VI - RESUMEN DE LA HISTORIA CULTURAL DE CROACIA

LA LITERATURA

Los croatas, tras su arribo a las costas adriáticas en el siglo VII, muy pronto abrazaron la religión católica. Entre ellos actuaron (a fines del siglo IX) los discípulos de los santos hermanos Cirilo y Metodio, de manera que ellos también como los demás eslavos adoptaron el idioma antiguo eslavo y los caracteres glagolíticos. El Papa les había acordado el permiso de oficiar los ritos religiosos en el idioma eslavo. Como a este privilegio se oponía el clero dálmata de origen romano, los Papas posteriores no simpatizaron con los glagolitas, pero éstos perseveraron en la defensa del idioma nacional que en los siglos venideros se erigió en una valla infranqueable a la penetración cultural-política véneto-italiana.

La lengua de los sacerdotes glagolitas, de los benedictinos y dedos poderes seculares croatas al principio fue muy similar al idioma común eslavo, pero como a lo largo de los siglos se formaron otras variantes eslavas, la lengua escrita croata gradualmente iba acercándose más y más al habla popular. El primer documento de la lengua croata es la célebre Lápida de Baška (año 1100), en la que se habla de la donación de un terreno que hizo a favor de los benedictinos el rey croata Zvonimir.

Otros importantes documentos históricos y jurídicos son: La Crónica del sacerdote Dukljanin (data probablemente del siglo XII), El Código de Vinodol (1288) y El Estatuto de Poljica (año 1444, escrito en letras bosančica). Aparte de esos documentos históricos y jurídicos y de las conocidas novelas medievales sobre la guerra de Troya y Alejandro Magno, de los siglos XIV y XV, se conserva un número considerable de poesías, a veces traducciones o adaptaciones del latín. Más que en prosa, en los versos casi prevaleció totalmente la lengua nacional. Algunas de esas canciones religiosas, por ejemplo, "U se vrime godišća" (En esa época del año); "Narodil se kralj nebeski" (Nació el Rey del cielo); luego las fúnebres "Bratja, brata sprovodimo" (Hermanos, enterremos a nuestro hermano); y "Tu mislimo, bratja, ča smo" (Aquí pensamos hermanos lo que somos), se cantan todavía hoy. El comienzo del Suplicio de Santa Margarita (siglo XV), ex pastora, está próxima a la poesía popular y lo entendemos casi sin ningún comentario lingüístico.

En esta misma lengua popular, pero con caracteres bosančica, se hallan esculpidas las lozas sepulcrales bosníacas (siglos XIV-XV), donde se subraya la brevedad de nuestra vida y se pide el culto de los muertos ("Yo fui como sois vosotros, vosotros seréis lo que soy yo...").

Y así, mientras principalmente en Istria, en el Litoral Croata y en la isla de Krk se cultivaban las letras glagolíticas, en otras regiones croatas y especialmente en Dalmacia florecía la literatura en latín. En Croacia, igual que en otros países, el latín era el idioma oficial. En latín tenemos conservados los nombres del príncipe croata Trpimir del siglo IX; de la reina Elena (976) que era "la madre del reino y protectora de los huérfanos y viudas"; de Petar Crni, quien edificó (1064) el monasterio benedictino y la iglesia de San Pedro en Sumpetar, Poljica inferior, y muchas otras inscripciones, documentos, pergaminos, crónicas y estatutos de los siglos posteriores.

Los primeros importantes latinistas del siglo XV fueron: Juraj Šišgorić (Georgius Sisgoreus, oriundo de Šibenik) e Ivan Česmički (Janus Pannonius, oriundo de Eslavonia), ambos elegíacos. En Dubrovnik al comienzo del siglo XVI escriben en latín los dos Crijević: Ludovico, conocido bajo el nombre de Cervo Tubero, comentarista en prosa de su época, mientras que el célebre poeta Ilija (Aelius Lampridius Cervinus) en el contexto del latinismo croata fue uno de los máximos artistas de la palabra. De Dubrovnik es también Bunić (Jacobus Bonus) quien en 1526 publicó en Roma un extenso poema sobre la vida de Cristo. En la isla de Hvar el dominico Vinko Pribojević (Vicentius Priboevius) pronunció un discurso sobre "el origen y los sucesos de los eslavos", editado en Venecia en 1532. En esa fuente, rica de leyendas, se inspirarán más tarde Mavro Orbini y otros paneslavistas. Habrá en Croacia notables latinistas hasta el siglo pasado, por ejemplo, Josip Juraj Strossmayer, destacado orador del Concilio Vaticano I.

Antes esta literatura en latín estaba bastante abandonada; las obras respectivas se editaban muy rara vez y poco se las comentaba. Recién después de la última guerra la Academia Yugoslava (Zagreb) se abocó a una edición sistemática y científica de los latinistas croatas. Quienes más contribuyeron a su popularización fueron los profesores de Zagreb V. Gortan y V. Vratović, que incluyeron las mejores páginas de los latinistas croatas en el tomo segundo y tercero de su famosa colección Cinco Siglos de Literatura Croata. Con razón destacan que la literatura en latín en Croacia, "en la época del humanismo era entre todos los pueblos eslavos la más rica y estéticamente la más expresiva. Algunos de los latinistas croatas pueden compararse sin desmedro alguno con los destacados creadores en la república literaria latina contemporánea".

Para esos latinistas croatas la realidad nacional era con frecuencia una fuente de inspiración: como patriotas reaccionaron frente a la difícil suerte de su patria que iba perdiendo una provincia tras otra por la invasión de los turcos; más aún, algunos de ellos admiraban a su pueblo y a su poder creativo. Así, por ejemplo, Juraj Šišgorić en su descripción en prosa de la ciudad de Šibenik exalta a la poesía y proverbios populares más allá de los más conocidos escritores antiguos; incluso tradujo los dichos y proverbios populares al latín. Ese entusiasmo para con el acervo cultural será el rasgo común de muchos escritores croatas de los siglos XVI y XVII.

Para los escritores croatas del siglo XVI fueron un modelo, además de las letras glagolíticas y el folklore, la literatura clásica y la italiana. Como la Dalmacia, excepto Dubrovnik, desde 1420 estaba en manos de Venecia, la influencia cultural italiana aumentó: los profesores italianos solían enseñar en las ciudades dálmatas, mientras que la mayoría de los escritores croatas cursaban sus estudios en Italia. Si bien ya a fines del siglo XV los misales y breviarios glagolitas se imprimían en el litoral croata (todavía no es seguro si el Misal del año 1483 fue impreso en Kosinj de Lika o no), casi todas las obras de los escritores renacentistas y barrocos se imprimieron en Italia, especialmente en Venecia.

Cabe dividir a los escritores renacentistas en dos grupos: al primero pertenecen quienes vivían bajo la administración veneciana, pero temían caer ellos también bajo el yugo turco, mientras que el segundo vive bastante despreocupado en Dubrovnik, único territorio libre.

Marko Marulić (1450-1524) era conocido en Europa occidental debido a sus obras en latín, algunas de las cuales fueron varias veces reimpresas y traducidas a varios idiomas. El libro de Marulić De Institutione bene beateque vivendi, por primera vez publicado en Venecia en 1506, era muy apreciado, y así San Francisco Javier lo llevó con él en sus viajes de misionero por la India y China. Marulić tradujo al latín La Crónica del sacerdote Dukljanin, versión a la que se agregó la anécdota sobre la muerte trágica del rey croata Zvonimir, y dirigió la petición al papa Adrián VI solicitándole que uniese a los monarcas y príncipes occidentales en la lucha contra los turcos que arrasaban despiadadamente a su país. La obra en latín más importante de Marulić es su extensa epopeya Davidias, recién hallada en Turín en 1952, y que ya tuvo dos ediciones (1954, 1957). Aunque el poeta siguió fielmente a la Biblia, en Davidias encontramos descripciones originales, hermosas metáforas, interesantes comparaciones y diálogos muy animados. Es muy probable que Davidias haya permanecido inédita en vida de su autor.

En 1501 Marulić "compuso en versos croatas la historia de la santa viuda Judit", poema que fue impreso en Venecia en 1521 y tuvo en dos años tres ediciones. El autor recurrió a la conocida parábola bíblica para alentar a su pueblo en la lucha contra los turcos (en la portada de la tercera edición hay un grabado con soldados croatas y turcos). Marulić decidió explicar en la lengua croata la hazaña de Judit para que la "entiendan los que no están acostumbrados a los libros latinos o de estudio".

Judit de Marulić es la primera obra literaria croata impresa. Por ella, y sobre todo por la influencia que ejerció sobre otros literatos, se inaugura la historia de la literatura croata. Para los croatas representa lo que los Cuentos de Canterbury de Chaucer para los ingleses. A Marulić lo admiraban sus coetáneos (Hektorović y Zoranić), Ivan Mažuranić siguió sus pasos en el siglo XIX y lo estudia la generación más joven que con cariño está perfeccionando el edificio cuyos fundamentos había colocado él.

En la isla de Hvar actuaron tres importantes escritores: Pelegrinović, Lucić y Hektorović. La graciosa canción carnavalesca Jedupka (Gitana) atribuida hasta hace poco al ragusino Andrija Čubranović, es atribuida ahora por la mayor parte de los historiadores literarios al noble de Hvar, Mikša Pelegrinović. Está compuesta en ágiles octosílabos y se caracteriza —sobre todo cuando la gitana dice la suerte a la sexta señora— por la fineza de sus observaciones psicológicas e ingeniosos consejos a las mujeres enamoradas.

Otro noble croata, Hanibal Lucić, es autor del primer drama secular croata, Robinje (Esclavas), que nos habla del nieto del virrey croata Derenčin, caído en el campo de Krbava en 1493, y de su novia que el joven rescata de los turcos en una plaza de Dubrovnik Lucić escribía también poesías amatorias, destacándose "Jur nijedna na svit vila", hermosísima descripción de la belleza femenina: si bien el poeta está cautivado por lo externo, su admiración es moderada y supera por su espontaneidad la enumeración esquemática de los requisitos utilizados por los trovadores y los petrarquistas.

