JULIO CLOVIO CROATA, PROTECTOR DEL GRECO JOVENBranko Kadic |
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"Acaba de llegar a Roma un alumno de Ticiano, un joven candiota, el cual, a mi parecer, es del pequeñísimo número de aquellos que sobresalen en pintura; y entre otras cosas ha hecho un autorretrato que ha llenado de admiración a todos los pintores presentes en Roma. Yo desearía vivamente colocarlo bajo Vuestra Santa Ilustrísima y Reverendísima Protección, siendo solamente necesario ayudarlo a vivir, alojándolo hasta que logre salir de su penuria. También os ruego y suplico tengáis a bien escribir a vuestro mayordomo Co Ludovico, para que le haga dispensar en ese Palacio una de las habitaciones de arriba. Vuestra Excelencia hará así una buena obra, digna de ella y yo le quedaré muy agradecido. Besándole las manos con reverencia, soy de Vuestra Ilustrísima y Reverendísima Eminencia el muy humilde servidor. Don Julio Clovio." El llamado de Klovic en favor del joven cretense fue escuchado y Alejandro Farnesio lo alojó en uno de los "camerini" de su palacio, aún no terminado del todo. Por el inventario del mobiliario del Palacio Farnesio en Parma (hacia 1680) , se sabe que el cardenal había comprado cuatro telas del Greco, atribuidas por error a Klovic. Esta pinturas, son un retrato de "Giulio Clovio", "Muchacho soplando una brasa", "La curación del ciego" y "El retrato de una dama". (5) .
El retrato aludido de Julio Klovic, pintado en 1573 - que reproducimos en este número - se halla en el Museo Nacional de Nápoles y existe una copia en la Colección Curzon. Raimond Escholier se refiere, en la obra citada, a tela del joven Doménico Theotocopuli, en estos términos: "Aunque ejecutada en Roma, esta pintura, de colorido totalmente veneciano, concilia las influencias del Tintoretto y del Ticiano. Clovio tiene setenta y cinco años; cabellos más blancos que grises, frente con estrías rosadas, cejas castaño claro, párpados enrojecidos, ojos escleróticos, con blefaritis, lágrimeantes (luego la mayoría de los ojos pintados por el Greco tendrán lágrimas), y Vasari cuenta que Clovio sufría de una enfermedad de los ojos, debida al mismo tiempo a la edad y a la práctica de la miniatura; nariz fuerte, caída, sensual mirada gris un poco mordoré, lúcida, penetrante, labio delgado y rojo, barba gris, cuello blanco, jubón negro con cortas manguitas. "Del mismo modo que el cuerpo está comprimido - lo que es muy poco del Greco - las manos no están alargadas. Esas manos, largamente torturadas, se deben a una sabia ejecución; se observa en ellas el juego de las venas y la circulación de la sangre, sobre todo en la mano izquierda, que sostiene el libro iluminado, el "Officio della Vergine", la laboriosa obra a la cual Clovio consagró tantos años. La manera es aquí totalmente veneciana, sombreada, cortada y muy empastada en los claros."
Además, en el lienzo Purificación del Templo, que el Greco pintó en 1572 y que se conserva actualmente en el Instituto de Arte en Minneapolis EE.UU., figuran en primer término los retratos de cuatro pintores, sus padres espirituales: Klovic, Ticiano, Miguel Angel y Rafael (reproducidos en el presente número de Studia Croatica) . Es evidente que el Greco ha aprendido de Klovic, si no el retrato, el arte de la miniatura, del que nos ha dejado algunas obras tardías (6). Con respecto a ese tema, R. Escholier escribe: "En todo pintor de iconos hay miniaturista y si se piensa en los orígenes bizantinos de Theotocopuli no debemos admirarnos de encontrar en su obra tantas delicadas iluminaciones. La amistad que le testimonió Clovio no dejó sin embargo de influenciarle. En la efigie que trazó del "Macedonio", el paisaje irreal, tempestuoso, montañoso, rojizo y azulado, que se descubre a la derecha a través de una ventana totalmente convencional, presenta todas las cualidades y todos los defectos de una miniatura italiana de esa época. Mejor aún el tríptico de Módena hace pensar mucho más en Giulio Clovio que en el Greco. Es una serie de iluminaciones, de un color a menudo desconcertante, como el de tantas obras antiguas entregadas a los malos restauradores científicos de la Italia contemporánea." (7) Dado que la juventud del Greco es todavía un enigma y los datos sobre su origen y llegada a Italia son escasos, como asimismo las referencias sobre su estada en Roma, y dada la fama universal que en nuestro siglo adquirió su pintura, circuló durante los últimos cuatro decenios, en casi todas las biografías del autor del Entierro del Conde de Orgaz, una carta atribuida a Clovio considerada como valioso testimonio revelador del misterio del pintor toledano. En esa carta se habla de su carácter huraño, de su solitario humor, de su deseo de silencio, de su sed de meditación que le llevaba desde entonces a rodearse de tinieblas. Esa carta inexistente y que Klovic había dirigido a un amigo de Split, Croacia, escrita en "antiguo croata", rezaba: "Ayer visité al Greco para dar con él un paseo por la ciudad. El tiempo estaba muy hermoso, con un sol primaveral delicioso que alegraba a todo el mundo. La ciudad entera tenía aire de fiesta. Cuál no fue pues mi estupor al entrar en el taller del Greco y encontrar las cortinas de las ventanas tan completamente corridas que apenas se podía distinguir los objetos. El Greco estaba sentado en una silla sin trabajar ni dormir. No quiso salir conmigo rporque la luz del día turbaba su luz interior." Esa supuesta carta de Klovic debería encontrarse en los archivos de la Biblioteca Municipal de Split. Estamos en condiciones de aclarar la mistificación y el origen de la patraña, que luego circuló en muchos libros y revistas como documento auténtico: El manuscrito no figura en los archivos de la Biblioteca Municipal de Split, ni tampoco lo conocen sus bibliotecarios e historiadores del arte. La mistificación se originó del modo siguiente. En 1924, un estudiante de bellas artes en la Academia de Munich sorprendió la buena fe, tal vez para congraciarse, de su profesor Hugo Kohrer, conocido biógrafo del Greco, contándole que había descubierto en la biblioteca de Split el original del diario de Klovic, escrito en el antiguo croata y le ofreció la traducción del trozo relativo al encuentro de Klovic con el Greco. El buen profesor alemán, creyendo disponer de un nuevo y valioso documento sobre el misterio del Greco; se apresuró a publicar el texto ofrecido en la revista "Kunstchronik und Kunstmarkt", Nos. 47-48, de septiembre de 1925, no obstante las advertencias de Arturo Schneider, profesor de historia del arte en la Universidad de Zagreb, de que todo eso era muy sospechoso. Desde ese año circuló esa carta apócrifa en muchas biografías, historias del arte, monografías y ensayos sobre la vida del Greco. Atentos a la verdad histórica, hemos considerado que los datos referidos tienen interés para el lector de habla castellana. Sin embargo, dicha carta apócrifa ni quita ni añade nada a las relaciones amistosas que imperaban entre Julio Clovio; croata, y el extático pintor toledano, cuyo magnánime protector era. Buenos Aires
(5) Raimond Escholier, El Greco, Ed.
Schapire, Buenos Aires; 1938, pp. 30-31.
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