V - LA RESTAURACIÓN DE LA INDEPENDENCIA DE CROACIA (1941-1945)

La independencia de Croacia fue proclamada el 10 de abril de 1941, consecuencia lógica de la lucha de su pueblo contra la Yugoslavia monárquica. El acto de la proclamación recayó sobre Slavko Kvaternik, ex coronel del ejército de la Doble Monarquía y uno de los nacionalistas más destacados del país. Kvaternik, luego de la negativa del doctor Vlatko Maček, presidente del Partido Campesino Croata, que representaba a la mayoría de la población, proclamó la independencia en nombre del pueblo y del doctor Ante Pavelić, jefe del Movimiento Revolucionario Ustaša, quien desde hacía varios años vivía en Italia como exiliado político, condenado a muerte (1929) por el régimen de Belgrado.

Existen muchos pormenores de importancia historiográfica y política, relativos a dicha Declaración, cuyo relato sobrepasaría en muchos aspectos el marco asignado a este capítulo. Pero no hay duda alguna de que el pueblo croata, perseguido y oprimido en la Yugoslavia monárquica, tenía el derecho de rebelarse y proclamar la independencia de su patria. Baste citar algunos textos contemporáneos:

"Sin duda alguna, el Estado de Croacia es un hecho y el pueblo lo quiere. Cómo y qué será más tarde, nadie puede prever. Apenas salimos de Zagreb, encontramos fuera de la ciudad una completa desorganización. En la localidad de Slunj los rebeldes habían tomado el poder en sus propias manos. Los representantes del mismo eran de toda clase. Había entre ellos incluso andrajosos, pero asumieron el poder y daban la impresión de que sabían algo de lo que querían. Ante la localidad de Drniš fuimos detenidos por los rebeldes, pero, después de la aclaración por parte de Pavle Ostović sobre quiénes éramos y a dónde nos dirigíamos y que yo era el cónsul británico, nos permitieron continuar el viaje... En la localidad de Muć almorzamos con franciscanos... Por doquiera nos detenían, al enterarse de mi identidad, nos permitían continuar el viaje sin obstáculo, recalcando que nada tenían contra los ingleses, que en el fondo del alma eran pro ingleses, pero, en virtud de las condiciones políticas imperantes, salió todo al revés". (Ver Ivan Meštrović: Uspomene na političke ljude i dogadjaje, Buenos Aires, 1961, p. 308).

Estas palabras claras del cónsul británico, señor Thomas C. Rapp, han sido confirmadas por el arzobispo de Zagreb y más tarde cardenal, monseñor A. Stepinac: "El pueblo croata se declaró plebiscitariamente por su Estado de Croacia y yo sería nadie si no hubiera sentido el pulso del pueblo croata que fue un esclavo en la Yugoslavia monárquica. He dicho: a los croatas no se les permitía el progreso en la carrera militar o entrar al servicio diplomático excepto en el caso de que cambiaran de religión o se casaran con una mujer no católica.

En cuanto a lo dicho sobre el derecho del pueblo croata a la libertad y la independencia, todo está en perfecta consonancia con los principios fundamentales de los Aliados... Si de acuerdo con estas condiciones todos los pueblos tienen derecho a su independencia, ¿por qué este derecho debería ser negado al pueblo croata? La Santa Sede señaló en varias oportunidades que también los pueblos pequeños y las minorías nacionales tienen derecho a la libertad. ¿Por qué un obispo y metropolitano católico no debería decir ni una palabra en este sentido? Si es necesario caer, caeremos, porque hemos cumplido con nuestro deber".

Así habló aquel maravilloso sacerdote del siglo XX en su discurso ante el tribunal comunista de Tito en el "vergonzoso proceso" que le impusieron los enemigos del catolicismo y el pueblo croata. (Ver: Eugen Beluhan: Stepinac govori — Stepinac habla, Valencia, España, 1967, pág. 128). Esto es lo sustancial. Todo lo demás, con sus múltiples y más variados aspectos, son consideraciones del oportunismo político, croata o ajeno, más ajeno que croata, sin afectar el derecho mismo del pueblo a ser libre. Se trata de aquel derecho superior a todas las contingencias transitorias y condiciones del momento. Lamentablemente, estas contingencias, así como la expresión de la voluntad del más fuerte, venían imponiéndose desde el comienzo al derecho sagrado de la libertad del pueblo croata.

