STUDIA CROATICA

 

STUDIA CROATICA

Año X – Enero - Diciembre 1969- Vol. 32-35

 

DÉCIMO ANIVERSARIO DE "STUDIA CROATICA"

Con este volumen STUDIA CROATICA cumple su décimo aniversario de existencia. Con tal motivo agradecemos a todos sus colaboradores que la ayudaron intelectual, moral o materialmente.

 

EL GENOCIDIO DEL PUEBLO CROATA.. 2

DOMINIK MANDIĆ - LA PERSONALIDAD Y SU OBRA CULTURAL.. 9

Dr. ANTE TRUMBIĆ.. 23

EL PAPEL HISTÓRICO DEL OBISPO CROATA JOSE J. STROSSMAYER EN EL PRIMER CONCILIO VATICANO (1869 - 1870) 28

"PRAXIS", LA BUROCRACIA SOCIALISTA Y LA ALIENACION.. 45

EL CENTENARIO DEL COMPROMISO HUNGARO-CROATA (1868-1968) 50

COMENTARIOS. 75

"OYENDO LAS CAMPANAS". 75

STANKO M. VUJICA: CRIMEN IMPUNE DE LOS AGENTES COMUNISTAS DE BELGRADO EN MUNICH, ALEMANIA OCCIDENTAL.. 76

DOCUMENTOS. 78

ROGER BOŠKOVIC ERA CROATA.. 78

UN PERIODICO SERVIO SOBRE LAS RELACIONES CROATA-SERVIAS. 81

ACTA DE DONACION QUE EN 1069 EL REY CROATA KREŠIMIR IV HIZO EN NIN AL CONVENTO DE SAN CRISOGONO.. 82

RESEÑA DE LIBROS. 83

Victor E. Meier: Neuer Nationalismus in Südosteuropa (Nuevo nacionalismo en el sudeste europeo). 83

Veceslav Holjevac: Hrvati izvan Domovine (Los croatas radicados en el extranjero). 86

George Prpić: The South Slavs, University of Kentucky Press, 1967, pp. 173-203. 90

Félix Germain: La Yougoslavie, edición Casa Arthaud, colección "Les Beaux Pays", Grenoble 1968  92

BIBLIJA - STARI I NOVI ZAVJET (BIBLIA - EL VIEJO Y EL NUEVO TESTAMENTO), Editorial Stvarnost, Zagreb 1968. 94

CRONICAS Y NOTICIAS. 95

IN MEMORIAM DEL REVERENDO PADRE CARLOS KAMBER.. 95

IN MEMORIAM DEL DOCTOR MATEO JELICIC.. 97

MICRONOTICIERO CULTURAL.. 99

DECIMOQUINTA ASAMBLEA GENERAL DE "CROATIAN ACADEMY OF AMERICA"  101

300 AÑOS DE LA ENSEÑANZA UNIVERSITARIA EN CROACIA.. 103

 


EL GENOCIDIO DEL PUEBLO CROATA

Croacia no tiene a su Pitt

FRANCISCO NEVISTIĆ

"Tener o no tener es un elemento constitutivo que determina nuestro acceso a los problemas, nuestra visión general y nuestras disposiciones. Con este hecho difícilmente se lleva a cabo lo que llamamos carácter, voluntad firme o la serenidad de juicio —es decir, nuestro querer y saber mejores. Porque tener o no tener — esto debe ligarse de alguna manera con los átomos de nuestro ser, influir sobre la cantidad de su masa, sobre la naturaleza de su tensión, sobre el rumbo de su movimiento y la tendencia de su asociación, obrando desde ahí sobre nuestra conciencia para determinar su actitud práctica frente a la realidad". (Krešimir Brant: El Momento Actual de la Economía, en "Kritika", Zagreb, N° 6/69).

EN el último volumen de Studia Croatica —Vol. 28-31/1968— hemos demostrado, que el Estado de Yugoeslavia, formado en 1918, es un Estado ilegítimo desde sus comienzos y sigue siéndolo hasta hoy. Para nuestro razonamiento y demostración nos hemos servido de la teoría y los valores jurídico-políticos. Asimismo hemos tratado de dilucidar, de esta manera, las últimas causas de la tragedia de los pueblos de aquel Estado plurinacional, desatada sobre su territorio durante la última gran guerra.

Esta vez nuestro propósito no es recurrir, para el mismo objetivo, a los valores ideales. Sin adentramos en el problema de si los valores son apreciaciones subjetivas, o si tienen algunos elementos susceptibles de una medición más concreta, asegurándoles así un conocimiento objetivo, nosotros deseamos, en las líneas que siguen, proyectar la mirada en otra dirección.

Comúnmente se suele decir que el empirismo es la característica esencial del pensar inglés. Al principio estaría F. Bacon y, al final, si es que hay un final, A. Toynbee. Actualmente, sin embargo, esta característica no es ya exclusivamente inglesa. En nuestra época de ciencias positivas, de técnica y de economía, todos somos, en cierto sentido, empiristas. No querríamos insinuar que los ideales y valores superiores hayan sido desterrados. No. En el mundo libre todavía prevalecen la costumbre y la necesidad de buscar y hallar aquellos valores incorporados a los hechos. Pero lo primero que se necesita son los hechos, su enumeración, su descripción, su análisis y, solamente al final, la posición exiológica y la actitud práctica.

En consecuencia, deseando continuar con la dilucidación del "fenómeno yugoeslavo", que tanto inquieta a muchos, especialmente al pueblo croata, trataremos aquí de dedicar nuestra atención a los hechos económicos de aquella comunidad política, esperando sacar de ellos más luz, la necesaria para la comprensión de las relaciones tan opuestas y fatales de los pueblos de la Yugoeslavia plurinacional. Por eso hemos citado las palabras de un marxista croata, considerándolas como un punto de arranque muy oportuno para lo que deseamos decir. "Tener o no tener" determina nuestro acceso a los problemas. Influye sobre nuestras tensiones de la subconsciencia, forja nuestra conciencia práctica "frente a la realidad".

Por más que pueda parecer esta formulación prestada del arsenal ideológico-filosófico materialista, nadie podrá negar la exactitud de su contenido, si se limita al campo estrictamente científico-empirista en el sentido, por ejemplo, de las concepciones de Teilhard de Chardin, cuando éste se limita al "fenómeno hombre", tratando de descifrarlo hasta en sus últimas incógnitas mediante los datos científico-empíricos. Brant penetra hasta aquella famosa ley de recurrencia-complejidad de Chardin. Lo hace, quizás sin quererlo y sin saberlo, pero con este método vislumbra mejor el camino a recorrer. Ante cualquier concepción del mundo que adoptemos, la materia y la economía tienen su valor decisivo y legítimo en la vida del hombre.

¿Qué podemos, en consecuencia, decir de la "situación" económica del pueblo croata en Yugoeslavia? Desde 1918 hasta hoy, en lugar de un crecimiento absoluto, tenemos un decrecimiento y un empeoramiento relativo y constante. Un empeoramiento y un decrecimiento que se exteriorizan cada vez más en la tendencia hacia "no tener". Veamos, pues, los hechos.

En 1918, Croacia y las demás regiones no servias aportaron a la comunidad con Servia el 75% de la población; el valor de la producción agraria representó en aquel momenta el 83% en Croacia y las regiones no servias, contra 17% de equél en Servia; la riqueza forestal el 90% contra 10%; la minería el 60% contra 40%; el artesanato el 77% contra 23%; el comercio el 82% contra 18%; la industria el 80% contra 20% y las finanzas el 72% contra 28%. Se entiende, siempre en favor de Croacia y las regiones no servias, unidas con Servia en 1918.[1]

El parque ferroviario aportado a la comunidad representó 14 mil millones contra 3 mil millones en favor de Croacia y las regiones mencionadas. Croacia dio a la nueva comunidad 4.048 edificios públicos, mientras Servia sólo 1.561; Croacia incorporó sus 8.600 herctáreas de tierras cultivables y Servia solamente 1.900; la proporción de los caminos públicos era de 20.087 contra 11.206 en favor de Croacia; las entradas por concepto de la explotación forestal en Croacia superaba 7 veces las de Servia.[2]

Servia era en aquel entonces un país agrario pobre con deudas permanentes en el extranjero. Al formarse la comunidad yugoeslava en 1918, esas deudas servias alcanzaban el 73% de las de todos los demás pueblos de aquélla. Comentando el caso, dice Bićanić: "Por el contrario, en la parte activa, la participación de Servia para la comunidad era mínima. Esta parte activa les correspondió a Croacia y las demás regiones no servias... Además, hay que destacar especialmente la afluencia de dinero que enviaban los emigrados. Desde 1919 hasta 1938 alcanzó un enorme importe de 12 mil millones de dinares, mientras en el mismo período el pasivo del comercio exterior representó la suma de 3.500 millones. De esa cifra, proveniente del exterior, el 60 % fue enviado por los emigrados croatas, según el cálculo de los especialistas, lo que quiere decir, que los croatas habían remitido 7.200 millones de dinares o sea, que habían cubierto en un 200 % el total de las deudas del comercio exterior durante 19 años. El turismo ofrecía la misma imagen. De la totalidad de las entradas por este concepto, de 350 a 500 millones de dinares por año, 182 millones provenían de las regiones marítimas, que son completamente croatas, y otros 100 millones se recaudaban en otras comarcas no servias. Es decir, el aporte proveniente del turismo croata alcanzaba el 80 % y el resto, casi totalmente, de las regiones no servias" [3].

En cuanto a las deudas, cada ciudadano de Servia ingresó en la comunidad con una deuda de 4.700 dinares, mientras los croatas con sólo 185 dinares per capita. "Estas deudas fueron saldadas más tarde de la caja común". De 7.935 millones de la totalidad adeudada por la nueva comunidad fueron pagados 4.114 millones como débitos servios, y 3.440 millones como deudas "comunes", mientras sólo 381 como débitos no servios. Sobre la base de estos datos concluye Bićanić: "Por eso podemos decir que de los recursos del nuevo Estado se pagó 15 veces más por las deudas servias que por las heredadas de Austro-Hungría". Y para colmo, Servia, introduciendo el nuevo signo monetario —su dinar— primero restó el 20% del valor de la corona croata y luego pagó a los croatas 1 dinar por 4 coronas, aún cuando el valor de ambos era parejo en el mercado internacional [4].

Analizando el sistema de impuestos, dice Bićanić, que en el período de 1918-1938 Croacia y las regiones no servias aportaron 8.292 millones de dinares, mientras Servia, con Montenegro, sólo 1.820 millones. Si se hubiera aplicado la misma llave en Croacia que en Servia, Croacia habría debido pagar sólo 3.210 millones, lo que "significa que Croacia y las regiones no servias habían contribuído con la ingente suma de 5.110 millones más de los que adeudaban o sea que, realmente, han satisfecho el 260% más de lo que se recaudaba en Servia".[5]

La política de inversiones ofrece el siguiente cuadro: en los primeros 10 años se había invertido 2.771 millones, provenientes del presupuesto del Estado. Croacia recibió sólo 250 millones, y Servia 1.753, o sea el 63 % del total. Además, se invirtieron 1.125 millones en Belgrado y 1.100 millones de dinares para los edificios militares. "Para la ciudad de Belgrado se gastó más que en el resto de las regiones del país". Bajo la dictadura del rey Alejandro, se invirtieron erg Belgrado otros 1.000 millones sin que la mencionada ciudad aportara un solo dinar. Para 69 puertos grandes y 300 pequeños en el Adriático croata se gastaron solamente 59 millones, mientras para la construcción del muelle de Sava, en Belgrado, se desembolsaron 110 millones. "Por eso —escribe Bićanić— se puede decir que los puertos croatas, bajo el imperio de Belgrado, se convirtieron en los más atrasados de Europa".[6]

En cuanto a las inversiones en la construcción de ferrocarriles, Belgrado invirtió del total de 3.377 millones, 2.852 en Servia y sólo 525 en otras regiones.

El sistema bancario era un problema aparte. Aquí la hegemonía servia sobre Croacia mostró su forma más evidente. Mientras la industria croata creaba, las finanzas se acumulaban en Belgrado. El Banco Nacional fue organizado sobre la base del interés privado. De 60.000 acciones, 20.000 fueron distribuídos entre pequeños propietarios que no se interesaban por la vida de la Institución. De las restantes 40.000, 35.000 las tenían los servios. Pero de éstas, distribuídas en Belgrado, 25.866 estaban en las manos de sólo 9 hombres. Los dividendos fueron adjudicados de tal manera que la ganancia terminaba en el bolsillo de los privados... La política crediticia de ese Banco favorecía también a Servia, entregando en dicho período (1932-1937) 1.000 millones a Servia y sólo 250 millones a Croacia. Por eso la industria croata debía pagar un interés del 13-20%, mientras la de Servia sólo el 6%. El caso del Banco Hipotecario era similar. Croacia había recibido 412 millones menos de Io que le correspondía. De nueve directores de ese Banco, 7 eran servios; de los 14 ejecutivos superiores, 11 eran servios; de los 9 directores de las filiales, 7 eran servios; del total de sus empleados —unos 700-800 — el 90% eran servios. La Caja de Ahorro Postal procedió de la misma manera. Antes de la centralización de este crédito en Belgrado, esta Caja, en Zagreb, otorgó dentro de su órbita, en 1926, 77 millones, mientras en 1938, del crédito centralizado en Belgrado, que alcanzó 1.535 millones, Croacia había recibido 15 millones o sea menos del 1%. El Banco Agrario Privilegiado, que tenía un 25 % del capital croata, otorgó créditos a 72 mil campesinos servios, mientras sólo 10.000 campesinos croatas pudieron gozarlo. "Tener o no tener" es el factor decisivo, podríamos repetir...

Es lógico preguntar: ¿Cómo fue posible tanta discriminación en perjuicio de Croacia? El aparato policial y el ejército constituyeron el respaldo del hegemonismo granservio. De acuerdo a las investigaciones de Bićanić, de 10 mil oficiales, en el año 1938, sólo hubo mil croatas, o sea el 10%, a pesar de que estos últimos constituian la tercera parte de la totalidad de la población del Estado. La Servia de preguerra tenía 3 millones de habitantes y sólo 3 generales. 1938 tenía Yugoeslavia 15 millones de habitantes y 165 generales en actividad, más un centenar de jubilados. De los existentes en actividad, hubo dos croatas y un esloveno. En la policía, gendarmería y tropas fronterizas, el 90% de puestos fueron ocupados por los servios. En 35 gobiernos hubo 656 ministros y sólo el 4% eran croatas. De 350.000 empleados públicos en 1938, para quienes se presupuestaban 5.000 millones, la mayor parte y los puestos más importantes y mejor pagados estaban en manos de los servios. Así, por ejemplo, en el mismo año 1938, fueron recibidos 1.058 servios y sólo 152 croatas en el servicio judicial, es decir, los recibidos en jurisprudencia con el título académico (futuros jueces).

Para evitar las enumeraciones ad infinitum, reproduciremos este párrafo final de Bićanić: "El balance resulta para nosotros, croatas, más que estremecedor. De los recursos recaudados en Savska Banovina — el Banato de Sava (Croacia en el sentido más restricto, porque hubo en aquel momento 1938, Banato Marítimo —Primorska Banovina— como otra parte de Croacia), el 46% se gastó fuera de Croacia. Podemos afirmar sin exageración que, durante estos 20 años, hemos pagado al centralismo (de Belgrado) un enorme tributo de 30.000 millones de dinares, que no fueron gastados ni invertidos en Croacia y para sus necesidades.

Mientras hoy estamos pagando un importe dos veces y medio más grande que antes de la primera guerra, nuestros sectores principales de la administración tienen a su disposición la mitad de los recursos con que contaban hace 25 años).[7]

Aquí interrumpimos las enumeraciones de datos referentes a la política económica de Belgrado con respecto a los croatas bajo el régimen monárquico. ¿Se ha cambiado la situación en Yugoeslavia comunista? Para buscar la respuesta, debemos atenernos otra vez a los hechos.

Lo primero que hemos de aclarar es: ¿Quién o quiénes detentan el poder en aquella sociedad comunista? Esta cuestión tuvo siempre el carácter de suma y primordial importancia en todo tipo de sociedad. La ciencia política y la sociología consideran como uno de los resultados firmes de sus investigaciones que, en todas las sociedades y en todos los tiempos, hubo y hay un grupo, una clase, un élite de hombres cuya voluntad resulta decisiva para la vida de la comunidad; hay un punto hacia el cual gravita la concentración del poder y de donde este poder iradia a la sociedad entera, moldeando sus relaciones económicas, sociales, culturales, etc. Este fenómeno es inevitable incluso en las sociedades más democráticas (R. Michels, V. Pareto o C. Mosca).

¿Quiénes son, en consecuencia, los dueños de la sociedad comunista yugoeslava? La pregunta resulta casi innecesaria. La dictadura del proletariado no admite otros factores decisivos en la vida de la comunidad comunista que el Partido Comunista mismo. No puede suceder de otra manera en Yugoeslavia. Pero aquí también es necesario hacer distinciones y, a menudo, muy finas. Especialmente si se trata de un Estado comunista plurinacional, de una dictadura del proletariado compuesto de diferentes nacionalidades. Un miembro de aquel proletariado razona al respecto: "La clase obrera es la parte integrante del ser de una nación ; por sí misma, de una manera especial, integra la historia de su nación, sus motivos, sus éxitos y tragedias, sus símbolos y directivas ... En la incesante lucha por la liquidación de su posición de asalariado, la clase obrera toma la experiencia histórica de su nación y, en su lucha por destruir los grupos de dominación y sus estructuras, dentro de su propia nación, cuida solícitamente de la integridad de su ser nacional, de su individualidad, de su soberanía y de su perspectiva histórica. Por eso, y por ser los intereses de la clase obrera supranacionales, lo son, al mismo tiempo, y, quizás todavía más, los intereses nacionales. Afirmar lo contrario, significaría negar el ser social de la clase obrera, su riqueza interior y su capacidad creadora". Por ello se lamenta de que no se prestara la necesiria atención al mencionado problema de "la estructura nacional del equipo dirigente, causa principal de grandes deformaciones, que pueden tener consecuencias de gran alcance, y las tienen ya en el proceso de producción, distribución y en la estructura entera de la sociedad" [8].

Este mismo autor analiza luego justamente la composición nacional de los organismos centrales de la Federación en Belgrado. Los datos fueron sacadas de Ekonomska Politika (Política Económica) órgano oficial de Belgrado. De acuerdo a dichos datos, la composición de los organismos centrales del Estaodo es la siguiente: servios 4.334, montenegrinos 424 y, si se toma a éstos como servicios o proservicios, el número de los funcionarios servios en los organismos centrales es de 4.758, mientras el de los croatas es sólo de 504, eslovenos 187 y macedonios 135. Nosotros extraemos solamente estos datos parciales, necesarios para nuestro objetivo: desproporción nacional en detrimento de los croatas y consiguiente descontento y antagonismos nacionales. Más que estos datos, es interesante ver la composición nacional de la Liga de los Comunistas de Yugoeslavia, o sea del Partido mismo en su carácter de factor exclusivo de poder. El autor que citamos, nos proporciona los relativos solamente a las repúblicas de Croacia y Bosnia y Herzegovina. Croacia tiene 4,159.696 de habitantees. De este total, el 80,3% son croatas, el 15% servios y el resto yugoeslavos y otros. Esta proporción natural cambia considerablemente en la Liga de los Comunistas de Croacia: el número de croatas disminuya a 65,9% el número de servios sube a 27,4% y de yugoeslavos a 3,1%.

En la república de Bosnia y Herzegovina el cuadro es el siguiente:

Total de la población 3,277.935. De este total, el 42,9 % son servios; el 25,7 % musulmanes, el 21,7 % croatas y el 8,4 % yugoeslavos. Estas fuerzas naturales nacionales fueron distribuidas en la Liga de los Comunistas en dicha república como sigue: Servios suben a 57,1 %, musulmanes a 26,3 %, mientras los yugoeslavos se reducen a 1,7 % y los croatas a 12,4 %. Los comentarios al respecto son superfluos. Pero para ofrecer una idea cabal al respecto citaremos una publicación oficial de Belgrado, que nos proporciona los siguientes datos: "Todas las nacionalidades yugoeslavas estaban representadas (en el VIII Congreso de la Liga Comunista de Yugoeslavia): servios 655; croatas 278; eslovenos 126; macedonios 98; montenegrinos 103; shipetares 44; húngaros 32; etc. [9].

Es decir: servios y montenegrinos 758 y todos los demás 675. De todo cuanto se ha dicho, es fácil concluir, que la fuerza dirigente está en ma-nos de los servios.

Eliminado el famoso A. Ranković, quien, con su aparato policial servio, constituyó el "Estado dentro del Estado", como lo calificó también el famoso VI Congreso del Partido, la situación cambió formalmente, pero no sustancialmente. La reforma económica en el sentido de autogestión y de una democracia socialista directa quedó en letra muerta. "Nosotros vivimos en la sociedad de autogestión, descentralización, pero la centralización del producto neto sigue siendo extremadamente grande, porque 13 bancos centrales (en Belgrado, federales — Obs. nuestra) disponen de las tres cuartas partes de todos los recursos financieros. A pesar de la descentralización administrativa y de los servicios públicos, el monto del presupuesto central no disminuye. Al contrario, sube". Así, por ejemplo, para el año 1968, de la totalidad de entradas presupuestarias de Croacia, el 59,9 % se fue al Presupuesto federal en Belgrado[10].

Desde esta posición de poder, entonces, se planea y dirige toda la vida económica, cultural y política del país. Para formarse un juicio al respecto, es forzoso ver cómo participa cada una de las repúblicas en la formación del producto neto de la comunidad y, luego, cómo obtienen los recursos de ese producto para sus inversiones. "De acuerdo a los datos para el año 1967, si tomamos como coeficiente 100 para Yugoeslavia, la república Bosnia y Herzegovina aportó el 1,4%; Montenegro el 1,5%, Croacia el 27,5%, Macedonia el 4,9%, Eslovenia el 17,3% y Servia el 37,4% (incluida Voivodina de 10,2% y Kosovo de 1,5%). Pero si miramos los importes invertidos en cada república, tenemos otra imagen: Bosnia y Herzegovina han recibido el 12,1% Montenegro el 2,5%, Croacia el 22,1% Macedonia el 8,8%, Eslovenia el 13% y Servia el 41,5%" [11].

Sacando los datos del Boletín Estadístico de Yugoeslavia, año IX/ 1969, N° 2, pág. 51, 58, 69 y 64, el poder central servio ha manejado el producto neto de la comunidad yugoeslava de la siguiente manera[12] :

 

APORTE AL PRESUPUESTO FEDERAL

INVERSIONES

REGRESO DEL PRES. FED.

En millones

%

bancaria

%

Federal

%

%

Bosnia y Herzegovina

1.114

9,59

952

8,03

668

30,90

44,8

7,50

Montenegro

167

1,44

255

2,15

200

9,26

13,5

2,26

Croacia

3.156

27,20

2.800

23,62

30

1,42

59

9,88

Macedonia

575

4,96

1.177

9,93

381

17,64

67

11,21

Eslovenia

2.226

19,19

1.684

14,20

12

0,56

35,9

6,01

Servia

4.362

37,64

4.987

42,07

869

40,23

377,1

63,14

 

Uno de los especialistas en la materia dice al respecto lo siguiente: "La principal crítica de la distribución vertical de las entradas presupuestarias de Yugoeslavia consiste en que aquella se realiza siempre de arriba abajo, es decir, que la Federación retiene para sí lo más amplio y más seguro; del resto sacan las Repúblicas para sí y para las comunas lo que sobra. Pero la descentralización de la administración general y la transferencia de muchos servicios públicos a las comunas se realizan sin entregarles recursos presupuestarios destinados para ello" [13]. Además agrega V. Veselica: "Se ha verificado un proceso muy interesante en el período de la reforma socio-económica, es decir, el estatismo de las unidades socio-políticas fue transferido a los bancos, pero de tal manera que éstos se convirtieron de facto en propietarios de enormes medios de producción y desde esta base, expropiaron a los autogestores como los principales portadores del sistema socio-económico, quienes deberían decidir sobre el producto neto o el capital disponible". Para mayor ilustración aducimos el dato de que el estado de los medios de inversión del Banco Yugoeslavo de Inversión arrojaba el 31 de diciembre de 1967, 2.245 mil millones de dinares (viejos). Además que los restantes bancos se hallan en estado de subordinación absoluta en relación con aquél, lo demuestra el dato de que los importes de comisión de dicho banco alcanzan la suma de 1.472 mil millones de dinares (viejos), lo que quiere decir que los demás bancos ejecutan solamente los trabajos técnico-bancarios para el de Inversión. Lo que actualiza de manera especial el problema del capital del Estado —y que es enorme, más de 2.150 mil millones de dinares (viejos)— depositados en los bancos federales es el hecho de que este capital, mediante la disposición bancaria, se territorializa. (El término "territorializar" es un eufemismo por "servizar", disponer del capital ajeno desde Belgrado en detrimento, en primer término, del pueblo croata. — Observación de la Redacción). No resultaría difícil probar que la mayor parte de este capital del Banco Yugoeslavo de Inversiones y el de los demás bancos ex federales se territorializa y que esto está en plena divergencia con los principios fundamentales de la Constitución, donde se dice que Yugoeslavia es una comunidad de pueblos y nacionalidades libremente unidos e iguales. "Así, por ejemplo, era la situación de Croacia en relación con el total de ese capital: mientras la economía de Croacia participa en la creación del producto neto nacional con el 27%, el capital total de los bancos croatas dentro de la totalidad de los bancos yugoeslavos es sólo de 12%. Y, para que la situación se torne más fea, la participación de los bancos croatas en la distribución de créditos de inversión es sólo del 10%. En consecuencia, se trata de una situación económico-financiera desastrosa, que coloca en estado de inferioridad no sólo a los bancos de Croacia, sino la economía total de Croacia, porque así se realiza la redistribución de la acumulación en las manos de los factores fuera de la producción. Este hecho involucra ensí también una dimensión política porque, junto con la expropiación de los principales factores de producción (productores mismos) se crea una problemática muy compleja, que son las relaciones entre las naciones y las repúblicas" [14].

Las consecuencias son lógicas. El crecimiento industrial en aquel país, en comparación con el del año 1939 y tomando como base 100, es el siguente : promedio yugoeslavo 692, mientras en cada república, tomada de por sí, el cuadro es el siguiente: Montenegro 3.658; Macedonia 1.473; Bosnia y Herzegovina 824; Servia 731, Eslovenia 595 y Croacia 592  [15]

Dos cosas son evidentes: Croacia está relegada al último plano, y el favoritismo de las repúblicas no desarrolladas se halla en boga. Por la parte croata se objeta esta política en los términos que reproducimos textualmente: "Pero que hubo muchos gastos no racionales en las regiones no desarrolladas lo demuestra el hecho de que esas regiones, habiendo recibido en todo el período de postguerra el 43% de las inversiones, contribuyeron al producto neto sólo con el 21%, mientras las regiones desarrolladas habían recibido por concepto de inversiones sólo el 30%, y su aporte al producto neto de la comunidad alcanzó al 79 %. Así, las inversiones en Croacia y Eslovenia tienden hacia una constante declinación: Croacia invertía dentro de su órbita en 1956 del producto neto de sus empresas el 45,81%, mientras en 1967 esta inversión decayó al 39,22 % y, en los primeros seis meses de este año (1969), alcanzó al 31.95% [16].

"En un Estado plurinacional, donde la formación de cada uno de sus pueblos se desarrolló por separado, como lo es el caso de Yugoeslavia, los intereses de la clase obrera no son idénticos, sino que se diferencian por sus notas y características nacionales específicas, manifestándose diariamente en el proceso de producción y de distribución y, de manera especial, en la distribución del producto neto o, más concretamente, en la distribución de las inversiones. Por cuanto el valor de este producto es mayor y más centralizado en el plano federal, la influencia de los productores inmediatos será menor sobre su distribución, causando naturalmente el crecimiento de los antagonismos nacionales..." [17].

Para ofrecer una breve ilustración de cómo se refleja esta política en el campo de la instrucción pública y de la cultura en general, reproducimos el siguiente cuadro : En 1967 hubo en Yugoeslavia 26.558 aspirantes a futuros profesores secundarios. Bosnia y Herzegovina contaban con 6.752; Macedonia con 1.141; Eslovenia con 1.676, Servia con 15.076 y Croacia con 420. Politika, de Belgrado, del 20 de agosto de 1969 recalca que los alumnos de las escuelas elementales en Servia tendrán dentro de poco los manuales escolares gratis, mientras, en Croacia, dice un periódico de esa república, los alumnos deben pagar por la inscripción y hacer colectas para edificación de las escuelas. El número de los que no saben escribir ni leer aumenta en Croacia, que fue considerada como la república más culta y progresiva. Los mismos libros que se publican en Zagreb con caracteres latinos cuestan 700 dinares (poesías de M. Lalić), y en Belgrado 300, debido a que los escritores y las editoriales servios reciben subvenciones. El caso siguiente es sumamente interesante: En la ciudad croata de Bjelovar, existe una colección denominada Barešić, en la que figuran varias armas de los siglos XVI al XIX. Esta colección tiene un gran valor histórico. Las autoridades municipales trataron de asegurarle espacio apto. Pero, el propietario la ofreció al Museo Militar de Belgrado en venta. Como éste cuenta con dinero, ofreció inmediatamente 1.200.000 dinares, mientras la Municipalidad de Bjelovar, que no lo tiene, sólo pudo ofrecer 60.000..." Así habló Vera Jurić en una reunión pública, cuando Mirko Božić, en 1956, había dicho: "Lo raro es que, cuando nosotros no podemos publicar una cosa en Croacia, la llevamos a Belgrado y allí se publica. Allí hay dotaciones para los periódicos, mientras nosotros no las tenemos. Así, por ejemplo, para este año (1956), en Belgrado se destinaban 30 millones a tal fin [18]. Por eso en 1968 fueron impresos en Servia 37.321 libros mientras en Croacia sólo 14.000. (Calendario Estadístico, de Yugoeslavia, 1969, pág. 458).

A fin de advertir públicamente lo que significa esta política para el futuro del pueblo croata, Bruno Bušić reproduce las palabras de Jean Jacques Servan Schreiber: "La instrucción, el desarrollo y la explotación de la inteligencia son la única fuente del progreso y el bienestar".

Refiriéndose una vez más a la distribución de las inversiones, Bruno Bušić observa lo siguiente: "De acuerdo a la concepción del Buro Estadístico de las Naciones Unidas, las inversiones podemos definirlas como el conjunto de bienes producidos en un determinado período y destinados al proceso de producción en el futuro. Lo que quiere decir que el monto de los medios para la inversión refleja el esfuerzo de una nación para que, con sus sacrificios temporarios, pueda realizar el deseado ritmo de su crecimiento económico, esto es —con la disminución y la limitación de su standard en curoso—, desarrollar aún más su potencial material e intelectual y así afirmar su individualidad y su presencia positiva en el mundo contemporáneo. Esta intención y estos sacrificios resultan fructíferos sólo a condición de que decidan sobre tales valores e inversiones quienes los han creado ... Todos sabemos que la igualdad nacional no consiste en la igualdad formal ante la Ley, sino, ante todo, en la posibilidad de la independencia de cada una de las naciones, para que pueda crear con su trabajo la base para la incorporación en la división de trabajo internacional en condiciones de igualdad y así posibilitar la lucha por un grado superior de la cultura y la civilización" [19].

Pero la consecuencia más catastrófica de esa política es el fenómeno de la emigración masiva de Croacia. Aun cuando en el último número de Studia Croatica, vol. 28-31, hemos publicado una estadística al respecto, reproducimos el reciente cuadro relativo a la emigración y el crecimiento de la población en todas las repúblicas yugoeslavas, prearada por el mismo autor, comunista croata, Zvonimir Komarica :

 

REPUBLICAS YUGOESLAVAS

Crecimiento natural

%

Emigración

%

Saldo de crecimiento año 1968 (por mil)

Bosnia y Herzegovina

63.074

16,6

13.964

3,1

49.110

12,9

Montenegro

7.507

14,0

165

0,3

7.332

13,7

Croacia

23.028

5,3

24.088

5,5

-1.060

-0,2

Macedonia

27.970

17,8

3.642

2,3

24.328

15,5

Eslovenia

11.561

6,9

2.114

1,2

9.447

5,7

Servia

76.317

9,1

7.467

0,9

69.850

8,0

 

Z. Komarica agregó a su tabla el lacónico comentario: "Croacia es la única entre las repúblicas yugoeslavas que tuvo en 1968 un saldo negativo de crecimiento de población en menos del 0,2 por mil o sea una pérdida de 1.060 personas. Si esto es "fatal" o "el más bajo del mundo", tratándose de los datos para un año, lo dejo a otros para su apreciación" [20].

Con tal merma de su población, "Croacia tendrá en 1980 unos 400.000 habitantes jóvenes de 0 hasta 19 años menos que hoy. Y, si continúan los aludes de «exportación de la inteligencia técnica» con el 40% de la totalidad de los diplomados, entonces Croacia está perdiendo sus factores vitales llegando así en una posición completamente inferior con respecto a las demás regiones yugoeslavas" [21].

Šime Djodan, en la conversación radial con Veselica, dice: "Si nosotros, durante 20 años, perdemos en la densidad de factores, si perdemos en los fondos fijos, si se disminuye nuestra participación en el producto nacional, si disminuye nuestra participación en la masa de la población, esto quiere significar que estamos perdiendo en todas las líneas vitales. Cuando uno se empequeñece, los otros se agrandan; esta es la ley de la relación entre la parte y su totalidad" [22].

Tener o no tener, dice K. Brant, determina combinaciones y tensiones atómicas de nuestro mismo ser. Sin mencionar la justicia, el derecho o la moral. Aquel que trabaja, que crea, se sacrifica, produce y acumula y poco tiene, porque le privan de lo que ha creado, se convierte en campo de tensiones con precisa orientación hacia el descontento. No interesa, si todo esto proclamamos justicia o no, derecho o no. Los hechos, inevitablemente, provocan tensiones. Más fuertes que nuestro carácter, que nuestra voluntad, que nuestro pensar serena y desinteresadamente. Si no fuera así, también en el caso croata, negaríamos a aquel pueblo su naturaleza humana y los postulados éticos de autosuperación, connaturales a ella.

No es pura casualidad, en consecuencia, que María Pilar Comín, en una serie de artículos publicados en La Vanguardia Española en mayo de 1969, al relatar sus impresiones de Yugoeslavia, anotó unas peculiaridades en Croacia que no halló en otras repúblicas yugoeslavas: son el descontento, incluso con la misma persona de Tito, y la pobreza. Maria Pilar Comín formaba parte de un grupo de periodistas extranjeros, invitado por la Federación Turística Yugoeslava. A Belgrado y Lubiana habían visto bastante bien dentro de una visita relámpago, pero a Zagreb a penas tocaron una mañana, pasando para Lubiana. No obstante frente a la catedral, donde descansan los restos del cardenal Stepinac, han visto mendigos. Vieron igualmente a un grupo de estudiantes croatas y uno de ellos dijo a la periodista: "No sé que hago ni para qué he venido a la vida. El régimen es posible que lo sepa, pero yo, no". María P. Comín comenta: "Entre algunos croatas se recrimina a los servios que —dicen— tienen afán dominante y se imponen en todo y todo lo quieren regir, quedándose con el 60% de la renta turística croata, que se va a Belgrado para equipar la Servia del Sur. En fin: diversidad de opiniones".

Creemos que, basándonos en lo expuesto en este artículo, no se trata ni se puede tratar de mera "diversidad de opiniones", sino de realidades muy concretas, de injusticias cometidas y que se están cometiendo contra los intereses vitales del pueblo croata. Por eso nos resulta incomprensible la opinión, por ejemplo, del periodista V. Meier, quien aconseja que los croatas y eslovenos sigan pagando a la Federación, porque ella les garantiza la seguridad política [23]. ¿Acaso el señor Meier entiende el genocidio económico, cultural y biológico como protección política?

Que nos sea permitido invocar el caso norteamericano para ver mejor el caso de Croacia. Las colonias norteamericanas se rebelaron en 1776 contra Inglaterra por el Stamp Act, que las privaba de algunas ventajas comerciales. Ahí, dice A. Maurois, tuvo su comienzo la guerra de la Independencia. Contra el rigor de las sanciones inglesas, Pitt levantó su voz en favor de las colonias: "Los norteamericanos no han procedido siempre con prudencia, pero fueron empujados a la locura por la injusticia. ¿Ustedes les castigarían por una locura, cuyos autores son ustedes" [24].

La rebelión croata de 1941 —precedida por una explotación económica sin par por parte de Servia— fue castigada en esa forma que se conoce como la Tragedia de Bleiburg. Un castigo tremendo, un verdadero genocidio por la "locura de rebelión", cuyos autores fueron los servios y su política. Y ¿qué decir del estado actual?

Actualmente en Alemania occidental trabajan más de 180.000 obreros croatas como esclavos del "socialismo yugoeslavo". Sus protestas poco más clamorosas contra el régimen tiránico de Belgrado, éste las ahoga con la propaganda contra el "terror" croata, que expone al peligro la vida de sus "diplomáticos" y de los ciudadanos alemanes, pidiendo la prohibición de la actividad política y nacional de aquella masa, privada de libertad, de bienestar y de sus propios hogares. Si alguien resiste a esta propaganda o aconseja a los obreros croatas de no enviar sus ahorros a los bancos yugoeslavos, éste está condenado a muerte por los agentes secretos de aquel país comunista, porque algunos centenares de millones de dólares no son un valor despreciable a pesar de su origen burgués. La economía socialista yugoeslava, acostumbrada alimentarse con la ayuda americana, ha llegado a la mayoría de edad, cuando debería vivir de lo que crea ella misma, pero la realidad corre a la inversa a los deseos y planificaciones burocráticas.

Este régimen de Belgrado que ha liquidado, en curso de un sólo año, unos diez croatas más prominentes y activos dentro de la emigración política y económica croata en Alemania occidental pronuncia su propia condena, sin quererlo, cuando uno de sus ideólogos e historiadores justifica la violenta muerte de Franz Ferdinand en 1914, cometida en Sarajevo, recurriendo incluso a los argumentos de filósofos católicos, aún cuando la historia desinteresada puede comprobar, que la "tiranía" de los Habsburgo no era ni la sombra de aquella de Belgrado [25].

Así lisa y llanamente. Las dos Yugoeslavias —la monárquica y, especialmente, la comunista ¿no fueron impuestas y no se mantenía la primera y no se mantiene la última por el terror más inhumano?

La independencia de Croacia es también un postulado lógico desde el punto de vista económico. La dolorosa situación en que se halla por causa de la hegemonía servia —tener o no tener es el factor decisivo—le otorga todos los derechos a independizarse, de acuerdo con los principios que falsamente invocó Dedijer, y que asisten plenamente al pueblo croata en su lucha contra la tiranía servia. Las palabras de Juan XXIII brillan por su extraordinaria exactitud también con el respecto a la situación del pueblo croata: "Los hombres de todos los países o son ciudadanos de un Estado autónomo e independiente o están para serlo. A nadie le gusta sentirse súbdito de poderes políticos provenientes de fuera de la propia comunidad" (Pacem in Terris). Es evidente que el buen Pontífice no quiso hablar de "gustos", sino de realidades muy dolorosas. Para salir de ellas, el derecho a derribar las tiranías queda en pie firme. Croacia —no es una osadia decir la civilización— todavía está esperando a su Pitt para darle el apoyo contra la locura que está cometiendo el hegemonismo servio.

Buenos Aires, 1969.

 


DOMINIK MANDIĆ - LA PERSONALIDAD Y SU OBRA CULTURAL

DUŠAN ŽANKO

"El presente a la luz de un pasado sano y científico".

Dr. CARLOS BALIC

Tres Fases Creativas

NO ES FÁCIL abarcar los impulsos creativos del Dr. Dominik Mandić (que acaba de cumplir 80 años) y que desde el primer decenio de este siglo hasta hoy no ha dejado de sorprender tanto a la Orden franciscana, a la que pertenece, como a los círculos intelectuales croatas y a las instituciones científicas y académicas internacionales.

Entre los rasgos más distintivos de esta excepcional personalidad sobresalen dos: el del humilde franciscano con su honda vocación espiritual y el del historiador en el sentido intelectual-humanista.

En efecto, Mandić es el franciscano integral e historiador nato, más bien historiador franciscano (investigador de las fuentes iniciales de su Orden y el historiador más competente de su Orden en Croacia, sobre todo en lo que respecta a Bosnia y Herzegovina); e historiador nacional (vale decir, un recto y humilde investigador y paladín de la verdad histórica concerniente a esas dos regiones (comarcas) donde esa verdad, a lo largo de los siglos, viene siendo deformada y tergiversada). Varios biógrafos de Mandić destacan su carácter y la mentalidad similares a aquellos de su provincia natal, Herzegovina[26].

La múltiple actividad del Dr. Mandić en el ámbito literario, cultural, social, pedagógico, religioso, artístico, administrativo-económico, político y rigurosamente científico puede dividirse, conforme a los distintos períodos de su vida, en tres fases: la herzegoviana, la romana y la americana. Trataremos de seguir su trayectoria en la medida de lo posible, teniendo en cuenta el tiempo transcurrido y la distancia que nos separa. Mostar, Roma y Chicago serán los tres hitos características de su fructífera vida y de su gran obra.

Mostar

La primera fase de su existencia transcurrida en Herzegovina, la más larga (hasta 50 años cumplidos) resulta muy inquieta en la manifestación de distintas tendencias y propensiones, rebosante de bríos juveniles y de talentos recibidos, ajustada a las necesidades espirituales y culturales de su provincia, que eran muchas; fase esta dedicada con fervor y abnegación a los acuciantes problemas económico-culturales de su comarca. Aquí cabe mencionar las Escuelas campesinas croatas, la Asociación de los plantadores de tabaco, la fundación del semanario Narodna Sloga (La concordia nacional); había que concebir el primer programa del Partido Popular Croata, fundar la Imprenta de Mostar (que incluso dirigirá durante varios años); hubo que edificar el colegio para los alumnos externos que estudiaban en el liceo clásico de Siroki Brijeg[27].

Paralelamente con múltiples acciones de carácter cultural y social, sobresale un momento político en la vida del Dr. Mandić[28].

Mientras puede parecernos que Mandić estaba todavía en busca del campo propicio para su excepcional fuerza creativa, asoman ya los primeros signos de un auténtico historiador que poco a poco irán restringiendo sus presentes actividades y los recluirán en la biblioteca.

Doctorado en Friburgo, Suiza, 1921, en estudios teológicos, grupo historia, ya en 1923 publicó en Mostar su primer trabajo científico, seguido por otros[29], relacionadcs con las primeras fuentes de la Orden franciscana.

En el período 1932-1939, mejor dicho, en la segunda parte de su fase de Mostar, Mandić escribe mucho sobre la historia de los franciscanos de Bosnia y Herzegovina y sobre la de la Iglesia en general. Por fin, había encontrado su verdadera vocación como historiador humanista. Se retira a Siroki Brijeg como director del liceo franciscano (1934-1939) y allí, en su modesta celda, empieza a clasificar el material documental, publicando cada año dos o tres obras como aportes a la historia de los templos, conventos, escuelas, diócesis (especialmente la de Duvno, del siglo XIV al XVIII), franciscanos, como asimismo numerosas biografías de los franciscanos meritorios[30].

En 1939 fue elegido en Asís, durante el Congreso de los generales franciscanos, como asesor general (definitor) de la Orden en Roma, teniendo que dejar su fructífera labor y numerosas acciones empezadas en su querida provincia.

Roma

Aquí se inicia la fase romana de este dinámico, inteligente y popular franciscano de Herzegovina. Seguramente en su fuero interno se libraba una lucha dramática, ya que, aparte de las razones sentimentales y humanas, un consumado historiador debe dejar documentos e investigaciones, dedicándose a otras actividades (1939-1952). El espíritu universalista franciscano se impone temporariamente a sus anhelos patrióticos y científicos. Tuvo que renunciar a su vocación de investigador histórico y volcar todas sus energías a otro campo de acción, al servicio humilde y obediente de su Orden. El mismo Mandić nos dará testimonio de esa lucha interna:

"Cuando el día de Pentecostés de 1939 elegido en la reunión general de les provinciales generales, en Asís, representante de las provincias eslavas en el Gobierno Supremo de la Orden franciscana, representaba para mí un gran sacrificio salir de Herzegovina e interrumpir mi trabajo anterior, religioso, cultural y social. Llegado a Roma a fines de junio de ese mismo año traté de que el general Leonardo M. Bello aceptara mi renuncia y me permitiese reanudar mis actividades en Herzegovina. No quiso ni hablar de ello, asegurándome que en Roma iba a ser más útil a la Iglesia, a la Orden franciscana y a la nación croata. Me resigné y acepté la elección del cabildo general y la decisión del sucesor de San Francisco como manifestación de la voluntad divina. A principios de julio el Consejo superior me confió la gerencia de los asuntos de la curia general y de la Orden".

Esta brusca transición podría ser fatal para otro, mas para el espíritu fuerte e "incansable" de Mandić la fase romana significó trasladar todas sus energías y fuerzas morales e intelectuales a un campo distinto, a la esfera económica, organizativa, artística, humanitaria y caritativa.

Su primera tarea será de orden económico: es designado ecónomo general de la orden, ministro de finanzas de una de las mayores familias religiosas del mundo con una tradición de 800 años. Su programa es el siguiente: 1) Construir la nueva sede central de la Orden (curia general); 2) encontrar el espacio para ampliar la Universidad Antoniana y concentrar las instituciones científicas en Via Merulana en Roma; 3) organizar para dicha Universidad una sólida casa editora, como apoyo del trabajo y estudio de todas las instituciones centrales franciscanas y del apostolado de la prensa. Y como si eso no bastara, construir una aula magna y la biblioteca para el Ateneo de San Antonio, y luego, comprar y organizar la imprenta de la Orden franciscana.

Igual que en Mostar, aqui se revela su gran talento de fundador, de organizador, de iniciador y sobre todo de investigador.

No debemos olvidar que estamos en plena segunda guerra mundial y que en esas circunstancias se amilanaría el espíritu más fuerte. Mandić, empero, nada teme y supera todos los obstáculos en la realización de sus planes. Primero edifica la nueva curia en Gelsomino, cerca del Vaticano, edificio de los más hermosos de Roma, compuesto por un templo, nueva joya artística en la Ciudad Eterna que cuenta con más de 300 iglesias, y todo eso en la época en que, debido a la guerra, cesó casi toda la construcción. Dicen que encontró la caja casi vacía para mantener sólo por un mes el Colegio de San Antonio, que integraba también la Universidad y la misma curia.

Tras dos años de estudio de planos y la adquisición de materiales se inició el 31 de mayo de 1942 la edificación que terminaría el 29 de octubre de 1947; la piedra angular de dicha iglesia fue colocada en 1945 y se ejecutaron en cinco años todos los trabajos, incluso los artísticos.

Vale la pena oír lo que sobre el particular dice Mandić, quien reunió en torno suyo cual un mecena renacentista, a toda una legión de artistas plásticos. "Los planos de la iglesia los confié al refinado Giovanni Muzio, entonces, sin duda alguna, el arquitecto italiano de mayor relieve en la construcción de los templos. En cuanto a los trabajos artísticos, además del genial Ivan Meštrović y del escultor Manzo de Milán, recurrí a varios artistas plásticos, jóvenes y talentosos... En esa decoración colaboraron 27 artistas, entre ellos 2 croatas, un esloveno, un húngaro y 22 italianos ... Las líneas generales de la decoración del templo las esbocé personalmente. Controlé cada trabajo en los talleres respectivos y durante su colocación y ejecución en la iglesia. Di consejos, hice observaciones y crítica. Ninguna obra artística, salvo el San Francisco, de Ivan Meštrović, quedo terminada sin previas modificaciones y perfeccionamientos.. . El ornamento principal, repetido con distintas variantes, que enmarca y une todas las tareas (labores) artísticas y confiere al conjunto un aspecto peculiar es el troplet croata... En la fachada de la iglesia donde un gran mosaico de la Madre de Dios Mediadora, de Filocamo, que lleva la blusa nacional croata de Šestine y, bajo su pies, se halla el tapiz con motivos de los trajes nacionales de Rama, Duvno y Vrlika... En medio de la cúpula se destaca un tierno mosaico con la efigie de la Virgen y, sobre su cabeza, la corona del rey Zvonimir con el collar de tres vueltas de perlas en rojo, blanco y azul..." [31].

Durante doce años pasados en Roma, no publicó Mandić nada. Su musa, Clío, quedó silenciada ante el ecónomo ocupadísimo y el mecenas, constructor e inspirador de grandes obras arquitectónicas y artísticas. Había que verlo trepado en altas escaleras bajo la cúpula, dirigir, controlar y modificar detalles de los escultores y maestros e, incluso, de Meštrović[32]. Hubo que acompañarlo por los talleres donde examinaba cartones y esbozos y gozaba en la realización de la belleza artística, participando en cada detalle como el inspirador inspirado. Un día me mostró una serie de cartones que había descartado a causa de unas pocas líneas discordantes con su idea.

"¿Y los artistas no protestan ante tanta verificación?" —le pregunté—. "No, antes bien están contentos cuando se halla a su lado alguien con una visión segura de una idea" —me contestó sonriendo—; y en ese momento estaba convencido de que los artistas sentían la gran autoridad y el talento original de Mandić, quien durante la edificación y la ejecución de mosaicos, estatuas, relieves y motivos ornamentales fue un dirigente seguro y firme. Lo reconocen incluso Meštrović y Kljaković. "El profesor Nagni —escribe Mandić, creador del grupo escultórico de gran belleza en el altar de la Madre de Dios Mediadora, modificó 14 veces sus primeros planos antes de recibir la orden de ejecutar la obra. Con mi proceder e influencia los artistas perdían algo de su originalidad y espontaneidad, mas el conjunto arquitectónico-escultórico ganó en unidad, y los artistas tuvieron que esforzarse y perfeccionar sus obras".

¡Quién podría olvidar nuestro encuentro en Roma en 1945, después de Mostar en 1924! Ambos estábamos agobiados por el recuerdo de Široki Brijeg, ahora quemado y abandonado, él como su director y yo como alumno. Ese hecho facilitó nuestra mutua comprensión y confianza. El padre Dominik era un dignatario romano y yo un perdido y mísero refugiado, representante del campo de concentración en Fermo, donde había más de dos mil personas, inclusive mujeres y niños, faltos de todo.

Aquí me acuerdo de que, en una oportunidad, el párroco de San Marcos, en Zagreb, Svetozar Rittig, me confió que en un momento de crisis religiosa, Meštrovic le habla manifestado que pensaba seriamente ingresar en la Orden franciscana.

En ese momento, Mandić acude en ayuda de tantos necesitados, abre el tesoro de su Orden, tesoro acumulado por él, y así se visten los desarrapados, comen los hambrientes y se atienden los enfermos. Formó también hospitales provisorios y escuelas en el campo de concentración de Fermo, y en Grottaferrata instaló un grupo de chicas estudiantes croatas. Ayuda donde puede, alienta y estimula los espíritus, interviene ante las autoridades eclesiásticas, civiles y militares anglo-norteamericanas. Salva a muchos, abonándoles los gastos de viaje a los países de ultramar.

Cuando un día, sin previo aviso, apareció en el campamento de Fermo hizo sombra al cardenal Rufini, de Palermo, que ese mismo día había visitado a los refugiados croatas junto con el arzobispo de Fermo. Dominik Mandić, vigoroso y erguido, en presencia del comandante inglés y de los prelados italianos, parecía Moisés al frente de su pueblo.

Esta es sólo una parte de la acción organizativa y caritativa de Mandić durante esos años. Trasladada a Roma la congregación de las hermanas de San Francisco de Maribor; instala las Hermanas de San Vicente de Paul en Roma; funda el noviciado para las monjas; y en Grottamare, en el Adriático, fundó la escuela y el convento para los seminaristas.

Además, son numerosos los monasterios e iglesias, los colegios e instituciones benéficas en Roma y en toda Italia que Mandić reformó, renovó y mejoró[33].

La fase romana también termina. Mandić cumplió con la misión encomendada mejor de lo que se esperaba. Su obra realizada en Roma ha quedado terminada y es imborrable. "Los artistas e ingenieros romanos, en los círculos íntimos, lo denominan «la curia del padre Mandić»", conforme lo acota Basilio Pandžić en su magistral descripción de "La nueva iglesia de la curia general franciscana en Roma".

El nuevo curso que toma la vida de los refugiados croatas influye también en Mandić que hará la rendición De re economica Curiae Generalis ab anno 1939-1951 en Acta Capituli generalis O.F.M. Assisi A.D. 1951. Hay que despedirse de Roma, alejarse aún más de su Croacia y marchar al Nuevo Mundo, donde, en Norteamérica, se instaló un importante núcleo de la familia franciscana de Herzegovina.

Chicago

En contacto con sus hermanos de Herzegovina. Mandić volverá a los problemas de Croacia en general, y de Herzegovina, en particular.

Será guardián por tres años, llenará Hrvatski Kalendar (El calendario croata) con sus artículos sobre la ilustración popular, realizada por los franciscanos, sobre el beato Nicolás Tavelić, sobre los sacerdotes croatas asesinados en el período 1941-1945, y encontrará tiempo para redactar Molitvenik za Hrvatski narod u Americi (Libro de oraciones para la colectividad croata en Norteamérica). Además, funda la serie Hrvatske knjige (Libro croata) titulada Croatia que dirige entre 1954-1955 y asimismo, como el ciclo Croatia, American series, V. I - II, 1954-1955.

Lo más importante, empero, es que ahora su musa, Clío, ocupará el primer lugar en su actividad creativa. Mandić se retira a su biblioteca y se aboca totalmente al estudio de la historia. Ese año será memorable para la historiografía croata, pues tras 30 años, ya cumplidos 66, Mandić se dedicará plenamente a su vocación verdadera. Este sacerdote de excepcional vigor apenas empieza ahora su obra maestra publicando una larga serie de trabajos histórico-científicos que revelan gran erudición y profundo sentido de responsabilidad para rectificar numerosas opiniones y teorías de los historiadores croatas y servios[34].

Rački y Sišić, los dos historiadores más destacados en la historiografía croata, serán sus adversarios principales, de modo que sus rectificaciones revisten doble sentido: el fin de una discusión que se remonta a los tiempos de F. Rački, o sea, desde hace 100 años, y el comienzo de una nueva era en la investigación del alto medioevo croata y de la historia de Bosnia y Herzegovina. Cuando en mi ensayo Bosnia y Herzegovina en la trilogía de Mandić manifesté mi sorpresa por la larga "espera" de Mandić como un auténtico investigador histórico y cuando me congratulé de que se hubiese refugiado en Chicago, prevaleciendo al fin "su verdadera vocación", recibí una carta suya que me permito transcribir aquí, pues nos explica esa larga "espera" y el fenómeno de su "vocación". Por otra parte, este valioso documento, al indicar el método y las condiciones de su trabajo, nos explica su tercera fase creativa, la norteamericana.

"Le extraña que haya podido ocuparme durante largos años de otros asuntos, pese a mi vocación de historiador. Ha de tener presente que ni la Universidad de Zagreb ni la Academia de Ciencias y Artes me dieron ningún cargo ni facilitaron que me dedicara exclusivamente al estudio histórico. Soy hijo de campesinos. Para mi educación mis padres pudieron comprarme únicamente los libros y el primer hábito. Lo demás corría a cargo, tanto durante mis estudios secundarios como universitarios, de la provincia franciscana de Herzegovina. Entonces escaseaba el personal y tuve que cumplir las tareas que mis superiores me confiaron. Paralelamente con mis deberes oficiales siempre me ocupé de la investigación histórica, que no pudo ser intensiva ni actual, pues me enseñaron en la universidad que no podía escribirse sobre ciertos problemas, y sobre todo sobre los problemas discutibles hasta que uno no reuniera suficientes documentos y material probatorio, lo que no pude hacer en Mostar cuya biblioteca franciscana es bastante pobre. Siempre confiaba en que el Señor me daría tiempo y oportunidad para dedicarme exclusivamente a la investigación histórica con el propósito de refutar todos los errores sobre la historia de Croacia, particularmente los concernientes a la de Bosnia y Herzegovina y de escribir una historia sistemática de esas dos provincias y de Croacia en general. Eso me lo dio Dios con su especial Providencia al llegar aqui y desde hace 12 años trabajo exclusivamente en la investigación histórica de Croacia. Ahora, tras haber reunido todos los documentos hasta ahora publicados referente a esa historia, y especialmente a la de Bosnia y Herzegovina, después de hallar nuevas fuentes documentales, no me resulta difícil escribir trabajos históricos y entablar polémicas acerca de las posiciones incorrectas de ciertos historiadores croatas y otros" (Chicago, 14-12-1967).

No hacemos ningún comentario sobre la carta reproducida, puesto que nos explica claramente el secreto y las peripecias de Mandić en sus tres fases creativas: la de Mostar, la romana, la de Chicago.

II — La Obra científica

La obra científica del doctor Mandić abarca, dos campos definidos : la historia de la Orden franciscana y la croata. En la primera fase, la de Mostar, Mandić publica sus investigaciones sobre los primeros documentos, estatutos y reglamentos de la Orden franciscana y en la tercera fase, la norteamericana, publicará trabajos sobre la fundación de la Provincia croata y sobre los primeros conventos franciscanos en Croacia, y luego sobre la constitución del primer vicariato franciscano bosníaco, completando la historia de la Orden franciscana en Bosnia. Durante toda su vida recogió documentos y materiales relativos a las iglesias, escuelas, parroquias, diócesis, especialmente en Bosnia y Herzegovina y publicó sus hallazgos en trabajos mayores y menores.

Especial atención dedicó Mandić a los documentos sobre el martirio del beato Nicolás Tavelić y a los franciscanos de todas las naciones en relación con los bogomili (paterenos) en Bosnia.

En el ámbito de la historia croata hasta fines del siglo XI y de la Bosnia y Herzegovina desde el comienzo de la migración de los croatas hasta hoy, los estudios de Mandić constituyen rectificaciones sensacionales que ningún historiador serio podrá dejar de lado. Desde que empezó a publicar sus trabajos en 1955 hasta hoy, Mandić nos asombra tanto por su edad cuanto por el número de estudios escritos y sobre todo por las nuevas tesis, mejor dicho, las cuestiones que no fueron aclaradas o fueron tratadas erróneamente.

Trataremos de resumir sus trabajos en forma de reseña bibliográfica, siguiendo este plan :

A. Rectificación de la historia croata

1.- Dalmacia, un clásico territorio romano o la Dalmacia romana y croata como parte integrante de Occidente. 2.- Se encontró la llave perdida de las primeras fuentes históricas croatas. 3.- Regnum Dalmatiae et Croatiae (siglo VII-XI), a) la llegada de los croatas y el primer territorio croata; b) la cristianización de los croatas; c) la asamblea croata en el campo de Duvno en 753; d) la Croacia Rubra; g) Dubrovnik.

B. Los franciscanos

1) En las fuentes; 2) La fundación de la provincia franciscana de Croacia; 3) La formación del vicariato franciscano en Bosnia; 4) El beato Nicalás Tavelić, mártir franciscano.

C. Bosnia y Herzegovina

1) Los croatas en Bosnia y Herzegovina (siglo VII-XX): a) los católicos; b) los patarenos; c) los musulmanes.

2) Los servios en Bosnia y Herzegovina.

A. Rectificaciones de la historia croata

Quienes están algo interiorizados en el desarrollo de la historiografia croata desde Kukuljević y Rački hasta Sakač, desde Klaić y luego Sišić, Barada, Guberina, Katić, Karaman, Truhelka y G. Novak, hasta hoy, comprenderán la importancia y el alcance de un historiador de fuste y envergadura en Mandić. Todo ese desarrollo a lo largo de un siglo no es otra cosa que una serie de continuas correcciones, revisiones y progresos lentos. Sisic rectificó a Klaić, Barada a Sisic, Mandić rectifica a Barada, pero no sólo a Barada sino a Sišić y Klaić, a Rački y Novaković, Perojević y a Ćorović. Por fin, tras tantos esfuerzos y tantas vidas dedicadas a la historia, estamos en presencia de una revisión y visión definitivas de la historia croata (D. Zanko, "Bosnia y Herzegovina en la trilogía de Mandić", Hrvatska Revija, N° 12(1-2), 1962, pág. 75).

Esta afirmación se imponía cuando leía el primer tomo de esa magna trilogía (1960) que trataba sobre la "Pertenencia estatal y religiosa de la Bosnia y Herzegovina medievales". La historiografía croata necesitaba urgentemente una honda rectificación después de tantas contradicciones, conclusiones ilógicas, documentos mal interpretados, ambigüedades, lagunas y, lo que es peor, de insinuaciones sospechosas provenientes de las fuentes políticas anticroatas y del mito yugoeslavo.

Compartimos la opinión del medievalista francés Marc Bloch "de que el conocimiento de la historia es algo en constante progreso, transformándose y perfeccionándose", pero todos los intentos anteriores de exponer la historia durante la dinastía nacional croata, desde Rački hasta Barada, nos parecen demasiado lábiles, inconstantes, siempre amenazados por nuevos puntos de vista, acompañados por hipótesis numerosas y cambiantes y por nuevas falsificaciones. Incluso como un ídolo de la erudición se declara al historiador que publica una nueva falsificación de algún documento de la dinastía croata. Hasta los autores de primera fila (como Sisic, Barada) cambian sus afirmaciones anteriores sobre la base de nuevos conocimientos y aportes por parte de la arqueología, filología y otras disciplinas subsidiarias. No debemos extrañarnos, pues un proceso similar rige también en la historiografía de todos los pueblos civilizados.

Por otra parte, cada pueblo tiene momentos históricos discutibles y determinados mitos, respaldados más por ciertas ideologías y nacionalismos que por la ciencia. Así, por ejemplo, los franceses todavía hoy siguen discutiendo acerbamente sobre las fuentes galas o romanas de su carácter nacional sin que mencionemos a Napoleón, objeto de comentarios más contradictorios precisamente en este año. Los españoles todavía no pusieron término a la polémica en torno a la tesis de Américo Castro, que sostiene que es un craso error considerar españoles a los aborígenes de la península ibérica y declarar a Séneca, Trajano y Teodosio como españoles; en otros términos, no están de acuerdo sobre los orígenes de la forma española de vida. ¿Quién no se acuerda en Croacia del mito entretejido en torno a Gregorio de Nin, a la muerte del rey Zvonimir, a los conflictos trágicos entre la latinidad y la croaticidad en los primeros siglos de la vida estatal croata, mitos sostenidos y alimentados por una mentalidad típicamente antilatina, que juzgaba los siglos XI y XII desde el punto de vista del romanticismo eslavo del siglo XIX, omitiendo mencionar a Bosnia y Herzegovina? [35].

Teniendo todo eso en cuenta, la aparición del Dr. Mandić en el campo de la historiografía croata equivale a una salida del túnel oscuro, a una superación fenomenal de todos los puntos flojos justificados y de los "presupuestos" injustificados. En otros términos, la erudición no se opone a los objetivos esenciales de la actividad histórica. Mandić sitúa hechos y eventos en un curso lógico del acontecer histórico, aporta argumentos externos e internos. Crea una obra sumamente útil para comprender mejor el presente y preparar el futuro, interesándonos por la verdad de nuestro pasado. Libre de los programas oficiales y de las directivas administrativas, el autor medita en plena libertad y en la soledad franciscana sobre la historia de su pueblo, utilizando los métodos más rigurosos de la indagación histórica, conociendo los detalles más mínimos y responde a los interrogantes planteados respecto a los primeros siglos de la historia croata, del VII al XI, pues, como expresa Henri-Irénée Marrou: "La historia es la respuesta a la pregunta formulada, derivada de lo más hondo del alma del investigador". ¿Y qué es lo más hondo en el alma de Mandić, historiador nato? El mismo nos lo dirá: "Establecer la auténtica verdad histórica, de nuestro pasado y rectificar tantos asertos incorrectos como encontré, especialmente en obras escritas en otros idiomas" [36].

En otro lugar nos dirá con precisión y franqueza lo que más le preocupaba y que merecia una respuesta adecuada, a saber: "establecer la verdad histórica. Lucić, con sus obras científicas, era útil a la causa croata, ya que, a través de sus obras críticas, el Occidente conoció la antigua y gloriosa historia de aquel pueblo. Pero, sin querer, hizo daño a Croacia por cuanto los autores occidentales, siguiéndolo, no considerarán como tierras croatas a Bosnia, Zahumlje, Duklja medieval y la República de Dubrovnik, ni tratarán la historia de esas regiones como parte integrante de la historia general croata[37]. El doctor Francisco Rački, para atraer a los servios a la idea yugoeslava, servios que se arrogaban a Bosnia y a todas las provincias meridionales, Rački como uno de los principales abanderados de la idea yugoeslava, adoptó la tesis de Lucić y dejó a los servios todas las comarcas que les había regalado Constantino Porfirogéneto en el siglo X. En numerosos y valiosos trabajos Rački se ocupa sólo de la historia de los croatas entre Cetina y Rascia, vale decir de la ex Croacia Blanca. Lo que se halla al sur del Cetina y del Neretva y al este del Vrbas, lo omite Rački por no considerarlo territorio nacional croata. Desde entonces hasta hoy la problemática de la historia croata está a la sombra de F. Rački, el más destacado historiador.

Incluso Ferdo Sišić, reconocido científico y profesor titular de historia croata en la Universidad de Zagreb, no se aleja de las tesis de Lucić y Rački... Se comprende que esa posición vino bien a los historiadores servios quienes, sin objeciones serias, extendieron los límites del territorio histórico nacional servio desde el río Cetina en Dalmacia, hasta Livno en la Bosnia occidental (véase Vl. Ćorović: Historia de Bosnia, Belgrado, 1940).

"Este abandono de Bosnia y de las regiones meridionales por parte de los mejores historiadores croatas nos estimuló estudiar a fondo el problema nacional de dichas comarcas de acuerdo a las normas de la crítica histórica actual... Hemos hallado el testimonio claro e inequívoco de los documentos que, con la autoridad de numerosas y verídicas fuentes, atestiguan que los croatas, al llegar al Adriático, poblaron todas las regiones entre Istria y Albania y entre el Adriático y el río Drava al norte y el río Drina al este"[38].

El problema es serio. Según vemos, trátase del eje principal de la historiografía croata: Lucić-Rački-Sisic que, debido a la deficiente perspectiva de Lucić, motivada por las circunstancias políticas del siglo XVII y aprovechada con abuso por la línea yugoeslava Rački-Sisic, se trocará en una desviación que todavía hoy es sostenida oficialmente en la cátedra de historia en Zagreb[39].

El doctor Mandić era consciente desde el primer momento de esa magna empresa que, sobre la base de detalles, dará una obra integral de rectificación. Pero como se trataba del eje principal, desde el siglo XVII al XX, había que abarcar todos los documentos y fuentes, formar una unidad continua y explicar la lógica del acontecer histórico, pues "la historia tiene su modo —dice Vialetaux— en el sentido de querer revelar el orden de dependencia, la génesis y el significado de los acontecimientos que narra". La lógica de la historia medieval croata de Mandić, igual que "la cuestión nacional", por ser "fundamental" en la historia de Bosnia y Herzegovina "y en la realidad actual", esa lógica, por sí misma, condiciona su valor.

Aparte de ella, encontramos en Mandić una dimensión humanista que con afinidad misteriosa sitúa al objeto y sujeto históricos en idéntico marco racial, lingüístico, religioso, cultural, político y emocional. Mandić comprende el bajo Medioevo croata, pues siendo franciscano y uno de los principales investigadores de las fuentes de la Orden franciscana, posee la mentalidad y la visión religiosa del mundo occidental. Esta visión, esta experiencia personal, tal razonamiento del carácter existencial, mejor dicho insistencial, que Xénopol definiría "d'inférence historique", ayuda al autor cuando describe e investiga las condiciones de la vida estatal y religiosa, tan interdependientes en aquella época, para escribir con objetividad y sin "presupuestos" [40].

1. — Dalmacia —un territorio romano clásico o la Dalmacia romana y croata integrada al Occidente

"F. Sisic trató de corroborar la tesis de Diehl sosteniendo que desde el año 732 al 925 Dalmacia estaba subordinada en el orden eclesiástico al patriarcado de Bizancio y, por consiguiente, en el orden estatal, dependía de aquél y de su prefectura más próxima, el Ilírico oriental. Pero esa tesis es errónea" [41].

"A Sisic se adhirió Barada quien sostenía que la (archi) diócesis spalatense, desde su fundación alrededor de 760/70 y hasta 923, estaba subordinada al patriarcado de Constantinopla. Idéntica tesis infundada sustenta también N. Klaić" [42]17.

Mandić probó repetidas veces que el patriarcado de Bizancio hasta el Cisma nunca abarcaba ni reclamaba territorios al oeste del río Drina y Budva, pues esas regiones desde tiempos remotos pertenecían a la Prefectura Itálica y al Imperio romano del oeste, de modo que Bizancio estimaba que dichas comarcas pertenecían a la jurisdicción del patriarcado de Roma. La primera vez se ocupó de ese problema en el primer tomo de su trilogía Bosnia y Herzegovina (pág. 365-373) aclarando en forma irrebatible que en esas regiones se usaba la liturgia romana desde los tiempos romanos y que sus obispos siempre dependían del patriarcado romano. Incluso el Estado de Bosnia y los "cristianos bosníacos" (patarenos) celebraban sus fiestas según la liturgia romana (pág. 361-458). Por segunda vez, tres años más tarde, en su extenso estudio Dalmacia en el exarcato de Ravena desde mediados del siglo VI hasta mediado del siglo VIII  [43] donde descartó las tesis de Diehl, L. M. Hartmann y Sisic acerca de la subordinación de Dalmacia al Ilírico Oriental y a Bizancio.

