EL FUTURO DE YUGOSLAVIA A TRAVES
DE UNA RETROSPECTIVA HISTORICA
RADOVAN
LATKOVIĆ, Buenos Aires.
"Cuando
sembramos la simiente de un árbol prevemos todo el curso normal de su existencia.
No podemos prever si el rayo vendrá o no a segarle con su alfanje de fuego
colgado al flanco de la nube; pero sabemos que la simiente de cerezo no llevará
follaje de chopo.". ORTEGA Y GASSET
Presenciamos un nuevo brote
en la campaña discriminatoria de la propaganda yugoslava enderezada, en su meta
final, a comprometer y desmoralizar los anhelos del pueblo croata por lograr su
libertad. Pero los slogans
inescrupulosamente inventados no llegan, a pesar de todo, a ocultar el
derrumbe politico, económico
y moral del estado yugoslavo.
La prensa mundial
calificada advierte este hecho cada vez con mayor frecuencia. Leemos por
ejemplo en un periódico italiano que "bajo los golpes de la crisis
económica y del nacionalismo empezó a desmoronarse el frágil edificio
constitucional construido por Tito..." (L'Expresso, 1-9-85). Una
publicación norteamericana opina que "si bien ese remiendo de la
federación yugoslava no se desintegró aún del todo, la situación allí empeora
de día en día" (Anuario de la Asociación de las Fuerzas Armadas de los
EE.UU., The Search
For Peace, edición 1986). Las organizaciones de defensa
de los derechos humanos acusan a Yugoslavia de "graves violaciones de las
libertades esenciales ciudadanas, de juicios arbitrarios por la delación de las
opiniones personales contenidas en la correspondencia y las conversaciones
particulares, los presos de conciencia, las condiciones carcelarias muy por
debajo de las establecidas en las Reglas Mínimas para el Tratamiento de
Reclusos de las Naciones Unidas, los maltratos físicos y las torturas"
("Yugoslavia", Informe Especial de la Amnesty International, 1985).
Generalmente
los juicios de los observadores extranjeros, con escasas excepciones, se
detienen en los hechos producidos en la actualidad o en el pasado próximo,
señalando únicamente aquellas causas inmediatas como ser las de orden
constitucional, político, social, económico, financiero, laboral, productivo o
de ineficiencia de los equipos directivos. Esos análisis conducen
indirectamente a la conclusión de que el problema yugoslavo reside en la
solución de estos factores. Sin embargo, la cuestión yugoslava es mucho más
compleja.
IDEAS OPUESTAS
No es posible comprender la
situación conflictiva reinante en Yugoslavia sin remontarse a sus origenes, que
se sitúan en la segunda mitad del siglo pasado cuando se producen los
renacimientos nacionales croata y servio.
Las ideas que inspiran a
uno y otro son muy diferentes. El renacimiento croata, caracterizado por una
mentalidad nacional formada en más de siete siglos de convivencia estatal con
otros pueblos y por los efectos de la pérdida de una parte vital de su
territorio nacional durante las invasiones seculares enemigas, se manifiesta
principalmente en las ideas universalistas, paneslavas. El servio, fuertemente
influenciado por la paulatina liberación del yugo centenario otomano es, en
cambio, agresivamente nacionalista. En 1835, el politico croata Ljudevit Gaj edita
el primer diario en lengua croata (Danica Ilirska) pero bajo un nombre
ajeno —ilirio— que simbolizaría el programa de unión de todos los
sureslavos en un movimiento libertador. Por otro lado el filólogo autodidacta
servio Vuk Karadžić publica en Viena en 1849, "La historia, el
idioma y las costumbres de los servios de los tres credos", base
ideológica del hegemonismo de un pueblo que acaba de crear un principado
autónomo bajo el protectorado turco. La conclusión simplicista de su obra de
que los croatas, debido a la similitud idiomática, son en realidad servios, fue
luego suavizada por el mismo en el sentido de que "los que profesan la fe
católica pueden decir que son croatas si así lo quieren mientras que el resto
de la población sureslava, en particular los ortodoxos, "en donde sea que
se encuentren deben considerarse servios"[1].
Casi simultáneamente, en
1844, el ministro del interior servio, Ilija Garašanin, elaboró un
documento secreto ("Načertanija") que contenía un
plan conspirativo de expansión servia orientada principalmente a las provincias
vecinas croatas en las que vive una minoría de población de origen mayormente
valaco la que con el tiempo abrazó la religión ortodoxa. Proporcionaba
indicaciones concretas de cómo despertar en ella, debido a su religión, la conciencia
de pertenecer al pueblo servio y la convicción de que las tierras que
habitaba debían pertenecer a Servia. Así la política expansionista del pequeño
principado servio, compartida por la dinastía y los políticos servios y unida
estrechamente al fervor fanático de los popes ortodoxos, contribuyó
decididamente a la idea de una Gran Servia que inspiró el renacimiento
nacional servio y la aspiración obsesiva de un "Herrenvolk" de los
Balkanes. Esa convicción condujo a la formación de la primera organización
terrorista servia, "Crna ruka" (La Mano Negra), y al atentado contra
el archiduque Francisco Fernando, en Sarajevo.
