IVO BOGDAN: GRAVES CONFLICTOS EN YUGOESLAVIA

LA DEPURACION política en Yugoeslavia cuya víctima principal es el vicepresidente Alejandro Rankovic, ex jefe de la policía política, el N° 2 de Yugoeslavia, el comunista servio N° 1 y presunto sucesor de Tito, refleja a la vez la crisis del régimen y del Estado. Reiteradas veces hemos señalado las causas de esa crisis que explotó tras el fracaso total del régimen comunista en mejorar el nivel de vida de las masas y en solucionar el problema nacional mediante la formula del federalismo en el marco del “centralismo democrático”.

Los economistas sabían por anticipado que el comunismo no puede aportar una verdadera mejora en el campo social y económico. Las masas populares llegaron a la misma conclusión por vía empírica, comparando su situación con la imperante en los países occidentales libres. Centenares de miles de obreros, obligados a buscar trabajo en Alemania, Francia, Austria, Bélgica, Suecia y Holanda, pudieron ver de cerca la vitalidad de la economía libre y sus enormes ventajas sobre la economía comunista. Además, el régimen, escaso de divisas extranjeras, tuvo que abrir las puertas del país al turismo internacional. Los súbditos de Tito, los que trabajan en el exterior y los que están mirando a millones de turistas, casi todos provenientes de los países libres, pudieron extraer comparaciones concluyentes. A todo ello cabe sumar la ingente ayuda norteamericana, despilfarrada sin ton ni son.

Las relaciones nacionales en un Estado plurinacional - otro problema fundamental - no pueden resolverse con éxito si se quiere, con métodos coercitivos, mantener unido el heterogéneo conglomerado yugoeslavo. Decimos con métodos coercitivos, ya que en el momento en que los pueblos de Yugoeslavia puedan practicar el derecho de autodeterminación, ese Estado se desintegraría de acuerdo al criterio nacional. Aunque tomáramos en serio el intento comunista por hallar una transacción política mediante el federalismo - incompatible con el sistema centralista en la dirección del partido gobernante - los pueblos de Yugoeslavia no la aceptarían. Contra la auténtica igualdad nacional se alzarían en primer lugar los servios, es decir el elemento que utilizaron los comunistas para restaurar a Yugoeslavia. Los servios engrosaron las filas de los guerrilleros comunistas porque se les prometió restablecer a Yugoeslavia, disgregada en 1941. Desde la época del rey Alejandro los servios ven en Yugoeslavia a la Servia engrandecida, donde ellos son los ciudadanos de primer orden, incluso en las regiones en que constituyen minoría étnica. De Tito se dice que considera la restitución de Yugoeslavia como su obra maestra. Si es así, entonces emprendió una tarea que supera las fuerzas humanas. Una cosa ha sido restaurar el Estado yugoeslavo aprovechando la situación internacional al final de la segunda guerra mundial, y otra distinta consolidar a la compelida comunidad estatal de los servios, croatas, eslovenos, macedonios, montenegrinos y de numerosas minorías nacionales (especialmente la albanesa y la húngara), o sea de un país con cinco nacionalidades reconocidas, tres religiones, dos escrituras, cuatro literaturas nacionales y dos órbitas culturales. La evolución operada en la Europa centro-oriental después de la guerra mostró que ni el comunismo ruso pudo suprimir los sentimientos nacionales de los pueblos sojuzgados. Particularmente no es posible en los países de viejas y arraigadas tradiciones de tipo occidental entre el Adriático y el Báltico, a saber: en Polonia, en los Países Bálticos en Hungría, Croacia y Eslovenia.

Hay una obvia interdependencia entre los dos elementos fundamentales de la crisis del régimen y del Estado en la Yugoeslavia comunista. Procede recalcar ese hecho, por cuanto como motivo oficial de la "purga" se da el sabotaje contra la reforma económica descentralizadora y se trata de encubrir las verdaderas causas. Se califica como stalinismo lo que en realidad no es otra cosa sino el descontento de los servios, partidarios del centralismo. Rankovic, Stefanovic y sus adeptos son servios conscientes para quienes Yugoeslavia desde el principio es la Servia ensanchada y los servios guardianes de su unidad. José Broz Tito, croata de origen pero carente de sentimiento nacional (en eso se asemeja a José Djugasvili Stalin, georgiano de origen) fue aceptado y tolerado por los servios tan sólo como mero disfraz para mantener el predominio de Servia y para frenar la oposición de los pueblos no servios en la Yugoeslavia multinacional al sistema "del centralismo democrático" comunista que necesariamente anula los efectos del federalismo.

Las divergencias entre el grupo dirigente servio y Tito surgieron cuando éste, presionado por la incontenible crisis económica, comprendió que era imprescindible, para salvar al régimen y al Estado, renunciar a ciertas medidas del rígido centralismo económico, por cuanto ni los obreros croatas ni los eslovenos toleraban ya que toda la ganancia de sus industrias - lograda en base a salarios muy bajos- la consuman los servios, derrochándola en las llamadas fábricas políticas no rentables, sin la perspectiva de que se ponga fin a semejante explotación y que los excedentes logrados se inviertan en la modernización de la industria productiva existente y en merecidas mejoras salariales en Croacia y Eslovenia.