En efecto, las potencias revisionistas —la Alemania nacionalsocialista y la Italia fascista— no provocaron el conflicto internacional única y exclusivamente por razones de la revisión del orden europeo existente en aquel momento histórico: tenían ambiciones mucho más grandes como conquistar territorios ajenos y dominar sobre los pueblos. Esta fue la causa de que la independencia de Croacia no entrara en los cálculos de conquista ni de Alemania ni de Italia. En el "imperio romano" de Mussolini o en el "nuevo orden" de Hitler no había lugar para la libertad ni para la soberanía de otros. La independencia de Croacia, aceptada a último momento, servía sólo de escalón para sus intenciones de conquista y dominación.

Hay, sin embargo, una diferencia considerable entre lo que quiso Hitler y lo que ansiaba Mussolini. El primero tenía un plan con Croacia para un futuro más lejano y el segundo quiso realizar el suyo sin demora. De allí las dificultades del reconocimiento del Estado croata por parte de las dos potencias. Ante un cierto desinterés alemán en cuanto a las futuras fronteras de Croacia, Mussolini quiso asegurarse inmediatamente territorios croatas, en especial en Dalmacia, mediante una obligación escrita por parte del doctor Pavelić antes de la toma del poder en Croacia.

Por eso, después de largas y difíciles discusiones tanto en la ciudad croata de Karlovac, entre el 13 y el 14 de abril de 1941, como en el viaje de regreso a Croacia de Pavelić y después de telegramas entre Roma, Berlín y Karlovac, Hitler y Mussolini se pusieron de acuerdo en un telegrama del mismo tenor (15 de abril de 1941) en el que reconocían al nuevo Estado croata, pero recalcando que las fronteras "iban a ser convenidas" mediante un intercambio de opiniones con el gobierno croata. A este reconocimiento siguieron otros: de Eslovaquia también el 15 de abril de 1941, de Bulgaria el 21 de abril, de Hungría el 22 de abril, de Rumania el 6 de mayo, del Japón el 7 de junio, de España el 14 de junio, de Finlandia el 31 de julio, de Dinamarca el 10 de julio, de Mandzukuo el 2 de agosto y de Tailandia el 27 de abril de 1943. En total, Croacia fue reconocida como sujeto independiente de derecho internacional por nueve países europeos y tres asiáticos. Además, Croacia tenía relaciones de facto con Francia y Suiza; había firmado acuerdos, tratados y convenios relativos al intercambio de pagos, asuntos postales y de telecomunicaciones, de comercio, de colaboración cultural, etcétera, con varios estados con o sin reconocimiento. Así el Gobierno croata notificó el 20 de enero de 1943 al Consejo Confederal de Suiza su adhesión a las convenciones de Ginebra del 27 de julio de 1929 relativas a la suerte de los enfermos y heridos en las batallas, así como también de los prisioneros de guerra y que, en consecuencia, se había constituido la Cruz Roja Croata. El consulado suizo en Zagreb informó al presidente de la misma por intermedio de la circular del 13 de marzo de 1943, que su adhesión fue comunicada a todos los miembros interesados y que tenía efecto inmediato.

El resto del mundo, bajo la directa influencia de los Aliados, sostenía la ficción jurídica de la existencia de la Yugoslavia monárquica, suspendida transitoriamente por la fuerza de armas "del enemigo". A la luz de esta tajante politización del derecho, el derecho a la autodeterminación croata fue supeditado a los criterios de la política internacional o, mejor dicho, dependía de la mayor fuerza de armas entre uno y otro bando en pugna casi universal. Pero antes de abordar en breves términos las consecuencias finales de esta concepción politizante del derecho considerado como pura expresión de la voluntad de poder del más fuerte, veamos rápidamente cómo se habían desarrollado las relaciones entre Croacia y sus principales "aliados" revisionistas.

