LA REPÚBLICA DE DUBROVNIK

Esta es la tercera formación estatal croata que continuó su vida independientemente después de la extinción de la dinastía nacional croata. Se trata de una república "sui generis", de una ciudad-Estado típica para el ambiente mediterráneo, con su epicentro en la vecina Italia. En efecto, Dubrovnik, en italiano Ragusa, es un fenómeno socio-político que se formó durante siglos, sintetizando en sí elementos griegos, romanos y por fin croatas.

Durante este proceso evolutivo, de una colonia originalmente griega esta ciudad se transformó en una ciudad y república croata. Por su origen, el desarrollo y las creaciones culturales y económicas, Dubrovnik merece una especial atención aunque sea breve.

Ya en la época iliria hubo en el lugar donde se halla hoy Dubrovnik una pequeña localidad llamada Hrausion como colonia griega, separada de la tierra firme por un canal natural. Cuando al principio del siglo VII los ávaros y los croatas destruyeron la ciudad de Epidaurion, una de las colonias griegas de aquella región, una parte de la población, junto con la de la Salona destruida, se salvó justamente en Hrausion.

Con el tiempo y por el natural crecimiento de su población, la ciudad tuvo que agrandarse varias veces hasta que se procedió a llenar el mencionado canal que separaba la ciudad de la tierra firme, ubicándola allí donde se encuentra actualmente. Dubrovnik, como hemos visto, formaba parte de un grupo de islas y ciudades que constituían la Thema Dalmatiae bajo el poder directo de Bizancio. Los reyes croatas Tomislav (910-929) y Držislav (969-995) fueron soberanos también de Thema Dalmatiae, por cesión del emperador bizantino.

En efecto, la suerte de la ciudad dependía de cómo iban evolucionando las condiciones políticas, religiosas y económicas a su alrededor, especialmente en Bizancio, Venecia, Croacia y Hungría, incluso Turquía. Luchando por sobrevivir con el contorno político en constante cambio, los ragusinos desarrollaron tempranamente una extraordinaria capacidad de adaptación a las siempre cambiantes condiciones y concretaron acuerdos con sus vecinos, numérica y militarmente superiores. La laboriosidad y la inteligencia de los ragusinos fueron la fuente principal de su considerable riqueza material y de una no común habilidad político-diplomática. Gracias a estas virtudes de sus ciudadanos, Dubrovnik supo sobrevivir a todos los vaivenes históricos, salvando su soberanía e independencia.

Ya en los siglos XI y XII se croatiza. En 1272 se unieron Dubrovnik, la parte croata (Dubrava, región boscosa en croata) y Ragusa, la parte originaria de la ciudad y la población greco-romana. Desde entonces Ragusa y Dubrovnik constituyeron una comunidad única. Los primeros Estatutos de la ciudad del año 1272 la llaman "communitas ragusina". Desde el siglo XI el segundo en dignidad de la ciudad se llama ban, una dignidad y una denominación, como hemos visto, conocidos únicamente por el derecho y organización político-administrativa de Croacia. El geógrafo árabe Ibn Idris escribió en 1154 que Dubrovnik era la última gran "ciudad croata" del sur. Hay toda una serie de acuerdos concluidos entre Dubrovnik y sus vecinos, de donde se deduce por sus apellidos que ya en el siglo XII los funcionarios de la ciudad fueron croatas. Gracias a las relaciones económicas y a los matrimonios entre croatas y ciudadanos romanos de la ciudad (ius connubii et comercii), Dubrovnik se convirtió rápidamente en una ciudad croata, aunque en 1205 tuvo que reconocer la soberanía de Venecia.

Ésta, durante la cuarta cruzada (1202-1204) ocupó a Constantinopla y una gran parte de sus ex posesiones en la costa oriental adriática, incluso la ciudad de Dubrovnik. Desde entonces hasta 1358, el Rector de la ciudad era siempre un veneciano, pero éste gobernaba respetando las costumbres y normas de la ciudad y en colaboración con los órganos de la administración local. La política internacional y económica conservó su plena autonomía. Las relaciones económico-políticas de la ciudad se ramificaron por todas las regiones del mundo de entonces, quedando en sus manos el comercio con los Balcanes (Bosnia, Serbia y Bulgaria) como una clase de privilegio.

