LA MÚSICA

La más antigua referencia escrita sobre la música croata se halla en una crónica del año 1177, donde se dice que el Papa Alejandro III, viajando por las provincias croatas, fue recibido en Zadar con cánticos y canciones en el idioma nacional. Es natural que estos cánticos fueran inspirados por el melos nacional con la característica del dueto, común a los pueblos eslavos, como también en el centro europeo lo son el checo, el eslovaco, el ucraniano y el polaco.

El más antiguo codice neumático croata se remonta al siglo XI y se conserva actualmente en la Biblioteca de la Universidad de Zagreb bajo el índice "Sakramentar MR 126" (MR indica Metropolitana Raria, es decir, las rarezas de la Biblioteca Metropolitana). Este es, al mismo tiempo, el más arcaico documento de la liturgia latina en la Croacia septentrional. Los numerosos códigos similares manuscritos de los siglos XII y XIV posteriores, permiten señalar las estrechas relaciones de Croacia con las creaciones culturales y musicales europeas.

El manojo más antiguo de canciones eclesiástico-litúrgicas manuscritas y conservadas datan del año 1320 y se hallan reunidas en un Cancionero escrito con los caracteres glagolíticos —primera escritura nacional croata— y que se usaba en el culto religioso.

Más concretos y valiosos testimonios nos dejó el poeta popular Petar Hektorović en su obra La Pesca y la Plática de los pescadores, de 1568, donde anotó algunas canciones populares y lo que es más importante, agregó también las notas musicales. Algunas de estas canciones todavía son cantadas en la isla de Hvar, en sus alrededores y en el litoral croata.

Debido a las circunstancias históricas desfavorables —las luchas seculares contra los turcos desde el siglo XV hasta el XIX— el pueblo croata sólo defendió su supervivencia, hecho que no pudo dejar de reflejarse sobre el melos popular, especialmente en Bosnia y Herzegovina, donde se impusieron canciones de carácter oriental conocidas como sevdalinke (canciones de amor).

Estas canciones, asimiladas por el pueblo croata que las fusionó con su melos popular, formaron un conjunto todavía más completo y más bello, en las que la población de dichas provincias expresa sus sentimientos más nobles y finos. De allí se difundieron por las otras provincias croatas. Un ejemplo similar lo encontramos en el caso de España, donde la influencia árabe todavía se refleja hoy en la creación musical española.

En Croacia, como en toda Europa, el factor más activo en la creación musical fue la Iglesia, las órdenes religiosas y sus monasterios. En diversos monasterios se escribían crónicas, dedicadas especialmente a los acontecimientos políticos de su tiempo, pero paralelamente se venían creando y anotando cánticos sacros y su música. Esta música en sus comienzos estaba bajo la influencia del coral gregoriano, caracterizado por sus intervalos, que siguen cantándose todavía especialmente en las ceremonias solemnes y en otros oficios religiosos. Pero desde entonces ya hay cancioneros donde se observa la influencia popular croata. Cabe señalar especialmente aquellas canciones del obispado de la isla Krk, Cres y Lošinj de los siglos XII y XIII, como también las de la diócesis de Senj, donde se usaba el ceremonial y la escritura glagolítica croata.

El más grande e importante cancionero de carácter eclesiástico de aquella época es "Cithara Octocorda", editado en 1701 y 1723 en Viena y en 1757 en Zagreb. Junto al texto latín figura el texto croata, lo que permite suponer que se cantaba también en este idioma. Entre estas canciones figuran también las que se cantaban en los siglos anteriores y una de ellas se canta incluso en la actualidad: "Vu to vreme godišća", "En aquella época del año".

Corresponde destacar que una canción del texto latín y del melos nacional croata ("Stal se jesem rano v jutro", "Me levanté hoy temprano") inspiró a J. Haydn al componer el anterior Himno nacional austríaco que se canta actualmente en Alemania Occidental. Es en general muy conocido que en sus sinfonías londinenses J. Haydn adoptó algunos motivos populares croatas qué escuchó siendo chico en su región natal —Burgenland, Austria—, donde muchos croatas huyendo ante la invasión turca, fundaron sus nuevos hogares. También en la Sinfonía Pastoral de Beethoven encontramos motivos populares croatas de dicha región.

