Ecos de la prensa mundial

A la larga, sin embargo, el asunto croata pasará a ser el más serio, porque Croacia, teóricamente la zona más rica de Yugoslavia, es explotada constantemente para el beneficio de los servios, y ello es, naturalmente, rechazado por los habitantes. La administración de Croacia es en gran medida servia, porque sus naturales -desde el punto de vista de la `Gran Servia' (lo que Yugoslavia en el fondo es)- son indignos de confianza, y se los considera enemigos ocultos incapaces de olvidar ni su pasado histórico ni el `Estado Croata Independiente' de los años 1941 a 1945. Este estuvo aliado con el Eje, y en 1945 los servios masacraron a los croatas que les fueron entregados por los británicos (el caso similar de los rusos anticomunistas que fueron `repatriados' es más conocido, pero allí, probablemente, no hubo tantas muertes), Además hay emigrantes croatas en todo el mundo, especialmente en Francia, Escandinavia y Alemania; refugiados políticos así como `trabajadores foráneos', que surgen de una emigración permanente y bastante bien organizada, que ha desplazado, probablemente, a un millón de personas. Todos son patriotas croatas que, por razones nacionalistas e ideológicas, se oponen violentamente al gobierno de Belgrado. (Los croatas que regresan a su país tras haber laborado en el extranjero son, desde luego, sospechosos permanentes). Antes de la rebelión arnaúte en la zona de Kosovo, más del 80 por ciento de los presos políticos era croata.

El gobierno de Belgrado no permanece inactivo contra los `traidores' en el extranjero, sino que intenta asesinarlos. A este respecto, su diligencia supera a la del KGB. Jaddafi se quejó una vez de que Tito enviaba constantemente agentes a Alemania para matar a sus opositores, sin deteriorar su `imagen'; entonces, ¿por qué siempre a él tenían que acusarlo? Incidentalmente, hasta 1981, Belgrado había muerto a 56 croatas `en el extranjero', y, significativamente, `sólo' a 12 servios.

En el segundo plano, cuando no directamente en el primero, del embrollo yugoslavo se encuentra la gigantesca crisis económica. Ininterrumpidamente, desde 1979, los niveles de vida han tendido a deteriorarse. Uno debe advertir que una economía libre tiene `piernas largas' y corre rápido. mientras una estrictamente socialista las tiene cortas y avanza lentamente, si es que lo hace en absoluto; pero una economía con una pierna larga y la otra corta se cae de nariz.

A pesar de un ingreso bastante importante en moneda dura debido al turismo internacional y a un flujo incesante de préstamos foráneos, Yugoslavia debe actualmente 20 mil millones de dólares a Occidente. La pobreza creciente envenena la atmósfera general, y ello por dos razones: existe favoritismo legal hacia los ex partisanos y los miembros de la `Unión Comunista', y se ejerce la explotación metódica de Croacia y Eslovenia, las más occidentales de las repúblicas federadas, a las que se obliga constantemente a hacer aportes para el avance de los miembros `subdesarrollados' de la federación, especialmente a sus opresores servios. ¡Imaginemos un estado sintético, formado por Massachussets, Alabama y Colombia, con Bogotá como capital y ama de la federación! Los errores del pasado nunca nos dejan. Pensemos en la desintegración de la monarquía del Danubio, en los `arreglos' hechos en Yalta, en las `liberaciones' de Cuba y Libia, destinadas a erradicar el `colonialismo', para mencionar sólo algunos de los errores en que Norteamérica tuvo una parte de responsabilidad.

Pero el verdadero problema yugoslavo es la posibilidad de una súbita crisis y desintegración de ese país artificial. Los beneficiarios más probables de tal eventualidad serían Bulgaria y la Unión Soviética. ¿Y cuáles son los planes del Occidente libre encabezado por Norteamérica en caso de que ello ocurra? Ninguno, en absoluto. Por el momento, continuamos apoyando esa `ficción concreta' de un estado, con todas sus crueldades y miserias. El radio del pensamiento democrático, por cierto, difícilmente trasciende el horizonte de la próxima elección. Los estadistas tratan de hacer historia; los políticos, sólo política

Erik Von Kueihnelt-Leddihn Tirol, Austria

Exclusivo para El Mercurio

El artículo precedente del analista Erik von Kuehnelt-Leddihn tuvo amplia repercusión en determinados círculos chilenos, reflejada en las cartas al Director de El Mercurio.

