LA POSICION CROATA FRENTE AL MEMORANDUM DE LA ACADEMIA SERVIA DE CIENCIAS Y ARTES

 

En octubre del año pasado apareció en Belgrado el Memorandum de la Academia Servia de Ciencias y Artes —ASCA— (borrador) que suscitó la atención general por su aguda crítica del régimen imperante en Yugoslavia, y en particular por las ideas políticas que sostiene con respecto a las relaciones del pueblo servio con los restantes pueblos de la comunidad estatal yugoslava.

 

Ante la ausencia de un examen crítico de este documento por parte de los círculos políticos e intelectuales croatas en la patria —faltante evidentemente debido al régimen represivo vigente en el país—, hemos considerado oportuno y necesario someter a un reexamen detallado el Memorandum de la ASCA y exponer a través de este análisis nuestra posición frente a las principales tesis sobre la base de las cuales los académicos servios construyen sus "puntos de vista", en especial respecto de las cuestiones de relaciones recíprocas entre los pueblos servio y croata.

 

 

CRISIS DE LA ECONOMIA Y SOCIEDAD YUGOSLAVAS

 

Si bien el Memorandum destaca una serie de factores objetivamente existentes de la crisis económica, como ser: "decaimiento de la productividad (del trabajo y el capital) ", "capacidad productiva ociosa", "frente de inversiones no concluidas" (pág. 6), "tolerancia para con el trabajo a desgano y otros aspectos de la demagogia social", "mantenimiento de privilegios materiales de los estratos gobernantes", "manutención de una administración gigante, cuyo costo representa una carga insoportable para la economía" (pág. 8), "ausencia de la conciencia sobre el trabajo honrado", "adquisición legal de riquezas sin trabajar" (pág. 29), para mencionar sólo los más importantes de los señalados, resulta increíble que el documento expresamente no resalte, con su pretensión de análisis científico objetivo, las causas fundamentales de estos fenómenos: el estatismo, la economía dirigida, agravada por la inexistencia de propiedad privada, de iniciativa privada y competencia comercial; la destrucción de la economía campesina, fundamento del sistema económico de todos los pueblos de Yugoslavia.

 

No sólo que el Memorandum no destaca la inexistencia de liberalismo económico como fuente de la crisis y recesión yugoslavas, sino que, por el contrario, observa las "verdaderas causas de la crisis económica" precisamente en cierta "liberalización-descentralización" generada en los años sesenta. "La descentralización, ideada primordialmente como una liberación de la economía de las fuerzas burocráticas, degeneró en una descentralización por territorios y ramas económicas. Han sido creadas ocho regiones económicas con economías nacionales en calidad de substrato ideológico. El mercado único yugoslavo fue con ello roto" (pág. 4).

 

El hecho de que se ha producido en verdad una cierta desintegración económica debe atribuirse a otros factores, en primer lugar a la falta de realización de una liberalización real y a la inexistencia de una coordinación de las economías nacionales, y no a la descentralización administrativa. ¿Qué significa, en general, la "rotura del mercado único yugoslavo"? La comunidad Económica Europea la conforman 13 Estados independientes, y sus economías no se "escinden", sino que precisamente forman el mercado común europeo.

 

Es evidente que la crítica de la descentraliazción apunta a la aspiración de fortalecer la economía dirigida, base del unitarismo estatal, si bien no se aboga por ello en forma abierta. La causa es evidente: no se desea quitar a la nación servia gobernante el poder económico y político que le ofrece la economía dirigida.

 

Según los autores del Memorandum, la descentralización conduce a la desintegración, la cual, "como tendencia antihistórica" proviene directamente "de una tendencia antihistórica más amplia y más significativa, es decir, de la transformación de la federación en una confederación sui generis que fue institucionalizada en la última Constitución del año 1974" (pág. 14).

 

De las aclaraciones posteriores sobre el carácter "confederativo" de la Yugoslavia actual, surge claramente que se trata tan sólo de una serie de disposiciones administrativas que brindan una mayor autonomía a las repúblicas individuales, y de ninguna manera de una real confederación, a saber una alianza de Estados soberanos, como la define la teoría jurídica constitucional.

 

Según los redactores del Memorandum, "el elemento más significativo del confederalismo consiste en el indispensable consenso de los parlamentos de todas las repúblicas y provincias para cualquier modificación de la Constitución por más pequeña que sea, como así también en la exigencia de que toda desición al respecto en el Consejo de las Repúblicas y Provincias, debe considerarse aprobada si votan en tal sentido todas las delegaciones. En ambos casos, el disentimiento de un solo participante en la decisión, tiene carácter de veto" (pág. 15).

 

Otro elemento del confederalismo es también —según la misma fuente— la composición paritaria de la Presidencia de la República Federativa Socialista de Yugoslavia (RFSY), como asimismo otros órganos supremos. En esencia, es confederativa también la disposición constitucional de que, en principio, los órganos de las repúblicas y las provincias están encargados de aplicar las leyes federales, cosa que a menudo en la práctica conduce a la no aplicación de esas leyes. Un elemento muy destacado del confederalismo lo constituye el hecho de que las Constituciones de las Repúblicas y Provincias no deben, necesariamente, concordar con la Constitución federal, sino tan sólo no pueden ser contrarias a ella" (pág. 16).

 

Todas estas normas amplían solamente la autonomía administrativa de las unidades federativas y provincias, pero no presentan un carácter constitutivo de la confederación. El actual sistema político de Yugoslavia, puede calificarse —tal como lo hacen los propios académicos servios— de "cada vez más contradictorio, no funcional y caro", un "ejemplo escolar de ineficiencia" (pág. 16), pero en ningún caso, de una confederación.

 

A las repúblicas yugoslavas les faltan las esenciales características de soberanía de los cuerpos estatales confederados, de soberanía en la legislación y economía, relaciones exteriores y ejército. Las repúblicas se hallan sometidas en todos estos sectores —en menor o mayor medida— a la administración central. En especial en cuanto al ejército y a la politica exterior, no tienen ingerencia alguna. Tan sólo en materia económica puede hablarse en cierta medida de independencia, pero de ninguna manera de una posición económica soberana de las repúblicas confederadas.

 

Pero a pesar de esa cierta autonomía, ellas se encuentran en gran medida en condiciones de dependencia económica frente al poder central. Los funcionarios federales en Belgrado, por ejemplo, controlan la mayoría de las decisiones básicas, como son las concernientes a los precios de materias primas y productos finales. El presupuesto federal es más grande que los presupuestos de las repúblicas y municipios tomados en conjunto. El sólo hecho de que el Banco Nacional de Belgrado haya obligado a la industria turística de Croacia a canjear las divisas fuertes obtenidas durante la última temporada veraniega a razón de 283 dínares por dólar (al mismo tiempo el tipo de cambio oficial era superior a los 400 dinares por dólar), indica patentemente en qué medida Yugoslavia se ha transformado en una confederación.

 

La imposición del sistema unipartidista, no obstante haberse creado posteriormente secciones por repúblicas del Partido Comunista único de Yugoslavia, constituye el factor decisivo del unitarismo en patente oposición al concepto de soberanía de las repúblicas confederadas. Junto a un sistema unipartidista impuesto —no libremente escogido— no puede imaginarse la existencia de un Estado confederativo libre.

 

El quebrantamiento brutal de los derechos humanos en Yugoslavia es una prueba del persistente autoritarismo. Los autores del Memorandum destacan las características descentralizadoras de la Constitución de 1974, pero callan que el infame artículo 133 del Código Penal yugoslavo anula todas las libertades formales logradas mediante las enmiendas constitucionales. Los así llamados "delitos verbales" y "delitos de opinión" son controlados desde el centro del poder político, en Belgrado.

 

No olvidemos que entre los derechos humanos se cuentan también los universalmente reconocidos derechos de los pueblos, el derecho a la autodeterminación y la separación de la actual unión estatal, formalmente reconocido por la Constitución de la RFSY. El Memorandum destaca que la soberanía de los pueblos se halla en "los fundamentos mismos de la civilización moderna, que la única autoridad política legítima es la que emana de la voluntad libremente expresada por los pueblos" (pág. 36). Sin embargo, cuando los pueblos en Yugoslavia manifiestan su voluntad y derecho de autodeterminación, los mismos académicos califican ello como "nacionalismo", que el poder unitarista en forma directa o a través de los órganos de las Repúblicas que les son subordinados, persigue como crimen contra los intereses del pueblo y del Estado.

 

Los académicos servios se contradicen cuando, recalcando el supuesto carácter confederativo de la actual Yugoslavia, destacan al mismo tiempo una serie de factores que confirman su conformación unitarista. Por ejemplo: "la Liga de Comunistas de Yugoslavia (LCY) constituye la columna vertebral del sistema, y sus funcionarios detentan el monopolio absoluto del poder social". "La LCY creció junto con el Estado". "En Yugoslavia pueden aún quebrantarse impunemente los derechos civiles básicos de las personas; las elecciones de funcionarios son una ficción; el poder judicial sigue dependiendo del poder ejecutivo; la libertad de palabra, la organización y las manifestaciones públicas están limitadas por la arbitrariedad burocrática y las disposiciones legales que posibilitan la persecución de las opiniones distintas a las oficiales.

 

La clase trabajadora no tiene derecho legal de autoorganización y de huelga, y carece de toda influencia real sabre la decisión política" (págs. 34 y 35). Con la constatación de que el "estatismo no fue abolido, sino transferido al ámbito de las Repúblicas, donde es más irracional y maligno", se intenta en forma no convincente salvar una serie de contradicciones entre las realidades que apuntan al estatismo y unitarismo, y las afirmaciones respecto de la supuesta transformación hacia una forma confederativa de la unión estatal yugoslava.

 

Los académicos servios recurren a la' historia para demostrar la imposibilidad de permanencia de la supuesta confederación yugoslava como forma de organización estatal. Dicen que "la historia conoce varios ejemplos de transformación en federación, como consecuencia natural de las debilidades comprobadas de la forma confederal, pero ninguno de transformación en sentido inverso" (pág. 14).

