado que en él se manifiestan
tendencias de dominación por parte de la nación que ostenta el poder.
"La Unión Soviética
consideraba al Reino de los Servios, Croatas y Eslovenos como una creación
reaccionaria del dictado de Versalles y de las potencias imperialistas de
Occidente —señala Tudjman—, por lo cual la Tercera Conferencia Comunista
Internacional de Moscú sostenía que Yugoslavia debía desmembrarse por ser 'una
de las cárceles más negras de los pueblos', y 'baluarte de la contrarrevolución
en los Balcanes', abogando por la creación de repúblicas independientes de los
pueblos nacionalmente sojuzgados, de Croacia, Eslovenia y Macedonia, por parte
del 'imperialismo granservio' ".
Siguiendo las directivas de la Comiterna,
el partido comunista de Yugoslavia adoptó en su IV Congreso realizado en Dresde
en 1928 la posición del desmembramiento de Yugoslavia. Sin embargo, esta
postura fue abandonada a partir de 1933 bajo la influencia del robustecimiento
del fascismo y el nacional-socialismo y de la evolución general de las
relaciones internacionales en Europa y en el mundo. De conformidad con las nuevas
instrucciones de la Cominterna, el partido comunista de Yugoslavia, en su
plenario de 1935 realizado en Split, vuelve a su anteriorconcepción unitarista,
ahora en una un tanto modificada variante de "federalismo integral".
Ante el exiguo éxito alcanzado por este programa poco popular, especialmente
entre los croatas, se procedió a organizar partidos comunistas nacionales de
Croacia y Eslovenia. El Memorandum presenta este hecho como una prueba de la
predominación croata y eslovena sobre los servios, por cuanto en ese entonces
no fue constituido el partido comunista de Servia sino "sólo después de
terminada la última guerra". La causa de tal retraso fue, dicen los
académicos, "la política revanchista contra los servios", la cual
"comenzó en realidad antes de la guerra al haberse considerado que la
'nación opresora' no necesitaba un partido comunista propio" (pág. 45).
Este es un ejemplo clásico de cómo
el Memorandum, destacando un hecho histórico, tergiversa su verdadero
significado. No tenía Servia su partido comunista nacional por el hecho de ser
víctima de una supuesta política revanchista, sino simplemente porque no lo
quería, por cuanto el reconocimiento de partidos comunistas nacionales
significaba indirectamente reconocer las individualidades nacionales de los
respectivos pueblos.
Los servios luchaban por un
partido comunista único en Yugoslavia, por cuanto constituía el camino más
seguro para la concreción del hegemonismo gran-servio. La oposición de los
comunistas servios aplazó la aceptación de la reorganización del PCY por el
lapso de cuatro años (hasta 1937). Sin embargo lograron finalmente, no obstante
el reconocimiento de "los partidos nacionales" de Croacia y
Eslovenia, que el PCY siguiera siendo marcadamente centralista y dominado por
ellos.
Las causas por las que llegaron a
constituirse dos partidos comunistas nacionales en Yugoslavia fueron
confirmadas por el vocero del partido "El Proletario" (1935) :
"...hemos constituido los partidos comunistas croata y esloveno ante todo
porque las masas trabajadoras de Croacia y Eslovenia demandan que sus partidos
lleven nombres nacionales... hemos formado partidos comunistas de Croacia y
Eslovenia con el fin de movilizar las aspiraciones de los trabajadores de
Croacia y Eslovenia, por cuanto no deseamos, a través del nombre mismo del
partido, debilitar sus esfuerzos tendientes a atraer la participación de las
masas trabajadoras en la organización de su partido".
Ante la pregunta formulada al
mencionado vocero partidario de por qué no se constituye también un partido
comunista de Servia, la dirección del "Proletario" contestó: "La
primera y fundamental razón es la siguiente: no lo hemos creado porque las
masas trabajadoras de Servia no lo reclaman. El pueblo servio no se halla
nacionalmente sojuzgado. Los servios son un pueblo dominante. Consecuentemente,
en ellos la lucha de clases no toma forma de lucha por la liberación
nacional". Recordamos al respecto que también en esto se ha seguido el
modelo soviético. En la Unión Soviética los ucranianos, los bielorusos y demás
pueblos tienen sus partidos comunistas, pero no así los rusos. No existe el
partido ruso, ni el comité central ruso. Su partido es el partido comunista de
la Unión Soviética. Siguiendo la argumentación del Memorandum, los rusos
podrían afirmar que también ellos son un pueblo sometido y no gozan de iguales
derechos en la URSS porque no cuentan formalmente con partido propio, como lo
tienen los demás pueblos de la Unión.
Es completamente infundada la
afirmación de que existe una "dominación política y económica de parte de
Eslovenia y Croacia", y una influencia decisiva de parte de ellas en el
Comité Central del PCY. Tal como lo hemos destacado, los servios fueron desde
el inicio mismo contrarios a la existencia de partidos comunistas nacionales,
al tiempo que luchaban denodadamente por eliminar la influencia de sus líderes,
en especial croatas.
La liquidación, en 1941, de los
más destacados comunistas croatas en Kerestinec fue realizada mediante un
premeditado plan de denuncias urdido por elementos anticroatas del PCY. La destitución
de Andrija Hebrang del puesto de secretario general del Comité Central del
partido comunista de Croacia y su asesinato en la cárcel
"Glavnjača" de Belgrado representan un ulterior paso decisivo en
la liquidación del liderazgo de orientación croata en el partido comunista de
Croacia. La decisión de destituir a Hegrang fue adoptada, según ahora se
conoce, de común acuerdo entre Ranković, Djilas y Kardelj.
Tito jamás fue un exponente de la
Línea croata en el PCY. Es plena-mente exacto que Tito y Kardelj "gozaban
de autoridad indiscutible en los centros de poder", y que el
"monopolio sobre los cuadros les permitía influir decisivamente en la
composición de la cúspide política de Yugoslavia". Pero cabe preguntarse,
cómo se ha reflejado esa influencia en la República Socialista de Croacia?
Desde el comienzo mismo, el poder
político y administrativo, al igual que el ejército, fueron entregados a la
minorfa servia, la cual —según el censo de 1948 y de acuerdo al Memorandum—
representaba el 14,48 % de la población de la República Socialista de Croacia,
al tiempo que detentaba más del 50 % de las funciones más importantes de la
administración de la república.
La práctica generalizada durante
toda la existencia de Yugoslavia (de la primera y de la segunda), consistía en
que el comandante militar en Croacia fuera un servio oriundo de Servia, o bien
uno oriundo de Croacia (por ej. Djoko Jovanić ), cosa que no siempre
ocurría en Ljubljana o Belgrado. Los comandantes de casi todos los cuarteles
militares en las regiones croatas, al igual que la mayoría de sus oficiales,
son por regla servios, al tiempo que la tropa también proviene de regiones no
croatas. En la policía de Zagreb ( cuya población consistía de un 89 % de
croatas y sólo de un 5 % de servios), había ocupados entre personal uniformado
el 56,5 % de servios y el no uniformado el 47,6 %. La situación en los
restantes centros urbanos de Croacia era algo similar, o peor todavía.
