Strossmayer y los búlgaros

Ante Kadic

Para la mayoría de los conocidos historiadores sureslavos, desde los tiempos de Strossmayer hasta hoy (por ej. Franjo Racki, Tade Smiciklas, Ivan Sismanov, Ferdo Sisicg, Vladimir Corovic, Slobodan Jovanovic, Viktor Novak y Jaroslav Sidak) el obispo de Djakovo fue y sigue siendo un lúcido y ferviente sostenedor de la comunidad cultural y política de los sureslavos[1]. Cuando declaró (1885) "que se imponía la idea de la federación eslava en la península balcánica" [2], no expresó sólo lo esencial de sus convicciones sino que trazó un programa, no concretado en su totalidad hasta hoy.

Es comprensible que Strossmayer, teniendo en cuenta la proximidad geográfica, la similitud idiomática, y la mezcla de la población, prestó mayor interés a los eslovenos, servios y montenegrinos, pero no olvidó a los búlgaros. Opinaba que los búlgaros son tan cercanos a los croatas como los demás sureslavos y de ahí su amor e interés por ellos.

Como la fracción oriental de la comunidad étnica y lingüística sureslava no integró el mismo Estado ni en 1918 ni 1945, se suele omitir, cuando se habla de Strossmayer y de sus concepciones políticas, que éste --siguiendo en este sentido a algunos precursores croatas-- hablaba y escribía que los búlgaros eran sus queridos hermanos eslavos; lo alegraba su emancipación política y le producía contento su rápido progreso económico y cultural e hizo todo lo que estaba a su alcance para que ese país, antaño cuna de las letras antiguas eslavas, figurase nuevamente como un miembro igualitario entre los pueblos civilizados de Europa. Más que todos esos logros políticos y económicos, el obispo le entusiasmaban las noticias sobre la emancipación de los campesinos búlgaros. Strossmayer admiraba sinceramente "a ese hermano sureslavo" que no permitió que el enemigo secular lo despojara de su rica herencia espiritual, guardada tan celosamente desde la época de los santos Cirilo y Metodio.

Una de las fechas importantísimas en la moderna historia búlgara, que significa la transición del período del sometimiento turco y griego al de la lucha consciente hacia el fomento cultural y la liberación política, fue el año 1762, cuando en el monasterio de Zograf (en el monte Atos) el monje Paisij escribió la obra Istorija slavenobolgarskaia. Este libro que iba de mano a mano en varias copias colmaba 100 corazones de los intelectuales búlgaros (mayormente sacerdotes) y de la juventud con el orgullo de ser descendientes y heredero del Estado búlgaro, otrora muy poderosa. Fue lógica su conclusión: ¿Si antes hemos sido dueños de nuestro destino, por qué no podemos serlo ahora? Y el milagro se hizo. Sólo un siglo después (1878) Bulgaria fue proclamada una formación política independiente. Para los búlgaros el monje Paisij como los santos Cirilo y Metodio son los factores más influyentes para su emancipación nacional.

Mientras escribía su libro, Paisij se sirvió abundantemente de dos obras de autores croatas, Il regno degli Slavi (1601) del ragusino Mavro Orbini y Razgovor ugodni naroda slovinskoga (1759) (Plática amena del pueblo croata) de Andrija Kacic-Miosic, oriundo de Makarska.

Pedro el Grande encargó a Sava Vladislavic, nacido en Herzegovina, que tradujera del italiano al ruso la obra de Orbini. Aunque esta traducción (1722) es incompleta e inexacta, se leía mucho entre los eslavos ortodoxos e influyó notablemente en los comienzos de la historiografía servia y búlgara. Leyendo a Orbini, Paisij le reprochaba no mencionar a los santos búlgaros, agradeciéndole a la vez por destacar que los historiadores griegos no se referían a los grandes monarcas búlgaros porque tenían vergüenza de haber sido derrotados varias veces por sus poderosos vecinos búlgaros. Cotejando a Paisij y Orbini, el profesor Bojan Penev demostró fehacientemente que el benedictino croata era una fuente importante para el prócer búlgaro[3].

A fines de 1761 fue escrita en Atos Zografska istoriia (La historia de Zograf) a la que Paisij recurrió a menudo. Según lo probó el profesor Jurdan Trifonov, el autor anónimo de esa crónica recopiló ciertos pasajes de Kacic, lo que se desprende especialmente del capítulo en que el franciscano mata se refiere a los "jefes de Bulgaria". El autor de la historia de Zograf sigue fielmente la "Plática" desde la cuarta cruzada ("en poco tiempo asaltaron a Constantinopla y la tomaron por fuerza, nombrando a Balduino emperador de las regiones orientales") hasta el derrumbe del imperio búlgaro ("desde entonces Bulgaria está sometida a Turquía"). Como en esta historia búlgara se mencionan, también los gobernantes legendarios ilirios, que no figuraban en la primera edición de la Plática (1756), quiere decir que los monjes de Atos conocieron el poemario de Kacic sólo dos años después de ser impreso (1759)[4]. Tomo Matic, primero en señalar ese importante estudio de Trifonov, concluye acertadamente: "De ese modo en el momento en que los monjes búlgaros empezaron a despertar la adormecida conciencia nacional mediante los relatos de un pasado más hermoso, al lado del resurgimiento nacional búlgaro se halló también el franciscano croata Kacic[5].

Los vínculos croata-búlgaros no quedaron circunscriptos al ámbito cultural sino que se extendieron también al campo religioso y político. En el curso del siglo XVII los católicos búlgaros, cuyo centro era Ciprovac, habían organizado una fuerte resistencia a los otomanos. Con su levantamiento precedieron los movimientos nacionales de otros cristianos balcánicos. Los jefes espirituales de esos católicos búlgaros fueron mayormente los franciscanos croatas, especialmente los llegados de Bosnia[6].