 

Empero, los académicos no mencionan que la historia conoce justamente la evolución también en "sentido inverso", como es la separación, la autodeterminación de los pueblos en dirección de su Estado propio, soberano, como por ejemplo en el caso de Suecia y Noruega o de Bélgica y los Países Bajos. Esta tendencia está nítidamente acentuada en la evolución actual de la unión yugoslava, y ello no constituye una tendencia "antihistórica", sino precisamente una tendencia histórica de la evolución de los pueblos incorporados en el Estado de Yugoslavia, que justamente ha cobrado plena fuerza de expresión en los últimos años. Los autores del Memorandum siguen tildando esta tendencia natural de la evolución histórica con la terminología estereotipada de la propaganda yugoslava, y afirman que para "poder realizar los cambios indispensables, hay que deshacerse de la ideología que coloca en el primer plano la nacionalidad y la territorialidad" (pág. 17).

 

A esta fuerza histórica de las aspiraciones nacionales claramente manifestada, especialmente en el caso de los croatas, albaneses y últimamente eslovenos, a este "primado de lo nacional", los académicos lo presentan como resultado de la influencia de la Cominterna sobre los partidos comunistas entre las dos contiendas bélicas. "La estrategia del Cominterna en dicho período fue extraída de la apreciación de que, al no producirse la revolución proletaria en Europa Occidental, los partidos comunistas en los países de Europa Central, Oriental y Meridional deben apoyarse en movimientos nacionales, por más que éstos fuesen abiertamente antisocialistas y sustentasen la idea de unión nacional y no de clase" (pág. 18).

 

"A nadie es menester tratar de convencer —afirman seguidamente— de que el separatismo y el nacionalismo actúan ahora en la escena social, pero pocos entienden que justamente este tipo de opciones son facilitadas por la Constitución de 1974. El continuo fortalecimiento y el recíproco estímulo del separatismo y el nacionalismo han alejado a las naciones unas de las otras, hasta un punto crítico" (pág. 19). Por otra parte, "todas las nuevas creaciones étnicas, por cuanto son desdichados productos de una ciencia encerrada y preñada de ideologías regionales, resultan sintomáticas del alejamiento no sólo del presente y el futuro común, sino también del pasado común. Como si a todo el mundo sólo le importara escaparse cuanto antes y lo más lejos posible de la casa que se derrumba. El estado de ánimos advierte que la crisis política está acercándose al punto crítico de una total desestabilización de Yugoslavia" (pág. 20).

 

Una posición así del Memorandum oscila permanentemente entre percepciones objetivas y correctas, y conclusiones frecuentemente incomprensibles, sino incluso abiertamente contradictorias. ¿Cómo entender que un conjunto de científicos pueda abogar a favor de tesis tan voluntariosas? Cómo se puede pasar por alto el hecho de que las aspiraciones de los croatas, como también las de los restantes pueblos sojuzgados y sin soberanía en Yugoslavia, son partes constitutivos de un proceso mundial generalizado de los tiempos modernos, según el cual todo pueblo, ni bien cobra conciencia de su propia individualidad, de su particular existencia nacional, exige la constitución de su estado nacional propio. Pero el chauvinismo es evidentemente más fuerte que las apreciaciones intelectuales objetivas, y, en su aspiración de mantener la unión de los pueblos yugoslavos en sumisión al hegemonismo servio, impone puntos de vista infundados e insostenibles. Esto salta a la vista particularmente en la segunda parte del Memorandum:

 

POSICION DE SERVIA Y DEL PUEBLO SERVIO

 

Como se desprende del mismo título, esta parte está dedicada en especial al análisis de la posición de Servia dentro de la unión estatal yugoslava y de las relaciones del pueblo servio con los demás pueblos de Yugoslavia.

 

Pasaremos revista a las principales tesis de esta parte del Memorandum, en cuatro grupos de cuestiones: 1) Posición política y económica de Servia en la Yugoslavia Federativa. 2) Factores que ejercieron influencia sobre la posición política y económica de Servia después del derrumbe de la Yugoslavia monárquica. 3) Calificación de la política servia en la primera Yugoslavia. 4) Posición del pueblo servio frente a los demás pueblos de Yugoslavia, en especial los croatas.

 

1. — POSICION POLITICA Y ECONOMICA DE SERVIA EN LA YUGOSLAVIA FEDERATIVA

 

Tesis: "La discriminación económica y la subordinación de Servia no puede comprenderse plenamente sin tener presente su posición política inferior que determinó todas las relaciones" (Pág. 41-44).

 

Con el cambio de la Yugoslavia monárquica a la República Federativa Socialista, la capital de Servia y del ex Reino de Yugoslavia, Belgrado, siguió siendo la sede del nuevo Estado federal. En lugar de crear un Nuevo centro administrativo, cosa que correspondería a la constitución de un nuevo Estado federativo, se retuvo a Belgrado, gracias a la decisiva influencia servia, como sede exclusiva del gobierno federal y demás instituciones federales, con lo cual se dio paso decisivo hacia el favorecimiento de la hegemonía del equipo gobernante servio respecto de los centros políticos, económicos y culturales de las demás naciones, con repercusiones de largo alcance. En un lapso relativamente corto, fueron invertidos enormes capitales en la construcción de la nueva Belgrado, símbolo y centro de la dominación servia sobre los restantes pueblos de Yugoslavia.

 

Aun cuando Tito era el principal factor político de la Yugoslavia comunista, todos los cuadros directivos del partido, del Estado y del ejército eran preponderantemente servios: Aleksandar Ranković, todopoderoso ministro de asuntos interiores, vicepresidente del gobierno e infame jefe de la policía secreta; Milovan Djilas (montenegrino, pero servio por opción), reemplazante del jefe de Estado; Koča Popović, ministro de relaciones exteriores; Arsa Jovanović, jefe del Estado Mayor del ejército; Sreten Žujović, ministro de finanzas, etc.

 

Los bancos, las empresas de exportación, el control de cambios, todo ello quedó como antes, dirigido desde Belgrado a través del dominante círculo de intereses servios ("čaršija"), encubierto ahora bajo un nuevo disfraz.

 

Según los datos publicados por Ekonomska Politika (Belgrado, número 847/1969), en la administración federal había sólo un 8,6 % de croatas, frente al 73,6 % de servios, 7,2 % de montenegrinos, 3,8 % de indefinidos y 6,8 % de varias nacionalidades. Diez años más tarde, declinó la participación de los croatas al 6 %.

 

En el ejército y la policía los servios ocupan un porcentaje aún mayor: del 75 % y 80 %, respectivamente.

 

La posición hegemónica de Servia permanece hoy en día inmutable. Según los datos publicados por NIN del 4 de enero de 1987, Yugoslavia está representada en el exterior por 27 embajadores servios y sólo 8 croatas. En total, Yugoslavia tiene 83 embajadores, de los cuales la tercera parte son servios y menos del 10 % son croatas. Si a los servios agregamos los 12 embajadores montenegrinos, resulta que los servios en total detentan casi la mitad del cuerpo diplomático superior. Embajadores croatas hay menos que eslovenos, macedonios e incluso montenegrinos (que son la nacionalidad menos numerosa en Yugoslavia). La diferencia empero es aún mayor, si se toma en cuenta el total del personal del Ministerio de Relaciones Exteriores. NIN cita al periódico DELO de Ljubljana, indicando que hay sólo 60 eslovenos empleados en dicho ministerio, sobre un total de 2.400 funcionarios, al tiempo que la participación croata es parecida a la de los eslovenos.

 

Las importantes inversiones en Servia tienden a asegurar la continuación y el fortalecimiento del predominio político y económico servio. Es significativo que se haya seguido con esta política después de la reforma económica de 1965 y la abolición formal del hegemonismo unitarista (1966). Eso lo confirman los montos de los créditos del Banco Nacional, de los cuales fueron invertidos en Servia el 58 %, mientras que en Croacia lo hicieron en tan sólo el 16 %. A fines de la década del 60, de todos los equipos industriales yugoslavos fue instalado en Servia el 46 %, en Croacia el 18 %, en Eslovenia el 17 % y en las restantes repúblicas el 19 %.

 

La "subordinación" económica de Servia se trasluce solamente por su baja productividad. A pesar de su posición privilegiada en materia de inversiones y de política económico-financiera en general, según estadísticas dé 1971 Servia aportaba únicamente el 18 % del ingreso dé divisas, mientras que Croacia lo hacía en un término tres veces mayor, en un 51 %. Mas las divisas que aporta la economía croata no quedan en Croacia, sino que se concentran en la Federación y se liquidan a un tipo de cambio irreal, cosa que conduce a una permanente expoliación de la economía nacional croata.

 

El poder financiero y la política exterior, concentradas en Belgrado, condujeron a Croacia a un empobrecimiento y a un estancamiento económico y cultural, mientras que llevaron a Servia a un desarrollo económico-industrial envidiable y a un destacable enriquecimiento. Según cálculos efectuados por expertos en economía, en el transcurso de los años 1965-1971 el trasvasamiento de los medios pecuniarios desde Croacia alcanzaron el 30 % del producto nacional, o el 65 % de todos los ingresos.

 

Como ejemplo de la manera en que se favoreció a Servia basta mencionar, entre otros casos, la construcción de la central hidroeléctrica de Djerdap (Puerta de Hierro), en su género el más grande emprendimiento en Europa, si se excluye a la Unión Soviética, obra que aseguró a Servia la primera posición (prácticamente monopólica) en materia de generación de energía eléctrica en Yugoslavia.

 

Además, Servia se convirtió en centro de la industria yugoslava de material bélico y del automotor, hecho que le ha valido una posición dominante no sólo en el campo político y militar, sino en el económico, si se tiene presente que actualmente la industria de armamentos de Yugoslavia es el puntal de sus exportaciones. Al precio de un gravoso endeudamiento del país entero, los servios, llevados por su política expansionista, construyeron la línea férrea —absolutamente improductiva— que une la ciudad de Belgrado con el "mar servio", en el puerto montenegrino de Bar, mientras los croatas aún siguen esperando la concreción de las autopistas que tendrían que conectar la ciudad de Zagreb con las ciudades portuarias de Rijeka y Split, como asimismo la región de Bosnia y Herzegovina con el litoral croata.

 

En 1979 fueron construidos y entregados al tráfico 96 kilómetros de carreteras para autotransporte en Servia, mientras que en Croacia ¡tan sólo 6 (seis) kilómetros!

