En defensa de los derechos humanos
CRONICA DE TORTURAS Y VEJAMENES DE
DOBROSLAV PARAGA EN CÁRCELES YUGOSLAVAS DESDE 21-XI-80 A 21-XI-84
A pedido de nuestros lectores
reproducimos a continuación un resumen del artículo que el perseguido
estudiante croata publicó en un periódico esloveno Nova Revija
("Nueva Revista", N° 48-49, pp. 814-817). A través de dicha
publicación se enteró al menos una parte del público local en Yugoslavia acerca
de los maltratos que se dispensa en los establecimientos carcelarios yugoslavos
a Ios reclusos políticos sobre los cuales nos brinda un testimonio aterrador el
mencionado Páraga.
Esta circunstancia indujo a un
periodista del principal diario de Zagreb, Vjesnik, a admitir lo
siguiente: "En cuanto a los espeluznantes detalles descritos en la nota
publicada en la citada revista eslovena por el ex condenado D. Páraga, nos
parece que ninguna persona honrada podrá reaccionar sino con repugnancia e
indignación. Ello, sin embargo, tampoco justifica ceguera alguna por parte de
todos aquellos que se empeñan en aparecer como espíritus críticos de la
sociedad. Si un décimo de lo expuesto por Páraga fuese cierto y completo, ello
debería constituirse sin más en una señal de alarma v en motivo de una rápida inquisición,
que sólo debería concluir en una condena judicial de los culpables. Pero, si en
cambio todo esto no fuera cierto, ¿cómo podria evadirse de su responsabilidad
el que difundió tales mentiras?"
Ahora uno se pregunta qué es lo
aue ha pasado desde que esto fuera publicado el día 10-VII-86 por el citado
diario de Zagreb. Absolutamente nada. La policía sigue actuando como siempre.
Actualmente se está preparando en Zagreb un juicio a un grupo de jóvenes que
fueron, todos, físicamente maltratados en el transcurso de la investigación. Al
mismo tiempo, nos llega la noticia desde Mostar (Hercegovina) que allí en la
cárcel fue asesinado un joven croata durante la instrucción llevada a cabo en
relación con la investigación de la presunta actividad conspiradora de una
organización secreta.
A continuación se reproduce el
resumen de la nota publicada por D. Páraga en la citada revista eslovena:
Inmediatamente después de
arrestarme el día 21 de noviembre de 1980, fui recluido en una fría celda de
cemento (sin frazada alguna), para ser trasladado tres días después a un cuarto
mal aireado donde, -en plena oscuridad y sin probar bocado, pasé en cuclillas
todo el lunes (24-XI) y el- martes hasta el miércoles siguiente al mediodía.
Este cuarto sin luz alguna, es una de las celdas más infames del subsuelo del
calabozo del Juzgado de Instrucción (Petrinjska N° 12, Zagreb). Este cuarto se
emplea exclusivamente para castigar a los infrectores del orden interno, como
así también como excusado para los guardiacárceles. En el lapso entre el 21 y
el 26 de noviembre no he probado un solo bocado; evidentemente, querían
hambrearme sistemáticamente.
A causa de este procedimiento muy
pronto contraje inflamación de intestinos y gastritis. También rápidamente
aparecieron en mi tórax y espalda numerosas ampollas purulentas.
Además de ser objeto de continuas
amenazas por parte del Servicio de Seguridad del Estado, cuyos agentes me
sacaban del cuarto del Juzgado de Instrucción para conducirme, sin la presencia
de mi abogado y en contra de mi voluntad, por las calles de la ciudad de Zagreb
y a reiterados interrogatorios. A mediados de enero de 1981 un delincuente
recluido, de nombre Slobodan Novković, oriundo de Srbac - Banja Luka, de
repente y sin causa alguna se abalanzó sobre mí tumbándome un pesado banco de 6
metros de largo sobre mi pierna izquierda, con el resultado de haberme
fracturado el dedo gordo de dicha pierna y los huesos de la respectiva falange.
El peso que me aplicaron sobre esa pierna lo mantuve durante 45 días sin
atención médica alguna, de suerte que, luego de quitármelo, seguí rengueando
durante varios meses de mi estada en la prisión de instrucción y sufriendo
serios dolores durante todo el verano de 1981.