Al estallar la Primera guerra mundial se abren perspectivas concretas para realizar los anhelos nacionales croatas y servios. Los croatas aspiraban a que les fueran devueltas por fin sus dos provincias principales separadas, la de Bosnia-Herzegovina y la de Dalmacia con el Litoral y que fueran incorporadas a un cuerpo estatal con soberanía de estado confederado dentro de la Monarquía Danubiana. Los servios aspiraban a su vez, y no lo ocultaban, a una Gran Servia que abarcaría la mayor parte del territorio histórico y étnico croata, insistiendo en que "donde hay un monasterio ortodoxo hasta allí llega Servia"[2].
Es muy
importante tener presente el carácter conflictivo de esas dos posturas
nacionales, la croata y la servia, que no han desaparecido con la formación del
estado común sino que, muy por el contrario, se han agudizado con la
convivencia.
La idea de
un estado yugoslavo concebido como un estado plurinacional con igualdad de
derechos fue decididamente rechazado por los políticos servios, su gobierno y
la dinastía de los Karageorgević. Es muy significativo lo que expresó Milenko
Vesnić, embajador y representante servio en la conferencia de paz de
Versalles, quien en determinada oportunidad le dijo sin rodeos a Ivan Meštrović,
miembro del Comité Yugoslavo: "Ustedes quieren llamar al nuevo estado
'Yugoslavia'; ¿es posible que Usted también sea partidario de este nombre? Pues
yo le digo que eso no puede ser. Nosotros, los servios, no lo aceptaremos
jamás! ... Hasta ahora el estado se ha llamado Servia y en el futuro, cuando
ingresen los croatas y los eslovenos que se llame 'Gran Servia'.
En ella los
croatas pueden mantener sus derechos de ciudadanos y en aquellos lugares donde
sean mayoría hasta pueden tener, si así lo quieren, una cierta autonomía, el
idioma se llamará servio-croata y así sucesivamente, pero el estado se llamará
Servia, el estado ampliado la Gran Servia"[3].
Esas ideas
han inspirado la política oficial del gobierno servio tal como lo refleja el memorandum de
su presidente Nikola Pašić dirigido al canciller inglés Sir Edward Grey
en el que pide a los aliados que le reconozcan a
Servia, como recompensa por los sacrificios aportados, todas las regiones de la
Monarquía donde haya monasterios ortodoxos además de la parte sur de Dalmacia
que no le había sido prometida a Italia en el Pacto de Londres. Una carta geográfica
adjunta indicaba las fronteras de la futura Servia abarcando la mayor parte del
territorio croata y reconociéndole indirectamente a Italia la parte
septentrional de Dalmacia con las islas[4].
En
cuanto a los croatas es importante tener presente que el entusiasmo creciente por
las ideas paneslavas y yugoslavas entre la mayoria de los politicos no
significaba el abandono de la lucha histórica por los derechos estatales
croatas. El Comité Yugoslavo, en el que participaban también los
eslovenos y los servios de Austro-hungría, constituido en el exilio en 1915 y
presidido por el Dr. Ante Trumbić, tampoco
se apartaba de esta línea política, persiguiendo como principal fin el de unir
a todas las provincias croatas por vía de un estado común con los servios y los
eslovenos, fin que no logró realizarse dentro de la Monarquía ni hasta el
inicio de la Gran Guerra.
ESPERANZAS FRUSTRADAS
Haciendo
uso de sus prerrogativas jurídico estatales, al día siguiente de la
capitulación austro-húngara, el Sabor croata declaró nulas todas las relaciones
de Croacia que la vinculaban política y jurídicamente con Austria‑Hungría
y proclamó, el 29 de octubre de 1918, que sus provincias "Dalmacia,
Croacia y Eslavonia con Rijeka
(Fiume) se constituyen en un estado totalmente independiente
de Hungría y Austria". Bajo la influencia de las ideas yugoslavistas, el
Sabor denominó a la nueva formación estatal "Estado de los Eslovenos,
Croatas y Servios" y formuló simultáneamente el firme propósito de
unirse próximamente con el Reino de Servia en un estado común.
Es muy
ilustrativo de la mentalidad de los políticos croatas de aquella época el hecho
de que no hicieron figurar el nombre croata como primero en la denominación del
nuevo estado. Pero, a pesar de eso, el Estado de los Eslovenos, Croatas y
Servios fue en realidad continuador del varias veces centenario Reino de
Croacia, Eslavonia y Dalmacia. El deseo de unión expresado fue el deseo de
fusión de dos estados soberanos en base de libre autodeterminación.
El nuevo
estado contaba con varias ventajas frente a Servia, corno por ejemplo, la
posesión de la flota de guerra austro-húngara que le había sido entregada por
decisión del Rey Carlo.