"Desde 1945 hasta 1959 el
comunismo se presenta en el territorio croata bajo el manto del imperialismo
servio. El pueblo croata era nacionalmente perseguido y económicamente
explotado, al igual que en la Yugoslavia monárquica. El comunismo en el
territorio croata se vive en la Yugoslavia actual como
"serviocomunismo". En apoyo de esta afirmación, el historiador Jere
Jareb aporta datos publicados por el teniente coronel de los partisanos y
comisario de la brigada de seguridad de Tito, Adil Zulfikarpašić, quien,
entre otras cosas, expresa lo siguiente:
"Hoy en día el comunismo se
presenta en Croacia mayormente como una cosa servia; tal comunismo se mantiene
gracias al ejército, la milicia y el servicio secreto de seguridad, en los
cuales los servios son en su gran mayoría factores decisivos. El comandante del
ejército de Zagreb es el teniente general (servio) Milan Kuprešanin; el jefe
del Estado Mayor es el teniente general Mile Kalibarda; el comandante del
servicio de contra-espionaje es el general Veljko Drakulić, el de la
defensa nacional de Yugoslavia el general Petar Brajović y el comandante
de la milicia, el general Stevo Kovačević. El 78 % de los milicianos
en la república de Croacia y el 82 % en la república de Bosnia y Herzegovina
son servios.
El 75 % de los 'secretarios' de
los comités municipales del partido comunista en Eslavonia son servios
(exclusivamente campesinos), el 90 % de los secretarios de los comités
distrituales de Bosnia y Herzegovina, son servios. El presidente del gobeirno
de Bosnia y Herzegovina Djuro Pucar, el secretario general del gobierno de esa
república Novak Mastalović (pope ortodoxo de Gacko), el jefe del servicio
secreto de seguridad y ministro del interior, Uglješa Danilović, el
comandante del ejército Mihajlo Apostolski, el comandante de la milicia Obren
Kosović, el comandante de la defensa nacional Miloš Zekić, el
presidente de la 'cámara de diputados' Vlado Šegrt, el fiscal público Boro
Popović, el presidente de la Corte Suprema de Bosnia y Herzegovina Božo
Cikota, el 'secretario' político del comité central del partido comunista de Bosnia
y Herzegovina Djuro Pucar, el secretario organizativo Cvijetin Mijatović,
el rector de la Universidad de Sarajevo Vaso Butozan, etc., etc., son todos
servios.
De los miembros del Comité Central
del partido comunista de Bosnia y Herzegovina 61 son servios, 13 musulmanes y
católicos; de estos últimos 13 sólo uno, Rudi Kolak, manifiesta ser croata. En
las 4 regiones en que está dividida administrativamente Bosnia y Herzegovina,
los servios en forma exclusiva ocupan los puestos directivos, tanto en el
servicio secreto de seguridad, como en los puestos de secretarios del partido
gobernante; el secretario del partido para Herzegovina es Radovan Papić y
el jefe del mencionado servicio secreto es Brana Kovačević.
El secretario del partido para la
región de Krajina es Velja Stojnić, y el jefe del citado servicio es
Slobodan Bajić; para la Bosnia Central ocupan esos cargos Dušan Grk y
Djuras Djurašković; para la Bosnia Oriental Gjuro Novaković y Savo
Predja. Los secretarios de los comités municipales del partido comunista son:
en Sarajevo Rato Dugonjić, en Banja Luka Voja Ilić, en Tuzla Mitar
Gavrić, en Mostar Sveto Gagović, al igual que en Travnik, Jajce,
Foča, Rogatica, Bijeljina, Brčko, Zenica, Prijedor, Bihać, etc.
son exclusivamente servios, en su mayoría hijos de campesinos.
También en otras ciudades croatas
como Karlovac, Gospić, Glina, Osijek, Slavonski Brod, Mitrovica, Ruma,
Zemun, e incluso Dubrovnik y Rijeka, los secretarios de los comités
distrituales y municipales son servios. De las 14 divisiones del ejército en
las Repúblicas de Croacia y Bosnia y Herzegovina, 13 tienen comandantes y 12
comisarios servios". ("En aras de la verdad", Hrvatski Glas,
Winnipeg, Canadá, año 24, No 45, del 3. XI.1952) .
La política seguida por Tito era
expresión del hegemonismo servio y de las aspiraciones servias de predominio no
solamente en Yugoslavia, sino en los Balcanes, o por lo menos en parte de
ellos. Incluso el enfrenta-miento entre Tito y Stalin de 1948 se presenta en
cierta medida como colisión de dos imperialismos; el grande, mundial, soviético
y el enano, balcánico-servio. Yugoslavia, en realidad Servia, aspiraba a
absorber Albania y Bulgaria. La propuesta yugoslava era incorporar Bulgaria en
Yugoslavia en calidad de séptima República, que tuviera que aceptar la posición
de Croacia, Eslovenia, Montenegro, Bosnia y Herzegovina y Macedonia; todas
ellas sometidas al poder de Belgrado.
Cuando la resistencia natural del
pueblo croata en contra de este estado de subordinación en su República —que
según la Constitución debía ser el Estado del pueblo croata— condujo a la
insurección que se manifestó en el llamado movimiento de masas o la primavera
croata, fue precisamente Tito quien, a través del Comité Central del PCY y el
ejército, conducido por los generales servios, brutalmente sofocó —¡y por
cierto simbólicamente desde la localidad de Karadjordjevo!— este movimiento
libertador croata. Fue instaurado entonces un gobierno manifiestamente servil y
un reforzado terror policíaco. 32.000 croatas fueron arrestados, despedidos de su
trabajo, sometidos a interrogatorios policiales y sometidos a otras
persecuciones y presiones. Al mismo tiempo fueron prohibidas nuevamente todas
las manifestaciones públicas del sentir nacional croata, y fue disuelta la
centenaria institución cultural croata "Matica Hrvatska", mientras
"Matica Srpska" siguió actuando libremente.
De ahí entonces, ¿cómo puede
hablarse de la subordinación política y económica del pueblo servio como
consecuencia de la colaboración de muchos años entre Tito y Kardelj y la supuesta
coalición croata-eslovena? Es verdad que estos dos pueblos (y no "estas
dos Repúblicas contiguas") han compartido un destino histórico similar,
pero este destino no ha sido apreciado correctamente hasta hace poco por el
pueblo esloveno y sus representantes de aquel entonces, quienes sacaban
provecho, tanto de la primera como en los comienzos de la segunda Yugoslavia,
de su posición privilegiada en perjuicio de Croacia.
Es no obstante significativo que,
precisamente como prueba de lo insostenible de la unión estatal yugoslava, con
el tiempo los mismos eslovenos llegaron a convencerse acerca de lo pernicioso
de la concepción yugoslava para la conservación de su identidad nacional y su
libre desarrollo cultural y económico. De esta manera, nos encontrarnos
efectivamente ahora ante la perspectiva de la concreción de una coalición
esloveno-croata, pero no con la finalidad de "dominación política y
económica de Servia", como destaca el Memorandum, sino por el contrario
con un programa de alianza defensiva ante el hegemonismo servio (en la
actualidad acertadamente apreciado también por los eslovenos) y en favor de la
autodeterminación y la independencia estatal de sus pueblos.