El lapso comprendido entre 1358 y 1667 se considera como la época de oro de la ciudad. Como hemos visto, el rey húngaro-croata Ludovico I (1342-1382) Llevó a cabo una guerra contra Venecia para recuperar a Dalmacia con Dubrovnik, considerándolas como parte integrante del antiguo reino de Croacia. Con la paz de Zadar de 1358, este objetivo fue conseguido y el rey Ludovico tomó a Dubrovnik bajo su protección. A cambio del respeto por la autonomía de la ciudad, ésta se obligó a pagarle quinientos dinares de oro anuales y a ayudarlo en las batallas navales con una unidad por cada veinte del Rey. Este contrato es considerado como la base de la independencia de Dubrovnik. En las guerras con sus vecinos, especialmente con Serbia, Bosnia y Herzegovina, gracias a su habilidad diplomática, Dubrovnik salió siempre airoso.

EL CRECIMIENTO DE SU TERRITORIO

Como las demás ciudades romanas, también Dubrovnik pagaba al principio a los jefes políticos croatas, centrales o locales, un tributo anual para poder usufructuar tierras adyacentes y asegurar así la alimentación de su pueblo. Esta costumbre-ley permaneció intacta hasta la llegada de los turcos. Poco más tarde la isla Lastovo se sometió, por decisión propia, a la protección de Dubrovnik. En 1333 el zar serbio Dušan vendió a los ragusinos la ciudad de Ston y la península Pelješac, retirando de allí a los serbios provisoriamente colonizados.

Dubrovnik pagaba tributo también a los Kotromanić, dinastía croata de Bosnia. En el siglo XIV los condes de Zahumlje (Herzegovina) dieron a Dubrovnik, a la que pertenecía, la isla Mljet que se hallaba en poder de los benedictinos. En 1439 el rey de Bosnia Stjepan Ostoja vendió a Dubrovnik el litoral adriático entre Ston y Zaton, uniéndose así esa posesión territorialmente con la ciudad. Sandalj Hranić, un señor feudal de Bosnia, vendió a Dubrovnik en 1419 una parte de la župa Konavlje, y la segunda, con la ciudad Cavtat, se la vendió al dux Radoslav Pavlović en 1427. La población de aquella región era de nacionalidad croata, de religión católica y parcialmente bogumila y ortodoxa. Así se formó definitivamente el territorio estatal y de la ciudad-Estado de Dubrovnik, que abarcaba desde Boka Kotorska hasta la península Pelješac, en una extensión de 170 km. Dentro de dicha extensión territorial se mantuvo hasta 1808, cuando Napoleón I liquidó la república de Dubrovnik.

ORGANIZACIÓN POLÍTICA

En consonancia con la costumbre romana, también la ciudad de Dubrovnik fue regida por un conde (comes), cónsules y jueces, ateniéndose los mismos a las normas votadas por la asamblea de todos los ciudadanos mayores de la ciudad. Todos en conjunto constituían la comuna ragusina (communitas ragusina). El papa Inocencio II dirige una carta "al conde y el pueblo de Ragusa "Comiti et populo ragusiano" La comuna croata de la vecina localidad Popovo Polje envía en 1169 una carta en que se expresa: "Al conde de Dubrovnik y la asamblea de la ciudad".

Con el tiempo, la república pierde su carácter popular y paulatinamente se aristocratiza. Los nobles cada vez toman más la administración de la ciudad en sus manos. En 1235 se mencionan el consejo menor (Consilium minus) y el Consejo mayor (Consilium maius), pero las decisiones definitivas quedan en poder de la asamblea de todos los ciudadanos. A mediados del siglo XIII se creó también el Consejo de Rogados (Consilium Rogatorum). Los primeros Estatutos (Constitución) de la ciudad del año 1272 compilados por el conde Marcos Justinian —el derecho consuetudinario de la ciudad— fueron discutidos primero por los consejos menor y mayor, es decir, por los órganos de la nobleza, y recién entonces presentados a la asamblea general de los ciudadanos.

