VIII - LA IMPORTANCIA ESTRATÉGICA DE LAS TIERRAS CROATAS

La característica más saliente de la política mundial en la actualidad es la lucha por el poder entre dos bloques. El uno capitaneado por los Estados Unidos y el otro por la Unión Soviética. Se suele considerar a los Estados Unidos como paladín de la democracia y la libertad, mientras la Unión Soviética encamaría todo lo contrario. Hay, además, opiniones intermedias. Tanto los Estados Unidos como la Rusia Soviética tendrían sus facetas imperialistas con pretensiones mundiales.

Recientemente, en este panorama general, le está correspondiendo un papel secundario a los países llamados del "tercer mundo". Los productores del petróleo complican la situación y aumentan la tensión ya de por sí muy elevada. Los dos colosos mencionados están dominando a todo el mundo en uno o en el otro aspecto con pretensiones de eliminarse recíprocamente.

Hasta ahora la lucha no ha degenerado en un conflicto bélico directo entre ellos. Si hay lógica alguna en la política, no degenerará tampoco en un futuro previsible. El equilibrio del terror nuclear hace improbable una guerra abierta. Pero, si bien este terror posterga la guerra como el instrumento de la política entre los dos grandes, no elimina las causas de la misma. Por eso se llevan a cabo las guerras revolucionarias y las guerras de guerrillas, las guerras locales. Para su preparación y como un indispensable concomitante de dichas luchas, se aplican las más variadas formas de propaganda, tratando de influir sobre los pueblos y sus dirigentes e imponerles sus propias concepciones filosóficas, políticas o económicas. Claro, siempre con vistas a perjudicar a su contrincante a nivel internacional.

El objetivo final de esta lucha es la incorporación dentro de su propia esfera de control y dominación de nuevas regiones, pueblos, países. De esta manera el equilibrio existente está expuesto a golpes sin cesar, convirtiéndolo en inestable y peligrosamente dinámico.

El aspecto negativo de estas luchas para Occidente es que se lleven a cabo sólo en medida muy reducida en las zonas bajo el poder comunista. En efecto, el verdadero campo de batalla lo constituyen las zonas y los países que todavía no están o no están por completo bajo la dominación izquierdista. Hacia ellos tiende la expansión del comunismo mundial.

Una de estas zonas de guerra es el sudeste de Europa, que en el transcurso de la historia fue objetivo varias veces de las luchas por la influencia y la dominación. Allí, en el pasado de Europa, se restablecía con frecuencia o se destruía el equilibrio del poder mundial. Justamente el territorio yugoslavo es la parte más caliente en este sentido. Tanto antes como ahora. En la actualidad, ese territorio podría convertirse, una vez más en la historia, en el objeto de las luchas por el poder y la supremacía mundiales. Sin embargo, creemos que esas luchas no alterarían el equilibrio nuclear directamente, pero sí el equilibrio político-estratégico y psicológico, aportando elementos de grave peso en favor de una u otra parte en el conflicto y facilitándoles la decisión final sin emplear armas nucleares. Teniendo presente esta realidad y las posibilidades mayores de dichas luchas, conviene llevar la atención de los interesados sobre la importancia geopolítica y estratégica del territorio de Yugoslavia, en que están, involuntariamente, incluidas también las tierras croatas.

Desde el punto de vista geográfico, ese territorio está dividido en dos zonas marcadamente separadas. La zona occidental forma parte indivisible del cuerpo geográfico europeo y pertenece a la Europa Central y, mediante el Adriático, al Mediterráneo central. La zona oriental es la parte del gran conjunto geográfico balcánico, constituyendo incluso su núcleo central. Esta zona en rigor no forma parte del cuerpo europeo. Se trata más bien de un apéndice de Europa y es como un puente entre ésta y Asia. Hay cierta similitud y paralelismo entre esta zona y la de la Península Ibérica. Esta última está separada de Europa por los Pirineos, pero unida con ella por la civilización europea común, lo que no es el caso de los pueblos balcánicos.

La línea divisoria entre dichas zonas nace en los Cárpatos, sigue el curso de los ríos Danubio, Sava y Drina —este último forma un cañón difícilmente transitable—, luego las cadenas de montañas igualmente intransitables, terminando en la frontera albanesa de Scutary.

La única región de contacto entre estos dos espacios es la región alrededor de Belgrado. Por esa estrecha puerta pasaron todas las invasiones procedentes de Oriente rumbo a Occidente y viceversa. En el resto de la línea divisoria la geografía ha hecho una separación casi perfecta.

Las características geográficas de las dos zonas se reflejaron durante toda la historia en la política, la economía, la estrategia y la cultura de sus pueblos, tanto del uno como del otro lado de la frontera.

 

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Croacia y su Destino, Studia Croatica – Instituto de Cultura Croata, Buenos Aires, © 1977, 2010