3. — CALIFICACION DE LA POLITICA
SERVIA E'N LA PRIMERA YUGOSLAVIA
Tesis: "Sin estudios
especiales, sino incluso mediante un somero examen elemental de los indicadores
básicos del nivel de desarrollo en el año censal de 1948, se podía constatar
que Servia no pudo tener una posición económica privilegiada entre las dos
guerras" (pág. 42). "La insistente repetición de la infundada
calificación de preguerra, sustentada a lo largo de cuatro décadas de la
posguerra, apunta a la existencia de un descomunal interés político y económico
en el sentido de mantener vigente tal apreciación errónea. Su intención radica
en la pretensión de enraizar en el pueblo servio el sentimiento de culpabilidad
histórica con la finalidad de frustrar su resistencia a la subordinación
política y económica a la que se ve constantemente expuesto. Sobre la base de
esta apreciación de preguerra está fundada la política de posguerra sobre la
economía de Servia" (págs. 42 y 43).
"En tales condiciones y bajo
permanentes acusaciones de ser 'opresor', 'unitarista', 'centralista',
'gendarme', el pueblo servio no podía lograr su posición igualitaria en
Yugoslavia, a cuya creación aportó los mayores sacrificios" (pág. 45).
"La seriedad de las consecuencias sociales y económicas que surgen de
estas relaciones durante la última posguerra exige que cesen sin demoras los
abusos de la tesis acerca de la nación opresora y las oprimidas, la cual
condujo a Servia a una posición económicamente nada envidiable" (pig. 46).
Llegamos aquí al punto clave, y el
más flojo a la vez, del Memorandum: el intento de justificar la hegemonía servia
sobre los restantes pueblos de Yugoslavia, de concretar el sueño y el programa
de Vuk Karadžić Garašanin, Pašić, Karadjordjević, Draža
Mihajlović y, hoy en día, Vuk Drašković (a quienes por razones
tácticas no mencionan en el Memorandum).
Pasando en forma ligera por encima
de los hechos v documentos conocidos por todo el mundo, los académicos servios
se atreven a declarar que "sin estudios especiales, sino incluso mediante
un somero examen elemental de los indicadores básicos", se puede constatar
que "Servia no pudo tener una posición económica privilegiada entre las
dos guerras". Según el Memorandum, la mentira acerca de la posición
privilegiada del pueblo servio se difunde con la finalidad de enraizar en él
"el sentimiento de culpabilidad histórica" y de "frustrar su
resistencia a la subordinaciónt política y económica a la que se ve
constantemente expuesto".
¿Qué es lo que nos revela el
"somero examen elemental" de los indicadores básicos de la
"subordinación política y económica" de Servia y del pueblo servio
entre las dos guerras?
He aquí tan sólo algunos ejemplos
y datos estadísticos:
Desde la misma constitución del
Reino de Servios, Croatas y Eslovenos (en 1918), la conducción del Estado
estuvo casi exclusivamente en manos de la corona servia y de los representantes
de los partidos políticos servios. Los representantes de los partidos políticos
croatas fueron —en el lapso de los primeros 19 años de su existencia— sólo en
dos oportunidades miembros del gobierno, durante exiguos 558 días. Durante dicho
lapso hubo en total 35 gobiernos en que tomaron. parte 656 ministros, de los
cuales tan sólo 26 fueron representantes de partidos políticos croatas, lo que
significa en total un 4%.
En los ministerios más importantes (presidencia del gobierno, relaciones exteriores, del interior, ministerio de guerra, finanzas, justicia y educación) estaban representados en el lapso mencionado 208 servios y apenas 16 croatas, de los cuales sólo dos representantes de partidos políticos nacionales, mientras los 14 restantes eran individuos de orientación yugoslava. La estadística del año 1937 nos demuestra que 6 servios ocupaban el cargo de presidentes del Consejo de ministros y uno sólo de ascendencia croata (musulmán). En el buró central de prensa, de 47 personas, había 36 servios y 5 croatas; en el Ministerio de relaciones exteriores, de 7 vice ministros 6 eran servios y uno croata; de 22 embajadores, 20 eran servios y 2 croatas, y, de 13 cónsules, también 2 eran croatas y los 11 restantes servios; en el ministerio de finanzas, de 9 directores 7 eran servios y 2 croatas.
Una proporción parecida se repite,
según las estadísticas oficiales de ese tiempo que cita Rudolf Bićanić,
por igual en otros ministerios, en la Procuraduría suprema del Estado, en los
directorios de los principales bancos estatales, en la Dirección de Monopolios,
en la Lotería Nacional, al igual que en toda la administración estatal en
general.
Una influencia parecida, e incluso
más marcada, de los servios en la conducción del Estado se aprecia en el
ejército. En los cuadros de oficiales y suboficiales de la Yugoslavia
monárquica había tan sólo un 10 % de croatas, a pesar de representar el tercio
de la población del país. Sin embargo, este dato no demuestra ni remotamente la
proporción verdadera de la influencia servia en el ejército yugoslavo. La
imagen verdadera surge de la lista oficial de sueldos de los generales activos:
161 servios, 2 croatas y 2 eslovenos. Bićanić, registra en 1938 que
"ministro de guerra jamás fue un croata, al igual que sus ayudantes. Los
comandantes de cuerpos de ejército y sus ayudantes siempre fueron servios. De
todos los comandantes de división, tan sólo uno fue esloveno, todos los demás
servios". Fue éste, en el verdadero sentido de la palabra, un ejército
servio, de manera que resulta absurdo cuando los servios buscan entre los
croatas a los culpables de la derrota de 1941.
Estos dos factores: la corona —a
través del aparato administrativo y policíaco— y el ejército, tanto en forma
directa como por intermedio de la gendarmería que le estuvo subordinada,
posibilitaron la dominación no sólo política, sino también económica y
financiera sobre los demás pueblos del Reino de SCE —luego Yugoslavia—, en
particular sobre los croatas y eslovenos, por cuanto ya desde el comienzo mismo
de este Estado, Pašić consideraba, según observaciones registradas por su
colaborador, el dr. Iván Ribar, "a Macedonia como Servia Meridional y a
Voivodina como Servia Septentrional, ambas en unión geográfica y nacional con
Bosnia y Herzegovina, junto con Montenegro, dentro de una Gran Servia
unitaria".
"Dentro del marco de esta
idea —advierte el coronel Babić— de un plumazo han sido anuladas las
naciones macedonia y montenegrina y negadas sus individualidades nacionales. En
Macedonia fueron violentamente servizados los apellidos personales,
agregándoles la desinencia "ić". Fue instituido un régimen de
terror, y por ley de organización del ejército y la marina de guerra, Macedonia
fue declarada territorio de condiciones difíciles y peligrosas para la vida y
el servicio público, de manera que a los oficiales y suboficiales les era
concedido un adicional especial a los sueldos y cada año de servicios prestados
en esa región, a los fines de la jubilación, valía el doble, tal corno se
estila para los tiempos de guerra. En Montenegro se desarrollaba hasta el año
1923 una verdadera guerra civil contra los nacionalistas montenegrinos,
sucediéndose frecuentes choques sangrientos aún después de la fecha señalada.
