BICENTENARIO
DE LA VISITA DEL GENERAL MIRANDA A CROACIA (1786-1986)
ZDRAVKO A. SANČEVIĆ y BORIS ŠIROKI, Caracas,
Venezuela
En uno de
sus viajes por el Viejo
Mundo, Miranda visita la República de Dubrovnik, entre el
1° y el 23 de abril de 1786, pequeño reducto y baluarte de la Croacia libre e
independiente del siglo XVIII. En el segundo tomo del Archivo del General
Miranda, Viajes y Diarios, está descrita detalladamente su estadía de 23
días en Croacia.[1]
Aun cuando
hay ciertos indicios de que ha habido contactos entre Venezuela y Croacia con
anterioridad a la visita de Miranda en 1786, este viaje de Miranda es el primer
lazo documentado entre las dos naciones. Por esto los venezolanos de origen croata
consideran el bicentenario de la visita de Miranda a Croacia también como
bicentenario de las relaciones entre las dos naciones.
En la
literatura publicada sobre los viajes de Miranda por el Viejo Continente, los
autores dedican mucha atención a su estadía en Holanda, Alemania, Austria,
Hungría, Turquía y Suecia, por tratarse de estados o imperios poderosos de
aquel tiempo. o a su estadía en Italia y Grecia por tratarse de cunas de las
civilizaciones clásicas griega y romana, aun cuando en aquel tiempo la primera
era un mosaico de pequeños estados mientras la segunda estaba bajo el dominio
de los turcos otomanos. Los insignes estudiosos de Miranda han considerado un
tanto extraña e inexplicable
la insistencia del Precursor en visitar la pequeña república
independiente croata de Dubrovnik
(Raguza)[2]
En sus
viajes Miranda revela multiplicidad de intereses: avidez por conocer
importantes monumentos ("iglesias, museos, conventos, bibliotecas,
colegios, fábricas y ruinas históricas"),[3]
así como costumbres de pueblos y naciones, ideas políticas, tipos de gobierno,
artes militares y "chichisveo de la vida social, que consiste en los
galanteos a las mujeres casadas".[4]
Podemos decir que el diario de Miranda, escrito durante los 23 días de su
estadía en la ciudad y alrededores de Dubrovnik, refleja todos estos intereses en
menor o mayor grado, pero uno en especial que es sin duda el que lo impulsó a
visitar la diminuta república independiente de Dubrovnik: su
estructura estatal y su organización republicana.
Describiendo
su viaje de Viena a Trieste, Miranda menciona en su conversación con el cónsul
de Inglaterra en Trieste, Nathaniel Green, el 9 de noviembre de 1785, su
interés en buscar una embarcación que lo llevará inmediatamente para Dubrovnik (Raguza).
Una embarcación acababa de partir y "...no havia ninguna pronta para el
parage donde lo solicitaba... lo que me hizo resolver de pasará Venecia á
buscarla; ó sino seguir primero el Viage de la Ytalia...".[5]
Al encontrarse el mismo día en Trieste con el capitán Simpson, un inglés
al servicio de los monarcas de Habsburgo, éste le dio "...varias noticias
relativas á la Grecia, ruinas del Palacio de Domiciniano, y Amphiteatro
de Spalatro en Dalmacia & c..." .[6]
Lo anterior demuestra claramente que la intención de Miranda era de
viajar primero a Croacia, Grecia y Turquía y de visitar a Italia en otra
ocasión. Simpson le
informa sobre el "Palacio de Domiciniano y Amphiteatro de Spalatro"
que están en su ruta a Dubrovnik.
La información suministrada no es enteramente correcta sobre estos dos
monumentos importantes de Croacia, ya que se trata obviamente de los muy bien
conservados monumentos romanos; Palacio del emperador Diocleciano en Split (Spalato/Spalatro)
y Anfiteatro
de Pula (Pola) en las costas de la península de Istria.
Al no
encontrar la comunicación conveniente y directa tampoco desde Venecia hacia la
costa croata, Grecia y Turquía, Miranda sigue su viaje por Italia: Bolonia, Verona, Viterbo, Mantua, Parma, Modena, Florencia,
Pisa, Livorno, Roma
y Nápoles. Cruza luego la bota italiana y los Apeninos llegando el 20 de marzo
de 1786 a Barletta en
la costa occidental del Mar Adriático. Aquí, una vez más, está
"...solicitando embarcación para pasár a Raguza" y descubre
"...que no la havia hasta el principio del mes próx. que partiría la Regia,
ó Correo, que lleva todo los meses las cartas de Nápoles, para
Raguza, y Constantinopla" .[7]
Después de
nueve días de espera, mal acomodado, critica esta parte de Italia, se entretiene
leyendo las obras del barón de Tott sobre los turcos y tártaros, y la de Guys sobre
Grecia. Logra embarcarse el 30 de marzo en una pequeña barca para cruzar el Mar
Adriático dirigiéndose a Dubrovnik.
El 1° de abril al anochecer divisa, "... las rocosas costas de
Dalmacia; que aridez por todas partes!... ".[8]
El
deseo de Miranda en salir de una vez de Trieste para Dubrovnik, dejando
el viaje por Italia para otra oportunidad, sus notas sobre el Palacio de
Diocleciano en Split y
el anfiteatro romano en Pula, luego su travesía del Mar Adriático en una
minúscula barca hasta las costas meridionales croatas de la República de Dubrovnik, demuestran
que tenía un interés especial en conocerla y muy particularmente a su antiguo
centro cultural, la capital de la pequeña república independiente: Dubrovnik. Seguramente
no le era desconocido el ejemplar ordenamiento del gobierno republicano de Dubrovnik, ya
que llevaba cartas de recomendación para el conde Toma Basiljević (Tomaso
Bassegli)[9].
