CROACIA DURANTE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

Al estallar la Primera Guerra Mundial, algunos políticos croatas de orientación pro-yugoslava que pugnaban por la unidad nacional de los croatas y los serbios emigraron al exterior. En el otoño de 1914 se reunieron en Roma el doctor Ante Trumbić, Frano Supilo, Hinko Hinković, Franko Potočnjak e Ivan Lorković. Sin el mandato de su pueblo, estos políticos desarrollaron una política dirigida a liberar a todos los eslavos del sur y unirlos con Serbia.

A pesar de que los serbios rechazaron en su Asamblea del 7 de diciembre de 1914 la idea de un Estado yugoslavo, dichos políticos croatas continuaron con su trabajo en la creencia de que podría encontrarse una fórmula y una forma de organización que posibilitasen la convivencia democrática de los pueblos croata, serbio y esloveno, garantizando a cada uno sus particularidades políticas, religiosas, culturales y económicas. El 7 de noviembre de 1914 llegaron a Roma también tres líderes serbios (dos de Mostar: Nicolás Stojanović y Dušan Vasiljević, y uno de Belgrado: Pavao Popović), de los cuales los dos primeros fueron recibidos en el Comité de dichos croatas como representantes de los serbios en las tierras croatas bajo el Imperio danubiano.

Más tarde se adhieren Jovan Banjanin, un serbio de Vojvodina, y el doctor Milan Srškić, abogado y político serbio de Sarajevo. Este grupo se constituyó en París en 1915 en el Comité Yugoslavo con la presidencia del doctor Ante Trumbić, croata. A pesar de que la mayoría de los inmigrados croatas y eslovenos en los Estados Unidos y la América del Sud defendían la idea de la comunidad danubiana, preconizando su reorganización federalista, los hombres del Comité Yugoslavo, con insistencia y tenacidad propagandística, consiguieron imponer sus ideas yugoslavas. Los serbios, influenciados y guiados por el cónsul serbio en Nueva York, M. Pupin, se declararon contra Austria-Hungría exigiendo la unión con Serbia de todas las regiones croatas donde vivían serbios.

Franko Potočnjak, delegado del Comité Yugoslavo, al llegar a América del Norte desarrolló una gran actividad con intención de ganar a los emigrados croatas para la idea yugoslava. Al convencer a sus dos principales líderes, el sacerdote Mateo Gršković y al médico Ante Bianchini, los tres juntos consiguieron convocar en Chicago para los días 10 y 11 de marzo de 1915 a un congreso de los emigrados, donde fue aceptada la idea de que los croatas, los serbios y los eslovenos formarían una sola nación. En base a este principio nacional se pidió la separación del Imperio austro-húngaro de todas las regiones y poblaciones de esta única nación y su unión con Serbia.

Allí se reconoció al Comité Yugoslavo como el órgano oficial y representativo de todos los "yugoslavos" en los Estados Unidos. La Liga Croata, como la más fuerte organización política en aquel congreso, entregó 5.000 dólares al Comité, mientras algo semejante se hacía en la América del Sur. A pesar de que la mayoría de los croatas, especialmente en la Argentina, fueron seguidores de Ante Starčević, inconmovible luchador por la independencia de Croacia, un grupo fuerte de croatas en Chile, cuyo centro era Antofagasta, se declararon partidarios de la idea yugoslava. Se destacaron aquí especialmente dos hombres: Pascual Baburica y Francisco Petranović. En el Congreso del 1 de agosto de 1915 aceptaron la idea de la unidad nacional serbio-croata, aprobaron la actividad ya desarrollada por el Comité en este sentido y votaron financiar sus acciones en el futuro. En efecto, durante los tres años siguientes, el Comité de Antofagasta aportó más de 100.000 dólares para la actividad del Comité Yugoslavo con sede en Londres.

Los objetivos de guerra de los aliados —entre ellos Serbia— y los del Comité Yugoslavo no coincidían totalmente. De acuerdo con el plan del ministro de relaciones exteriores ruso, Sazanov, Croacia, Serbia y Montenegro, cuyos límites tenían un carácter más o menos arbitrario, debían organizarse después de la guerra como Estados independientes. A fines de 1914 el Comité sospechaba que los Aliados occidentales trataban de hacer entrar en guerra a Italia a su lado, prometiéndole tierras croatas y eslovenas en el Imperio. Por eso F. Supilo, como representante del Comité, viajó a Rusia donde gracias a su habilidad diplomática pudo comprobar que los Aliados realmente habían decidido entregar a Italia Istria, el litoral croata y la parte de Dalmacia hasta el río Krka con las islas.

Al enterarse de esa decisión también el presidente del consejo ministerial serbio Pašić envió a sus delegados a Rusia para pedir la unión con Serbia de las regiones de Croacia donde habitaban minorías serbias —Lika, Krbava y Eslavonia—, por el temor de perder parte de Dalmacia, prometida por los Aliados a Italia. Todo esto, según se pudo comprobar, fue estipulado en el llamado Pacto de Londres del 26 de mayo de 1915. Desde ese momento, los miembros croatas del Comité redoblaron su actividad para anular esas decisiones tan fatales para el futuro de Croacia. El más activo fue F. Supilo, considerado por el mismo Sir E. Grey como un político muy hábil y la "cabeza más grande de todas las que conoció en Europa central, un verdadero talento político", como lo decía literalmente.

