III - ENTIDADES ESTATALES CROATAS APARTE

CROACIA RUBRA

Como hemos visto, al llegar a su patria de hoy, los croatas ocuparon Dalmacia, Panonia e Iliria, es decir, las tierras entre el río Raša en Istria y la localidad Valona en la Albania de hoy, como también el espacio entre el mar Adriático y los ríos Drava y el Danubio en el norte y el río Drina en el oriente. También hemos visto que ese territorio fue dividido en la Asamblea de Duvno de 753 en dos unidades autónomas: La Croacia Blanca en el oeste, entre los ríos Raša en Istria y el río Cetina en la Dalmacia de hoy, y la Croacia Rubra entre el río Cetina al este hasta la localidad Valona.

En la misma Asamblea, la Croacia Rubra fue dividida en las regiones autónomas: Neretva, Zahumlje, Travunja, Duclia e Iliria. Estas regiones estaban ligadas entre sí con lazos de unidad, pero reconociendo todas la soberanía, primero de los duques y luego de los reyes de la Croacia Blanca.

Al comienzo del siglo IX los croatas perdieron en las luchas con Bizancio a Iliria, fijándose así la frontera suroriental del Estado croata sobre el río Drim. Las restantes regiones que quedaron en Croacia rivalizaban entre sí por la supremacía local, sobresaliendo ora la una, ora otra. En la segunda mitad del siglo X fue Duclia la que pasó al primer puesto. Se trata de la región entre la costa adriática desde Boka Kotorska hacia el interior, hasta el río Drim. Aquí se impuso una familia de la cual salieron župani, bani, duques y reyes, de la misma manera que en las demás partes de Croacia. Conocemos así a Vladimiro que gobernó en el siglo X. Cuando el zar búlgaro Samuel atacó en 990 a la Croacia Rubra por la amistad del rey croata Držislav con Bizancio, capturó a Vladimiro, pero luego lo casó con su hija y le confió nuevamente el gobierno de la Croacia Rubra bajo la soberanía búlgara. Pero al aniquilar el emperador Basilio II a Bulgaria en 1018, los bizantinos sometieron a su poder todas las tierras que gobernaban los búlgaros, incluso a la Croacia Rubra.

Más tarde, después de vanas rebeliones, Dobroslav, hijo de un tío de Vladimir, consiguió liberar a la Croacia Rubra de la soberanía bizantina. Dobroslav reconoció luego la soberanía croata, se presume que por el apoyo que le prestó en aquella oportunidad al rey Držislav.

El sucesor de Dobroslav fue su hijo Mihala (Micael o Miguel) 1040-1081, mencionado en los documentos bizantinos corno "jefe de los que se llaman croatas". Cuando Slavac en 1074 fue elegido como rey de Croacia. Mihala no quiso reconocerlo y proclamó la separación de Duclia del resto de Croacia y trató de asegurar su independencia. Para este fin obtuvo en 1077 el título de rey y la corona por parte del emperador Nicéforo. Así se formó un nuevo reino croata justamente en el corazón de la Croacia Rubra.

Para acallar su conciencia, Mihala mandó escribir el libro Reino de los Croatas, donde se afirma que el centro del viejo Estado de Croacia siempre fue Duclia. Por la misma razón se dirigió al Papa Gregorio VII para que le mandase la bandera de San Pedro y el palio para el arzobispo de Bar. El papa contestó que lo haría después de consultar a las demás partes interesadas. Recién el segundo sucesor de Mihala, el rey Bodin (1081-1101), consiguió del antipapa Vilberto las insignias y el reconocimiento del reino de Duclia. Bodin liberó a Rasia (Serbia) del dominio bizantino y la entregó para gobernarla a dos croatas de su comitiva personal: Vukan y Marcos.

Esta decisión de Bodin fue decisiva para el futuro de la Duclia como tierra croata, pues al debilitarse el poder de esa dinastía de Duclia los gobernantes de Rasa (Serbia) empezaron a mezclarse en los asuntos de Duclia hasta que Stefan Nemanja, bisnieto de Marcos, que conocemos por lo arriba expuesto como a uno de la comitiva real de Bodin, eliminó en 1189 por completo a la dinastía de Duclia. La población de aquel nuevo reino era de religión católica, usaba el latín en el culto divino junto con el eslava, tal como en las demás partes de Croacia. Esteban Nemanja y sus hermanos Stracimir y Miroslav reconocían la supremacía de Roma.

El papa Clemente III le recomendaba a Bernardo, nuevo arzobispo de Dubrovnik, el Evangelio de Miroslav dedicado al duque "glorioso Miroslav", hijo de Zavidin, hermano de Nemanja, escrito en el siglo XII de acuerdo con las normas de la liturgia romana y para fieles de la religión católica. El mayor de los hijos de Nemanja, Vukan y el hijo de éste, Jorge, reyes de Duclia, eran también católicos. La liturgia bizantina, característica para el pueblo y la Iglesia serbia, la empezó a introducir en Duclia el hijo menor de Nemanja, el arzobispo Sava, fundador en 1219 de los obispados ortodoxos en Ston y Prevlaka, dos localidades en el mismo litoral adriático.