Desde que el emperador Diocleciano hizo la división definitiva del Ilírico ("Provincia Dalmatia" de Rascia al río Drina; "provincia Praevalitana, Praevalis" del río Drina al río Ibar y la montaña de Šar) estas formaciones del Ilírico occidental (incluyendo a Dalmacia) bajo la prefectura de Italia, y del Ilírico Oriental (incluyendo también Praevalis) bajo la prefectura Oriental —a través de distintas disposiciones de Constantino el Grande y Graciano, hasta la decisión definitva de Teodosio el Grande—, la frontera entre Dalmacia y Praevalis sobre el río Drina se convertirá en el límite divisorio entre Oriente y Occidente, entre el mundo cultural occidental y oriental hasta la invasión otomana en el siglo XV [44].

Cuando Justiniano I (555), al desarticular el reino de los godos obtuvo el Ilírico Occidental e Italia, estableció en Ravena la Prefectura de Italia, luego denominada exarcado. ¿Qué pasó entonces con Dalmacia? ¿Quedó integrada a la Prefectura de Italia o fue anexada a la Prefectura del Ilírico Oriental? Aunque no hay ningún documento válido en favor de una u otra tesis, Charles Diehl, sin embargo, excluyó a Dalmacia del exarcado de Ravena y L. M. Hartmann trató de probar que Dalmacia pertenecía al Ilírico Oriental (555-751), tesis compartida por Sisic. Mandić, empero, halló varias pruebas y documentos indirectos que permitían colegir que Dalmacia perteneció a la Prefectura de Italia en Ravena y era su parte integrante. Esos argumentos (Mandić enumera 8) serían: el carácter de la administración eclesiástica y civil desde Constantino hasta Justiniano, que hace coincidir los límites de las metropolías con los límites de las provincias estatales ; luego, la valiosa colección de cartas de Gregorio I, de las cuales 32 fueron dirigidas a los obispos dálmatas y a otras personas, sin que aludiera ni hiciera mención de que la metropolía dálmata en Salona estaria subordinada al vicariato papal de Salónica. Por el contrario, Gregorio I afirma expresamente que los patriarcas romanos confiaban desde los primeros tiempos la elección de los obispos salonitanos. Del conflicto de Gregorio I con el obispo salonitano Máximo, Mandić concluye en "forma segura e inequívoca" que Dalmacia, a la sazón, estaba subordinada al exarcado, vale decir, que ni en el orden eclesiástico ni en el civil pertenecía al Ilírico Oriental o Bizancio.

Además, Porfirogénito registró que el emperador Heraclio I (610-641) exigió a Roma el establecimiento de la jerarquía eclesiástica en Dalmacia y el envío de los misioneros que se ocuparían de evangelizar a los croatas. Tomás archidiácono anotó que el primer arzobispo de la restaurada metropolía salonitana en Split (Spalato) era Juan de Ravena. "Dalmacia es la provincia que pertenece a la jurisdicción eclesiástica de Italia" escribe Porfirogenito. Los dálmatas son elegidos papas (Juan IV) y arzobispo de Ravena.

Cuando León III Isaurio (717-741) chocó con los papas romanos, confiscó en el 723 todos los bienes de la iglesia romana en la prefectura ilírica. Mandić subraya que estudiando a fondo todos los documentos[45] en ninguno se hace mención de que Dalmacia fuese arrebatada de la jurisdicción del papa. En cambio, todas las fuentes y documentos se limitan a la ingerencia del emperador en los países al este del río Drina y Budva.

Por otra parte, el patriarcado bizantino hasta el cisma definitivo de 1054 nunca ejerció el poder judicial en el territorio de la ex provincia romana de Dalmacia, por lo tanto en el territorio íntegro de la actual Bosnia y Herzegovina. Tampoco aspiraba a anexar esas regiones por cuanto pertenecían en forma indiscutible al patriarcado romano que desde los principios del cristianismo hasta el cisma ejercía exclusivamente el poder judicial eclesiástico.

Hemos insistido en esa primera y significativa rectificación de Mandić que ubica la línea demarcatoria y divisoria ya en los primeros conflictos civiles y eclesiásticos romanos entre Oirente y Occidente en el río Drina y Budva. La historiografía oficial resolvió esos problemas en forma nebulosa e incorrecta impidiendo que en el presente se pudiera comprender la "oposición interna europea entre los hombres del occidente europeo y los hombres del oriente europeo" (F. Heer). Esta oposición no puede entenderse debidamente si no se tiene en cuenta que los pueblos danubianos y balcánicos durante muchos siglos fueron el blanco de las luchas por el predominio espiritual, religioso y político entre el hemisferio latino y el bizantino. Aún más, según observa acertadamente el historiador austríaco Friedrich Heer, estamos en los umbrales de la formación de dos mentalidades, la griega y la latina: "Las Iglesias orientales y occidentales configuran cada una en sus espacios no sólo la religiosidad individual sino también la espiritualidad total, la cultura y la vida social. Cada una creó un hemisferio cerrado en el cual se vieron enfrentando los procesos específicos postcristianos, la secularización del cristianismo occidental y oriental" [46].

En los albores de la historia de los croatas percibe Mandić correctamente el trasfondo de todos nuestros problemas y lo esclarece en todas sus variantes y orientaciones. Cada pueblo posee su propia órbita cultural, en la que se hallan su fuente y su constitución, su tradición y continuidad, de modo que desconociendo los aspectos primordiales del pasado, nada se comprende. Por ello la rectificación mandichiana de in problema tan distante y delicado como lo era el de dos Ilíricos romanos. el oriental y el occidental, el problema de dos patriarcados, el oriental y el occidental, que estableció la línea divisoria secular Drina-Budva, no es en modo alguno una exhibición estéril de erudición, sino la base indispensable para captar el sentido histórico de dos esferas culturales, formadas a través de dos diferentes mentalidades medievales y la ubicación de los croatas en una de esas esferas[47].

2. Se encontró la llave perdida en torno a las primeras fuentes croatas

Sin duda alguna uno de los temas principales y fundamentales de Mandić será su rectificación en la gran discusión sobre la autenticidad, la fecha de origen y el nombre de las más antiguas crónicas. Recalcó el tema fundamental, ya que, gracias a esa rectificación, Mandić podrá aclarar y fundamentar muchos otros temas, a saber :

La llegada de los croatas al Adriático;

La asamblea croata en el campo de Duvno;

La Croacia Rubra y la Duklia medieval, y otros.

Hay dos crónicas que constituyen la primera fuente de la historia croata: una escrita en el dialecto chakavski, la llamada Crónica croata, otra escrita en latín y denominada la Crónica del sacerdote Duklianin (Ljetopis Popa Dukljanina).

Entre esas dos crónicas hay una relación interesante, es decir los primeros 23 capítulos de la Crónica. croata son traducidos textualmente al latín en la Crónica del sacerdote Duklianin. Además, la Crónica croata contiene 15 capítulos (pág. 24-28) que faltan en la otra, que, a su vez, cuenta con 34 capítulos nuevos, que no figuran en la Crónica croata.

Dada la evidente relación, se plantea el interrogante: ¿Cuál fue la primera, hubo un autor o varios, dónde cuándo y quién escribió una y quién la otra? [48].

F. Sisic trató de dilucidar esos problemas interesantes dos veces: la primera en su obra La historia croata (1925) y, tres años después, en la edición crítica de la Crónica del sacerdote Duklianin (en 1928, publicada por la Real Academia Servia en Belgrado). En ambos casos Sisic sostiene que Ljetopis es anterior a la Crónica, pero previamente había dicho que Ljetopis estaba redactada en latín y después en "idioma croata", siendo traducida por el mismo autor al latín. La Crónica sería una traducción de Ljetopis y se remonta "al siglo XIV cuando un autor desconocido, de los alrededores de Split, por cierto un sacerdote, tradujo del original latín únicamente la parte de Ljetopis que consideraba que contenía la historia de Croacia..."

Mandić contestará con seriedad y seguridad: "Las tesis de Sisic son infundadas y por lo tanto inaceptables".

Pero como Mandić suele asentar sus frías rectificaciones al comienzo de sus estudios y documentarlas luego en un prolijo y pormenorizado análisis, el lector se encontrará con 26 páginas eruditas en un lugar[49] y 21 en otro[50], en total 47 páginas de una exposición científica y lógica que dará la respuesta a todos los problemas en cuestión.

1. El presbítero de Dioklea (Lucić lo llama Presbyter Diocleas) no pudo ser "eslavo (servio) " sino un latino de Dalmacia o Dioclea, un sacerdote católico de Bar en Dioclea, ya que en ella no había servios hasta fines del siglo XII y porque el mismo presbítero anotó que desde mediados del siglo VII hasta sus tiempos, desde la Rijeka actual hasta Valona en Albania, vivían únicamente croatas y romanos (latinos). Por consiguiente, ese presbítero pudo ser también croata, pero Mandić prueba que era latino y que sabía el croata y por eso tradujo de ese idioma al latín el opúsculo sobre la historia croata.

2. La Crónica croata está escrita en el dialecto čakavski por un sacerdote partidario del idioma nacional en la liturgia.

3. La crónica del presbítero de Dioclea fue escrita entre 1149-1153. Mandić aporta pruebas irrefutables.

4. La Crónica croata es anterior a la del presbítero de Dioclea, lo que se confirma en el prólogo de esta última por decir su autor que "tradujo al latín el opúsculo sobre godos que en latín se llama Regnum Sclavorum". En la transcripción encontrada, la Crónica carece de ese prólogo. ¿Por qué? Por escribirlo el presbítero de Dioclea cuando traducía la obra Regnum Sclavorum, o sea, después de la obra conocida bajo el título de La crónica croata. Además, la Crónica omite en el IX capítulo el fragmento referente a las diócesis de Dioclea. ¿Por qué? Es obvio que en la época en que fue escrita, esas diócesis, según se infiere de las bulas sobre su fundación, no existían todavía. Además, si en opinión de Sisic, La Crónica croata es una versión posterior de la Crónica del presbítero de Dioclea, cabe preguntarse, ¿por qué fueron traducidos únicamente los primeros 23 capítulos y no todos?

5. El nombre original de La Crónica croata era, en opinión de Mandić, El Reino de los croatas. Los romanos lo llamaron Libellus Gothorum, pues irónicamente llaman godos a los croatas, pero el presbítero de Dioclea traduce al latín el verdadero título como Regnum Sclavorum, y seguramente debió de ser Regnum Croatorum, puesto que la vieja Crónica croata no conocía el nombre "eslavos" ni "servios" sino sólo "croatas". Hasta 23 veces menciona el nombre croata, el idioma y la tierra croata y nunca hace mención del nombre eslavo y deduce que los croatas provienen no de los eslavos sino de los godos. ¿Por qué entonces el presbítero de Dioclea escribe Regnum Sclavorum? Porque los habitantes de Italia y los romanos en Dalmacia y Dioclea llamaba a todos sus vecinos eslavos "Sclavi", de modo que aquel autor interpretó el título del cronista croata como Regnum Sclavorum.

6. ¿Dónde y cuándo fue escrito Regnum Croatorum? Seguramente en Dioclea, que para su autor es el centro del reino croata, ya que habla del primer rey y de los demás reyes, sin mencionar a los monarcas de la Croacia Blanca. Sería lógico que la obra fuera escrita en la Croacia Rubra, es decir en Dioclea. Más aún, en el capítulo IX se habla de la asamblea estatal y esclesiástica celebrada en Duvno, que dividió el Estado croata no sólo en dos partes políticas, la Croacia Blanca y la Rubra, sino también en dos jurisdicciones eclesiásticas: la arquidiócesis de Salona y la de Dioclea. El Reino croata desconoce la arquidiócesis de Bar (1089) y por la tanto, fue escrito antes de 1089.

Mandić insiste especialmente en las condiciones políticas que imperaban durante el reinado de Miguel, primer rey de la Croacia Meridional o Rubra (1074-1081), y en la situación que predominaba en Croacia sugiriendo que la Crónica croata fue escrita con vistas al interés político de Miguel y durante su reinado, hasta bajo su inspiración, pues a principios de siglo XI convencer a los croatas de que Dioclea presuntamente era un antiguo reino y el centro inicial del Estado croata entero, era un argumento que convenía únicamente a Miguel. Este reconocía la soberanía del rey croata común, Pedro Krešimir IV (alrededor de 1056-1073), pero después de su muerte parece que no quiso reconocer ni a Slavac ni a Zvonimir, y que incluso se independizó y ciñó la corona real en 1077.

Si se acepta esta hipótesis de Mandić sobre la tendencia oculta en la Crónica croata (o el Regnum Croatorum), entonces cabe concluir, además de otras pruebas, que se remonta al período entre 1074- y 1081.

7. Mandić considera que el valor principal de la crónica Regnum Croatorum consiste en haber conservado el recuerdo y dado un resumen exhaustivo de la obra administrativa más antigua croata llamada Methodos, que contenía leyes y disposiciones adoptadas en la célebre asamblea de Duvno y que todavía en el isglo XI regían en Dioclea. El mérito de Mandić consiste en haber esclarecido el secreto del Regnum Croatorum, pues "pese a la base incorrecta y otros puntos flojos, esta crónica posee gran valor histórico en razón de su antigüedad (la más antigua de todas Ias crónicas eslavas), por contener fragmentos y pasajes de documentos croatas todavía más viejos, que en los siglos posteriores se perdieron" y por haber encontrado la llave perdida de las primeras fuentes de la historia croata.

8. Lo más importante son las afirmaciones geopolíticas de Ias más antiguas crónicas croatas de que Dalmacia estaba dividida en la Dalmacia Superior e Inferior, que se identificaban con la Croacia Blanca y la Rubra. De las numerosas fuentes que consigna Mandić se sigue claramente que esa división de Dalmacia y su identificación con la Croacia Blanca y Rubra no fue inventada por las crónicas croatas, sino que fue una realidad, conocida y reconocida. Ese hecho contribuye a la veracidad y autenticidad de ambas crónicas y nos obliga a darles crédito cuando identifican la Dalmacia Superior con la Croacia Rubra y la Inferior con la Croacia Blanca [51].

3. Regnum Dalmatiae et Croatiae (siglo VII-XI)

a) La llegada de los croatas y su primer territorio

Hay poquísimas cuestiones en la historia croata que fueron tratadas y estudiadas por tantos autores como la de la venida de los croatas al Adriático. A ella añadían también la incógnita de su morada anterior y varias migraciones de multitudes anónimas eslavas así como de los servios, los problemas del nombre, del idioma, del tiempo y colonización del territorio. Y lo que es peor, chocaban entre sí puntos de vistas opuestos y contradictorios, confusos, fantasiosos y, en la mayoría de los casos, adaptados a la ideología yugoeslava. Se recurría exclusivamente a las interpretaciones del texto del emperador Porfirogéneo como si no hubiera otros documentos. Así, Ferdo Sisic, en el capítulo "Las teorias sobre la llegada de los croatas y los servios" de su célebre obra Historia Croata (1925), enumera una treintena de autores de tales teorías.

Primeramente, en vez de hablar en forma clara y diáfana de los croatas, se habla de los "eslavos" y se los presenta siempre en comunidad con los servios como si fueran gemelos. Y cuando se escribió sobre el territorio colonizado y los primeros signos de la vida estatal, entonces, juntamente con Dümmler, Rački y Jagić, se puso término a la discusión con dos tesis

—que los servios y los croatas, durante el siglo VII, como parte "de una enorme masa eslava... sin pensar en la fundación de Estados organizados" (Sisic), se perdieron en ese mar anónimo eslavo y pasaron "por el vacío histórico durante dos siglos, VII y VIII" (Sisic).

—que sólo en el siglo IX empezaron a formarse dos núcleos nacionales : el croata en Dalmacia, únicamente entre los ríos Cetina y Krka, y el servio en Rascia, núcleos que evolucionarán en dos estados : el de Croacia y el de Rascia.

Mandić despeja esta niebla y sobre la base de una investigación a fondo establece :

—que hubo dos migraciones de sureslavos: la primera desde fines del siglo IV hasta comienzos del VII, llegando primeramente los croatas, luego los servios y por último los búlgaros como pueblos organizados y no como tribus anónimas ;

—que los croatas llegaron al Adriático con su nombre, con su ordenamiento social específico, con su gobernante y su ejército.

Mandić establece también que esta Llegada ocurrió en 626 basándose en un análisis pormenorizado "de la información más vieja sobre aquel evento, que se remonta al año 727", refiriéndose a la Chronica maiora del obispo sevillano San Isidoro (Cfr. Studia Croatica, Nro. 24-27, año 1966. pág. 64-69). En la segunda edición de su Crónica mayor San Isidoro de Sevilla anotó, en 727, que durante el año 16 del reinado de Heraclio, los eslavos se apoderaron de Grecia y por Grecia sobreentiende Dalmacia, según lo explica en su obra Etymologiae: "Grecia tiene siete provincias y la primera es Dalmacia..." Dichos eslavos eran los croatas que, según lo convenido, se apropiaron de las tierras conquistadas y, por consiguiente, arguye Mandić, "con razón anotó Isidoro de Sevilla que los eslavos croatas arrebataron a los romanos, es decir a los bizantinos, las provincias de Grecia".

En cuanto a las comarcas que poblaron los croatas al llegar al Adriático, Mandić confronta los datos suministrados por C. Porfirogéneto, el testimonio de Isidoro de Sevilla y Methodos de 753 y una desconocida crónica croata del siglo VIII o principios del siglo IX que utilizó el autor del opúsculo Regnum Croatorum. De lo que se sigue que los croatas ocuparon las provincias romanas de Panonia y Dalmacia, que entonces se extendían desde el Adriático hasta el río Drina, y el Ilírico bizantino, o sea, las tierras costeras desde Budva hasta la actual Valona en Albania (el tema de Drač)[52].

Si comparamos esta fundada opinión con la de Rački y Sisic que hablan de las tierras croatas sólo hasta Cetina y Vrbas, vemos que la rectificación documentada de Mandić constituye un valioso aporte a la historiografía croata.

b) La cristianización de los croatas

Desde Ivan Lucić (1666) hasta hoy se discute sobre el bautismo de los croatas, participando en dicha controversia casi todos los historiadores de envergadura. Lucić, partiendo de Porfirogénito, situó la fecha de ese bautismo a fines del siglo VII, y los demás, infuidos por Dümmler, Duchesne y Rački, opinaban e indicaban distintos años, pero todos estuvieron contestes en que los croatas fueron bautizados o a fines del siglo VIII o a principos del IX.

Gran innovación hará Esteban Sakač tratando de probar que los croatas fueron bautizados hacia el final del reinado de Heraclio I (610-641). Esa tesis será adoptada luego por Barada, pero Karaman, G. Novak y Nada Klaić, siguen la tesis de Bulić y Sisic, la llamada tesis franca.

Mandić, tuvo, pues, que habérselas con todos esos historiadores de renombre para dilucidar y descartar sus teorías y defender la suya sobre el bautismo de los croatas. Según Mandić ese hecho se consumó en tres etapas (según las distintas regiones): la primera en la Croacia Blanca, en 640, y se relaciona con Juan de Ravena, primer arzobispo de la metropolía de Split a la que el papa Juan IV transfirió los viejos derechos de la metropolía salonitana.

Primero tuvo que rebatir la tesis de Barada, según la cual Ios croatas llegaron al Adriático como cristianos, adeptos de Arrio. Aquí Barada adoptó con ligereza la opinión de Tomás Archidiácono quien confundió a los croatas con los godos; y como los godos eran arrianos, del nombre presuntamente godo de los croatas concluyó que ésos también eran arrianos. Mandić publicó todos los documentos anteriores a Tomás que com-prueban fehacientemente que los croatas llegaron como paganos (gentiles) (biografía de Juan IV en Liber pontificales, Porfirogéneto, Regnum Croatorum, La Crónica del presbítero de Dioclea, hallazgos arqueológicos, etc.).

La "tesis franca", cosa extraña, aporta sólo dos argumentos : el culto difundido de los santos francos y de Aquileia en "Acta s. Ursii Vicentini". Es verdad que en el siglo IX empieza a difundirse la veneración de los santos franco-aquileos (Crisógono, Ambrosio, Marcelo), mas eso nos habla tan sólo de la influencia religioso-cultural, como, por ejemplo, podríamos aducir el caso de San Jorge, de Cosme y Damián de Asia Menor, de San Lucas, Esteban, Anastasio, Trifón de Constantinopla; y de ese culto, como lo había dicho antes Barada, nada se puede concluir.

Para los adeptos a la "tesis franca" la Biografía de San Urso sería lamentablemente, la única fuente según la cual los croatas se mantenían paganos todavía en la época, de Carlomagno. Decimos lamentablemente, pues se trata de un documento falsificado, de una leyenda fantasiosa, tipo de la Leyenda de Oro, de Jacobi de Voragine, surgida 500 años después de Carlomagno; los editores críticos de Acta Sanctorum (1866) la declararon una burda falsificación y le pusieron el rótulo Acta suspecta. Ese Urso no existe ni como santo ni como personaje histórico. Es mera ficción de la fantasía medieval, ni siquiera figura en la Leyenda de Oro, es decir, no existe hasta fines del siglo XIII. En Acta s. Ursii se cuenta que un tal Urso llegó a Croacia y allí vivió desde 779 al 788, que el rey era pagano, que se casó con su hija y ocupó el trono croata. En cambio, en esa época gobierna en Croacia el príncipe Višeslav, cristiano, y [no] hay rastros de que reinara algún monarca de sangre extranjera. Además, ese documento no es contemporáneo de los sucesos que describe.

Pero para Víctor Novak "constituye un aporte valioso, que prueba irrefutablemente los esfuerzos expansionistas de Carlomagno... quien enviaba misioneros entre los croatas".

"Sea como fuere —concluye Mandić—, en adelante ningún historiador serio deberá referirse a la Biografía de San Urso en relación con la historia del bautismo de los croatas" [53].

En cambio, las pruebas de Mandić son serias, abundantes y fidedignas, de modo que, haciendo otra rectificación importante, asegura a los croatas el honor "de haber sido los primeros entre los pueblos eslavos en abrazar el cristianismo".

1. El testimonio de las actas de los sínodos de Split 925-928 que mencionan las diócesis organizadas desde Kotor hasta las islas de Quarnero y Sirmio, "todas pobladas y con muchos sacerdotes", antiguas (antiquitus), salvo la de Nin, fundada entre 863 y 867. Eso comprueba que las diócesis dálmatas fueron o restauradas o establecidas a más tardar, al comienzo del siglo IX. Regnum Croatorum registra, de acuerdo a Methodos, que en 753 fueron dadas las condiciones eclesiásticas para el bautismo de los croatas, se fundaron nuevas diócesis y las viejas se restauraron.

2. El testimonio del papa Juan X. Este Papa, en la carta dirigida al rey Tomislav en 925, califica a los croatas como "primicias de los apóstoles y de la Iglesia en general" que abrazaron el cristianismo antes que les germanos (sajones) a quienes, como sabemos, Gregorio II (715-731) envió a San Bonifacio, es decir, mucho antes de la época de Gregorio. Todos los documentos, por ende, apuntan al siglo VII.

3. El testimonio del emperador Constantino Porfirogéneto. El emperador menciona tres veces el bautismo de los croatas. La primera en el capítulo 31 de su De Administrando Imperio, cuando dice: "El emperador Heraclio trajo de Roma y mandó sacerdotes, entre los cuales designó arzobispo... y bautizó a los croatas, y esos croatas, en ese tiempo, tenían como gobernante a Porga". En el mismo capítulo se considera que Porga era hijo del gobernante que condujo a los croatas al Adriático. Por lo tanto, eso debió ocurrir antes de la muerte de Heraclio I, acaecida el 11 de febrero de 641. La segunda vez los menciona en un texto impreciso y confuso que se presta a distintas interpretaciones. Mandić explicó dicho texto con toda claridad: se trata del bautismo en la Croacia panónica y el emperador, por error, situó el suceso en la Croacia dálmata a fines del siglo IX. Lo confirman, además, las informaciones acerca de la actuación de los hermanos SS. Cirilo y Metodio para bautizar a los croatas de Panonia, bautismo que se inició en 867, lo que mencionan también dos viejos documentos: Regnum Croatorum y la Crónica del presbítero de Dioclea (aludimos a la conversión de los croatas "por el santo varón Constanzo").

Porfirogéneto hace la tercera mención de los croatas en el capítulo 29 durante Basilio I (867-886), lo que Mandić interpreta que se refiere principalmente a los servios y los habitantes de Neretva ("paganos").

4. El testimonio de la metropolía spalatense. Las obras, escritas sobre la base de los viejos archivos de la metropolía de Split, como la Historia salonitana maior (alrededor de 1185) e Historia salonitana de Tomás Archidiácono (t 1268) mencionan expresamente al delegado del Papa Juan IV (-642), Juan de Ravena quien empezó (cepit) a convertir a los croatas, en primer lugar a su gobernante Porga y a la clase dirigente, entre los rios Zrmanja y Cetina y paulatinamente (paulatim) siguió visitando las regiones de Dalmacia y Croacia...", y "restauró iglesias, designó obispos, ordenó parroquias y atraía poco a poco a la gente sencilla a la doctrina cristiana". Todo eso ocurrió en vida del emperador Heraclio I (-641).

5. El testimonio del Papa Agatón (678-681). De una misiva que Agatón dirigió al emperador Constantino IV en 680, Mandić deduce que el pasaje relativo a los obispos que actúan entre los pueblos eslavos recién conversos se refiere únicamente a los croatas. Luego trata sobre el célebre acuerdo entre el Papa Agatón y los croatas. De ese acuerdo habla Porfirogéneto sin indicar el nombre de Pontífice ni el año, aunque trans-cribe textualmente el acuerdo y acota que fue firmado por los príncipes croatas. El historiador E. Sakač, en su conocido estudio de 1931, comprobó, lo que Mandić había completado, que se trataba del Papa Agatón.

6. Testimonio arqueológico. En cuanto al Evangeliarium spalatense, Mandić opina que M. Faber y Barada determinaron correctamente su fecha situándola a fines del siglo VII o a principios de siglo VIII. Que el cristianismo existió ya en el siglo VII entre los croatas lo comprueba también el nuevo hallazgo (1958) en la catedral de Split dentro de un sarcófago interior del siglo VII que se refiere al traslado de las reliquias de San Daimo. Este es el documento más antiguo y contemporáneo sobre la actuación de Juan de Ravena en Split y Dalmacia.

Un año antes (1957), Mandić había terminado su extenso estudio probando, a diferencia de Bulić, que San Daimo fue el primer obispo de Salona y que sus restos fueron trasladados a Split y no a Roma. El hallazgo aludido de 1958 confirma la tesis de Mandić y corrobora sus tesis sobre el bautismo de los croatas en relación con Juan de Ravena y con la fundación de la metropolía spalatense en el siglo VII y no a fines del siglo VIII, o sea, antes del sínodo celebrado en Split en 925, según sostenían Bulić, Sisic y Barada bajo la influencia de Duchesne[54].

Lo que significan las rectificaciones hechas por Mandić frente a los historiadores croatas y extranjeros para la inicial formación cultural de los croatas dentro de la comunidad universal de la Iglesia que había monopilizado la cultura y el prestigio espiritual en Ia Europa de entonces, pueden juzgarlo y apreciarlo quienes conocen el carácter universal de la cultura europea en vísperas de la época carolingia y durante ella, y el significado del papado en Ias relaciones con los monarcas y pueblos europeos de aquellos tiempos. Formarse uno o dos siglos antes en esa universalidad "Iglesia-Estado o Estado-Iglesia", según sintetiza C. Dawson, la mentalidad de la alta Edad Media es cosa importante. Cuando Juan X convoca el sínodo de Split en 925 y considera a los croatas un pueblo cristiano, y oficialmente los denomina "hijos escogidos de la Iglesia romana", esa significaba entonces una clasificación honrosa de su carácter universal y no una mera frase diplomática.

c) La asamblea croata en Duvno en 753

Cuando hablamos de la tesis fundamental de Mandić sobre Regnum Croatorum, subrayamos que con esa clave iba a esclarecer también el tema relativo a la asamblea croata en Duvno. Nos toca ahora examinar también esa rectificación de nuestro autor.

El capítulo IX, el más importante del Regnum Croatorum describe en detalle esa asamblea estatal-eclesiástica, menciona a los delegados papales y del emperador y la importantísima disposición sobre la división del Estado en la parte continental y el litoral de la Croacia Blanca y Rubra[55].

Sobre ese tema se escribió mucho "sin que se llegase a una solución, por lo menos parcialmente fundada y explicada en forma documental" —afirma Mandić—. Hubo que estudiar y revisar un copioso material y dar "una argumentación científica indispensable". Para comprender el alcance de esa nueva y significativa rectificación de Mandić, siguiendo nuestro método, nos referimos a los criterios anteriores de la historio-grafía croata.

Rački y M. Kostrenčić atribuyen gran valor jurídico a la asamblea de Duvno, sin indicar su fecha. Farlati la situó en 877 y Sisic la trasladó al 882. Kukuljević, Smiciklas y Klaić opinan que la asamblea tuvo efecto en 925 y que en ella fue coronado el primer rey croata Tomislav. Luka Jelić trató de probar que la asamblea se celebró en 1057.

Todos esos esfuerzos de la historiografía croata testimonian el valor de las investigaciones de Mandić quien, junto con la capacidad científica y la erudición necesaria, toma en cuenta los criterios internos que le abren la puerta.

Mandić demostró que las fechas señaladas no corresponden. Primeramente descartó el año 1057:

1. Del Methodos se colige que, durante la asamblea de Duvno, el Estado croata se hallaba en su fase inicial, lo que no puede decirse del año 1057, cuando reinaba Petar Krešimir IV sobre territorio que cuenta con su forma jurídica establecida y más de 130 años de vida. Además, en esa época, el Estado croata no se extendía hasta "Ba (m) balona", es decir, la Valona actual en Albania, como en tiempo de la asamblea de Duvno.

2. El cisma de Bizancio con Roma no permitía que los delegados respectivos asistieran conjuntamente a la asamblea de 1057. Respecto al año 925, en esa fecha tuvo efecto el sínodo de Split, en el que no estaban presentes los delegados del emperador, ni sus conclusiones coinciden con las de la asamblea de Duvno. Además, el pueblo no asiste y en esa época no vive ningún Papa Esteban, ni el Estado croata llegaba hasta Valona, como durante Budimir a quien en manera alguna podemos identificar con Tomislav.

Según la Crónica del presbítero de Dioclea, en la asamblea se mencionan los nombres del papa Esteban y del emperador Miguel, lo que indujo a error a Jelić, llevándole a fijarla en 1057 cuando, de hecho, era Pontífice Esteban IX y emperador Miguel VI; pero Mandić probó que en Regnum Croatorum, más próximo al original del Methodos, figura el nombre del emperador Constantino (741-775); y el Presbítero de Dioclea tomó de Ias leyendas de los SS. Cirilo y Metodio el nombre de Miguel y lo relacionó con Svätopluk y, en cambio, Constantino es contemporáneo de Esteban II (752-757).

Con dichos argumentos, Mandić descartó el año que fijaron Farlati y Sisic, analizando a fondo los primeros pasajes del capítulo IX de Regnum Croatorum y de la Crónica (Ljetopis) que carecen del valor original de Methodos, documento éste contemporáneo de la asamblea de Duvno, pues se trata del agregado y de combinaciones del mismo Presbítero de Dioclea a mediados del siglo XII sobre la base del texto del Regnum Croatorum del siglo XI, prólogo que, a su vez, fue redactado según la Biografia de S. Metodio (principios del siglo X), donde se menciona "Svetopelek".

Según Methodos, en la asamblea de Duvno hubo colaboración intima entre Roma y Bizancio. Esto sólo era posible hasta 754 cuando el papa Esteban II, protegido por el rey franco Pipino el Breve provocó la ruptura política y estatal entre Roma y Bizancio que se ahondaría por el cisma religioso en 863 (Focio) y en 1054.

Que la asamblea de Duvno se celebró en 753 lo prueba Mandić analizando la vida del enviado imperial, llamado Juan. Se trata del secretario del emperador que en 752 y 753 desempeñó esa misión en la corte del papa Esteban II en Roma, y en 756 en la corte del Pipino el Breve en Francia. Además, Mandić aporta otros documentos y pruebas, hace pequeñas correcciones de las tesis de Sisic bajo el título Resolviendo las dificultades, y concluye: "Hemos probado con rigor científico, sobre base de sólidos documentos internos y externos, que la asamblea de Duvno no pudo tener efecto en el siglo XI, ni en el X, ni en el IX, sino única-mente en siglo VIII, y con mayor precisión, en 753. Este hecho histórico comprobado arroja nueva luz sobre la historia croata de los primeros siglos y abre nuevos enfoques sobre la vida de aquellos en el siglo VIII, hasta ahora cubierta con tupido velo" [56] o como diria Sisic, nos hallábamos en el "vacío histórico".

Mandić reconoce que "Sisic fue uno de los mejores y más científicos historiadores croatas y por eso nos extrañó su proceder y la evaluación del documento La crónica del Presbítero de Dioclea".

El argumento principal que esgrimia Sisic para negar la existencia del viejo documento croata Methodos era que no pudo encontrar ese término en los diccionarios del griego medieval y moderno. Sin embargo, ese vocablo existia en el idioma griego y tuvo que tener una acepción precisa en la era bizantina. Marulic (célebre humanista croata) acotó en 1510 que esa obra se llamaba Methodos en la vieja crónica Regnum Croatorum que, según Jerónimo Caletić, "había transcripto Dmine Papalić de un vetusto libro, escrito en caracteres croatas". Mandić opina que esa obra se llamaba originariamente Methodos en su acepción de manual para una administración ordenada y sistemática del Estado, pues ambas crónicas dicen que dicha obra contenía leyes estatales y eclesiásticas, votadas en la asamblea de Duvno.

Otro argumento de Sisic contra Methodos era que los croatas, hasta fines del siglo XI, carecían de lengua literaria desarrollada. "Eso no es exacto" —arguye Mandić al analizar acertadamente la pastorización eclesiástica desde el bautismo de los croatas en 640 hasta 753-. Esta pastorización obligó al clero, a traducir las Sagradas Escrituras y enseñar a su grey en el idioma nacional durante más de cien años, lo que facilitó el perfeccionamiento del idioma vernáculo. Esas reflexiones inducen a Mandić a formular una hipótesis original, es decir que S. Cirilo se sirvió del idioma y de Ias traducciones de los evangelios y epístolas, hechas por los anónimos sacerdotes croatas en la costa adriática durante 200 años, desde mediado del siglo VII hasta mediados del siglo IX. Por lo demás, el Methodos croata fue redactado con una anterioridad de 110 años al viaje de los SS. Cirilo y Metodio a Moravia[57].

d) Croacia Rubra

Al hablar, al comienzo, de las rectificaciones hechas por Mandić, nos hemos reefrido a su programa, que consiste en reintegrar todas las regiones croatas "a un área historica y étnica del pueblo croata". Pero esas tierras no son sólo la Croacia Blanca que luego se llamará el Reino de Croacia, Dalmacia y Eslavonia, sino también la Croacia Rubra (es decir Neretva, Zahumlje, Travunja y la Dioclea medieva), Bosnia y la República de Dubrovnik.

Por esa razón sus primeras obras tratarán sobre la Croacia Rubra (1957) y sobre Bosnia y Herzegovina (1er. tomo en 1960), primeras cronológicamente y por el interés puesto en ellas y por los nuevos argumentos aportados. Ocurrió, empero, lo que previmos al reseñar en 1962 el primer tomo de Bosnia y Herzegovina, es decir "que Mandić había reunido tantos documentos, tesis y detalles que ya se vislumbraba una obra integral y monumental, un panorama total del territorio histórico croata". El tiempo nos dio la razón y esperamos con impaciencia su anunciada obra La historia de los croatas durante los gobernantes nacionales (626-1102).

Echamos un vistazo ahora al tema más favorito de Mandić, a su original Croacia Rubra. Lo dicho hasta aquí indica con claridad que los documentos más antiguos hablan de la Croacia Rubra que se extendía desde río Cetina a Valona y comprendía a Dioclea.

Mandić aportará nuevos documentos, hallados en las fuentes occidentales y en los archivos de Dubrovnik, entre ellos:

1. Andrés Dandolo (1309-1354), dux veneciano y cronista, menciona la asamblea de Duvno y la división de Dalmacia en 4 partes: "Desde el campo de Duvno hasta Istria se denominó la Croacia Blanca y desde ese campo hasta Drač, la Croacia Rubra; la región montañosa desde el río Drina hasta Macedonia se denominó Rascia y desde este rio al oeste Bosnia... Los autores modernos denominan todo el litoral Dalmacia, y la región montañosa, Croacia" [58]. La novedad consiste en que la parte continental (Zagorje) no se denomina "Surbia" sino "Chroatia". El humanista italiano Flavio Biondo (1388-1463) transcribe textualmente a Dandolo y concluye: "Rascia y Bosnia se consideran tierras del Reino de Croacia" [59].

2. Los autores raguseos y otros. De la Croacia Rubra hablan junio Resti, Mavro Orbini, Jacobo Lukarić, y todos ellos conocen la Crónica del presbítero de Dioclea. Los testimonios de los autores raguseos revisten un valor peculiar. Trátase del nombre de su patria chica. Conocían la opinión popular y la vieja tradición respecto del nombre de su región y respecto de sus pobladores. Al mismo tema se refieren también Dinko Zavorović (1545-1610), Ivan Mrnavić (1580-1637), Ivan Lucic, Du Cange (Historia Byzantina, París, 1680), Pablo Ritter-Vitezović, Farlati y otros.

3. El cronista veneciano Diacono Juan acotó en su crónica una anécdota de la que cabe concluir que Zahumlje, parte integrante de la Croacia Rubra, formaba en 912 parte del Estado croata. La argumentación de Mandić, en ese tema, a diferencia de Sisic, es brillante[60].

Siguen documentos sobre la Croacia Rubra de las fuentes oficiales de los siglos IX y X: la donación del ban Trpimir de 852; las cartas papales de 874 y 879; de los sínodos eclesiásticos de Split en 929 y 928; autores bizantinos de los siglos XI y XII, en total siete.

"Para debilitar —dice Mandic— los valiosos testimonios de los autores bizantinos sobre el carácter croata de Dioclea y de toda la Croacia meridional, la Rubra en los siglos XI y XII, los historiadores servios tratan de probar que habría que rectificar a esos autores bizantinos y donde en los documentos figura "Croacia" y "croatas" sustituir esoos nombres por "Servia" y "servios"... Una crítica objetiva y seria no puede aceptar semejante interpretación de las fuentes bizantinas".

¿A qué se debe esta dificultad? Ivan Skilices describe la colaboración servio-croata contra los rebeldes búlgaros para liberar a Bulgaria del dominio bizantino, lo que califica de conquista de Bulgaria y escribe textualmente: "Durante el primer año de ese emperador, indicación undécima (-1073) el pueblo servio, que también llaman croata, salió a someter a Bulgaria". Los historiadores servios extraerán la conclusión de "que el proceso de diferenciación entre croatas y servios en los siglos XI y XII no había avanzado tanto que los extranjeros pudieron notarlo

El nombre "croata" es, pues, sinónimo de "servio" y de "habitantes de Dioclea". En cambio, trátase de la sublevación búlgara en 1073. Los servios prestaron gran ayuda a los búlgaros, pero bajo la conducción del croata Bodin, hijo de Miguel, "soberano de los que se llaman croatas". En esa época, en Rascia, el gran comites (prefecto) era Petrislav, hijo del principe Miguel de Dioclea. Skilices se refiere a esa dependencia ser-via de los croatas, de modo que dicho pasaje debería interpretarse : "Durante el primer año de ese emperador... el pueblo servio (etnicamente) que llaman también croata (políticamente) salió (de Rascia) para someter a Bulgaria".

Otra dificultad estriba en Porfirogénito quien, en un lugar, en contraste con las demás afirmaciones, escribe que los servios poblaron la cuenca del río Neretva, Zahumlje y Travunja. Además de contradecir numerosos documentos fidedignos, tanto nacionales como foráneos, de fecha anterior y posterior a Porfirogéneto, él mismo afirma en varios lugares que los pobladores de esas comarcas no son servios[61].

Así Mandić soluciona en varios casos las dificultades, incluso la identificación que hace Jirecek del "Servio de Trebinje" con "Vojislav de Dioclea", argumento que esgrimió para declarar a Esteban Vojislav y a Dioclea tierras servias[62].

Dilucidar semejantes "dificultades" constituye para Mandić un placer especial. Erudito consumado, toma en cuenta todos los detalles, antes de emitir una opinión estudia no sólo una frase suelta, sino el texto íntegro, otros textos contemporáneos, las circunstancias imperantes que aclaran la estructura lógica, arrojan clara luz, justifican un complemento o corrección. Por eso, según dijimos, siempre busca nuevos documentos y testimonios. Respecto de la Croacia Rubra los encuentra, además de los ya citados, en los documentos arqueológicos, en la unidad idiomática, en las condiciones eclesiásticas, en las observaciones de los itineraristas foráneos y en la tradición del mismo Montenegro. "En toda el área de la Croacia Rubra hasta los Nemanidas no existen documentos servios culturales o arqueológicos. Hasta esa época no había ni servios ni ortodoxos en toda la Croacia Rubra salvo un puñado de emigrados en la Travunja septentrional y algunos refugiados políticos en otras regiones. Incluso los primeros Nemanidas, cuando gobernaban en alguna provincia de la Croacia Rubra, tuvieron que adaptarse a la religión de sus súbditcs y volver al catolicismo de sus antepasados, nobles croatas católicos[63].

Especial tención merece la teoría de Mandić según la cual los croatas llegaron al Mediodía con el idioma croata en dialecto čaiavski y encontraron en la nueva patria a los eslavos de la primera migración que hablaban los dialectos kaikavski y štokavski. Desde el comienzo, en todas las comareas croatas, desde Trieste hasta Valona, desde el Adriático hasta el río Drava al norte y el Drina al este, se hablaba el dialecto čakavski, traído de allende los Cárpatos, y mezclado con el correr del tiempo y fusionado según las provincias respectivas, con los dialectos kajkavski y štokavski. Pero, después de la Croacia Blanca, la influencia del čakavski fue más fuerte en el viejo territorio de la Croacia Rubra[64].

Es gran mérito de Mandić haber establecido y probado que las tierras de la Croacia Rubra fueron desde el principio parte integrante de la historia croata y que la Dioclea medieval, no obstante su situación actual, era incuestionablemente provincia croata[65] y como tal debe ser tratada en el marco de la historia político-cultural de Croacia, especialmente en los siglos XI y XII.

Lo que omitieron en sus estudios históricos "nuestros mejores historiadores, F. Rački y F. Sisic y cedieron históricamente regiones al sur de Cetina y Neretva a los servios", lo rectificó en forma concluyente Mandić como uno de los paladines más grandes y más meritorio de la Croacia Rubra[66].

M. Sufflay escribió mucho acerca de los problemas de la Croacia Rubra y llegó a la conclusión en su meduloso estudio "La Croacia Rubra y Dubrovnik" Hrvatska Revija, Nro. 1, 1930: Croacia Rubra de que el presbítero de Dioclea tuvo realmente un fondo étnico croata..."

Mi amigo y colega en las aulas universitarias en Zagreb, V. Tripunov, oriundo de Kotor, publicó en Hrvatska Smotra (8(1), 12-27, 1940) un estudio intitulado En la periferia de Croacia, tratando de probar el origen, el nombre y el territorio de la Croacia Rubra. Consciente de la fuerza probatoria de muchos autores, escribe: "Consignar todos los hechos históricos que crearon la Croacia Rubra y analizar todos los factores principales que quebraron la integridad del pueblo croata en ese punto álgido de la croaticidad implica probar y explicar las aseveraciones anteriores". Hoy podemos decir que el doctor Mandić consignó todos esos datos, los analizó y ordenó, los interpretó y explicó con el rigor científico y estableció la verdad histórica.

 


Dr. ANTE TRUMBIĆ

(1864 -1938)

Creencia y desilusión de un "yugoeslavo"

BOGDAN RADICA

AL INICIARSE este siglo, la política croata fue sometida a grandes pruebas sin que estas quadesen aún suficientemente aclaradas en la historiografía universal. El firme rechazo de la Monarquía Dual y su consecuente transformación en un sistema federal o confederal de Estados, con el fin de satisfacer a todas las nacionalidades integrantes y, de modo especial, a los pueblos eslavos, se reflejó en la vida política croata. Esta posición afectó no tanto a las amplias capas sociales[67] cuanto al grupo intelectual y a la "élite" política que, mientras por un lado tendía hacia la disolución de la monarquía de los Habsburgo, por el otro proyectaba una amplia unión de los Estados y pueblos de los eslavos meridionales que, sobre las ruinas de la antigua Monarquía, formarían su nuevo Estado.

Las ideas antiaustriacas, antihúngaras y antigermanas fueron sustituidas rápidamente por las tendencias paneslavas y por la unión de los eslavos del Sur. Las nuevas concepciones se encontraban en la creación de un nuevo Estado de los eslavos meridionales que uniría a los croatas, servios, eslovenos, montenegrinos, macedonios y a las regiones de Bosnia, Hercegovina y Dalmacia. Un Estado común, así concebido, salvaría al eslavismo y a todos los pueblos eslavos, protegidos del ímpetu creciente pangermánico, por el poder de Rusia. Esas ideas introducidas en Croacia, procedían de Praga donde, bajo la jefatura espiritual de Tomás Massaryk, se formuló la tesis de la disolución de Austria-Hungría, sobre cuyos fundamentos habría de crearse tanto Yugoeslavia, como una unión de los pueblos checo y eslovaco. Pues, éstos, de la misma manera que los eslavos del Sur, se sentían amenazados por los austríacos y los húngaros. Esa tesis fue favorecida por la transformación de Servia de un bajalato otomano en un Estado bálcanico independiente. El hecho tuvo ponderable atracción no solamente para la intelectualidad croata sino para la minoría servia, que vivía bajo la Monarquía Dual y que prefería una incorporación a la Servia balcánica, a la alternativa de convivir en una comunidad de solución austriaca donde gozarían de la misma igualdad de condiciones que los croatas.

En las tierras croatas, la clase intelectual de Dalmacia participó con un entusiasmo ya netamente mediterráneo en las luchas por la formación de la unidad entre los eslavos meridionales, distinguiéndose de sus compatriotas de la Croacia central y así como de los de Bosnia y Herzegovina. Los croatas de Dalmacia se hallaban bajo la impresión directa de los resultados del "Risorgimento" italiano y, por consiguiente, alimentaban la idea de que únicamente uniéndose con Servia y Croacia, se liberaría de la hegemonia austríaco-húngara y del inesperado y creciente

Bajo una predisposición de ánimo semejante el 17 de abril de 1897 y en el Consejo Imperial de Viena, Trumbić expuso así el problema de nacionalismo imperialista italiano. Hubo un verdadero temor de que este último pudiera amenazar la libertad e independencia del Adriático croata desde Istria, a través del litoral croata propiamente dicho y la totalidad de Dalmacia con todas las islas. Como en aquel entonces la minoría italiana en las ciudades dálmatas se transformaba rápidamente en irredenta italiana, la clase intelectual croata, puesta frente a ese peligro, creía que con la unión de los eslavos meridionales de los Balcanes, se salvaría la integridad nacional y política de los croatas.

A la cabeza de esta política estaba en primer lugar el Dr. Ante Trumbić y le seguían destacados políticos e intelectuales de Dalmacia entre los que sobresalían particularmente el publicista Frano Supilo y el escultor Ivan Meštrović. El Dr. Ante Trumbić había nacido en la ciudad de Split en 1864 y se destacó en los estudios de la cultura clásica. Al terminar su carrera jurídica, se transformó en uno de los más prominentes políticos y juristas de Austria. En su juventud había sido partidario del Dr. Ante Starčević, eminente hombre político croata, quien despertó clara y concretamente la conciencia de la idea estatal croata y se constituyó en uno de sus más audaces defensores.

De acuerdo con su visión genial y con su experiencia política y su conocimiento de los hechos históricos, mantenía la tesis de la imposibilidad de una simbiosis política entre croatas y servios sin que de ello resultase grave perjuicio e inclusive un peligro para la personalidad nacional croata. Trumbić abandonó sus ideas juveniles en aras de la creación de una comunidad más amplia. No obstante heredó de Starčević no sólo su inquebrantable fe en la independencia croata sino la honestidad cristiana de una conducta y fe catonianas, que siempre distinguió a Starčević dentro del plano político. Toda la oratoria de Trumbić en la Dieta de Dalmacia ostenta las características de la política de aquél. Consciente del juego político de los servios dálmatas, autonomistas e italianos, defendía tenazmente la unión de Dalmacia con Croacia sin la cual no sólo no concebía la subsistencia y expansión nacional, sino la existencia económica de su patria chica.

Como expresión de esa profunda convicción de Trumbić, bajo la influencia de Starčević habremos de referirnos a su declaración del 12 de febrero de 1897 en los debates presupuestarios en la Dieta dálmata de Zadar:

"Soy hijo del pueblo croata, nación desafortunada, pero con alma noble y aguda inteligencia, pueblo que a través de siglos demostró su inclinación por las obras nobles. Si hoy cayó en la desgracia que lo oprime no se le puede culpar de ello. La cultura radica mayormente en las circunstancias adversas que los tiempos fueron acumulando en torno suyo, así como en los maliciosos vecinos que la fatalidad puso a su lado. Los croatas supervivieron no obstante todas las grandes tempestades, y hoy aparecen en la palestra, juntamente con otros pueblos cultos de la tierra, buscando su patrimonio y su libertad. Si algo resulta dulce a un alma noble es la labor por la patria y el empeño puesto en juego para que el pueblo sometido alcance su felicidad. Por esa felicidad del pueblo croata en cuya entraña nací y me crié, ofrezco mis pequeñas fuerzas, imbuido en la inquebrantable fe en nuestra Resurección que ¡ojalá! llegue cuanto antes a fin que los croatas puedan ocuparse por su bienestar con mayor tranquilidad".

Bajo una predisposición de ánimo semejante, el 17 de abril de 1897 y en el Consejo Imperial de Viena, Trumbić expuso así el problema de yugoeslavismo: "Para los croatas el jugoeslavismo tuvo alguna vez un significado literario y político-nacional. Bajo la forma yugoeslava se pretendió voluntariamente y hasta con buena fe enterrar el nombre nacional y político croata y con ello echar tierra también sobre todos los derechos de ese pueblo y hasta sobre su misma individualidad nacional. Gracias a la conciencia de los verdaderos hijos de Croacia y, en especial al genio de Ante Starčević, aquel intento fracasó y se frustró igualmente el "yugoeslavismo", mientras revivía y brillaba aún más el nombre croata. El "yugoeslavismo" por lo tanto fue despreciado por los croatas, no solamente como término topográfico sino como vocablo artificial y literario, que pretendía adquirir un sentido nacional. Por eso, nosotros los diputados del Partido de Derecho en el Consejo imperial, para quienes el pueblo croata es sagrado y el fundamento de nuestra actividad pública, y jamás y por nada del mundo hubieramos entrado en el Club que se llamaría "yugoeslavo" y, por el contrario, deseamos que se organice ese Club bajo rótulo croata-esloveno a fin de que el primero de esos nombres se destaque frente al mundo interno y externo".

Al mismo tiempo, el 30 de marzo de 1897, en el plenario del parlamento de Viena, Trumbić hizo pública declaración sobre la unión de Dalmacia con Croacia, cuyo texto es el siguiente:

"Los diputados croatas firmantes, mientras reconocen que actualmente Dalmacia pertenece de facto a los Reinos y países representados en el Consejo Imperial, deben declarar que Dalmacia pertenece de iure a la totalidad del Reino de Croacia".

A raíz de esa declaración Trumbić, en un artículo publicado en Narodni List (Zadar), hizo la siguiente aclaración: "La importancia de la declaración consiste en el hecho de que, por primera vez en el parlamento de Viena, todos los diputados croatas de Dalmacia dejaron testimonio de que ese territorio no es jurídicamente una región austríaca sino parte integrante de la totalidad del Reino de Croacia. La idea croata está venciendo".

Trumbić, en su evolución política posterior se mantuvo fiel a esa fundamental premisa, del mismo modo que todos los destacados políticos croatas. Da testimonio de ello no solamente la desilusión con que finalizó su vida política sino incluso en la época de sus plenas luchas con los representantes del Reino de Servia durante la primera guerra mundial.

Inmediatamente después del atentado de Sarajevo, consciente de la inminencia de la guerra, Trumbić buscó refugio en el extranjero donde, junto con Frano Supilo e Ivan Meštrović, inició la acción para el derrocamiento de la Monarquía Dual y la formación de la unión de servios, croatas y eslovenos. Después del año 1903 y especialmente al término de las guerras balcánicas, Trumbić, como muchos intelectuales croatas, contemplaba aún con muchas esperanzas la transformación de Servia y su papel en los Balcanes. Tales esperanzas se vieron alentadas por las constantes negativas de Viena y Budapest a otorgar ciertas concesiones, indispensables a los eslavos, con el fin de fortalecer la confianza de los círculos conservadores eslavos del Imperio. Esa intransigencia de Viena y Budapest convenció a los elementos progresistas y revolucionarios eslavos de la Monarquía que Austria debía ser destruída — Austria delenda est.

Como emigrado, primero en Italia, luego en Francia y después en Inglaterra, Trumbić, justamente con sus íntimos colaboradores y amigos, Frano Supilo y Ivan Meštrović, creó el Comité Yugoeslavo que tuvo como finalidad entablar conversaciones sobre la suerte de Croacia y Eslovenia con los representantes del Reino de Servia y con los de las potencias aliadas: Gran Bretaña, Francia, Rusia y más tarde Italia.

De todos los documentos que hasta ahora han sido publicados surge que ni Trumbić ni ninguno de los demás croatas del Comité Yugoeslavo (y que en su mayoría ha sido croata) tuviesen ninguna opinión decisiva y concreta sobre la vida nacional y política de Servia, ni que tampoco conociesen las pretensiones sobre su conducción política. Todos veían en Servia un pequeño Estado yugoeslavo que había conseguido librarse de la esclavitud turca y, como tal, creían que podrían transformarse en una combinación más fuerte y capaz de unirse con sus vecinos croatas y eslovenos. Tales puntos de vista fueron la consecuencia más de un idealismo romántico que de una realidad prágmatica.

La idea fundamental fue heredada del idealismo romántico del siglo XIX en virtud de la cual se creía que los servios y croatas eran, "un pueblo con dos nombres", que hablaban "el mismo idioma", que "su destino era común" y que, en consecuencia, deberían vivir en un Estado común. Pero esa idea se quebró y en los primeros contactos con las representan-tes de Servia. Nunca, ni siquiera en la Edad Media, participó Servia de la vida política y social dentro de la evolución del Occidente. Fue primeramente parte integrante del mundo bizantino y, más tarde, del Imperio otomano. Como tal, nunca sintió la necesidad de compartir la vida en una combinación multinacional de acuerdo con las formas y conceptos de una federación occidental europea. Su concepción político-estatal se basaba exclusivamente en la dinastía nacional servia, ejército monárquico e Iglesia ortodoxa nacional servia. Por ello se rechazó cualquier colaboración con las representantes croatas en la emigración a menos que se basara en el estricto y exclusivo centralismo servio. Los representantes de la vida política servia y en primer lugar Nicolás Pašić, presidente del Gobierno y del mayoritario partido radical, veían en la creación de un eventual nuevo Estado sólo y exclusivamente el engrandecimiento de Servia en una Gran Servia. De este modo la idea del Reino de los servios, croatas y eslovenos, dentro de la concepción política servia, ha sido únicamente considerada como un Estado servio. Tal Estado se regirá desde Belgrado, la capital servia, bajo el cetro de la dinastía servia y con la Iglesia ortodoxa privilegiada y favorecida más que las demás iglesias y confesiones, el aparato militar y administrativo quedaría en manos servias. De todo ésto resultaba bien evidente que esa concepción bizantino-turco-balcánica debía enfrentarse con la tesis que sustentaban los representantes croatas.

Croacia que, según su historia, es un país occidental por excelencia y que, en primer lugar, por su pertenecencia al catolicismo y por su desarrollo y formación dentro del mundo romano-católico, y que después, bajo los Habsburgo, mantuvo una prolongada y constante lucha en defensa de su individualidad estatal y nacional, chocó inmediatamente con el centralismo gran-servio. Tanto Trumbić, como sus colaboradores Supilo y Meštrović, solicitaron en sus conversaciones con los representantes servios una solución federal. Pero, los intelectuales servios no sólo carecían de sensibilidad para tal propuesta sino que, instintivamente, como buenos balcánicos, desconfiaron de ella. Ya el solo hecho de que los croatas fuesen católicos y estuviesen acostumbrados a emplear medios jurídico-políticos para sus luchas dentro de la Monarquía de los Habsburgo, era suficiente para que los servios se ateniesen aún más al espíritu y la obsesión de su centralismo exclusivista. Finalmente ese espíritu privó a Croacia de su fisionomia autonomista e histórica. Merced al choque con los conceptos propios y de una desconfianza primitiva, evidente en el primer ministro Pašić y en el mismo rey Alejandro, Trumbić tuvo inexplicables dificultades para llegar a un arreglo satisfactorio. Tanto los servios como los rusos que defendían exclusivamente los intereses servios no otorgaron confianza alguna a los croatas por el mero hecho de ser católicos. Y en determinado momento estuvieron incluso dispuestos a abandonar la idea de crear un Estado común yugoeslavo, mostrándose conformes con la unificación de todos los servios en un Estado exclusivamente servio y librando a su suerte a los croatas y eslovenos.

Precisamente al entrar Italia en alianza con las potencias de la Entente y serle adjudicada por el convenio secreto de Pacto de Londres (1915) la mayor parte de la costa adriática croata, Trumbić temió que, a su vez, los representantes servios pudiesen aceptar el sacrificio de la parte vital del territorio nacional croata, o sea sus costas adriáticas, por un arreglo con Italia obteniendo la salida al mar Adriático para su Gran Servia.

Como su meta esencial fue mantener a cualquier precio la unidad integral de las tierras croatas, se afanó Trumbić en buscar soluciones para la suerte que podía correr Croacia ante Servia. Tenía la esperanza de que los croatas ya dentro de un Estado común y por los medios adecuados a las luchas políticas pudieran concretar una autonomía extensa y real. Sabía que luchar simultáneamente contra la dominación servia y el imperialismo italiano no era posible. De ahí las concesiones hechas por Trumbić a Servia, tanto más cuanto que creía que resultaría más fácil imponer luego condiciones a una Servia atrasada que se vería paulatinamente obligada compartir el poder con los croatas para la conducción de un Estado moderno.

La Declaración de Krf (1917) fue en realidad el compromiso de Trumbić que veía en ella una salida realista para salvar la integridad de las tierras croatas dejando una parte abierta para soluciones ulteriores al crease un Estado común. En esencia, Trumbić era un federalista, puesto que tenía conciencia de la realidad de que ni los croatas ni los eslovenos ni tampoco otros grupos étnicos aceptarían a ningún precio un Estado unitario. Sin embargo, estaba equivocado en cuanto no advertió el hecho de que el concepto servio del Estado era exclusivamente unitario y que únicamente bajo esa forma era posible ejercer una hegemonía sobre Ias demás nacionalidades. Un papel especial desempeñó la circunstancia de que el Reino de Servia fuera a su vez aliado de las potencias occidentales, debiendo, en consecuencia, el nuevo Estado contar con la dinastía, el ejército y la administración servias como también con su capital Belgrado, abrigaba la esperanza servia de que el nuevo Estado no iba a ser un nuevo Estado y de acuerdo a las concepciones croatas, fundado en las posiciones de igualdad, sino el Estado viejo de Servia, engrandecido en un Estado gran-servio, conservando todas sus características de un tipo de Estado balcánico, atrasado en aquella parte del Imperio otomano, causa principal del atraso en el desarrollo cultural de los pueblos de aquella parte del mundo.

La posición de Trumbić dio motivo a largas discusiones en el ámbito de la política croata, ya que se le reprochaba haber cedido frente a las tendencias hegemonistas servias que se hicieron públicas todavía durante la guerra en las controversias surgidas entre el Comité Yugoeslavo y el Gobierno servio. Es bien conocido el choque, inclusive dentro del seno del mismo Comité, o sea entre Trumbić y Supilo. Este pedía a Trumbić que se interrumpieran las conversaciones con Pašić y aún propuso como alternativa la posibilidad de una Croacia independiente aún cuando muy reducida y mutilada. Supilo presentía que a los croatas les aguardaba un largo camino de duras luchas por su autodeterminación frente a la posición ferrea servia contra la solución de los problemas nacionales en igualdad de condiciones.

Mientras Supilo todavia se sentia en la plenitud de sus fuerzas físicas e intelectuales, para liberarse de la responsabilidad por las conversaciones ulteriores con el gobierno servio, renunció a su posición de socio en el Comité y lo abandonó. Existe una carta de Supilo, dirigida a un amigo en Italia en la que dice de que había aceptado la Declaración de Corfú como un mal menor, aún cuando ya su enfermedad mental había avanzado y no se sentía en pleno control de sí mismo[68]. Así fue como recayó exclusivamente sobre las espaldas de Trumbić la responsabilidad de realizar un convenio mínimo con el gobierno servio. Pensó siempre que, por fin y de tal manera se iba por lo menos a salvar la integridad de las tierras croatas, lo que resultó cierto. Sobre el resultado de la actividad de Trumbić y su empeño en la emigración, quizás sea la más precisa y a la vez mejor opinión la que formuló el último presidente del Partido campesino croata —partido mayoritario— doctor V. Maček en los siguientes términos: "De la actividad de Trumbić en la emigración va a ocuparse la historia y lo hará favorablemente porque realizó lo que pudo, tomando en consideración aquellas circunstancias[69]. Fue él quien consiguió que todos nosotros croatas nos encontramos juntos y reunidos".

Dicho de otro modo: el doctor Trumbić consiguió salvar la integridad de la mayor parte de las tierras croatas, impidiéndo así que éstas fuesen repartidas entre las potencias ajenas por unas combinaciones también extrañas, lo que nos habría causado la pérdida de territorios y con ella también puesto en peligro el sentido de la totalidad nacional. La evolución política operada en Yugoeslavia entre las dos guerras justificó suficientemente lo expuesto, porque los croatas, bajo la opresión hegemonista de servios, consiguieron fortalecer su sentido de comunidad nacional y formar su fisonomía nacional, tendiendo a realizar la renovación de su propio Estado nacional.

Es sabido que Trumbić se sintió apenas satisfecho con la obra que durante la primera guerra mundial ejecutó en el exterior. Por eso declinó cualquier cargo de importancia en el nuevo Estado después de formarse el tratado de Rapallo por el cual se cedió a Italia una ciudad de Dalmacia (Zadar), Istria y algunas islas en el Adriático. Renunciando a cualquier cargo público en el gobierno de Belgrado se fue a Zagreb, donde tomó parte activa en la vida política croata, especialmente en la oposición que se manifestó en la lucha contra el centralismo servio. Trumbić, inclusive, votó contra la Constitución de Vidovdan (primera Constitución del 1921) porque sabía que había sido proyectada por los políticos y la dinastía servios en contra de los intereses nacionales croatas, resultando luego una piedra de escándalo y, a la vez, causa de la tragedia yugoeslava.

En uno de sus discursos en el parlamento, Trumbić explicó las causas de su voto negativo y previno una futura catástrofe para Yugoeslavia: "La Constitución actual ¿será la base de la consolidación del Estado o, con ella, se abrirán nuevas discusiones o prorrogarán nuevas luchas que sólo Dios sabe qué complicaciones traerán? Los grandes problemas no se pueden resolver de esa manera y menos con esa primera Constitución que ofrecemos a nuestra historia nacional. ¿Qué clase de Constitución es ésta? Carece de la idea fundamental estatal que deberla ser el principio esencial de nuestra vida nacional. Este principio fue sustituido por la tendencia que pretende hacer ilusoria la participación del pueblo en la vida pública y al propio tiempo al poder sobre el pueblo lo asume un sistema centralista burocrático". Luego siguió diciendo con toda precisión: "Se pretende desmembrar administrativamente a Croacia sin que se respeten circunstancias, necesidades, intereses administrativos, y todo ello contra la voluntad de la inmensa mayoría de su pueblo. Los autores de la Constitución exigían que se les entregara el poder en forma precipitada y mediante un Reglamento del orden y respeto del Estado en que habían alcanzado su punto más alto los crímenes políticos y el brigantismo de los hajduks. Nos hemos liberado del yugo extranjero, pero el pueblo espera todavia su liberación interna. Esta Constitución no significa dicha liberación. Trabajé durante la guerra para liberarnos del dominio ajeno. Con igual sacrificio he decidido aportar mi ayuda para sacudir la opresión interior. Para mí el asunto de la Constitución no es una cuestión de oportunidad sino una convicción personal y cuestión también de la vida del pueblo. Votaré conscientemente en contra de la totalidad de esta Constitución porque es extemporánea y porque es mala".

Lamentando la destrucción de todas aquellas ilusiones que sirvieron para la unión con Servia y haciendo referencia directa a su política agresiva y a la nueva Constitución Trumbić expuso la situación de la Croacia de entonces en la siguiente forma : "Croacia fue siempre un factor político. Para el bien de los intereses nacionales tiene que serlo también hoy en día... Hasta la destrucción de Austro-Hungría, Croacia había conservado su individualidad política dentro del marco de la Monarquía. El 29 de octubre de 1918 Croacia rompió todos sus vfnculos con Hungria y Austria y con el trono; en tal fecha declaró su independencia. Pero Croacia a su tiempo entregó el poder politico al Consejo Nacional —por medio de sus legítimos representantes—, que se habla constituido para todas las regiones de la ex Monarquia. Pocos días después, o sea el 19 de diciembre de 1918, el Consejo Nacional, de común acuerdo con los representantes del Reino de Servia, procedió a unir nuestro pueblo y nuestro Estado[70]. Por consiguiente, Croacia por su propia voluntad, estableció esta nueva relación en la cual se encuentra hoy voluntariamente[71]. En consecuencia tanto los croatas como los servios asi como los habitantes de todo el país deben de tener presente lo sucedido, esto es: que todos los actos fueron consumados con la voluntad y el consenso popular Por lo tanto, deberán aceptarse también las consecuencias derivadas de aquellos actos... En Croacia la gran mayoría de nuestro pueblo demuestra características peculiares. Tanto los croatas como los servios que viven ahí, tienen característica pronunciada —la inquebrantable resistencia a cualquier tipo de opresión. Esta capacidad de re resistencia, que es energía y capital común de nuestro pueblo, deben ser aprovechados para el bien de nuestra comunidad y no para dilapidarlos, intestinas y fraternas tanto en Croacia como en la totalidad del país. Croacia fue el factor político. Ella lo es hoy y debe serlo desde el punto de vista de los intereses de la consolidación de nuestro país, por-que tiene todas las atribuciones al respecto. Su posición geográfica es tal que sin Croacia en este nuevo Estado nuestro, no habría unidad del país ni unidad de nuestro pueblo" [72].

Con esta su posición Trumbić ofreció a los usurpadores granservios la última oportunidad para que abriesen sus ojos y se encauzaran por el camino del compromiso con los croatas, si es que no tuvieran la intención de alejar por completo a los croatas de la idea de un común Estado yugoeslavo. Fue ese el postrer llamamiento de un croata que aún creía en la posibilidad del mantenimiento de la comunidad yugoeslava y que propiciaba el cambio del sistema centralista de conducción del Estado. Pero ni los caudillos de la política servia ni la dinastía, deshecharon sus planes consistentes en la dominación de todas las nacionalidades y minorías nacionales de Yugoeslavia. En el mundo exterior, especialmente en el Occidente existe la equivocada opinión de que los croatas se decidieron de golpe por destruir el Estado yugoeslavo. Los croatas reaccionaban racionalmente ya que como nación madura exigia una posición de igualdad de condiciones con Servia, lo que, además, fue anunciado y destacado en la Declaración de Corfú y Ginebra. O sea: que Croacia entraba en un Estado común en igualdad de condiciones. En esta forma se expresaba ante mí el doctor Trumbić al decirme que sus conversaciones y los convenios con les representantes servios durante la guerra fueron hechas sobre esta base. Pero Trumbić tenía ya entonces conciencia de que los círculos políticos no eran accesibles a esta propuesta y, por ello, que la igualdad tan sólo se lograría después de la guerra y dentro del nuevo marco político.

Se produjo, empero, lo contrario. El rey Alejandro, que era el único que disponía de los medios para resolver el problema de la igualdad de las naciones, con las fuerzas armadas, se decidió por una supuesta integración yugoeslava. Lo que vale a decir que era una legalización de la preponderancia absoluta gran-servia y de su clase dirigente sobre las demás nacionalidades yugoeslavas. Esto impulsó a todos los croatas, reunidos bajo la jefatura de Esteban Radić a oponerse a tal opresión. Los croatas, de tal manera, como totalidad fueron excluídos por la voluntad de la dinastía gran-servia del poder de un sistema exclusivista de carácter centralista y hegemónico. Toda la secular lucha croata por la auto-determinación corría peligro de perderse y que el pueblo croata se transformase en una nación de tercera categoría dentro de un complejo político-estatal conducido exclusivamente por los servios.

Además, estos carecían de sensibilidad para una concepción del Estado y que no sería de tipo balcánico de opresión. Un Estado moderno en los tiempos actuales, exigía disponer de una administración capaz de llevarlo a la meta del progreso, y la clase política y administrativa servia carecía de ideas y de preparación mínima adecuada para ello. Hubieron pues de recurrir a los vulgares métodos policiales y de persecución balcánica en contra de los croatas, alejándolos así aún más de cualquier ilusión que hubiesen podido forjarse sobre la idea yugoeslava de una vida en común con los servios. Trumbić sintió el pulso nacional croata y, en los tiempos de la aplicación del instrumento persecutorio de "Obznana" [73] en contra del partido mayoritario o sea el Partido campesino croata, lo que quería decir en contra de toda la nación croata hizo la siguiente declaración el 10 de enero de 1925: "Situados frente a la lucha que nos fue impuesta, nosotros, los croatas, no vamos a retroceder; la aceptamos de frente y con ambas manos, y la proseguiremos hasta el fin siguiendo caminos legales y por todos los medios permitidos. Esa es nuestra posición y de ella nadie nos moverá".

