ESTEBAN POLAKOVIC: "Pensando
la nación"; GEL - Grano Editor Latinoamericano. Colección Temas, Buenos
Aires 1986, pp. 199.
Muchas veces hay confusión en la
aplicación de los vocablos nación, patria, pueblo, país, Estado. El mismo
vocablo utilizado para designar conceptos diferentes lleva a conclusiones
diferentes o erróneas. En el libro que -.comentamos, el Dr. Esteban Polakovic[1]
analiza esos conceptos y especialmente el concepto de la nación que profundiza
al máximo.
La nación es mucho más que el
Estado. Polakovic la define como "un ser sui generis, real, objetivo, que
existe a su modo y vive a su manera". Describiendo sus atributos dice que
"la nación es la lengua con la que se asimilan los primeros
conocimientos...; es psiqué colectiva con sus mitos, leyendas y refranes...; es
conciencia colectiva del valor nacional representado por el ser nacional frente
a su no-ser...; es presencia en nosotros de una fuerza supraindividual...; la
nación es patria e historia... Todo esto es la nación y algo más."
Hay naciones que tienen el Estado
nacional, pero hay naciones que no lograron realizarlo o lo perdieron. Hay
naciones incompletas, pues les faltan algunos atributos, y hay naciones muy
pequeñas que no pudieron desarrollarse o las que están en el proceso de
desaparición (esquimales, asirios, los servios lusicios).
La pregunta estriba si es posible
encontrar algún rasgo común a todas clases de naciones. El autor acepta
"como hipótesis de trabajo" la caracterización hecha por Renán, según
el cual "la nación es un alma, un espíritu, una familia espiritual".
Polaković agrega con razón que las naciones espiritualizan al hombre. Es
en su cultura donde hay que buscar la esencia de la nación, pues "el
surgimiento de la nación está íntimamente ligado al surgimiento de una cultura
nueva, o sea que la etnogénesis es al mismo tiempo culturogénesis".
Polakovic cita las palabras de
Juan Pablo II pronunciadas en UNESCO el 14 de junio de 1980: "La nación es
la gran comunidad de los hombres que están unidos por diversos vínculos, pero
sobre todo precisamente por la cultura. La nación existe por y para la cultura".
En esta ocasión también ha dicho que la nación polaca "ha conservado su
identidad y, pese a haber sido dividida y ocupada por extranjeros, ha
conservado su soberanía nacional, no porque se apoyara en los recursos de la
fuerza física, sino apoyándose exclusivamente en su cultura. Esta cultura
resultó tener un poder mayor que todas las otras fuerzas. Lo que digo aquí
respecto del derecho de la nación a fundamentar su cultura y su porvenir, no es
el eco de ningún nacionalismo, sino que se trata de un elemento estable de la
experiencia humana y de las perspectivas humanas del desarrollo del
hombre".
Hemos considerado útil transcribir
estas palabras, pues hoy asistimos, en muchos casos, a las tentativas del poder
político de la nación más fuerte dentro de un Estado multinacional de destruir
a la nación más débil atacando su cultura y tratando de descolarla de los
valores culturales que forman su ser nacional.
Hablando de los atributos de las
naciones, Polakovic menciona entre otros: país, lengua, religión, historia, cultura,
conciencia nacional y sentido de comunidad.
El país no es lo mismo que la
nación, un país es el territorio que ocupa una nación. Pero el territorio
nacional no concuerda necesariamente con las fronteras políticas, por ej. el
país de los curdos está dividido entre Turquia, Iran e Irak. Por otro lado, el
territorio es la base material imprescindible para la génesis de una nación. Un
grupo étnico debe ocupar un territorio en "forma continua, ininterrumpida
y firme" para que puede desarrollarse en una nación. Los gitanos nunca lo
tuvieron y por esto no hicieron el paso necesario que lleva de una tribu a una
nación.
Según Polakovic, el error de
confundir a la nación con el país la cometieron tanto Renán como Ortega y
Gasset. Como ejemplo de que la nación no es lo mismo que el país, Polakovic
menciona el Estado eslovaco o sea el país de los eslovacos que había
desaparecido en el siglo IX por las conquistas húngaras, pero por ello la
nación eslovaca no se ha extinguido.
Hablando de la lengua, Polakovic
recalca la importancia de la misma en la formación y la vida de una nación, en
la creación de su cultura y para diferenciarla de otras naciones, pero constata
que la lengua no es factor esencial. Si no fuera así, dice, cómo habría que
entender el caso de dos naciones con la misma lengua. "Así, los croatas y
los servios usan casi la misma lengua hablada; unos la llaman el croata y los
otros el servio. Sin embargo, son dos naciones distintas, auténticas y maduras.
Sobre su carácter de nación no hay duda que valga".