De ese modo surgieron contrastes nacionales en forma de intereses encontrados y de lucha contra la explotación colonial por parte de Servia. Aunque los funcionarios comunistas de Croacia y Eslovenia son en primer término comunistas y luego croatas y eslovenos, respectivamente, comprenden que si se prosigue con el mismo sistema, la crisis económica y política se agudizará indefectiblemente. No pueden seguir ignorando las reacciones y los intereses de su propio medio nacional. Los obreros de Croacia y Eslovenia se percatan de que los comunistas - que en Polonia, Rumania, Bulgaria, Albania, etc., reconocieron, aunque formalmente, el principio de los Estados nacionales - privaron de ese derecho únicamente a los croatas y los eslovenos, subordinándolos a Serbia en lo político y lo económico.

En otro lugar del presente número se habla[1] de las decisiones y discusiones en el VIII Congreso de la Liga de los Comunistas yugoeslavos sobre la descentralización económica. En la III reunión plenaria del Comité Central, celebrada a principios de marzo último, Tito y el mismo Rankovic censuraron en términos alarmantes el sabotaje que se hace contra dicha reforma[2]. Tito dijo entonces que entre los más altos funcionarios partidarios los había "que de palabra estaban en favor de la reforma y permanecieron pasivos o trabajaron contra lo que se había resuelto". Aunque presionado constantemente por el medio servio que lo rodea, el dictador comunista hizo alusiones acres y claras a lo que en Servia llaman "la charsiya belgradense" entendiéndose la oligarquía política y económica servia, columna vertebral del chovinismo granservio que implicaba la explotación implacable de las "regiones liberadas" después de las guerras balcánicas y de la primera guerra mundial, es decir de Macedonia, Kosmet, Croacia y Eslovenia, "A veces - declaró Tito- uno ya no sabe lo que piensan los comunistas y lo que piensa la charsiya... En los cafés se barajan varias combinaciones a quién asignar esta u otra función responsable, se hace una política de comité (cuadros). Algunos comunistas, mejor dicho afiliados a la Alianza (alusión a la infiltración, N. de la R.) caen bajo la influencia de la ideología burguesa". Todo el discurso de Tito es una serie de lamentos de la ineficiencia del régimen y del "chovinismo'', es decir los conflictos nacionales. "Si nosotros - concluyó Tito- hubiéramos tenido estas condiciones antes de la guerra que el enemigo tiene ahora, muchas cosas hubiéramos terminado antes de la guerra". Quiso decir que la situación es tan precaria para los comunistas que existe el peligro de una contrarrevolución. Tuvo que admitir que el nivel de vida está bajando y para remediarlo exigió la lucha implacable contra los conflictos nacionales, contra las influencias occidentales, el desorden y la ineficacia de la administración pública y sobre todo contra los saboteadores de las reformas económicas, obviamente vinculando esa oposición al chovinismo granservio que resiste las tímidas medidas en favor de la descentralización de las inversiones. Para que no haya equívocos en ese sentido, habló el mismo Rankovic y señaló los peligros que implica semejante posición de los servios para el régimen comunista y la unidad estatal:

"Servia - dijo entonces el ahora depurado Rankovic - es la república más grande y el pueblo servio la nación más numerosa en la comunidad socialista de pueblos y nacionalidades de Yugoeslavia. De ahí, con justa razón, se impone el grado mayor de responsabilidad para el desarrollo normal de las relaciones entre nuestros pueblos. Sin embargo, hay comunistas en Servia que no son conscientes de ello. No cabe duda de que el mayor empeño de los comunistas y de todos los hombres progresistas en Servia en rebatir de manera más eficaz el chovinismo, facilitaría la lucha de los comunistas en otras repúblicas contra su propio chovinismo... La pasividad, la vacilación y las oposiciones, surgidas en las filas comunistas en Servia durante el año pasado... pudieron suscitar nuevas suspicacias, lo que perjudicó a la Liga Comunista de Servia y a la Liga Comunista de Yugoeslavia en su totalidad...".

Pocos días antes, en su discurso en la ciudad croata Dubrovnik, Rankovic condenó expresamente las tendencias unitarias de los comunistas servios, que serían partidarios de la política "de mano fuerte". Es precisamente el cargo, formuIado contra Rankovic después, el 1° de julio del año en curso en reunión del Comité Central. Eso constituye la motivación oficial de la chistka de Rankovic, de su grupo y de los jefes principales de la policía política, organizada y controlada por él. Así se develó que Rankovic era la cabeza invisible de la policía secreta, pues últimamente y en vista de su sucesión de Tito se lo presentaba totalmente desvinculado de este aparato de represión, tan siniestro y odiado.

Según los textos oficiales y las noticias incompletas que pudimos recoger desde la destitución de Rankovic, casi simultánea al cierre de la redacción del presente número, se puede concluir que el cargo aducido contra Rankovic - asegurar su control completo del aparato estatal y partidario mediante la policía política- está íntimamente unido al problema de la sucesión de Tito, tan debatido en la prensa mundial en los últimos años, pero silenciado totalmente en Yugoeslavia.