Son
interesantes sus primeras impresiones al observar el paisaje cárstico de la
costa croata ("...que aridez por todas partes!...") y las lujosas
vestimentas de los habitantes croatas de las islas Eláfitas ("...que
escandalo verdaderamente el vér tanta mugér de oficiales de arar, y de simples
marineros con peinados, Polbos, Cofias, sintas, galones y quanto luxo es
posible de imaginarse en medio de la Pobreza, y la escazéz!... ".[10]
Aun cuando
Miranda no identificó la isla de las mujeres lujosamente vestidas, seguramente
debe haberse tratado de Šipan, Lopud o Koločep, islas ubicadas en la
cercanía de Dubrovnik, ya
que luego de asistir los tripulantes a la misa dominical, demoraron muy poco
tiempo para llegar a tierra firme. Es probable que la isla en cuestión haya
sido Lopud, que se encuentra a 14 km de Dubrovnik, cuyos habitantes se dedicaban a la
navegación y que posee un vistoso convento franciscano en el puerto. La crítica
de Miranda al mencionar las vestimentas de las isleñas que asistían a misa se
debe, probablemente, a sus actitudes clericales y al hecho de no poder
encontrar explicación lógica al contraste entre la aridez de paisaje rocoso
calcáreo del litoral y el bienestar de sus habitantes. Estos comentarios
que-darán ampliamente rectificados después de conocer más de cerca a los
croatas de Dubrovnik y
sus alrededores, expresándose de esta manera: "...viven con comodidad y
luxo en medio de estas rocas — véase aquí las ventajas de un gobierno
republicano. .. ".[11]
Después de
desembarcar, Miranda busca a Tomás Basiljević (Tomasso Basegli), un
aristócrata de ideas revolucionarias para quien llevaba una de las cartas de
recomendación. Aun cuando no lo encuentra por haber éste viajado a Viena, es
característico que en primer lugar desea verlo a él, porque Toma
Basiljević (1756-1806) "... es un erudito. Tomando como modelo a los
partidarios de la ilustración y los enciclopedistas franceses, itatianos
y alemanes, quería reformar la constitución de la República de Dubrovnik, para
permitir la continuación de su progreso económico y cultural y para que Dubrovnik se
convirtiera en el núcleo alrededor del cual, con la ayuda francesa, se formaría
una Croacia reunificada, una `República Ilírica' (véase el mapa de Croacia en
tiempos de la visita de Miranda). Varios manuscritos y obras publicadas de
Basiljević se encuentran en el Archivo de Estado de Dubrovnik y en la
Biblioteca Nacional Universitaria de Zagreb. Su obra máxima es `Plan de réforme
de la Constitution de
la République de Raguze".[12]
Miranda encuentra la República de Durobnik recuperada económicamente
desde la mitad del siglo XVII, después del gran terremoto que sufrió, y antes
de una nueva y difícil situación creada en 1797. Esta última fue consecuencia
de los cambios políticos ocurridos en la cuenca del Mar Adriático a raíz de la
conflagración bélica entre las potencias europeas. La República de Dubrovnik experimenta
un período de decadencia física de su aristocracia, que queda reducida a una
veintena de familias apenas. Esta nobleza seguía aferrada a la antigua
constitución republicana y vivía en gran parte de sus posesiones de tierras, de
los cargos gubernamentales y en menor grado del comercio y navegación. Los
cambios sociales se caracterizan por las conquistas cada vez más relevantes de
ciudadanos comunes en la vida económica de la república, llegando a dominar
casi en su totalidad el comercio marítimo. A pesar de su creciente poder
económico, esta clase social estaba contenta con su rol y no tenía aspiraciones
políticas, ni era partidaria de cambios en la administración republicana
aristocrática. La nobleza, sin embargo, al seguir extinguiéndose sus antiguas
estirpes, recurría periódicamente a la incorporación y asimilación en su seno
de las más distinguidas familias plebeyas. La dependencia de los nobles de sus
posesiones de tierras ejercía sin embargo presión sobre el campesinado, del
cual se exigía hasta 3 meses de su renta laboral anual.
La
vida cultural de la República de Dubrovnik en los tiempos de la visita de
Miranda era muy activa, pero estaba lejos de la cúspide de creatividad
literaria del siglo anterior (Ivan Gundulić, Ivan Bunić-Vučić, Junije
Palmotić). Dubrovnik
es la cuna de la literatura croata renacentista, de contrarreforma y barroca,
que florecieron en el litoral adriático, y por eso le dieron el nombre de
"Atenas Croata". El nuevo espíritu de la ilustración penetra y se
propaga en las vísperas de la Revolución Francesa, quedando afectada por las
nuevas ideas también la nobleza, como lo demuestra el caso de
Toma Basiljević. En estos tiempos se inician las luchas de fracción entre
los grupos de nobles ideológicamente antagónicos: entre los
"salamanqueses" y los "sorboneses", entre los Francezi (los
francófilos) y los Tudeski (los austrófilos) .8
De
lo anterior se desprende el por qué Miranda, como prócer y propulsor del nuevo
espíritu de los enciclopedistas franceses, trata de relacionarse con sus
coetáneos y correligionarios ideológicos como Toma Basiljević. Existe
además entre los dos un cierto paralelismo en sus ideas emancipadoras.
Mientras Miranda sueña y planifica la independencia de la América Hispana, Toma
Basiljević sueña y planifica una Croacia reunificada, para ese entonces
repartida en su gran parte entre Austria, Venezia y Turquía, eucourranaose
maependiente y libre tan sólo el minúsculo territorio de la República de
Dubrovnik.