Para todo espíritu recto, interesado en conseguir al respecto una visión objetiva, científica y de derecho como norma más importante para la vida de los hombres y los pueblos en comunidad, es indispensable conocer justamente este aspecto, pues al pasarlo por alto y en una atmósfera superpolitizante se acusa a Croacia, a su gobierno y a su pueblo de simpatizar con una ideología incompatible con el espíritu democrático europeo en general y del pueblo croata en especial. El fascismo, el nacionalsocialismo y el racismo fueron y son esencialmente contrarios a la educación, la tradición, la mentalidad y la cultura del pueblo croata.

Si bien los intereses de las dos principales potencias revisionistas estaban en colisión entre sí, dejando de ese modo a la política croata cierto margen de maniobra "libre" entre las dos, no es menos cierto que en los momentos más propicios en tal sentido para los croatas siempre llegaban decisiones definitivas, sea de Berlín o de Roma, que daban preferencia a sus intereses recíprocos antes que a los de Croacia.

A pesar de esta concordancia negativa entre ambas potencias dominantes —desconocer el valor objetivo del Derecho en el derecho del pueblo croata— sus conductores encontraban a duras penas una política positiva común con respecto a Croacia. Gracias a la falta de confianza mutua entre los dos dictadores del eje Berlín-Roma y por la oposición de sus intereses en Croacia, antes de pasar al arreglo definitivo de las fronteras con ese Estado croata en el sentido previsto en sus telegramas de reconocimiento del 15 de abril de 1941, el conde Galeazzo Ciano, ministro de Relaciones Exteriores de Italia, y su colega alemán, J. von Ribbentrop, fijaron una línea de demarcación de dichos "intereses" en la reunión efectuada el 20 de abril de 1941, sin conocimiento o consulta con el gobierno croata. Lo así convenido en Viena le fue comunicado recién el 23 de abril, es decir, tres días después.

De esta manera y desde el comienzo surgieron dificultades entre Croacia y sus "aliados". Italia inmediatamente presentó sus exigencias en cuanto a las fronteras del flamante Estado croata y las conversaciones acerca de este grave asunto comenzaron el 25 de abril del mismo año en la capital eslovena Ljubljana y terminaron el 7 de mayo en la localidad italiana de Monfalcone. Las tratativas desembocaron en los "Contratos de Roma" firmados por ambas partes en la capital italiana el 18 de mayo de 1941. Para evitar las extremas exigencias territoriales italianas, que se extendían a toda la costa croata desde Rijeka hasta Boka Kotorska, con todas las islas adyacentes, el gobierno croata tuvo que aceptar el 15 de mayo de 1941 como una alternativa la designación de Amadeo, duque de Spoleto de la casa real italiana de Saboya, como futuro rey de Croacia. Pero esta decisión del gobierno croata tuvo poco valor ya que el contenido de los Tratados de Roma fue un gravísimo golpe para la independencia y el futuro de Croacia. De acuerdo con los mismos la parte meridional de Croacia, situada al sur de la línea divisoria ítalo-alemana convenida en Viena sin los croatas, fue dividida a su vez en tres zonas.

La primera de ellas fue simplemente anexada a Italia, con unos 5.400 km2 del territorio croata y 380.000 habitantes. De esta manera, Italia, además de anexar territorio ajeno con población ajena, cerró prácticamente a Croacia su acceso natural al mar Adriático, su más importante puerta con el mundo entero. En cuanto a la segunda zona, en los mencionados contratos se decía: Art. 1 — "El gobierno croata se obliga a no levantar ni sostener 'fortificación militar alguna o instalación de carácter militar continental, marítimo o aéreo en las islas y en la región que se halla entre el mar y la línea que figura en la carta adjunta y que forma parte de este Convenio, como tampoco mantener cualquier base o construcción que podría utilizarse para los fines de guerra, incluyendo aquí también fábricas o depósitos de municiones y de material bélico". Sin precisar con exactitud la nueva línea, la tercera zona debía extenderse entre la misma y la línea de demarcación convenida con Alemania.