Vista esta nueva situación creada por los Aliados, Pašić, en nombre de Serbia, pidió se le reconociese sólo una salida al Adriático, desinteresándose por la suerte croata y eslovena. El Corriere della Sera del 6 de mayo de 1915 publicó la declaración respectiva de Pašić, lo que causó consternación en el Comité Yugoslavo. En ella el presidente serbio no solo reconocía el Pacto de Londres sino también la hegemonía italiana en el Adriático. Desde ese momento, por haber perdido la confianza en Pašić y sus ideas democráticas y comunitarias, Supilo plantea el problema práctico de la organización de un eventual futuro Estado común, fijando bien desde el comienzo los términos políticos y jurídicos de la futura comunidad para evitar dificultades más tarde.

El doctor A. Trumbić, creyendo en los ideales democráticos de Serbia y apoyado por los serbios en el Comité, se opuso a Supilo. Trumbić confiaba que, después de formar el Estado común, su organización interna no presentaría dificultades, lo que produjo una seria crisis en el Comité. Cuando Pašić presentó a los Aliados una carta geográfica exigiendo la unión con Serbia de todas las regiones croatas donde "había monasterios ortodoxos", Supilo se separó del Comité Yugoslavo el 5 de julio de 1916.

En la noche del 15 al 16 de marzo de 1917 los Romanov fueron desplazados del trono zarista ruso, el más firme apoyo del premier serbio Pašić. El 6 de abril de 1917 los Estados Unidos entran en la guerra y el presidente Wilson declara que luchará por la libertad de todos los pueblos, grandes o pequeños.

Alentados por estos hechos, los diputados croatas y eslovenos en el Parlamento central en Viena dan una declaración —La Declaración de Mayo— según la cual los eslovenos, los croatas y los serbios que vivían en las tierras dentro de la monarquía danubiana pedían su unión en un cuerpo estatal independiente invocando el derecho del Estado croata y el de autodeterminación de los pueblos, pero siempre bajo el cetro de los Habsburgos. Para contrarrestar semejante solución, los diputados serbios del partido radical obligaron a su jefe Pašić a convocar a los delegados del comité Yugoslavo para fijar la política común.

La reunión se efectuó entre el 15 de junio y el 20 de julio en la isla de Corfú y después de largas discusiones se formalizó una declaración conocida como Declaración de Corfú, firmada por el doctor Ante Trumbić en nombre del Comité Yugoslavo y por el premier serbio Nicolás Pašić. Allí también el gobierno serbio aceptó la idea de que los serbios, los croatas y los eslovenos son una nación con tres diferentes nombres. Se van a unir en un Estado común que se denominará el Estado de los Serbios, los Croatas y los Eslovenos bajo la dinastía serbia de Karageorgević. La organización interna de la comunidad se llevará a cabo de acuerdo con las disposiciones de la Asamblea Constituyente la cual deberá atenerse a la regla de la "mayoría calificada".

Bajo el impacto del mensaje al Congreso del presidente Wilson del 8 de enero de 1918, especialmente su punto 11, prometiendo el restablecimiento del reino de Serbia y una salida al mar Adriático, Pašić desconoce las estipulaciones de la Declaración de Corfú y hace esfuerzos especiales para que se garantice a Serbia la incorporación de Bosnia y Herzegovina.

El 17 de setiembre de 1918 los Aliados rompen el frente de Solun (Salónica) y el 6 de octubre se forma en Zagreb el Consejo Nacional de los croatas, los eslovenos y los serbios que viven en regiones dentro de la Monarquía. Fueron, mayormente, los políticos de la oposición. La política oficial de Croacia estaba en manos de la Coalición, bajo el liderazgo de Pribićević, en lo formal muy leal a Austria-Hungría, pero en la realidad su acérrimo enemigo. Como presidente del nuevo Consejo fue elegido el sacerdote esloveno doctor Antun Korošec, y fueron vicepresidentes el propio Pribićević y el croata doctor Ante Pavelić, dentista.

El 28 de septiembre de 1918 Austria-Hungría solicitó la paz. Al día siguiente, el Sabor croata declaró nulas todas las relaciones de Croacia que la vinculaban política y jurídicamente con Austria-Hungría, proclamando un Estado independiente de los croatas, los eslovenos y los serbios. Al mismo tiempo formuló su deseo de unirse próximamente con el reino de Serbia. La futura asamblea constituyente dictará las condiciones de la organización de la nueva comunidad, excluyendo toda idea y posibilidad de predominio, lo que debía asegurar "la igualdad completa de los eslovenos, los croatas y los serbios".

Para que esta política pudiese ser llevada a cabo en la nueva comunidad, el Sabor croata transfirió su "poder supremo" al Consejo Nacional el 28 de octubre de 1918. Este, el 31 del mismo mes, formó su propio gobierno, informó del hecho a los Aliados y expresó el deseo de entrar en relaciones más estrechas con Serbia. La representación de los intereses del nuevo Estado en el exterior se delegó al Comité Yugoslavo en Londres. El gobierno serbio fue el primero en reconocer al gobierno del nuevo Estado y solicitó que así lo hiciesen los demás gobiernos aliados.

