VIVIENTE PRESENCIA CROATA EN LAS LETRAS CHILENAS

 

ERNESTO LIVAČIĆ GAZZANO, Santiago, Chile

 

Es un hecho reconocido, cierto hasta la evidencia, el gran aporte de los descendientes croatas a la cultura en Chile, principalmente en la actividad literaria. Y los hechos evidentes, de suyo, no necesitan ser demostrados. Pero, cuando la comprobación llega por alguna vía, sobre todo si no se ha procurado expresamente lograr tal confirmación, resulta bienvenida en alto grado.

 

Así sucedió. en marzo de este año, con la Feria del Libro en el Estadio de la colectividad en Santiago de Chile. Domingo Mihovilović, su entusiasta promotor y organizador, imaginaba que concurrirían con sus libros unos treinta escritores chilenos de procedencia dálmata. ¡Se alcanzó a un centenar! Había novelas, poemarios, ensayos, obras dramáticas, tratados científicos, todo ello reunido en menos de un mes de preparación.

 

El público adquirió una notable cantidad de volúmenes y participó en diversos actos realizados en el marco de la Feria, entre ellos dos conferencias: una de quien escribe estas líneas, acerca de "Escritores magallánicos de origen dálmata", y otra del Director de la Academia Chilena de la Lengua y Premio Nacional de Literatura, Roque Esteban Scarpa, titulada "Algunos rasgos eslavos en mi obra poética". En la primera de ellas, se aludió a la "faz eslava" (expresión de Mateo Martinić) que, en los últimos sesenta años, ha adquirido la Literatura Magallánica, por la contribución de más de una cincuentena de inmigrantes y descendientes. Los nombres y la obra de Luka Bonačić-Dorić, Roque Esteban Scarpa, Desenka Vukasović, Mateo Martinić, Francisco Brzović, Nicolás Mihovilović y Eugenio Mimica (actual Presidente de la Sociedad de Escritores de Magallanes) merecieron particular comentario, ilustrado, en algunos casos, con la lectura de pasajes selectos de sus escritos.

 

Hay también una importante producción literaria de escritores de apellidos croatas en la zona norte de Chile (región de Antofagasta), sobre la cual es de esperar se presente una conferencia en una próxima Feria, ya que el amplio éxito de la primera ha dejado la motivación de organizar periódicamente análogos acontecimientos.

 

Los escritores perduran a través del mensaje y de la belleza de sus libros, aun después de que su estructura temporal ceda al paso del tiempo y a la visita de la muerte. Por eso, su presencia prosigue viva, aun cuando lleguen al término de sus días en esta tierra.

 

Queremos rendir homenaje a tres escritores fallecidos en estos meses, quienes concurrieron también con sus obras a la Feria que comentábamos.

 

Por los mismos días en que ésta se inauguraba, murió Pepita Turma, magallánica de nacimiento, cuya vida transcurrió principalmente en Valdivia y en Santiago. En su juventud escribió dos novelas y una decena de cuentos, para convertirse más tarde en una ensayista, en una cultora de la Literatura de ideas, a través de una estructura muy original: la de los "multidiálogos", en los que desarrollaba temas de permanente interés con apoyo en el pensamiento de filósofos y escritores de diferentes culturas y épocas. Demostraba, así, la anchura de su saber y la vastedad de sus inquietudes espirituales.

 

Autodidacta en su formación, se preocupó permanentemente de nutrir su espíritu y de promover el pensamiento. Promovió muchas actividades culturales, poniendo en todo lo que hacía una alta cuota de sinceridad y de responsabilidad.

 

En ese marco, no olvidó la difusión de los escritores de nuestra colectividad. En una antología que expresamente les dedicó, publicó cuentos de seis de ellos: Francisco Brzovié, Zlatko Brnčić, Simón Eterović, Antonio Skármeta, Domingo Tessier (Mihovilović) y ella misma.

 

En síntesis, marcó una honda huella, que ojalá otros prosigan.

 

En junio nos dejó Vicente Borić Crnašija, a quien la muerte visitó en Punta Arenas, ciudad a la que tan ligada estuvo su familia, desde la llegada de sus padres desde Europa. Entre sus hermanos estuvo don Vladimiro, el primer Obispo diocesano de la más austral ciudad del mundo.