Una vez firmados los acuerdos básicos entre Croacia e Italia, Mussolini emitió la siguiente orden al comandante del Segundo Ejército italiano, general Ambrosio, el 19 de mayo de 1941: "Las fuerzas armadas italianas que se encuentran en el territorio del Estado Independiente de Croacia, desde mañana, 20 del corriente mes, cesan de tener el carácter de fuerzas de ocupación y adquieren el carácter de tropas que se hallan en el territorio del amigo y aliado, el Estado Independiente de Croacia". (Ver Dr. M. Blažeković: "Status Internacional de Croacia", Studia Croatica, Vol. 22-23/1966, Buenos Aires, pp. 280-281).

La fijación de las fronteras con Alemania no tuvo mayores dificultades. Las autoridades del país germánico no consideraron a sus tropas en el territorio croata como tropas de ocupación, lo que se señala dos veces en el acuerdo croata-alemán en virtud del cual Srijem con la ciudad de Zemun pasaba a la administración exclusiva del Estado Independiente de Croacia, invocando el "Tratado germano-croata sobre la estadía del ejército en Croacia". (M. Blažeković comenta en el lugar ya citado: "El texto de este acuerdo —Deutsch-kroatischer Abkommen über den Aufenthalt deutscher Wehrmacht in Kroatien— valioso para juzgar los derechos y los deberes del ejército alemán en Croacia, no fue hallado. Probablemente a ese acuerdo alude A. P. Sereni cuando escribe: "By agreements with the Croat government, German troops will be stationed in the city of Zemun, on the Southern bank of the Danube, for the duration of the war". Tampoco pudo hallar ese documento el Institut für Zeitgeschichte de Munich, ni Bundesarchiv (Militaerarchiv) en Coblenza, ni siquiera Militaergeschichtliches Forschungsamt in Freiburg im Breisgau".

A pesar de estas estipulaciones jurídicas que salvaguardaban el carácter estatal, soberano e independiente de Croacia, fueron los actos posteriores los de mayor gravitación negativa que afectaron al nuevo Estado. La insurrección de la minoría serbia, tanto nacionalista (chetniks) como comunista, estimulada por las tropas italianas y la constante pretensión de Italia de someter a toda la Croacia a su poder; obligaron a Pavelić a aceptar la exigencia de Mussolini del 16 de agosto en el sentido de que se le entregase también la segunda zona bajo el control italiano, lo que aquel hizo el 22 de agosto. El texto de este convenio entre Pavelić y el general italiano Ambrosio nunca fue publicado ni dado a conocer al pueblo croata. El general italiano se encargó del poder derivante de dicho convenio el 7 de septiembre de 1941. En junio de 1942 este poder, con las prerrogativas concomitantes, fue modificado en virtud de nuevas estipulaciones llevadas a cabo personalmente entre Pavelić y el general italiano Roatta, sin que tampoco esta vez el texto fuera dado a publicidad.

Aislando así cada vez más al doctor Pavelić de su pueblo, el maquiavelismo italiano halló campo propicio para su juego contra la existencia misma de Croacia. Mientras por un lado le aseguraba un poder supuestamente absoluto y personal, por el otro se hacía todo lo posible para incapacitarlo a él y a su país como un efectivo oponente a las ilimitadas pretensiones italianas. Combinando astutamente la acción de los dos movimientos serbios de subversión con las pretensiones italianas cada vez más grandes, dichos movimientos se convirtieron en el instrumento más idóneo de su política. La base "ideológica" de este proceder italiano la hallamos formulada clara-mente en el discurso de Giuseppe Bastianini, "gobernador" fascista impuesto en la Dalmacia croata. El 12 de abril de 1942 éste pronunció un discurso en la ciudad de Zadar donde entre otras cosas dijo lo siguiente: "Aquel que no quisiera que su espíritu se inspirara en las fuentes de Virgilio, Horacio y de Dante, aquel que considera una humillación ser miembro de la comunidad que dio a Volta, Marconi, Petrarca o D'Annunzio, Miguel Ángel o Rafael, a San Francisco o San Benito, le queda como única solución encaminarse por la vía más corta hacia la frontera. Aquí domina Roma, su idioma, su ciencia, su moral: además regresó por aquí el león armado de San Marcos" (Ver: Giornale di Dalmazia del 14 de abril de 1942).