La obra maestra de Hektorović, Ribanje i ribarsko prigovaranje (1568), es algo peculiar en la literatura renacentista croata debido al realismo con que el autor describe su viaje de tres días desde Stari grad hasta Nečujam en Šolta, donde permaneció Marulić como eremita entre 1510 y 1512, a causa del calor con que pinta a sus dos acompañantes, los campesinos Paskoje y Nikola, y especialmente por haber anotado textualmente dos poemas tristes: "Marko Kraljević i brat mu Andrijas" y "Vojvoda Radoslav Siverinski", la poesía lírica "I kliće djevojka" (Exclama la muchacha), además de la conocida canción "Naš gospodin poljem jizdi" (Nuestro señor cabalga por el campo). El autor no cambió un ápice ("sin agregar la más mínima palabra"), de modo que aquí estamos seguros de la autenticidad de la reproducción; aún más, Hektorović anotó la melodía de dos canciones. Aunque en Hvar se sucedieron poco antes dos rebeliones contra los señores feudales, el autor trata a los campesinos de igual a igual, respeta su honradez y su sano juicio. El realismo de Hektorović no consiste sólo en la fiel descripción del itinerario, sino en la exacta citación de los puertos y bahías por donde navegaban, de los peces que pescaron y comieron, de los alimentos que consigo llevaron y de varios útiles de que se sirvieron (velas, remos, timón, ancla, redes, arpón). Hektorović acaso moraliza demasiado, pero el autor de Ribanje se entusiasma con las menudas alegrías de la vida, con la belleza de la naturaleza y extasiado contempla los encantos del paisaje marítimo dálmata ("basćinu gledajuć: oh, koli lipa je").

Como Hektorović en su Ribanje admiraba a Marulić así el zadranense Petar Zoranić en su novela Planine (Montañas), escrita en 1536 y publicada en Venecia en 1569, declaró que el pueblo croata siempre honrará al autor de Judit. Hablando de la "patria despedazada", el autor de Planine insertó los versos iniciales del "Rezo contra los turcos" de Marulić y él también se quejaba que los "lobos" (los turcos) habían degollado a los animales y pastores, incendiaban su hacienda y se llevaban a los niños en cautiverio. Si bien Zoranić estaba bajo la influencia directa de Arcadia de Sannazaro, toda su obra esta imbuida de ferviente patriotismo croata. El autor de Planine conoció bien la poesía popular (cita "A ti, djevojko seglijiva" y "Draži mi goru pojdose") La poesía del pastor Grapko ("Pasite drobne travice, moje primile ovčice...") está escrita según el ritmo de la poesía popular. Zoranić fue el primero en acercarse al pueblo, conocer su mísera vida y esforzarse por despertar la conciencia nacional croata.

Excepto el juicioso benedictino Mavro Vetranović, quien se da cuenta del creciente predominio turco y de la codicia de los venecianos, en los demás poetas ragusinos no encontramos lágrimas ni lamentos ante la precaria situación en que se halla la patria. Disfrutando de la libertad de su ciudad y siguiendo principalmente la tradición petrarquista, ellos escribían sobre sus amoríos y los momentos de placer, pero eso con el tiempo se evaporó y se convencieron que únicamente en los gozos espirituales puede hallarse la paz y la satisfacción definitivas. Además de la influencia de Petrarca y de sus seguidores, hay evidentes signos en los importantes poetas ragusinos Džore Držić y Šiško Menčetić (en la transición del siglo XV al XVI) de que conocían también la poesía popular. Ambos, con otros poetas conocidos y desconocidos contenidos en el simposio de Ranjina de 1507, contribuyeron mucho al enriquecimiento de la expresión poética croata. Estuvieron influidos cada vez más por el dialecto štokavski de la retaguardia, si bien encontramos vestigios del dialecto čakavski de la Dalmacia media.

El trabajo de Držić y Menčetić en la segunda mitad del siglo lo continuaron Dinko Ranjina y Dominko Zlatarić. Ranjina, muy joven, editó sus Pjesni razlike (Florencia, 1563); desconocemos si más tarde se ocupó del quehacer literario. Su tema dominante es el amor. Tiene especial mérito por haber introducido en la poesía croata nuevas formas de estrofas. Si bien se atenía a las formas tradicionales, Zlatarić como poeta es más significativo que Ranjina. Zlatarić se destacó como traductor: como estudiante en Padua (1580) publicó la traducción de Aminta de Tasso, y a fines del siglo (1597) tradujo del griego Electra, tragedia de Sófocles, y del latín La muerte de Priamo y Tisba, metamorfosis de Ovidio. Como lo dice en su dedicatoria de Electra a Juraj Zrinski, hijo del héroe de Siget, traducía de los idiomas extranjeros al croata "para enriquecer este idioma nuestro con cualquier cosa digna de ser leída".

En la alegre y bastante despreocupada sociedad de Dubrovnik floreció también la vida teatral. Las piezas se representaban durante los carnavales en las plazas públicas o en las casas particulares con motivo de las bodas de los ciudadanos pudientes. A Marin Držić, famoso dramaturgo croata, precedieron los ragusinos Mavro Vetranović y Nikola Nalješković. El primero, además de los autos sacramentales (Posvetiliste Abramovo, El sacrificio de Abraham) compuso dramas mitológicos (Orfeo), mientras el segundo era más moderno y trató de describir en sus juegos pastorales la vida de sus conciudadanos.

Para comprender la obra de Marin Držić es menester decir algo sobre su vida. Si bien no era muy religioso, creyendo asegurarse económicamente se hizo clérigo y más tarde sacerdote. Empezó escribiendo poesías que publicó en Venecia en 1551, pero no se destacó en esté ámbito. Fue a Siena a estudiar derecho, pero carecemos de pruebas de que haya rendido siquiera un examen durante su estadía de varios años. En cambio asistía a la exhibición de los juegos pastorales prohibidos y a veces desempeñaba papeles de galante. Al regresar a Dubrovnik en los años cincuenta del siglo XVI escribió todas sus piezas teatrales. A principios de los años sesenta, descontento y endeudado, se embarcó en una extraña aventura todavía no esclarecida del todo. Fue a Florencia para inducir a Cosimo I a derribar el gobierno aristocrático de Dubrovnik. Sin respuesta del duque toscano y enterado de que las autoridades de Dubrovnik conocían su traición, Držić se retiró a Venecia donde murió como capellán del patriarca.

Držić conoció en Siena los renombrados juegos pastorales italianos y sus modelos, las comedias de Terencio y especialmente las de Plauto. No imitaba ciegamente a sus predecesores, ya que sus obras testimoniaban su talento excepcional y nos proporcionan un cuadro fiel de la sociedad ragusina de aquellos tiempos, cuando los nobles y los ricos corrían tras los placeres, despreocupándose de la tremenda situación de la clase desposeída.

Držić sentía el dolor de los pobres (acaso tengamos aquí la causa de su rebelión) y entre sus figuras más interesantes encontramos precisamente a sirvientes, empezando por Omakala en el juego pastoral Plakir, hasta Petrunjela y Gruba en las comedias Dundo Maroje (Tío Maroje) y Skup (El avaro). Todas ellas se expresan en el lenguaje popular, recurren a proverbios y enigmas y a veces en el diálogo intercalan alguna extraordinaria poesía popular. Muchas piezas de Držić desaparecieron y entre las conservadas algunas quedaron truncas, por ejemplo, Dundo Maroje y Skup. Držić compuso Skup según El avaro de Plauto, lo mismo que Molière. En Dundo Maroje encontramos passim en detalles, algunas semejanzas con las comedias. Esta comedia de Držić y su juego pastoral Novela od Stanca (Bromas a cuenta de Stanac) están tan entretejidas con un humor fresco y rebosantes de vida que el espectador cree que nos representan a nosotros y a nuestras debilidades humanas. Si bien escribía con rapidez y el texto no es del todo pulido, encontramos en Držić hondas y perspicaces observaciones sobre el hombre, sorprendentes detalles psicológicos e incluso vuelos poéticos.

Ivan Gundulić (1589-1638), uno de los más significativos hombres de letras croatas, compuso en su juventud juegos pastorales, tradujo los poemas penitentes del rey David (Roma, 1621) y se destacó con tres obras: la epopeya Suze sina razmetnoga (Lágrimas del hijo pródigo, Venecia, 1622); el drama Dubravka (representada en Dubrovnik en 1628) y el poema épico Osman, inconcluso, de modo que en el siglo XIX tuvo varios complementos, siendo el mejor el que escribió Ivan Mažuranić.

En Suze sina razmetnoga, en tres "llantos", el poeta sigue la conocida parábola bíblica sobre el hijo pródigo. Leyendo estos versos en octosílabos donde hay floreo barroco junto con refinados pensamientos sobre lo pasajero de las cosas terrestres, expresados en ritmos sonoros, se siente la religiosidad del poeta, profunda y sincera, su arrepentimiento y el retorno a los preceptos religiosos.

Gundulić en Dubravka compuso el himno no sólo a la ciudad libre de Dubrovnik, único punto luminoso en el negro fondo de la opresión turco-veneciana, sino que en el mismo resumió la experiencia secular de su pueblo que ansía la libertad más que cualquier otro bien. Los versos con que el coro termina este ingenioso juego pastoral se hallan en los corazones y los pensamientos de los croatas, sea de los que viven en la patria oprimida o de los que se encuentran en todos los continentes:

Libertad hermosa, dulce y querida,

don de Dios, bien supremo de la vida,

causa verdadera de la gloria pura,

único decoro de la florida llanura.

Con vidas, con oro y con plata fina

No puede pagarse tu belleza cristalina.

Gundulić tuvo en alta estima al poeta italiano Torquato Tasso y se aprontaba a traducir su célebre poema Gerusalemme liberata (1575). Cuando se enteró de la victoria polaca sobre los turcos en Hoćim (1621) y la muerte del joven sultán turco Osman, a quien ahorcaron los jenízaros descontentos, dejó la traducción y se abocó a escribir una extensa epopeya, abrigando la esperanza de que precisamente los polacos iban a liberar a los sureslavos del yugo opresor turco. En esta obra inconclusa trabajó hasta su muerte (le faltan los cantos XIV y XV). Osman fue conocido para sus contemporáneos y se conservan más de setenta manuscritos. Está compuesto en ágiles octosílabos bajo la influencia de la poesía popular y se caracteriza por su verso ameno, de factura perfecta.

Ivan Bunić Verčićević (1591-1658) en su tiempo era famoso, como un excelente lírico, y aún hoy es estimado por ciertos críticos modernos. En vida publicó el poema religioso Mandalijena pokornica (La penitente Magdalena, Ancona, 1630), y en manuscrito dejó un libro de poesías amatorias llamado Plandovanja (Holganzas).

Huelga destacar que Bunić cuidaba mucho la pureza idiomática, que sus imágenes son prístinas y que conserva la mesura poética y la sonoridad del verso de manera que el lector queda deslumbrado por el resplandor de las palabras.