En el mensuario 'Zavičaj',
del 29 de abril de 1962 (editado en New Hollywood, California), en un artículo
intitulado 'Djabergraberi', han sido enumerados 110 casos de barbarie,
violencia, torturas y asesinatos que hasta el año 1938 cometieron los
hegemonistas de Servia sobre la población de Montenegro, citando para la
mayoría de los casos fechas, lugares y nombres de víctimas y de sus
victimarios. Para lograr la exterminación de los albaneses, fue provocada la
llamada "Insurección Albanesa" en la cual —en una lucha puramente
defensiva para preservar su vida y existencia— fueron asesinados alrededor de
100.000 hombres, mujeres y niños, habiéndose suspendido este genocidio sólo
ante una intervención internacional.
A su vez, los musulmanes de
Macedonia y Kosovo eran violentamente expulsados a Turquía. De esta manera,
mediante la proclamación por decreto de la nacionalidad servia para los
macedonios, montenegrinos y demás ortodoxos, como asimismo a través de la
numerosa disminución violenta de la población albanesa y turca, fue
artificialmente creada la nación gran servia, cuyos líderes se apoderaron de la
conducción prácticamente monopólica del nuevo Estado".
Una vez adquirida la supremacía de
esta forma, se abrían las puertas de la explotación económica por parte de Servia,
dirigida primordialmente a Croacia, que entonces superaba con creces a Servia
en todos los sectores de la vida económica: en agricultura, silvicultura,
industria, la banca y el nivel general económico-social y cultural.
Desde el mismo comienzo se tendió
sistemáticamente a destruir económicamente a Croacia, en primer lugar mediante
el cercenamiento del 20 % del valor de la corona austríaca y luego mediante un
tipo de cambio forzoso entre el dinar servio y dicha corona, por 1 dinar = 4
coronas. Eso representó una exacción lisa y llana del valor de la corona del 50
%, nor cuanto la relación de valor en el mercado abierto era en ese momento de
1 a 2. La etapa ulterior la constituyó la desigualdad impositiva que favorecía
apreciablemente a la "subordinada" Servia. El impuesto inmobiliario
era en Croacia el doble del vigente en Servia, si es que siquiera se cobraba en
esta última pues allí no existía un catastro ordenado. En algunos casos, esa
proporción era aún más inicua. Así, por ejemplo, sobre un ingreso anual de una
casa de 80.000 dinares, en Croacia debía oblarse 34.040 en concepto de
impuesto, mientras en Servia era de sólo 7.594.
La "subordinación" de
Servia en la desigual determinación de impuestos fue anulada sólo en 1928 bajo
la enérgica presión del partido campesino croata y la coalición
campesino-democrática. Empero, esta desigualdad impositiva siguió, perdurando
nor cuanto los funcionarios imnositivos servios "interpretaban" la
lev según criterios propios. Los datos estadísticos demuestran que el resultado
de la "igualdad' impositiva se había reflejado de manera tal que Croacia,
Bosnia y Herzegovina y Dalmacia soportaban una carga impositiva mayor en un 57
% en concepto de impuestos directos que Servia, Montenegro y Macedonia.
La desigualdad en la fijación y
luego en la exacción de los impuestos se vio incrementada por un adicional
detrimento de la economía croata, si se tiene en cuenta que los impuestos
cobrados se empleaban apenas en una exigua parte en beneficio de las provincias
croatas y extra servias donde eran ingresados, debido a que gracias a una
política especial de inversiones eran destinados a Servia y manipulados por los
círculos corruptos de la "čaršija" (camarilla) belgradense.
Así por ejemplo, según datos del
Ministerio de Construcciones, para el decenio 1925-1934 fueron erogados para
distintas obras de construcción estatales con imputación al presupuesto del
Estado de Yugoslavia, 2.771 millones de dinares, de los cuales Croacia y
Eslovenia percibieron solamente 250 millones (9 %) en conjunto, mientras Servia
lo hacía con 1.753 millones (63 %). Para el mantenimiento de sus carreteras
Croacia recibió en el mismo período 108 millones de dinares, mientras Servia
percibía casi 8 veces más. En este lapso de 10 años se construyeron en Croacia
en total 13 km. de nuevas carreteras, mientras en Servia se realizaron obras de
igual naturaleza por un total de 499 km. En dicho decenio se gastó en todas las
obras públicas (carreteras, puentes, edificios, instalaciones y trabajos
hidroeléctricos) realizadas en la totalidad de las provincias croatas (Croacia
y Eslavonia, Dalmacia, Bosnia y Herzegovina), 630 millones; en cambio,
solamente en Servia (sin Voivodina y Montenegro) 1.753 millones de fondos
públicos, o sea casi tres veces más.
En estos diez años, el Ministerio
de Construcciones gastó en la erección de edificios públicos 1.135 millones de
dínares y en la construcción de instalaciones militares otros 1.100 millones,
lo que demuestra que sólo en la tarea de construir la capital servia se gastó
mucho más que para el resto de las provincias en su conjunto. Resulta
directamente increíble que para la construcción de Belgrado se haya gastado
unos 2.235 millones de dinares, cuando para el mantenimiento de 69 puertos más
importantes y de otros 300 menores sobre el litoral croata no se ha gastado,
entre 1919 y 1937, más de 59 millones de dinares. Debido a ello, los puertos
croatas, bajo la administración del gobierno de Belgrado, se han vuelto los más
anticuados de toda Europa.
Para completar este panorama de la
"no privilegiada posición de Servia", basta con dar una hojeada a los
datos suministrados por el director de construcciones ferroviarias en el
Ministerio de Transportes, de acuerdo con los cuales en el lapso de 1920 a 1935
fue invertido en las provincias croatas (Croacia y Eslavonia, Dalmacia y Bosnia
y Herzegovina) 371 millones de dinares, mientras que sólo en Servia (sin
Voivodina) 2.852 millones, o sea casi ocho veces más que en dichas provincias
en conjunto.
Esta enorme desproporción en materia
de inversiones entre Servia y Croacia fue justificada frecuentemente por parte
de los gobernantes servios en la importancia "estratégica", o bien en
la falta de esa importancia, cuando se trataba de la programación de dichas
inversiones en Croacia. Así, por ejemplo, la propuesta de la comisión especial
del Ministerio de Obras Públicas, elaborada en el período de la primera
posguerra, en el sentido de construir una carretera estatal en el territorio de
las entonces denominadas "banovinas" (provincias) del Sava y del
Litoral, en el tramo Zagreb-Split, fue rechazada por el Estado Mayor del
ejército yugoslavo, fundamentando tal temperamento en la absoluta falta de
importancia estratégica de esta obra; dicha carretera espera aún hoy su
concreción.
Dentro de la línea de la hegemonía
política y económica servia, encuadra también la industria de armamentos, que
fue erigida enteramente en Servia. "Si sobre la base de las rendiciones de
cuentas intentamos calcular solamente las inversiones militares más importantes
en Servia, comprobamos —dice Bićanić— una enorme suma de 4.000
millones de dinares. En cambio, en Croacia no fue construido edificio militar
importante alguno.
