Y EL RESTO ES LA LITERATURA ...

CHRISTOPHE DOLBEAU, Lyon, Francia

 

"Le poéte est semblable au prince des nuées

Qui hante la tempête et se rit de l'archer"[1]

Baudelaire (L'Albatros)

 

Los imperativos políticos de combate diario que por su supervivencia libran los pueblos de la Europa oriental generalmente dejan muy poco lugar para evocar sus respectivas culturas. La tendencia natural de los medios de comunicación, de hecho, consiste en dar prioridad a toda suerte de enfrentamientos triviales y a un montón de maniobras prosaicas que no pasan de ser espuma, o para no ser tan peyorativos, mera cáscara de esas naciones. Lo esencial, vale decir la cultura que conforma la identidad de esas naciones cede paso a los añadidos artificiales, al espectáculo. De ese modo el público occidental tal vez conozca los nombres o las obras máximas de algunos "muy grandes" como Mickiewicz, Sinkiewicz o Petöfi, pero ignora totalmente a Gustav Suits, Ivan Vrazov, Nicolae Balcesco o Gheorge Cosbuc, indispensables, sin embargo, para comprender los destinos de los pueblos bálticos o danubianos. La literatura croata no escapa a esta regla y son muy pocos los que pueden apreciar toda su madurez espiritual y toda su irradiación.

 

"Hasta tanto lata el corazón Croacia vivirá" exclamó un día Matoš y en los múltiples torbellinos que tuvo que enfrentar Croacia desde 626 hasta nuestros días, los poetas son los que, por cierto, contribuyeron más con su canto para que siga crepitando esta chispa vital, para resguardar el fuego sagrado.. .

 

"Prestando su oído

al silencio que los rodea y abruma

los poetas son el eterno crepitar en el mundo."

 

escribe el herzegovino Antun Branko Šimić (1888-1925), como un eco lejano de Víctor Hugo que no podemos dejar de citar aquí:

 

"...Le poète en des jours impies

Vient préparer des jour meilleurs.

Il est l'homme des utopies,

Les pieds ici, les yeux ailleurs.

C'est lui qui sur toutes les tétes,

 

 

En tout temps, pareil aux prophètes,

Dans sa main, ou tout peut tenir,

Doit, qu'on l'insulte ou qu'on le loue,

Comme une torche qu'il secoue,

Faire flamboyer l'avenir!..."[2]

(Les Rayons et les Ombres, I, 1839)

 

El aedo y su laúd despiertan y mantienen, pues, la llama, indican con el dedo "las utopías, las repúblicas imaginarias, las ciudades de Dios" e "insuflan en el corazón del hombre el coraje para alcanzarlas" (Lamartine), tarea no desprovista de peligros como lo sugiere el itinerario atestado de vicisitudes y el fin trágico de algunos de ellos, André Chénier, Patrick Pearse, Ivan Kovačić, etc.; ya hace cuatro o cinco siglos el peligro, por lo demás, fue advertido:

 

"Cuando un ruiseñor cantar quiere,

ese posa en medio de la rama verde

y con mucha gana se pone a gorjear

...

Cuando la víbora lo oye cantar,

se le acerca arrastrándose por el árbol

y sin más lo engulle."

 

(Un glagolito, anónimo)

 

En Croacia, los estragos de los otomanos contribuyeron a forjar la identidad nacional, la patria idealizada y "Majka Margareta" (Madre Margarita), la perla, "Marija", el lirio inmaculado (Marko Marulić, 1450-1529) o "el hada blanca" (Džore Držić) lloran a sus hijos y sus hermanos devorados por el exilio o fulminados por la turquería. Es precisamente en Dalmacia "allí, como escribe Lucano, donde la ola del Adriático bate las murallas largas de Solin o donde el río Jadar entibiado acude al encuentro con los céfiros suaves" (Qua maris Adriaci longas ferit und'a Salonas / Et tepídum in molles Zephyros excurrit Jader), donde nacen entonces la epopeya y el lirismo patriótico de los cuales Petar Zoranić (1580) es uno de los cantores más ardientes cuando evoca el "país devastado" (rasuta bašćina):

 

"...dejando ciudades, aldeas y castillos

todos huyen escapando de la horda enemiga;

vense palacios y caseríos incendiados;

dioses y hadas se fueron de las montañas.

