DECIMOTERCER CONGRESO DEL PARTIDO COMUNISTA YUGOSLAVO
La Liga de los Comunistas de Yugoslavia (LCY) invirtió enormes energías,
tiempo y recursos para realizar primero, conferencias locales del partido,
luego congresos de las Regiones y Repúblicas, culminando todo a fines de junio
con el congreso de cuatro días de la LCY reunido en Belgrado. El
propósito de toda esta actividad del partido fue agitar sus filas, sacarlas de
su sopor, conducirlas al debate acerca de cómo resolver las siempre crecientes
crisis política y económica de Yugoslavia, y movilizar su voluminosa, pero
mayormente pasiva masa de dos millones de afiliados —que supuestamente
constituyen la vanguardia de la clase trabajadora y mantiene el monopolio del
poder— para una fuerte, decisiva y unificada acción.
Pero, al correrse el telón, a medida que se realizaban los congresos
del partido en las seis repúblicas y las dos regiones autónomas, fue
evidenciándose claramente que toda la actividad del partido no funcionaba
correctamente, que las agrupaciones nacionales y territoriales competitivas y
profundamente enemigas no tenían el deseo y fueron incapaces de actuar en forma
unida para superar la crisis y que no se iban a encarar iniciativas realmente
nuevas.
Existe el acuerdo general de que la crisis, que sin pausa se ha incrementado desde la muerte del Presidente Tito en 1980, amenaza en
forma creciente la supervivencia del sistema político y económico, e incluso
ciertamente del mismo Estado yugoslavo. Los servios, ya sean los comunistas en
el poder o los de la oposición,
agrupados alrededor de la Academia Servia de Ciencia y Artes, atrincherados en la prensa de Belgrado y en otros lugares, sostiene que la creciente
debilidad de Yugoslavia y su inhabilidad para contener el aumento del caos y la
decadencia económica, se deben a la constitución cuasiconfederal de 1974, que
otorgó amplias atribuciones a Ios centros de poder de las repúblicas y las
regiones y debilitó excesivamente tanto a la república servia (fragmentándola
en tres partes: Servia propiamente dicha y dos regiones autónomas) como a
Belgrado como centro del Estado yugoslavo. Ellos han estado batiendo el parche a
favor de la "consolidación" de Servia y el refuerzo de la federación.
Los centros del partido de Croacia, Eslovenia, Bosnia, Voivodina y Kosovo rechazaron estas demandas servias e insistieron en "continuar con
el rumbo de Tito", lo que significa mantener el arreglo territorial
interno ya existente y continuar con el proceso de incremento gradual de la soberanía de
las repúblicas y regiones autónomas. Al mismo tiempo, tanto los servios que
buscan una mayor centralización como la coalición de "con-federalistas"
han emitido declaraciones de apoyo al "Programa de estabilización
económica a largo plazo", adoptado hace cuatro años por el decimosegundo
congreso de la LCY. El programa proponía una economía de mercado dentro del
socialismo, el cierre de industrias ineficientes o que trabajen a pérdida,
tasas de interés realistas que eleven el costo de los préstamos por encima de
la inflación y un dinar con tipo de cambio de flotación libre que haga
competitivos a los productos yugoslavos en el mercado mundial.
Pero, el programa de estabilización, en caso de ser
implementado, causaría un mayúsculo desorden en la economía yugoslava y requeriría, por ej., el
despido de alrededor de 1,5 millones de trabajadores de empresas no rentables,
lo que podría desatar una insurrección popular. Por lo tanto, solamente partes
del programa de estabilización, y de manera
incoherente, han sido puestas en práctica.
Los defensores del status quo claramente
llevaron la voz cantante en el décimotercer congreso del partido y los propulsores
servios de un mayor centralismo fueron blanco de reproches por parte de las
decepcionadas publicaciones Politika y NIN, de Belgrado
(junio 29), que advirtieron que este congreso ofrecía "probablemente la
última" oportunidad de hacer "lo que debió haber sido hecho con
anterioridad, para eliminar las consecuencias de errores previos"
(aludiendo a la constitución cuasiconfederal de 1974).
De la misma manera con que fue rechazada la
limitación del crecimiento de la independencia de las repúblicas y regiones
autónomas, fueron resistidos los pedidos de mayor cohesión dentro de la LCY.
"Es imposible", dice la resolución del partido adoptada en el
congreso, "promover y crear unidad sin la independencia adecuada" (de
las organizaciones del partido en las repúblicas y regiones). "La
independencia es un prerrequisito para unidad" (Politika, Junio 29).
