El Pegaso enfrenado:

Contrastes y esperanzas en las literaturas de Yugoslavia

Gojko Boric, Colonia, Alemania Occidental

El destino de las letras de pueblos pequeños es de permanecer escasamente conocidas. Los creadores literarios de tales pueblos suelen aparecer tardíamente en el mercado de la "producción" literaria. Además, entre las literaturas eslavas, poco interés se presta a las letras de los pueblos sureslavos. Recién un acontecimiento casual y espectacular como la adjudicación del premio Nobel a Ivo Andric, atrajo la atención de editores y lectores en ciertos países que hasta el presente se desinteresaron de la literatura moderna de los pueblos de Yugoslavia, rica en su variedad temática y compleja en su enfoque de los problemas artísticos y humanos en condiciones complicadas y contrastantes.

Por ello, importa señalar unas cuantas verdades fundamentales sobre el mosaico político, cultural y nacional que por razones varias y de modo superficial suele denominarse como el "Sudeste eslavo".

Sin adentrarnos en las polémicas nacionalistas, que siguen bullendo bajo el manto aparentemente tranquilo de la dictadura de Tito, no pueden dejarse de lado las diferencias substanciales de los pueblos que integran el conglomerado plurinacional de Yugoslavia. En ese complejo de diferencias reviste capital importancia el hecho de que la frontera entre las dos culturas europeas específicas, la occidental y la oriental (bizantino-rusa) separa a los dos pueblos mayoritarios de Yugoslavia, el croata y el serbio. Aquí deben añadirse las diferencias del proceso histórico, de tradiciones, del grado y la clase de la civilización respectiva, como asimismo los conflictos pasados justificados o no, etc. Por dichas razones cabe hablar por separado de la literatura croata y de la literatura serbia (pese a la similitud idiomática), lo que los extranjeros no toman debidamente en cuenta. Pues, los representantes oficiales yugoslavos tratan de borrar y ocultar esas diferencias frente al extranjero, por motivos políticos. Idéntica posición se manifiesta últimamente y con frecuencia en la política cultural interna, a lo que nos referiremos más adelante.

Mirada retrospectiva con y sin ira

En una reunión de escritores yugoslavos, Miroslav Krleza[1], líder de los escritores marxistas croatas, reconvino a sus jóvenes colegas rebeldes en estos términos:

"El papel del Partido Comunista durante los tres últimos decenios, con toda una serie de pronósticos, resultó ser el único real. Previendo con toda claridad que indefectiblemente se produciría la quiebra de la superestructura burguesa, el Partido Comunista creó las condiciones previas para poder, en circunstancias sumamente difíciles, entablar la lucha que en su última consecuencia condujo al hecho consumado dentro del cual estamos todos aquí, en esta sesión plenaria, sentados y deliberando. Sin esa política del Partido Comunista y sin ese hecho político consumado hoy no estaríamos aquí, ni se realizaría esta sesión plenaria".

En esta advertencia amenazante hay mucha verdad cruda. La llegada de los comunistas al poder significó en muchísimos casos la ruptura total con el pasado, si bien su predominio no se debe exclusivamente a la victoria bélica, sino que fue preparado entre las dos guerras.

Sin embargo, no era posible liquidar de golpe los "criterios perimidos" de la mayor parte de los intelectuales croatas sin recurrir a las medidas de represión brutal. La época stalinista de 1945 a 1948 abunda en ejemplos del exterminio más vulgar, tanto de instituciones culturales como de individuos no comunistas.

Junto con el aluvión de los "vencedores" guerrilleros comunistas, regresaron de los bosques aquellos rarísimos "trabajadores culturales" y "artísticas populares", que se habían unido a las huestes de Tito. Ocuparon a su regreso los puestos directivos en la vida cultural. La prestigiosa publicación literaria croata Hrvatska Revija (Nº 4, 1955, Buenos Aires) detalla en su edición jubilar varias decenas de hombres de letras, artes y ciencias de Croacia que tuvieron que pagar con su vida su anticomunismo. Una parte de los intelectuales simpatizantes esperaba entre bastidores, pero la mayor parte temblaba ante la prohibición de trabajar, la persecución y la muerte violenta. Citaremos a los más destacados: profesor Kerubin Segvic, escritor e historiador; Dr. Albert Haller, crítico literario: Dr. Mile Budak, conocido novelista; Dr. Ivo Guberina, historiador; Dr. Julio Makanec, profesor de filosofía; Gabriel Cvitan, joven poeta; Andrija Radoslav Bauerov-Glavas, joven crítico literario; Marijan Matijasevic, poeta; monseñor Dr. Janko Simrak, historiador y teólogo; Branko Klaric, poeta; Vinko Kos, poeta; Zlatko Milkovic, novelista; Milivoj Magdic, publicista; Daniel Uvanovic, periodista y científico; Tijas Mortigjija, publicista y profesor universitario; Vilim Peros, periodista; Vjekoslav Blaskov, sindicalista; Ilija Jakovljevic, escritor, y muchos otros, menos conocidos pero valiosos e indispensables para el quehacer cultural de la nación croata. Se calcula que en la sombría Tragedia de Bleiburg, cuando Tito con la ayuda británica se apoderó de cerca de 300.000 croatas, soldados desarmados y civiles, que huían ante los comunistas, perecieron de 5 a 8.000 intelectuales, lo que para una nación de unos 6 millones de habitantes constituye una tragedia de grandes dimensiones, irreparable por decenios.