Así el señor Ljubo Radnić Franulić en su carta al Director del citado diario, publicada el 19-4-1986, recurre a remanidos slogans de la propaganda oficial comunista de Belgrado en su intento de rebatir los argumentos y datos históricos reseñados por el autor austríaco.

A su vez Manuel Torres Marín, prestigioso catedrático universitario en lengua y literatura españolas, conocido historiador y genealogista chileno, autor ya de una media docena de libros, contesta las falsedades históricas y rechaza la mayor parte de las afirmaciones gratuitas del señor Ljubo Radnić Franulić.

En su carta al Director, publicada en El Mercurio del 27-4-1986, aclara entre otros conceptos los siguientes:

"El señor Ljubo Radnić Franulić, en su carta publicada en `El Mercurio' el 19 de abril, termina con las palabras: `Un triste período del rasado'. Bastaría decir: `Un triste pasado'. No se trata, por cierto de Yugoslavia, estructurada hace sólo 68 años, sino de los pueblos que fueron sometidos dentro de la estructura, y que ya existían hace mil años. Esos pueblos nunca estuvieron reunidos bajo un régimen político único; religiosamente se dividen en católicos, protestantes, ortodoxos, mahometanos y, desde luego, los de la fe marxista que detentan el poder; y han vivido casi continuamente en guerra contra otros pueblos y entre sí mismos.

El hecho fundamental que determina su historia desde el siglo XIV es la expansión de los turcos otomanos, que casi logró unirlos a todos bajo la égida de Constantinopla y ha dejado huellas culturales, religiosas y étnicas imborrables. En esas guerras, dichos pueblos luchaban, en parte a la fuerza y en parte por convicción, unos por la causa de Oriente y otros por la de Occidente (estas disyuntivas no son en modo alguno nuevas).

El autor de la carta debe conocer siquiera de nombre a los héroes del siglo XVI, Nikolaus Jurisić e Iván Lenković, que compartieron denodadamente junto a los Habsburgo en defensa de Occidente...

Pero las virtudes guerreras no desaparecieron por eso, y los regimientos croatas, eslovenos y bosniacos se distinguieron durante la Primera Guerra Mundial luchando contra rusos, italianos o servios. Y seguramente el escritor de la carta recuerda con el debido respeto al mariscal Svetozar Boroević von Boina (1856-1920), genial estratega croata que, siempre con inferioridad de tropas y elementos, tuvo en jaque a los italianos durante tres años en las 11 batallas del Isonzo. Gracias a él, Croacia y Eslovenia nunca vieron la cara de los enemigos, excepto de los que llegaban prisioneros. Ese general y sus soldados, ¿eran esclavos o mercenarios? No, eran hombres que luchaban por defender sus propios hogares al defender el Imperio Austro-Húngaro, ese conglomerado de pueblos que, ron todas sus deficiencias, aseguraba a sus habitantes una existencia más tranquila y una mayor libertad de movimientos que en todos los países inventados después.

Y pasando a la Segunda Guerra Mundial, cuando el señor Radnić habla de 1.700.000 muertos, ¿incluye a los centenares de miles que murieron luchando contra la `liberación' o simplemente asesinados por los guerrilleros? Tampoco está claro si suma a los 100.000 croatas que, con sus mujeres e hijos, llegaron a ponerse bajo la protección de los aliados en Austria, huyendo del abrazo fraternal del libertador Tito, y fueron `repatriados' a la fuerza, esto es, entregados a la muerte, como lo fueron los miles de cosacos que, también con sus mujeres e hijos, buscaron refugio en Austria. Son dos páginas negras que destacan entre las muchas de horror de 1945, y que los responsables han tratado, naturalmente, de hacer olvidar.

Cabe preguntarse si Yugoslavia es una estructura susceptible de durar. ¿Qué pasará el día en que se aflojen los controles políticos que mantienen unidos -como los zunchos sostienen un tonel- a tantos pueblos tan disparejos y hasta hostiles entre sí? ¿Seguirán juntas colectividades que tienen tan poco en común como los dálmatas, tradicionalmente orientados hacia Europa, y los macedonios, tradicionalmente orientados hacia el Asia, sin hablar de las abundantes minorías húngara, alemana, turca, búlgara, albanesa, etc.? Lo que sinceramente se puede desear es que unos pueblos que han tenido un pasado tan tormentoso, encuentren por fin sea unidos, sea separados, sea como los hados dispongan- un período prolongado de paz tanto con el resto del mundo como consigo mismos."

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Studia Croatica, Año 1986, Núm. 101