Sin embargo, la prosecución de las persecuciones desatadas por to-dos los gobiernos, sean dictatoriales o pseudodemocráticos y el atentado consumado contra el caudillo nacional croata, Esteban Radic, en el par-lamento de Belgrado, colocaron a Trumbić en el frente común con los demás luchadores nacionales croatas que bregaron por la independencia nacional. No solamente se puso al lado de Radić y Macek sino que, más tarde, aprobó la totalidad de la actuación de las agrupaciones croatas en el exterior que luchaban por el desligamiento total de Croacia de Yugoeslavia. Completamente desilusionado con ese país, Trumbić mantuvo el punto de vista de que, si el pueblo croata quería salvar su personalidad nacional y política, debía crear su propio Estado.

El año 1925 Trumbić declaró lo siguiente: "Mirando especialmente a través del pasado, tengo la más profunda confianza de que no hay peligro alguno de que la nación croata pueda sucumbir, ya que posee fuer-zas vitales y, además, fuerzas vitales excepcionales. En primer lugar, el pueblo ha conservado hasta hoy su territorio nacional, y ese es hecho importantísimo. Es la condición previa para la existencia nacional, porque sin territorio no hay nación. En área territorial que conservó nuestro pueblo coincide por su dimensión con la que tuvo al iniciarse los movimientos nacionales en los Balcanes. Además, nuestro pueblo mantuvo incólume otra condición, utilísima para que quepa hablar sobre su personalidad nacional, y es: su arraigo sentimental de la solidaridad de la conciencia nacional".

Todos estos sentimientos albergaba dentro de sí mismo el Dr. Trumbić durante sus últimos años de vida, o sea, desde su voto negativo en contra de la Constitución de Vidovdan hasta el año de su muerte en 1938. Trumbić de esa manera permaneció fiel a los principios de la independencia de Croacia. Estuvo con Esteban Radić cuando ese resistió a Belgrado. Igualmente acompañó al sucesor de Radić, al doctor Maček, cuando hizo frente a la hegemonía de Belgrado. En vísperas de la dictadura del rey Alejandro, visitó en 1918 París y Londres a fin de advertir a los círculos políticos responsables que impidieran la imposición de aquel régimen de fuerza y que favorecieran una organización estatal sobre la base de una amplia federación en la que Croacia se aseguraría su autodeterminación y, a la vez, se restablecerían las relaciones humanas entre los servios y los croatas. Todos aquellos últimos esfuerzos suyos se frustraron. La miopía de la hegemonía gran-servia impidió resolver los problemas. El advenimiento de la segunda guerra mundial encontró a Yugoeslavia completamente atomizada y, al propio tiempo, sin preparación política y militar para ofrecer resistencia. Las supuestas fuerzas armadas de Yugoeslavia, dirigidas por los generales servios, se disolvieron en contados días. Sucedió precisamente aquello que Trumbić quiso todavía evitar al iniciarse la comunidad yugoeslava y cuando proponía la igualdad de "partnership" entre todas las nacionalidades de Yugoeslavia. Lo había previsto todo y así se lo manifestaba a cuantos lo visitaron hasta el fin de sus días. El que suscribe estas líneas recuerda cómo Trumbić intuía claramente cómo iba a producirse la caída de Yugoeslavia en la misma forma que Checo-Eslovaquia porque, a la manera como los servios trataban sin piedad a los croatas, así los checos sometían desconsideradamente a los eslovacos.

Trumbić murió convencido de que Croacia debía ser libre e independiente porque, a causa de la tendencia hegemonista servia bajo cualquier forma de gobierno de Yugoeslavia, iba a ser política y económicamente sometida y explotada. Estaba, además, convencido de que su ilusión sobre un Estado yugoeslavo igualitario se había truncado para siempre merced a la dureza de la hegemonía gran-servia, única constante del fracaso de la vieja Yugoeslavia.

En la nación croata quedó un profundo recuerdo y respeto por Trumbić. Se lo considera como un hombre de pureza cristalina. Por eso, al morir, el pueblo croata le tributó honores raramente rendidos a otros políticos nacionales.

(Todas las observaciones desde 1 al 7 son de la Redacción de S.C.).

 


EL PAPEL HISTÓRICO DEL OBISPO CROATA JOSE J. STROSSMAYER EN EL PRIMER CONCILIO VATICANO (1869 - 1870)

IVAN TOMAS

SI KANT recalcó una vez que los historiadores e intérpretes de un filósofo a menudo pueden entender mejor que él mismo las ideas expuestas por aquél. ¿qué deberíamos decir en cuanto a la comprensión de los acontecimientos históricos en general y, especialmente, de los que atañen a la vida eclesiástica? Todos vivimos en el clima del Concilio Vaticano II; por todas partes, dentro de la Iglesia, observamos novedades y cambios que unos quince años atrás ni hubiéramos podido siquiera vislumbrar. Desde ahora podemos afirmar que el Concilio Vaticano II es el acontecimiento más importante de la vida de la Iglesia en este siglo, como lo fue el Concilio Vaticano I en la centuria pasada. En cuanto a este último, un conocedor muy destacado de la doctrina eclesiástica y del desarrollo del pensamiento teológico lamenta que tan sólo pudiera definir el Capítulo relativo al Papa y la doctrina que elevó al rango de dogma infalibilidad, a causa de las circunstancias trágicas ocurridas en julio de 1870; pero destaca los méritos de aquél para el desarrollo ulterior del pensamiento teológico acerca de la Iglesia[74].

El poderoso desarrollo de los medios actuales de comunicación es la razón de que ya tengamos una literatura más abundante relativa al II Concilio Vaticano que la que se ocupa del I. En esta última, a menudo unilateral, se atribuyen a ciertos de sus participantes y se les siguen atribuyendo hasta hoy algunas actitudes y posiciones interpretadas erróneamente. Sólo a la luz del Concilo Vaticano II se empieza a entender mejor la función opositora de algunos miembros del Vaticano I.

De lo dicho se desprende que 100 años en la historia de la Iglesia es, a la vez, un período largo, pero también corto : largo, porque nadie pudo participar en los trabajos de ambos Concilios; corto, porque sentimos que el primero era únicamente breve introducción y preparación para este que abrió Juan XXIII en 1962 y que continuó y concluyó Paulo VI en 1963.

Entre los que no fueron bien comprendidos en el Concilio Vaticano I, pero a los cuales el Vaticano II otorgó un reconocimiento bien visible, se halla el croata José Jorge Strossmayer (1815-1905), quien en 1849 fue nombrado obispo de Diakovo, donde permaneció hasta su muerte acaecida en el ya apuntado año.

Por fallecimiento del arzobispo de Zagreb, cardenal Jorge Haulik ocurrido algunos meses antes de la convocatoria de aquel Concilio (1869), metropolitano de Strossmayer y por la desmembración del pueblo croata por aquella 'época en varias regiones políticas: la parte austríaca y la húngara de la Monarquía de los Habsburgo, así también la turca, ya que los turcos tuvieron en su poder las dos provincias croatas Bosnia y Herzegovina hasta 1878 [75], los obispos croatas se hallaban en el Concilio Vaticano I divididos en varios grupos, sin poder mostrar la unidad ni el sentido que ofrecieron en el Vaticano II.

Strossmayer era el más representativo entre los obispos croatas en aquel Concilio. Su talento natural, su amplia cultura y erudición en el campo de las disciplinas eclesiásticas y en las profanas, su celo religioso, su patriotismo, la serie de empresas eclesiásticas y culturales que había acometido con éxito, así como el renombre y el honor de que, gracias a ello, gozaba entre el gran público internacional, le hacían acreedor a este prestigio. Desgraciadamente, ni la literatura contemporánea ni la posterior presentaron siempre con exactitud a Strossmayer, ni a su diócesis, desfigurando igualmente el papel que desempeñó este dinámico obispo croata. Mencionaremos aquí, como ejemplo, al más conocido historiador del Concilio Vaticano I, el jesuita alemán Theodor Grandarath. Este autor enumera a Strossmayer entre los obispos "húngaros", a pesar de que sabía que era croata, anotándolo en las citas al pie del texto del II y III tomo de su Historia del I Concilio Vaticano [76]3.

Para mostrar gráficamente como se atribuyen a Strossmayer todavía hoy las inexactitudes divulgadas con anterioridad, citaremos a uno de los mejores historiadores de los concilios de Ia Iglesia, al alemán Mons. Huberto Jedin. Escribe éste también en la página 560 del II volumen de una de sus obras lo siguiente: "El adversario más temperamental de la infalibilidad..., el obispo Strossmayer de Diakovar de Bosnia" [77]. Ello a pesar de que "Diakovar" tampoco se denominaba así oficialmente Ia sede del obispo en el siglo XIX, sin mencionar el nuestro, en que Djakovo tiene su denominación croata internacionalmente reconocida. Esa ciudad nunca perteneció a Bosnia, aun cuando por cierto lapso, los obispos de esa región tenían su sede en Djakovo y el obispo de esta ciudad lleva en su título, aún hoy, el recuerdo de aquel lejano pasado, cuando los asuntos de Bosnia eran objeto de las preocupaciones de Djakovo.

Es necesario agregar aquí que resulta muy apresurado enumerar a Strossmayer entre los "adversarios de la infalibilidad". En realidad estaba contra la oportunidad de la definición de infalibilidad en sí, aún cuando —y lo veremos más adelante-- tenía sus ideas especiales acerca, de la concepción e interpretación de aquel proyecto de dogma y de su relación con el papel de los obispos en el magisterio de la Iglesia. Por lo demás, en ésa su posición no se presentaba solo. Su opinión se veía compartida por obispos de los países más adelantados: Francia, Alemania, América...

América latina no fue representada adecuadamente en el Concilio Vaticano I, en virtud de las perturbaciones y luchas de liberación que sostenía en la primera mitad del siglo XIX. Pero, a pesar de ello y, quizás justamente por eso, el famoso y apócrifo "discurso de Strossmayer" contra la infalibilidad del Papa, traducido a varios idiomas y divulgado no sólo en el siglo pasado sino también en el nuestro, tomó su origen en América latina. Aquel "discurso" fue desmentido inmediatamente por el mismo Strossmayer, declarándolo falso, apócrifo. Y esta es una de las razones para que presentemos al público de habla española el papel que desempeñó Strossmayer en el Concilio Vaticano I dentro de los fundamentales temas teológicos, a fin de que, de esta manera, recobre su brillo el recuerdo de aquel gran obispo, apóstol de la unidad eclesiástica, precursor del ecumenismo y asiduo devoto de san Pedro y de sus sucesores.

De Strossmayer como adversario de la infalibilidad papal escribieron mucho y muy injustamente los "viejos católicos" apenas concluído el Concilio Vaticano I y después de la muerte de aquel prelado. De manera semejante lo presentaban también los unitaristas-totalitarios yugoeslavos de diferentes corrientes, especialmente los comunistas, al término de la segunda guerra mundial; pero, huelga reconocerlo, al convencerse de que Strossmayer había sido, durante su larga vida, fiel al Papa y a la Santa Sede, dejaron de presentarlo como autor y promotor de una especie "de iglesia católica nacional, independiente de Roma y del Papa". Y por otra parte, tampoco se interesaron más en el estudio de la vida y los escritos de Strossmayer, porque pudieron entender perfectamente que aquél fue consecuente y fiel a su lema: ¡Todo por la Fe y la Patria!

El Concilio Vaticano II ha hecho un pleno reconocimiento de Strossmayer y de sus ideas, y no sería decir demasiado que esperamos que un Concilio Vaticano III, cuando haya de convocarse, encontrará en las propuestas de aquel obispo croata material muy útil para las discusiones. Tanto más cuanto que las circunstancias políticas y contratiempos acaecidos en Roma y en el Estado Pontificio de 1870 no permitieron dar cima a todo el programa conciliar de Pío IX, dentro de cuyo marco el papel de Strossmayer habría resaltado también más, habría sido aceptado más dignamente y ejercido una influencia más fértil dentro de la Iglesia y del cristianismo.

La historia del Concilio Vaticano I fue escrita por católicos y no católicos. Puede ser que los segundos, por su manera de enfocarlo, hayan ejercido un influjo más decisivo sobre la opinión mundial que los primeros. En cuanto al papel de Strossmayer, la historiografía conciliar se mostró parcial y limitada al destacar su oposición a la definición de infalibilidad, a pesar de que sus discursos contienen también elementos de otra índole. En la colección más conocida de las actas de los Concilios generales editada por Mansi, el Vaticano I y los discursos de Strossmayer fueron tratados por Petit. Dos croatas —Mons. A. Spiletak y Mons. J. Oberski— publicaron en 1929 las intervenciones de Strossmayer en su original latino y en traducción croata, con la interpretación más indispensable de ciertos fragmentos. Evidentemente, la influencia de estos escritos quedó limitada al campo Iingüístico croata. En Ias enciclopedias de mayor jerarquía y en los diccionarios de católicos o no católicos hay artículos condensados sobre Strossmayer que nada dicen a los no informados y que tampoco satisfacen a los especialistas incluso cuando dichos artículos fueron escritos por quienes apreciaban al obispo Strossmayer, presentando de esta manera el ecumenismo católico en forma res de los manuales ecuménicos mencionan de vez en cuando a Strossmayer, pero no todos : Un poco por desconocer el idioma y la historia croata y otro poco por una concepción muy magra incipiente del ecumenismo, la mayoría de estos autores pasan por alto tácitamente la figura de Strossmayer, presentado de esta manera al ecumenismo católico en forma incompleta y omitiendo justamente a su contribución croata. Es sabido que la idea de ecumenismo significaba ya una novedad y el principio de una nueva época en la persona de aquel "aventurero divino", por llamarlo así, Jorge Krizanic, sacerdote croata del siglo XVII, no sólo para los connacionales y los eslavos en general, sino también para todo el mundo cristiano y, en consecuencia, para la humanidad. Como si fuera una actitud común olvidar por completo el reconocimiento del "Newman ruso" V. S. Soloviev (1853-1900) al declarar abiertamente que, en sus ideas ecuménicas y empresas, debía muchísimo a Krizanic y Strossmayer —dos grandes croatas—. Y dejándose llevar lejos por su sinceridad, confesó haber dicho "amén" a todo cuanto predicaban sobre el ecumenismo el genial sacerdote croata Krizanić en el siglo XVII y el previsor obispo del siglo XIX Strossmayer[78].

Sería injustificable una exageración al apreciar este reconocimiento del gran místico y apóstol de la unidad eclesiástica Soloviev, pero de la misma manera, es imperdonable pasarlo por alto o no reconocerle el valor que encontró en las obras e ideas de Krizanić y Strossmayer.

El Cuadro y el Fin de este Ensayo

El objetivo de este modesto ensayo es proyectar luz sobre el papel de J. J. Strossmayer en el Concilio Vaticano I, en la medida estrictamente necesaria para nuestros fines y haciéndolo con espíritu de objetividad y de justicia. Y al propio tiempo, trataremos de presentar algunos detalles de la vida pre y postconciliar de Strossmayer, únicamente para comprender y entender mejor su actitud y la actuación que tuvo en dicho Concilio.

Strossmayer estaba ampliamente preparado para su papel conciliar. Granderath registró la edad de los participantes de aquel Concilio. El más joven tenía 36 años y el más viejo 90[79]. Al dar comienzo las deliberaciones, Strossmayer llevaba ya 20 años en su obispado y 31 como sacerdote. Había sido nombrado obispo muy joven y terminado el Concilio, continuó desempeñando el obispado 35 años más. Quiere decir que se hallaba pleno de vigor físico e intlectual cuando participó en las discusiones conciliares. En su calidad de obispo, de mecena y de político había ejecutado ya hasta 1869 muchas obras de extraordinaria importancia. Había promovido y organizado algunas de las instituciones importantes para la ilustración y la cultura del pueblo croata y de los pueblos vecinos eslavos en el sur europeo. Así, por ejemplo, fundó en 1867 la Academia de Ciencias y Artes en la capital croata Zagreb, propició la iniciativa de fundar y organizar la Universidad croata, la primera en el mismo sur europeo, mientras, en el ámbito de su diócesis, desarrolló una actividad pastoral poco común, ostentando cada vez más su especial preocupación por los católicos en Bosnia y Herzegovina, que se hallaban todavía bajo la administración otomana. Desde 1851 fue el administrador apostólico del obispado de Belgrado-Smederevo en el ducado de la Servia ortodoxa, que también estaba bajo el poder turco, prestando su apoyo y su ayuda a los búlgaros y macedonios en su labor de unificación de las Iglesias; es decir, dedicaba gran parte de sus fuerzas a restablecer y mejorar las relaciones con los cristianos separados. En su patria, Croacia, en el sentido más restringido, era un político muy activo y uno de sus caudillos. Era miembro del Sabor en Zagreb, del parlamento húngaro en Budapest y del Consejo Imperial en Viena. En Croacia se desempeñó incluso como alto funcionario administrativo, es decir, como Gran Župan (Gobernador) de la Župa de Virovitica. Reseñamos brevemente estos hechos con el fin de entender más fácilmente su actitud en el Concilio, destacando además su libertad y facilidad de palabra, clara formulación de sus ideas y propuestas y particularmente la forma de sus discursos.

Acerca de su preocupación por el bienestar espiritual y material de su diócesis de Djakovo —fue nombrado su obispo en 1849— nos suministra un extraordinario testimonio su carta de donación o de fundación, escrita en Viena el 14 de junio de 1856. En ella expone los siguientes objetivos: En primer término, declara que en lugar de la catedral vieja, pequeña y ya en estado de destrucción, edificará una nueva y más digna porque "la catedral... es la madre y maestra de todas Ias iglesias de la diócesis". Por su estilo, por su grandeza y por su armonía estética debe ser el recinto digno de Dios. En el mismo momento -1856, depositó 50.000 fiorines como capital inicial. La Providencia posibilitó la iniciación de los trabajos de edificación de la nueva iglesia matriz antes de la convocatoria del Concilio, pero sólo pudo terminarla con grandes sacrificios y bendecirla en 1882. En segundo término, proyecta la edificación del seminario episcopal para los jóvenes candidatos a sacerdotes, contribuyendo con 30.000 fiorines. Para la terminación del monasterio de las hermanas de San Vicente de Paul depositó 10.000 fiorines. Para el fondo del asilo de los sacerdotes jubilados aportó 10.000; para las necesidades extraordinarias de los sacerdotes de la diócesis depositó 5.000. Para los libros y manuales necesarios en la actividad pastoral destinó 5.000; para los capellanes que carecían de recursos en ciertos lugares de su servicio, dio también 5.000 fiorines[80].

La labor ecuménica, de Strossmayer en la época anterior al Concilio Vaticano I era considerable. El mejor testimonio al respecto lo constituye el movimiento de Mons. Sokolski, trágicamente desaparecido, que había abrazado la unión con la Iglesia Católica juntamente con gran número de búlgaros de este país y de Macedonia. Strossmayer procuró también la educación de cierto número de candidatos sacerdotales búlgaros[81]. Pero su labor ecuménica, esa que podría ser tema de un estudio especial, apenas se desarrolló después del Concilio.

Pío IX conocía bien la voluntad de Strossmayer de reorganizar la institución croata de San Jerónimo en Roma, porque aquel obispo había destinado ya, en 1859, para ese fin 20.000 fiorines. Explicando y justificando esta donación, Strossmayer subrayaba que aquella institución debía constituir el enlace entre el pueblo croata y la Santa Sede, es decir, entre Roma y los sucesores de San Pedro, maestro de la verdad para todos los pueblos. El principio de este documento de fundación parece estar inspirado por las ideas de San Ireneo y de otros pensadores cristianos de los primeros siglos de la Iglesia, quienes buscaban la seguridad y la tranquilidad en la doctrina de aquélla y allí la encontraban[82].

En su labor episcopal, ecuménica, política y cultural, Strossmayer dedicaba un especial cuidado a su propia dignidad, manteniéndose en todas las circunstancias en buenas relaciones con el Papa Pío IX, conocido por su profunda devoción. Por eso aquel pontífice distinguió a Strossmayer en el décimo año de su obispado con el título de "Asistente del trono papal y del conde de Roma", distinción que la Santa Sede únicamente solía otorgar a obispos de gran mérito y con motivo de celebrar sus bodas de plata. Y esto, sin mencionar Ias simpatías del Papa León XIII por nuestro obispo croata[83].

Quien desee entender bien y a fondo la actitud de Strossmayer en el Concilio, debe tener presente su actividad patriótico-política, desarrollada en el decenio anterior a la convocatoria del Concilio. Abrigaba la esperanza de la liberación de Bosnia y Herzegovina, las dos provincias croatas todavía bajo el poder turco, y su nificación lógica y natural con Croacia. Además se convirtió en apóstol de la reorganización de la Monarquía austro-húngara con un sentido federalista, dentro de la cual Croacia, junto con Austria y Hungría, debería ser el tercer factor y comunidad estatal del Imperio de los Habsburgo. De ahí su conducta en el Concilio, revelándose como un experimentado luchador político y orador parlamentario, al formular sus pensamientos e ideas, libre y moderadamente.

Es necesario destacar aquí igualmente la cultura general y teológica de Strossmayer. Tanto por don divino como por naturaleza, poseía gran talento. Había terminado sus estudios en Croacia y, luego, en Hungría, donde fue promovido al honor de doctor en filosofía y más tarde en Viena, 1842, al de doctor en teología. Presentó su tesis doctoral titulada: De Unitate Ecclesiae de acuerdo a la doctrina de San Cipriano. Por cor-to tiempo se desempeñó como profesor de varias disciplinas, incluso de derecho canónico, lo que permite seguir los momentos luminosos y menos luminosos de su filosofía y de su cultura teológica y jurídica, que se re-velaron en sus discursos en el Concilio.

Los historiadores de la ciencia eclesiástica del siglo XIX comúnmente concuerdan que el desarrollo de la filosofía, la teología y el derecho canónico era bastante modesto. Públicamente se sabe que sólo después del Concilio se inició el renacimiento de aquéllas materias. La iniciativa procedió del Papa León XIII. Sus Encíclicas marcan una nueva época en la vida científica de la Iglesia, y su apertura de los archivos secretos vaticanos a los estudiosos de la historia le hizo acreedor al título de benefactor de la historia eclesiástica y de la general. Es conocido también que la teología se había desarrollado en España; más tarde, en Francia e Italia y finalmente en Alemania. Los obispos españoles, bien familia-rizados con esos temas y su desenvolvimiento histórico unánimemente bajo la tesis de la infalibilidad del Papa. Entre los alemanes hubo cierta influencia de las corrientes inglesas del deísmo y el racionalismo, sin excluir el febrinianismo, mientras entre los de Austria y Hungría hubo rastros de josefinismo y, por parte de los obispos franceses pudieron observarse restos de galicanismo. Todas estas corrientes se escuchaban con agrado dentro de la discusión sobre la infalibilidad.

Strossmayer formó su cultura superior entre húngaros y austríacos y, además, era un asiduo cultor y conocedor de la literatura francesa, eclesiástica y laica, como también de su cultura en general. Por ello no debe extrañarnos encontrar en su personalidad rastros y sombras de ese caudal espiritual. Hay en sus pastorales y sus prédicas numerosas ideas de los padres de la Iglesia, de las Sagradas Escrituras y, de la historia eclesiástica, lo que merecería también un estudio especial. Pero no descubriremos un secreto si decimos que Strossmayer no ejerció su profesorado en ninguna materia durante un lapso importante debido a sus múltiples ocupaciones, no pudiendo dedicarse tampoco, por lo mismo, al estudio de la teología. Esta es la razón de que, a pesar de su sólida cultura en Ias disciplinas eclesiásticas, no podamos afirmar que estuviese versado en ellas como su correligionario en el Concilio, el obispo Hefele, historiador de los Concilios, o que se orientase soberanamente en la teología dogmática como el secretario general obispo austríaco Fassler, de Sent Pölten, o el mitrado de Brixen Gasser. Strossmayer tenía muchas de las calidades del arzobispo de Londres, Manning; pero éste, como convertido, conocía mejor la doctrina de la organización y el magisterio de la Iglesia. Gracias a su actividad literaria, su celo y su actividad, un amigo de Strossmayer, el obispo francés Dupaloup, fue una de las primeras figuras del Concilio.

En la apreciación de la actividad ecuménica de Strossmayer no podemos exagerar. Ante sus ojos y permanentemente estaba presente en el Concilio, la constitución religiosa de su obispado, de su patria y de los vecinos pueblos eslavos del cristianismo separado, así como de los protestantes. Al tomar posesión de su diócesis, advirtió en una pastoral a sus fieles y al clero, que diesen un trato fraternal a sus hermanos cristianos separados que constituían el 50% de la población de su mandato pastoral. En aquel tiempo, igual que hoy, aquella población ortodoxa era eslava, por lo cual no es de estrañar que Strossmayer, en sus discursos, especialmente en el que pronunció contra la definición de la infalibilidad, pensase más en la repercusión de sus palabras en el ambiente de los cristiano eslavo separados que en el propio Concilio considerando, en su amor por aquéllos, que su suerte era inseparable de la unión con Roma. No hay que olvidar, además, que Pío IX había llamado al Concilio a los representantes más destacados de los cristianos separados del Oriente y del Occidente. Su ausencia entristeció profundamente al Papa porque en esa forma, se manifestó la incomprensión de los cristianos separados, como los acostumbraba llamar él mismo. El Concilio de Juan XXIII y de Paulo VI marca, en este sentido, un gran progreso que no debemos considerar como un éxito definitivo, sino como el punto de partida para una labor ecuménica siempre más sincera en el espíritu de los más selectos representantes de los católicos y los separados, siguiendo el derrotero del obispo Strossmayer.

Pío IX proclamó el 8 de diciembre de 1854 el dogma de la Inmaculala Concepcción de María, y el 29 de septiembre de 1868 convocó el Concilio Vaticano I para el día 8 de diciembre de 1869, es decir, para la festividad la la Inmaculada Concepción, proclamada por él solamente 15 años atrás. Strossmayer, devoto especialmente de San Pedro, a quien dedicó su nueva catedral, dirigió justamente el día de la fiesta de aquel apóstol, en 1869, una pastoral, explicando a los fieles el significado y la importancia del Concilio que iba a celebrarse. Subrayó en esta ocasión que el Concilio mostraría en forma brillante, con el consenso de una gràn mayoría de obispos de todo el mundo, la fuerza de la unidad de la Iglesia, conducida por el vicario de Cristo y sucesor de San Pedro. En todas sus cartas pastorales, Strossmayer rinde homenaje al primado y la autoridad suprema del Papa dentro de la Iglesia, de donde proviene la fuerza invencible de la verdad divina, revelada por Cristo y confiada a la Iglesia para su propagación por todo el mundo. Nuestro obispo describe el origen divino y el carácter de la jerarquía episcopal: los obispos están íntimamente ligados con el Papa por los lazos de la verdad, el amor, la obediencia y la fidelidad, y quien intente separarlos del Papa, los separaría y alejaría de su fuente divina. En dicha pastoral, Strossmayer cita varias veces las ideas y los nombres de los obispos de la antigüedad eclesiástica así como la de la historia moderna en las diversas naciones, lo que repetirá más tarde en el Concilio. En la misma pastoral defendió enérgicamente la necesidad de la libertad e independencia del Santo Padre, por ser el fundamento de la Iglesia y la garantía de la verdadera libertad del cristianismo y de la humanidad. La libertad del Papa fue considerada por Strossmayer como un problema mundial y la condición esencial del desarrollo cultural y de libertad de todo el género humano.

La Primera Presentación Pública de Strossmayer en el Concilio

Pío IX dio las directivas y el reglamento de la labor conciliar en una constitución apostólica del 2 de diciembre de 1869, titulada Multiplices inter, es decir: el derecho de proponer las cuestiones para su debate conciliar quedó reservado al Papa; se determinó guardar secreto sobre las deliberaciones; fueron nombrados los presidentes de las sesiones y prescripto el orden de las sesiones públicas, con la presencia prevista del Papa, y la decisión de publicar las conclusiones del Concilio[84]

Fue éste declarado abierto solemnemente el día 8 de diciembre de 1869 en presencia de 774 participantes de todo el mundo en la basílica de San Pedro en el Vaticano. Desde el Castillo de San Angel se dispararon salvas de artillería. La seguridad de Roma, estaba garantizada por las tropas francesas apostadas en el Estado Pontificio por Napoleón III, por lo cual en el mencionado castillo, al lado de la bandera pontificia fue izada la francesa.

El 12 de diciembre, veinte obispos presentaron al Papa Pío IX en una promemoria especial sus deseos de suavizar algunos puntos excesivamente duros en el Reglamento y el procedimiento conciliares. El primero que figuraba en esa promemoria con su firma era Strossmayer, a quien Granderath designa como "obispo de Diakovar", agregando, sin embargo "en Croacia" [85]; pero lo menciona siempre entre los mitrados "austríacos" o "húngaros", como lo hacían también los demás cronistas o historiadores conciliares contemporáneos. Junto con Stressmayer, la petición dirigida al Papa iba firmada igualmente por el arzobispo norteamericano Kenrick, de St. Luis, los franceses Dupanloup, de Orleans, Place, de Marsello y otros altos dignatarios de la jerarquía de varios países. En la petición, los firmantes, reconociendo el poder supremo del Papa y su derecho de decisión en las cuestiones del Reglamento conciliar, solicitaban que se reconociese también a los obispos el derecho de proponer cuestiones y problemas, porque así se mostraría públicamente el divino carácter de la institución de la jerarquía episcopal y de su poder, en comunión con el Papa. Los firmantes destacaron especialmente que semejante actitud estaba de acuerdo con el espíritu liberal del siglo en que se convocaba el Concilio. Además, solicitaron que los obispos pudieran nombrar a sus representantes en las comisiones y consejos ya designados por el Papa, con lo que se facilitaría comunicación entre ellos y dichos órganos y se daría más expeditiva agilidad a la labor futura. Propusieron asimismo suavizar el rigor de guardar el secreto conciliar, especialmente teniendo en cuenta el desarrollo de los medios de comunicación modernos, que a pesar del carácter secreto de las deliberaciones permitía que las noticias llegasen al público debido a que los obispos se veían obligados a contestar numerosas preguntas que se les formulaban y desmentir las versiones tergiversadas.

Esta petición, en la que podemos encontrar huellas del estilo y argumentación de Strossmayer, no fue contestada por Pío IX en forma escrita pero verbalmente dijo a uno de los firmantes que su Reglamento quedaba en vigor y, si en el curso de las deliberaciones surgiera la necesidad de un cambio, se mostraría favorable a ello[86].

Una solicitud del mismo tenor fue dirigida a Pío IX el 2 de enero de 1870, firmada por 26 padres conciliares, entre los cuales figuraba el arzobispo y cardenal de París, Schwarzenberg, Strossmayer y otros, en su mayoría de Alemania, Austria, Hungría y Croacia. En ella hacían un llamamiento al Papa para que se concediera a los obispos la posibilidad de proponer cuestiones por propio derecho no como una gracia concedida por el Papa. Reconociendo el primado del Pontífice, los firmantes recordaban que el derecho de los obispos dentro de la Iglesia, es de origen divino y, en consecuencia, resultaba justo que se manifestase también en la labor del Concilio, siempre con la debida reverencia a la autoridad suprema del Papa y de la Iglesia. El Santo Padre contestó, que su derecho no lesionaba al de los obispos y que, por ello, se mantendría el Reglamento tal como estaba establecido. Idéntica suerte corrió la tercera petición firmada por 88 obispos de Europa y América. Estos últimos solicitaban en ella, entre otras cosas, que se introdujeran ciertos cambios técnicos de servicio para acelerar el trabajo, mejoras en el salón de conferencias, la impresión de las actas conciliares y la formación de comisiones especiales de los obispos de un mismo idioma o de los mismos Estados. El Papa contestó verbalmente al secretario del Concilio, Mons. Fessier, que no era posible tampoco acceder a dichas peticiones. Fessler explicó todo ello a los cardenales Schwarzenberg (Praga), Rauscher (Viena) así como al arzobispo Darboy (París).

El tiempo pasa y la historia juzga al pasado. Resultaría suficiente que aquí reproduzcamos lo que dice Mons. Jadin en nuestros días: "Ich kan dafür keinen anderen Grund finden als den Willen Pius IX, die Programmstellung streng absolutistisch in der Hand zu behalten" (No puedo encontrar otra razón para eso que la voluntad de Pío IX, quien quiso mantener en su mano la agenda en una forma absolutista[87].

Jadin acepta casi en su totalidad los motivos expuestos por Strossmayer y otros firmantes para dichas peticiones sobre el derecho de los obispos a proponer cuestiones para su discusión conciliar, firmando que aquéllos son en el Concilio los sucesores de los apóstoles bajo la guía del Papa y junto con él, pero no sus plenipotenciarios.

El primer discurso de Strossmayer en el Concilio

El obispo de Djakovo subió ya al púlpito del Concilio en los primeros días del debate acerca del proyecto de la constitución dogmática de la doctrina católica. Su discurso fue pronunciado el 30 de diciembre de 1869. Granderath, que no era partidario de la actitud de Strossmayer en el Concilio, pero que quiso conservar su objetividad ante ese obispo temperamental, sintetiza de la siguiente manera su opinión positiva y al propio tiempo negativa sobre el primer discurso de Strossmayer en el Concilio: "El obispo Strossmayer, de Diakovar (sic!), es un hombre que atrajo una gran atención hacia su personalidad por su intervención inicial y, especialmente, por los discursos posteriores. Mostró cierta orientación espiritual más libre, pero, más todavía, su gran audacia para decir sin temor cuanto pensaba y tenía en su corazón; éstas eran sus características especiales. Empleaba el latín con gran habilidad y parecía haberse apropiado no sólo de la vibración teórica de Cicerón sino también de la «amplitud de visión ciceroniana»" [88].

En una breve introducción, Strossmayer destacó su manera sincera de hablar y de presentarse abiertamente, solicitando a los presentes que lo escuchasen con aquel espíritu de amor, que predicaban San Pablo y San Agustín. Al mismo tiempo anunció que iba a referirse al esquema propuesto sobre la constitución dogmática relativa a la doctrina católica y, luego, entraría en el contenido y la forma de la proposición[89]. Strossmayer conocía bien el Reglamento conciliar y resultaba para él claro que el Papa había determinado que las decisiones y los cánones del Concilio habrían de ser publicados en la siguiente forma: "Pius episcopus... sacro approbante Concilio" (Pío obispo... con aprobación del Concilio), pero no obstante se atrevió a demostrar que le habría correspondido mejor otra forma más conforme con la tradición eclesiástica. La doctrina sobre las relaciones entre el Papa y la totalidad de los obispos, así como las necesidades de la Iglesia y el cristianismo contemporáneo, habría resultado más visible y más clara como el papel esencial desempeñado por los obispos al lado del Papa. Es especialmente digno de mención que Strossmayer expresamente puntualizara "collegium episcoporum" y los derechos de este "colegio de obispos" en la administración y la doctrina de la Iglesia. La insistencia de Strossmayer en esta mención de "colegio de obispos" parecía, hace cien años, a la mayoría de los padres conciliares y a los especialistas en teología como algo no muy claro, superfluo, incluso rebelde, porque la primacía y la infalibilidad del Papa protegían suficientemente a la Iglesia, a sus sacerdotes y a los fieles en su totalidad. Pero en tiempos del Concilio Vaticano II, el colegio episcopal y, después de Concilio, el sínodo de obispos católicos que se reúna de vez en cuando bajo la guía del Pontífice son ya instituciones que denotan significativos dentro de la Iglesia y en el mundo. Esta es ya por sí sola una justificación suficiente de la idea y los anhelos de Strossmayer así como de su entusiasmo, manifestado al defender la idea del colegio episcopal.

AI destacar la unidad y el necesario consenso del Papa y de la totalidad de los obispos en las decisiones conciliares y en toda la labor del Concilio, Strossmayer corroboraba no sólo la plegaria de Cristo en la última cena por la unidad de los apóstoles y sus sucesores hasta el fin del mundo en beneficio de la Iglesia, sino que proponía la modificación de términos en el espfritu del primer Concilio de Jerusalén, cuando las decisiones fueron tomadas bajo la siguiente rúbrica: "Visum est Spiritui Sancto et nobis (El Espíritu Santo y nosotros hemos visto) —Acta Apostolorum, 15, 28—. Strossmayer afirmó que San Pedro ostentaba la primacía sobre los obispos, pero que la resolución fue llevada a cabo en nombre de todos los apóstoles, que tenían el deber y el derecho de predicar el Evangelio y fortificar a la naciente Iglesia en su propio nombre de otra autoridad, incluso de la más alta.

En favor de su propuesta, invocaba el moderno espíritu laico que trata de buscar soluciones a problemas generales en una forma de colaboración común. Cierto que la Iglesia no es una institución civil y democrática, que debería guiarse por votación de sacerdotes y feligreses como lo hacen los ciudadanos en los Estados constitucionales, pero Strossmayer menciona solamente el caso para ilustrar mejor su idea, acerca la concordancia y la unidad existentes entre el Papa y el episcopado. Invocaba también el Concilio tridentino que formuló sus resoluciones en nombre del Concilio entero y no sólo en nombre del Papa con la aprobación del Concilio, como se había previsto en el Reglamento del Vaticano I. Strossmayer subrayaba que el Concilio tridentino, su doctrina y la terminología han pasado ya a su sangre, y a la de toda la Iglesia, adentrándose igualmente en las escuelas teológicas, en los libros y en la vida practica de la Iglesia. Por eso no alcanzaba a ver por qué debería abandonarse esa forma tridentina e introducir una nueva. Su propuesta era la de atenerse a aquélla.

Cuando, después de una breve polémica con los partidarios dei Reglamento, expresó su deseo de que el Papa asistiese no sólo a las sesiones solemnes del Concilio sino también a las ordinarias y de trabajo, Strossmayer empezó por exponer su tercer argumento para el cambio de tal proposición, pero los presidentes del Concilie, cardenales De Luca y Capalti, cortaron abruptamente su intervención sin mucha consideración a sus palabras. Capalti aclaró que el Papa personalmente había determinado aquel artículo y que, en consecuencia, no había lugar para la discusión sobre un eventual cambio, ya que ello constituiría una ofensa a los restos de San Pedro en cuya basílica se celebraba el Concilio. La segunda razón que mencionó el presidente era la de que según la tradición de los Concilios, cuando los preside el Papa, son aquéllos los que formulan sus conclusiones en su nombre. Al pronunciar estas palabras, Capalti hizo un signo para que continuase su discurso y en el salón del Concilio se oyeron voces de aprobación para los presidentes[90].

Strossmayer se excusó luego cortésmente declarando que nada había dicho que pudiera ofender los derechos de la Sede apostólica y del Papa. Repitió también las palabras de Bossuet: que antes permitiría que su lengua se paralizase que decir algo contra la Santa Sede. Advirtió en seguida que las Actas del Concilio quedarían para la posterioridad, la cual fácilmente podría ver que Strossmayer nada dijo o hizo contra el Papa o la Santa Sede. Aclaró su ideal sobre el Concilio estableciendo que Ias decisiones debían ser formuladas unánimamente y con el consenso de todos los padres conciliares, para que la Iglesia aparezca así ante el mundo como una firme falange de guerra, como un castillo en la altura, firme en el amor y la obediencia para el bien de todos los pueblos cuando el mundo no encuentra paz ni concordia y sigue siendo la víctima de guerras, conflictos y litigios.

Al referirse al contenido del proyecto, Strossmayer le reconoce más cultura escolar que sentido para la vida práctica y las necesidades de las generaciones contemporáneas. Propone luego modificarlo en el sentido de que el estilo debería ser más vivo y más adaptado a la concepción moderna; deberían omitirse los nombres de los grandes heresiarcas, por carecer de relevancia y ser ya desconocidos para muchos. Acentúa que el hombre moderno necesita que se le presenten las doctrinas eclesiásticas siempre renovadas y en forma breve y clara. Tanto más cuanto que el enemigo no trata de atacar una u otra institución o la verdad eclesiástica, sino que su objetivo es eradicar del alma humana toda la creencia religiosa. Esta campaña antireligiosa se lleva a cabo especialmente en los diarios y los libros. Por eso propone concretamente que se modifique la agenda de acuerdo con la experiencia y las indicaciones de los obispos de las grandes ciudades, donde se desarrolla la lucha enfurecida contra la religión.

Como Strossmayer miraba proféticamente lejos en el futuro, se puede desprender especialmente que su propuesta tendía a que se eliminasen del texto los términos y expresiones groseros e injustos como: anticristo, vergüenza, lástima, maldito, odio, ateísmo monstruo de errores, peste, cáncer y otras palabras semejantes, descorteses y ofensivas. En lugar de ellas y por ser inconvenientes propone usar las de Cristo crucificado, el Galileo piadoso, buen pastor, padre misericordioso, que aceptaba siempre en su seno al hijo pródigo y arrepentido. Cristo había tratado piadosamente a la samaritana cerca de la fuente de Jacobo. Así la Iglesia, al condenar los errores, debe permanecer como madre de los pueblos y de Ias generaciones, debe sentir el amor y la comprensión hasta con los extraviados. Aunque la Iglesia condena los errores, ama a los extraviados y, con el amor los vence y reconquista para la unidad.

A pesar de que los presidentes conciliares tenían motivos de procedimiento para oponerse a Strossmayer, su aprecio personal, gracias a su serena y consecuente conducta en el Concilio, creció no sólo en la oposición, que era una minoría, sino también en las filas de la mayoría, sin mencionar el aplauso en su honor y su renombre en la prensa mundial y entre los opositores de todo el mundo más adelante[91]. Después de este discurso de Strossmayer, el obispo de Orleans, Mons. Dupanloup, declaró: "Le Concile a trouvé son homme" (El Concilio ha encontrado a su hombre). Durante la tarde de aquel mismo día se presentaron los obispos de América y de Francia para felicitar a Strossmayer, de quien —dijeron— se enorgullecía su patria, Croacia. En los días siguientes hubo críticas a los presidentes que le cortaron la palabra durante su discurso.

Ya antes de terminarlo, los padres conciliares estaban divididos en una mayoría y una minoría a causa de si era ésta, o no, la oportunidad para una definición dogmática de la infalibilidad. El dilema había sido ya discutido vivamente antes del Concilio entre los católicos y los cristianos separados. Strossmayer figuraba entre los que se oponían a la infalibilidad dogmática, pero la oposición quedó en minoría.

Cuando el 25 de diciembre de 1869 fue presentada la primera propuesta para la definición de la infalibilidad, los oposicionistas conversaron acerca de la forma en que deberían luchar contra aquélla. Strossmayer era el más activo. Incluso había preparado, a comienzos del año 1870, una petición especial en este sentido, pero la retiró cuando el cardenal de Viena, Raucher, preparó su propia.- Hasta el 29 de enero de 1870 fueron redactadas cinco peticiones semejantes por parte de obispos alemanes, austríacos, húngaros, franceses, italianos, americanos y los orientales. Hubo en total 136 firmantes. Strossmayer, Smičiklas (de Krizevci), Dobrila (Porec-Pula) y Legat (Trieste) firmaron la primera por su pertenencia estatal a Austria. Estas peticiones fueron objeto de deliberaciones en febrero de 1870. Los historiadores estudiarán por mucho tiempo el Concilio Vaticano I y las referidas peticiones, y segura-mente llegarán a la conclusión del arzobispo Manning, quien hizo notar que en el Concilio no se oyó ni una sóla voz que hubiera negado la infalibilidad; se trató solamente de la oportunidad o no de su definición dogmática.

Strossmayer acerca de los Derechos Episcopales en la Iglesia y el Concilio

Al empezarse a tratar la disciplina eclesiástica, era lógico examinar también el oficio y la autoridad episcopal. Si los obispos se habían reunido para deliberar en su calidad de sucesores de los apóstoles y de maestros y pastores de la Iglesia sobre los grandes problemas de la religión y de la sociedad, era natural que la cuestión de sus deberes y de sus derechos fuesen objeto de un atento examen. Strossmayer habló el 24 de febrero sobre este asunto. La atención de los presentes era total, dado que el tema interesaba a todos y cada uno.

Con su franqueza habitual y ya desde el comienzo de su discurso, expresó su descontento por haberse insertado en el programa del Concilio muchas cosas que no deberían figurar en él y omitido otras que, por su importancia, tendrían que ser debatidas. Idéntica crítica formuló por el hecho de haber antepuesto el tratamiento de los deberes de los obispos al de sus derechos y dignidades, ya que éstos son como la moneda otorgada por el Señor y que deben devolver con los más altos intereses a Dios, Eterno Juez. Hizo también la observación de que no se hubiera planteado en primer término el problema de la suprema autoridad de la Iglesia o, mejor, de la autoridad de los cardenales, como lo había propuesto el purpurado Schwarzenberg. Strossmayer advirtió que ya en el Concilio Tridentino se discutió la necesidad de la reforma del colegio cardenalicio. Aquel Concilio —dijo el orador— intentó internacionalizarlo a fin de que pudieran participar en la elección del Papa todos los pueblos y que aquél se convirtiese de esa manera en centro y foco de toda la Iglesia, atrayendo así a todos por igual. Además, los cardenales, en su calidad de colaboradores más íntimos del Papa, deben discutir y ocuparse de los problemas de la Iglesia universal, por lo cual sólo reunidos en un colegio compuesto por los representantes de varios pueblos éstos podrían tener en ellos a sus abogados y protectores. Unicamente los cardenales elegidos de esta manera conocerían a fondo las condiciones específicas de la Iglesia en las diferentes partes del mundo. Los cardenales cumplirían una función de enlace y serían el eslabón de la unidad cristiana con la Santa Sede, hacia la cual dirigen sus miradas. Lo harían empero con más confianza y fervor si vieran a sus cardenales al lado del Papa. Strossmayer exigió también la internacionalización de los más altos puestos de la administración eclesiástica y de las congregaciones romanas, porque al modificárselas así, adquirirían un mejor conocimiento del mundo y se desempeñarían también con más eficacia en sus tareas.

Estas propuestas de Strossmayer, sólo hallarían un eco favorable en el Concilio Vaticano II. Sólo ahora se está realizando el proceso de internacionalización de la Curia Romana. Así, por ejemplo, un connacional de Strossmayer, nacido el año de la muerte de éste, el cardenal croata Francisco Šeper, encabeza la Congregación para la doctrina de la fe, mientras el cardenal Villot, francés, es el Secretario de Estado de Paulo VI. Son dos puestos de los más importantes, ocupados por no italianos.

Strossmayer se quejó también, en el discurso que exponemos, de que no se hubiera incluido en la agenda el tema de la nominación y ocupación de las sedes vacantes de obispos, aún cuando su libertad y su progreso dependen de los méritos de los obispos. La propuesta, redaccional en el sentido de que la Iglesia, para defender su libertad, debería buscar el apoyo de los Estados y sus jefes, le pareció a Strossmayer ineficaz y además peligrosa. Peligrosa, porque los tiempos han cambiado y los gobernantes, en lugar de su ayuda, pueden imponer la sumisión de la Iglesia; ineficaz, porque los soberanos, de acuerdo a las Constituciones, no pueden dar ya su protección a la Iglesia. Strossmayer era de opinión que la mejor y más eficaz protección a la Iglesia debería basarse en el derecho público y las libertades públicas de los países. De acurdo a la admonición del Señor, la Iglesia debe poner su espada en vaina. En lugar de Ios antiguos y piadosos gobernantes, gobiernan hoy hombres sin un legítimo mandato, sin autoridad; y son los ministros quienes deciden por ellos. Tienen sus objetivos propios sin interesarse por la Iglesia e incluso tratando de hacerle daño. El obispo de Djakovo recalcó que la mayor defensa de la Iglesia y de su progreso está en los hombres viriles. de Dios, en los obispos decididos y de gran virtud, quienes, a la manera de Crisóstomo, Anastasio, Ambrosio y Anselmo, saben luchar por la libertad de Iglesia.

Por eso Strossmayer propuso dar una vuelta a la antigua costumbre de la Iglesia de convocar a los sínodos provinciales, que desempeñaron un considerable papel en la nominación de los obispos. En efecto, en el momento de la convocatoria del Concilio Vaticano I, algunos soberanos tenían —como, por ejemplo, el emperador de Austria-Hungría— un antigua derecho de ingerencia en la nominación de los obispos. El Concilio debía tratar de convencerlos de la conveniencia de que renunciasen a tal derecho. Consideraba además, que los soberanos, usando una forma adecuada, accederían a tal demanda si el Concilio realizase una reforma decisiva del colegio cardenalicio y de otras instituciones eclesiásticas. En su opinión, Ios medios de comunicación modernos se hallan lo suficientemente desarrollados para facilitar la convocatoria de sínodos y concilios generales. El orden estatal y social empieza a sentirse inseguro y, por lo tanto, la Iglesia no debe apoyarse sobre los Estados. Por el contrario, es ella la que puede rendir grandes servicios a la sociedad mediante sus principios y la vida sana de sus feligreses.

El anhelo de los pueblos de solventar siempre y cada vez más sus problemas en los parlamentos comunes, dice Strossmayer, lo han aprendido de la Iglesia, Madre y Magistra universal (he aquí el título de la importante encíclica de Juan XXIII), cuando ella misma a menudo convocaba a sus sínodos y concilios.

Por eso Strossmayer invoca el Concilio Tridentino y el de Costanza, cuando se proponían convocatorias más frecuentes. Mientras el Concilio Tridentino había recibido una instrucción de Pío IV en el sentido de convocarlos cada veinte años, el de Costanza había decidido, bajo la guía de Martín V y Eugenio IV, hacer la convocatoria cada diez añes. Al invocar esta hecho histórico, Strossmayer afirmó que si se hubieran convocado concilios en el siglo XVI con más frecuencia, no se habría producido la Reforma. Por eso propuso que, de no ser posible atenerse a las decisiones del Concilio Tridentino, por lo menos se convocasen concilios cada 20 años de acuerdo a la fórmula establecida por el de Costanza.

Strossmayer proclama la unidad de la Iglesia, pero se pronuncia contra quienes querrían reducirlo todo a un tipo de actividad, debido a que no ven la belleza en la diversidad de las cosas que no son esenciales para la Iglesia. Acentúa, por eso, que él entiende perfectamente las condiciones y las necesidades de la Iglesia de Francia, defendiéndola contra las acusaciones de estar infestada por el galicanismo.

Haciendo referencia a su experiencia con los obispos ortodoxos, declaró que éstos temían perder su tradición, sus costumbres, ceremonias y privilegios al unirse con Roma; pero él había tratado de convencerlos de que el objetivo de la Santa Sede era proteger y vigorizar los derechos especiales de cada una de las Iglesias así como la idea de que, para los cristianos separados, la unión con Roma era de importancia vital. "Hasta ahora he hablado a sordos", decía textualmente, y expresó luego su temor de que las cosas empeorasen si se realizaran las tendencias centralizadoras de algunos padres conciliadores. Reiteró más tarde estar pronto para sacrificar su vida por los derechos de la Santa Sede y la unidad de la Iglesia, pero recomendó prudencia en el respeto de las peculiaridades de cada jurisdicción eclesiástica.

En calidad de parlamentario y de ex Gran Župan (gobernador), impugnó la opinión de algunos prelados de que un obispo no podría, por momentos, abandonar su diócesis por razones de Estado o por razones patrióticas. Los sacerdotes y los obispos son también partes integrantes de su pueblo, dijo, empeñados en el bien común. Como lo destacaba Bossuet, Cristo lloraba por la suerte de su pueblo y de Jerusalén; y San Pablo quiso incluso ser maldecido por su pueblo. Citó luego el ejemplo de Hungría y Croacia, donde nadie reprocha a un honesto sacerdote su participación en la vida pública. En consecuencia, es su opinión que la Iglesia no debe prohibir tal actividad. Sus palabras en este sentido tenían una inspiración profética: "Non quaerat concilium Vaticanum, ut iura civilia sacerdotum et episcoporum minuantur; id praestantissimus praesul hoc tempore ne immutet. Nam tempus illud est, ut post parvum tempus nos omnibus iuribus civilibus simus privandi". De estas palabras del obispo croata es fácil desprender como preveía la época en que los obispos y los sacerdotes quedarían privados de todos sus derechos civiles. Esto sucedió, en forma abrupta, en 1945 en la patria de Strossmayer, Croacia, así como en muchas otras partes de Europa y del mundo.

Strossmayer habló de las relaciones entre nuncios y metropolitanos como si hubiera tenido presentes las condiciones generales de la segunda mitad de nuestro siglo: destacó la imperiosa necesidad de una confianza recíproca en el amor fraterno entre obispos, metropolitanos y nuncios, aborreciendo las denuncias entre dignatarios eclesiásticos.

Al pedir las convocatorias sinodales provinciales, Strossmayer abordó la cuestión de los vicarios capitulares y abogó para que se concediesen a los vicarios apostólicos, sin son obispos, los mismos derechos de los prelados residenciales. Al finalizar su discurso, recomendó que las leyes eclesiásticas se acomodasen a las condiciones y necesidades de los tiempos modernos, expresando su esperanza de que el Concilio formaría una comisión especial de expertos para este fin[92].

Analizando este discurso, era fácil deducir, como la han hecho Granderath y otros historiadores que no simpatizaban con él ni con la oposición, que Strossmayer dio un rodeo a las disposiciones del orden del día conciliar y propuso con habilidad muchas de sus ideas y concepciones siempre en forma inoficial y casi inadvertida. Granderath como si quisiera, incluso, alabar "la elocuencia del obispo de Djakovo", destaca con reconocimiento su proceder y el de sus simpatizantes al expresar francamente cuanto llevaban en el corazón y comunicarlo al Concilio. El reproche de los historiadores formulado a Strossmayer y otros oradores de la oposición en el sentido de haber hablado en forma bastante vaga e indeterminada, es comprensible, puesto que Strossmayer y los demás opositores lo hicieron así de propósito; querían hablar de los problemas que consideraban de importancia, pero que no figuraban en el reglamento y el orden del día del Concilio[93]. Strossmayer recalcaba continuamente el deber de su "conciencia"" y, cuando se trataba de su deberes de obispo, de sarcedote, de hombre y de patriota, habló con decisión y claridad en la medida en que pudo hacerlo; y donde cabía esperar una fuerte reacción, supo también aprovechar la tribuna para atraer la atención de un auditorio adverso. Así procedió durante aquella labor acelerada del Concilio y, si se hubiera dispuesto de más tiempo para las sesiones, es muy probable que hoy contaríamos con más intervenciones importantes de Strossmayer en las que habría hecho propuestas, sugestiones, etc. que nos revelarían su preocupación por la Iglesia y por la unión de los cristianos separados con Roma.

Hasta los adversarios reconocían las cualidades oratorias de Strossmayer y con verdadero goce escucharon sus disertaciones latinas acerca de las cuales, incluso el cardenal Di Pietro, —que estaba contra las concepciones de Strossmayer, especialmente en lo tocante a las relaciones de los obispos con el Papa y a la infalibilidad—, declaró al oírle pronunciarse sobre los derechos de los obispos: rara venustas (¡rara belleza y gracia!). Por eso no hay que extrañarse de que la prensa mundial alabase a Strossmayer. Desde la capital de su patria —Zagreb, al igual que desde otras localidades—, los sacerdotes croatas y los líderes políticos le enviaron sus felicitaciones y la expresión de su reconocimiento y gratitud. Los croatas escucharon con satisfacción especial la propuesta de Strossmayer en el sentido de que cada pueblo debería tener sus propios hijos capaces y virtuosos como obispos, sacerdotes patriotas, y no que se les impusieran extranjeros, que con anterioridad no habían tenido contacto con sus diócesis e incluso no conocían el idioma de su grey.

Las concepciones de Strossmayer sobre las relaciones de los sacerdotes y sus obispos

Strossmayer pronunció un discurso el 7 de febrero de 1870, refiriéndose, según el orden del día, a la vida y dignidad de los sacerdotes[94]. En él hallaron expresión su experiencia pastoral y su convicción democrática en lo referente a las relaciones del obispo con los sacerdotes. Emipezó acentuando la necesidad de destacar en el orden del día conciliar la dignidad elevada y divina del sacerdocio, lo que permitiría con más facilidad deducir de ellas los derechos y deberes de los sacerdotes. Así como los obispos —destacó Strossmayer— defienden con decisión sus derechos, los sacerdotes merecen la protección paternal y la comprensión por parte de los obispos, puesto que son sus hermanos, co-sacerdotes, colaboradores en la viña de Dios. Los sacerdotes ejecutan la mayor parte de la labor de la Iglesia; sin su amor, sin su confianza y adhesión, serían vanos el oficio y los esfuerzos de los obispos. Strossmayer sabía bien por experiencia que los maliciosos tratan de provocar riñas y litigios entre los sacerdotes y sus pastores. Por eso propuso eliminar del proyecto los párrafos sobre los vicios y los fenómenos negativos generales de los sacerdotes del clero francés. Alabó luego a la iglesia francesa por su actividad misionera en todos los rincones del mundo, por su excelente comportamiento en tiempos de persecución, por sus esfuerzos científico-teológicos y por la defensa de la fe en general. No es conveniente tocar las llagas de la Iglesia, si, a la vez no aportamos la medicina, agregó. Posteriormente, agradeció a Dios que la Iglesia en la actualidad no tuviera los vicios que sí en la época del Concilio Tridentino. Si entre un tan gran número de sacerdotes hay también algunos débiles, éstos constituyen excepción, afirmó Strossmayer. A fin de cuentas, hasta el propio San Jerónimo reconoció que también los sacerdotes tenían su debilidades y sus vicios, debiendo hacer penitencia por sus pecados. En el colegio de los apóstoles hubo un traidor, Judas, y Pedro mismo había negado a Jesús.

En los procesos contra los sacerdotes, Strossmayer pedía procedimientos justos y correctos a fin de que el sacerdote se convenciese de que las medidas legales que se le aplicaban eran justificadas. Los maliciosos, por ejemplo, en Austria, destacan que el Concordato disminuye los derechos del emperador, dando a la Iglesia demasiada libertad, mientras por otro lado afirman que el Concordato otorga derechos solamente a los obispos, olvidándose casi por completo de los sacerdotes subalternos. Así procuran crear el descontento en la Iglesia y en el Estado y causar una escisión entre los más altos y los más bajos oficios. Recordó seguidamente su experiencia pastoral: sus sacerdotes le transmitían esa clase de acusaciones, pero él se esforzaba en explicarles con mayor exactitud la utilidad del Concordato tanto para la Iglesia como para el Estado, e incluso para los obispos y los sacerdotes.

En la misma oportunidad Strossmayer recomendó la necesidad del progreso de los sacerdotes en las ciencias profanas y eclesiásticas. Los primeros siglos del cristianismo se reconocía a los cristianos por su amor recíproco, por su hermandad y abnegación hacia el prójimo. En los tiempos modernos la vida del sacerdote debe ser una página abierta del Evangelio, para que en ella puedan leer los cultos y los incultos qué son el cristianismo y la Iglesia. Los enemigos contemporáneos de la Iglesia señalan con el dedo el "oscurantismo" y el "atraso" de los sacerdotes. Por eso Strossmayer, teniendo presente el ejemplo de San Jerónimo, recomienda el estudio de la Biblia, expresa su admiración por los hombres doctos de Francia, especialmente por Ravignan, Lacordaire, Félix, etc., que desean que por todas partes surjan nuevos Ambrosios para convertir a nuevos Agustines y hacerlos protagonistas de las generaciones cristianas. Un reconocimiento especial formula para los obispos alemanes por su empeño en obtener las universidades católicas.

Contra la inundación de la prensa corrompida Strossmayer propone crear la prensa católica, que no sólo debería defender a la Iglesia sino también ibuir a la sociedad contemporánea en los principios cristianos y alentar a la juventud. Los obispos deben dar ejemplo en la propagación de las ciencias católicas. Sin pecar contra la modestia, Strossmayer pudo mencionar todo cuanto hizo por su pueblo croata al fundar la Academia de Ciencias y de Arte en Zagreb e iniciar labor para la organización de la Universidad.

Condenó en la misma ocasión toda actividad comercial de los sacerdotes, que otros conciliares miraban con más tolerancia. El ejemplo del traidor Judas ilumina con clara luz las consecuencias del comercio de los servidores de la Iglesia; por ello está prohibido en América, Francia, Alemania, Hungría y Croacia. Pero al mismo tiempo, Strossmayer condenaba la negligencia de los obispos y de otros dignatarios eclesiásticos en llenar las necesidades materiales de los sacerdotes. Concretamente citó el ejemplo italiano, donde las condiciones en este sentido no son ciertamente dignas de elogio. Pero simultáneamente destacó le preocupación de Benedicto XIII por los sacerdotes de Roma, que debería constituir un ejemplo para el clero de todo el mundo.

Terminó Strossmayer su discurso expresando su descontento por las insuficiencias técnicas del salón del Concilio y por la falta de confianza entre los padres conciliares, pero depositándola en el Espíritu Santo, quien sabe convertir las debilidades humanas en bienes para alcanzar objetivos más altos.

Esta intervención no encontró un eco negativo en el Concilio, ya que fue enteramente dedicada al progreso de los sacerdotes y al mejoramiento de las relaciones entre el clero y el episcopado.

La presentación más borrascosa de Strossmayer en el Concilio

Strossmayer fue interrumpido bruscamente durante su primer dišcurso en el Concilio por su propuesta de modificar el artículo del proyecto. El 22 de marzo, habló en una discusión especial acerca del texto ya modificado, referente a la fe católica Ambas cosas son sumamente significativas para comprender el clima general que reinaba en el Concilio Vaticano I, inimaginable ya en el II.

Comenzó advirtiendo en su disertación que iba a ser parco en palabras por hallarse indispuesto y por las adversas condiciones del salón de conferencias, donde muchos de los presentes no podían oir al orador. No tocó el estilo del proyecto, aun cuando no lo aceptaba. Pasando al meollo de la cuestión manifestó su satisfacción por haberse aceptado, al menos algo de sus propuestas para que se destacase mejor el papel de los obispos en las definiciones conciliares. La aceptación fue la siguiente fórmula: Sedentibus nobiscum et indicantibus universi orbis episcopis (Hallándose y opinando con nosotros los obispos de todo el mundo). Strossmayer propuso, además, agregar después de la palabra iuditibus el vocablo definientibus, porque iudicare (opinar) carece de aquella fuerza que tenía antes, mientras el término definire no concuerda con la tradición conciliar, cuando los obispos firmaban: Judicans et definiens et definiens scripsi (Opinando y determinando firmé) o definiens subscripsi (firmé determinando), como se usaba en el Concilio Tridentino.

Dirigiéndose a los presentes, advirtió, al modo de San Cipriano en su libro De Unitate Ecclesiae, que siempre quedasen obedientes al primado eclesiástico y listos para morir por él. Pero en seguida agregó que los derechos de los obispos son también de origen divino, y no propiedad de cada uno, no pudiendo renunciar a ellos, sino más bien usarlos en beneficio de la Iglesia y del pueblo.

Otra observación que formuló entonces Strossmayer, se refería a las expresiones severísimas contra los protestantes, a pesar de que el Concilio. había atacado directamente al panteísmo como la fuente de tantos errores. Recalcó que con anterioridad al protestantismo hubo focos de racionalismo en el siglo XVII dentro del humanismo y el laicismo. Así, por ejemplo, en Francia, Voltaire y los enciclopedistas, sin relación alguna con el protestantismo, formularon doctrinas muy perniciosas y errores no sólo contra la religión sino también contra el orden social. Aportando argumentos como justificación del protestantismo, Strossmayer se remontó idealmente a los primeros siglos del cristianismo en los que se vieron errores similares a los del protestantismo. Para demostrar que era injusto achacar todo el mal a los protestantes, citó el caso de Leibnitz y de Guizot, ambos protestantes. Guizat se opuso al libro de Renan contra la divinidad de Jesús. Por eso recomendó a los sacerdotes leer la obra de este autor, en la que deberían hacerse algunas pequeñas enmiendas. Al oír murmullos de protesta, el orador dijo textulmente: "Con-sidero que hay todavía muchos entre los protestantes que siguen el ejemplo de aquellos varones —en Alemania, Inglaterra y América—, que todavía siguen amando a nuestro Señor Jesús por lo que son merecedores de que se les aplicaran las palabras de San Agustín: «Están en el error, en el error, pero deambulando creen estar en la verdadera fe» (los murmullos continuaban, pero Strossmayer continuó): "Son heréticos, verdaderamente heréticos, pero nadie los considera tales. El cardenal De Angelis, presidente, advirtió brevemente al orador que evitara "las palabras que en algunos presentes provocaban el escándalo". Mientras Strossmayer intentaba proseguir su discurso, el cardenal Capalti desde la presidencia del Concilio, explicó que no se trataba de protestantes sino del protestantismo como sistema, de donde provinieron tantos errores y que, en consecuencia, en el texto del proyecto no hubo ofensa para los protestantes. Agradeciendo a la presidencia por su advertencia, agregó que esas razones no le podían convencer de que todos aquellos errores surgían del protestantismo: "Yo considero con toda seriedad, que entre los protestantes hay no uno u otro que ama a Jesucristo, sino que hay una multitud de ellos". Al pronunciar estas últimas palabras, muchos de los presentes protestaron en voz alta. El presidente hubo de advertir a Strossmayer que el Concilio Tridentino había considerado ya al protestantismo y que él debía referirse al articulado propuesto y no a asuntos que escandalizan a los obispos!

Fiel a su fibra temperamental Strossmayer declaró que daba por terminada su intervención, pero al mismo tiempo afirmó que muchísimos protestantes deseaban de todo corazón que nada se dijera o decidiera en el Concilio que pudiese poner nuevos obstáculos a la gracia que está operando entre ellos. Recordó que en el Concilio Tridentino se debatió sobre el protestantismo con consideración y que los protestantes habrían sido bien recibidos en aquel Concilio si se hubieran presentado. Se entabló entonces una rara conversación entre el presidente Capalti y Strossmayer: Capalti afirmaba que el Papa, al convocar el Concilio, había invitado paternalmente también a los protestantes; que la Iglesia trataba a todos maternalmente, que han incurrido en el error, mientras el error condena, advirtiéndo a Strossmayer que se atuviera al tema en su discurso. En una atmósfera de excitación y clamor generales, Strossmayer trató de terminar su discurso, quejándose contra estas condiciones bastante tristes que se imponían en el Concilio. También formuló su advertencia de que no aprobaba la idea —ya aceptada— de votar las conclusiones conciliares por mayoría de sufragios, puesto que desde tiempos muy remotos estas decisiones se adoptaban por unanimidad. Capalti le contestó que esa cuestión podía ser discutida cuando se estaba tratando el proyecto. Todo eso había causado un tremendo barullo en el Concilio, donde protestaban por un lado los presidentes de aquél, y Strossmayer por el otro. De todos lados pudieron oirse las ofensas más indignas contra Strossmayer: para quienes censuraban su discurso, Strossmayer era Lucifer, Lutero, un condenado, indicándole otros que abandonase la tribuna, mientras él insistía en la idea de la antigua unanimidad necesaria para las conclusiones eclesiásticas, recalcando su fe en la in-mutabilidad de la Iglesia y la necesidad de continuar en esa unidad; finalmente, pidió disculpas por sus palabras si no habían sido en todo momento adecuadamente usadas, y decidió abandonar la tribuna. Los obispos presentes se apretujaban por salir de la sala de conferencias, mientras la presidencia anunciaba la próxima sesión y su programa. Resulta un tanto extraño, que Granderath acuse a Strossmayer por este desorden, justificando el procedimiento de la presidencia, pero que al mismo tiempo agregue que los obispos "pudieron haberse comportado más serena y dignamente"[95]. Un fenómeno semejante en este nuestro momento histórico ecuménico parece casi imposible en tiempos de Pío IX.

Los adversarios de la infalibilidad que escribieron la crónica y la historia del Concilio Vaticano I, Lord Acton y Friedrich especialmente, atribuyeron a Strossmayer palabras e ideas que no se mencionan en las actas del Concilio, lo que nos autoriza a decir que Strossmayer no las pronunció porque, en caso contrario, aquéllas se hallarían anotadas por los estenógrafos. La prensa mundial escribió sobre esta sesión tan agitada de acuerdo a la orientación de cada diario (o periódico): mientras algunos destacaban a Strossmayer como al protagonista de la libertad y el progreso, otros lo vituperaban como a un herético.

Es un hecho que también dentro del círculo de sus adherentes Strossmayer encontró reproches. Así, por ejemplo, el cardenal Schwarzenberg, el 23 de marzo de 1970 le hizo una visita y durante ella le reprochó "ha-ber hablado demasiado, haber ido demasiado lejos y comprometido también a Ios demás" y cosas por el estilo. Strossmayer se sintió molesto por esta actitud del cardenal y habría decidido abandonar el grupo de los obispos alemanes que se había formado por su propia iniciativa. El mérito de que no se produjera la ruptura en la oposición se debe a los obispos franceses, especialmente a Dupanlou, que expresaron su plena conformidad con el discurso de Strossmayer[96].

Este no cedía. En una carta de protesta dirigida a la presidencia del Concilio pidió incluso una reparación por la ofensa que se le hicieron. En ella defendió también su idea de la "unanimidad espiritual del Con-cilio", lamentando que no se le hubiera permitido presentar argumentos al respecto. Contra el trato dado a Strossmayer protestaron algunos más, especialmente el arzobispo de París, Darboy. El propio Strossmayer había mencionado en dicha carta la idea de abandonar el Concilio si no se le concediera la posibilidad de justificar cuanto afirmaba y no se le diese una satisfacción.

En víspera de la sesión que tuvo que votar la Constitución de la fe católica —De fide catholica— Strossmayer, el arzobispo americano Kenrick y seis obispos franceses enviaron a la presidencia conciliar una petición para que eliminase del texto preparado los múltiples anatemas, reelaborarse la demasiado general e indeterminada conclusión 4, o, en caso contrario, los firmantes y otros más no votarían por aquélla. En el dorso de esta petición —se halla en el archivo del Concilio— está anotada la fecha 25 de abril de 1870, como la de recepción, es decir un día después de la votación respectiva. Todos los firmantes votaron dicha Constitución menos Strossmayer, quien no se presentó en la sesión por no haber recibido respuesta alguna a su petición[97].