Según dichas cuentas, la cantidad
total de las inversiones militares en las provincias croatas llegan a lo sumo a
150 millones de dinares. Algo parecido sucede con las industrias subvencionadas
por el Estado".
Como ejemplo, podemos mencionar la
tentativa de levantar en Croacia la industria del automotor. Cuando la empresa
Ford había propuesto construir una fábrica de automóviles en Slavonski Brod, el
Estado Mayor del ejército yugoslavo respondió que por razones estratégicas no
puede considerarse adecuada la localidad elegida, sugiriendo en cambio la
ciudad de Smederevo, en Servia, cosa que Ford rechazó. Un juego similar fue
repetido 30 ó 40 años más tarde en la Yugoslavia "federativa". La
Volkswagen y la General Motors ofrecieron levantar fábricas de automotores en
las vecindades de Zagreb, y los japoneses en la región
Adriático-Karlovac-Zagreb, pero también aquí prevalecieron razones
"estratégicas". Fiat levantó su fábrica de automóviles —en
condiciones mucho más desfavorables— en la localidad servia de Kragujevac.
La mentada hegemonía política y
económica (que el Memorandum de-nomina "subordinación económica de
Servia") —prueba al canto de que hablamos dos idiomas distintos— era
imposible instrumentarla sin la dicta-dura financiera de los bancos estatales.
Según Bićanić, el sector financiero representaba relativamente la
mayor fuerza de Croacia en los primeros años de existencia del Reino de los
Servios, Croatas y Eslovenos.
En Croacia se hallaba concentrado
el 47 % de todos los recursos bancarios privados del país, siendo Zagreb el
centro financiero indiscutible. Este poderío financiero tenía que ser quebrado
a través de los bancos estatales en manos de los servios (en el Banco Nacional
de Yugoslavia se hallaba en manos de los servios algo más de 35.000 acciones de
un total de 40.000; en Belgrado misma, los círculos de la llamada "čaršija"
detentaban 35.370 acciones, mientras la plaza de Zagreb contaba con tan sólo
3.135 acciones).
En 1931, el Banco Nacional,
mediante una hábil maniobra, en plena crisis mundial revocó los créditos no
utilizados, medida que afectó primordialmente a los bancos de Zagreb, que
perdieron la mayor narte (60 %) de los créditos acordados mientras los bancos
de Belgrado perdían sólo el 25 % de ellos. El favoritismo en beneficio de los
bancos servios tampoco decreció en los tiempos del gobierno de Milan
Stojadinović, administración que prometía mayor equidad en la distribución
de créditos. Por el contrario, en 1937 la plaza de Belgrado recibió 136
millones de créditos más, mientras la de Zagreb 90 millones menos que en 1934.
Los créditos de todos los bancos estatales (Banco Hipotecario Estatal. Caja de
Ahorro Postal y Banco Agrario Privilegiado) alcanzaban en 1936 el total de
7.533 millones en todo el país. De ese importe Croacia y Eslovenia recibieron
sólo 763 millones (10 %).
La constante de la hegemonía servia
en ambas Yugoslavias —y la inaceptabilidad correspondiente de la creación
estatal yugoslava por parte de los croatas y demás pueblos en ella sojuzgados—
viene claramente señalada por el continuo descenso de la economía croata y el
ininterrumpido ascenso de la servia en algo menos de medio siglo, entre 1925 y
1971, tal como lo demuestran indudablemente los siguientes datos estadísticos:
En la industria: Participación de
Croacia, del 33 % (en 1925) desciende al 18 % (en 1971). Participación de
Servia, en el lapso mencionado sube del 20 % al 35 %.
En la banca: Participación de
Croacia, desciende del 51 % al 17 %.
Participación de Servia, crece del
25 % al 52%.
En el comercio mayorista:
Participación de Croacia, baja del 55 % al 7%.
Participación de Servia, aumenta
del 15 % al 86 %.
De esta estadística se desprende
que en 1971 Servia superó el nivel en que se hallaba Croacia en 1925, y que
Croacia en 1971 descendió por debajo del que tenía Servia en 1925. Esta
desproporción se destaca especialmente en el ámbito del comercio mayorista. No
caben dudas acerca de que esta sensible disminución de la participación croata
en la economía, y el simultáneo ascenso de la servia —situación que aún hoy en
día sigue sin modificarse esencialmente— es consecuencia del hegemonismo
sistemático y constante ejercido en el campo político y económico por parte de
Servia sobre los pueblos incorporados en la comunidad estatal yugoslava. Los
datos estadísticos aportados hablan por sí solos acerca de hasta qué punto está
justificada la tesis sobre las "naciones oprimidas y la opresora",
tesis que los académicos servios desean presentar como infundada y
malintencionada.
4. — POSICION DEL PUEBLO SERVIO
FRENTE A LOS DEMAS PUEBLOS DE YUGOSLAVIA, EN PARTICULAR EL CROATA
Tesis: "La expulsión de
Kosovo del pueblo servio es testimonio espectacular de su derrota
histórica" (pág. 52). "Kosovo no es la única región en que se halla
el pueblo servio bajo presión de discriminación" (pág. 57).
"Exceptuando el período de existencia del Estado Independiente de Croacia,
los servios en Croacia jamás estuvieron expuestos a tanto peligro como en la
actualidad. La solución de su situación nacional se presenta como una cuestión
política de primer orden. Si no se encuentran soluciones, las consecuencias
pueden ser perniciosas de manera múltiple, no sólo para las relaciones en
Croacia, sino también en toda Yugoslavia" (pág. 61).
El problema de Kosovo (al que se
vincula también el problema de Voivodina) es señalado por los académicos como
una "cuestión vital para todo el pueblo servio". "En menos de 10
años, si las cosas no se modifican esencialmente, no habrá servios en Kosovo, y
la meta de Kosovo 'étnicamente puro', se habrá concretado plenamente". Si
no se llega a una solución correspondiente, "esta parte de la República de
Servia y de Yugoslavia se convertirá en una cuestión europea con consecuencias
gravísimas e imprevisibles" (págs. 56 y 57).
No entraremos aquí a discutir los
problemas específicos de la República de Servia. Deseamos tan sólo advertir
respecto de la manera superficial en que el Memorandum trata el problema de
Kosovo y Metohija, al ubicar las causas de los conflictos servio-albaneses,
transformados en una "guerra abierta y total", en "cambios
administrativos, políticos y jurídico-estatales" (pág. 52) .
Imbuidos de la evidentemente
petrificada idea de Gran Servia, los académicos aceptan con mucha reticencia la
evolución y los cambios a que se halla sometida la vida de los pueblos.
"El actual curso con que se mueve nuestra sociedad en Yugoslavia es
completamente inverso al que por decenios y siglos ella siguió hasta la
formación de la nueva patria común. El actual proceso está enderezado hacia el
total desmembramiento de la unidad nacional del pueblo servio. La mejor
ilustración de cómo todo está subordinado a la consecución de tales objetivos,
nos brinda la actual Voivodina con su autonomía" (pág. 62).