 

Los analistas políticos extranjeros han observado hace ya tiempo hechos que confirman la continuidad del hegemonismo y unitarismo servio en Yugoslavia. Así, por ejemplo, Francois Fejtö escribía en "Le Monde Diplomatique" (junio 1971): "Los vencedores comunistas repitieron todos los errores de la monarquía de la primera posguerra, y condujeron al mismo resultado: acumularon disconformidad no sólo entre los croatas, sino también entre albaneses y macedonios ... Se inspiraron en el modelo stalinista, es decir: federalismo en teoria, y centralismo en la práctica. Pero el centralismo instalado en Belgrado adoptó, inevitablemente, un. sesgo gran-servio".

 

Son totalmente infundadas las afirmaciones expuestas en el Memorandum acerca de la supuesta discriminación económica y la posición política inferior de Servia en la Yugoslavia Federativa. Al igual que la Monarquía Austro-Húngara en el pasado, y hoy en día Africa del Sur, Yugoslavia es un Estado multinacional marcado por el "colonialismo interno", en el cual Servia ocupa la posición dominante, por encima de los restantes pueblos de la comunidad estatal. Los acontecimientos políticos ocurridos a lo largo de 65 años de su existencia, como asimismo los datos estadísticos en dicho periodo, demuestran que Croacia en determinado sentido es una colonia servia, en la cual los servios detentan el poder real, el que aprovechan económicamente en exclusivo interés de la nación servia dominante y de Servia propiamente dicha.

 

Habitualmente, las colonias estaban geográficamente alejadas del Estado que las tenía sometidas, por ejemplo en el caso de las colonias británicas. El hecho, empero, de que Croacia sea limítrofe con Servia, no atenúa su status similar al de esas colonias.

 

2. — FACTORES QUE EJERCIERON INFLUENCIAS SOBRE LA POSICION POLITICA Y ECONOMICA DE SERVIA DESPUES DEL DERRUMBE DE LA YUGOSLAVIA MONARQUICA

 

Tesis: "La discriminación consecuente en contra de la economía de Servia en el período de posguerra, no puede aclararse totalmente sin tomar en consideración las relaciones internacionales entre las dos guerras mundiales, tal como las veía y calificaba el partido comunista de Yugoslavia. En estas maneras de ver las cosas ha influido decisivamente la autoritaria Cominterna, que en sus esfuerzos por lograr la la concreción de su concepción estratégica y táctica en el plano internacional, aspiraba a desmembrar Yugoslavia, encontrando su justificación en la confrontación de la nación `opresora' servia con las naciones `oprimidas' " (pág. 41) .

 

"La apreciación de estas relaciones, que se reduce a la afirmación de que la hegemonía política de la burguesía servia venía acompañada de la correspondiente dominación por parte de Servia, fue tomada en realidad por los partidos burgueses orientados en sentido separatista. El partido comunista de Yugoslavia no estaba dispuesto en la preguerra, como tampoco en la posguerra, a determinar, mediante su cognición directa, el verdadero estado de cosas, ni tampoco a entrar en discusión alguna que pudiere cuestionar las apreciaciones vertidas hace tiempo y las posturas antaño adoptadas, en las que se mantuvo hasta nuestros días" (pág. 42).

 

"La posición subordinada de Servia debe observarse dentro del contexto de la dominación política y económica por parte de Eslovenia y Croacia, que siempre fueron promotores de cambios en todos los sistemas" (pág. 43). "Los eslovenos y croatas crearon en la preguerra sus partidos comunistas nacionales, al tiempo que adquirieron una influencia decisiva dentro del comité central del partido comunista de Yugoslavia. Sus líderes políticos se convirtieron en árbitros en todas las cuestiones políticas durante y después de la última con-tienda bélica. Estas dos repúblicas contiguas han compartido un destino histórico parecido, han tenido una misma religión y una aspiración por una mayor independencia y, en su condición de las Huís desarrolladas, también intereses económicos comunes, que fueron —todos ellos— razón suficiente para una coalición duradera, tendiente a lograr la concreción de su dominación política. Esta coalición, se vio fortalecida por la larga colaboración entre Tito y Kardelj, las dos personalidades más destacadas de la Yugoslavia de posguerra, y que gozaban de una autoridad indiscutible en los centros de poder. El monopolio sobre los cuadros les permitía influir decisivamente en la composición de la cúspide política de Yugoslavia, en todas las repúblicas y provincias" (pág. 4).

 

La apreciación de las relaciones entre los pueblos incorporados a Yugoslavia no fue tomada de "los partidos burgueses orientados en sentido separatista", sino que se fue creando sobre la base de una estimación real del estado de cosas existente en el país.

 

Desde el comienzo de su fundación (1919), el partido comunistá de Yugoslavia fue unitarista, y no tomaba en consideración el carácter multinacional del Estado. Su secretario general, Sima Marković (1919-1924), fue un decisivo partidario del centralismo y unitarismo, en contraposición a la postura anticentralista de los croatas.

 

Marković mantenía la tesis de que Ios servios, croatas y eslovenos eran tres ramas de un mismo pueblo. Estos puntos de vista, sin embargo, fueron pasajeramente modificados por Stalin en el sentido de incluir, en la estrategia sobre la concreción de la revolución comunista en Europa y el mundo, el reconocimiento del derecho de autodeterminación de los pueblos.

 

En consonancia con el espíritu de esta nueva estrategia, fue destituido Marković del puesto de secretario general del partido comunista yugoslavo, al tiempo que la tercera conferencia nacional del partido, celebrada en Belgrado, adoptaba en enero de 1924 la decisión de que el Reino de los Servios, Croatas y Eslovenos no puede ser considerado un Estado étnicamente homogéneo, dado que en él se manifiestan tendencias de dominación por parte de la nación que ostenta el poder.

 

"La Unión Soviética consideraba al Reino de los Servios, Croatas y Eslovenos como una creación reaccionaria del dictado de Versalles y de las potencias imperialistas de Occidente —señala Tudjman—, por lo cual la Tercera Conferencia Comunista Internacional de Moscú sostenía que Yugoslavia debía desmembrarse por ser 'una de las cárceles más negras de los pueblos', y 'baluarte de la contrarrevolución en los Balcanes', abogando por la creación de repúblicas independientes de los pueblos nacionalmente sojuzgados, de Croacia, Eslovenia y Macedonia, por parte del 'imperialismo granservio' ".

 

Siguiendo las directivas de la Comiterna, el partido comunista de Yugoslavia adoptó en su IV Congreso realizado en Dresde en 1928 la posición del desmembramiento de Yugoslavia. Sin embargo, esta postura fue abandonada a partir de 1933 bajo la influencia del robustecimiento del fascismo y el nacional-socialismo y de la evolución general de las relaciones internacionales en Europa y en el mundo. De conformidad con las nuevas instrucciones de la Cominterna, el partido comunista de Yugoslavia, en su plenario de 1935 realizado en Split, vuelve a su anteriorconcepción unitarista, ahora en una un tanto modificada variante de "federalismo integral". Ante el exiguo éxito alcanzado por este programa poco popular, especialmente entre los croatas, se procedió a organizar partidos comunistas nacionales de Croacia y Eslovenia. El Memorandum presenta este hecho como una prueba de la predominación croata y eslovena sobre los servios, por cuanto en ese entonces no fue constituido el partido comunista de Servia sino "sólo después de terminada la última guerra". La causa de tal retraso fue, dicen los académicos, "la política revanchista contra los servios", la cual "comenzó en realidad antes de la guerra al haberse considerado que la 'nación opresora' no necesitaba un partido comunista propio" (pág. 45).

 

Este es un ejemplo clásico de cómo el Memorandum, destacando un hecho histórico, tergiversa su verdadero significado. No tenía Servia su partido comunista nacional por el hecho de ser víctima de una supuesta política revanchista, sino simplemente porque no lo quería, por cuanto el reconocimiento de partidos comunistas nacionales significaba indirectamente reconocer las individualidades nacionales de los respectivos pueblos.

 

Los servios luchaban por un partido comunista único en Yugoslavia, por cuanto constituía el camino más seguro para la concreción del hegemonismo gran-servio. La oposición de los comunistas servios aplazó la aceptación de la reorganización del PCY por el lapso de cuatro años (hasta 1937). Sin embargo lograron finalmente, no obstante el reconocimiento de "los partidos nacionales" de Croacia y Eslovenia, que el PCY siguiera siendo marcadamente centralista y dominado por ellos.

 

Las causas por las que llegaron a constituirse dos partidos comunistas nacionales en Yugoslavia fueron confirmadas por el vocero del partido "El Proletario" (1935) : "...hemos constituido los partidos comunistas croata y esloveno ante todo porque las masas trabajadoras de Croacia y Eslovenia demandan que sus partidos lleven nombres nacionales... hemos formado partidos comunistas de Croacia y Eslovenia con el fin de movilizar las aspiraciones de los trabajadores de Croacia y Eslovenia, por cuanto no deseamos, a través del nombre mismo del partido, debilitar sus esfuerzos tendientes a atraer la participación de las masas trabajadoras en la organización de su partido".

 

Ante la pregunta formulada al mencionado vocero partidario de por qué no se constituye también un partido comunista de Servia, la dirección del "Proletario" contestó: "La primera y fundamental razón es la siguiente: no lo hemos creado porque las masas trabajadoras de Servia no lo reclaman. El pueblo servio no se halla nacionalmente sojuzgado. Los servios son un pueblo dominante. Consecuentemente, en ellos la lucha de clases no toma forma de lucha por la liberación nacional". Recordamos al respecto que también en esto se ha seguido el modelo soviético. En la Unión Soviética los ucranianos, los bielorusos y demás pueblos tienen sus partidos comunistas, pero no así los rusos. No existe el partido ruso, ni el comité central ruso. Su partido es el partido comunista de la Unión Soviética. Siguiendo la argumentación del Memorandum, los rusos podrían afirmar que también ellos son un pueblo sometido y no gozan de iguales derechos en la URSS porque no cuentan formalmente con partido propio, como lo tienen los demás pueblos de la Unión.

