CRONICAS Y COMENTARIOS
|
|
A principio de octubre de 1960, el gobierno comunista yugoeslavo, por intermedio de su agencia noticiosa, informó que se establecieron contactos con el episcopado católico con la mira de normalizar relaciones entre la Iglesia y el Estado, por primera vez desde la ruptura de relaciones diplomáticas con el Vaticano, producida en 1953. Los obispos reunidos en conferencia anual a fines de septiembre en Zagreb, capital de Croacia, a raíz de la sugerencia del gobierno, puntualizaron sus exigencias en una memoria entregada al gobierno de Belgrado. El gobierno, a su vez, extendió al arzobispo católico de Belgrado un documento definiendo su postura con respecto a dicha memoria. Ambos documentos fueron llevados al Vaticano los primeros días de noviembre. A1 mismo tiempo viajaron a Roma varios obispos de Croacia. Esas noticias hallaron gran difusión en la prensa occidental, reflejando más bien los comentarios tendenciosos de los voceros del gobierno de Belgrado, ya que todavía no se habían publicado los documentos respectivos y los círculos eclesiásticos se mantuvieron muy reservados. Debido a la importancia que reviste este problema y dada la confusión reinante, provocada deliberadamente por los comunistas yugoeslavos, se impone una reseña sucinta de lo ocurrido, fundada en los datos publicados, los antecedentes y las informaciones reservadas y fidedignas. Además, disponemos dei texto íntegro del memorial de los obispos, que reproducimos textualmente en versión castellana como primicia (págs. 8l-6) . El problema implica un carácter principista por tratarse de las negociaciones de la Iglesia: 1) , con un gobierno comunista, y 2) , con un Estado en que predominan ortodoxos y que desde su formación, en 1918, trata a los millones de católicos como ciudadanos de segundo orden.
La primera noticia sobre las negociaciones la dio, el 7 de octubre del año pasado, la agencia noticiosa yugoeslava Tanjug, cuando anunció que el arzobispo de Belgrado, monseñor Ujcic, había visitado al comisario para las cuestiones religiosas, señor Radosavljevic. "El arzobispo Dr. Ujcic -decía la noticia- explicó la memoria que, adoptada unánimemente por todos los obispos en conferencia obispal plenaria, celebrada en Zagreb del 20 al 23 de septiembre y en los últimos días elevada al Consejo Ejecutivo Federal (gobierno yugoeslavo. N. de la R.) . En dicha memoria se pone de relieve el deseo del Episcopado de contribuir a la normalización de relaciones entre la Iglesia y el Estado, y en ese sentido se formulan ciertas sugerencias y proposiciones. El Episcopado considera que la Constitución y la ley relativa a la posición jurídica de las comunidades religiosas sirven de base sobre la cual pueden desarrollarse las relaciones entre la Iglesia y el Estado, de acuerdo con el principio de la libertad de conciencia y del credo religioso. Radosavljevic, durante la entrevista con el arzobispo Ujcic, ponderó como positivo ese esfuerzo del Episcopado católico y declaró que su memoria sería considerada atentamente por el Consejo Ejecutivo Federal." Ese comunicado motivó interpretaciones unilaterales y tendenciosas que presentan el problema de tal modo que la Iglesia aparece como falta de buena voluntad. Durante los últimos 15 años, caracterizados por la constante persecución de la Iglesia Católica, el gobierno comunista sostenía que la Iglesia no deseaba la normalización de sus relaciones con el Estado por motivos manifiestamente políticos. Recién ahora, percatándose de que sus supuestas intrigas políticas resultaron infructuosas, quiere llegar a un entendimiento, lo que, de hecho, significaría la capitulación ante el régimen comunista y la resignación frente al Estado yugoeslavo, que favorece a la Servia ortodoxa. Esa maniobra propagandística encaja dentro de la política comunista, que nunca dejó de acusar a la Iglesia Católica como fuerza oscura y reaccionaria al servicio de los intereses antipopulares y de las potencias enemigas e imperialistas. Se formulaban cargos en ese sentido no sólo contra varios obispos, sino contra la Santa Sede. En idéntica argumentación se motivó la ruptura de relaciones con el Vaticano en 1953. El propósito de los dirigentes comunistas yugoeslavos es mostrarse ante servios y ortodoxos como defensores incondicionales de la unidad nacional de Yugoeslavia, un Estado heterogéneo desde el punto de vista religioso, cultural y nacional, en el cual las divisiones culturales, nacionales y políticas coinciden con las religiosas. Los servios ortodoxos, elemento dominador, si bien una minoría, son partidarios acérrimos de la comunidad yugoeslava, ya que en el Estado yugoeslavo ven a Servia ensanchada. Los croatas, por el contrario, mayormente católicos, al mismo tiempo se oponen al régimen totalitario comunista y procuran liberarse de la dominación servia y restablecer su propio Estado, que existió más de un milenio hasta 1918, cuando Croacia fue ilegalmente incorporada al Reino de los servios, croatas y eslovenos que, luego, en 1929, por decreto del rey dictador, fue denominado Reino yugoeslavo (eslavos del sur), y en 1945 por los comunistas República Federal Popular de Yugoeslavia. Tanto en la Yugoeslavia monárquica como en la comunista subsistía un desacuerdo fundamental entre los gobiernos respectivos - dominados por el elemento servio- y la opinión pública croata. Para los gobernantes era subversivo todo lo que vigorizaba la conciencia nacional croata, y para los croatas cobra carácter negativo todo lo que favorece la política de los gobiernos, que siempre fueron anticroatas y, además, anticatólicos y antidemocráticos.
|
| HOME| INDICE |
![]() |