La acogida y las atenciones que Miranda
recibió durante los veintitrés días que estuvo en Croacia, tanto por parte del
padre de Toma Basiljević, el conde Jakobica (Jacobo) Basiljević, como
por lo mejor de la nobleza de Dubrovnik: los Rojnić (Roini), los Ranjina
(Ragnina), los Sorkočević (Sorgo), los Natalić (Natali), los
Rastić (Resti), los Durdević (Georgi) y los Gučetić
(Gozze), conquistan a Miranda. Para él, Jakobica Basiljević era un
"hombre atentísimo... que me acogió con sumo agrado y procuró quanto lo
necesitara ... me tuvo spre. compa. hasta el mismo muelle [de despedida], con
la afección de un hijo propio".[13]
La esposa de Toma era para Miranda "sujeto amabilisimo". Tanto el
conde Miho Rojnić como Jakobica Basiljević lo acompañan enseñándole
los monumentos de Dubrovnik.
Miranda visita al senador conde Frano Ranjina, propietario del barco
con el cual Miranda siguió el viaje, cuya "generosidad y política ...me ofreció
toda [la nave] a mi disposición de una manera más obligante».[14]
En casa de los Sorkočević "...pasó la noche en compañía de
aquella familia y alguna otra nobleza del País en sociedad..."' y en la
bellísima casa de veraneo de los Sorkočević en Gruž le brindaron un
almuerzo los Rojnić.
El coronel
Pere Natalić
"...que fue en servicio de Russia me entretuvo con descripciones de
aquel País". Lo visita Kersto Bašić "... Consul de esta Republica que vá á Torea, y
me ofreció su Compa y cuantos servicios estuviesen en su poder ... bonisimo
hombre... ".[15]
Del 7 al 22 de abril, acosado con males de cabeza Miranda tuvo
"...ratos de alivio en compañía de amabilissima familia de Bassegli
[Basiljević], y de su hija la Contessina Gozze [Gučetić],
y de sus amigas Mada Resti [Rastić], Georgi (Durdević] & c
que formavan un sirculo bello y amable".[16]
A pesar de su notable anti-clericalismo, Miranda recibe del "buen guardian" del
convento franciscano invitación a tomar café y considera que el convento
y la iglesia de Jesuitas "su arquitectura, distribución. y Librería
indican el conosimiento, y el mejor gusto de aquella gente...".[17]
Todos
estos comentarios de Miranda favorables a los croatas que conoció durante su
visita al litoral adriático contrastan un tanto con las frecuentes críticas y
censuras expresadas, en ocasión de sus viajes por algunos otros países. En
Croacia, Miranda no dice ni una sola palabra de censura sobre las costumbres e
higiene y no menciona para nada el fanatismo religioso o la falta de
instrucción y cultura que siempre merecieron su máxima atención.
Miranda
visitó los monumentos arquitectónicos de Dubrovnik y sus alrededores: iglesias,
palacios, conventos, bibliotecas, acueducto, arsenal de naves mercantes en Gruž,
murallas y fortificaciones, Cavtat con las ruinas del antiguo Epidauro. De los
monjes Benedictinos consigue la información económica y política de la
república, concluyendo que "... esta república paga al gran señor[18]
cada tres años 28.000 pesos fs cuio tributo si se considera
como un equivalente a los privilegios que goza en los puertos turcos es mas
bien una Estipulación de comersio que otra cosa — el numero de sus
embarcaciones mercantes aún no llega á 200 y con todo eso viven con comodidad y
luxo en medio de estas rocas — Vease aquí las ventajas de un govierno
republicano. ..".[19]
Con estas conclusiones Miranda rinde tributo a la diminuta república
croata de Dubrovnik y
a su sistema de gobierno, aun cuando, probablemente, no estaba de acuerdo con todos
los aspectos de su régimen conservador y aristocrático. Miranda deja Dubrovnik satisfecho
y agradecido a sus anfitriones en esta pequeña república marítima, último
reducto de libertad y constitucionalidad, atrapado entre las grandes potencias
que dominan el resto de Croacia.
Para los
países de América Latina y en particular para Venezuela, esta visita de Miranda
a Dubrovnik puede
considerarse como el inicio de las relaciones con Croacia, para la fecha, ya
bicentenarias. Mientras que los sueños emancipadores de Miranda sobre la
independencia de los países hispanoamericanos empiezan a realizarse 25 años
después de su visita a Croacia, y son completados por los Libertadores Bolívar
y San Martín después del deceso de Miranda, para los croatas el camino de
independencia siguió siendo hasta hoy día tortuoso y lleno de obstáculos.
Napoleón
acabó en 1808 con los cinco siglos de independencia de la República de Dubrovnik instituyendo
las "Provincias Ilíricas" (1809-1814), que es el primer intento de reunificación
de Croacia después de su disgregación y repartición entre Turquía y Venecia en
los siglos XV y XVI. Alrededor de Ios restos el reino autónomo de Croacia
dentro de la monarquía de los Habsburgo, empieza en el siglo pasado la lenta
amalgama de las diferentes partes de Croacia. Hoy día el territorio étnico e
histórico de la nación croata está dividido entre las repúblicas socialistas
(autónomas) de Croacia y de Bosnia-Hercegovina dentro de la federación
sureslava. Croacia, sin embargo, no ha logrado todavía su independencia como la
logró Venezuela y la América Latina de Miranda, hace ya 175 años. Los esfuerzos
y los sacrificios de Miranda, luchador abnegado y persistente en pro de los
ideales de libertad, de los derechos del hombre y del derecho de
autodeterminación de los pueblos, siguen siendo ejemplo de inspiración para
todas las naciones que añoran la independencia.