 

Es completamente infundada la afirmación de que existe una "dominación política y económica de parte de Eslovenia y Croacia", y una influencia decisiva de parte de ellas en el Comité Central del PCY. Tal como lo hemos destacado, los servios fueron desde el inicio mismo contrarios a la existencia de partidos comunistas nacionales, al tiempo que luchaban denodadamente por eliminar la influencia de sus líderes, en especial croatas.

 

La liquidación, en 1941, de los más destacados comunistas croatas en Kerestinec fue realizada mediante un premeditado plan de denuncias urdido por elementos anticroatas del PCY. La destitución de Andrija Hebrang del puesto de secretario general del Comité Central del partido comunista de Croacia y su asesinato en la cárcel "Glavnjača" de Belgrado representan un ulterior paso decisivo en la liquidación del liderazgo de orientación croata en el partido comunista de Croacia. La decisión de destituir a Hegrang fue adoptada, según ahora se conoce, de común acuerdo entre Ranković, Djilas y Kardelj.

 

Tito jamás fue un exponente de la Línea croata en el PCY. Es plena-mente exacto que Tito y Kardelj "gozaban de autoridad indiscutible en los centros de poder", y que el "monopolio sobre los cuadros les permitía influir decisivamente en la composición de la cúspide política de Yugoslavia". Pero cabe preguntarse, cómo se ha reflejado esa influencia en la República Socialista de Croacia?

 

Desde el comienzo mismo, el poder político y administrativo, al igual que el ejército, fueron entregados a la minorfa servia, la cual —según el censo de 1948 y de acuerdo al Memorandum— representaba el 14,48 % de la población de la República Socialista de Croacia, al tiempo que detentaba más del 50 % de las funciones más importantes de la administración de la república.

 

La práctica generalizada durante toda la existencia de Yugoslavia (de la primera y de la segunda), consistía en que el comandante militar en Croacia fuera un servio oriundo de Servia, o bien uno oriundo de Croacia (por ej. Djoko Jovanić ), cosa que no siempre ocurría en Ljubljana o Belgrado. Los comandantes de casi todos los cuarteles militares en las regiones croatas, al igual que la mayoría de sus oficiales, son por regla servios, al tiempo que la tropa también proviene de regiones no croatas. En la policía de Zagreb ( cuya población consistía de un 89 % de croatas y sólo de un 5 % de servios), había ocupados entre personal uniformado el 56,5 % de servios y el no uniformado el 47,6 %. La situación en los restantes centros urbanos de Croacia era algo similar, o peor todavía.

 

"Desde 1945 hasta 1959 el comunismo se presenta en el territorio croata bajo el manto del imperialismo servio. El pueblo croata era nacionalmente perseguido y económicamente explotado, al igual que en la Yugoslavia monárquica. El comunismo en el territorio croata se vive en la Yugoslavia actual como "serviocomunismo". En apoyo de esta afirmación, el historiador Jere Jareb aporta datos publicados por el teniente coronel de los partisanos y comisario de la brigada de seguridad de Tito, Adil Zulfikarpašić, quien, entre otras cosas, expresa lo siguiente:

 

"Hoy en día el comunismo se presenta en Croacia mayormente como una cosa servia; tal comunismo se mantiene gracias al ejército, la milicia y el servicio secreto de seguridad, en los cuales los servios son en su gran mayoría factores decisivos. El comandante del ejército de Zagreb es el teniente general (servio) Milan Kuprešanin; el jefe del Estado Mayor es el teniente general Mile Kalibarda; el comandante del servicio de contra-espionaje es el general Veljko Drakulić, el de la defensa nacional de Yugoslavia el general Petar Brajović y el comandante de la milicia, el general Stevo Kovačević. El 78 % de los milicianos en la república de Croacia y el 82 % en la república de Bosnia y Herzegovina son servios.

 

El 75 % de los 'secretarios' de los comités municipales del partido comunista en Eslavonia son servios (exclusivamente campesinos), el 90 % de los secretarios de los comités distrituales de Bosnia y Herzegovina, son servios. El presidente del gobeirno de Bosnia y Herzegovina Djuro Pucar, el secretario general del gobierno de esa república Novak Mastalović (pope ortodoxo de Gacko), el jefe del servicio secreto de seguridad y ministro del interior, Uglješa Danilović, el comandante del ejército Mihajlo Apostolski, el comandante de la milicia Obren Kosović, el comandante de la defensa nacional Miloš Zekić, el presidente de la 'cámara de diputados' Vlado Šegrt, el fiscal público Boro Popović, el presidente de la Corte Suprema de Bosnia y Herzegovina Božo Cikota, el 'secretario' político del comité central del partido comunista de Bosnia y Herzegovina Djuro Pucar, el secretario organizativo Cvijetin Mijatović, el rector de la Universidad de Sarajevo Vaso Butozan, etc., etc., son todos servios.

 

De los miembros del Comité Central del partido comunista de Bosnia y Herzegovina 61 son servios, 13 musulmanes y católicos; de estos últimos 13 sólo uno, Rudi Kolak, manifiesta ser croata. En las 4 regiones en que está dividida administrativamente Bosnia y Herzegovina, los servios en forma exclusiva ocupan los puestos directivos, tanto en el servicio secreto de seguridad, como en los puestos de secretarios del partido gobernante; el secretario del partido para Herzegovina es Radovan Papić y el jefe del mencionado servicio secreto es Brana Kovačević.

 

El secretario del partido para la región de Krajina es Velja Stojnić, y el jefe del citado servicio es Slobodan Bajić; para la Bosnia Central ocupan esos cargos Dušan Grk y Djuras Djurašković; para la Bosnia Oriental Gjuro Novaković y Savo Predja. Los secretarios de los comités municipales del partido comunista son: en Sarajevo Rato Dugonjić, en Banja Luka Voja Ilić, en Tuzla Mitar Gavrić, en Mostar Sveto Gagović, al igual que en Travnik, Jajce, Foča, Rogatica, Bijeljina, Brčko, Zenica, Prijedor, Bihać, etc. son exclusivamente servios, en su mayoría hijos de campesinos.

 

También en otras ciudades croatas como Karlovac, Gospić, Glina, Osijek, Slavonski Brod, Mitrovica, Ruma, Zemun, e incluso Dubrovnik y Rijeka, los secretarios de los comités distrituales y municipales son servios. De las 14 divisiones del ejército en las Repúblicas de Croacia y Bosnia y Herzegovina, 13 tienen comandantes y 12 comisarios servios". ("En aras de la verdad", Hrvatski Glas, Winnipeg, Canadá, año 24, No 45, del 3. XI.1952) .

 

La política seguida por Tito era expresión del hegemonismo servio y de las aspiraciones servias de predominio no solamente en Yugoslavia, sino en los Balcanes, o por lo menos en parte de ellos. Incluso el enfrenta-miento entre Tito y Stalin de 1948 se presenta en cierta medida como colisión de dos imperialismos; el grande, mundial, soviético y el enano, balcánico-servio. Yugoslavia, en realidad Servia, aspiraba a absorber Albania y Bulgaria. La propuesta yugoslava era incorporar Bulgaria en Yugoslavia en calidad de séptima República, que tuviera que aceptar la posición de Croacia, Eslovenia, Montenegro, Bosnia y Herzegovina y Macedonia; todas ellas sometidas al poder de Belgrado.

 

Cuando la resistencia natural del pueblo croata en contra de este estado de subordinación en su República —que según la Constitución debía ser el Estado del pueblo croata— condujo a la insurección que se manifestó en el llamado movimiento de masas o la primavera croata, fue precisamente Tito quien, a través del Comité Central del PCY y el ejército, conducido por los generales servios, brutalmente sofocó —¡y por cierto simbólicamente desde la localidad de Karadjordjevo!— este movimiento libertador croata. Fue instaurado entonces un gobierno manifiestamente servil y un reforzado terror policíaco. 32.000 croatas fueron arrestados, despedidos de su trabajo, sometidos a interrogatorios policiales y sometidos a otras persecuciones y presiones. Al mismo tiempo fueron prohibidas nuevamente todas las manifestaciones públicas del sentir nacional croata, y fue disuelta la centenaria institución cultural croata "Matica Hrvatska", mientras "Matica Srpska" siguió actuando libremente.

 

De ahí entonces, ¿cómo puede hablarse de la subordinación política y económica del pueblo servio como consecuencia de la colaboración de muchos años entre Tito y Kardelj y la supuesta coalición croata-eslovena? Es verdad que estos dos pueblos (y no "estas dos Repúblicas contiguas") han compartido un destino histórico similar, pero este destino no ha sido apreciado correctamente hasta hace poco por el pueblo esloveno y sus representantes de aquel entonces, quienes sacaban provecho, tanto de la primera como en los comienzos de la segunda Yugoslavia, de su posición privilegiada en perjuicio de Croacia.

 

Es no obstante significativo que, precisamente como prueba de lo insostenible de la unión estatal yugoslava, con el tiempo los mismos eslovenos llegaron a convencerse acerca de lo pernicioso de la concepción yugoslava para la conservación de su identidad nacional y su libre desarrollo cultural y económico. De esta manera, nos encontrarnos efectivamente ahora ante la perspectiva de la concreción de una coalición esloveno-croata, pero no con la finalidad de "dominación política y económica de Servia", como destaca el Memorandum, sino por el contrario con un programa de alianza defensiva ante el hegemonismo servio (en la actualidad acertadamente apreciado también por los eslovenos) y en favor de la autodeterminación y la independencia estatal de sus pueblos.

 

 

3. — CALIFICACION DE LA POLITICA SERVIA E'N LA PRIMERA YUGOSLAVIA

 

Tesis: "Sin estudios especiales, sino incluso mediante un somero examen elemental de los indicadores básicos del nivel de desarrollo en el año censal de 1948, se podía constatar que Servia no pudo tener una posición económica privilegiada entre las dos guerras" (pág. 42). "La insistente repetición de la infundada calificación de preguerra, sustentada a lo largo de cuatro décadas de la posguerra, apunta a la existencia de un descomunal interés político y económico en el sentido de mantener vigente tal apreciación errónea. Su intención radica en la pretensión de enraizar en el pueblo servio el sentimiento de culpabilidad histórica con la finalidad de frustrar su resistencia a la subordinación política y económica a la que se ve constantemente expuesto. Sobre la base de esta apreciación de preguerra está fundada la política de posguerra sobre la economía de Servia" (págs. 42 y 43).