Gracias a sus discursos en el Concilio, Strossmayer dio motivos a declaraciones y cartas, fuera ya de él, que se prestaban a las más variadas intrepretaciones. Se atrevió incluso a celebrar al ex oratoriano rebelde, Gratry, miembro de la Academia Francesa, quien, no obstante, murió en paz con la Iglesia; mantuvo también correspondencia con el protagonista más destacado de los adversarios de la infalibilidad, DöIlinger, quien, antes de la convocatoria y durante las sesiones del Concilio, incitaba a Ias pasiones y causaba muchas manifestaciones contra aquél, en sus escritos, especialmente en Alemania y la ciudad de Munich, donde era profesor en la Facultad de Teología. Hay autores que afirman que Strossmayer proporcionaba a Döllinger los argumentos contra el Papa y el Concilio, pero los de mayor categoría advierten que no es permitido acusar a Strossmayer en este sentido, sin documentos claros, por la supuesta colaboración con aquel hombre difamado y enemigo de la Iglesia que fue Döllinger. Los protestantes y todos cuantos escribieron contra el Concilio y la infalibilidad procuraban tener la autoridad de Strossmayer de su lado, por lo cual su renombre fue considerable tanto en el mundo como en el ámbito conciliar.

Ya al principio mismo del Concilio, el 30 de diciembre de 1869, fue Ianzada una noticia infundada sobre un pretendido atentado contra Strossmayer, motivado por su discurso contra los jesuitas. En relación con esta noticia cabe destacar, que el jesuita Granderath expresamente reconoce que Strossmayer evitaba cuidadosamente en sus intervenciones Ias expresiones impertinentes contra sus adversarios. Los periódicos de todo el mundo escribían según su gusto, sin publicar rectificaciones, tejiéndose así una red de mentiras sobre los pormenores de la actitud del obispo de Djakovo en el Concilio. Tampoco faltaron noticias sobre las peticiones contra la infalibilidad que llegaban "de Bohemia y Hungría" por las manos del cardenal Schwarzenberg y de Strossmayer[98]. Por eso, es necesario tener presente a todos los miembros de la "oposición", su actitud ante y después del Concilio, y sus relaciones casi filiales con los Pontífices hasta su misma muerte, para formar un juicio cabal acerca de su idea sobre la infalibilidad del Papa y de la Iglesia.

Una importancia esencial en este sentido tiene el discurso de Strossmayer, pronunciado el 2 de junio de 1870. En él se halla contenida la esencia misma de su actitud ante la inminente definición de la infalibilidad. Fue su última alocución en el Concilio.

Strossmayer acerca de la inoportunidad de la definición de la infalibilidad

Dentro del cuadro de nuestro modesto trabajo resulta casi imposible analizar (estudiar) todas las facetas de la compleja y tan peculiar personalidad de Strossmayer. Su sola documentación exigiría una amplitud tal que eclipsaría el papel desempeñado por él en el Concilio. No tenemos intención alguna de escribir su apología ni indagar tampoco sobre los orígenes inspiradores de sus ideas acerca de la infalibilidad pontificia, ni siquiera acerca de la similitud o diferencias entre sus opiniones y las de los demás padres conciliares de su grupo.

Strossmayer, en efecto, creyó durante toda su vida en la infalibilidad de la Iglesia y en el papel del supremo maestro y jefe de la iglesia que pertenece al Papa. Antes de concluir su discurso contra la definición el 2 de junio de 1870 dijo textualmente: Ideo mihi videtur factum esse, quod Ecclesia catholica octodecim saeculorum decursu divinam infallibilitatis suae proerrogativan maluerit exercere potius quam definire (Me parece en efecto, que la Iglesia ha preferido ejercitar su divina prerrogativa de la infalibilidad en el curso de 18 siglos, antes que definirla[99].

En el tercer fragmento de su discurso después de la precedente formulación, adujo su argumento más importante contra la oportunidad de la definición de infalibilidad: Schisma orientale, iam non amplius graecum dici debet, sed proh dolor schisma slavicum, quorum octoginta milliones ab Ecclesia catholica extorres vivunt, qui suae autonomiae, suis particularibus iuribus addictissimi suet, et nihil aliud tantopere aversantur, quam illud quod vel suspicionem ingerere istis possit, quod autonomiae et iurium suorum periculo sit. Ego inter Slavos meridionales moror, ex quibus octo milliones schismatici, tres autem milliones catholici sunt. Ego no possum satis divine misericordiae gratias agere, quod gens Croatorum, quam tantopere diligo, sit catholica, et possum dicere in tota cordis mei sinceritate, Sedi apostolicae addictissima (El cisma oriental no debe llamarse ya cisma griego sino, desgraciadamente, eslavo, porque 80 millones de eslavos viven fuera de la Iglesia católica. Estos son adictísimos a su autonomia, a sus derechos especiales, y en nada se muestran tan suspicaces como en aquello que podrfa poner en cuestión esta su autonomia y sus derechos. Yo estoy laborando entre los eslavos meridionales, de los cuales 8 millones son cismáticos, mientras sólo 3 millones son católicos. Nunca puedo agradecer lo suficiente a Ia misericordia divina que el pueblo croata, al que tanto amo, sea católico, y puedo decir con toda la sinceridad de mi corazón, que es muy adicto a la Santa Sede[100].

Esta declaración de Strossmayer es necesario completarla con un párrafo de una carta del día 11 de diciembre de 1875 dirigida por él a Pío IX, refiriéndose al papel esencial de los croatas entre los eslavos meridionales: "Los croatas son el único pueblo católico entre los eslavos meridionales que han permanecido hasta ahora, aún en las condiciones más difíciles, fieles a la fe católica... Es de suma importncia que los croatas permanezcan adictos, con toda su alma y todo su corazón, a la fe católica, porque así están en cierto sentido predestinados a convertirse en levadura que penetrará, con la ayuda divina, en toda la multitud de los eslavos meridionales, y devolviéndolos al seno de la Iglesia católica"[101]

Por haberse mencionado así en el plan de Strossmayer al pueblo croata como levadura de la unidad cristiana entre los eslavos meridionales, hemos de prestar atención a un fragmento de su discurso del 2 de de junio de 1870. Después de haber expuesto en él la situación religiosa de los croatas y los eslavos meridionales en general, explicó la razón principal de su temor ante la definición de la infalibilidad del Papa: Verum si haec definitio effectum habeat, vereor, ne, quantum nos scimus, illud fermetum bonum a Deo praedestinatum reliquam Slavorum massam penetret et ad unitatem reducat; vereor ne nova nobis pericula impendant, et ex nostris quidam misere ab unitate Ecclesiae rescindantur, sum-mo certe — qucumque novit historiam nostro temporis — summo et gravissimo humanitatis et omnis futurae culturae detrimento (Pero si esta definición se lleva a cabo, tengo miedo de que aquella buena levadura, predestinada por Dios, por cuanto alcanzo a saber, no pueda penetrar en la restante multitud de eslavos ni tampoco devolverlos a la unidad eclesiática; temo que no nos amenace nuevo peligro y que —como puede temerlo quien conoce la historia de nuestro tiempo— alguno de entre los nuestros no rescinda tristemente esa unidad eclesiástica, lo que redundaría por cierto en gravísimo detrimento de la humanidad y de toda la cultura futura)[102].

Ha quedado atrás el Concilio Vaticano I, pero las palabras transcriptas de Strossmayer no han perdido actualidad y en ellas brilla la perspicacia de este hombre de Dios: el principal obstáculo para la reconciliación y unión tanto de los ortodoxos como de los protestante con Roma sigue siendo el dogma de la infalibilidad del Papa.

Después de haber destacado, brevemente, estas grandes preocupaciones e ideas de Strossmayer, proyectaremos un vistaso sobre su discurso, que fue proclamado por Granderath "sehr elegante und sehr schöne Rede" (muy hermoso y elegante)[103]. Granderath no oculta su admiración por el estilo y la magnificencia de la forma de sus disertaciones, pero le reprocha no ser más profundo en la explicación de sus ideas.

Las dificultades en la concepción de Strossmayer acerca de la relación del Papa y el episcopado

Al iniciar su intervención, Strossmayer subrayó la conexión del episcopado con el Papa, "dignísimo jefe de la Iglesia y del episcopado", pero consideraba que era lógico debatir conjuntamente ambos derechos y no por separado, porque de esta manera se asegurarían la primacía del Pontífice y los derechos del episcopado. "Cristo envió a todos los apóstoles y les dio autorización para que enseñasen a todos los pueblos, prometiéndoles permanecer con ellos hasta el fin del mundo" (Mt. 28, 19-20). Explicando la constitución y el papel del magisterio eclesiástico, citaba a San Ignacio de Antioquía, quien varias veces comparó al obispo con Cristo entre el pueblo afirmando, que quien obedece a Cristo, obedece ai obispo. De ahí surge para Strossmayer la dificultad de que, simultáneamente y en la misma diócesis, puedan tener idéntico poder el Papa y los obispos. Para justificar esta incompatibilidad invocaba la protesta de Gregorio el Grande contra Juan el Ayunador (loannes leiunator) y su título de "patriarca ecuménico", llamándose Gregorio a sí mismo servus servorum Dei (el siervo de los siervos de Dios).

En esta intervención Strossmayer se atuvo con insistencia a San Cipriano y a su libro De Unitate Ecclesiae. Hay que tener presente que Strossmayer presentó una tesis para doctorarse justamente sobre la doctrina de San Cipriano expuesta en el libro mencionado[104]. Y según Strossmayer, aquel santo rinde homenaje al divino primado, recalca la necesidad de una conexión permanente del obispo con la Santa Sede, y habla de la sede de Pedro como de la cátedra de unidad, pero al propio tiempo establece también los derechos de los otros apóstoles y obispos: para que guíen a la Iglesia entera en el espíritu de unanimidad de todos los apóstoles. A Strossmayer no le placía la interpretación de las palabras de Jesús dirigida a Pedro y anotadas por Mateo y Juan: de que en Mt. 16 y Juan 21 se trataría de la "infalibilidad personal y absoluta del Papa" (personalem et absolutam pontificis infalibilitatem). Cipriano, en opinión de Strossmayer, enseñaba que también los demás apóstoles son lo mismo que Pedro en cuanto al honor y el poder y que todos en conjunto condución a la Iglesia y pastoreaban la grey de Dios con plena unanimidad y consonancia y que, en consecuencia, los obispos, como sucesores de los apóstoles, tienen "algún derecho virtual sobre el resto de la Iglesia — virtuale quoddam in reliquam Ecclesiam ius. Este "derecho virtual" Strossmayer lo encuentra en escritos de Gregorio de Niš, Basilio, Gregorio Nancianceno, Juan Crisóstono y en la epístola que el papa Celestino, dirigió al Concilio de Efeso.

Describiendo la controversia de Cipriano con el Papa sobre el valor del bautismo de los heréticos, Strossmayer reprocha al primero su pronunciada resistencia al Papa Esteban, pero afirma, que, de acuerdo con las palabras de San Agustín, podemos excusarle, puesto que hasta su tiempo nada se supo de personali et absoluta romanorum pontificam infabilitate (de la personal y absoluta infalibilidad de los pontífices romanos)[105].

Resulta de evidente necesidad prestar atención a este "derecho virtual de los obispos sobre el resto de la Iglesia" y a la expresión "personal y absoluta infalibilidad del papa", de acuerdo al parecer de Strossmayer.

Hasta el Concilio Vaticano II no resultó siempre claro para los teólogos y los historiadores eclesiásticos qué era lo que pensaba Strossmayer y cuál era el sentido que tenía su mención, en el Concilio Vaticano I, del "derecho virtual de los obispos a la administración en toda la Iglesia". Como si hubiera dado la contestación a estas preguntas el Concilio Vaticano II, redujo la doctrina a una "colegialidad de obispos", que se está actualmente traduciendo en realidad mediante los periódicos "sinodos episcopales" en Roma.

En cuanto a la "infalibilidad personal y absoluta" del Papa, que resultó tan antipática para Strossmayer, nunca se habló de ella en la Iglesia y tampoco se la trató en el Concilio Vaticano I. La infalibilidad del Papa es, en efecto, personal, pero no "absoluta": se refiere solamente a las definiciones oficiales de las verdades de la fe y de la moral revelada por Dios y que obligan a la Iglesia en su totalidad. Strossmayer se pronunciaba contra la infalibilidad "absoluta", pero él no la inventó y, mientras algunos luchaban contra ella, él quisó estratégicamente impedir aquella definición en el sentido dei Concilio Vaticano I. Y es que Strossmayer, en primer término, llevaba en su pecho el problema de la unión de los cristianos separados orientales con Roma, a quienes resultaban muy antipáticas la primacía y la infalibilidad del Papa.

Durante toda su vida, Strossmayer fue un devoto de la cultura y la literatura francesas y por eso no hay que extrañarse de que también en este discurso rindiese homenaje a los jefes católicos de aquel país como, por ejemplo, a Bossuet, rechazando el ataque de quienes calumniaban a la Iglesia francesa por su galicanismo[106] 33. Pero es menester reconocer que sus discursos no son sin pequeñas intrusiones del galicanismo, cuando habla de la relación entre el papado y episcopado.

Strossmayer reconocía "la plenitud del poder" de San Pedro y de sus sucesores asi como a los papas el derecho a convocar Concilios generales, presidirlos, aprobar y definir sus conclusiones, pero justamente por la gran estima que tenía del papel de esos concilios, se oponía a la definición de "la personal y absoluta infalibilidad". Para reforzar su tesis cita la asamblea de los apóstoles en Jerusalén, cuando se reconciliaron Pedro y Pablo, menciona cómo Gregorio el Magno comparaba los cuatro concilios generales con los cuatro Evangelios, y, junto con el teólogo medieval Durand, consideraba que aquéllos son el mejor medio para contrarrestar los errores y el mal en la sociedad cristiana.

La segunda razón que movió a Strossmayer a oponerse a la definición de la infalibilidad, fue su elevada opinión sobre el papel de los concilios generales. A su parecer, la definición de la infalibilidad rendiría superfluos esos concilios en el futuro. Que su temor no era infundado es fácil colegirlo justamente por la labor del Concilio Vaticano II, después de cuya finalización surgen nuevos problemas que exigirán dentro un tiempo previsible la convocatoria de otro nuevo concilio general.

A continuación Strossmayer desarrolló sus ideas acerca, de la armonía que debe reinar entre el primado y los derechos de los obispos. Estos pueden no sólo confirmar, interpretar y aprobar, sino también derogar y eliminar según el caso. Si esto no se acepta y reconoce. Strossmayer no entiende de qué manera se puede conservar el significado y el vigor de las palabras de Cristo, dirigida a todos los apóstoles: "Todo lo que atares en la tierra, será también atado en los cielos y todo lo que desatares sobre la tierra, será también desatado en el cielo". Si no se reconoce a estas palabras de Cristo su natural significado, entonces pierden igualmente su valor las ideas de Cipriano referente al episcopado indivisible en todo el mundo, del cual cada uno de los obispos recibe una parte común con los demás obispos —in solidum—. Strossmayer alega que los obispos nunca, deberían renunciar a este su derecho divino porque de lo contrario, expondrían a un peligro la autoridad y libertad de los concilios generales. En su exposición histórica, Strossmayer subrayó que se atenta al historiador de los Concilios, el obispo Hefele, quien también pertenecía a la oposición conciliaria.

La epístola que el Papa León I, dirigió al Concilio de Calcedonia y saludada por los padres allí congregados: "Pedro nos habla por la boca de León, así lo creemos todos, todos damos nuestra adhesión a su epístola", Strossmayer intentó explicarla en el sentido de que aquellos obis-pos procedieron como jueces y críticos; examinaron la misiva y, encontrándola ortodoxa, la aceptaron. En efecto, la carta de León es una de las pruebas más elocuente en cuanto a la fe en la infalibilidad del Papa dentro de la Iglesia del siglo V.

Strossmayer trató de demostrar, con envidiable dialéctica, que el escrito de León no era un acto del poder soberano del Papa sino un adoctrinamiento a los obispos, que estaban autorizados para estudiarla, examinarla y aceptarla luego o rechazarla. Para corroborar su opinión, Strossmayer invocó también el parecer del cardenal Bellarmini, pero no pudo probar que los mitrados dudaran en Calcedonia sobre la verdad de la doctrina de León. Simplemente se impusieron del contenido de la misma y comprobaron su concordancia con lo que ellos mismos habían hallado en la revelación divina y que se aprestaban a definir.

"Los inealienables derechos de los obispos" atraen constantemente la atención de Strossmayer, y su "origen divino", afirma, no puede ser derogado ni siquiera disminuido por el concilio general. Lo prueba también mediap,te la actitud de Pío IV en el curso del Concilio Tridentino. A pedido de los obispos fueron suprimidas dos palabras del mensaje del Papa, porque las consideraban en perjuicio de la libertad de los conciliares. Strossmayer rinde homenaje a aquel Concilio, que no definió la infalibilidad del Papa; reconoce el valor y coraje de la Iglesia francesa que supo superar las dificultades propias sin pronunciarse por aquélla, alaba a Pío IV, quien, aconsejado por San Carlos de Borromeo, estableció la regla para que no se llegara a conclusión alguna sin el consenso general o casi general de los participantes[107].

"El consenso general de los obispos" en el Concilio constituye el tercer tema de este discurso de Strossmayer. La idea no era original suya, pero él, en su calidad de brillante orador y decidido defensor de sus ideas, se presentó como el más sincero y abierto paladín de este principio en el que la oposición conciliar vio el medio más eficaz para impedir la definición de la infalibilidad. Por eso Strossmayer habló extensamente sobre el particular. Quería poner obstáculos al pronunciamiento del con-cilio y asegurar así más libertad a la Iglesia, posibilitando la promoción de la unidad de los cristianos separados del oriente y el occidente. Era una manera de interpretar no sólo la historia del cristianismo sino también los escritos de Ireneo, Tertuliano y Cipriano que versan sobre aquel tema. Strossmayer entiende en forma bastante artificial dichas opiniones para respaldar la propia, a pesar de que justamente Ireneo, apoyándose en la infalibilidad de la Iglesia Romana y del Papa, prueba con mayor facilidad la ortodoxia doctrinaria de todas las demás partes de la Iglesia. Reconocía la infalibilidad antes y en el mismo acto del Concilio, pero no dejó de destacar la necesidad de que concordaran todas las iglesias apostólicas con la sede romana y con los obispos.

Resulta curioso que todos los obispos presentes escucharan con calma la intervención de Strossmayer, incluso cuando alegaba la inoportunidad de la definición de la infalibilidad, apoyándose en la obra de Vincencio Lirinensis: Commonitorium y su famoso principio de que el signo más seguro de la ortodoxia doctrinaria era el que "siempre, en todas partes y por todos" (quod semper, quod ubique, quod ab omnibus) fue creído. Atribuyó a esta regla demasiada y exclusiva importancia, aun cuando no es única para averiguar la verdad de la fe en la Iglesia y en el pueblo cristiano. Lirinensis no conocía la infalibilidad del Papa bajo la forma: "infalibilidad personal y absoluta", pero enseñaba la necesidad de que hubiese unanimidad de los obispos cuando se trataba de la definición de una verdad de fe[108]. Además invocaba a San Agustin y la advertencia que dirigió a la Iglesia: hay que cuidar la autoridad eclesiástica con serenidad y moderación para que la Iglesia no se exponga a la burla de los enemigos, quienes podrían decir que en ella todo se rige por la voluntad de un sólo hombre y por la superstición, como en el tiempo de San Agustín argüían los maniqueos. Para probar que se procede en la época del Concilio Vaticano I como en la de San Agustín, Strossmayer mencionó la aparición de un escrito titulado "las necesidades de nuestros tiempos", en el que algunos enemigos de la Iglesia ofrecían pruebas sobre la necesidad de la definición de la infalibilidad, seguros de que así la Iglesia y su magisterio perderían completamente su autoridad. Al condenar esta obra, agregaba: Credite mihi, non sunt vani nostri timores, non sunt vana pericula quae nos praevidemus. Ego saltem dicere possum coram Deo, qui me iudicaturus est, quod definitione hac de qua agimus, in effectum deducta, gregi meo, cui praesum, multa pericula sint creanda (Creedme, no son vanos nuestros temores, no son vanos los peligros, que prevemos. Yo puedo decir ante el Dios que me ha de juzgar, que la definición que estamos tratando, si llegare a proclamarse, creará muchos peligros a la grey cuyo pastor soy)[109].

Hemos mencionado ya las ideas y los ideales de Strossmayer referentes al retorno de los cristianos separados eslavos al seno de la Iglesia por conducto de los católicos croatas. Imbuido de estas ideas y deseos, Strossmayer al finalizar su disertación dirigió su llamamiento al Papa y al Concilio para que se agrandara el ámbito de la Iglesia en vez de restringirlo; abogó por que la paz, la concordia y la unidad cristianas se difundiesen cada vez más por el mundo, por que la humanidad se convirtiese "en una grey bajo un pastor (grex unos sub uno pastore). Expresó su esperanza de que el Papa, que excede a todos los demás obispos en autoridad y virtud, teniendo presente el ejemplo de San Pedro, quien por humildad pidió que lo crucificaran cabeza abajo, sacarla a la Iglesia del peligro, mediante su humildad y sacrificio, en que caerfa con la definición de la infalibilidad. Por la misma razón mencionó al apóstol Pablo, quien alaba la grandeza del Salvador precisamente por su humildad y autosacrificio (Epístola a los filipenses, 2, 5-11). Dirigiéndose por fin a todos los obispos presentes formuló su esperanza de que imitaran a Cristo Jesús, buen Pastor, quien por una oveja perdida dejó noventa y nueve, la encontró, la cargó sobre sus hombros y la llevó a su redil[110].

Sería innecesario subrayar que los enemigos de la Iglesia y del Papado dieron también una amplia publicidad a este discurso de Strossmayer, donde resaltan la amplitud y las características de su cultura teológica. El Concilio mismo le prestó atención en calma. Resultaría muy interesante confrontar esta disertación suya con las de la oposición, entre los cuales figuraban Dupanloup, Hefele, Haynald, Ketteler, Schwarzenberg y otros. Podemos decir que Strossmayer, en sus intervenciones, era más moderado que, por ejemplo, Dupanloup, y en cuanto a su forma, siempre trató de llevarla a la altura necesaria. Tan sólo en el fervor de las discusiones, en cartas privadas o en momentos sentimentales y de dialéctica se mostraba, según afirman sus conocedores personales: "de una naturaleza muy impulsiva y como un fanático casi de su fe y su convicción... Momentáneamente pudo exarcerbarse y estampar conceptos que no podrían escapar a los reproches ... Por lo cual hay que tomar sus ideas desde el punto de vista científico, sin aprovecharlas con fines politicos u otros de carácter transitorio[111].

Discursos apócrifos de Strossmayer

Los enemigos de la Iglesia quedaron descontentos por haber dejado pasar el discurso de Strossmayer del 2 de junio de 1870 sin inconvenientes e intromisiones; y ello dio motivo a que inmediatamente confeccionaran un panfleto, plagado de ataques contra la Iglesia y el Papa, y lo divulgaran por todas partes como si fuera el texto auténtico del obispo. Los que conocieron la labor conciliar y las disertaciones de éste, bien pronto se percataron de que se trataba de una maliciosa falsificación inventada con el fin de hacer daño a Ia Iglesia y al Papa, y causar confusión y discordia entre el clero y los feligreses de todo el universo. Obispos de varias parte de la tierra escribieron a Strossmayer para que les confesara la verdad sobre el panfleto. Strossmayer, en efecto, negó en varias oportunidades su veracidad y ofreció pruebas de que se trataba de una manifiesta invención de los enemigos de la unidad católica. Por fin pudo comprobarse, en el año 1876, que un ex sacerdote mexicano, el Dr. José Agustín Escudero, en un principio religioso agustino, pero más tarde apóstata de Ia Orden y de la Iglesia, masón y rebelde contra la autoridad eclesiástica y civil, acosado por el arrepentimiento de su propia conciencia reconoció ser el autor del escrito. Más tarde hizo una declaración penitenciaria en el periódico América del Sud. El misionero lazarista, padre Pedro Stollenwerk, envió el 18 de agosto de 1876, dicho periódico, junto con una carta personal, a Strossmayer. Stollenwerk había agregado la dirección de su casa: Calle Libertad, Hospital Francés, Buenos Aires. El secretario de Strossmayer, José Wallinger, confirmó la autenticidad de esta carta y de este modo todo el mundo se enteró de la verdad definitiva sobre el panfleto[112].

Las invenciones procedentes de los círculos liberales en el sentido de que se le ofrecían a Strossmayer las ofertas "más brillantes" para que encabeza a los católicos rebeldes, han sido desmentidas en forma categórica por un canónigo de Strossmayer —el padre Vorsak— quien en aquella época vivía en el Capitolio croata de San Jerónimo en Roma[113].

Granderath y Kirch mencionan también la pastoral de Strossmayer, relativa a los Santos Cirilo y Metodio del 4 de febrero de 1881, donde igualmente fue desmascarado dicho panfleto. Reproducimos el fragmento que nos interesa: "Hace unos años, circuló bajo mi nombre un horrendo discurso, que está tan lejos de mí por su forma y contenido, como el lugar de Sud América en que un sacerdote reconoció, arrepentido, que lo había confeccionado y divulgado bajo mi nombre, ofreciéndome. por intermedio de su confesor, cualquier satisfacción que le pidiera. A pesar de que este escrito ostentaba por sí mismo características evidentes e indubitables de su origen apócrifo, causó muchas confusiones entre quienes no sabían que mis discursos fueron guardados en los Archivos del Vaticano y que no son accesibles a cualquiera. A pesar de que las cosas sucedieron así, me resulta grato poder confesar también en esta oportunidad, ante todo el mundo, que preferiría que mi mano derecha se secase o mi lengua quedase paralizada antes que decir o escribir una sola de las proposiciones de ese horrendo discurso que fue divulgado bajo mi nombre"[114].

Un año más tarde, o sea, el 4 de febrero de 1882, Strossmayer repitió casi literalmente dicha declaración en una contestación por escrito dirigida a los obispos ortodoxos que le habían atacado por dicha pastoral sobre los santos hermanos Cirilo y Metodio[115].

Strossmayer no votó la infalibilidad, pero una vez votada, la aceptó

El incidente del discurso apócrifo nos llevó a los lejanos años posteriores al Concilio. Es necesario retornar a él y seguir analizando la actitud de Strossmayer hasta su finalización y aún después.

Al principio de junio de 1870, la mayoría conciliar pidió a la presidencia que concluyera los debates acerca, de la infalibilidad, evitando repeticiones sobre lo ya aclarado. El día 13 de junio el presidente, cardenal De Angelis, leyó la petición que 150 miembros de la mayoría dirigieron a la presidencia, a fin de que se votase por su conclusión. La mayoría de los obispos, se declaró conforme y la presidencia dio por terminadas las discusiones.

Pero el 4 de junio de aquel mismo año los jefes de la oposición, cardenales Schwarzenberg, Mathieu y Rauscher, apoyados por 81 firmas de padres conciliares, protestaron contra esta determinación puesto que, según decían, todos los miembros del Concilio tenían derecho a exponer sus razones acerca de tan importantes cuestiones para la Iglesia y su doctrina. La presidencia del Concilio contestó a Schwarzenberg, en su calidad de primer firmante, que todo cuanto el reglamento del Concilio había previsto estaba ya hecho y que, por esta razón, no se podía tomar en consideración la protesta de la minoría[116].

El horizonte político había ya empeorado en Europa y en Roma por aproximarse la guerra entre Francia y Prusia. Los padres conciliares asignaban suma importancia al hecho de que se realizara la cuarta sesión solemne y proclamara la constitución dogmática acerca de la Iglesia. Esta constitución contenía la definición de la infalibilidad del Papa cuando "ex cathedra", es decir, oficialmente y en su carácter de Pastor y Maestro de todos los fieles y de acuerdo a su soberano poder apostólico, define y determina doctrinas de fe y de moral, reveladas por Dios y obligatorias para la Iglesia entera. A comienzos de julio, gran cantidad de los oradores que se habían preanotado para intervenir renunciaron a pronunciar sus discursos. Entre ellos se contaba también Strossmayer, quien lo comunicó así el 2 de julio de 1870[117]. Dos días más tarde, hicieron lo mismo los demás oradores y la discusión quedó concluida, declarándose oficialmente que esto había sucedido porque los obispos no podían soportar el calor durante cuatro horas diarias en el salón de actos. La presidencia mencionó entre los que habían renunciado a la palabra a Schwarzenberg, Blanchet, Dupanloup y Strossmayer. Por eso la mayoría del Concilio pudo sentirse satisfecha.

El 13 de julio, en la octogésima quinta congregación general se llevó a cabo la votación sobre el proyecto total. Votaron 601 miembros del Concilio: 451 lo hicieron a favor, 88 votaron en contra y 62 en favor, pero a condición de que se tomaran en consideración sus observaciones.

El tiempo corría fatalmente. El 16 de julio se efectuó la congregación general del Concilio. El consejo internacional de la oposición decidió enviar a seis de sus adherentes al Papa Pío IX pidiendo: 19) que se cancelase del Capítulo 39 del proyecto la expresión plenitudo potestatis (plena potestad) y, 2°) que se agregase en el 49, al definir la infalibilidad del Papa, "con el consenso de los obispos". Los delegados de la oposición fueron los franceses (Darboy, Ginoulhiac y Rivet), los alemanes (Ketteler y Scherr) y el húngaro Simor. Estos entregaron la petición al Papa. Ketteler solicitó de rodillas a Pío IX que aceptase ambos puntos porque de este modo posibilitaría la unanimidad en el Concilio para la definición de la infalibilidad. Cómo y qué contestó el Papa, no lo sabemos, pero la petición no fue tomada en consideración. Oficialmente se dijo en el Concilio que el Pontífice había entregado el asunto al Concilio mismo[118].

La relativa moderación de Strossmayer podemos entenderla mejor si tomamos en consideración que Dupanloup solicitó por escrito al Papa que agradeciera a Dios y a los obispos, después de la solemne sesión, que la mayoría abrumadora se hubiese declarado por el privilegio de la Santa Sede, pero que el Papa, haciéndose cargo de los inconvenientes del tiempo estival reinante y pensándolo todo bien ante Dios, decidiera postergar para épocas mejores la definición de la infalibilidad, cuando los espíritus volvieran a calmarse. Dupanloup, con el vigor de su elocuencia, trató de convencer al Papa de las buenas consecuencias que traería semejante decisión, pero Pío IX desechó la solicitud del obispo de Orleans después de haber rechazado las peticiones, mucho más modestas, de la oposición durante el curso de las sesiones del Concilio[119].

Un día antes de la sesión solemne, o sea el 17 de julio de 1870, se reunió la oposición para determinar qué actitud tomarían en aquélla. Hubo varias propuestas: Presenciar el acto y votar contra la definición; y si se les pedía someterse a la decisión de la mayoría, negarse. Algunos preferieron no ir tan lejos y aconsejaron un sometimiento general a las decisiones del Concilio.

Por fin se pusieron de acuerdo y enviaron al Papa una carta común reiterando su disconformidad con la decisión de la mayoría, y anuncian-do al mismo tiempo su partida del Concilio en vísperas de la sesión, para que, en presencia del Papa, no se viesen obligados a votar contra su infalibilidad. La carta fue firmada por 55 padres conciliares, pero no se mencionaba siquiera la idea de que no fuesen a someterse a la decisión mayoritaria. Algunos miembros prominentes de la oposición no la firmaron como, por ejemplo, los cardenales Rauchner, Melchers y Ketteler. En efecto los opositores abandonaron Roma en vísperas de la sesión solemne que el día 18 de julio de 1870 votó la Constitución sobre la Iglesia y el dogma de la infalibilidad del Papa.

Sucedió entonces lo que había anticipado Strosmayer en su discurso del 2 de junio de 1870: De los 535 padres conciliares presentes 533 votaron por la definición, y contra ella solamente dos, sometiéndose luego a la decisón. De esta manera la definición fue votada "unánimamente", cosa que Strossmayer le resultaba tan cara y de tanta importancia. Mientras se celebraba la sesión solemne en la basílica de San Pedro, se desató sobre Roma un temporal con truenos y rayos, que los historiadores del Concilio comparan con el que descendió sobre el Sinai, cuando le fueron entregadas las tablas de piedra a Moisés por Dios. En su breve alocución, Pío IX destacó que la autoridad suprema del obispo de Roma no destruye sino, contrario, protege los derechos de los obispos. Encomendó a Dios la Iglesia y sus representantes, deseando en su oración estrechar contra su pecho paternal a todos sus hermanos de episcopado, porque los ama, estima y quiere ser uno con ellos. Después de un Te Deum solemne y de haber impartido la bendición, todo quedó concluido a las 12.30 horas. Tomando en consideración las condiciones generales del Concilio y del mundo, Pío IX no dio la orden de hacer las salvas correspondientes desde el Castillo de San Angel porque así los truenos y rayos del cielo se parecerían a los del Sinaí en el momento histórico de Moisés y la humanidad[120].

A pesar de que el Estado Pontificio fue liquidado, temporariamente, el 20 de septiembre de 1870, el Concilio Vaticano I marcó una nueva época en la historia de la Iglesia y de la humanidad. Un mes después de la liquidación de aquel Estado, Pío IX aplazó sin término al Concilio, condenó la violencia por la cual el Papa había sido privado de libertad y seguridad, y autorizó a los obispos presentes para que, a causa de tiempos tan difíciles como aquéllos, regresasen a sus respectivas diócesis[121].

El Concilio aplazado así jamás volvió a ser convocado. Juan XXIII y Paulo VI, en el Concilio Vaticano II, han tratado de retomar esta o la otra cuestión dejada pendiente en aquél pero concebidas y dirigidas independientemente del I. Ninguno de estos dos Pontífices quiso proclamar nuevos dogmas ni lanzar nuevos anatemas.

No tenemos todavía una historia crítica del Concilio I. La de Grandehart, especialmente en opinión francesa, resulta parcial e injusta para con la oposición, sin mencionar las de los protestantes y otros por su absoluta parcialidad y no ser fidedignas. En tiempos recientes vienen publicándose notas o apuntes de algunos participantes del Concilio Vaticano I, de donde podemos obtener también algunos detalles relativos a Strossmayer: Los hay desfavorables y favorables, llamándolo incluso "San Bernardo del Concilio Vaticano I".

Strossmayer abandonó Roma el 17 de julio de 1870, es decir, un día antes de la solemne definición de la infalibilidad. El 27 del mismo mes estaba ya en su Djakovo. El Concilio posibilitó la difusión de la gloria oratoria de este prelado por todas las latitudes del mundo, llamándolo alguno primus orator christionitatis (Primer orador de la cristianidad); los croatas le saludaron y felicitaron, uniéndose a ellos algunos otros pueblos eslavos, dentro y fuera de la Doble Monarquía. Uno de los mejores poetas croatas, Pedro Preradović, le dedicó un poema, destacando sus virtudes oratorias y que terminaba: "Gracias a ti, la pequeña y despreciada Croacia, que el mundo casi olvidó, ha vuelto otra vez a ser conocida"[122].

Resultan interesantes los pormenores acerca del comportamiento de Strossmayer y de otros padres opositores después del Concilio. No hubo cismas, como lo esperaban los enemigos de la Iglesia, con excepción del movimiento de "viejos católicos" en la órbita del idioma alemán. Strossmayer fue el último obispo en la Monarquía austro-húngara que publicó las decisiones del Concilio e hizo todo lo necesario de acuerdo con sus deberes de obispo. Döllinger y los "viejos católicos", se esforzaron por atraerlo hacia su movimiento, pero, con excepción de algunas cartas, nada consiguieron de él. En esas epístolas alcanzó a decir, por pura emoción, algunas cosas que carecían de fundamento, pero es sumamente importante que rechazase el pedido de Friedrich para que consagrara como obispo algunos de los sacerdotes excomulgados[123]. De esto es fácil colegir cómo la conciencia de Strossmayer se mantenía despierta cuando se trataba de asuntos de importancia para la Iglesia. Mientras en el Concilio formulaba juicios tajantes, fuera de él y especialmente ante los historiadores del Concilio, dio pruebas de devoción filial y obediencia a la Iglesia y al Papa, siempre que aquéllas se requirieron.

En el curso de 1871, Strossmayer sostuvo correspondencia con Lord Acton, Döllinger y Reinkens, pero sus cartas no contienen elementos de importancia en este sentido. No puede negarse que Strossmayer tuvo la intención de recurrir a las personalidades mencionadas para que mitigasen un poco sus juicios acerca de la Iglesia, el Papa y el magisterio supremo de aquélla. Durante 1872 guardó silencio. Firmó el 26 de diciembre de 1872 su decisión sobre la publicación de los decretos del Concilio[124]. La publicación apareció en los números de vocero oficial Glasnik de la diócesis de Djakovo en el mes de enero[125]. Pasado algún tiempo, Strossmayer fue recibido por el Papa Pío IX en audiencia privada. Sobre ella escribió el 5 de febrero de 1873 a su amigo Francisco Rački, profesor de la universidad y sacerdote, expresándole muy elogiosamente: "Estuve en estos días con el Papa; me ha recibido de una manera muy bella. Lo que dicen los periódicos de la sumisión, es una leyenda. Le voy a contar todo a mi regreso" [126]. Granderath, a su vez, que no mostró compresión ante las ideas y la actitud de Strossmayer, alaba abiertamente su obediencia a la Iglesia y su filial fidelidad al Papa, la sinceridad al publicar los decretos conciliares y toda su actividad de obispo.

Entre los croatas no hubo casos de apostasía después de la definición de la infalibilidad del Papa. Al contrario, podríamos decir que, el amor y afecto de los feligreses crecieron evidentemente hacia la Santa Sede y el Papa. Aquel insignificante movimiento de los "viejocatólicos" que apareció en la Yugoeslavia monárquica después de la primera guerra mundial, no tuvo ninguna conexión, genética o ideológica, con la infalibilidad del Papa o con la actitud de Strossmayer en el Concilio, aún cuando aquéllos trataron de asociar las ideas de Strossmayer, que ya había muerto, con sus insostenibles posiciones.

El mismo año en que publicó los decretos del Concilio, Strossmayer se retiró de la vida política, (croata) activa, donde hasta esa fecha había desempeñado un papel visible. Para la política, le faltó una contención serena, pues era un hombre emotivo, lo que se reflejó mal sobre su apreciación de las condiciones y sobre las decisiones a tomar. De él anotó su gran devoto E. de Laveleye: "Dice exactamente lo que piensa, sin omitir nada, sin consideraciones diplomáticas, con el entusiasmo de un mozo, y sagazmente como un genio"[127]. Los discursos de Strossmayer le aseguraron la celebridad en el mundo, y por ello ese obispo excepcional se liberó en breve de las contiendas políticas: tenía en aquel momento 58 años y le esperaba todavía un largo oficio episcopal lleno de éxitos, es decir, hasta el 8 de abril de 1905, en que el obispo de Djakovo cambió la mortalidad por la inmortalidad. Si los poderosos de este mundo hubieran valorado la actitud y el carácter de Strossmayer, en sus auténticas medidas, es verisímil que hubiera sido nombrado arzobispo de Zagreb y a la dignidad cardenalicia. Pero su conciencia permaneció siendo en él su permanente y más fiel consejero; lo mismo ante el emperador que ante el Papa dijo siempre lo que consideraba la verdad y lo justo, y por ello fue solamente el obispo de Djakovo. Se dedicó completamente desde ese momento al progreso religioso y cultural del pueblo de su diócesis de acuerdo al lema que hizo grabar en el frontis de su magnífica catedral, consagrada el 19 de noviembre de 1882 a San Pedro, primer Papa: "A la gloria de Dios, la unidad de las Iglesias, y la concordia y el amor de mi pueblo".

No todo fue perfección en la vida y la obra episcopal de Strossmayer, pero su actividad obedeció siempre a grandes ideas, a realizaciones audaces y a una serie de éxitos, por los cuales Strossmayer se convirtió, de algún modo, en "padre espiritual de la Patria" para los croatas. Y en la Iglesia y el mundo cultural le aseguraron un recuerdo venerable y permanente. Sus ideas ecuménicas databan de años en que Juan XXIII todavía no había nacido, y continuarán vivas y dinámicas cuando ninguno de nosotros se encuentre entre los vivos. Sin ecumenismo no es posible la interpretación ni la comprensión de la vida y la obra de Strossmayer. Pero no fue víctima de las fantasías sin fundamento: Solía decir a sus amigos, en primer término al canónigo Franjo Rački (1828-1894), precursor de la ciencia histórica croata, que la unión eclesiástica de los eslavos separados podría producirse hacia el fin del siglo XX. Si era un optimista o un pesimista en este su entusiasmo profético, es difícil todavía asegurarlo. Pero sin su ecumenismo no podríamos entender la actitud de Strossmayer en el Concilio, ni su mecenazgo, ni sus preocupaciones en el campo de la instrucción entre los croatas y los eslavos en general ni, incluso, su desempeño de obispo. Empero, el tiempo es el juez más justo para con las ideas y las actitudes de todos. En nuestra época los maestros más serios de la Iglesia, los precursores de las ciencias eclesiásticas lamentan sinceramente que el Concilio Vaticano I no hubiera podido cumplir más que con una parte de sus tareas. Por ello, fue definida la infalibilidad del Papa en una forma incompleta; no hubo tiempo suficiente para aclarar, de acuerdo a las ideas y propuestas de Strossmayer, el papel y la importancia de los apóstoles y los obispos. Muchas ideas de los no oportunistas, entre los cuales Strossmayer era uno de los más fervientes, resultan hoy muy oportunas y útiles para que la ciencia eclesiástica no se desarrolle unilateralmente[128].

Strossmayer era amigo del Papa Pío IX y, especialmente, de León XIII; los visitaba, pedía sus consejos, les presentaba sus propuestas, conducía a las peregrinaciones croatas y eslavas.

Todo cuanto llevamos dicho puede servir solamente como introducción al estudio de los discursos de Strossmayer en el Concilio Vaticano I. Su ecumenismo y la labor desarrollada por la unidad de las iglesias es un maravilloso ejemplo, digno de imitación todavía hoy y lo será después que la Iglesia se adentre profundamente en el tercer milenio de su existencia.

Roma, 1969.

 


"PRAXIS", LA BUROCRACIA SOCIALISTA Y LA ALIENACION

OBSERVATOR – Hrvoje Lorković

EN 1960 estuve en una reunión cuyos protagonistas eran los actuales redactores (el autor se refiere al año 1966) de Praxis (revista de los intelectuales comunistas, editada en Zagreb — N. de la R.). Mi comentario sobre sus exposiciones fue: "¡Es un revisionismo puro!" Engels y la Dialéctica de la naturaleza, el origen de la familia, etc., luego la interpretación de Marx que hoy sostiene sólo Edgard Hoover y sus acólitos, una interpretación que distaba mucho del marxismo tal cual nos lo enseñaban en 1947-48 los profesores de filosofía con el deseo (y el encargo) de asombrar a los pequeños burgueses que acaso todavía tenían tendencias religiosas e idealistas; mencionar, digo, ese marxismo en 1960 equivalía a cometer un faux pas. ¿Engels? ¡Bah!... ¿Marx? Si, pero el Marx joven, descubridor de la alienación y quien la combatió, el Marx humanista.

Empero, el progreso desde 1960 hasta Praxis es enorme. La diferencia principal reside en la actividad hacia el revisionismo que ya no es un tabú; por el contrario, ser revisionista constituye hoy la virtud más grande del pensador, e incluso es su deber ser revisionista, y así debe ser, si la práctica humana es un cambio incesante ("y así será" — Grlič). La revisión es ahora "el imperativo del momento histórico para salvar la esencia humanista del marxismo".

Aquí empezó el alud, determinado y facilitado por el mismo carácter del marxismo, y eso se debe al carácter de Marx. Marx percibió que la dialéctica era la espada de doble filo, susceptible de divinizar a la vez la monarquía prusiana e incitar la rebeldía romántica de los estudiantes de Jena.

El alud lo borra todo —la práctica y la teoría—. En lo teórico, G. Petrovic sustenta que el trío dialéctico: el capitalismo —la dictadura del proletariado— la sociedad comunista, no es sino una burda tergiversación. A su juicio la dictadura del proletariado como forma permanente del Estado socialista es un falsificado y contradictio in adjecto. La fase transitoria es el comunismo, y su adjetivo-el socialismo, que, realizado una vez, no justifica más que ese nombre y debe ser sustituido por el humanismo..

De ese modo se niega y descarta el nombre que, pese a todo, está vinculado a desagradables asociaciones de la destrucción de todos los valores humanos y de un terror implacable. Asimismo el "materialismo" se menciona únicamente en relación con el materialismo "vulgar", siendo eliminado sobre la misma base.

El contenido ideológico ya previamente fue reducido al "humanismo". Ahora viene el colmo : se sostiene que la práctica socialista es una mistificación, un engaño, abuso de una gran idea, de las aspiraciones sociales más hondas y nobles del hombre.

Indignado moralmente, el filósofo se enfrenta aqui con el tirano, lo que necesariamente debió suceder. Desprecia la idea de una lucha vil por el poder, se pone por encima de ella (por supuesto, porque técnica-mente no puede aproximársele), se permite fustigar al descarado carrierismo, a la cobardía intelectual, etc., según la tradición de los intelectos libres. Pero, fue más lejos: la crítica y la indignación moral lo llevaron al voluntarismo idealista, tan ajeno, en sustancia, al determinismo marxista.

Muchos colaboradores de Praxis advierten que el ciudadano socialista no debe esperar la venida de otro mejor mundo comunista tal como algunos cristianos esperan la venida del reino celestial. Pese a la invalidez de semejantes perspectivas escatológicas, Rudi Supek trata de persuadimos de que el stalinismo no es, o por lo menos no debe considerarse tal, o "la necesidad histórica", sino como una "forma de abuso de las objetivas posibilidades históricas". Con qué metodología marxista se puede justificar la alternativa "o la necesidad histórica o el abuso", Supek no lo dice. La oposición necesidad-abuso demuestra que Supek no concibe el abuso como "un abuso necesario", como algo inevitable, como lo es todo lo histórico en el marxismo clásico. El concepto del abuso presupone aquí la voluntad tal como la concibe el voluntarismo. Cuando es preciso impresionar al mundo con la idea de que la subida de los comunistas al poder y la realización de la sociedad sin clases, la abolición de la propiedad privada, etc., es algo inminente, ineludible e indispensable, entonces es bueno el viejo marxismo que afirma que el comunismo es la necesidad histórica como lo eran todas las épocas pretéritas. Cuando, en cambio, el comunismo no se concretiza, no es la necesidad histórica culpable, tal como la concebían los comunistas; aquí debe terciar una culpa individual, un error personal, Ia libre voluntad de alguien que opta por el "abuso" de la oportunidad histórica que "objetivamente" todavía tiende al comunismo. De esa forma se descarta la lógica dialéctico-materialista y se adopta, con gran indignación moral, la lógica idealista, voluntarista.

Nuestro "escatón", el reino del comunismo en la tierra, se salva así (claro, en apariencia) de la vergüenza de ser desenmascarado como una fantasía subjetiva. Queda en pie la necesidad de un ideal luminoso, sólo hay hombres malos como Stalin, quienes, por un capricho malicioso, en el último momento nos engañan y no permiten que disfrutemos del paraíso comunista. Así la voluntad de Stalin resulta más fuerte que la necesidad histórica de Marx.

Pero nos enseñaron el marxismo y no nos cuesta percibir cómo y por qué varios stalinismos son una secuela indispensable de las revoluciones socialistas. Trataré aquí de dar un breve esbozo del desarrollo del stalinismo y el burocratismo.

Es un hecho que los pueblos pasan por la era de la civilización industrial en distintos niveles del desarrollo. El capitalismo, agente del desarrollo, es penetrante, los medios de comunicación son perfeccionados: las noticias sobre el bienestar en los países industriales con facilidad trascienden en los países atrasados. Los intelectuales descontentos se convierten aquí en opositores al poder conservador, reaccionario y corrompido. Esos intelectuales antes que otros experimentan el sentimiento de la inferioridad nacional. Pero saben que una acción sobre la línea nacional en un pueblo, cuyo presente nacional dista de ser brillante, no resulta persuasiva. Además, en tales condiciones, hay siempre numerosos grupos que mediante la afirmación nacional tratan de resistir las influencias colonizadoras de sus fuertes vecinos, y esos elementos suelen ler conservadores y adversarios de la industrialización.

Por ello resulta más eficaz disfrazar con tintes sociales el movimiento que persigue el renacimiento nacional, ya que se sugiere que no existe la inferioridad nacional, que en el fondo todos son igualmente capaces, y, por tanto, las diferencias se deben a los mejores o peores sistemas sociales. El marxismo halla un terreno muy propicio; se dirige al proletariado como "base" de la sociedad, igual en todos los pueblos. Llamándose proletario, un miembro de un pueblo atrasado puede identificarse e igualarse con el proletariado de los pueblos adelantados; se convierte en miembro de una supranación imaginaria que pretende ser la portadora del progreso de la civilización.

Más aún. Manteniendo la fe en el progreso, identificado con el progreso técnico (tan inalcanzable) y el "nivel de vida" del hombre civilizado en el nivel industrial, el socialista de un pueblo atrasado, careciendo de objetivos concretos, realizables en forma metódica y gradual, y por ello neuróticamente ambicioso, se plantea objetivos inalcanzables. Es propenso a creer incluso en su mesianismo: de él y no de los ricos, de-pende el futuro de la humanidad. Ese futuro es nada menos que una permanente dicha y bienestar para todos.

El socialismo empieza ahora a organizarse y luchar por el poder. Los intelectuales dan siempre ideas simplistas por no pertenecer a la clase que quieren redimir. No es proletario, pero en sus complejos gusta convertirse en un proletario. Al romper con su clase, salió con gran ventaja moral. Dedica todas sus fuerzas a la conquista del poder, que puede alcanzarse sometiéndose a la disciplina más rigurosa. Quien lucha así por el poder, a la postre gana.

Cuando, en una u otra circunstancia, se conquista el poder —lo que suele ocurrir en profundas crisis del orgullo nacional, muchas veces a consecuencia de la guerra perdida—, cada factor consignado da sus frutos. La ineptitud económica de los nuevos dirigentes se manifiesta de inmediato. Educados y orientados por sentimientos e ideología simplistas, se ven perdidos en la nueva situación. Pero la experiencia adquirida en la lucha les dice que el éxito no es inmediato, que hay que seguir luchando con paciencia. Pero, mientras la constancia rinde en la conquista del poder, no puede transformar las absurdas medidas económicas en racionales. Los socialistas, habituados a sacar gran fuerza moral de Ias creencias forzadas en los grandes objetivos del futuro, prosiguen con la misma tradición mental. Por más que esos objetivos sean megalómanos, ahora equivalentes a los ideales religiosos, se empeñan tercamente por alcanzarlos.

Pero la mayoría del pueblo no acepta los motivos que infundían el valor a la "élite" durante la lucha. Por ello, la socialización puede realizarse únicamente recurriendo a la fuerza. Los comunistas tienen motivo ahora de considerar que la lucha dista mucho de concluir. Ocupan el poder, que es de una minoría que se mantiene con máximos esfuerzos. Se sienten amenazados igual que sus grandes fines. Todo debe ser asegurado en forma organizada. En primer lugar, la propiedad pública de los ataques de los instintos de la propiedad privada, considerados ahora como residuos del pasado, y que en realidad son una manifestación de la tendencia innata e irreprimible de poseer, instinto afin al de la conservación. En la medida en que se evidencia que la economía socialista es incapaz de satisfacer las necesidades del hombre, crecen los impulsos egoístas. Se crean así organismos de control que ocupan a mayor número de agentes. Pero hay que controlar a esos mismos organismos: el número de los luchadores idealistas es demasiado exiguo para ejercer el control. En la desconfianza general, la gente se ocupa más de controlar, husmear y delatar que trabajar en forma constructiva. El aparato burocrático de control es el resultado de la desconfianza, y a su vez origina desconfianza. Mas el aparato burocrático no puede crecer sin mesura, el número de los puestos privilegiados es limitado. Quienes no lograron ocupar tales cargos, se decepcionan; todos los caminos les están cerrados. Se vuelven pasivos, saboteadores, "alienados" de sí mismos y de cuantos los rodean.

Además, las consecuencias del socialismo resultan nocivas —como todo trastorno de la organización—, creada más o menos en una forma natural y gradual. La gente desacostumbrada a trabajar y quienes atribuyen su posición social a la injusta distribución de bienes, no se vuelven al instante capaces e inclinados al trabajo. Otros, activos y adaptables, perdieron de pronto el terreno bajo sus pies: la expansión económica normal mediante la actividad y ganancia les queda vedada. Ahora buscan nuevo ámbito para su afirmación: participar en la dirección. Se burocratizan de esa manera. Algunos muy pronto aprenden las reglas del nuevo juego: una ciega adhesión a la idea, uso de vocabulario fetichista, intrigas y eliminación de los rivales so pretextos ideológicas. No crearon la disciplina partidaria, pero saben que es la condición indispensable de su carrera; la aceptan y en su nombre cometen varios "abusos" que mencionan los filósofos, volviéndose con frecuencia víctimas de esos abusos de poder. Nunca intentaron siquiera comprender la esencia y el contenido de la ideología en cuyo nombre actúan. Para ellos la ideologia a priori es un medio de su carrera. En algunos se manifiestan los instintos insitos de poseer bienes, se convierten en criminales económicos. Otros, incapaces de cometer malversaciones, desfalcos y estafas, aspiran al prestigio social. Esas ambiciones invaden incluso a las clases más humildes de la burocracia. Esa gente es muy sensible a los elogios y las críticas oficiales. Su papel social, artificial y en el fondo a menudo innecesario, les parece el eje del poder. Les gusta ser elegidos en varios comités, comisiones, discuten interminablemente sobre cuestiones baladíes. La ineficacia de la burocracia socialista está en relación directa con la orientación innatural de las energías y ambiciones, que quedan al hombre en un régimen comunista. Nadie es totalmente responsable, ni culpable de las malversaciones y errores que comete: simplemente siguen el único camino que les queda en determinadas condiciones sociales.

En determinadas condiciones sociales e ideológicas la génesis de la burocracia, por consiguiente, es un proceso necesario que depende 1) de los dirigentes neuróticos, desmesuradamente ambiciosos, del movimiento; 2) de su organización disciplinada, acaso, mejor dicho, fascista; 3) de la represión del instinto innato de poseer la propiedad privada, y 4) de la desconfianza que origina esta aspiración. Cuando, pues, Mihailo Markovic, extrañado, comprueba que "para suprimir la explotación no basta abolir la propiedad privada de los medios de producción", cabe contestarle: la abolición de la propiedad privada no suprime sino genera la explotación que practica la burocracia socialista.

Casi podríamos decir: lo que es la expansión en el campo económico en el capitalismo, en el comunismo equivale a la expansión de la burocracia. Por cierto que ese proceso se ve favorecido en los países subdesarrollados donde el contraste campo-ciudad es mayor y donde el "cuello blanco" constituye el ideal que se remonta a la época precomunista. Mas el comunismo no merma sino robustece esas tendencias. Lo percibe incluso Supek, quien en su voluntarismo científico, "sociológico", encontró aquí también al culpable. De la burocratización de los ex campesinos no es responsable la revolución sino los mismos campesinos; ellos, siendo aliados transitorios en la revolución, al vencer ésta, deberían ser descartados; el error radica en no haberlo hecho a tiempo.

Es un cinismo más que cruel. Cuando en Yugoeslavia, hace unos veinte años, empezó la campaña de la industrialización y se fomentó la inmigración de los campesinos a la ciudad, acompañada de onerosos impuestos y represión de la propiedad privada, Supek no protestó. Hoy, cuando esa inmigración da frutos tremendos, proclama la necesidad de hacer regresar a sus remotas aldeas a esos desgraciados, que entretanto perdieron una clara orientación y la razón de ser. Quién les devolverá el amor y apego comprometido y perdido a sus hogares campesinos, la sensación de seguridad, quién les librará de ambiciones enfermizas, nadie lo pregunta.

En la idea de la culpabilidad del campesino, como aliado accidental en la revolución, que luego la traiciona para burocratizarse, hay un elemento más: entre esos campesinos se comprende ahora también a la masa de los combatientes, elevados por la revolución a altos cargos, y que ahora tanto la comprometen e hipotecan el erario estatal. Si tomamos en cuenta la composición nacional de ese elemento "campesino", veremos que el problema que se plantea al comunismo con esos "ex aliados" y las fuerzas políticas de esos "burócratas" no derivan sólo de su origen campesino, sino más bien del hecho de pertenecer la mayor parte a la nación privilegiada. Sin una clara distinción entre el campesino que en busca de pan se traslada a la ciudad y el "campesino" que llega a la ciudad para ocupar un cargo directivo, no hay que discutir mucho. Aunque ambos tipos merecen ser calificados "burocratizados", su contenido socio político es totalmente diferente.

Se plantea el interrogante, ¿cómo los críticos nucleados en Praxis diagnosticaron los cuatro factores consignados y qué es lo que proponen para cambiar tal estado de cosas?

Empezaré por el más importante, por el tercer factor. En ningún lado lo encontramos bien detallado y parece que no se tiene una noción clara al respecto. El mito del comunismo es todavía muy atrayente para que los filósofos, aunque en forma comuflada, intenten atacarlo. Ellos por cierto, señalan el fracaso del intento de edificar un socialismo humanista, pero no subrayan el ingrediente económico básico de dicho fracaso; sentimentalmente se quejan de que prevalecieron los criterios y preocupaciones económicas, la hipertrofia de los intereses materiales. ¿Es eso el resultado del marxismo propagado que ahora quieren olvidar? En otros términos, ¿abandona el hombre en nuestro socialismo los valores espirituales porque Marx le dijo que no eran esenciales y se muere de hambre para poder comprar el coche porque Engels opina que el progreso material es esencial? A uno le parece a veces que algunos filósofos en Yugoeslavia, en sus impulsos voluntaristas, propenden a repudiar el materialismo porque deshumaniza. En cambio, su diagnóstico y terapia están puestas al revés: el hombre se deshumaniza no a causa de la filosofía sino por ansiar los bienes materiales que ve pero no puede alcanzar. La deshumanización y la alienación son productos de los fracasos económicos, los que a su vez se deben a los desequilibrados métodos económicos comunistas. El motivo de que esa cognición sea imprecisa estriba acaso en que la socialización del capitalismo occidental fue tan lejos que las ven-tajes de la socialización son indiscutibles. Pero hay diferencia cuando el capitalismo y la socialización estatal son dirigidos por hombres competentes en plena marcha del progreso natural, o cuando los dirigen tipos neuróticos, quiméricos, de los países semiatrasados que conocen sólo el "salto" al Eldorado.

La mayoría de los escritores, integrantes de la "Escuela de Korčula", cuyos trabajos son publicados en la revista Praxis, sostienen que la afirmación y el afianzamiento de la autogestión solucionará los problemas actuales[129].

Otro grupo ve la salvación en la automatización. Mas ésta no llueve del cielo. Además, según dice Mallet, para que la automatización rinda, es preciso asegurar un mercado extraordinariamente estable. ¿Dónde está éste en el conglomerado yugoeslavo?

Ya destaqué que nuestros intelectuales pasaron precipitada e instintivamente de las posiciones de la ancillae politicae a la rebeldía romántica contra la ideologización fosilizada, contra los "vulgares" criterios materiales en la valorización (de la que hacen responsable a la "burocracia"), contra la glorificación de la masa y en favor del renacimiento de la persona (en plena campaña contra el culto de la personalidad), es decir en favor de la construcción de la sociedad, en la que los ideales marxistas de una persona, rica en todo sentido, se realizaría en todos los hombres. El nuevo grupo de intelectuales, todavía "utópico (según Pejovic) que relativiza las nociones de la "izquierda" y la "derecha" y que nuevamente comprendió que la función de los intelectuales (y su única posibilidad de compromiso) es el no-conformismo, que sigue tan conformista que halla un asidero para relativizar muchos dogmas en el marco del mismo marxismo.

El cordón umbilical con Marx se mantiene a través de su concepción de la alienación. Esa concepción varía en los autores yugoeslavos; una vez es idéntica a la distribución del trabajo, otras veces es la falta y la incapacidad de amor auténtico a los hombres, a la auténtica comunidad. Pero, aunque ciertos autores se manifiestan a favor del estudio psicológico de la persona en las condiciones socialistas de la vida, no se adopta la tesis de que la alienación es una noción psicológica y no antropológica u ontológica. Esa acribia académica resulta interesante. Creo que vale la pena analizar los factores que originan la resistencia a los aspectos psicológicos de la alienación.

En todo caso, trátase de un residuo de la desconfianza marxista respecto a todo lo "espiritual". Admitir que la alienación es una noción psicológica parece provocar en algunos filósofos la idea de que la alienación no se elimina con la socialización sino con los "ejercicios espirituales", con el renacimiento interno, con la introversión. Ese temor se ve robustecido por el hecho de que ni en Marx y en ninguno de sus adeptos se encuentra la elaboración del mecanismo con el cual la revolución económico-social elimine la alienación. La práctica, empero, enseña que en el comunismo, tal cual lo vivimos, la alienación no está desapareciendo y si merma transitoriamente se debe generalmente a los estímulos nacionalistas.

La razón más importante de eludir la psicología es que la alienación por su contenido se acerca más a las nociones con que opera el psicoanálisis y sus muchas disciplinas. Ante esa afinidad cierran los ojos tanto los filósofos clásicos marxistas oficiales quienes, según Markovic, tienden al enfoque voluntarista del futuro y de los objetivos socialistas, como sus adversarios, el grupo integrante de Praxis. A ambos les molesta lo sub-consciente (a algunos también el cientificismo) . Uno no siempre sabe qué quieren en realidad, y si lo sabe, no puede explicarse el porqué, no puede siempre prever su conducta, no es dueño de sí mismo. Esas ideas son inaceptables para un comunista "consciente", quien no conoce límite a su poder, y también para un voluntarista, quien encuentra culpables de los "abusos históricos". El psicoanálisis no conoce culpables ni justos, conoce el determinismo psíquico, la necesidad interior y trata de reconstruir las causas de la conducta humana cuando disiente con la racionalidad. Si bien todos están contestes en que la práctica socialista está repleta de absurdas irracionalidades, el psicoanálisis en Yugoeslavia está todavía en desgracia. Una rehabilitación seria de sus distintas formas es mucho más necesaria que la crítica incompetente de las interpretaciones "psicológicas" de la noción de la alienación como la de Tucker (criticada por G. Petrović). Si supieran algo más sobre esa materia, les sería evidente que los métodos y los objetivos psicoanalíticos, psicológicos individuales de la terapia (en el fondo sociales) difícilmente pueden calificarse con términos como "la revolución moral" como, al parecer, lo quiere Tucker. Nada tenemos en contra de la revolución moral, pero cabe identificarla con la psicoterapia..

El aspecto de la alienación en la neurosis nos permite percibir que el manipuleo de los filósofos con la noción de la alienación es a menudo superficial. La multivalencia y la complejidad de la alienación, de su concepto y sus formas, la relatividad del criterio con que se juzga si un individuo, un grupo, o una porción de la población está alienado, la ingenuidad y el esquematismo de la noción del "hombre integral", del "hombre completo", "repleto del desarrollo de las potencias creadoras humanas", no permite hablar de la alienación y desalienación como procesos concretos, lo que sugiere el modo de nuestros filósofos. Tal proceder con el término de la alienación implica un síntoma de una alienación peculiar.

Otra cosa es cuando se concentra la atención sobre un limitado campo de la actividad humana y cuando se analizan los procesos desde la perspectiva de la alienación. Marković lo hizo para el terreno de la actividad política en el socialismo. Sus análisis demuestran a las claras que es adecuada la aplicación de la noción de la alienación en ese campo. Para extender esa perspectiva a las condiciones específicas yugoeslavas, sería necesario distinguir la alienación pasiva de la activa. La alienación pasiva sería cuando el hombre desiste de la actividad política, incluso de la opinión política, pues el único modo que se ajustaría a sus nociones, criterios e ideales de la vida política está imposibilitado, proscripto, reprimido, desaparecido. Las normas morales personales, la tradición familiar, la pertenencia a una clase social, a una religión y una nación, todos esos momentos contrastan netamente con la forma y el carácter de la actividad política, la única posible. Pero una persona normal, psíquicamente equilibrada, positiva y constructiva, que necesita en cierta medida ocuparte de la actividad política, no puede contentarse con tomar nota de tal estado de cosas. Para defenderse de autoacusación por la pasividad política, la cobardía e indecisión, se está creando una ideología de apolíticos y antipolíticos. La experiencia diaria les enseña que la actividad política es un coto reservado para tipos primitivos, agresivos, sin escrúpulos, sin cultura y entendimiento. En tal situación uno gusta parafrasear la máxima goetheana sobre la modestia como virtud, aplicándida ocuparse de la actividad política, no puede contentarse con tomar [...] ción de los incapaces. Bajo esa capa tenue del desprecio altivo de todo lo político se oculta, en efecto, un abismo del sentimiento de inferioridad política que se manifiesta en interpretaciones deformadas y desacertadas del acontecer políttico. Cuántas veces hemos oído que el conflicto Tito-Stalin, o el más reciente de Khruschev-Mao es mera apariencia, un disfraz que encubre una premeditada y astuta conjura. La subestimación de la política y de los políticos se tornó aquí al revés, atribuyendo a ciertos políticos poderes casi sobrehumanos.

La negación, de principista de la política no se circunscribe, por cierto, al plan teórico. Se refleja en la práctica diaria del hombre no político. Imponiéndose una total abstinencia política, el hombre renuncia a las reacciones espontáneas más elementales en las que su seguridad política no corre peligro. Sus inhibiciones cobran tal ímpetu que está expuesto a los ataques neuróticos "de los espasmos de la personalidad", tan pronto se le presente la oportunidad de definirse. Entonces suele ocurrir que deja pasar la ocasión cuando el mínimo compromiso político podría surtir notables efectos.

En el caso extremo no se saca provecho alguno de la abstinencia política. En lugar de facilitarle una relación sincera y libre con su familia, sus amigos, eon la sociedad, su libertad se vuelve víctima de la inhibición general. Así la pasividad general, la pérdida de los ideales, todos esos ingredientes, tan recalcados, de la alienación. en el socialismo dependen en gran medida de la alienación política.

En la alienación política activa, en nuestras condiciones, el punto de ruptura lo constituye el ingreso al Partido comunista. Le preceden dilemas y vacilaciones. La alienación es tanto peor en cuanto el sacrificio es muy grande en relación con el premio. Ahora se manifiesta como agresividad, crueldad y poder destructivo hacia sí mismo y hacia los demás. Es natural que el socialismo, trayendo consigo una nueva ola de alienación de alcances nunca vistos, obra no como instrumento de acercamiento entre los pueblos de Yugoeslavia sino como un factor que acentúa la discriminación entre ellos. Aunque no existieran antagonismos históricos e inamistad secular entre los pueblos del conglomerado yugoeslavo, la carga de la alienación, impuesta por el comunismo; junto con las disposiciones vigentes, bastaría para separarlos en forma definitiva.

La alienación política en Yugoeslavia y sus formas específicas en Croacia y otras naciones constituyen un tema muy importante al que Praxis debería dedicar por lo menos tanta atención cuanta dedican los dirigentes burocráticos al "fenómeno" del nacionalismo. Esperamos que sus colaboradores y redactores nos digan algo sobre el particular.

(Traducido de la "Revista Croata" (Hrvatska Revija) Nro. 24, Año XVI, 1966.)

 


EL CENTENARIO DEL COMPROMISO HUNGARO-CROATA (1868-1968)

MILAN BLAŽEKOVIĆ

"Dado que los reinos de Croacia y Eslavonia, a través de siglos pertenecían, de facto o de jure, a las tierras (Leander) de la Corona de San Esteban y considerando que la Sanción Pragmática estableció la indivisibilidad de las mismas, por tanto, partiendo de estas bases, el Reino de Hungría, unido con Transilvania, por una parte, y los Reinos de Croacia y Eslavonia, por la otra, con el fin de arreglar los problemas jurídico-estatales surgidos (en el curso de tiempo), conciertan el siguiente Compromiso".

 

(Preámbulo del Compromiso croata-húngaro de 1868),

EN NOVIEMBRE de 1968 se cumplió el primer centenario de la concertación y sanción del Compromiso húngaro-croata, o mejor dicho, de un convenio internacional, por el cual se estableció jurídicamente la posición de Croacia en Austria-Hungría, convertidas en 1867 en la Monarquía danubiana o Doble monarquía.

En razón de haberse disuelto la comunidad estatal húngaro-croata hace ya 50 años, o sea en 1918, y por el hecho de que el Compromiso húngaro-croata debía constituir la solución definitiva de las relaciones jurídico-estatales entre Croacia y Hungría que se remontan al 1102, huelga dar en esta disertación la preferencia a su carácter histórico y jurídico.

El Compromiso no había satisfecho los deseos del pueblo croata, aún cuando Croacia conservó en las disposiciones de aquél las bases esenciales de su antigua independencia. La aplicación del Compromiso posibilitó el menoscabo y la mutilación de la autonomía croata, causa principal —fuera de otras de índole internacional—, que condujo al cese de las relaciones estatales de Croacia con Hungría y Austria en 1918. Un análisis expositivo del Compromiso y de su funcionamiento en la época en que se despertó la conciencia nacional de las numerosas nacionalidades de la Monarquía resulta muy instructivo. De un modo especial para el presente y el futuro de Croacia.

El Compromiso y su funcionamiento ponen en evidencia el porqué de que los croatas no puedan aceptar un tipo unitario de Estado dentro de la comunidad con otros pueblos, como era el caso del Reino de Yugoeslavia (1918-1941), ni tampoco un tipo de comunidad estatal de carácter presuntamente federal, como ocurre en la República. Socialista Federal de Yugoeslavia desde 1945 hasta la fecha. Tanto en la Yugoeslavia monárquica y comunista, como en la comunidad jurídico-estatal húngaro-croata, según el Compromiso, el poder central del Estado se hallaba, y se halla, fuera de Croacia y bajo el control de otro pueblo que, a pesar de todas las garantías (promesas) de igualdad, no deja de ejercer un tipo de hegemonía sobre Croacia y atentar contra sus derechos nacionales tradicionales. Esta circunstancia aclara asimismo la razón por la cual la mayoría del pueblo croata aceptó la creación de Banovina Hrvatska en vísperas de la segunda guerra mundial (26/8/1939 - 10/4/1941) sólo como una solución transitoria del conflicto croata-servio y por qué la mayoría abruma-dora de los croatas aceptó y defendió con entusiasmo su Estado Independiente (1941-1945) a pesar de todos los inconvenientes externos e internos de la última guerra mundial.