Debido a las luchas seculares contra los turcos durante cuatro siglos, fue posible crear obras artísticas musicales en la Croacia meridional, especialmente en Dubrovnik. Allí es donde se creó la mayor cantidad y donde surgieron muchos artistas, especialmente en el siglo XVIII, algunos de los cuales alcanzaron reconocimiento mundial. Así, por ejemplo, Mane Jarnović, compositor y virtuoso del violín, se constituyó en la personalidad principal de la música croata en el siglo XVIII. El crítico e historiador croata de música, doctor Artur Schneider, dedicó a Jarnović un estudio titulado "Ivan Mane Jarnović", ateniéndose estrictamente a las fuentes históricas. En francés, el mismo autor publicó este estudio en "Annales de l'Institut français de Zagreb". Sobre Jarnović escribieron también algunos autores extranjeros, por ejemplo Either, Schering y Engel, reconociendo a Jarnović su nacionalidad croata. Así también el renombrado Lexicon Musical de H. Riemann (12a. edición, tomo I, 1959); F. Abbiati, "Storia della musica", Milano 1941 (Tomo III); A. Chybinski, "Slownik muzyków dawnej polski do roku 1800 (Krakow, 1949), y A. Della Corte y M. Gatti, "Dizionario de musica", 5a. edición, Torino, 1956.

La crítica mundial de música escribió en aquella época sobre Jarnović como uno "de los más brillantes y más perfectos violinistas que jamás hayamos oído". Palabras del "Mercure de France", de París, donde Jarnović estudió en 1773. Jarnović compuso una serie de obras de variada índole: sinfonías, conciertos para violín y orquesta como también cuartetos para violín, de las cuales una parte considerable se conserva hasta hoy. Uno de esos cuartetos fue ejecutado varias veces por "El Cuarteto de Zagreb" en Croacia y en el exterior, mientras la Filarmónica de Zagreb ejecutó una de sus suites para orquesta.

Entre los demás descuella Gavro Temparičić (Tamparica, Temparriciva) quien desde corta edad abandonó a su patria para continuar y perfeccionar su actividad musical en Viena como maestro de música en la corte del emperador Matías.

Cabe señalar que en Dubrovnik del siglo XVI había un ambiente apropiado para el canto monodíaco que más tarde encontramos en las primeras óperas de los compositores florentinos y del mismo Monteverdi. Al respecto nos dejó un testimonio el poeta de Dubrovnik Mavro Vetranić, que en un lamento dedicado al más grande comediógrafo croata del siglo XVI, Marin Držić, y al mismo tiempo organista de la catedral de Dubrovnik y virtuoso de varios instrumentos, enumera a todos éstos que eran los que poseían también las orquestas de Florencia. En consecuencia, Dubrovnik no andaba a la zaga de Italia ni de otros centros musicales en la Europa de aquella época.

El conocido compositor Luka Sorkočević es de la segunda mitad del siglo XVIII (1743-1789). Sus sinfonías son las primeras composiciones cortas que se conservan guardadas hoy en el archivo de los Franciscanos Menores de Dubrovnik, centro de nuestra música religiosa. Además, a lo largo de la costa de la Croacia meridional (Dalmacia), el más conocido músico fue el franciscano Ivan Lukačić de Šibenik (1584-1648). Lukačić compuso una serie de obras sacras de las cuales se conservó solo un cancionero de veintisiete motetes para varios conjuntos vocales —"Sacrae cantiones"—, signados por las características de la temprana música barroca italiana, lo que nos permite ver que el cambio musical al final del siglo XVI se reflejó también de inmediato en Croacia. El único ejemplar de esta obra lo encontró en la Biblioteca de Berlín el doctor Dragan Plamenac, conocido musicólogo croata, actualmente en Nueva York, miembro y ex-presidente del Instituto Musicológico de esta ciudad. Plamenac adoptó dichos motetes para su ejecución actual, lo que se hizo con gran éxito en 1935 en el Instituto Musical de Zagreb. Lukačić gozaba de renombre también en el exterior. Cinco de sus motetes están incluidos en la tercera parte del simposio "Promptuarium Musicum", publicado en Estrasburgo en 1627.

Se conoce además a Patricio de la Isla de Cres (un descendiente de la familia noble Petris o Petrić), cuyos madrigales son un reflejo de aquellos italianos y europeos en general; Julio Skjavetić, compositor de madrigales, publicados en Venecia en 1563, un ejemplar de los cuales se guardaba en la Biblioteca del Estado de Berlín antes de la Segunda Guerra Mundial. Es conocido también Tomás Cecchini de la isla de Hvar por sus "Amorosi concetti" y por una serie de obras instrumentales, consideradas como las composiciones más antiguas de la música instrumental croata en la Croacia meridional. En Split actuó Julio Bajamonti, un músico instruido y docto, organista y director del coro y de la orquesta de la catedral de dicha ciudad (1744-1800).