Esta declaración, un poco atrasada, sólo confirmaba públicamente lo que fue desde el comienzo la política italiana en Croacia. Desgraciadamente, en lugar de encaminarse a las fronteras, es decir, abandonar a los hogares de sus padres y trasladarse a la Croacia dolorosamente reducida, unos 90.000 croatas de Dalmacia y otras regiones bajo el "control" de las tropas italianas llenaron por fuerza los campos de concentración de Italia, siempre en nombre de la "moral romana" que, depravadamente, invocaba incluso a San Francisco. No mencionamos aquí los miles de croatas matados por las bandas serbias, armadas y apoyadas por las tropas que llegaron a Croacia, irónicamente, para propagar el derecho romano y la moral de San Francisco y San Benito. "La política de ayuda y de armamento de los chetniks empezó ya desde el primer día en que las tropas italianas entraron en el territorio croata", dice un historiador contemporáneo croata. (Jere Jareb: Pola stoljeća hrvatske politike - 'Medio siglo de la política croata'; Buenos Aires, 1960, p. 108).

Para ilustrar la situación creada por la conjunción de estos dos factores —los movimientos subversivos serbios y las pretensiones italianas—, reproducimos las opiniones de algunos historiadores extranjeros. "La situación económica de Croacia, uno de los países europeos agrarios más ricos, empeoraba constantemente. Desde que los italianos se enteraron de la poca simpatía que mostraban los croatas por 'el imperio fascista', prefiriendo a los alemanes que se mostraban mucho más correctos y leales, emprendieron toda clase de medidas para vengárseles. Así empezó su colaboración con la minoría serbia en Croacia desde que esta hostilidad fue comprobada, Italia nada hizo para sostener al Estado croata... Gracias a un régimen especial impuesto en la primera zona de ocupación, Dalmacia y los puertos más importantes fueron prácticamente anexados a Italia. La soberanía croata sobre dichos territorios fue solamente nominal.

En el resto del suelo dálmata, ya de por sí poco productivo, fueron estacionadas numerosas divisiones italianas que por no recibir víveres de su país vivían a costa de Croacia. Debido a ello se produjo una pronunciada escasez de alimentos. Los precios de los productos agrarios alcanzaron cifras astronómicas, lo que provocó la constante afluencia de dichos productos desde otras regiones de Croacia hacia la zona italiana, sumiendo al país entero en una situación de penuria económica. A este fenómeno debe agregarse otro no menos grave: la guerra interna desatada por insurrectos que impedía los trabajos agrícolas en vastas zonas del país, donde además faltaban las semillas necesarias y las cosechas eran destruidas con pocas excepciones... Croacia... no dejaba de empobrecer llegando finalmente al momento en que una gran parte del país experimentó una verdadera hambre. La 'colaboración' de las unidades italianas con los 'maquis' fue cada vez más lejos, convirtiéndose en una verdadera traición a los intereses de la alianza prefiriendo tratar con los insurrectos a combatirlos.

Así en el verano de 1942 la gendarmería alemana arrestó a un emisario corredor comunista que se dirigía al Cuartel General de Roatta... Del interrogatorio no se extrajeron grandes novedades sino tan solo se confirmó que ese hombre había recorrido varias veces el camino entre Tito y Roatta". Los alemanes de responsabilidad en Zagreb no dieron la debida importancia al hecho, pero "...un poco más tarde, durante ese mismo año, se presentó una oportunidad para percibir dicha importancia. Una vasta operación estaba en desarrollo... Roatta había indicado a los alemanes que la ofensiva italiana (contra los insurrectos) debía dirigirse hacia Sarajevo. Luego de repente, sin ninguna necesidad que lo hubiera exigido, Roatta dejó unos 80-100 km libres de tropas para el paso, justamente a lo largo del lado sur de la línea de demarcación italo-germánica. Los partisanos de Tito se precipitaron a ese espacio libre de obstáculos. Luego siguieron otras olas de tal manera que pudo apreciarse fácilmente una sincronización evidente entre el movimiento de las mismas y las tropas italianas". (Ver: Bernard George: L'Occident joue et perde la Yugoslavie dans la guerre, París, 1968, pp. 131, 132). Lo mismo está confirmado por el biógrafo oficial de Tito, Vladimir Dedier y Walter Hagen, éste último en su obra Die Geheime Front.