En esos años adversos suben al primer plano de la "vida cultural" los que antes portaban ametralladoras; los que antes no pudieron sobresalir en una justa competencia, por carecer de talento y de calificaciones. Ahora se volvieron dictatoriales, en un terreno donde no cabe la dictadura. Cuán anormal era esa situación lo ilustra el hecho de que en aquel entonces tuvo que guardar silencio el mismo Krleza, el más destacado escritor marxista del Oriente comunista entero, en opinión de Elías Ehrenburg.

El año decisivo de 1948

Expulsada Yugoslavia del Kominform en 1948, cambia lentamente la situación en el ámbito cultural del país. El rompimiento con el Zdanovismo[2] activó a los escritores comunistas menos conocidos y no definidos políticamente. Previamente, destacados marxistas del grupo belgradense (Oto Bihalji-Merin, Oskar Davicho, Marko Ristic, Dusan Matic, Aleksandar Vuco, Milovan Djilas), que antes abrevaban sus escasas fuentes artísticas en los ismos modernistas franceses, tras pagar el tributo transitorio "al realismo socialista", abogaron abiertamente, en sus obras y polémicas, por una labor creadora más individual. Así, por ejemplo, el destacado escritor serbio Oskar Davicho[3] en su novela "Pesma" (La canción) intentó describir a un revolucionario como hombre de sangre y huesos. En el poema Covekov Covek ("El hombre del hombre") procuró Davicho -estimulado por los artículos de Djilas- exponer la tragedia del hombre dentro de un sistema totalitario. Por supuesto, el libro fue prohibido.

La situación en Zagreb era algo diferente. La vida cultural croata se vio grandemente afectada por la liquidación de los escritores y publicistas no marxistas, en tanto que sus oponentes marxistas -excepción hecha de Krleza- no salían de la mediocridad.

Cierta parte de los escritores de preguerra actuó después de la contienda sin compromiso político alguno. El máximo poeta croata, Tin Ujevic[4], a su tiempo atacado como "nacionalista" y "decadente", escribía periódicamente gracias al apoyo de los escritores jóvenes. Stanislav Simic, excelente crítico literario[5], tuvo que callar durante años. Ivan Raos[6], dramaturgo de rasgos originales, debió editar sus dramas en la llamada sociedad socialista, de su peculio, y ni se hablaba de ponerlos en escena.

La diferencia principal entre el clima literario que rige en Zagreb y en Belgrado es la desproporción de las posibilidades de protestar, o en términos concretos: la desproporción entre las semilibertades en el "oeste" y "este" yugoslavo. Sobre esa discriminación perjudicial para Croacia, occidentalista y católica, podríamos escribir libros, de modo que nos limitaremos a consignar algunos datos como ilustración de la fragilidad de un sistema casi libre, cuyos defectos se reflejan cabalmente en la impotencia de resolver los problemas heterogéneos del pasado.

Las críticas del pasado en condiciones de la nueva "libertad"

Tras la fatua glorificación de la inhumana lucha de los guerrilleros comunistas que para los mismos escritores fue atroz y humillante para "el hombre en el hombre", tras el vuelco de 1948, aparecieron apreciaciones más objetivas de la guerrilla comunista. Branko Copic[7], serbio de Bosnia, publicó en 1958 la novela Gluvi barut ("La pólvora sorda"), notada también en Europa occidental. Dicha novela impresiona como una pesadilla horripilante. Por primera vez ocurrió algo, que antes ni soñarse podía, se descorrió el velo seudo-heroico de la criminal guerrilla comunista que luchaba exclusivamente por tomar el poder.