El dictador comunista y yugoeslavo tiene 74 años, edad no excesiva para un Churchill o Adenauer, pero en el caso de Tito, quien tuvo una vida turbulenta y propensa a los goces de la vida, además enfermo, según se afirma, cabe suponer que en adelante le será difícil controlar todos los resortes del poder. Es una tarea ardua incluso para un hombre pletórico de fuerzas. En un sistema autocrático todo el poder está concentrado en un solo hombre.

Por esa razón, ante los jerarcas comunistas yugoeslavos se plantea el grave problema de la sucesión de Tito. Ese problema es importantísimo en todo sistema autocrático y especialmente en el comunista, donde, por falta de sucesor natural, el futuro autócrata debe asegurar su poder eliminando previamente a sus rivales. Basta evocar las luchas en torno de la sucesión de Lenin que dieron al régimen de Stalin el carácter tan siniestro.

El problema de sucesión, grave y peligroso de por sí, es casi irresoluble en un Estado plurinacional y heterogéneo como Yugoeslavia, donde el pueblo servio no tiene, ni de lejos, la fuerza y la influencia del pueblo ruso en Unión Soviética. Servia representa - ese hecho hay que tenerlo siempre presente- tan sólo la cuarta parte del territorio y de la población total de Yugoeslavia y en lo económico y cultural es un país menos desarrollado que las naciones que quiere dominar.

Por concurso de circunstancias, por la designación de Stalin y por falta de conciencia nacional, Tito consiguió dentro del partido comunista y de su régimen desempeñar el papel de árbitro frente a diferentes tendencias e intereses de sus dirigentes, de conformidad con las diferencias de nacionalidades en Yugoeslavia. Aunque croata de origen, fue aceptado por los servios en primer lugar por haber luchado en la última guerra, obedeciendo las instrucciones de Stalin, por el restablecimiento de Yugoeslavia en su función de la Servia engrandecida. A causa de eso contó con el apoyo masivo servio. Los servios Io aceptaron porque además contaba con el respaldo de Rusia, en este caso la Rusia comunista pero siempre Rusia, que para los servios es y fue siempre la protectora de sus intereses nacionales, sobre todo en los conflictos con los alemanes. Luego, Tito se casó con una comunista servia.

El partido comunista yugoeslavo no dispone de otra figura que llene, aunque sea en parte, los requisitos de Tito para no provocar las sensibilidades nacionales en el conglomerado multinacional yugoeslavo. Es verdad que se pensó en ciertos dirigentes eslovenos, porque Eslovenia tiene frontera únicamente con la "república socialista" de Croacia. Los eslovenos estuvieron siempre en buenas relaciones con los croatas y pertenecen al mismo ámbito de la cultura occidental. Eslovenia tiene 1.600.000 habitantes y nadie debe temer su hegemonía. Sin embargo, los dirigentes comunistas eslovenos, hombres de inclinaciones intelectuales, no disponen de fuerza suficiente en el aparato militar y policial para imponerse al poderoso Rankovic, hasta hace poco considerado sucesor predestinado de Tito.

En cambio, Rankovic ha sido hombre de mano fuerte, fundador y amo de la policía secreta; dirigente muy influyente dentro del partido dominado por los servios y gozaba de cierta popularidad entre el pueblo servio porque no oculta su posición granservia. Empero, tales ventajas constituyen su defecto a los ojos de la mayoría abrumadora de los súbditos de Tito. Se lo tiene por uno de los responsables principales de las terribles opresiones y matanzas colectivas no sólo de los opositores croatas, eslovenos y servios, sino de la vieja guardia comunista durante la depuración antistalinista en 1948. Después del reacercamiento Belgrado-Moscú, se creía que Rankovic trataría de apoyarse totalmente en los soviéticos para asegurarse el respaldo en la probable represión que ejecutaría contra los pueblos no servios de Yugoeslavia. Semejante perspectiva infunde temor incluso a quienes no reaccionan ante los conflictos nacionales; incluso hay dirigentes comunistas servios que temen el retorno a los anteriores métodos terroristas, suavizados en parte por la necesidad de conseguir divisas y la ayuda de Occidente. A Rankovic lo temen también los círculos eclesiásticos de todas las confesiones. Por eso, últimamente se dejó fotografiar con los prelados católicos.

No resulta claro si Tito y en qué medida ha participado en las luchas preliminares por su sucesión. Desde el punto de vista psicológico se entiende que no le gusta hablar de ello, pero debe preocuparle que su sucesor preserve lo que considera su obra más importante. Thomas A. Crawford, corresponsal de United Press en Belgrado, señala que Tito en su acusatoria contra Rankovic, Stefanovic y su grupo, destacó que los servios deben tener en cuenta a los demás pueblos de Yugoeslavia: "Las palabras del mariscal Tito pusieron de actualidad el problema multinacional de Yugoeslavia en la más franca referencia hecha hasta hoy en la capital. Tito es croata, grupo nacional que suma más de cuatro millones de habitantes de raigambre católica y tradiciones de Europa occidental, en contraposición a los servios-ortodoxos del Sur- que estuvieron cinco siglos bajo el dominio de los turcos". (La Prensa, Buenos Aires, 3/VII/1966).