También trataron de quebrar por la fuerza la oposición de la población católica y croata los reyes serbios Uroš I (1242-1276) y su hijo Uroš II Milutin (1282-1320). Los obispos católicos fueron perseguidos y se prohibía su consagración, al tiempo que se entregaban a los ortodoxos las parroquias y los monasterios. El papa Clemente V (1342-1352) pidió a Esteban Dušan, rey serbio, que devolvieran los monasterios, iglesias, islas y aldeas ocupadas por sus predecesores: "monasteria, ecclesias, insulas ac villas... nonnulli reges Rasiae precedessores tui... suis temporibus ocupaverunt et tu nunc eas occupas et detines occupatas", ("monasterios, iglesias, islas y aldeas... algunos reyes de Rascia, tus predecesores... a su tiempo habían ocupado y los tienen ahora también ocupados"), se decía textualmente en el referido documento eclesiástico[1].

La familia Balšić que gobernó allí entre 1360 y 1496, recuperó una vez más a Duclia de la órbita ortodoxa y la incorporó a la comunidad católica. Pero en el curso del siglo XVII, por falta de sacerdotes católicos, debido en primer término a las guerras que los turcos sostenían con el cristianismo occidental, Duclia casi desapareció como región con ese nombre del mundo católico, hoy conocida como Montenegro. Una parte de su población abrazó el Islam y la mayoría la religión ortodoxa. En la parte montañosa del país, durante el asedio y la dominación parcial turca, se formó un nuevo centro —Cetinje-- cuyos jefes fueron obispos de esa localidad. Hasta el año 1696 se sucedieron obispos de varias familias, pero desde ese año hasta 1851 pasó ese poder y el honor a la familia Petrović-Njegoš. El obispo Danilo I (1696-1737) instigó a los cristianos a levantarse contra los musulmanes, oportunidad en que una parte de los mismos fue exterminada y la otra se salvó huyendo a Bosnia, Herzegovina y Skadar. Danilo II separó el poder civil del eclesiástico y fundó así el Ducado de la familia Petrović-Njegoš con derecho de sucesión. La misma familia proclamó a Duclia-Montenegro como reino en 1910. En 1918, ese reino entró a formar parte de la monarquía yugoslava contra la voluntad de su pueblo, mientras la dinastía Petrović-Njegoš fue desterrada.

A pesar de esos vaivenes históricos se han conservado allí en la tradición popular muchos elementos subjetivos y objetivos de origen croata. Los montenegrinos hablan el dialecto croata iekavica con acento chakaviano, tan característico del litoral de Croacia. La estructura sociopolítica, dividida en hermandades (tribus) es casi idéntica a la de las demás regiones de Croacia. El escritor turco Evlija Čelebija, estando con los montenegrinos en 1664 en la región cerca del río Piva, escribió que "ahí vivían puros y auténticos croatas". El representante montenegrino en Estambul se denominaba "Hrvat-bajá", o sea bajá croata.

En 1885, una montenegrina en Estambul dijo al escritor alemán Adolf Weber: "Aquí todos, valacos o católicos, se llaman solamente croatas." Lo mismo afirmó el historiador ruso M. M. Filipov en su obra Horvati (Croatas), Petrogrado, 1890. En un documento oficial turco del año 1863 se dice: "Demetrio Vicković, jefe de los croatas de Zupci (Montenegro)". Pero desde el siglo XVII empezó la serbización de Montenegro con la iglesia ortodoxa serbia como principal protagonista, cuyo promotor fue el obispo Pedro II Njegoš (1830-1851).

En su gran poema épico de gran valor artístico Gorski Vijenac, glorifica a su iglesia ortodoxa y preconiza el exterminio de los musulmanes de Montenegro. A pesar de todo, la tradición sigue viviendo en la subconciencia de la población y le dice que no es una población serbia. Tomando en consideración dichas razones, al crearse la República Federativa Popular de Yugoslavia en 1945, la Constitución reconoció la nacionalidad montenegrina y formó entre otras también a la república de Montenegro.

BIBLIOGRAFÍA

D. Mandić: Crvena Hrvatska (Croacia Rubra), Roma, 1972.

S. M. Štedimlja: Prilozi za nacionalnu povijest Crnogoraca (Aportes para la historia nacional de los montenegrinos), Zagreb, 1969.

I. Marković: Dukljansko-barska metropolija (La metrópoli de Dioclea y Bar) Zagreb, 1902.

D. Mandić: Etnička povijest Bosne i Hercegovine (Historia étnica de Bosnia y Herzegovina), Roma, 1967.

S. M. Stedimlija: Crvena Hrvatska (Croacia Rubra), Zagreb, 1937.

M. M. Filipov: Horvati (Los croatas), Petrogrado, 1890;

V. Foretić: Iz arhiva obitelji Vickovića u Zupcima kod Bara (Del archivo de la familia Vicković en la localidad Zupci cerca de Bar), Dubrovnik, 1956:

Čelebija: Sejahatname en "Hrvati u Evlija Čelebijanu putopisu" (Los croatas en el Itinerario de E. Čelebija), Zagreb, 1932.

A. Veber: Put u Carigrad (El viaje a Constantinopla), Zagreb, 1886;

R. J. Dragičević: Hrvat-Baša (El "Croata-Baja"), Cetinje, 1937.

 

- - - -

Croacia y su Destino, Studia Croatica – Instituto de Cultura Croata, Buenos Aires, © 1977, 2010

 

 



[1] T. Smičiklas, Codex Diplomaticus, XI, 179, 1904.