Para dar forma más concreta a la comunidad a formarse, a insistencias de Francia los representantes del gobierno serbio, del Comité Yugoslavo y del Consejo Nacional de Zagreb se reunieron en Ginebra entre el 6 y 9 de octubre de 1918. Allí se formalizó el Compromiso de Ginebra según el cual el gobierno de Serbia y aquel del Consejo Nacional (Zagreb) continuarían administrando los asuntos públicos dentro de sus respectivos territorios hasta que la Asamblea Constituyente procurara la organización definitiva del Estado. El Compromiso fue firmado por el presidente serbio Pašić, el presidente del Consejo Nacional, doctor A. Korošec y el presidente del Comité Yugoslavo, A. Trumbić.

Austro-Hungría capituló el 2 de noviembre e Italia se precipitó inmediatamente a ocupar los territorios croata-eslovenos que le fueron prometidos por el Pacto de Londres. Por eso los eslovenos y el gobierno local de Dalmacia urgían una rápida unión con Serbia para impedir así la ocupación italiana. La Junta central del Consejo Nacional en Zagreb, constituida por 28 miembros, discutió sobre dicha urgencia los días 23 y 24 de noviembre. Por la ausencia de Korošec, titular del Consejo Nacional, la presidencia estuvo en manos del serbio Pribićević. Este, a pesar de conocer bien el contenido del Compromiso de Ginebra, no informó sobre el particular al Consejo Nacional pues él y Belgrado tenían otras intenciones.

Un oficial militar serbio, Simović, por encargo de Belgrado y en complicidad con Pribićević preparaba la "unión" de todas las tierras croatas y eslovenas sin condiciones y, si fuera necesario, por la fuerza. Stjepan Radić, líder del Partido Campesino Croata, quien descubrió las intenciones serbias, pronunció un famoso discurso en el Sabor fustigando a todos los que estaban traicionando a Croacia y pasaban por alto más de mil años de su historia y vida independiente.

Pribićević, temeroso por la actitud de la oposición, convoca entonces al Comité Ejecutivo del Consejo Nacional para que elabore las condiciones de la unión con Serbia, a cuyo fin, en la reunión efectuada en la noche del 27 al 28 de noviembre, fue ilegalmente elegida una delegación encargada de viajar a Belgrado. No obstante, en las instrucciones —impartidas por un cuerpo ilegal y sin atribuciones para asunto de tanta importancia— se decía también que la organización definitiva del Estado debía efectuarse en la Asamblea Constituyente con "la mayoría de dos tercios". Esta delegación, ilegítima o ilegal, el 28 de noviembre llegó a Belgrado donde Pribićević, con los políticos de Serbia, desconocieron todas las instrucciones recibidas en Zagreb. En un documento dirigido al regente serbio Alejandro se omitió todo lo esencial de dichas instrucciones, especialmente la cláusula referente a los dos tercios como regla fundamental para la futura Asamblea Constituyente.

Entonces el regente serbio Alejandro Karageorgević proclamó la unión de los serbios, los croatas y los eslovenos en nombre de su padre, el rey serbio Pedro, acto que entró en la historia con fecha 1 de diciembre de 1918 como el nacimiento de la Yugoslavia monárquica. El 29 de diciembre este acto fue aprobado por la Skupština serbia, su parlamento. Los miembros del Consejo Nacional (Zagreb) nunca más convocaron al Sabor para pronunciarse sobre el asunto, y el Comité Yugoslavo se autodisolvió el 28 de noviembre de 1920. El 5 de diciembre, al rebelarse una unidad de soldados croatas venidos de la guerra, fueron baleados por franco tiradores protegidos por tropas serbias y la incipiente rebelión sofocada a sangre y fuego.

En consecuencia, la creación de la Yugoslavia monárquica brilló por su nulidad. El proceder del Comité Ejecutivo del Consejo Nacional se autodelegó sin la aprobación del Consejo mismo como tampoco del Sabor croata. Al llegar a Belgrado, abandonó todas las instrucciones que había aceptado en Zagreb y entregó Croacia a Serbia sin condiciones dignas de mención. Por eso los croatas en un acto libre —ya sean elecciones o de otra manera— nunca reconocieron a la monarquía yugoslava como su Estado legítimo y legal. Desde sus comienzos aquella comunidad llevó en sí la semilla de su destrucción. El desprecio y la negación de los derechos democráticos y nacionales a los pueblos no serbios, especialmente al pueblo croata, la imposición unilateral de los intereses serbios como comunes a todos y el respaldo de los mismos por la fuerza brutal policial y militar, le quitaron a esa comunidad todas las características esenciales de un Estado de derecho con el carácter plurinacional y la misión de proteger la vida, la libertad y la prosperidad, comunes de todos sus pueblos en la igualdad y la democracia.

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Croacia y su Destino, Studia Croatica – Instituto de Cultura Croata, Buenos Aires, © 1977, 2010