Así también las unidades del ejército croata que volvían del frente y
los altos oficiales croatas pertenecientes al Estado mayor austro-húngaro,
tales como el glorioso vencedor en las doce batallas de Soda (Isonzo), mariscal
Borojević, constituian de por sí una fuerza potencial. Todo esto se
presentaba como freno a las aspiraciones granservias y como advertencia de
proceder más adelante con prudencia y sagacidad.
Para
tratar las modalidades de unión de los dos estados fue organizada en Ginebra
una reunión "cumbre", como lo diríamos hoy, entre los representantes
del Cosejo Nacional (Narodno Vijeće, denominación del gobierno del
estado ECS), del gobierno servio y del Comité Yugoslavo. Es importante
detenerse un instante en esta reunión porque refleja fielmente el espíritu
hegemonista granservio, persistente a pesar de los aparentes cambios.
En la Declaración
de Ginebra; el convenio suscripto el 9 de noviembre de 1918 entre los
presidentes del Consejo Nacional y del gobierno servio, Korošec y Pašić,
fue abandonada la tesis granservia y reconocida la coexistencia de dos
estados independientes, el de los Eslovenos, Croatas y Servios y el del
Reino de Servia, y fue tomada la decisión de formar un nuevo estado entre
ambos. En cuanto al futuro ordenamiento jurídico-administrativo fue convenido
que el gobierno servio y el Consejo Nacional continuarían en sus funciones
gubernamentales dentro de su ámbito territorial hasta que la Asamblea
Constituyente votara, con una mayoría de dos tercios, la Ley Constitucional del
nuevo estado.
¿Qué valor
tenía la firma del presidente del Gobierno servio en el Convenio de Ginebra?
La noche misma de la firma
de la Declaración Pašić viajó a París con la firme intención de
impedir su aplicación. El conocido escritor, diputado nacional y vicepresidente
del Senado francés, Ernest
Pezet, comentó en
una conferencia pronunciada en 1958 en París: "En Ginebra Pašić firmó
la Declaración contra su voluntad; luego tomó el tren y se dirigió a Paris. Tenía
amistad con Esteban Pichon, nuestro ministro de asuntos exteriores,
quien con seguridad no conocía en lo más mínimo la cuestión yugoslava, ni
siquiera el problema danubiano; pudo convencerlo de que él, Pašić, tenía
razón, no así Trumbić. De este modo el granservismo venció al
yugoslavismo"[5].
Desde ese momento
Pašić trabajó con premura para evitar sorpresas. El gobierno servio no aceptó
la Declaración de Ginebra y a través de sus relaciones internacionales logró
que las Potencias Aliadas no reconocieran el Estado de los Eslovenos, Croatas y
Servios. Por otro lado se empeñó en socavar las bases del compromiso dentro del
Consejo Nacinal mismo. Impidió el regreso del Dr. Trumbić a Zagreb temiendo
su influencia política en el Consejo Nacional y organizó una especie de
"quinta columna" con los representantes servios del Consejo
conducidos por su vicepresidente Svetozar Pribičević, quien,
en ausencia del presidente Korošec consiguió precipitar la decisión del Comité
Ejecutivo del Consejo Nacional de enviar inmediatamente una delegación a
Belgrado para consumar la unión con los servios, con escasas instrucciones en
cuanto a las modalidades de la misma.
Sin la
aprobación del Sabor, ni siquiera del Plenum del Consejo Nacional, la
Delegación ilegalmente elegida partió apresuradamente, el 28 de
noviembre, a Belgrado. Ante la insistencia de Pribičević de que era
importante realizar primero la unión y luego, como un segundo paso, tratar las
cuestiones del ordenamiento del estado, fue redactada y presentada al
pretendiente al trono, Alejandro Karageorgević, la Nota
("Adresa") que expresa casi incondicionalmente el deseo de formar un
estado junto con el Reino de Servia. Como respuesta, el 19 de diciembre de
1918, Alejandro proclamó el reino de los servios, los croatas y los
eslovenos. De la simiente granservia brotó el primer follaje.
EL REINO DE LOS SERVIOS, LOS CROATAS Y LOS ESLOVENOS
Desde un
principio y sin vacilación, el poder concentrado en Belgrado se volcó
vehementemente a edificar el "nuevo órden" granservio en todo el
territorio anexado, particularmente en Croacia. El pueblo croata se vio
sometido a un verdadero estado colonial siendo víctima de constantes
humillaciones y violencias físicas cometidas por los gendarmes y el ejército
servios. Arrestos, persecuciones, homicidios, expropiaciones de ganado, de
productos rurales y de otros bienes y fraudulento cambio de divisas (1 denaro
por 4 coronas), sin contar otras medidas políticas, económicas, culturales y
administrativas, redujeron a Croacia a una provincia servia.
Los
croatas reaccionaron inmediatamente iniciando una lucha política agrupados, en
su mayoria, en el Partido Republicano Campesino Croata conducido
por Stjepan Radić. Ya en 1919 los croatas dirigen al Congreso de
Armisticio en París, una Petición firmada por ciento cincuenta y siete mil
personas, exigiendo el derecho de autodeterminación para el pueblo croata. En
el año 1922 los diputados nacionales croatas envían un extenso memorandum a la
Liga de las Naciones en Ginebra, explicando la situación de Croacia en el nuevo
estado "gobernado como si no existiese más ni Croacia ni el pueblo
croata" y pidiéndole a la Liga "que aconseje al gobierno servio
reconocer la individualidad política de Croacia y encaminarse hacia un justo y
duradero acuerdo entre los croatas y los servios, en lugar de seguir tratando a
Croacia como un país conquistado"[6].