Muchos se preguntaban cómo era posible publicar semejante novela en un país donde se controla con rigurosa censura toda edición nueva. Las razones serían estas: 1º) formalmente dicho libro presenta un aspecto positivo para los comunistas. Ellos no aborrecen atropellos y crímenes cometidos en "interés de la revolución". 2º) el final de la novela es una condena de los errores del "comisario sanguinario", contra quien se levanta un "comunista auténtico". 3º) Copic presenta esos crímenes como casos aislados, mientras que el "partido" quedó con manos limpias.

La novela de Copic, no obstante esas reservas poco convincentes, es un valioso documento, sin grandes valores artísticos, pero no sin valor moral, y puede tomarse como un signo de la crisis de la "nueva clase", adormecida en la lujuria y el goce.

Por cierto, este saldar de cuentas con el propio pasado surgió primero, en forma tímida, en las obras de los jóvenes escritores croatas, alentados por la novela Druga obala (Otra orilla), de Novak Simik. La característica de esta novela es la actitud más humana para con los ex adversarios nacionalistas que en la última conflagración mundial combatían al lado de los alemanes contra los comunistas. Se descubrió de golpe y porrazo que ellos también son seres humanos.

El joven escritor croata Slobodan Novak[8], que se distinguió por su largo cuento Izgubljeni zavicaj (La patria perdida), sobresale en el plano artístico y por su angustia de la búsqueda moral del culpable y la culpa. Él considera que los crímenes de los guerrilleros comunistas no eran algo bueno sino que no debieron haber ocurrido. Es un paso adelante frente a la posición de Branko Copic. Su narración "Izgubljeni zavicaj" simboliza el absurdo de la guerra y la persecución de la victoria sin consideración de los sacrificios humanos. Los crímenes no pueden justificarse, sostienen Slobodan Novak, ni por la victoria de la "revolución", ya que ¿qué significa esta victoria ante la muerte de un hombre justo? Toda la creación literaria de Novak está impregnada de pesimismo bajo el peso de tales conclusiones morales, lo que hasta hoy se consideraba como atributo de los escritores "burgueses".

A primera vista se nota la diferencia entre las obras literarias de Belgrado y de Zagreb de esta tendencia diría moralista, pues los escritores de Belgrado pueden ser mucho más libres y abiertos, y los de Zagreb actúan con más pretensiones artísticas, pero deben proceder siempre con cuidado y cautela.

A título de ejemplo sirva la novela del escritor montenegrino Mladen Oljaca, Molitva za moju bracu (Oración por mis hermanos). Oljaca fue el primero en decir con valentía: "No me gusta el escritor que no habla audazmente hasta la locura. Un escritor socialista no debe pensar siempre como el Politburo". El tema de la novela de Oljaca gira en torno del destino de un joven, engañado por la propaganda comunista, que lo lleva al sometimiento total al Partido Comunista. Él y sus compañeros, antes de experimentar las consecuencias fatales del paso dado, soñaban en el establecimiento del "paraíso terrenal" después de la guerra. Desfigurados por las atrocidades de la guerra, algunos nunca encontraron sosiego. Se requirió de esta generación, en el supuesto interés de los "ideales supremos", la comisión de atropellos y barbarie. Los aceptaron, pese a que en su fuero interno se rebelaban. El término de la guerra no trajo paz a esta gente. La parte de la conciencia, incontaminada por los horrores de la guerra, se rebelaba de día y de noche, causaba desasosiego, trastornaba el sueño, amargaba los momentos más felices del olvido. Por primera vez en la literatura serbia se describe la tragedia de los ex guerrilleros que no saben ni pueden ubicarse en la llamada nueva sociedad socialista y, rechazados por ésta, mueren bajo el peso del remordimiento.

Hay en este saldar de cuentas con el pasado hasta rasgos masoquistas. Milivoje Perovic, escritor de menor nombradía, describió, cual un experto en psicopatología, los espasmos espirituales de un ex guerrillero que teme el pasado y no puede hallar sosiego en el presente. Aunque en su novela Planina Vlaina (La montaña Vlaina) no alcanzó el mediano valor artístico de un Copic, nadie mejor que Perovic narró esa ausencia peculiar de la vida real, tan propia de los esquizofrénicos. Perovic al final no suministra "una receta salvadora"; su pesimismo es más hondo que el de Slobodan Novak.