 

"En tales condiciones y bajo permanentes acusaciones de ser 'opresor', 'unitarista', 'centralista', 'gendarme', el pueblo servio no podía lograr su posición igualitaria en Yugoslavia, a cuya creación aportó los mayores sacrificios" (pág. 45). "La seriedad de las consecuencias sociales y económicas que surgen de estas relaciones durante la última posguerra exige que cesen sin demoras los abusos de la tesis acerca de la nación opresora y las oprimidas, la cual condujo a Servia a una posición económicamente nada envidiable" (pig. 46).

 

Llegamos aquí al punto clave, y el más flojo a la vez, del Memorandum: el intento de justificar la hegemonía servia sobre los restantes pueblos de Yugoslavia, de concretar el sueño y el programa de Vuk Karadžić Garašanin, Pašić, Karadjordjević, Draža Mihajlović y, hoy en día, Vuk Drašković (a quienes por razones tácticas no mencionan en el Memorandum).

 

Pasando en forma ligera por encima de los hechos v documentos conocidos por todo el mundo, los académicos servios se atreven a declarar que "sin estudios especiales, sino incluso mediante un somero examen elemental de los indicadores básicos", se puede constatar que "Servia no pudo tener una posición económica privilegiada entre las dos guerras". Según el Memorandum, la mentira acerca de la posición privilegiada del pueblo servio se difunde con la finalidad de enraizar en él "el sentimiento de culpabilidad histórica" y de "frustrar su resistencia a la subordinaciónt política y económica a la que se ve constantemente expuesto".

 

¿Qué es lo que nos revela el "somero examen elemental" de los indicadores básicos de la "subordinación política y económica" de Servia y del pueblo servio entre las dos guerras?

 

He aquí tan sólo algunos ejemplos y datos estadísticos:

 

Desde la misma constitución del Reino de Servios, Croatas y Eslovenos (en 1918), la conducción del Estado estuvo casi exclusivamente en manos de la corona servia y de los representantes de los partidos políticos servios. Los representantes de los partidos políticos croatas fueron —en el lapso de los primeros 19 años de su existencia— sólo en dos oportunidades miembros del gobierno, durante exiguos 558 días. Durante dicho lapso hubo en total 35 gobiernos en que tomaron. parte 656 ministros, de los cuales tan sólo 26 fueron representantes de partidos políticos croatas, lo que significa en total un 4%.

 

En los ministerios más importantes (presidencia del gobierno, relaciones exteriores, del interior, ministerio de guerra, finanzas, justicia y educación) estaban representados en el lapso mencionado 208 servios y apenas 16 croatas, de los cuales sólo dos representantes de partidos políticos nacionales, mientras los 14 restantes eran individuos de orientación yugoslava. La estadística del año 1937 nos demuestra que 6 servios ocupaban el cargo de presidentes del Consejo de ministros y uno sólo de ascendencia croata (musulmán). En el buró central de prensa, de 47 personas, había 36 servios y 5 croatas; en el Ministerio de relaciones exteriores, de 7 vice ministros 6 eran servios y uno croata; de 22 embajadores, 20 eran servios y 2 croatas, y, de 13 cónsules, también 2 eran croatas y los 11 restantes servios; en el ministerio de finanzas, de 9 directores 7 eran servios y 2 croatas.

 

Una proporción parecida se repite, según las estadísticas oficiales de ese tiempo que cita Rudolf Bićanić, por igual en otros ministerios, en la Procuraduría suprema del Estado, en los directorios de los principales bancos estatales, en la Dirección de Monopolios, en la Lotería Nacional, al igual que en toda la administración estatal en general.

 

Una influencia parecida, e incluso más marcada, de los servios en la conducción del Estado se aprecia en el ejército. En los cuadros de oficiales y suboficiales de la Yugoslavia monárquica había tan sólo un 10 % de croatas, a pesar de representar el tercio de la población del país. Sin embargo, este dato no demuestra ni remotamente la proporción verdadera de la influencia servia en el ejército yugoslavo. La imagen verdadera surge de la lista oficial de sueldos de los generales activos: 161 servios, 2 croatas y 2 eslovenos. Bićanić, registra en 1938 que "ministro de guerra jamás fue un croata, al igual que sus ayudantes. Los comandantes de cuerpos de ejército y sus ayudantes siempre fueron servios. De todos los comandantes de división, tan sólo uno fue esloveno, todos los demás servios". Fue éste, en el verdadero sentido de la palabra, un ejército servio, de manera que resulta absurdo cuando los servios buscan entre los croatas a los culpables de la derrota de 1941.

 

Estos dos factores: la corona —a través del aparato administrativo y policíaco— y el ejército, tanto en forma directa como por intermedio de la gendarmería que le estuvo subordinada, posibilitaron la dominación no sólo política, sino también económica y financiera sobre los demás pueblos del Reino de SCE —luego Yugoslavia—, en particular sobre los croatas y eslovenos, por cuanto ya desde el comienzo mismo de este Estado, Pašić consideraba, según observaciones registradas por su colaborador, el dr. Iván Ribar, "a Macedonia como Servia Meridional y a Voivodina como Servia Septentrional, ambas en unión geográfica y nacional con Bosnia y Herzegovina, junto con Montenegro, dentro de una Gran Servia unitaria".

 

"Dentro del marco de esta idea —advierte el coronel Babić— de un plumazo han sido anuladas las naciones macedonia y montenegrina y negadas sus individualidades nacionales. En Macedonia fueron violentamente servizados los apellidos personales, agregándoles la desinencia "ić". Fue instituido un régimen de terror, y por ley de organización del ejército y la marina de guerra, Macedonia fue declarada territorio de condiciones difíciles y peligrosas para la vida y el servicio público, de manera que a los oficiales y suboficiales les era concedido un adicional especial a los sueldos y cada año de servicios prestados en esa región, a los fines de la jubilación, valía el doble, tal corno se estila para los tiempos de guerra. En Montenegro se desarrollaba hasta el año 1923 una verdadera guerra civil contra los nacionalistas montenegrinos, sucediéndose frecuentes choques sangrientos aún después de la fecha señalada.

 

En el mensuario 'Zavičaj', del 29 de abril de 1962 (editado en New Hollywood, California), en un artículo intitulado 'Djabergraberi', han sido enumerados 110 casos de barbarie, violencia, torturas y asesinatos que hasta el año 1938 cometieron los hegemonistas de Servia sobre la población de Montenegro, citando para la mayoría de los casos fechas, lugares y nombres de víctimas y de sus victimarios. Para lograr la exterminación de los albaneses, fue provocada la llamada "Insurección Albanesa" en la cual —en una lucha puramente defensiva para preservar su vida y existencia— fueron asesinados alrededor de 100.000 hombres, mujeres y niños, habiéndose suspendido este genocidio sólo ante una intervención internacional.

 

A su vez, los musulmanes de Macedonia y Kosovo eran violentamente expulsados a Turquía. De esta manera, mediante la proclamación por decreto de la nacionalidad servia para los macedonios, montenegrinos y demás ortodoxos, como asimismo a través de la numerosa disminución violenta de la población albanesa y turca, fue artificialmente creada la nación gran servia, cuyos líderes se apoderaron de la conducción prácticamente monopólica del nuevo Estado".

 

Una vez adquirida la supremacía de esta forma, se abrían las puertas de la explotación económica por parte de Servia, dirigida primordialmente a Croacia, que entonces superaba con creces a Servia en todos los sectores de la vida económica: en agricultura, silvicultura, industria, la banca y el nivel general económico-social y cultural.

 

Desde el mismo comienzo se tendió sistemáticamente a destruir económicamente a Croacia, en primer lugar mediante el cercenamiento del 20 % del valor de la corona austríaca y luego mediante un tipo de cambio forzoso entre el dinar servio y dicha corona, por 1 dinar = 4 coronas. Eso representó una exacción lisa y llana del valor de la corona del 50 %, nor cuanto la relación de valor en el mercado abierto era en ese momento de 1 a 2. La etapa ulterior la constituyó la desigualdad impositiva que favorecía apreciablemente a la "subordinada" Servia. El impuesto inmobiliario era en Croacia el doble del vigente en Servia, si es que siquiera se cobraba en esta última pues allí no existía un catastro ordenado. En algunos casos, esa proporción era aún más inicua. Así, por ejemplo, sobre un ingreso anual de una casa de 80.000 dinares, en Croacia debía oblarse 34.040 en concepto de impuesto, mientras en Servia era de sólo 7.594.

 

La "subordinación" de Servia en la desigual determinación de impuestos fue anulada sólo en 1928 bajo la enérgica presión del partido campesino croata y la coalición campesino-democrática. Empero, esta desigualdad impositiva siguió, perdurando nor cuanto los funcionarios imnositivos servios "interpretaban" la lev según criterios propios. Los datos estadísticos demuestran que el resultado de la "igualdad' impositiva se había reflejado de manera tal que Croacia, Bosnia y Herzegovina y Dalmacia soportaban una carga impositiva mayor en un 57 % en concepto de impuestos directos que Servia, Montenegro y Macedonia.

 

La desigualdad en la fijación y luego en la exacción de los impuestos se vio incrementada por un adicional detrimento de la economía croata, si se tiene en cuenta que los impuestos cobrados se empleaban apenas en una exigua parte en beneficio de las provincias croatas y extra servias donde eran ingresados, debido a que gracias a una política especial de inversiones eran destinados a Servia y manipulados por los círculos corruptos de la "čaršija" (camarilla) belgradense.

 

Así por ejemplo, según datos del Ministerio de Construcciones, para el decenio 1925-1934 fueron erogados para distintas obras de construcción estatales con imputación al presupuesto del Estado de Yugoslavia, 2.771 millones de dinares, de los cuales Croacia y Eslovenia percibieron solamente 250 millones (9 %) en conjunto, mientras Servia lo hacía con 1.753 millones (63 %). Para el mantenimiento de sus carreteras Croacia recibió en el mismo período 108 millones de dinares, mientras Servia percibía casi 8 veces más. En este lapso de 10 años se construyeron en Croacia en total 13 km. de nuevas carreteras, mientras en Servia se realizaron obras de igual naturaleza por un total de 499 km. En dicho decenio se gastó en todas las obras públicas (carreteras, puentes, edificios, instalaciones y trabajos hidroeléctricos) realizadas en la totalidad de las provincias croatas (Croacia y Eslavonia, Dalmacia, Bosnia y Herzegovina), 630 millones; en cambio, solamente en Servia (sin Voivodina y Montenegro) 1.753 millones de fondos públicos, o sea casi tres veces más.