A los académicos les resulta por
demás difícil comprender cómo la gente de Voivodina, que bajo la monarquía
austrohúngara aspiraba a separarse, en un momento favorable y con menores
sacrificios posibles, de ella y unirse a sus hermanos del otro lado de los ríos
Sava y Danubio", hoy en día "no actúan en dirección al acercamiento y
la unión, sino hacia una mayor independización y separación de la República
Socialista de Servia". Según los autores del Memorandum, este proceso es
"innatural y contrario a la lógica histórica". Aún cuando no lo
entienden, son conscientes empero de que "contribuye poderosamente a la
desintegración del pueblo servio" (pág. 62).
Esta incomprensión se incrementa
aún más cuando se trata de los servios residentes en Croacia. De lo ya
expuesto, es un absurdo hablar del supuesto peligro que corren los servios en
Croacia. Los hechos comprobados hablan a las claras del poder servio ejercido
en Croacia a través de los exponentes del hegemonismo granservio, el
afincamiento planificado de servios en regiones croatas, el constante y
sistemático impedimento de manifestaciones del sentir nacional croata, etc.
Ello no obstante, y a pesar del poder colonial servio ejercido en Croacia —que
los académicos segura-mente no desconocen—, ellos observan que "los
servios, como un grupo advenedizo, minoritario y socialmente inferior, son muy
expuestos a la asimilación" (pág. 57).
Ello es, evidentemente, resultado
de un proceso natural al que se ven sometidas todas las minorías étnicas en el
mundo, cosa que experimentan diariamente millones de croatas emigrados consigo
mismos, sus hijos y nietos, de suerte que tampoco los servios pueden escapar a
esta ley sociológica. Los académicos aquí también cierran los ojos ante la
realidad, cuando dicen que la asimilación en cuestión es resultado de una
"política de asimilación refinada y eficaz". Si ello fuera así,
¡significaría esto que los granservios residentes en Croacia, como en su
momento muchos a la Brkić, y luego los Dragosavac, Baltić, Uzelac,
etc., que ejercieron o aún ejercen el poder en la República de Croacia,
aplicaban y continúan aplicando una refinada política de croatización de la
minoría servia!
Es que a esta afirmación absurda
del "peligro que corren los servios en Croacia como nunca se conoció en el
pasado (salvo en el lapso de la existencia del Estado Independiente de Croacia)
", podemos y debemos interpretar únicamente como cognición intuitiva por
parte de los académicos de que la étnia servia no posee ya aquella fuerza
expansiva de la que soñaron Vuk y Garašanin. En Kosovo, en Voivodina y ahora
también en Croacia —a despecho del poder que detentan— los servios son
asimilados y abandonan su escritura cirílica, se lamentan los autores del
Memorandum. Sin embargo, es aún más importante el fenómeno de migraciones de
los pueblos en dirección a sus centros nacionales, que el Memorandum pasa por
alto.
Según los periódicos NIN y DANAS,
los servios emigran de algunas provincias croatas, al igual que de la de
Kosovo, hacia su tierra de origen —Servia. En una total incomprensión de estos
procesos históricos, los académicos lanzan la señal de alarma con el fin de
sacudir la conciencia servia y dar un nuevo impulso a los mandamases servios en
Croacia para que preserven, mediante la negación y la disgregación de la
identidad nacional croata, el 11,5 % de servios residentes en la República de Croacia
(el porcentaje es el citado por el Memorandum), en calidad de conscientes
adversarios y gendarmes en el organismo nacional croata.
Es por ello que luchan, no
científicamente sino en forma consciente e intencionada, contra el fundamento
mismo de la conciencia nacional croata, que es el idioma croata. No rehusan
atacar al idioma croata como si éste fuera el resultado de "una acción
sistemática y resoluta de los filólogos croatas de orientación nacionalista,
quienes alejan cada vez más el idioma croata del que se habla en las restantes
repúblicas del área idiomática servio-croata" (pág. 58). Según los
académicos servios, nos encontrarnos enfrentados con una "política
linguistica que se sigue en la República de Croacia", con "un celo
horrible que tiene por objeto la constitución de un idioma croata separado que
se viene elaborando en contraposición con toda idea de un idioma común de
croatas y servios, no dejando al pueblo servio en Croacia, a largo plazo,
muchas perspectivas de conservación de su identidad nacional" (pág. 61).
Estaría demás refutar la
afirmación injuriosa respecto de la inexistencia histórica del idioma croata,
el cual se encontraría apenas en la fase de "constitución", por
cuanto los científicos y literatos servios lo conocen muy bien, y no es
necesario demostrarlo aquí en forma especial.
Sin embargo, es importante
destacar la arcaica nocividad de la idea expresada, en el sentido de que la
existencia y el empleo de la lengua croata pone en peligro la identidad del
grupo servio en Croacia. La encubierta idea de esta afirmación evidentemente
apunta a señalar que el reconocimiento del idioma croata y la conservación de
la identidad nacional croata no dejan a la minoría servia "a largo plazo
mucha perspectiva" para el mantenimiento de la hegemonía política y
económica granservia.
Precisamente con la cuestión
idiomática llegamos al meollo del problema: los académicos no conciben la
posibilidad de que los croatas hablen su idioma propio y que la minoría servia
pueda hablar su propio, el servio, y que esta diferenciación idiomática y
nacional pueda mantenerse dentro del pleno respeto de las libertades políticas
mutuas, culturales y religiosas, y la conservación de sus identidades
nacionales.
OBSERVACIONES FINALES
Dentro del marco de una crítica en
parte objetiva del régimen imperante en la RFS de Yugoslavia, el Memorandum de
la Academia Servia de Ciencias y Artes formula —en la base a una serie de
afirmaciones voluntariosas y a veces ilógicas y contradictorias— el programa
nacional servio, cuya primera etapa comprende la reforma de la Constitución
"confederativa" del año 1974. "Sin la modificación de esta
Constitución —destacan los académicos servios— y del sistema político-económico
construido sobre la base de la misma, no será posible resolver ningún problema
esencial actual de nuestra sociedad, al igual que será imposible detener el
presente proceso de desintegración y la caída en una crisis cada vez más
profunda" (pág. 35). La conclusión que surge de esta premisa es, para
ellos, el retorno al centralismo y unitarismo, definido como "federalismo
democrático integral".
Los académicos servios fundamentan
y justifican su punto de vista, su "visión", en tesis sobre la
supuesta posición de inferioridad y discriminación del pueblo servio en las dos
Yugoslavias, tesis que con sus inexactitudes patentes ponen en tela de juicio
la seriedad misma de este documento.
Es inconcebible que los autores no
estuvieran conscientes de la posición hegemónica de Servia en Yugoslavia, desde
su creación hasta nuestros días. Es por ello que estas tesis nos conducen a una
sola y posible conclusión, de que esta táctica aparentemente defensiva no es
casual, que persigue un objetivo muy preciso: destacar que el grado de la
posición dominante servia que hasta ahora se ha mantenido no satisface las
aspiraciones del pueblo servio, y que los servios sienten esa posición como una
frustración de sus "metas históricas". Esto constituye una admonición
indirecta dirigida a los restantes pueblos de Yugoslavia y a los factores políticos
internacionales, y para el pueblo servio —"dividido entre servios
residentes en Servia y aquellos que viven fuera del territorio de la Servia
propiamente dicha"—un llamamiento a que despierte y acometa su lucha por
"una posición equitativa que Servia debe empeñarse en lograr".