Pero de acuerdo con los términos del contrato con el rey húngaro-croata Ludovico I, (1358) todo el poder en la ciudad pertenecía a la nobleza. En efecto, la soberanía y el poder legislativo correspondían al Consejo mayor que se reunía casi todos los meses, donde se elegía al conde (comes) de la ciudad y a los miembros del Consejo menor. El conde quedó en función desde 1358 sólo un mes, inhabilitándoselo para la reelección durante los dos años subsiguientes. El Consejo menor permanecía en su mandato un año y constituía con el conde el órgano ejecutivo de la comunidad que se reunía según la necesidad varias veces por semana. El número de nobles alcanzó en el siglo XV a 559, mientras la ciudad en el mismo siglo tenía de 5 a 6.000 habitantes y la república en su totalidad de 20 a 25.000.

BAJO LA PROTECCIÓN TURCA

Después de la derrota húngara en Mohač en 1525, Dubrovnik se sometió a .la protección de los turcos. Ya desde 1389 (derrota serbia en Kosovo) Dubrovnik entabla relaciones comerciales con Turquía, obteniendo el derecho de comerciar dentro de su Imperio contra el pago de 1.000 dinares de oro al principio, luego 5.000 y finalmente 12.000 anuales. Turquía, por las ventajas que obtenía del comercio de Dubrovnik, respetaba su autonomía y le permitió fundar colonias a lo largo y ancho de su Imperio, expansión que llegó a España, Inglaterra y Francia, según el crecimiento de dichos países. Pero Venecia figura entre los enemigos casi permanentes de Dubrovnik y, precisamente, por razones de competencia económica trata de eliminarla incriminando incluso a los ragusinos su colaboración con los infieles. Contrariamente, la Santa Sede prestaba su apoyo a la ciudad y a sus ciudadanos. En 1667 un fuerte terremoto destruyó gran parte de la ciudad, que a pesar de la gravedad del daño se recuperó.

HERENCIA POLÍTICO-CULTURAL DE DUBROVNIK

En su larga vida esta ciudad-Estado croata acumuló un gran tesoro político-cultural, herencia incalculable que legó a las generaciones posteriores. Sus Estatutos de 1272 son considerados como una de las constituciones más antiguas de la Europa cristiana. Desde ese año, la ciudad lleva libros de la administración y de la correspondencia, lo que le permitió formar su Archivo de Estado donde se conservaron muchísimos documentos de suma importancia para la historia de la misma república, de la Croacia Rubra, Bosnia, Serbia, Turquía, como también de una parte de las tierras del Mediterráneo occidental. Uno de los más notables de toda Europa.

La política sanitaria se adelanta a los demás países. Para defenderse contra las enfermedades contagiosas, la ciudad organiza la cuarentena en la isla Mrkan, una institución entre las primeras en Europa. Desde el siglo XIV hay allí un hospital y una farmacia de la municipalidad o de la república. Una farmacia pública funcionaba desde 1317 en el monasterio franciscano. Ambas aún existen y atienden al público hasta el día de hoy. En 1436 se construyó un acueducto de 17 kilómetros para llevar agua fresca a la ciudad.

Dubrovnik se convirtió tempranamente también en un semillero de escuelas y de educación juveniles. La primera escuela pública en la ciudad fue fundada en 1333. Allí se enseñaba el croata y el latín en los grados inferiores, y las humanidades y la literatura clásica en los superiores. Durante los siglos XVII y XVIII fueron los jesuitas quienes dirigieron las escuelas de la comunidad. Para la instrucción superior, universitaria, la ciudad enviaba a sus hijos a las universidades europeas, especialmente a Nápoles, Padua y París.