No sé si algo peor ocurrirnos puede;

nos espera el mar o las cadenas.

Felices a quienes les tocó morir antes

que ver el terruño tan arrasado."

(Planine, Las montañas)

 

El poeta barroco Ivan Gundulić (1589-1638) acusa a los turcos en su poema Osman (epopeya que le permite cantar las virtudes de Polonia, heredera de Mezamer y prima hermana de los croatas) y lanza su famoso himno a la libertad (himna slobodi) cuyo exordio "O lijepa, o draga, o slatka slobodo" (Hermosa, querida, dulce libertad) permanecerá durante siglos como un grito a formar filas. Pero entre las intenciones, incluso las más elevadas, y sus realizaciones hay un abismo y Krsto (Cristóbal) Frankopan (1643-71) en vano ha glorificado "al héroe croata" (Horvatjanin junak) cuya armadura, cola de lince y pluma de garza recuerdan al caballero de Leconte de Lisle ("Du sentier des bois aux daims familier / Sur un noir cheval, sort un chevalier / Son éperon d'or brille en la nuit brune; / Et quand il traverse un rayon de lune, / On voit resplendir, d`un reflet changeant, / Sur sa chevelure un casque d'argent")[3], y terminó en los calabozos de los Habsburgo. Su acción, por cierto, estuvo destinada a fracasar por excesivamente individualista, defecto éste por desgracia bien croata que el capellán castrense Filip Grabovac (1697-1749) lamenta con acentos melancólicos

 

Si los croatas se pusieran acordes,

sus sinsabores serían menores;

dije: si empujaran todos juntos

serían dueños de tantos frutos.

Muy valientes cuando pelean,

por lo cual los reyes los desean,

y sus discordias así son internas.

para su servicio los reservan,

 

Cuando el rey debe derrotar a uno,

para combatir tócales el primer turno

y cuando se reparte el botín,

preguntan: ¿Dónde han estado, por fin?"

Vino traen, agua toman,

y ¿por qué su sangre derraman?

Esas son faltas graves de hogaño,

mas su origen viene de antaño.

("Sobre el carácter y el temperamento de los croatas")

 

La vena patriótica croata no se agota en el siglo XVIII, sino que la hallamos brillantemente ilustrada por Andrija Kačić Miošić cuya "Razgovor ugodni naroda slovinskoga" (La plática amena del pueblo croata) tendrá tanta repercusión que será reeditada una cinquentena de veces. Brillante exégeta de Duns Scot (El Doctor Sutil) Andrija Kačić Miošić decidió, paralelamente con sus trabajos de erudición, y un poco a modo de Grundtvig, exaltar el pasado de sus compatriotas abrevando en las fuentes del folklore nacional y subrayando todo lo que los une al Occidente. Algunos de sus versos y de los versos populares (particulamente la balada Hasanaginica) influirán en Johann Gotfried Herder y en Goethe, entre otros.

 

La renovación romántica que sacudirá a la Europa central del siglo XIX no quedará sin secuelas en una Croacia donde los poetas desempeñaron siempre un papel primordial. El diplomático Antun Mihanović publica en Danica (14-3-1835) el poema Hrvatska Domovina (la Patria croata) que se convertirá en el himno nacional croata; "seas feliz por siempre" expresa con respecto a la patria donde renace la esperanza. Ivan Mažuranić, políglota, jurista y también hábil político, con frecuencia recurrió a las máscaras de la parábola y metáfora; así en Javor es un modesto arce el que predica a sus compañeros silvestres esta moral cristiana y democrática:

 

"...Desde la cuna hasta la lúgubre tumba

Cada uno moldea su estatura,

De los pies hasta el vértice

el sabio mide la altura.

No es mío lo que no he ganado

Y lo que la suerte ciega me deparó,

Lo mío es lo que pude adquirir

con esfuerzo, sudor y trabajo.