No cabe duda que Tito como jefe comunista evidenció realismo político y probablemente sabe que su sucesor debe poseer bastante fuerza y capacidad para mantener unido el partido y el Estado. Rankovic, dijimos, satisface, en ese sentido, ciertos requisitos, pero al mismo tiempo suscita tanta oposición que, al morir Tito, podría hacer peligrar la misma existencia de la comunidad estatal de Yugoeslavia. La unión, realizada en las circunstancias excepcionales de la guerra, podría mantenerse únicamente mediante represiones recrudecidas, sobre todo fuera de Servia.

Indudablemente, Rankovic lo comprendió y preparándose para suceder a Tito, prevé las dificultades con que tropezará. El VIII Congreso de la Liga Comunista Yugoeslava, celebrado bajo el signo de la parcial derrota del centralismo, fue interpretado como una adversidad para Rankovic. Pero se notaba que estaban aglutinándose grandes resistencias dentro del partido, especialmente en Belgrado. The Times londinense informó que a principios del año en curso más de 2.000 dirigentes comunistas servios renunciaron en son de protesta contra las incipientes medidas de la descentralización. Luego en la III reunión plenaria del Comité Central, celebrada en marzo último, Rankovic tuvo que decir a los servios ciertas verdades que Tito no osó decirlas. Antes de la "purga" se podía suponer que Tito y Rankovic se habían repartido los papeles. Rankovic trataría de presentarse a los pueblos no servios como adversario del chovinismo servio. Acompañó a Tito en el viaje a Rusia, y además se trasladó a Italia donde negociaba con los gobernantes democristianos.

Sin embargo, los observadores bien interiorizados (por ej. el Dr. Juraj Krnjevic, presidente del Partido Agrario Croata en el exilio) se preguntaban si los comunistas estarían tramando la destitución de Tito[3]. Otros observadores extranjeros, como Víctor Meier[4], advirtieron el año pasado que Rankovic, para asegurarse la sucesión de Tito, está asignando los más importantes cargos en la policía y en la organización partidaria a sus amigos servios. Cuando el prestigioso comentarista político suizo estaba escribiendo su análisis, no pudo prever que eso podría ir contra el mismo Tito. Recién a principios de julio tuvimos la interpretación oficial de los esfuerzos de Rankovic y de su control de las conversaciones telefónicas y del movimiento de los altos dirigentes comunistas, vieja práctica en todos los regímenes totalitarios. Es muy probable que Rankovic, en la lucha por la sucesión de Tito, buscara apoyo de los círculos granservios y mientras jugara el nuevo papel de un humanista comunista y de adversario de la política granservia, arrastrado por sus adeptos, se hizo peligroso para el mismo Tito. Por ello, tuvo que ser destituido.

A PRlNCIPIOS de julio Tito congregó a todos los miembros del Comité Central en la isla de Brioni, donde es amo absoluto y consiguió la condena unánime de Rankovic y su segundo Stefanovic, ministro del interior encargado de la policía política así como de su grupo. Trátase de una jugada de tipo del Príncipe de Maquiavelo, y el éxito estuvo asegurado por anticipado. Sería interesante saber cómo fueron descubiertos los planes de Rankovic y de su grupo y cómo ellos no se percataron del peligro al trasladarse a Brioni. ¿De qué fuerzas de represión disponía Tito contra el poderoso Rankovic? Por supuesto, que es falsa la imagen de un Tito paternalista y es evidente que el viejo dictador dispone de su policía personal y cuenta con la organización militar, que Rankovic nunca pudo controlar totalmente. El lugarteniente de Tito en el ejército es un antiguo comunista, ex obrero metalúrgico, igual que Tito. Se trata de Ivan Gosnjak, nacido en Sisak (Croacia), ministro de las fuerzas armadas. Se impone, pues, la comparación en la eliminación de Beria por los jefes militares.

Los diarios yugoeslavos publicaron ciertos datos y discursos de Tito concernientes al desarrollo y las conclusiones de la IV reunión plenaria del Comité Central de la Liga Comunista de Yugoeslavia, celebrada en la isla de Brioni, que ratifican algunas deducciones.

Los 125 miembros del Comité Central se enteraron recién en Brioni del verdadero propósito de la reunión. Rankovic y sus adeptos cayeron en la emboscada, bien custodiados en la isla por la guardia personal de Tito. La famosa unanimidad comunista en tomar las resoluciones fue asegurada por anticipado. En esta "unanimidad" estaban incluidos hasta las víctimas de la "chistka" de modo que al final Tito pudo elogiar al "compañero Marcos” (Rankovic) por su renuncia espontánea, destacando con evidente cinismo que ello prueba el amor a la libertad y el humanismo de los comunistas.

Tito habló al comenzar y terminar la reunión. Fue bastante breve en comparación con sus interminables exposiciones en otras reuniones partidarias.