Stijepo Djurdjević compuso un poema jocoso de amor "Ja sam Dedo ašik derviš", donde un viejo y sencillo derviche turco se enamora de una muchacha cristiana. Otro noble ragusino, Vladislav Menčetić, inspirándose en el folklore, describe en Radonja a un campesino que no sufre de amor sino de desgracia por haber esposado a una joven traviesa y aconseja a todos los novios que no se dejen "arrastrar como los asnos" por distintas Milave sino que la domestiquen a tiempo y a porrazos. La gloria de Menčetić se basa en Trublja slovinska (La trompeta eslava, Ancona, 1665), dedicada al virrey croata Petar Zrinski. Menčetić elogia en demasía a Zrinski como poeta, mas en su trompeta hay versos que resumen perfectamente la cruda realidad, la noción de que el Occidente cristiano desconoce los sacrificios seculares croatas:

En las olas de la esclavitud

ya se habría hundido Italia,

si contra las riberas croatas

no se rompiese el mar otomano...

Peter Zrinski tradujo del magiar la obra de su hermano Nikola, Adrianskoga mora Sirena (Sirena del Mar Adriático, Venecia, 1660). Cuando fue decapitado en Wiener Neue Stadt, el 30 de abril de 1671, junto con su cuñado Frankopan, entre sus escritos se halló la copla sobre Svilojević y sus hazañas heroicas.

Fran Krsto Frankopan, retoño de una antigua y prestigiosa familia, escribió en la cárcel un libro de poesía mayormente de amor, Gartlic za čas kratiti (Jardín para entender). Conoció bien la literatura francesa y la italiana, pero también estaba familiarizado con la poesía popular y bajo su influencia escribió algunos poemas en decasílabo. Es suyo el famoso verso: "Siempre vivirá quien muere con la frente alta".

Juraj Križanić (1618-83), presenciando desde su temprana edad el estado calamitoso en que se encontraba su pueblo, acosado por los turcos desde el sur y por los alemanes desde el norte, pensaba que si lograba que el emperador ruso entrase en comunidad con la Iglesia Católica, Moscú ayudaría a liberar a los eslavos meridionales. Ese escritor capaz, enérgico y visionario fue expulsado quince años a Siberia por orden del zar de Moscú. Murió defendiendo Viena (1683) o sea a los alemanes de los turcos. La obra principal de Križanić Politika razgovori o vladalaštvu (La política y los diálogos sobre el gobierno), fue reeditada en Moscú (1965). V. Jagić le dedicó a Križanić su mejor monografía (1917). Sobre su vida y su obra no hace mucho fue publicada una colección de estudio en croata (1974) y otra en inglés (1975). Varios estudiosos analizan hoy sus distintas ideas, lingüísticas, culturales, económicas, políticas y ecuménicas, y a través de él el mundo conoce la suerte de su país, todavía crucificado entre Oriente y Occidente.

Tampoco Pavao Vitezović (1652-1713), seglar, muy instruido y laborioso tuvo mejor suerte que Križanić: se ocupó de infinidad de cosas, contraía deudas a menudo y murió pobre en Viena. Escribió muchas obras en latín y en croata; quiso unificar las tierras eslovenas, croatas y serbias bajo la administración estatal croata y en este sentido fue precursor de Ante Starčević. En sus obras históricas en latín (Croatia rediviva, Zagreb, 1702; Plorantis Croatiae saecula duo, Zagreb 1703) le guiaban más las buenas intenciones que una sólida investigación histórica. Sin embargo, en su mejor obra, Odiljenje sigetsko (Linz, 1684; Viena, 1685), hay trozos poéticos agradables de leer.

Mientras la parte croata en Dalmacia y en la Croacia Superior, desde Marulić hasta Gundulić, estimulaban la lucha contra los turcos; mientras la hazaña heroica de Nikola Subić Zrinski en Siget (1566) fue glorificada desde Krnarutić hasta Petar Zrinski y Vitezović, por el lado contrario, en la Bosnia vecina, los musulmanes trataban de convencer a los "infieles" (católicos y ortodoxos) que abrazaran el mahometanismo y aceptaran el Corán. Si bien la "poesía aljamiado" (en árabe significa ajena, no árabe) no está a la altura de lo que los musulmanes bosníaco-herzegovinos crearon en las lenguas orientales, ya que se halla en el nivel de los "entonadores" medievales, resulta significativa pues demuestra que también los elementos no cristianos siguieron creando en su lengua materna. Esos poetas musulmanes sentían la comunidad con sus adversarios políticos y trataron de convencer a los "kauri" (cristianos) que la lucha fratricida no tenía sentido. Muhamed Hevaji Uskjufi, uno de los poetas "aljamido" de mediados del siglo XVII, subraya el hecho del origen común.

En esta misma Bosnia donde la población católica estaba decayendo debido a la falta de sacerdotes, los franciscanos se quedaron con el pueblo y trataron de sostener e ilustrar a su feligresía. Como escritor llegó a ser conocido el franciscano Matija Divković quien a principios del siglo XVII imprimió sus obras piadosas en Venecia. El también tomaba temas de las fuentes apócrifas igual que los glagolitas medievales, con la diferencia de que su narración era amena y escribía en el hermoso dialecto štokavski.

Además de los franciscanos en Bosnia y Herzegovina actuaron también los jesuitas, arribados allí como misioneros al servicio de la contrarreforma. Bartul Kašić, quien escribió la primera gramática de la lengua croata en latín (Roma, 1604), en el prólogo de su Ritual rimski (Ritual romano, Roma, 1640) sostiene la opinión de que los croatas deberían adoptar el dialecto bosníaco por ser "el más generalizado y todo el mundo lo puede entender".

Los pasos de Kašić los siguió Jakov Mikalja y compuso el diccionario croata-latino-italiano (Blago Jezika slovinskoga, Tesoro de la lengua croata, Loreto, Ancona, 1649-51). El también ensalzaba el habla bosníaca, comparándola con el dialecto toscano de Italia. De esa manera ya en el siglo XVII fue planteado el problema de la lengua única croata; idea que será adoptada mayormente durante el siglo XVIII para triunfar definitivamente durante el movimiento ilirio.

Después del desastroso terremoto de 1667, Dubrovnik decayó económicamente y menguó también la labor creativa en idioma croata. Con el ocurrente satírico Antun Gledjević, en los albores del siglo XVIII, aparece Ignjat Djurdjević, prolífico y significativo escritor.

También Djurdjević (1675-1737) era jesuita, pero luego pasó a los benedictinos. Muy joven empezó a escribir poesías, sobre todo con el contexto amatorio. Además de la poesía amatoria escribió también poesía religiosa; su obra más famosa en este género es Uzdasi Mandalijene pokornice u špilji od Marsilje (Suspiros de la Magdalena penitente en la cueva de Marsella, Venecia, 1728).

Djurdjević compuso también en latín poesías de amor, de las cuales la más conocida es "El sueño sobre la mujer" ("La mujer desea entregarse, mas no quiere revelar este deseo"). Además Djurdjević sostenía que San Pablo, tras el naufragio cerca de la isla Melita (en griego), desembarcó en Mljet. (La interpretación unánime de los exégetas es que se trataba de la isla de Malta). Fue de los primeros en sustentar que Homero no había existido. Djurdjević posee el mérito de haber sido el primero que reunió datos valiosos acerca de los más conocidos escritores de Dubrovnik (Vitae illustrium Rhacusinorum). Todas sus obras tuvieron ediciones críticas en este siglo y acerca de ellas se escribe bastante y su prestigio está en auge.

En latín sobresalieron cuatro sacerdotes ragusinos que mayormente vivían fuera de su patria: Rudjer Bošković, célebre matemático, físico y astrónomo; el benedictino Stay, quien escribía poesías sobre la filosofía de Descartes y Newton; Raimundo Kunić y Brno Džamanjić; de los que el primero tradujo la Ilíada de Homero y el segundo la Odisea. Si bien no escribían en croata, quedaron en buenas relaciones con sus connacionales y Džamanjić tradujo al latín fragmentos de Osman y Radonja de Menčetić.

Mientras esos instruidos jesuitas frecuentaban los salones romanos y se codeaban con conocidos poetas italianos, los padres franciscanos, quedándose en el suelo natal, prosiguieron con su labor de ilustración y educación entre su pueblo.

Filip Grabovac primero se dio a conocer como escritor popular y educador. Aunque en forma indirecta, criticaba la administración veneciana en Dalmacia y fue llevado a la siniestra mazmorra "sotto i piombi".

Andrija Kačić-Miošić (1704-60), otro franciscano dálmata, es escritor, pero mucho mejor. Viajando oficialmente por distintas comarcas ("desde Skadar hasta Zadar" oyó muchas poesías populares, sabía que "los pobres, campesinos y pastores" las quieren y queriéndoles enseñar su glorioso pasado; "está en la naturaleza del hombre elogiar, ensalzar y magnificar a su pueblo") decidió escribir en decasílabo popular. Su Razgovor ugodni naroda slovinskoga (Plática amena del pueblo croata, publicado en Venecia 1756, fue reimpreso ya en 1759) se difundió entre el pueblo.

Para muchos fue su única lectura y hasta hace poco se lo conoció como "Pismarica" (poemario). Kačić incluyó en su Ragovor ugodni dos hermosísimas canciones populares, a saber: "Ženidba Sibinjanin Janka" (El casamiento de Sibinjanin Janko) y "Dragoman divojka" (Muchacha Dragoman).

En Eslavonia, tras la liberación de los turcos, hubo varios escritores; los más conocidos son Antun Kanižlić y Matija Petar Katančić. Pero más interesante que esos monjes es Matija Antun Reljković (1732-98), de profesión oficial, quien en el cautiverio alemán compuso el poema didáctico "Satir iliti divji čovik" ("Sátiro o el hombre salvaje", Dresden, 1762). El también escribió en decasílabo, pues quiso acercarse a las masas populares e inducirlas a que abandonen las supersticiones y las costumbres turcas. La Sátira de Relković fue acogida tan bien por el pueblo como Razgovor de Kačić.

En el ámbito del dialecto kaikavski, entre Zagreb y Varaždin, apareció a fines del siglo XVIII el comediógrafo Tito Brezovački (1757-1805). Sus dos comedias (Matijaš grabancijaš, 1804; Diógenes, 1823) nos revelan que observó agudamente los lados negativos de la sociedad feudal de su tiempo y que trató de restañar esta herida en el espíritu de una ilustración moderada.

El sacerdote Pavao Stoos, igual que Brezovački, sintió el peligro de una magiarización sistemática, y en su poema "Kip domovine" ("Estatua de la patria") trata de despertar a los hijos adormecidos, los invita a no olvidar su lengua materna y a quedar fieles a su pueblo. Pero precisamente cuando los húngaros se esforzaron para hacer de Croacia una de sus provincias, se despertó la conciencia nacional croata, se llegó a la comprensión de que las distinciones localistas y religiosas son secundarias y que todos son miembros de un mismo pueblo. En ese espíritu Antun Mihanović compuso el himno nacional croata (1835); himno que no se caracteriza por los gritos guerreros sino por el amor al solar paterno donde el pueblo trabaja con alegría:

Oh hermosa patria nuestra,

heroica tierra querida,

solar de gloria antigua,

sé por siempre dichosa!