Estos ideales y principios de Miranda son recordados por los
venezolanos de origen croata y por los croatas libres y democráticos esparcidos
por el mundo en el bicentenario de la visita de Miranda a Croacia. Son
recordados sus largos años de emigrante y desterrado y su texto de juramento
para los iniciados: "Luchar por la independencia con la vida y bienes;
no reconocer en América otro gobierno que aquel que sea elegido por la libre
voluntad de los pueblos, dentro del sistema republicano ... "
ALGUNAS
NOTAS SOBRE LA REPUBLICA DE DUBROVNIK QUE CONOCIO MIRANDA
Durante su
peregrinar por el Viejo Mundo, en las postrimerías del siglo XVIII, el entonces
coronel Francisco de Miranda mostró mucho interés por visitar la pequeña
República de Dubrovnik
(Ragusa), enclavada en la costa oriental del Mar Adriático.
Aparentemente,
lo que despertó en mayor grado su interés fue el sistema de gobierno de la
República de Ragusa y
su capacidad de mantenerse neutral e independiente durante siglos en medio de
continuas guerras y conflictos, y pese a estar rodeada de poderosos y
codiciosos vecinos. Si bien es cierto que en esa época había en Europa otros
estados, regidos por el sistema republicano de gobierno, tales como Suiza y las
repúblicas "marinaras" de Venezia y Génova, no cabe duda que la
República de Dubrovnik constituía
un caso peculiar, digno de atención y estudio por parte de un hombre como
Miranda.
La ciudad
de Dubrovnik fue
fundada en el año 614 por los sobrevivientes de la vecina ciudad romana de Epidaurus, que
había sido destruida por las hordas de Avaros y eslavos. En su nuevo
asentamiento los pobladores romanos e ilirios fueron asimilados paulatinamente
por los croatas, que a mediados del siglo VII había terminado de ocupar el
territorio actual de Croacia, de tal manera que para fines del siglo XIII en Dubrovnik ya no
quedaban vestigios de la población autóctona.
Primero
bajo la soberanía del Bizancio (hasta 1204) y luego bajo la soberanía ducal
veneciana (hasta 1358), Dubrovnik
se desarrolla gracias a la tesonera labor de sus hombres de mar,
constructores, artesanos y comerciantes, llegando a adquirir con el tiempo el
carácter de una potencia mercantil y marítima. Durante los siglos XVI y XVII su
esplendor alcanza el auge, siendo su flota mercante una de las más grandes del
Mediterráneo en esa época. A partir de 1358 la ciudad-estado de Dubrovnik elige a
sus príncipes y obispos sin intervención foránea, y su insignia blanca con la
efigie de San Blas. protector de la ciudad desde el año 972, se hace presente
en todos los puertos del mundo conocido hasta entonces. Sin embargo. Por la
evidente necesidad de lograr protección contra sus enemigos, entre los cuales
Venecia ocupa el primer lugar, Dubrovnik reconoce la soberanía, de carácter más bien
simbólico, de los reyes de Croacia y Hungría, por lo que a partir de 1358 su
territorio queda incorporado jurídicamente al Reino de y Dalmacia. Este lazo
permanecerá vigente en el tiempo y se extinguira, pero solo de facto, al ocupar
los turcos la mayor parte del territorio croata a consecuencia de su victorioso
avance y las batallas como la de Mohács (1526) en la que pierde la vida el rey
Luis II.
A partir de este momento.
la República de Dubrovnik
goza de independencia total. Acepta sólo ciertas injerencias
simbólicas del imperio otomano y paga al Sultán un tributo anual que es más
bien el precio de la paz y de la garantía de libre comercio y circulación de
ciudadanos "raguseos" por los dominios de Turquía. Este "modus
vivendi" con el poderoso vecino otomano, que nunca llegó a
amenazar seriamente la independencia del pequeño estado, permanecerá en vigor
por más de cuatro siglos, lo que permitirá a Dubrovnik establecer colonias
mercantiles y factorías en puertos y ciudades bajo dominio turco. tener allí
sus iglesias, así como representaciones consulares y diplomáticas. A pesar del
intenso comercio con Ios "infieles" musulmanes, la República de Dubrovnik siguió
comerciando con el mundo cristiano y ni siquiera las guerras, que la Santa Liga
(Austria, España, Venecia y el Papa) emprendió contra Turquía en la segunda
mitad del siglo XVI. impidieron que sus barcos mercantes siguieran surcando las
aguas a lo largo y ancho del Mar Mediterráneo.
La libertad y la paz, fruto
de la sabia conducción política de los gobernantes "raguseos",
trajeron la riqueza y prosperidad a la pequeña república de San Blas, y, tal
como nos enseña la historia, a la sombra de la abundancia florecieron las
artes. Favorecida por la estabilidad política, por la influencia de las letras
italianas, y en general por los frecuentes contactos de la nobleza
"ragusea" con las fuentes de inspiración del arte renacentista la
lengua vernácula tuvo un desarrollo extraordinario, convirtiéndose Dubrovnik en cuna de
la literatura croata. por lo que con razón recibió el nombre de "Atenas
croata". Artistas nativos y extranjeros, sobre todo italianos, dejaron en
la ciudad obras de arte valiosísimas, muchas de las cuales se perdieron a causa
del desvastador terremoto, y posterior incendio, que estremeció a la ciudad en
1667. Dubrovnik quedó
prácticamente en ruinas y más de la mitad de sus habitantes pereció bajo los
escombros.
No sólo
florecieron las artes en Dubrovnik.