Los problemas nacionales y la literatura

Sería demasiado complicado y nos desviaría del tema abordado si tratáramos en extensión los contrastes nacionales dentro de la "segunda" Yugoslavia, problema éste que no deja de afectar a la literatura. Los problemas políticos, como parte de la vida, interesan también a los literatos no marxistas en Yugoslavia. Se hacen presentes particularmente cuando están en el tapete los proverbiales conflictos entre los serbios y los croatas, que tampoco los comunistas lograron neutralizar. Veamos cómo esas inquietudes se reflejan en la literatura.

Mientras sobre los escritores extranjeros, "reaccionarios" en lo político, pero con valores artísticos, ser escribe con un doble criterio valorativo (los puntos de vista políticos de F. M. Dostoievski, Knut, Hamsun, Ezra Pound), los escritores croatas "derechistas" se ignoran sencillamente o se los subestima. Y allí donde habría que registrarlos, están ausentes como si no hubiesen existido. Se impone aquí la comparación con semejantes procederes del nacionalsocialismo que publicó las poesías de Heinrich Heine sin indicar al autor, debido a su origen judío.

La "república literaria" de Belgrado tiene mucha más libertad en ese sentido. Los serbio desde hace tiempo rehabilitaron artística y también humanamente a sus escritores "reaccionarios". Cuando se trataba de los escritores exilados que con su actividad contra el régimen imperante se inscribieron en la "lista negra", como por ejemplo dos escritores serbios de nota, Milos Crnjanski y Rastko Petrovic, siempre se encontró una salida para incluirlos en las letras serbias.

Sobre el mejor novelista croata, Mile Budak, que, por cierto, desempeñó un papel de político nacionalista, cayó el telón del silencio total. (Hasta el crítico literario Hans E. Braun califica a Budak "como un escritor de auténtico talento en su país", en el semanario socialista austríaco Heute, 25/XI/1961). Todas las creaciones literarias de los exilados políticos, entre los que se destacan el refinado poeta lírico Viktor Vida[9] y el novelista y poeta Anton Bonifacic[10], inspirado en la cultura francesa, son totalmente ignoradas, si bien sus obras no van en zaga de las mejores realizaciones literarias en el país.

Son de importancia particular casos periódicos de conflictos nacionales entre los representantes culturales de Croacia y Serbia, exteriorizados en polémicas literarias y hasta en las intervenciones oficiales. Consignaremos unos cuantos casos característicos:

La revista de los jóvenes escritores croatas, ya extinguida, Krugovi (Los círculos), publicó en 1957 una encuesta sobre las secciones culturales de la prensa yugoslava, que era un nuevo pretexto para señalar todos los defectos de la vida cultural. En esa encuesta muchos dieron rienda suelta a su descontento con el diletantismo y la rígida politiquería de los "portavoces culturales". Josip Gostic, cantante célebre, contestó cuando le preguntaron qué pensaba sobre la vida cultural en Yugoslavia: "... demasiada politiquería, demasiadas cosas sin relación alguna con la cultura". El veterano compositor croata Jakov Gotovac pidió "... mucha más libertad para todos". Otros se expresaron en términos parecidos o más enérgicos todavía. Borba, órgano del Partido Comunista, se puso desesperadamente furioso. No tanto por las respuestas, cuanto por ciertas notas marginales de la aludida revista, donde se imputaba a los responsables disidencia en la conmemoración de los aniversarios de carácter cultural del pasado croata, mientras las efemérides de los demás pueblos sureslavos, se celebraron con toda pompa en la misma Croacia.

El artículo de Borba sobre la desviación de Krugovi hacia las "aguas chovinistas" obligó a los redactores de esta última a publicar en el número 2-3 de 1957 una autoconfesión de arrepentimiento bajo el título "Examen de conciencia". A los círculos gobernantes no les bastaba eso: revista Krugovi tuvo que cambiar de redacción, pero perdió en interés y actualidad y el grupo de escritores que se reunía en torno a esa revista se dispersó poco a poco y al cabo de pocos años la revista dejó de salir.

El pequeño pueblo esloveno, en el orden cultural el más próximo al Occidente, enfrenta también dificultades con el centralismo de Belgrado, al punto que los comunistas eslovenos se irguieron en las páginas de la revista Nase Sodobnosti contra las demandas "niveladoras" del escritor serbio Dobrisa Cosic.