No es alto el que a la cumbre sube,

Ni es grande el que nace de los grandes;

El alto es que en el llano está

Y con su altura supera las cumbres;

El grande es el que nace humilde

Y cuando muere sepulcro enorme requiere."

 

 

Proviniendo el poeta de una humilde familia campesina, y llegó a ser Ban (Virrey) de Croacia, casi podríamos considerar este apólogo como una autobiografía poco modesta.

 

Luka Botić (1830-63), menos sutil en la afirmación de sus convicciones, proclamó muy en alto "que no hay vida sin libertad, que no hay virtud sin libertad y que no hay belleza sin libertad" (da života nejma bez slobode / da kreposti nejma bez slobode / da ljeposti bez slobode nejma), mientras que Preradović compone su verso que ningún exiliado contradecirá: "Nikada te neće tudje sunce ogrijati kao što te je tvoje grijalo" (Nunca el sol ajeno te calentará como te calentó el tuyo). Además de esos dos personajes y en la segunda mitad del siglo XIX el Parnaso entero croata está inmerso en esta idea nacional resucitada. Mientras que August Šenoa invoca la inevitable emancipación de los pueblos sojuzgados en la "Muerte de Venecia", Silvije S. Kranjčević canta a los astros pasmados las maravillas de su patria: "O gledajte ju divnu, vi zvijezde udivljene / To moj je, moj je dam!" (¡Oh, mírenla, cuán espléndida es, astros asombrados / Ese es mi país, mi hermoso país!).

 

A esta altura de nuestra evocación va de suyo que no podriamos omitir a Antun Gustav Matoš (1873-1914) a quien Francia debe acordar un interés muy particular. Exiliado, Matoš vivió, en efecto, cinco años en París (en la mayor indigencia) donde se compenetró con Rousseau, Baudelaire, Stendhal, y también de Anatole France y de Maurice Barres cuya influencia nacionalista será preponderante en su obra. Expuesto a la hostilidad del poder, pobre, emigrado, a veces en clandestinidad, ese gran apóstol de la francofilia expresará siempre su patriotismo con gran sensibilidad y gran pundonor. Sin énfasis, con naturalidad y sencillez, este ex violoncelista nos habla de su Croacia, esta "krasna dama" (bella dama) que toma por su madre "...mala gospa Marija / što sve mi draia biva što je starija" (la pequeña dama Maria / que tanto más quiero cuanto envejece más) y a la que presta este bello juramento:

 

"Sólo a ti te quiero, amada nación mía,

Sólo a ti te sirvo mi amada Croacia,

No sé si eres alma, lengua o un omen,

para ti vivo, sólo para tí, amén!"

("Gospa Marija")

 

 

Al término de la guerra de 1914-18 y con la permanente pesadilla impuesta por el régimen monárquico yugoslavo y la tiranía comunista sucesivamente, la lira croata se vuelve cada vez más alegórica. Es cuestión de prudencia ya que el terror sobrevino después de grandes esperanzas (y desilusiones) del siglo XIX. En este ambiente es menester a menudo deducir, extrapolar, adivinar.. .

 

Frente a su membrillo ("Dunja") Milan Begović (1876-1950) pensó "en los días de gloria que pasaron" (kroz sjajne dane, kojih nije više) mientras que las poesías de Domjanić resuenan "a través de una comarca más bella que ninguna otra" (po dragomu kraju / od kojeg mi lepšega ni). Y cuando Nazor (1876-1949), "el guerrillero", el admirador extático de Stalin y Tito describe la golondrina marina que "lleva hacia la playa desconocida / el grito de una agonía inconsolable" (Nosi put neznana ala / Krik neutješljive boli), ¿no recuerda los sufrimientos de su estirpe? A menos que no piense en la golondrina de Osiris, símbolo del eterno retorno y del anuncio de la Resurrección.