Constituye también una incitación al ajuste de cuentas con los croatas y
eslovenos, pueblos que —según los académicos servios— llevaron a Servia a una
posición de subordinación.
Los académicos servios reconocen
que parece "como si a todos les interesara escapar cuando antes y más
lejos de la casa que se derrumba". Ellos, empero, desean salvar a
Yugoslavia a todo precio. Están en contra de Yugoslavia, solamente para el caso
de que Servia no tuviese en aquélla una posición hegemónica. Al mismo tiempo,
mientras afirman que la actual Yugoslavia ha adquirido la forma de una
confederación, es decir que las repúblicas federativas ostentan un status de
Estados soberanos, plantean una tesis ininteligible a primera vista, en el
sentido de que "el pueblo servio no posee un Estado como lo tienen los
restantes pueblos" (pág. 70). Esta tesis puede sin embargo entenderse
solamente como expresión de una aspiración a la concreción en Yugoslavia de una
posición hegemónica constitucionalmente garantiazda a favor de Servia,
expresada en primer lugar —dentro de la misma República de Servia— a través de
un importante cercenamiento o abolición Lisa y Llana de las autonomías
provinciales de Kosovo y Voivodina, y en las restantes repúblicas mediante la
eliminación de la limitada independencia administartiva existente, todo ello
gracias a una modificación de la Constitución de 1974.
Un "Estado servio" así,
pueden concretar los servios de manera mucho más fácil dentro de la comunidad
estatal yugoslava, a la que ellos consideran, desde su misma constitución hasta
nuestros días, como si fuera una Servia ampliada. Es por ello que los
académicos exigen, decididamente, la revisión de la mentada "apreciación
errónea" šobre la Yugoslavia monárquica, ya que ésta constituía la
concreción del programa nacional gran-servio, ideal que aún persiguen con
vehemencia.
A pesar de destacar
insistentemente la "posición subordinada y la discriminación" en
ambas Yugoslavias, paradójicamente se empeñan en forma tozuda en preservar esa
creación estatal y además "reformarla". En un único lugar, al
destacar que "Yugoslavia corre peligro de una ulterior
descomposición", admiten la posibilidad de que "Servia en tal caso,
por sí sola, determinaría su posición y definiría su propio interés
nacional" (págs. 72 y 73).
No caben dudas de que un programa
de "federalismo democrático integral" por el que aboga el Memorandum,
significa en la jerga política el retorno al unitarismo legalmente instituido y
a la hegemonía progresiva del pueblo servio sobre los restantes pueblos y
minorías étnicas de Yugoslavia.
Al defender el unitarismo
yugoslavo, los académicos servios se apoyan en la supuesta tendencia de la
actual evolución en el mundo diciendo: "mientras en la sociedad civilizada
contemporánea se potencian las funciones integradoras, en nuestro sistema
politico se fortalecen las fuerzas desintegradoras, locales, regionales y el
egoísmo nacional" (pág. 17).
Los autores del Memorandum asignan
aquí, malintencionadamente y sin base científica, un carácter peyorativo al
sentimiento nacional, el cual representa la determinante politica predominante
de nuestro siglo, que se manifiesta en el derecho universalmente reconocido de
autodeterminación de los pueblos y de ninguna manera en un egoísmo nacional
regional. El reconocimiento de las individualidades nacionales, que caracteriza
nuestro tiempo, de ningún modo se opone a las "funciones
integradoras", que también representan una característica de nuestros
días.
Este carácter integrador no se
refleja en el unitarismo, sino más bien en una vinculación pluralista de un
número cada vez mayor de Estados independientes, en un plano internacional (la
ONU), al igual que en un plano de estímulos e interconexiones de actividades
culturales, económicas y sociales varias, entre Estados soberanos, siempre con
la premisa de respeto de su igualdad e independencia (UNESCO, CEE, EUREKA,
etc., etc.).
La idea de autodeterminación e
integración de pueblos europeos no es antagónica sino complementaria. Este hecho
lo confirman las estadísticas acerca del constante incremento del número de
Estados en los últimos 100 años: en 1871, después de la unificación de Alemania
e Italia, había en Europa tan sólo 14 estados; en 1914 había 20; en 1924 eran
26, después de la Segunda Guerra Mundial este número creció a 33 Estados.
Esta tendencia generalizada,
expresada en la concreción del derecho de los pueblos a la autodeterminación,
no se reflejó solamente en Europa, sino también en todos los demás continentes.
La ONU comenzó su existencia en el verano de 1945 con 51 Estados miembros,
alcanzando en la actualidad a algo más de 170 Estados independientes adheridos,
cuyo número, según previsiones de expertos, habrá de alcanzar para fines de
este siglo algo más de 200.
Los autores del Memorandum
frecuentemente hacen referencia a tendencias "históricas" y
"antihistóricas", decisivas para la observación de las relaciones de
los pueblos de la comunidad yugoslava. En contra de sus propias apreciaciones,
ellos mismos se incluyen, con sus tesis, entre las fuerzas antihistóricas y
retrógradas de Vuk y Garašanin, las cuales sí podían, hace un siglo,
representar programas con perspectivas, al igual que en su tiempo lo hacían las
ideas de romanticismo político de los croatas Gaj y Strossmayer.
Sin embargo, la evolución
histórica, en especial en los últimos 65 años de convivencia en un Estado
común, ha comprobado su irrealizabilidad: los croatas y eslovenos se han
convencido de la inexistencia de un "pueblo fraterno compuesto de tres tribus"
y han madurado en la cognición de su propia y auténtica identidad nacional,
amenazada y carente de perspectiva de desarrollo dentro de la creación estatal
de la primera y la segunda Yugoslavia.
Los servios han demostrado su
incapacidad de vivir una coexistencia armónica con los demás pueblos de ambas
Yugoslavias, al tiempo que ha quedado patente que no poseen poder ni capacidad
política y organizadora para concretar el concebido poder colonial sobre esos
pueblos, que en un comienzo estaban dispuestos a reconcer a los servios el rol
del "primero entre los pares" en la conducción del Estado común.
Es significativo que aún hoy en
día cierta parte de servios, juzgando por el Memorandum de la Academia Servia
de Ciencias y Artes, no buscan las causas del fracaso de su programa nacional
del último siglo en las apreciaciones históricas y políticas erróneas y en la
carencia de suficientes fuerzas y precondiciones. Precisamente resulta
incomprensible la ingenuidad con que los servios achacan aún ahora a los croatas
la responsabilidad por el derrumbe de la primera Yugoslavia en una guerra de
doce días en abril de 1941. Incluso los académicos, como pudimos verlo, cierran
los ojos ante la realidad y encuentran las causas de los fracasos servios en
los pueblos que los rodean, y no en sus ideólogos y malogros políticos.
Los autores del Memorandum adoptan
una postura antihistórica, la de la conservación de Yugoslavia en contra de la
voluntad de todos los demás pueblos: el croata, el esloveno, el albanés y parte
del macedonio y montenegrino, quienes sobre la base de la evolución histórica y
la experiencia adquirida, y por méritos de su autodeterminación y no por
"leyes que llevan a la desunión" —como dicen los académicos—,
maduraron en sus aspiraciones de separación de la comunidad yugoslava y de
formación de propios Estados nacionales.