También, junto con el excepcional desarrollo cultural, la ciudad fue
siendo dotada de obras públicas e instituciones civilizadoras, tales como el
sistema de cloacas (fines del siglo XIII), la cuarentena (1272), una de las
primeras que se estableció en Europa, los servicios médicos (1302), la farmacia
(1317), el asilo de ancianos (1347), el orfanato (1432) y el acueducto (1436). Esta
evidente preocupación por el bienestar de la ciudadanía no era más que el
reflejo del espíritu humanitario y respeto por la dignidad del hombre que
abrigaban. los aristócratas 'raguseos'. No debe extrañarnos, por lo
tanto, el hecho de que mucho antes del descubrimiento de América, la República
de Dubrovnik ya
había prohibido (Ley del año 1416) el comercio y transporte de esclavos, tanto
en su territorio corno en sus barcos, haciendo de esta forma honor a la leyenda
"Libertas" que adornaba su insignia.
En cuanto a las normas de gobierno, los "raguseos" las establecieron
en base a un profúndo conocimiento del hombre. Sabiendo que el poder corrompe a
los hombres, y que un poder ilimitado lleva a los hombres a una corrupción
total, trataron siempre de perfeccionar al máximo los mecanismos de vigilancia
y restricción del poder. No querian que ningún ciudadano hiciese méritos
suficientes como para que la República quedara en deuda con él, pero no
permitían tampoco que nadie le quedase debiendo. Asimismo no exigían a nadie
que hiciese más de lo que era su deber, pero tampoco eximían a nadie de cumplir
con el suyo propio. Gracias a esta filosofía, que sabios aristócratas supieron
aplicar con éxito durante siglos, ejerciendo las funciones públicas "con
precisión de un farmacéutico'' —según las palabras de un historiador, Dubrovnik nunca
conoció el terror de un tirano ni el fanatismo de los rebeldes, y su historia
carece de relatos sobre
héroes, traidores, mártires o prevaricadores. Respecto a esto, un
estudioso observa que "el estudio de la historia de Dubrovnik resulta aburrido
para los alumnos, porque los sucesos históricos allí relatados no están
relacionados con ningún personaje histórico importante", pero advierte que
"¡Pobre de aquel país, sobre todo si es pequefio, cuya historia no es
aburrida!". En Dubrovnik
perderiamos inútilmente el tiempo buscando monumentos, erigidos en
honor a gobernantes o políticos distinguidos. En toda la historia de la
República sólo un hombre mereció ese honor: Miho Pracat (1522-1607), insigne
marino y comerciante, ejemplo de perseverancia, de origen plebeyo, que dejó su
enorme fortuna a la ciudad y cuyo monumento fue colocado en el patio del
Palacio del Príncipe ("Kneževski dvor").
La ley
básica de la República de Ragusa data de 1272, año en que fue aprobada por una Asamblea
Popular. Se trata del Liber statutorum civitatis Ragusii, que consta de
ocho tomos y cuyo ejemplar más antiguo (del siglo XIV) se conserva en el
Archivo de la Ciudad. A partir de 1394 dejan de celebrarse las Asambleas
Populares, a las que acudía toda la ciudadanía, y se instaura un rígido orden
aristocrático. El Consejo Mayor ("Veliko vijeće"), que cuenta con más de
cien miembros, es el depositario de la Constitución ("Statut") y el
garante del régimen aristócrata, y por lo tanto legisla y elige a los demás
órganos y funcionarios más importantes de la República. El Consejo Menor
("Malo vijeće") ejerce las funciones de gobierno
propiamente dichas, pero es en el Senado ("Vijeće
umoljenih") donde se toman las decisiones de mayor
trascendencia. El Príncipe ("Knez") es el brazo ejecutivo de la
República, pero sólo por el período de un mes. Sabia medida, porque se trata de
un lapso demasiado corto para poder alcanzar la gloria, y a la vez no
suficientemente largo para poder cometer errores irreparables. Con el fin de
vigilar mejor y restringir aún más su poder, durante esos treinta días al Principe no le es
permitido abandonar sus aposentos, ubicados en el Palacio del Príncipe, donde
reside sin familiares ni allegados, y recibe únicamente informaciones atinentes
estrictamente a los asuntos del estado. De este amdo se evitaba la posibilidad
de que sus decisiones pudiesen ser influenciadas por intereses ajenos a los de
la República. Tal era el celo y la obsesión de que los intereses particulares
pudieran interferir con los del estado, que se había considerado oportuno
esculpir en la entrada de la Sala del Consejo, en el Palacio del Príncipe, la
siguiente exhortación en latín "Obliti privatorum publica curate" (Olvidando
los intereses particulares ¡cuidad de los asuntos del estado!).
La
delicada situación geopolítica de la República de Dubrovnik exigía no
sólo una política exterior atinada por parte del gobierno de la ciudad, sino
también un cuerpo de funcionarios debidamente instruidos y de gran ingenio
personal para poder llevar exitosamente a cabo esa política. Por este motivo
los diplomáticos 'raguseos' merecieron siempre la mayor atención de parte de
las autoridades máximas de la República. Al designar a un diplomático para una
determinada misión, se le convocaba con el fin de entregarle las instrucciones
pertinentes, pero en esa reunión él ni siquiera tenía derecho de palabra. Tenía
que limitarse a escuchar, y sus familiares o allegados, aún cuando fuesen
miembros del gobierno, no podían asistir a la reunión. Pese a la estricta
jerarquía establecida por el régimen aristocrático en la ciudad-estado, el
diplomático —escogido sin excepción entre los miembros de la nobleza— era
acompañado siempre por un plebeyo, que ejercía las funciones de
contable-tesorero, y al regreso de la misión tenía que rendir cuenta hasta el
último "perper" (unidad monetaria de Dubrovnik) gastado.