A veces resultan muy meritorios los hombres que no se destacaron como escritores, pero colocaron la piedra angular para que cierta literatura pudiera desarrollarse normalmente. En Croacia ese hombre fue Ljudevit Gaj (1809-72), quien reformó y simplificó la ortografía. Tomó la medida drástica, pero correcta cuando dejó de lado el dialecto kaikavski y adoptó el štokavski, fundó el periódico Danica (1835), reunió a su alrededor a un considerable número de jóvenes y entusiastas partidarios que con canciones apropiadas y marchas expresaban su confianza y fe en la liberación nacional y colocaron los cimientos para que las letras croatas alcanzasen cumbres más altas.

Entre los escritores del resurgimiento croata ("ilirios") había prosistas (Matija Mažuranić y Antun Nemčić publicaron sus recuerdos de viaje); dramaturgos (Ivan Kukuljević describió a los combatientes contra los turcos y Dimitrije Demeter el pasado remoto); críticos literarios (sobre todo Stanko Vraz, quien en 1842 funda la revista Kolo); pero el campo en que más se destacaron fue la poesía épica, lírica y a veces reflexiva.

Tan pronto como Gaj empezó a publicar Danica, Ivan Mažuranić (1814-90) colaboró con poemas breves y siguió colaborando hasta 1848. Como la famosa obra Osman de Gundulić quedó inconclusa y muchos trataron de completarla, pero sin éxito, fue elegido Mažuranić para que la concluyera, lo que hizo (1844) a entera satisfacción de todos, demostrando que era igual al máximo poeta croata antiguo. Dos años después fue publicado en la revista Iskra su poema épico Smrt Smail-age Čengića, considerado todavía como una de las supremas realizaciones de la literatura croata.

En su juventud Mažuranić leyó mucho a los escritores clásicos e italianos, luego a los poetas de Dubrovnik del renacimiento y del barroco, a continuación se entusiasmó por la poesía popular y por fin conoció las obras de los románticos occidentales. Cuando en 1845 se dedicó a escribir la Muerte de Smail-aga Čengić había pasado por todas las escuelas indicadas, de cada una de las cuales aprendió algo, pero gradualmente construyó su propio estilo, su modo de expresión, reconocible ya en sus primeros versos. Es reflexivo, condensado, sintético como los proverbios, de modo que sus versos los conoce todo croata un poco instruido.

Mažuranić y Stanko Vraz (1810-51) pertenecieron al mismo movimiento ilirio, escribieron en la misma revista, a menudo leyeron los mismos autores, ambos adquirieron una cultura envidiable, pero hay una gran diferencia entre ellos: el primero logró superar la exhuberancia de los sentimientos, casarse con la mujer querida, intuir la realidad y en ella hacer lo posible, mientras que el segundo, ardía con el fuego del amor, consideraba el amor como la riqueza suprema de la vida, vivió momentos de felicidad con la joven Ljubica (Djulabije, 1840), y luego, cuando ella se casó con otro y poco después murió, escribió versos deprimentes y desesperados. Mažuranić hasta cuando escribía acerca de los eslavos y los elogiaba no se olvidaba de su Croacia, mientras Vraz, esloveno de origen (el único esloveno en adherir el movimiento ilirio) consideró el espíritu eslavo como criterio básico según el cual habría que juzgarlo todo.

Mažuranić sostenía que la renovación literaria debía apoyarse igualmente en la poesía popular y en los escritores barrocos croatas, mientras Vraz condenaba el "exagerado" interés por los antiguos escritores quienes, a su juicio, navegaban demasiado en las aguas italianas. El primero traducía raras veces, mientras Vraz fue quien familiarizó al público lector croata con las mejores obras del romanticismo europeo y especialmente el eslavo.

Como Vraz había empezado a escribir en esloveno así como Petar Preradović (1812-72) en su juventud escribió en alemán, cuando en Italia conoció a algunos ilirios y luego fue trasladado como oficial austríaco a Zadar, empezó a escribir en su lengua materna a la que había olvidado bastante.

Preradović se aproxima bastante al concepto occidental del romántico: no sólo que empezó a escribir cerca de Viena, entonces uno de los principales centros del romanticismo alemán; no sólo que conoció bien a los románticos occidentales y checos, sino que su vida estaba llena de vicisitudes. Dos veces se casó, la primera vez con una italiana que se suicidó y la segunda con una alemana que poco o nada lo entendió, de modo que para él el amor era algo extraterrestre. Como varios de sus hijos murieron y él mismo estaba enfermo, a menudo desesperaba y caía en un negro pesimismo o buscaba consuelo en el espiritismo. No encontrando ni en los hombres ni en sus sentimientos nada estable, todo lo humano lo consideraba transitorio y pasajero ("El corazón humano"; "Muecín"); viviendo mayormente fuera de la patria, amándola por ello todavía más, escribió fervorosos poemas patrióticos (por ejemplo "Viajero"). Rodeado por los extranjeros sentía cuán difícil era conservar la pureza de la lengua materna y en varias ocasiones se refirió a la lengua como a cosa sagrada ("en ella se funda el futuro"). En este desgarramiento, en este espasmo del corazón y del cerebro compuso algunas poesías que todavía hoy cautivan al lector.

Por los años cincuenta actuó Luka Botić (1830-63) quien con todo su ser se identificaba con los puntos de vista románticos. Siendo alumno en Split y Zadar leyó a los románticos italianos (Manzoni, Tommaseo). Si bien estuvo influido por la poesía popular, no la siguió ciegamente ni en la dicción ni en el contenido; no pintaba, como se acostumbraba hasta entonces, a los musulmanes bosníacos corno tiranos, explotadores u hombres moralmente corrompidos, sino que los describía como amigos fieles y valientes en el combate, Botić fue de los primeros en predicar que son hermanos de sangre y que un hermano es querido no obstante su religión. Su obra más conocida es Bijedna Mara (Pobre María, 1861): cuando a fines del siglo XVI Mara Vornić de Split se enamoró del oficial turco Adel, los padres la encerraron en un convento donde pronto murió.

En la transición del romanticismo al realismo apareció August Šenoa (1838-81), uno de los más meritorios y significativos escritores croatas en general. En los artículos programáticos recomendaba a los escritores describir la vida tal como es en realidad, pero en sus obras, para atraer a las masas que había que educar, recurrió a muchos requisitos románticos. En vida fue apreciado como poeta, pero hoy en día su poesía impacta como enseñanza moral y patriótica, excepto ciertos poemas con temas históricos, por ejemplo, "Derrumbe de Venecia" y "El testamento franciscano" en los cuales el contenido, unido a la sonoridad del verso, deja cierta impresión agradable. Desde que publicó la novela Zlatarevo Zlato (1871), La preferida del joyero, donde se refiere al amor del noble Pavao Gregorijanec con Dora Krupićeva, hasta su temprana muerte, Šenoa, en base a los documentos históricos, se esforzó por describir los más importantes sucesos del pasado croata. Una de sus novelas más logradas es Seljačka buna (La rebelión campesina, 1877), donde pinta con rigor y simpatía la rebelión de los campesinos croata-eslovenos conducidos por el tribuno y mártir Matija Gubec (1573).

En sus cuentos trataba acerca de los problemas actuales; a veces sobre alguna historia interesante. (Sobre los valientes "uskoci" escribió "Cuidado de la mano de Senj".) Šenoa fue hasta 1874 director de la revista literaria Vijenac en cuyas páginas aparecieron algunos escritores de talla. La época en que actuó es denominada por los críticos literarios con su nombre.

Šenoa era partidario de Strossmayer y de Rački, es decir, de la tendencia política que creía en la concordia de los eslavos del sur, pero la próxima generación adhirió firmemente al ideario de Starčević convencida de que había llegado el tiempo de que los croatas se restituyan a su Estado nacional. Mientras que hasta la época de Šenoa la poesía fue mejor representada, por los años ochenta el papel dominante lo asumirá la prosa. Hubo también poetas como August Harambašić, pero se pierden ante el impulso de los novelistas.

El primer escritor notable de Istria fue Eugen Kumičić (1850.1904). Él también, como su maestro Starčević, se entusiasmaba por Francia y pasó varios años en París. Por ser de ardiente independencia era como educador constantemente amonestado por las autoridades hasta que renunció al cargo (1883) y se dedicó a la política y a la labor literaria. En su artículo programático "Sobre la novela" (1883) admiraba a Balzac y Zola, mas en sus obras no adoptó completamente ni el método realista ni el naturalista. Mientras describía a los campesinos, pescadores, marinos y capitanes istrianos exaltaba a la gente laboriosa y honrada, la que solía oponer a los señores corrompidos del bando italiano. En estas obras istrianas encontramos hermosísimas descripciones del mar (v.g. en el primer capítulo de la novela Jelkin Bosiljak (Albahaca de Jelka) en la que canta un excelso himno a esta "superficie movediza e inconstante"). En la novela Gospodja Sabina (La señora Sabina, 1883) Kumičić se sirvió de colores negros, pues se propuso pintar la corrupción de la clase media que estaba bajo la influencia directa de Viena y Budapest. Es excelente su novela histórica Urota zrinsko-frankopanska (1892-93) en la cual describió la conjura y la decapitación de los nobles croatas Zrinski y Frankopan. Su última obra es Kraljica Lepa (La reina Lepa), 1902, donde responsabiliza al Papa por el derrumbe del reino de Croacia.

En la política así como en sus novelas históricas. Kumičić recalcaba que los croatas erraban cuando entraban en una unión estatal con sus vecinos. Deben independizarse de una vez por todas. Es muy logrado su extenso cuento "Pod puškom" ("Bajo las armas", 1886), en el que narra lo que vio y vivió en Bosnia cuando sirvió allí como soldado voluntario. Pese a su criterio unilateral en pintar el elemento local y forastero, Kumičić se impuso al público lector con su talento de narrador, con imágenes convincentes de la alta sociedad y con su idealismo sin compromisos.

