ORIGEN, DESARROLLO Y SIGNIFICADO DE LA AUTOGESTION OBRERA EN YUGOESLAVIA
Tihomil Radja

En la historia se da a menudo el caso de que las verdaderas causas de conflicto entre individuos, grupos y pueblos enteros se disfracen con un ropaje ideológico. La lucha entre los príncipes eclesiásticos y seculares durante la Reforma es un ejemplo clásico del enmascaramiento de las verdaderas causas de discordias y antagonismos. En los tiempos que corren, topamos con muchos casos semejantes. Menudean, sobre todo, en la órbita comunista. Los conflictos "ideológicos" entre Moscú y Pekin no son sino lucha por el predominio entre dos imperialismos. En el conflicto Moscú-Belgrado se trataba, entre otras cosas, del predominio en los Balcanes, desde el momento en que Belgrado pretendió atraerse, en 1947, la Bulgaria de Dimitrov.

La prueba concluyente de que en ese tiempo no existían diferencias ideológicas entre Moscú y Belgrado nos la suministra el V Congreso del Partido Comunista Yugoeslavo, celebrado apenas un mes después de haberse publicado la famosa resolución del Cominform. Todas las declaraciones y resoluciones del Congreso reflejan lealtad a la práctica soviética y sus logros, y lamentan la "resolución injusta del Cominform", etc. Entre las masas partidarias, la escisión se produjo en torno a otra alternativa quedar fieles a Tito o a Stalin, - : es decir, sobre una cuestión puramente personal. Los comunistas yugoeslavos fueron, entonces como antes, los imitadores más radicales del sistema soviético. Apenas a fines de 1949, bajo la creciente presión soviética, los comunistas yugoeslavos empezaron a invocar la doctrina de Marx-Engels- Lenin, enfrentando su "protestantismo" a la interpretación ortodoxa de Stalin de los clásicos marxistas. Según estas nuevas interpretaciones, acecha a cada Estado socialista en su evolución al comunismo el peligro del capitalismo estatal. Para evitarlo, es imperioso llevar a la práctica las tesis de Engels sobre "la extinción del Estado" aplicar el lema de Marx "fábricas a los obreros" y realizar los postulados de Lenin contra la burocracia. Stalin -de acuerdo con esas interpretaciones- inauguró el capitalismo del Estado en la URSS, transformó el Estado en ídolo. Para evitar eso y todas las consecuencias ulteriores, era necesario emprender otro camino, siguiendo las enseñanzas auténticas de los clásicos marxistas. El conflicto cobró así carácter ideológico.

Por otro lado, era preciso deshacerse del modelo soviético por motivos puramente prácticos. Una aplicación estricta de los modelos económicos soviéticos, como asimismo los contrastes inherentes y los errores de una economía colectivista y centralista, llevaron la economía de Yugoeslavia al colapso. El presupuesto nacional no podía cubrir por más tiempo el despilfarro y las pérdidas espectaculares de la industria, mientras que la colectivización produjo una mengua catastrófica en la producción agrícola. En 1950 amenazaba el hambre, evitada a último momento con la ayuda norteamericana.

Según la doctrina marxista- leninista, la práctica es el mejor juez de la teoría, que en Yugoeslavia se reveló desastrosa. Por consiguiente, había que modificar la teoría a raíz de la práctica negativa, sin afectar los fundamentos del poder totalitario El problema planteado era en sí contradictorio. ¿Cómo reconciliar la descentralización de la economía y del poder con las prerrogativas totalitarias del Partido y el papel dominante del Estado - "el aparato de opresión"? ¿Cómo, además, democratizar un régimen colectivista-totalitario sin socavar al mismo tiempo el absolutismo de un partido único? Este problema dominaba en el VI Congreso del Partido celebrado en Zagreb en 1952. En torno al mismo problema se produjo, más tarde, nueva escisión en el Partido. Mientras que Milovan Djilas y otros concebían a los recién creados Consejos obreros como comienzo de un proceso general de liberalización y el abandono del absolutismo partidario, Tito, Rankovic y los demás consideraban a esos Consejos como "cinta transportadora" del Partido y del Estado, ajustada a las nuevas circunstancias. La censura y la condena subsiguiente de Djilas debían ser las pruebas concluyentes de que el Partido quería gobernar en forma totalitaria como hasta entonces, aunque en una atmósfera modificada de "descentralización", "autogestión social" y "extinción del Estado".

Según esa concepción, "la autogestión obrera" debió quedar y quedó bajo el rígido control del Partido, que le fija los límites e imprime su contenido. Así y todo, en el comienzo hubo vacilaciones en fijar los límites de la "coexistencia" entre el Partido y la autogestión obrera. El mismo Tito, en el VI Congreso, dijo al respecto "que el deber del Partido es educar ideológicamente y cuidar que la autogestión social se desarrolle de modo natural". Sin embargo, desde 1955 el Partido viene invadiendo cada vez más los Consejos obreros mediante la participación creciente de los comunistas en los órganos de la autogestión obrera. En ese período, el número de los comunistas en las empresas alcanzaba al 13 %, mientras que su participación en los órganos de la autogestión llegaba al 40 % (1) .

(1) J. Cazi, Los comunistas en la autogestión obrera, Komunist, 8/55.

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