 

Ljubo Wiesner (1885-1951), el romano, se zambulle en ensueños poblados por lampiridos y luciérnagas ("Kupac čarobnik krijesnica"), centelleantes mirmileones que simbolizan la pobre Luz de los tiempos de opresión, y Tin Ujević (1891-1955), el atormentado, se recuerda con amargura: "O Bože, Bože, sjeti se / i ljubavi, i pobjeda / i lovora, i darova"... ("Oh Dios, mi Dios, acuérdate / del amor, y de las victorias / de laureles, y de los dones"...).

 

Dobriša Cesarić (1907-81) dedicó un largo poema "Trompetista desde el Sena" (Trubijač sa Sene") a Matoš a quien atribuye este hechizo subversivo: "Oh Croacia, patria mía / Tú, mi cuento de hadas, tú mi pasado / Tú, mi país oprimido, saqueado!" Murió tres días después de haber rehusado a los sicofantes del régimen renunciar a una petición a favor de la amnistía política que acababa de firmar... Menos 'comprometido', Nikola Šop, traductor de Iannus Pannonius, es un poeta sensible, a veces bucólico (San 'Magaradi, Sueños de los asnos) y a menudo intimista; sus "Anteojos de la abuela" nos recuerdan la tierna emoción de un Martial Perrier ("Il me souvient de ma grand-mere au pas tres doux, / Marchant lasse, apuyée á son báton de houx")[4] o la de un Marcel Proust ("Sodome et Gomorrhe"). En cambio, Delorko no vacila en describirnos su casa oscura, "rodeada de tinieblas" y "cautivada por la noche", donde se filtra, empero, -una tímida luz de libertad (Izdvojeno samo svijetlo u slobodi / drhti i bdije cijelu noć na vodi) ¿¿No está clara su alusión? Por su parte Victor Vida nos pinta una Dalmacia onírica engalanada "con flores y rocas en su regazo" (s cvijećem i kamenjem u skutu), visión que se vincula con la de Boris Maruna que festeja a su montaña Velebit ("U počast Velebitu"). Exiliado del interior Mak Dizdar (1917-71) sueña esta "ribera azul" que mide "cien años de ancho y mil veranos de profundo" (Sto godina široka je / Tisuć ljeta duboka je) y que corre en el fondo del alma colectiva de los croatas; "su novia amada llevada al cautiverio" (A djevu mi ugrabiše / U robje), él quisiera, antes de morir de pena, volver a ver a su verdadero país... Este apego indefectible a la patria es también el leit-motiv de Zlatko Tomičić (1930) cuya profesión de fe que reproducimos traduce en forma brillante la perennidad de las aspiraciones del pueblo croata:

 

 

"Croacia, amor mío,

aquí también soy tu hijo

aquí también soy tu nombre

y tu esplendor.

 

Croacia, novia mía,

por doquier pienso en tí,

en cada país te sueño,

a todo lugar te llevo.

 

Croacia, víbora bajo la roca

con triángulos desnudos y la luna iliria

— quien te pise con odio

caerá fulminado por tu veneno.

 

Croacia, estrella en el firmamento,

con tu ayuda gané las fuerzas del mundo,

eres la luz que fluye en las manos

del cuerpo y la sangre del Dios crucificado."

 

(Hrvatska ljubavi moja, 1966)

 

Este breve panorama no sería completo si excluyéramos a los proscriptos, a los reprobados, a los desterrados, incluyendo aquellos cuya adversidad tiene connotaciones de exilio. Hipersensibles, pues con frecuencia así son los que el destino arrancó de su suelo natal, están en una comunión todavía más intensa con sus pares que quedaron dentro del país. Ciertamente, comparten el culto de "esta estrella en el firmamento", la patria sideral que desde la altura del empíreo, sirve a todos de faro espiritual y a cada uno de ángel de la guardia.