El palacio del comes de la ciudad, los monasterios franciscano y dominicano, iglesias de San Blas y de Santa María y, lógicamente, los muros de Dubrovnik del siglo XV, son testimonios duraderos del arte arquitectónico de aquella bellísima ciudad croata del Adriático.

Pero la parte más importante de la herencia cultural de Dubrovnik es su literatura, cuyos comienzos hay que buscarlos en las letras croatas glagolíticas de la Croacia occidental o blanca, especialmente en la isla de Krk. Allí se formaron el lenguaje, como también las formas poéticas croatas, cuando en Dubrovnik todavía muchos nobles hablaban y escribían en el idioma latino-romano. El tesoro lingüístico y literario croata fue llevado a Dubrovnik por los sacerdotes croatas glagolitas. Una considerable influencia en este sentido la ejerció la literatura croata profana, desarrollada en la isla Hvar y la ciudad de Split. Pero desde el siglo XIV los ragusinos tomaron en sus manos la iniciativa en la creación y producción literaria croata. Gracias a su riqueza económica, la ciudad hizo posible a muchos de sus conciudadanos dedicarse al estudio y a la composición de obras literarias. En la correspondencia entre los escritores de Dubrovnik y las demás partes de la Dalmacia croata, tenemos testimonios directos de su conciencia nacional común. Así, por ejemplo, Nikola Nalješković (1501-1586), poeta de Dubrovnik, escribió el poeta de Korčula Ivan Vidali ensalzándolo como "orgullo y gloria del idioma croata"; mientras que éste le contesta que "Dubrovnik es la corona de las ciudades croatas". Mavro Vetranić Čavčić (1482-1576) observa sobre sus conciudadanos de Dubrovnik que "han superado a todos los croatas juntos" en su creación literaria.

En la época de la restauración católica después del Concilio Tridentino (1543-1563), tras la derrota turca de Sisak (1593) y las prolongadas guerras turcas (1593-1606), vio la luz en Dubrovnik la idea de liberación de todos los eslavos y de su unión en la Iglesia Católica. Para fundamentar estas ideas se esforzaron los sacerdotes croatas Vinko Pribojević y Mavro Orbini, dominicos, y Kašić y N. Mikalja, jesuitas. A su vez sugirieron como idioma común el habla "bosníaco", considerándolo como el más lindo y el más claro, usando al mismo tiempo las letras cirílicas similares a las que se usan en la mayoría de los pueblos eslavos. Roma, naturalmente, apoyaba el intento proveniente de Dubrovnik. Ivan Gundulić (1589-1638), su máximo poeta y uno de los más encumbrados de Croacia en general, escribió su gran epopeya "Osman" inspirado por esta idea de unidad eslava bajo la égida de la Polonia católica.

No obstante, en esta época eslavofila de Dubrovnik, para llamarla así, y de sus sueños internacionales, la conciencia nacional croata se conservó viva y despierta. El poeta Vladislav Menčetić (1600-1666) por ejemplo, en su poema Trublja Slovinska (El Clarín Eslavo) dedicado al ban croata Nikola Zrinski, le llama "espada y esperanza del pueblo croata", recordando "que Italia habría desaparecido bajo el poder turco si las olas de los mismos turcos no se hubiesen roto contra las playas croatas". El franciscano fray Bernardin Pavlović de Ston publicó en 1747 dos libros, llamando a su idioma "idioma croata". Lo mismo hicieron el jesuita Ferić y el franciscano Juraj Gjurković, como asimismo el franciscano francés Derivaux-Bruerović, croatizado en Dubrovnik. La literatura de Dubrovnik alcanzó cimas a las que no llegó ninguno de los pueblos eslavos, incluso Polonia y Rusia. Por ello es considerada hoy por todo el pueblo como la "Atenas Croata".

Actualmente Dubrovnik forma parte de la República de Croacia en la Yugoslavia comunista.

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Croacia y su Destino, Studia Croatica – Instituto de Cultura Croata, Buenos Aires, © 1977, 2010