De los antecedentes históricos del Compromiso surgirá, además, la contestación a la pregunta del por qué los croatas escriben y hablan del Estado croata desde 1102, en que Croacia entró en la unión personal (rey común) con Hungría, hasta 1918, cuando abolió todas las relaciones político-estatales y jurídicas con Austria-Hungría, a pesar de que la generalidad de les mapamundi y de los escritores extranjeros y sus obras de historia universal señalan a Croacia, o mejor dicho, al reino de Croacia, Eslavonia y Dalmacia como entes geográficos con cierta autonomía local dentro de las formaciones estatales o imperios más grandes, es decir, como sus provincias. Sobre esta cuestión versan las obras extranjeras así como también las nacionales de carácter jurídico, dedicando especialmente su atención al status jurídico de Croacia después del Compromiso, con opiniones muy variadas.

Para interpretar el Compromiso, sus conceptos y disposiciones se hace forzoso exponer y explicar las relaciones croata-húngaras en el momento en que eran dos Estados separados (1102-1526) y más tarde, sus relaciones bajo los reyes comunes de la dinastía de los Habsburgo. Estas relaciones deben tenerse presentes especialmente en relación con los siguientes conceptos y expresiones: "La corona de San Esteban", "la corona húngara", "Ias tierras de la corona de San Esteban", "uno e idéntico acto de la coronación", "el diploma inaugural común", "la sanción pragmática", "la indivisibilidad de las tierras de la corona de San Esteban", etcétera.

I

LA COMUNIDAD ESTATAL HUNGARO-CROATA DESDE 1102 HASTA 1868

Esa época de las relaciones húngaro-croatas puede dividirse en tres períodos principales: a) las relaciones hasta la elección del primer Habsburgo como rey común (1102-1526); b) las relaciones bajo el poder dinástico de los Habsburgo hasta 1848, y c) el cese de las relaciones con Hungría y la firma del Compromiso de 1868.

a) Las relaciones húngaro-croatas hasta la elección de Fernando de Habsburgo como rey croata y rey húngaro en 1526/27.

La historia croata y las primeras formaciones estatales desde la llegada del pueblo croata a su patria actual en los comienzos del siglo VII, hasta 1102, se desarrollan a la sombra del conflicto franco-bizantino, integrándose en las zonas de sus respectivas influencias, la Croacia panónica (influencia franca) y la Croacia dálmata (influencia bizantina). Esta última bajo el duque Branislav (879=892) como primer dux Croatorum independiente. Desde 925, cuando fue coronado el rey croata Tomislav con la corona enviada por el Papa Juan X, Croacia lleva el título diplomático Regnum Croatiae et Dalmatiae, subsistente hasta la pro-proclamación de la llamada "Constitución de Vidovdan" de 1920 al ser absorbida por Yugoeslavia; primero por monárquia y luego por la comunista. Durante la dinastía nacional, Croacia era un Estado unitario. con cierta dependencia de Bizancio como titular del universalismo politico de aquel tiempo, hasta el rey Krešimir IV (1058-1074), quien rompió las relaciones con Bizancio, se acercó al Papado y extendió les con-fines de su Estado hasta límite que no alcanzaría en el siglo XX (el Estado Independiente de Croacia 1941-1945). El acercamiento del rey Kresimiro al Papado y su lucha por las ciudades dálmatas romanizadas (Thema Dalmacia) con miras a apoderarse por intermedio de aquéllas de toda la Dalmacia provocó, la discordia entre los croatas respecto del idioma empleado en la liturgia. La víctima de esta discordia sera más tarde rey Zvonimiro Demetrio (1076-1089), cuñado del monarca húngaro Ladislao. Cuando quiso enviar el ejército contra los turcos selyukidas a pedido del Papa, sus adversarios —según prof F. Sisic— lo asesinaron[130]. Para proteger los derechos de su hermana, Ladislao ocupó la Croacia panónica, mientras Bizancio aseguró su posesión en yDalmacia. Al cabo de varios años de guerras entre los croatas y los húngaros, especialmente bajo el rey Pedro II (1091-1097), último de sangre nacional, los croatas firmaron en 1102 con el rey húngaro Koloman, sucesor de Ladislao el convenio denominado Pacta Conventa. Luego, Koloman fue coronado en la ciudad de Biograd como soberano croata dálmata y sucesor de Zvonimiro. En esta oportunidad, el rey Koloman garantizó bajo juramento al reino de Croacia todos sus derechos y la Constitución. Hungría y Croacia tendrían en el futuro un rey común, pero quedando subsistentes dos reinos independientes, lo que se evidenciaría especialmente por el hecho de una coronación doble y por separado, así como por el juramento a la Constitución[131]. La situación de Croacia como unidad estatal y política independiente no se alteró, habiéndose solamente transferido los derechos del rey croata a Koloman y sus sucesores (el nombramiento de ban (prorex), la concesión de privilegios y donaciones, la sanción de las leyes votadas en el Sabor —parlamento croata—, la cobranza de impuestos y derechos aduaneros, el comando supremo del ejército croata —exercitus croaticus— y la orientación de la política exterior[132].

Aunque Croacia se hallaba desde 1102 federada con Hungría —sin formar, empero, un Estado unitario en lo referente a la administración interna—, es decir: manteniéndose ambos reinos como unidades políticas, territoriales y nacionales separadas, los extranjeros no prestaron la debida atención a esta autonomía interna, fijándose tan sólo en que la política exterior era común y estaba regida por un rey común.

Con el transcurso del tiempo empezaron a no ser respetadas algunas de las obligaciones del Pacta Conventa. En primer lugar, la coronačión doble y separada. Así, el rey Bela III (como monarca húngaro, Bela IV), aceptó (1235-1270) la coronación en la misma ceremonia como rey húngaro y croata, omitiéndose en lo sucesivo la coronación croata por separado. La razón principal de este hecho se basaba en que el orden de sucesión establecido por la dinastía de los Arpad se cumplía de acuerdo con el principio de primogenitura, puesto que durante el reinado del rey Koloman, se consideraba esa rama familiar como heredera del trono, si bien hubo cierta posibilidad de elección entre los miembros de la familia reinante, ya que el rey resignaba al sucesor. La forma de esa designación era justamente la coronación. Y eso fue lo que impuso la costumbre de coronar al sucesor en propia vida del rey. Por la misma razón, desde el momento en que el hijo sucedía a su padre en Hungría, la coronación por separado en Croacia resultó ya de importancia secundaria. Pero aunque desde ese instante la coronación fuese conjunta, hay que advertir que los reyes formulaban su juramento por separado tanto ante los húngaros como ante los croatas. Es decir: juraban respetar sus derechos y observar las Constituciones respectivas de acuerdo como lo hacían los reyes croatas. De dicho juramento se labraba el acta correspondiente y, bajo Andrés II (III), muerto en 1301 como último rey de la dinastía Arpad, fue presentado antes de la coronación un diploma que se leyó solamente, dándosele en aquel instante el término técnico de ”Diploma inaugurale" [133] [134]. El ceremonial de la coronación, en consecuencia en el juramento y la publicación del mencionado "Diploma inaugurale", que más tarde fue redactado por el parlamento de los reinos respectivos[135]. Así fue como por la coronación común y por el juramento real común, la ya existente unión croata-húngara se transformó en una unidad más estrecha, puesto que los croatas habían dado su consenti-miento a estos actos ceremoniales[136].

Es una verdad histórica que el rey Koloman y sus sucesores hasta Bela III (IV) -1235-1270— ciñeron la corona croata, llamada de Zvonimiro, en Croacia, hasta que se realizaron las coronaciones separada-mente'. Era ése el tiempo de la incuestionable unión personal de Croacia y Hungría. En la primera, el sustituto del rey era herzog (dux) —habitualmente un miembro de la familia real— el hijo o el hermano; y de no haberlos, el ban. Desde que la coronación se verificó en común consta fehacientemente que la ceremonia se llevaba a cabo con una "corona húngara", o mejor dicho: con "la corona de San Esteban", primer rey húngaro (1001-1038), como símbolo de la comunidad estatal.

En consecuencia, junto con los ya mencionados actos formales de la coronación y del "Diploma inaugurale" que se hacen constar en el preámbulo y en los primeros artículos del Compromiso húngaro-croata de 1868, cobra un significado especial la expresión "corona de San Esteban" y, por extensión, la expresión "tierras de la corona de San Esteban"[137].

La aclaración del origen y el significado primero de estos actos reviste tanta mayor importancia cuanto que los húngaros —a quienes debe reconocerse gran habilidad en el manejo de los conceptos jurídicoestata-les— consiguieron elaborar y derivar del puro concepto bizantino de la "santa corona" la nueva base moral y jurídico-estatal para la federación política de todos los territorios sujetos a dicha corona, a saber: Hungría, Croacia, Eslavonia y Dalmacia[138]. Bajo la corona de San Esteban, los húngaros, con el transcurso del tiempo, empezaron a llamar Hungría a la comunidad estatal húngaro-croata, porque también a la corona la llamaron y consideraron "la corona húngara". Históricamente y de facto era así, pero su significado jurídico era —o debería ser— distinto. Por este motivo, los croatas, en cuantas oportunidades se les presentaron, acentuaban la diferencia entre el reino croata y el reino húngaro de las tierras de la corona de San Esteban, considerando con razón que los reinos de Croacia, Eslavonia y Dalmacia, en relación con el de Hungría, eran regna socia o "reinos asociados" a la corona de San Esteban, y en modo alguno partes adnexae o partes subjectae a Hungría[139]. Esta identificación de la idea "tierras de la corona de San Esteban" con el concepto regnum Hungariae, que data del siglo XIII, halló su evidente expresión en la primera codificación del derecho consuetudinario privado de la nobleza húngara y croata, redactada por Esteban Werbđczy a pedido de los estamentos nobiliarios y que se publicó en Viena en 1517 bajo el título: Tripartitum opus juris consuetudinarii inclyti regni Hungariae[140]. Esta obra nunca fue elevada a la categoría de ley por faltarle el sello real, como tampoco se envió a las zupanias (comitatus) para su promulgación Más tarde fue incorporada como primera parte en la colección privada de los decretos y leyes del jesuita Martín Szentivanyi, publicada en Trnava el año 1696 bajo el título: Corpus juris Hungarici seu decretum generale inclyti regni Hungariae partiumque eodem adnexarum —abreviado: Corpus Juris Hungarici. La opinión mundial aceptó la denominación Regnum Hungariae gracias a estas y otras obras jurídicas, especialmente en virtud del Tripartitum de Werböczy, tendenciosamente escrito y con la oposición de lcs croatas, identificándola con la denominación "tierras de corona de San Esteban". El título de la obra de Werböczy está, sin embargo, en consonancia con su contenido. De acuerdo con ella, Croacia es solamente un municipio de Hungría y su autonomía no tiene ningún carácter jurídico-estatal. Por eso resultó para su autor incomprensible el hecho de que Croacia tuviese sus propias leyes, sus costumbres y sus instituciones especiales. Werböczy opina que Croacia sólo gozó de esas prerrogativas por concesión real, ya que todas las tierrras croatas no eran otra cosa que una mera posesión de la santa corona del primer rey húngaro. La totalidad de los derechos croatas se deben, según él, exclusivamente a concesiones reales que pueden ser revocadas y carecen de validez si no concuerdan con las leyes y costumbres húngaras. Es lógico y comprensible el distanciamiento entre Croacia y Hungría justamente en los tiempos de Werböczy, que fue cuando se puso de relieve esa tendencia, y acaso por el empeño de aquél en subestimar la posición croata frente a Hungría[141].

Se impone, pues, por sí misma la cuestión: ¿Cómo fue posible que los croatas, que habían concertado con el rey húngaro Koloman la unión personal, aceptaran cierta posición de inferioridad dentro de esta nue-va comunidad estatal?

La contestación debemos buscarla en la idea y la expresión bizantina de la "santa corona", así como en sus derechos --cuestión que no era desconocida entre los húngaros ni tampoco entre los croatas. Estos, en el siglo VII, igualmente que los húngaros en el siglo IX, poblaron el territorio de la Dalmacia y la Panonia romanas, sujetos al poder supremo de los emperadores bizantinos hasta la muerte de Emanuel I Kommeno (1180) con cortas interrupciones, porque, según criterio bizantino, al emperador le asistía el derecho dedisponer de las citadas tierras dálmatas y panoneas. Aquel derecho imperial fue transferido, primero, al monarca croata (Tomislao fue distinguido con el título del patricio imperial) y, dspués, al soberano húngaro, elevado al honor del patricio imperial, aceptado en la familia real y coronado con una diadema que, tarde, se convirtió en la parte constitutiva de la corona de San Esteban. Al transferir la diadema, se transfería también el derecho de disponer de las tierras de la Dalmacia y la Panonia romanas. En virtud del hecho de que esta autorización sólo tuviese lugar mediante la transmisión de la diadema o santa corona (que, de acuerdo con el ceremonial bizantino, se consideraba un acto carismático) se formó la opinión de que la totalidad de los territorios pertenecían a lacorona y que el rey estaba autorizado para disponer de ellos inmediatamente después de su solemne coronación. La autorización se hacía efectiva mediante la donación, por parte del rey, de las tierras de la santa corona a los dignatarios y los nobles[142]. El rey húngaro había recibido la corona y, con ella el mandato para administrar a Panonia y Dalmacia; mandato que, según la opinión húngara continuó renovándose hasta el reinado de Bela II(III), quien había pasado en la corte imperial de Bizancio 11 años[143]. Y sólo desde entonces surge la idea de la "santa corona" para simbolizar la comunidad política de todas las tierras sometidas a aquel mandato. Por una personificación de la "santa corona", por considerarla fuente de todo el poder público y de todos los derechos, se forma el concepto de una comunidad estatal más amplia, es decir: el de que todos los territorios sometidos a la "santa corona" constituyen una y única jurisdicción estatal, puesto que aquel símbolo regio es la raíz de todas las posesiones (Radix omnium possesionum). Quien ha recibido la posesión de un territorio de la "santa corona" se convierte en parte integrante de la misma, en parte de su cuerpo místico (corpus sacrae regni coronae). Sólo con la muerte del donatario se reincorpora su posesión a la "santa corona" [144]. Por la firma de sucesión y por algunos otros elementos, el sistema donatario húngaro-croata difiere del sistema feudal de la Europa occidental[145]. Mediante donaciones reales, los reyes húngaro-croatas de la casa de los Arpad dieron origen a la Nobleza, que más tarde limitaría y disminuiría el poder real. Para resistir eficazmente el predominio de los nobles, monarcas hubieron de apoyar a los burgueses, otorgándoles en propiedad las tierras reales que aquéllos cultivaban. Para repoblar el territorio nacional —raleado después de la devastación tártara— (1242), el rey Bela III (IV) -1235-1270—, llamó a artesanos extranjeros, especialmente alemanes, acordándoles grandes privilegios para eximirles del poder de los Nobles. De aquí arranca el comienzo de las llamadas "ciudades reales libres" en Hungría y Croacia. El rey elevaba a su empleados al grado de Nobles (Nobiles... qui serventes regales dicuntur), y éstos, a su vez, unidos con la Nobleza de grado menor (gentry) obligaron al rey Andrés I (II) -1205-1235—, padre de Bela, a garantizarles sus derechos y libertades. La obligación de 1222, llamada "Bula Dorada", que establecía también el derecho de los Nobles y los Grandes a resistir —jus resistendi— contra la violación de aquélla por parte del rey, se renovaba en 1231 (aunque sin derecho a "la resistencia armada"), y en 1256 se convirtió en la ley más importante de Estado y en el fundamento de la Constitución. Por ello, el rey húngaro-croata siguió prestando el juramento sobre la "Bulla Dorada" hasta la última coronación. Dicha "Bulla" sólo tenía fuerza de ley en Hungría y Eslavonia hasta la montaña Gvozd (en Croacia) , es decir, para la Croacia al norte del Gvozd, mientras que para la Croacia al sur del Gvozd y para Dalmacia nunca entró en vigor. En tiempos de la promulgación de la "Bulla" el rey An drés estaba en malas relaciones con su hijo Bela, que había sido corona-do con anterioridad como "rey menor" (rex Hungariae junior) y nombrado dux de Croacia (dux totius Sclavoniae, Croatiae et Dalmatiae). Este dux tenía su corte y administración con dos banes (virreyes) : el de Eslavonia y el de Croacia-Dalmacia. En realidad, la oposición de Bela a los gastos desmesurados de su padre y su confiscación de los bienes de la nobleza causaron la rebelión de aquella en Hungría y Eslavonia. La čondición para reconciliarse fue la publicación de la "Bulla Dorada". De este modo se trazó una línea divisoria administrativa entre los territorios al norte y al sur de Gvozd, respectivamente, que hasta entonces habían formado una unidad política y administrativa del reino de Croacia. Cuando en 1226 el hijo menor de Bela fue nombrado rey titular de Galicia y, al mismo tiempo, dux et rex, Eslavonia fue también llamada "reino" (regnum), mientras que hasta ese momento era banatus, porque era administrada por el ban (prorex), o ducatus, regido por el duque o herzog (dux). Esta división de los territorios políticos y administrativos especiales, es decir: en el reino de Croacia y Dalmacia, por una parte, y el reino de Eslavonia, por otra, se mantendrá hasta el fin del siglo XVI [146].

¿En qué consistían, en consecuencia, los principios bizantinos introducidos por el rey Bela II (III) en Hungría al regresar al país desde la corte bizantina?

A diferencia de Roma —que permitía el idioma y las costumbres a los pueblos sometidos, limitándose a su explotación económica—, Bizancio, por falta de la fuerza militar suficiente, intentó someterlos moral-mente, dejándoles plena libertad para organizarse internamente. Esa sumisión moral se intentaba conseguirla por dos vias : la eclesiástica y la nacional. En cuanto al aspecto eclesiástico, el emperador se reservaba para sí la última decisión. Esta concepción incondicional de un Estado bizantino sagrado y amparado por la protección divina, fue llevada por Bela II a Hungria. Como titular de la santa corona, Bela era el guardián —"designado por Dios"— de la unidad religiosa de los pueblos a él subordinados. Su reino, de acuerdo a un manuscrito de su tiempo, estaba formado por Hungria, que era la cabeza (Hungria, caput, regni), Croacia, Dalmacia y Bosnia (Rama). A esta concepción bizantina de una total subordinación religiosa al poder central correspondía también la exigencia de Ia unificación nacional o de una adaptación de todas las partes integrantes al centro húngaro. Pero esa adaptación no se hacía en el sentido nacional húngaro, sino en el de una comunidad de la cultura latina internacionalmente reconocida. La unidad religiosa trajo consigo igualmente un idioma oficial común, que facilitó Ia administración de to-das las regiones, incluso aquellas que no se sentían húngaras. A estas dos condiciones hay que agregar otra, también centralmente aceptada según el ejemplo bizantino: la de una plena libertad interna. Y como Bizancio era una comunidad democrática en el sentido cabal de que todos sus súbditos, y el emperador, eran ortodoxos, así también Hungria tuvo que ser un país libre, pero sólo para quienes se declarasen libremente súbditos de la santa corona húngara, a la manera como lo hacían los eslavos respecto del emperador bizantino[147].

Tal concepción política de Bizancio, transplantada por Bela II (III) se convirtió en una concepción secular del Estado húngaro. Con ella fue superado también el Convenio de 1102 (Pacta Conventa) en su totalidad. La idea de una unión contractual, fundada, en la igualdad de los contrayentes fue relegada a un lugar secundario[148]. Que la propiedad y posesión de las tierras pertenecían a la corona es un concepto jurídico bizantino, bien conocido antes en Croacia que en Hungría, la que más tarde dependió en cierto grado de Bizancio durante el tiempo del domipio de la dinastía de los Comnenos. De hecho de que Bela II obtuviera de Emanuel Comneno la investidura para Panonia, Dalmacia y Croacia, Werböczy dedujo que la misma diadema recibida de Bizancio significaba la subordinación de Croacia a Hungría Aunque sin éxito, ésta hipótesis surgió a luz por primera vez en el "Diploma Inaugural" de Ladislao II Jagello en 1490, ocasión en que por insistencia de los delegados croatas, el título "Hungría y los reinos y territorios a ella subordinados" fue sustituido por "Hungría y los reinos asociados de Croacia, Eslavonia y Dalmacia y los territorios subordinados" [149]. Mientras tanto, los croatas imponían con éxito también su punto de vista bajo el poder de los Habsburgo. A pesar de la constante oposición croata al parecer húngaro, aquella hipótesis del Tripartitum de Werböczy constituia un arma poderosa en manos de los húngaros. De acuerdo con la misma, los territorios, el pueblo y el rey eran solamente eslabones de la santa corona. El rey se constituía en su guardián mediante el acto de la coronación, que debía efectuarse según las costumbres del pueblo, es decir del pueblo común y de la nobleza. La situación de igualdad en que se hallaban los estamentos inferiores húngaros y croatas ante el rey como soberano, permitió el embrollo de los mandatos del rey, de donde surgió la teoría de Werböczy en el Tripartitum de la indisolubilidad de las relaciones de los territorios de la corona de San Esteban[150].

Esta teoría encontrará su cabal expresión especialemente a comienzo dei siglo XVIII en la Sanción Pragmática húngara, mencionada en el preámbulo del Compromiso húngaro croata de 1868, de la que trataremos más adelante.

Por el acto de elección del primer rey de la casa de los Arpad y al entrar Croacia en la comunidad jurídico-estatal con Hungría, los reyes húngaros —como más tarde los reyes de otras dinastías— asumieron la obligación de defender a Croacia contra Bizancio y Venecia. Su cumplimiento fue posible gracias al sistema donatario que creó el poderoso estado de los nobles tanto en Hungría como en Croacia. El poder de estos señores entre los cuales se destacaban especialmente en Croacia los príncipes de Bribir de la familia šubić, los de Krk —Babonić-Blagajski, Kontromanić de Bosnia y Nelepić— no sólo no pudo ser vencido por la "Bulla Dorada" de Andrés I (II) sino que algunos de ellos, como por ejemplo mencionados príncipes de Bribir, fueron casi soberanos, independientes en sus marcas o tierras feudales. Al distinguirse la dinastía de los Arpad, esos nobles ejercían gran influencia en la elección de las nuevas dinastías, que ascenderán al trono húngaro-croata. Por falta de unanimidad de la nobleza croata y húngara sucederá que ambos países tendrán simultáneamente dos soberanos cada uno.

Así, por ejemplo, al morir Andrés II (III) (1290-1301), por carecer de sucesores directos, cobró actualidad el antiguo derecho de elección y el ban croata Pablo Šubić de Bribir, aprovechó para elevar al trono la dinastía napolitana Anjou (1301-1395) o hasta 1409), rival tradicional de Venecia. A pesar de que Ludovico I, el representante más fuerte de la dinastía de los Anjou, proclamado "grande" por sus éxitos bélicos contra Venecia y en los Balcanes contra los servios y los búlgaros, había restado poder a los nobles croatas de Bribir y de los Nelepić mediante su poder central, los croatas permanecieron fieles a esta dinastía, llevando al trono húngaro-croata al rey Carlos II (Carlos de Drach) como rival de María, hija del Ludovico I y prometida del checo Sigismundo de Luxemburgo, hijo menor del emperador alemán Carlos IV. La dinastía Anjou desilusionó a los croatas por haberla elegido precisamente como contrapeso a Venecia; y fue justamente el último rey de esta rama dinástica, el rey croata Ladislao de Nápoles (1386-1409), hijo de Carlos de Drach, quien vendió a Venecia todos sus derechos sobre Dalmacia en 1409. Lo hizo después de haber sido coronado provisoriamente por el arzobispo de Ostrogón en Zadar el 5 de agosto de 1403 como rey croata a causa de que Hungría no quiso rebconocerlo y a pesar de haber jurado defender y proteger todos los derechos de Croacia. Este fue el último acto de coronación sobre suelo croata[151]. La pérdida de Dalmacia representa el momento más crítico de la historia croata medieval después de 1102. En él, Croacia se vio privada de la piedra fundamental sobre la cual descansaba toda su importancia política y administrativa. El organismo estatal croata no desapareció, porque su punto de gravitación se desplazaba cada vez más hacia el norte, pero Venecia, aprovechando las guerras intestinas dinásticas en Croacia y Hungría, consiguió afianzarse en Dalmacia y quedarse allí hasta su desaparición en 1797[152].

La lucha por la recuperación de Dalmacia después de la primera y la segunda guerra con Venecia (1411-1413 y 1418-1420) fue sustituida por la guerra contra turcos convertidos en los enemigos principales de Hungría y Croacia. Tales conflagraciones fueron conducidas con el mayor éxito pir Sigismundo de Luxemburgo (1409-1438), por el primer Habsburgo en el trono húngaro-croata, Alberto (1438-1439), por su sucesor el rey Ladislao de Polonia (1440-1444), muerto en la batalla cerca de Varna en Bulgaria y más tarde por Ladislao IV, Postumo (1444-1457), vencido por los turcos en el campo de Kosovo, donde había sucumbido también el reino de Servia 59 años antes. El rey Matías Korvino (1458-1490) consiguió temporariamente restablecer el poder real, pero el reino de Bosnia se derrumba en 1463 bajo el embate de los turcos que por primera vez alcanzan el río Sava. La nobleza bosníaca, los católicos y los patarenos-bogumili, adoptan en su mayoría el Islam mismo, salvando de esta manera sus bienes materiales y el idioma croata y asegurando para su país una posición singular en el imperio otomano hasta 1878, cuando en 1909, después de la anexión por Austria, se convertirá en territorio de la corona de los Habsburgo con la Constitución especial del 20 de febrero de 1910. Resultó ser un problema jurídico-estatal y político muy grave para la Monarquía[153].

En una época tan crítica como ésta, la dinastía de los últimos reyes de Jagello dilapida sus fuerzas propias y las del Estado en la lucha con Polonia y Austria de tal forma que el hijo de Ladislao II (1490-1516), Ludovico II (1516-1526) sin esperar al ejército croata al mando del príncipe Krsto Frankopan, ni al de Transilvania conducido por Ivan Zapolia, únicamente con tropas húngaras y apoyado por algunos nobles de Croacia y Eslavonia, asesorado por el Consejo del Estado húngaro y contra las sugerencias de su canciller, el obispo Esteban Brodaric, el día 29 de agosto de 1526 libró batalla en el campo de Mohač contra las tropas de sultán Solimán donde fue vencido, perdiendo incluso la vida.

En cuanto a las relaciones húngaro-croatas y sus relaciones específicas con el rey, hay dos documentos muy característicos sobre ellas, previos a la batalla de Mohač. En el consejo real húngaro antes de la batalla tan decisiva, los nobles hablaron al rey Ludovico como sigue : "En este reino sólo a nosotros nos pertenece la gloria y a nadie más. Sería una vergüenza para Ti y para nosotros, si se dijera que no supimos luchar solos contra los turcos ; si esperas al príncipe Krsto Frankopan y sus croatas, entonces la gloria de la victoria, que esperamos, sólo le correspondería a él". Por otro lado, el príncipe Krsto Frankopan, enterado de que la batalla se había perdido aunque sin tener noticia de la muerte del rey, corrió en su ayuda y escribió al obispo de Senj, Francisco Jozafatić, las siguientes palabras muy significativas para la época : "Dado que el rey había escapado, considero que esta desgracia la permitió Dios para el rey y los húngaros no para el mal o la perdición, sino para el bien eterno del reino: pués si los húngaros hubiesen vencido al sultán, cuándo terminarían sus vanaglorias y quién podría soportar su prepotencia!" [154].

El rey Ludovico murió sin sucesor y el trono quedó vacante, planteándose nuevamente el derecho de elección del nuevo rey.

a) Las relaciones húngaro-croatas bajo la dinastía de los Habsburgos hasta 1848.

La elección de Fernando Habsburgo, rey de Bohemia y archiduque austríaco, hermano de Carlos I de España y V de Alemania, efectuada en la ciudad de Cetin el día 19 de enero de 1527 como rey de Croacia, fue movida por los intereses especiales croatas sin consideración alguna para los intereses húngaros. Esta elección fue idéntica jurídicamente a la de Kolomán como rey croata en 1102. Modificado y completado el Diploma Inaugural de Ladislao II Jagello, en 1490, fue reconocido el derecho de los Habsburgo a los territorios de Croacia, prescindiendo de la posición tomada por los estamentos húngaros[155]. Además, en vísperas de la batalla de Mohač, es decir al iniciarse el año 1526, fue discutido en el parlamento reunido en la ciudad de Križevci, el problema si Croacia debería separarse del rey Ludovico, es decir de Hungría. Fernando invocaba además no sólo el derecho de sucesión, por haberse casado con Ana, hija de Ladislao II, sino también el contrato del 22 de julio de 1515, estipulado entre Ladislao II y Maximiliano Hasburgo. Mediante este contrato se aseguraba, por cuarta vez, el derecho de sucesión al trono húngaro-croata en caso de extinguirse la dinastia de Ladislao: la primera vez en 1463; la segunda en 1491 y la tercera en 1506.

Mientras tanto hubo una decisión del parlamento húngaro, reunido el día 12 de octubre de 1503 en Rakos contra la elección de Fernando, tomada bajo la presión del paladín Estaban Zapolia y de Esteban Verbõzcy y sancionada por el rey, convirtiéndose de esta manera en Ley. De acuerdo con ella nadie podía en adelante proponer para rey húngaro-croata a un extranjero so pena de alta traición. Esta ley apuntaba evidente-mente a prohibir la candidatura de los Habsburgo, favoreciendo a Juan de Zapolia, a quien los húngaros pretendían coronar como soberano. Se formaron así dos facciones en cuanto a la elección. La mayoría de los estamentos húngaros, adherentes al "partido nacional", eligieron el 11 de noviembre de 1526 y coronaron como rey húngaro a Juan Zapolia, mientras un número menor votó por Fernando Habsburgo en la ciudad de Požun el día 16 de diciembre de 1526. Los estamentos checos habían elegido ya unánimamente el 23 de octubre de 1526 a Fernando. Hungría de esta manera tuvo dos reyes hasta la muerte de Juan Zapolia, ocurrida en 1540, dividiéndose el reino en dos partes, una de las cuales —la de Juan de Zapolia— quedaba sometida a los turcos.

Cabe agregar que el reino de Croacia se dividió igualmente en dos partes por la misma cuestión, con la diferencia de que la mayoría de los croatas en el Sabor (dieta) de Cetine elegieron el 19 de enero de 1527 a Fernando, mientras la minoría había optado por Juan Zapolia. A pesar de que Hungría había elegido el 16 de diciembre de 1526 a Fernando como rey de Hungría, los croatas no le otorgaron este título en el diploma electoral, llamándolo solamente Bohemiae et Croatiae rex, con el fin de acentuar de esa manera el carácter libre e independiente de su acto[156].

A pesar de que Bohemia, Hungría y Croacia entraron en la comunidad de los territorios austríacos sólo para formar la unión personal, Fernando procuraba hacer de ella una unión real. Cuando vio frustrado por la oposición de dichos reinos su intento, de enviar sus representantes a Viena para tratar asuntos comunas, Fernando organizó en su Corte algunos órganos (el consejo de guerra, el consejo secreto, la cancillería y la tesorería de la Corte) que acrecentaron su importancia, pero provocan-do a la vez el descontento croata-húngaro.

Bajo el reinado de Maixmiliano (1564-1576), sucesor de Fernando, empezó la lucha húngaro-croata contra el centralismo de Viena para proteger la Constitución, lo que configura un aazgo esencial a la vida interna de Hungría y Croacia hasta 1790. Esto explica y da la razón principal de la alianza húngaro-croata contra Viena, a pesar de las discordias recíprocas. Cada vez que se trataba de proteger los derechos y los privilegios del reino de Croacia. Durante el reinado de Rodolfo, sucesor de Maximiliano, fue establecida una Marca Militar (Confines Militares) con propósitos defensivos contra los turcos. Entregó una franja del territorio de Croacia a su tío el archiduque Carlos, para que la administrara, y puso también bajo su mando a sus soldados y oficiales. Así se empezó a formar en Croacia a fines del siglo XVI un nuevo teritorio político, exento del poder de Ban y dei Sabor croatas. Pero la exigencia de su restitución al poder del Ban constituirá no sólo el tema central de una reivindicación de Viena, sino que se convertirá en el tema de las estipulaciones húngaro-croatas en el Compromiso de 1868. La importancia de la Marca Militar en la historia de Europa desde el punto de vista castrense es considerable, porque, gracias al hecho de que Fernando I se convirtió en 1556 en el emperador alemán, aquella Marca se instituyó como defensa del Imperio contra Francia en el occidente y, en el este contra los turcos. Con la elección de éste, los Habsburgo como reyes húngaro-croatas para los emperadores romanos de nacionalidad alemana, Croacia y Hungría no se convirtieron en partes integrantes del imperio alemán, porque Fernando fue elegido ser el titular de la corona de San Esteban, la que a su vez, gracias a su concepción jurídico-estatal, no reconocía la prevalencia de otra corona. Así la concepción de la santa corona húngara amparaba a Croacia para no convertirse en un territorio del imperio alemán (Reichsland), lo que le sucederá más tarde, después del Congreso de Viena en 1815, a su provincia Dalmacia. Pero además, la interpretación húngara del concepto de tierras (possesiones) de la corona de San Esteban, constituyó un motivo permanente para que Croacia no se convirtiese en parte integrante de Hungría, o, mejor dicho, en su provincia. Además, a pesar de que los húngaros y los croatas habían elegido a los Habsburgo como sus monarcas, todos los reyes, hasta 1867, necesitaban un acto electoral en el parlamento húngaro y en el Sabor croata respectivamente, puesto que al elegir a los Habsburgo, no se fijó el orden con arreglo al cual tenía que cubrirse el trono vacante [157].

Con la subida de los Habsurgo al trono húngaro-croata, hallan las influencias políticas y religiosas sus primeros ecos en Hungría y Croacia, y esto obligará a los hijos de esos países a participar en los acontecimientos europeos, especialmente en la guerra de los treinta años. Bajo el reinado de Fernando empezó ya a propagarse en Hungría el protestantismo, pero Rodolfo, católico ferviente, motu proprio, firmó en febrero de 1604 la ley N° XXII por la que se rechazaban no sólo todas las peticiones de los protestantes húngaros y se confirmaban las disposiciones en favor del catolicismo del rey San Esteban, sino que se establecia que cualquiera que intentara plantear cuestiones religiosas en el parlamento sería calificado como incitador a la sedición. La rebelión del noble de Transilvania, Esteban Bockay, elegido por sus adherentes como duque de Hungría quien se alió en seguida con los turcos y terminó con la paz en Viena el 22 de junio de 1606 trás cruzar rio Drava. Pero ban croata Ivan Drašković con las tropas reales derrotó a los rebeldes. En esta oportunidad, las disposiciones de paz derogaron la Ley XXII de 1604 y establecieron que solamente Hungría (infra ambitum regni Hungriae solum) los ciudadanos y los nobles podrían profesar el culto de que les plazca y quedando así arreglados los a suntos religiosos hasta 1848. Antes de la firma de la paz de Viena, su borrador fue enviado al Sabor croata, que lo aceptó en la mayor parte de su texto, pero oponiéndose terminantemente a la libertad religiosa. Pidió además que quedase en vigor la Ley de Rodolfo, de 1604. El día 16 de enero de 1608 el rey sancionó la decisión del Sabor croata sobre el reconocimiento exclusivo de la religión católica dentro del ámbito territorial de Croacia y Eslavonia, obteniendo así Croacia una ley religiosa, completamente opusta a la de Hungría. Aun cuando esta ley pueda parecer intolerante, contribuyó notablemente a salvaguardar a Croacia de la magyarización, ya que los húngaros calvinistas y luteranos no podían adquirir posesiones ni radicarse en Croacia[158].

En 1558 se efectuó la última sesión por separado del Sabor croata en Steniénjak. En adelante debería reunirse siempre conjuntamente el Sabor de Croacia y Eslavonia. Los reyes de la dinastía de los Habsburgos no hacían su presentación en el Sabor croata como lo solían hacer los reyes de otras[159].

Integrado de ese modo el Sabor de Croacia-Eslavonia empezó enviar desde entonces sus diputados (Nuntios, solemnes oratores), como lo hacía antes el Sabor de Eslavonia, al parlamento húngaro convocado por el rey. Este se hallaba representado por su personal especial, y los enviados se sentaban con él en un lugar de honor especial. Debían atenerse rigurosamente a las instrucciones recibidas del Sabor. Los deseos y proposiciones croatas no podían ser rechazados por los diputados húngaros sino solamente por el rey. Si, para una de Ias propuestas presentadas en el parlamento, los delegados croatas carecían de instrucciones, nada podía aprobarse en forma obligatoria para Croacia. Sólo las leyes votadas en el parlamento húngaro tenían vigor en Croacia, y esto cuando los delegados croatas habían dado su consentimiento, siempre conforme a las instrucciones recibidas. Si el parlamento acepta una propuesta real o el monarca sanciona una ley determinada, ésta entraba en vigor en Croacia únicamente después de su aprobación eventual por el Sabor croata. Por eso, desde el siglo XVI se impuso la costumbre de que inmediatamente des-pués de las sesiones del parlamento húngaro, se reúna el Sabor croata, oportunidad en la que los delegados croatas informan sobre las leyes votadas. El Sabor podía rechazarlas, como resulta ostensible por el caso de la ley sobre religión.

Croacia permaneció fiel al principio formulado por el ban croata Tomás Erdödy durante el reinado de Rodolfo: Regnum regno non praescribit leges. Estas costumbres y fueros del Sabor serían modificados por el Compromiso húngaro-croata, tanto en lo que respecta a la delegación croata en el parlamento común húngaro, como también a las instrucciones que las delegaciones croatas no tuvieron ya que respetar.

El siglo XVII fue testigo de la guerra de los Treinta Años y de la lucha húngaro-croata en torno de la Constitución. Los croatas tuvieron que sostener una lucha denodada por la incorporación de la Marca Militar, promesa que les había sido hecha solemnemente varias veces, especial-mente por Fernando II en su "Diploma Inaugural". Una serie de actos y omisiones de la corte de Viena : el incumplimiento de la incorporación prometida de la Marca Militar, un número cada vez mayor de oficiales y soldados alemanes en Croacia y Hungría, la creciente voluntad centra-lista del gobierno de Viena para convertir a ambos países en sus provin-cias como lo hicieron con Bohemia después de la batalla de Bijela Gora en 1621 y, especialmente el descontento por la paz de Vasvar del 10 de agosto de 1664 después de la victoria sobre los turcos en San Gotardo, propició el acercamiento de los nobles húngaros y croatas bajo el gobierno del rey Leopoldo I (1657-1683) y la conspiración encabezada por el ban croata Nicolás Zrinski y el paladín húngaro Francisco Wesselenyi. Después de la inesperada muerte de ambos, continuaron en el mismo sentido el hermano de Nicolás, el ban Pedro Zrinski con el Cristóbal Frankopan y el húngaro Francisco Rakozcy, esperando liberarse del poder de los Habsburgo con la ayuda de Francia y Turquía. Esta rebelión, conocida en la historia como "Rebelión de Zrinski-Frankopan", fracasó. Sus protagonistas no sólo perdieron la vida en Wiener-Neustadt el día 30 de abril de 1671, sino que los Habsburgo exterminaron a ambas familas —la de las Zrinski y de los Frankopan— y confiscaron todos sus bienes.

Vencido el término de 20 años de la paz de Vasvar, el sultán Mohamed IV declaró la guerra a Leopoldo y sus tropas llegaron hasta la misma Viena en 1683, pero fue vencido con la ayuda del rey polaco Juan Sobieski y del archiduque Carlos de Lotaringia, quebrándose así por siempre el poder expansionista del imperio otomano. Leopoldo aprovechó esta victo-ria para convocar la Dieta en Požun. El día 18 de octubre de 1867 fue solemnemente proclamada en ella la ley de sucesión de la dinastía de los Habsburgo por línea masculina, de acuerdo al principio de primogenitura, tantd en Hungría como en Croacia, y se derogó al mismo tiempo el artículo 33 de la "Bulla Dorada" del año 1222, que permitía a la nobleza interpretar el derecho de rebelión en defensa de las garantías constitucionales[160]. Pero todavía en vida de Leopoldo surgió la rebelión de Francisco Rakozcy, nieto de Pedro Zrinski, duque de Transilvania, a cuyo pedido la asamblea de sus partidarios en Onof, el 14 de junio de 1707, bajo el reinado de José I (1705-1711) , privó a los Habsburgo de la corona húngara. Ante el temor de que los croatas también pudieran plegarse a la rebelión de Rakozcy, Viena restituyó una parte de la Marca Militar al poder del ban croata. El alzamiento de Rakozcy terminó con la paz de Szatmar el 14 de mayo de 1711, proclamándose la amnistía general y garantizando nuevamente la libertad del protestantismo en Hungría.

La paz de Szatmar produjo el cambio en las relaciones entre el trono y los estamentos. Después de las rebeliónes seculares y las luchas intestinas comenzó el período de las reformas tratando de aprovecharlas en su beneficio. Hasta 1790 continuó realizándose el acercamiento entre Hungría y Croacia contra las reformas, a pesar de que los estamentos húngaros habían intentado votar en 1708 una decisión en la Dieta de Požun en el sentido de que el rey sólo podría confirmar aquellas conclusiones del Sabor croata que no contradijesen a las leyes húngaras —concordantia—. De esta manera se deseaba unir Croacia con la Hungría liberada. Tal intento malogrado de subordinar la legislación croata a la húngara engendró los primeros conflictos húngaro-crotas y al mismo tiempo el deseo de éstos de emanciparse cuanto antes de Hungría, acentuando su independencia. Una oportunidad favorable se los ofreció al comienzo del reinado de Carlos III (1711-1740) o, mejor dicho, de Carlos VI como emperador romano.

Muerto José I, quien dejó dos hijos, quedó Carlos II como el único vástago masculino de la familia de los Habsburgo, sin tener él, a su vez, proles masculinos en aquel momento. De acuerdo a la ley de 1687, los croatas y los húngaros tenían derecho de elegir libremente al rey en caso de extinguirse la línea masculina de los Habsburgo. El problema de tal elección o el de la sucesión de la línea femenina fue el dilema de los esta-mentos, reunidos en el Sabor de Zagreb el 9 de mayo de 1712, cuando debieron nombrar sus delegados para el acto de la coronación en Požun, previsto para el día 3 de marzo de 1712. El paso decisivo para la solución del problema de sucesión lo dio este Sabor croata con su Ley VII del 13 de marzo de 1712, donde se dice, entre otras cosas, que "se confiará el derecho de sucesión a aquella línea femenina de la casa austriaca que poseyera no sólo a Austria, sino también a Estiria, Carintia y Crania, teniendo sede en Austria" [161]. La razón por la cual optaron los croatas por la línea femenina de la dinastía de los Habsburgo en caso de la muerte de Carlos sin sucesores varoniles, la encontramos en las actas del Sabor: "Sin duda el reino con elección se convertirá en escenario de guerras sangrientas y de horror, un lugar de rebeliones que destruirán el bien-estar de los ciudadanos exponiendo a la patria al inevitable peligro que entrañan los príncipes extranjeros, nuestros posibles tiranos. Sin conducción, sin rey, se procederá con nosotros de acuerdo con la voluntad de los poderosos y nosotros quedaremos subyugados, y serán avasallados nuestros derechos, nuestra libertad y las ventajas de nuestro pueblo. Tenemos un ejemplo lejano en Polonia: eligiendo libremente al rey, pereceremos" [162]. Seguros de la reacción húngara contra esta decisión croata, el Sabor aclara la misma en la nota especial dirigida al rey, la que le será entregada por los delegados al mismo monarca, junto con la resolución del 25 de abril de 1712 y el siguiente mensaje: "Recibiendo nuestros beneficios no nos atemorizará en absoluto formar parte de Hungría. Según las leyes, nosotros somos asociados de Hungría, pero no súbditos. En un tiempo teníamos nuestros propios reyes y no soberanos húngaros. No fuimos sometidos por la fuerza a una servidumbre a Hungría, sino que aceptamos voluntariamente no el reino húngaro sino a su rey. Reconocemos a éste, mientras siga siendo el dueño de Austria, pero si así no fuera, no prestaremos nuestros oídos a la voz seductora de la elección libre (es decir a la elección otorgada por la Ley de 1687) como si estuviéramos obligados indisolublemente a seguir a Hungría; somos libres y no esclavos". Esta resolución del Sabor —la Ley VII— más tarde llamada "la sanción pragmática croata", expresa claramente que la comunidad estatal entre Croacia y Hungría consiste en la persona del rey: mientras ambos reinos tengan un rey común, existirá la comunidad estatal, quitada esta condición no cabe hablar más de ella[163].

Tres días después de la audiencia de los delegados croatas, el rey dio la orden en una conferencia secreta a los consejeros austríacos para que entablasen tratativas sobre la resolución de los croatas. A pesar de que esta conferencia había aceptado la resolución y formulado el deseo de que se tratara de inclinar en el mismo sentido a los estamentos húngaros y a pesar también de que se hubiera formulado la sugerencia con que debería confirmarse la decisión croata (probamus, acceptamus et conformamus), el rey no la firmó tomando en consideración la poca inclinación de los húngaros, reunidos en el parlamento de Požun. En lugar de la sanción, el rey otorgó el día 16 de mayo de 1712 a los croatas el diploma, que en su nombre y en el de sus sucesores aseguraba sus derechos, privilegios y libertad (diploma securitatis et privilegiorum). El 22 de mayo de 1712, Carlos III fue coronado en el parlamento de Požun, cuando los húngaros propusieron nuevamente discutir y legislar una vez más sobre la libertad de elección del nuevo rey en caso de la extinción de la línea masculina en la dinastía de los Habsburgo así como para que el rey diese a los esta-mentos seguridades húngaros ante la eventual posibilidad de separación de cualquier parte del reino húngaro. Esta propuesta, como otra croata, fueron sancionadas por el rey, quien tuvo que disolver el parlamento debido a la neste que se produjo en aquel momento[164].

El día 19 de abril de 1713 Carlos III convocó a una reunión de sus consejeros secretos en Viena, revelando el pacto hasta entonces secreto —pactum mutuae cessionis et succesionis— estipulado entre Leopoldo I y sus hijos José I y Carlos VI en 1703, lo que se consideraba como la ley doméstica de la familia austríaca. En el acta labrada sobre este paso estatal, dicha ley fue llamada "el instrumento principal" (Hauptinstrument). La denominación "sanción pragmática" aparece por primera vez en el documento mediante el cual la archiduquesa María Josefa, hija de José I, renunciaba a su derecho de sucesión. En esta oportunidad fue cuando la ley se llamó "Lex fundamentalis Sanctio Pragmatica ac Pacturn Augustae Familiae". En 1719 fue enviada mediante una circular del emperador a todas las tierras (Laender) austríacas para su aprobación. Carlos III personalmente la llamaba Sanctio Pragmatica, lex perpetuo valitura. Tal descripto con la sanción pragmática de Carlos III no se remitió al parlamento húngaro, puesto que en este se seguía todavía discutiendo sus condiciones. Tampoco se hizo llegar al Sabor croata, toman-do en consideración su decisión del 11 de marzo de 1712 [165]. La sanción pragmática de Carlos III, contiene tres puntos principalés  1) que ias tierras de la casa de los Habsburgo no pueden ser divididas, es decir: que ninguna de aquellas puede elegir a su rey especial de entre los sucesores de la casa de los Habsburgo; 2) que en las mencionadas tierras y reinos, si, después de su muerte, Carlos III no deja un hijo varón, lo sucederán en el trono sus hijos o sus herederos legales, según el principio de la primogenitura; 3) que si esta línea se extingue, la corona pasara a las hijas de su hermano José y de sus descendientes.

Después de haber rechazado los húngaros la sanción pragmática en el parlamento común de Požun de 1714-1715, oportunidad en que aceptaron la propuesta croata sobre la no ingerencia del parlamento húngaro en los asuntos de la legislación interna del reino de Croacia (La Ley N° CXX de 1715) y después de haber aceptado casi la totalidad de las tierras hereditarias austríacas, la sanción pragmática, juntamente con los húngaros, repetinamente y sin discusión, el día 30 de junio de 1722, pero dándole en las Leyes I, II y III del 1723 el carácter no de la expresión de la voluntad soberana —de ahí su nombre sanción pragmática—sino como el nuevo orden, establecido en el ejercicio del derecho de elección de los estamentos (La Ley N° I). En la Ley Nro. II estipula el orden de sucesión de la línea femenina de la casa de los Habsburgo para "el reino de Hungría y de las tierras a ella asociadas", es decir, igualmente para Croacia, hasta la extinción de aquella línea los sucesores del Carlos III, José I y Leopoldo I (usque ad exitum sexos Leopoldini), momento en que nuevamente se debatirá el derecho de elección. Además, fue establecido que en todos los casos futuros, el sucesor o la sucesora deberá coronarse como rey de Hungría y de las tierras y reinos asociados, que deben considerarse inseparables, reconociendo a su vez la indisolubilidad de las tierras austríacas de Carlos. En la Ley III, el emperador y rey confirma los privilegios y las libertades de los estamentos húngaros y de las tierras y los reinos asociados. Acentuando la unidad de las comarcas de la corona de San Esteban, los húngaros quisieron recalcar que no consideraban la unión de Croacia como una unión personal sino como una union real[166]. Por la sanción de la Ley I y II/1722-23, es decir, de la sanción pragmática húngara, estatuyó Carlos III el núcleo de la futura organización dualista de la monarquía, acto que se manifestará formalmente en el Compromiso austro-húngaro de 1867: Con la Ley III/1740 y con intervención de la corona, el Sabor croata aceptó la sanción pragmática húngara y él de Transilvania, en 1744 [167].

De la decisión croata del año 1712 resulta claro que era su posición jurídico-estatal que Pacta Conventa del 1102 equivalía a un convenio con el rey y no con el reino; que el reino croata como factor libre de legislación había renunciado en 1527 a su unión con Hungría y que en el ejercicio de su plena independencia proclamó como rey a Fernando de los Habsburgo. En congruencia con este punto de vista, los croatas, prescindiendo totalmente de los húngaros declararon en 1712, que aceptarían como soberano al descendiente femenino de Carlos, considerando de esta manera su "sanción pragmática como un acto jurídico-estatal independiente de Hungría[168].

Carlos III empezó ya introducir reformas que serían continuadas por sus sucesores. Así, por ejemplo, en 1722 creó en Hungría el Consejo real lugarteniente (Consilium Regium Locumenentiale) en calidad del supremo órgano de la administración. Este Consejo intentó inmediatamente extender su poder sobre Croacia, aunque sin lograrlo, porque el Sabor croata se opuso enérgicamente en 1725, declarando que nunca permitirá la intromisión de aquél en los asuntos del país[169].

La hija de Carlos, María Teresa (1740-1780) continuó con la política de centralización y paulatina germanización tanto de la nobleza húngara como de la croata. Fundó la Orden de San Esteban ; se la proclamó, previo consentimiento del papa Clemente XIII, "rey apostólico" (1758), lo que le daba derecho de nombrar a los dignatarios eclesiásticos de más alta jerarquía; a su hijo José, coronado en 1765 como rey de Alemania, Io nombró rey-co-gobernante. En 1767 organizó el Consejo Real (Consilium Regium contra la voluntad de los croatas, teniendo presente como modelo el Consejo lugarteniente húngaro, con el fin de ejercer el poder en los asuntos político-económicos y militares, que hasta ese momento era de Ia incumbencia de Ban y el Sabor croatas. Este Consejo se convirtió en el primer gobierno local de Croacia, disminuyendo el poder del Ban y del Sabor, porque María Teresa, sin convocar el parlamento húngaro o el Sabor croata, gobernó mediante decretos y patentes, que enviaba a las županias (comitatus) para su ejecución, utilizando justamente al Consejo Real en Croacia y el Consejo Lugarteniente en Hungria como instancias intermediarias. Los húngaros, mientras tanto, intentaron someter el Consejo Real de Croacia al Consejo Real Lugarteniente de Hungría, lo que consiguieron en 1789, cuando María Teresa disolvió el primero, transfiriendo sus atribuciones al segundo. Por este acto, Croacia, por primera vez en su historia, fue sometida a Hungría y a su gobierno.

Tal siniestra decisión se manifestó más tarde en la cuestión de puerto Rijeka (Fiume) que fue el objeto de Ias discusiones durante las tratativas en torno del Compromiso húngaro-croata. El Compromiso no tuvo solución, pero la corte y los húngaros la encontraron en forma anticonstitucional, provocando el gran descontento de los croatas.

En una nota manuscrita del 9 de agosto de 1776, dirigida a las autoridades de Rijeka y al gobireno croata, María Teresa comunicaba que había decidido incorporar aquella ciudad, con su puerto, al reino de Croacia (inmediate regno Croatiae incorporentur), pero a condición de que operase como un puerto libre en interés del comercio marítimo. Por recomendación de la reina, las autoridades de Rijeka y el gobierno croata elaboraron la propuesta según la cual "Rijeka con su distrito deberían considerarse un cuerpo separado y unido a la santa corona" (separatum sacrae regni Hungariae coronae adnexum corpus). En efecto, después de incorporar a Croacia las localidades de Bakar, Bakarac y Kraljevica y formar con estos territorios la Zupania de Severin, con sede en Mrkopolje, María Teresa entregó el día 23 de abril de 1779 un Diploma otorgándole su autonomía en el sentido de la propuesta mencionada. De acuerdo con esta disposición, Rijeka que formaba parte integrante del Estado croata en el siglo X y desde 1467 era la posesión de la familia de los Habsburgo, debería considerarse como una parte especial de la corona común húngaro-croata, sin quedar con esto excluida del territorio del reino de Croacia. Pero, al disolver María Teresa el gobierno croata el 30 de julio de 1779, Rijeka fue sometida al Consejo Real Lugarteniente de Hungría. Sobre la base de esta decisión, los húngaros obraron (pretendieron obrar) más tarde como si la reina hubiese incorporado directamente Rijeka al reino de Hungría[170].

Las reformas del José II (1780-1790), primer rey húngaro-croata de la casa Habsburgo-Lotaringen, que nunca fue coronado como rey húngaro-croata, afectaron por igual a Hungría y Croacia. Ambas debían unirse y amalgamarse con las demás tierras de los Habsburgo en un Estado especial alemán. Con tal propósito, suprimió las Zupanias y los dos reinos —el de Croacia y el de Hungría— dividiéndolos en 10 distritos (círculos). Un impacto harto desagradable produjo su decisión de suprimir la Zupania de Severin, dando origen a una región especial llamada "el litoral húngaro" (littorale Hungaricum), y compuesta en la mayor parte por los territorio de distritos Rijeka, Bakar y Vinodol. Esta región fue regida por un gobernador con un organismo especial para los asuntos comerciales y sanitarios, y un Consejo municipal para los administrativos. Ambas autoridades fueron directamente subordinadas al gobierno húngaro, mientras que los asuntos judiciales fueron reservados a los tribunales de la instancia superior de Croacia. Después de un decenio de absolutismo y del fracaso bélico contra los turcos, José II, para evitar la rebelión, revocó todas sus reformas (menos la Patente sobre la libertad y la tolerancia religiosa así como la liberación de los siervos feudales) restituyendo a Croacia y Hungría su vieja Constitución; sacó del museo la corona de San Esteban y la devolvió a Budapest, prometiendo convocar el parlamento de la coronación; pero este acto no pudo cumplirse porque el día 20 de febrero de 1790 falleció.

Al sucederlo su hemano menor, Leopoldo II (1790-1792), la conciencia nacional húngara y croata estaban ya despiertas. Nadie quiso hablar ya el alemán sino el húngaro o el croata. Pero los turcos y Venecia tenían todavía bajo su poder grandes porciones de Croacia. Tal que el motivo de la propuesta del Sabor croata el 14 de mayo de 1790, para que se organizara el gobierno húngaro-croata hasta que se liberase un nú-mero suficiente de las 2upanias croatas, pero sin lesionar los derechos del reino de Croacia. Así los croatas, en su propio Sabor, dieron sanción al acto anticonstitucional de María Teresa en 1779.

En consonancia con su ya despierta conciencia nacional, los húngaros formularon entonces en el parlamento su nueva política: un Estado, un pueblo y un idioma. Así aceptaron la sugerencia de José II, substituyendo el Estado unitario de Austria por el de Hungría y el idioma alemán por el húngaro. En una sesión de este parlamento en Budapest se opuso el ban croata Esteban Erdödy, declarando que tal medida provocaría un conflicto entre los dos reinos y que un reino no puede imponer sus leyes al otro (Regnum regno non proescribit leges)[171]. El descontento en Croacia contra Hungría por el asunto del idioma creció de tal manera, que se esperaba la convocatoria de la Zupania de Zagreb, donde debería proclamarse la separación de ambos países, formándose un gobierno croata aparte[172]. En el parlamento de la coronación en Požun 1790/91 el rey asumió la obligación de considerar a Hungría y Croacia como un Estado independiente, sancionando 74 leyes, entre las cuales figuraba también la N° XIV, según la cual el poder supremo en Hungría quedaba concentrado en en el Consejo Real Lugarteniente; la Ley LVII, de acuerdo a la cual las Zupanias croatas (de Zagreb, Krizevci y Varazdin) quedaban bajo el poder del Consejo Real húngaro; la Ley LIX establecía la discusión sobre las contribuciones militares croatas únicamente en el parlamento común, pero separadamente las contribuciones húngaras por el mismo concepto. En opinión de los húngaros de ese modo habían desaparecido la igualdad entre Hungría y Croacia, considerando a la segunda como parte integrante de la primera. Esta situación permanecerá hasta 1848.

Como los croatas, luchando por la integración de su reino desde la creación de la Marca Militar bajo el poder de los primeros reyes Habsburgos exigían su reincorporación a la autoridad del Ban y el Sabor, des-de la paz de Campo Formio (18 de octubre de 1797), concluida entre Napoleón y Francisco I (179-1835), y que selló para siempre la suerte de Venecia, entregando Dalmacia al poder del rey Francisco I, los croatas de Dalmacia y del Banato (la Croacia propiamente dicha bajo el poder de los banes) exigían la unión de Dalmacia con Croacia. El rey se opuso al movimiento de esa unión hasta la pérdida de Dalmacia con la paz firmada en Požun el día 2 de diciembre de 1805 como también más tarde, cuando, finalizado el Congreso de Viena de 1815, formó, con una parte de la "provincia ilíricas" de Napoleón, el reino de Iliria, declarándose "rey de Iliria". El problema de la unión de Dalmacia con Croacia permanecerá sin solución hasta la disolución de la Monarquía en 1918, a pesar de la obligación por los húngaros para tratar de realizar esta unión.

Como consecuencia de la revolución francesa y de la creciente influencia de Francia sobre Alemania, se produjeron acontecimientos de suma importancia. Francisco I, el día 10 de agosto de 1804, adopta el sistema de sucesión imperial austríaco, formándose una nueva creación estatal: "el Imperio Austríaco", tratando desde ahora con más ahínco de imponer el centralismo. Pero, a pesar de la defensa común húngaro-croata contra tal intento, especialmente después de la renuncia de Francisco I el día 16 de agosto de 1806 al título de emperador romano, acto que provocó la disolución formal del primer Imperio (Reich) alemán, los húngaros exigieron con insistencia la introducción de su idioma en todos los territorios de la santa corona de San Esteban. Los croatas luchan contra las pretensiones húngaras en el parlamento de Požun en 1805, Budapest en 1807 y nuevamente en Požun 1825-27 y en 1830. Esta pugna continúa hasta 1830, en que aceptaron la enseñanza obligatoria del húngaro en sus escuelas; pero el latín continuó siendo el idioma oficial. Los croatas lo defendían desesperadamente sabiendo que únicamente así podrían participar en los debates parlamentarios y colaborar en los asuntos comunes, de los cuales dependía, si no la suerte, por lo menos el sistema de la administración. La propuesta del reconocimiento de la lengua croata en la administración no pudo prosperar, porque en aquella situación internacional no se pudo ni pensar en la derogación de la Ley XVII/1791 que subordinaba la administración croata a la húngara. Por eso los croatas lucharon por el mantenimiento del latín. Querían salvar así su individualidad milenaria, ahora en peligro[173]. En las sesiones de este parlamento empezó aquella lucha entre los croatas y los húngaros que culminará en 1848.

Por el contrario, la vehemente insistencia húngara en introducir el idioma húngaro como idioma oficial, produjo un resultado opuesto: en Croacia surgen reclamos cada vez más unánimes para que el croata sea introducido como idioma oficial, se busca el apoyo del pueblo, empieza el renacimiento nacional en el campo cultural y literario bajo el nombre del "Movimiento Ilirio", convirtiéndose más tarde en un movimiento político.

En vísperas de la convocatoria del parlamento en Požun, 1832, el Sabor croata imparte a sus delegados instrucciones para que pidan al rey la renovación de las atribuciones de Ban en su dignidad y autoridad anteriores, la reincorporación de la Marca Militar, de Rijeka, que desde 1808 enviaba sus diputados al parlamento húngaro y al Sabor croata, y la reintegración de Dalmacia. Se decía: "Si les resulta evidente la inutilidad de las discusiones con los húngaros, deben abandonar el parlamento y los croatas tomarán sus cosas por cuenta propia. Esto significaría la ruptura completa con Hungría y la guerra" [174]. En esta sesión parlamentaria se habló por primera vez en croata, cuando el general Jorge Rukavina agradeció en su idioma su elección como el subcapitán del reino.

El periodo de sesiones de este parlamento en Požun de 1832-1836 coincide con el período de la desarrollada idea nacional, que dentro de Ias relaciones húngaro-croatas significa, el principio del fin de su comunidad estatal. Durante las sesiones, Francisco I fue sucedido por el Fernando V (1835-1848), quien gobernaba mediante una "conferencia esta-tal" con el duque de Metternich a su frente. El nacionalismo húngaro y las ideas progresistas liberales constituyen ya un peligro para la existencia del Estado de los Habsburgo, por cuyo motivo el rey favorecía ahora las solicitudes croatas contra las decisiones del parlamento húngaro sobre la introducción del idioma húngaro en las escuelas croatas, negándoles el 28 de abril de 1836 la sanción correspondiente. De este par-lamento de 1836 salieron los croatas y los húngaros como enemigos abiertos. Después de siete siglos de vida estatal común, se abrió entre ellos la brecha que iría ahondándose cada día más. En 1840 el Sabor croata decidió establecer en la Academia de Derecho y en las escuelas secundarias Ias cátedras del idioma croata.

Hasta 1840 los croatas lucharon contra el idioma húngaro y contra la idea húngara de un Estado unitario en forma de varias agrupaciones, formadas en torno de un especial problema ocasional. Hasta ese momento no hubo partidos políticos en Croacia. Pero el fracaso experimentado con la sanción de las decisiones sobre la introducción del húngaro como idioma oficial en Ias escuelas y en la administración, así como también el avance del "movimiento ilirico" que aspiraba a reunir todas las tierras (provincias) croatas cultural y políticamente bajo un solo nombre, dieron pie a los húngaros para organizar a sus adictos en un verdadero partido político que contrarrestaría el "ilirismo". Así, en 1841 se formaría el partido "croata-húngaro" (horvatsko-ugarska stranka) cuyo programa era unificar lo más estrechamente posible a los crotas con los húngaros en un Estado políticamente unitario, a fin de que los croatas aceptasen el húngaro no sólo como idioma en las escuelas sino también como lengua oficial y que cada una de las županias enviara en adelante a dos representantes directamente al parlamento húngaro como lo hacían las demás upanias húngaras y las de Eslavonia. Por su contenido político-jurídico eso aqui valdría a la liquidación de los derechos municipales croatas, a la caducidad del Sabr croata y la transformación de Croacia en parte integrante de Hungría. Aquel partido, llamado por el pueblo "magyarones", realizará en 1868 el Compromiso húngaro-croata, pero sobre la base de su programa originario.

Contra los "magyarones" se organizó el partido de los "ilirios", denominado desde 1843, "el partido nacional croata". Insistía en su programa en que "las relaciones jurídico-estatales entre Croacia y Hungría deberían modificarse en el sentido de la formación de una unidad de las provincias croatas —Croacia, Eslavonia, Dalmacia, la Marca Militar y Rijeka— independiente de Hungría, con el Ban como su jefe, y con el idioma croata oficial" [175].

En el Sabor croata del 22 de abril de 1843, reunido en vísperas del parlamento de Poiun (común en Hungría) los delegados croatas recibieron instrucciones para usar su idioma y no el húngaro, que era, en aquel momento, el idioma oficial en el parlamento húngaro. En este Sabor croata pronunció por primera vez el 2 de mayo de 1843 el diputado Ivan Kukuljevic su discurso en croata, defendiéndolo como idioma diplomático, es decir, como el lenguaje que debía usarse en el parlamento, en las escuelas y en la instrucción pública sustituyendo al latín.

El rey, "contra la decisión del parlamento de Poiun de que el idioma húngaro debería ser en el futuro el idioma oficial en la administración y en las escuelas en toda Hungría, Croacia, Eslavonia y el Litoral", envió una resolución (12 de octubre de 1843) por la que se permitía a los diputados croatas usar, según su parecer, el latín o el húngaro. Pero en vista de que los húngaros impedían a los croatas hablar en latín, y exigían el empleo del húngaro, dictó una nueva resolución (23 de enero de 1844) en el sentido de que los diputados croatas deberían desde 1850 usar en el parlamento el húngaro. El monarca se negó empero a dar la sanción a la introducción del húngaro en las oficinas públicas y en las escuelas[176].

Eo 1845 se planteó en Croacia el problema del orden electoral, con el derecho de participar en la asamblea de Sabor y de županias, derecho del que gozaban únicamente la nobleza del reino. Siguiendo la instrucción del rey, el ban Haller no convocó el Sabor croata para aceptar las conclusiones del parlamento de Pozun hasta que se restaurase la Zupania de Zagreb, es decir, hasta que fuese elegido el cuerpo de sus dignatarios y funcionarios. Con la ayuda de la nobleza rural de Turopolje, que hasta ese momento no había participado en el Sabor ni tampoco en las de župania, vencieron los "magyarones" (1.289 contra 974), lesionando un derecho esencial del Sabor croata al proclamar en la asamblea de Župania las decisiones del parlamento de Požun, primero en latín y luego, en húngaro. Pero no fue ésta la primera victoria de los magyarones. Por desgracia, por malentendido o intencionalmente, esta victoria se convirtió el 29 de julio de 1845 en una matanza, cuando el batallón 13 del regimiento Wimpfen, compuesto casi exclusivamente por soldados italianos al comando del teniente coronel Sartori, abrió fuego contra los "ilirios" y un grupo de ciudadanos comunes, resultando 13 muertos y numerosos heridos. "Estas víctimas se clavaron profundamente en el alma de los croatas, porque éste era el primer encuentro con los húngaros"[177]. En el Sabor de Zagreb, reunido el 23 de septiembre de 1845 sin los nobles de Turopolje, es decir, sin los magyarones, se decidió solicitar al rey la restauración del gobierno independiente de Croacia, tal como era en los tiempos de María Teresa, y la elevación de la diócesis de Zagreb a la dignidad del arzobispado independiente de Hungría.

En ese momento encabezaba la vida política en Hungría Lajos Kossuth, un político radical de convicciones democráticas, que abogaba por la independencia de un país popular-democrático y no de los estamentos de la nobleza. Pedía también un gobierno responsable ante el parlamento de los diputados nacionales. Reorganizada de este modo debería man-tener con Austria unión personal. Según sus ideas políticas, Hungría le parecía un Estado unitario desde los Cárpatos hasta el Mar Adriático con un solo pueblo político, el pueblo húngaro. A causa de ese estado en Hungría y Croacia, en el mes de octubre de 1847 fueron tomadas las decisiones en el Sabor, que tuvo que elegir a los diputados para el parlamento en Požun, en el sentido de la completa liberación de Croacia del dominio húngaro, pero sin suprimir las relaciones con la corona. A pro-puesta de un comité del Sabor, el croata fue elevado a la categoría de idioma oficial, suprimiéndose el uso del latín. En la misma oportunidad se decidió, confirmando la integridad de las tierras y la exigencia del gobierno independiente, aceptar uso del idioma húngaro en el parlamento común como signo de la amistad con húngaros. Este Sabor, por su composición, fue el último de los estamentos de la nobleza de Croacia, que era un Estado nobiliario-feudal como la misma Hungría.

El hecho de que el rey Fernando V inaugurara el parlamento de Požun en el idioma húngaro, hecho que no había sucedido durante siglos, fortaleció las esperanzas y los deseos de los húngaros bajo la conducción de Kossuth. A pesar de las protestas croatas, este parlamento votó varios proyectos de leyes en favor del unitarismo húngaro, es decir "del idioma y la nacionalidad húngara". De acuerdo a estos proyectos legales, todas las oficinas públicas y los empleados del "litoral húngaro" debían usar la lengua húngara con las autoridades húngaras, mientras en los asuntos locales podían usar, además, el italiano; las Županias de Eslavonia podían emplear el latín solamente durante seis años, vencido este lapso, hablarían solamente el húngaro. Todas las monedas húngaras deberían llevar la inscripción húngara con el emblema húngaro. En todos los edificios públicos y los buques debería izarse el pabellón húngaro; las autoridades croatas en su comunicación con las húngaras, usarían solamente el húngaro, y en los asuntos locales el latín; en todas las escuelas croatas, incluso en las primarias, el estudio del húngaro sería materia obligatoria. En una discusión sobre derecho de ciudadanía, declaró Kossuth "que no existía el nombre ni el pueblo croata"[178]. De este modo y ante la buena voluntad de los croatas de hablar el húngaro en el parlamento común, los húngaros contestaron con el intento de la negación total de la nacionalidad croata. Por eso no les quedó otra salida que la de pedir al rey la denegación de la sanción de dichos proyectos de ley.