Como Kumičić, si no más, Ante Kovačić (1854-89) fue partidario de Starčević, es decir, de la independencia de Croacia. Oriundo de Hrvatsko Zagorje, procede de una familia pobre; a la pobreza se unió su hosco temperamento, de modo que en su breve vida estuvo expuesto a muchas penurias y desventuras. En sus poemas se vengaba de sus adversarios políticos y de clase; él mismo, muy sincero y consecuente, no toleraba a tipos rastreros y cambiadizos, "siempre prontos a saltar a cualquier banco (Camaleón)". Más que en poesía Kovačić sobresalió en prosa; escribió varios cuentos, de los cuales el más conocido es "Ladanjska sekta" ("La secta de campaña", 1880), donde se refiere a la penetración de las ideas socialistas en el campo, entre la gente analfabeta. Compuso tres novelas, de las que tuvo cierto éxito la segunda (Fiscal, .1882); mientras que la tercera (En el Registro, 1888) se considera generalmente como la mejor novela croata del período realista. La primera parte de esta novela resulta excepcional, pues el autor, en base a la experiencia propia, dotado de talento de narrador, describió convincentemente la niñez y la juventud de un estudiante de la campaña, Ivica Kičmanavić, y escribió páginas insuperables sobre los campesinos de Zagorje: esos campesinos no son ni ángeles ni demonios, sino seres humanos, fáciles de enternecerse y de enfurecerse, que trabajan en el campo y en las huertas como hormigas, pero suelen emborracharse y pelear por pequeñeces.

Oriundo de Hrvatsko Zagorje es también Ksaver Šandor Djalski (su verdadero nombre era Ljubo Babić, 1854-1935). Perteneció a una familia de nobles y pintaba con simpatía a los que después de 1848, bajo nuevas condiciones económicas, descendían gradualmente del escenario. AI comienzo de su creación literaria escribió sus mejores cuentos ("Pod starim krovovima", "Bajos los viejos techos", 1886; "Iz varmedjinskih dana", "De los tiempos de Varmedje", 1891; "Diljem doma", "A lo largo y ancho de la patria", 1899), cuando describió a su comarca natal con los palacios y burgos de los nobles. Estos no son explotadores de los campesinos, sino hombres de refinado gusto, endeudados desde que perdieron a los serbios y a menudo poco prácticos en la vida cotidiana. En sus numerosas novelas Djalski trató de ofrecer un cuadro de la vida política y económica croata desde el movimiento ilirio hasta su tiempo, pintando a los ilirios como idealistas y a sus coetáneos como oportunistas (U nočí, En la noche. 1886). Djalski conocía varios idiomas, estaba familiarizado con la literatura rusa y francesa, se interesó por la filosofía y la religión y a veces por las ciencias ocultas. En su mejor novela con esta temática (Janko Berislavić, 1887) un noble intelectual, decepcionado de todo, incluso de su Schopenhauer, termina "su vida sin sentido" suicidándose.

A Djalski sus coetáneos o lo elogiaban o lo atacaban demasiado debido a la rapidez con que escribía, a la imprecisión de sus actitudes y a causa de su tosco estilo y lenguaje. Los juicios actuales son mucho más moderados; por ejemplo Krleža, quien en 1924 lo definió despectivamente "nobilis sin nobilitate", trazó su figura en la Enciclopedia de Yugoslavia con cierto elogio; Petar Šegedin le prestó también mucha atención y considera que Djalski "siendo uno de nuestros mejores narradores" merece una evaluación mejor también desde el punto de vista lingüístico.

Únicamente por razones de espacio no nos referimos aquí a otros importantes escritores de la época realista: v.gr. a Josip Kozarac, quien describió la decadencia económica del campesino eslavonio; a Vjenceslav Novak, quien con mucha comprensión pintó la miseria del hombre del litoral; a Fran Mažuranić, quien publicó sus deliciosos apuntes (Lišće - Hojas, 1887) y reapareció tras treinta años de andar por el mundo y de reflexionar con su segundo libro de recuerdos y reflexiones (Od zore do mraka, Desde el amanecer hasta el ocaso, 1927); si bien algunos críticos como Barac observaron con razón que en Fran Mažuranić hubo pocos frutos tras brillantes promesas. Sin embargo sus esbozos y apuntes sobresalen por sus ideas, su estilo pulido y su fluido lenguaje. Igual que Novak y Fran Mažuranić, del litoral croata proviene también Silvije Strahimir Kranjčević (1865-1908), uno de los máximos poetas croatas de todos los tiempos. Lo admiraban sus contemporáneos (Matoš le dedicó un ensayo magistral: "En la sombra de un gran nombre") y lo elogió también el conocido iconoclasta Krleža. El es "la obertura más solemne en la nueva, grandiosa y artística fase de la poesía croata", dijo por su parte Ivo Frangeš.

Kranjčević fue a Roma a estudiar teología y ser sacerdote, pero pronto advirtió que esa vocación no era la suya, y al recibirse de maestro sirvió en varios lugares de Bosnia y Herzegovina hasta que en 1893 fue trasladado a Sarajevo. AI comienzo estuvo influido por Šenoa, Harambašić y Kovačić, pero muy pronto se independizó y su poesía se distingue por una dicción natural, despojada de la decoración romántica y con una temática del todo nueva, liberal: derribaba en sus poemas a todos los valores consagrados terrenales y espirituales. En una de sus primeras poesías ("In tyrannos", 1884) gritó a los dictadores que pueden hacer "que sea sediento y hambriento, pero nunca vil traidor despreciado"; y poco después pedía al obrero que le extendiera su mano callosa para besarla en serial de respeto, Kranjčević atribuía un papel honroso al intelectual, dispuesto a sacrificarse y a conducir a las masas, pero pobre de él si alguna vez le asaltaban las dudas:

Pero para ti que ardes de la llama

de ideales pujantes, eternos,

este fulgente fuego será la muerte negra.

Morirás ni bien empieces tú sólo

a dudar de tus ideales...

(Moisés, 1893).

La estada en la Roma papal dejó tan honda huella en Kranjčević que cuando dudaba de Dios o de la bondad eterna y cuando rechazaba a la Iglesia como institución humana, como un niño se dirigía a Jesús que siempre era para él un símbolo de los anhelos más nobles. Como en el poema "Los doce" (1918) de A. Blok, Cristo aparece ante los vanguardistas rojos, así en "Resurrectio" (1897) de Kranjčević el Crucificado desde la cruz conduce a los revolucionarios franceses.

Cabe dividir la literatura contemporánea croata en tres períodos: el que denominamos la "Moderna croata", el tiempo entre las dos guerras mundiales y el período de la postguerra.

1. La Moderna croata (1895-1918) comprende desde que los estudiantes de Zagreb quemaron la bandera húngara en presencia del emperador Francisco José, hasta 1918 cuando fue constituido el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos llamado luego Yugoslavia.

Los estudiantes que por participar en las manifestaciones antihúngaras fueron expulsados de la Universidad de Zagreb, prosiguieron sus estudios en otras universidades de la Monarquía. Sobre algunos ejerció una poderosa influencia el práctico Tomás Masaryk, y sobre otros los círculos artísticos vieneses a fines del siglo pasado. Matoš en forma directa, durante su residencia de varios años en París, conoció la cultura francesa, mientras que tres significativos escritores dálmatas (Nazor, Vojnović y Begović) estaban íntimamente familiarizados con la literatura italiana. En ese movimiento, lejos de ser unitario y uniforme, hubo quienes leyeron a los escritores escandinavos, polacos, ingleses y norteamericanos.

El escritor más célebre de esta época "del vuelco hacia Europa", cuando los literatos croatas ya no estaban atrasados varios decenios respecto de las corrientes artísticas occidentales, fue Antun Gustav Matoš (1873-1914), nacido en Srijem y educado en Zagreb. Como prófugo militar pasó varios años en Belgrado, luego en Ginebra y París, donde lo entusiasmaron Baudelaire y Verlaine. Regresó a Belgrado en 1904 y después de su indulto retornó a Zagreb donde murió a los 41 años de edad.

Matoš primero escribió cuentos (Iverje, Fragmentos, 1899; Novo Iverje, Nuevos fragmentos, 1900: Umorne priče, Los cuentos cansados, 1909) en los cuales solía analizar los problemas nacionales o a intelectuales neuróticos, donde se siente la influencia de Edgar A. Poe. Aunque sus descripciones suelen ser interesantes, el contenido resulta a menudo inverosímil.

Más que narrador, Matoš sobresalió como un excelente crítico literario (Ogledi, Panoramas, 1905; Vidici i putovi, Horizontes y caminos, 1907; Naši ljudi i krajevi, Nuestra gente y paisajes, 1910). Los ensayos de Matoš acerca de los escritores serbios incluso hoy son muy apreciados, pues reflejan su refinado gusto estético. Si bien conocía a fondo a los escritores franceses, a veces exageraba su importancia. En cambio, mientras analizaba las obras de los autores croatas ocurría que las evaluaba con criterios patrióticos.

Los paisajes de Matoš constituyen algo único en las letras croatas; los trazó el poeta, buen conocedor de la historia y muy sensible para la armonía que existe entre la naturaleza y las casas que el hombre levanta. Con tonos nostálgicos escribía sobre los viejos burgos y castillos en los que oía las quejas de sus lejanos dueños sobre lo transitorio de todo lo humano.

Matoš empezó a escribir regularmente poesía después de 1908, que recién en 1923 recogió en un libro. Su poesía se distingue por la elaboración formal y el contenido diverso. El poeta nos habla de sus muchas desilusiones, del amor desafortunado y de la soledad, pero también de sus sentimientos patrióticos; amaba a Croacia como a su propia madre, fustigaba a sus opresores, a los explotadores de los pobres y desamparados que tuvieron que emigrar al extranjero, exaltaba las bellezas naturales de Croacia y estaba convencido de que "hasta que late el corazón habrá Croacia".

Al comienzo del siglo surgió un gran número de buenos poetas de la Croacia Superior. Uno de los más originales era Vladimir Vidrić quien en cuadros mitológicos e históricos expresaba sus puntos de vista liberales y anticlericales y su amor por la naturaleza; Dragutin Domjanić, quien en sus "coplas" melódicas cantaba como antimilitarista angustiado por el atraso y la miseria de los campesinos; el prematuramente fallecido Fran Galović quien en forma inmediata y pintoresca echaba de menos a la patria y temía la muerte; y, finalmente, Ljubo Wiesner, seguidor de Matoš, quien en sus poemas, especialmente sonetos, recurriendo a sus expresiones simbólicas "con veneración contemplaba todo lo hermoso y exaltante que lo rodeaba" (Barac).

Vladimir Nazor (1876-1949) colaboró activamente durante media centuria en las letras croatas. Como en su vida cambió su actitud política, un observador superficial podría acusarlo de inestabilidad, pero profundizando se ve que con sinceridad e insistencia buscaba la solución a los graves problemas nacionales, personales y universales.

Empezó con Slavenske legende (Leyendas Eslavas, 1900) en las que admiraba la fuerza y la libertad de los dioses y los antepasados eslavos; siguió glorificando a Los Reyes Croatas (1912), pero durante la Primera Guerra Mundial cantó "los matorrales" última esperanza en la defensa del suelo patrio. Hacia los años veinte era uno de los más conocidos poetas católicos (Poemas sobre los cuatro arcángeles, 1927), mientras que durante la Segunda Guerra Mundial compuso Pjesme partizanske (Poemas de los guerrilleros comunistas). Pero en su último poema, "Ahasvero" (1946), afirma que el hombre, después de todas las búsquedas, encuentra su salvación únicamente en Cristo.