 

En estos diez años, el Ministerio de Construcciones gastó en la erección de edificios públicos 1.135 millones de dínares y en la construcción de instalaciones militares otros 1.100 millones, lo que demuestra que sólo en la tarea de construir la capital servia se gastó mucho más que para el resto de las provincias en su conjunto. Resulta directamente increíble que para la construcción de Belgrado se haya gastado unos 2.235 millones de dinares, cuando para el mantenimiento de 69 puertos más importantes y de otros 300 menores sobre el litoral croata no se ha gastado, entre 1919 y 1937, más de 59 millones de dinares. Debido a ello, los puertos croatas, bajo la administración del gobierno de Belgrado, se han vuelto los más anticuados de toda Europa.

 

Para completar este panorama de la "no privilegiada posición de Servia", basta con dar una hojeada a los datos suministrados por el director de construcciones ferroviarias en el Ministerio de Transportes, de acuerdo con los cuales en el lapso de 1920 a 1935 fue invertido en las provincias croatas (Croacia y Eslavonia, Dalmacia y Bosnia y Herzegovina) 371 millones de dinares, mientras que sólo en Servia (sin Voivodina) 2.852 millones, o sea casi ocho veces más que en dichas provincias en conjunto.

 

Esta enorme desproporción en materia de inversiones entre Servia y Croacia fue justificada frecuentemente por parte de los gobernantes servios en la importancia "estratégica", o bien en la falta de esa importancia, cuando se trataba de la programación de dichas inversiones en Croacia. Así, por ejemplo, la propuesta de la comisión especial del Ministerio de Obras Públicas, elaborada en el período de la primera posguerra, en el sentido de construir una carretera estatal en el territorio de las entonces denominadas "banovinas" (provincias) del Sava y del Litoral, en el tramo Zagreb-Split, fue rechazada por el Estado Mayor del ejército yugoslavo, fundamentando tal temperamento en la absoluta falta de importancia estratégica de esta obra; dicha carretera espera aún hoy su concreción.

 

Dentro de la línea de la hegemonía política y económica servia, encuadra también la industria de armamentos, que fue erigida enteramente en Servia. "Si sobre la base de las rendiciones de cuentas intentamos calcular solamente las inversiones militares más importantes en Servia, comprobamos —dice Bićanić— una enorme suma de 4.000 millones de dinares. En cambio, en Croacia no fue construido edificio militar importante alguno.

 

Según dichas cuentas, la cantidad total de las inversiones militares en las provincias croatas llegan a lo sumo a 150 millones de dinares. Algo parecido sucede con las industrias subvencionadas por el Estado".

 

Como ejemplo, podemos mencionar la tentativa de levantar en Croacia la industria del automotor. Cuando la empresa Ford había propuesto construir una fábrica de automóviles en Slavonski Brod, el Estado Mayor del ejército yugoslavo respondió que por razones estratégicas no puede considerarse adecuada la localidad elegida, sugiriendo en cambio la ciudad de Smederevo, en Servia, cosa que Ford rechazó. Un juego similar fue repetido 30 ó 40 años más tarde en la Yugoslavia "federativa". La Volkswagen y la General Motors ofrecieron levantar fábricas de automotores en las vecindades de Zagreb, y los japoneses en la región Adriático-Karlovac-Zagreb, pero también aquí prevalecieron razones "estratégicas". Fiat levantó su fábrica de automóviles —en condiciones mucho más desfavorables— en la localidad servia de Kragujevac.

 

La mentada hegemonía política y económica (que el Memorandum de-nomina "subordinación económica de Servia") —prueba al canto de que hablamos dos idiomas distintos— era imposible instrumentarla sin la dicta-dura financiera de los bancos estatales. Según Bićanić, el sector financiero representaba relativamente la mayor fuerza de Croacia en los primeros años de existencia del Reino de los Servios, Croatas y Eslovenos.

 

En Croacia se hallaba concentrado el 47 % de todos los recursos bancarios privados del país, siendo Zagreb el centro financiero indiscutible. Este poderío financiero tenía que ser quebrado a través de los bancos estatales en manos de los servios (en el Banco Nacional de Yugoslavia se hallaba en manos de los servios algo más de 35.000 acciones de un total de 40.000; en Belgrado misma, los círculos de la llamada "čaršija" detentaban 35.370 acciones, mientras la plaza de Zagreb contaba con tan sólo 3.135 acciones).

 

En 1931, el Banco Nacional, mediante una hábil maniobra, en plena crisis mundial revocó los créditos no utilizados, medida que afectó primordialmente a los bancos de Zagreb, que perdieron la mayor narte (60 %) de los créditos acordados mientras los bancos de Belgrado perdían sólo el 25 % de ellos. El favoritismo en beneficio de los bancos servios tampoco decreció en los tiempos del gobierno de Milan Stojadinović, administración que prometía mayor equidad en la distribución de créditos. Por el contrario, en 1937 la plaza de Belgrado recibió 136 millones de créditos más, mientras la de Zagreb 90 millones menos que en 1934. Los créditos de todos los bancos estatales (Banco Hipotecario Estatal. Caja de Ahorro Postal y Banco Agrario Privilegiado) alcanzaban en 1936 el total de 7.533 millones en todo el país. De ese importe Croacia y Eslovenia recibieron sólo 763 millones (10 %).

 

La constante de la hegemonía servia en ambas Yugoslavias —y la inaceptabilidad correspondiente de la creación estatal yugoslava por parte de los croatas y demás pueblos en ella sojuzgados— viene claramente señalada por el continuo descenso de la economía croata y el ininterrumpido ascenso de la servia en algo menos de medio siglo, entre 1925 y 1971, tal como lo demuestran indudablemente los siguientes datos estadísticos:

 

En la industria: Participación de Croacia, del 33 % (en 1925) desciende al 18 % (en 1971). Participación de Servia, en el lapso mencionado sube del 20 % al 35 %.

 

En la banca: Participación de Croacia, desciende del 51 % al 17 %.

Participación de Servia, crece del 25 % al 52%.

 

En el comercio mayorista: Participación de Croacia, baja del 55 % al 7%.

Participación de Servia, aumenta del 15 % al 86 %.

 

De esta estadística se desprende que en 1971 Servia superó el nivel en que se hallaba Croacia en 1925, y que Croacia en 1971 descendió por debajo del que tenía Servia en 1925. Esta desproporción se destaca especialmente en el ámbito del comercio mayorista. No caben dudas acerca de que esta sensible disminución de la participación croata en la economía, y el simultáneo ascenso de la servia —situación que aún hoy en día sigue sin modificarse esencialmente— es consecuencia del hegemonismo sistemático y constante ejercido en el campo político y económico por parte de Servia sobre los pueblos incorporados en la comunidad estatal yugoslava. Los datos estadísticos aportados hablan por sí solos acerca de hasta qué punto está justificada la tesis sobre las "naciones oprimidas y la opresora", tesis que los académicos servios desean presentar como infundada y malintencionada.

 

 

4. — POSICION DEL PUEBLO SERVIO FRENTE A LOS DEMAS PUEBLOS DE YUGOSLAVIA, EN PARTICULAR EL CROATA

 

Tesis: "La expulsión de Kosovo del pueblo servio es testimonio espectacular de su derrota histórica" (pág. 52). "Kosovo no es la única región en que se halla el pueblo servio bajo presión de discriminación" (pág. 57). "Exceptuando el período de existencia del Estado Independiente de Croacia, los servios en Croacia jamás estuvieron expuestos a tanto peligro como en la actualidad. La solución de su situación nacional se presenta como una cuestión política de primer orden. Si no se encuentran soluciones, las consecuencias pueden ser perniciosas de manera múltiple, no sólo para las relaciones en Croacia, sino también en toda Yugoslavia" (pág. 61).

 

El problema de Kosovo (al que se vincula también el problema de Voivodina) es señalado por los académicos como una "cuestión vital para todo el pueblo servio". "En menos de 10 años, si las cosas no se modifican esencialmente, no habrá servios en Kosovo, y la meta de Kosovo 'étnicamente puro', se habrá concretado plenamente". Si no se llega a una solución correspondiente, "esta parte de la República de Servia y de Yugoslavia se convertirá en una cuestión europea con consecuencias gravísimas e imprevisibles" (págs. 56 y 57).

 

No entraremos aquí a discutir los problemas específicos de la República de Servia. Deseamos tan sólo advertir respecto de la manera superficial en que el Memorandum trata el problema de Kosovo y Metohija, al ubicar las causas de los conflictos servio-albaneses, transformados en una "guerra abierta y total", en "cambios administrativos, políticos y jurídico-estatales" (pág. 52) .

 

Imbuidos de la evidentemente petrificada idea de Gran Servia, los académicos aceptan con mucha reticencia la evolución y los cambios a que se halla sometida la vida de los pueblos. "El actual curso con que se mueve nuestra sociedad en Yugoslavia es completamente inverso al que por decenios y siglos ella siguió hasta la formación de la nueva patria común. El actual proceso está enderezado hacia el total desmembramiento de la unidad nacional del pueblo servio. La mejor ilustración de cómo todo está subordinado a la consecución de tales objetivos, nos brinda la actual Voivodina con su autonomía" (pág. 62).

 

A los académicos les resulta por demás difícil comprender cómo la gente de Voivodina, que bajo la monarquía austrohúngara aspiraba a separarse, en un momento favorable y con menores sacrificios posibles, de ella y unirse a sus hermanos del otro lado de los ríos Sava y Danubio", hoy en día "no actúan en dirección al acercamiento y la unión, sino hacia una mayor independización y separación de la República Socialista de Servia". Según los autores del Memorandum, este proceso es "innatural y contrario a la lógica histórica". Aún cuando no lo entienden, son conscientes empero de que "contribuye poderosamente a la desintegración del pueblo servio" (pág. 62).