Esta política italiana no pudo menos que provocar consecuencias negativas para Croacia, también con su aliado alemán. Por el estado caótico creado en el sector italiano, Hitler exigió de Pavelić la subordinación del ejército croata al comando alemán. En una entrevista personal entre los dos, efectuada en septiembre de 1942, Pavelić tuvo que aceptar la "propuesta" de Hitler. Desde ese momento hasta la finalización de la guerra, la ingerencia alemana en la vida interna de Croacia, tanto militar como civil, fue cada vez más amplia. Pavelić nada hizo para separarse de Alemania en el momento de la capitulación italiana en 1943.

A pesar de las conclusiones que pudo sacar del panorama mundial que anunciaba la catástrofe alemana y sin tomar en consideración advertencias del general alemán en Zagreb, Glaise von Horstenau y de grupos de sus propios colaboradores más íntimos, en el sentido de que abandonase la alianza con Hitler y pasara de lado de las potencias aliadas, Pavelić permaneció fiel a los alemanes hasta el fin. Incluso pudo conjurar un levantamiento militar encabezado por dos hombres de su gobierno —Lorković, ex ministro de relaciones exteriores, y Vokić, ministro de guerra—, previsto para septiembre de 1943. ¿Razones de esta actitud?

La respuesta es muy difícil y por ser muy compleja excedería los límites de este trabajo. Suponía, quizás, el doctor Pavelić, entre otras cosas, que las potencias occidentales entendieron los motivos reales de la política croata —el derecho de la autodeterminación y la lucha incondicional contra la restauración de la hegemonía serbia, esta vez como una dictadura comunista— y que, en consecuencia, iban a aplicar otros criterios más favorables con respecto de su gobierno, al ejército y al pueblo croatas, sin consideración a su suerte personal.

Esta posible explicación y la supuesta esperanza de Pavelić y de los que la compartían con él, en el país o fuera del mismo, se esfumó como una trágica ilusión. La tragedia de Bleiburg, donde culminó la catástrofe de la Croacia de Pavelić y de su gobierno con la matanza de la flor de la juventud croata (unos 200.000 soldados y 100.000 civiles) fue seguida por la implantación de un régimen de horror de carácter comunista totalitario y hegemónico en manos serbias.

Una parte de los comunistas croatas seguida casi por la totalidad del pueblo croata, recién en 1969-1970 se decidió a levantar la voz contra ese régimen de absoluta opresión y explotación de su pueblo. Su intento de corregir esta política siniestra y orientarla en el sentido de las promesas solemne-mente dadas durante la guerra —la igualdad de todos los pueblos y la unidad y la fraternidad de los mismos— fue tildado de nacionalista, reaccionario, liberal y separatista, reimplantándose un régimen interno de "centralismo democrático". Éste, manu militari, destituyó y condenó a miles de comunistas croatas, entre ellos a los más destacados; centenares de intelectuales comunistas y no comunistas fueron condenados a largos años de prisión en las condiciones más inhumanas, mientras miles y miles de estudiantes fueron obligados a languidecer en cárceles, abandonar estudios y huir al extranjero. Por la deficiente economía dirigida y por la persecución política, unos 700.000 croatas debieron ir a buscar trabajo en los estados "capitalistas". Su regreso a los hogares paternos se vio obstaculizado por múltiples razones. No hay libertad política-nacional, no hay posibilidades de progreso económico. Los ahorros de divisas deben pasar por los bancos serbios, el resto que se les entrega pueden invertirlo solo en muy limitadas actividades económicas. La independencia económica engendra la libertad, pero el régimen comunista y la libertad son incompatibles. En el caso de Croacia sometida al régimen de esta índole en manos serbias en colaboración con comunistas eslovenos, macedonios, montenegrinos y la capa más pervertida y desnacionalizada de los comunistas croatas, hace todo lo posible para reducir al pueblo croata al estado de impotencia.

