¿HACIA DONDE NAVEGA YUGOSLAVIA?
Las ediciones de mayo del READER'S
DIGEST para países de habla germana e inglesa, contienen bajo el título del
epígrafe, una aguda crítica de la actualidad yugoslava, país del cual se afirma
en la introducción que "con su economía destrozada se está ahogando en una
profunda crisis". Desde la publicación de un análisis crítico escrito por
Bogdan Radica en la posguerra inmediata, esta es la segunda vez que el más
difundido magazine internacional publica un artículo tan ilustrativo y crítico
sobre las consecuencias de los errores yugoslavos. Del mismo transcribimos
algunos pasajes:
...Yugoslavia se halla en un
trance peligroso por su descalabro económico, por sus nacionalidades
enfrentadas, la revitalización de la religiosidad, un sentimiento de desilusión
cada vez más extendido y las críticas al régimen.
El gobierno se halla en manos de
funcionarios que no gobiernan; la industria se halla dirigida por gerentes que
nada saben de dirección, mientras los administradores contratan trabajadores
que no desean trabajar. Es un estado desquiciado y una sociedad fragmentada.
Pero todo esto tiene, al menos parcialmente, una explicación geográfica y un
trasfondo histórico... La tierra de los eslavos del sur (yugoeslavos) jamás,
antes de 1918, existió como una unidad. Fue en ese año cuando el rey servio y
algunos idealistas eslavos unieron las partes en una tambaleante unidad que
jamás logró convertirse en un estado realmente integrado...
Según la concepción de Tito, en
esta alianza debió cada comunidad étnica conservar su idiosincracia e
identidad. Al no lograrse ésto, no se pudo dar a la nación un sentimiento
permanente de unidad y cooperación. Frecuentemente se ha di-cho que Tito era el
único yugoslavo propiamente dicho. El prestigioso sociólogo servio Svetozar
Stojanović expresa "Desde la muerte de Tito se habla permanentemente
de reformas, pero nada esencial se hizo hasta fecha. Estamos crucificados por
las reformas de una parte y las contrarreformas por la otra, mientras el tiempo
se nos escapa de las manos".
La disyuntiva que enfrenta
Yugoslavia es esencial: debe modernizar su economía y su hacienda, además de
llevar a cabo reformas democráticas o, en caso contrario, exponerse a los
peligros del caos económico y a una dependencia cada vez mayor y violenta. Es
de gran trascendencia e importancia para el futuro de Occidente la actitud que
asuma Yugoslavia ante estas dificultades. La quiebra de un país que durante
tres decenios sirvió como estado-tapón entre el pacto de Varsovia y la NATO,
sacudirá indudablemente el equilibrio político europeo, y muy probablemente
fuerce a la dirigencia comunista yugoslava a regresar nuevamente al abrazo con
Moscú.
La producción deficiente y la
indiferencia alcanzaron proporciones alarmantes. A juzgar por los cálculos
occidentales, la cuarta parte de los 6,5 millones de empleados estatales está
demás. Cada día 700.000 trabajadores faltan a sus tareas por
"enfermedad", mientras otros 600.000 se hallan en uso de alguna
licencia. Aquéllos que concurren, en realidad sólo trabajan 3.30 hs. de
promedio por jornada. La productividad decayó tanto que, a pesar de las
modernas maquinarias instaladas, un vagón ferroviario que requería 1.000
horas-hombre en 1970. hov insume 1.500 horas para su fabricación.
La incapacidad administrativa se
nota dondequiera se mire: así por ej. la mitad de la deuda interna (en
dinares), y más de 400 millones de dólares fueron invertidos en una inútil
fundición de ferro-níquel; en Bosnia se evaporaron 2,3 billoneš de dinares en
la construcción de un complejo para la industrialización de la papa... donde
jamás se cosechó ese tubérculo; así también en las cercanías de la frontera con
BuIgaria, se levantó una enorme planta para la elaboración industrial de
ladrillos, con máquinas que no pudieron utilizar la arcilla y arena locales...
"Nosotros hemos construido nuestra
economía siguiendo el modelo soviético", afirma Alexander Bajt, director
del Instituto de Investigaciones Económicas de Ljubljana, capital de Eslovenia,
y continúa: "Pero lo que necesitamos realmente es una verdadera economía
de mercado".
Otros, como Uroš Mahkovec,
redactor en jefe del periódico juvenil esloveno Mladina, exijen en forma
perentoria más democracia: "Uno de nuestros objetivos principales consiste
en evitar que los dogmáticos fuercen a Yugoslavia a integrarse al bloque
oriental. Nosotros postulamos el pluralismo político y las elecciones. Nosotros
deseamos la liberalización".
Contrariando a estas
manifestaciones de maduración recrudece la presión de los adictos a la política
de "mano dura". En Yugoslavia existen en estos momentos alrededor de
1.000 presos políticos. La severidad y extensión de las penas son disimiles: en
los territorios más conservadores se dictan las condenas más severas de toda la
Europa Oriental.
Así por ej. en 1981, Dobroslav
Paraga, estudiante croata de teología, fue condenado en Zagreb a tres años de
prisión por haber recolectado firmas en una solicitud de amnistía para presos
políticos. Apelada la sentencia, esta le fue elevada a cinco años. En enero de
1984 el sociólogo Vojislav Šešelj fue condenado en Sarajevo a ocho años de
prisión, acusado de "intentar destruir el orden social", a pesar de
que nada de eso se pudo constatar durante el juicio. Entretanto, la mencionada
condena fue limitada a sólo 22 meses por otro tribunal superior. En Bosnia, en
mayo de 1985, un franciscano croata fue condenado a 40 días de cárcel acusado
de "ensuciar la memoria de Tito" durante una confesión.
A pesar de tener conciencia de las
necesidades de cambio, el gobierno yugoslavo no se halla en condiciones para
llevar a cabo las reformas más imprescindibles. Los diplomáticos acreditados en
Belgrado frecuentemente advierten a Occidente de que es preciso estar atento
para que no se quiebre el equilibrio de la extremadamente inestable situación
yugoslava. De todas formas, en Yugoslavia reina ya el caos y el cambio es
inevitable. La única duda subsistente es saber si el cambio conduce a una
dictadura más férrea aún, "auxiliada" por los préstamos occidentales,
o si la situación desembocará en la formación de una sociedad más liberal.
Muchos yugoslavos están
convencidos de que si en Yugoslavia el estado atenuara los controles, y se
fortaleciera la iniciativa privada, las reformas económicas inevitablemente
generarían también las políticas. El Occidente podría acelerar este proceso si
condicionara su ayuda económica a una mayor democratización política y
liberalismo económico.
"Si los reformadores no
tienen éxito en los próximos tres o cuatro años —sostiene el sociólogo
Stojanović—, el futuro pertenecerá a los conservadores, o quizás a los
reaccionarios".