Casi al mismo tiempo que la LCY confirmaba
ritualmente los lineamientos del "plan de estabilización económica a
largo plazo", el SIV (Consejo
Ejecutivo Federal) se preparaba a congelar los precios del 42 % de los
productos industriales por al menos cuatro
meses, lo que contradice la filosofía del plan de estabilización v la formación de precios de mercado, demandada por
el FMI como condición para la ayuda para la estabilización de la economía
yugoslava. Además, en los meses previos al congreso del partido se autorizaron
aumentos de sueldos por sobre los valores de la inflación galopante (que
alcanzó la tasa anual del 109 %) y las tasas reales de interés fueron mantenidas
por debajo de la tasa de inflación, todo lo que, al decir de la mayoría de los economistas yugoslavos,
se espera imprima un nuevo y poderoso impulso inflacionario.
Otra característica del recientemente concluido congreso de la LCY,
presagiada en las convenciones de las repúblicas y regiones, fue el surgimiento en las jerarquías superiores del partido
de líderes totalmente nuevos, extraídos de las empresas y de los comités
municipales y de los distrito del partido. Así, un burócrata del partido, prácticamente
desconocido, un tal Milenko Renovica, de Bosnia, 58, de nacionalidad servia, fue elegido presidente del Comité Central
de la LCY, y otro igualmente oscuro miembro del aparato del partido de Servia,
un tal Radiša Gačić, 48, resultó ser el nuevo Secretario del Comité
Central de la LCY.
Muchos de los mejor conocidos y afianzados lideres
del pasado o se retiraron voluntariamente (como fue el caso del croata Mika Špiljak), no fueron renominados, o fueron vencidos
(como, por ejemplo, Milutin Baltić, por largo tiempo servio de máximo
rango, nativo de Croacia). Muchos lideres de la guardia vieja que se
presentaron para la elección, como Radovan Vlajković, el recientemente
retirado Presidente de la presidencia colectiva de Yugoslavia, y el Presidente
saliente del Comité Central de la LCY, Vidoje Žarković, y Milka Planinc,
la ex primera ministra, pobremente siguieron en las elecciones del nuevo CC de
la LCY a desconocidos como Božidar Grubišić, Ahmed Hodjić, e incluso a un albanés llamado Taip
Taipi. Stipe Šuvar, el nuevo miembro de Croacia en la presidencia del partido
yugoslavo, obtuvo el menor número de votos, solamente 1391.
En efecto, pareció que cuanto más oscuro era el
candidato, y cuanto menos se sabía acerca de él, más votos obtuvo en el
decimotercer congreso. Otra tendencia pareció evidenciarse asimismo,
confirmando el ascenso de las repúblicas y sus organizaciones partidarias sobre
el centralismo del Estado yugoslavo y del partido. Muchos de los líderes más
populares y respetados, evitaron ser incluidos en el CC de la LCY, prefiriendo
mantener sus posiciones en la cúspide del partido o en el gobierno de sus
respectivas repúblicas, notablemente Ivan Stambolić, el nuevo primer ministro de Servia, y Franc Popit en Eslovenia.
Al fracasar en el intento de forzar una mayor
centralización y ascendencia servia a través del complicado y disgregado
aparato del partido y del decimotercer Congreso de la. LCY. los decepcionados servios, que siguen
advirtiendo acerca de la desintegración de Yugoslavia, parecen disponer de
solamente dos cursos de acción para revertir la tendencia predominante. Una es
movilizar las masas servias para la acción, lo que ya quisieron hacer
despertando pasiones acerca de la pérdida de Kosovo por parte de Servia. Ellos organizaron la pasada
primavera una manifestación de protesta en Belgrado de cientos de furiosos
servios de Kosovo y montenegrinos, lo que
el periodista esloveno Dejan Kovač criticó en el Dnevnik de Ljubljana como "nada más que la expresión
del unitarismo y nacionalismo servio-montenegrino" (Duga, Junio 24).
La otra
opción parece ser la instalación de un gobierno militar. La posibilidad fue
nuevamente presentada por el Prof. Mihaljo Markovic, el "disidente
democrático" servio (es decir, nacionalista) y fue rápidamente publicitada
por el Washington Post (junio 28). Pero,
permanece como una cuestión abierta si el liderazgo militar es capaz de mayor
unidad de acción que la máxima jerarquía yugoslava. Hay una preocupación
evidente entre los generales servios acerca de los efectos centrífugos del
nacionalismo no solamente en el país sino también en las filas militares. El
almirante Branko Mamula, Secretario de Defensa, condenó en un discurso del
Congreso propuestas (eslovenas) de crear fuerzas militares separadas en las
repúblicas. El prometió firmemente, sin embargo, que el ejército no intervendrá
"en las disputas entre las repúblicas y regiones", pero que tampoco
"renunciará a su derecho a participar, con otras fuerzas progresistas, en
la determinación del curso de la evolución del país". De acuerdo a Mamula,
los ataques contra las Fuerzas Armadas y la Guardia Popular han
sido obra de "enemigos internos" y centros hostiles externos que
buscan socavar la independencia de Yugoslavia y su integridad territorial (Politika, junio 29).
¡A pesar de los rayos y truenos, la tendencia del status quo claramente continúa!
Dr. MATTHEW MEŠTROVIĆ (CNC Report, No
13, agosto 1986)