Lógicamente, como ya dijimos arriba, en la Croacia septentrional (la Croacia panónica y Eslavonia) no pudo darse una actividad musical tan intensa como en la Croacia meridional. Allí encontramos una serie de cancioneros de carácter sacro y anónimo, pero no sin valor en la historia de la antigua música croata. Todas estas obras anónimas descansan sobre el melos popular y sus motivos desempeñan más tarde, durante el renacimiento nacional, un papel primordial, especialmente en el siglo XX cuando aparecieron compositores que crearon música artística inspirada en motivos folklóricos. Así, recién al final del siglo XVIII y a principios del XIX también la Croacia septentrional, empieza a participar activamente en la producción musical y cultural. El centro de esta actividad es la ciudad de Zagreb, que se convirtió en la capital cultural y política de todos los croatas. En Zagreb, en el primer período (siglo XVIII) se ejecutaban solo obras de autores extranjeros, substituidas paulatinamente con fragmentos de compositores croatas, tanto óperas como conciertos de compositores vernáculos. La primera ópera extranjera ejecutada en Zagreb en el antiguo palacio del teatro fue "I filosofi imaginari", de Paisiello, en 1799. Pero ya en 1846 fue ejecutada la primera ópera croata de V. Lisinski.

Al final, pues, del siglo XVIII, se cultivó la música solo en los castillos de los nobles croatas que imitaron la vida de los señores feudales europeos. Sirva como ejemplo el obispo Adán Barón Patačić, quien residió en Gran Varadin (Veliki Varadin) y tenía cantantes y orquesta, entre cuyos directores estuvo Michael Haydn, hermano de Joseph, y luego también el compositor austríaco Karl von Dittersdorf, director de teatro y compositor de óperas.

Por desarrollarse todo esto lejos del pueblo croata y en los idiomas extranjeros, alemán e italiano, con desprecio por el idioma nacional, se produjo la reacción de los intelectuales croatas, de sus escritores y músicos que inauguraron el Renacimiento nacional ilirio que ya conocemos. Cuando en 1835 una ola de renacimiento abarcó a toda Croacia, este movimiento trasladó la actividad cultural de los castillos y los salones de los magnates feudales a las ciudades, teatros y salones de conciertos, donde la música y la literatura se convierten cada vez más en el bien de las masas populares.

Junto con Ljudevit Gaj, prócer en el campo literario y político, en el sector musical desarrolla el papel protagónico el terrateniente de Samobor Ferdinando Livadić, que allí reunía a los entusiastas músicos patriotas. Ellos componían canciones patrióticas con el fin de asegurar al idioma y al canto croatas la posición que les correspondía en la vida nacional. Ferdinando Livadić (1799-1878) compuso una serie de canciones y obras para piano como también la primera canción croata del despertar nacional, "Još Hrvatska nij propala", "Croacia no pereció todavía", con versos del doctor Gaj. Esta canción fue interpretada por primera vez en Zagreb en 1833. Lo hizo la condesa Sidonia Erdedi-Rubido, quien interpretó el principal papel también en la primera ópera croata "Ljubav i Zloba" ("Amor y Malicia") de Lisinski.

A los compositores más productivos de esa época iliria pertenece el franciscano Fortunato Pintarić con numerosas composiciones para piano de carácter sacro y profano; luego Josip Runjanin, compositor del himno nacional croata "Lijepa naša Domovino" con texto del poeta Antun Mihanović. También el mejor pintor de esa época —Vjekoslav Karas— se dedicaba asimismo a la música y nos ha dejado algunas obras de carácter vocal. Ivan Padovac se hizo conocer como guitarrista en sus actuaciones en Viena, Frankfurt, Praga y Londres. Se lo conocía como al "Paganini de la guitarra". Muchas de sus composiciones para este instrumento figuran en las ediciones del editor vienés Diabelli. Como artista reproductivo se destacó Franjo Krezna, un excelente violinista, que se presentaba con éxito en el exterior y formaba parte como maestro del concierto de la famosa orquesta de Bilse en Berlín, base de la que más tarde se llamaría Filarmónica de Berlín. Dejó una serie de composiciones orquestales.

Así, el traslado de la vida cultural y musical de los castillos de la nobleza feudal a los centros urbanos y el anhelo popular de elevar su cultura, dieron la base para el desarrollo de la música nacional. Ya al comienzo de este encuentro surgió el talento sobresaliente del primer compositor de una ópera nacional croata (Vatroslav Lisinski, 1819-1854). En 1840, en la lucha contra la germanización y la magiarización de la vida cultural croata, los croatas consiguieron asegurarse su propio teatro nacional con el drama de J. Kukuljević "Juran y Sofía", con lo que quedó abierto el camino también para la ópera nacional. En 1846 fue ejecutada la primera, "Ljubav i Zloba" ("Amor y Malicia") de V. Lisinski, acontecimiento transcendental en la vida cultural de Croacia. Esto sucedió veinte años antes de la inauguración de la ópera checa con la obra de Smetana: "La novia vendida". En ese mismo año Franz Liszt dio un concierto en Zagreb, lo que se consideró ya un gran éxito en la incipiente historia musical de la capital croata. La ópera de Lisinski es una exitosa síntesis de los elementos musicales populares nacionales con elementos importados del exterior.