El dictador comunista yugoeslavo manifestó que en la reunión del Comité Ejecutivo (Politburo) del 16 de junio último, se había formado una "comisión partidaria-estatal" de seis miembros con el fin de investigar "las deformaciones" en la todopoderosa policía política, dirigida por Svetislav Stefanovic, y cuyo jefe real era el "compañero Marko", es decir Alexander Rankovic. Admitió que previamente existió la investigación de una "comisión técnica", probablemente la policía especial de Tito. Hubo que investigar, dijo Tito. para verificar las causas por las que no se ejecutaban las resoluciones del VIII Congreso del partido respecto a la conducción económica. Tito recalcó que esa ineficiencia se constató también en la III reunión plenaria del Comité Central en marzo último, pero que se había quedado a mitad de camino, sin establecer las verdaderas causas y que eso fue un craso error. (Luego veremos que su causa fue el temor a Rankovic y su grupo comunista servio). "Todo eso se arrastra desde hace varios años, casi un decenio", puntualizó Tito. Empezó por no controlar a la policía política de Rankovic, ni impedir "sus deformaciones". Tito reiteró que no culpaba a la policía política como conjunto y destacó, enfáticamente, los méritos de Rankovic en la lucha contra el enemigo de clase, es decir, el terrorismo implacable y las matanzas en masa durante y después de la guerra, cuando murieron centenares de miles de personas, inclusive un grupo de los viejos comunistas, tachados de cominformistas. Rankovic y Stefanovic son para Tito responsables únicamente de las “deformaciones" en los últimos años.

¿En qué consistieron tales "deformaciones"?

Tito declaró que el grupo de Rankovic trató de controlar el aparato partidario y estatal. Se produjo "la lucha fraccionista y de grupo, la lucha por el poder", lo que hizo peligrar "la unión de nuestro pueblo" y la "unidad de la Liga comunista (partido). "Se creó la. desconfianza recíproca, de arriba a abajo. ¿No se parece eso a lo que ocurrió en la época de Stalin? Creo que tiene bastante parecido". (No se olvide que Tito dijo a su tiempo que Stalin había superado en crueldad al mismo Gengis Khan).

A un observador poco interiorizado del modo esotérico con que se expresan los comunistas, podría escapársele la gravedad de esos cargos. "El fraccionismo", "la lucha por el poder", "la amenaza a la unidad partidaria y estatal" y "estalinismo" son las acusaciones más graves y terribles que pueden pronunciarse entre los comunistas yugoeslavos. Por eso cuando Tito reprocha a Rankovic la lucha por el poder, lo acusa, de hecho, de querer dar uno do los clásicos golpes de Estado servios para asegurarse con métodos stalinistas el poder mientras viva Tito. Visto que Rankovic, forzosamente, tuvo que buscar apoyo de los comunistas servios, lo que implica el desafío a la mayoría no servia en Yugoeslavia eso, en realidad, constituye el principio de la desintegración yugoeslava en el caso del éxito del golpe.

De modo que no es extraño que los integrantes del Comité Central hayan aprobado sin reparos el informe de "la comisión partidaria-estatal", presentado por su presidente, el macedonio Krsto Crvenkovski. Este acusó a los jefes del Servicio de Seguridad de Estado (UDBA) de todo lo que adujo Tito y además de su "cerrazón e insinceridad" durante la investigación. El Comité Central aceptó la "renuncia" de Rankovic a las funciones partidarias, mientras que Svetislav Stefanovic, jefe nominal de la UDBA, fue expulsado del Comité Central y del partido comunista. Se eligió una comisión que proseguirá con la "chistka". En lugar de Rankovic, como secretario del Comité Central, fue nombrado Mihailo Todorovic, y Dobrivoje Radosavljevic como miembro del mismo Comité en lugar de Stefanovic. Se puso mucho cuidado que ambos fuesen servios, quienes, por lo demás, constituyen la mayoría en el Comité Central.

Tito habló nuevamente al clausurarse la reunión y esta vez con cierto alivio. Rankovic y su grupo habían capitulado sin resistencia, y por ello Tito quiere ahora aquietar a la opinión pública, particularmente a los servios y al personal de la policía política. Insiste en la repercusión en el extranjero, ya que todo eso podría perjudicar el presunto gran prestigio de su gobierno. Lanza nuevos slogans para calmar a la opinión pública. Sin embargo, admite que temía seriamente por la unidad del partido. La palabra temor aparecerá varias veces en su discurso. Se infiere claramente de sus palabras que temió especialmente al nacionalismo servio. Llama a la lucha contra las desviaciones nacionalistas, servias, sin duda alguna. Pide que la destitución de Rankovic no se interprete como una derrota de los comunistas servios. Reconoce que debió antes eliminar el "fraccionismo", pero tuvo terror de abordar ese "dramático problema", pues era incierto cómo repercutiría en "la vida y el desarrollo internos" y en el extranjero. Apela a Rankovic para que esta crisis no se proyecte en el ámbito nacional e invita a la policía política a continuar con su enérgica lucha contra el enemigo de clase, si bien hace falta depurar a fondo sus filas y el aparato partidario en general.