Durante las sesiones de este parlamento estalló en París la revolución de febrero, extendiéndose casi a Europa entera, sintiéndose especialmente su gravedad en Austria. Los húngaros pidieron el 3 de marzo de 1848, bajo la jefatura de Kossuth, un gobierno responsable, un ejército nacional y la extensión del derecho de representación también a los estamentos populares. Cuando el día 13 de marzo del mismo año estalló la revolución en Viena, el rey prometió a los pueblos austríacos restituir la Constitución y destituyó a Metternich. A la delegación húngara le prometió el 16 de marzo de 1848 un gobierno responsable que fue formado el 7 de abril de 1848, y como primer ministro fue nombrado Ludovico Batthyany, Kossuth, ministro de finanzas, y Francisco Deak ministro de justicia. El 11 de abril 1848, al clausurar las sesiones, sancionó el rey todas las leyes allí votadas menos el proyecto de ley "sobre el idioma y la nacionalidad húngaros". Por la Ley V fue establecido que Croacia no enviase en adelante a sus dos delegados al parlamento común, sino a 18 diputados electos, mientras Rijeka y Eslavonia enviarían sus representantes directamente al parlamento húngaro. En virtud de la nueva organización del gobierno húngaro, según el cual el rey no podría ya denegar la sanción a las leyes votadas en el parlamento húngaro, los croatas quedaron librados al arbitrio de aquel parlamento[179].

Las 31 leyes, votadas en este período de sesiones, último de carácter nobilitario-feudal elaboradas según el modelo belga, integran la Constitución húngara del 11 de abril de 1848. De esa manera fue legalizada la revolución húngara, y el imperio de los Habsburgo dividido en dos partes. Hungría, hasta entonces una provincia de los Habsburgo —si bien privilegiada—, se convirtió en un Estado sui generis[180]. Para defender esta Constitución, los húngaros se lanzarán a la revolución. Ella (la Constitución) constituiría más tarde el fundamento del Compromiso austro-húngaro de 1867, junto con la Sanción Pragmática de 1722/23.

Al mismo tiempo, el movimiento revolucionario se propagó también a Croacia si bien con una diferencia visible, puesto que los croatas, aparte de las reformas acordes con el espíritu de la época, exigían también la liberación completa del dominio húngaro. Croacia, en aquel momento, no tenia su ban, y el lugarteniente del ban, el obispo de Zagreb, Haulik, no se encontraba en Zagreb. Las leyes votadas en el parlamento de Požun no tenían vigor en Croacia, porque no fueron confirmados por el Sabor, que a su vez no pudo reunirse por falta de autoridad para convocarlo. Los magyarones emigraron a Hungría. Ignorando que el rey ya había nombrado el 23 de marzo de 1848 a José Jelačić, coronel-barón, como ban de Croacia, éste fue elegido por la gran asamblea popular el 25 de marzo, que envió a una delegación especial al rey en Viena pidiendo el nombramiento de Jelačić, la reunificación de todas las tierras croatas, un gobierno responsable e independiente de Hungría, el permanente Sabor croata como su parlamento representativo y la liquidación de los últimos restos de la servidumbre. A pesar de que el rey satisfizo los deseos húngaros en consonancia con sus promesas del 15 de marzo de 1848, no aceptó las peticiones croatas, porque la exigencia de separación de Hungría era contraria a las leyes fundamentales de la comunidad, juradas por el emperador. Una de éstas se refiere a "la comunidad perenne de las tierras de la corona de San Esteban" [181].

El ban Jelačić, nombrado vicemariscal y el comandante en jefe en Croacia y en la Marca Militar, impartió el 19 de abril de 1848 una orden dirigida a todas las autoridades croatas, según la cual no debían acatar órdenes de nadie hasta la convocatoria del Sabor, debiendo obedecerle solamente a él. Ante esta declaración, Croacia rompió sus relaciones seculares con Hungría[182]. El 5 de junio fue convocado el Sabor que invistió solemnemente al ban Jelačić, pero rehusó promulgar las leyes del parlamento de Požun, abolió, motu propio, los restos de la servidumbre e introdujo la obligación general de pago de los impuestos. En cuanto a las relaciones con Austria y Hungría, el Sabor se pronunció por una organización federalista con los gobiernos nacionales independientes y con el parla-mento y el gobierno centrales de Viena. Luego, repitió la petición de la restauración de las facultades de ban y de su jurisdicción desde el río Drava hasta el mar Adriático y la unificación de todas las tierras croatas.

Estas peticiones fueron presentadas al rey por la delegación croata en la ciudad de Innsbruck, donde se había refugiado la Corte debido a la revolución en Viena. Pero el monarca no aceptó las decisiones del Sabor, que no pudo reunirse sin la orden real, y especialmente no aceptó la sepa-ración de Hungría. En cambio, la Corte trató de solucionar el conflicto húngaro-croata. Al regresar de Innsbruck, se enteraron la delegación y el ban de que, mediante un Manifiesto imperial del 10 de junio de 1848, es decir, dos días antes de la audiencia con el rey, quedaba destituido Jelačić en su calidad de ban. Pero, el Sabor ignoró este Manifesto y el día 29 de junio de 1848 otorgó al ban un poder ilimitado para la defensa de la Patria. Los húngaros intentaron provocar la rebelión en Eslavonia, pero el ban, al pasar allí con el ejército, fue recibido con entusiasmo delirante por el pueblo.

De acuerdo a la situación, la política de la Corte se inclinaba ora ha-cia los croatas ora hacia los húngaros, deseando invalidarles la Constitución del 11 de abril de 1848. Con la victoria del ejército imperial en Vicenza y Custozza, la Corte recobró un poder de manos más libres en cuan-to a las revolucionarias ciudades de Viena y de Budapest. Y así fue madurándose la idea de la contrarevolución en la que se liquidarían individualmente los focos rebeldes. El duque Windischgratz disolvió por la fuerza el Congreso Eslavo en Praga[183]; la Corte evitó conflicto abierto con los húngaros; los croatas vivieron temorosos de que la Corte pudiera concertar un compromiso con los húngaros, mientras buscaba la conciliación húngaro-croata. Por otro lado, ambas partes captaron las sugerencias de la Corte en el sentido de mantenerse intransigentes. Así, por ejemplo, las tratativas en Viena entre Jelačić y el presidente húngaro Batthyany terminaron con las palabras dramáticas del último: "¡Adiós, barón! ¡Nos encontraremos otra vez en el río Drava !" Con la contestación del primero: "¡Le voy a buscar antes en las orillas del río Danubio !"[184]. Cuando la mobilización del ejército croata estaba en curso durante el mes de agosto, Batthyany y Deak ofrecieron todas las concesiones, a condición de que el ban, en adelante, aceptara solamente las órdenes del gobierno húngaro. Si eso no fuera posible, estarían dispuestos aceptar la separación de Croacia y Eslavonia, deseando tratar el problema servio (Voivodina servia desde el 19 de mayo de 1848 - 19 de noviembre de 1849) separadamente del croata. Debido a las libertades servias, fracasaron estas tratativas[185].

La doble cara de la política de la Corte se manifestó especialmente cuando el ban Jelačić obtuvo armas y dinero desde Italia por conducto del mariscal Radetzky. El 19 de setiembre de 1848 el ban ocupó a Rijeka militarmente y la incorporó a Croacia y el 7 del mismo mes declaró la guerra al gobierno húngaro, después de la revocación formal del 10 de junio, relativa la anulación del nombramiento de Jelačić como ban croata. Enarbolando la bandera croata el día 7 de septiembre de 1848 se dirigió el ejército croata hacia el río Drava, cruzándolo el día 10 de ese mismo mes, liberó a Medjumurje avanzando desde allí con la bandera imperial[186]. Durante una comunidad estatal de más de siete siglos con los húngaros, los croatas intentaron por tercera vez, después de 1527 y 1712, conseguir la ayuda de Viena contra aquéllos, para que Viena defraudase otra vez.

c) La ruptura de las relaciones con Hungria en 1848 y el Compromiso húngaro-croata de 1868.

A causa de la invasión militar de Hungría por parte del ban Jelačić, el gabinete de Batthyany dimitió, confiando el parlamento húngaro la conducción de los asuntos estatales a Lajoš Kossuth. Así empezó la revolución húngara de 1848-1849, conducida por Kossuth con el ejército nacional que estaba organizado desde el mes de julio de 1848. Contra lo que era el objetivo de Kossuth —separar Hungría de Austria y organizar a un gran imperio húngaro— se defendían otras nacionalidades, en primer término los croatas, quienes en el mes de setiembre de 1848 recurrieron a la autodefensa[187].

Después de la liberación de la Viena revolucionaria, en cuya ayuda acudieron los húngaros, vencidos en Schechat el día 30 de octubre por Jelačić, se preparaban Jelačić y Windischgratz contra Hungría para someterla completamente. En ese momento se operó el cambio en el trono imperial. A Fernando V, incapacitado para gobernar, le sucedió Francisco José I (1848-1916) de acuerdo a la ley de sucesión, y después de haber renunciado su padre, el hermano de Fernando, Francisco Carlos. El mismo día, 2 de diciembre de 1848, Francisco José I declaró que deseaba gobernar "sobre la base de una igualdad para todas las nacionalidades de la Monarquía y para todos los ciudadanos, ante la ley, y una participación de los diputados nacionales en la legislación". Al mismo tiempo, nombró al ban Jelačić gobernador de Rijeka y de Dalmacia, y al duque Francisco Kulmer ministro en el gabinete del conde Schwarzenberg como mediador entre Ia Corte y el gobierno croata. Al declarar el parlamento húngaro el 9 de diciembre de 1848 que deliberaba en Budapest desde 5 de julio, que no reconocía el cambio en el trono, entraron Jelaèié y Windischgratz el 5 de enero de 1849 en Budapest, y ello obligó al parlamento húngaro y a Kossuth a trasladarse a la ciudad de Debreszen. Después de las victorias del ejérito imperial y pese a la ayuda polaca bajo los generales Dembinski y Bem, Viena creyó quebrantada la rebelión húngara, por lo que el rey otorgó el 4 de marzo de 1849 una Constitución al imperio austríaco. Esta Constitución era en realidad, y en sus rasgos esenciales, la "Constitución de Kremsier" (llamada así por la localidad de Kremsier, Kromeris, en Moravia, donde se había refugiado el parlamento de Viena el 22 de octubre de 1848 a raíz de la revolución en Viena) prevista sola-mente para los territorios austríacos sin Dalmacia y que ahora se extendía a Hungría y Croacia. En esta Carta Magna se trató de hallar la soIución a la cuestión de las nacionalidades dentro de la Monarquía partiendo de que ésta estaba compuesta de las tierras de la corona (Kronlaender), independientes entre sí. Viena debía ser la sede del gobierno central; el poder legislativo lo ejercería el emperador con el parlamento central (Reichsrat) en los asuntos de Estado, y en los locales, el emperador con los parlamentos locales (Landtag). Así fue derrogada la Constitución húngara del 11 de abril de 1848. En cuanto a Croacia y Eslavonia la nueva Constitución decía: "En los reinos de Croacia y Eslavonia, con el Moral correspondiente y la ciudad de Rijeka y su distrito, quedarán en vigor sus organizaciones especiales con la completa independencia de Hungría. Los diputados de Dalmacia discutirán con el Sabor de Croacia y EsIavonia, mediante el poder administrativo de Estado, las condiciones de la reunión de Dalmacia con el reino de Croacia y Eslavonia, y luego pre-sentará el resultado al emperador para su sanción"[188].

Mientras tanto en Croacia, esperando la aprobación de sus decisiones del mes de junio de 1848, el Sabor se negó a proclamar la nueva Constitución, no obstante las recomendaciones del ban Jelačić, por la razón de que aquélla había sido formulada sin su participación. Esto constituía una lesión a su poder político y a la autoridad tan antigua, del ban en su calidad de prorex, derechos por los cuales los croatas sostenían una lucha secular.

La nueva Constitución exarcerbó aún más a los húngaros a tal punto que el 15 de abril de 1849 su parlamento proclamó la destitución de la familia de los Habsburgo del trono húngaro, y eligió al mismo tiempo a Kossuth como presidente-gobernador de Hungría. De esa manera la revolución húngara entró en su segunda fase política y militar, cuando tras grandes éxitos y la reconquista de Budapest, fue definitivamente aplastada con la ayuda del ejército del zar ruso Nicolás I, quien había ofrecido su ayuda ante el temor de que se propagase la revolución al territorio de Polonia. Con la rendición del ejército húngaro en Vilagos el 13 de agosto de 1849 terminó la revolución húngara.

Ahogada ésta, el consejo croata del ban proclamó la Constitución otorgada de 4 de marzo de 1849 como ley fundamental, y el 13 de diciembre de 1849 proclamó Medjimurje "provisoriamente unido a Croacia hasta que se decidiese al respecto mediante la legislación del Estado". El 7 de abril de 1849, el emperador Francisco José I sancionó las decisiones del Sabor croata del mes de junio de 1848, con la modificación necesaria de acuerdo con la nueva Constitución de 1849. Hungría fue gobernada hasta 31 de diciembre de 1851 por la administración militar.

Posiblemente aquella Constitución habría podido poner orden en un imperio como éste, plurinacional, de no haber sido derogada antes de su entrada en vigor por la "Patente de San Silvestre" del 31 de diciembre de 1851[189]. Con esta "Patente" se introdujo el tercer absolutismo en los últimos cien años —denominado el "absolutismo de Bach"— por el ministro honónimo del interior[190]. Desde 1854 se impuso el alemán como idioma oficial en todo el imperio, incluso en Croacia, mientras la vida política estaba casi paralizada. La única ventaja de este absolutismo, para Croacia, fue su permanente liberación de la soberanía húngara en la administración, la justicia y la educación pública, así como, en cierto aspecto, en el eclesiástico, puesto que el obispado de Zagreb fue elevado en 1852 a la dignidad de arzobispado.

Las dificultades financieras y los fracasos exteriores, especialmente la pérdida de Lombardía después de las derrotas de Magento y Solferino, confirmada con la paz con Napoleón III el 11 de julio de 1859 en Vila-franca, causaron la caída del absolutismo y obligaron a Francisco José I a dar un giro paulatino hacia la vida constitucional. El 15 de julio de 1859 dirigió una proclama a los pueblos de la Monarquía, prometiendo "la mayoría correspondiente en la legislación y la administración" sin usar la palabra "Constitución". De todas las instituciones constitucionales, no suprimidas por la Patente de San Silvestre, solamente permaneció el "Reichsrat" —un cuerpo de consejeros nombrados por el emperador—que fue integrado el 5 de marzo de 1860, y demás por 38 destacadas personalidades de todas Ias tierras de Imperio. A este consejo de Estado reforzado (verstarkter Reichsrat) fueron llamados también los representantes de Croacia, Eslavonia y Dalmacia, uno por cada una, y dentro de su seno se aprobó una organización federalista del Imperio con el parlamento central[191].

Durante la pugna entre la concepción centralista y la federalista dentro de mencionado Consejo de Estado, el representante de Eslavonia, obispo José Jorge Strossmayer, exigió la reimplantación inmediata del uso del idioma croata en todas las escuelas y oficinas públicas, expresando a la vez su esperanza en la próxima unificación de Dalmacia con Croacia. A este pedido se opuso el representante de Dalmacia, conde Borelli, porque, a su parecer, todavía no había llegado el momento propicio. El discurso de Strossmayer, pronunciado en esa oportunidad, se considera la base del partido nacional en Dalmacia, mientras eI de Borelli se tiene por la base del "autonomismo", partido proitaliano que Viena utilizará como recurso para impedir la reunificación de Dalmacia con Croacia. El ban barón José Sokčević que sucedió el 20 de mayo de 1859 a Jelačié al morir éste, introdujo, con autorización del imperador, el idioma croata en todas Ias oficinas públicas, expulsando de Croacia a todos los extranjeros llegados durante el absolutismo.

Respondiendo a Ias decisiones del Consejo Reforzado de Viena, el emperador dió un Manifiesto el 20 de octubre de 1861, conocido como "ET Diploma de Octubre" en el que, subrayando la indisolubilidad de las partes del imperio devolvía la Constitución a Hungría y Croacia, prometiéndosela también a las demás tierras (Laender).

Este documento distingue claramente entre los asuntos comunes de todas las partes del imperio y los asuntos correspondientes a los parlamentos locales. Pide por escrito al ban Šokčević que le presente una propuesta sobre la composición del Sabor croata y el modo como deben arreglarse las relaciones húngaro-croatas. Con un acto similar restaura la cancillería húngara en la Corte. El ban šokčević convocó el 26 de de noviembre 1860 una reunión de los politicos más destacados de Croacia, para solicitar del rey la fundación de la Cancillería croata en la Corte real y la reunificación de todos los territorios croatas. El emperador con-testó el 5 de diciembre 1860 aprobando la introducción del croata como idioma oficial, la fundación de un dicasterio provisional croata en la Corte (dicasterio: una especie de tribunal) y en cuanto a Dalmacia aprobó la invitación de sus diputados a la conferencia de ban, es decir, al cuerpo central de Croacia. No obstante, las intrigas de los empleados austríacos impidieron el envio de aquéllos.

Aun cuando no llegaron a cumplirse todas las perspectivas, el Diploma de Octubre despertó grandes esperanzas. Pero las tendencias federalistas de la nueva Constitución no gustaron a los círculos alemanes centralistas y nacionalistas, que vieron en ellas el retorno al dualismo que empezó a manifestarse ya en 1848. Los húngaros por su parte, no aceptaron ese Diploma porque les parecía clara la tendencia federalista-centralista, y trataron de restaurar el status anterior al 1848. Consiguieron reincorporar a Medjimurje croata y Rijeka; empezaron a ayudar a los "autonomistas" abriendo nuevamente la brecha entre Croacia y Hungría, brecha allanada y casi olvidada por los comunes sufrimientos durante el absolutismo.

El desarrollo de estas relaciones corre paralelo con la solución del problema alemán dentro de la Liga Alemana (Deutscher Bund) con Austria al frente, disputándole Prusia la prioridad. En la Asamblea Nacional, reunida en Frankfort en 1848 fue hallada la solución de este problema en virtud de la cual el Imperio austríaco debería ceder sus tierras a la Liga de los Estados alemanes autoliquidándose a favor de un Estado nacional o renunciar a integrar la comunidad con los demás Estados alemanes. La cuestión tan sólo se resolvió después de la guerra austro-prusiana de 1866. Austria fue excluida de la Liga alemana, que se disolvió y reconoció la jefatura de Prusia. Todo eso tuvo decisivo efecto en el desarrollo de la vida constitucional del Imperio austríaco, cuya posición de gran potencia dependería de la relación austro-húngara.

El paso ulterior de este desarrollo lo constituye la Patente de Febrero de 1861 que reglamentaba y aplicaba las disposiciones del Diploma de Octubre. Este documento preveía un gobierno y parlamento centrales en Viena. El parlamento central sería compuesto por cámara alta y baja, y contaría con un determinado número de delegados enviados por los parlamentos locales. Para que esta constitución liberal se conviertiese en Ley, era necesaria su aprobación por las dos cámaras y su sanción por el emperador. Para elegir a sus respectivos delegados para el parlamento central, fueron convocados los parlamentos locales de Hungría, Croacia y Dalmacia. Pero el parlamento húngaro y el Sabor croata muy pronto fueron disueltos por el emperador por haberse negado enviar a sus delegados al parlamento central de Viena. El Sabor croata fue disuelto el 8 de noviembre 1861, el mismo día se sancionó la Ley XVII/1861, relativa a las relacioneš húngaro-croatas, propuesta por el "partido nacional" del obispo Strossmayer. Esta ley en los decenios subsiguientes será en el fundamento de la política croata. En cuanto a las relaciones con Hungría dicha ley establece lo que constituye jurisdicción real y virtual de los reinos de Dalmacia, Croacia y Eslavonia, declarando luego que, a causa de Ios acontecimientos de 1848, la relación entre Croacia y Hungría cesó de jure, y sólo lá persona del rey común las unía, debiendo ser coronado con la misma corona y en el mismo acto como rey de Croacia (Art. 1). En el artículo 2 se dice que Croacia puede establecer con Hungría una "unión más estrecha", si ésta le reconoce la independencia nacional y la jurisdicción real y virtual de su territorio; las relaciones jurídico-estatales serán nuevamente determinadas por un acuerdo sobre la comunidad (art. 3); la legislación en los asuntos de la administración política, la instrucción pública, el culto y la justicia no incumben a esa comunidad "más estrecha", siendo de competencia exclusiva del gobierno croata (art. 4); tan pronto los húngaros acepten esos principios se reunirán las delegaciones, iguales en su número, para articular un convenio sobre la unión (art. 5) con la obligación de comunicar su decisión al parlamento húngaro (art. 6). Esta propuesta del "partido nacional" fue aprobada también por los "magyarones" (unionistas) pero sin ninguna condición previa para la parte húngara.

Mientras se dilucidaba el dilema nacional de si deberían optar por Viena o por Budapest, se formaron dos nuevos partidos políticos: el "Independiente", de orientación austrófila, que esperaba conseguir con ayuda de Viena más facilmente la unión de Dalmacia con Croacia, y el "Partido de Derecho", del Dr. Antonio Starčevic que postulaba la integridad y la totalidad de los territorios croatas con la independencia que habría que alcanzar en las tratativas con el emperador, admitiendo sólo ciertos asuntos comunes[192].

En la sesión del Sabor croata aparecen por primera vez los servios como factor político, porque, por exigencia de aquél, se llevaron también a cabo elecciones en la Marca Militar y en Srijem (Sirmium) poblados en parte por los servios durante las irrupciones turcas, especialmente en 1690 y 1737 [193]. Estos servios inmigrados se convertirán desde entonces en el instrumento político de Austria en Dalmacia, y de Hungría en Croacia para obstaculizar la lucha croata por la reintegración de las provincias croatas y por su independencia.

El Sabor de Dalmacia, elegido de acuerdo a la Ley de 16 de febrero de 1861, estaba compuesto por 43 diputados, de los cuales 31 eran proitalianos, 12 croatas y servios[194]. Este Sabor frustró el envío de los diputados a Zagreb y, contrariamente, envió sus 5 delegados al parlamento central de Viena (Reichsrat).

En el período de 1861-1866 Bismarck, primer ministro de Prusia, brindó su ayuda a los húngaros para debilitar la posición de Austria. Por eso Viena trató aislar a los húngaros y atraer a los croatas al Reichs rat. El exponente de esta política del partido independiente fue Juan Mažuranić, el primer canciller croata después de haberse constituido el 14 de marzo 1861 el primer gobierno croata local bajo la denominación de Consejo Lugarteniente Real con la presidencia de ban y de haberse convertido el 20 de noviembre 1861 el dicasterio croata en la Cancillería ante la Corte. Al organizar la "Mesa de los Ocho" —supremo tribunal en Croacia— el 30 de junio 1862, quedaron rotas las últimas relaciones con Hungría. El objetivo de esta política austrófila del partido independiente era hallar un compromiso con Austria antes que con Hungría. Para esta política tenían más valor las realidades positivas que las teorias jurídico-políticas y constitucionales de los demás partidos croatas[195]. A pesar de la ayuda de Viena, las elecciones del 17 de julio 1865 para el Sabor dieron la mayoría a la coalición del partido nacional y de los unionistas, que se oponía al compromiso eventul con Austria, temiendo que Croacia se hundiera en el mar germánico y se convirtiese en el satélite de la política alemana. La derrota de la política centralista del ministro Schmerling, creador de la "Patente de Febrero", no sólo en las elecciones de Croacia sino también en Hungría y Bohemia, obligó al emperador Francisco José a revocar la Patente de Febrero con un Manifiesto del 20 de setiembre 1865, por el que suspendía la actividad del Consejo Imperial (Reichsrat) con una declaración adicional en la que expresaba que había decidido "marchar por el sendero del compromiso con los re-presentantes legales de las tierras orientales del imperio", es decir, con Hungría y Croacia[196].

El Sabor croata, reunido el 12 de noviembre 1865 para tomar posición con respecto a los asuntos comunes de la Monarquía y enviar a los diputados para la coronación en el parlamento húngaro, fue unánime en cuanto a la totalidad de las tierras croatas, pero dividido en cuanto a las relaciones con Hungría y Austria. Ante nota de la mayoría de Sabor, esta vez formada por los partidos nacional e independiente contra los "unionistas" y el Partido de Derecho, que pedía que el Sabor resolviese los asuntos conjuntos con Austria en concordancia con el reino de Hungría, pero en pie de total igualdad, el emperador contestó con un Rescripto el 27 de febrero 1866 al Sabor diciéndole que eligiese su diputación regnicolar que discutiría con la delegación idéntica húRgara las relaciones recíprocas húngaro-croatas y los asuntos de toda la Monarquía. Hasta dar por terminado este asunto, no se puede ni pensar en la unión de Dalmacia con Croacia. Estas dos diputaciones regnicolares, cada una compuesta de 12 diputados, se reunieron en Budapest el 16 de abril 1866 sin el reconocimiento previo de la integridad y la totalidad de los territorios croatas por parte del parlamento húngaro, de acuerdo a la Ley XVII/1861 del Sabor croata. El 14 de junio 1866 abandonaron las delegaciones la reunión sin conseguir su objetivo, debido a que los húngaros determinaron imponer condiciones inaceptables para los croatas: la relación entre Hungría y Croacia no fue en 1848 rota de jure sino sólo de facto; las tratativas húngaro-croatas no se relacionan con los asuntos comunes de la Monarquía sino sólo con los asuntos comunes con Hungría. que reconoce la autonomía completa croata únicamente en la administración, la justicia, el culto y la instrucción pública, y que al territorio croata no pertenecen Rijeka ni Medjimurje. Los húngaros tenían sobradas razones para ser intransigentes porque el tiempo trabajaba en su favor. Ya el 17 de junio de 1866 el emperador declaraba la guerra a Prusia, que terminó en Sadova el 3 de julio del mismo año, a pesar de las victorias parciales de Custozza en Italia y de la batalla naval, cerca de Vis, en el Adriático del 20 de junio 1866[197]. Con la paz de Praga del 23 de agosto 1866 con Prusia, y de Viena el 3 de octubre 1866 con Italia, Austria fue excluida de la Liga Alemana y de Italia. Asi al mismo tiempo fue resuelta la cuesión alemana.

El pueblo húngaro, encabezado por Francisco Deak, jefe del partido liberal, encontró prácticamente la solución de sus relaciones con Austria en condiciones propicias, tomando en consideración la situación austríaca entre Custozza y Sedova (Königgratz). Apenas llegó el telegrama anunciando la victoria de Custozza, fue disuelto el parlamento húngaro que aún día antes había presentado su propuesta de compromiso. Las condiciones que después de aquella victoria parecían el desideratum húngaro, se convirtieron después de Königgratz en una concesión a Viena. El nuevo ministro de relaciones exteriores, Friedrich Beust, propiciaba el dualismo, mientras el centralismo federal fue sostenido por el primer ministro Richard Belcredi, proponiendo que la Monarquía unitaria debería componerse de cinco Estados: Bohemia (Bohemia, Moravia y Eslesia), Polonia (Galicia y Bukovina); Croacia y Hungría con Transilvania. El emperador optó por el dualismo, nombrando a Beust primer ministro el 7 de febrero de 1867 con el encargo de preparar el Compromiso con Hungría.

Durante las tratativas secretas del emperador con Deak después de Kiiniggratz, fueron convocados el mismo día 19 de noviembre de 1866 el Sabor croata y el parlamento húngaro. Conociendo el plan de Belcredi relativo a la organización de la Monarquía, decidió el Sabor croata abandonar la idea de la unión con Hungría aceptando la del compromiso con Austria. Mientras tanto, Belcredi tuvo que renunciar. Beust firmó el Compromiso austro-húngaro, que en realidad significó el compromiso de la corona con Hungría, poniendo a las tierras austríacas y a Croacia ante los hechos consumados. Este compromiso obligaba a dichas tierras, pero no a Croacia, por lo cual no se hizo mención de ésta en el Compromiso, salvo en términos generales: "Hungría y los reinos hermanados". De acuerdo a este Compromiso del 14 de noviembre de 1868 la Monarquía de los Habsburgo, denominada Austro-Hungría, fue una unión real de dos Estados, que tenían en común: 1) el gobierno conjunto; 2) el ejército y la marina; 3) las relaciones exteriores, y 4) los gastos para estos asuntos. Las delegaciones de 60 miembros de cada parte se reunían" cada año una vez en Viena y otra en Budapest, ejerciendo el poder legislativo en los asuntos comunes[198]. En cuanto al territorio, Austria retuvo a Dalmacia, mientras a Hungría le cedió Transilvania, Croacia, debiendo las partes interesadas negociar sus acuerdos con Hungría[199].

Alcanzado el Compromiso austro-húngaro, el emperador invitó al Sabor croata para que enviase a sus delegados al acto de la coronación. El Sabor le contestó que no podia hacerlo, puesto que las relaciones entre Croacia y Hungría no estaban arregladas[200]. Por ello el 25 de mayo de 1867 el Sabor fue disuelto por el emperador y la coronación del 8 de junio de 1867 se efectuó sin la participación de los croatas. El 12 de junio 1867 el parlamento húngaro promulgó el Compromiso austro-húngaro con la ley fundamental del Estado, sancionada el 18 de julio 1867 por el rey como la Ley Nro. XII11867.

Debido a este desfavorable vuelco de los acontecimientos el ban Sokčević renunció y el barón Levin Rauch fue nombrado el lugarteniente de la dignidad de ban con el encargo de negociar el Compromiso húngaro-croata de acuerdo a los principios de la diputación regnicolar de 1868. En base al nuevo sistema electoral, los unionistas obtuvieron la mayoría, abandonando su actitud de oposición el 8 de enero de 1868. El día 30 de mismo mes el Sabor eligió la delegación regnicola compuesta de 12 miembros, todos unionistas, que junto con una similar delegación húngara preparó y elaboró el texto del Compromiso húngaro-croata. En cuanto a Rijeka, las delegaciones no pudieron encontrar una solución aceptable para ambaš par-tes, dejándose la constancia del hecho en el Art. 66. Pero, mientras la delegación húngara aceptó la propuesta del Compromiso por mayoría de votos —tres de sus delegados votaron en contra-, proponiendo la independencia financiera para Croacia de acuerdo a la propuesta de Deak, y que el rey designaría al ban a propuesta del Sabor croata y no a propuesta y con refrendación del primer ministro húngaro.

Así y todo esto el Sabor aceptó este Compromiso el día 26 de septiembre de 1868, sin discusión digna de mención, y con mayoría de votos, enviándolo el 24 de septiembre de 1868 al rey para su sanción y solicitándole al mismo tiempo la adjudicación de Rijeka a Croacia por ser parte integrante suya en consonancia con su derecho incontestable. El rey firmó inmediatamente el texto de este Compromiso. El 28 de agosto 1868 el parlamento húngaro aceptó también el Compromiso unánimamente, agregrando al Art. 66, referente al territorio de Croacia, que Rijeka, con el puerto y distrito, pertenecía directamente a Hungría debiendo ser incorporada inmediatamente. Antes de aprobar el texto húngaro del Compromiso y con intención de armonizar ambos textos, el rey publicó un Rescripto el 8 de noviembre 1868 por el que invitaba a los dos parlamentos a reconocer que "la ciudad de Rijeka constituía un cuerpo separado perteneciente a la corona húngara". El texto húngaro del Compromiso fue cambiado en tal sentido por la Cancillería de la Corte, y hubo que rehacerlo, mientras que sobre el texto croata, ya sancionado, se pegó un pedazo de papel con el nuevo contenido. El 17 de noviembre de 1868 el Sabor croata considero el Rescripto del rey y aceptó el nuevo texto, que se convirtió en otra fuente de discordias y disputas en las relaciones húngaro croatas hasta 1918.

El mismo día -17 de noviembre 1868— el monarca dio su real aprobación al original húngaro del Compromiso húngaro-croata, convertiéndose de esta manera en la ley fundamental de los reinos de Hungría, Croacia, Eslavonia y Dalmacia; para Croacia, como la ley I/1868 y para Hungría, como ley XXX/1868 [201].

El contenido de este Compromiso constituiría el tema de la segunda parte de nuestra exposición.

II

EL CONTENIDO DEL COMPROMISO CROATA-HÚNGARO DE 1868

El Compromiso húngaro-croata de 1868, como el austro-húngaro de 1867, se divide en dos partes : la política y la económica. Salta a la vista en ambos casos una gran desproporción a favor de la parte política.

En ésta figuran, en primer término, aquellas disposiciones que regulan la posición jurídica estatal de Croacia dentro de la totalidad de la Monarquía, o, mejor dicho, las que fijan la participación de Croacia en los asuntos comunes de Austria y de Hungría, y después, las disposiciones que determinan la posición jurídico-estatal de Croacia con Hungría. Abarca también las disposiciones relativas a la autonomía croata.

a) La participación de Croacia en los asuntos comunes de Austria y Hungría

En el Art. 4 del Compromiso, Croacia reconoce la Ley N° XII de 1867 del parlamento húngaro, por la que se fijan los asuntos comunes entre los reinos de la corona de San Esteban y los demás territorios de Su Majestad, así como aquellose que, aún sin ser comunes, deberán ser tratados de común acuerdo y en forma prevista. Este reconocimiento retroactivo del Compromiso austro-húngaro lo acepta Croacia "con Ia específica condición de que, en el futuro, las leyes similares y compromisos de importancia fundamental sólo podrán votarse si se les concede una participación legal a los reinos de Dalmacia, Croacia y Eslavonia" [202]. Insistiendo en sus derechos constitucionales y en vista de la convalidación posterior del Compromiso austro-húngaro que hace efectiva su influencia sobre la vida de Croacia, exige el Art. 4 del Compromiso que la ya mencionada ley fundamental, o sea la Ley Nro. XII de 1867, así como Ias complementarias y posteriores "deben ser a la brevedad enviadas al Sabor (parlamento) de los reinos de Dalmacia, Croacia y Eslovenia en su original croata para ser publicados y promulgados". De esta disposición se deduce lógicamente, que el Sabor croata nunca autorizó al parlamento húngaro, o a algún otro, para que representase a Croacia en los asuntos internacionales sin la participación de sus diputados. En la misma disposición quedó recalcado que sólo las leyes votadas por el Sabor croata tienen vigencia en Croacia.

Por no existir un parlamento central de la Monarquía que respondiese a las disposiciones del Compromiso austro-húngaro, y habiéndose estipulado que el poder legislativo en los asuntos comunes lo ejercerán las "delegaciones" o las "diputaciones", numéricamente iguales y elegidas —60 delegados— por el Reichsrat austríaco y el parlamento común húngaro-croata, los Art. 40, 41 y 42 tratan sobre la participación de los de-legados croatas en la delegación común húngaro-croata. El Art. 40 determina que en la delegación húngara serán elegidas tantas personas, de entre los diputados de los reinos de Dalmacia, Croacia y Eslavonia, como lo exija el criterio de acuerdo al cual estos reinos participan en el parlamento común. El Art. 41 prevé que, a tal fin, serán elegidos por el parlamento común cuatro diputados de entre los representantes y uno de entre los virilistas (los que tenían voz y voto por su posición social permanente: ciertos obispos y funcionarios públicos) de estos reinos. Por no estar reunidas en aquel momento todas las regiones de Croacia, el Art. 42 prevé el aumento de este número de delegados, en caso de aumentar también el número de los diputados en el Sabor croata de acuerdo con lo establecido en el Art. 13 del Compromiso, donde se habla de la posibilidad del aumento territorial (de Croacia)[203].

Tomando en consideración la gran desproporción numérica entre los diputados croatas en el parlamento común y, consecuentemente, también en la delegación húngara (5 croatas y 55 húngaros), la influencia práctica de Croacia en los asuntos comunes resultaba insignificante tanto en la esfera legislativa como en la administrativa. Esta influencia quedó, además, disminuida en el sector político por el hecho de que el Art. 55 del Compromiso suprimió la Cancillería croata-eslavona en la Corte imperial, que desde el 20 de noviembre de 1861 se venía desempeñando como intermediario entre el Sabor croata y el rey, encabezada por un canciller de la Corte. Por otra parte, de acuerdo al Art. 51 del Compromiso, el ban, jefe del gobierno autónomo croata, nombrado por el rey a propuesta y con la firma del primer ministro común húngaro, no puede cdmunicarse directamente con el rey, sino por intermedio de un ministro croata especial sin cartera en el gobierno central de Budapest, y cuya función es la de servir de enlace entre el rey y el gobierno autónomo de los reinos de Dalmacia, Croacia y Eslavonia (Art.44).

A través de estas disposiciones del Compromiso, se interpuso el Consejo ministerial húngaro en cuanto a los intereses croatas entre Zagreb y Viena[204]. Los Art. 51 y 55 hicieron efectivo el dualismo de Ia Monarquía hasta el extremo con respecto a Croacia.

b) Relación jurídico-estatal de Croacia con Hungría

Dentro ya de ese espíritu dual el Art. 1 del Compromiso croata-húngaro subraya que Hungría y Croacia forman "una sola comunidad estatal tanto respecto de los demás países bajo el poder de Su Majestad como en relación con otros Estados". A fin de destacar ante el rey que esta unidad estatal —proveniente de la indisolubilidad de las tierras de la corona de San Esteban, prevista y confirmada por la Sanción Pragmática [205]- y para eliminar todo rastro de la anterior unión personal, el Art. 2 del Compromiso instituye que el rey de ambos reinos (Hungría y Croacia) deberá coronarse en un mismo acto solemne y que para todos los reinos de la corona de San Esteban se promulgará en el parlamento común el "diploma inaugural". Por no haberse avenido el Sabor croata a enviar sus delegados a parlamento convocado para la coronación del 8 de junio de 1867, aquella ceremonia se realizó sin la participación de los croatas. El propio Art. 2 establece que el "mismo diploma inaugural de coronación de 1867 deberá posteriormente prepararse en idioma croata y que, a la brevedad, se enviará al Sabor de los reinos de Dalmacia, Croa-cia y Eslavonia". En la versión croata de cada una de los futuros "diplomas inaugurales" "se garantizará en su totalidad la Constitución autónoma de los reinos de Dalmacia, Croacia y Eslavonia".

Tomando en consideración la comunidad estatal y la indisolubilidad de los territorios expresada en los Art. 1 y 2, el Art. 3 prevé que, con respecto a todos los asuntos comunes de todas las tierras y reinos de la corona húngara y de Su Majestad, existirán para Hungría y Croacia la misma representación legal, la legislación y el gobierno comunes. En consecuencia, aprobando el Compromiso croata-húngaro, el Sabor croata en el Art. 3 legaliza el mandato de los órganos de una comunidad más amplia, es decir, de Austro-Hungría. Pero por existir, además de los asuntos comunes en la Monarquía, también otros, comunes a Hungría y Croacia, el Art. 5 reconoce la necesidad de una legislación y un gobierno comunes para los segundos.

El Compromiso croata-húngaro por tanto, detalla: a) los asuntos comunes y b) los órganos comunes.

a) Los asuntes comunes entre Croacia y Hungría.

Según los artículos 6 - 9 son los siguientes: 1) Establecimiento de gastos para la Corte; 2) Aprobación del reclutamiento de soldados; legislación sobre la defensa y el servicio militar; disposiciones relativas a la distribución territorial y abastecimiento del ejército. Al respecto, para Croacia tienen vigor las siguientes disposiciones: a) el número de reclutas para el contigente común debe determinarse de acuerdo a la proporción de la población de Croacia, Eslavonia y Dalmacia; b) los reclutas de estos reinos deben incorporarse a sus unidades, y c) los reclutas del litoral deben incorporarse a la marina[206]. 3) Los asuntos de finanzas, enumerados exactamente en el Art. 8 forman parte de la competencia del Sabor común (elaboración común) de un sistema de impuestos; manipulación y cobranza de aquellos; determinación de impuestos nuevos; establecimiento del presupuesto de gastos comunes; control y amortización de las deudas del estado; administración, gravámenes y ventas de los inmuebles del Estado; manipulación de los monopolios y entradas reales). Aquí quedó expresamente recalcado que, "si se tratase de la venta de los inmuebles del Estado situados en Dalmacia, Croacia y Eslavonia —tales como tierras y bosques— era necesario escuchar la opinión del Sabor croata y, sin su consentimiento, no podría realizarse enajenación". En todos estos asuntos la competencia de la administración financiera común, a cargo de un ministro común responsable ante el Sabor común se extiende también a Croacia.

En el Art. 9 fueron enumerados también taxativamente los asuntos comunes ulteriores como ser: El sistema monetario; la cuestión de las monedas metálicas y los bancos, los contratos comerciales y estatales que integrasen a todas las regiones de la corona de San Esteban; los créditos, los seguros, las medidas, las marcas y muostrarios, los derechos de autor, de navegación, de comercio, cambiario y de minas; además, los telégrafos, los correos, los ferrocarriles, los puertos, los astilleros y aquellas rutas y ríos que afectan por igual a Hungria y Croacia.

En el Art. 10 se fijan los asuntos de la legislación común, pero el poder ejecutivo queda reservado para las autoridades autónomas. Tales asuntos son los siguientes: el artesanado, las sociedades civiles particulares, los pasaportes, la policía para los extranjeros, la ciudadanía y la naturalización. En cuanto al gobierno central, no tendría órganos de ejecución para los asuntos comunes en Croacia, puesto que ese poder pertenece a los órganos ejecutivos croatas (Art. 45) ; el croata es el idioma oficial para los órganos comunes así como también para los croatas tratándose de la ejecución de los asuntos comunes (Art. 57).

b) Los órganos comunes.

Los órganos comunes del Estado son los siguientes: el rey, los ministros comunes y el gobierno común.

1) El rey. — La persona del rey no se hace objeto de las estipulaciones ni del Compromiso austro-húngaro ni del croata-húngaro, aunque ambos contengan las estipulaciones que conciernen al jefe del Estado en relación con el antiguo derecho constitucional y del Estado húngaro y croata. El rey es el comandante supremo del ejército; declara la guerra y concluye la paz; nombra a los ministros comunes. al ban croata. a los županes (jefes de los distritos administrativos), a los jueces y los profesores de universidad. Es privilegio del rey nombrar a los representantes de la alta nobleza para la casa húngara, y a los aristócratas y a los virilistas para el Sabor croata. Mediante este privilegio pudo hacer sentir su influencia sobre la legislación. Además, le asistía el derecho de iniciativa en la legislación y la sanción de las leyes. Por el hecho de haberse estatuido, por intermedio de los dos Compromisos el Estado constitucional con los gobiernos responsables, se introdujo también cierta limitación del derecho real de dictar los reglamentos y las órdenes debiendo ser desde ahora los asuntos comunes de Hungría y de Croacia refrendados con las firmas de los respectivos ministros húngaros o, y en los asuntos autónomos croatas, con la del ban[207].

2) Ministros comunes. — Para todos los asuntos considerados comunes de acuerdo a los Art. 6, 7, 8 y 9 con la legislación, así como para los asuntos previstos en el Compromiso austro-húngaro como comunes, de acuerdo al Art. 43, el poder ejecutivo tendrá el gobierno central en Budapest por intermedio de sus propios órganos y también en Croacia, Eslavonia y Dalmacia. Los ministros comunes eran: el primer ministro, el de finanzas, el de obras públicas, comunicaciones y navegación (más tarde reorganizado como ministerio de comercio), el ministro de agricultura, industria y comercio (más tarde reorganizado como ministerio de agricultura) y el ministro de la defensa nacional. Además, de acuerdo al Art. 48, junto a estos ministros comunes, hubo otro a latere (el ministro húngaro en la Corte, representaba al rey), el ministro del interior, de culto y educación y el de justicia que eran solamente ministros húngaros, porque Croacia, en estos últimos asuntos, tenía plena autonomía.

El texto del Art. 43 no era del todo claro. De acuerdo al Art. 27 de la Ley XII de 1867 (del Compromiso austro-húngaro), el poder ejecutivo en los asuntos comunes de todo el Imperio de los Habsburgo pertenecía al ministerio común en Viena y no al ministerio húngaro, como resultaría del texto del Art. 43 del Compromiso croata-húngaro. Por eso, los regimentos croatas en el ejército común, en cuanto al poder ejecutivo, se sometían al ministerio de guerra en Viena y no al ministerio húngaro de honved[208].

Una especial posición tenía el ministro de Croacia, Eslavonia y Dalmacia en el Consejo ministerial e igualmente en el Consejo ministerial húngaro con el cargo de representar sus intereses (Art. 44). Por formar parte de todo el consejo ministerial, y teniendo el derecho de voto, este ministro era responsable "ante el parlamento común del Estado". Su posición era igual a la de los demás del consejo ministerial común, pudiéndoselo derrocar en el parlamento común mediante un voto de desconfianza. Este ministro era el lazo entre gobierno croata y el primer ministro húngaro. Su deber impostergable era entregar al rey todas las peticiones del ban. En caso de duda en cuanto a la comunidad formada por el Compromiso a los intereses comunes, que no pudo aclararse después de la intervención del ban, dicho ministro, y eventualmente, junto con el gobierno común, hacía llegar su opinión simultáneamente con la de ban. En los asuntos autónomos de Croacia firmaba junto con el ban las dis-posiciones del rey, dándoles así vigencia. Por carecer de directa influencia en los asuntos autónomos de Croacia, este ministro no era responsable ante el Sabor croata[209].

3) El parlamento común. — Los Art. 31-42 regulan la constitución y la incumbencia del parlamento común (del parlamento del Estado). De acuerdo al Art. 31 dentro de la competencia legislativa de este parlamento entraban todos los asuntos comunes a las tierras (Láneder) de la corona de San Esteban, así como de las demás regiones del Imperio y todas las cuestiones declaradas comunes por el Compromiso croata-húngaro (Art. 6-10). Este parlamento debía reunirse cada año en Buda-Pest. Como este parlamento estaba formado por los representantes de la nobleza o casa superior (alta nobleza, prelados, el ban croata, etc.) y por la casa representativa, casa inferior, los reinos de Croacia, Eslavonia (Dalmacia no fue mencionada) sin Fiume (Rijeka) por no haberse encontrado el compromiso con respecto a la misma, enviaba 29 diputados (desde 1881 el número fue de 40) a la cámara baja, y dos a la cámara alta (desde 1881 3 diputados) según los Art. 31 y 36.

El mandato de los diputados croatas se prolongaba por el mismo tiempo que el de los diputados de parlamento común, sin que en ello incidiera la eventual disolución del Sabor croata (Art. 34). De acuerdo al Art. 35, los representantes croatas tenían en el parlamento común el derecho personal de discusión, es decir, un mandato libre como el resto de los diputados de aquél sin restricción alguna[210]. El parlamento común debatía, primero, los asuntos comunes y, luego, los de Hungría, pero concediendo un término de 3 meses como mínimo a los diputados croatas para la discusión de su asuntos autónomos en el Sabor croata Art. 38).

Una especial importancia revestía el Art. 59 del Compromiso, tanto en lo que se refiere al uso del croata en el parlamento común o en sus delegaciones, como en lo que respecto a la relación jurídico-estatal de los reinos de Croacia y Eslavonia y Hungría (Dalmacia no se menciona). Su texto es el siguiente: "Considerando que los reinos de Croacia y Eslavonia son nación en el sentido político, teniendo su propio territorio y, en los asuntos internos, su propia legislación y su gobierno, se establece que los diputados de dichos reinos pueden usar el idioma croata sea en el parlamento común, sea en las delegaciones". Las ulteriores consecuencias del Compromiso equivalen a decir que Hungría y Croacia son dos naciones diferentes en todo sentido, que las leyes votadas en el parlamento común y firmadas por el rey deberían ser enviadas en el original croata al Sabor croata (Art. 60), que en los asuntos autónomos de Croacia debían usarse los colores y los estemas (sellos, símbolos) de los reinos de Croacia, Dalmacia y Eslavonia, caso en que tuvo agregárseles el estema dela corona de San Esteban (Art. 62); y, finalmente, que izar junto a la bandera húngara, la bandera croata en el edificio en que deliberase el parlamento común de las tierras de la corona húngara (Art. 63).

De lo arriba dicho se deduce lógicamente, que el parlamento común era ,realmente, el parlamento húngaro-croata[211].

En opinión generalizada que los delegados croatas, al discutir el Compromiso húngaro-croata —con mínimas excepciones— daban mayor importancia al mantenimiento de la independencia croata en el sentido jurídico-estatal que al problema financiero, hecho por el cual esa parte del Compromiso, tratada en los Art. 11-30, constituye el lado más débil de este contrato interestatal.

En los Arts. 11-13 se fijan los principios generales sobre la base de los cuales se concluye el compromiso financiero entre el reino de Hungría y los reinos de Croacia y Eslavonia, tratándoselo expresamente en el Art. 14. De acuerdo a esos principios, Croacia se declaraba obligada a contribuir a los gastos para los asuntos comunes a todas las tierras de la Monarquía, así como para los asuntos comunes a las tierras de la corona húngara (Art. 11). Se establece más adelante que para cubrir las erogaciones de Hungría, junto con Transilvania, corresponde el 93,5592201% y para los de Croacia el 6,4407799% de la totalidad de los gastos comunes, que a su vez corresponde a las tierras de la corona húngara durante diez años, período de validez del Compromiso* El tercer principio recalca que de las entradas netas de Croacia hay que cubrir primero los gastos de la autonomía —que serán determinados más tarde— y sólo entonces, de los excedentes, se cubrirán los gastos comunes (Art. 13)[212].

Según el Art. 15, las erogaciones de la autonomía croata se deter-minan para los primeros 10 años en 2.200.000 de fiorines. Esta suma tuvo que cubrirse por el 45% proveniente de los impuestos directos e indirectos y de otras entradas públicas (Art. 16), mientras el 55% de todos ingresos públicos debían entregarse al tesoro común del Estado para los gastos comunes (Art. 17). De estos ingresos, que se dividen para los gastos de autonomía y los comunes, quedan excluidos los de la venta de vino y de carne, previstos para los gastos de las comunas, así las entradas de las aduanas, consideradas un asunto común de la Monarquía según la Ley XII/1867. El Art. 19 prevé la aplicación de la misma tasa -45% - 55%, en caso de la ampliación del territorio de Croacia— incorporación de Dalmacia o del territorio de la Marca Militar. Los Art. 20 y 21 tratan sobre el impuesto y las deudas de la reforma agraria, ocasionadas por la liquidación de la servidumbre, manteniendo la garantía de los reinos de la corona húngara; incluso se prevé para el mismo fin el anticipo de préstamos del tesoro común del Estado. El ministro común de finanzas dirige las cobranzas en Croacia mediante la Dirección financiera de Zagreb, nombrado por él, para los impuestos directos e indirectos, para los monopolios de Estado, para el sellado, las tasas e ingresos de los bienes del Estado (Art. 22). Los balances de Croacia en sus asuntos autónomos deben ser comunicados por las autoridades financieras locales al ministro común de finanzas a fin de que pueda contar con los datos económicos de todas las tierras de la corona húngara, mientras el gobierno croata ayudará a los órganos del gobierno común de finanzas a fin de asegurar y cobrar los ingresos públicos y cumplir con las órdenes legales del ministro de economía (Art. 23 y 24).

La parte financiera del Compromiso pareció en el primer momento ventajosa en cuanto preveía que el reino de Hungría aumentaría su déficit, si el 45% de todos los ingresos no bastaba para cubrir los 2.200.000 fiorines para los gastos autónomos (Art. 25) y, en caso de que el porcentaje del 45% excediera de este importe previsto para la autonomía croata, el excedente se destinaría para los gastos comunes (Art. 26). La representación contractual croata pudo verse favorecida en el Art. 27 en relación con el Art. 25, al liberar a Croacia de la restitución de los adelantos del Art. 25 calculados para cubrir los gastos comunes, si con la capacidad contributiva de Croacia aumentasen sus ingresos y se superase así el 55% para la obligación común; tal excedente se dejaría a la disposición del gobierno autónomo[213].

A pesar de haberse establecido en el Art. 29 que los balances de todos los reinos de la corona húngara le serían comunicados para su información al Sabor croata, los croatas, prácticamente, jamás pudieron averiguar cuántos impuestos fueron cobrados en su territorio, ni tampoco cómo fueron distribuidos, porque de acuerdo el Art. 22, el ministro húngaro de finanzas actuaba por intermedio de la Dirección de un organismo nombrado por él. Fuera de esta causa de descontento existía otra. Con la entrega a Hungría no sólo del tesoro croata sino también de la legislación sobre comercio e industria (Art. 8) se produjo en Croacia un estancamiento económico en nuevas condiciones y diversos tiempos. Los resortes económicos y comerciales se convirtieron en arma principal de la política húngara en Croacia a raíz de la firma del Compromiso[214]. De aquí surgió y se alimentó la convicción croata de su explotación por parte de Hungría. La magnitud de ese descontento se dejo ver más claramente por el hecho de que cuatro de las seis revisiones ulteriores del Compromiso original se referían a cuestiones financieras[215].

c) La autonomía croata según el Compromiso croata-húngaro.

El Compromiso no alude a la existencia de las vetustas instituciones constitucionales croatas como son el Sabor en cuanto factor legislativo, y el ban, como factor ejecutivo. El Compromiso sólo deja a su incumbencia a los asuntos y actuaciones que no fueron reservados en él para el parlamento común y al gobierno central. En todos los que no son comunes, Croacia tiene, en consecuencia el derecho de plena autonomía tanto en el sentido legislativo como en el ejecutivo (Art. 47). En el ámbito de esta autonomía de Dalmacia, Croacia y Eslavonia pertenecen la legislación y la administración en todos los asuntos del interior, de culto, de educación y de justicia en todas las instancias, menos la judicatura en los asuntos marítimos (Art. 48).

De acuerdo a lo expuesto, los asuntos de Croacia se dividían en el grupo de los transferidos, o mejor, de incumbencias de los órganos comunes, que ya hemos tratado, y en el grupo del área autónomo, de incumbencia exclusiva de los factores constitucionales croatas. El Compromiso no habla de la organización de los órganos constitucionales croatas, especialmente no habla del Sabor croata, ni pudo hablar, siendo el Sabor el contrayente equiparado, que estipuló el Compromiso[216]. En los Arts. 50-53 el Compromiso trata del ban y de su poder como el secular poder ejecutivo modificándolo solamente en cierta medida.

En el ámbito autónomo los órganos legislativos de Croacia fueron el rey y el Sabor de Croacia, Eslavonia y Dalmacia. La posición del rey en relación con el Sabor croata, no la regula el Compromiso, puesto que se practica de acuerdo con la costumbre. Ello equivale a decir que es igual a la adoptada ante el parlamento húngaro o el común, respectivamente, cuando éste trataba los asuntos comunes de las tierras de la corona de San Esteban. A esas posiciones alude al Art. 69 del Compromiso al estipular que "en el futuro habrá que considerar como derechos comunes y leyes fundamentales de la corona húngara todos aquellos derechos constitucionales y todas las leyes fundamentales, cuyo goce y protección alcancen directamente y por igual al reino de Hungría y los de Croacia y Eslavonia, siempre que no entren en conflicto con el presente Compromiso". Formalmente, el Sabor no estaba subordinado al rey. pero le pertenecía el derecho de no firmar una decisión propuesta por el'Sabor y el de rechazar una sanción solicitada siempre y cuando asf lo exigiesen los intereses dinásticos o totalidad de Monarquía; y especialmente le asistía el derecho de disolver el Sabor, colocándolo así en una posición de superioridad frente al parlamento húngaro y al Sabor croata. Este era, no obstante, el cuerpo legislativo supremo, por cuya causa el rey no pudo modificar o derrogar de jure los actos legislativos sancionados por el Sabor croata[217]. Que el Sabor negó su obediencia al rey resulta visible en la primera e histórica parte de esta disertación. De acuerdo al Compromiso, el Sabor croata no estaba en posición subordinada respecto al parlamento común, por lo que éste no pudo modificar o derrogar sus decisiones y, por otra parte, estas decisiones no necesita-ban confirmación por el parlamento común. El Compromiso fue aprobado por tres poderes equiparados: dos parlamentos iguales y el rey, participando este último con sus proposiciones intermediarias sólo cuando las respectivas delegaciones reales no pudieron ponerse de acuerdo como en eI caso de Rijeka[218].

Los órganos ejecutivos del poder autónomo de Croacia fueron el ban y el gobierno local. La organización total del poder ejecutivo en Croacia fue determinada en el Art. 50 del Compromiso, donde se dice: "Al frente del gobierno autónomo de Croacia, Eslavonia y Dalmacia el ban, responsable ante el Sabor de dichos reinos". A diferencia de la anterior propuesta al rey para la nominación del ban, según el Compromiso, el rey lo nombra a propuesta y con refrendado del común ministro presidente húngaro (Art. 51). Recordando al ban Jelačié que condujo en 1848 la guerra contra Hungría, por exigencia de los propios húngaros, el Art. 52 establece, que la dignidad del ban va separada de la dignidad militar, no pudiendo una personalidad castrense ejercer influencia alguna sobre los asuntos civiles en Croacia. El Art. 52 fija el título del Ban: El ban de los reinos de Dalmacia, Croacia y Eslavonia —recalcando— que el ban quedará también en el futuro como miembro ex officio de la casa de la alta nobleza en el parlamento común. Por su responsabilidad solamente ante el Sabor croata, el ban no se subordinaba al ministro común, sino que se equiparaba a aquél. Por eso no tenía derecho de inminuscuirse en los asuntos autónomos de acuerdo con la ley de los empleados, sino rigiéndose por el Compromiso[219]. Pero, en todo caso, existía una responsabilidad de facto del ban frente al primer ministro común, por el hecho de haberle propuesto éste para su nombramiento de acuerdo el Art. 51, aún cuando esta responsabilidad es de naturaleza meta-jurídica con consecuencias políticas.

Habiéndose constituido el objetivo del Compromiso regular las relaciones jurídico-estatales entre Croacia y Hungría, este documento no se aplicaba a la organización del gobierno croata y de sus órganos subalternos. Esta era tarea del Sabor croata, que ejecutaba, a propuesta del ban, y con el consentimiento del rey (Art. 54). En consecuencia, la organización del gobierno croata en su departamento para los asuntos interiores, para el culto y la educación, y para la justicia y, más tarde para las 2upas (distritos), ciudades y comunas, así como el sistema electoral, quedaban librados a la exclusiva incumbencia de la autonomía croata[220].

El Compromiso, según el Art. 70, y después de su sanción por parte del rey, se convirtió en la ley fundamental del reino de Hungría y de los reinos de Dalmacia, Croacia y Eslavonia. Por eso su artículo final establece, que el Compromiso no puede ser objeto de legislación de ningún reino contratante por separado y que su modificación sólo puede llevarse a cabo de la misma manera como surgió, es decir con la colaboración de todos los poderes que intervenieron en su estupulación, o sea: los dos parlamentos iguales en derecho, y el rey.

Al final del siglo XIX, el Compromiso fue objeto de estudios muy serios incluso fuera del ámbito de la Monarquía. Inspirado por su amigo el obispo José Jorge Strossmayer, gran mecena croata, Gladstone tomó el Compromiso croata-húngaro como modelo para el Home Rule Bill de Irlanda. La propuesta de Gladstone no prosperó. Después de haber sido aceptada por la cámara de los Comunes, fue rechazada por la de los Lores[221].

El problema de la naturaleza jurídica del Compromiso croata-húngaro constituirá el tema de la tercera parte de esta disertación.

 

III

EL CARACTER JURIDICO DE LA COMUNIDAD ESTATAL HUNGARO-CROATA SEGUN EL COMPROMISO DE 1868

De igual manera que existen diferentes opiniones sobre la naturaleza jurídica de la monarquía austro-húngara, formada por el Compromiso austro-húngaro (La Ley austríaca de las Delegaciones del 21 de diciembre de 1867 y la Ley húngara XII/1867 del 12 de junio de 1867), hay también distintos pareceres sobre la naturaleza jurídica del Compromiso croata-húngaro y la relación jurídico-estatal entre Hungría y croacia[222].

Esta relación entre ambos reinos después de 1868 fue objeto de disertaciones y controversias en su debido tiempo y se sigue discutiendo todavia hoy en la literatura jurídica desde opuestos puntos de vista y con contradictorios resultados. En la controversia participó casi la totalidad de los escritores más destacados, sea en obras dedicadas directamente a la naturaleza jurídica de la Monarquía austro-húngara después de 1867, sea en trabajos que tienen el propósito especial de determinar el carácter específico de los Estados asociados[223]. En esta oportunidad hay que recalcar que la literatura jurídica austríaca, en cuanto a la cuestión de Dalmacia, no encontró una contestación adecuada. Dalmacia formaba parte de la comunidad croata, pero, no obstante, en su calidad de tierra de la corona (Kronland), pertenecía a la mitad austríaca de la Monarquía[224].

Al apreciar el carácter jurídico del Compromiso croata-húngaro, la cuestión fundamental que se plantea es la naturaleza jurídica de dicho documento, es decir, si tiene el carácter de un arreglo internacional, o se trata de una mera medida de política interna, mediante la cual Hungría otorga a una de sus partes los derechos de autonomía. La respuesta a esta pregunta resulta fuera de duda con sólo considerar que las tratativas fueron llevadas a cabo como de nación a nación, ostentando los contrayentes, formalmente, un mismo grado de igualdad. Pero el "status" político de las partes contrayentes no era igual. Hungría tenía un territorio más grande y una población más numerosa que Croacia. En consecuencia, su capacidad y potencia económica eran también superiores a las de Croacia y Dalmacia. Además la Marca Militar no estaba unida con ella. Esta posición de superioridad de Hungría desde el punto de vista político y de hecho, fue reforzada todavía con el Compromiso austro-húngaro, por haberle Viena reconocido a Croacia como parte integrante de la mitad húngara de la Monarquía. En consecuencia, a pesar de la igualdad formal y teórica de los contrayentes, Hungría tenía cierto privilegio jurídico y político, gracias a estas ventajas que acaba-mos de mencionar.

Aunque por su origen el Compromiso es un instrumento de derecho internacional público, por el cual se crea una comunidad sui generis en la que ambas naciones salvaguardaron su individualidad y soberanía, surgieron diferentes interpretaciones, muy justificadas, en cuanto al carácter jurídico de la comunidad nacional así creada y también respecto del status de Croacia dentro de aquella, o mejor dicho, entre Hungría y Croacia.

Tomando en consideración la relación entre esos reinos, podemos distinguir ya dos opiniones fundamentales : 1) De acuerdo al Compromiso de 1868, Croacia dentro de la Monarquía austro-húngara, era parte integrante de Hungría, es decir, una de sus provincias; 2) Croacia, según el mencionado Compromiso, tenía carácter de Estado aparte.

Lógicamente, y en primer término, la primera opinión fue defendida por los escritores húngaros y algunos escritores extranjeros, mientras los hombres de letras croatas, y también numerosos escritores del exterior, defendían la segunda, como lo veremos inmediatamente.

Matijas Gastony considera a Croacia parte integrante del Estado unitario de Hungría, si bien con carácter descentralizado. La idea unitaria de Hungría fue defendida también por Gustav Beksics, pero este autor reconoce que el centralismo de Hungría fue puesto seriamente en cuesión por los atributos estatales de Croacia. La teoría húngara de Croacia como provincia autónoma del Estado descentralizado de las tierras de la corona de San Esteban, fue desarrollada especialmente por el Prof. Kmety. De acuerdo con su opinión, Croacia no es un Estado a pesar de reconocerse en el Art. 59 del Compromiso que su pueblo es una "nación política", porque en el Art. 1° del mismo documento se dice que "Hungría y Croacia forman una comunidad estatal" y porque a Croacia le faltaba así la personalidad de un sujeto del derecho internacional. Además, para la totalidad de la mitad húngara de la Monarquía hay una sola ciudadanía común, lo que significa que Croacia no tiene su ciudadanía, ni su ejército propio, ni su finanzas. Finalmente aduce que el rey nombra al ban de Croacia a propuesta y refrendación del primer ministro húngaro (Art. 51), así como que el ministro para Croacia —en tanto que miembro del gobierno húngaro— es un ministro de ese reino y solamente responsable ante el parlamento húngaro.

Contra la opinión de Kmety, recalca el Prof. Edmundo Bernatzik que las circunstancias aducidas no son suficientes para privar a Croacia de su carácter de Estado aparte. Bernatzik subraya en primer lugar que los conceptos "comunidad estatal" y "nación política" no tienen un significado específico, siendo aptos, por su elasticidad y plasticidad, para toda clase de interpretaciones oportunistas. Tampoco resulta esencial la falta de la propia ciudadanía, porque el Estado más grande de entonces, Prusia, carecía igualmente de una ciudadanía única. Para el Prof. Bernatzik la personalidad estatal de Croacia surge del Art. 50 del Compromiso, según el cual, el ban es responsable solamente ante el Sabor croata. Surge también del hecho de que las leyes de ese Sabor, según los artículos 47 y 54 del Compromiso, tengan el mismo valor que las leyes del parlamento húngaro y que, de acuerdo al Art. 4 del Compromiso, Austria, Hungría y Croacia queden equiparadas. El argumento más fuerte de esta equiparación lo encuentra Bernatzik en el Art. 70 del Compromiso, de acuerdo al cual ninguna de las partes contratantes puede hacer de este Compromiso objeto de su legislación exclusiva, estableciendo además, que su modificación está sujeta al procedimiento por el cual se lo creó, es decir, ha de contar con la participación del Sabor croata, que actúa como una parte igual de derecho. Por eso, no correspondía al Estado de Hungría "Kompetenz-Kompetenz" en este punto decisivo. Esta disposición del Art. 70 del Compromiso croata-húngaro cobra su significado tanto más cuanto que en el Art. 69 del Compromiso austro-húngaro de 1867, se estableció que las relaciones de Hungría con Croacia se regirán por las leyes húngaras.

En resumen, de acuerdo a la opinión de Bernatzik, el Compromiso croata-húngaro es un contrato internacional, y la relación estatal establecida por él constituye una unión real más estrecha e igual (Unio realis jure inaequali).

Con anterioridad defendía la misma opinión, en lo substancial, Friedrich Tezner. De acuerdo con su tesis, a Croacia no se le podía negar la personalidad de Estado, especialmente por su poder originario y no derivado de un poder estatal, tesis que mantuvo en el momento de la estipulación del Compromiso. La intervención de las autoridades centrales húngaras se agota con la ocupación del poder por el ban, mientras las razones del cese de su poder sólo le afectan a Croacia, porque el Sabor, de acuerdo con su ley autónoma puede someter al ban a juicio mediante el tribunal real, mientras que, por el contrario, el ministerio húngaro no podía exigir su revocación. No existía ningún derecho de ejecución contra la actitud anticonstitucional de Croacia. Tampoco tiene vigor el principio Reichsrecht bricht Landsrecht (la ley nacional deroga la ley provincial). De acuerdo con este autor, Hungría-Croacia constituyen un Estado federal (Bundesstaat) con fuertes elementos (Ansátzen) de una unión real, pero con una corrección en el sentido de que a Hungría, para alcanzar el poder absoluto de un Estado, le faltaba la libre disposición sobre las fuerzas militares.

Mientras tanto, en opinión del Prof. George Jellinek (Die Lehre von. den Staatenverbindungen, Viena 1882) "Croacia y Eslavonia, en el sentido jurídico-estatal, no son otra cosa que provincias húngaras, aún cuando disfruten de una autonomía de muy grande alcance, y que, además, sólo puede modificarse a condición de su consentimiento, pero des-de ningún punto de vista es un Estado". Contra este parecer de Jellinek reaccionó el escritor y profesor José Pliverić (Das rechtliche Verhiiltnis Kroatiens zu Ungarn, Zagreb 1885) argumentando que la relación estatal húngaro-croata era una unión real de dos Estados soberanos entre los cuales existe una paridad incuestionable. Es verdad que esta unión manifiesta cierta anomalía, pero éstas no alteran la personalidad estatal de Croacia. Después de la polémica sostenida con el Prof. Pliverić, el Prof. Jellinek reconsideró parcialmente su opinión original, evitando más tarde designar a Croacia sea como Estado o como provincia. Para él, Croacia es más que provincia, pero menos que Estado, porque poseía muchos aunque no todos los elementos para constituir un Estado. Para el caso de Croacia, así como para algunas otras regiones en una situación similar, forjó el Prof. Jellinek un nuevo concepto jurídico Staatsfragment (el Estado-fragmento). En consonancia con esta opinión, se trataría de formaciones estatales que presentan atributos estatales, pero en una forma incompleta.

La opinión de Jellinek de que no cabía considerar a los órganos supremos de los Estados-fragmento como órganos estatales, puesto que su incumbencia no se extendía a todo el territorio del Estado, fue rechazada por la ciencia jurídica, alegando que, en casos similares y cuando no se trata de órganos estatales que actúan sobre la base de una autonomía política, sí lo hacen sobre la base de una administración oficial de Estado y, en consecuencia, en tal carácter, ejecutan actos que involucran la naturaleza de los actos estatales. En opinión de Hermann-Rehm, las conclusiones de Jellinek son inexactas en general y, en cuanto a Croacia, especialmente. Pero el Compromiso croata-húngaro, a Hungría le fue únicamente conferida la ejecución del poder estatal; por lo tanto, éste no era un poder fundado en sus propias leyes, como erróneamente afirmaba Jellinek. De acuerdo a Rehm, Croacia era un Estado —siempre según el Compromiso— con elementos institucionales y corporativos entremezclados.

Además de Bernatzik, Tezner, Rehm y Pliverić defendían la opinión de que Croacia conservó su carácter de Estado en el Compromiso sosteniendo que se trata en forma global de una unión real entre Croacia y Hungría, Ladislao Polić y Bogoslav Šulek por la parte croata, y por la húngara, Istvan Pesty, quien ve en la relación húngaro-croata una relación similar al dualismo, mientras que el Prof. Ernest Nagy recalca que el legislador reconoció, mediante el Compromiso, una vida estatal especial. Una unión real en dicha relación vieron también Karel Kadlec, Siegfried Brie —quien señaló la relación discutida como anormale Real-union— F. Holzendorf y Joseph Ulbrich. Este último esgrimió el término "unión real desigual" acercándose a la opinión de Bernatzik. Eduardo Horn, al analizar el Compromiso, Llega a la conclusión de que se trata de un "acto interestatal", conservando en él Croacia su carácter de Estado. Horn dio un paso más afirmando que las tierras (Lander) de la corona de San Esteban deberían denominarse Hungría-Croacia y la Doble Monarquía Austro-Hungría-Croacia.