Alentados por este éxito, Alberto Štriga, organizador de la ópera, y el poeta y director del teatro Demetrio Demetar, reunieron sus esfuerzos para promover cada vez más la obra inaugurada. Demeter escribió el texto para la nueva ópera de Lisinski "Porin", y Štriga, ya sea con sus propios medios como con aquellos del público, reunió la suma necesaria para enviar a Lisinski a Praga con el fin de continuar sus estudios musicales. Allí, en la capital checa, Lisinski compuso una serie de obras, y una de ellas, el idilio "Večer", tuvo considerable éxito en la misma ciudad. Lisinski no vio la ejecución de su nueva ópera "Porin" —una ópera al estilo de las grandes obras de aquella época— porque ello ocurrió recién en 1897. Bajo la batuta del director de orquesta Nicolás Faller, alumno de Massonet y de Bruckner, la ópera obtuvo un gran éxito. La obertura de "Porin" sigue todavía en los programas de los conciertos sinfónicos.

En 1870 empezó en Zagreb la ópera croata estable con la representación de la ópera "Mislav" del compositor Ivan Zajc (1831-1914), el compositor croata más productivo. Nacido en Rijeka, ya a la edad de 12 años compuso la ópera "María Teresa". Trasladado a Milán, escribió la ópera "La Tirolesa", premiada y ejecutada en el Conservatorio de dicha ciudad. Le fue ofrecida la dirección de la orquesta de la ópera "la Scala", pero declinó el puesto y volvió a su patria. A invitación de su amigo Suppe, compositor de operetas, se dirigió a Viena, donde se dedicó a este género con notable éxito, especialmente si tenemos en cuenta que Viena era la ciudad de las operetas y de los valses de Johann Strauss.

Después de la ejecución de la ópera "Momci na Brod", "Muchachos a bordo" en la capital croata, Zajc fue llamado allí para encargarse de la dirección de la ópera, que lo llevó a convertirse en el motor principal de la vida musical capitalina. En Zagreb se estrenaban las obras extranjeras más notables y seleccionadas; pero Zajc redoblaba sus esfuerzos por substituir en los conjuntos orquestales y de solistas a los elementos extranjeros por los croatas, lo que con los años se consiguió. En tal sentido, ya en el estreno de su ópera "Mislav", con que se inauguró la ópera estable de Croacia, se presentó el barítono croata Josip Kasman de renombre mundial. En 1894 fue organizado el elenco estable de ballet de la Opera. En la primera mitad de nuestro siglo se destacó especialmente Mija Čorak-Slavenska, que actuó más tarde en París y Nueva York, donde se radicó y todavía hoy actúa como directora de su escuela de ballet.

En 1895 el teatro nacional obtuvo su nuevo edificio, ubicado en la parte más bella de la ciudad, que los especialistas consideran como uno de los teatros más hermosos del mundo, tanto por su estilo arquitectónico como por su ubicación en la ciudad. En su larga actuación, el teatro croata se convirtió en el centro de la lucha no sólo por el arte sino también por los derechos nacionales en general, irradiando desde allí una firme y constante conciencia política y nacional croata contra las opresiones extranjeras. La libertad humana y nacional en la exteriorización artística fueron y son su vocación esencial y primordial. A principios de nuestro siglo, bajo la guía del director y escritor croata Sjepan Miletić, considerado como el creador del repertorio contemporáneo, tanto del drama como de la ópera, se sintió el gran impulso y avance de dicha máxima institución artística nacional.

Dentro de los esfuerzos y éxitos de Miletić cabe señalar algunos estrenos de óperas que se realizaron antes en Zagreb que en Viena. Ellas son: "Dalibor" de Smetana y "Eugenio Onegin" de Tchaikovsky. Los cuatro géneros artísticos: drama, ópera, ballet y opereta del teatro croata se convirtieron en una verdadera escuela de arte. Muchos de sus integrantes, especialmente de la ópera, actuaron y siguen actuando en los escenarios de los coliseos más renombrados de Europa y de América.