Este conflicto político y de ideas
entre Servia y todos los demás pueblos y minorías étnicas conduce al pueblo
servio a una posición de aislamiento e inferioridad real frente a los restantes
pueblos de Yugoslavia, posición de la cual Servia puede encontrar salida
únicamente a través del reconocimiento de sus derechos y aspiraciones de
autodeterminación e independencia. Toda persistencia en la oposición a la
voluntad de estos pueblos a través del actual poder político, o mediante su
agudización en forma de una abierta nueva dictadura, sólo podrá demorar la
concreción de estos anhelos —al precio de nuevos y más graves conflictos y
adicionales víctimas y padecimientos recíprocos—, pero sin lograr
erradidicarlos de la conciencia y voluntad de estos pueblos, al tiempo que
tampoco permitirá duraderamente la hegemonía minoritaria servia sobre ellos.
Los académicos servios evalúan
esta voluntad de autodeterminación de los pueblos de la comunidad estatal
yugoslava como "manifestación de chauvinismo y servio-fobia en algunos
ambientes"; destacan que este fenómeno "beneficia el resurgimiento y
la manifestación cada vez más drástica de la sensibilidad nacional del pueblo
servio y las reacciones que pueden resultar muy inflamables y peligrosas"
(pág. 70),
Cabe preguntarse si esta
advertencia representa una variante actualizada de aquella frase de amenaza
proferida en el conocido artículo del periódico "La voz literaria
servia" de 1902, "hasta la exterminación nuestra o vuestra".
Según hemos podido saber, el
Memorandum ha excitado, por cierto, la "sensibilidad nacional"
servia, que se vio reflejada en "reacciones inflamadas". En la
reunión del comité de la Liga Socialista del Pueblo Trabajador de la ciudad de
Belgrado, efectuada en enero de 1987, se comentó que el Memorandum había
hallado eco en las inscripciones murales que casi a diario aparecían en las
calles de Belgrado, como por ej.: "por un hermano servio, 100
croatas", o "Oh Servia, madre querida, nuevamente serás monarquia .
En su pretensión de justificar la
postura granservia que sustenta, el Memorandum expone una serie de tesis que,
no obstante su momentánea aprobación, creemos incitarán, sin embargo, a
determinados cuestionamientos en los juicios de las actuales generaciones
servias. Ante todo, la cuestión de la responsabilidad de los políticos servios
que llevaron a su pueblo al punto en que todas las demás naciones de
Yugoslavia, e incluso otras fuera de ella, lo consideran un pueblo "opresor",
"unitarista", "centralista", "gendarme".
Aún aceptando incluso el parecer
expuesto en el Memorandum en el sentido de que las mentadas apreciaciones
fueran erróneas, podemos suponer justificadamente que por lo menos a las
generaciones servias más jóvenes se les planteará, tarde o temprano, el
siguiente interrogante: ¿cuáles son las causas objetivas y quiénes son los
responsables de que el pueblo servio "lleva sobre sí, más de medio siglo,
el sello y la carga de conciencia de que fue el carcelero de los demás pueblos
yugoslavos?" (pág. 64), por cuanto la existencia de esta convicción en
todos los pueblos no servios de la actual Yugoslavia reconocen los mismos
autores del Memorandum.
En varias partes de su trabajo,
destacan los académicos que "al pueblo servio se le ha impuesto el
sentimiento de culpa histórica". Esta afirmación nos lleva a pensar que el
pueblo servio tal vez ya comienza a sentir su responsabilidad histórica.
Podemos suponer que este sentimiento, si bien actualmente aún vivido como
"impuesto" y por ello conscientemente todavía no aceptado, conlleva
empero un germen de duda en cuanto a la corrección y factibilidad de una
política de hegemonismo a la que la indujeron sus líderes nacionales y
políticos, por la cual se malquistó con todos los pueblos sobre los que ejerce
su predominio.
El germen de esta duda podría
generar la cognición de la realidad histórica, que ya adquirieron todos los
demás pueblos de Yugoslavia, marcando un paso hacia una apreciación objetiva de
las fuerzas y posibilidades reales del pueblo servio, apreciación que le
revelará los valores auténticos de la identidad nacional propia, lo liberará
del servicio de odiado gendarme en tierras ajenas, le. posibilitará en
libertad, en su patria, desarrollar su lengua y su escritura, su cultura, su
vida social, económica y nacional servias.
Un paso en dirección de esta
objetiva cognición histórica posibilitaría el tan necesario diálogo entre
"dos viejos pueblos distintos" (Mandić), y otros que actualmente
con ellos conviven, el diálogo entre vecinos sobre una pacífica delimitación de
fronteras.
El Memorandum de la ASCA
representa una advertencia a los pueblos de Yugoslavia de que una parte
importante de intelectuales servios aún abogan obstinadamente por la idea de una
Gran Servia, y desean a toda costa realizarla dentro de una nueva Yugoslavia
centralista bajo el disfraz del "federalismo integral".
Tenemos la esperanza, sin embargo,
de que las nuevas generaciones servias comprenderán el anacronismo histórico y
la imposibilidad de concreción de esta idea, por cuanto hoy en día la mayoría
de los pueblos no servios de Yugoslavia rechaza la comunidad estatal yugoslava
en cualquier forma que sea, muy en especial el pueblo croata, mediante su
autodeterminación por la independencia estatal propia.
Mayo de 1987.
CONSEJO NtACIONAL CROATA
Dr. MATE MEŠTROVIĆ,
Presidente del Comité Ejecutivo
Dr. RADOVAN LATKOVIČ,
Presidente del Sabor (Asamblea)
PRINCIPALES FUENTES DE DONDE SE
HAN EXTRAIDO DATOS
Rudolf Bićanić,
Ekonomska podloga hrvatskog pitanja (La base económica de la cuestión croata),
Editor Dr. Vladko Maćek, Zagreb 1938.
Franjo Tudjman, Nacionalno pitanje
u suvremenoj Europi (La cuestión nacional en la Europa contemporánea). Edición
de la Biblioteca de la Revista Croata, Barcelona, 1981.
Jere Jareb, Pola stoljeća
hrvatske politike (Medio siglo de la política croata), Edición de la Biblioteca
de la Revista Croata, Buenos Aires, 1960.
Ivan Babić, Jugoslavija? Za
srbe? - Dal Za Hrvate? - Ne! (¿Yugoslavia? ¿Para los servios? - ¡Si!; ¿Para los
croatas? - ¡No!), Revista Croata, 1977, vol. 49
Ivan Supek, Krivovjernik na ljevici (El hereje de la izquierda), B.C. Review Publications, Bristol, 1980.
Branko Pešelj,
"Dogmatizam" hrvatskih komunista ("Dogmatismo" de los
comunistas croatas), Revista Croata, vol. 49, 1986.
Studia Croatica, Croacia
y la actual crisis de Yugoslavia, edición especial, Buenos Aires, 1972.
The Washington Post, 13 de
diciembre de 1986.