La prensa yugoeslava, pese a las directivas de subrayar el triunfo de la unidad y la demostración de la eficacia del Comité Central, no logró ocultar su desorientación. Siguiendo la pauta oficial destaca, en forma asaz torpe, el peligro de la lucha por el poder y el culto de la personalidad creado en torno a Rankovic. Sobre el particular, el informe de la comisión investigadora dijo expresamente:

"En los últimos años muchos cuadros de la seguridad estatal llegaron a ocupar, con criterios especiales, funciones políticas y estatales de mucha responsabilidad. Con semejante procedimiento se creaba y afirmaba la lealtad a personalidades y no a la obra del socialismo y a los objetivos del Comité Central''. Citando este párrafo, los fervientes comentaristas tuvieron que caer en otro extremo, rindiendo pleitesía a la personalidad de Tito.

"Está fuera de lugar, pues, cuando se habla de la responsabilidad política y otra, meditar que hay figuras históricas meritorias (Rankovic) e imprescindibles. Hay una sola personalidad meritoria - Tito" [5].

La prensa extranjera interpretó bastante bien el alcance de la depuración, es decir, como contragolpe de Tito a la revolución de palacio en preparación por parte del grupo de Rankovic y, además, como prueba de una honda y peligrosa crisis del régimen y del Estado. Menos acertados fueron los comentarios de que la destitución de Rankovic significaría una victoria de la corriente liberal entre los comunistas yugoeslavos, lo que llevaría a un sistema pluripartidario. La respuesta la dio el mismo Tito al hablar, una semana después, en Belgrado a los ex combatientes comunistas El dictador comunista rechazó de plano semejantes conjeturas hablando expresamente contra periódicos occidentales, diciendo "que se trata de una tremenda equivocación", pues no cabe un procedimiento liberal para con las desviaciones nacionalistas y "las influencias negativas de la ideología occidental". En Yugoeslavia rige la libertad únicamente para los comunistas y "otra gente honrada", no contraria a la Liga comunista ni al socialismo. "Esta es mi respuesta al Occidente", terminó Tito[6].

Tito en el mismo discurso reveló un hecho desconocido, o sea que ya en marzo de 1962, el Comité Ejecutivo del Comité Central (Buró Político) había discutido durante tres días acerca de las manifestaciones del nacionalismo que "aparecía" por doquier, "especialmente en Belgrado". En aquella ocasión Tito había dicho que las relaciones en la cúspide partidaria no satisfacían, que había tensiones nacionales y "cocinas políticas" con la participación de no comunistas también. La discusión fue muy acre y al final parecía que los ánimos se habían calmado. En realidad, "algunos dirigentes se encerraron en sí mismos". En otros términos, Tito reconoce que nada se había solucionado, y se pasó a la lucha sorda y subterránea y a los preparativos del golpe de Estado por parte del grupo de Rankovic. Los conflictos - continuó Tito - reaparecieron en el momento de la reforma económica. Tampoco omitió aludir a los ex movimientos nacionalistas anticomunistas para despertar emociones pasionales de los comunistas. "Subsiste, por supuesto – expresó - el resto de los chetniks en Servia, de ustachi en Croacia y de la guardia blanca en Eslovenia".

Tito dedicó buena parte de su discurso "al problema de la hora" – según lo calificó el corresponsal de Le Monde-, es decir a su temor de que la destitución de Rankovic pueda incitar el nacionalismo servio. Trató de calmar a sus partidarios, destacando que la reacción entre los comunistas servios fue más bien favorable.

La Asamblea Federal de Belgrado, en su sesión del 14 de julio, aceptó por aclamación la renuncia de Rankovic a la vicepresidencia de la República. Su lugar lo ocupa ahora Koca Popovic, ex ministro de relaciones exteriores, de nacionalidad servia. Por consiguiente, para apaciguar a los comunistas servios fue elegido este intelectual servio, hijo de una acaudalada familia burguesa. Popovic es mal reputado en Croacia y Eslovenia, pues se lo considera responsable de las matanzas en masa, consumadas, al terminar la guerra, contra los soldados croatas y eslovenos entregados a los comunistas por las autoridades británicas en mayo de 1945. Ese hecho, para las servios, no es el defecto, sino gran mérito de Popovic[7]. Koca Popovic es elegido, por supuesto unánimemente, por cuatro años, pero, de acuerdo a la Constitución, no sucede automáticamente al presidente vitalicio Tito; al nuevo presidente tendría que elegir la Asamblea Federal de Belgrado.

EL conflicto en torno a la sucesión de Tito abre una honda crisis entre los jerarcas comunistas. Basta acotar que con la destitución de Rankovic, de la "vieja guardia" del Partido Comunista Yugoeslavo de 1945, quedan sólo Tito, Popovic y Kardelj. Antes del V Congreso del Partido (1948) fueron depurados Andrija Hebrang y Zujovic-Crni; luego fueron destituidos Neskovic y Milovan Djilas. De muerte natural fallecieron Moshe Pijade y Kidric. Ahora le tocó a Rankovic. Las vacantes fueron ocupadas por hombres nuevos, pero sin el ascendiente de los viejos, de modo que entre las filas comunistas reina la pusilanimidad.

Ateniéndonos a los hechos, no vamos a entrar en conjeturas y trataremos de precisar el alcance y el sentido político de la reciente "purga" yugoeslava.