Investigar los motivos por los cuales los aliados occidentales prefirieron continuar y siguen continuando su política de cooperación con las potencias comunistas hasta el momento actual; analizar si esta política trajo la liberación o la esclavitud de muchos; si la opresión comunista es más humana que la de Hitler y de Mussolini; si la situación actual es mejor que aquella del año 1939, todas estas cuestiones por cuanto son de importancia trascendental sobrepasan la tarea de este trabajo y nosotros no podríamos cambiar el rumbo de la dura realidad. Quisimos sólo trazar en líneas generales la milenaria historia de nuestro pueblo y presentarla como fuente inagotable de su derecho a vivir en la libertad junto con otros pueblos libres y a elegir sus gobiernos y a sus gobernantes de acuerdo con su interés y en plena armonía con otros pueblos libres. ¿Se trata, pues, del nacionalismo?, ¿de un movimiento retrógrado y de reacción? La contestación depende de lo que uno entiende por nacionalismo.

Paul Lendvay, por ejemplo, el agudo observador de la realidad política de nuestros días y en aquella parte de Europa, en su libro L'Europe des Balkanes après de Stalin, París, 1973, señala, después de un detenido análisis de las condiciones en que allí viven los pueblos bajo los regímenes comunistas, que su nacionalismo no es reaccionario sino de liberación, democratización y humanización y que merece ser entendido y ayudado por el mundo libre. Ese nacionalismo, como idea, como fuerza espiritual, se revela más fuerte que la ideología comunista, que su materialismo histórico y dialéctico. Es, en consecuencia, una cuestión del mundo libre el encontrar la forma de cómo liberar esa tremenda fuerza, porque una considerable parte de culpa recae justamente sobre el mundo libre por haber ayudado al comunismo para que impusiese su yugo allí donde pocos lo deseaban. La urgencia de una solución liberadora se hace cada vez más impostergable. Muchos perecen bajo aquel yugo; muchos se alistan en las fuerzas del totalitarismo neofeudal comunista, engrosando sin quererlo, las filas que amenazan a toda la humanidad. A lo largo de estas páginas hemos tratado de delinear rasgos fundamentales de la personalidad histórico-nacional del pueblo croata y fundamentar hechos reales, su derecho a la libertad y la independencia de acuerdo con el sentido que a estas dos palabras y conceptos les da nuestra época. En efecto, en la historia humana la violencia y el derecho siempre estaban y siguen estando en pugna sin tregua. Confiando en la victoria del derecho y aunando nuestras fuerzas a las de los demás pueblos amantes de la libertad, guardamos esperanza y fe en un futuro mejor para Croacia.

No nos sentimos solos. Muchos pueblos soportan la misma suerte no merecida. El derecho, aquel don divino según Hesíodo, concedido al hombre únicamente, está de nuestro lado. Si la verdadera civilización, es decir, aquella creada y que se está creando en la libertad ha de progresar, nuestras esperanzas no serán vanas. Unos dos millones de croatas viven en el mundo libre y esperan contribuir con los que sinceramente trabajan por las mejores condiciones de convivencia humana en el mundo entero. Centenares de miles de croatas murieron cruelmente por haberse "equivocado" sobre el momento y las condiciones generales al intentar en 1941 restaurar su independencia. Otros centenares de miles están dispersos por todo el mundo por el mismo ideal de libertad. ¿No es más que suficiente este "castigo" como para merecer vivir libres y felices en un Estado nacional, soberano, independiente y democrático?

 

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Croacia y su Destino, Studia Croatica – Instituto de Cultura Croata, Buenos Aires, © 1977, 2010