En otro Memorandum dirigido
a la Liga Radić denuncia "la implantación de las leyes del Código
Penal Servio que instituye penas físicas y que formalmente data del año 1869
pero en realidad se remonta al siglo XVIII". En una concentración pública
Radić describe la situación reinante diciendo: "No se puede olvidar
que fueron golpeados y encarcelados treinta mil campesinos croatas solamente
por su convicción republicana; no se olvidará jamás que fueron golpeadas
nuestras mujeres, nuestros ancianos, nuestros jóvenes y nuestros niños".
Luego se refiere a la fatal equivocación yugoslavista que él mismo había
compartido en su juventud: "Nunca más podrá encontrarse en nuestras filas
un hombre que diga que nosotros y los servios somos una misma nación. El
verdugo y su víctima no pueden ser lo mismo"[7].
Lo que
ocurrió luego es de público conocimiento: los disparos en la Skupština (Parlamento)
de Belgrado en 1928, la muerte de Radić, la dictadura del rey Alejandro,
el recrudecimiento del terror policial. En todo este período no hubo víctimas
entre los servios, quienes tildaban despectivamente a los croatas de pacifistas
inofensivos. El mismo rey Alejandro le dijo al canciller francés Briand en tono
despreciativo: "Los croatas son pacifistas y por eso no son
peligrosos. No hay peligro de que los croatas proclamen la independencia"[8].
Poco después se produce algo inesperado: el rey muere como víctima de un
atentado croata-macedonio. Se abre entonces una nueva etapa en las relaciones
entre los croatas y los servios.
El
martirio y la lucha del pueblo croata en la Yugoslavia monárquica es un tema, a
mi parecer, insuficientemente analizado y comprendido. Sin embargo, considero
que el conocimiento del surgimiento del estado yugoslavo y las persecuciones
sistemáticas del pueblo croata desde la constitución misma del Reino de los
Servios, los Croatas y los Eslovenos es primordial para comprender lo que
ocurrió después. En la historia todo es una cadena de causas entrelazadas. Ortega
y Gasset, en su estudio sobre La previsión del futuro, afirma que
"la vida es una serie de hechos regida por una ley" y luego prosigue:
"Cuando nos cuentan que Pedro, hombre íntegro, ha matado a su vecino y
luego averiguamos que el vecino había deshonrado a la hija de Pedro, hemos
comprendido suficientemente aquél acto homicida. La comprensión ha consistido
en que vemos salir lo uno de lo otro, la venganza de la deshonra, en inequívoca
trayectoria y con evidencia pareja a la que garantiza las verdades matemáticas.
Pero con la misma evidencia, al saber la deshonra de la hija, pudimos predecir
antes del crimen que Pedro mataría a su vecino. En este caso se ve con toda
claridad cómo al profetizar el futuro se hace uso de la misma operación
intelectual que para comprender el pasado. En ambas direcciones, hacia atrás o
hacia adelante, no hacemos sino reconocer una misma curva psicológica evidente,
como al hallar un trozo de arco completamos sin vacilación su forma
entera"[9].
Pues
eso es lo que se requiere y que los observadores, analistas, politicos y
gobernantes olvidan, o no saben: de un trozo de arco completar su forma entera.
EL MAGNUM CRIMEN
DE LOS CROATAS
Luego
de haber firmado la Declaración de Ginebra, Nikola Pašić dio un comunicado
en el que, entre otras cosas, aseveró: "En el momento más difícil de mi
vida, cuando se trataba la cuestión de la unión, yo, haciendo trizas mi
corazón, acepté la humillación de Servia y la mía propia y lo sacrifiqué
todo por la unión nacional" (subrayado por RL) Smith Pavelić
el autor del libro sobre la personalidad del Dr. Ante Trumbić observa
acertadamente que "esa declaración de Pasić no se puede interpretar
de otra manera sino como que él veía la humillación de Servia y la suya en el
hecho de haber aceptado con su firma el reconocimiento del Estado de los
Eslovenos, Croatas y Servios con lo que Servia perdió el monopolio de
representar a todos los eslavos del sur, el derecho de liberarlos y anexarlos.
A Pašić, quien veía el problema global de la unión de los eslavos del sur
solamente desde el punto de vista del agrandamiento de Servia, la idea de la
igualdad de esos pueblos con los servios equivalía a la humillación de
Servia"[10].
Si la firma de un
compromiso con el que se expresaba la voluntad de un estado de unirse al otro
bajo una sola condición —la de igualdad—significaba para Pašić "el momento
más difícil de su vida, su humillación y la de Servia", podemos
imaginarnos lo que significó para sus descendientes lo ocurrido el 10 de abril
de 1941 cuando el pueblo croata, luego del derrumbe del estado Yugoslavo, se
pronunció unánimamente por su independencia nacional.