El movimiento ilirio adoptó la idea de la unión sureslava que maduraba en Croacia desde Orbini, Gundulic, Mrnavic y Krizanic hasta Kacic. Los Prohombres del resurgimiento croata consideraron a los búlgaros parte integrante de la Magna Iliria, que en su opinión se extendía desde el pico Triglav hasta el mar Negro. Ljudevit Gaj, por ejemplo, en su segundo Manifiesto (1835), enumerando a todas las provincias eslovenas y croatas, pertenecientes a lliria ("Lira de Europa"), incluyó también a Montenegro, Servia, Bulgaria y Hungría inferior. En el periódico Danica llirska (1837, Nos. 32 y 33) fue publicado el artículo "Cosechadoras búlgaras", en el que se describieron las costumbres populares de los alrededores de Sofía. Dicho artículo empieza: "En Macedonia, como se sabe, además de los turcos, valacos, griegos y albaneses vive hoy mucha gente búlgara, especialmente en las aldeas" [7]. Stanko Vraz insertó entre "33 canciones populares búlgaras" (Kolo 1847, libro IV y V) algunas recogidas en Bulgaria y otras en la Macedonia actual. Resulta interesante el comienzo del prólogo de Vraz a esa lograda selección: "Al este hay una tribu de nuestra estirpe, un pueblo disperso por los campos y montes de la antigua Mesia, Tracia, Macedonia y del mismo Epiro, que nosotros en el Occidente sabemos sólo que, pobres y sojuzgados, deben servir al sultán turco y que hablan un dialecto eslavo". Puesto que los croatas conocían muy poco a los búlgaros, Vraz decidió "publicar algunas poesías populares del pueblo búlgaro, recogidas en distintas comarcas de su patria" [8]. Su artículo, redactado según el manuscrito del folklorista ruso V. Grigorovic, lo concluyó Vraz: "Los viajeros relatan que a los búlgaros les gusta cantar canciones. En ese sentido ese pueblo es hermano de los demás eslavos" [9]. Muchos otros ilirios escribieron sobre los búlgaros por los años 1840 y 1850. Así, por ejemplo, el combativo y activo Iván Kukuljevic escribió para "Katolicki list" de Zagreb (1858) una reseña de la moderna literatura búlgara, y dos años después en el mismo periódico Franjo Racki publicó un complemento a dicho estudio pionero de Kukuljevic.

Consideré conveniente referirme brevemente a los vínculos culturales croata-búlgaros antes de Strossmayer por dos razones: primero, porque con frecuencia se escribe que Strossmayer fue el iniciador de dichos nexos[10] y segundo, aunque gracias a la descollante personalidad del obispo las relaciones búlgaro-croatas de los años 1860 atravesaron una de sus fases más importantes, Strossmayer sólo profundizó el interés secular de los eslavófilos o ilirios croatas por la frontera oriental de la comunidad étnica sureslava.

Como también los estudiosos búlgaros a menudo escribieron sobre Strossmayer[11], no me detendré en los problemas que ellos ilustraron debidamente, sino que me limitaré a los aspectos y hechos que no llamaron tanto su atención o fueron omitidos.

Por los años sesenta del siglo pasado los búlgaros atravesaban por trances muy malos. No sólo seguían oprimidos por los turcos, sino que los griegos entorpecían su progreso cultural. Los búlgaros moderados esperaban conseguir del sultán la independencia eclesiástica y luego por intermedio de sus metropolitanos y monjes propagar la cultura y literatura búlgaras. Otros, viéndose acosados por todos lados, se dirigieron al papa Pío IX solicitando los recibiera en el seno de la Iglesia católica[12]. El tercer grupo de búlgaros se refugió en países vecinos, en Servía y Rumania, y desde allí con su actividad revolucionaria contribuyó primero a la emancipación eclesiástica y luego a la política de su país.

En esos años decisivos Strossmayer hizo mucho por los búlgaros. El 10 de diciembre de 1860 dirigió una carta al ban (virrey) croata, adjuntando la primera contribución para la fundación de la Academia sureslava. El obispo estaba persuadido que los sureslavos, igual que los italianos y alemanes debían fundar una sociedad docta para promover las artes y las ciencias. Zagreb, ya meritoria ciudad para el resurgimiento de la cultura croata, debía convertirse en el centro cultural de los eslavos balcánicos. En este famoso legado Strossmayer se refirió no sólo al acercamiento lingüístico croata-servio, sino que recordó también a los búlgaros en los siguientes hermosos términos: "A ese círculo deberían acercarse también los aplicados búlgaros. Ese pueblo, que cuenta con cinco millones de integrantes, ya por eso merece nuestra atención porque otrora en el campo literario llevaba la delantera no sólo a los eslavos meridionales sino también septentrionales; también en los tiempos recientes da prueba de que en él no está extinguido el espíritu de los santos Cirilo y Metodio, Clemente, del exarca Iván y del gran emperador Simeón" [13]. Con ello también a los búlgaros quedó abierta la puerta. En efecto, hasta la liberación de Bulgaria, en Radovi de la Academia escribían los estudiosos búlgaros, mientras que antes y después de esa fecha sobre los búlgaros y su pasado la Academia publicó varios trabajos de primera calidad (por ej. Racki escribió sobre el período más brillante de la historia búlgara, sobre el reinado de Samuilo, y Fermendzin, de origen búlgaro, publicó la importante obra Acta Bulgariae eccelesiastica).

Algunos meses después, el 29 de abril de 1861, cuando en el Parlamento (Sabor) croata abogaba por la necesidad de fundar la universidad, Strossmayer no se olvidó de los búlgaros, pues vislumbró que también en los montes balcánicos "empieza a mostrar su rostro la aurora de un futuro mejor" [14]. Tan pronto se inauguró la Universidad croata (1874), los búlgaros empezaron a inscribirse. Su número era importante a comienzos de este siglo, sobre todo en el período entre las dos guerras mundiales[15]. Después de 1945, por primera vez, no hay estudiantes búlgaros en Zagreb.

Por los años 1860-70, al formarse la Bulgaria moderna, Macedonia desempeñó nuevamente un papel de primer orden. En su territorio aparecieron destacados propulsores culturales: Rajko Zinzifov, quien, radicado mayormente en Rusia, informaba a los círculos rusos sobre la precaria situación de los eslavos balcánicos, y Grigor Prilicev, quien empezó a escribir en griego y luego (conmovido por la tragedia de los hermanos Miladinov, conforme lo cuenta en su Autobiografía) en el dialecto búlgaro-macedonio. Sin embargo, los más importantes eran los hermanos Miladinov.

Dimitar, el mayor, sobresalió más que como escritor como político, por su enérgica lucha contra las autoridades eclesiásticas fanariotas e introduciendo el idioma eslavo en las escuelas. Constantino publicó una quincena de poesías donde predominan los sentimientos patrióticos. Su poema más hermoso lleva por título: "La tristeza por el sur" (Taga za jug). Lo escribió en Moscú, enfermo, adorando el del mediodía que le calentase el alma y el cuerpo:

No, no puedo vivir aquí: Ni mirar siempre el hielo! Dadme alas muy ligeras para volar al solar querido, para visitar los lugares que añoro, para ver la hermosa Ohyid y Struga.