Un suceso medio cómico, medio serio, ocurrió el año pasado en Belgrado con motivo de la inauguración de la exposición de un pintor "modernista" serbio. No sólo por los motivos de sus cuadros -glorificación pomposa de la historia serbia- sino por su programa, publicado en el catálogo, en el cual exigía que todos los pueblos sureslavos, como etapa inicial de la lucha contra "las influencias de la cultura de Europa occidental", adoptaran obligatoriamente los caracteres cirílicos en vez de latinos en uso en Croacia y Eslovenia, señaló ese pintor nuevos síntomas de la despertada intolerancia nacional en esta caldera étnica abigarrada que es Yugoslavia, aunque muchos en su ingenuidad pensaron que tales conflictos pertenecían ya al pasado, lo que la propaganda de Tito difundió con cierto éxito en el Occidente, como interiorizado en esos problemas.

No obstante, no cabe exagerar en cuanto a esas manifestaciones. Ellas, desde luego, no pueden revelarse en toda su virulencia, por cuanto los "centinelas comunistas de la conciencia" velan atentamente para que no se produzcan fisuras de descontento en un edificio sin fundamentos sólidos.

La hostilidad de los libros

Los libros en Yugoslavia son un artículo de lujo hoy. Los caricaturistas del órgano del Partido Comunista Borba pintaron al amante del libro (¡dueño de una biblioteca de sólo veinte tomos!) como posible estafador del "dinero nacional". Únicamente los ricos pueden comprar actualmente libros en Yugoslavia, es decir los integrantes de la casta gobernante. Sesenta casas editoras de mayor y menor envergadura publican libros y revistas en Yugoslavia en forma inconexa y confusa, sin plan ni programa, con "criterios capitalistas". Lo que es muy interesante es que las mismas autoridades estatales tuvieron que intervenir a través de la Asamblea (parlamento) a efectos de coordinar la actividad editorial.

Para poder sanear su situación financiera, muchas casas editoriales empezaron a publicar la literatura "amarilla" y sensacionalista. Ni siquiera eso las salva. Se calcula que en los distintos depósitos en Yugoslavia hay libros de valor superior de ocho mil millones de dinares, equivalentes a unos 10 millones de dólares.

Eso perjudica sobremanera a las revistas y publicaciones periódicas. Hubo años en que en Zagreb -donde antes de la guerra incluso los estudiantes secundarios tenían sus revistas- salía sólo una revista literaria. Luego ese número aumentó, tratándose de un progreso cuantitativo y no cualitativo.

"Las revistas son motores de la literatura", dijo Stanislav Simic, destacado crítico literario croata. Dicho papel no pudieron desempeñarlo las revistas croatas de la posguerra. El publicista literario Ivo Hergesic expresó la impotencia y la impopularidad de las revistas de Zagreb en estos términos: "Es un problema doloroso. En la referida época (piensa en la época de las dos guerras mundiales, N. del autor), hubo revistas literarias, y puede decirse que eran demasiado abundantes y demasiado pocas. Hoy relativamente son muchas, pero no creo que cumplan con su papel. ¿Por qué? Por salir irregularmente, por no seguir sistemáticamente nuestro quehacer cultural-político, por carecer de una fisonomía definida, es decir de una posición firme y de continuidad. Por último nuestras revistas dependen demasiado de dotaciones periódicas, y muy poco se orientan hacia el público lector, que debería ser su apoyo principal" (Narodni List, 3/VII/1958).

Cierto tiempo eran excepción las revistas de los escritores jóvenes Krugovi y Medjutim. Krugovi era en efecto algo occidentalista dentro del estancamiento y el conformismo de la vida cultural de Yugoslavia. Esa revista fue fundada por iniciativa de varios grupos de jóvenes escritores croatas, tanto marxistas como antimarxistas, tras el repliegue de la mafia anémica "cultural" escudada en la ideología oficialista, que también no murió, pero intelectualmente está enterrada. Krugovi fue por cierto tiempo un genuino producto literario en un ambiente que no aguantaba esa genuinidad. Más tarde, por desviación "a las aguas chovinistas", fue privada de sus principales redactores y, por fin, como apuntamos, dejó de salir. Idéntica suerte le cupo a la revista de los escritores estudiantes Medjutim.

Pero, en las páginas de dichas publicaciones se formó la generación de posguerra de los escritores croatas, que en muchos aspectos revela el fracaso del rompimiento comunista con el pasado. En las obras de esos escritores surgieron los primeros gérmenes de la "nueva literatura", despojada de la influencia comunista. Aquí estriba el valor histórico de esos "motores literarios", prematuramente ahogados.