Luego de mi traslado al Hogar
Correccional Penal de Goli Otok (Isla Pelada) —a fines de 1981— fui nuevamente
objeto de continuas amenazas y horribles tormentos por parte de la
administración del Penal, encabezada por el director Anton Silić, el
director suplente Ivoš y el intendente Josip Lopac. En la división recepción
—de acuerdo con la opinión del jefe de dicha repartición, el farmacéutico
Askavica— me incluyeron en el peor grupo criminal de prisioneros. Me asignaron
al grupo de cesteros; en este lugar me encontré con recluidos psicópatas y
criminales de la peor calaña. Se trataba, en realidad, de una sección de
criminales verdaderamente peligrosos. tU tal informante Sanić les dijo en
una oportunidad a mis padres que el régimen aplicado a mi persona era el de
prisión severa y de visitas reducidas.
Aun antes de haberme curado
totalmente, me llevaron ante el director del Hogar Correccional Penal,
Silić, debido a que me había quejado por el hecho de haberme incluido en
el grupo donde constantemente era objeto de provocaciones y donde mi vida
pendía literalmente de un hilo. El director me dijo en tal oportunidad que me
iban a meter en la "jaula" del sub-suelo, donde iba a morir en la
oscuridad, del frío y hambre. "O cumplirás mis órdenes, o aquí dejarás tus
huesos", fueron sus palabras amenazadoras.
En tal oportunidad me castigaron
con diez días de reclusión en la celda del subsuelo, en penumbra y sin vidrios
en la ventanilla. Se trataba de una celda de reclusión solitaria, ubicada en la
infame sección N° 102, destinada a castigos disciplinarios, con aislamiento
completo.
El carcelero, de nombre Gregor,
que me había llevado al despacho del director, en oportunidad de llevarme de
regreso a mi sección, me propinó una tremenda paliza por la espalda, de suerte
que trastabillé y casi perdí el conocimiento. De esa golpiza me quedaron varias
marcas negras en la piel, que con el tiempo palidecieron, pero sus cicatrices
perduran aún.
En la citada celda húmeda de
cemento me arrojaron el día 30 de enero de 1982. Ella se halla cavada a 5
metros por debajo de la superficie del terreno sobre el cual está edificado el
edificio de la mencionada sección.
Desde la ventanilla de este cuarto
hasta la superficie del terreno se halla una escalerilla larga, algo más de dos
metros. La celda en que estuve recluido carece de luz, y la luz del día apenas
si llega a penetrar en ella. Los reclusos la bautizaron "La jaula",
por cuanto en ella no se pueden dar ni dos pasos; en el mejor de los casos, uno
puede quedar parado o sentarse en un ángulo o sobre el banco para dormir.
En tal oportunidad, los carceleros
me quitaron toda la ropa que pudiera protegerme del frío; me llevaron incluso
el calzado. Así desprotegido, prácticamente desnudo, me arrojaron detrás de una
pesada puerta de hierro para ver —como decían riéndose—, si aguantaba los diez
días de reclusión solitaria. La temperatura externa descendía esos días a 5
grados bajo cero, al tiempo que un viento huracanado soplaba con ráfagas que
alcanzaban los 200 km. por hora.
En estas condiciones rechacé
durante ocho días tomar alimentos, me parecía que nadie podría aguantar
semejantes sufrimientos, por lo cual anhelé una pronta y honrosa muerte. Los
pies se me hincharon a tal punto que el séptimo día no pude calzar mis zapatos
cuando los guardianes me llevaron. a unos dos kilómetros de distancia, donde me
estaba esperando mi padre que había venido a visitarme. Logré sólo parcialmente
introducir en ellos mis pies, sin poder atarlos. Me hallaba debilitado hasta
los últimos limites de mi resistencia, temblaba entero, las encías me
sangraban, sentía el soplo de la muerte.
El cuarto y el octavo día de mi
estada en dicha celda me torturaron físicamente. El médico del presidio, Dr.
