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IV. BOSNIA EN EL CONGRESO DE BERLIN
Serbia - satélite rusoEn el polifacético expansionismo ruso hacia el sudeste europeo un lugar especial lo ocupa la pequeña Serbia, indiscutible satélite rusó en los Balcanes, que a su vez supo con maestría identificar sus pretensiones nacionales con la política del Imperio de los zares y así obtener su protección. Cabe destacar que el despertar nacional de los pueblos balcánicos empieza en la época romántica, pero esta época no era la más propicia para establecer entre Europa y los Balcanes el contacto físico y espiritual que un día debía establecerse necesariamente. En el romanticismo prevalece el sentimiento sobre la razón. Ello ocasionó un subjetivismo extremoso y una exaltación desmedida de las cualidades nacionales de los pueblos balcánicos. Estos pueblos cuya herencia cultural se debe a Bizancio y los turcos, cada uno veía en los vecinos de la misma fe religiosa nada más que la lógica continuación de los grandes Estados serbio búlgaro o griego desde la época medieval. El concepto religioso y nacional se confunde produciéndose un proceso completamente opuesto a la concepción de lá Europa occidental. Mientras en los países europeos de normal proceso histórico, la religión y la nacionalidad tienen cada una finalidad propia y determinada, en el mundo de influencia bizantina, bien sea en Rusia o bien en las tierras ortodoxas balcánicas, son sólo el arma de la más dura y más fuerte pasión humana por alcanzar el poder. Los griegos tenían en mira un gran Estado griego que coincidía con las antiguas tierras de la jurisdicción del patriarca de Constantinopla. Los búlgaros soñaban en la Gran Bulgaria de Simeón y los serbios en el imperio de Dusan el Fuerte. Para conseguir sus fines la política serbia era acompañada por la aparición de sociedades revolucionarias clandestinas y semiclandestinas, basadas sobre las mistificadas interpretaciones del pasado y en exagerados sentimientos nacionalistas. Con los movimientos y organizaciones terroristas surge una gran cantidad de programas, entre los cuales se cuenta el Nercetanie (Nachertanie, esbozo), propulsado por el ministro de Asuntos Exteriores serbio, Ilija Garasanin, el año 1842. La idea principal del "Nacertanie" consistía en que Serbia tenía que liberar, y anexionarse, no sólo aquellas regiones dominadas por Austria y Turquía, donde vivían los serbios, sino todas las tierras croatas y búlgaras, porque todo eso era, a su juicio propiamente serbio (22). Igual que la Serbia medieval fue una proyección del Imperio bizantino, en el siglo XIX se repite el mismo proceso, con la diferecia de que el centro focal de los rayos proyectados proviene esta vez de San Petersburgo.
(nota 22) Pablo Tijan: Evolución del ideal eslavo en los últimos cien años, "Arbor", N. 37, Madrid, 1949, (p. 10). Indice
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