En materia
judicial había cierta igualdad porque, aún cuando todos los jueces eran
miembros de la nobleza, los plebeyos podían acudir a los tribunales en demanda
de justicia, y de hecho en muchas oportunidades les ganaban el pleito a los
aristócratas. No cabe duda que, de acuerdo a los parámetros de nuestros días,
el régimen de la República de Ragusa no era del todo justo y democrático, pero se puede
afirmar que era excepcional para esa época, sobre todo si se toma en
consideración el hecho que la pequeña República se encontraba rodeada por
regímenes caracterizados por la esclavitud y el fanatismo religioso, y donde
—en medio de incesantes guerras— reinaba la barbarie generalizada.
Han pasado
doscientos años desde aquel entonces y el pueblo croata aún gime bajo la
despiadada tiranía del opresor, añorando aquella LIBERTAD que uno de sus más
insignes poetas, Ivan Gundulić
(1589-1638), ensalzó durante la época dorada de su nativa Dubrovnik con estos
inmortales versos:
!Oh
libertad bella, querida y dulce!
la
esencia de todos los tesoros,
obsequio
eres del Supremo Dios,
fuente
única de toda nuestra gloria,
singular
adorno de esta Dubrava,
toda
la plata, todo el oro, las vidas humanas todas,
no
pueden ser recompensa
por
tu pulcrísima belleza!
LOS ANFITRIONES DE MIRANDA EN DUBROVNIK
MLADEN BEG, Caracas, Venezuela
Entre los
viajes de Miranda, ocupa un lugar destacado su visita a Dubruvnik (Ragusa), en aquel
entonces una república independiente en la costa oriental del Adriático.
Miranda,
espíritu lleno de nuevas ideas que se propagaban en la Europa de finales del
siglo XVIII, no podía dejar de visitar Dubrovnik, ciudad-estado famosa desde la Edad
Media, tanto por su opulencia e influencia comercial como por la forma en que
prosperaban en ellas las ideas liberales, pese al gran terremoto de 1667 que
señaló el comienzo de su declinación política y económica y pese también
a que su forma de gobierno era la de una república aristocrática.
No nos
debe extrañar, por lo tanto, que el Precursor haya encontrado espíritus afines
entre los miembros de las familias raguseas de los Basiljević (Bassegli),
Rojnić (Roini). Sorkočević (Sorgo), Ranjina (Ragnina), etc. Lo
realmente lamentable es que no haya podido encontrarse con Toma Basiljević
para quien traía la primera carta de presentación y que, sin duda, era la
persona más destacada en Dubrovnik
desde el punto de vista cultural en aquel tiempo.
Pero, veamos
de qué clase de persona se trataba. Toma Basiljević (1756-1806) provenía
de una antigua familia, de cuya ascendencia tenemos noticias a partir de 1314.
Sus antepasados se han destacado en todos los campos del quehacer humano, tanto
en Dubrovnik como
en el exterior. Se sabe que un antepasado suyo, de nombre Basilio, había salido
de Sevilla hacia el Perú en 1537, con una flota comercial, presumiblemente de
su propiedad. Toma se educó en el Collegium de Dubrovnik con el latinista A.
Perić, y posteriormente desempeñó diversas funciones públicas, tales como
Camarlengo y miembro del Consejo Mayor. Por recomendación del naturalista e
itineratista italiano A. Fortis,
estudió también derecho en Berna (Suiza) y Gottingen (Alemania),
y aprendió varios idiomas. Sin embargo, su mayor atención la dedicó a las
ciencias naturales y a las corrientes filosóficas de su tiempo.
Por ese
tiempo estableció contacto con el célebre físico Volta, el mineralogista polaco
G. Razoumowsky, M. Cesarotti, E. C. Turu, J. S. Ith, J. S. Wyttenbach, etc.,
quienes tuvieron influencia en su formación. Fue miembro de varias Sociedades
de Ciencias y viajó por Suiza, Italia, Alemania, Bohemia y Austria. Fue recibido por
Federico El Grande en Berlín y por el Emperador José II en Viena. En esta
última ciudad, el naturalista Ignacio Von Born lo introdujo en los círculos
josefinos, partidarios de las ideas del emperador austríaco. En Viena se casa
con la hija de Von
Born, precisamente en el tiempo en que Miranda visitaba Dubrovnik. Los
siguientes años los pasó entre Dubrovnik, Nápoles y Viena. Como partidario de la
Revolución Francesa, en la que el propio Miranda jugaría un papel destacado, se
muestra muy activo en la propagación de ideas liberales en Dubrovnik.
La última
actuación pública de Toma Basiljević fue en mayo de 1803 (falleció dos
meses después), cuando se entrevistó con el general francés Lauriston con el
fin de impedir la caída de la República de Dubrovnik, en lo que no tuvo éxito. Con la
"conquista" de la pequeña República, Napoleón dio término a la
ocupación de las regiones croatas, que no estaban bajo dominio turco,
constituyendo con ellas las Provincias Ilíricas y encargando de su gobierno al
célebre mariscal Marmont. En todo caso, la caída de Dubrovnik se debió a
la Paz de Presburgo, que Napoleón impuso al Imperio Austríaco después de la
batalla de Austerlitz. De
esta forma el Corso no sólo obtuvo el control del Mediterráneo oriental, sino
también de los "Confines Militares"; el principal distrito militar
del Imperio, pues de estas tierras croatas se reclutaban los mejores soldados
del ejército austríaco.
La mayor
parte de la obra de Basiljević quedó inédita. Primero, las guerras de
aquel tiempo impidieron la publicación de sus obras, y luego, el absolutismo
austríaco, al que se oponía precisamente Basiljević, hizo imposible su
edición. En esas obras y dentro del espíritu romántico de la época,
Basiljević aboga por los sectores populares, considerando, de acuerdo con
los fisiócratas, que los agricultores son los primeros ciudadanos de una
república. Además de Filles de Garderobe, Filies de Chambre, Discours sur
l'utilité publique, Des causes de la pauverté et de la
medicité dans notre
pays et des
moyens d'y remédier y Avantages pour la
France, dejó
inconclusa su obra más importante: Plan de Reforme de la Constitution de
la République de Ragusa.