El dictador yugocomunista con su acción contra el Beria yugoeslavo, Rankovic, vicepresidente y comunista N° 2, mucho más poderoso que Milovan Djilas, ex N° 2, demostró que todavía domina en el partido y en el Estado. Su posición se ve momentáneamente fortalecida. Pero la causa de la crisis no fue eliminada, sino ahondada. El grupo "stalinista" de Rankovic es netamente servio. Por consiguiente, la liquidación de Rankovic constituye, en cierta medida, el desafío al sentimiento nacional servio. Para mantener el equilibrio. Tito deberá proceder, con el pretexto que sea, contra los destacados comunistas de otras nacionalidades. Es probable que la primera víctima haya sido el general Venceslao Holjevac, comunista croata, degradado por solidarizarse con la crítica "destructora", formulada por los filósofos comunistas de Croacia en la revista Praxis. No están afectados sólo Holjevac y el grupo de los inquietos intelectuales en Croacia y Eslovenia, quienes, usando de la restringida libertad de expresión, empezaron, en base a la doctrina ortodoxa marxista, a formular críticas al régimen, reacio a toda crítica posible. Todo dictador comunista de turno, en principio, es dueño de la verdad política, mientras que "el socialismo científico" provee la respuesta clave para comprender el proceso histórico. Por eso los comunistas en el poder están siempre tentados de recurrir a la dialéctica de '"las purgas", los campos de concentración y los tiros a la nuca. Por un lado, hay alivio por la destitución de los odiosos jefes policiales y por el otro, el temor a las represiones que podrían sobrevenir para mantener la cohesión de las resquebrajadas filas comunistas. Tito, hace justamente un decenio, asombró a sus simpatizantes occidentales cuando durante la revolución húngara repudió la actitud de Imre Nagy y declaró que eran saludables los tanques de Nikita Khrushchev, porque fue necesidad política la preservación del régimen comunista en Hungría.

No será fácil contener el iniciado proceso de destitución de los principales agentes del terror y la represión comunistas. Cada vez más se planteará el problema de la responsabilidad de Tito, no sólo entre los comunistas croatas, crónicamente atemorizados, sino también entre los agresivos jerarcas servios.

Tito se enfrentará con el difícil problema de su sucesión. Comprenderá que la herencia que muy pronto habrá de dejar está preñada de problemas insolubles. El régimen, el Estado que logró restablecer, se mantienen únicamente gracias a la favorable situación exterior. Para comprender mejor esa verdad, dolorosa desde el punto de vista de los oprimidos pueblos de Yugoeslavia, basta señalar que los numerosos exiliados políticos de Yugoeslavia no cuentan con apoyo alguno en Oeste o Este. Por el contrario, Tito recibe asistencia tanto de Moscú como de Washington, no tanto debido a la fuerza real del ejército yugoeslavo que en caso de guerra se desintegraría en pocos días igual que el ejército monárquico en 1941, según lo afirma Phillis Audi, profesor de la Universidad de Londres[8].

Más que con la fuerza del ejército yugoeslavo, en Moscú y Washington se cuenta con la importante posición estratégica de Croacia y Eslovenia. Ningún rival quiere ceder por anticipado esta posición tan neurálgica. Todo cambio de este equilibrio precario podría hacer peligrar el régimen y el Estado de Yugoeslavia.

La destitución de Rankovic, con todas sus implicaciones, indica que dicho cambio no debe necesariamente provenir desde afuera. El problema de la sucesión de Tito podría significar el comienzo de una serie de situaciones explosivas, que exigirán de los patrocinadores de Tito en Moscú y en Washington claras definiciones. Pues podrían darse las condiciones de movimientos revolucionarios nacionales contra el régimen y contra el Estado yugoeslavo, con apoyo de uno u otro bando en el conflicto.

Dichos movimientos estarían contestes con el ideario de la ONU que sostiene el derecho de autodeterminación. Ese derecho cabe interpretarlo en doble sentido: como derecho de cada país a decidir sobre su gobierno y como derecho de cada grupo social nacional a realizar su propio Estado. Ambas versiones deben ser tomadas en cuenta en el caso de producirse cambios en Yugoeslavia. A sus súbditos les asiste el derecho a deponer el régimen comunista. Igualmente a los pueblos que integran el conglomerado plurinacional yugoeslavo les incumbe el derecho de la determinación nacional, incluyendo el derecho de separación. En teoría lo reconoce también el Partido Comunista, pues Yugoeslavia, según su constitución, es un Estado plurinacional, integrado por cinco pueblos: el servio, el croata, el macedonio, el esloveno y el montenegrino. Todos esos pueblos, así reza la constitución, igual que en la Unión Soviética, tienen el derecho a separarse. Es verdad que en la práctica ese derecho está desvirtuado, pues el gobierno comunista sostiene la teoría de que los pueblos de Yugoeslavia habían consumado ese derecho durante la guerra al declararse por la vida común en la federación multinacional yugoeslava, donde todas las repúblicas, salvo Bosnia y Herzegovina, dicen los portavoces oficiales, están constituidas de acuerdo al criterio nacional. Se sobreentiende que dicha teoría tiene validez hasta tanto la apoye la dictadura comunista, que persigue despiadadamente a los que se atreven a reclamar el derecho de la autodeterminación nacional[9].