Así, por ejemplo, en la historia del Teatro Colón de Buenos Aires, publicada con motivo de cumplir sesenta años esta gran casa del arte de la República Argentina, figuran los siguientes artistas croatas: primera dama Zinka Kunc-Milanov, quien durante veinticinco años fue la primera dama del Metropolitan Opera House de Nueva York; luego el barítono Rothmueller, quien tiene actualmente su propia escuela de canto en Nueva York, ambos alumnos del Instituto Musical de Zagreb.

Más tarde, después de la publicación de dicho libro, actuaron como huéspedes en el Colón, los siguientes artistas croatas: Georgina Milinković, Sena Jurinac, miembro estable de la Opera de Viena; luego Marijana Radev, huésped de varios centros de ópera y de la Opera de Zagreb, donde murió en 1973, y Biserka Cvejić. Entre los dirigentes croatas se presentó Lovro Matačić, visitante permanente de la "Scala" de Milán y de varios teatros alemanes, especialmente de Salzburgo, como también su alumno Berislav Klobučar, huésped del actual Centro Lincoln (Ex Metropolitan Opera House).

En el Metropolitan actuaron los siguientes artistas croatas: la ya mencionada Zinka Kunc-Milanov que fue alumna de las artistas croatas Milka Trnina y María Kostrenčić, y quien por su actuación obtuvo el título de "The First Lady of Metropolitan". Zinka actuó también en la "Scala" de Milán, en el festival de Salzburg, junto con Bruno Walter, oportunidad en que cantó el "Requiem" de Verdi y la "Misa Solemnis" de Beethoven. Luego actuó en el mismo teatro el barítono Vladimir Ruždjak, actualmente en Hamburgo; Biserka Cvejić y Ruža Pospiš-Baldani.

Como testimonio del renombre extraordinario que los artistas croatas gozan en el mundo desde hace mucho tiempo, cabe destacar lo siguiente: con motivo de la solemne inauguración de la Metropolitan Opera House en 1883, en la segunda presentación fue huésped de esa casa el croata Josip Kasman, considerado en esa época "el rey de los barítonos" y precisamente en la ópera "Lucia de Lamermoore", de Donizzeti. Además, Kasman fue también el primer "Don Giovanni" de Mozart, el primer duque Luna de la opera "II Trovatore" de Verdi, el primer Hamlet en la ópera Thomas de la misma denominación, como también el primer Telramund en "Lohengrin" de Wagner. Antes de organizarse la ópera estable croata de Zagreb, Irma Murska de Pukšec actuó en esta ciudad como también en los teatros de Europa, América y Australia. Bernard Shaw la denominó "la pirotécnica vocal" y la crítica musical la llamó "Die Kroatische Nachtigal", "el ruiseñor croata".

Fue también la primera Senta en "El buque fantasma" de Wagner en el Covent Garden. Antes que Zinka Kunc se hizo célebre en Alemania, Inglaterra y América del Norte la soprano croata Milka Trnina, la primera Tosca en el Covent-Garden y en el Metropolitan. Al presentarse en Nueva York con "Tosca", dijo Puccini: "Hasta ahora ninguna Tosca pudo acercarse a Trnina". Las cantantes croatas Blaženka Krnić y Thea de Pešić actuaron con éxito en aquella época también en los teatros alemanes, y Matilda Mallinger fue la primera Eva en el estreno de la ópera de Wagner "Los maestros cantores", en 1868 en Munich.

Dentro del cuadro de la actividad del teatro de Zagreb, cabe mencionar también a la soprano de coloratura Maja Strozzi-Pecić, que más tarde se presentó en el exterior interpretando canciones de Stravinsky como también de compositores croatas. Actualmente actúan en el exterior: Tomislav Neralić, bajo, y miembro estable de la Opera del Estado de Berlín; Sena Jurinac, miembro de la Opera de Viena; Vladimir Ruždjak en Hamburgo y Ratko Delorko, tenor, en Düsseldorf.

En la primera mitad del siglo XX actuaron como huéspedes en el extranjero Marko Vusković, barítono; Pavao Marion-Vlahović, tenor; Tino Patiera, tenor; Rudolf Župan, barítono, y Dragutin Šoštarko que cantó papeles de barítono en el grupo que al terminar la Segunda Guerra Mundial se presentaba con Gigli en varias ciudades de Europa. Draga Martinis, soprano, actúa con mucho éxito en Viena.

Entre los directores de orquesta en el exterior se presentaron Lovro Matačić, primer director de orquesta croata en Bayreuth (1959) y luego en el Teatro Colón de Buenos Aires, y más tarde al frente de la Filarmónica de Zagreb (1974). Luego Krešimir Baranović, Milan Horvath, director de la radio-orquesta de Viena (1974-75) y Milan Bašić ex director de la Opera de Salzburgo.