Además de formular una constitución según el modelo
revolucionario francés, Basiljević plantea la creación de la República
de Iliria, que abarcaría la mayor parte de los territorios habitados por
croatas y cuyo centro sería precisamente Dubrovnik. Como producto típico del siglo de
las luces, Basiljević representa la avanzada de la ilustración en Europa
sudoriental, y fue sin duda eso lo que llamó la atención a Miranda.
Jacobica Basiljević,
padre de Toma, introduce a Miranda en los salones de su esposa Kata Apolonija
Sorkočević de Basiljević, de su hija Desa (Terezija, 1759-1804),
y de la condesa Sorkočević. ¿Cómo era la vida social en los
salones de las familias aristocráticas de Dubrovnik en aquella época? El más destacado
era el salón de la "Contessina Gozze", como Miranda llama
a Desa de Gučetić, esposa del conde Baldo. Ella era una mujer muy
culta y mantenía una intensa correspondencia con el sabio italiano Alberto Fortis. En los
archivos de las familias Basiljević y Bizzarro todavía se conservan 49
cartas de Fortis a
Desa, correspondientes al período 1780-1787, de las cuales 22 fueron
publicadas por Muljačić[20].
Sería interesante saber si Desa describe la visita de Miranda en alguna
de ellas.
Josip
Bersa, en su interesante obra sobre Dubrovnik[21]
describe
estos salones y las reuniones sociales de aquel tiempo. La recitación de
poesías y ejecución de obras teatrales, o la lectura de creaciones literarias
en croata, latín e italiano eran interrumpidas por discusiones, debates,
conversaciones, lecturas de epigramas o adivinanzas, repaso de acontecimientos
del día o juego de barajas.
Las
reuniones se efectuaban de noche en la "kamara od posjeda" (salón de
visitas), sin la cual no se podía concebir una casa culta de Dubrovnik. "Tenía
que ser atractivamente cómoda, apta para la conversación y diversión en la cual
—como si fuera un terreno neutral— convergían tan diferentes caracteres, puntos
de vista y principios. Un alto lukijenar (lucerna, alto candelabro de aceite)
con tres llamas, hecho de bronce amarillo —orgullo de toda ama de casa— reunía
alrededor de el los distinguidos visitantes."[22].
En la casa
de Desa la "kamara od posjeda" tenía muebles y decoraciones hechas
con exquisito gusto. El mismo Bersa describe así una "kamara"[23]:
"... su atractivo provenía de la nobleza de la forma y de
los materiales, escogidos con el más refinado gusto... para mencionar el salón
de Mara Matova Natalić. Las paredes eran cubiertas con el bellísimo
damasco rojo, en un rincón hacia la puerta principal se encontraba un gran
canapé, cuya madera era pintada en oro y blanco, mientras alrededor había un
gran número de poltronas cómodas que concordaban en su forma con el canapé;
unos grandes floreros de Sévres
se reflejaban en. los viejos espejos. En un ambiente
señorial como el descrito se preparaban todos los inviernos por lo menos dos
fiestas, a las cuales concurrían todos los ciudadanos que se distinguían por su
espíritu o linaje. Durante estas fiestas se abrían a la concurrencia también
otros locales ricamente amoblados. También se producían famosos 'cuadros vivos'
sobre un pequeño escenario. Por fin venía el baile."[24]
No sabemos
si Miranda asistió a alguna de estas fiestas, pero sí sabemos que se sentía a
gusto en los salones y reuniones de las señoras Basiljević,
Gučetić y Sorkočević.
Sirva la
presente reseña como homenaje, en ocasión del bicentenario de la visita
mirandina, tanto al Precursor como a aquellos hombres y mujeres que hicieron
agradable su estadía en Dubrovnik,
un faro de la cultura croata en el Mediterráneo.
LITERATURA
Y REFERENCIAS
referentes
a las
colaboraciones sobre Miranda
1. Crisanti, Angel, Indice
del Archivo
del Gral.
Miranda, Caracas, 1928.
2. Crisanti. Angel, Miranda y la
Emperatriz Catalina la Grande, Caracas, 1928.
3. Archivo
del General
Miranda, Viajes, Diaries, Tomo II, Editorial Sur-América, Caracas,
1929, págs. 7, 108-110.
4. Nucete Sardi, José,
Prólogo, Archivo del
General Miranda, Tomo I, Editorial Sur-América, Caracas, 1929.
5. Dávila,
Vicente, Introducción,
Torno II, Archivo del General Miranda, Viajes,
Diarios 1785-1787,
Editorial Sur-América, Caracas, 1929.
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hrvatske kulture (Mil años de cultura
croata), 14 ed.,
Zagreb. 1939; 2ª ed., Globus, Zagreb, 1980.
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Croata), vol. 1-5, HIBZ
(Instituto bibliográfico-editorial croata), Zagreb, 1910-1945.
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slike i prilike, 1800-1880 (Imágenes y vivencias de Dubrovnik, 1800-1880), Matica (Ateneo)
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40.
Rumazo González, Alfonso, Miranda El Precursor.