 

Esta incomprensión se incrementa aún más cuando se trata de los servios residentes en Croacia. De lo ya expuesto, es un absurdo hablar del supuesto peligro que corren los servios en Croacia. Los hechos comprobados hablan a las claras del poder servio ejercido en Croacia a través de los exponentes del hegemonismo granservio, el afincamiento planificado de servios en regiones croatas, el constante y sistemático impedimento de manifestaciones del sentir nacional croata, etc. Ello no obstante, y a pesar del poder colonial servio ejercido en Croacia —que los académicos segura-mente no desconocen—, ellos observan que "los servios, como un grupo advenedizo, minoritario y socialmente inferior, son muy expuestos a la asimilación" (pág. 57).

 

Ello es, evidentemente, resultado de un proceso natural al que se ven sometidas todas las minorías étnicas en el mundo, cosa que experimentan diariamente millones de croatas emigrados consigo mismos, sus hijos y nietos, de suerte que tampoco los servios pueden escapar a esta ley sociológica. Los académicos aquí también cierran los ojos ante la realidad, cuando dicen que la asimilación en cuestión es resultado de una "política de asimilación refinada y eficaz". Si ello fuera así, ¡significaría esto que los granservios residentes en Croacia, como en su momento muchos a la Brkić, y luego los Dragosavac, Baltić, Uzelac, etc., que ejercieron o aún ejercen el poder en la República de Croacia, aplicaban y continúan aplicando una refinada política de croatización de la minoría servia!

 

Es que a esta afirmación absurda del "peligro que corren los servios en Croacia como nunca se conoció en el pasado (salvo en el lapso de la existencia del Estado Independiente de Croacia) ", podemos y debemos interpretar únicamente como cognición intuitiva por parte de los académicos de que la étnia servia no posee ya aquella fuerza expansiva de la que soñaron Vuk y Garašanin. En Kosovo, en Voivodina y ahora también en Croacia —a despecho del poder que detentan— los servios son asimilados y abandonan su escritura cirílica, se lamentan los autores del Memorandum. Sin embargo, es aún más importante el fenómeno de migraciones de los pueblos en dirección a sus centros nacionales, que el Memorandum pasa por alto.

 

Según los periódicos NIN y DANAS, los servios emigran de algunas provincias croatas, al igual que de la de Kosovo, hacia su tierra de origen —Servia. En una total incomprensión de estos procesos históricos, los académicos lanzan la señal de alarma con el fin de sacudir la conciencia servia y dar un nuevo impulso a los mandamases servios en Croacia para que preserven, mediante la negación y la disgregación de la identidad nacional croata, el 11,5 % de servios residentes en la República de Croacia (el porcentaje es el citado por el Memorandum), en calidad de conscientes adversarios y gendarmes en el organismo nacional croata.

 

Es por ello que luchan, no científicamente sino en forma consciente e intencionada, contra el fundamento mismo de la conciencia nacional croata, que es el idioma croata. No rehusan atacar al idioma croata como si éste fuera el resultado de "una acción sistemática y resoluta de los filólogos croatas de orientación nacionalista, quienes alejan cada vez más el idioma croata del que se habla en las restantes repúblicas del área idiomática servio-croata" (pág. 58). Según los académicos servios, nos encontrarnos enfrentados con una "política linguistica que se sigue en la República de Croacia", con "un celo horrible que tiene por objeto la constitución de un idioma croata separado que se viene elaborando en contraposición con toda idea de un idioma común de croatas y servios, no dejando al pueblo servio en Croacia, a largo plazo, muchas perspectivas de conservación de su identidad nacional" (pág. 61).

 

Estaría demás refutar la afirmación injuriosa respecto de la inexistencia histórica del idioma croata, el cual se encontraría apenas en la fase de "constitución", por cuanto los científicos y literatos servios lo conocen muy bien, y no es necesario demostrarlo aquí en forma especial.

 

Sin embargo, es importante destacar la arcaica nocividad de la idea expresada, en el sentido de que la existencia y el empleo de la lengua croata pone en peligro la identidad del grupo servio en Croacia. La encubierta idea de esta afirmación evidentemente apunta a señalar que el reconocimiento del idioma croata y la conservación de la identidad nacional croata no dejan a la minoría servia "a largo plazo mucha perspectiva" para el mantenimiento de la hegemonía política y económica granservia.

 

Precisamente con la cuestión idiomática llegamos al meollo del problema: los académicos no conciben la posibilidad de que los croatas hablen su idioma propio y que la minoría servia pueda hablar su propio, el servio, y que esta diferenciación idiomática y nacional pueda mantenerse dentro del pleno respeto de las libertades políticas mutuas, culturales y religiosas, y la conservación de sus identidades nacionales.

 

 

OBSERVACIONES FINALES

 

Dentro del marco de una crítica en parte objetiva del régimen imperante en la RFS de Yugoslavia, el Memorandum de la Academia Servia de Ciencias y Artes formula —en la base a una serie de afirmaciones voluntariosas y a veces ilógicas y contradictorias— el programa nacional servio, cuya primera etapa comprende la reforma de la Constitución "confederativa" del año 1974. "Sin la modificación de esta Constitución —destacan los académicos servios— y del sistema político-económico construido sobre la base de la misma, no será posible resolver ningún problema esencial actual de nuestra sociedad, al igual que será imposible detener el presente proceso de desintegración y la caída en una crisis cada vez más profunda" (pág. 35). La conclusión que surge de esta premisa es, para ellos, el retorno al centralismo y unitarismo, definido como "federalismo democrático integral".

 

Los académicos servios fundamentan y justifican su punto de vista, su "visión", en tesis sobre la supuesta posición de inferioridad y discriminación del pueblo servio en las dos Yugoslavias, tesis que con sus inexactitudes patentes ponen en tela de juicio la seriedad misma de este documento.

 

Es inconcebible que los autores no estuvieran conscientes de la posición hegemónica de Servia en Yugoslavia, desde su creación hasta nuestros días. Es por ello que estas tesis nos conducen a una sola y posible conclusión, de que esta táctica aparentemente defensiva no es casual, que persigue un objetivo muy preciso: destacar que el grado de la posición dominante servia que hasta ahora se ha mantenido no satisface las aspiraciones del pueblo servio, y que los servios sienten esa posición como una frustración de sus "metas históricas". Esto constituye una admonición indirecta dirigida a los restantes pueblos de Yugoslavia y a los factores políticos internacionales, y para el pueblo servio —"dividido entre servios residentes en Servia y aquellos que viven fuera del territorio de la Servia propiamente dicha"—un llamamiento a que despierte y acometa su lucha por "una posición equitativa que Servia debe empeñarse en lograr". Constituye también una incitación al ajuste de cuentas con los croatas y eslovenos, pueblos que —según los académicos servios— llevaron a Servia a una posición de subordinación.

 

Los académicos servios reconocen que parece "como si a todos les interesara escapar cuando antes y más lejos de la casa que se derrumba". Ellos, empero, desean salvar a Yugoslavia a todo precio. Están en contra de Yugoslavia, solamente para el caso de que Servia no tuviese en aquélla una posición hegemónica. Al mismo tiempo, mientras afirman que la actual Yugoslavia ha adquirido la forma de una confederación, es decir que las repúblicas federativas ostentan un status de Estados soberanos, plantean una tesis ininteligible a primera vista, en el sentido de que "el pueblo servio no posee un Estado como lo tienen los restantes pueblos" (pág. 70). Esta tesis puede sin embargo entenderse solamente como expresión de una aspiración a la concreción en Yugoslavia de una posición hegemónica constitucionalmente garantiazda a favor de Servia, expresada en primer lugar —dentro de la misma República de Servia— a través de un importante cercenamiento o abolición Lisa y Llana de las autonomías provinciales de Kosovo y Voivodina, y en las restantes repúblicas mediante la eliminación de la limitada independencia administartiva existente, todo ello gracias a una modificación de la Constitución de 1974.

 

Un "Estado servio" así, pueden concretar los servios de manera mucho más fácil dentro de la comunidad estatal yugoslava, a la que ellos consideran, desde su misma constitución hasta nuestros días, como si fuera una Servia ampliada. Es por ello que los académicos exigen, decididamente, la revisión de la mentada "apreciación errónea" šobre la Yugoslavia monárquica, ya que ésta constituía la concreción del programa nacional gran-servio, ideal que aún persiguen con vehemencia.

 

A pesar de destacar insistentemente la "posición subordinada y la discriminación" en ambas Yugoslavias, paradójicamente se empeñan en forma tozuda en preservar esa creación estatal y además "reformarla". En un único lugar, al destacar que "Yugoslavia corre peligro de una ulterior descomposición", admiten la posibilidad de que "Servia en tal caso, por sí sola, determinaría su posición y definiría su propio interés nacional" (págs. 72 y 73).

 

No caben dudas de que un programa de "federalismo democrático integral" por el que aboga el Memorandum, significa en la jerga política el retorno al unitarismo legalmente instituido y a la hegemonía progresiva del pueblo servio sobre los restantes pueblos y minorías étnicas de Yugoslavia.

 

Al defender el unitarismo yugoslavo, los académicos servios se apoyan en la supuesta tendencia de la actual evolución en el mundo diciendo: "mientras en la sociedad civilizada contemporánea se potencian las funciones integradoras, en nuestro sistema politico se fortalecen las fuerzas desintegradoras, locales, regionales y el egoísmo nacional" (pág. 17).

 

Los autores del Memorandum asignan aquí, malintencionadamente y sin base científica, un carácter peyorativo al sentimiento nacional, el cual representa la determinante politica predominante de nuestro siglo, que se manifiesta en el derecho universalmente reconocido de autodeterminación de los pueblos y de ninguna manera en un egoísmo nacional regional. El reconocimiento de las individualidades nacionales, que caracteriza nuestro tiempo, de ningún modo se opone a las "funciones integradoras", que también representan una característica de nuestros días.

 

Este carácter integrador no se refleja en el unitarismo, sino más bien en una vinculación pluralista de un número cada vez mayor de Estados independientes, en un plano internacional (la ONU), al igual que en un plano de estímulos e interconexiones de actividades culturales, económicas y sociales varias, entre Estados soberanos, siempre con la premisa de respeto de su igualdad e independencia (UNESCO, CEE, EUREKA, etc., etc.).