Ya por los años 1840, ejerciendo como maestro en varias aldeas macedonias, Dimitar se dedicó a la recopilación del tesoro popular. Lo estimuló el conocido etnógrafo ruso Víctor Grigorovic, interesado en documentos culturales en el territorio del entonces imperio turco. Cuando Constantino, hermano menor de Dimitar, se fue a Rusia a seguir sus estudios, se llevó con él una colección preparada por su hermano. En Moscú lo depuró e incluyó las poesías que le cedieron los amigos Zinzifov y Colakov. Sin embargo, en vano buscó editor en Rusia.

Ya al borde de la desesperación, Constantino se enteró de que en Viena se hallaba el obispo Strossmayer, famoso protector y benefactor de los eslavos. Constantino se apresuró a ir a Viena, se presentó al obispo y pidió lo ayudara en la edición de una colección de la poesía popular búlgara. Strossmayer prometió correr con los gastos de su edición con la condición de que se imprimiera no en caracteres griegos (conforme pensaban los hermanos Miladinov) sino cirílicos. Constantino consintió de grado. Se trasladó con el obispo a Djakovo, se alojó en el seminario y en tres meses preparó y copió la colección para su impresión. Mientras el libro estaba en prensa, desde enero hasta junio de 1861, Constantino residió en Zagreb.

A fines de junio aparecieron Bulgarski narodni pesmi, sobrani od Bratia Miladinovci i izdani od Konstantina (en la imprenta Jakic)[16] (Las poesías populares búlgaras), recopiladas por los hermanos Miladinov y editadas por Constantino. Este voluminoso libro (550 páginas) contenía 660 poesías populares búlgaras, recogidas en su mayoría en Macedonia. La importancia histórica de esta colección consiste en haber desbrozado el camino a futuros recopiladores del tesoro popular (como lo fueron Kuzman Sapkarev y Marko Copenkov) y colocó el fundamento sobre el cual se desarrolló no sólo la literatura búlgara sino también, más tarde, la macedonia. Además, esas poesías despertaban el orgullo nacional entre el pueblo.

El libro fue dedicado a Strossmayer "quien amablemente se interesó también por los búlgaros, eslavos del sur" y generosamente ayudó en la edición de esta colección. Sin su ayuda, escribe Constantino, esas poesías búlgaras permanecerían por mucho tiempo "ocultas en la incertidumbre" [17].

La nómina y los nombres de los suscriptores croatas (quiere decir de la gran mayoría) fueron impresos en caracteres latinos[18]. Desde Belgrado se suscribieron unos cuantos servios y varios búlgaros. De las ciudades búlgaras se menciona sólo Hazkovo. Petar Beron, el primer escritor secular búlgaro, pidió desde París 25 ejemplares.

Constantino, muy contento, trajo algunos ejemplares a Djakovo que obsequió al obispo y a sus amigos de Djakovo. Pero esta alegría no duró mucho para ese hombre de "ojos hundidos y rostro sufrido". En esos días le llegó la noticia de que su hermano Dimitar, acusado por los griegos como propagandista ruso, se hallaba encarcelado. Inmediatamente se fue para ayudar a su hermano. Pasando por Belgrado donde conversó con los revolucionarios búlgaros y el poeta Georgio Rakovski, Miladinov se enteró de que su hermano ya había sido trasladado a Estambul. Por eso, en lugar de dirigirse a su Macedonia, se fue a la capital turca. Tan pronto llegó, los griegos, al parecer, lo denunciaron también ante la Puerta y los turcos lo pusieron en la cárcel junto con su hermano.

El obispo se enteró sólo a fines de octubre de lo que había sucedido a Constantino. Inmediatamente escribió a Johann Rechberg, ministro de Relaciones Exteriores de Austria, solicitando su intervención en la liberación de los hermanos Miladinov[19]. Strossmayer asegura a Recheberg conocer bien a Constantino por haber residido cierto tiempo en Djakovo y lo cree incapaz de transgredir ley alguna. El ministro a su vez escribió a su embajador en Estambul, Prokesch Osten, quien contestó que recibió una nota del gran visir turco informándole que la policía turca hacía cargo contra los hermanos Miladinov por tomar parte en una conjura y que muchos importantes documentos hablaban en su contra[20]. Rechberg informó a Strossmayer sobre el particular.

Entonces Strossmayer se dirigió nuevamente a Rechberg con una larga e importante carta (28 de diciembre de 1861), que en los posteriores decenios se convertirá en "piedra de escándalo" para algunos búlgaros y macedonios. Cuán grande era su interés por los hermanos Miladinov lo demuestra la rapidez con que contestó la carta del ministerio de Relaciones Exteriores de Viena, del 22 de diciembre. Refiriéndose a ciertos cargos formulados contra los hermanos encarcelados, Strossmayer manifiesta su convicción de que la policía turca fue mal informada. Austria debería intervenir a favor del inocente Constantino, escribe el obispo, ya que él "pertenece al partido católico". Croacia, ahora cuando se trata de Bulgaria se orientará hacia Oriente u Occidente, podría desempeñar un papel decisivo. Toda política razonable debería ayudar a los croatas en esta misión históricas[21].

Esta correspondencia entre el obispo y Rechberg y la de este último con su embajador en Estambul se interrumpe bruscamente el 29 de enero de 1862 Prokesch Osten comunica a su ministro que los hermanos Miladinov ya murieron (Constantino el 18 y Dimitar el 23 de enero). Anteriormente se sostuvo que murieron envenenados, porque presuntamente los turcos temieron que distintas intervenciones podrían obligarlos a ceder, pero últimamente se sostiene que las hermanos, débiles y torturados, sucumbieron al tifus.

Esta ingrata noticia conmovió al obispo. En el vocero de su partido Pozor fue publicado un artículo ("La voz triste de un búlgaro" de Vasil Colakov) acusando a Rusia más que a los fanariotas de haber causado la muerte de los hermanos por la poca precaución de sus agentes (o acaso adrede). Colakov está persuadido que los hermanos mártires Miladinov erigieron un monumento perenne en los corazones de todos los búlgaros[22].

Los búlgaros y los macedonios están agradecidos al obispo por haber ayudado la edición de la colección Miladinov y por haber intervenido con tanto celo en su liberación de la cárcel, pero ya desde los años sesenta del siglo pasado, a los hay (si bien muy pocas) que imputan a Strossmayer intenciones deshonestas y encubiertas[23]. Le reprochan sobre todo dos cosas: primero, haber dicho, de Constantino que pertenecía al partido católico ("Miladinov gehört, ohne allen Zweifel, zu der karhalische Parthei")[24]; segundo, por haber ayudado económicamente a algunos jóvenes búlgaros que estudiaron en el seminario greco-católico de Zagreb.