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[1] (•) Para mejor orientación de muchos de nuestros lectores consignamos los datos escuetos sobre Miranda, Francisco Antonio Gabriel, general, político y prócer venezolano, n. en Caracas el 9-6-1756 y m. en Cádiz 14-7-1816. Capitán de ejército, graduado en Espafia, tomó parte en la guerra de Independencia de la América del Norte. Fue bien visto en las sociedades y cortes europeas, sobre todo en San Petesburgo, donde Catalina II lo protegió en sus pretensiones de independizar a su patria. Participó en la Revolución Francesa y entró en servicio de la Francia republicana, y en 1792 y 1793 se distinguió en la guerra contra Prusia y en la ocupación de Bélgica. Acusado de conspiración se refugió en Inglaterra y pensando siempre en la emancipación política de la América española, daba instrucciones a Madariaga, O'Higgins, Caro y otros próceres sudamericanos. En Inglaterra y España estableció asociaciones que revestían las formas de logias masónicas y cuyo fin era la libertad de Hispanoamérica. Fue Miranda el primero que, en honor de Colón, llamó Colombia a las regiones que se liberaron en Costa Firme, y el primero que dio el grito de independencia sudamericana, el que preparó el 5 de Julio de 1811, día en que Venezuela declaró su independencia nacional. Miranda era muy instruido y hablaba 10 lenguas. En el Arco de Triunfo de Paris figura su nombre (Nota de la Redacción).
[2] Tanto Miranda como muchos autores del siglo XVIII usan la terminolog'a geográfica latinizada o italianizada al referirse a Croacia. Así Dalmacia en vez de Croacia Meridional, Ragusa o Raguza en vez de Dubrovnik, Spalato/Spalatro en vez de Split, Gravosa en vez de Gruž, Raguza Vequia en vez de Cavtat, etc. Estos últimos términos en el idioma croata han ido popularizándose internacionalmente a partir del Renacimiento Nacional Croata de los años treinta del siglo XIX.
[3] Dávila, Vicente, Introducción, Torno II, Archivo del General Miranda, Viajes, Diarios 1785-1787, Editorial Sur-América, Caracas, 1929.
[4] Dávila, Vicente, Introducción, Torno II, Archivo del General Miranda, Viajes, Diarios 1785-1787, Editorial Sur-América, Caracas, 1929.
[5] Archivo del General Miranda, Viajes, Diaries, Tomo II, Editorial Sur-América, Caracas, 1929, págs. 7, 108-110.
[6] Archivo del General Miranda, Viajes, Diaries, Tomo II, Editorial Sur-América, Caracas, 1929, págs. 7, 108-110.
[7] Archivo del General Miranda, Viajes, Diaries, Tomo II, Editorial Sur-América, Caracas, 1929, págs. 7, 108-110.
[8] Archivo del General Miranda, Viajes, Diaries, Tomo II, Editorial Sur-América, Caracas, 1929, págs. 7, 108-110.
[9] Al igual que con respecto a los términos geográficos, Miranda usa las formas latinizadas o italianizadas de los nombres y apellidos croatas, indicados entre paréntesis. Asi Tomasso y Jacob Bassegli (Toma y Jakobica Basiljević ), Michaele Roini (Miho Rojnić), Francesco di Ragnina (Frano Ranjina), Sorgo (Sorkoéević), Pietro Natali (Pere Natalić), Resti (Rastić), Georgi (Durdević), Baldassar de Gozze (Baldo Gučetić), Cristophoro Basich (Kersto Bašić) y Joseph Pilcovich (Jozo Pilković).
[10] Archivo del General Miranda, Viajes, Diaries, Tomo II, Editorial Sur-América, Caracas, 1929, págs. 7, 108-110.
[11] Archivo del General Miranda, Viajes, Diaries, Tomo II, Editorial Sur-América, Caracas, 1929, págs. 7, 108-110.
[12] Archivo del General Miranda, Viajes, Diaries, Tomo II, Editorial Sur-América, Caracas, 1929, págs. 7, 108-110.
[13] Archivo del General Miranda, Viajes, Diaries, Tomo II, Editorial Sur-América, Caracas, 1929, págs. 7, 108-110.
[14] Archivo del General Miranda, Viajes, Diaries, Tomo II, Editorial Sur-América, Caracas, 1929, págs. 7, 108-110.
[15] Archivo del General Miranda, Viajes, Diaries, Tomo II, Editorial Sur-América, Caracas, 1929, págs. 7, 108-110.
[16] Archivo del General Miranda, Viajes, Diaries, Tomo II, Editorial Sur-América, Caracas, 1929, págs. 7, 108-110.
[17] Archivo del General Miranda, Viajes, Diaries, Tomo II, Editorial Sur-América, Caracas, 1929, págs. 7, 108-110.
[18] (•) Sultán del Imperio Turco, Otomano
[19] Archivo del General Miranda, Viajes, Diaries, Tomo II, Editorial Sur-América, Caracas, 1929, págs. 7, 108-110.
[20] Muljačić, Žarko, Iz korespondencije Alberta Fortisa (De la Correspondencia de Alberto Fortis), Materiales para la historia literaria croata, Zagreb, 1952.
[21] Bersa, Josip, Dubrovačke slike i prilike, 1800-1880 (Imágenes y vivencias de Dubrovnik, 1800-1880), Matica (Ateneo) Croata, Zagreb, 1941.
[22] Bersa, Josip, Dubrovačke slike i prilike, 1800-1880 (Imágenes y vivencias de Dubrovnik, 1800-1880), Matica (Ateneo) Croata, Zagreb, 1941.
[23] Bersa, Josip, Dubrovačke slike i prilike, 1800-1880 (Imágenes y vivencias de Dubrovnik, 1800-1880), Matica (Ateneo) Croata, Zagreb, 1941.
[24] Bersa, Josip, Dubrovačke slike i prilike, 1800-1880 (Imágenes y vivencias de Dubrovnik, 1800-1880), Matica (Ateneo) Croata, Zagreb, 1941.