 

Ivo Lendić, desde la lejana Argentina se hunde en la "triste oscuridad" (u bolni mrak) mientras que de las playas brumosas y frías de Michigan, Antun Bonifačić (1901) reinventa el Adriático ("More, moje more ljubljena dušo mračna, / iskrsnuo sam iz tvojih zelenih voda / crn i nasmijan / i sad sam pijan / i sada sunčano svijetlo kroza me hoda" (Mar, mar mío amada alma tenebrosa, / emergí de tus aguas verdes / negro y sonriente / y ahora estoy embriagado / y ahora la luz del sol camina a través de mí), obsesión marítima que expresó también Srećko Karaman (1909-64) en su único libro de poesías Jedro na pučini (La vela en altamar). Idéntica búsqueda de las raíces de los más jóvenes: así Katica Svedrović (1930) encarga a los vientos la tarea de llevar su voz al país, de golpear a las puertas y de transmitir el saludo de la emigrada al padre, a la madre, a la hermana, y al hermano caído por la libertad. Así Olga Brajnović se acuerda de las tragedias pasadas:

 

"Sé que soy sólo una gota de tu sangre,

que brotó de tu última herida

(tan profunda que nos dispersaste por todo el mundo) ..."

 

 

y se imagina a esta Croacia como una joya invalorable que sueña:

 

"...Me quedé pensativa en la orilla del mar

—mar gris y furioso—

y pienso en tu sonrisa sosegada

y en tu clara y enigmática mirada,

en el intenso azul de tus ojos joviales

y en el deseo ansioso que por ti siento,

Patria desconocida ... "

(Mojoj Hrvatska)

 

"El poeta, escribe Gaétan Picon, confiere una forma sensible a la espiritualidad difusa en el mundo", y es, en primer lugar, el punto focal donde se cristalizan las elevadas aspiraciones, los interrogantes, la generosidad de su comunidad, de su pueblo. Despojada de nociones volátiles de pactos, de mociones, de clanes, en una palabra de la política vulgar, su obra encierra el alma de este último. Cuanto más esté "integrado", más auténticos serán sus sonetos: "Yo no construyo mis versos, golpeo mi corazón", dijo Mickiewicz en una fórmula que no negarán, estoy seguro, los poetas croatas.

 

 

Post-scripturn

 

Algunos se preguntarán sobre la selección de los versos citados en este trabajo. Bueno, salvo una sola poesía todos provienen de la antología[5] preparada por el poeta Antun Bonifačić, uno de cuyos méritos y no el menor es el de ser un viejo amigo de Francia.

 

En cuanto a la interpretación muy personal de la poesía que le asignamos y que algunos encuentren tal vez azarosa, aducimos como única justificación la siguiente afirmación de Paul Valéry:

 

"Mis versos tienen el sentido que se les asigne. El que les doy yo se !ajusta sólo a mí y no es oponible a nadie. Es un error, contrario a la naturaleza de la poesía y que incluso sería mortal, pretender que a cada poema le corresponde un sentido veraz, único y conforme o idéntico a algún pensamiento del autor" (Variété, III).

Ch. D.

 

Traducción del texto y versos en francés y de los versos croatas: Branko Kadić.

 

 

 

 



[1] El poeta se asemeja al príncipe de los nubarrones que frecuenta la tempestad y ríese del arquero.

[2] "...El poeta en las épocas impías

Está preparando días mejores.

El es hombre de las utopías,

Los pies aquí, los ojos en la lejanía.

Es él que sobre todas las cabezas,

en todo tiempo, como los profetas,

En su mano, donde todo cabe.

Debe, se lo insulte o alabe,

Cual la antorcha que agita

Hacer resplandecer el porvenir..

Rayos y Sombras; I ,1839).

[3] Del sendero del bosque familiar al venado

Montado sobre caballo blanco sale un caballero.

Su espuela de oro brilla en la noche oscura;

Y cuando atraviesa un rayo de luna,

Se ve resplandecer, con reflejos mudables,

Sobre su cabellera un casco de plata.

[4] Me recuerda a mi abuela de paso muy suave

Caminando cansada, apoyada en su bastón de acebo.

[5] The Antology of Croat verse 1450-1950 (Antología del verso croata, 1450-1950), seleccionada por Antun Bonifačić, edición bilingüe inglés-croata, Chicago, 1981, pp. 180. A. Bonifačić falleció el 24-4-1986 en Chicago.