Sin embargo, partiendo del derecho natural, expresado en la Carta de las Naciones Unidas, no se puede aceptar la teoría sobre el presunto derecho consumado, una vez por siempre, de los pueblos de Yugoeslavia a la autodeterminación nacional. Desde el punto de vista de las democracias occidentales, incluso la implantación del régimen comunista en Yugoeslavia se realizó en contravención de los acuerdos precisos, concertados entre los Aliados occidentales y la Unión Soviética. Desde el principio se consideró que Yugoeslavia no podía caer bajo la influencia exclusiva de la Unión Soviética. Churchill anotó en sus memorias que había acordado con Stalin la división de la influencia en Yugoeslavia 50:50 [10] En Yalta, Roosevelt, Stain y Churchill resolvieron que en Yugoeslavia sería formado el gobierno por los comunistas y los representantes del gobierno en el exilio y que, terminada la guerra, los pueblos de Yugoeslavia deberían decidir en comicios libres sobre el régimen que prefieren. Se acordó que ni las tropas angloamericanas ni las soviéticas ocuparían el territorio de Yugoeslavia. Londres y Washington respetaron lo estipulado, pero los soviéticos habían ocupado el área al norte del Drava y el Danubio, muy importante desde el punto de vista estratégico. Previamente habían conquistado a Belgrado y la Servia septentrional, y entronizaron a Tito. Todo eso lo justificaban como necesidad militar para poder avanzar hacia Austria y Alemania.

Los comunistas, por supuesto, no cumplieron con las promesas respecto a las elecciones libres y su poder fue impuesto a los pueblos de Yugoeslavia. Fue vulnerado el derecho democrático de decidir sobre el propio gobierno. Menos todavía pudieron declararse los croatas, los eslovenos, los macedonios, los montenegrinos y nutridas minorías nacionales - la albanesa, alemana y húngara- si querían o no vivir en el Estado plurinacional yugoeslavo, que pese a la teoría oficial sobre 'la "unidad y fraternidad", actúa en su función de Servia engrandecida.

Los conflictos que podrían surgir en torno a la lucha por el poder y la sucesión de Tito, abren lejanas posibilidades de reparar las injusticias infligidas a los principios democráticos y al derecho nacional. El mundo libre, al abogar por una solución justa y equitativa, contribuiría a la eliminación de un peligroso foco de posibles choques en un terreno neurálgico donde fue disparado el primer tiro de la primera guerra mundial. Con el establecimiento de los Estados libres de Croacia y Eslovenia, cambiaría a fondo la relación de fuerzas en la zona adriático-danubiana. Italia y Austria se sentirían aliviadas de la presión soviética. Y la Europa occidental ganaría dos nuevos miembros constructivos de la comunidad europea que tradicionalmente aspiran y gravitan hacia la colaboración europea.

Buenos Aires.

 



[1] Ver artículos de nuestro colaborador Petricevic.

[2] Komunist, 3/III/1966. Belgrado.

[3] Hrvatski Glas, Winnipeg, 18/III/1966, Canadá.

[4] Yugoslav Communism. By Viktor Meier. Published in Communism in Europe. Volumen I, Cambridge: Massachusetts Institute of Technology Press, pp. 20-80.

[5] Vjesnik u srijedu, Zagreb, 6/I/1966.

[6] Le Monde, París, 7/III/1966.

[7] Algunos periódicos europeos se refirieron a las inclinaciones intelectuales de Koca Popovic. En efecto, ese típico representante de la decadencia de la alta burguesía servia, de rápido ascenso y caída más rápida aún, editaba antes de la guerra en Belgrado la revista surrealista exclusiva Nemoguce-Impossible. Ya el título bilingüe indica que se trataba de una imitación de los surrealistas franceses. La revista se editaba en 150 ejemplares, destinados al círculo “selecto” de los snobs. Sus financistas fueron Koca Popovic, Marko Ristic, escritor marxista y primer embajador de la Yugoeslavia comunista en París, y Stanislav Krakov, íntimo colaboracionista del nacionalsocialismo alemán. En dicha revista Koca Popovic había publicado su autoentrevista. A la pregunta: “¿Qué hace falta a la humanidad?”, contestó: “Una trompeta infantil, una garrafa de gas y una caja de fósforos”. Y a la pregunta: “¿Qué piensa usted de la venganza?”, Popovic dio esta significativa respuesta: “ La venganza del cabecilla rojo será atroz; hasta los nińos en las entrañas maternas responderán”. En efecto, en 1945, en el área del II Ejército yugoeslavo, con sede en Zagreb, al mando del general de los guerrilleros comunistas, Koca Popovic, se cometieron matanzas colectivas de croatas y eslovenos. Millares y millares de niños fueron matados en el útero materno. (Cf. La Tragedia de Bleiburg, “Studia Croatica”, Nros. 10-13). Por cierto, la venganza del cabecilla rojo fue horrenda.

[8] Phillis Audi, Yugoslavia, Londres 1955, p. 194.

[9] The New York Times, el 20 de febrero 1966. El texto en la sección “Notas y comentarios” del presente número.

[10] Winston Churchill: La Segunda Guerra Mundial – Triunfo y Tragedia, Buenos Aires 1955, p. 209.