En cuanto al catolicismo de Constantino es posible, según sostiene Traikov, que obispo lo subrayó expresamente para ganar las simpatías de las autoridades austríacas para su protegida. Ignoro, por otra parte, por qué Traikov afirma categóricamente que Constantino era "adversario de la propaganda y unión católicas"[25]. Sabemos que los hombres cambian y podemos comprender que Constantino, que durante su estada en Moscú (1858) tradujo del ruso la obra antiunionista de Flerov, vio bajo otra luz el cisma eclesiástico. Los rusos lo habían decepcionado totalmente y conoció la magnanimidad y la bondad de Strossmayer. Polenakovid admite que Constantino, mientras residía en Zagreb, "se había entusiasmado por la unión" y a menudo visitaba el seminario greco-católico[26]. Además, de su carta a Rakovski (escrita en Zagreb al comienzo de febrero de 1861) se infiere claramente que la cuestión de la reunión eclesiástica le interesaba sobremanera y que esperaba que la salvación del pueblo búlgaro podría provenir de otro lado y no del lado ruso[27].

En cualquier reseña de la lucha de los búlgaros por la libertad eclesiástica[28] puede leerse que había surgido una corriente procatólica sin injerencia o influencia alguna de Strossmayer. Cuando, en esta situación, los superiores eclesiásticos le pidieron la ayuda en la instrucción de jóvenes búlgaros, se comprometió a otorgar beca a cuatro alumnos[29].

En su respuesta a "los hermanos católicos búlgaros en Estambul" (escrita para la Pascua de 1861) reconoce seguir atentamente el movimiento eclesiástico surgido en el seno del pueblo búlgaro. Ante todo abriga la esperanza de que el pueblo búlgaro podría, a través del catolicismo, participar en todos los beneficios de que goza desde tiempo atrás Europa occidental. Luego, por esta misma vía establecerá "el nexo que lo vincularía con el pueblo croata". Nadie mejor que Jurinic, quien en más de diez páginas transcribió la correspondencia del obispo sobre este tema, comprendió al visionario Strossmayer. Ese profesor búlgaro (croata de origen) comprendió la alegría del obispo, pues este veía en la reconciliación de la iglesia oriental con la occidental una garantía de la futura unión política sureslava. En la década sesenta del siglo pasado, cuando negros nubarrones oscurecían los horizontes de Bulgaria y de Croacia, Strossmayer rogaba a Dios para que los sureslavos (cuando no es posible otra cosa) se encontrasen por lo menos en el campo cultural y eclesiástico. Lo guiaban únicamente intenciones puras y nobles[30].

* * *

Mientras la situación en Croacia seguía empeorando (después del Compromiso de 1868), en Bulgaria, debido a la decadencia del imperio otomano y la lucha tenaz de las fuerzas revolucionarias, las cosas mejoraban. Primero el sultán acordó a los búlgaros la independencia de la iglesia fanariota y luego aquellos se esforzaron en conquistar también la libertad política. Se alzaron en abril de 1876 esperando poder obligar a los turcos a la retirada, pero fueron derrotados, miles y miles ahorcados, sus aldeas incendiadas. Los turcos procedieron como en la Edad Media cuando a sangre y fuego iban conquistando comarca tras comarca ante la indiferente mirada de Occidente. Pasaron los tiempos de Marko Marulic, padre de las letras croatas, cuando, pobre, en el siglo XV, imploraba la ayuda de las potencias occidentales para los cristianos de los Balcanes.

Europa ahora seguía con simpatía el levantamiento de las masas búlgaras y quedó horrorizada ante su martirio. No sólo distintos corresponsales sino varios escritores levantaron la voz en su defensa. El más elocuente fue el célebre estadista inglés Gladstone, quien censuró al gobierno británico por su contubernio con el enfermo del Bósforo[31]. La repercusión de su requisitoria fue enorme. Incluso en el sureste europeo su escrito sobre "los horrores búlgaros" (The Bulgarian Horrors, 1876) tuvo un impacto alentador como evidente prueba de que la despertado conciencia moral del pueblo británico condenaría la política proturca de Disraeli.

Gladstone y Strossmayer ya habían establecido contacto por intermedio de lord Acton, quien conoció al obispo en Roma durante su oposición al dogma sobre la infalibilidad papal. Liddon, conocido predicador londinense alentó a Strossmayer para que escribiera a Gladstone. Este abogado de los cristianos balcánicos, al visitar Belgrado, se trasladó a Djakovo e hizo buenas migas con Strossmayer[32].

R. W. Seton-Watson[33] fue el primero en publicar las cartas de Strossmayer las que ejercieron gran influencia en los puntos de vista de Gladstone sobre la cuestión oriental y en las que el obispo condenaba la exagerada influencia de los prelados italianos en la curia romana.

Strossmayer comienza su primera carta a Gladstone (fechada en Djakovo 1º de octubre de 1876) agradeciendo al estadista inglés "por haber intervenido tan generosamente ante su glorioso pueblo, ante todo el mundo civilizado, por los derechos de humanidad y libertad que tanto anhelan los desafortunados sureslavos y derraman su sangre en lucha desigual"; lo escribe también "para aliviar la carga que le oprime el corazón".

Aquí está el alegato del obispo a favor de los búlgaros perseguidos: "Los búlgaros son un pueblo pacífico, razonable y trabajador, dotado de varias virtudes. Y un pueblo ético y trabajador eo ipso es capaz de gobernarse. Si se concediera un gobierno independiente a esta noble raza eslava, quedarían libres las fuerzas que muy pronto contribuirían al enriquecimiento de la civilización, moral y material; la autonomía eclesiástica, implantada parcialmente, les servirá de escuela para la autonomía política".

Haciendo mención de los servios como "una raza guerrera, llena de fuerza vital", el obispo no omitió destacar el papel que adjudicaba a su pueblo. Nosotros los croatas, en efecto, podemos decir que en este pequeño grupo de los hermanos eslavos, representamos al elemento toscano... Hemos adquirido el título de ser guías en el camino del progreso espiritual y de altos ideales. Estamos conscientes de nuestra misión en esa zona (los Balcanes) y en las cuestiones que inquietan al mundo". Mientras con todas sus fuerzas bregaba por los búlgaros y otros sureslavos, Strossmayer, esperaba que su Croacia podría convertirse en el centro espiritual.

Al conquistar los rusos Pleven en 1877 y al emprender la ofensiva general a principios de 1878, apoderándose sucesivamente de Sofía, Plodiv y Adrianópolis, tenían, pensado marchar sobre Estambul. Gran Bretaña se opuso a que las tropas rusas, siquiera en forma provisoria, conquistaran la capital turca. En esta situación los rusos aceptaron negociar la paz con los turcos.

