COLONIALISMO SOVIETICO Y YUGOSLAVO

La moción oficial que en la Asamblea General de las Naciones Unidas presentó el premier británico, pidiendo que se someta a discusión el colonialismo soviético, abre un nuevo capítulo en las relaciones internacionales. En tanto se van independizando los ex territorios coloniales de Inglaterra, Francia, Bélgica y Holanda, la Unión Soviética ha sometido y reducido al grado infracolonial a varias naciones europeas, antiguas y civilizadas.

Ahora es el momento para que el mundo libre retome la iniciativa en la guerra fría y ataque al imperio soviético en uno de sus puntos más débiles. La iniciativa de Macmillan es susceptible de darle dinamismo y nuevo sentido a la política exterior del bloque occidental. Ya es hora de hacer una clara distinción - ante la opinión mundial - entre el colonialismo de tipo occidental, que pese a muchos errores y excesos, propios de toda empresa humana, procedió en consonancia con las tradiciones occidentales, y el colonialismo de Rusia. (Por un lado, cabe distinguir entre la dependencia colonial de los países satélites de la Europa Central y Oriental y el clásico colonialismo ruso en Asia, y por otro lado, el colonialismo comunista.)

El destacado político croata y gran líder demócrata, Esteban Radic, tuvo que luchar contra el colonialismo de Servia, país balcánico atrasado. Egresado de la Haute Ecole de Sciences Politiques de París, escribió sobre los distintos aspectos de la ciencia política. Publicó en Zagreb (1904) una obra extensa sobre La Moderna colonización y los Eslavos, definiendo el colonialismo como la intervención y la gestión de los pueblos adelantados y civilizados en los países subdesarrollados con miras a prepararlos para su emancipación política y económica. Cuando la formuló Radic, hace cincuenta años, esa definición hubiera podido parecer demasiado optimista. Las experiencias recientes con las repúblicas africanas comprueban su acierto. Radic admitió también que el papel colonizador ruso en Asia fue constructivo. Mientras tanto, la esclavitud política y la explotación económica que la Unión Soviética impuso a varios pueblos más desarrollados que ella desde el punto de vista cultural, económico, administrativo y técnico, escapa a toda definición seria del sistema colonial. Esos pueblos europeos, satélites de la Unión Soviética, fueron degradados al status infracolonial. Su situación es tan precaria que no sólo tienen envidia a las naciones jóvenes, recientemente independizadas, sino a los pueblos coloniales, por cuanto éstos, si bien en dependencia política y económica, están administrados por los gobiernos que respetan los derechos fundamentales del hombre. Los pueblos coloniales todavía no liberados llevan dos grandes ventajas a las sometidas naciones europeas: se les presentan buenas perspectivas para conquistar, en un tiempo no lejano, su total emancipación nacional y desde ya pueden recurrir a los medios democráticos de lucha, negados rotundamente a las naciones europeas cautivas.

En tanto que el colonialismo soviético está expuesto a la presión moral y la crítica unánime del mundo libre, muchos no se percatan que actualmente existe en Europa otro colonialismo, si bien enano, no por eso menos cruel y opresor. Se trata de Yugoeslavia, conglomerado heterogéneo de naciones, donde la pequeña Servia balcánica, representando apenas la cuarta parte de la población total, sostiene una política de explotación colonial de los pueblos más ricos y más adelantados, en primer lugar Croacia y Eslovenia. No se trata de frases retóricas, sino de tristísima realidad. Desde la constitución del Estado yugoeslavo, toda la política económica estuvo orientada a explotar al máximo las regiones no servias. La moneda del Imperio austríaco fue sustituida por el dinar y canjeada 1:4, en detrimento de la población croata y eslovena. Durante muchos años esas regiones pagaron impuestos dos y hasta diez veces superiores a los que pagaba Servia. La economía croata fue destruida sistemáticamente. Los cargos administrativos y militares se reservaron casi exclusivamente a los servios. Consecuencia ineludible fue el descenso del nivel de vida y de cultura en Croacia y Eslovenia, dotadas de todos los recursos necesarios para una evolución progresista.

La Yugoeslavia comunista sigue la misma política de explotación económica, en escala todavía mayor, por cuanto no existe la empresa libre y toda la economía se halla bajo el riguroso control del Estado. Franc Jeza, economista esloveno y ex colaborador de los comunistas, publicó hace poco en Trieste un interesante libro provisto de datos y estadísticas sacados de las publicaciones comunistas, comprobando la total explotación de Eslovenia y Croacia a favor de Servia y Montenegro.

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