"La nueva literatura" y sus primeros intentos

Para poder valorizar la literatura croata de la posguerra debe tenerse en cuenta que existe un abismo entre los "viejos" y "los jóvenes" escritores, o sea que existen las diferencias causadas no sólo por los usuales contrastes generacionales, o por los cambios externos, sin en primer término por la nueva noción de los escritores jóvenes: que se cese una vez por todas con los errores pasados. Hartos del compromiso de índole política con los regímenes imperantes y con la certidumbre estética y la adoración tradicional de los influjos extranjeros, los jóvenes literarios se decidieron por un paso independiente. Su decisión se afirmó en la forma más adecuada cuando la dirección y la redacción de la revista zagrabiense Knjizevnik (El escritor) pasó a manos del grupo independiente de los escritores jóvenes. Ese grupo se declaró como un ente cerrado, compartiendo ciertos criterios en cuanto a la cultura y la literatura. En pos de la documentación, citaremos a continuación algunos párrafos salientes de su Declaración publicada en el Nº 29, de noviembre de 1961, de Knjizevnik.

"Somos partidarios de que nuestra literatura contemporánea mantenga la continuidad con la tradición y con los auténticos valores del pasado, y que al mismo tiempo se desarrolle al paso con las tendencias y realizaciones de la literatura contemporánea mundial. Para que seamos modernos de manera propia... Nos oponemos a quienes pegan idearios en nuestras letras como etiquetas, a quienes en la literatura, tras palabras grandilocuentes, tras pensamientos ajenos, tras monumentos y reliquias, esconden su incapacidad, la falta de ideas y de imaginación creadora..."

"Estamos contra la civilización tecnicista, contra la propagación nociva y en serie de la cultura masiva que exige un arte simplificado, 'asequible para todos', en lugar de buscar caminos de acercamiento gradual al arte contemporáneo..."

"Nos oponemos al falso modernismo que se traduce en construcciones artificiales y confusas, en experimentos formalistas, absurdos y tardíamente imitados, contra abstracciones irracionales y deshumanizadas".

"Al mismo tiempo nos oponemos a los héroes socio-realistas de cera, esquematizados, a los 'ingenieros de las almas humanas', somos contrarios a la literatura dirigida en general..."

"Abogamos por una rigurosa distinción entre la persona social y particular del escritor y su obra literaria. Queremos que se hable de la literatura en forma separada, que el valor de un escritor se aprecie de acuerdo a su obra y no a la posición que ocupa en la sociedad..."

"Decidir sobre la suerte de la literatura incumbe únicamente al juicio público, y no deseamos que se la juzgue en pasillos y detrás de puertas cerradas..."

Antun Soljan, redactor en jefe de la citada revista, se da cuenta de las dificultades que debe afrontar un escritor dentro de un sistema que exige la absoluta subordinación a sus propósitos:

"Toda literatura en la historia se debatía entre algún martillo y yunque, pero los martillos y los yunques de nuestro tiempo son fraguados de mejor acero y sus herreros son más potentes (por estar mejor organizados) que nunca. Se turnan en el manejo de ese instrumento, hierran y están herrados a su vez científicamente, pero los herreros ya no baten el hierro porque sí, sino 'en nombre' de algo y de alguien".

¿No se infiere de esas palabras indirectas y circunspectas el lamento por la presión ideológica en el arte, que en Yugoslavia es asaz "indirecta", pero siempre presente?

El colaborador de la revista en cuestión, Dusko Car, justifica el interés especial que muestran los escritores jóvenes por los llamados antihéroes de nuestro tiempo. Descontentos del ambiente en que deben vivir, estos "rebeldes" se distancian de la sociedad procurando así conservar su individualidad y protestar a la vez contra los experimentos con los hombres que los comunistas realizan desde hace 16 años en Yugoslavia. Dusko Car dice:

"Saciados en cierto momento de la infructuosa búsqueda de héroes inexistentes sobre los que en el período de la literatura dirigida se teorizó tanto, inundados por la atmósfera de las nuevas búsquedas, los autores de esa prosa iban en busca de un camino más individual para hallar héroes y antihéroes de nuestra realidad actual. No alardean su 'rectitud', no quieren ser forasteros dentro de su literatura, dentro de la sociedad que describen... De los rebeldes piensan con las ideas de los rebeldes, se expresan con su lenguaje, viven la vida de los rebeldes cansados y por eso su condena o, mejor dicho, su apreciación de la situación, impresiona de manera más directa y convincente: no presumen dar una interpretación infalible, una moraleja o enseñanza, sino que sus escritos son vividos como una derrota y una tragedia personales".

Esa identificación con los protagonistas ("antihéroes") de sus novelas y cuentos ilustra cabalmente la relación de los escritores jóvenes con la ideología vigente.