Antes del acuerdo de San Stéfano, el obispo se dirige a Gladstone, expresando su temor de que sus queridos búlgaros pudieran perder en el campo político lo que habían ganado, con la ayuda rusa, en el militar. En su carta del 13 de febrero de 1878 Strossmayer agradece a Gladstone por las brillantes pruebas de su adhesión a los desgraciados cristianos balcánicos. Como ya todos los Estados consintieron en convocar el Congreso y con ello la pacificación, él quiere formular algunas observaciones: cree que sería "digno no sólo de este o aquél partido en Inglaterra, sino de la eterna y gloriosa nación inglesa, abogar en el Congreso por los principios de humanidad y libertad sin permitir que pequeñas cuentas la desvíen de este camino. Debe admitirle que en ese sentido le embarga cierto temor. Cuando se debatía en el Parlamento inglés sobre la liberación de toda la Bulgaria septentrional y meridional, vuestro primer ministro se expresó en forma ligera y torpe. Exclamó con tono amenazador: `Respecto a la liberación de Bulgaria hay otros también que quieren que se tengan presentes sus intereses...'. Me parece que quiso decir: la liberación de Bulgaria es una causa justa; y el pueblo inglés nada tiene en contra; sin embargo, por otras razones, Inglaterra se alegrará si otros se opusieran. Eso implica, en cierta medida, proceder como Pilatos, quien creía que era tan fácil limpiar la conciencia sucia como las manos sucias... Si Inglaterra en el Congreso abogara por los intereses de los pueblos oprimidos, moralmente ganaría a los ojos del mundo entero y sobre todo de los pueblos oprimidos cuyos intereses están en juego" [34].

Poco tiempo después del acuerdo de San Stéfano, Strossmayer escribe (14 de marzo) al cardenal Franchi, secretario de Estado papal, una larga "promemoria" en la que protesta contra ciertos periódicos católicos, propensas a amputar a Bulgaria. Teme que en el futuro Congreso (el de Berlín) las grandes potencias no fueran a dejar a Bulgaria las fronteras que se le garantizaran en San Stéfano. Eso no debe ocurrir, sino que Europa entera, junto con Rusia, debe dar a Bulgaria lo que le pertenece[35].

Sucedió lo que temía Strossmayer: Bulgaria quedó amputada y repartida. No es extraña pues que le diera gran alegría la noticia sobre la brillante victoria de Gladstone en los comicios (30 de marzo de 1880)[36]. Se apresuró a expresarle por escrito (17 de abril) sus más sinceras felicitaciones. "Los eslavos austríacos y los eslavos de la Península balcánica se alegraron muy sinceramente por su triunfo... Su opinión acerca de las nacionalidades en la Turquía europea es del todo exacta. Que sea permitido a esos pueblos adoptar el sistema que les parezca más adecuado para conservar y fomentar sus libertades y culturas". Llevado por sus visiones, Strossmayer expresa su convicción de que la victoria de Gladstone es obra de la Providencia que le confirió ese honor para "poner fin al brutal gobierno turco en Europa... No encuentro palabras para expresar cuál sería mi dicha si pudiera presenciar el oficio cristiano en la magnífica iglesia de Santa Sofía en Estambul" [37]. Idénticos sueños compartían los jefes espirituales y políticos búlgaros.

Es interesante acotar que toda esta actividad diplomática de Strossmayer a favor de los búlgaros no fue desconocida en las remotas montañas balcánicas. Se dirigen a él incluso ciertos guerrilleros búlgaros pidiendo ayuda pecuniaria. Transcribimos el comienzo de su petición: "Vuestro noble nombre y el hecho de ser el benefactor, patrocinante y protector de todos los sureslavos, llegó también a nuestros montes macedonios, cubiertos con la nieve eterna. Estimula la liga macedonia-búlgara `Libertad o muerte', constituida con el objeto de liberar de la indescriptible barbarie, turca a Macedonia que todavía gime bajo el yugo turco --de la que proviene los célebres apóstoles santos Cirilo y Metodio--, para dirigir a vuestra Excelencia esta modesta petición. Esta es la petición del entero pueblo búlgaro en Macedonia para que usted, gran patriota y mecenas, nos ayude con un pequeño aporte". Aunque se cuidaba de no disgustar a nadie, el obispo decidió enviar a los guerrilleros búlgaros 100 florines[38].

A principios de septiembre los destacamentos revolucionarios búlgaros tomaron a Plovdiv, sede de la Rumelia oriental, expulsaron al representante turco Gabrilo Kruitevic y establecieron un gobierno provisional, que eligió a A. Battenberg como su príncipe y con ese acto proclamó formalmente la unificación de las dos provincias búlgaras. El gobierno de Petko Karavelov hizo las gestiones para lograr el consentimiento de las grandes potencias y de los vecinos.

Milan, rey de Servia, consideró que con ello los búlgaros habían trastornado el equilibrio, creado por el Congreso de Berlín, y declaró la guerra a Bulgaria. La guerra duró 15 días (del 14 al 29 de noviembre) el ejército servio fue vencido primero en la batalla de tres días cerca de Slivnica y luego en Firot. El entusiasmo del pueblo búlgaro fue indescriptible, se unificaron, vencieron al vecino belicoso y ganaron el apoyo moral del mundo entero civilizado. Tras esas victorias nadie duda en reconocer el hecho consumado. Cuánto Strossmayer cuidó la justicia lo demuestran claramente sus cartas dirigidas a Ralki y sus contribuciones a: la Cruz Roja búlgara. Tan pronto se enteró de la derrota servia en Pirot, Strossmayer escribió a Racki una larga carta (29 de noviembre) de la que transcribo algunos pasajes característicos que hablan claramente, sobre el sentido político del obispo:

"No puedo expresarle cuánto me alegro que la justa causa búlgara, bajo la protección de la divina Providencia, haya vencido. ¡Es la mano de Dios! De ese modo quedó derrotado el plan totalmente opuesto a los eslavos[39]. Con ello triunfaron también nuestras intenciones.

Los servios pensaban extirpar, con la ayuda de los sempiternas enemigos de los eslavos, la idea estatal croata, bajo la cual hallaron la protección fraternal y durante siglos la disfrutaron, y si logran exterminar al buen pueblo búlgaro, ¡ahí tendrán renovado el imperio de Dusan! Permita Dios que ahora abran los ojos, deberían ver la tumba que cavaron para otros y que primero la prepararon para ellos mismos.

En general, la idea de restaurar el imperio de Dusan es una ilusión alocada o irrealizable. En los siglos XIV y XV tuvo sentido, cuando era evidente que el elemento bizantino, corrompido y extenuado, no era capaz, de salvar Bizancio y repeler de Europa al bárbaro asiático. Entonces era natural que Simeón el Grande y el emperador Dusan quisieran reemplazar el poder de Constantinopla y salvar a Europa de la embestida turca.