Esta vez el sentimiento de
"humillación" se tradujo en una guerra contra la población croata sin
discriminación iniciada casi instantáneamente unos días después de la
proclamación del Estado Independiente de Croacia por los comandos
para-militares, los Chetnik, conducidos por Draža Mihajlović
quien durante mucho tiempo fue glorificado por la prensa mundial mal informada
como "libertador del pueblo yugoslavo".
Ya el 13, 14
y 15 de abril de 1941 los Chetnik, en colaboración con las tropas fascistas
italianas y en menor escala con las alemanas, iniciaron las matanzas de la
indefensa población de las aldeas y pequeñas ciudades de la Bosnia oriental,
extendiéndose luego por toda la región, incluyendo también partes de Dalmacia.
Estas masacres se continuaron durante todo el año 1941 y 1942.
Estos hechos están
asentados en los archivos y libros documentados. Pero más que los hechos
consumados, es importante señalar aquí la premeditación en el plan inspirado
para lograr la Gran Servia. Las órdenes precisas de los comandantes de los
Chetnik exigían "el exterminio de todas las minorías no servias" con
el fin de "poder realizar el propósito de una Gran Servia que abarcaría
Servia, Voivodina, Bosnia
y Herzegovina,
Montenegro, Dalmacia (hasta Šibenik) y Lika. En una Servia así
concebida tiene que existir exclusivamente la población ortodoxa servia"[11].
El mapa de esta "Yugoslavia" indicaba claramente la continuidad de la
idea granservia desde Karadžić, Garašanin y Pašić hasta
Draža Mihajlović.
En 1941 y
1942 no cabía duda respecto al tipo de Yugoslavia para la que luchaban los
Chetnik. La situación se complicó cuando apareció otro grupo guerrillero, el
llamado Ejército de Liberación Nacional (NOV), comandado
por Josip Broz Tito. La "liberación nacional", traducido en
términos políticos, quería decir la conquista del poder por el Partido
Comunista Yugoslavo en la futura Yugoslavia a restablecerse luego de su derrota
en la guerra de seis días en abril de 1941. Para lograrlo había que derrotar en
primer lugar al Estado Independiente de Croacia, principal obstáculo del
restablecimiento de una Yugoslavia en cualquier forma estatal. Pero como el
motivo primordial de la lucha de los partisanos de Tito no estaba inspirado por
el amor a la patria sino por la ideología internacional comunista, en sus filas
participaron combatientes de varias nacionalidades, tanto servios como croatas,
eslovenos, montenegrinos y otros grupos étnicos minoritarios ex-yugoslavos.
Esto dio en un principio la impresión de una cierta unidad nacional, así como
también el hecho de que el programa político de los partisanos pregonara un
estado republicano y federativo. Frente a los ataques indiscriminados de los
Chetnik, la población croata de las zonas donde no se contaba con la efectiva
protección del Ejército croata presentía en su adhesión a los guerrilleros de
Tito una esperanza de salvación. Así progresó y se impuso a los Chetnik el
movimiento de los partisanos comunistas como un movimiento
multinacional, legítimamente "yugoslavo". Parecería que la aguja del
reloj de la historia hubiese vuelto a la "hora cero", que se daba la
oportunidad de realizar lo que no habían podido, o no habían querido, los artífices
yugoslavos en las primeras décadas del siglo.
Pero "la simiente de
cerezo no llevará follaje de chopo". Al progresar la lucha partisana
aparecieron nuevamente las diferencias nacionales entre sus conductores, con
las correspondientes desconfianzas y luchas intestinas, a pesar de su ideología
internacionalista. Además, los Chetnik entendieron pronto que su lucha
progresaría únicamente si llegaban a infiltrarse en las filas de los partisanos
—y así procedieron. Hay muchos testimonios que prueban esta hábil maniobra
política pero basta recordar uno solo, el de Adil Zulfikarpašić, un
alto ex-oficial del ejército partisano. Este, enterado de las horribles
matanzas perpetradas por los Chetnik en Foča, su ciudad natal, y en los
alrededores y dándose cuenta de que muchos de los responsables por estos
asesinatos, devastaciones y pillajes cometidos se encontraban ahora en las
filas partisanas, pidió a los jefes máximos del Cuartel General se enjuiciara y
castigara a los responsbles. Todos se mostraron indiferentes a este pedido y Alexander Ranković
le contestó: "Hay que considerar como un gran éxito político nuestro que
la masa básica de los Chetnik se haya adherido a nosotros". Ante su
insistencia, otro alto funcionario de los partisanos le contestó: "Si
nosotros procediéramos a arrestar a los degolladores de entre los servios
locales entonces deberíamos arrestar a la mitad de nuestro Comité popular y a
la mayoría de los soldados". Al pedir finalmente la intervención de Tito,
éste le dijo: "Nosotros no podemos llevar a cabo una política antiservia
porque en nuestro ejército hay más del 95 % de servios"[12].