Es menester decir algo acerca de los redactores de dicha revista realmente valiente. Antun Soljan, redactor en jefe, aun antes de que aparecieran los "jóvenes", fue uno de los escritores croatas más productivos y originales. Los personajes de sus trabajos en prosa son individuos aislados en un medio que no los comprende. Soljan ubicó al hombre fuera del "tiempo concreto", llegando así a franca contradicción con los principios marxistas relativos a la influencia decisiva de los factores externos a la formación del hombre. Soljan conoce a fondo la literatura anglosajona y en cooperación con su amigo Slamnig hizo excelentes traducciones. Vlado Gotovac, agudo polemista, es el enfant terrible de la literatura croata; poeta y crítico, sobresale en lúcidas formulaciones e juicios literarios, pero a veces le seducen temas ingeniosos y narcisistas. Slobodan Novak fue el primero entre los escritores jóvenes en afirmarse por su madurez expresiva. Es uno de los que buscan la justificación de los crímenes cometidos por los guerrilleros comunistas. Iván Kusan, destacado escritor de temas infantiles, se afirmó con la novela Razapet izmedju (Escindido entre). Tiene éxito al describir el ambiente y estados psicológicos de los intelectuales aislados. Ivan Slamnig, el "doble de Soljan", es uno de los más caracterizados jóvenes escritores croatas. Irónico, desilusionado, ocupado de las futilezas de la vida, que en su conjunto reflejan toda una "filosofía de la vida" de la mayor parte de la generación de posguerra, está sumergido en los problemas "del hombre de asfalto". La poetisa Vesna Krmpotic trata de expresar en versos sublimados las refinadas vibraciones de sus emociones y meditaciones. Dos críticos: Dusko Car y Tomislav Ladan, aún poco conocidos, sobresalieron en sus actividades: Ladan, en el orden artístico; Car, en el orden político.

El resultado más duradero de la labor de jóvenes escritores es su hallazgo de "otra vida", independiente de todas las interpretaciones oficiales y esfuerzos de transformación. Bajo una tenue capa de circunstancias externas vibra una vida auténtica, cálida, humanamente compleja, "no oficial", con todos los rasgos de la "sociedad en época de transición" y hombres individuos en ella que no se ajustan a las reproducciones en serie de los propagandistas comunistas. Esa noción palpitante de la escisión de la vida encuentra su eco en todas las obras de escritores jóvenes.

En ese sentido es interesante la escena de demostraciones políticas en la novela Mirno Podneblje (La atmósfera tranquila) de Krsto Spoljar[11]. Mientras la masa agitada, encabezada por incendiarios comunistas, ataca la biblioteca y el consulado norteamericanos, dos protagonistas principales tratan de penetrar en el consulado con miras de robar. Todo el carnaval político de los demás demostrantes les interesa un comino. El desinterés total de los personajes de Spoljar en los externos acontecimientos oficiales del país en que viven, fue logrado con el truco ya conocido que consiste en insertar titulares y slogans de la propaganda oficial que interesan cual la nieve de antaño.

La novela Izdajice (Traidores) de Antun Soljan es una obra representativa sobre los "antihéroes" de la Yugoslavia comunista. En el prefacio de la novela, el autor trata de justificar ante un ingeniero imaginario, un frío y práctico constructor del llamado porvenir mejor, su interés por esos disidentes. Toda la novela respira una atención cálida, un amor por esos aislados en el ambiente carente de sentido por el respeto al individuo, que el nebuloso ingeniero -símbolo del "partido" y del poder- aparece no sólo vacío e inhumano sino irreal.

El interés de los escritores de la nueva generación difiere en muchos aspectos de los escritores más viejos. Por primera vez en la literatura croata son enfocados la ciudad y sus habitantes; relaciones entre hombres y mujeres, especialmente el sexo, atraen gran atención; el afán de vivir una vida individual constituye el impulso principal de sus novelas; la subestimación de las normas de vida tradicionales, anticuadas, caracteriza el comportamiento de los actores; repulsa ante los gestos grandilocuentes y el falso patetismo, una actitud cínica ante las emociones exageradas y el aguante frío, casi resignado, de la vida exterior marca su trayectoria.

En lo formal, la nueva literatura recurre a las novedades de los escritores occidentales. Mientras antes las letras germanas influyeron en el estilo y el gusto de los escritores, actualmente lo hacen primordialmente la literatura norteamericana y en parte la francesa. Se cultiva particularmente el cuento corto y la poesía. Ya no se escriben novelas extensas. La poesía lírica florece como nunca.