Hoy esa idea es un anacronismo y engaño. Actualmente por sí se impone la idea de la federación eslava en la Península balcánica[40]. Si los servios --como dije--, si nosotros mismos, si los búlgaros entráramos en razón a raíz de estos sucesos, es un gran interrogante. Slivnica muy bien puede ser Sedan para el rey Milan" [41].

Al recibir la respuesta de Racki, informándole que "quienes llegan de Servia cuentan que el ejército está totalmente desmoralizado", el obispo (11 de diciembre) vuelve al mismo tema: "Gracias a Dios que los búlgaros ganaron. En su causa triunfaron la honradez, la ley cristiana y la pura causa eslava; en la causa servia quedaron derrotadas la deshonradez, la inmoralidad y el odio húngaro contra los eslavos. Las victorias búlgaras son también nuestras[42].

Petko Karavelov, primer ministro búlgaro, agradeció a Strossmayer (en diciembre de 1885) su copiosa ayuda a los soldados heridos. Karavelov subraya que no sólo el obispo sino el pueblo croata entero evidenció gran comprensión por el movimiento de liberación búlgara y ayudó a los damnificados. El primer ministro abriga la esperanza de que las tradicionales simpatías recíprocas entre el pueblo croata y búlgaro irán intensificándose en el futuro[43].

No sólo los políticos búlgaros sino también los representantes culturales exteriorizaron, en distintas oportunidades, su gratitud a Strossmayer por su actitud benevolente y sus obras de bien hacia el pueblo búlgaro. Por ejemplo Slavjanska beseda lo eligió miembro de honor, destacando su labor tesonera en favor de todos los sureslavos y, sobre todo, sus inapreciables méritos para la publicación de las poesías populares búlgaras, recogidas por los hermanos Miladinov. El obispo se sintió con movido por tal atención que agradeció en hermosa carta (15 de mayo de 1885) de la que transcribiré los fragmentos sustanciales:

"Creedme, queridos compañeros y amigos, nadie en el mundo sintió tanta alegría como yo a raíz de la liberación del pueblo heroico y fraternal búlgaro. Siempre tuve cariño y aprecio por el valeroso pueblo búlgaro, sano de mente y corazón, muy laborioso y honrado.

"El recuerdo del difunto Miladinov siempre embarga mi corazón de ternura. Era un joven modesto, dado, trabajador, aseado, genuinamente patriota, auténtica y viva imagen de su digno pueblo búlgaro. Un invierno lo pasó en mi casa, y varias veces le dijimos: hermano, tú naciste para ser sacerdote; el siempre nos contestaba, en las circunstancias actuales de nuestros pueblos no sólo los sacerdotes sino también nosotros los laicos debemos ser sacerdotes, difundiendo la cultura y preparando al pueblo para la libertad y si es necesario, sacrificándose por su pueblo.

"Ni expresar puedo cuán grande era mi alegría al enterarme con cuánto fervor y con cuánta solemnidad no hace mucho festejasteis la memoria de nuestros santos apóstoles Cirilo y Metodio. Es una brillante prueba de que el gran pueblo búlgaro aprecia esa fe que recibimos de nuestros santos apóstoles. Creedme, hermanos que nosotros aquí, sobre todo nosotros los croatas, permanecemos fieles al pueblo búlgaro.

"Desde hace tiempo nos gustaba ver entre nosotros a vuestra prometedora juventud, y cuando oímos o leemos que algunos de ellos ocupan puestos de honor, prestigio e influencia... nos alegramos sinceramente, considerando propios vuestros progreso, vuestra libertad y vuestra dicha". Como siempre solía hacerlo, también a esta asociación le envió ayuda pecuniaria[44].

Esta carta de agradecimiento conmovió a los intelectuales búlgaros. El mismo año el profesor Teodorov escribió un estudio sobre los méritos de Strossmayer para la colección de Miladinov[45]. Al comienzo de su trabajo Teodorov citó la carta mencionada precedentemente; luego in extenso y en forma convincente fundamentó la importancia, de Strossmayer en el despertar de la conciencia nacional búlgara. Si las poesías de Miladinov hubieran sido impresas con las letras griegas, usadas en aquel entonces por muchos búlgaros, no hubieran cosechado el éxito, ni mucho menos, que lograron, sostiene Teodorov, por haber sido impresas en los caracteres cirílicos. Esas poesías, publicadas en tiempos difíciles para el pueblo búlgaro, contribuyeran mucho a que los estudiosos empezaron a apreciar el tesoro vernáculo búlgaro y al pueblo que lo creó.

Al final de estudio Teodorov propuso que el agradecido pueblo búlgaro festejaba, dos años después, el 25º aniversario de la muerte de los mártires hermanos Miladinov. Su propuesta fue aceptada con entusiasma. Y cuando los búlgaros rendían homenaje a la memoria de los hermanos Miladinov no se olvidaron de Strossmayer. En esa ocasión le enviaron muchos telegramas de agradecimiento formulando votos para que continuara su labor fructífera. El profesor Sismanov, testigo de esos festejos, escribió luego que esos días fueron la apoteosis no sólo para los hermanos Miladinov sino también para el obispo croata[46].

Ivan Sismanov, apreciado historiador literario búlgaro, comienza la descripción de su viaje a Djakovo (verano de 1898) manifestando que era su viejo deseo conocer de cerca al genial obispo y obtener de él algunas informaciones detalladas sobre el Miladinov más joven. Mientras Emile de Laveley esbozó al obispo como una figura casi ascéticamente delgada, como un santo de los lienzos de Fra Angélico en la iglesia de San Marcos[47], Sismanov lo ve "como un anciano alto, todavía vigoroso, de hermosa e impresionante cabeza. Con una sonrisa inmensamente suave, que ilumina todo su rostro, se adelanta con paso firme y viril hacia mí dándome cordialmente su mano. De no saberlo, nunca hubiera pensado que ante mí estaba y hablaba un hombre de 84 años; pues todo en él es proporcionalmente joven: el paso y la hermosa voz varonil, y sobre todo el espíritu que irradia". Tras describir su conversación que duró dos días, Sismanov concluye: "Strossmayer, que tanto influyó en mi alma infantil, estaba en carne y hueso ante mí, no como una divinidad inalcanzable, no como un doctrinario y asceta, sino como el representante de todo lo noble, humano y simpático en la naturaleza humana". Como Strossmayer en marzo de 1899 festejaba su último cumpleaños en el siglo XIX, Sismanov dice que no hay un búlgaro que no diga "por muchos años" y el poeta Popoy lo felicita en nombre de los eslavos:

En este día de la gloria pura y sublime, no sólo los croatas te ovacionan con fervor o noble anciano, simpatía e inmenso cariño con buenos deseos te profesan todos los eslavos... [48].