Mientras tanto, en oposición a todas las opiniones favorables al pensamiento de que Croacia, mediante el Compromiso, salvó su carácter de Estado en forma de una unión real —a las cuales podríamos agregar de F. R. Dareste y Luigi Palma—, hay otras que entreven en dicha relación los elementos de una federación. Así, por ejemplo, Seton Watson, quien asume la posición intermediaria entre la soberanía completa y el federalismo puro; y el parecer de H. J. Bidermann, de acuerdo con el cual Hungría, después del Compromiso, quedó constituida por dos estados: Hungría-Croacia.

Al dictamen de que se trataría aquí de federación, se opuso Jellinek afirmando, como ya hemos visto, que Croacia era "una provincia húngara con amplia autonomía". También el Prof. Pliverić discutió la opinión de Bidermann de que éste sería un caso de federación, fundando su posición en la institución de "parlamento común". Contra este argumento Herrnritt califica las tierra (Laender) de la corona de San Esteban como un Estado compuesto que, tomando en consideración el parlamento común y los asuntos comunes para todas las tierras (Laender) de la corona húngara, se asemeja más a un tipo de Estado federalista, con lo que atribuye así el carácter de Estado tanto a Hungría como a Croacia.

La singularidad de la posición jurídico-estatal de Croacia la expresa Woodrow Wilson en los siguientes términos : "No hay en Hungría organización provincial análoga a la que hemos visto en Austria (772-773). Croacia-Eslavonia es la única de las partes constitutivas de Hungría que tiene su Landtag aparte. La organización de ese territorio es excepcional en todos los aspectos. Se le han dado derechos legales que no pueden serle negados sin su consentimiento; tiene una administración distinta, responsable ante el rey y ante el Landtag. Sin embargo, forma parte integrante de la monarquía húngara" [225].

Para poder crear este tipo de comunidad estatal, se necesitaban dos actos constitucionales de dos parlamentos —del húngaro en Budapest y del croata en Zagreb—. Esta característica esencial, así como el factor jurídico primordial del Compromiso, fue vista también por los escrito-res extranjeros como, por ejemplo, por el Prof. Demonbynes, quien sintetiza la relación húngaro-croata así: "Croatie et Slavonie... ont conservé une autonomie particulière... ils forment dans la Hongrie un pays distincte, à peu près comme la Hongrie elle même est distincte de l'Autriche" [226].

Sobre la base de tan dispares opiniones y del mismo Compromiso, Schrems extrae las siguientes conclusiones :

1) El reino de Croacia, Eslavonia y Dalmacia era un verdadero Estado independiente, gracias a la continuidad de su milenario derecho estatal propio. Hungría privó a este Estado mediante el Compromiso de 1868 y a la fuerza— jus fortioris, algunos de sus derechos de soberanía. Pero Croacia conservó su carácter estatal ya en el mismo documento del Compromiso, lo que se puede ver de su mismo devenir, de la forma de publicación como también del contenido de aquél (artículos 4 y 70). Para la personalidad estatal de Croacia y su paridad con Hungría son decisivas las disposiciones en cuya virtud Croacia se presenta como parte contra-yente, mientras el poder supremo (Kompetenzhoheit) no pertenece a Hungría, hecho por el cual el Compromiso no podía ser modificado sin el consentimiento croata- La observación de que a Croacia le faltaban algunos derechos de soberanía no es decisiva, porque la teoría dominante reconoce también como Estado a las regiones estatales sin soberanía (Gebietskörpenrschaften). Por eso, Croacia tenía personalidad estatal, si no en el sentido estricto del derecho internacional, por lo menos en el` sentido jurídico-estatal.

2) La relación jurídico-estatal de Croacia con Hungría no correspondía a. ningún caso conocido de relaciones estatales (Staatenverbindungen). No era una confederación (Staatenbund) ni tampoco una unión real; no era simple unión personal ni tampoco una federación.

3) Si reconocemos la personalidad estatal a Croacia, entonces existían todas las condiciones previas para una liga de los Estados que no sacrificaron su carácter soberano. Esta nueva creación estatal —llama-da "comunidad estatal", por el Compromiso en su Art. 1.— presentaba una "unión estatal sui generis", que ya fue señalada ingeniosamente por Bernadzik como unio realis jure inaequali[227].

Recientemente trató sobre el compromiso croata-húngaro el escritor soviético N. Ratner, concluyendo que Croacia, según el propio Compromiso, era una provincia húngara, que en el momento de tratarse el Compromiso, Croacia no era un Estado independiente de Hungría y que la situación de Croacia después del Comnromiso no tenía nada en común con la independencia y que esta situación estaba lejos del federalismo.

Este dictamen de Ratner sobre el carácter provincial de Croacia y sobre el federalismo y la unio realis iure inaequali fue sometido a crítica por el profesor Ferdo Culinović, de Zagreb. En cuanto al federalismo, čulinović argumenta que cada federación está caracterizada por lo siguiente: a) la transferencia de una parte de los asuntos de un Estado-miembro al Estado federal; b) la igualdad en la ejecución de los asuntos comunes mediante los órganos comunes del Estado federal. El primer elemento de la federación, de acuerdo al Compromiso, existía, pero no así el segundo. En consecuencia, según dicho autor, no hubo federación entre Croacia y Hungría. Respecto a la unión real, afirma Culinović que hubo un elemento fundamental de aquélla. Hungría y Croacia constituían en las relaciones internacionales sólo un sujeto jurídico, precisamente frente a Austria. Los demás elementos no existían; ni existía tampoco la independencia completa de los Estados miembros así unidos. Croacia y Hungría estaban íntimamente ligadas por el Compromiso, tenían sus asuntos comunes y los órganos del poder, y esto no existe en una reunión real. Afirma que la nota específica del Compromiso húngaro-croata era una unio realis inaequails, significa renunciar al punto de vista de que aquella unión era verdaderamente una unión real.

Analizando el Compromiso desde el punto de vista real o jurídico a través del prisma de los tres elementos fundamentales de un Estado: el territorio, la propia población y la organización especial del poder, Culinović deriva toda una serie de conclusiones:

a) Por el Compromiso entre Croacia y Hungría de 1868 fue creada "la comunidad estatal" (Art. 19)[228]. A quienes ven en esta relación "un carácter provincial de Croacia" hay que llamarles la atención sobre el estado jurídico-estatal antes de Compromiso, especialmente sobre la ley XLII/1861 del Sabor croata, confirmando el hecho de que éste, en 1848, interrumpió su relación jurídico-estatal con Hungría. Resulta así sin fundamento la opinión de N. Ratner, según la cual Croacia "había obtenido ciertos derechos con el Compromiso". Hungría no pudo dar a Croacia en aquel momento lo que ella misma no tenía;

b) El Sabor croata, mediante el Compromiso, había transferido una parte de los asuntos estatales de Croacia a la mencionada "comunidad estatal", que justamente fue creada con este acto de transferencia, quedando también determinado el ámbito de su actividad;

c) Al mismo tiempo en el mismo acto, el Sabor croata dio a esa comunidad estatal autorización para ejecutar actos de poder sobre Croacia. Por eso los "órganos comunes" no ejecutaban "asuntos comunes" por su propio derecho o por el derecho recibido de Hungría, sino ex mandatu por parte del Sabor croata y de acuerdo a las disposiciones del Compromiso, es decir, jure delegato del mismo Sabor croata;

d) Para la atención de sus "asuntos autónomos" Croacia no pedía, ni obtenía la autorización de Hungría; los ejecutaba ella misma por derecho propio. El mismo Compromiso deja ver claramente cómo Croacia transfiere una parte de su asuntos y retiene la otra para sí misma, disponiéndolos en consecuencia como la única autorizada ab origine;

e) Tanto Croacia como Hungría, según el Art. 70 del Compromiso de 1868, estaban de jure limitadas por igual en cuanto a sus derechos y obligaciones recíprocas, provenientes del Compromiso, no pudiéndolo ninguna de ellas modificar o negarle derecho y unilateralmente. El Compromiso fue varias veces reconsiderado de acuerdo al mencionado Art., lo que significa que Croacia había salvado su carácter de contrayente estatal, o mejor dicho, que Croacia y Hungría fueron formalmente equiparadas y no tenidas como parte en relación con la totalidad (el Estado y la provincia) ;

f) Utilizando los órganos comunes, es decir, mayorizando a la delegación croata en el "parlamento común" e imponiendo la hegemonía sobre Croacia en el mismo "gobierno común" por su dependencia de la mayoría parlamentaria húngara en el parlamento común, los húngaros impusieron un sistema de supremacía a Croacia.

De lo ya dicho se deduce: 1) Que Croacia, después del Compromiso, mantuvo de facto y de jure su carácter de Estado; 2) Que este carácter fue considerablemente mutilado; 3) Que ello no obstante, nunca fue liquidado ese carácter. Croacia, en consecuencia, de acuerdo al Compromiso de 1868 y hasta 1918, era a pesar de todo, un Estado y de ninguna manera una provincia húngara. "La relación entre ellas, es decir, entre Croacia y Hungría, no correspondería totalmente ni a la federación ni tampoco a la unión real". Todo esto resulta evidente de las características específicas de dicha relación. Por sus singularidades, tal relación entre Croacia y Hungría fue una forma especial de Estado compuesto, semejante a la categoría de esa clase de Estados, ya definida por algunos teóricos alemanes como "el Estado de más estados" (Staatenstaat). Por eso "recalcaban con derecho algunos tratadistas que Croacia y Hungría en 1868 estaban en una relación de dualismo" [229].

Croacia actuaba ante Austria en común con Hungría y, a pesar de que en el Compromiso austro-húngaro de 1867 no fue expresamente mencionado su carácter estatal, éste se manifestaba en la constitución y la actuación de las delegaciones húngaras (en realidad, de la delegación húngaro-croata). El dualismo austro-húngaro no derogó el carácter de Estado de Croacia en su calidad de socio unido (por el Compromiso de 1868) a Hungría. Dentro de la comunidad Austria-Hungría-Croacia, asociada con Hungría era un Estado miembro[230].

OBSERVACIONES FINALES

La característica fundamental de la política croata desde el momento de su ingreso en la unión con Hungría, era la lucha por la conservación de la integridad territorial y la independencia política. Hallándose en el ámbito zonal de influencia de Roma y Bizancio, los croatas resistieron a los imperios franco y bizantino, y en el transcurso de esa lucha se plegaron a los húngaros que, casi en el mismo momento histórico, se encontraron en idénticas condiciones. Como enemigo secular apareció, primero, Venecia y, más tarde, Turquía, arrebatando territorios croatas uno trás otro, hasta que, en 1594, Croacia quedó reducida a sólo 16.800 kilómetros cuadrados, "reliquiae reliquiarum olim inclyti regni Croatiae" [231]. Paralelamente con esta merma territorial comenzaron las tentativas de los estamentos húngaros y la dinastía de los Habsburgo para limitar igualmente el poder del ban y del Sabor croatas. La lucha por mantener intactos esos poderes —dos instituciones fundamentales de la Constitución croata—, engendró y desarrolló un sentimiento y sensibilidad especiales de los croatas por sus derechos estatales, que ocuparán el primer plano al firmar el Compromiso, relegando un tanto las cuestiones de carácter económico-financiero, tan importantes para el Estado moderno después de la liquidación del feudalismo.

Mientras este existió y, especialmente durante el reinado de la dinastia húngara Arpad, la institución del Ban había adquirido gran importancia gracias al hecho de que el rey, como fuente de todo poder, no residia en Croacia. Por esta misma razón, la institución húngara del Paladino no era idéntica a la del Ban croata. El Paladino era el lugar-teniente del rey en Hungría, mientras el Ban era virrey en Croacia, causa por la cual a veces se lo menciona y escribe en los documentos antes que el nombre del Paladino[232]. A pesar de que ambos pertenecían a los cuatros dignatarios más grandes del reino —"iobagiones regni"— el Ban croata tenia una especial posición en los asuntos militares. En efecto, como en todos los Estados feudales, hubo también en Hungría el ejército del rey al lado de los ejércitos de la gran nobleza. En Croacia no existía "ejército croata real". O mejor dicho existía, pero se lo denominaba "ejército de Ban". Se trataba de un fenómeno específico croata que no tenía antecedentes en parte alguna. En su carácter de altos nobles, el paladino y el ban tenían que mantener esos ejércitos de la alta nobleza, pero en Hungría no hubo además un ejército de paladino, como sí lo hubo del ban en Croacia, como tampoco en Polonia o en otros Estados del Imperio. El rey pagaba el ejército de ban y, si omitía a hacerlo, el ban fue considerado como disminuido en su poder. No se trataba, en consecuencia, tan sólo de la denominación, sino también de una diferencia esencial; es decir que el rey tenía que sustentar en Croacia un ejército —al igual que en otras partes— pero el mando supremo sobre él no lo ejercía el rey sino el ban. Esas tropas no van a la guerra bajo la bandera real sino bajo la enseña croata que tenía por un lado Ia imagen de Marfa con Jesús, igual que la bandera húngara. En cuanto al poder del ban y especialmente al derecho de acuñar sus propias monedas, rebasaba los del virrey, era la personificación del monarca que residia fuera del reino de Croacia[233]. Durante el reinado de la dinastia de sangre croata, el ban era el substituto del soberano en Croacia análogamente a como lo era el paladino en Hungría.

Por otro lado, el fuero que ostentaba el Sabor croata al aceptar o rechazar las leyes votadas en el parlamento común, así como la forma de representación de aquél en el parlamento común por sus delegados propios —nuntii vel oratores regni— estrictamente atenidos a las instrucciones recibidas del Sabor, habían convertido el húngaro en un parlamento hungaro-croata común, en los momentos de discutirse los asuntos del reino, puesto que los delegados croatas, en tanto que representantes del reino de Croacia, ostentaban tantos poderes como los húngaros, en representación del suyo.

A la luz de dichas constantes de la política croata y de los atributos del ban y del Sabor en su calidad de altos órganos del poder estatal junto al rey, el contenido del Compromiso y sus realizaciones no habían satisfecho a los croatas. El descontento era mayor por haber sido estipulado por el partido que no gozaba de simpatía dentro de la mayoría del pueblo, y, en particular, porque aquél aceptó también más tarde el Art. 66 —apócrifo y arbitrariamente agregado al texto ya sancionado y que se refería a la situación de Rijeka (Fiume)—. Por eso, la lucha empezó en el preciso momento de la celebración del Compromiso contra él o, mejor dicho, por su revisión. Con el objeto de impedirla, la mayoría de "magiarones" votó en el Sabor una ley que la declaraba como un intento criminal de perturbación del orden público y un delito de alta traición. A pesar de ello, en las elecciones de 1871, los unionistas (magiarones) sólo obtuvieron 13 mandatos, mientras el partido nacional consiguió 51 y el partido de derecho 1 sobre un total de 65. Sea como fuere, no fue justo tildar a los contrayentes croatas del Compromiso con los términos que les atribuyeron sus adversarios políticos. Croacia, de acuerdo al Compromiso gozaba de mayor independencia estatal que cualquier otra región o el pueblo de la Monarquía, exceptuando a dos fracciones dominantes: alemanes y húngaros. Para formarse una idea exacta al respecto basta recordar que los últimos contaban en la mitad del Imperio (Transleithania) cbn el 48% contra Ios croatas que sólo alcanzaban 8% de la población, mientras en la otra mitad (Cisleithania) o parte austriaca, los alemanes tenían 36,2% y los croatas (incluidos los inmigrantes servios) apenas llegaban al 2,6% de la población, según el censo. de 1900 [234].

Los datos estadísticos aclaran también el porqué de que los alemanes y los húngaros, a pesar de sus constantes divergencias estuviesen siempre unidos y los polacos gozaban de un privilegio especial en la Monarquía. Es decir, que los alemanes y los húngaros —"naciones dominantes"— sólo tenían la mayoría sobre la población eslava a condición de contar con los polacos. De ahí su especial importancia en la Monarquía.

El Compromiso tampoco llenó las esperanzas croatas en cuanto a la integridad territorial. Rijeka quedó como "corpus separatum" del territorio nacional a pesar de que tenía, según estadísticas, 12.000 croatas y 651 italianos, es decir: una "ciudad netamente croata" [235]. Austria no permitió la unificación de Dalmacia con Croacia, valiéndose de las intrigas de los autonomistas ("autonomaši"), de 16.000 italianos en su totalidad según el censo oficial de 1910 y de minoría servia contra la voluntad expresa de Ios diputados croatas. Después de la ocupación de Bosnia y Herzegovina, el emperador Francisco José I rechazó la petición del Sabor para unirlas a Croacia, haciéndole además el reproche de que había tras-pasado así los límites de su incumbencia. En realidad, la reunificación de Bosnia y Herzegovina con Croacia, tropezaría con la posición servia, circunstancia que fue aprovechada por los húngaros por conducto del partido de los "magiarones", incluso hasta 1905 (en ese año fue celebra-da la Resolución de Rijeka y se formó la coalición croata-servia) para impedir la lucha contra el Compromiso y en pro de su revisión, un juego similar a aquel que hicieron los austríacos en Dalmacia. Por eso Bosnia y Herzegovina, a pesar de pertenecer histórica y étnicamente al reino de Croacia, obtuvieron un trato especial constitucional dentro de la Monarquía, facilitándose así la influencia tanto húngara como austríaca[236].

Uno de los más graves defectos del Compromiso húngaro-croata, era de no haber previsto un cuerpo o tribunal constitucional —o institución similar— al que habrían podido recurrir las partes en caso de conflicto por la interpretación y aplicación del sentido de sus disposiciones. Por eso los litigios de esta naturaleza iban resolviéndose mediante la presión política y administrativa, que siempre se ejercitaba en detrimento de Croacia. Ese órgano de mediación debería haber sido como lo fue también al estipularse el Compromiso. Es decir, para la opinión croata, la comunidad estatal debía tener como fundamento básico el poder real y, en consecuencia, la comunidad entre Hungría y Croacia también descansaría únicamente sobre el supuesto de un soberano común. Las leyes firmadas por el rey al coronarse fueron consideradas como la fuente, el fundamento y la garantía de la independencia croata. Estas leyes, junto con la "Bulla Dorada" del año 1222, sin el Art. (ius resistendi), fueron el resultado a que llegó el Sabor en Cetin el 14 de enero de 1527, cuando fue elegido Fernando de Habsburgo como rey croata, luego de las sanciones pragmáticas: la croata de 1712, donde se establecía el derecho de Croacia para determinar por si sola quién sería su soberano, y la húngara, que proclamó la indivisibilidad de las tierras de la corona de San Esteban. A ello se debe que los historiadores croatas del derecho considerasen mucho más importante el artículo 24 que el 14 del Compromiso,•puesto que en aquél se habla del rey como del fundamento de la comunidad estatal, mientras que en el primero se recalca la indivisibilidad de las tierras de la corona de San Esteban y de la comunidad estatal húngaro-croata. Pero como el Compromiso austro-húngaro era la consecuencia de una derrota militar de Austria. con Prusia (Kđnigsgrátz), debiendo el emperador, en el ámbito de la política interna, otorgar el Compromiso a los húngaros, así también desde la posición de derrotado, el emperador tuvo que insistir en las posiciones del Compromiso austro-húngaro que, por su misma formulación significaba la renuncia imperial a muchas de las prerrogativas que tenía en Croacia antes del año 1867 [237].

Por la propia naturaleza de la Doble Monarquía, el Compromiso no permitía al emperador y al rey desempeñarse en los litigios entre húngares y croatas como un factor imparcial. Manteniendo una influencia decisiva en el nombramiento del ban croata, los húngaros, atenidos a la letra del Compromiso, eludían su verdadero sentido. Lo mismo acontecía en el asunto del idioma, que en el Compromiso fue resuelto favorable-mente para los croatas. Los húngaros tan pronto como se estableció el Compromiso, empezaron paulatinamente a practicar la magiarización de Croacia, Eslavonia y Dalmacia, introduciendo el húngaro en los ferrocarriles croatas e incluso en los tableros de las estaciones ferroviarias donde figurarían ambas lenguas; el bilinguismo sería también obligatorio al inaugurar las escuelas húngaras para los empleados y constituía una condición para su avance en la carrera. La política tarifaria húngara tenía por objeto impedir el desarrollo y el progreso de los centros industriales croatas. De esa manera, per ejemplo, el transporte de cereales desde Zagreb hasta Rijeka resultaba más caro que el de la misma mercadería desde Budapest al Brasil, mientras el de los fósforos desde Osijek a Mostar era más barato, utilizando el río Danubio hasta Budapest y de ahí por ferrocarril, que directamente de Osijek a Mostar[238]. Este comportamiento de los húngaros al negar a los demás las ventajas que ellos mismos habían conseguido así como la imposibilidad o la falta de buena voluntad demostradas por Viena para obligar a los húngaros a respetar las obligaciones asumidas por el Compromiso, condujeron a la situación en que los croatas sintieron la necesidad de liberarse a cualquier precio de aquella comunidad estatal. "En vano intentó Francisco Ferdinando, consciente del peligro, y en una tácita oposición a los húngaros, encontrar la solución del problema croata en el trialismo (Austria-Hungría-Croacia). Su muerte sepultó los últimos intentos por salvar el afecto de los croatas hacia la Monarquía de los Habsburgo y la existencia misma de aquella dinastía. La comunidad de las tierras de la cuenca danubiana, lograda por los croatas en 1527 desde las montañas de Cárpatos hasta el Adriático, dejó de existir en 1918 al finalizar la primera guerra mundial" concluye el Prof. Dabinović en su ensayo sobre las relaciones húngaro-croatas al cumplirse 70 años del Compromiso húngaro-croata[239]. Naturalmente, este historiador de derecho, croata, no pretendió afirmar que la Monarquía hubiese perecido por el deseo de los croatas. Con idéntico sentimiento obraban también las restantes nacionalidades y, en el último decenio de la Monarquía, incluso los húngaros, al adoptar el estribillo —"Los von Oesterreich"— que fue contestado por los austriacos con —"Los von Ungarn". La suerte adversa de ese Estado multinacional se manifestaba en la difeerncia fundamental estructural entre las tierras austríacas y checas que pertenecían al espacio centro-europeo, y las tierras de la corona de San Esteban que contituía una región marginal europea[240]. Aquí radicaba la verdadera razón de polémicas incesantes y de los conflictos permanentes entre las dos mitades de la Monarquía, lo que, en condiciones y tiempos nuevos, condujó a su destrucción, sin que ninguna de sus partes asumiera la responsabilidad exclusiva.

En la época comprendida desde la disolución de la comunidad estatal húngaro-croata en 1918 hasta hoy, los croatas y los húngaros conservan relaciones de buenos vecinos. Además, fue Hungría la primera entre todos los Estados en reconocer a Croacia al proclamarse independiente el 10 de abril de 1941. Cabe destacar, por fin, que, a pesar de sus años de vida en comunidad política, entre Hungría y Croacia no se han formado regiones de población mezclada que podrían entorpecer aquellas buenas relaciones vecinales en el futuro de esos dos pueblos.


 

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"OYENDO LAS CAMPANAS"

Una película yugoeslava sobre campanarios, minarets y... cuchillos

La industria cinematográfica yugoeslava está inspirada en la actualidad casi exclusivamente por el culto de la llamada "lucha de liberación nacional". Mientras en el resto del mundo el interés por la guerra en Ias películas hace ya mucho tiempo que mermó, en la Yugoeslavia comunista la evocación casi narcisista de esos días "heroicos" está todavía en boga, si bien un poco forzada. Estos filmes "históricos" lisonjean la vanidad "del hijo más grande de nuestros pueblos", pero además, distraen la atención de las masas de los problemas y los fracasos de una actualidad bastante gris.

Se entiende que la mayoría de esas producciones cinematográficas de guerra no son sino mera propaganda comunista; no sólo se enaltece en ellas hasta dimensiones sobrehumanas a los guerrilleros de aquella ideología, sino que al mismo tiempo, se degrada de tal manera a sus adversarios, especialmente a los ustaši, que se diría que no fuesen seres humanos. Semejante parcialidad frente al adversario vencido difícilmente :se encontraría en toda la historia. Posiblemente por eso: porque su victoria era el fruto de la combinación de las fuerzas internacionales y no de la fuerza propia.

Lo peor de todo es acaso el hecho de que se trate de guardar el silencio o de tergiversar las verdaderas causas del conflicto así como sobre los objetivos finales de las partes en conflicto. Los comunistas aparecen así como combatientes por la libertad, escondidos en los bosques por un puro y ferviente deseo de liberar a los pueblos yugoeslavos del dominio "del ocupante y de sus cómplices internos". Por nada y en ningun.a oportunidad los comunistas yugoeslavos mencionan la forma en que ellos defendieron el pacto Molotov-Ribbentrop, mientras atacaban a los "imperialistas" occidentales, ni cómo se hicieron guerrilleros solamente cuando la Rusia Soviética fue atacada, con el propósito de aliviar justamente su frente de guerra e instalar en Yugoeslavia su propia dictadura y un régimen de terror idéntico al que impuso Stalin en la "cuna del socialismo". ¡Suponemos que los comunistas yugoeslavos no podrían decir ahora que habían luchado por el socialismo de la autogestión!

Por otra parte, la propaganda comunista, todavía hoy, un cuarto de siglo des-pués de la guerra, pinta al ejército regular croata (domo•brani) como una entidad inmóvil que ignoraba lo que quería, mientras los ustaši eran para los comunistas una encarnación del diablo, cuyo único fin bélico consistía en matar por matar y derramar sangre. A través de esas películas, el espectador no puede, ni de lejos, enterarse de que los soldados croatas combatieron por lo menos tan valientemente como los guerrilleros comunistas, en defensa de su patria. Habiendo sido el Partido comunista yugoeslavo organizado sobre la base de una idea yugoeslava (hasta 1935 los comunistas abogaron por la desmembración de aquel Estado y por la organización de los Estados independientes de los pueblos integrantes), era necesario ahora crear y sostener la ficción de que "nuestros pueblos" lucharon en la última guerra por un Estado común. Eso podría resultar verosímil únicamente a condición de guardar silencio sobre el hecho clave, es decir, que en la última guerra combatieron entre sí tres ideas nacionales: la croata, la servia y la yugoeslava.

Leí pacientemente en Vjesnik u Srijedu (12/3/1969), de Zagreb, algo sobre una nueva película yugoeslava que presuntamente no era como las demás: "un juego entre propaganda y arte". Esta vez se presentaban los acontecimientos bélicos en "otro lenguaje" y se exponía la verdad "para ambas partes". Se trata del filme "Oyendo las campanas", dirigido por Antonio Vrdoljak, y sirviéndole de guión el diario de guerra del general guerrillero Juan Šibl. Vjesnik u Srijedu publica una amplia entrevista con Vrdoljak y šibl, referente a dicha película.

Vrdoljak explica así lo que se propuso con ella: "Para mí, el mayor obstáculo fue esa nuestra herencia dentro de la cual, durante veinte años, presentábamos a los partisanos (guerrilleros comunistas) como únicos héroes —un orgullo exclusivo de este país—, como gigantes que aniquilaban a los alemanes ciegos y a los ustaši indecisos, es decir: a sus enemigos —así se argumentaba implícitamente— que vivieron fuera del espacio, y sólo nuestras madres acunaban hijos valientes... Por esa causa quise proceder de otra manera: comunicar la verdad, decirla aquí de ambas partes".

Como un acontecimiento de gran importancia, Šibl ha delineado en su "Diario" de qué modo su unidad había "regalado" la vida a un ustaši, llamado Meho, quien más tarde, por agradecimiento, se convirerte en un guerrillero muy combativo. A la pregunta de si eso aconteció realmente, Šibl contesta: "Mi Meho es una persona real. El y Suljica se fueron a comprar aguardiente, pero Suljica fue alcanzado por un tiro, herido y degollado (mas, ¿quién lo hizo? N. del autor) y Meho fue capturado, encadenado y llevado a mi unidad. Entonces la cosa más normal era fusilar a un ustaši con la letra "U" sobre su fez y armado con un fusil, porque el ambiente estaba ensangretado... Pero no se procedió así y no mataron a Meho".

Resulta sumamente interesante destacar que la "cosa más normal" para los guerrilleros comunistas fuese fusilar a los adversarios capturados. Pero si, a su vez, éstos pagaban con la misma moneda a los guerrilleros comunistas capturados, entonces se trataba de un crimen de degüello.

El nudo ideológico y el título de la película, lo explica Vrdoljak de la manera siguiente: "El marco histórico se sitúa en un espacio restringido, donde conviven tres religiones. En el diálogo se dice textualmente: "Cuando Vjeko oyó que, alrededor habían dos campanarios y un minarete, declaró que eso era demasiado. Y lue-go agregó: «¡Tres dioses para este pequeño pedazo de suelo!» Gara le contestó: «Tú no amas a Dios»; y Vjeko continúa explicando: (No tengo nada contra Dios, pero si tres dioses se convierten en tres cuchillos... De estos problemas es necesario...»"

Se interpone otra vez Vrdoljak y dice: "Es necesario hablar de estos problemas. En la película he hablado de estos problemas en una época tremenda. Pero de una época que mañana podría repetirse. ¡No hagamos bromas! Puede suceder mañana que este país se convierta en el escenario de una guerra desde fuera y entonces esos vampiros podrían saltar antes de lo que esperamos".

De lo antedicho resulta obvio que, con la pretensión de decir la plena verdad, esta película es en realidad mera propaganda proyugoeslavo-comunista. En el conflicto de la última guerra no se trataría de las ideas nacionales y estatales, sino tan sólo de la escisión y el retraso religioso. La culpa, en consecuencia, es de la religión, del hecho de que en nuestras regiones existían "tres dioses" que se convirtieron en "tres cuchillos".

Basta pensar un instante para comprender cómo esta acusación es tendenciosa e inexacta. Los servios, los búlgaros y los macedonios pertenecen a la misma religión greco- oriental y, no obstante, en las regiones donde conviven sucedieron cosas muy graves no sólo durante esta última guerra, sino que vienen sucediéndose desde las guerras balcánicas (1912-1913) hasta hoy. Los montenegrinos profesan la mis-ma religión, pero al finalizar la primera guerra mundial y durante la segunda, hubo entre los partidarios de la unión con Servia y los de la independencia de Montenegro enfrentamientos muy sangrientos. Además, el caso del ustaši Meho, ¿no desmiente la tesis de la película? Es un hecho innegable que los croatas de religión islámica y católica lucharon hombro a hombro en la defensa del Estado de Croacia, lo que es uno de los argumentos irrefutables de la pertenencia nacional de los musulmanes de Bosnia. ¿De qué otra manera puede explicarnos el señor Vrdoljak el hecho de que un campanario (croata-católico) y un minaret (croata-musulmán) se unieran contra otro campanario (servio-ortodoxo)?

Culpar de todos los males a la religión es ya vieja costumbre comunista. Y resulta tanto más absurda, cuanto que la practican quienes profesan —e intentan imponer por la fuerza— un nuevo dogma, una nueva concepción del mundo, introduciendo en las relaciones humanas el fanatismo, la intolerancia y el odio, desconocidos hasta ahora en la historia. En nombre de este nuevo dogma fueron matados, hasta ahora, varios millones de hombres inocentes: más que en todas las guerras religiosas. Con esta ideología se envenenan y ensangrientan las relaciones entre las naciones, incluso entre aquellas que están obligadas a vivir bajo el régimen comunista, como lo confirman los casos de Hungría, Checo-Eslovaquia y el del conflicto ruso-chino. Todo esto sucedía también en nuestras aldeas y ciudades.

Mientras tanto, hemos visto que dicha película tampoco dijo la verdad. Para eludir el reconocimiento de la existencia de la idea nacional croata y de su Estado, en el filme se acusa a la religión y se habla irresponsablemente de campanarios, minaretes y cuchillos.

Hasta tanto no se pueda decir en Yugoeslavia la pura verdad sobre las causas reales de los acontecimientos tan desafortunados, ocurridos en la última guerra y mientras el anhelo de libertad nacional de los pueblos de Yugoeslavia no siga interpretándose como chauvinismo, existirá también el peligro de que se repitan los desastres que deploramos. Acertadamente dice Vrdoljak: "¡No hagan bromas! ¡Mañana puede suceder que este país. se vea expuesto a la guerra desde fuera, y los vampiros pueden saltar antes de lo que esperamos!"

 

STANKO M. VUJICA: CRIMEN IMPUNE DE LOS AGENTES COMUNISTAS DE BELGRADO EN MUNICH, ALEMANIA OCCIDENTAL

El día 26 de octubre de 1968 en la ciudad alemana de Munich fue cometido un horrendo crimen contra tres exilados croatas. Mile Rukavina, Krešimir Tolj y Vid Maričić, así se llaman las víctimas, fueron hallados muertos ese día en la sede de Los Croatas Unidos de Alemania, en pleno centro de Munich. Según peritos policiales, las víctimas fueron ultimadas a tiros de revólver silencioso aproximadamente a las 10 de la mañana y encontrados muertos recién a las 16. Los criminales, de acuerdo a la opinión pública, fueron los agentes secretos de Tito, que operan provistos de documentos diplomáticos y demás facilidades del movimiento entre unos 180.000 obreros croatas, actualmente residentes en Alemania occidental. Al día siguiente los tres fueron inhumados en el cementerio local, acompañados por unos 5.000 compatriotas hasta su última morada, rindiéndoles solemnes honores fúnebres. Con este motivo fueron enviados por las organizaciones croatas varios memorándums a las autoridades locales y centrales del Gobierno de Alemania Occidental, acusando al régimen de Belgrado y pidiendo la protección de las vidas de sus compatriotas.

Para caracterizar el clima ipo:ítico y el ambiente general donde cayeron estas úl-timas víctimas del terror comunista yugoeslavo, reproducimos una parte del artículo del Dr. W. Sshoetler, abogado y escribano alemán, escrito con motivo de descubrirse este tremendo crimen: "...Después de haberse restablecido las relaciones diplomáticas entre Yugoeslavia comunista y la Alemania Occidental, el terror de UDBA (Policía secreta yugoeslava) viene reforzándose. Los emigrados croatas se han convertido en animales salvajes para los comunistas granservios en Alemania... Los consulados y los consulados generales como también las Misiones comerciales del régimen criminal de Belgrado, se desempeñan como asilos del servicio secreto, taimado e inescrupuloso en Alemania Occidental Las autoridades alemanas presencian pasivamente los crímenes sin hacer nada para eliminarlos... Cualquiera que intente identificar los crímenes de UDBA es acusado de instigador de la guerra fría o como derechista radical... Vivimos en Alemania en un tiempo en que las instituciones competentes alemanas confraternizan y colaboran con el régimen dictatorial comunista y con sus sindicatos estatales. El que está dispuesto a capitular ante la dictadura comunista, se le abren todas las puertas... Pero, mientras estas autoridades alemanas toleran el terror del servicio secreto comunista y no hacen nada contra él, las mismas autoridades proceden sin piedad y consideración alguna para la emigración croata..."

A estas observaciones del abogado alemán nada podemos agregar sino apelar al Gobierno alemán, para que preste la protección legal a los obreros y demás croatas en su país. Un filósofo cristiano en la actualidad escribió un libro: Fin del maquiavelismo. Podemos creerlo?

Después de dichos crimenes, han sucedido otros. En España fue ultimado cruelmente un ex general croata, y en Munich el ing. Nahib Kulenović, hijo del ex presidente del Gobierno de Croacia y uno de los caudillos más prominentes de los musulmanes de Bosnia croata.

¿La tiranía tiene su fin o sus límites?

 


DOCUMENTOS

ROGER BOŠKOVIC ERA CROATA

Las injustificadas pretensiones servias no se limitan solamente al territorio croata, Bosnia y Herzegovina por ejemplo. Extiéndense estas ambiciones incluso a nuestros logros espirituales. Así vienen procediendo desde hace un siglo, difundiendo ka propaganda pagada por su gobierno en detrimento de Croacia. Entre las mistificaciones de esta propaganda figura también la afirmación de que el célebre matemático y filósofo croata, padre de la teoría atómica, jesuita R. Boškovic, era de origen servio. El profesor servio Petronijevic editó en 1924 en Londres THEORIA PHILOSOPHIAE NATURALIS de Boškovic, presentándolo en su prefacio como sabio servio. La edición fue financiada por el gobierno de Belgrado.

Hace dos años este libro fue reeditado en Norteamérica, repitiendo la misma mistificación servia. Tratándose de una personalidad extraordinaria, por cuya obra dentífica crece el interés en los círculos más destacadas de la ciencia en el mundo, especialmente en Norteamérica, en pos de la verdad cabe rectificar tamaño error y establecer el origen de Boškovic.

Al leer el libro LE MATIN DES MAGICIENS de los autores franceses Luis Pauwels y Jacques Bergier, encontramos repetida esta falsa afirmación sobre el erigen servio de Boskovic.

Por ello Instituto Croata Latino Americano de Cultura el día 8/8/1966 dirigió a dichos escritores la siguiente carta:

Messieurs

L. PAWELS et J. BERGIER 4 Rue Galliéra

PARIS

Messieurs:

Nous avons lu evec grand intéres et plaisir le livre- “Le Matin des Magiciens”, mais vôtre affirmation dans le même oevre, que R. Boškovic était Serbe, nous a causé une surprise désagréable.

Certes, on peut trouver des affirmations pareilles dans d'autres publications, de caractère éphemère ou encyclopedique, mais tous ses auteures son des victimes de la propagande grand-serbe.

C'est pour des raisons d'objetivité historique, aussi bien que pour nôtre intéres special croate, que nous semble nécessaire d'appeler votre attention sur cette tendenciese mystification serbe.

Quant a l'objectivité historique, vous même dites, que Boškovic est né a Dubrovnik. Mais cette cité, il y a plusiers siecles, est une ville croate et catolique. (Voir: Hans Kohn: "Idea of Nationalism", page 545). L'histoire, en effet, ne connait pas un seul prêtre franciscain, dominicain ou jesuite qui eut été serbe. Le peuple serbe, par contre, professe la religion orthodoxe grècque. Où peut on trouver des couvents catholiques serbes? Selon dite mystification serbe, un seul jesuite serbe existait — Boškovic — et justement celui-ci était un genie!

En outre, Dubrovnik a été une des plusieurs formations d'état croate, ou avait été sauvée une part de la souveraineté croate, morcelé pendant des siècles de nos luttes contre les Ottomanes et pendent l'occupations d'une part du territoire croate par eux mêmes.

Dans la cité de Dubrovnik fleurissait tout un monde culturel — la peinture, la sculture, la science et la littérature croates, point de départ de la littérature croate moderne. Les ecrivens de Dubrovnik appalent sa langue «slave ou croate», mais jamais serbe. Tout cela a autorisé les historiens croa-tes de proclamer cette cité adriatique «Athènes croate».

La famille de Bošković est originaire de la province croate Hercegovine qui formait, au moyen âge, le centre de la Croatie Rouge. (D. Mandic: “Bosna i Hercegovina”, Chicago 1963 ou de même auteur, dans notre publication: (Bosnia y Herzegovina», que nos vous, envoyans). Cette territoire, les environs immédiates de Dubrovnik, et ses habitants, ont conservé son caractère et sa conscience nationale croate jusqu' a present, malgré toutes les tentatives d'inflitration serbe et de leur religion orthodoxe grècque.

La Croatie vit aujoud'hui sous le régime communiste de caractèr serbe, mais si vous vous dirigez, par exemple, a l'Académie Yougoslave de Zagreb, vou recevrez, nous en sommes sûrs, la même réponse, que nous vous donons ici. En plus, Bošković lui-même écrit dans une lettre, dirigée a son frère Bartolomé a Dubrovnik, après avoir assisté a un défilé des troupes impériales a Vienne, qu'il a vu «nos croates» dans la parade. Naturelment, Bošković a ecrit a son frère en croate.

Quant a notre intéret special croate, nous nous permetons la liberté de vous dire, que tous les peuples du monde défendent leur droit d'existence et d'autodétermination nationale, reclamant aussi bien le titre des leurs apports au trésor commun de la civilisation. Par consequent, nier a Bošković sa nationalité croate dans les conditions actuelles, ou son peuple croate lutte pour sa liberté nationale et pour survivence même, signifie une tentative de diminuer ou de priver le peuple croate d'un des ses titres de droit a la liberté nationale, suprimée en Yugoslavie grand-serbe.

A cause de tout cela, nous vous prions de vérifier nos contestations et de corriger votre affirmation dans une nouvelle edition de «Le Matin de Magiciens» ou dans votre revue «La Planète», publication d'une grande diffusion dans plusieurs lagues et pays.

En espérant votre réponse et votre opinion sur ce sujet, veuilles agréer, messieurs, les assurances de notre considération."

Sécretaire:

Dr. F. NEVISTIĆ

Président:

Dr. M. BLAŽEKOVIĆ

El 26 de septiembre del mismo año la revista STUDIA CROATICA recibió la siguiente contestación de los señores L. Pauwels y J. Bergier:

éditions PLANÈTE

114 champs élysées paris tél. 359 8416 8650

STUDIA CROATICA

Carlos Pellegrini 743 - P. 3 of. 18 BUENOS AIRES

(République Argentine)

"Messieurs,

C'est à notre retour de vacances que Jacques Bergier et moi-même avons pris connaissance de votre lettre du 10 Août.

Vous nous donnez là une précision historique que nous n'avions pas trouvée dans l'importante documentation que nous avons dépouillée pendant cinq ans avant d'entreprendre la rédaction de notre ouvrage «Le Matin des Magiciens». Nous allons la vérifier pour éventuellement en tenir compte.

Avec tous nos remerciements.

Nous vous prions d'agréer, Messieurs, l'expression de nos meilleurs sentiments".

LOUIS PAUWELS

Algunos meses más tarde la revista "Planète" —en su edición española Nro. 13 Septiembre-Octubre de 1966, págs. 129-143, publicó un artículo del señor J. Bergier, que parcialmente aquí reproducimos, donde se menciona varias veces que el jesuita y sabio R. Bošković era de origen croata.

Ya en la página 129, el señor Bergier reproduce el texto del libro "El Retorno de los Brujos": "¿Mutante? ¿Viajero del tiempo? ¿Qué ser misterioso y desconocido se esconde detrás de este misterioso croata? No solamente se halla ya adelantado respecto de la ciencia de su tiempo, sino respecto de nuestra propia ciencia". En la primera edición de "Le Matin• des Magiciens" (El Retorno de los Brujos), en lugar de "croata" se decía 'servio".

En la misma página escribe Bergier: "...El escritor científico Arthur C. Clarke observa que el gran genio del Renacimiento no habría podido concebir la electrónica, y que si le hubieran puesto entre las manos un receptor de la televisión lo habría contemplado como un enigma indescifrable. El matemático Roger Bošković, por el contrario, se halla mucho más cerca de las criaturas fabulosas descriptas por Sturgeon en «Más que humano», o de las novelas fantásticas de Van Vogt sobre slans. Si existe una diferencia a favor del matemático croata que vivió en el siglo XVIII..."

En la página 131 Bergier dice: "Bošković era el séptimo hijo de un séptimo hijo. Es una ascendencia de mago. Jamás pudo hallarse su partida de nacimiento, pero un certificado de bautismo declara que nació el 18 de mayo de 1711 y fue bautizado el 26 de mayo del mismo año. Su padre era un ciudadano libre, condición rara en aquella época. Más tarde, puso sobre su papel para cartas la corona de nobleza de la familia croata Boško. No es seguro que tuviera derecho a hacerlo".

Así Bergier repite siete veces en su artículo, tratando a Bošković como a un sabio de origen croata. Destacando su labor cientifica Bergier cita al texto de Lalande: "En abril de 1776, el gran Lalande le escribe: «Vos veréis en las noticias literarias de 'Le Journal de Scavans' de abril una nota en honor de vuestro Tratado de las ciencias cónicas. He aquí una parte: El genio de autor brilla aquí tanto como en sus obras más sublimes... Un geómetra profundo que justifica hasta en las menores cosas la reputación que tiene desde hace mucho de ser el más grande matemático de nuestro siglo..

Bošković editó en 1758 su libro: "Theoria Philosophiae Naturalis".

En la página 136 Bergier sintetiza la ley del universo según Bošković: "La idea del sabio croata era formular una ley única que describiera todo. Esta ley única es simple: la materia se compone de objetos llamados «puncta»... Los puncta se atraen cuando se encuentran bastante lejos el uno del otro, se rechazan cuando están muy cerca... Esta ley, que se aplica a dos puncta, puede ser general.iz•sda matemáticamente a tres, cuatro... puncta, luego a todos los puncta del universo".

En la misma página reproduce la opinión del biógrafo de Bošković, el inglés Lancelot Law Whyte: "La teoría de Bošković es un asombroso esfuerzo de imaginación, una obra maestra de anticipación. Exhibe en grsdo muy ele-vade y en forma poco habitual la pasión por el orden y el espíritu... Los que se elevan más allá de la moda del día van a descubrir que Bošković es digno de un honor particular: defiende lo que falta en la física moderna: el espíritu de claridad en los valores fundamentales".

En la página 137 se dice entre otras cosas: "La mayor parte de la teoría de Bošković es demasiado avanzada para poder ser verificada en el estado actual de nuestra ciencia". Lancelot Law White escribe: "Si el universo no está compuesto de puncta, debería estarlo". Nietzsche decía que «la teoría de Bošković es el mayor triunfo del espíritu humano sobre los sentidos realizados hasta el presente sobre esta tierra...» La teoría de los cuanta —continua Bergier— nació directamente de los trabajos de J. J. Thomson quien, desde 1905, escribió que él debía todo a Bošković. Las ideas de Rutherford sobre la estructura del átomo derivan directamente de Thomson y, por medio de éste, de Bošković. Bohr y Heisenberg han expresado su deuda respecto de Bošković en ocasión del Simposio internacional que se celebró en Dubrovnik en 1958".

Bošković murió en Monza (Italia) el 13 de febrero de 1787. "El 13 de marzo, de Lalande pronunciará su elogio en la Academia Francesa. Insistirá sobre su temperamento colérico, pero agregando: «Es el único defecto que se le haya conocido, pero estaba compensado por todas las cualidades que constituyen un gran hombre». Se bautizaron en su honor calles de Roma, de Milán y de Dubrovnik. Un cráter de la Luna lleva su nombre (lo que hubiera sido lo más importante para él) y en los jardines del Instituto Atómico de Zagreb una gran estatua de Bošković, realizada por el escultor yugoeslavo! (es el gran escultor croata, N. de la R.) Ivan Meštrović, levanta su rostro de visionario hacia el cielo. «La era del espacio se interesará por Bošković más que nosotros», escribió su biógrafo Elizabeth Hill".

Creemos que así terminará una de las aventuras servias poco honestas. Sería deber de los croatas comprar cuanto más ejemplares de esta revista "Planète", distribuyéndola donde lo consideren oportuno. Especialmente en las Universidades y entre los hombres de ciencia. Los propagandistas servias "merecen" también algunos ejemplares.

Considerando que los señores L. Pauwels y J. Bergier han cumplido honestamente con su promesa, nuestro Instituto con carta del 26 de enero de 1967 les ha agradecido por la probidad intelectual y el amor por la objetividad histórica.

"Buenos Aires, le 26 Janvier 1967.

Messieurs

Luis Pauwels et Jacques Bergier, Editions Planète

116 Chaps - Elysées

PARIS - VIII

Messieurs :

Nous Vous confirmons d'avoir recu vôtre lettre du 26 Septembre 1966, ou Vous nous promettez de verifier l'exactitude, si Bošković a été croate ou serbe.

Avec une grande satisfaction nous lisons dans le número 13 de "Planète", dest édition espagnole l'article du monsieur J. Bergier, dans lequel l'origine croate de Bošković est publicment reconnu et confirmé.

Avec l'article cité, Vous avez accomplu sériesment la vôtre promesse et confirmé la votre probité intelectuelle, digne de la tradition culturelle occidentale.

Nous Vous prions d'agréer, Messieurs, l'expression de notre gratitude et de nos meilleurs sentiments".

 

Sécretaire

Dr. F. NEVISTIĆ

Président

Dr. M. BLAZEKOVIĆ

 

UN PERIODICO SERVIO SOBRE LAS RELACIONES CROATA-SERVIAS

Analizando las relaciones apolíticas y nacionales entre los croatas y los servios en el periódico de un grupo de exilados servios —"Naša Reč", N° 187-90 de 1967, pág. 16— que se edita en Londres desde hace 20 años, el Ing. Vladimir Predavec, en su artículo muy singular por su original enfoque, dice entre otras cosas: "Los croatas se sentían amenazados por el Estado (la Yugoeslavia real, N. de la R.) y los servios lo sentían como su Estado. Este sentimiento fundamental de unos y otros determinó también su actitud hacia esta comunidad. En semejante situación, donde un nacionalismo representa tendencias centrífugas y otro centrípetas, todas las cuestiones y todos los problemas fueron mal enfocados y planteados al revés. Mencionaré sólo un ejemplo. La mayoría de los croatas se declaró en 1941 por el Estado croata independiente. Esta es, sin duda alguna, una actitud política del todo legitima, a la que toda comunidad tiene derecho. Un puñado de croatas abrazó la ideología y adoptó los métodos ustaši, que es otra cosa. No obstante, la mayoría de los servios identifican todavía hoy las dos cosas. Por cierto eso es un craso error. Supongamos que los papeles en Yugoeslavia hayan sido invertidos: los croatas, mayoría que da su respaldo al Estado; los servios, minoría que siente que ese mismo Estado les fue impuesto, Tengo la plena seguridad —sin miedo de que alguien de buena fe me desmienta— que los papeles en tal situación habrían sido cambiados y los servios hubieran aprovechado la primera oportunidad para separarse de semejante comunidad estatal".


ACTA DE DONACION QUE EN 1069 EL REY CROATA KREŠIMIR IV HIZO EN NIN[241] AL CONVENTO DE SAN CRISOGONO

"Yo, Krešimir, gobernando por gracia de Dios en Croacia y Dalmacia y reinando después de mi abuelo, de grata memoria, el rey Krešimir y de mi padre, el rey Esteban —ambos descansan ahora en el campo de Klis— reunido en mi residencia de Nin con los presentes comités (gobernadores), príncipes y bani y con capellanes de mi carte real, púseme a meditar qué podría ofrendar al Dios omnipotente para que salvaguardara mi gobierno del reino heredado y diera la paz eterna a las almas de mis antepasados y antecesores. Y encontré que, de las obras de piedad, ninguna sería más grata a Dios y más digna de nuestra corte terrestre que otorgar a las moradas de los santos y de los monjes posesiones y donaciones decorosas. Y por cuanto el Dios omnipotente extendió nuestro reino por la tierra y el mar, decidi-mos y dispusimos solícitemente honrar el convento de San Crisógono en Zadar con posesiones y tierras. Encontramos igualmente en las obras de nuestros antecesores, preclaros reyes croatas, que ellos obsequiaron también a dicho convento muchas heredades y propiedades; y nosotros, no queriendo apartarnos nada de la senda de nuestros antepasados en lo tocante a la salvación de nuestra alma y la de nuestros difuntos, te otorgamos a ti, San Crisógono, por intermedio del venerable Pedro, digno abad de tu santa casa, nuestra propia isla real, ubicada en nuestro mar dálmata, que se denomina Maon y que a su izquierda tiene la isla que en croata se dice Vir. Que esta isla, pues, sea por siempre de propiedad del convento de San Crisógono y que ninguno entre los mortales se oponga a ello, puesto que así lo disponemos con el consentimiento y a pedido de los señores de todo nuestro reino. A fin de que esta donación nuestra sea duradera y valedera por todos los tiempos, la certificamos y firmamos Nos, junto con nuestros obispos y disponemos que quienquiera que sea si. olvidándose dei juicio divino y despreciando nuestro honor real, quisiera arrebatar esa isla al convento mencionado, sea culpable de ello en el Juicio Final; que eterna-mente comparta la suerte de Herodes, de Judas y del Mago Simón; que sea maldito por Dios y por sus apóstoles, por todos los santos y, especialmente, por San Crisógono. Disponemos, además, que por tal acto criminal deberá pagar a nuestra corte —bien durante el reinado de alguno de nuestro sucesores, o durante el mandato de gobernador o de ban— la multa de 100 libras de oro y ser declarado en nuestro reino deshonrado para siempre. Doy fe, Yo Krešimir, rey de Croacia y Dalmacia; yo, Esteban, obispo de Zadar, firmé este documento". A continuación siguen los nombres de los testigos oculares: Adamić, gobernador de Nin, testigo; Boleslav, comodoro de la corte, testigo; Velkić, gobernador de Luka, testigo; Volesa, senior, testigo; Budac, camarero, gobernador de Bribir, testigo; Ivan, capellán real, testigo; Petar, juez de la corte real, testigo; Studec, copero real, testigo; Leo, primer espadero real y gobernador de Dalmacia, testigo; Selislav, gobernador de Sidras, testigo; Dragomir, gobernador de Cetin, testigo; Andrés, alcalde de Biograd, testigo. En la ciudad de Nin

Amén".

 


RESEÑA DE LIBROS

 

Victor E. Meier: Neuer Nationalismus in Südosteuropa (Nuevo nacionalismo en el sudeste europeo).

Cuadernos del Instituto de Investigación de la Sociedad Alemana para la política exterior, ed. C. W. Leske Verlag, Opladen, 1968, pp. 154.

El publicista suizo Viktor E. Meier cobró reputación especialmente por su análisis de la situación imperante en Yugoeslavia y demás países del sudeste europeo mientras se desempeñaba como corresponsal del Neue Zürcher Zeitung en Belgrado y, luego, en Viena. Su libro trata también de los problemas políticos de dichos países y analiza el nuevo curso, la problemática actual y sus posibles soluciones en Rumania, Yugoeslavia, Bulgaria, Grecia, Albania y Turquía. En sendos capítulos, el autor pasa revista más tarde a los intentos realizados y a las posibilidades actuales de una cooperación política más estrecha en los Balcanes.

La Sociedad Alemana para la política exterior (con sede en Bonn), que editó el libro aludido, no toma posición frente a los problemas tratados en sus publicaciones. Idéntico criterio rige para la obra de Meier, financiada por la fundación de Fritz Thyssen.

Hallándose resumida una materia tan extensa en pocas páginas, es obvio que muchos temas resulten apenas tocados o esbozados, y otros ni siquiera mencionados. El estilo y el modo de exposición son amenos. En el apéndice figura una extensa bibliografía, pero a lo largo del texto no existen referencias ni citas. Meier dedica mayor atención a los problemas de Yugoeslavia e incluso sugiere puntos de vista para las soluciones futuras. En el proceso interno yugoeslavo vislumbra una sola alternativa: a la comunidad estatal yugoeslava contrapone el exclusivismo de los Estados nacionales de los pueblos que la integran, adoptando y abogando por la concepción yugoeslava como única solución política viable y aceptada. De ese modo, Meier anticipa una posición ya definida y limita su estudio, lo que va en desmedro del libro. Ya al comienzo de su exposición discute las opiniones contrarias y sostiene, sin más, que la solución yugoeslava es la única practicable. Hablando del carácter multinacional y pluricultural de Yugoeslavia, Meier refuta la opinión de historiadores alemanes y austríacos que sustentan que aquella es un conglomerado artificial, condenado a desaparecer. Disiente también del consenso público en Yugoeslavia, así como del historiador inglés Taylor, quien calificó a Tito como el último de los Habsburgo, empeñado en restaurar las estructuras estatales que originó la caída de aquella dinastía y de los gobiernos burgueses de Belgrado. A estas dudas Meier contrapone su credo político unitarista: "La comunidad actual yugoeslava, pese a tantas dificultades, dista de parecer un fósil histórico y se presenta como una concepción estatal moderna que, con su carácter supranacional y la constante búsqueda del equilibrio interno, puede servir de guía para la zona entera del sudeste europeo" (p. 36).

No obstante ese parti pris, Meier reseña con objetividad el proceso ideológico de un estado común durante los siglos XIX y XX en Croacia y Servia, y la evolución política en la Yugoeslavia de pre y post-guerra. Meier confronta dos concepciones estatales divergentes: la croata y la servia. "Mientras, entre los croatas, el Movimiento ilírico, Strossmayer y Supilo difundían ideas sobre un Estado común sur-eslavo, entre los servios, Ilija Garašanin, con su Načertanie (Programa, 1844), elaboró la concepción de una Servia engrandecida, que más tarde realizó N. Pašič en 1918, extendiendo el predominio de Servia sobre pueblos y minorías que integraron a Yugoeslavia. Ese programa tiene vigor hasta hoy en el pensamiento nacional servio", manifiesta Meier. El nuevo Estado fue fundado sobre una "base equivocada" en 1918, lo que suscitó la oposición general de los croatas bajo la égida de Esteban Radic. Respecto del yugoeslavismo del rey Alejandro, Meier afirma que no era sincero, sino "que servía para encubrir la irrestricta hegemonía servia". Esa política dio pábulo al movimiento ustaša, mientras que el Dr. V. Maček, siguiendo otra línea, trató de hallar, mediante el Compromiso de 1939, la solución de la cuestión croata en el marco del Estado yugoeslavo.

Resumiendo lo acontecido en el curso de la última guerra, Meier sostiene que los comunistas, dada su escasa fuerza numérica, no habrían llegado al poder en circunstancias normales. Además, no fue-ron e 'los los primeros en sublevarse por atenerse al pacto de no agresión firmado entre Hitler y Stalin. "Si Alemania no hubiera atacado a la Unión Soviética el 21 de junio de 1941, acaso nunca se hubiera producido el alzamiento comunista", escribe Meier.

Primero se sublevaron los nacionalistas servios četnici y la guerrilla comunista se inició en Užice, Servia, trasladando su centro después a Montenegro, y sólo tras el fracaso del régimen de Pavelić en el Estado Independiente de Croacia, los comunista lograron grandes éxitos en la frontera bosniaco-croata". Luego sostiene Meier que la política búlgara en Macedonia y la húngara en Voivodina favorecieron el movimiento guerrillero. Los aliados empezaron a prestar ayuda a Tito. La persecución ustaša de los servios en Croacia y la italiana de los croatas en Dalmacia impulsaba a la gente hacia las filas comunistas. Entonces éstos presentaron la plataforma yugoeslava frente a la concepción exclusivista servia que incluía la venganza contra los croatas. En opinión de Meier, ese "yugoeslavismo en la práctica" llevó a los comunistas a la primera fila de los luchadores contra las fuerzas de ocupación y, luego, al poder.

Meier menciona también la matanza del ejército croata en Eslovenia al finalizar la guerra. "Ya terminada ésta, los comunistas liquidaron en Eslovenia a los restos de los ustaši, del ejército regular croata (domobrani) y de la guardia nacional eslovena que, en parte, les entregaron los británicos de Carintia y Estiria" (p. 48).

De la exposición de Meier se desprende que los guerrilleros, bajo la conducción comunista, llegaron al poder por errores ajenos y no en virtud del programa comunista. Pero los comunistas no cumplieron con el mandato yugoeslavo y, en opinión de Meier, "ahora es el momento en que debe realizarse en una forma nueva" (p. 49). "Hasta ahora los comunistas no lograron dar solución al problema nacional. Evitaron ciertos errores de la preguerra, mas cometieron otros nuevos. Su concepción de la fraternidad y unidad» está muerta y en cuanto a la solución de los emergentes problemas nacionales, el partido comunista no fue más lejos que el régimen de la preguerra en 1939" (p. 58). Según el autor, la federación es letra muerta y el centralismo, con Ranković, cobró el carácter servio comunista con "la reencarnación del viejo empeño servio por la hegemonía en el ropaje comunista" (p. 55). La mayor oposición al centralismo proviene de Eslovenia y Croacia que, con la ayuda de Macedonia, derrocaron a Ranković en 1966. Meier nota in gran cambio en Eslovenia: antes de la guerra, los eslovenos, dirigidos por Korošec, estaban satisfechos; hay, como pueblo, se hallan en la oposición y Meier considera que Eslovenia es el foco del nuevo nacionalismo en Yugoeslavia, puesto que allí el pueblo y el partido comunista se aliaron en un frente unido contra el poder central de Belgrado. Debido a la explotación económica, Eslovenia y Croacia se oponen actualmente a la federación. Encabezada por esos pueblos, se forma la oposición en Yugoeslavia, mientras que Servia quedó sola como "la base del poder de las fuerzas dogmáticas".

Meier ofrece un cuadro del Estado yugoeslavo, dislocado internamente, que presta demasiada atención a los problemas de la política exterior, mientras que lo: contrastes internos van agudizándose. Cree que en la nueva solución del problems nacional es preciso hallar una nueva síntesis yugoeslava y contrarrestar a las fuerzas que ahora actúan en el sentido contrario. Esa síntesis, según Meier, se logrará si "las tradiciones de cada pueblo yugoeslavo y el movimiento histórico sur-eslavo se integran totalmente en la búsqueda de una solución realista". Está con-vencido de que únicamente tal solución se-ría acertada, por cuanto en esa zona central balcánica, tan sólo puede mantenerse npermanentemente un Estado grande y poderoso -y porque el Estado yugoeslavo surgió "de los factores reales del espacio y de los intereses reales de los pueblos respectivos". Esos y otros argumentos análogos.fueron esgrimidos con mayor derecho a favor de la ex monarquía austro húngara que, empero, se desintegró, por la razón principal de su propia disolución y podredumbre internas y por el desgaste de la organización estatal y de la clase dirigente. Yugoeslavia está en una situación análoga: podrida y desgastada, y la idea estatal de ese país carece de atracción para las nuevas fuerzas políticas.

Meier sostiene también que la Yugoeslavia de la posguerra fue restaurada debido a los errores ajenos, al temor de su población y por falta de otra concepción estatal aceptable para los vencedores de la guerra. Al mismo tiempo constata que esta nueva Yugoeslavia está lejos de solucionar los problemas nacionales. La situación empeoró a. causa de la oposición radical de los eslovenos y del fracaso de la reforma económica que Meier sólo menciona en su libro (escrito en 1967) y que no dio los resultados esperados: el centralismo y la hegemonía de Servia no están derrocados. Fracasó la descentralización de la política inversora como uno de los principales objetivos de la reforma y, mediante la modificación insustancial de la constitución con anterioridad al IX Congreso de la Liga Comunista de Yugoeslavia en marzo de 1969, fue obstaculizada su reforma sustancial. Los puestos claves en la economía, en el ejército y en distintos servicios de seguridad los ocupan los servios, y la oposición trata, en vano, llegar a ellos. Es probable que aún durante el gobierno de Tito se produzcan choques abiertos entre la oposición y Ias autoridades centrales. Los problemas nacionales, tras los 25 años del poder comunista, se agudizaron. Lo que es más importante y lo que Meier prevé es el hecho de que no existen grandes fuerzas políticas inspiradas en la idea yugoeslava. Durante la guerra, al menos, un puñado de comunistas, además del gobierno monárquico exilado y comprometido, creyeron en la idea y en el Estado yugoeslavo. ¡Hoy nadie cree ya en ella! Meier insiste en que el paladín de mayor talla de esa nueva concepción yugoeslava es Vladimir Bakaric, quien, en realidad, pide muy poco al gobierno central y carece de partidarios entre los comunistas croatas. Tras el fracaso de la reforma económica, Bakaric y su política no cuentan con el apoyo de Croacia.

Desarrolla Meier una nueva concepción del Estado yugoeslavo, basado "en el nue-vo consenso nacional". Debería, pues, constituirse con el acuerdo y consentimiento de todos los pueblos y minorías nacionales que la integran, sin que importe el problema de la "federación" o "confederación" sino el modo de dictar las leyes y establecer las atribuciones de cada república. Unicamente las leyes ofrecerían el marco adecuado, mientras que en cada república serían complementadas con las disposiciones y normas ejecutivas. Con la creación de un marco institucional apropiado no se dividiría el área económica yugoeslava, mientras "que Croacia y Eslovenia deberán seguir contribuyendo en beneficio de las regiones subdesarrolladas de Yugoeslavia. Es el precio que deben pagar por la protección política que les brinda la comunidad yugoeslava" (p 65).

Meier reconoce que en las repúblicas occidentales existe el repudio a Yugoeslavia, pero no menciona su derecho a la autodeterminación y separación. Por el contrario, semejante proceso lo considera absurdo y contrario al desarrollo histórico. Hasta se opone a la rectificación de las fronteras entre repúblicas. No tiene en cuenta el problema de la nutrida minoría albanesa, la constitución de la repúlica de Kosovo y Metohija o incluso su inconporación a Albania. Es un enfoque es-tático del problema nacional en Yugoeslavia. La concepción entera de Meier sobre la reorganización de Yugoeslavia se reduce a las reformas políticas, que no difieren mucho de las soluciones actuales.

La insistencia de Meier en el statu quo de Yugoeslavia como Estado y en su división interna en repúblicas está ya perimida. Ni siquiera intenta hacer una síntesis de la idea de los Estados nacionales con la concepción de su integración en una amplia comunidad económica. Aquí estriba la posibilidad de una solución contemporánea no sólo en los Balcanes sino en toda la zona adriático-danubiana. En esa área, según las posibilidades políticas y gradualmente una comunidad económica que limaría los contrastes y supeditaría los intereses nacionales a los intereses comunes. El trazado de las fronteras nacionales resulta ineludible (como también en Yugoeslavia), pero al no existir el exclusivismo nacional ni la política autárquica, se limarían automáticamente muchos antagonismos nacionaIes subsistentes hoy debido principalmente a las minorías nacionales. Con la rectificación de las fronteras es posible, en forma humana y en cierta medida, llevar a cabo el canje de la población donde sea imprescindible. Esa comunidad debe formarse de acuerdo con las circunstancias y las necesidades del área adriático-danubiana y no con la incorporación de sendos Estados a las comunidades de la Europa occidental, ya que ni los presupuestos políticos ni el grado del desarrollo económico favorecen semejante vinculación con esa Europa mencionada. El espacio adriático-danubiano puede convertirse en un gran poderío político y económico, mientras que la comunidad económica, en vista de los lazos existentes y el desarrollo natural, gravitará preferentemente hacia los mercados de la Europa central y occidental. La comunidad económica adriático-danubiana puede abarcar no sólo a los pueblos de Yugoeslavia, o mejor dicho, a sus Estados, sino también a otras naciones.

Semejante solución concuerda con el desarrollo en la Europa occidental y en el mundo. La realización del derecho de autodeterminación nacional debe posibilitarse (y no impedirse, conforme lo recomienda V. Meier) también al sudeste europeo, pero los Estados nacionales de esa zona tienen que integrarse inmediatamente en una comunidad económica que facilitará su acercamiento político a otros países.

Se refiere Meier igualmente en su libro a los intentos hechos para la cooperación en los Balcanes. Sus temas principales son: expulsión de Turquía de los Balcanes, mantenimiento del statu quo desde 1918 en el marco de la Pequeña Entente, los intentos de formar la confederación balcánica después de la segunda guerra mundial, la imprecisa política yugoeslava y el nuevo eje Belgrado-Bucarest. Al respecto sugiere este autor un plan para una cooperación más estrecha e indispensable a su parecer, y en ella ve la orientación hacia la Europa occidental. Probablemente sustentaría idénticos puntos de vista si hubiera escrito su libro después de la invasión de Checoeslovaquia por los países dei Pacto de Varsovia. Aquí Meier se muestra mucho más elástico que en la cuestión yugoeslava, y subraya ciertos elementos muy positivos. Pero en este caso, como condición previa, aboga por el mantenimiento de Ias fronteras estatales en el sudeste europeo. Para él, el problema nacional se presenta como si estuviera solucionado, tanto para los pueblos de Yugoeslavia como para los pueblos vecinos aún cuando arriba afirma lo contrario. Aquí sus planes disienten de la realidad y difieren también de los postulados de varios países por su liberación nacional. Para él, el problema virulento, de implicaciones internacionales: el de los albaneses de Kosovo-Metohija, está re-suelto en principio. por la intangibilidad de las fronteras estatales en la Europa suroriental y en su opinión, una base positiva para la cooperación balcánica será la actual concepción rumana, fundada en la colaboración amistosa entre naciones, en el respeto del status de esas naciones y de su orientación exterior. No cabe duda de que la política rumana tiende a fortalecer la posición de los Estados y pueblos en esa zona, constituye un factor nuevo y positivo. Está determinada por la actual política soviética, pero pese a la independización de Moscú, no es suficiente para la formación de una comunidad duradera. Para tal fin hacen falta concepciones contemporjneas que determinen cierta institucionalización y no sólo la vinculación ad hoc. Hoy es posible la integración de Estados nacionales en comunidades supranacionales sin la abolición de Ias soberanías respectivas. Como hemos subrayado ya, en el espacio adriático-danubiano se impone hoy una comunidad económica que debería empezar con la unión aduanera, con la coordinada política inversora de producción y del comercio exterior sin la reglamentación burocrática. Probablemente en dicha zona podrá formarse una franja política peculiar entre los bloques militares conducidos por los Estados Unidos y la Unión Soviética, respectivamente. Contra esta realidad, Meier impone cierto voluntarismo político, contradiciéndose a si mismo.

Meier aporta a la discusión un nuevo elemento de singular valor. El cuenta con un mayor distanciamiento de los EE.UU. en los países balcánicos (aunque no con su retirada del Mediterráneo), con la mayor independización de la Europa occidental y con su más estrecha vinculación con las naciones del este y el sudeste europeo. Pero recalca especialmente que, para Francia y otros países occidentales, su tarea en la construcción de puentes con los países comunistas de este europeo, la Unión Soviética no debe ser interlocutor sino que han de serlo directamente las naciones interesadas. Lo mismo se dice para la República Federal Alemana, que no debería orientar su política hacia la Europa oriental con miras solamente a la unificación de Alemania. Ese principio fue vulnerado por Washington en la última guerra al situar a los pueblos de la Europa centro oriental dentro de la esfera de influencia soviética. La política de De Gaulle, no obstante el reconocimiento verbal de la soberanía de los países de la Europa centro-oriental y del derecho a la autodeterminación nacional, pasó por encima de los intereses vitales de esos pueblos. Por ello, la demanda de Meier para que el Occidente colabore, negocie y ccmercie directamente con esos países resulta de suma actualidad.