Tal como
se desprende de este testimonio, ya a principios de 1942 se hacía sentir la
predominación servia en el movimiento de Tito. Su rol decisivo se manifestó en
las represalias cada vez más pronunciadas contra la población croata, inclusive
contra los mismos comunistas croatas, que culminaron en el holocausto de
Bleiburg, las "marchas de muerte" y el régimen de terror establecido
en toda Croacia después de la "liberación nacional". El secretario
del Partido Comunista de Croacia, Andrija Hebrang, terminó encarcelado,
torturado y asesinado en Glavnjača, la espantosa cárcel de
Belgrado que data de la época de los turcos. Suerte similar corrieron todos los
que osaron profesar su sentir croata y rechazar el régimen imperante. Dos
figuras de marcadas ideas granservias, Djilas, el segundo de Tito, y el
omnipotente ministro del interior y jefe de la policía secreta, Alexander Ranković,
encauzaron definitivamente a la Yugoslavia de Tito
en el camino trazado por sus antepasados servios.
EL ENGAÑO
COMO SISTEMA DE GOBIERNO
La idea
granservia pudo así progresar y afirmarse bajo un nuevo disfraz: un estado
"federal" cuyo lema era: "fraternidad e integridad".
Los
observadores superficiales ven en la existencia de las seis Repúblicas el
reconocimiento del principio de la igualdad plurinacional en Yugoslavia. Hasta
se habla muchas veces de excesivas libertades de las repúblicas y se lo
considera como una de las causas principales de la crisis yugoslava.
Se olvida,
o no se llega a ver, que el federalismo en Yugoslavia corresponde
principalmente a un ordenamiento territorial y administrativo. El poder está
concentrado en un partido comunista único, en un ejército único y en los medios
de represión centrales. Al tener la gran mayoría en estos centros de poder, los
servios manejan al estado igual que lo hicieron en la época de la dictadura
monárquica. En cualquier estado "unitario" democrático pluralista hay
incomparablemente más libertad que en el estado "federal" yugoslavo.
El grado
de una mayor o menor autonomía de las Repúblicas difiere justamente del alcance
de la ingerencia de estos poderes centrales en los gobiernos republicanos. Es
evidente que la República de Servia goza de una mayor autonomía que las demás
debido a que en su caso es mucho más coincidente el poder central con el
republicano, debido a la nacionalidad de sus conductores.
El caso de
Croacia es particularmente complejo. En primer lugar, los croatas están
divididos en dos Repúblicas: La República de Croacia y la de Bosnia y Herzegovina. Para
hacer más efectiva esta división y sudordinación croata en esta república, han
inventado y proclamado formalmente la existencia de una nación nueva: la nación
musulmana. Basándose en la tradición granservia de identificar la
nacionalidad con la religión, han arrancado de esta manera una parte importante
al cuerpo étnico croata.
La
República de Croacia, aparte de su autonomía republicana restringida por el poder
central, está internamente gobernada por una minoria servia, la misma que fue
factor decisivo en la apresurada e incondicional unión con el Reino de Servia
en 1918. Si una minoría del 13,5 % detenta en sus manos más del 50 % del poder,
ocupando los cargos más importantes en el ejército, la policía, el partido y la
administración pública —hasta desempeñar ocasionalmente el cargo de presidente
de la República— no se puede hablar ni remotamente de una república autónoma.
El hecho
de llamarse "república federal" no la salva de su dependencia
política de los factores de poder anticroatas. La opresión llega tan lejos que
el solo empleo del nombre croata se considera provocativo, un "exceso de
nacionalismo"; por cantar canciones patrióticas croatas se aplican penas
de hasta varios años de presidio; se combate violentamente el nombre, empleo y
desarrollo del idioma croata insistiendo en que hablar el croata —y no el
"servio-croata"— es signo de "nacionalismo" y que atenta a
la integridad y fraternidad de los pueblos yugoslavos, —esto para mencionar
solamente algunos ejemplos de la opresión sin entrar en el aspecto de la
explotación económica que lleva al pueblo croata a un sistemático
empobrecimiento y a una recesión general.
Cómo se
puede entonces hablar de la libertad de las Repúblicas yugoslavas? ¿Cómo es
posible que en todo el proceder contra el pueblo croata y las minorias étnicas
como la de los albaneses de Kosovo, no se llegue a ver la manifestación de la
hegemonía granservia que va en linea recta de Pašić a Ranković y sus
sucesores? ¿Y cómo es posible creer en la vigencia de un estado cuyo sistema de
gobierno y la base de su existencia es un continuo engaño?