Jurinic quien más contribuyó a la popularidad de Strossmayer en Bulgaria, lo saludó en Djakovo con motivo de su 50 aniversario de obispo (en septiembre (1900), destacó que su obra dio calor también al pueblo búlgaro que lo aprecia mucho[49].

Ilija Koney, el mejor conocedor actual de las relaciones culturales búlgaro-croatas, escribió con motivo de la colección de Miladinov un excelente estudio, tocando todos los problemas discutibles y considera que "lo esencial en la relación de obispo con Miladinov es su eslavofilia, su idea de unión de la iglesia occidental y oriental en la época de las luchas nacionales de los pueblos sureslavos" [50]. También subraya que el obispo ayudó colocar la piedra angular del actualmente magnífico edificio cultural búlgaro.

De esa manera Strossmayer hizo mucho bien también a los búlgaros, demostrando con ello que no era "ni agente austríaco" ni "oportunista" sino un visionario y un idealista. "Quería a todas las ramas del gran árbol eslavo, escriben sus biógrafos, sin menguar en lo mínimo su amor hacia, su pueblo croata" [51].

Bloomington, Indiana, EE.UU. Versión castellana. Branko Kadic

 



[1] Dado el alcance de sus concepciones, por supuesto que no fueron compartidas por todos. A su tiempo el político servio Elías Garasanin lo acusaba de ser "un agente a sueldo de Austria" (V. Vuckovic, Politicka akcija Srbije od 1859-1874, Belgrado 1965, pp. 2-3). En Enciklopedija Leksikografskog Zavoda (tomo 7, Zagreb 1964) léese que Strossmayer perseguía "una política oportunistas. Idéntico juicio emitió Vaso Bogdanov quien, reiteradamente, subrayó que "la tendencia fundamental y permanente de la política de Strossmayer era: quedar a toda costa en buenos términos con, la dinastía" (Historija politickih stranaka u Hrvatakoj, Zagreb 1198, p. 626). Los croatas, por su lado, siguen reprochándola el utopismo, el idealismo, cierto delirio, la megalomanía y el descuido de los intereses genuinamente nacionales de Croacia. Ivan Muzic, en sus recientes consideraciones históricas, lo caracteriza en los siguientes términos: "El obispo Strossmayer, hombre de ideas nobles, que en el ámbito cultural hizo mucho por los croatas, en concretas acciones políticas no estuvo a la altura de sus ambiciones, en primer lugar por no intuir y sentir la realidad existente para abocarse a la ejecución de determinadas conclusiones, acertadas y provechosas para los croatas" (Hrvatska politika i jugoslavenska ideja, Split 1969, p. 22). Aunque en 1876, en vista de la desesperante situación del pueblo croata en Austria, Strossmayer no se oponía a la anexión de Bosnia por Servia, y disentía con el franciscano Grga Martic, quien conociendo muy bien la situación de Bosnia, opinaba y obraba de modo opuesto, después de 1878 Strossmayer abogaba por "la total independencia de Bosnia" (Cf. R. W. Seton-Watson, The Southern Slav Question, Londres 1911, p. 127).

[2] Korespondencija Racki-Strossmayer, ordenada por Ferdo Sisic, editada por la Academia de Artes y Ciencias de Zagreb, Libro 3, Zagreb 1930, p. 199.

[3] Bojan Penev, Istoriia na novata bulgarska literatura, tomo 2, Sofía 1933, pp. 270-77.

[4] Jurdan Trifonov, Istoriia na novata bulgarska literatura, t. 2, Sofía, pp. 270-77.

[5] Djela A. Kacica-Miosica, Stari pisci hrvatski, vol. 27 Zagreb, 1942, p.

[6] Ivan Kujcev, Il cattolicesimo in Bulgaria nel sec. XVII. Roma, 1937; el mismo autor. "Bosanski franjevci u Bugarskoj do Ciprovackog ustanka", Franjevacki vjesnik, 1938, pp. 262-71.

[7] Danica llirska, 1837, Nº 32, p. 130.

[8] Kolo, 1847, libro IV, p. 37.

[9] Kolo, 1847, libro V, p. 54.

[10] A guisa de ejemplo citaremos lo que escriben Cepelic y Pavic: "Ni el movimiento ilirio, ni tampoco Gaj, se interesaron seriamente por Bulgaria, por esa rama eslava más meridional, por esas desgraciados siervos sometidos al yugo osmanlí por las entristecidas almas bautizadas del inmisericorde Fanario. La primera y muy seria tarea en ese sentido, la primera obra del amor fraternal como si hubieran esperado también a nuestros obispos. El se convertirá en el eslabón indestructible y precioso que por siempre unirá en una sincera gratitud a los búlgaros con la nación croata y con su capital Zagreb" (Josip Juraj Strossmayer, Zagreb 1900-04, p. 770).

[11] A. Teodorov, "Miladinovsite pesni y Strossmayer", Periodicsko spisanje na Bulgarskoto knizovno druzestvo, Sredec (Sofía), 1885, libro XVI, pp. 82-97; Pregled (1199), libro 6, pp. 39-80; S. Jurinic, "Josif Juraj Strossmayer", Sbornik za narodni umotvorenia, libro 22 y 23 (Sofía 1906-07), pp. 1-71; M. Arnaudov, Bratia Miladinovi, Sofía 1943, pp. 153-233; I. Konev, "K Miladinov i hrvatskiat episkop Strossmayer "Literaturna misl", V (1961), lib. 3, pp. 117-28.

[12] El rev. Ivan Markovic, quien describió en detalle este movimiento búlgaro de "unión" y tradujo algunos importantes documentos al italiano, concluye con justa razón: "Sfortunatamente, tutto questo movimento non fu che affare di politica" (Gli Slavi ed i Papi, parte segunda, vol. 11, Zagreb 1897, p. 601).

[13] Cepelic-Pavic, J. J. Strossmayer, p. 448; Viktor Novak, Antologija jugoslovenske misli, Belgrado 1930, p. 287.

[14] Cepelic-Pavic, op. cit., p. 659.

[15] Enciklopedija Jugoslavije, tomo 2, Zagreb 1956, p. 291.

[16] Esta colección de "Poesías populares búlgaras" tuvo hasta ahora varias ediciones: en Sofía tres (1891, 1942 y 1961); esta última con el prólogo ilustrativo de Pedro Dinekov), en Skoplje se publicó una edición bajo el título Zbornik (sin otra indicación en 1962 con una amplia introducción del crítico Dimitar Mitrev.