Nazor también escribió en prosa, en la que exhortaba a los istrianos a liberarse del yugo extranjero (Veli Jože, Gran José, 1908). Entre las dos guerras publicó bellos cuentos autobiográficos (Priče s ostrva, iz grada i sa planina. Cuentos de la isla, la ciudad y la montaña, 1927). Le interesó la métrica croata, escribió ensayos sobre algunos de sus escritores más conocidos y traducía del italiano y del alemán. Aunque la producción de Nazor está unida a la retórica, que a veces perjudica sus obras, pocos sentían tan profundamente la naturaleza como él y supieron compartir los sufrimientos y las esperanzas de su pueblo.

Coetáneo y amigo de Nazor fue Milan Begović (1876-1948). A diferencia de aquél que vivía retirado, Begović viajó mucho. Se hizo conocer al principio del siglo con su libro Knjiga Boccadoro (1900), donde exaltaba a las muchachas hermosas. Las generaciones jóvenes le dieron una calurosa bienvenida, y los viejos lo acusaban de pornografía. Begović compuso varias novelas, de las que Giga Barićeva (1940), donde siete pretendientes piden la mano de esta moderna Penélope, es la más célebre. Entre las dos guerras, junto con Krleža, Begović era el dramaturgo croata más conocido. Si bien sus dramas se caracterizan por vigorosos efectos escénicos, el mejor resulta ser Bez trećega (Sin el tercero, 1931), en el cual dramatizó el último capítulo de Giga Barićeva, donde describe el conflicto entre un marido celoso y su fiel, pero orgullosa mujer. Begović publicó también un logrado libro de viaje Put po Italiji (1942); conoció bien a Italia y le tenía mucho cariño a ese país de cultura y de vida agradable.

El mejor dramaturgo croata de fines y comienzo del siglo fue Ivo Vojnović (1857-1929). Escribió poesías y cuentos, pero sobresalió con sus dramas; cultivaba la temática nacional o describía la sociedad cosmopolita de Viena y Venecia, pero dejó obras de valor duradero únicamente cuando pinta a los aristócratas de Dubrovnik o la miseria de los que se vieron obligados a emigrar a América. En Equinoccio (1895) describe el conflicto entre una mujer engañada y su ex amante: ella lo mata cuando, enriquecido en Brasil, vuelve y trata de quitarle la novia al hijo ilegítimo. En Dubrovačka Trilogija (La Trilogía de Dubrovnik, 1902) Vojnović describió en forma magistral (en tres actos: "Allons enfants", "Ocaso" y "En la terraza") la desaparición gradual de los otrora poderosos patricios de Dubrovnik, que en su orgullo no quisieron o no supieron adaptarse a los nuevos tiempos. Igual que Djalski echa de menos a esos distinguidos señores.

Habría que referirse en el período de la literatura Moderna a Milutin Cihlar-Nehajev, ensayista de talento, quien escribió una de las mejores novelas de la literatura croata sobre Krsto Frankopan (Vuci, Lobos, 1928); a Dinko Šimunović, poco convincente mientras pintaba a los habitantes de las ciudades, pero que dejó páginas inolvidables cuando describe a sus queridos campesinos de la retaguardia dálmata; a Ivana Brlić-Mažuranić, quien escribió hermosos cuentos infantiles y por eso fue llamada "la Andersen Croata", y finalmente a Branko Vodnik, quien introdujo más amplios y nuevos horizontes en la historia literaria.

2. El período entre las dos guerras puede subdividirse en dos tramos: el primero termina con el asesinato de Esteban Radić en el parlamento de Belgrado (1928) y con la proclamación de la dictadura del rey Alejandro Karageorgević (1929), y el segundo finaliza más trágicamente aún con el golpe de Estado de los círculos nacionalistas e izquierdistas serbios (27 de marzo de 1941) y pocos días después con la invasión militar de Yugoslavia por parte de la Alemania hitlerista.

En el primer tramo los escritores se ocuparon más de los problemas estéticos, mientras que en la década del treinta prevalecieron el nacionalismo, el socialismo y los diversos choques ideológicos. En la década del veinte el expresionismo influyó en ciertos escritores croatas, pero en la siguiente aumenta la influencia francesa; la generación joven conoce poco la literatura italiana; los grandes escritores rusos del siglo XIX, sobre todo Dostoievski, ejercen poderosa influencia en ciertos escritores; y los escritores soviéticos (buenos y malos) por su parte fueron traducidos bastante y devotamente leídos por sus partidarios de la izquierda.

Entre los primeros y más talentosos representantes del expresionismo figura el prematuramente fallecido Antun Branko Šimić (1898-1925), oriundo de Herzegovina. En vida publicó un libro de poesía (Preobraženja, Transformaciones, 1920) y después su hermano Stanislav editó dos veces sus poemas escritos hasta 1925 (1933, 1960), y una vez lo hizo también su admirador Tadijanović (1950). Cómo lo sostenía en sus proclamaciones literarias, publicadas en sus revistas Vijavica y Juriš, así lo logró: sus producciones poéticas se distinguen por una particular actitud, por el verso totalmente libre, suprimida casi íntegramente la interpunción y por un conciso lenguaje. Este noble rebelde quien ataca a los demás, pero era muy exigente para consigo mismo, compuso un par de poemas religiosos a la vez que dejó versos en los que se mofaba del cielo y de todas las cosas sagradas. Sabiendo que pronto iba a morir y viendo la tremenda miseria de su derredor, Šimić cantó a su cuerpo que se detendría como "una máquina" y en general cantó a los hombres que se enfrentan con cosas inexorables.

Miroslav Krleža (1893), uno de los más fructíferos, más significativos, más influyentes y más discutidos literatos croatas, empezó también a escribir en el estilo expresionista, pero pronto se abrió su propio camino y creó su oración típica, inimitable. Al comienzo de sus creaciones Krleža compuso "sinfonías" al mediodía, al ocaso y a la noche, pero se hizo conocer por su poesía de guerra, en la que en forma eruptiva y vehemente describía a los soldados heridos, los hospitales y los cortejos fúnebres. En la década del treinta en Pjesme u tmini condenó la sociedad burguesa y previó que las masas de todos modos iban a encontrar una salida de la "oscuridad".

Su máxima realización poética son baladas, como Petrice Kerempuha (1936), compuestas en el dialecto kaikavski, donde brinda una grandiosa visión de la trágica historia croata, expresando la esperanza de que también para su pueblo vendrían días mejores.

Durante la Primera Guerra Mundial Krleža escribió "leyendas" dramáticas sobre Cristo, Miguel Ángel y Cristóbal Colón; trátase de personajes desdoblados, ambiciosos, a quienes muy pocos entienden; una leyenda o fantasía parecida publicó en 1959 sobre el médico romano Areteo, quien, reapareciendo en los años de preguerra, testimonia que el hombre actual no es menos mono que el de la época antigua. Sus mejores dramas se refieren a Los Glembaf, escritos a fines de los años veinte, bajo el fuerte impacto de Ibsen. En dichos dramas desmenuza en forma convincente y con matices psicológicos la mentalidad de algunos miembros de una decadente familia noble austro-húngara.

Como en su Baladas lloraba sobre el triste destino de su pueblo, de igual modo en sus cuentos antimilitaristas Hrvatski bog Mars (El dios croata Marte, 1922) condenaba a quienes enviaban al matadero de los diferentes frentes austríacos a los desgraciados campesinos y obreros croatas.

Su primera y mejor novela, Povratak Filipa Latinovicza (Retorno de Felipe Latinovicz, 1932) describe a un pintor que regresa de París a su casa para descubrir quién era su padre. El autor vincula con maestría los recuerdos de Felipe con su asco ante la corrupción de la clase alta. En la novela Na rubu pameti (1938) habla sobre la estupidez del hombre; y a partir de 1967 publica su novela en cinco tomos Zastave (las banderas), en los cuales, juntamente con sus recuerdos, brinda un cuadro de la realidad croata de 1912 a 1922. Los seis tomos de sus ensayos son un documento confirmatorio de su erudición, capacidad de reaccionar frente a todos los problemas actuales, de su combatividad y de su a veces inclinación impresionista y de allí de actitudes opuestas, pero en síntesis nos habla de un creador de extraordinaria fuerza. También describió su viaje de "peregrino" a la Unión Soviética (Izlet u Rusiju, Excursión a Rusia, 1926).

Como Krleža tuvo muchos adherentes en la izquierda, así en la oscuridad del zdanovismo guerrillero de la posguerra Tin Ujević (nacido en Vrgorac, Dalmacia, 1891-1955) era el mojón que indicaba a los jóvenes en qué fuentes debían abrevar y buscar la inspiración. Difícil y trágica fue la trayectoria vital de ese solitario y bohemio; empezó como discípulo de Matoš; siguió como nacionalista yugoslavo; durante sus seis años en París peleó con los políticos "yugoslavos"; regresó a la patria en 1919 totalmente decepcionado; vivió algunos años en Belgrado, luego en Sarajevo y Split hasta que en 1940 se radicó definitivamente en Zagreb.

Cuando empezó a escribir, Ujević estaba influenciado por Matoš y Kranjčević, además de los escritores renacentistas croatas, especialmente por Marulić, como se colige de su poema compuesto en el dialecto kaikavski "Oproštaj" ("La despedida"), incluido en la antología Mlada Hrvatska Lirika (La joven lírica croata, 1914). Los primeros dos libros de Ujević (Lelek sebra, El lamento del siervo, 1920; Kolajna, El collar, 1926) contienen poesías escritas mayormente en París. Si bien por sus rasgos formales se parecen a los de la preguerra, su contenido es distinto. En Lelek sebra canta sus penurias, su soledad y postración, su deseo de sacar de su congoja por lo menos una palabra salvadora:

Como duele sentirse débil,

cómo duele sentirse solo,

estar viejo siendo joven...

y a menudo, desde la prisión de su cuerpo, invocaba el Todopoderoso para que lo ayudara. Kolajna es un admirable poemario de la poesía de amor en que el poeta exalta a una dama imaginaria.

Aunque en los libros posteriores (Auto na korzu, Coche en el paseo, 1932; Ojadjeno zvono, La campaña afligida, 1933; Žedan kamen na studencu, La piedra sediente en la fuente, 1954) a menudo repite los mismos temas, sin embargo se revela menos emocionado, más sosegado, pero también menos consecuente; ese egocéntrico cantaba sobre "la fraternización de las personas en el cosmos" y exclamaba: "No temas, no estás solo"; él quien como un hijo rezaba al Dios cristiano era a la vez un admirador de Buda; en sus poesías cuesta distinguir entre lo aparente y lo real.