La campaña
actual contra el pueblo croata, pilar principal del mantenimiento o del
derrumbe del estado yugoslavo, está llevada con el fin de ocultar las
verdaderas intenciones yugoslavas. En sus Memorias, Tito anotó un encuentro con
Draža Mihajlović en agosto de 1941. A la pregunta de Tito sobre qué
opinión tenía Mihajlović en cuanto al problema nacional en Yugoslavia,
éste le contestó pensando que Tito era ruso: "Los croatas y los musulmanes
tienen que ser lo más severamente castigados y después de una venganza adecuada
totalmente subordinados a los servios". "Al oponerme —prosigue Tito—
me dijo Mihajlović que su punto de vista era perfectamente correcto pues todos
los croatas eran responsables por los crímenes de los Ustaša, todos eran ustaša
y traidores que habían entregado Yugoslavia a los alemanes"[13]
(subrayado por RL).
Al margen
del hecho de que después fuera comprobada la colaboración de Mihajlović
con los alemanes e italianos (causa por la que fue abandonado por los Aliados y
más adelante enjuiciado por los Partizanos), es importante señalar aquí la
total coincidencia de esa declaración con la meta principal que se quiere
conseguir con los slogans
de la maquinaria propagandística actual del gobierno yugoslavo.
Por esta razón se inventan
cifras fabulosas de supuestos crímenes de guerra cometidos por los croatas y se
multiplica el número de víctimas hasta el paroxismo. La prensa mundial seria ya
no oculta estas mentiras ridículas. Así por ejemplo, Victor Meier escribe
en Frankfurter Allgemeine
Zeitung del 5 de marzo de este año: "En el proceso al
cardenal Stepinac en 1946 fue indicado el número de víctimas en Jasenovac
aproximadamente en 50.000. En los años cincuenta se hablaba de 200 hasta 300
mil. La historiadora comunista Jelić-Butić habla de 500.000 a
600.000. En 1974 ya fueron 700.000.
Ese número figura en los manuales
actuales de los colegios. Pero la versión más reciente de la historia
partidaria comunista, de hace tres años atrás, habla ya de 800.000 mientras que
algo más adelante un general
partisano declaró que solamente en Jasenovac perecieron `más de un millón
de servios'. Como número total de las víctimas de guerra en Yugoslavia se
menciona oficialmente 1.000.000."
A pesar de que esto no
requiere comentario alguno y que los crímenes cometidos exigen ser unánimemente
condenados al margen del número de víctimas, cabe recordar que el historiador Franjo
Tudjman, ex general del ejército de Tito, estableció en base de las
estadísticas oficiales yugoslavas que el total de las víctimas como
consecuencia de las persecuciones cometidas por los Ustaša no pasaba los 60.000,
incluyendo en este número a los opositores de nacionalidad croata. Para la
corriente oficial yugoslava esta declaración fue considerada como un crimen,
causa por la cual Tudjman fue procesado y condenado a dos años de cárcel
incluida la pérdida de su grado y la destitución de todas las altas funciones
que desempeñaba.
En todo
este proceder resalta la idea granservia de "subordinar al pueblo croata a
los servios" como lo profetizó en su tiempo Draža Mihajlović. Es muy
importante tener presente que mientras los croatas, tanto en su tierra natal
como en la diáspora, condenaron y condenan los crímenes cometidos exigen ser
unánimamente condenados al margen del número de concentración de Jasenovac y en
cualquier lugar que fuera, las autoridades yugoslavas, en cambio, responsables
de cientos de miles de muertes atroces cometidas durante y después de la
guerra, en plena época de paz, continúan con persecuciones inhumanas, dirigidas
principalmente contra los croatas, en 16 establecimientos carcelarios tipo campos
de concentarción que enumera André Ott[14] y
particularmente en Goli Otok y Sveti Grgur donde "alrededor de
cincuenta y cuatro mil sospechosos Cominformistas fueron encarcelados y
brutalmente torturados. Miles de ellos fueron golpeados hasta morir o acuchillados.
La letanía de horrores cometidos por el régimen de Belgrado llevaría volúmenes
enteros, pero lo expuesto basta para demostrar que —tal como escribió Djilas
luego de haber sido también él enjuiciado y condenado— Yugoslavia es un país
sin justicia, un país donde ningún sospechoso de ser un opositor político puede
aspirar a ser escuchado o ser juzgado con justicia en las cortes"[15].
* * *
Remontándonos a los
orígenes del nacimiento del estado yugoslavo, hemos visto cuál fue el resultado
de dos ideas opuestas y equivocadas. Una, la ficción abrazada por los políticos
croatas de que los pueblos sureslavos representaban de hecho una sola nación
dividida en diferentes grupos étnicos distanciados entre sí debido a
influencias políticas, religiosas y culturales distintas y que tenían que
unirse para triunfar y cumplir con su misión histórica.
La otra, que todos estos
pueblos sureslavos eran en realidad servios y que el Principado de Servia que
alcanzaría luego el status de Reino estaba llamado, como un Piemonte de los
Balcanes, a unirlos a todos en una Gran Servia. Esta concepción servia
caracterizada por su nacionalismo dinámico y agresivo, no pudo progresar a
pesar de la aparente debilidad de las ideas políticas y universalistas croatas
y para poder prosperar tuvo que presentarse bajo diferentes formas de
yugoslavismo pero siempre persiguiendo su ideal original: el granservismo. La
experiencia histórica demuestra que los servios aceptan al estado yugoslavo
solamente bajo la condición de que ellos sean los amos. Para conseguirlo se han
servido durante estas siete décadas transcurridas de todos los medios de
opresión encubierta de engaños variados sin darse cuenta de que al tratar de
engañar a los otros se han engañado a sí mismos.
