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Ecos de la prensa mundial
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Interrogante yugoslavo El Mercurio, Santiago de Chile, en su edición de 5-4-1986 publicó con el título del epígrafe el siguiente análisis político-histórico de su colaborador internacional Erik von Kuehnelt-Leddihn, que reproducimos en su integridad: "¿Es Yugoslavia aliada de Occidente? ¿Es verdaderamente neutral? ¿O es un enemigo oculto? ¿Qué ocurriría si surgen tensiones graves que conduzcan a una guerra entre el Este y el Oeste? ¿Qué podemos esperar de ese país sintético, sin pasado histórico, inventado por políticos occidentales caracterizados por una mezcla atroz de ignorancia y falta de experiencia, víctima de una implacable desinformación y del deseo profundo de complacer a los votantes de sus países? Fue con estos determinantes que se establecieron países como Yugoslavia y Checoslovaquia, cuyo nombre buscaríamos en vano en enciclopedias antiguas. La primera guerra mundial fue, como explicó en forma brillante Sir Dennis Brogan, la segunda de sucesión austríaca, y terminó -cosa que ni Wilson ni Clemenceau ni Lloyd habían imaginado- en la consolidación de los cimientos del Tercer Reich y en la victoria geopolítica de Alemania. La segunda guerra mundial fue la tercera de la serie. El estudio de la historia y la geografía no forma parte de la preparación de un político; a diferencia de lo que ocurre con los verdaderos estadistas, los políticos basan su atractivo en las cualidades fotogénicas y las habilidades retóricas. El profesor Kornemann, Rector Magnificus de la Universidad de Breslau, nos dijo en octubre de 1926 que a pesar de Versalles, Alemania había ganado la guerra; rodeada por tres grandes potencias antes de 1914, ahora limitaba sólo con una, Francia, hacia el oeste. Entre Rusia y Alemania se interponía una serie de estados pequeños, indefensos y en gran medida sintéticos, concebidos todos en la mesa de negociaciones, y que deben a Alemania la oportunidad única de tragárselos uno por uno. Checoslovaquia -45 por ciento de cuya población es checa- logró sobrevivir hasta 1938 mediante manipulaciones parlamentarias. Yugoslavia abolió el parlamentarismo en 1929, estableciendo una dictadura brutal bajo la dinastía Karageorgevic. La antigua tradición servia de asesinatos, que ayudó a iniciar la primera guerra mundial, floreció a partir de ese momento. La excusa que se dio para crear Yugoslavia fue la similitud del lenguaje entre los grupos mayoritarios de la población, el argumento más tonto que puede imaginarse. ¡Preguntemos a los suizos alemanes o a los holandeses si quieren incorporarse a Alemania! ¿O a los polacos sí preferirían ser gobernados directamente por Moscú? Hasta donde sabemos, no hay ningún movimiento en la República de Irlanda para unirse a Inglaterra, ni en Portugal para fusionarse con España, ni en Canadá para anexarse a los Estados Unidos. Un estado multinacional es algo muy factible, pero sólo cuando sus nacionalidades están unificadas por un fuerte vínculo interno, un patriotismo supremo y común, una dinastía venerable, una religión compartida, un interés económico congruente. Lo único que `unifica' hoy a Yugoslavia es la mano de hierro del Partido Comunista apoyado por el ejército, las organizaciones partidistas regionales y la policía visible e invisible (secreta), la SSS. Eliminemos todo eso y el estado se desintegra, como ocurrió cuando los alemanes atacaron en 1941. Ocho días más tarde el reino de Yugoslavia había desaparecido. Dos organizaciones surgieron en ese momento, iniciando una guerra de `Cetnici' servia, encabezada por el coronel (luego general) Mihajlovic, y los partisanos comunistas, al mando de Tito, ex suboficial del ejército imperial austríaco, hijo ilegítimo de un conde húngaro, y adiestrado en la Unión Soviética, Extrañamente, el año pasado sE publicó en Belgrado un libro, escrito por el servio Veselin Djuretic, cuyo pobre es `Los Aliados y el Drama de la Guerra en Yugoslavia'. Procura demostrar que el intento comunista