Como lo testimonian sus Obras Completas, en 17 tomos publicadas no hace mucho, Ujević era enciclopedista. No hubo problema al que no se dedicara por algún tiempo con todo su fervor. Se destacó también como excelente traductor de varios idiomas.

Entre ambas guerras, mundiales siguieron produciendo importantes escritores de la era Moderna, por ejemplo, Begović, Nazor y Nehajev, pero aparecieron muchos nuevos narradores. Entre ellos sobresalió Djuro Vilović quien con éxito describió el "septentrión y el mediodía croata" (Medjimurje y Dalmacia); un izquierdista noble y patriota, August Cesarec, a quien su tendencia socialista y la rapidez de trabajo impidieron dejarnos obras más valiosas; Alija Nametak, Hasan Kikić y Novak Simić, quienes nos descubrieron la Bosnia desconocida, musulmana y capitalista; y Vjekoslav Kaleb quien pintó la misma retaguardia dálmata que con éxito y plasticidad habían descrito Sima Matavulj y Dinko Simunović, pero Kaleb se expresó en su lenguaje peculiar y profundizó más el alma de sus queridos primitivos en ese insensible pedregal.

Entre estos y otros numerosos prosistas situados entre las dos guerras, merecen destacarse Slavko Kolar y Mile Budak, quienes por el año treinta habían conquistado al público lector croata.

Kolar había nacido cerca de Garesnica, Eslavonia, en 1891 y muerto en 1963. En sus trabajos iniciales (Nasmijane pripovijesti, Los cuentos sonrientes, 1917) estuvo demasiado influenciado por Nušić, escritor serbio cuyo propósito principal fue caricaturizar y entretener al público en libros de posguerra como Natrag u naftalin, Volver a la naftalina, 1946; Glavno je da je kapa na glavi, Lo importante es que la gorra esté puesta, 1956). Solía vengarse de sus ex amigos mostrando su temor y pusilanimidad, de modo que esa mofa y esa sátira cosquillea la curiosidad de los maliciosos, pero está lejos de ser un verdadero arte. En el libro Ili jesmo ili nismo (Somos o no somos, 1933) hizo un mosaico de la vida de los semi-inteligentes pequeños burgueses: trátase de almas pequeñas, dispuestas a compromisos e intrigas con el afán de acceder a los mejores puestos. La mejor obra de Kolar es su libro de cuentos Mi smo za pravicu, Nosotros estamos a favor de la justicia, 1936.

Lo mismo que Ante Kovačić y Anton Chejov tampoco Kolar idealizó al campesino ni lo rebajó al grado de animal. El campesino es envidioso, ávido y camorrero, pero son muy pocos los que le extienden la mano para levantarlo. En algunos de sus mejores cuentos, por ejemplo "Dueño de su propio cuerpo", los dramatizó.

No es fácil hablar de la figura "trágica" de Mile Budak, nacido en Sv. Rok, cerca de Gračac, Lika, 1889-1945. Fue encarcelado y maltratado por las autoridades yugoslavas y en 1932 se unió a los ustaši de Pavelić en Italia; de allí regresó a Zagreb en 1938; cuando en 1941 fue restituido el Estado de Croacia, Budak ejerció importantes funciones. Los guerrilleros comunistas lo ahorcaron en 1945 como "enemigo del pueblo". Mientras estaba en la cárcel y en los campos de concentración italianos escribió la mayor parte de sus obras, de modo que se publicaron a principios y a fines de los años treinta. En el primer período se destacan sus cuentos de Lika (Pod Gorom, Bajo el monte, 1930; Opanci dida Vidurine, Las zapatillas del abuelo Vidurina, 1933), mientras que en el segundo período creativo sus demás novelas quedaron ensombrecidas por Ognijšte (El Hogar, 1938). Algunos las comparaban con Los Campesinos de Reymont y El Plácido Don de Sholojov mientras que otros sostenían que el autor se servía de la técnica blanco-negro.

"Mientras que en Yugoslavia lo ignoran totalmente, los emigrados lo reeditan (Chicago, 1966) y hojean con cierta devoción como un viejo libro de oraciones" (V. Nikolić). Incluso entre sus adversarios políticos e ideológicos nadie niega a Budak su estilo épico, su lenguaje sencillo y jugoso y su capacidad de atraer y entusiasmar al lector con sus descripciones líricas de los arquetipos de su querida Lika.

Fueron numerosos los poetas de la década treinta; entre ellos con ciertas características sobresalieron dos poetas de Eslavonia: Cesarić y Tadijanović.

Dobriša Cesarić (1902) no escribió mucho: en total un centenar de poesías más bien de corto aliento; sus libros principales son Lírica (1931) y Poemas escogidos (1960, 1964).

Leyendo a Matoš, Vidrić y Ujević, y traduciendo a los conocidos poetas alemanes y rusos, Cesarić tomó de ellos las formas tradicionales, pero se independizó tanto en la expresión y en las ideas a punto que un lector atento puede reconocer sus versos incluso si no estuviesen firmados. No es grandilocuente sino que traza una cosa sencilla que luego adquiere un significado más hondo. En sus poemas ("El puerto muerto", "La nube", "El pájaro enloquecido") no encontramos un tono elevado o declamatorio, pero en estas escenas íntimas logra proporcionar una imagen de estancamiento o de belleza de la vida. En Cesarić también anida un fuerte sentimiento por las clases bajas ("Morgue de los más pobres") y por la patria oprimida ("Trompetista desde el Sena-Matoš en París").

Dragutin Tadijanović (1905) escribió bastante y publicaba a menudo sus libros. Sus colecciones de la preguerra (Lírica, 1931; Sunce na oranicama, Sol en los sembrados, 1933; Dani djetinjstva, Días de la niñez, 1937) son en el fondo una autobiografía poética. En ella nos habla con tono cálido y sincero sobre sus familiares vivos y muertos, sobre los viñedos y el cementerio de su pueblo natal, Rastušje, y sobre sus primeros amores.

Con el correr de los años reflexionando sobre sí mismo y sobre los demás; viajando por el extranjero y traduciendo a los poetas foráneos, sus horizontes se ensancharon mucho, si bien conservó la entonación. Sus últimos libros fueron: Blagdan žetve, La fiesta de la cosecha, 1956; Prsten, El anillo, 1963, 1965, 1967). Desde Nazor hasta Kaštelan los críticos se muestran unánimes en subrayar su estilo inconfundible, la pureza de su lenguaje poético y la musicalidad de sus versos. Viendo que su poesía toca los límites de la prosa, los menos interiorizados no se orientan, mientras que otros, con el oído más sensible, perciben en sus versos libres el ritmo de una primitiva autenticidad.

Habría que hablar más extensamente de la crítica croata de preguerra, tanto académica como libre y decir algo sobre las características principales de algunos críticos literarios (Albert Haler, Mihovil Kombol, Ljubomir Maraković y Antun Barac), pero el espacio limitado no lo permite.

Por la misma razón no podemos hablar más detalladamente de la extraordinaria actividad editora durante el gobierno del Estado de Croacia (1941-45), sobre el hecho de que entonces vivieron en Zagreb algunos de los principales escritores e izquierdistas (Krleža, Šegedin y Matković) y que algunos intelectuales (por ejemplo, Barac en su artículo "La libertad del silencio", publicado en 1943 en Hrvatska Revija) expresaban su desagrado frente a la libertad restringida. Dos escritores croatas, Nazor y Kovačić, ambos no comunistas, se unieron a los guerrilleros a fines de 1942. Ivan Goran Kovačić compuso en enero de 1943 el poema Jama, El pozo, la realización máxima entre los guerrilleros.

3. Los guerrilleros comunistas que salieron victoriosos de la Segunda Guerra Mundial, proclamaron el Estado "Federativo de Yugoslavia", ensancharon la frontera croata recuperando Istria, sometida durante un cuarto de siglo al severo régimen fascista italiano, aumentaron el número de escuelas y construyeron muchos caminos, pero implantaron el régimen comunista que sin consideración eliminó a sus reales potenciales adversarios.

Al comienzo en la literatura yugoslava todo se juzgaba conforme a los ukases de Ždanov, pero desde los años cincuenta, especialmente durante los años sesenta, se sentía en toda Yugoslavia un evidente deseo de liberalización. Los escritores más jóvenes leían a Eliot y Lorca. Ujević y Šimić, que hasta entonces figuraban en el índice de libros prohibidos, tuvieron muchos seguidores entre la nueva generación que primero fundó la revista literaria Krugovi (1952-58) y luego Književnik (1959-61). A fines de los sesenta prevalecía la convicción de que lenta, pero seguramente se iba hacia la descentralización y la eventual democratización. Esa fe encontró eco en las páginas de las extraordinarias revistas (Forum, 1962; Kolo, 1963-71; Kritika, 1968-71; Umjetnost rijeći, 1957). No hubo una sola ciudad croata de cierta importancia donde no se editara una revista literaria; la cantidad de libros editados y su valor testimoniaron que la literatura croata de cinco siglos no está en decadencia sino en una milagrosa eclosión y renovación.

A principios de diciembre de 1971, temiendo que el partido comunista iba perdiendo el control sobre los intelectuales y la gran mayoría del pueblo, Tito, sostenido por la vieja camarilla centralista, reintrodujo el sistema policial que castiga severamente toda expresión de la opinión libre. Algunos prestigiosos escritores croatas fueron condenados a varios años de cárcel y la conocida institución cultural croata Matica Hrvatska, que durante el movimiento masivo y renovador reveló una extraordinaria actividad, ahora apenas vegeta y en su nombre hablan funcionarios que nada tienen que ver con su tradición secular. Gojko Borić, escribiendo en Continente (Nro. 2. 1975) sobre las posibilidades de "samizdat" en Yugoslavia, afirma que ese Estado "en el dominio de la libertad espiritual y a causa de la falta de resistencia de los artistas y escritores está por debajo de la Unión Soviética".

Hubo en Croacia escritores que en los años de posguerra, cuando Yugoslavia fue el satélite más fiel de la Unión Soviética, lucharon contra el realismo socialista. Petar Šegedin (nacido en Korčula, 1909), en sus novelas Djeca božja (Hijos de Dios, 1946) y Osamljenici (Los solitarios, 1947) hablaba de los problemas que personalmente le interesaban, es decir, de los traumas de su niñez y de la soledad de los intelectuales en la sociedad contemporánea. En sus libros de viaje (Na putu, 1953; Susreti, Encuentros, 1963) y en sus numerosos cuentos Šegedin siguió su camino sin describir a los "héroes positivos" sino que hurgaba por los oscuros rincones de la subconciencia de sus protagonistas neuróticos. Šegedin es sólo en apariencia tradicionalista, su lenguaje es claro y las oraciones lógicas, pero es moderno, ya que su narración está llena de asociaciones sorprendentes, se mueve en el límite del ensayo y a veces adquiere la forma de carta a un amigo. Pocos como Šegedin expusieron de manera tan convincentes las razones de la transición del yugoslavismo al nacionalismo croata (Todos somos responsables, 1971).