La cooperación recíproca y el contacto permanente de los artistas croatas con los centros artísticos europeos y sus artistas, colectiva o individualmente, posibilitaron la presentación en el exterior de los artistas croatas como conjuntos: sus solistas, orquestas, personal técnico o de coro actuaron en Roma, Viena, Venecia, Florencia, etc. En estas giras, los artistas croatas estrenaron la ópera croata "Nikola Subić Zrinski", de Zajc, y "El Pícaro del otro mundo" del compositor Jakov Gotovac, actualmente el más destacado. Hace pocos años la ópera croata se presentó en Tokio y Osaka con éxito digno de mencionarse.

Por otro lado, los conjuntos teatrales que se presentaron en Zagreb incluyeron a la Opera de Dresden, la "Opera Comique" de París, la "Scala" de Milán y el "Teatro Reale" de Roma, con Gigli y M. Caniglia. De los directores de orquesta extranjeros actuaron en Zagreb (en óperas o conciertos) Furtwaengler, Knappertsbuch, Bruno Walter, Tulio Serafini, Karl Boehm y Richard Strauss; de los más encumbrados cantantes de ópera, Brigit Nilsson, Mario del Mónaco, Richard Tucker, L. Volpi, Leo Slezak, Fjodor Šaljapin y Victoria de los Ángeles, entre otros muchos.

En el campo de la música de Zagreb ya en 1839 se organizó el primer coro "Narodno ilirskog skladnoglasja društvo", siguiendo después, como una necesidad espontánea del pueblo, los coros "Kolo", "Sloboda", "Sloga", etc. Inspiradas por su capital también las provincias Eslavonia, Bosnia-Herzegovina, Dalmacia, etc., procedieron en el mismo sentido. En 1931 el profesor Mladen Pozaić fundó el excelente coro "Los Madrigalistas", de Zagreb, que ejecutó con gran éxito composiciones de música de cámara "a capella".

De la sociedad para el fomento de la música de cámara, fundada en 1890 surgió el primer cuarteto de Zagreb, que recién en 1919 se presenta como "Cuarteto de Zagreb", cambiando en el curso del tiempo sus componentes, pero siempre con una música de alto valor. En 1920 se fundó la Filarmónica de Zagreb que actúa hasta hoy, presentándose a menudo en el exterior con interpretaciones tanto de obras sinfónicas universales como de autores croatas (Jarnović, Gotovac, Širola, Baranović, etc.). En 1954, el conocido violoncelista italiano Antonio Janigro fundó el conjunto de cámara "Solistas de Zagreb", que alcanzó fama mundial. Entre los premios que recibió mencionamos algunos: la medalla Goolidge de Londres y el primer premio por los discos en Mar del Plata (Argentina). Janigro vivió más de diez años en Zagreb como profesor, se enamoró de la cultura musical de dicha ciudad, aprendió el croata y allí empezó a actuar como director de orquesta.

En cuanto a las escuelas musicales, Zagreb es también el centro de la cultura musical de Croacia. En la Academia Musical, fundada en 1827, y bajo el control de prestigiosos especialistas vienen educándose nuevas generaciones. Entre ellos vale mencionar al profesor de piano S. Stančić (alumno de F. Busoni), al violinista Vaclav Huml (alumno de Sevčik) y más tarde para el violoncelo a Antonio Janigro. En el campo vocal, María Kostrenčić, cuyas alumnas fueron Zinka Kunc y Sena Jurinac. Actualmente en Croacia hay unas veinte escuelas musicales, mientras que en 1948 se fundó en la Academia de Música de Zagreb el departamento para la crítica y publicidad musical.

Durante la actuación de Ivan Zajc, en las creaciones de los compositores croatas hubo una tendencia a inspirarse en las obras extranjeras, mientras que durante y después de la Primera Guerra Mundial se produce un rumbo nuevo, acentuándose la tendencia de la composición basada en el melos del propio pueblo. En este sentido el concierto sinfónico efectuado en Zagreb en 1916 marca el cambio. En esa oportunidad fueron ejecutadas obras de Baranović, Dugan, Stančić y Dobronić. Este último fue el más revolucionario por su concepción y sus giros en armonía. En una serie de sus obras de carácter vocal, instrumental y operístico, el melos popular constituye su línea fundamental. En dicha época actúa Blagoje Bersa, un maestro de instrumentación cuyas mejores obras son: las óperas "Oganj-Fuego" y "El Zapatero de Delfta", obras clásicas, y el poema sinfónico "Sunčana Polja" (Campos soleados), donde da una fiel visión del litoral de Croacia meridional. Mencionaremos también a Franjo Dugan, maestro de órgano y compositor de obras vocales e instrumentales, quien se destacó a la vez como un teórico musical; Fran Lotka, de origen checo, que vivió en Zagreb más de la mitad de su vida y escribió una serie de obras vocales, instrumentales y escénicas (ballet), como también algunas obras sinfónicas. Su trabajo más conocido es el ballet "Djavao u Selu", "El diablo de la Aldea", estrenado en Zürich, Munich y Winnipeg (Canadá). A esta generación pertenecen Ivan Matetić-Ronjgov, de Istria, quien esclareció la estructura de "las escalas istrianas" con que compuso su obra vocal más conocida: "Ćaće moj", "Padre mío".