Brugg, Suiza

Jure Petricevic


Veceslav Holjevac: Hrvati izvan Domovine (Los croatas radicados en el extranjero).

Ed. Matica Hrvatska, Zagreb, 1967, pp. 375.

Veceslav Holjevac escribió hasta la fecha el estudio más amplio e informativo sobre los croatas que emigraron de su país y se desparramaron por todo el mundo. De acuerdo a los datos estadísticos que recopiló, más de dos millones de personas viven fuera de Yugoeslavia; además de 1.500.000 croatas, hay 340.000 eslovenos, 200.000 servios, 100.000 macedonios y 10.000 montenegrinos.

Alrededor de 700.000 personas emigraron de Yugoeslavia durante y poco después de Ia segunda guerra mundial. Otros 300.000, en su mayoría obreros y campesinos, salieron desde 1960 a trabajar "temporalmente" en Europa Occidental, principalmente en la Alemania Federal.

Holjevac pone de relieve la gravedad del problema emigratorio para Croacia mediante amplia documentación. estadística. Actualmente cada cuarto croata vive fuera de su patria y una emigración continua en este nivel afectará seriamente el crecimiento demográfico y económico de Croacia. Por ejemplo, de 1962 a 1965, 150.000 personas salieron de Croacia para trabajar en Europa occidental y hasta ahora regresan sólo 5.000.

Siendo la primera obra en su género, de gran alcance, Hrvati izvan Domovine, acusa ineludibles deficiencias, omisiones y errores. No obstante sus faltas, el libro resulta ser fuente indispensable de gran valor informativo acerca de la migraciones, establecimientos y colonias croatas y sobre la vida de los descendientes croatas en muchos países.

Holjevac es una personalidad interesante. Nacido en 1918, se afilió al Partido comunista en 1939 y fue uno de los organizadores de los guerrilleros comunistas en Croacia durante la última guerra.

Líder audaz e inflexible, Holjevac progresó rápidamente hasta ser designado comisario político del cuarto cuerpo del ejército de Tito. AI término de la guerra fue comandante militar de Istria y de otras zonas que, entre las dos guerras mundiales, fueron anexadas por Italia. Llego a ser teniente general y luego encabezó la misión militar yugoeslava en Berlín; a continuación se desempeñó en el gobierno federal de Belgrado como ministro para las regiones recién liberadas.

Desde 1952 hasta 1963 Holjevac fue Presidente del Consejo Popular de Zagreb (alcalde) y ejerciendo ese cargo se interesó por los problemas de la emigración croata. Fue presidente de Matica Iseljenika Hrvatske (Casa Matriz para los Emigrantes de Croacia), organización patrocinada por el gobierno que mantiene contactos con los croatas radicados fuera de su patria. El Instituto para Migraciones y Nacionalidades (Zavod za Migracije i Narodnosti) reunió sistemáticamente la documentación sobre los croatas en distintos países del mundo; este es el material que Holjevac utilizó en primer lugar para su libro.

En varios períodos Holjevac fue diputado en el parlamento croata (Sabor) y en la Asamblea Federal (Skupština) de Belgrado; fue también miembro del Comité Central del Partido comunista de Croacia hasta 1967, cuando tuvo que renunciar bajo la presión de Vladimir Bakaric, presidente de dicho cuerpo. Esta salida era esperada desde que V. Bakaric censuró a Matica Iseljenika Hrvatske en la reunión de abril del Comité Central por haber presuntamente establecido "vínculos con las organizaciones hostiles de los emigrados". Se llevó a cabo una prolija investigación y sus resultados fueron presentados al Comité Central en la sesión del- 16 de octubre de 1967; Holjevac fue censurado por su política liberal y por el contenido- de su libro que comentamos, a la sazón a punto de imprimirse.

La primera parte del libro de Holjevac ofrece una breve reseña histórica de la emigración croata del siglo XV a 1918. La invasión otomana obligó a muchos croatas a refugiarse en Austria, Hungría, Rumania, Italia y Es'ovenia, donde sus descendientes constituyen todavía una minoría en dichos países.

Los croatas tomaron también parte en la colonización transatlántica empezada en el siglo XVI. Hasta 1850, uno 13.000 croatas se radicaron en el Nuevo Mundo. Presionados por adversas condiciones políticas y económicas, la emigración masiva croata a América empezó después de 1880 y alcanzó el punto máximo en vísperas de la primera guerra mundial. Entre 1900 y 1913, 329.251 croatas llegaron a los Estados Unidos, cifra alta si se toma en cuenta que Croacia en 1910 tenía sólo 3 millones de habitantes.

La emigración en masa prosiguió tras la creación del Reino de los Servios, Croatas y Eslovenos (denominado Yugoeslavia en 1929). Del 1921 al 1939, 105 mil croatas emigraron y sólo 46.000 regresaron. Desde que la cuota de ingreso a los Estados Unidos fue fijada en menos de 1.000 personas, procedentes de Yugoeslavia, la mayoría de los expatriados croatas tuvieron que radicarse en otros países y muchos de ellos se establecieron en el Canadá.

Los croatas en los Estados Unidos

En la segunda parte del libro,titulada "En la nueva patria", se describen varias colonias croatas y sus aportes a los paises adoptivos. El capítulo más extenso, de 80 páginas, se refiere a los croatas en los Estados Unidos. Como Holjevac tuvo que recurrir al material disponible en Yugoeslavia y no hizo una investigación extensiva en los Estados Unidos durante su corta visita hace pocos años, el capitulo es necesariamente trunco e incompleta. Por supuesto, incluso en los Estados Unidos le hubiera resultado difícil reunir to-dos los datos sobre los inmigrantes, por cuanto muchos croatas fueron registrados bajo el nombre de su provincia, a saber como "dálmatas" o "eslavonios" o simplemente según el país del que Croacia formaba parte, i.e. como "austríacos" o "yugoeslavos". También parece que Holjevac no disponía de los datos del último censo norteamericano (1960), publicado en 1963.

En lineas generales, Holjevac trató de reunir muchas informaciones interesantes sobre los croatas en la Unión del Norte. Reseña in extenso sus actividades culturales y políticas, dándo un panorama detallado sobre la fundación y las actividades de la Unión Fraternal Croata (Pittsburgh, Pa.), la mayor organización croata en los Estados Unidos. Por algún motivo habla poco de las orquestas "tamburitza" y de los grupos folklóricos, particulamente populares entre los jóvenes norteamericanos de origen croata.

El libro dispensa considerable atención a Ias actividades de los croatas en el período previo a la primera guerra mundial y a la labor de los "progresistas" entre las dos conflagraciones mundiales. Según Holjevac, "el segmento más progresivo de Ios inmigrantes croatas se hallaba organizado en la sección yugoeslava del Par-tido comunista estadounidense". Holjevac, sin embargo, relata objetivamente las actividades del Partido Campesino Croata, pero ignora Hrvatski Domobran, organización influenciada por los emigrados políticos ustaši, muy activa en los Estados Unidos por los años 1930. Por consiguiente, el lector no puede obtener una imagen equilibrada de las actividades políticas de los croatas en Norteamérica.

Asimismo, Holjevac nada dice sobre las actividades políticas de los croatas norteamericanos en el periodo de la posguerra salvo que registra varias organizaciones que son, dice él, "hostiles a la Yugoeslavia actual".

El libro contiene la bibliografía sumamente útil de los periódicos croatas, publicados en ols EE.UU. de 1884 1960. El autor mayormente utiliza los datos recopilados por George Prpic, profesor de John Carroll University (Cleveland, Ohio). Por supuesto que un libro así limitado no pudo incluir todos los datos de interés e importancia para 'los norteamericanos de las ascendencia croata. No obstante, cabe señalar algunas omisiones notorias. Holjevac ignora totalmente las organizaciones religiosas croatas, particularmente las parroquias y escuelas católicas croatas que desempeñaron un papel muy importante en la vida de los inmigrantes croatas y algunas de ellas siguen siendo activas. Pero, acaso sería demasiado esperar una objetividad erudita en esta materia considerando Ias circunstancias en las cuales el libro fue publicado en Zagreb. Ello hubiera expuesto al autor a ataques todavía más acerbos por parte de los dogmáticos de Partido comunista.

Los croatas en Canadá, Sudamérica y Australia

Holjevac se refiere en forma más breve a los emigrados al Canadá, menos numerosos que en los EE.UU. Por otra par-te, algunas de las colonias croatas en ese país son muy activas y conservan su identidad nacional. El contexto de esta sección evidencia que el material sobre los croatas en el Canadá es un esbozo, tal vez porque Holjevac no disponía de una documentación más completa en los archivos de Zagreb.

Alrededor de 250.000 croatas y sus descendientes viven en los países latino-americanos, principalmente en la Argentina, Chile, Uruguay, Perú, Bolivia, Brasil y Venezuela. El autor brinda un cuadro general del desarrollo y las actividades de las colonias croatas en dichas repúblicas. Nuevamente, las deficiencias de ese capítulo al parecer deben atribuirse a la falta de una documentación más amplia. Por ejemplo, los datos bibliográficos acerca de las publicaciones croatas en la Argentina son incompletos y a veces engañosos (Hrvatska figura como Hrvatsko Glasilo; Hrvatska Revija es trimestral y no bimestral; la revista Studia Croatica, editada en español desde 1960 ni siquiera figura en la nómina de las publicaciones de los inmigrantes croatas en la Argentina, N. de la R.).

En dos capítulos separados Holjevac se refiere a las colonias croatas en Australia y Nueva Zelandia. Las dificultades con que tropezó al recopilar la documentación en esa parte del mundo fueron, desde luego, iguales, si no mayores, que las que tuvo que superar para los demás capítulos. El autor, por ejemplo, ni siquiera menciona varias publicaciones croatas en Australia como Hrvatski Dom (del 1958 al presente), Spremnost (1958 hasta hoy), Informativni Vjesnik (1961 hasta hoy) y Uzdanica (1965 hasta hoy).

Igualmente Holjevac nombra cierto número de cuadros futbolísticos, especialmente "Yugal", promovido por los representantes oficiales yugoeslavos en Australia, pero nada dice del cuadro croata que recientemente derrotó a "Yugal". Hay una docena de clubes, denominados "Croatia" en varias ciudades australianas. Son miembros de las ligas de fútbol australianas y algunos cuadros sobresaIen en sus respectivas ciudades o regiones. Ninguno es mencionado por Holjevac.

El libro se refiere, en breves rasgos, a distintas comunidades croatas en Europa.

Es particularmente interesante el hecho de que, según Holjevac, 195.000 musulmanes de Bosnia - Herzegovina y de Kosmet emigraron a Turquía entre 1953 y 1957, y que entre ellos había croatas de religión islámica.

En la sección "La contribución de los emigrantes croatas a la lucha de los pueblos de Yugoeslavia durante la segunda guerra mundial", Holjevac se extiende sobre la organización el "Congreso de los croatas en Norteamérica", en 1943, en Chicago y al "Segundo Congreso Norte-americano Eslavo" en Pittsburgh, en 1944. También reseña la considerable ayuda financiera proporcionada por varios grupos croatas a los guerrilleros de Tito en ese tiempo.

La nueva emigración económica

El capítulo final titulado "La nueva emigración económica" es sumamente importante porque facilita abundantes datos concernientes a la migración masiva croata en los últimos años. Los emigrados son a menudo gente en sus años más productivos; de los 150.000 que salieron de Yugoeslavia entre 1962 y 1965, el 30% eran menores de 25 años y el 60% entre 25 y 40 años. Abandonaron su patria por no encontrar empleo, por los miserables sueldos o porque no pudieron procurarse una vivenda decente. Otros se fueron al extranjero para aprender algún oficio o procurarse medios para comprar coche y otros artículos de consumo duradero.

Las sombrías perspectivas de los obreros se reflejan en estas cifras: en 1965 había en Croacia 1.058.333 obreros empleados. Comparados con 1965, los empleos aumentaron sólo en 29.000 o sea eI 2,9%. Desde la inauguración de la reforma económica en 1965, el mercado de empleos se restringió más aún.

Holjevac teme de que muchos que salieron "para encontrar un empleo temporario" en el extranjero no regresen a causa de las desfavorables perspectivas económicas a largo plazo en Croacia.

Tras enumerar los aspectos positivos de la emigración masiva, tales como la adquisición de nuevas habilidades profesionales y la creciente afluencia de las divisas a Yugoeslavia, Holjevac señala las secuelas negativas de la migración:

"La cuarta parte de los croatas vive en el extranjero. Desde el punto de vista nacional este hecho es de decisiva importancia. Emigración ulterior puede ser decisiva para la nación croata. Francamente, podemos decir que pone en peligro el desarrollo demográfico y económico del pueblo croata. (Para los demás pueblos de Yugoeslavia la emigración no es tan crítica porque constituye un porcentaje mucho menor de su población.)

"La expansión industrial en Croacia está quedando atrás respecto al promedio national del país entero (Yugoeslavia). Al mismo tiempo, la industrialización de otras repúblicas y regiones no proporciona fuente de trabajo a los croatas, ya que esas repúblicas disponen de suficiente mano de obra propia, tanto especializada. (porque tienen la ventaja de las escuelas mejor financiadas) como sin especialización. La industrialización de Croacia está estancada debido también a la pauperización y a las zonas subdesarrolladas de Croacia y, en consecuencia, Croacia no puede proveer suficientes empleos a sus ciudadanos de esas regiones. Este problema de las regiones y las repúblicas subdesarrolladas debe reexaminar-se y si se sigue con la política de subsidios a las repúblicas y regiones subdesarrolladas ,considerables sectores de Croa-cia (especialmente islas, las regiones de Dalmatinska Zagora, Lika, Hrvatsko Zagorje, Medjumurje y el interior de Istria) deben ser incluidos en la categoría de las regiones subdesarrolladas y tratadas en consecuencia" (p. 356).

Holjevac recalca que hay un drenaje constante de muchos obreros especializados y profesionales que dejan el país. A su vez, ese hecho puede surtir efectos desastrosos en el posterior crecimiento y expansión de la economía croata.

Debido a la emigración en masa y a la decreciente tasa de la natalidad, la población de la República de Croacia, que tuvo 4.160.000 habitantes en 1961, contará sólo 4.420 000 en 1970, y las posibilidades de encontrar empleo permanecerán extremadamente restringidoas.

Holjevac elogia los ejemplos de las em-presas croatas que, ocupando la mano de obra croata, están ejecutando proyectos de construcción en Alemania, Sudán, Austria y en otros lugares. Tales arreglos re-sultan más provechoso para la economía croata y deben ser exploradas a fondo las posibilidades para expandir este tipo de la cooperación internacional.

El autor aborda también el problema de la protección social de los obreros de Yugoeslavia, empleados en el extranjero y cita los convenios bilaterales al respecto que Yugoeslavia suscribió con otros países.

En contraste con los propagandistas oficiales yugoeslavos que tratan de encubrir la verdad sobre la grave situación política y económica prevaleciente en Yugoeslavia, Holjevac no sólo encaró con coraje los problemas que agobian actualmente al pueblo croata, sino que propuso varios remedios. Aboga por que se otorgue mayor participación a la iniciativa privada y a la empresa libre, especialmente en el artesanado y el comercio, y sugiere la importación de capital extranjero antes que la exportación de la mano de obra. "Este problema —dice Holjevac — debe ser estudiado, por supuesto, de manera que armonice con nuestra estructura social y económica".

Pese a la presunta liberalización y democratización del sistema yugoeslavo, las ideas de Holjevac son consideradas peligrosamente no ortodoxas y, por lo tanto, po sorprende que fuera blanco de vehementes ataques por parte de los dogmáticos del Partido comunista y por los adeptos del destituido jefe de la policía secreta, Alejandro Rankovic. Para aplacar estas fuerzas reaccionarias, Holjevac terminó apor ser expulsado del Comité Central de Croacia.

El complejo problema del éxodo masivo croata de su país, sus causas, sus con-secuencias económicas, sociales y políticas, como asimismo los remedios para invertir ese curso son tratados con una franqueza desacostumbrada. Estas cualidades hacen que la obra de Holjevac sea tal vez el libro más significativo, publicado en Croacia en 1967. No es extraño que fuera el bestseller, agotado en tiempo récord.

Nueva York

KARLO MIRTH


 

George Prpić: The South Slavs, University of Kentucky Press, 1967, pp. 173-203.

En el simposio The immigrants influence of Wilson's peace policies, a cargo de Joseph P. O'Grady, publicado por University of Kentucky Press en 1967, Dr. George J. Prpič, profesor de historia en John Carrol University, Cleveland, se ocupa en su trabajo titulado "Los eslavos meridionales" de la influencia de un mi-I1ón de inmigrantes sureslavos y de su prensa en los EE.UU. y Canadá en la opinión pública norteamericana y sus círculos oficiales respecto a la suerte final de la Monarquía austro-húngara y las aspiraciones nacionales de esos inmigrantes.

De ese millón de inmigrantes sureslavos en vísperas de la primera guerra mundial, 650.000 eran croatas, 250.000 eslovenos, 100.000 servios, mayormente de las prerincias croatas, 2.000 montenegrinos y 10.000 macedonios búlgaros, todos ellos diferentes en cuanto a nacionalidad, religión, idioma y alfabeto y, por lo tanto, también en cuanto a sus aspiraciones políticas. Los croatas, siendo el grupo más numeroso, fundaron en 1894 la Comunidad Nacional Croata y en 1912 la Liga Croata, organización política, contraria a Austria y partidaria del Estado independiente croata que luego debería unirse con Servia, Eslovenia y Montenegro, formando un nuevo Estado sureslavo. Por consiguiente, esa organización era adversa a los Habsburgo. La prensa estaba dividida en dos grupos: la favorable a Ios Habsburgo, es decir la que abogaba por el Estado de Croacia dentro de la Monarquía danubiana y contraria a su disolución. (Domovina y Narodni List, con 12.000 ejemplares diarios). Los periódicos contrarios a los Habsburgo eran: Hrvatska Svíjest (10.000 ejemplares), Srpski Dnevnik (10.000 ejemplares), Glasnik de los eslovenos (12.000 ejemplares), Hrvatska Zastave (5.000), Clevelandska Amerika, Srbobran de Nueva York, Srpski Glasnik de Chicago y Zajedničar, semanario de la Comunidad Nacional Croata.

En unas treintena de páginas Prpic resumió los acontecimientos y las corrientes apolíticas más importantes entre los inmigrantes sureslavos desde la llegada a Nueva York de Frank Potočnjak en ene-ro de 1915, cuando en el gran congreso nacional celebrado en Chicago el 10/3/ 1915 se adoptó la resolución sobre la destrucción de la Monarquía y la creación de un Estado democrático servio- croata - esloveno. En esa oportunidad se fundó el Consejo Nacional Yugoeslavo, integrado (por 37 miembros. El trabajo referido se extiende hasta el mayo de 1918 cuando Wilson cambió de parecer respecto a la conservación de Austria-Hungría.. El autor se refiere al Pacto de Londres (26/4/ 1915), al ingreso de Italia a la guerra, a la fundación del Comité Yugoeslavo con el propósito de disolver la Monarquía danubiana, al irredentismo italiano, a las intenciones granservias de Pašli, luego al segundo congreso sureslavo que se reunió en Pittsburg en julio de 1915, a la llegada de Milan Marjanović en octubre de 1915 y al tercer congreso que éste organizó en Pittsburg en noviembre de 1916 que, entre otras cosas, reconoció al Comité Yugoeslavo como representante de los sureslavos provenientes de Austria,-Hungría y saludó a Wilson como "defensor de los derechos de los pueblos pequeños".

Al mismo tiempo, los adversarios de la unión sureslava —sacerdotes croatas y eslovenos con Nasrodni List— reunidos en Pittsburg el 19/11/1916 enviaron un meiporandum a Wilson y emitieron una proclamación exigiendo "la unificación de los croatas y eslovenos en un Estado independiente y libre". Entre tanto, al declarar Washington la guerra a Alemania el 6/4/1917 se fortalece la posición del movimiento sureslavo. El embajador servio en Washington, Ljuba Mihajlović, facilita al coronel Pribićević reclutar voluntarios para el ejército servio en Corfú. AI firmarse la Declaración de Corfú (20/ 7/1917) se produjo seria crisis en el movimiento sureslavo en Norteamérica: muchos emigrantes, adversarios de los Habsburgo, siendo convencidos republicanos, se oponen al sistema monárquico previsto para la futura Yugoeslavia. Para calmar los ánimos, el gobierno servio envía al Dr. Hinković, miembro del Comité Yugoeslavo, quien, empero, se torna contrario a los propósitos servias y deja Comité Yugoeslavo. El 7/12/1917 Washington declara la guerra a Austro-Hungría, lo que anuncia un cambio en la política norte-americana que se operó recién en mayo de 1918.

El autor reseña los momentos esenciales del proceso político desde la proclamación de los 14 puntos de Wilson (8/1/18), recalcando su influencia desalentadora en los miembros dei Consejo Nacional Yugo-eslavo y la misión militar servia en las galerías del Congreso norteamericano, ya que el punto 10, en opinión de Lansig, "no propiciaba la independencia de distintas nacionalidades, sino más bien dejaba la impresión de que deberían ser Estados autónomos dentro de la Monarquía". Cuando al día siguiente Lloyd George expresó su esperanza en la federalización de Austria, el secretario de Estado Lansing en el memorial del 10/1/ 1918 recomienda "la unión de Croacia, Eslavonia, Dalmacia, Bosnia, Herzegovina, Montenegro y Servia bajo una soberanía", olvidándose incluir a Eslovenia.

Cuando los Aliados fracasaron en conseguir la paz con Austria, empezó a tomarse impulso el criterio de Lansing sobre la disolución de Austria-Hungria en el círculo íntimo en torno de Wilson. Recién el 29 de mayo de 1918, tras nuevos esfuerzos de Lansing, de algunos embajadores norteamericanos en Europa occidental y del embajador servio Ljuba Mihajlović, Washington adoptó, la política de Ia disolución total de Austria y prometió la independencia a los. šureslavos pese a las advertencias de algunos embajadores norteamericanos de que Montenegro era contrario a unirse con Sérvia y que también en Croacia y Servia habia gente adversa a la unificación con Servia.

Los partidarios del movimiento republicano sureslavo, especialmente la Federación Republicana Eslovena, reclamaba una república federativa yugoeslava, tildando al Comité Yugoeslavo de no democrático por infrigir el principio de Wilson de la autodeterminación nacional. La posición del movimiento unionista se vio agravada al negarse el gobierno de Estados Unidos a reconocer al Comité Yugoeslavo como un gobierno revolucionario de facto de los sureslavos en la Monarquía danubiana, lo que ocurrió a pedido de Italia y Servia, aunque el 3/9/1918 reconoció al Consejo Checoeslovaco como gobierno, presidido por Tomás G. Masaryk.

Tras breve exposición de los sucesos ocurridos en Croacia en octubre de 1918, Prpić menciona la nota de Lansing, fechada el 19/10/1918, por la que contesta la nota austro-húngara del 7/10/1918 que pedía la paz en virtud de los 14 puntos wilsonianos. Lansing declaró en su nota "que el Presidente... ya no era libre de aceptar la simple autonomía de estos pueblos como base para la paz, sino que estaba obligado a insistir que ellos, y no él deben apreciar cual acción de Austria-Hungría ha de satisfacer sus aspiraciones". Esta nota asestó el golpe mortal a la Monarquía Dual, asevera Prpić y acota los empeños, especialmente los de Gršković y Hinković, por impedir, a través de la intervención norteamericana, la ocupación italiana y servia de las regiones croatas y eslovenas. En París la Cuestión Adriática casi hizo fracar la Conferenciá de Paz;; por fin, esta cuestión fue resuelta mediante el Acuerdo de Rapallo del 12/11/1920 con el cual el Reino

 


Félix Germain: La Yougoslavie, edición Casa Arthaud, colección "Les Beaux Pays", Grenoble 1968

Se trata de una edición de 178 páginas. El texto, con carácter de reportaje turístico, viene acompañado de 125 fotografías en negro y en color. El autor dedica el libro a Aleksander y Rada de Belgrado, a France y Liliana de Ljubljana, a Nada de Sebeniko y "a todos mis amigos yugoeslavos", dice textualmente.

Pasando con el coche por las arterias principales de tránsito del país, el autor dedica su atención principalmente a las bellezas naturales y las creaciones artísticas de cada región, ateniéndose al criterio de la actual división política de Yugoeslavia. Las fotografías de paisajes, de iglesias, museos, puentes, etc., deberían dar testimonio perdurable de sus vivencias.

Es forzoso señalar que el autor ha exteriorizado amplia parcialidad. Mientras hay numerosas fotografías de Ljubljana (Eslovenia) y Belgrado (Servia) figura una sola de Zagreb (Croacia) intercalada entre las de Ljubljana y de las demás ciudades eslovenas, como si fuera parte de las mismas.

Entre la primera serie de 21 temas, 19 son de Eslovenia y sólo dos de Croacia. De Ljubljana hay 6, de Sempeter 4, etc., mereciendo la capital croata una sola — la catedral con la iglesia de Santa María, y un muchacho sobre un carro, lleno de zapallos— "En la ruta de Croacia". Al principio del libro hay tres fotografías y en las páginas 56 y sig., 10 fotografías más de Belgrado. Además hay reproducciones de Peé, Dećani, Prizren, Gračanica, Sopočani, Studenica, Kragujevas, Topola, Ravanica, Kalendic, Niš, etc., dedicadas a las iglesias ortodoxas servias y sus monumentos nacionales. Figura también la iglesia de Oplenac, donde descansan los restos de la dinastia servia Karageorgevich.

El autor expresa su admiración por las realizaciones arquitectónicas, de escultura y pintura servias, Iigándolas siempre con la historia, los acontecimientos y los reyes servios. Ai hablar de semejantes fenómenos en la Dalmacia croata, elautor ve, casi siempre, las manos de otros —de una u otra escuela del occidente, especialmente de Italia—, pero en Ia Servia casi todo es servio, olvidando las inspiraciones bizantinas y los maestros extranjeros, especialmente los de Dubrovnik crota. Además, al referirse a las iglesias y demás realizaciones artísticas o monumentos históricos croatas en Dalmacia, el autor evita o reduce al mínima mencionar el nombre croata. Las obras de Meštrovic y de Rosandic, croatas, son obras de "los escultores yugoeslavos". Describiendo sus impresiones de Dubrovnik, si bien el autor aprecia todas sus bellezas naturales y artísticas, admira su espíritu creativo, cultural, comercial y politico, y omite consignar que todo eso, la naturaleza y las creaciones humanas, pertenecen al pueblo croata; su propiedad y la emanación de su espíritu. Ni una sola vez menciona la literatura croata de Dubrovnik.

El nombre croata se menciona solamente al referirse al "reino húngaro-croata", recordando que Dubrovnik resistía y defendía su autonomía y su formación estatal contra Bizancio, contra los príncipes servios y Venecia. Todo el litoral se llama litoral dálmata, pero ya desde Hercegnovi tenemos el "litoral montenegrino". La Dalmacia, cuna del Estado croata, entra así en este libro bajo el nombre dálmata,. y la parte de esta misma región histórica y étnica croata, entregada después de la última gran guerra a Monte-negro, se llama el "litoral montenegrino". El nombre croata parece destinado a desaperecer. Aleksandar y Rada casi consiguen su objetivo, informando a su amigo francés.

La parcialidad del autor y de sus amigos informadores se acentúa todavía más si leemos el texto que acompañan las reproducciones fotográficas. En el ensayo histórico, el autor reduce la historia croata a la misma categoría de la eslovena, dedicándole el mismo número de líneas. Según sus informantes, los eslovenos y los croatas se han diluido en el mundo germánico o romano, mientras sólo los servios conservaron su independencia hasta mediados del siglo XV. Servia y Montenegro son, para el autor, dos Estados servios desde su principio, mientras las tribus servias en Bosnia y Herzegovina "entre estos dos Estados servios y Croacia" cayeron en el siglo XII bajo el dominio de Hungría.

El autor formula así afirmaciones históricamente falsas. Bosnia y Herzegovina fueron tierras croatas y sus Bani (prorex) figuraban en la Lista de los siete grandes, que elegían al nuevo rey de Croacia cuando se producía vacante el trono.

El autor no menciona a un solo rey croata, mientras enumera toda una lista de los reyes servios y, recordando la batalla de Kosovo (1389), se extiende hasta decirnos que el cadáver del "zar" Lazar (servio) "fue tirado sobre el cadáver del sultán Murat, degollado por el caballero servio M. Obilic". Esta batalla de Kosovo, de acuerdo a estos "historiadores", había abierto el libre paso a los otomanos al occidente hasta Viena. Ellos nada saben de las batallas de Mohač, de Siget, de Belgrado, donde con los húngaros, la principal fuerza de resistencia durante los siglos fueron los croatas. No se mencionan batallas croatas contra los otomanos de Bihac, de Sisak, de Krbavo Polje, de Klis y tantas otras que les valieron a los croatas el título "antemurale Cristianitatis". El señor Germain intenta convencer ahora al mundo occidental que los servios, verdaderos vasallos de los turcos, fueron los defensores de la cristiandad. Claro que después de la decadencia del imperio turco, agotado en las luchas contra Estados cristianos católicos: España, Hungría, Croacia, Austria, Polonia y Venecia, el señor Germain y sus informantes retoman la narración casi inagotable de las guerras servias de liberación. Se detallan sus rebeliones de 1804-1815 hasta conseguir, con el tratado de Berlín de 1878, su independencia después de siglos de la esclavitud. Los eslovenos y los croatas fueron durante todo ese tiempo parte integrante de Austria-Hungría, olvidando mencionar que Croacia vivía en aquel tiempo en su "Reliquiae reliquiarum olim inclyti regni Croatiae", gozando de autonomía mucho mayor que la que Servia consiguió en 1830. Croacia contaba con su Sabor (parlamento), con sus fuerzas armadas autónomas, aun cuando bajo la soberanía de los Habsburgo, formando con otros el último resto del "Sacro imperio romano", que defendió la civilización occidental, preparando las condiciones para que también los servios pudiesen emprender sus levantamientos y la liberación. ¡Ahora, parece, los liberados quieren proclamarse defensores y libertadores!

Es absolutamente inexacta la afirmación del autor, de que 'los eslovenos, los croatas y los servias en el siglo XIX "hicieron callar sus ambiciones particulares a favor de una política eslava común". La historia conoce el siglo XIX como el siglo de los esfuerzos servios más grandes, de sus ambiciones particulares más injustificadas por apoderarse de los territorios croatas, especialmente de Bosnia y Herzegovina. Difundiendo la propaganda granservia entre la minoría ortodoxa en aquellas provincias croatas y falsificando la historia, un fanático de esta minoría, G. Princip, asesino en 1914 al duque Francisco Ferdinando por intentar resol-ver la cuestión croata dentro del mismo marco político del Imperio austro-húngaro, creando el trialismo, en el que, junto al socio alemán y húngaro, los croatas y eslovenos tendrían la misma posición político estatal. El atentado criminal, que actualmente celebran los servios como fe-cha patria, levantando a su autor monumentos y museos, causó la Primera guerra mundial, imponiendo, al finalizar ella a los croatas, los eslovenos, los macedonios y a 'las minorías húngara, alemana y la albanesa un régimen de opresión, que duró desde 1918 hasta 1941. Después de 1945 un régimen gran-servio del sello con unista se instaló nuevamente contra todas las formas y valores de democracia y libertad.

La inspiración comunista y granservia resalta especialmente al hablar el autor del cardenal A. Stepinac, calificándolo "más obispo de combate que ,pastor", cuando el Papa Juan XXIII lo llamó "la imagen del Buen Pastor". El mundo sin prejuicio no puede concebir que Juan "El Bueno" haya podido hacerse un juicio sin pensar bien lo que iba a decir. "Monsieur Germain et ses informateures" resultan así muy ridículos y más que cínicos.

Preocupado por el futuro de aquel monstruoso país, el autor lo entrega a las manos de Dios. La indiferencia ideológica de nuevas generaciones de burócratas, el particularismo y la lucha por los fondos centrales de inversiones, dice, son los problemas que conmueven los cimientos de Yugoeslavia. Pero, el problema más grave de todos, es el problema nacional. Germain confía en la Providencia, que no se desatarán nuevamente las pasiones nacionales.

A nosotros croatas y creyentes en la Providencia resulta muy difícil comprender la confianza del señor Germain en la Providencia, si él sabe bien cuáles injusticias se han cometido y se están cometiendo contra muchos, pero las más graves contra el pueblo croata, y las que se cometerán. La providencia que protegería tantas injusticias no sería la Providencia.

BI cinismo del señor Germain toma su especial forma cuando decidió adornar, con los citados de la Independencia norteamericana, su libro, que constituye un verdadero genocidio cultural y político contra el pueblo croata. Tanto más que justamente el pueblo croata tuvo que pagar la parte leonina con sus recursos los gastos de esta edición que debe haber costado mucho al gobierno de Belgrado.

F. NEVISTIC


BIBLIJA - STARI I NOVI ZAVJET (BIBLIA - EL VIEJO Y EL NUEVO TESTAMENTO), Editorial Stvarnost, Zagreb 1968.

Se trata de una edición de lujo que abarca 1302 páginas. Esta nueva edición de la Sagrada Biblia en el idioma croata, es el fruto de una serie de colaboradores. Entre ellos figuran teólogos y biblicistas más prominentes y destacados escritores y filólogos comunistas de aquella sociedad híbrida. Híbrida justamente porque se han reunido en una obra conjunta —la traducción y la edición del documento más importante de una de las religiones más grandes en la historia de la humanidad—los comunistas adversarios, diríamos, naturales de toda la religión y los teólogos, sacerdotes, sus devotos y no menos naturales cultores. En el espíritu de coexistencia, acentuado especialmente en el período posprotocolar —Protocolo de 1966 celebrado entre el Vaticano y el gobierno comunista yugoeslavo— los comunistas justifican su colaboración con razones históricas, culturales, artísticas, etc. mientras los teólogos, además, con razones específicas de la fe.

Así, por ejemplo, el poeta Jure Kastelan, marxista y ex guerrillero, dice en la Introducción entre otras cosas: "La Biblia es el libro más leído y más traducido que jamás el genio del hombre haya creado: Para los cristianos —los católicos y los protestantes— es un libro sagrado, un libro inspirado y de carácter normativo. Para todo otro hombre la Biblia es al mismo tiempo una colección de documentos históricos y una obra literaria de valor original y permanente. Ella es la parte integrante de la cultura de la humanidad". El doctor Bonaventura Duda, franciscano, a su vez dice en la Introducción General: "Los cristianos la estudian como libro normativo y documento en el que encuentran el Mensaje —la palabra de Dios—. Pero la Biblia es también un documento histórico, uno de los libros más antiguos, donde el genio hebreo ha asimilado a su manera y enriquecido los esfuerzos y la sabiduría de la antigua Mesopotamia y de Egipto transmitiéndolos a la civilización griego-romana y enoblecidos por el genio griego. Así se convirtió en uno de los factores de nuestra cultura y civilización... Sin la Biblia, en consecuencia, no podemos estudiar el comienzo y el desarrollo de nuestra propia cultura. Sin ella, sin su historia, sin sus temas y símbolos, se nos torna incomprensible la enorme herencia artística europea y nuestra propia: la literatura, la música, la esculptura y la pintura".

Los principales traductores de esta gran obra son: Dr. Ante Sovćé (Antiguo Testamento, menos el Pentatéuco y los psalmos). El Pentatéuco fue traducido por el franciscano croata en exilio fray Silvio Grubišić, mientras el Nuevo Testamento fue traducido por su cofrade franciscano fray Ludovico Rupčić.

Por su tamaño, por su belleza y pureza idiomática, nos parece que la presente edición de Biblia es la más preciosa de todas Ias demás que fueron publicadas en el idioma croata, a pesar de que haya traducciones desde el siglo XIV. Es de esperar que esta colaboración concreta, se extienda a toda la vida de la comunidad croata, preparando el camino para las declaciones generales más humanas.

F.N.

 


CRONICAS Y NOTICIAS

IN MEMORIAM DEL REVERENDO PADRE CARLOS KAMBER

El día 30 de junio de 1969 falleció en Toronto, Canadá, el rev. padre doctor Carlos Kamber, cura párroco croata en dicha ciudad. Sus restos mortales recibieron solemne sepultura el 5 de julio en el cementerio local —la parte destinada a los croatas y comprada por el mismo padre Kamber.

Nacido en 1901 en la cuna del Estado nacional croata —en Dalmacia—, ya de niño, huérfano de madre, se traslada con su padre a Bosnia —provincia croata central—, escenario del fatal atentado en 1914 (Sarajevo) que provocó la primera guerra mundial, y a teatro del conflicto nacional croata-servio hasta el presente.

El padre Kamber terminó sus estudios secundarios —orientación clásica— como alumno sobresaliente en Travnik, Bosnia, ciudad y sus alrededores preferidos por I. Andrić en sus obras literarias. Como este último, el padre Kamber fue alumno del colegio de los padres jesuitas de dicha localidad, sede, por cierto tiempo, de los vezires.

Al recibir la consagración sacerdotal en 1925, el P. Kamber continuó sus estudios en Roma en el Instituto Oriental Pontificio, donde se recibió de doctor en Teología. En sus estudios dio preferencia a la Iglesia ortodoxa —es decir, al cristianismo oriental separado— y la filosofía y teología islámica. Al regresar a Sarajevo, colaboró con el arzobispo, poeta y gran patriota, monseñor Dr. Ivan Šarić, quien hace algunos años murió en Madrid como exilado. En Sarajevo el P. Kamber desarrolló sus múltiples dotes de espíritu superior: excelente orador, muy hábil catequista y buen organizador. Con la aprobación y ayuda de su arzobispo Šarić, Kamber empezó en 1932 a editar un diario croata en Sarajevo, "La Nación", que fue prohibido en breve, por haber defendido las posiciones croatas y católicas en aquella ciudad donde la dictadura del rey servio Alejandro sólo garantizaba la libertad para los servios. Pronto el P. Kamber, por su inteligencia, su audacia y su dinamismo, resultó ya demasiado visible para que la dictadura servia lo soportara en Sarajevo. Tuvo que abandonar esa ciudad, y trasladarse a Doboj y Brčko, pequeñas localidades provinciales. Pero tampoco allí permaneció de brazos cruzados. Su actividad pastoral, cultural y nacional alarmaba a los servios. Especialmente sus simpatías hacia los musulmanes, a quienes el padre Kamber consideraba y trataba como verdaderos croatas, ya fique, objetivamente lo son. Todo esto fue considerado peligroso por el régimen servio.

Al proclamarse la Independencia de Croacia en 1941, Dr. Kamber se pone con entusiasmo a su servicio. Después de la catástrofe croata del 1945 —tragedia de Bleiburg— él también, con los sobrevimientes, se traslada a Roma, donde restablece múltiples contactos con los eclesiásticos y políticos de Italia. En la misma oportunidad entabló una discusión con el cardenal Tisserant proservio, exponiéndole la esencia del conflicto croata-servio para defender la causa croata ante un dignatario en el que prevalecen más los sentimientos políticos —alianza en la primera guerra mundial con Francia— que objetividad de una estricta ética cristiana.

Después de una breve permanencia en Roma, el P. Kamber llegó a la República Argentina. Aquí participó de la vida cultural, política y religiosa de la colectividad. El Hospital Pirovano y la iglesia paroquial de la calle Jujuy vieron pasar a este sacerdote de gran sonrisa y palabra afabilísima. De Buenos Aires se trasladó a Norteamérica. Edificó allí la iglesia de la localidad de Lynch y después, otra en Detroit, para radicarse definitivamente en Toronto, Canadá, donde levantó una monumental basílica para sus conciudadanos croatas, compró un parque contiguo con piletas de natación y una parte del cementerio local para sus compatriotas. Entre los primeros que allí fueron inhumados, descansa hoy este maravilloso hombre, sacerdote y patriota.

El Dr. Kamber ha dejado escritos innumerables artículos en varios periódicos de su Patria así como en el exilio. A pesar de haber escrito apresuradamente y sin enmiendas, a sus artículos nunca les faltó la brillantez del estilo, la riqueza de sugestiones, ideas y nuevas perspectivas. Sus conferencias constituían siempre un acontecimiento.

Para honrar su memoria, el obispo de Toronto, monseñor Fulton, pronunció en la iglesia edificada por el padre Kamber, una oración fúnebre —corpo presente— y en esa oportunidad dijo que el padre Kamber era "very great priest". Al agradecer a tantos sacerdotes de varias nacionalidades que han llegado a Toronto y enriquecido con nuevos elementos a Canadá, monseñor Fulton expresó: "Pero el más sobresaliente entre ellos fue el padre Kamber".

Su colega y compañero de seminario, el sacerdote croata padre Ante Livajušic, hablando en la misma ocasión, destacó los talentos y virtudes del difunto, y manifestó también lo siguiente: "Al releer el breviario, donde se describe al primer rey judío Saúl —cstetitque in medio populi altior fuit universo papulo ab humero et sursum»— me acuerdo siempre de mi camarada Carlos". Pero Samuel no perseveró hasta el fin, y el padre Carlos soportó fielmente incluso las tentaciones más extraordinarias. Nació pobre y se marchó pobre. Todo lo quiso para los demás y nada para sí. Las calumnias de sus enemigos —los comunistas y los granservios— no pudieron alcanzar la altura de la figura moral del padre Kamber.

STUDIA CROATICA pierde con el padre Kamber a un colaborador, a un amigo, a uno de los espíritus más serenos dentro de las grandes filas de los emigrantes croatas. Querríamos que estas palabras de gratitud y de afecto quedasen para siempre grabadas en el monumento de bronce perdurable que el padre Kamber supo levantar en el corazón de todos cuantos la conocieron. ¡ Dios sea su consuelo y premio!

F. N.


IN MEMORIAM DEL DOCTOR MATEO JELICIC

El doctor Mateo Jelicič nació en 1916 en la localidad argentina Santa Teresita, Provincia Santa Fe. Sus padres eran croatas de la isba Hvar, localidad Brusje. Ahí habían llegado sus antepasados en el siglo XVI directamente de Bosnia, localidad Podbor, distrito Rama, huyendo y luchando contra la invasión otomana.

De acuerdo al deseo de sus padres, Mateo fue enviado a la patria de sus progenitores, para que terminara allí sus estudios secundarios y universitarios. Primeros cuatro años de la, enseñanza secundaria terminó en un colegio franciscano en la isla Brac y cuatro años superiores con el bachillerato en Split, orientación clásica. La facultad de medicina frecuentó en Zagreb, donde fue promovido al honor del doctor.

La lucha del pueblo croata contra la tiranía del rey Alejandro Karageorgevich entre 1931-1934, o, hasta 1941, bajo sus sucesores militaristas, coincide con el estudio y la formación nacional e intelectual del doctor Jeličić. El pillaje, la persecusión, las encarcelaciones y fusilaje de croatas por el régimen de Belgrado fueron decisivos paya su formación nacional. Inteligente por naturaleza, este joven estudiante rápida-mente se destaca como uno de los caudillos de aquella generación de la juventud estudiosa croata. Ya en la Universidad pronto fue elegido presidente del Club Académico Católico "Domagoj" y después el presidente del Club de los Estudiantes de Medicina. Desde esas dos posiciones, dentro de la comunidad universitaria croata, junto con los demás clubes, especialmente de los estudiantes de Derecho, aportó con su inteligencia superior, con su dinamismo y sus ideas a la coordinación de la actividad libertadora de los estudiantes y, mediante sus organizaciones, de todo el pueblo croata. Considerándolo peligroso por la orden impuesta por la dictadura, el régimen de Belgrado lo envió a Bosnia en un campo de confinación con muchos otros sus colegas e intelectuales croatas.

Declarada la Independencia de Croacia en 1941, el doctor Jelicić se puso a la disposición de nuevas autoridades, aceptando el puesto del attasché cultural en la embajada croata en Madrid. Un espíritu inquieto y deseoso de ampliar sus conocimientos,durante tres años frecuenta asiduamente las lecciones del Prof. Gregorio Maranón. Terminada la guerra, el Dr. Jeličić regresa a Argentina, su patria natal. Se desempeñó cierto tiempo como médico en Capitán Sarmiento y revalidado su título del doctor de medicina, se instala en Buenos Aires donde fue nombrado el Director General de la Sanidad de uenos Aires. Desplegando una actividad extraordinaria profesional, cultural, política y caritativa, la salud del doctor Jeličiié declinó rápidamente. El 2 de junio de 1969 murió repentimente de hemoragia cerebral y sus restos mortales fueron sepultados el 3 de junio en la localidad Capitán Sarmiento, donde viven su madre y hermanos.

Con la muerte del doctor Jeličić la colonia croata, especialmente sus colegas y amigos de la Universidad, pierden a uno de sus intelectuales más brillantes, cuyas múltiples capacidades se volcaban constantemente hacia los campos de política y cultura. Por esa pasión natural se adhirió a las filas del Partido Demócrata Nacional, escalando muy rápidamente los peldaños que conducían hasta la cumbre jerárquica de este Partido. El doctor Emilio Hardoy, su correligionario político y amigo íntimo ha delineado muy acertadamente la personalidad del Dr. M. Jelicić en su discurso funeral que reproducimos íntegramente:

"Señoras, Señores :

Con infinita tristeza que nos envuelve y nos oprime dejándonos inmóviles y suspensos y desalentados, recibimos sus amigos la noticia de que habíamos perdido para siempre a Mateo Jeličić. En seguida nos dominó una emoción incontenible que a duras penas pudimos finalmente serenar. Entonces comenzaron a afluir los recuerdos comunes, llenos de acontecimientos grandes o pequeños pero que fueron famosos para nosotros, de empresas que creíamos estupendas casi siempre frustradas y de tentativas condenadas al fracaso, pero que por eso mismo nos parecían más necesarias para hacer flamear viejas banderas y renovados ideales. Cuantos esfuerzos y cuantos sacrificios que nosotros mismos casi habíamos olvidado ahora vuelven impulsados desde el fondo de la memoria por la ausencia del espíritu más puro que encontramos los que durante muchos años recorrimos los caminos tan difíciles de nuestra política: el alma de Mateo Jeličić. Y reaparecen en la ocasión fuertemente grabados sus inconfundibles rasgos físicos y morales que alguna vez borrará el tiempo cumplido su interminable tarea de nivelador pero que vivirán, eso sí, tanto como podamos durar los que lo conocimos y, por lo tanto, no pudimos dejar de amar-lo entrañablemente y respetarlo virilmente.

Era la suya una personalidad peculiar en la que se habían yuxtapuesto más que mezclado los aportes de la raza de sus antepasados, por una parte, y del medio en que había surgido y desarrollado, por otra. Su aspecto exterior era el de un croata típico, con su cuerpo poderoso, su recia apostura y la mirada recta de sus claros ojos. El saludo, las maneras, las formas eran europeas y por momentos parecían salidas de las mejores tradiciones militares del Imperio que fue la patria de sus mayores. Hasta el acento con que recortaba netamente las palabras correspondía a su ancestro. Su cultura, su vasta e inagotable cultura la había bebido con fruición especialmente en los clásicos que recitaba con la misma naturalidad con que aplicaba con acierto sin igual, el cuento intencionado o el calificativo gracioso aprendido en la boca de un gaucho ladino. Su titulo de doctor en medicina otorgado en el latín de la Viena que todavía esparcía su tradición secular repetia la combinación curiosa de ias influencias germánica, eslava, gótica, magyar y romana que él mismo había sufrido. Y todo esto junto con la presencia actual de la tierra en que había nacido y se había criado, se echó en el odre de su notable personalidad física y moral, para producir un ejemplar extraordinario, único entre todos, como no hubo otro ni podrá haber más en adelante.

Era un médico enamorado de su profesión y sabía en su especialidad lo que muy pocos saben en el mundo. Pero sentía al mismo tiempo una invencible inclinación a la política y, dentro de ella, más que a las maniobras para alcanzar el poder, a los aspectos prácticos de la función oficial, !a la necesidad de gobernar para obtener resultados convenientes, hasta conseguir éxitos de bien general de los que a veces era difícil enterarse porque no quería que se difundieran, y otras transfería adjudicándolos a otros porque así se lo imponía su estricto concepto de las jerarquías o porque los ocultaba su modestia y desinterés excesivos de los que nunca pudo curarse. Sobre todo era un médico de muchedumbres, como lo demuestra la carrera de sanitarista que eligió y se manifesta también en lo que podríamos llamar, su pasión pública. Vivía volcado hacia los demás, siguiendo con atención escrupulosa los acontecimientos y avizorando el porvenir, a veces con esperanza pero a menudo también y con sobrado motivo, con terrible angustia, con profundo desazón. Quizá los últimos ateradores sucesos que vivimos recientemente hayan contribuído a destruir su fuerte organismo minado por emociones que nunca pudo dominar. Porque su pe-cho inmenso y su figura impresionante ocultaban un corazón tierno y sencillo, de una bondad sin límites de una generosidad que llegaba al sacrificio en aras de una amistad muchas veces no cabalmente correspondida, o de un deber que él hacía demasiado riguroso.

Cuantas veces recorrimos la Provincia en su viejo automóvil que él sabía hacer marchar milagrosamente, cuantas vivimos o visitamos las cárceles llevados por sentimientos dignos y pasiones elevadas, cuantos esfuerzos efectuamos para reconstruir un viejo partido y hacerle prestar quizá su último servicio a la Provincia y al pais. Pero entre lo que él hizo y otros consiguieron media la diferencia de que él nada pedía y nada esperaba para sí y que los honores y los cargos los difirió sintiendo una profunda satisfacción al contemplar los triunfos de sus amigos.

Manejaba el ingenio con acierto sin igual, descubría y también iluminaba las debilidades de una personalidad o el absurdo de una situación con apreciaciones exactas, atinadas, siempre cordiales y a menudo divertidas. Preveía el porvenir y acertaba porque medía bien a los hombres y los acontecimientos. Su consejo en las circunstancias políticas más difíciles y en los problemas más íntimos y enredados de sus amigos, era no sólo justo sinó también humano, estimulante. A veces corregía riendo como en la máxima latina y en todos los casos enseñaba a vivir con honor, sin ofender, sin herir, sin castigar.

¿Quién no le debía algún favor? ¿Quién no buscó su amistad? ¿Quién que haya tenido el privilegio de haberlo conocido no sabía que el rasgo dominante de su personalidad, lo que trascendía de sus palabras y sus actos, lo que queda ahora saldo de su experiencia humana, más allá de su talento, su sabiduría, su intuición inspirada y su golpe de vista certero, de su energia y su valor, lo que definia su manera de ser, lo que fue en fin el estilo de su vida, era su bondad, su bondad enorme como su figura de la que era algo así como un halo que nunca lo abandonaba? Y si alguién no tuvo su amistad porque la suerte no le concedió tan alto privilegio, tened la seguridad más completa de que nunca nadie pudo ser su enemigo.

Para sus amigos nos va a ser más difícil vivir sin la compañía que nos han quitado. Pero su voz nos seguirá susurrando muy cerca del corazón, y su enseñanza nos permitirá descomponer las más complicadas dificultades, descubrir los más escondidos secretos de los poderosos y las más obscuras tendencias populares hasta hallar el seguro camino del porvenir. Alguna vez alguien dijo en la tumba abierta de argentino eminente: ha muerto el más grande. Hoy y acá, cuando vamos a enterrar como era su deseo en la madre tierra de un humilde cementerio a este gran espíritu que tuvo talento, ilustración, experiencia y tantas altas cualidades, podemos estar seguros de que dijimos la verdad afirmando que ha muerto el más bueno.

Y esto que diré ahora es lo que sé que más le hubiera gustado oír a Mateo de su alma, en sus recuerdos y en su vida futura, en las hazañas que cumplan y en el amigos en la hora de la despedida: Tú vivirás Mateo en cada uno de tus amigos, en arrepentimiento que los redima, en todos los actos nobles, puros y elevados que realicen, en tus amigos y en su corazón tú vivirás, Mateo nuestro amigo querido, incomparable, inolvidable".

Además hablaron en la oportunidad: Dr. Echegoyen, director del hospital Rawson, el doctor García Díaz, secretario de Salud Pública de 1a ciudad de Buenos Aires y Juan C. Rangugiu, el alcalde de Capitán Sarmiento. El Dr. P. Vukota habló en nombre de los croatas.

Un mar de coronas de flores habían cubierto el edificio y el féretro de nuestro Mateo, a quien sus amigos y conacionales croatas nunca olvidarán.

STUDIA CROATICA de este modo rinde un simple, pero profundamente sincero, homenaje a quien era, durante mucho tiempo, uno de los que vivían casi únicamente por la libertad de Croacia. A su esposa y dos hijos nuestros afectos y calwrosos sentimientos del pésame. El Dr. Mateo Jeličic no ha muerto sino solamente cambiado la forma de humana existencia prolongada en la eternidad.

F. N.

 


MICRONOTICIERO CULTURAL

- LA NACIÓN, uno de los diarios argentinos más destacados y que justamente en el curso de este año (1969). celebra su primer centenario de existencia, ha publicado el día 27 de abril un artículo sumamente interesante: Encrucijada yugoeslava, destacando el carácter dicotómico de Yugoeslavia. Por un lado están los croatas y los eslovenos, orientados hacia el occidente, y por otro los servios con su tradición oriental. Entre dos partes existen también en la actualidad antagonismos y tensiones muy peligrosas. En vista de un peligro soviético, por su presencia cada vez más evidente en el Mediterráneo, el Dr. Alejandro Dusaut, destacado hombre apolítico y ex profesor universitario argentine, quien es el autor de dicho artículo, aboga ante el mundo libre por una federación efectiva yugoeslava. Sólo así, cree el autor del artículo, podría asegurarse "la unidad para la guerra" y la defensa contra los soviéticos".

- LA PRENSA, que también festeja en 1969 su primer centenario y con LA NACIÓN constituye el orgullo periodístico argentino, ha publicado una entrevista con el Ing. Ante Turica, especializado en aplicación de la energía nuclear en la esterilización de los insectos que representan una verdadera plaga para las frutas y, especialmente, para las manzanas en Argentina. Ing. Turica ha llegado a Argentina después de la guerra y sus estudios había cursado en la Facultad de Agronomía de Zagreb. Actualmente se desempeña como uno de los técnicos especializados del Instituto de Patología Vegetal en Argentina.

- EL REVERENDO PADRE FRAY LINO PEDIŠIĆ, director espiritual de la colectividad croata en Argentina quien se desempeña también como secretario general de la Comisión Católica Argentina de Inmigraciones, en una conferencia de prensa del 19 de agosto 1969, y en colaboración con las autoridades de la Caritas Internacional de Roma y la Comisión Católica Internacional de Migraciones de Ginebra, ha expuesto el problema de las inmigraciones en Argentina, provenientes de los países limítrofes: Bolivia, Paraguay y Chile. Actualmente hay como 1.580.000 de tales inmigrantes y unos 60% de ellos viven ilegalmente, poblando las Villas de Miseria. Padre Pedišic pidió públicamente la comprensión humana para esa multitud, buscando Ias formas y medios para su incorporación orgánica en la comunidad argentina. "La Prensa" y algunos otros diarios argentinos han registrado la exposición del padre Pedišić, publicando su fotografía en presencia de los representantes de las autoridades argentinas y extranjeras encargadas de graves 'problemas de migraciones y de caridad.

- LJEPOSLAV PERINIĆ y Dusko KALEBIĆ, cada uno en su mantra, han aportado a la vida cultural argentina. Perinić con la exposición extraordinaria de sus muñecas reunidas en una colección de importancia de todo el mundo, y Kalebić con la segunda exposición de sus Esculturas vegetales y Dibujos metálicos. Los dos croatas han despertado la curiosidad y el interés dentro del ambiente cultural argentino. Perinić en el ambiente folklórico y político-humanitario, mientras Kalebić sólo dentro del marco estético. "La Prensa" ha publicado varias fotografías de las muñecas de Perinić junto con la fotografía de una de sus hijas en el traje nacional croata.

- LA REVISTA HÚNGARA "TURAN", de Buenos Aires, en sus números 1 y 2 de 1968/69 ha publicado un artículo titulado Relaciones húngaro-croatas. El autor del mismo no oculta sus simpatías con el pueblo croata, aún cuando, nos parece, exagera la influencia linguística húngara sobre el idioma croata, especialmente en el campo jurídico. El director de la revista es Esteban Foyta y el autor del artículo Adorján Bihar von Igló.

- NUESTRO COMPATRIOTA, EL PINTOR Z. DUČMELIĆ, ha obtenido un premio de 100.000 pesos en el primer concurso de las pinturas organizado por Cía. Italo Argentina de Electricidad en Buenos Aires en el mes de junio de 1969. "La Prensa" del 19 de junio 1969 dice que este premio de 100.000 pesos "fue otorgado a la obra «cuerpos y espacios imaginarios» de Zdravko Dučmelić, un pintor residente en Mendoza y a quien recién se destaca con justicia la alta dignidad de su pintura.

- EN PARIS en el mes de octubre del año en curso, se efectuó una exposición retrospectiva del famoso escultor croata Ivan Meštrović. Su obra ha despertado gran interés en aquel centro mundial de cultura. Rodin era maestro y colega de Meštrovic. Junto con Trumbić, Meštrović es considerado como uno de los grandes idealistas croatas que creyeron en una imaginaria nación yugoeslava, aprovechada más tarde por parte servia para imponer una implacable hegemonía a sus "hermanos" croatas. Meštrović, con su exposición en Londres, durante la primera guerra mundial, impresionó al público inglés de tal manera. que Lord Cecil, en aquella oportunidad, dijo que Meštrović ha desmentido para siempre las afirmaciones sobre pretendida inferioridad creadora cultural de los "yugoeslavos", representados hasta aquel entonces únicamente por los servios.

- CON MOTIVO DE CUMPLIRSE EL PRIMER CENTENARIO DE LA VIDA del diario argentino LA PRENSA, el día 14 de octubre de 1969 el Club Cultural Croata Argentino, rindió un homenaje especial en su sede social en Buenos Aires a este diario considerado como uno de los mejores del mundo. El Dr. A. Dussaut pronunció un discurso titulado "LA PRENSA baluarte de la Libertad", dando un panorama muy interesante de la historia argentina intimamente ligada con LA PRENSA y su lucha por la libertad bajo la serie de sus propietarios-directores de la familia Paz. El Dr. Dussaut fue presentado al público asistente por el doctor R. Latković presidente del Club. STUDIA CROATICA, como también muchas otras entidades croatas, enviaron las expresiones de su adhesión a un diario tan distinguido como también a su colega periodístico LA NACIÓN que también cumplió el primer centenario de vida en octubre de 1969.

- SREBRENKA (SENA) JURINAC, la famosa soprano croata, se presentó 5 veces, en el mes de octubre de 1969, en el Teatro Colón, Buenos Aires. Se ha desempeñado en el papel de mariscada de la ópera cómica "Caballero de Rosas" de R. Strauss, confirmando sus extraordinarias cualidades de cantante y actriz, que la habían ya colocado en la cumbre del arte teatral del mundo europeo y norteamericano. Su carrera artística empezó en Zagreb, Croacia. Actualmente actúa permanentemente en la Opera de Viena.

 


DECIMOQUINTA ASAMBLEA GENERAL DE "CROATIAN ACADEMY OF AMERICA"

FRAGMENTOS DEL DISCURSO DE SU PRESIDENTE

Con motivo de aniversario celebrado el día 18 de enero de 1969, en que fue confirmado su anterior presidente, el doctor y profesor defilosofía. Stanko Vujica, re producimos algunos de los fragmentos más característicos de su discurso en dicha oportunidad:

"En los últimos años se viene notando un creciente interés por la Academia Croata de Norteamérica entre los inmigrantes croatas en los Estados Unidos y Canadá...

"Paralelamente con este interés se es-tá ya arraigando la convicción de que ya están dadas las condiciones para ampliar sus acciones, cualitativa y cuantitativamente. Reflejo de esta disposición de ánimo fue la reunión que, con la colaboración de la Academia, organizó el Club Académico Croata-Americano bajo la presidencia del Prof. Branko Yirka...

"Como, hasta el presente, el objetivo principal de la Comisión Directiva fue la publicación del anuario Journal of Croatian Studies. El volumen 7-8 acaba de apareecr este otoño. Complacido he oído algunos juicios halagüeños, incluso de colegas extranjeros. Un impresor norte-americano ponderó su esmero gráfico, calificándolo como verdadero “labor of love”. Ya se halla en preparación el tomo 9-10. Según el material preparado por los directivos, este número doble será más actual, más homogéneo, e incluirá varias referencias y reseñas de distintos libros que se ocupan de nuestros problemas nacionales. Quisiera poner de relieve que en este momento el deber más urgente de la Comisión Directiva y de todos los miembros de la Academia es brindar a los redactores todo su apoyo para asegurar la impresión de este tomo en 1969, ya que así se subsanaría el inconveniente, o sea, el atraso en la publicación de nuestro anuario...

"Nuestros socios lograron también este año notables éxitos en sus profesiones y muchos de ellos publicaron estudios de su especialidad. De un modo particular subrayo la publicación del segundo tomo con el Simposio sobre la historia cultural de Croacia: Croatia Land, people and culture, V. II, bajo la dirección de nuestros socios, doctores Eterović y Spalatin, en la edición de la Universidad de Toronto, como asimismo el libro del Dr. Bombelles: Economic Development of Communistic Yugoeslavia, editado por la prestigiosa Hoover Institution de la Universidad Stanford. A los benefactores de la Academia, sobre todo a los que contribuyeron con sumas de importancia, expreso mi más sentido agradecimiento...

"Me complace informarles que la Academia, con el aporte pecuniario del Dr. Tuškan, fijó el premio por los mejores ensayos escritos en inglés sobre la cultura y la historia de Croacia. La convocatoria para dicho certamen fue publicada en inglés el verano pasado en todos los periódicos de los inmigrantes; y finalmente, en el número del 15 de enero de 1969, apareción en Zajedničar. Esperamos que esos concursos continuarán en los próximos años y que contribuirán a promover y difundir la herencia cultural croata, incluso en la tercera generación de los norteamericanos de aquel origen.

"Hablando de esa herencia cultural, permítanme referirme brevemente en este informe anual a ciertos procesos significativos en el ámbito de la cultura de Croacia durante el año pasado. Dicha cultura, al parecer, se libera paulatinamente de las cadenas del stalinismo y del monopolio de una sola ideología y retorna al pluralismo cultural. La prensa religiosa pasa por un franco resurgimiento. La ex Sociedad de San Jerónimo reanudó su labor bajo el nombre de «Sociedad de SS. Cirilo y Metodio». Una obra monumental la constituye la edición de la Biblia con la cooperación de los más destacados exégetas, escritores, traductores y lingüistas. Nos agrada la noticia de que está preparándose una edición similar del Corán. Cabe destacar la fundación del Hrvatski Književni List (Gaceta Literaria Croata) justamente un año después de la conocida Declaración sobre la posición y la denominación del idioma croata. Esta revista fue acogida con enorme entusiasmo en Croacia, dado que aboga en forma franca y decidida por la tradición cultural, histórica y política. En el editorial del primer número se dice: «El rechazo de la tradición que dura ya más de 20 años en casi todos los ámbitos en nombre de los falsos valores vanguardistas, y de varios 'ismos' importados —por regla general, escoria envenenada de seudo culturas extrañas como un nihilismo más reaccionario—, infligió gran daño a nuestra cultura. El retorno a nuestra herencia cultural parecen ser la tendencia central, incluso entre los fiósofos croatas. A principios de marzo de 1969 la Sociedad Filosófica Croata ceelbró su X aniversario y, con ese motivo, organizó un simposio sobre el tema: «Filosofía Croata en el pasado y el presente». Participaron filósofos marxistas y no marxistas. El presbítero Francisco E. Hosiko disertó sobre la filosofía escolástica en el Círculo de Zagreb de los siglos XVII y XVIII. El Prof. Vladimiro Filipović se refirió a la labor de su colega el filósofo Dr. Alberto Bazala; María Brida habló de Pablo Vuk Pavlović, mientras Kruno Krstić eligió el tema: «Los comienzos de la filosofía en Croacia».

"Nosotros, en la Academia Americana, s plaudimos ese nuevo proceso y tendencias en nuestra cultura. Estamos convencidos de que beber en las fuentes vivas nacionales y este retorno a la milenaria y humanística tradición cultural croata tras un cuarto de siglo de varios injertos extraños, tendrá el efecto de una fecunda lluvia después de largas sequías, especialmente entre las nuevas generaciones croatas.

"Al comienzo de este informe destaqué el creciente interés por la Academia y también el deseo de ver intensificada y ramificada su actividad..."

En la misma oportunidad fue elegida la nueva Comisión Directiva, cuyo presidente, Dr. S. Vujica, fue confirmado. Los redactores del anuario de la Academia son los siguientes: Dr. J. Jareb, ing. K. Mirth, Prof. K. Spalatin, Dr. M. Meštrović, Prof. Nada Kesterčanek-Vujica, A. Nizeteo, Dr. D. Mandić, M. Kroker Tuškan y Prof. Dr. S. Vujica.

 


300 AÑOS DE LA ENSEÑANZA UNIVERSITARIA EN CROACIA

De acuerdo a las informaciones de "Glas Koncila" (La Voz del Concilio), de la archidiócesis de Zagreb, Croacia, el 9/11 de 1969 se celebró solemnemente 300 años de la fundación de la Facultad de teología en Croacia. El comienzo de la enseñanza teológica superior, en el rango académico, remonta desde el año 1633, organizada en el seminario de los jesuitas. Ya en 1662-1666 fue organizado el estudio de filosofía cuyos cursos eran de tres años. Esta organización fue posibilitada por una donación del canónigo Nicolás Dijaneševic, prefecto del Capitolio de la iglesia catedral de Zagreb. Teniendo presentes estos antecedentes morales y materiales, el emperador Leopoldo I de los Habsburgo, el 23 de septiembre de 1669, con un Diploma real, otorgó a dicha Academia de los padres jesuitas todos los derechos y privilegios comunes a las demás Universidades. Esta decisión del emperador fue aceptada y promulgada por el Sabor (parlamento) croata el 3 de noviembre de 1671, reconociéndose así a los estudios teológicos en aquella Facultad el rango del estudio de derecho público, equiparado con los demás estudios universitarios. Desde entonces esa Facultad vive y desarrolla su actividad benéfica en el seno del pueblo croata. Por cierto tiempo uno de sus profesores se desempeñó de inspector de toda la enseñanza universitaria (praefectus scholarum superiorum). Después de ciertas dificultades ocasionadas por la supresión de la Compañía de Jesús, esa Facultad en el siglo XIX logró su completa organización y la firme incorporación en la Universidad de Zagreb, gracias al cardenal de Zagreb Haulik y al obispo Strossmayer. Esta Facultad formó parte de la Universidad hasta 1952, cuando fue separada de ella y desde entonces se desempeña como una institución de carácter jurídico-eclesiástico. Naturalmente, las autoridades estatales comunistas le han denegado cualquier apoyo material. Su vida se desarrolla dentro de las modestas posibilidades económicas, formándose sus fondos por las donaciones y aportes de los feligreses, los obispos y sacerdotes del pueblo croata. Los profesores, destaca el decano actual, el Dr. Tomislav Šagi-Bunic, reciben "en lugar de sueldos unos importes simbólicos".

Ante la numerosa concurrencia de los alumnos, los profesores y los representantes de las autoridades nacionales y científicas, el Dr. Sagi-Bunic dio una breve y significativa historia de esa Facultad que, con todo derecho, podemos considerar como el comienzo de la Universidad croata. La separación de la Facultad teológica, ha recalcado su decano, está ligada con el nombre del doctor Miloš Zanko que fue en aquel momento el ministro de la instrucción pública de la república comunista de Croacia. "A pesar de que la Facultad de teología no tiene desde 1952 aquel carácter de derecho público en el ámbito del Estado que le fue dado en virtud del Diploma de Leopoldo I, no se le puede denegar el derecho de celebrar su 300 aniversario, porque como una institución cultural viviente y creadora, está en posesión de una continuidad ininterrumpida desde entonces hasta hoy. Aquel Diploma significa el punto de partida en su formación de una institución superior de enseñanza en el rango universitario".

En la oportunidad usó de la palabra también el Rector de la Universidad nacional el doctor Ivan Supek, quien dijo entre otros conceptos: "Es seguro que el Diploma de Leopoldo I no era solamente el reconocimiento a los esfuerzos de aquella Academia de los jesuitas. Ese Diploma significó, ante todo, el reconocimiento a la tradición cultural de Croacia y a todos aquellos esfuerzos del pueblo croata en la lucha contra la tremenda invasión otomana. Hay que destacar que esta vuestra Facultad, como también nuestra entera Universidad, era, durante todo aquel tiempo, el portador de nuestra eixstencia nacional. También hay que decir, que esta vuestra Facultad, por igual como las demás, fue llevada por un anhelo profundo de salir de un secular atraso y acercarnos al nivel europeo".

El presidente de la Academia de Ciencia y Artes, doctor G. Novak, ha invocado las estrechas relaciones entre la Facultad de Teología, de sus profesores y protectores por un lado y los miembros de la Academia por otro, y agregó: "Formulando saludos en mi calidad de presidente de esta más alta Institución científica croata y más vieja de todos los eslavos del sur, considero que esto significa nuestro orgullo, orgullo del pueblo croata y de la ciudad de Zagreb... "

Es inevitable la pregunta: ¿En qué forma más los señores Supek y Novak dan la prueba de su orgullo al respecto? ¿Han desmentido a su ministro Miloš Zanko en una forma efectiva?

 

 



[1] Rudolf Bićanić, Ekonomska Podloga Hrvatskog Pitanja (La Base Económica de la Cuestión Croata), Zagreb 1939, pág. 14.

[2] Rudolf Bićanić, Op. cit., pág. 30.

[3] Rudolf Bićanić, Op. cit., pág. 19.