Pero veamos qué le pasó a la revista Knjizevnik. Se alentaba la esperanza de que de ese mosto saldría buen vino en caso de que las "fuerzas mayores" (léase: el Partido Comunista) no lo impidan. Muy pronto se produjeron los primeros contraataques oficiales. Vjekoslav Kaleb, escritor que sigue "la línea" y funcionario de la Federación de escritores, "anatemizó" a la redacción de la revista Knjizevnik. Tras el segundo número, muy cualitativo por su contenido, pero más moderado en el orden polémico, los comunistas yugoslavos silenciaron esta publicación recurriendo a los métodos pérfidos muy suyos: le suspendieron las subvenciones imprescindibles, sin las cuales ninguna revista puede mantenerse en Yugoslavia. Los iniciadores y redactores de la revista fueron molestados, y algunos expulsados del empleo público. La esperanza en una revista literaria independiente fue truncada en germen.

El mayor acercamiento de Tito con el bloque soviético y el sincronizado ataque a los intelectuales y creadores plásticos y literarios preanuncian un nuevo curso zdanovista. Tito, como a su tiempo Hitler, interfiere pública e insolentemente no sólo en los aspectos ideológicos de la creación artística, sino también en las cuestiones formales y estructurales. Y como el presuntuoso pintor de Braunau[12] atacaba primitivamente la primitivamente la pintura no figurativa, observando con cinismo que los "pintores abstractos" adolecen de buena vista, asimismo el dictador yugoslavo se ensaña contra el arte abstracto que por su contenido y sentido escapa a su alcance y entendimiento.

Todo lo que se hizo hasta hoy en el terreno artístico en Yugoslavia, se debe a ciertas semilibertades, que se dieron cuando el "partido" se empeñaba, tras la ruptura con Moscú, en afianzar sus posiciones entre los intelectuales. Hoy, las diferencias entre el comunismo moscovita y el belgradense son mínimas. Los comunistas yugoslavos retornan al calor del comunismo soviético. Eso lleva aparejadas sus repercusiones en artes y ciencias. La cuestión es si la rueda del progreso podrá volverse atrás in mayor estrépito y sin la rotura del eje.

 

 



[1] Miroslav Krleza, nacido en 1893, escritor dramático, novelista, poeta, ensayista y crítico de arte, de orientación marxista, acerbo crítico de la sociedad y de los fenómenos literarios. Actualmente director de la "Enciclopedia Yugoslava" y presidente de la Academia de Artes y Ciencias de Zagreb.

[2] Zdanovismo, la visión comunista de la vida y del mundo, denominada según Zdanov, colaborador de Stalin en el ámbito cultural.

[3] Oskar Davicho, comunista, novelista y poeta serbio. Sostienen tendencias modernistas en la literatura serbia.

[4] Tin Ujevic, máximo poeta croata, hermético y enjundioso pensador. Discípulo de los grandes poetas franceses del fin del siglo pasado, más tarde se independizó alcanzando indiscutible grandeza original. Después de la guerra fue encarcelado cierto tiempo por los comunistas.

[5] Stanislav Simic, crítico y poeta croata. Influido por la literatura alemana (Karl Kraus) escribió críticas y sátiras acerbas contra los vicios y defectos sociales.

[6] Ivan Raos, dramaturgo y cuentista. En sus dramas trata de problemas morales y se distingue por su estilo lapidario y el sentido para los enfoques escénicos.

[7] Branko Copic, escritor comunista serbio. Aunque fiel al "partido", se enfrentó con las depravaciones y con los jerarcas de Belgrado de la "nueva clase". Ver "Studia Croatica", Año IV, Nº 1-4, pp. 39 y 200-209.

[8] Slobodan Novak, ex guerrillero, luego templó sus armas en la literatura. Observa una actitud crítica ante el pasado de los guerrilleros de Tito.

[9] Viktor Vida, poeta lírico croata, muerto trágicamente en el exilio, en Buenos Aires, en 1961. Pese a la distancia de sus fuentes lingüísticas, escribió poesías de valor antológico.

[10] Ante Bonifacic, poeta, novelista y ensayista croata, influido por Valéry. Exiliado desde 1945. Escribió novelas que fragmentariamente constituyen el apogeo de la prosa croata en la emigración.

[11] Krsto Spoljar, escritor croata, aborda los problemas del hombre de la ciudad.

[12] Lugar de nacimiento de Adolf Hitler.