 

La idea de autodeterminación e integración de pueblos europeos no es antagónica sino complementaria. Este hecho lo confirman las estadísticas acerca del constante incremento del número de Estados en los últimos 100 años: en 1871, después de la unificación de Alemania e Italia, había en Europa tan sólo 14 estados; en 1914 había 20; en 1924 eran 26, después de la Segunda Guerra Mundial este número creció a 33 Estados.

 

Esta tendencia generalizada, expresada en la concreción del derecho de los pueblos a la autodeterminación, no se reflejó solamente en Europa, sino también en todos los demás continentes. La ONU comenzó su existencia en el verano de 1945 con 51 Estados miembros, alcanzando en la actualidad a algo más de 170 Estados independientes adheridos, cuyo número, según previsiones de expertos, habrá de alcanzar para fines de este siglo algo más de 200.

 

Los autores del Memorandum frecuentemente hacen referencia a tendencias "históricas" y "antihistóricas", decisivas para la observación de las relaciones de los pueblos de la comunidad yugoslava. En contra de sus propias apreciaciones, ellos mismos se incluyen, con sus tesis, entre las fuerzas antihistóricas y retrógradas de Vuk y Garašanin, las cuales sí podían, hace un siglo, representar programas con perspectivas, al igual que en su tiempo lo hacían las ideas de romanticismo político de los croatas Gaj y Strossmayer.

 

Sin embargo, la evolución histórica, en especial en los últimos 65 años de convivencia en un Estado común, ha comprobado su irrealizabilidad: los croatas y eslovenos se han convencido de la inexistencia de un "pueblo fraterno compuesto de tres tribus" y han madurado en la cognición de su propia y auténtica identidad nacional, amenazada y carente de perspectiva de desarrollo dentro de la creación estatal de la primera y la segunda Yugoslavia.

 

Los servios han demostrado su incapacidad de vivir una coexistencia armónica con los demás pueblos de ambas Yugoslavias, al tiempo que ha quedado patente que no poseen poder ni capacidad política y organizadora para concretar el concebido poder colonial sobre esos pueblos, que en un comienzo estaban dispuestos a reconcer a los servios el rol del "primero entre los pares" en la conducción del Estado común.

 

Es significativo que aún hoy en día cierta parte de servios, juzgando por el Memorandum de la Academia Servia de Ciencias y Artes, no buscan las causas del fracaso de su programa nacional del último siglo en las apreciaciones históricas y políticas erróneas y en la carencia de suficientes fuerzas y precondiciones. Precisamente resulta incomprensible la ingenuidad con que los servios achacan aún ahora a los croatas la responsabilidad por el derrumbe de la primera Yugoslavia en una guerra de doce días en abril de 1941. Incluso los académicos, como pudimos verlo, cierran los ojos ante la realidad y encuentran las causas de los fracasos servios en los pueblos que los rodean, y no en sus ideólogos y malogros políticos.

 

Los autores del Memorandum adoptan una postura antihistórica, la de la conservación de Yugoslavia en contra de la voluntad de todos los demás pueblos: el croata, el esloveno, el albanés y parte del macedonio y montenegrino, quienes sobre la base de la evolución histórica y la experiencia adquirida, y por méritos de su autodeterminación y no por "leyes que llevan a la desunión" —como dicen los académicos—, maduraron en sus aspiraciones de separación de la comunidad yugoslava y de formación de propios Estados nacionales.

 

Este conflicto político y de ideas entre Servia y todos los demás pueblos y minorías étnicas conduce al pueblo servio a una posición de aislamiento e inferioridad real frente a los restantes pueblos de Yugoslavia, posición de la cual Servia puede encontrar salida únicamente a través del reconocimiento de sus derechos y aspiraciones de autodeterminación e independencia. Toda persistencia en la oposición a la voluntad de estos pueblos a través del actual poder político, o mediante su agudización en forma de una abierta nueva dictadura, sólo podrá demorar la concreción de estos anhelos —al precio de nuevos y más graves conflictos y adicionales víctimas y padecimientos recíprocos—, pero sin lograr erradidicarlos de la conciencia y voluntad de estos pueblos, al tiempo que tampoco permitirá duraderamente la hegemonía minoritaria servia sobre ellos.

 

Los académicos servios evalúan esta voluntad de autodeterminación de los pueblos de la comunidad estatal yugoslava como "manifestación de chauvinismo y servio-fobia en algunos ambientes"; destacan que este fenómeno "beneficia el resurgimiento y la manifestación cada vez más drástica de la sensibilidad nacional del pueblo servio y las reacciones que pueden resultar muy inflamables y peligrosas" (pág. 70),

 

Cabe preguntarse si esta advertencia representa una variante actualizada de aquella frase de amenaza proferida en el conocido artículo del periódico "La voz literaria servia" de 1902, "hasta la exterminación nuestra o vuestra".

 

Según hemos podido saber, el Memorandum ha excitado, por cierto, la "sensibilidad nacional" servia, que se vio reflejada en "reacciones inflamadas". En la reunión del comité de la Liga Socialista del Pueblo Trabajador de la ciudad de Belgrado, efectuada en enero de 1987, se comentó que el Memorandum había hallado eco en las inscripciones murales que casi a diario aparecían en las calles de Belgrado, como por ej.: "por un hermano servio, 100 croatas", o "Oh Servia, madre querida, nuevamente serás monarquia .

 

En su pretensión de justificar la postura granservia que sustenta, el Memorandum expone una serie de tesis que, no obstante su momentánea aprobación, creemos incitarán, sin embargo, a determinados cuestionamientos en los juicios de las actuales generaciones servias. Ante todo, la cuestión de la responsabilidad de los políticos servios que llevaron a su pueblo al punto en que todas las demás naciones de Yugoslavia, e incluso otras fuera de ella, lo consideran un pueblo "opresor", "unitarista", "centralista", "gendarme".

 

Aún aceptando incluso el parecer expuesto en el Memorandum en el sentido de que las mentadas apreciaciones fueran erróneas, podemos suponer justificadamente que por lo menos a las generaciones servias más jóvenes se les planteará, tarde o temprano, el siguiente interrogante: ¿cuáles son las causas objetivas y quiénes son los responsables de que el pueblo servio "lleva sobre sí, más de medio siglo, el sello y la carga de conciencia de que fue el carcelero de los demás pueblos yugoslavos?" (pág. 64), por cuanto la existencia de esta convicción en todos los pueblos no servios de la actual Yugoslavia reconocen los mismos autores del Memorandum.

 

En varias partes de su trabajo, destacan los académicos que "al pueblo servio se le ha impuesto el sentimiento de culpa histórica". Esta afirmación nos lleva a pensar que el pueblo servio tal vez ya comienza a sentir su responsabilidad histórica. Podemos suponer que este sentimiento, si bien actualmente aún vivido como "impuesto" y por ello conscientemente todavía no aceptado, conlleva empero un germen de duda en cuanto a la corrección y factibilidad de una política de hegemonismo a la que la indujeron sus líderes nacionales y políticos, por la cual se malquistó con todos los pueblos sobre los que ejerce su predominio.

 

El germen de esta duda podría generar la cognición de la realidad histórica, que ya adquirieron todos los demás pueblos de Yugoslavia, marcando un paso hacia una apreciación objetiva de las fuerzas y posibilidades reales del pueblo servio, apreciación que le revelará los valores auténticos de la identidad nacional propia, lo liberará del servicio de odiado gendarme en tierras ajenas, le. posibilitará en libertad, en su patria, desarrollar su lengua y su escritura, su cultura, su vida social, económica y nacional servias.

 

Un paso en dirección de esta objetiva cognición histórica posibilitaría el tan necesario diálogo entre "dos viejos pueblos distintos" (Mandić), y otros que actualmente con ellos conviven, el diálogo entre vecinos sobre una pacífica delimitación de fronteras.

 

El Memorandum de la ASCA representa una advertencia a los pueblos de Yugoslavia de que una parte importante de intelectuales servios aún abogan obstinadamente por la idea de una Gran Servia, y desean a toda costa realizarla dentro de una nueva Yugoslavia centralista bajo el disfraz del "federalismo integral".

 

Tenemos la esperanza, sin embargo, de que las nuevas generaciones servias comprenderán el anacronismo histórico y la imposibilidad de concreción de esta idea, por cuanto hoy en día la mayoría de los pueblos no servios de Yugoslavia rechaza la comunidad estatal yugoslava en cualquier forma que sea, muy en especial el pueblo croata, mediante su autodeterminación por la independencia estatal propia.

 

Mayo de 1987.

 

CONSEJO NtACIONAL CROATA

Dr. MATE MEŠTROVIĆ, Presidente del Comité Ejecutivo

Dr. RADOVAN LATKOVIČ, Presidente del Sabor (Asamblea)

 

PRINCIPALES FUENTES DE DONDE SE HAN EXTRAIDO DATOS

 

Rudolf Bićanić, Ekonomska podloga hrvatskog pitanja (La base económica de la cuestión croata), Editor Dr. Vladko Maćek, Zagreb 1938.

 

Franjo Tudjman, Nacionalno pitanje u suvremenoj Europi (La cuestión nacional en la Europa contemporánea). Edición de la Biblioteca de la Revista Croata, Barcelona, 1981.

 

Jere Jareb, Pola stoljeća hrvatske politike (Medio siglo de la política croata), Edición de la Biblioteca de la Revista Croata, Buenos Aires, 1960.

 

Ivan Babić, Jugoslavija? Za srbe? - Dal Za Hrvate? - Ne! (¿Yugoslavia? ¿Para los servios? - ¡Si!; ¿Para los croatas? - ¡No!), Revista Croata, 1977, vol. 49

 

Ivan Supek, Krivovjernik na ljevici (El hereje de la izquierda), B.C. Review Publications, Bristol, 1980.

 

Branko Pešelj, "Dogmatizam" hrvatskih komunista ("Dogmatismo" de los comunistas croatas), Revista Croata, vol. 49, 1986.

 

Studia Croatica, Croacia y la actual crisis de Yugoslavia, edición especial, Buenos Aires, 1972.

 

The Washington Post, 13 de diciembre de 1986.