Esto resulta evidente en
esta última campaña de desinformaciones. Están buscando la culpa de sus
víctimas para justificarse a sí mismos. Los croatas han comprendido al unísono
su gran equivocación histórica y han encontrado su propio camino que más tarde
o más temprano los llevará a la realización de sus anhelos nacionales. Les
queda ahora a los servios comprender por fin sus propias limitaciones y buscar
la responsabilidad en ellos mismos. No es ofensivo para unos ni para otros el
ser diferentes, dos pueblos diferentes, tal como los define el eximio
historiador croata, o. Dominik Mandić, en su obra homónima. La idea
que resume en la Introducción, se perfila como una conclusión:
"Entre
los croatas y los servios de los tiempos históricos antiguos reinaban relaciones
buenas y amistosas, cuando cada uno de ellos vivía dentro de su territorio
nacional y tenía su estado propio. Es nuestro deseo que las relaciones
amistosas entre los croatas y los servios se restablezcan nuevamente. El deber
de todos los amigos de la paz, en particular de aquellos llamados a velar por
la paz en el mundo y entre los distintos pueblos, consiste en trabajar para que
entre los croatas y los servios, organizados en sus estados nacionales
soberanos, reine una verdadera amistad de vecinos, y una colaboración económica
y cultural basada en los principios de la justicia, la igualdad y la
libertad"[16].

El mapa
publicado por los chetnik en los EE.UU. durante la Segunda Guerra Mundial,
similar al mapa presentado por Nikola Pašić en 1917 a las Potencias
Aliadas, indicando la zona de Gran Servia (Great Serbia) dentro
de la futura Yugoslavia. Para apreciar mejor la magnitud de la
amputación de Croacia proyectada, hemos trazado a grandes rasgo, y con línea
gruesa los límites histórico-étnicos del territorio nacional croata.
[1] Dr. Mile Starčević: Dr. Ante Starčević i Srbi (El Dr. Ante Starčević y los servios), Matica Hrvatska, Zagreb 1936, pp. 24 y 28.
[2] Ivan Meštrović, Prólogo al libro de Ante Smith Pavelić: Dr. Ante Trumbić, Knjižnica Hrvatska Revije, Munchen 1959, p. IX.
[3] Ivan Meštrović: Uspomene na političke dude i dogodjaje (Recuerdos de hombres y acontecimientos politicos), Knjižinica Hrvatska Revije, Buenos Aires 1961.
[4] Ivan Meštrović - Ante Smith Pavelić, idem. p. IX, X.
[5] Ante Smith Pavelić, idem p. 184.
[6] Stjepan Radić: Politički spisi (Escritos políticos), Znanje, Zagreb 1971, pp. 407 y 409.
[7] Stjepan Radić, idem, pp. 405 y 419.
[8] Bogdan Krizman, Ante Pavelić y Ustaše, Globus, Zagreb 1978, p. 54.
[9] José. Ortega y Gasset: El tema de nuestro tiempo, La Previsión del futuro, Obras Completas, Tomo III, p. 154 (la citación del encabezamiento, ídem, p. 153).
[10] (10) Ante Smith Pavelić, ídem, p. 180.
[11] Jozo Tomasevich: The Chetniks, Stanford University Press, 1956, p. 171, y Djuro Stanisavljevič: Pojava i razvoj četničkog pokreta u Hrvatskoj (La aparición y el desarrollo del movimiento chetnik en Croacia), Belgrado 1962, pp. 96 y 97, según Ivan Babić: ¿Yugoslavia? - ¡Para los servios sí, pero para los croatas no!, Studia Croatica, 1978, vol. 70-71, p. 122.
[12] Adil Zulfikarpasić: Cabalgando rumbo a Foča, Testimonio sobre las matanzas de musulmanes perpetradas por los chetniks servios, el 25/1/1942 en Foča, Bosnia. Studia Croatica 1980, vol. 78-77, pp. 39-47.
[13] Tito: Govori i članci (Discursos y artículos), I, p. 188, según Ivan Mužić: Hrvatska politika i jugoslavenska ideja (La política croata y la idea yugoslava ), Split 1969, p. 252.
[14] André Ott: Dangers serbes sur la Croatie, Nouvelles Editions Latines, París 1982, p. 69. Este libro fue reseñado en Studia Croatica, 1983, vol. 88-89, pp. 83-86.
[15] Carta del Dr. Mateo Meštrović al Canciller G. Shultz con motivo de la extradicción del Dr. Andrija Artuković. El texto completo está publicado en el volumen presente de Studia Croatica, sección Documentos.
[16] Dr O Dominlc Mandić: Hrvati i Srbi dva stara različita naroda (Los croatas y los servios, dos antiguos pueblos diferentes), Knjižnica Hrvatske Revije, München – Barcelona, 1971, p. 11.