 

Vicente fue un hombre múltiple y, en medio de todas sus actividades, principalmente un hombre bueno. Así lo destaca, muy merecidamente, la publicación "Male Novine" en el homenaje que le dedica en su número de julio de 1986.

 

Fue educador, dirigente deportivo (muchos años, Presidente del Club "Sokol") y animador de numerosas instituciones sociales y de bien público.

 

Como escritor, debutó con un libro a la notable edad de 77 años. Charlador ameno y chispeante, solía hacer gratas evocaciones de muchas de las ricas experiencias de su vida. Amigos a quienes nos deleitaba con sus relatos (Mateo Martinić, yo mismo) lo instamos reiteradamente a escribirlos. Tras larga resistencia, lo hizo, inicialmente como colaboración a los periódicos locales. Después fue más fácil dar el siguiente paso: su compilación en forma de libro, que apareció en 1984, con el título de "Puñado de recuerdos". con prólogo de Mateo Martinić y con generoso mecenazgo de Jorge Matetić.

 

Saludé oportunamente la calidad de su obra en dos comentarios que le dediqué en "La Prensa Austral". Esa calidad se apreciará aún mejor en la medida en que, con él, se va también una época sin cuyo conocimiento se haría imposible seguir la real trayectoria histórica del pueblo magallánico, cuyas costumbres y rasgos de comienzos de siglo deja delineados con particular acierto.

 

Un mes más tarde, partió a la eternidad Nicolás Mihovilović, también magallánico. Apenas unas semanas antes, la Academia Chilena de la Lengua lo había distinguido como su Miembro Correspondiente en la quinta Región, donde residió estos últimos años.

 

En el número 72-73 de Studia Croatica dediqué una amplia reseña a su labor narrativa, iniciada ya en la cincuentena de la vida, tras haber desempeñado actividades comerciales, societarias, deportivas y políticas (fue Gobernador de Tierra del Fuego entre 1946 y 1950).

 

Lo nuclear de su producción está constituido por una trilogía de novelas de ambiente magallánico: la que, en marco urbano, inmortaliza la acción del inmigrante dálmata; una segunda, ambientada en la pampa, cuyo protagonista es el ovejero; finalmente, la novela del mar, cuyos personajes son loberos, pobladores, pescadores, misioneros, aventureros, las mil razones para ser navegante.

 

Por cierto, cabe destacar entre ellas, muy señaladamente, la primera. Su elocuente título, "Desde lejos para siempre", refleja muy bien su sentido, no otro que el de simbolizar —tipificados en su propio padre— a los croatas venidos al sur de Chile, fundidos luego en abigarrado crisol con otros ancestros y, en definitiva, incorporados de modo indisoluble a la que ha pasado a ser su segunda Patria, donde se prolongan a través de ya varias generaciones. Reeditado, ha pasado a ser un libro clásico, y se anuncia su próxima traducción en Croacia, donde su lectura, ciertamente, arrancará en el silencio muchas lágrimas emotivas.

 

Más recientemente, Mihovilović había publicado "Estampas magallánicas. Cuatro hombres de ayer y de siempre", en homenaje a algunas de las altas cumbres que se destacan en la cordillera de forjadores del territorio austral chileno y su grandeza. Entre ellos, está el Obispo Borić, de quien traza un admirable retrato.

 

La prensa santiaguina, al dar cuenta de su fallecimiento, informó que Mihovilović había dejado inédita una novela intitulada "El retorno del Tehuelche". Sería un hermoso homenaje a su labor el darla a luz.

 

Las cenizas de Nicolás volvieron en agosto a su tierra natal. Los escritores magallánicos, en cortejo encabezado por su Presidente, recorrieron con el ánfora las principales calles de la ciudad de Punta Arenas, hasta dejar en el camposanto lo que de él quedó materialmente. Pero su presencia seguirá viviente porque, como dice uno de los personajes de su novela "En el último mar del mundo" —Juan, venido desde Brać—, "yo hice esta casa para vivir en ella".

 

Santiago, septiembre de 1986.