Cabe aclarar aquí que desde el
punto de vista lingüistico, no obstante muchas semejanzas morfológicas,
semánticas, fonéticas y etimológicas, el croata y el servio son dos idiomas
diferentes por su espíritu y la sintaxis. Por lo tanto, no corresponde bajo
ningún concepto el nombre compuesto: servio-croata o croata-servio, como
oficialmente se los conmino en la Yugoslavia monárquica y tratan de imponerlo
en la Yugoslavia comunista actual. Es sabido que, despojándola de su idioma,
una nación está por desaparecer. Por eso se debe considerar un genocidio
cultural la imposición por fuerza del idioma de la nación más fuerte a la
nación más débil.
La nación no debe confundirse con
el Estado, pues la nación no es Estado. Y esto vale también para el Estado
nacional. La nación puede existir aún sin tener su Estado, por ej. la nación
judía, antes de constituirse el Estado de Israel. Tampoco la nación deja de
existir al perder su Estado nacional, como lo vemos en cl caso de la nación
polaca: el Estado nacional polaco desapareció en el siglo XVIII, pero no la
nación polaca que 150 años más tarde restablece su Estado nacional. Sin
embargo, el Estado reviste una importancia notable para la vida y el desarrollo
de una nación. Polakovic cita al historiador alemán Johannes Haller quien en el
siglo pasado escribió: "Para cualquier pueblo y en cualquier época
constituye una desgracia el hallarse unido dentro de un mismo Estado, con otro
más grande y más fuerte. La libre evolución de su modalidad innata será
dificultada en el mejor de los casos, impedida por lo común Y tal vez
extinguida por completo".
Lo saben por experiencia propia
todos aquellos cuya nación no ha conseguido formar su Estado nacional o lo ha
perdido. Polakovic también debe haberlo sentido en su propia carne y haber
vivido el dramático momento de la liberación nacional, pues dice: "Un día
de estremecimiento así existe en la vida de todas las naciones que llegaron al
sueños de siglos: su independencia". La profundidad de esta vivencia se
capta fácilmente si con Polakovic comprendemos que "el Estado es
imprescindible para el ejercicio de la libertad creadora de su propia
espiritualidad, que es el alfa y omega de la razón de existencia de las
naciones".
En cuanto a la religión como uno
de los atributos de la nación, Polakovic subraya su importancia en la formación
de la nación. Pero no hay que confundir lo religioso con lo nacional, error que
se hizo cuando se creó el Estado musulmán de Pakistán. Se argumentaba que en la
India existía una nación musulmana. Pero más tarde se vio que la misma religión
no era factor aglutinante suficiente entre las etnias diferentes. Y por esto se
constituyó Bangladesh, separándose de Pakistán. Polakovic no ha omitido de
mencionar el rol de la Iglesia en la etnogénesis y la maduración de muchas
naciones por lo que se la llamó "madre de las naciones".
Cuando hablamos de la historia de
las naciones hay que discernir entre la historia política y la historia íntima
de la nación. La primera es la historia de la sociedad histórica del Estado,
mientras que la segunda "consiste en la historia de sus almas, de su
devenir y crecimiento como comunidades étnicas hacia su personalidad distinta".
Es posible que haya historia íntima sin historia política (los eslovacos y los
húngaros convivieron juntos durante mil años teniendo así la historia política
conjunta, pero cada una de estas dos naciones tenía su hintoria íntima nacional
distinta). Ahora bien, cuando la nación tiene su propio Estado, entonces su
historia política y su histoia íntima nacional se compenetran.
La conciencia nacional se
desarrolla con la intensificación del sentido de comunidad. La comunidad
nacional es anterior a la conciencia nacional. El sentido de comunidad se
manifiesta en actos y sin éstos la conciencia nacional se transforma en
palabras vacías. "Como la fe sin acción está muerta, también la conciencia
nacional sin un sentido de comunidad vigoroso y activo no tiene valor para el
ser nacional".
El concepto de la patria mereció
también un profundo análisis en este libro de Polakovic tan lleno de agudas
observaciones, resultado tanto de razonamiento objetivo quanto de vivencias
íntimas. ¡Cuántas añoranzas sufre aquel que está lejos de su patria! Y cuando
el volver al país se torna imposible, el sufrimiento se hace casi insoportable.
Lo testimonian ya en tragedias griegas. Polakovic menciona a Euripides quien en
Las Fenicias hace decir a Polínice, desterrado de Tebas por su hermano:
`"Hay una ley tremenda para todo mortal: amará a su tierra patria". Y
cuando la madre le pregunta: "Qué se siente al estar privado de la patria?
¿Dolor grande acaso?", Polínice contesta: "El mayor. Siempre será menor
la palabra que el hecho mismo; Esta nostalgia es acompañada por el sentimiento,
de soledad étnica. Refiriéndose a esta angustia y desgarramiento del emigrante,
Polakovic menciona también la nostalgia y la soledad étnica de los emigrantes
croatas, que el escritor eslovaco Martín Kukučin describió con tanta
comprensión y compasión en su libro La madre llama[2]
.