[17] El original de esta dedicatoria se guarda en el Archivo de la Academia de Zagreb. El historiador Smiciklas hurgó sin éxito en la correspondencia del obispo en busca de alguna carta de Constantino. Cuando por fin ordenó (1898) la correspondencia de Strossmayer, le comunicó como también al profesor Sismanov de Sofía, que "no había ninguna carta de Miladinov". Cfr. sobre esta cuestión los enjundiosos estudios de Vladimir Koglak en Historijski Zbornik, XIXII (1958-59), pp. 356 y XIV (1961, p. 338).

[18] Resulta interesante leer quiénes eran los abonados entre los croatas; además de un crecido número de sacerdotes católicos y greco-católicos, figuran los nombres de algunos conocidos escritores y políticos croatas: conde Medo Pucid y Pero Budmani de Dubrovnik; Miho Pavlinovic de Makarska; Juraj Dobrila de Porec; el coronel Petar Preradovic de Temisvar; Ante Mazuranic y Janko Jurkovic de Zagreb; August Senoa de Praga.

[19] Estas cartas de Strossmayer por primera vez en su totalidad fueron publicadas por Aleksa Ivic en Arhivska gradja o jug. knjizevnim i kulturnim radnicima, Belgrado 1932, pp. 334-44. De la misma correspondencia se ocuparon numerosos estudiosos culturales búlgaros y macedonios. Me serví con el trabajo de N. Traikov Bratia Milanovi, Prespiska. Sofía, 1964.

[20] Lástima que hasta la fecha no hayan sido publicados ese "wichtiger Documente" de las fuentes turcas.

[21] El mismo día que la nota a Rechberg fue remitida, una información desde Djakovo al periódico Pozar de Zagreb, Defendiendo a Constantino de la acusación de estar al servicio ruso: "Pues quien conoce a Miladinov y quien conversó con él del movimiento búlgaro y de su relación con Rusia, enseguida se dará cuenta que la acusación debió provenir de la boca fanariota que denuncia a todos los patriotas búlgaros ante la Puerta como paneslavistas o rusófilos" (en Jurinic, "J. J. Strossmayer", Sbornik za narodni umotvorenia, 1906-07, p. 56).

[22] El artículo de Colakov está transcripto por Jurinic. op. cit., pp. 57-58.

[23] El primero en ensañarse con el obispo fue Georgi Rakovski. En su artículo sobre los comienzos del movimiento católico en Bulgaria (en Dunavski Lebed, Belgrado, 1 de agosto de 1861) lo definió como propagandista jesuítico. Le imputa el propósito de sembrar el cisma religioso en Macedonia y de ayudar la publicación de libros con el único fin de promover el catolicismo (Cfr. Rakovski, Socinenia, en selección de Arnaudov. Sofía, 1922, pp. 458-59).

[24] Bratia Miladinovi. Prepiska, ed. N. Traikov, Sofía, 1964, p. 255.

[25] Op. cit., p. 259.

[26] K. Miladinov, Pesni, prólogo de H. Polenakovic, Skoplje, 1967, p. 24.

[27] Bratia Miladinovi. Prepiska, ed. Traikov, p. 138.

[28] Por ejemplo, la del profesor Penev en su Istoriia na novata bulgarska literatura, tomo IV, Sofía 1936, 3154 ("La lucha por la libertad eclesiástica").

[29] Cfr. Jurinic, "J. J. Strossmayer", Sbornik za narodni umotvorenia, vol. 22-23, p. 50.

[30] Op. cit., pp. 35-36.

[31] R. W. Seton-Watson, Disraeli, Gladstone and the Eastern Question, Londres 1962 (cap. III: The Bulgarian atrocities).

[32] Seton-Watson, op. cit., p. 85.

[33] The Southern Slav Question and the Habsburg Monarchy, Londres 1911, pp. 416-44.

[34] Seton-Watson, op. cit., p. 433.

[35] "Nunc autem vereor, ne in congrexssu futuro quaedam potentiae speciosis et egoistics rationibus seductae in id intendant, ut haec autonomia aut saltem ejus extensio diminuatur, quum potius in id incumbere deberet ut illa magis augeatur et extendatur, utque illud, quod unius solius potentiae opera, in ejusdem maxime commodum constitum est, communi omnium consensu ita constituatur et modificetur ut onmium commodis et honestis intentionibus respondeat" (Jurinic, "J. J. Strossmayer", en Sbornik za narodni umotvorenia, vol. 22-23, p. 61).

[36] Korespondencija Racki-Strossmayer, vol. 2, Zagreb 1929, p. 269. Racki comparte la opinión del obispo de que el triunfo de Gladstone es cosa positiva para los eslavos. "Que Gladstone trate que el Oriente sea de los pueblos orientales y ganará méritos imperecederos para la humanidad sin lo logra" (op. cit., p. 267).

[37] Seton-Watson, The Southern Slav Question, p. 422.

[38] Korespondencija Racki-Strossmajer, libro 2, Zagreb 1929, p. 298.

[39] Sisic explica que entonces era opinión generalizada que el rey Milan entró en la guerra por estímulo de la diplomacia austro-húngara (Korespondencija, libro 3, p. 200, b. 3).

[40] Subrayado en el original.

[41] Korespondencija, libro 3, p. 199.

[42] Op. cit., p. 201.

[43] Jurinic, op. cit., p. 65. Racki comunica a Strossmayer (16 de mayo de 1886) que P. Karavelov le escribió que hace falta establecer un vínculo más estrecho entre los búlgaros y los croatas. No sabe --agrega Racki-- que los croatas por el momento no pueden hacer nada (Korespondencija, libro 4, p. 446).

[44] Cepelic-Pavic, Josip Juraj Strossmayer, p. 774; A. Teodorov, "Miladinovskite Pesmi i Strossmayer", Periodicesko spisanie na bulgaskoto knizovno druzestvo, libro XVI (Julio-Agosto, Sredec-Sofia, 185), pp. 82-85; Jurinic, op. cit., pp. 65-67.

[45] Teodorov, "Miladinoskite pesmi i Strossmayer", op. cit., pp. 82-97.

[46] Sismanov, "Vladika Josif Strossmayer", Bulgarski pregled, V (1899), libro 6, p. 44.

[47] E. de Laveley, The Balkan Peninsula, Londres 1887, p. 30.

[48] Sismanov, "Vladika Strossmayer", Bugarski pregled, 1899, pp. 39, 59, 79-80.

[49] Cepelic-Pavic, J. J. Strossmayer, p. 949.

[50] Konev, "K. Miladinov i Strossmayer", Literaturna misl, 1961, libro 5, pp. 117-128.

[51] Cepelic-Pavic, J. J. Strossmayer, pp. 810-811.