Luego Krsto Odak, compositor de una ópera singular: "Dorica Pleše", "Dorica baila", hecha totalmente con elementos folklóricos de Medjumurdje, región de la Croacia septentrional, en los confines con Hungría. Božidar Širola, primer doctor croata en música de la Universidad de Viena, uno de los más fecundos compositores de Croacia. Su obra "Vida de los Santos Cirilo y Metodio" fue ejecutada por primera vez en Frankfort (Alemania) en 1927. En ella evoca tonalidades arcaicas de la pureza estilística de las antiguas composiciones sacras. Aquí hay que incluir también a Franjo Lučić, organista y compositor; Josip Hatze, Vjekoslav Rosenberg-Ružić, Ivan Parac y Krešimir Baranović, director de orquesta y compositor de una serie de ballets ("Licitarsko Srce", por ejemplo).

El más original con respecto al estilo y expresión musical actuales es Josip Stolcer-Slavenski. Estudió en Budapest con el profesor Kodaly y en Praga con V. Novak. Es un gran simpatizante de los esfuerzos de Bela Bartok en el sentido de estudiar el folklore musical.

En el festival de la música contemporánea efectuado en Donauschingen en 1924, el jurado eligió entre sus obras al cuarteto para cuerdas, que la crítica europea proclamó como la música más programática, y la famosa casa editora Schott's Soehne de Mainz editó una serie de sus obras para piano y de carácter vocal. Se lo puede considerar el mejor de los compositores polifónicos croatas por su ritmo y su impulso elemental. Su obra más conocida es la "Sinfonía de Oriente", donde dibuja musicalmente a todas las religiones del mundo ateniéndose estilísticamente a sus características. Rudolf Matz, pedagogo y organizador de la vida musical croata sobresalió especialmente en el campo del canto coral. Božidar Kunc, compositor de música instrumental y de cámara, es también un destacado pianista. Se presentó con sus composiciones y las de autores extranjeros tanto en Zagreb como en el exterior. Aportó muchísimo al éxito de su hermana Zinka, primera dama del Metropolitan. Sintetizando discretamente el espíritu popular con la estilización del impresionismo europeo, Kunc tiene un estilo y expresión especiales.

Entre los compositores de este siglo cabe mencionar en primer término a Jakov Gotovac (1895), nacido en Split, quien se dedicó tempranamente a la música. Estudió con el profesor Dobronić en Zagreb y luego en Viena, para dedicarse a la actividad musical práctica: coros, canciones y obras escénicas. Prefiere una expresión simple, sin lugares polifónicos, con la atención puesta en una línea de sentimientos melodiosos, mientras rítmicamente contrasta a menudo y su colorido es muy rico. Gotovac es el compositor croata más efectivo, cuya principal obra "El pícaro del otro mundo" pasó por todos los teatros de renombre europeos y del Asia. En el campo sinfónico se destaca como compositor de brillantes partituras como por ejemplo "Simfonijsko Kolo", "La Danza Sinfónica", que entusiasma tanto por la belleza de su lírica eslava como por la riqueza de su ritmo y la coloración tonal. Esta obra también figuraba en los programas de los conciertos europeos y asiáticos. Gotovac tiene muchas óperas y composiciones de carácter vocal e instrumental.

Boris Papandopulo (1906), hábil explotador de los elementos nacionales e internacionales característicos en la música, creó una serie de obras de notable éxito tanto vocal como sinfónica, ejecutadas también en el exterior. El mayor acierto lo obtuvo con su ópera "Sunčanica", ejecutada por primera vez en Zagreb en 1942.