Polakovic distingue tres tipos de
patria: la patria nacional, la patria política y la patria como lugar de
nacimiento, niñez y juventud. Como la nación y la patria son dos "valores
separados", puede haber conflicto en cuanto a la supremacía de uno de
ellos. De ahí la diferente lealtad exigida y diferente evaluación moral en
casos de traición a la patria. Así los japoneses que tienen la ciudadanía de
EE.UU., pero se sienten parte de la nación japonesa, tuvieron que resolver el
conflicto entre la lealtad para con su nación y la lealtad para con su patria
que son Ios EE.UU. No se da, por otro lado, tal conflicto si uno lucha contra
el ocupador del país de uno. En este caso no se puede hablar de la traición a
la patria sino de una actividad antiestal y liberadora.
Polakovic comparte la opinión de
aquellos autores que consideran que los sujetos del derecho internacional son
las naciones Y no los Estados. Por eso hay que desarrollar la nacionologia.
Hablando de los derechos de las naciones menciona entre otros el derecho a la
soberanía, a la autonomía política y al Estado. Bajo el concepto soberanía no
debe entenderse solamente la soberanía política. Hay también una soberanía
"fundamental", que resaltó Juan Pablo II en la UNESCO cuando dijo:
"No hay en el mapa de Europa y del mundo, naciones que tienen una
maravillosa soberanía histórica proveniente de su cultura y que, sin embargo,
se ven privadas de su plena soberanía?", y continuó: "¡Protéjanla
como a la niña de sus ojos para el futuro de la gran familia humana! ¡No
permitan que esta soberanía fundamental se convierta en presa de cualquier
interés político o económico!". Polakovic tiene mucha razón al subrayar la
importancia de este concepto de Juan Pablo II, en que el derecho a la soberanía
es deducido de la cultura, elemento primordial y constitutivo de una nación.
En cuanto al derecho a la
autonomía política, es posible ejercerlo —aunque con ciertas limitaciones—en
las federaciones. Se supone que las naciones adoptaron voluntariamente esta
forma de convivencia estatal, y cuando no les conviene se separarán. Pero
sabemos que esto no es tan fácil como parece en teoría. Según alega Polakovic,
Ios eslovacos quieren separarse de los checos "por fraudes de carácter
político, cultural y económico". Sin embargo, vemos que no es posible
concretar esta separación, por lo menos por ahora.
Se sabe que los que luchan por el
reconocimiento de su nación, por su libertad e independencia estatal están
tildados muy a menudo de "nacionalistas", queriéndoles de esta manera
marcar con el signo de intolerancia y fanatismo que a veces culminan hasta en
las prácticas criminales. Por ello hace bien el autor al llamar la atención al
hecho de que el vocablo "nacionalismo" se utiliza tanto para expresar
el sentido nacional noble y natural como para exagerarlo y deformarlo. Mas no
cabe confundir lo nacional con el "nacionalismo" como doctrina
política.
A lo largo del libro quedó bien
subrayada la importancia de la nación para el individuo. Pero es en el último
capítulo "Lo nacional entre lo humano y lo divino", donde resalta el
noble y profundo pensamiento del autor. Nos habla de la "unidad en la
intimidad" sin lo cual no hay nación. Es que "en la intimidad
nacional se atesoran valores" culturales. Y constatando que es en los
valores espirituales realizados donde hay que buscar la verdad sobre el destino
de una nación, se pregunta por qué será así, y contesta: "Porque en la
espiritualidad, acumulada en nuestra intimidad nacional, estamos intuyendo la
presencia de Aquel por cuyo poder surgimos como una nación". Profundizando
todavia mas concluye que "el sentir la nacionalidad es un acto de amor
puro". Nuestro amor a la nación en la que tenemos hundidas nuestras raíces
"es parte de un Amor universal y de nuestro ser". Este amor ha de ser
el "vehículo de aproximación a Dios" y no un motivo para alejarnos de
El, como sucedería si este amor fuera deformado en un "nacionalismo
Malsano".
El libro del Dr. Esteban
Polaković constituye un aporte valiosísimo al conocimiento de ese ser
enigmático que es la nación, y sería muy importante que lo lean especialmente
aquellos que tratan los problemas relacionados con el fenómeno de lo nacional.
Aunque no todos compartirán sus pensamientos Y especialmente quienes pregonan
la visión materia-lista del mundo, creemos que eso no hace menos válido el muy
acertado juicio de Ernesto Sábato cuando sub-raya: "Nadie como este
humanista eslovaco ha esclarecido tan clara y apasionadamente el concepto de
nación".
BOŽIDAR LATKOVIĆ