Markovina, llegó con dos guardianes y algunos enfermeros ordenándoles me
sacaran de mi celda. El primer guardián me cogió de los cabellos y el otro de
la mano con toda brutalidad. Me colocaron sobre una mesa con respaldo. Me
ataron las manos por la espalda con una cadena de hierro. A continuación uno de
los guardianes me empuió hacia atrás la cabeza. mientras el otro me ordenaba
que abriera la boca colocándome entre los dientes un bastón policial. Ahí fue
cuando se acercó el médico para introducirme, por la faringe hacia el estómago,
un grueso tubo de goma. Lo hizo con tal violencia v sin compasión que más tarde
comencé a sangrar por la boca. Cuatro días después fui sometido nuevamente a
igual tortura.
Una vez cumplido el plazo de mi
aislamiento en dicha celda, no podía regresar entre los demás recluidos. por lo
cual me ubicaron en una celda de cemento. sin calefacción ni vidrios en la
ventanilla, que se hallaba por encima de las celdas solitarias del mismo edificio.
Allí me empujaron violentamente y sin justificación alguna. En ese lugar venían
a verme el director suplente, Ivoš, y el intendente del Hogar Correccional Penal,
Lopac, amenazándome ambos que elaborarían una nueva acusación contra mí nor
influir negativamente sobre el resto de los condenados. En tal oportunidad me
hicieron saber que la isla de Golf Otok era suficientemente amplia como para
albergar de por vida a delincuentes de mi laya.
Después de abandonar la celda
solitaria, me trasladaron a otra sección, el taller de barnizado, y formalmente
me permitieron la lectura de libros que me enviaban de casa. El oficial
encargado de dicho taller, a quien llamaban Aldok, me apremiaba con largas
horas de trabajo sin descanso alguno, señalándome que no lograba cubrir la
norma y que por ello me enviaría de nuevo a la celda solitaria. Cuando le
inquirí acerca de cuál era la norma que debía alcanzar diarimente, ya que de
otros reclusos había oído hablar de que ésta era inferior, a la que yo, con 8
horas de trabajo, lograba cumplir, me apostrofó con palabras irreproducibles,
llamando a los guardianes para que me llevaran a la celda solitaria.
Mientras tanto, todos los libros
que había recibido de casa, con el transcurso del tiempo, me fueron sustraídos
o destruidos.
En ese entonces me comentaban
algunos recluidos que asistían a clases de nivel primario y secundario que uno
de los maestros les señalaba, en horas de clase, que yo era un peligrosos
enemigo del Estado, cuyo padre era "nazi", y que la reeducación a que
ellos estaban sometidos en este establecimiento penitenciario seria considerada
y valorada según su conducta frente a mi. De esta manera se inculcaba en los
reclusos la sicosis de venganza hacia mi persona. Durante la proyección de
noticieros televisivos me proferían groseros denuestos y ofensas, como también
en toda oportunidad que se presentaba para injuriarme y calumniarme
públicamente. En este contexto, un recluso de apellido Reketti, múltiple
homicida y terrorista de calibre internacional, actuó mucho tiempo de mi
permanencia en este penal como agente provocador y soplón, informando
continuamente a las autoridades del penal sobre mi conducta, e incitándome a
intentar una fuga, para así poder eliminarme físicamente. En una oportunidad,
una circunstancia fortuita le impidió concretar su siniestro designio.
Física y síquicamente agotado como
me encontraba, pedí asistencia médica. El médico comprobó lo elevado de mi
presión sanguínea (20/12), que con el tiempo no daba otra señal sino la de
crecer. De allí me enviaron al hospital penal de Zagreb, división siquiatría. A
pesar de no haber mejorado sustancialmente mi estado de salud, fui enviado
nuevamente a Goli Otok, de donde, por mi deplorable estado, fui devuelto al
hospital de Zagreb, donde constataron que presentaba un cuadro de preinfarto,
con una presión de 24/15. De allí me enviaron finalmente al penal de Lepoglava,
donde me trataban continuamente con específicos para combatir la alta presión.
Ello no obstante, las autoridades del penal me aplicaron en cinco oportunidades
penas de permanencia en celda solitaria, a pesar de lo dispuesto en el respectivo
reglamentario que prohibe tal internación en el caso de enfermos graves. De la
celda solitaria tres veces me enviaron al hospital. A causa de torturas
síquicas y físicas, de los cuatro años de cárcel, en total pasé 271 días en
celdas solitarias de las distintas cárceles y hospitales. Desde que recuperé mi
libertad, sigo luchando con mi alta presión sin conseguir todavía normalizarla.
DOBROSLAV PARAGA