Milo Cipra (1906) es el más conocido erudito de la música croata y compositor de muchas obras de cámara. Ivan Brkanović es un autor muy fértil de obras vocales y orquestales. Slavko Zlatić crea en especial composiciones orquestales y vocales, caracterizadas por el folklore de Istria. Ivo Lhotka-Kalinski (1913), autor de composiciones vocales y orquestales, tiene también un drama musical, "Matija Gubec". Stjepan Šulek (1914) es un violinista, pedagogo y compositor de grandes óperas y composiciones orquestales, conocido como el mejor experto en instrumentación. Cabe mencionar además a Natko Devčić, Ivo Kirigin, director del conjunto de danzas populares "Lado", Branimir Sakač, Nikola Hercigonja, Miroslav Spiller y Krešimir Fribec, como compositores de música vocal y orquestal. El último pasó al extremo de la música moderna.

Ivo Tijardović, compositor conocido por sus excelentes operetas "Mala Floramy" y "Splitski Akvarel", "Acuarela de Split", caracterizadas por el folklore mediterráneo y especialmente por aquel de Split.

Uno de los más talentosos compositores croatas contemporáneos es Mirko Keleman (1924), alumno de Šulek, quien con sus obras orquestales y escenográficas atrajo la atención de los editores y ejecutores extranjeros como por ejemplo de la casa editorial Schott, Peters y Universal. Es él quien inauguró y organizó el "Bienal Musical de Zagreb", oportunidad en que año tras año se ejecutan las obras más caracterizadas de la música contemporánea, tanto extranjera como croata, con lo que se ofrece al público y a los autores un contacto y conocimiento recíprocos a favor de la cultura musical y se da testimonio del alto nivel de la vida musical de la metrópoli croata. Ivan Malec reside actualmente en París, es partícipe de la música supermoderna y difusor de la música concreta en Croacia.

De cuanta estima es acreedora la música croata en él extranjero, lo ilustran los festivales que se organizan anualmente en las ciudades de Dubrovnik y Split. Entre el numeroso y constante público se halla también como huésped permanente el compositor inglés contemporáneo Benjamin Britten, mientras el renombrado director de orquesta Herbert von Karajan frecuenta asiduamente los festivales de Dubrovnik. Impresionado por una de estas visitas a Dubrovnik, von Karajan invitó a la Opera de Zagreb para que actuara en el festival de Salzburgo con la opera "El Príncipe Igor", de Borodin.

Entre los nuevos y jóvenes talentos que surgen en los centros musicales de las ciudades croatas de Osijek, Split, Sarajevo y Rijeka, con sus propios teatros líricos, cabe mencionar a Ljiljana (Liliana) Molnar (miembro de la ópera de Sarajevo), Radmila Bakačević y Branka Bertovac, luego al bajo Franjo Petrušanec y a los tenores Krunoslav Cigoj y, especialmente, a Berto Matešić, todos miembros de la Opera de Zagreb.

Entre los musicólogos y los que recogen motivos populares se destaca Franjo Kuhač (1834-1911) quien registró cerca de cinco mil melodías populares, que más tarde publicó en su obra "Južnoslavenske narodne popijevke", "Las melodías populares de los sureslavos", compuesta de cinco tomos con dos mil motivos. Fue él quien llamó la atención del mundo musical sobre los temas nacionales croatas utilizados en las obras de J. Haydn (Sinfonía en Re Mayor) y de Beethoven (VI sinfonía). Vinko Žganec, por su parte, es el que recoge y armoniza las canciones populares de Medjumurje.

En la Argentina despliegan su actividad desde 1948 los directores de coro y compositores croatas Ante Kopitović e Ivo Degrel. Sus composiciones vocales y sinfónicas han sido ejecutadas en varias ocasiones por conjuntos tanto argentinos como croatas, con éxito reconocido por la crítica musical argentina.

Después de la Primera Guerra Mundial la crítica croata tomó impulso y empezó una actividad más intensa en la vida musical de la metrópoli croata, lo que se reflejó en los diarios y en las revistas especializadas. Mencionemos algunos de los críticos: Arthur Schneider, B. Širola, Luis Šafranek Kavić, Vladimir Ciprin, Liga Hirschler, Miro Majer, José Andreis, Zlatko Grgoević, Pablo Markovac, Milan Katić, Branimir Ivakić, Huberto Pettana, Natko Devčić, Ivo Brkanović y, después de la última guerra, Nenad Turkalj y Cvjetko Rihtman. Las obras de los compositores y de los musicólogos son publicadas por varias casas editoras. El más fecundo y activo es el doctor J. Andreis, quien editó: "Historia de la música" y "La Enciclopedia Musical".

Que este breve esbozo sirva de testimonio de que la cultura musical croata corre paralela con aquella del resto de Europa.

 

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Croacia y su Destino, Studia Croatica – Instituto de Cultura Croata, Buenos Aires, © 1977, 2010