de iniciar una guerra partisana estuvo mal concebido, que Mihajlovic -que odiaba a los croatas- trató de salvar a Servia, que el croata Tito sacrificó innecesariamente vidas servias, y que los verdaderos perdedores, y quienes más sufrieron en la guerra fueron los servios. Hay un mínimo de verdad en sus tesis, pero no en las conclusiones porque las grandes víctimas fueron los croatas y eslovenos que fueron masacrados en gran número en 1945 por los partisanos (los muertos llegaron tal vez al medio millón), carnicería por la cual son responsables en último término los aliados occidentales. La democracia significa hacer las cosas torpemente, y, en lo que respecta a Europa al este del Rin, los necios se precipitan hacia donde los sabios jamás querrían entrar. El problema de Yugoslavia. es triple: político-ideológico, étnico y económico, y resulta difícil señalar cuál es el más candente. Se trata de un país comunista, gobernado por la `Unión de los Comunistas' (`Savez Komunista'), cuya plana mayor es predominantemente servia, estando los croatas, eslovenos y magiares muy escasamente representados en ella. La Savez ha roto con la Unión Soviética, los rusos ya no son hermanos, pero siguen siendo, al menos, primos. Las visitas oficiales entre miembros importantes del partido y políticos de jerarquía continúan. El vínculo ideológico básico se mantiene, y la disputa es meramente en torno al problema de quiénes son los e verdaderos comunistas. Se ha encarcelado a escritores por criticar a la Unión Soviética demasiado severamente, mientras, por otra parte, los ataques a Occidente, especialmente los Estados Unidos, son cotidianos. Las visitas de la flota soviética a puertos dálmatas subrayan el vínculo ideológico y racial. Y si o uno quiere saber sobre la represión interna, basta leer los informes de Amnistía Internacional. La población de Yugoslavia se compone de varios grupos étnicos, constituyendo la dirigente raza servia aproximadamente el 50 por ciento. La mentalidad y la actitud de los n servios genuinos se formó en casi cuatro siglos de esclavitud bajo el cruel dominio turco; no tienen tradición de libertad, y su historia está marcada por la brutalidad, los asesinatos y las masacres. Los de la región semiautónoma de Vojvodina, sin embrago, tienen una historia algo diferente: habiéndose beneficiado de una servidumbre más blanda bajo los Habsburgo, son un tanto más progresistas. Los servios montenegrinos también permanecieron independientes de los turcos (todos poseen, desde luego, grandes cualidades: son valientes y talentosos en las artes, especialmente en la música y la literatura). Luego llegamos a los croatas, que son una nación occidental. Los servios son abrumadoramente servioortodoxos, y emplean el alfabeto cirílico, mientras los croatas son católicos, utilizan letras latinas y siempre resistieron la dominación turca. En las calles de sus ciudades puedo distinguir (con un margen de error) a los servios de los croatas. Los eslovenos son los únicos austríacos no germanizados (mientras los austríacos al este de Salzburgo son en gran medida eslovenos germanizados). Croatas y eslovenos no son balcánicos, sino centroeuropeos. Los macedonios son búlgaros, cuyo `lenguaje', inventado después de 1945 no es sino búlgaro adaptado a las máquinas de escribir servias (antes de la segunda guerra mundial, los macedonios fueron declarados `servios del sur', y sus apellidos se adaptaron en forma correspondiente). Los albaneses, que no son eslavos en absoluto, constituyen ahora el problema número uno. Tienen una región semiautónoma en la República Federal de Servia, su número aumenta a pasos agigantados, son en su mayoría musulmanes, han desatado rebeliones abiertas y exigen el establecimiento de su propia republica, independiente de Belgrado. Un problema cada vez más complicado es también el de la República Federal de Bosnia, donde los elementos islámicos han aumentado su número y su influencia. Se trata en este caso de croatas islamizados, que simpatizan con los croatas católicos. INDICE | HOME | CONTINUA | |