Como Šegedin a sus lugareños, así Ranko Marinković (nacido en Vis, 1913) a sus isleños los describió como holgazanes a la sombra de la iglesia local de San Ciprián; canónigos gordos, viejas solteronas, carnosos taberneros y pequeños terratenientes charlan todo el día sobre estupideces (Proze, 1948). Su otro libro de cuentos, Ruke (Manos, 1953) es mucho mejor, pues amplió sus horizontes y entumeció el aguijón. Algunos cuentos de este libro, como "Abrazo", "Manos", "Ángel", de hecho son los mejores en la literatura croata de posguerra. Glorija (1956), comedia de Marinković, aunque tuvo un gran éxito en Yugoslavia debe su popularidad más a la tendencia antirreligiosa que a una descripción convincente de los feligreses que el autor no comprende. Síntesis de la obra de Marinković se considera su novela Kiklop (Cíclope, 1965). Es la odisea de un intelectual desequilibrado en la que están retratados algunos literatos de Zagreb en vísperas de la Segunda Guerra Mundial y donde se logra describir la atmósfera de miedo de esos años, cuando varios Polifemos ya habían cerrado la puerta del zoológico humano.

También entre los escritores algo más jóvenes hay buenos prosistas. En una reseña un tanto más extensa habría que referirse a Ivan Raos (1921), quien con el frescor de la expresión, con su sátira bonachona, aventuras y desventuras autobiográficas (Vječno Žalosni smijeh, La sonrisa eternamente triste, trilogía, 1965) y con sus apuntes histórico-legendarios sobre la comarca de Imotski (Prosjaci Sinovi-Pordioseros Hijos, 1971) adquirió fama de narrador excepcional.

Merece ser mencionado Slobodan Novak (1924) quien desde los primeros fragmentos en Izgubljeni zavičaj (La patria perdida, 1955) y hasta la novela Mirisi, tamjan i zlato, Olores, incienso y oro, 1968) normalmente elabora sus textos en base a los recuerdos de la infancia, de la guerra de guerrillas y de los años maduros cuando empezaron a preocuparle los problemas ético-ideológicos.

Cabe referirse también a Antun Šoljan (1932) quien en 1974 publicó la novela simbólica Luka, pero ya antes se destacó como narrador. Habló con franqueza sobre la "traición" de su generación para poder sobrevivir en una época poco poética, comprendiendo después que hace falta creer en algo, de modo que hace "breves excursiones", ora a la derecha ora a la izquierda.

Aunque desde los años ochenta del siglo pasado los novelistas y narradores a veces están a la vanguardia de las letras croatas, no hay un solo período donde no haya habido también excelentes poetas. Incluso en los años de transición del zdanovismo a la liberalización aparecieron Jure Kaštelan y Vesna Parun cuyas poesías integran todas las antologías.

Kaštelan (1919) publicó varios libros de poesía, siendo el más conocido Pijetao na krovu (El gallo en el techo, 1950). Sus mejores poesías están recogidas en Izbor pjesama (Poemas selectos, 1964). Aunque los críticos insisten en que Kaštelan frecuentó varias corrientes (creacionismo, surrealismo, Krleža y Tadijanović, Whitman y Lorca), no hay duda de que creó su propio ritmo y de que su lenguaje selecto concuerda con el contenido cuando con un acento conmovedor habla de sus compañeros que desaparecieron segados por varias enfermedades o por las bayonetas, cuyas voces el poeta siguió oyendo en las noches de insomnio.

Aunque en la literatura croata aparecieron durante los siglos varias poetisas, Vesna Parun (1922) fue la primera que en los años de posguerra, junto con Kaštelan, ocupaba la cima del Parnaso croata. Cuando en 1947 publicó su libro Zore i vihori (Auroras y torbellinos) —su mejor creación poética y entonces un rayo de sol ya que en aquellos tiempos difíciles los comisarios políticos determinaban lo qué y cómo había que escribir—la atacaron como reaccionaria. Su segundo libro importante se llama Crna maslina (Olivo negro, 1955). Mientras en el primero cantaba los horrores dé la guerra y creía en el socialismo, en el segundo y los posteriores nos cuenta con sinceridad sus malogrados amores. Nadie antes con tanta intensidad había expresado el sentir femenino. Parun, que buscaba constantemente el significado de la vida en este mundo desespiritualizado, al comienzo de 1971 declaró en Glas Koncila que regresaba al catolicismo.

Además de Kaštelan y Parun sobresalieron como poetas Mak Dizdar, Slavko Mihalić, Josip Pupačić, Milivoj Slavićek, Zlatko Tomičić, Vlado Gotovac e Ivan Slamnig, y como dramaturgo Marijan Matković, quien mientras escribía sobre los héroes legendarios griegos se refería a los tiempos actuales.

Entre los críticos literarios es menester citar a Ivo Frangeš, Miroslav Vaupotić, Vlatko Pavletíć, Tomislav Ladan y Branimir Donat, además de otros más jovenes que investigan y estudian la literatura croata guiados exclusivamente por los modernos criterios estéticos.

Después de 1945 varios escritores croatas buscaron refugio en el extranjero. Entre los mayores figuraba Ljubo Wiesner, mientras que a la generación media pertenecían Antun Bonifačić, Ivo Lendić, Vinko Nikolić y Antun Nizeteo.

Wiesner murió en 1951, en Roma; Bonifačić se trasladó del Brasil a Estados Unidos de América; mientras que Lendić y Nikolić se radicaron en Buenos Aires, donde se refugió la mayor parte de los intelectuales croatas.

Bonifačić que siguió en el exilio escribiendo poesías y prosa, es uno de los principales intelectuales croatas en el exilio. Sus poesías completas fueron editadas en Chicago en 1974. En su novela Bit ćete kao bogovi (Seréis como dioses, 1950) aparece muy acentuada su tendencia política.

Nizeteo se destacó como narrador, ensayista y traductor. Su libro de cuentos Bez povratka, (Sin retorno, 1957), especialmente en la segunda parte, resulta muy interesante desde el punto de vista temático y las figuras de los emigrados llegan a convencer. Bez povratka y Ludi Mile (1970), ésta de Ivan Meštrović, son las obras en prosa mejor logradas que dieron los exiliados croatas.

Mientras que los demás escritores croatas se ocupan de otras cosas para subsistir, Nikolić se dedicó últimamente tan solo a la actividad literaria y editora. Entre su prolífica producción poética sobresalen los poemas escritos en el dialecto čazavski de su pueblo natal. El lector, sin embargo, prefiere sus "mensajes" dirigidos a la madre y a la patria lejana, presentes en el corazón de todos. Nikolić publicó un libro de viajes, Pred vratima domovine (Ante la puerta de la patria, 1966-67), donde brinda no sólo un excelente cuadro de la situación imperante entre los exiliados sino que rebosa también por su frescura poética. Desde hace veinticinco años dirige Hrvatska Revija, una revista literaria trimestral, la mejor que publican los croatas fuera de la patria.

Habría que decir algo acerca de los poetas que empezaron a escribir recién en el exilio (entre los mayores Lucijan Kordić, la desaparecida Nada Kesterčanek-Vujica, Alan Horić; y entre los más jóvenes Mirko Vidović, Boris Maruna y Vinko Grubišić, pero nos limitaremos a dos poetas ya fallecidos: Viktor Vida y Srećko Karaman.

Viktor Vida, nacido en 1913 en Kotor y quien se suicidó en 1960 en Buenos Aires, empezó a publicar poesías en Zagreb en la década del treinta y continuó haciéndolo durante la guerra en Italia, pero desarrolló su mayor actividad en la Argentina. Dio a luz dos libros de poesía (Svemir osobe, Cosmos de la persona, 1951; Sužanj vremena, Cautivo del tiempo, 1952), mientras que Nikolić con gran devoción preparó después de su muerte una edición de lujo de sus poesías completas (1962). Sirviéndose de este trabajo, Mirko Bogišić hizo una selección de la obra de Vida (Otrovane Lokve, Los charcos envenenados, Zagreb 1971). La mayoría de las poesías de este vate se relacionan con Dios, la muerte y su patria chica. Escribió con moderación, intuitivamente, con gusto, sin palabras demás; cautiva por sus melodías y sus imágenes. Puede considerárselo continuador de Matoš y de Ujević.

El delicado poeta Srećko Karaman, nacido en Jesenice, Poljica inferior, en 1909 y muerto en Buenos Aires en 1964, no fue muy fértil: publicó un solo libro de poesía (Jedro na pučini, Vela en alta mar, 1951). A Karaman también lo abrumó el exilio. En sus pensamientos y sueños a menudo vagaba por las costas de su niñez y por los viñedos paternos, evocando las muchachas de su pueblo, frescas como una fruta jugosa. Anhelaba siempre volver al mar; aspiraba a navegar como el "Ala en alta mar", sin presentir que no volvería a ver a los seres queridos. Bajo los cielos extraños era como una gaviota solitaria.

Drago Ivanišević (1907), paisano de Karaman, izquierdista, y uno de los pocos surrealistas en la literatura croata, residiendo en 1953 en Bol, en la isla de Brač, medita así sobre la patria croata.

Pues Croacia no es tierra, piedra, agua,

Croacia es la palabra que aprendí de mi madre

y lo que es más hondo de la palabra;

y eso más hondo me une a Croacia.

Con la Croacia de los croatas;

en sus sufrimientos,

con sus sonrisas y esperanzas,

me une a los hombres,

y yo como croata soy hermano de todos los hombres.

¡Y donde voy, conmigo está Croacia!

Vlado Gotovac, nacido en Imotski en 1930, uno de los poetas más reflexivos de la generación media, fue encarcelado por la sola razón de haber dicho que además de la humanidad, él pertenece también a su pueblo:

Croacia, tú nos invitas sin dar explicaciones

y no te puede servir quien no te acepta

tú recién en el camino descorres tus velos

y descubres lo que hicimos yendo tras tuyo...

El país que cuenta con hijos tan fieles y capaces recobrará su libertad nacional y la democracia, y las futuras generaciones de escritores croatas, siguiendo la rica tradición de cinco siglos, crearán sin duda las obras que testimoniarán de la manera más firme que el espíritu humano es invencible.

 

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Croacia y su Destino, Studia Croatica – Instituto de Cultura Croata, Buenos Aires, © 1977, 2010